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Las máquinas controlan las mentes

Dice Zizek que no es pesimista, pero que tampoco quiere caer en el “optimismo estúpido”. Con
todo, a pesar de su entusiasmo dialéctico, tiende a la lente apocalíptica, no por ello errática.
“Black Mirror ya está aquí”, anuncia. “No es ninguna distopía, está ocurriendo ya. Las
transfusiones de datos de Google a la Unión Europea… eso de que Kindle ya no sepa sólo los
libros que buscas, sino todo lo que te gusta, todo lo que sigues. Es una sociedad de control”.
Explica que estamos confundidos y que hemos olvidado que “la gran sabiduría humana no es
saberlo todo, sino cómo simplificar”: “Eso no pueden hacerlo los ordenadores. Son
estúpidos”.

Sostiene el filósofo que hoy las grandes preguntas metafísicas están en el tapete del debate
social, porque la tecnología está erosionando el significado de “ser humano”. Aún no nos van a
controlar, dice, pero sí nos están cambiando. Pone como ejemplo los videojuegos, que
cambian la percepción del sujeto de sí mismo y alientan la “cultura de la inmortalidad” en la
que vivimos.

“Pronto ni siquiera nos hará falta estudiar, ni leer, ni aprender nada. “Con un conector te
puedes meter aquí la Historia de la Música”, dice, señalándose la sien”

Hasta la realidad no es la que era. “Hasta ahora hemos creído que la realidad estaba fuera,
separada de nosotros, pero eso está cambiando: el cerebro puede conectarse con una
máquina”. Aquí Hawking. “Él ya no necesita sus manos para manejar su computadora, lo hace
directamente con su cerebro”. Pronto ni siquiera nos hará falta estudiar, ni leer, ni aprender
nada. “Con un conector te puedes meter aquí la Historia de la Música”, dice, señalándose la
sien. Hola, nueva era.

Ha mencionado las clínicas de los suburbios de Shangai a las que acuden parejas occidentales
para seleccionar genéticamente a sus embriones y ha evocado lo que le dijo el responsable de
la Academia de biogenética de China cuando lo conoció: “Me dio un folleto en el que ponía
que su tarea era controlar el bienestar físico y, subrayando la palabra, mental de la gente.
Pensé ‘Dios mío, ya lo están haciendo, el control de impulsos, la ansiedad”. Sociedad de
control, bautiza Zizek. “Los ordenadores, si confías en ellos, van a decirte qué decisiones tienes
que tomar sobre tu salud, tu tensión y hasta tu amor, si casarte o divorciarte, si votar a un
partido u otro. Pero las máquinas no son neutrales. Dependen de quién las programe. Están
manipuladas”.

Bromea. “La CIA ya no tiene que hacerte nada violento, puede controlar tu cabeza. Tenemos
que aplicar más que nunca la filosofía a nuestra vida”. Relata que esta sociedad de control, en
la que los ciudadanos están vigilados constantemente, está creando una nueva distinción de
clases, aún más feroz que la tradicional: los privilegiados y los esclavos. Esta clase, según dice,
no sólo vendrá determinada socialmente, sino también biológicamente. Cita a Hollywood y
películas como Elysium o series como Los juegos del hambre, que van en esta línea.
Filosofía para todos, el "fenómeno Zizek"

Slavoj Zizek es el único filósofo vivo que puede preciarse de arrastrar a cientos de personas a
escuchar una charla sobre filosofía. Quizá porque a su psicoanálisis de corte lacaniano y su
defensa de la vigencia del marxismo, mezcla un irreverente humor y un encendido uso de
referentes de la cultura popular. El esloveno visita España para ofrecer dos conferencias que
ejemplifican su eclecticismo: Alegato a favor de un socialismo burocrático en el CBA
y Lecciones del "airepocalipsis" en el Museo Reina Sofía.

Una especie de "fenómeno Zizek" se está viviendo estos días en Madrid con la visita del
filósofo esloveno. Centenares de personas hacían cola ayer por la tarde a las puertas del
Círculo de Bellas Artes para escuchar una charla de Slavoj Zizek(Liubliana, 1949), uno de los
pensadores más importantes de la actualidad, cuyo eco mediático es comparable al de una
estrella de la música o a un deportista famoso. Aunque a priori, mezclar el psicoanálisis
lacaniano con el cine de Hollywood o la dialéctica marxista con la literatura de Kafka o
Shakespeare, no debería ser suficiente para alentar a las masas. A todo ello Zizek une una
personalidad única alejada de la visión del erudito tradicional sobrio y moderado. Excesivo,
brillante, provocador, efectista, y cercano, su irreverente humor (reflejado en obras como Mis
chistes, mi filosofía) y su prolijidad textual y verbal (habla ante cualquier auditorio y escribe
sobre todos los temas imaginables), hacen de él un pensador accesible y omnipresente en
nuestro mundo actual que sirve de reclamo por igual a lectores de filosofía y a consumidores
de vídeos de YouTube, donde es ampliamente seguido.

Dicho lo cual, no debemos llevarnos a engaño. Por mucha referencia a la cultura popular, y
muy cercanos que nos suenen sus conceptos a la hora de expresarse, Zizek no es un pensador
fácil, y su objetivo no pasa tanto por vulgarizar lo más elevado como elevar a concepto lo
aparentemente más vulgar. Esto es aplicable a su charla de ayer en el CBA, donde el filósofo
defendió la "necesidad de reinventar el socialismo burocrático". Al comenzar a hablar, Zizek
ya advirtió a los centenares de asistentes que su conferencia iba a ser "ingenua y bruta",
pues estuvo encaminada a pedir un proceso invisible que resuelva las cuestiones más
engorrosas de la cotidianidad. "Me asquean los movimientos revolucionarios que se quedan
en los miles de manifestantes en plazas como Tahrir o Síntagma. No me impresiona. Esto es
muy fácil de conseguir, el verdadero cambio es el cómo evolucionamos cuando se vuelve a la
vida cotidiana".
El problema de la izquierda al tomar el poder es cómo desenvolverse en el día a día, cómo
hacer ese cambio permanente"

Porque para Zizek, "el problema de la izquierda al tomar el poder es cómo desenvolverse en el
día a día". Y por eso plantea que "cuando se critica la alienación de la sociedad deberíamos
recordar que su supervivencia depende precisamente de una densa trama de mecanismos
institucionales alienados: ¿de dónde vienen el agua y la electricidad?, ¿quién garantiza la
aplicación de la ley?, ¿a quién recurrimos para la asistencia sanitaria?", se pregunta el filósofo.
Por ello opina que las luchas por la emancipación quizá deberían cambiar de objetivo y dejar
de perseguir la superación de la alienación para centrarse en reforzar una forma correcta de
alienación. "Nuestra vida sí debería estar estructurada en instituciones fijas, pero en
instituciones fijas diferentes. Esa es la manera para superar la fase inicial de las revoluciones
multitudinarias. Cuanto más se autorregula la comunidad, con más fluidez e invisibilidad ha de
funcionar esta red", asegura, poniendo como ejemplo, cómo no, la película V de Vendetta.
"Deberíamos hacer la segunda parte, porque, ¿cómo reorganizan el aparato del Estado una vez
están al frente?".

¿Cómo volver a la normalidad?

Una vez planteado esto, el filósofo esloveno profundizó en sus agudas reflexiones, salpicadas
con su recital de tics y trufadas de chistes y pequeñas historias. Por ejemplo, habló de la
habitual caracterización de los regímenes estalinistas como "socialismo burocrático", algo
"completamente confuso y (auto) mistificador. El estalinismo fue el fracaso de la burocracia,
era una sociedad insuficientemente burocratizada y con un aparato administrativo muy
politizado e ineficiente". Para ejemplificar esta paradoja, Zizek entró de lleno en "la triste
situación de Grecia hoy". A su juicio, el problema de Syriza pasó por perder el contacto con su
base electoral y especialmente por no encontrar una nueva manera de reorganizar el Estado.
"Todos los grandes revolucionarios sabían que no podían mantener un Estado de emergencia
permanente, donde todo el mundo se mantiene activo y en emergencia. Entonces, ¿cómo
volver a la normalidad?", se pregunta.

Sigiendo su razonamiento, el filósofo explica que necesitamos unos mecanismos alienados, y


se lanzó con una controvertida declaración personal que sintetiza su visión, "quiero vivir mi
vida en paz y que todo funcione, no me importa cómo". Considera asimismo el filósofo que "la
ideología predominante hoy es un cinismo resignado, un cinismo que hace mucho más difícil la
crítica", y afirmó que le parece terrible que los partidos y movimientos izquierda reclamen a
los refugiados por intereses revolucionarios: "Piensan que si importan refugiados podrán
hacer la revolución, como aquí no tenemos sujetos revolucionarios, los importaremos". Es por
ello que considera que "los líderes pseudoprogresistas de hoy son mucho más peligrosos que
Trump".

La censura ideológica tiene por objetivo aplastar cualquier esperanza de cambiar el mundo"
Con esta pequeña espita se abrió el Zizek más lector del hoy, que utiliza su saber para analizar
los acuciantes problemas del mundo, en este caso, políticos. El filósofo aseguró que "la
ideología imperante hoy es una aceptación sumisa que nos dice que cualquier visión de otro
mundo es descartada, porque la censura ideológica no tiene por objetivo aplastar el
levantamiento, sino aplastar cualquier esperanza de cambiar el mundo". Eligió como ejemplo
al recientemente elegido presidente de Francia, Emmanuel Macron, de quien dice que ganó
como surgido de la nada, "al igual que en su día Berlusconi. Aparecieron así, de la nada, no
como una muestra de implicación popular directa. Estas figuras se presentan con todo el
apoyo de las élites económicas, del establishment, y su propuesta es ocultar sus verdaderas
intenciones". Estos partidos, cuyos nombres no muestran una clara filiación ideológica sino
que son ambiguos, surgen gracias a la creación de nuevas amenazas que ellos mismos lanzan
para amedrentar.

Para Zizek, Macron es el candidato de las élites, "válido porque necesitábamos una unidad
antifascista contra Le Pen", pero fue muy triste ver el apoyo absoluto a Macron. "Si insinuabas
algo contra él, te criticaban por apoyar a Le Pen. Macron entra en escena cuando cobra una
gran fuerza el populismo fascista de Le Pen". Por eso pide que se vuelva a demonizar a Le Pen,
que ha sido ampliamente desdemonizada. Pero con eso no es suficiente, porque las políticas
hegemónicas predominantes, el fracaso del establishment, han hecho posible el auge de Le
Pen. "El objetivo final de Macron no era sólo derrotar a Le Pen, sino también hacer
desaparecer a las opciones más radicales de la izquierda". Para concluir, Zizek pidió a esa
misma izquierda que tome la decisión de dirigirse a la mayoría moral, y que no le deje ese
espacio a la derecha.

Arte y política

Tras la intensa jornada de reflexión política, Zizek ofrece este viernes una conferencia en el
Museo Reina Sofía que se inscribe en el contexto de la exposición NSK del Kapital al Capital y
reflexiona sobre las diversas muertes y resurrecciones del fascismo. El filósofo demuestra su
eclecticismo y versatilidad, característico de su producción y su pensamiento, al hablar de
la Neue Slowenische Kunst (Nuevo Arte Esloveno), un conjunto de colectivos artísticos que
resucitaron a mediados de los 80 la imaginería y parafernalia totalitarias para exhibirlas como
significantes vacíos en el momento del triunfo del libre mercado tras la caída del Muro de
Berlín.

Nuestra relación con la tecnología está cambiando radicalmente nuestra concepción de lo que
significa ser humanos"

La intervención de Zizek, titulada Lecciones del "airepocalipsis", se inscribe en el análisis del


auge del fascismo contemporáneo, centrándose en la cuestión de la acogida en la actualidad
de la fascinación totalitaria del NSK, en un momento en que el resurgir de sus hitos parece
empezar a conformar el nuevo paisaje ideológico de la Europa post-Brexit. Precisamente
Brexit fue una de las palabras que junto con Macron, Le Pen y Trump, pidió a los periodistas no
utilizar en un encuentro mantenido esta mañana en el museo. "Es muy aburrido hablar
siempre de lo mismo". Aparcando la política, la charla con el filósofo deriva hacia ricos
derroteros colindantes con las grandes preguntas metafísicas, que considera de importancia
muy actual, pues a su parecer, "nuestra relación con la tecnología está cambiando
radicalmente nuestra concepción de lo que significa ser humanos".

Como ejemplo de esto, Zizek elige los videojuegos, "claves en nuestra percepción de nosotros
mismos y responsables de fomentar una nueva cultura de la inmortalidad". El filósofo asegura
que nuestra sociedad camina hacia lo que nos muestran series como Black Mirror. "Nos
estamos aproximando a una sociedad de control ejercida por las redes y las máquinas".
Aunque a pesar de esto dice no ser pesimista, pues "las máquinas son estúpidas, solo
almacenan datos pero es únicamente la sabiduría humana la que puede condensar esos datos
y decidir actuar en consecuencia. Y aunque analizando todos los datos la máquina pudiera
ofrecer una solución mejor que la tuya, desconfío de ellas porque no son neutrales".

Otro aspecto que hace pensar a Zizek que estamos entrando en "una nueva era" trasciende la
tecnología hasta llegar a la biología. Habla de las clínicas de los suburbios de Shanghái a las que
acuden parejas occidentales para seleccionar genéticamente a sus embriones y añade como
anécdota lo que le dijo el responsable de la Academia de biogenética de China cuando lo
conoció. "Me dio un folleto que ponía que su tarea era controlar el bienestar físico y mental
de la gente", explica enfatizando la palabra mental, lo que en su opinión nos acerca a
planteamientos recientes en películas de Hollywood como Elysium.

"Lotocracia"

En mi Estado ideal puedes ser un burócrata influyente, pero sabes que antes o después puedes
perder la cabeza"

Ante este tipo de retos, Zizek apuesta por un nuevo tipo de comunismo y reivindica las
ventajas que ofrece la globalización a la hora de implementar planes a largo plazo,
mecanismos supraestatales que controlen temas como la ecología o la biogenética. "El
capitalismo, tal y como lo conocemos, está llegando a sus límites. La superación del
expansionismo capitalista, la amplia cooperación internacional y la solidaridad deberían ser
capaces de transformarse en un poder ejecutivo dispuesto a violar la soberanía del Estado para
aplicar medidas destinadas a proteger nuestros intereses comunes culturales y naturales",
valora el filósofo. "Si no apuntan hacia el comunismo, si no implican un horizonte comunista,
entonces el término "comunismo" no tiene significado alguno".

En su opinión, esas estructuras no pueden ser los Estados. Zizek habla de entes burocráticos
públicos en los que habría expertos pero también miembros seleccionados aleatoriamente,
como en los jurados populares. Un sistema de "lotocracia" similar a la democracia por sorteo
de la Antigua Grecia o de la República Veneciana. "Debe ser gente cualquiera, para no perder
el contacto popular". La cuestión es quién y cómo controlaría esos entes. Y aquí vuelve el Zizek
provocador. "La fórmula sería el terror democrático. La burocracia funciona mejor si se siente
aterrorizada. Stalin tuvo una buena idea cuando se le ocurrió aterrorizar no sólo a la gente
ordinaria sino también a los burócratas", proclama. "En mi Estado ideal, se debe percibir el
poder como un lugar peligroso. Puedes ser un burócrata influyente, pero sabes que antes o
después puedes perder la cabeza".