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CULTURA VICERREGIA Y ESTADO COLONIAL.

UNA APROXIMACIÓN
CRÍTICA AL ESTUDIO DE LA HISTORIA POLÍTICA DE LA NUEVA ESPAÑA
(Alejandro Cañeque)
La concepción del orden político en España, en el siglo XVII, fue entendida como monarquía
cristiana universal, en un sentido medieval. Donde se la concibió como una “monarquía
católica”, con identidad universalista. La finalidad era expandir la Monarquía española,
convirtiéndola en universal. Esto se ve, por ejemplo, en la conquista de América donde el
argumento que rigió fue que tal hecho se dio por la realización del destino providencial de la
monarquía española destinada a cumplir su misión de convertirse en una monarquía
universal.
La Monarquía española se construyó sobre la base del respeto de las estructuras corporativas
y por los derechos tradicionales, los privilegios y los usos y costumbres de los diferentes
territorios que la componían. A parte, la lógica de la Monarquía Hispánica se basaba en una
asociación imprecisa de todos sus territorios donde el soberano delegó funciones a sus
súbditos y los envió como gobernantes de sus territorios, en nombre de él, para poder tener
un mejor control de los territorios.
Por otro lado, la imagen del monarca con todo el poder en sus manos no significó que el
gobierno tuviera estructuras centralizadas y autosuficientes. Cada territorio tuvo que tener
sus instituciones y un gobernante (el alter ego del Rey). Esto quiere decir que el poder del
Rey tuvo que dispersarse, hacía todos los territorios de la Monarquía, más aún por la lejanía
del Rey y sus territorios, no permitían que su poder áulico llegase.
La idea de jurisdicción estuvo latente en la monarquía española, donde el Rey era visto como
la cabeza del cuerpo donde su función era la de hacer justicia, garantizar a cada quien sus
derechos y privilegios, manteniendo así la armonía de sus miembros. La idea del cuerpo
humano como referente político será latente en las administraciones del virreinato del Perú y
Nueva España, donde la cabeza será representada por el virrey. La idea orgánica de la
comunidad política mencionaba que el Rey y el Estado eran inseparables porque este último
era el cuerpo colectivo del príncipe y para poder funcionar óptimamente se necesitaba la
colaboración de cada uno de los súbditos en sus respectivas actividades (una sociedad
corporativista).
También hay que tener en cuenta que en el Virreinato de Nueva España había una dualidad
de poder. Nos referimos a las disputas entre el virrey y las autoridades episcopales. Los
conflictos entre el virrey y el arzobispo por las cuestiones de jurisdicción (este era el término
que hacía referencia al poder en la época) se presentaron en la Nueva España porque no
estaban bien limitados. En México, la Iglesia no se subordinaba al Estado, al Virrey, porque
su argumento mencionaba que su institución se regía fuera del poder terrenal, por lo que
tenían un poder espiritual y era una institución que no era temporal, por lo tanto, el poder, la
jurisdicción del Rey, no la alcanzaba. Frente a esta situación, y como la finalidad del soberano
es mantener la armonía entre las instituciones del cuerpo político por el beneficio de la
Monarquía, este debía respetar las jurisdicciones de la Iglesia, así expresar la imagen de
preeminencia de la Corona, pero la limitaba a fin de tratar de controlarla.
Respecto a la prudencia (con los Consejos), el Rey, y en el caso de América el Virrey, debía
de hacer consultas sobre las decisiones que debía tomar. En el caso de Nueva España, el
Virrey acudía a la Audiencia. El gobierno del virrey, o el del Rey, no fue un gobierno
arbitrario donde todas las decisiones tenían estos soberanos eran tomados en cuenta; como lo
hemos mencionado, hacían consultas y el poder muchas veces estaba limitado por las
instituciones y las cortes. La Corte Real era la cúspide del poder, pero era uno más de los
consejos que tenía el Rey. Como vemos el poder del soberano estuvo limitado y sujeto al
concepto de armonía y beneficio para la Monarquía, romper con esto era ir en contra de los
intereses no solo del Rey, sino de la Monarquía Hispana, por lo que era un deber eliminar la
amenaza, tal es el caso de la deposición del virrey Marques de Gelves, en Nueva España, por
parte de la Real Audiencia, esta institución tenía la obligación de mantener el buen gobierno
de la Corona.
Por lado, el soberano debía de premiar a sus súbditos, que lo merecían, a fin de ganar su
legitimidad, donde el que recibe el premio estaría en deuda, por agradecimiento, con el
soberano Esta función se la delegó a los virreyes, donde para los casos de los virreinatos de
Nueva España y el Perú generaron una red de relaciones clientelares, donde los premios
fueron entregados, fundamentalmente, al séquito que llegaba con el virrey, generando así
relaciones de poder del Virrey y no del Rey.