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Book · September 2018

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Book · September 2018 CITATIONS 0 3 authors , including: Georgina Catacora-Vargas AGRUCO 24 PUBLICATIONS 46

AGRUCO

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AGROECOLOGÍA EN FEMENINO

Reflexiones a partir de nuestras experiencias

Gloria Patricia Zuluaga Sánchez Georgina Catacora-Vargas Emma Siliprandi (Coordinadoras)

Agroecología en femenino

Reflexiones a partir de nuestras experiencias

Gloria Patricia Zuluaga Sánchez Georgina Catacora-Vargas Emma Siliprandi

(Coordinadoras)

partir de nuestras experiencias Gloria Patricia Zuluaga Sánchez Georgina Catacora-Vargas Emma Siliprandi (Coordinadoras)
partir de nuestras experiencias Gloria Patricia Zuluaga Sánchez Georgina Catacora-Vargas Emma Siliprandi (Coordinadoras)
La Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología es una organización regional dedicada a la promoción de
La Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología es una organización regional dedicada a la promoción de

La Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología es una organización regional dedicada a la promoción de la agroecología como estrategia para la resiliencia socio-ecológica, bienestar integral y sistemas alimentarios sustentables. Como sociedad científica, promueve la reflexión, discusión y diálogo de saberes alrededor de aspectos ecológicos, socio-económicos y políticos de la agroecología como ciencia, movimiento y política. Esta tarea la realiza con la participación de múltiples actores, incluyendo investigadores/as, docentes, movimientos sociales y tomadores de decisiones. Por tanto, SOCLA aspira a ser una organización integradora de los diversos saberes y sectores agroecológicos.

El Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria de CLACSO, es un colectivo de investigadores/as de nueve países (siete de América Latina y dos de Europa). Su objetivo es estudiar, desde un abordaje crítico y transdisciplinar, las complementaciones epistemológicas y metodológicas entre la agroecología y las teorías feministas, así como las interacciones socio-económicas y políticas existentes entre los procesos agroecológicos y de economía solidaria protagonizados por mujeres, especialmente de América Latina.

AGROECOLOGÍA EN FEMENINO. Reflexiones a partir de nuestras experiencias Gloria Patricia Zuluaga Sánchez, Georgina Catacora-Vargas, Emma Siliprandi (Coordinadoras)

Arte de portada: Acualera de Helda Morales (2018)

Diseño y Diagramación: Hector F. Limachi Telf.: (591) 60589089

© SOCLA 2018

D.L.: 4-1-2449-18 ISBN: 978-99974-0-310-0

Impresión: EIP - Editorial e Imagen Publicitaria Telf.: (591-2) 2244556

Impreso en La Paz, Estado Plurinacional de Bolivia

Prólogo

Índice

Miriam Nobre

5

Presentación

Gloria Patricia Zuluaga Sánchez, Georgina Catacora-Vargas, Emma Siliprandi

7

Parte I – Mujeres en el escalonamiento de la agroecología

1. Alianza de Mujeres en Agroecología (AMA-AWA): fortaleciendo vínculos entre académicas para el escalamiento de la agroecología Helda Morales, Gloria Patricia Zuluaga Sánchez, María Virginia, González-Santiago, Ivette Perfecto, Silvia Papuccio de Vidal

15

2. Mujeres protagonistas de la agroecología en Colombia Gloria Patricia Zuluaga Sánchez, Clara Inés Mazo López, Lilliam Eugenia Gómez Álvarez

35

3. Memórias das mulheres na agroecologia do Brasil Sarah Luiza de Souza Moreira, Ana Paula Ferreira, Emma Siliprandi

61

4. Contribuciones y desafíos al empoderamiento de las mujeres en la agroecología en Uruguay Marta Chiappe

75

Parte II – Nuestras experiencias locales

5. Transformaciones productivas e incursión femenina en la apicultura comercial en San Francisco Suc Tuc, Hopelchén, Campeche, México Esteban Martínez Vásquez, Verónica Vázquez García, Luciana Porter-Bolland, Esteban Valtierra Pacheco, Dolores Molina Rosales, Fernando Manzo-Ramos

93

6. Experiencias agroecológicas amazónicas protagonizadas por mujeres en el Sudeste de Pará, Brasil María de los Ángeles Arias Guevara

107

7. Mujeres, trabajo de cuidado y agroecología: hacia la sustentabilidad de la vida a partir de experiencias en diferentes eco-regiones de Bolivia Aymara Llanque, Ana Dorrego, Giulia Constanzo, Bishelly Elías, Georgina Catacora-Vargas

123

8. Cadernetas Agroecológicas e a contribuição econômica das agricultoras agroecológicas no Brasil Liliam Telles, Laeticia Jalil, Elisabeth Cardoso, Camila Rafaela Alvarenga

141

9. La participación clave de las mujeres en huertos escolares de México. Reflexiones en torno a sus motivaciones, retos y aprendizajes Juliana Merçon, Helda Morales, Kay Nicté Nava Nasupcialy, Mirna Ambrosio Montoya

159

10. Las mujeres en los sistemas de producción bajo principios agroecológicos. El caso de los Valles de Bolivia Ana Dorrego

181

11. Abordando desde un enfoque agroecológico la violencia en las mujeres campesinas. Un estudio de la Fundación Entre Mujeres, Nicaragua María del Carmen Campos Peregrina

193

12. Agroecologia nos percursos da autonomia: a trajetória de uma liderança feminina quilombola no Brasil Laura De Biase

207

Prólogo

Este libro llega en hora buena, de amor en tiempos de furia. En todo el mundo las mujeres se organizan, ocupan las calles, inventan nuevas maneras de manifestarse. No parece razonable pedir que las mujeres sigan siendo razonables. Para quien tiene alguna duda en cuanto a ello, la lectura de este libro es más que necesaria.

En la economía feminista la imagen de un iceberg demuestra que los trabajos considerados productivos, aquellos visibles en el circuito del mercado, son apenas la punta de un enorme bloque que oculta el trabajo doméstico y de cuidados, en su mayoría realizado por las mujeres. Liliam Telles, para aproximar esta figura del imaginario de las quilombolas (mujeres de comunidades negras tradicionales en Brasil) ha adoptado la imagen de un árbol, situando en la copa los trabajos visibles y en la raíz los trabajos invisibles que realizan. Este libro es una mirada hacia parte de las raíces de la agroecología en América Latina. Son raíces en el sentido de que sostienen procesos que están ocultos y sin embargo disponibles para el cuidado de las personas de las comunidades y de la naturaleza. Los artículos nombran muchas de estas raíces, asumen que no logran nombrar a todas, describen las interrelaciones entre ellas y el suelo que las acoge o que las impide de crecer.

Este libro es también necesario para todas aquellas personas que han convergido en este camino y para aquellas que lo han tornado menos penoso. No para complacernos con lo mucho que hemos hecho sino para recordarnos que si los tiempos ahora son de crisis; nosotras, las mujeres populares de nuestra América siempre nos movemos y proponemos en las crisis. Y a ellas reaccionamos creando y fortaleciendo vínculos y puentes entre las trabajadoras en la agricultura, enseñanza, educación popular y/o investigación, y entre todas estas. Estos vínculos han constituido colectivos regionales, como es la Alianza de Mujeres en Agroecología (AMA-AWA) y el grupo de trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria del Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLACSO); así como en los países mediante grupos de trabajo de mujeres de la Articulación Nacional de Agroecología (ANA) de Brasil, de la Asociación Brasileña de Agroecología (ABA), y en los territorios, como son las asociaciones de mujeres rurales en Colombia, cuyas trayectorias son acá compartidas. Las experiencias que vienen de Uruguay, Nicaragua, México, y Bolivia son tan solo unos ejemplos que muestran desde el terreno los potenciales de la agroecología para la organización de las mujeres, pero también las dificultades que ellas afrontan.

La creciente potencia de este colectivo ha ido más allá de la fórmula “añade a las mujeres y revuelve”, porque, por ejemplo, no se trata solamente de proponer mujeres en las conferencias magistrales, pero de preguntarse si las conferencias magistrales son la mejor manera de traer reflexiones que oxigenen el pensamiento, la práctica y el movimiento agroecológico. La potencia de este proceso está en la comprensión del ineludible conflicto entre el capital y la vida de modo tal que la agroecología y el feminismo que construimos son siempre molestos al orden establecido.

De este modo, así como bell hooks 1 nos ha recordado que “el feminismo es para todo el mundo”, este libro es para todas y todos que hacen —y las y los que todavía van a acercarse para hacer— de la agroecología un conocimiento, una práctica y un movimiento que abarque a más y más territorios en los campos y las ciudades.

Para iniciar una inspiradora lectura, es bueno recordar que uno de los momentos clave para la articulación regional masiva de las mujeres en la agroecología y desde las bases ha tenido lugar en el Encuentro

1 bell hooks. 2017. El feminismo es para todo el mundo. Madrid: Traficantes de Sueños.

de Mujeres Zapatistas en la Selva Lacandona. Allí recordamos que el cielo estrellado es el mismo que tenemos sobre nuestras cabezas donde quiera que estemos, por lo que es apenas cuestión de saber ver por detrás de las luces artificiales y los humos para poder encontrarlo. De cierta forma, este libro y sus relatos nos ayudan a re- descubrir ese cielo.

São Paulo, agosto de 2018

Miriam Nobre Marcha Mundial de Mujeres

Presentación

El feminismo y la agroecología han caminado por diferentes sendas, pero desde hace un par de décadas han venido coincidiendo en diálogos y prácticas interdisciplinarias, en algunos momentos con tensión y otros con consonancia y mayor cercanía. Por un lado, han entendido que la destrucción de la naturaleza evidencia el vínculo entre el capitalismo y el patriarcado, ambos con efectos muy negativos para la población en general, pero sobre todo para las mujeres porque, como lo ha planteado Silvia Federici (2014)1, ellas están directamente

asociadas con la reproducción de la vida por haber sido históricamente proveedoras cotidianas de alimentos, agua

y energía. Por otro lado, ambas perspectivas —agroecología y feminismos— buscan mejores las condiciones de

vida, considerando que es necesario y urgente la restauración y preservación de la naturaleza, la gestión integral de los territorios y la transformación de las relaciones entre los géneros.

Muchas de estas experiencias han iniciado en espacios locales con abundante presencia de mujeres, que van desapareciendo en la medida que la representación y la movilización se dirige hacia las instancias públicas de los niveles más altos, dado que ellas tienen que enfrentar distintas barreras para participar y tomar decisiones.

Atendiendo a la convocatoria de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA), el Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) junto con otras agroecólogas, nos propusimos organizar este libro con el objetivo de compilar diversos análisis sobre la práctica agroecológica de mujeres en diferentes países de América Latina. Este recuento consiste en estudios de caso que transitan entre lo internacional, lo nacional y lo local con el propósito de visualizar a la agroecología en diferentes escalas a partir de un enfoque de género y feminista.

Los capítulos integran —en la descripción y reflexión de los casos— elementos del marco teórico- metodológico de la agroecología y de los estudios feministas a fin de explicitar las sinergias entre ambos desde la perspectiva del cuidado y sostenimiento de la vida. Con base a lo anterior, la integración que propone “mujeres– agroecología” contribuye al reconocimiento y estudio de un tema aun insuficientemente documentado, pero relevante para el alcance del bienestar integral. Adicionalmente, el abordaje del libro en su conjunto, aporta en la formulación de argumentos sobre el alcance de la eficiencia productiva, la economía solidaria, la gestión sustentable de la tierra y del territorio, y la soberanía alimentaria mediante procesos protagonizados por mujeres que practican la agroecología. Este trabajo colectivo reúne un conjunto de 12 artículos, con experiencias de siete países, además de una experiencia de articulación internacional. Todos estos aportes buscan, desde diferentes puntos de vista, aportar en el fortalecimiento y visualización de la participación de diversos grupos de mujeres en sistemas agrícolas sustentables.

El contenido del libro es muy vivencial a partir de los testimonios de los/as protagonistas de las experiencias así como de los/as co-autores/as que las sintetizaron desde investigaciones empíricas y participativas. El libro

también es crítico y desafiante ante diferentes abordajes de las disciplinas de estudio en las que se enfoca, así como de las instituciones y estructuras sociales que relegan históricamente a las mujeres a un rol de anonimato

y a un espacio de invisilibización. Sin embargo, en sus páginas también se encuentran propuestas que nacen de

la profunda convicción de que uno de los caminos hacia el bienestar respetuoso e integral es la agroecología,

1 Federici Silvia. 2014. Sobre capital, colonialismo, mujeres y prácticas alimentarias. Entrevista. Disponible en http://old. sinpermiso.info/articulos/ficheros/sf.pdf

fortalecida desde sus múltiples vertientes y las cuales requieren dialogar de manera más contundente con los temas relacionados con las mujeres. A este respecto, valoramos la apertura de SOCLA para la realización de publicaciones como esta, y la activa participación de los/as miembros del Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria CLACSO para materializarla.

En el primer capítulo, Helda Morales y colaboradoras abordan la situación y posicionamiento de las mujeres en ámbitos académicos y científicos de la agroecología. Inicialmente presentan los datos de la participación, en calidad de estudiantes y profesoras, en programas universitarios de agroecología en América Latina, así como en eventos de SOCLA. Su análisis muestra que esta área del conocimiento atrae a muchas mujeres, con paridad a nivel de pregrado, pero no a nivel del profesorado. De igual forma, señalan que la

participación de mujeres en los eventos de congresos científicos es alta en las ponencias orales y de carteles, así como en los comités organizadores, pero se reduce dramáticamente en las ponencias magistrales y la docencia en cursos. En el segundo apartado analizan dieciocho entrevistas realizadas a profesoras que trabajan en agroecología, quienes dan testimonio de haber sentido discriminación, falta de reconocimiento, subestimación

y doble carga de trabajo. En el tercer apartado presentan la Alianza de Mujeres en Agroecología (AMA-AWA)

desde su origen, su trayectoria y lucha por la equidad de género en distintos espacios académicos, gremiales

y de movimientos sociales. Concluyen que la participación, visibilización y reconocimiento de las mujeres es

indispensable para el avance y escalamiento de la agroecología, así como para la construcción de una sociedad justa en todas sus esferas.

En el segundo capítulo Gloria Zuluaga y co-autoras presentan la participación de las mujeres en la construcción de la agroecología en Colombia desde tres ámbitos: en las organizaciones campesinas, en las ONG y en los espacios académicos. A partir de su recuento, muestran un amplio abanico de experiencias en diferentes geografías y espacios de producción, consumo, comercialización, movilización política y generación de conocimiento ambiental y agroecológico. Señalan que, aunque la participación femenina es numerosa, ha sido borrosa en unos casos y en otros tensa, difícil o invisibilizada. Plantean que tanto las iniciativas de organizaciones campesinas como las de ONG han generado beneficios tangibles para los grupos involucrados en lo relacionado con las condiciones materiales de vida y en la participación tendiente a su empoderamiento. Concluyen que las mujeres son actores clave para el escalonamiento de la agroecología, por lo que es urgente y necesario involucrarlas de manera comprometida y sistemática en los procesos que ello involucra. Finalmente, concluyen que para alcanzar este fin es imprescindible superar las concepciones que anclan a las mujeres en roles fijos y naturalizados, y las perciben por su género como víctimas pasivas, o esencializan su condición de cuidadoras.

En el capítulo siguiente Sarah Luiza Moreira y colegas llaman la atención sobre la presencia femenina en los movimientos agroecológicos en Brasil, en una línea del tiempo que parte desde la década de 1980 hasta la actualidad. El insumo más importante que sirvió de base para el capítulo fue producido colectivamente durante el taller Memoria de las Mujeres en la Agroecología, realizado en el VI Congreso Latino Americano de Agroecología (Brasilia, 12-15 de septiembre de 2017), organizado por Grupo de Trabajo de Mujeres de la Articulación Nacional de Agroecología y el Grupo de Género de la Asociación Brasileña de Agroecología. En esta actividad participaron aproximadamente cien mujeres de distintos lugares de Brasil, integrantes de experiencias de base, movimientos de mujeres, feministas, académicas y personas de diferentes ONG. El texto hace evidente que es posible romper con los paradigmas dominantes de reconstrucción de eventos históricos, escuchando y dando importancia a lo que dicen las mujeres involucradas en ellos.

Marta Chiappe, a partir de un estudio exploratorio, analiza cómo las mujeres que participan en experiencias con enfoque agroecológico en Uruguay visualizan la contribución de la agroecología en su empoderamiento, y cuáles son las limitaciones que deben enfrentar para lograrlo. Inicia con una presentación del concepto de empoderamiento enfocado a las mujeres y a las niñas rurales. Posteriormente, plantea cómo la agroecología puede mejorar su condición y fortalecerlas en la medida que se adopte un abordaje feminista. Concluye indicando que, si bien la agroecología puede fortalecer la autonomía de las mujeres, también puede presentar limitaciones en particular por el contexto donde llevan a cabo las prácticas agroecológicas, dado que este siendo influenciado por las relaciones tradicionales de género.

A continuación, Esteban Martínez y colaboradores/as, desde México presentan los hallazgos de

una investigación realizada en las comunidades mayas de Hopelchén, en Campeche. El capítulo analiza las diferencias entre apicultoras y apicultores en función de diversos indicadores: acceso a la tierra, división del trabajo por géneros, ingresos y percepciones sobre problemáticas relacionadas con sus prácticas productivas. Los resultados muestran que estos/as campesinos/as aún desarrollan prácticas ancestrales, entre ellas la milpa, junto con el aprovechamiento de miel de abejas nativas sin aguijón. Señalan que las relaciones de género en el sistema productivo se han ido transformando, bien sea por la intervención del Estado o por la intensificación en el uso de tecnologías agrícolas de gran escala, lo que ha generado un desplazamiento de las mujeres fuera de la milpa. Así, ellas acabaron por incursionar en la apicultura comercial por cuenta propia. Se concluye que las apicultoras enfrentan dificultades como la no titularidad de la tierra y el incremento en su carga de trabajo; sin embargo, el generar sus propios ingresos les brinda satisfacción y presencia en la comunidad.

El artículo de María de los Ángeles Arias tiene como objetivo analizar dos experiencias protagonizadas

por mujeres en la Amazonia Oriental brasileña. La autora señala que este territorio está marcado por conflictos socio-ambientales derivados del avance de las dinámicas del capital con el apoyo de políticas neo-desarrollistas. La disputa por el territorio acrecienta la agencia de diversos actores sociales, entre ellos, mujeres que tienen la agroecología como filosofía de vida, modo de ser, de existir y de relacionarse con el territorio amazónico. Se concluye que la visión agroecológica está ligada a saberes tradicionales mediante prácticas que vinculan históricamente a las mujeres al cuidado y a la responsabilidad con la reproducción social de la vida, y con su agencia construida en solidaridad en defensa del territorio frente al modelo dominante de base capitalista y patriarcal.

Aymara Llanque y co-autoras compilan y analizan la experiencia de mujeres rurales de Bolivia quienes realizan la producción y comercialización de base agroecológica. Su trabajo es esencialmente testimonial integrando los resultados de cinco diferentes estudios que cubren seis eco-regiones del país. Desde los elementos provistos por la sustentabilidad de la vida, la economía del cuidado y la agroecología, analizan la participación de las mujeres en la esfera reproductiva, en el trabajo y participación pública, y en la producción y comercialización bajo principios agroecológicos. Desde el amplio espacio geográfico y biocultural que abarcan sus hallazgos, encuentran y concluyen que la agroecología es una estrategia efectiva, factible y adaptada al contexto de múltiples desafíos de las mujeres rurales; empero, que esto es insuficiente para visibilizar y fortalecer a las mujeres dado el histórico contexto patriarcal y la superposición de los usos y costumbres rurales sobre los derechos adquiridos por las mujeres. Con base a ello, afirman que el diálogo entre la agroecología y los feminismos es una prioridad epistemológica para que de manera complementaria ambos avancen hacia sus objetivos de bienestar integral, inclusivo y resiliente.

Liliam Telles y colaboradoras presentan la investigación realizada en la región sureste de Brasil, en la cual se hizo una sistematización y un análisis de la contribución monetaria y no monetaria de las agricultoras agroecológicas, teniendo en cuenta sus actividades dirigidas al autoconsumo, donación, intercambios y comercialización de productos. Los datos fueron recolectados por medio de una herramienta pedagógica y metodológica llamada Caderneta Agroecológica. El análisis de los datos se basa en la conexión de dos corrientes teóricas: la economía feminista y la sociología económica. Ambas cuestionan las bases de la economía neoclásica, afirmando que esta no puede ser reducida a los mercados ni valoraciones monetarias. Esta perspectiva teórica posibilita aportar interesantes insumos analíticos para una mirada crítica sobre la economía y sobre el trabajo de las agricultoras agroecológicas. Su abordaje y resultado posibilitan dar visibilidad a la contribución económica de las mujeres desde la agroecología y, sobre todo, a la importancia de sus actividades no monetarias ni monetarizadas, las cuales son fundamentales para el fortalecimiento del tejido social en la construcción de otras formas de sociabilidad en la relación con la vida y con la naturaleza.

Juliana Merçon y co-autoras analizan las motivaciones, retos y aprendizajes que encuentran las mujeres de la Red Chiapaneca de Huertos Educativos y la Red de Huertos Escolares y Comunitarios de Xalapa, México. Las autoras señalan el importante papel de estos espacios en la educación popular de la agroecología. De sus reflexiones se destacan la necesidad de reconocimiento oficial desde el sistema educativo nacional del huerto escolar como herramienta pedagógica y de la importancia de articular los aspectos técnicos de su práctica agroecológica con la dimensión socio-política de las redes, así como de visibilizar y politizar la amplia presencia de mujeres en esta labor.

Ana Dorrego analiza dos experiencias de mujeres campesinas en los Valles de Bolivia sobre producción

y comercialización de productos agroecológicos. Bolivia es uno de los pocos países que ha incluido en su

Constitución Política del Estado la seguridad y soberanía alimentaria como uno de los principales caminos para alcanzar el Vivir Bien. En este contexto político —y ante un fenómeno de feminización de la agricultura campesina e indígena, el cual es aún poco estudiado— este artículo plantea, en primer lugar, pensar la producción y comercialización agroecológicas desde la propuesta de la soberanía alimentaria como un camino hacia el Vivir Bien. Señala que ambas actividades permiten satisfacer algunas de las necesidades e intereses de las mujeres respecto a la capacitación, la salud, el cuidado y la conservación de la agrobiodiversidad y los saberes tradicionales. La autora otorga cierto énfasis en el “Comer Bien” que, desde la perspectiva de las mujeres entrevistadas, implica la diversidad en la producción y, por tanto, en el autoconsumo basado en una alimentación saludable. Finalmente concluye que la agroecología aporta elementos para el fortalecimiento de las mujeres y con ello la valoración y visualización de su trabajo.

María del Carmen Peregrina realiza una indagación e interpretación sobre las experiencias de vida de algunas de las socias de la Fundación Entre Mujeres, una organización de mujeres campesinas de Nicaragua. Relata y analiza las desigualdades de género y la violencia sentida por ellas a través de múltiples mecanismos de poder de origen patriarcal que han vulnerado sus derechos y las han mantenido silenciadas. Subraya que

esta estructura de poder también hace presencia en el agroecosistema, a tal punto que este espacio se convierte en problemático para las mujeres por los obstáculos y dificultades para su acceso y gestión. Sin embargo, contraviniendo los imaginarios comunes que pre-asumen su incapacidad, por medio de prácticas agroecológicas las campesinas obtienen mayor rendimiento agrícola que los varones ligados a la agricultura convencional. El capítulo también relata la existencia de discrepancias entre mujeres y hombres sobre el modelo de agricultura

a seguir, siendo ellas quienes optan por una agricultura que asegure la sustentabilidad de la vida. Finalmente,

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la autora cuestiona la forma en la que operan las desigualdades hacia las mujeres en el escalamiento de la agroecología, lo que necesariamente debe abrir líneas de reflexión e investigación para el futuro.

Para cerrar este libro, tenemos la contribución de Laura De Biase, quien se sumerge en la historia de vida de Nilce de Pontes Pereira do Santos, quilombola, hija de un indígena y una negra, madre de cinco hijos, criada en la tierra. El capítulo cuenta la historia de la vida de esta lideresa femenina y activista del movimiento quilombola, quien protagoniza un proceso de construcción de conocimiento y práctica agroecológica en un contexto territorial complejo, a través de una trayectoria de lucha vivenciada de modo comunitario. El análisis de esta trayectoria sugiere posibilidades de construcción de la concepción de la agroecología en la propia comunidad —resumida en la frase agroecología es lo que nosotras hacemos— así como el rol de las mujeres campesinas en este proceso. Esta experiencia además sugiere que el protagonismo femenino es fundamental para que ocurran procesos de construcción autónoma y endógena.

Como podemos apreciar, los artículos que hacen parte de este libro son narrativas elaboradas desde voces y experiencias femeninas que reconstruyen trayectorias —propias o de otras mujeres— desde y con la agroecología. Estas voces además reflexionan sobre problemáticas comunes, procesos colectivos y contextos en clave de género. Con esta compilación, breve en comparación a la amplitud de experiencias existentes, queremos contribuir a visibilizar cómo las mujeres han participado y participan en la construcción de la agroecología en América Latina. A través de este trabajo, esperamos inspirar y a dar voz a sujetos femeninos que en diferentes contextos y como un ejercicio político, han sido silenciados y marginados.

Después de participar en el proceso de compilar un extracto de las vivencias de mujeres, creemos que mediante la agroecología y el economía feminista es posible y necesario reconocerlas como generadoras de saberes, vida y bienestar, esto como un compromiso ético para el cambio social y la construcción de la democracia inclusiva. Compartido esto, esperamos que la agroecología en femenino sea una inspiradora lectura.

Medellín, La Paz y Roma, agosto de 2018

Gloria Patricia Zuluaga Sánchez Georgina Catacora-Vargas Emma Siliprandi (Coordinadoras)

Parte I Mujeres en el escalonamiento de la agroecología

1

Alianza de Mujeres en Agroecología (AMA-AWA): fortaleciendo vínculos entre académicas para el escalamiento de la agroecología

Helda Morales 1 *; Gloria Patricia Zuluaga Sánchez 2 *; María Virginia González-Santiago 3 ; Ivette Perfecto 4 ; Silvia Papuccio de Vidal 5

Introducción

La participación y visibilización de las mujeres es indispensable para el avance y escalamiento de la agroecología (Mier y Terán et al. 2018). En este capítulo se abordan la situación y el posicionamiento de las agroecólogas en los ámbitos académicos y científicos, así como algunas contribuciones a partir de la experiencia de la Alianza de Mujeres en Agroecología – Alliance of Women in Agroecology (AMA-AWA) que apuntan a enriquecer desde una perspectiva basada en la equidad y la sustentabilidad de la agroecología.

1 Profesora-investigadora de El Colegio de la Frontera Sur, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. Email: hmorales@ecosur.mx

2 Maestra en Hábitat, Doctora en Recursos Naturales y Gestión Sustentable Profesora Asociada Universidad Nacional de Colombia – Sede Medellín. Área de investigación en género y medio ambiente. Email: gpzuluag@unal.edu.co

3 Profesora-Investigadora de la Universidad Autónoma Chapingo, DEIS-Agroecología, México. Email: mgonzalezs@chapingo.mx

4 Profesora Universidad de Michigan, Ann Arbor, MI, USA. Área de Recursos Naturales y Medio Ambiente. Email: perfecto@umich.edu

5 Ingeniera Agrónoma. Magíster en Ciencias Sociales con mención en Estudios Ambientales (FLACSO, Ecuador). Doctora en Recursos Naturales y Gestión Sustentable (ISEC; Universidad de Córdoba, España). Especialista en Género, Ambiente y Alimentación. Activista ecofeminista. Fundación ECOSUR, Argentina. Email: sylviavid@yahoo.com

* Miembro del Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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Tanto el patriarcado como el capitalismo atraviesan la vida de las personas y las instituciones. En la actualidad, las universidades, los centros profesionales, los proyectos y políticas agroalimentarias y ambientales como todos los ámbitos de nuestra vida, replican en su interior los mecanismos de subestimación hacia las mujeres. Muchas veces esos espacios se creen a sí mismos distintos y alternativos, pero en términos de desigualdades de género, no lo son. Existe una cultura institucional que desconoce o descree las capacidades de las mujeres para ocupar posiciones de liderazgo y poder.

La inclusión de diversidad en los ámbitos académicos y científicos no es solo un imperativo moral, sino que también tiene un valor intrínseco para la ciencia. Hay cada vez mayor evidencia de que los equipos diversos son mucho más efectivos que los representados por un solo grupo social, etnia o género, incluso cuando éstos están formados por los expertos más destacados en su campo (Page 2008; 2017). Una academia diversa permite el intercambio de ideas que no está disponible en un ambiente homogéneo. El conocimiento cultural y la creatividad estimulados al reunir a diversas personas provee beneficios tangibles e intangibles para las instituciones (Govendo 2005; Guillaume et al. 2013; Sonnenschein 1999). En su libro The Diversity [Bonus] (El bono de la diversidad) Scott Page (2017) demuestra cómo la diversidad en la ciencia y otras actividades humanas aumenta la probabilidad de resolver los problemas de nuestra sociedad. Según este autor, la diversidad provee acceso a más talento, mejores soluciones a problemas complejos, y por lo tanto, genera una mejor ciencia. Un primer paso hacia la consecución de esos objetivos es reconocer que las mujeres que participan de la agroecología no constituyen un colectivo homogéneo, sino diverso y plural, con conocimientos, experiencias y demandas específicas.

Varias autoras han señalado cómo la agronomía, disciplina en la que nos formamos muchas de las que hoy nos llamamos agroecólogas, ha sido un mundo de y para hombres. Por ejemplo, la Sociedad Agronómica de América (ASA, por sus siglas en inglés), fundada en los Estados Unidos en 1907, por treinta años fue exclusivamente masculina, por lo que la aceptación de las primeras mujeres no fue fácil. En 1939, el presidente de la sociedad dijo “Si nuestro ancestro paterno nos hubiese dado un cromosoma X, en lugar de un cromosoma Y, hubiéramos tenido más probabilidades de ser un ayudante de agrónomo que un agrónomo” (McIntosh y Simmons 2008). En América Latina, las mujeres se involucraron en la agronomía aún más tarde. En México, no fue sino hasta 1971 que la primera mujer se graduó de la Escuela Nacional de Agricultura, hoy Universidad Autónoma Chapingo (Zapata et al. 2000). En Colombia, la primera lo hizo en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia, cincuenta años después de su fundación, en los años sesenta, Gloria Zuluaga (En imprenta). Hoy, muchas mujeres son agrónomas, pero las ideas iniciales de que las ciencias agrarias son áreas masculinas, aún está en nuestro consciente o inconsciente.

¿Será diferente la agroecología que promueve la biodiversidad y el diálogo de saberes (por ejemplo, Altieri y Toledo 2011; Perfecto et al. 2009), y que reconoce en teoría que los feminismos son una corriente importante dentro del pensamiento agroecológico? (Rosset y Altieri 2018). Nosotras consideramos que aun la discriminación de género no se visibiliza como un tema central en la agroecología y por lo tanto no se construyen suficientes estrategias para superarla. Con esa inquietud en el 2013 fundamos AMA-AWA y nos planteamos esta pregunta que suele ser incomoda: ¿cómo podemos trabajar consciente y éticamente para crear un ambiente diverso y equitativo en nuestras instituciones académicas y gremiales?

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Para ilustrar el tema de género y continuar el debate sobre cómo construir una academia más equitativa que permita el avance de la agroecología, aquí presentaremos datos de la participación de mujeres en los programas académicos, en dicha área, en América Latina y España. Para ello, utilizamos el caso de los congresos de SOCLA, algunos testimonios de académicas agroecólogas, y las acciones que como AMA-AWA hemos emprendido para

visibilizar nuestro trabajo y el de nuestras colegas; así como para contribuir al desarrollo de una perspectiva sensible

al género que aporte a la construcción de relaciones más equitativas entre varones y mujeres.

Mujeres en programas de agroecología en América Latina y España

Desde 1980, los programas de agroecología han germinado en las instituciones de educación superior

y centros de investigación alrededor del mundo (Gliessman 2014). Desde el 2011 hemos recogido datos de las

estadísticas de género de algunos de ellos, a nivel de grado y de posgrado de América Latina y España. Estos los hemos obtenido contactando a las coordinaciones de programas, a profesores o estudiantes que participan en ellos o consultando las páginas webs que los hacen disponibles.

De los nueve programas de licenciatura de los que obtuvimos datos. La Figura 1 muestra que tres tienen mayor número de estudiantes mujeres que varones, cuatro tienen igual cantidad (entre 45 y 50%) y únicamente Chapingo tiene mucho menos de la mitad (33%). En promedio, las mujeres representan el 52% del estudiantado de los programas de licenciatura en agroecología. La situación es similar en los casos de maestría y doctorado que analizamos (Figura 2). Solo el doctorado de la Universidad Nacional de Colombia tiene una población estudiantil femenina menor a la mitad (22%). En promedio las estudiantes de posgrados en agroecología son el 53% del total del estudiantado. En otras palabras, los programas académicos de agroecología están atrayendo a muchas mujeres.

de agroecología están atrayendo a muchas mujeres. Figura 1. Porcentaje de mujeres estudiantes y profesoras en

Figura 1. Porcentaje de mujeres estudiantes y profesoras en programas de pregrado en Universidades de América Latina.

Fuente: Elaboración propia con datos recopilados entre el 2011 y 2018 desde: Monje Carvajal et al . (En imprenta), y comunicación con el o la coordinadora del programa y/o comunicación con personal docente.

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A diferencia de las estudiantes mujeres, la tasa de mujeres profesoras es menor en los programas de agroecología analizados (Figuras 1 y 2). En el caso de los programas de licenciatura, solo el Instituto Federal de Educação, Ciência e Tecnologia de Brasil y la Universidad Bolivariana de Venezuela tienen una planta docente con igual número de docentes hombres y mujeres. La Universidad de Yucatán y la Universidad de San Luis Potosí, en México, tienen muy pocas mujeres docentes (18% y 14% respectivamente) y el resto se comporta más o menos como el promedio de mujeres en la academia alrededor del mundo (33%) (Ordorika 2015). En el caso de los programas de posgrado en agroecología los rangos de porcentajes de mujeres profesoras son más amplios:

desde la Universidad Nacional de Colombia con 80% hasta la Benemérita de Puebla en México con ninguna. Aunque hay que notar que en el caso de Colombia, solo el profesor tiene dedicación exclusiva al programa de agroecología y la mujeres dictan cursos una vez al año. El promedio de mujeres profesoras en los programas de posgrado en agroecología analizados es similar al promedio mundial en programas de ciencias (35%).

similar al promedio mundial en programas de ciencias (35%). Figura 2 . Porcentaje de mujeres estudiantes

Figura 2. Porcentaje de mujeres estudiantes y profesoras en programas de posgrado de América Latina y España.

Fuente: Elaboración propia con base a información recopilada entre el 2011 y 2018 desde datos de la base institucional de las entidades académicas analizadas, los encontrados en la página web de las instituciones académicas, los proporcionados por personal docente, por comunicación con estudiantes y/o por comunicación con la coordinación de programas de posgrado.

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Participación de mujeres en los congresos de SOCLA

La Figura 3 muestra que las mujeres acudimos numerosamente a los congresos de agroecología de SOCLA y participamos en las bases de forma similar a los hombres: hacemos presencia en las ponencias de posters (53%) y ponencias orales (45%). También hemos tenido una alta participación en los comités organizadores locales (49.5%). Sin embargo las mujeres van desapareciendo conforme se avanza en las ponencias principales. En los primeros congresos las ponencias magistrales fueron dadas predominantemente por hombres y en Lima no participó ninguna mujer como ponente magistral. En promedio de todos los congresos de los que tenemos datos, solo 22% de las ponencias magistrales han sido dictadas por mujeres. En los cursos pre- congresos la presencia femenina es aún menor, solo 12% de los docentes han sido mujeres. Esto no es por falta de recurso humano, puesto que la cifra es mucho menor al del porcentaje promedio de profesoras en programas

de agroecología de América Latina y España que se señaló arriba (35%).

de América Latina y España que se señaló arriba (35%). Figura 3. Porcentaje de mujeres que

Figura 3. Porcentaje de mujeres que han participado en diferentes actividades de los congresos de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología.

Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos de las memorias y declaratorias de los Congresos Latinoamericanos de Agroecología.

Distintas investigaciones han mostrado que existe un sesgo de género en contra de las mujeres en los diferentes procesos de evaluación científica y académica. Por ejemplo, Julia Schroeder y sus colegas (2013) documentaron que la evaluación de trabajos en congresos y conferencias, o la invitación a participar en eventos profesionales clave no es neutral. Las mujeres suelen ser menos seleccionadas, lo que además tiene efectos negativos en la posibilidad de establecer redes y contactos para futuras investigaciones y publicaciones. Es

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importante anotar que las presentaciones en conferencias científicas brindan beneficios evidentes: son lugares para difundir los resultados de la investigación, adquirir reputación científica, y crear redes con colegas que pueden habilitar futuras oportunidades profesionales (Casadevall y Handelsman 2014).

Según las evidencias recuperadas por Scott Page (2017), la falta de inclusión no permite el intercambio de ideas diferentes que contribuyen al mejoramiento de la ciencia y a resolver problemas complejos, lo que — según nosotras— podría detener el avance de la agroecología.

Debemos de reconocer que SOCLA ha hecho esfuerzos para aumentar la diversidad, incluyendo a agricultores/as y activistas como ponentes en los congresos. También es de celebrar el papel protagónico que han tenido las mujeres en su mesa directiva. En el 2013, durante el IV Congreso en Lima, fue electa Clara Nicholls Estrada como presidenta. Esto fue de gran significado para nosotras y muy simbólico porque su imagen constituye en un referente para muchas mujeres. En el 2015, en el V Congreso en La Plata fue electa como vicepresidenta Georgina Catacora-Vargas, lo que hizo que el núcleo central de la mesa directiva estuviera compuesta por mujeres en un 75%.

Pero otros datos nos han llevado a señalar que existe la necesidad de una política de equidad de género en los congresos y cursos pre-congresos. En el segundo, que se realizó en Curitiba en 2009, solo 19% de las conferencias magistrales (3/13) o las ponencias de mesas (5/24) fueron ofrecidas por mujeres (Figura 3). Esto provocó que en el panel sobre género y agroecología se emitiera una declaración (Declaratoria de Curitiba) titulada Por una agenda que valorice el papel de las mujeres en la agroecología. En dicho panel participaron representantes de la Asociación Brasileña de Agroecología (ABA), la Articulação Nacional de Agroecologia de Brasil (ANA), el Movimiento Agroecológico Latinoamericano y del Caribe (MAELA) y SOCLA, quienes llegaron a varios acuerdos para valorizar el trabajo de las mujeres en la agroecología. Dos de estos fueron:

asegurar por lo menos el 50% de participación de mujeres en todos los espacios políticos relacionados con la agroecología” en general y, “buscar mayor participación de mujeres en todos los debates que se realizaran en los próximos congresos” de agroecología en particular (Aguiar et al. 2009).

Estos acuerdos fueron dados a conocer al comité organizador del III Congreso Latinoamericano de Agroecología realizado en México en 2011, por lo que se acordaron cuatro acciones para poner en práctica el avance hacia la equidad de género, a través de: (1) abrir el Congreso con la ponencia magistral de una mujer mexicana: Marta Astier; (2) organizar mesas redondas con equidad de género (en las mesas 47% fueron mujeres); (3) organizar en el auditorio principal la Mesa Contribuciones de las mujeres al avance y consolidación de la agroecología; y (4) incluir el nombre completo de las y los autores en los trabajos para dar visibilidad a las mujeres que aportan con trabajos académicos. Desde entonces, se ha continuado informado y solicitado que se cumplan esos acuerdos.

Afortunadamente, en los últimos dos congresos es notorio el esfuerzo que se ha hecho para que se escuchen las voces de las académicas en las charlas principales, pero la respuesta parece depender de la buena voluntad y de la consciencia de género de los comités organizadores locales. En el V congreso celebrado en La Plata, el 50% de las ponencias magistrales fueron impartidas por mujeres, aunque dos de ellas fueron al mismo tiempo que las ponencias magistrales de colegas hombres a quienes se les programó en el auditorio principal. En el VI Congreso en Brasilia, el comité organizador acordó que se eliminarían las ponencias magistrales

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para favorecer la equidad y que todas las mesas contarían con la participación de mujeres. Sin embargo, ello no ocurrió en la mesa de la historia de la agroecología. Esto provocó que varias mujeres irrumpieran en la sala con pancartas para manifestar su descontento. La protesta influyó, sin duda, para que la carta agroecológica de SOCLA en el cierre afirmara que “los miembros de SOCLA en nuestra Asamblea en Brasilia, hemos reconocido

y comprometido, con la lucha a desmantelar el patriarcado, el racismo y otras formas de exclusión dentro del sistema alimentario” (Nicholls 2018).

Algunas voces sobre la discriminación

Además de cuantificar la participación de las mujeres en programas y eventos académicos, consideramos importante conocer el sentir de algunas de estas agroecólogas. En seguimiento a la Declaratoria de Curitiba, entrevistamos a 18 mujeres académicas que trabajan en la agroecología en universidades de Argentina, Brasil, Cuba,Guatemala,México,Venezuela,España y los Estados Unidos para conocer algunas opiniones.El propósito de estas entrevistas fue tener una aproximación a las percepciones de académicas agroecólogas, con el fin de tener insumos para los procesos de reflexión sobre las dinámicas institucionales desde una mirada de género.

Sesenta por ciento dijeron que se han sentido discriminadas, pero no saben si por ser mujer o por ser joven, por su etnia, por sus ideas políticas o hasta por ser agroecólogas. Cuarenta por ciento indicaron ser discriminadas por sus colegas, por la estructura académica y hasta por la ley por el hecho de ser mujer:

Consideran que el campo no es lugar para mujeres. Aunque el machismo está mal visto, todos los ámbitos laborales y estratos sociales están cruzados por el machismo, incluso las leyes”, menciona una de las entrevistadas.

Cincuenta y nueve por ciento mencionaron que por el hecho de ser mujeres, el trato que reciben de los colegas es distinto, y veintinueve por ciento manifestaron que no se sienten escuchadas o que su trabajo no es reconocido como el de sus compañeros varones. En algunos casos, la estrategia es desarrollar un enfoque y estilo de trabajo diferente. Por ejemplo, una de las entrevistadas manifestó: “Busco cultivar un ambiente social menos jerárquico, más centrado en el intercambio y en el pensamiento crítico que en la autoridad vacía”.

Cincuenta y tres por ciento de las que respondieron a la entrevista han ocupado cargos de liderazgo, aunque varios de ellos fueron calificados por ellas mismas como menores o no remunerados. Algunas dijeron que no quieren ocupar cargos de dirección porque no se sienten cómodas. Una manifestó que, aunque no está

nombrada en esta función, termina haciendo gran parte del trabajo de conducción de su institución: “Realizaba

el trabajo detrás del telón como se dice… trabajo de coordinación, organización y control, en ausencia del Director del

Centro y Coordinador de la Maestría, que era bastante frecuente por los postgrados y otras actividades en el extranjero. Yo era la que hacía todas las actividades de coordinación sin ser miembro del Comité Académico”.

El trabajo de campo puede ser más complicado para las mujeres. Treinta y cinco por ciento de las entrevistadas se han sentido en desventaja porque los productores no las escuchan. Una de ellas manifestó:

“Cuando él decía lo mismo que yo, se le prestaba atención y se tenía en cuenta, por lo que tomamos como estrategia que yo le decía lo que tenía que decir”. En este punto cabe aclarar que él era veterinario y carecía de conocimientos agronómicos.

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Cincuenta y nueve por ciento indicaron que se les hace más difícil practicar su profesión porque no pueden ir solas al campo por la falta de seguridad. Por ejemplo, una de ellas dijo: “Siempre debo estar alerta cuando estoy sola en el campo, ha habido caso de asaltos y violaciones”.

En cuanto a su relación con los y las estudiantes, veintitrés por ciento no se han sentido respetadas por los estudiantes. Una de las entrevistadas manifestó: “Los estudiantes respetan mucho más el tiempo de los profesores hombres que el de las mujeres. A veces, estudiantes de profesores vienen a mí para pedirme cartas de recomendación porque sus asesores están demasiado ocupados y no quieren molestarlos”.

Para muchas mujeres parte del problema es el reparto desigual del trabajo doméstico y parental que lleva a una incompatibilidad del trabajo académico y científico con el matrimonio y la maternidad (Zuluaga en imprenta). Otra encuesta realizada por una de nosotras en el 2005 (Morales 2007) muestra este problema de la doble carga de trabajo en la casa y en la academia. La encuesta no revela diferencias en la productividad académica entre hombres y mujeres; sin embargo, las últimas invertían veintiocho por ciento más tiempo que los varones en los quehaceres domésticos y el cuidado de los niños.

Un doce por ciento de las entrevistadas manifestaron que sienten que las ven mal por tener horarios apretados por ser madres: “El hecho de ser madre y de querer regresar a casa lo antes posible por la tarde creo ha sido un poco difícil de comprender por parte de mis colegas hombres”. Otra entrevistada mencionó: “Mis colegas hombres, casi todos tienen esposas que se quedan en la casa cuidando los niños y atendiendo todos los asuntos domésticos. Es obvio que si una persona no tiene que dedicar tiempo a esos otros quehaceres, tiene más tiempo para dedicarse a su trabajo y puede sobresalir en su carrera académica”.

El trabajo dual, doméstico y académico ha hecho que la carrera de muchas mujeres se desarrolle más lentamente que la de los varones: “Mi carrera, por lo mismo, sí se ha visto afectada ya que ha ido mucho más lenta que mis colegas hombres. Los estudios de posgrado mucho más despacio y siempre he llegado más tarde a todo y […] no pude acceder a la beca de posdoctorado de la UNAM porque tenía más de 35 años…”

Este sentir de discriminación por supuesto que no es exclusivo del espacio académico dedicado a la agroecología. Existe un sistemático desconocimiento y subvaloración de las mujeres en la ciencia, la tecnología y los sistemas de educación superior, conocido como “Efecto Matilda” y descrito por la historiadora de la ciencia Margaret Rossiter en 1993 ( Jones et al. 2014). Rossiter retomó al sociólogo Robert Merton, quien denominó “Efecto Mateo” a la tendencia que existe en las instituciones científicas a concentrar los recursos, los mejores puestos de trabajo, las publicaciones y/o los premios en manos de los investigadores que ya han alcanzado reconocimiento, dificultando que otros investigadores accedan al sistema de recompensas. Merton, como analogía se refiere al evangelio según San Mateo que dice: “A todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. Rossiter 6 (citada en Lincoln et al. 2012) planteó que las científicas son más vulnerables al Efecto Mateo, dado que ser mujer resta inadvertidamente puntos al currículo científico, y afecta incluso el espacio en los laboratorios y el acceso a becas u otros recursos. A esta situación la denominó Efecto Matilda en honor a la sufragista neoyorkina de finales del siglo XIX que identificó y denunció la invisibilización de las mujeres y sus méritos en varios contextos sociales. Rossiter

6 Rossiter Margaret. 1993. The Matthew Matilda effect in science. Social Studies of Science 23(2):325-341.

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ofrecía además una larga lista de ejemplos de científicas a las que el sistema de recompensas de la ciencia, incluidos los premios, trataba injustamente por su sexo.

Pero el que sea común en las ciencias y en la educación superior, no lo hace aceptable y mucho menos en la agroecología que es una ciencia que promueve la diversidad y el diálogo de saberes. Las voces de las 18 mujeres agroecólogas académicas entrevistadas sugiere que la discriminación sexual ha sido una realidad para muchas de ellas y probablemente lo sigue siendo, así como para las nuevas generaciones de agroecólogas.

Historia y acciones de AMA-AWA para lograr la equidad y el avance de la agroecología

En marzo del 2013 nos reunimos un grupo de mujeres agroecológas en el sur de Chiapas, México. Decidimos reunirnos porque estábamos preocupadas por la falta de reconocimiento y visibilización de las mujeres académicas en las áreas de desempeño. Con particular preocupación veíamos que a pesar que la agroecología es una ciencia que se funda en la inclusión y reconoce la diversidad y el diálogo de saberes, no visibiliza suficientemente a las mujeres.

La iniciativa partió de tres académicas: Ivette Perfecto, profesora de la Universidad de Michigan, Stacy Philpott de la Universidad de California, y Helda Morales de El Colegio de la Frontera Sur, México. Acudieron al llamado Lorena Soto de El Colegio de la Frontera Sur, Virginia González Santiago de la Universidad Autónoma Chapingo, María Elena Martínez Torres del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología (México), Deborah Letourneau de la Universidad de California, Mariangie y Olgaly Ramos de la Universidad de Puerto Rico.

Durante los cuatro días que nos reunimos en el convivio-taller, cada una expuso su trabajo docente e investigativo. Reflexionamos sobre los problemas de reconocimiento de las mujeres agroecólogas y buscamos posibles soluciones. Elaboramos una línea del tiempo sobre la participación de mujeres en la agroecología desde sus inicios. Recordamos las dificultades por los contextos competitivos y hostiles durante nuestra experiencia en la época como estudiantes. Por ello, nos planteamos la necesidad urgente de construir ambientes de solidaridad, donde las estudiantes puedan tener otras experiencias menos adversas. También nos planteamos construir estrategias de visibilización y posicionamiento en distintos espacios académicos y científicos. Decidimos empezar a participar en una forma más activa y visible en los congresos de SOCLA, dado que la mayoría somos asociadas. Así decidimos formar “AMA-AWA” 7,8 . Los objetivos que nos trazamos desde esta primera reunión fueron: (1) aumentar la visibilidad de las contribuciones de las mujeres en la ciencia de la agroecología, (2) promover el desarrollo de las futuras generaciones de agroecólogas, y (3) motivar alianzas entre mujeres vinculadas a la producción agroecológica y sus organizaciones. A continuación, presentamos una reseña de las acciones y logros que hemos tenido desde el 2013.

Una de las primeras acciones que hicimos, fue solicitar a los organizadores del IV Congreso de SOCLA, realizado en Lima, Perú en el año 2013, un espacio para presentar los objetivos de AMA-AWA y la problemática discutida en México. Al inicio el comité organizador no entendía la necesidad de incluir el

7 http://scelysan.wixsite.com/ama-awa/us?from_fb=1

8 AMA-AWA Mujeres en Agroecología https://www.facebook.com/groups/451054654964237/

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tema de género en el congreso, pero logramos que abrieran un espacio para reconocer el trabajo de las mujeres en el ámbito de los movimientos sociales, la academia, la investigación y la divulgación. Para ello elaboramos diez afiches sobre mujeres agroecólogas que exhibimos en un espacio visible durante el congreso. Estos afiches fueron acompañados por una presentación sobre cada una de estas mujeres a través de fotos, de datos sobre su trabajo y de su contribución a la agroecología. Ésta fue una experiencia muy importante de reconocimiento de los logros de mujeres que en el día al día contribuyen a la agroecología (Tabla 1). Organizamos también el simposio Mujeres en Agroecología: retos, avances y propuestas para la sustentabilidad de la Agroecología. Como parte del simposio se realizó una dinámica donde los participantes iban nombrando a otras mujeres que han aportado a la agroecología desde distintas esferas. El resultado fue que con gran entusiasmo las asistentes llenaron fichas con cuantiosos datos. Para nosotras fue muy gratificante que la sala estuviera repleta de mujeres y hombres de distintas edades y procedencias, con mucho interés en el tema, en un ambiente cálido y constructivo.

Tabla 1. Reconocimiento de AMA-AWA durante el IV Congreso Latinoamericano de Agroecología de SOCLA (Lima, Perú, 2013) a mujeres por contribuir a la construcción de la agroecología.

Nombre y País

Área de trabajo

Ana Primavesi,

Profesora de manejo ecológico del suelo y recuperación

Brasil

de áreas degradadas. Contribuyó a la comprensión de la tierra como un organismo vivo y con diferentes niveles de interacción con la planta.

Ana Elisa Pérez Quintero, Puerto Rico

Líder en agroecología, productora-investigadora, impulsora de proyectos de desarrollo agrícola comunitario y de campesino a campesino.

Gabriela Susana Villanueva, Argentina

Miembro de la Organización de Encuentros de Jóvenes de

Argentina. Participante en emprendimientos en apicultura

y huertas agroecológicas, e impulsora de procesos de transición hacia la producción sustentable.

Laurie Drinkwater,

Profesora de agroecología y ciencia integral de plantas en

Estados Unidos

la

Universidad de Cornell, Nueva York. Investigadora de

los ciclos de nutrientes en agroecosistemas con énfasis en carbono y nitrógeno.

Lylian Rodríguez J., Colombia

Investigadora de la Fundación CIPAV en Cali, Valle del Cauca, Colombia. Productora agropecuaria de pequeña escala en la Finca Ecológica TOSOLY. Consultora independiente, investigadora y directora de la Fundación para la Producción Agropecuaria Tropical Sostenible.

María del Carmen Álvarez Ávila, México

Profesora e investigadora del Colegio de Postgraduados en México, desde 1980. Con experiencia en microempresas, agricultura familiar, autogestión comunitaria y agricultura orgánica en solares tropicales en comunidades rurales y periurbanas.

Marta Monzote Fernández, Cuba

Investigadora del Ministerio de la Agricultura de Cuba. Estudió la relación eco-fisiológica de las asociaciones de leguminosas y gramíneas en pastizales bajo condiciones tropicales.

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Fuente: Elaboración propia.

Otro logro del evento fue el que muchas mujeres de distintos lugares del mundo se interesaron por AMA-AWA y nuestros espacios de interacción virtual, aportando a ellos con ideas, documentos y noticias.

Después de Lima, en el año 2016, AMA-AWA realizó su segundo encuentro organizado por nuestras colegas de la Universidad de Puerto Rico con sede en Utuado, donde hay una carrera en agricultura sustentable, única en todo el Caribe. En el marco del encuentro, se organizó un seminario con el objetivo de socializar y discutir los aportes del trabajo de cada una de las participantes, en su mayoría en la academia. Al seminario asistieron personas interesadas en renovar la agricultura en Puerto Rico, incluyendo activistas como agricultoras de la organización Boricuá 9 .

Después del seminario, realizamos una reunión las asociadas a AMA-AWA con el fin de compartir las experiencias personales en nuestras universidades y centros de investigación. Para las más adultas estuvo muy presente la dificultad y la necesidad de combinar la actividad científica con los asuntos personales, sobre todo lo relacionado con las familias. Para las más jóvenes fue cómo abrirse paso en un mundo con discriminación de género no reconocido a nivel institucional ni personal por los compañeros y colegas. En este encuentro además de las discusiones políticas y académicas, se generó un ambiente de sororidad entre nosotras.

Fue en el V Congreso Latinoamericano de Agroecología en La Plata, Argentina, en 2015, donde AMA-AWA empezó a cosechar frutos visibles. Logramos buenas alianzas con el comité organizador que se mostró muy receptivo a la incorporación del enfoque de género y luchó por la visibilización de las mujeres en la agroecología. Así, por primera vez en los congresos de SOCLA hubo equidad de género en las ponencias magistrales del evento. Además, se organizaron varias mesas y espacios de trabajo para discutir los vínculos entre género y agroecología, y se expusieron afiches de ocho mujeres y su trabajo desde las parcelas, la academia y las ONG (Tabla 2). Entre las actividades del congreso, se presentó el libro Género, agroecología y soberanía alimentaria. Perspectivas ecofeministas coordinado por Emma Siliprandi y Gloria Zuluaga, que recoge reflexiones teóricas y experiencias de América Latina y España. En ese mismo espacio se organizó una exposición de libros y artículos escritos por mujeres, así como un simposio sobre la importancia del enfoque de género en la agroecología. Además se realizó un taller orientado a seguir documentando la historia de la participación de las mujeres en la agroecología. Este último fue un espacio maravilloso, con una alta participación de jóvenes de ambos sexos, lo que nos llena de esperanza por el compromiso en las nuevas generaciones con la equidad. Igualmente, se realizó un taller sobre agroecología y ecofeminismo donde participamos con exposiciones Ana Broccoli, Gloria Zuluaga y Silvia Papuccio de Vidal.

9 Boricuá es una organización puertorriqueña que promueve la Agroecología desde hace mas de 25 años y está vinculada a la Vía Campesina. Mayor información en http://organizacionboricua.blogspot.com/p/quienes-somos.html

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Tabla 2. Reconocimiento de AMA-AWA durante el V Congreso Latinoamericano de Agroecología de SOCLA (La Plata, Argentina, 2015) a mujeres por contribuir a la construcción de la agroecología.

Nombre y País

Área de trabajo

Alba González Jácome, México

Profesora e investigadora emérita de la Universidad Iberoamericana, con aportes desde la antropología ecológica y la historia ambiental que son relevantes para el desarrollo de la agroecología a través del

estudio de la historia de la agricultura y de los huertos. Ha contribuido

al estudio de los agroecosistemas tradicionales en Tlaxcala.

Clara Nicholls Estrada, Colombia

Investigadora asociada del Centro para el Estudio de las Américas (CENSA) y profesora en la Universidad de California – Berkeley desde el 2004. Su trabajo se ha centrado en la biodiversidad, control biológico plagas y resiliencia socio-ecológica al cambio climático. Se ha vinculado como profesora en muchos posgrados a nivel latinoamericano y europeo. Presidenta de la Sociedad Científica Latinoamericana del 2013 al 2018.

Diana Martínez,

Impulsora del movimiento agroecológico en el norte de Nicaragua.

Nicaragua

Creó la Fundación Entre Mujeres y la Cooperativa agroecológica Las Diosas. Su modelo de trabajo se basa en la recuperación y custodia de semillas criollas, en la diversidad de cultivos y en lo que ha llamado “los rincones del conocimiento ancestral”.

Saray Siura Céspedes, Perú

Profesora de agroecología de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Vinculada a la producción de alimentos en huertas como una alternativa a la alimentación de familias pobres. Por años ha participado en las bioferias realizadas en Lima.

Mariela Rivera Rodríguez, Bolivia

Responsable en la Fundación Alternativas de apoyar a barrios de escasos recursos en la ciudad de La Paz, enseñando a educadores y

jóvenes cómo cultivar sus propios alimentos de manera agroecológica

y cómo adoptar hábitos alimenticios más saludables. Su trabajo

aplica metodologías pedagógicas replicables para garantizar que sus estudiantes enseñen a otras personas lo que ellos/as van aprendiendo.

Qachuu Aloom,

Organización de mujeres Maya-Achí de Rabinal, Baja Verapaz, quienes han desarrollado la conservación agroecológica de semillas locales y la soberanía alimentaria como estrategia para reconstruir sus vidas, después de décadas de violencia. La organización trabaja con 24 comunidades.

Guatemala

Teresa Gianella,

Editora de la revista LEISA de Agroecología. Por años ha divulgado investigaciones y reflexiones de todo el mundo sobre las problemáticas de la agricultura y las alternativas a las mismas, ello ha permitido visibilizar y valorar el conocimiento ecológico de agricultores/as de pequeña escala y de indígenas.

Perú

Fuente: Elaboración propia.

En el 2017, en San Cristóbal de Las Casas, México, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, organizamos como AMA-AWA un evento sobre la producción sana de alimentos y la agroecología. En el marco del evento inauguramos una “semilloteca”, en honor a nuestra compañera agroecóloga de “AMA-AWA”, Ana Broccoli, quien falleció en diciembre de 2016 a causa de un cáncer. Ana, fue profesora de la Universidad de Lomas de Zamora y de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Se destacó por su compromiso en la defensa de las semillas nativas,

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de la agrobiodiversidad, de la soberanía alimentaria y de la visibilización de las mujeres en la agroecología y las luchas ambientales. Denunció en múltiples oportunidades a Monsanto en el uso indiscriminado de glifosato

y por la expansión de la soya transgénica en detrimento de la agricultura familiar en su país. A partir de este homenaje, este evento permitió que se formara un nodo fuerte de AMA-AWA en Chiapas, constituido sobre todo por estudiantes de posgrado.

También en el 2017 se realizó el VI Congreso Latinoamericano de Agroecología de SOCLA, en Brasilia. Este fue, sin lugar a dudas el de mayor participación de las mujeres en posiciones visibles: Mariane Vidal, presidenta del comité organizador e Irene Cardoso, presidenta del comité científico y también de la ABA. Ellas, entre otras personas, se comprometieron desde el inicio a que las conferencias centrales, los simposios y las mesas de trabajo tuvieran paridad de género, acogiéndose a la Declaración de Curitiba. Consideramos que este hecho es un primer paso para la transformación, democratización y la efectividad de las discusiones de congresos y de SOCLA. También desapareció la figura de ponencia magistral, precisamente con la idea de que las discusiones fueran mucho más democráticas. Y se invitó a personas diversas a participar en las mesas con el fin de escuchar nuevas voces, diferentes a las tradicionales que han sido masculinas. Durante este congreso, un aspecto muy importante, que no se había previsto en otros, fue contar con una guardería, permitiendo que las madres con hijos/as pequeños/as participaran plenamente en las actividades. Consideramos que este tipo de innovaciones son relevantes en los diferentes espacios académicos para que faciliten la participación de las mujeres.

Estas innovaciones fueron resultado del trabajo de las compañeras brasileñas de ABA y de ANA, pero también de las propuestas de AMA-AWA a través de una construcción conjunta sobre participantes, actividades, textos y verificación de la equidad de género en distintas actividades. Por ello, creemos que nuestra vinculación fue importante para lograr un congreso con mayor paridad y visibilización de las mujeres agroecólogas.

También realizamos nuestra ya tradicional reunión donde invitamos a más personas a unirse a nuestra

lucha. Allí compartimos estrategias de cómo las mujeres hemos logrado balancear las facetas académica

y personal de nuestras vidas, visibilizando que muchas de nosotras, además de que somos madres, también

cuidamos padres y familiares. Fue muy interesante que al unirnos con las mujeres de ABA y de ANA, vamos avanzando con paso firme, ganando espacios para poder hacer una agroecología más equitativa, diversa y, por lo tanto, más fuerte.

En el 2018, AMA-AWA participó en el Encuentro internacional de mujeres que luchan por un mundo mejor, convocado por las mujeres zapatistas y realizado en la Selva Lacandona, Chiapas. Al encuentro acudieron más de 7000 mujeres de todo el mundo. Logramos que diecisiete mujeres de nuestra asociación llegaran a este evento desde distintos lugares: Argentina, Canarias, Estados Unidos, Finlandia, Guatemala, México y Puerto Rico. La organización del viaje de las AMA-AWA nos permitió acercarnos y construir unos fuertes lazos solidarios y sororos 10 . Algunas quienes no asistieron aportaron recursos para que las demás que lo necesitaban lo hicieran. En el marco de este evento, realizamos un taller denominado Sin agroecología no hay feminismo, al que asistieron compañeras zapatistas quienes a través de sus pasamontañas nos observaban con ojos curiosos, alegres, empáticos y cómplices. Al final del evento hicimos una declaratoria y una rueda de prensa en la plaza de

10 Palabra utilizada en los medios feministas para referirse a las relaciones igualitarias entre mujeres. Para mayor referencia, visitar https:// es.wikipedia.org/wiki/Sororidad

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la catedral de la ciudad de San Cristóbal. Allí expresamos nuestro compromiso por un mundo mejor, un mundo

donde todas las personas puedan tener acceso a alimentos producidos de forma agroecológica, un mundo donde los productores y las productoras de alimentos tengan posibilidades de vivir dignamente y les sea reconocido su trabajo.

Dado que nuestras compañeras agricultoras, académicas y activistas de AMA-AWA estaban presentes en San Cristóbal, decidimos realizar un simposio con ponencias sobre la producción global y local de alimentos. La asistencia fue nutrida y diversa, con presencia de estudiantes, chefs, activistas, agrónomos, etc., lo que permitió un debate enriquecedor y fructífero. Para nosotras fue y es significativo el gran interés de la sociedad en el tema de la agroecología, que va más allá de lo meramente agronómico.

Para AMA-AWA ha sido muy importante conocer,divulgar,apoyar y establecer alianzas con campesinas

y con mujeres que participan en movimientos e iniciativas por la subsistencia y por la conservación ambiental,

como un proyecto ético que permita el empoderamiento, más que un “extractivismo de conocimiento”. Esto significa que las mujeres campesinas, indígenas y afrodescendientes con las que se trabaja no sean objetos de estudio, sino que se las reconozca como sujetos poseedores de saberes. Por ello desde el primer encuentro en el 2013 nos reunimos con un grupo de mujeres cafetaleras de Chiapas para compartir nuestras experiencias sobre la agricultura y sobre nuestras experiencias al vivir en un ambiente dominado por hombres.

Aunque todavía tenemos mucho por trabajar para crear una agroecología que celebre y aprecie la diversidad de género, nuestras estrategias para la visibilización del trabajo, el apoyo a las nuevas generaciones de agroecólogas y la vinculación con mujeres trabajando por la agroecología desde el campo y el activismo (Tabla 3), han puesto el tema sobre la mesa y ha logrado crear una red de cooperación entre las mujeres que formamos la Alianza. Parte del éxito y persistencia de nuestro trabajo es el dolor que nos mueve al ver las injusticias e ignorancia sobre los temas de equidad en nuestra área de trabajo, pero sobre todo ha sido la búsqueda constante para educarnos en el tema y el construir vínculos de comunicación horizontal y de apoyo. A pesar de que estamos dispersas en varios países de América y España, tratamos de mantenernos en comunicación y que nuestras acciones sean consensuadas y lleven la voz de todas. Los encuentros bianuales de mujeres agroecólogas y la vinculación con mujeres en otros sectores de la agroecología han permitido hermanarnos, ayudarnos a concientizarnos sobre las problemáticas de género y de las inequitativas relaciones de poder que enfrentamos en el día a día. También han contribuido a generar estrategias conjuntas para lograr una mayor diversidad en nuestras instituciones de trabajo, y balancear mejor nuestra vida académica con nuestro trabajo reproductivo y nuestras aspiraciones personales.

Trabajamos para las que ya no están y han dejado un legado trascendente pero poco visibilizado, para las que quedamos y para los y las que se están preparando y eligiendo a la agroecología como una ciencia y proyecto político transformador. Queremos cambiar el orden de género imperante. Esto con el convencimiento de que la sustentabilidad no podrá alcanzarse si no se cuestionan y revierten las inequidades en sentido amplio, entre ellas una de las más estructurales y fundante: la de género.

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Tabla 3. Estrategias de AMA-AWA.

• Exposición de afiches para destacar a mujeres en la agroecología (Socla 2013 y 2015)

• Realización de simposios y talleres para discutir el tema de género en la agroecología (Congresos Latinoamericanos de Agroecología de SOCLA del 2013 en Lima, 2015 en La Plata y 2017 en Brasilia; San Cristóbal de Las Casas 2017 y 2018)

• Recuperación de la memoria histórica sobre la participación de las mujeres en la agroecología (Argovia 2013, Lima 2013, La Plata 2015)

• Organización de encuentros bianuales para convivir y crear lazos de sororidad (Argovia 2013; Utuado 2015; Chiapas 2018)

• Vinculación con otras mujeres en la agroecología (encuentro con mujeres cafetaleras del Soconusco en el 2013, con productoras de Boricuá en 2015 y con mujeres zapatistas en 2018)

• Búsqueda de consenso y toma de decisiones grupales

• Apoyo a estudiantes y colegas subempleadas para que puedan asistir a eventos de AMA-AWA

• Divulgación de noticias y documentos relacionados con la agroecología y el feminismo en las redes sociales

Posicionamientos, logros y retos para el avance de la agroecología

El debate y la necesidad por el cambio cultural en pos de la paridad de género se presentan en la actualidad, como un requisito necesario para la consolidación y el avance de la ciencia.

Las mujeres de AMA-AWA creemos que las universidades y las organizaciones de profesionales no pueden permanecer al margen de lo que está sucediendo en las calles en torno a la lucha contra la desigualdad, el autoritarismo y las injusticias de género. Esto especialmente a partir del incremento de la violencia, los femicidios y de las masivas movilizaciones globales como #NiUnaMenos y el #8M, a través de las cuales las demandas individuales de las mujeres se están convirtiendo en públicas y colectivas.

Para ello resulta inaplazable que los y las profesionales de la agroecología que trabajan en las universidades y en el campo reconozcan que las mujeres sufrimos discriminación de género y, con base a ello, se involucren en revertir esa situación. También es indispensable que se conozcan las demandas y la agenda de las mujeres del campo vinculadas a la agroecología, quienes suelen coincidir en sus principales problemáticas. Entre ellas: la violencia estructural de género, la falta de acceso de las mujeres a recursos productivos y a espacios institucionales donde se toman decisiones importantes, la injusta invisibilidad y discriminación de sus aportes y saberes y, la falta de conciliación entre tareas productivas y reproductivas (Papuccio de Vidal 2018).

Temas tales como la sexualidad, la construcción de la identidad masculina como símbolo de poder, los mandatos de género y la heteronormatividad,son discusiones que requieren ser abordadas en proyectos políticos que, desde la agroecología y otras ciencias, pretenden un cuestionamiento radical de las relaciones entre seres humanos y el medio. Por otra parte, el hecho que el análisis de la (in)sustentabilidad de los sistemas agroalimentarios haya prescindido de las epistemologías feministas para entender su funcionamiento y (re)producción, hace necesario tender puentes entre la agroecología emergente y el feminismo (Pérez Neira et al. 2014).

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La agroecología y los feminismos comparten el hecho de ser corrientes de pensamiento crítico para el análisis de la realidad y, a la vez, son movimientos sociales potentes con capacidad para transformarla (Papuccio de Vidal 2017). La dimensión social de la agroecología requiere transversalizar la perspectiva de género y ecofeminismo para alcanzar su objetivo rector de sustentabilidad. Para ello, es requisito que la agroecología fortalezca su análisis social para cuestionar las jerarquías dentro de la familia rural, la división sexual del trabajo, el control diferencial por género de los recursos naturales y productivos y de la toma de decisiones en el manejo del hogar, de la finca, las organizaciones del campo y de las universidades. También es esencial que por un lado se visibilice que las mujeres somos un colectivo plural y diverso y, por otro, que se reflejen las muchas contribuciones de las mujeres a la agroecología y en la consecución de un nuevo orden social y de género a partir de nuestros saberes y experiencias de subsistencia, además del potencial que poseemos para el cuidado y la defensa de la vida.

Como bien muestran los trabajos de Scott Page (2017), por las diferencias en la socialización, hombres

y mujeres así como personas de diversas etnias, culturas, religiones o preferencias sexuales, desarrollan diferentes habilidades cognitivas. Es precisamente esta diversidad lo que conduce a mejores resultados. Una agroecología dominada por hombres, blancos, mestizos y heterosexuales es una agroecología limitada, una agroecología que no podrá enfrentar los problemas de la producción agrícola y alimentaria de una sociedad diversa y compleja. Para alcanzar la equidad de género, la academia en América Latina va a necesitar una trasformación a nivel personal e institucional. Afortunadamente hay muchas formas de estimular esa transformación.

Recomendaciones para alcanzar la equidad de género en la agroecología

A nivel individual como académicos, nuestro aporte puede comenzar con la autocrítica sobre nuestros propios sesgos sobre los temas de género. Podemos aportar en la construcción y difusión de las estadísticas sobre género en nuestras instituciones. También podemos hacer un mayor esfuerzo para conocer y citar el trabajo de colegas mujeres, así como reconocer y difundir ampliamente el trabajo de las agroecólogas. Solicitar, además, solidaridad de nuestros colegas varones con iniciativas como la de Gender Avenger (www.genderavenger.com/ pledge/) que invita a los participantes a asumir un compromiso explícito de no participar como panelista en espacios de representación dónde no hayan también mujeres.

Con respecto a las instituciones académicas, es importante establecer políticas y presupuestos de acción afirmativa hacia las mujeres profesionales que tomen en cuenta su trabajo reproductivo y promuevan la corresponsabilidad de los varones en ese campo. Las instituciones académicas también pueden realizar cambios

estructurales para que tanto varones como mujeres puedan conciliar sus responsabilidades laborales y familiares, como por ejemplo parar el reloj de titulación para las mujeres en determinados momentos de su ciclo vital, como la gestación y la crianza de sus hijos e hijas, ofrecer licencias de paternidad y maternidad que se ajusten

a las necesidades reales de cuidados, y brindar servicios de guarderías para niños y niñas, entre otras medidas.

Las instituciones podrían ofrecer talleres para sensibilizar y capacitar a la comunidad académica en temas de género, como por ejemplo, preparar a los/as docentes para ser tutoras y tutores incluyentes y empáticos, dando

importancia a la inteligencia emocional. Es importante que provean, además, espacios que propicien la reflexión sobre

la discriminación contra las mujeres y que contribuyan a visibilizar y encontrar soluciones a la problemática de género

que atraviesa todos los ámbitos sociales. Las instituciones así mismo pueden formar un comité que se dedique al tema

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de la equidad de género en la academia, con el objetivo de diseñar e implementar acciones y estrategias para alcanzar

la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres, y evidenciar que se reducen las posibilidades de la agroecología

de alcanzar su principio rector de sustentabilidad si no se incorporan perspectivas feministas.

Las sociedades científicas también deben jugar un papel importante en la transformación hacia la

equidad de género. En particular, es importante que nuestra sociedad científica, SOCLA, siga avanzando en

la implementación de la Declaratoria de Curitiba que pide la representatividad de las mujeres en conferencias

magistrales, paneles de discusión y cursos pre-congreso, y que se entienda que no solo es importante la paridad, sino que sean abordados los temas de género, economía del cuidado y feminismos como ejes centrales en los espacios de formación, investigación y divulgación. En particular, es importante asegurar espacios para que se escuchen voces nuevas y diversas en las ponencias magistrales y mesas de discusión de los congresos científicos. Esto se puede lograr si la equidad de género es parte de la filosofía y principios de los eventos. Para incrementar la participación de mujeres se puede crear un espacio de guardería en los congresos para que las madres y padres jóvenes puedan asistir. Debemos otorgar becas para que estudiantes, campesinas y campesinos, jóvenes

y minorías étnicas, profesionales recién egresadas o que no tienen cobertura de financiamiento institucional

puedan asistir.

.En este punto un ejemplo para emular es el de La Vía Campesina, que por medio de un trabajo

de toma de consciencia ha logrado la paridad de género en todas sus actividades y representaciones.

Desde la AMA-AWA creemos que hoy más que nunca antes, las mujeres tenemos la fuerza, los conocimientos y la conciencia de nuestras capacidades para enfrentar al patriarcado y al capitalismo en todos los ámbitos de nuestra existencia con estrategias que pongan, como destaca Amaia Pérez Orozco (2012), la vida en el centro de las relaciones afectivas, productivas, reproductivas y de intercambio. Pero para eso necesitamos de la ayuda de los varones dentro de las instituciones y de su corresponsabilidad en los trabajos reproductivos y domésticos, tanto como para la génesis y transmisión de una cultura basada en el cuidado. La ética del cuidado se aprende y es el antídoto más potente contra la discriminación y la violencia. Esto es porque cuidar tiene que ver con el trabajo, pero también con la responsabilidad y el afecto. Todas las personas que participamos en la agroecología tenemos que solidarizarnos y empezar a cuidarnos mútuamente desde diferentes dimensiones, más allá de lo material. Debemos dejar de ser parte del problema para convertirnos en parte de la solución en este difícil pero urgente camino emprendido hacia la construcción de un orden diferente, respetuoso con la diversidad de la vida.

Finalmente, es preciso que resaltar que ni el feminismo ni las mujeres representamos una amenaza para

la agroecología y sus instituciones. Por el contrario y en sintonía con los acontecimientos que experimentamos

a nivel global que intentan visibilizar nuestros aportes en la reproducción de la vida y acabar con la violencia y otras injusticias de género, queremos junto a nuestros compañeros de aventura planetaria —los varones y demás seres vivientes— construir un mundo más justo, equitativo y sostenible.

Agradecimientos

Agradecemos a todas las personas que compartieron datos de estadísticas de género en los programas de agroecología de varias instituciones académicas, a las mujeres que participaron en la encuesta de discriminación por abrir su corazón, a las revisoras del escrito que nos señalaron inconsistencias y mejoraron la redacción, a las colegas que desde varias partes del mundo y husos horarios nos acompañan en esta lucha.

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Mujeres protagonistas de la agroecología en Colombia

Gloria Patricia Zuluaga Sánchez 1 *; Clara Inés Mazo López 2 ; Lilliam Eugenia Gómez Álvarez 3

Introducción

Mujeres que han hecho historia sin que la historia se hubiese ocupado de ellas

Rosa Montero

La Vía Campesina, la organización más grande de campesinos y campesinas de todo el mundo, plantea que la agroecología es un enfoque y una práctica alternativa ecológica, económica, cultural y política al capitalismo agrario. Por tanto, no solo hace referencia a procesos técnicos de cultivo de alimentos y cuidado de la tierra, sino que va mucho más allá, concepción que suscribimos plenamente.

La construcción de una cultura y de un modelo de desarrollo realmente sostenible ocupa un lugar central entre los retos del siglo XXI (Puleo 2015). En ello coinciden tanto académicos, organizaciones sociales y organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, tal como aparece en los Objetivos del Milenio, que en el 2015 dieron paso a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esto permitió un cambio de enfoque centrado en la reducción de la pobreza a una perspectiva más amplia que combina prioridades socio-económicas y ambientales

1 Maestra en Hábitat, Doctora en Recursos Naturales y Gestión Sustentable Profesora Asociada Universidad Nacional de Colombia – Sede Medellín. Área de investigación en género y medio ambiente. Email: gpzuluag@unal.edu.co

2 Historiadora, activista ecofeminista y pacifista, socia de la Ruta Pacífica de las Mujeres de Colombia. Email: claralagartija@hotmail.com

3 Doctora en Ecología. Investigadora del Grupo sistemática coordinadora Ecología de insectos. Email: donhaliliam@gmail.com

* Miembro del Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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cruciales para los próximos quince años en áreas tales como la seguridad alimentaria, la salud, el agua, el saneamiento, la energía, la gestión de los océanos y los ecosistemas terrestres, y el cambio climático (UNESCO 2015). Todas ellas son áreas vinculadas con la agroecología y en las que las mujeres han desempeñado un papel esencial. Por otro lado, como lo han señalado las feministas en reuniones internacionales, la degradación del medio ambiente y los desastres “naturales” asociados, repercuten negativamente en toda la población, especialmente en las niñas y mujeres, ya que aumentan la cantidad de trabajo no remunerado que realizan, el cual es imprescindible para la supervivencia de la comunidad y de las familias. Por lo que la crisis ecológica dificulta y multiplica las tareas que recaen sobre las mujeres, dada la tradicional división sexual del trabajo (Puleo 2015).

Así, muchas mujeres de todo el mundo se han vinculado en investigaciones, movimientos o acciones ambientales, tanto en el Norte como en el Sur, por las problemáticas que las afectan. Como lo ha expresado Vandana Shiva (2006), los movimientos ecologistas no son un lujo de los ricos, en el Tercer Mundo, se han convertido en un imperativo para la supervivencia de la mayoría de la población, cuya vida corre peligro y se ve amenazada por la economía de mercado y por la expansión de esta, la cual se apropia de los recursos de las comunidades para la acumulación de capital. Se trata de un ecologismo de quienes dependen directamente de los recursos naturales para vivir, por ello sus luchas son por el derecho a una vida en condiciones dignas.

En muchas de las luchas locales contra la destrucción y el deterioro de los ecosistemas se ha incrementado la participación de las mujeres. Sin embargo, ello no nos indica que exista siempre una agenda de género en las organizaciones ecologistas ni que se hayan incorporado los intereses prácticos y estratégicos de las mujeres. En general, existe un prejuicio que invisibiliza su participación en los movimientos ecológicos, según lo planteado por Mary Mellor (2000, p. 268): “el papel de las mujeres en las luchas y debates ecológicos, igual que en todos los compromisos sociales y políticos, ha quedado oculto en la historia”. Lo que creemos es extensible a la agroecología.

Además, los escritores ecologistas, predominantemente varones, tienden a visualizar en las luchas ambientales a los indígenas, campesinos o a los locales, sin lograr ver el papel fundamental de la desigualdad de género en la crisis ecológica. Es común que en los estudios acerca de las desigualdades de acceso a los recursos se realicen interpretaciones desde la clase o la etnia, desconociendo otras desigualdades tales como las de género y las de edad (Brú 1997; Martínez Alier 2004).

En el presente documento queremos visibilizar el trabajo femenino y el empoderamiento de las mujeres que han estado vinculadas a la agroecología en Colombia. Seguramente se nos escapan muchos nombres de personas y organizaciones, dado que cada día en muchos rincones emergen experiencias que desde la agroecología construyen alternativas de vida, en los que las mujeres —sean campesinas, activistas o académicas— ocupan lugares de liderazgo importantes. Somos conscientes de que no están todas las que son, lo que no solo tiene que ver con el poco espacio que disponemos aquí, sino con que muchas siguen en el anonimato por distintas razones.

Metodología

En este artículo se quiere recoger desde una mirada feminista, una diversidad de expresiones que han participado en la construcción de la agroecología en Colombia, que surgen desde mujeres académicas, grupos, movimientos sociales y redes comunitarias,con el ánimo de contribuir a la transformación de las desigualdades de género presentes en dichos y para fortalecer las alternativas que gestionan dichos grupos. Además, consideramos que la introducción del género en la historia ambiental y agroecológica puede contribuir a hacer una historia más diversa, vinculando regiones, épocas, actores y puntos de vista distintos. Por lo tanto, asumimos que la lectura que presentamos es situada y parcial.

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La información fue recogida con distintas técnicas. Inicialmente realizamos dos entrevistas a cada uno de los grupos, esto es, dos organizaciones campesinas (Asociación de Mujeres Organizadas de Yolombó, AMOY, y Asociación de Mujeres Buscando Futuro, AMCABF), dos ONG (Vamos Mujer y el Centro de Estudios, Educación e Investigación Ambiental, CEAM) y dos académicas quienes solicitaron no publicar sus nombres. Posteriormente, revisamos las páginas web (en caso de existir) de las respectivas organizaciones de mujeres campesinas y de las ONG, lo que se complementó con la aplicación de un cuestionario sobre sus objetivos, áreas de trabajo y antigüedad, a través de llamadas telefónicas y correos electrónicos. También realizamos conversaciones informales con el fin de complementar y/o corroborar la información colectada. Para las académicas, adicionalmente, buscamos sus currículos en la plataforma de Colciencias 4 .

Las mujeres campesinas y sus organizaciones en la construcción de la agroecología colombiana

Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños cultiva pequeños huertos que alimentan al mundo

Proverbio africano

En general, las propuestas emprendidas por las organizaciones de mujeres campesinas se inscriben en lo que se ha denominado “desarrollo alternativo”, el cual apuesta por un modelo de economía con inclusión social y equidad, así como con parámetros de sostenibilidad ecológica. La dinámica que adquieren estas tiene como objetivos la satisfacción de las necesidades sociales básicas, y el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y de la dignidad del trabajo. En definitiva, son proyectos que buscan un desarrollo humano integral y sostenible, lo que de por sí entraña una enorme complejidad, porque se da en medio de privaciones materiales y políticas propias de la economía campesina y del conflicto armado que se ha desarrollado en Colombia en buena parte de sus zonas rurales.

Las prácticas agroecológicas que desarrollan muchas campesinas operan en una escala predial y se encuentran principalmente orientadas hacia el autoconsumo y la satisfacción de gran parte de las necesidades básicas. Es decir, no obedecen a una lógica de acumulación, sino actúan por un principio de auto-reproducción; por lo tanto, no pueden evaluarse desde un concepto clásico de la economía crematística.

Joan Martínez Alier (2004) se ha referido a las prácticas ecológicas desarrolladas por las comunidades campesinas de bajos ingresos que preservan los recursos naturales, como “ecología de la supervivencia de los pobres”. Para el autor mucho de este ecologismo es practicado por mujeres, en buena medida por su papel en la reproducción biológica de la especie o por la división sexual del trabajo, lo que hace de ellas agentes de satisfacción de necesidades ecológicas para la vida, como el aprovisionamiento de alimentos, de agua y de combustibles, entre otros. Sin embargo, no ha existido una percepción social generalizada de las virtudes ecológicas del campesinado y, menos aún, de las mujeres campesinas.

El trabajo productivo realizado por las mujeres rurales se ha considerado tradicionalmente como una “ayuda”. Esto implica una invisibilización es paradójico dada la relevancia de los mismos. Si partimos de los datos de la FAO (2017), éstos señalan que el 70% de los alimentos de consumo directo a nivel global son producidos por las campesinas, quienes solo son propietarias del 1% de la tierra agrícola y cada vez más son cabeza de

4 Departamento de Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado colombiano, que tiene por objetivo promover las políticas públicas destinadas a fomentar las ciencias, tecnologías, investigación e innovación en el país.

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familia en las zonas rurales, enfrentadas no solo al cuidado de los hijos sino a la producción agropecuaria. Para las economistas feministas, 5 sin embargo, cualquier conceptualización de actividad económica debe incluir todos los procesos de producción de bienes y servicios orientados a la subsistencia y la reproducción de las personas, independientemente de las relaciones bajo las cuales se produzcan.

Las mujeres campesinas participan en iniciativas diversas que incluyen la conservación e intercambio de

semillas, la oposición al uso indiscriminado de agrotóxicos, el fomento de alternativas ecológicas, la producción

y mejora de calidad de alimentos para el autoconsumo, la venta de los mismos, la conservación y restauración

de agroecosistemas, el uso y la promoción de tecnologías apropiadas a la defensa del agua y de los bosques, por mencionar algunas. En definitiva, las mujeres son gestoras de la subsistencia. Con base a lo anterior, como lo han expresado Dianne Rocheleau y colaboradores (2004), las mujeres suelen tener una fuerte presencia en los movimientos de base que trabajan por mantener y desarrollar sus propios espacios en el planeta a través del manejo cotidiano del paisaje que habitan.

Aunque el medio ambiente, con sus recursos naturales, proporciona el sustento a hombres y mujeres, estas últimas mantienen una relación muy estrecha con la naturaleza, como usuarias y gestoras de éstos, como productoras de alimentos y otros bienes destinados a la familia y al mercado, y como administradoras y consumidoras. Por lo que poseen mucho conocimiento local de gran importancia para la subsistencia y para la conservación ambiental. Pero la ciencia convencional, hegemónica e instrumental, no lo reconoce. La relación

de las mujeres y su entorno varía de una a otra en función de la clase social, raza, casta, religión, etnia, edad, etc.,

a

la que pertenecen. Todos estos factores determinan los efectos de la degradación ambiental sobre las mujeres

y

su capacidad de respuesta (Rocheleau et al. 2004), pero, como lo comentaremos a continuación, muchas

organizaciones de mujeres están incorporando en sus agendas cada vez más asuntos ambientales, los cuales incluyen a la agroecología. Una de las campesinas expresa “Nuestras acciones están orientadas a que no sigamos contaminando los cultivos, las aguas y nuestros cuerpos con los químicos que usamos6 .

Si bien, algunas de las actividades y transacciones económicas desarrolladas por las mujeres están vinculadas a la economía de mercado, ésta las invisibiliza y subvalora porque no generan acumulación monetaria. Pero, paradójicamente, sí se sirve de su trabajo para edificar sus estructuras y extraer el máximo beneficio económico. Por ello, creemos necesario leer las prácticas económicas emprendidas por las mujeres campesinas desde otros códigos, haciendo énfasis en la desposesión de recursos materiales para desarrollar sus propósitos de subsistencia y calidad de vida. Al respecto una de las mujeres nos comenta: “Para muchos, los proyectos de las mujeres no son exitosos porque no producen plata. Pero si uno mira bien producen muchas cosas indispensables para la vida, no solo de las mujeres sino para sus familias, sus comunidades y para el medio ambiente, como son los alimentos agroecológicos” 7 .

La agricultura familiar practicada por las organizaciones de mujeres, orientada hacia la provisión y organización colectiva del sustento y la cohesión social, no se encuentra por fuera de las dinámicas de mercado, por el contrario, coexiste y se vincula con ellas en distintos espacios y tiempos (Zuluaga 2011).

La Vía Campesina (2015) reconoció recientemente el papel central de las mujeres y sus saberes, valores, visión y liderazgo, los cuales considera centrales para que la agroecología alcance su pleno potencial. Por tanto, debe garantizarse a las mujeres la distribución equitativa del poder, tareas, toma de decisiones y remuneración. Muchas de estas propuestas buscan democratizar las relaciones al interior de las familias. Este es un paso fundamental que se da al más alto nivel de la organización, pero que en muchas oportunidades no se

5 Entre las lecturas clave de la economía feminista están los textos de Cristina Carrasco (2001) y Amaia Pérez Orozco (2014).

6 Socia de AMCABF.

7 Socia de AMOY.

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materializa en las parcelas ni en las familias campesinas. También es importante recordar que unos años atrás, en muchas de las organizaciones ambientales o campesinas, oíamos cosas como “no es necesario trabajar los temas de género, esos son inventos de las feministas blancas urbanas” o “no hay que hacer proyectos con mujeres, al interior de las organizaciones, eso nos divide8 .

En Colombia, una de las primeras académicas en estudiar y divulgar la importancia de las mujeres rurales en la producción agraria, fue Magdalena León de Leal, quien desde los años ochenta del pasado siglo, junto con Carmen Deere, editó tres tomos sobre este asunto (León de Leal 1980). Además, denunciaron que las campesinas contaban con escasos recursos productivos, entre los que la tierra ocupaba un lugar central. También son de resaltar los trabajos realizados por Vamos Mujer (Mazo 2004), Sonia Cárdenas (2010) y Gloria Zuluaga (2011), que han documentado y analizado el trabajo de algunas organizacioneS de mujeres campesinas en Antioquia. Por supuesto, también están los trabajos de María Adelaida Farad y los de Edilma Osorio, de la Universidad Javeriana, en otras regiones colombianas.

A continuación, presentamos un resumen de algunas de estas organizaciones, las cuales están conformadas por mujeres campesinas e indígenas de diferentes etnias y grupos de edad. La mayoría de ellas se constituyeron entre los años noventa y dos mil, tiempo en el que se han fortalecido y consolidado hasta la actualidad. Las hemos dividido en organizaciones locales (13), regionales (5) y nacionales (1), y como puede observarse desarrollan actuaciones que incluyen asuntos como la agroecología, la participación e incidencia política, valoración personal y empoderamiento, independencia y autonomía económica de las mujeres. Muchas de ellas son organizaciones mixtas, pero han conformado a su interior grupos de mujeres o comités de género. Los grupos y organizaciones de carácter local son siempre más numerosos y se encargan de asuntos vinculados con la reproducción de la vida, por eso, su interés está centrado en los alimentos, la tierra, el agua y las semillas a través de la creación de lo que Dianne Rocheleau et al. (2004) han denominado ecologías cotidianas funcionan en complejas “redes arraigadas”, donde las prácticas y representaciones sobre la naturaleza y el medio ambiente, que se producen y circulan por ellas, tienen efectos materiales en la producción de esos espacios que designamos como locales o globales.

Organizaciones locales de mujeres campesinas en Colombia

• Asociación de Mujeres Organizadas de Yolombó (AMOY) 9

Se ubica en el Municipio de Yolombó, Antioquia. Inició con proyectos enfocados a la participación política y autoestima de las mujeres. Posteriormente, sus integrantes decidieron vincularse a la producción de alimentos para el autoconsumo y la venta local, con el objetivo de mejorar las condiciones materiales de las mujeres y sus familias. AMOY ha avanzado en la gestión de procesos productivos agroecológicos, agrícolas (con alimentos básicos como frijol y maíz), pecuarios (como producción de gallinas criollas, concentrados hechos con insumos de la finca), de transformación de alimentos (dulces extraídos de la caña de azúcar y vino) y elaboración de artesanías (papel hecho a mano usando materiales reciclables y tintes naturales). Han desarrollado, además, procesos de capacitación en el manejo agroecológico (como elaboración de insumos ecológicos, tecnologías apropiadas), apoyo al fortalecimiento organizativo y acceso a crédito a bajo interés. Además, tres veces al año realizan una feria agroecológica donde comercializan sus productos. Las asociadas de AMOY han participado en la construcción del proceso regional de mujeres del nordeste antioqueño en el que se articulan con otras organizaciones de varios municipios.

8 Socia de Vamos Mujer.

9 Email: amoyes92@yahoo.es; Página web: https://www.facebook.com/amoy.yolombo; Contactos: Sofía Arroyave e Ismenia Ospina.

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• Asociación de Mujeres Palmas Unidas 10

Trabaja en el Municipio de La Ceja, Antioquia desde la década de los noventa, a través de temas como la

economía solidaria, producción para la alimentación familiar, y la disminución en los costos de la canasta familiar

a través de la cría de animales, cultivo de huertas, establecimiento de árboles leñeros en sus parcelas y rescate

de semillas (principalmente de frijol), entre otras actividades. Actualmente, su énfasis está en la transformación (por ejemplo, champús, jabones y ungüentos) a partir de plantas medicinales producidas agroecológicamente.

• Asociación de Mujeres de Caramanta (AMUCAR) 11

Las mujeres de esta asociación se organizaron en el Municipio de Caramanta, Antioquia, alrededor de la producción agroalimentaria. Entre sus objetivos está el mantenimiento y la diversificación agrícola y animal tradicional para garantizar los alimentos y disminuir la pobreza de las mujeres y sus familias. Ha realizado un continuo trabajo de introducción de árboles frutales en sistemas agroforestales con el café. También promueve prácticas de protección y buen uso del suelo y del agua para garantizar la producción permanente que no deteriore los recursos naturales. Así mismo, trabaja sobre asuntos de género y empoderamiento de las mujeres. AMUCAR ha sido parte de la construcción del proceso regional del suroeste del departamento, en agroecología

y equidad hacia las mujeres.

• Asociación de Mujeres Campesinas Buscando Futuro (AMCABF) 12

Desde sus inicios, en el Municipio de Marinilla, Antioquia, se vincularon con la producción agroecológica para garantizar el autoconsumo familiar y local. También ha incursionado en la producción y procesamiento de plantas

medicinales y aromáticas. Las asociadas de AMCABF buscan la participación de todos los miembros de la familia en

el sostenimiento del sistema agroalimentario. Su metodología ha sido “campesina a campesina”, donde ellas mismas

se capacitan y a su vez capacitan a otras, desarrollando la asesoría y el seguimiento en sus proyectos. Su experiencia busca transformar las problemáticas que inciden en la falta de relaciones equitativas y de respeto entre los géneros.

• Comité de Mujeres de la Asociación de Familias Campesinas Biabuma 13

Organización mixta que conformó un comité de mujeres en el Municipio de Támesis, Antioquia. Trabaja en la reconversión del sistema de producción convencional para disminuir la compra de insumos químicos, mejorar la calidad del suelo e implementar prácticas agroecológicas. El Comité ha facilitado la diversificación de la producción de café con cultivos como cacao, maíz y fríjol. También ha implementado huertas caseras con el objetivo de mejorar la dieta alimenticia familiar. Sus proyectos se vinculan con la economía solidaria y Buen Vivir de las comunidades campesinas, donde son centrales los temas de mercados alternativos, consumo responsable, incidencia política, movilización y defensa de las semillas y biodiversidad.Todo ello busca fortalecer la resistencia campesina y la permanencia en el territorio.

• Siempre Vivas 14

Esta organización trabaja en la seguridad y soberanía alimentaria, la producción agroecológica y la protección ambiental del territorio desde la labor realizada por las mujeres en el Corregimiento de San Cristóbal,

10 Página web: https://www.facebook.com/PalmasUnidasLaCeja/; Contactos: Marta Bedoya, Rocío Bedoya, Estela Cardona y Noelia Ramírez.

11 Email: amucar@gmail.com; Contactos: Yolanda Cardona, Doralba Aguirre y Amanda Franco.

12 Página web: https://www.facebook.com/amcabf.mujeres; Contactos: Rosa Angélica Duque, Adriana Torres; Dora Gallo.

13 Contactos: Disnely Bedoya y Bibiana Andrea Ruiz.

14 Contactos: Carmen Alicia Acevedo y Nora Nelly Bedoya.

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Municipio de Medellín, Antioquia. Siempre Vivas se ha vinculado con el rescate de semillas ancestrales y adaptadas al territorio local, como de la quinua y el amaranto. Sus socias están integradas a los mercados campesinos, donde semanalmente llevan sus productos, reduciendo los intermediarios y aumentando sus ganancias. Ellas son además socias de una tienda de comercio justo. En estos mercados se valora que los productos sean más naturales, por lo que las hortalizas producidas en sus fincas ecológicas tienen buena acogida. También han desarrollado un trabajo

sistemático y constante por la titulación compartida de la tierra, y por la conquista de derechos de las mujeres rurales

y campesinas. Hacen parte de la red inter-corregimental de organizaciones de mujeres campesinas, que además de

ser un espacio de capacitación y de intercambio de experiencias, es donde construye agendas políticas para incidir

a nivel municipal sobre la conservación de las áreas rurales, el fortalecimiento del derecho a la alimentación y la movilización por los derechos humanos de las mujeres.

• Asociación de Mujeres María Martínez de Nisser 15

Fundada en el Municipio de Sonsón, Antioquia. Trabaja en acciones tendientes al mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres y sus familias, mediante una vida libre de violencias. También, en la participación plena e incidencia política en la construcción de un desarrollo territorial sustentable con equidad de género. Ha participado en procesos de formación y de planeación predial con mujeres rurales y campesinas. En estos esfuerzos, es de importancia el enfoque agroecológico para la producción de alimentos vinculados a la cultura (como el maíz y el frijol).

• Asociación de Mujeres de Nariño (AMUNAR) 16

Es una asociación en el Municipio de Nariño, Antioquia, con socias urbanas y rurales. Su razón de ser es la promoción de proyectos productivos que generen ingresos a las mujeres, y fortalezcan su participación en espacios de decisión del Municipio. Sus socias han recuperado y puesto en práctica tecnologías agroecológicas para la producción de alimentos sin agroquímicos y con conservación de suelos.

• Alianza Orgánica Mizuna 17

Conformada en el Municipio de Envigado, Antioquia, por un grupo de productoras agrícolas para fortalecer el desarrollo comercial y técnico de cultivos agroecológicos. Ellas han certificado su producción según las normas de Rainforest y Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), participan en mercados locales con una marca colectiva que les ha permitido posicionar sus productos, y realizan capacitaciones sobre la importancia de la agricultura en periferias urbanas desde una perspectiva de las funciones ecosistémicas.

Comité de Mujeres de la Asociación Campesina de Inzá 18

Se conformó en el Municipio de Inzá, Cauca, inicialmente como un comité de la Asociación Campesina de Inzá Tierradentro (ACIT). Cuenta con la participación de indígenas y campesinas y ha trabajado principalmente por su acceso a la tierra, el fortalecimiento de su identidad, la defensa del territorio y de sus semillas nativas, y por el establecimiento de huertas orgánicas para producir alimentos y plantas medicinales de forma agroecológica. Con recursos de la cooperación internacional, sus integrantes compraron terrenos en los que han reforestado nacimientos de agua que abastecen a la comunidad. Ellas pertenecen a la Ruta Pacífica de la Mujeres regional Cauca, desde la cual resisten a la guerra y realizan acciones por la paz.

15 Email: mujeresnisser@gmail.com; Contactos: María Eugenia Galeano, Doralba Botero Flórez y Luz Elvira Ríos.

16 Contactos: Teresita Giraldo Martínez, Sandra María Gañán y Rosa María Ramos.

17 Página web: http://mizuna.co/; Contactos: Leticia Navarrete y Amilbia Pérez.

18 Contacto: Alix Morales.

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• Grupo Vamos Mujeres de Ichó 19

Es una asociación afrocolombiana en la región del Chocó, que se conformó alrededor a partir de la recuperación de la base alimentaria que perdieron por el desplazamiento armado que sufrieron a inicios de la década del 2000. Sobresale la recuperación de semillas de arroz y caña panelera, base de la alimentación local. Hace parte del Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (COCOMACIA).

• Asociación Primero los Niños 20

Organización campesina localizada en la vereda La Suprema, Municipio de María La Baja, Bolívar. Está conformada en su mayoría por mujeres, quienes realizan prácticas y producción agroecológica de alimentos en una parcela colectiva, dado que perdieron su tierra por el conflicto armado y como resultado de grupos paramilitares que intimidaron a la gente para que abandonaran el territorio y vendieran sus tierras a bajos precios. Muchas familias se desplazaron a distintas ciudades, y desde hace unos años iniciaron un proceso de retorno al municipio, en el marco del cual han inscrito sus proyectos agroecológicos, a través de los que intentan recuperar semillas y alimentos con identidad cultural, como formas de resistencia.

• Agrosolidaria de Soracá 21

Trabaja en la restauración de suelos erosionados de las regiones frías de los Andes desde el Municipio de Soracá, Boyacá. También se enfoca en la recuperación, producción, comercialización y transformación de quinua como una alternativa al trigo (cultivado con muchos productos químicos sintéticos), y para mejorar la alimentación

y nutrición de las familias campesinas. Ha incorporado en su trabajo las prácticas agroecológicas entre las que destaca la producción de bioinsumos.

Organizaciones regionales

• Colectivo de Mujeres del Proceso Regional del Nordeste Antioqueño 22

Es una organización de organizaciones que se articularon al trabajo que realizaba la Corporación Vamos Mujer

con la Asociación de Mujeres Organizadas de Yolombó, con el objetivo de compartir conocimientos, experiencias

y saberes. El colectivo apuesta por el mejoramiento de las condiciones económicas de las mujeres a través del

fortalecimiento de las iniciativas productivas, de la promoción y recuperación de la producción agroalimentaria tradicional de la región, de la construcción de estrategias colectivas de comercialización de sus productos y del

acceso a créditos a bajo interés. Sus acciones giran alrededor del consumo responsable y comercio justo, y la

valoración del trabajo de las mujeres. También tiene dentro de su agenda la actuación colectiva en la región para

la participación política de las mujeres y una vida libre de violencias.

• Asociación de Mujeres del Suroeste Unidas por un Mismo Ideal (ASUMUS) 23

Se trata de otra asociación de organizaciones con accionar en toda la región del Suroeste de Colombia.Trabaja en temas agroalimentarios y de comercialización de productos. Promueve la participación ciudadana y comunitaria de las mujeres en la defensa del territorio, así como el acceso y decisión de las mujeres sobre la propiedad de la

19 Contactos: Benilda Gamboa, Mary Luz Gamboa y Pura Alicia Gamboa.

20 Email: asociacionprimerolosninos@gmail.com

21 Email: soraca@agrosolidaria.org; Contacto: Edelmira González.

22 Email: Luzmar433@gmail.com; Contactos: Luz María Rincón y Odilia Gómez.

23 Email: asubmus2011@hotmail.com; Contactos: Emilsen Cardona, María Dioseli Montoya y Teresita Gómez.

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tierra para mejorar sus ingresos y mejorar su calidad de vida. Impulsa acciones dirigidas a disminuir la violencia intrafamiliar y contra las mujeres, y propicia nuevas masculinidades en la región.

• Asociación de Mujeres del Oriente Antioqueño (AMOR) 24

Tiene presencia en 22 municipios del Oriente antioqueño. Allí inició su trabajo con el objetivo de promover los derechos de las mujeres, y su participación consciente y activa hacia un proceso de desarrollo equitativo, incluyente y en paz. En momentos de agudización del conflicto armado, AMOR jugó un papel protagónico en el mantenimiento del tejido social. Actualmente, promueve procesos de reconciliación y paz, y desarrolla proyectos enfocados al cuidado de la naturaleza. Para la conmemoración de sus 20 años en el 2013, realizó el concurso “Mujeres cuidadoras de la vida y la naturaleza” a través del cual se reconoció a diez mujeres líderes de proyectos ambientales en diferentes municipios.

• Asociación de Mujeres Despertar al Progreso del Cañón del Río Porce 25

Inició con temas de agroecología vinculada al autoconsumo. Actualmente trabaja en la producción, preparación

y conservación de alimentos agroecológicos, educación ambiental, manejo adecuado de los residuos sólidos,

establecimiento de huertos leñeros y mejoramiento de estufas eficientes. También busca la creación de espacios de participación e integración de las mujeres en las dinámicas locales. Pertenece al proceso regional de mujeres del Nordeste antioqueño.

• Asociación de Productores Indígenas y Campesinos (ASPROINCA) 26

Es una organización comunitaria que trabaja con cerca de 350 familias indígenas en la diversificación de su producción agrícola de una manera respetuosa con el medioambiente.Su objetivo es poner fin a la dependencia local de la producción de café. Esta iniciativa promueve prácticas agrícolas sostenibles y la recuperación de variedades nativas de fríjol, maíz, caña panelera y cereales, para mejorar la seguridad alimentaria. También trabaja en el aprovechamiento del biogás producido a partir de los residuos animales, reduciendo la presión sobre los bosques cercanos para extracción de leña. Desarrolla prácticas agroecológicas para la protección y el mantenimiento de microcuencas donde se genera el agua que surte a los acueductos de las comunidades campesinas de Riosucio, Supía y Quinchía, del Departamento de Caldas. El quehacer de la asociación incluye la

defensa del su territorio a través de múltiples acciones entre las que esta la conservación de sus semillas nativas

y

criollas. Ha logrado un reconocimiento nacional por construir y enseñar una agricultura que reivindica, cultiva

y

defiende la vida en todas sus manifestaciones.

Organizaciones nacionales

• Asociación Nacional de Mujeres Campesinas,Negras e Indígenas de Colombia (ANMUCIC) 27

Es una organización de organizaciones con capítulos en más de setenta municipios distribuidos en casi todos los departamentos del país. Surge con el objetivo de mejorar la calidad y condiciones de vida de las mujeres rurales mediante el desarrollo de proyectos productivos, así como fortalecer su autonomía y reconocer su papel en el

24 Email: correoamor@yahoo.com; Contactos: Margarita Quiroz y Beatriz Montoya.

25 Email: dofrec_2324@hotmail.com; Contactos: Ana Cecilia Muñoz, Marta Oliva Palacio Muñoz, Sor Aleyda Monsalve.

26 Página web: https://www.facebook.com/asproinca.riosucio

27 Página web: http://www.anmucic.org/, https://www.facebook.com/anmucic/

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en campo. La asociación ha trabajado en incidencia política y legislativa, aportando en la emisión de leyes de protección de los derechos de las mujeres al acceso y tenencia de la tierra, y de erradicación de las violencias. Sus esfuerzos también se enfocan en el reconocimiento de las mujeres en la construcción de la paz.

ONG: Fundaciones y Corporaciones 28

El encuentro y la articulación entre agroecología y género no ha sido un proceso fácil ni rápido, en buena medida porque sus enfoques y perspectivas pertenecieron por mucho tiempo a esferas distintas y distantes; así, sus desarrollos transcurrieron por caminos separados. En Colombia, lo que conocemos como agroecología empezó a desarrollarse en ONG que trabajaban principalmente con familias campesinas, las cuales se concebían como totalidades, sin contemplar las diferencias entre hombres y mujeres en su interior. Muchos de esos proyectos tuvieron como objetivo mejorar la producción a través de un cambio de técnicas e insumos para una producción ecológica. Pero las reflexiones desde la práctica han ampliado el panorama y han llevado

a conceptualizaciones sobre los efectos perversos de la agricultura industrializada y del modelo de desarrollo

productivista, que ha destruido las bases materiales sobre las que la vida es posible. Es decir, ha dado lugar al denominado por María José Tortosa (2011) como “mal desarrollo”.

Otros proyectos empezaron a incursionar en temas de seguridad y soberanía alimentaria, o en el mejoramiento de las condiciones materiales. Así empezó a quedar en evidencia que el acceso a recursos estaba atravesado por el género, y que sin tierra y sus recursos conexos es imposible lograr la sostenibilidad de la agricultura.

A mediados de los años setenta, con la declaración de la década de las mujeres por la ONU, las agencias de cooperación internacional empezaron a exigir, por un lado, la inclusión de las mujeres como beneficiarias de

los proyectos y, por el otro, la aplicación de enfoques metodológicos que las visualice. Después de la Cumbre de Río de Janeiro, vinieron las recomendaciones sobre género y medio ambiente, y empezaron a circular los textos

y las experiencias del movimiento Cinturón Verde de Kenia, vinculada con Wangari Maathai y el Chipko en la

India relatadas por Vandana Shiva en su libro de “abrazar la vida” (Zuluaga 2011). Estas, a pesar de referirse a contextos culturales tan distintos, fueron inspiradoras de diversas iniciativas. Un texto publicado en Colombia por Nohemí Londoño (1991) con el título de Mujer y ecología cotidiana, también fue central en estos nuevos aprendizajes. En esta línea, Gioconda Herrera (1998) ha subrayado que las discusiones acerca de las relaciones de género, en América Latina, llegaron a través de los organismos internacionales de asistencia al desarrollo. Así, género es hoy parte del lenguaje cotidiano de muchas organizaciones, pero en algunos casos, con carácter instrumental y prescriptivo, más que analítico y cuestionador.

Como lo ha señalado Susan Paulson (2013), las experiencias y luchas de las mujeres eran borrosas para las organizaciones ambientalistas a pesar de que en la mayoría de los grupos se contaba con una alta participación de mujeres. Nosotras consideramos que esa ausencia también se ha dado en las organizaciones agroecologístas. Además, eran —o siguen siendo— consideraras incomodas, controversiales o amenazantes, como se relata en los testimonios recogidos “En una de las redes ambientalistas [mixtas], se había condicionado el financiamiento de un proyecto grande, a que los técnicos y asesores recibieran capacitación en género. Lo hicieron

28 En Colombia las ONG se dividen entre fundaciones y corporaciones, ambas son organizaciones de la sociedad civil sin ánimo de lucro, con personería jurídica y reconocidas como tal ante la ley. Las fundaciones surgen de la destinación de unos bienes o dineros preexistentes para realizar actividades que puedan generar bienestar social. Las corporaciones, de la voluntad de varios asociados o corporados, naturales o jurídicas, privadas o públicas, con una finalidad especifica (para mayor información ver a Óscar Gaitán, 2014).

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a regañadientes, no participaban de los ejercicios, se resistían. Mejor dicho, nos estaban saboteando […] y se armó un debate tremendo, en el que nos acusaban de colonialistas, de estar divulgando y agenciando discursos ajenos a las necesidades de las comunidades” 29 .

Por otro lado, las organizaciones con enfoque feminista han privilegiado a las ciudades como espacios de actuación, y sus agendas suelen estar vinculadas con la violencia de género y con los derechos sexuales y reproductivos. Como resultado, presentan poco interés en los temas ambientales y de agricultura, desconociendo en general las situaciones y las necesidades de las mujeres campesinas. Una excepción ha sido Vamos Mujer, ONG que surgió en un contexto rural y tiene sede en Antioquia.

Incluso algunas feministas desconfían y llegan a ser hostiles con los discursos ecofeministas, por

considerarlos esencialistas, a pesar de las distintas versiones y propuestas que participan del complejo debate de la relación naturaleza/sociedad y biología/cultura 30 . Como lo ha expresado Alicia Puleo (2007), el ecofeminismo es una corriente de pensamiento y un movimiento social que explora los encuentros y sinergias entre ecologismo

y feminismo, y a partir de este diálogo, pretende compartir y potenciar la riqueza conceptual y política de ambos

movimientos, de modo que el análisis de los problemas que cada uno afronta por separado gana en profundidad, complejidad y claridad al tratarse de manera complementaria, potenciando la riqueza conceptual y política de ambos movimientos (Puleo 2011). Pero la mayoría de los feminismos no son ecologistas y la mayoría de los ecologismos no son feministas, lo cual significa un reto para las alianzas tan necesarias y urgentes entre estos dos movimientos sociales, en tanto movimientos emancipatorios.

Sin embargo, muchas organizaciones de mujeres que trabajan con campesinas han desarrollado mayores vínculos y comprensión del discurso ambiental, al iniciar el abordaje de temas como la seguridad y soberanía alimentaria, el derecho a la tierra, el agua y otros activos productivos, así como las tradiciones, la distribución de la riqueza y la economía del cuidado.

Según Dianne Rochelau y colaboradores (2004), el hecho de que el estado del bienestar haya retrocedido

a causa del ajuste estructural y la globalización, ha afectado a las comunidades de más bajos ingresos y, entre estas, de manera muy particular a las mujeres, aumentando el costo de vida y disminuyendo los servicios sociales, lo que genera múltiples dificultades para asegurar la subsistencia de sus familias. Los hogares pobres se enfrentan

a mayores riesgos ambientales y a mayor incertidumbre e inseguridad, además sus derechos a la propiedad son

precarios o inexistentes. Situación por la que se ha incrementado la participación de mujeres en los movimientos ecologistas y agroecológicos. Así pues, el activismo de las mujeres es una respuesta a los cambios reales en las condiciones ambientales locales y a los cambios discursivos a favor del desarrollo sostenible. Lo que significa grandes desafíos para las organizaciones agroecológicas, muchas de las cuales vienen incorporando el enfoque de género en sus programas y proyectos institucionales.

En este sentido, Yayo Herrero (2013) comenta que necesitamos construir agendas alternativas que pongan la sostenibilidad de la vida en el centro, no solo la vida humana sino de la diversidad de la vida en todas sus formas. Ello porque dependemos directamente de lo que nos proporciona la naturaleza: somos seres eco- dependientes, pues nuestra existencia está subordinada completamente a la a través del alimento, agua, cobijo, energía, minerales, etc. Por lo que es central politizar lo cotidiano, como otra esfera de la ecología.

29 Socia de Vamos Mujer.

30 Análisis del ecofeminismo está disponible en los múltiples trabajos de Alicia Puleo y los de Yayo Herrero. También puede verse a Gloria Zuluaga (2014).

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Desde estos espacios se ha producido gran cantidad de documentación de apoyo a la intervención que realizan las ONG feministas y agroecológicas, sea por la vía de la sistematización de las experiencias, o como materiales pedagógicos que buscan poner a circular conocimiento dentro de las comunidades. En general, estos materiales quedan circunscritos a pequeños espacios con poca divulgación, no suelen estar escritos en el lenguaje de la ciencia formal y, por lo tanto, no son sometidos a los procesos evaluativos de la investigación convencional, aunque han servido para la movilización y la generación de conocimiento. En general, estas organizaciones cuestionan que el saber experto académico deja por fuera los sistemas de conocimiento tradicional y local, desconociendo saberes que no cumplen con sus estándares, entre ellos los saberes de las mujeres y las habilidades sociales reconocidas como “femeninas”.

El acompañamiento que hacen muchas de estas organizaciones estimula las prácticas e intercambio de saberes como herramienta pedagógica, lo que ha posibilitado la ampliación del espacio de actuación de las mujeres, poniéndolas en contacto con otras redes de sociabilidad, y legitimando su participación y sus conocimientos.Para el caso colombiano son numerosas las organizaciones que han participado en la construcción de prácticas y teorías relacionadas con la agroecología. A continuación, mencionaremos algunas que hemos podido referenciar, incluyendo cuatro que se declaran feministas, y otras que son organizaciones mixtas que han conformado comités o áreas de género.

• Corporación Vamos Mujer 31

Esta es una organización no gubernamental feminista y ambientalista, fundada en 1979 en el departamento de Antioquia. Desde sus inicios se ha preocupado por el desarrollo integral de las mujeres, buscando motivar procesos de autoafirmación, autoconciencia y autogestión, de manera que reconozcan su identidad, con el objetivo de fijar su posicionamiento social. Para mediados de los años noventa, la corporación diseñó el programa Mujer Rural, cuyo marco de trabajo es la actuación social de las mujeres y el desarrollo alternativo y sostenible, insistiendo además, como fundamento de la sostenibilidad de la vida, en una postura pacifista y en el rechazo a las acciones de los grupos armados. Desde sus inicios, el modelo de intervención de la corporación ha privilegiado a las organizaciones de mujeres populares, con el fin de mejorar las condiciones materiales de vida para las mujeres y sus organizaciones, enmarcado en los preceptos y tecnologías apropiadas en relación a la sostenibilidad y no a la depredación de la naturaleza. Clara Mazo, Sonia Cárdenas, Ana María Berrio, Adriana Patricia Zuluaga, Elizabeth Sepúlveda y Liliana Moreno, son los nombres de las mujeres de la corporación que por décadas han desarrollado propuestas ambientales e iniciativas de producción agroecológica en distintos municipios de Antioquia (Nordeste, Suroeste y Oriente) en proyectos con y para mujeres campesinas, en el marco del programa Mujer Rural y del Programa Ecofeminismo y Desarrollo Sostenible.

Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila 32

Es una organización ambientalista y feminista, fundada en 1988 en la ciudad de Medellín. Dedicada a la educación y a la promoción de una gestión ambiental alternativa y una participación democrática para avanzar, por un lado, hacia la justicia y la equidad entre géneros, generaciones y culturas, y, por el otro, por la conservación y uso sostenible de la biodiversidad. Sus programas se enfocan en soberanía alimentaria y economía solidaria, gestión social y ambiental del territorio, cultura y política ambientalistas, mujeres y justicia de género, y participación y organización juvenil. Cuentan con una escuela agroecológica en la que han capacitado cientos

31 Página web: http://vamosmujer.org.co

32 Página web: http://corpenca.org

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de campesinos y campesinas, así como neo-rurales que han regresado al campo. La corporación participa en

redes internacionales sobre el derecho a las semillas y el agua, temas que ha trabajado por más de una década, contribuyendo a la discusión y comprensión de estos recursos como bienes comunes. Entre las mujeres que han participado en la construcción de estas agendas, se encuentran Helena Acevedo, Leticia Pérez, Amalia Cuervo

y Marta Escobar.

• Corporación de Mujeres Ecofeministas (COMUNITAR) 33

Esta organización se fundó en 1987, en Popayán, Cauca. Es integrante de La Ruta Pacífica de las Mujeres de Colombia contra la Guerra, de la Red colombiana por los derechos sexuales y reproductivos, y del ECOFONDO 34 . Coordina acciones e iniciativas ciudadanas con otras organizaciones sociales de la región, y

con plataformas y coaliciones nacionales e internacionales, para incidir en la construcción de políticas públicas con enfoque diferencial y defensa de los Derechos Humanos. Gestiona y realiza proyectos de desarrollo, asesoría

e investigación en los campos social, solidario, cultural y científico, en temas de salud, educación, ambiente, agroindustria, comercio, etc. Además, brinda servicios de asistencia técnica directa rural. La corporación contribuye al debate e interlocución ciudadana para soñar un Cauca libre de violencias, discriminaciones y exclusiones. Algunas de las mujeres que han contribuido a la construcción de la corporación esta Socorro Corrales y Zuly Meneses.

• Organización Femenina Popular de Barrancabermeja (OFP) 35

Inicia como un proceso organizativo de base en 1972 en el departamento de Santander, con el propósito de

hacer frente a la violencia intrafamiliar y fortalecer la justicia social. Se consolida como organización en 1995

y actualmente, trabaja la soberanía alimentaria, desde la perspectiva del derecho a la alimentación digna, sana y

equilibrada. Ha desarrollado proyectos alternativos para la superación del hambre y la desnutrición ocasionadas por la pobreza, el desempleo, el conflicto armado y la ineficiencia de las políticas públicas. Los principales programas son en huertas familiares agroecológicas y de producción animal, y comedores populares. Estos últimos han funcionado por más de quince años como apoyo a las mujeres trabajadoras para que puedan garantizar alimento a sus hijos e hijas de modo económico y balanceado, y a partir de allí, se establecen, además, como un espacio de resistencia. Las mujeres de la organización participan en los mercados populares comprando directamente a los campesinos productos para los comedores, eliminando intermediarios. Gloria Amparo Suarez, encargada del área alimentaria, y Yolanda Becerra, su directora, son las personas más reconocidas de la organización.

• Red Colombiana de Agricultura Biológica, Antioquia (RECAB) 36

Busca el desarrollo en los territorios de una cultura ambiental, del comercio justo, la economía solidaria y de una agricultura económicamente viable. Trabaja por la soberanía alimentaria, la equidad entre géneros, la conservación de la biodiversidad y la defensa de la agricultura familiar campesina. Desde hace diez años, viene trabajando en el rescate de las semillas criollas y nativas, promoviendo su intercambio como una forma de resistencia, dado que la Ley N o 1518 de abril 23 de 2012 desconoce los derechos de los/as agricultores/as, al impedirles la libre resiembra, uso, intercambio y comercialización de semillas.

33 Email: comunitarorg@gmail.com

34 Descrita más adelante en el presente capítulo.

35 Página web: http://organizacionfemeninapopular.org.co

36 Página web: http://alianzaagroecologia.redelivre.org.br/mapa/recab/

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La RECAB promueve también las redes de semillas, en las que se integran enfoques de la agroecología

y soberanía alimentaria. A partir de allí contribuye a mantener la labor de los/as custodios/as de semillas, la permanencia y empoderamiento de los campesinos y campesinas en el territorio, el fortalecimiento del sistema agroalimentario agroecológico, la conservación y el conocimiento de la agrobiodiversidad, la promoción de la

investigación participativa y la politización de su actividad. Con esto, desafía la hegemonía de grandes compañías

y sus legislaciones. La mayoría de campesinos/as que están vinculados a estas iniciativas son las mujeres. Los nombres de Helena Botero Restrepo y Tulia Jaramillo fueron centrales en la construcción de esta red.

• Centro de Estudios, Educación e Investigación Ambiental (CEAM) 37

Ha trabajado por más de 25 años en el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades rurales del

Oriente antioqueño mediante proyectos productivos que conduzcan a la gestión sostenible del medio ambiente

y la autogestión de las comunidades. Ha impulsado y construido varias escuelas campesinas agroecológicas,

cuyos componentes centrales son el manejo ecológico de suelos, el no uso de plaguicidas, la conservación y manejo del agua. Así mismos, ha apoyado el posicionamiento de las propuestas campesinas de la defensa del territorio, y de las propuestas de Distritos Rurales, que pretenden conservar la tierra para la producción de alimentos sanos. Dos de las mujeres que han trabajado desde el inicio en los temas de agroecología de esta corporación son los de Doris Suaza y Cristina Pineda.

• Corporación para la Investigación y el Ecodesarrollo Regional (CIER) 38

Desde 1982 participa en la construcción de sistemas locales comunitarios y en procesos de educación para generar motivaciones, competencias, interacciones e interdependencias necesarias para resolver problemas con eficiencia,compromiso,solidaridad,organización y autonomía.La corporación busca contribuir a la organización social, los emprendimientos locales, la producción y la soberanía alimentaria. Dos mujeres que en momentos distintos han contribuido al enfoque agroecológico de CIER son Consuelo Vallejo y Miriam Jiménez.

• Corporación para la Educación Integral y el Bienestar Ambiental (CEIBA) 39

Trabaja por la gestión de propuestas de desarrollo local y regional que integren la concepción de bienestar de las comunidades y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. Desarrollan procesos formativos

y de capacitación integrales partiendo de la realidad de los contextos, con el fin de fortalecer las capacidades individuales y colectivas, que aporten al establecimiento de nuevas relaciones sociedad-sociedad y sociedad- naturaleza, bajo criterios de equidad y desde una perspectiva ambiental del territorio. Igualmente, busca el mejoramiento de los sistemas productivos agroalimentarios hacia la sustentabilidad. Elba Guerra y Nubia Arroyave son dos de las mujeres que han estado al frente del acompañamiento a los procesos agroecológicos dentro de CEIBA.

• CENSAT Agua Viva 40

Se fundó el 1989 con el objetivo de impulsar alternativas al desarrollo, modelos de vida sustentables, y relaciones armoniosas con la naturaleza, la justicia y la democracia. Trabaja por el derecho a la alimentación, así como a la

37 Página web: http://www.corpoceam.org/

38 Página web: http://www.corpcier.org/

39 Página web: http://www.corpoceiba.org.co/

40 Página web: http://censat.org/

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disponibilidad, acceso, cantidad y calidad de los alimentos sanos y limpios de contaminación genética y química. Impulsa procesos agroecológicos, mercados solidarios y la recuperación de prácticas culturales asociadas al uso, manejo y conservación de la agrobiodiversidad alimentaria, en la que las mujeres desempeñan roles centrales. Busca, con las comunidades, la construcción y defensa de un Buen Vivir basado en las relaciones de justicia, equidad y dignidad. Las mujeres que han trabajado en los temas que aquí señalamos son Tatiana Roa, Marcela Gómez y Dana Jaimes.

• Movimiento Agroecológico de América Latina y El Caribe, Colombia (MAELA – Colombia) 41

Es un movimiento abierto, plural y diverso en experiencias de desarrollo, producción, comercialización, investigación, formación y promoción de la agroecología. Congrega diversas organizaciones de productores familiares, campesinos/as e indígenas, de consumidores, ONG, movimientos de agroecología, instituciones de educación y universidades, las cuales participan en red con otros movimientos similares en América Latina y el mundo. El objetivo principal de MAELA es fomentar la agricultura ecológica para contribuir al desarrollo humano integral a partir de la agroecología, el saber local y la conjugación de aspectos sociales, ambientales, económicos y culturales, como elementos indispensables en un nuevo modelo de desarrollo rural sustentable. Buscan interconectar sus proyectos con otros ejes como el trabajo digno, el empoderamiento femenino y la lucha por la democracia. Algunas de las que han trabajado en estas áreas son Ana Franco y Velma Echavarría.

• ENDA Colombia – Medio Ambiente y Desarrollo 42

Desarrolla actividades en Colombia desde 1983, alrededor de los Derechos Humanos económicos, sociales, culturales, colectivos y ambientales, en la búsqueda del bienestar y el mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones excluidas y en condiciones de pobreza. Entre sus planteamientos esta contribuir a la equidad e igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, a la construcción de una cultura no sexista y a la lucha contra toda forma de violencia y discriminación. Reconoce la crisis ambiental como una crisis de civilización, de un modelo económico-productivo, tecnológico y cultural, depredador de la naturaleza y subordinador de culturas alternas. Las mujeres que han trabajado por décadas en esta institución son Pilar Trujillo, María Victoria Bojacá y María Dominque de Suremain.

• ECOFONDO 43

Esta corporación fue creada en 1993 por una asamblea de 119 organizaciones, incluyendo ambientales, ONG, comunitarias, de pueblos indígenas y afrodescendientes. Sus acciones principales son la co-financiación de proyectos ambientales, la incidencia en políticas públicas, la promoción de la reflexión y acción respecto a las problemáticas ambientales y el fortalecimiento de organizaciones y movimientos sociales. Entre sus objetivos están: propiciar la construcción, encuentro y comunicación entre organizaciones ambientales colombianas; participar activa y críticamente en el diseño y gestión de la política pública ambiental colombiana, en el marco del desarrollo sostenible y del Sistema Nacional Ambiental; contribuir al desarrollo y fortalecimiento de la conciencia ambiental de la sociedad colombiana; canalizar recursos financieros para la solución de los problemas ambientales prioritarios del país; promover la cooperación y el intercambio entre las ONG y el gobierno colombiano; crear espacios de interacción y solidaridad con las organizaciones ambientales de América Latina y

41 Página web: https://maelac.wordpress.com/

42 Página web: http://www.endacol.com/

43 Página web: www.ecofondo.org.co

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otras partes del mundo. Nombres de mujeres que desde el inicio participaron en ECOFONDO son Margarita Flórez, Catalina Restrepo y Marisol Isaza.

• Corporación Semillas de Identidad 44

Es una organización ambientalista y rural conformada desde 1994. Apoya a organizaciones indígenas, afrocolombianas y campesinas de Colombia, en acciones que buscan la protección y control local de los territorios, los recursos naturales, la biodiversidad, los sistemas productivos sostenibles, la soberanía y la autonomía alimentaria de las poblaciones y comunidades rurales.También colabora en gran cantidad de escuelas agroecológicas campesinas e indígenas en el país. En la mayoría de los proyectos y actividades están involucradas las mujeres, con sus saberes y trabajo, esfuerzo que es apoyado y visibilizado continuamente por la organización.

• Instituto Agroecológico Latinoamericano “María Cano” 45

Red de organizaciones sociales campesinas de Colombia y América Latina dedicada a fortalecer la formación en la agroecología, los valores de la cultura y los procesos organizativos campesinos. Su énfasis está en la capacitación a campesinos/as organizados/as en temas vinculados a las técnicas agroecológicas, a la soberanía alimentaria y a la educación, mediante la metodología de formación de campesino a campesino. El instituto está adscrito a la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) de La Vía Campesina y de la Federación Sindical de Usuarios Agrarios (FENSUAGRO). Dana Ávila ha trabajado fuertemente desde su fundación para que se incluya la perspectiva de género a su interior.

• Corpomanigua 46

Es una organización que cultiva el cuidado de la vida digna, el ejercicio de los derechos, la equidad de género

y la construcción de una cultura de paz duradera para el desarrollo del territorio amazónico colombiano. Su

trabajo se desarrolla en el departamento del Caquetá, tanto en los espacios rurales como urbanos. Realiza acompañamiento a procesos de producción agroecológicos de alimentos para el autoabastecimiento, intercambio

y fortalecimiento socio-económico de poblaciones con vulnerabilidad alimentaria, en coherencia con el contexto

amazónico y la cultura local. Trabaja en redes para la dinamización de procesos sociales, culturales y productivos en la región, así como para la construcción de condiciones de ciudadanía a través de la participación. Acompaña en la recuperación de la dignidad, protección y proyección de la vida de personas, familias y comunidades afectadas por el conflicto. Fanny Gaviria ha sido una de las mujeres constructoras de este proyecto.

• Corporación Tierra Libre 47

Es una organización social que trabaja en diferentes lugares del territorio nacional en la construcción de una vida digna para la población rural. Su actividad también se enfoca en el reconocimiento del papel fundamental de las mujeres en la agricultura campesina, productora de alimentos locales y con prácticas agroecológicas. Cuenta con una granja-escuela en la que realiza capacitaciones sobre tecnologías apropiadas y la participación campesina en planes y proyectos con enfoque territorial. Tres de las mujeres que queremos nombrar por su trabajo son Sandra Milena Restrepo, Ivonne Flórez y Catherine Rivera.

44 Pàgina web: http://www.semillas.org.co/es/campanas/semillas-de-identidad

45 Email: ialamariacano@gmail.com; Página web: https://www.facebook.com/IALAMARIACANO/?hc_location

46 Email: corpomanigua@corpomanigua.org

47 Página web: https://www.facebook.com/TierraLibreCo/

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Fundación Madre Monte 48

Ha trabajado por más de tres décadas en la recuperación y conservación de especies vinculadas a la alimentación campesina. La fundación tiene como objetivo la preservación y ampliación de bosques alto-andinos, la recuperación y la conservación de especies, y el mantenimiento y cuidado del agua. Es de resaltar el proyecto Mujeres sembradoras de vida, a través del cual las campesinas reciben capacitación para la propagación de material vegetal destinado al restablecimiento de áreas degradadas y la conservación de cuencas hidrográficas. Dos importantes mujeres en este proyecto son Nora Londoño y Lina Toro.

• Grupo de Agricultura Ecológica (GRAECO) 49

Este grupo se formó en 2002, como una iniciativa de estudiantes de agronomía de la Universidad Nacional de Colombia con el fin de compensar la falta de formación recibida en el tema de la agroecología en el currículo formal. El grupo realiza capacitaciones en el manejo ecológico de plagas y enfermedades ecológica, mejoramiento del suelo y conservación de semillas de cultivos alimenticios. Cuenta con una huerta, que opera como un laboratorio agroecológico al aire libre, donde los/as miembros del grupo desarrollan investigaciones

sobre cultivos asociados que puedan propiciar y conservar la diversidad biológica. Participa de varias redes locales

y regionales, como la Red Libre de Semillas de Antioquia. Ana María Becerra, Estefanía Gómez, Alisson Abad,

Natalia Gómez y Tatiana Acevedo, han estado vinculadas por un largo periodo, dinamizando el trabajo de los/ as estudiantes entorno a la agroecología.

• Centro Agroecológico “La Finca Cosmopolitana” 50

Inició como un proceso de recuperación de una zona degradada e incluyó protección a los nacimientos de agua, reforestación de caños y humedales, establecimiento de parcelas agroforestales diversificadas y huertos mixtos con alta diversidad de cultivos, aromáticas y medicinales. Su actividad también incluye la piscicultura en policultivo y bancos de proteína con múltiples especies de forrajes para implementar sistemas pecuarios. Mónika Hesse, ha estado desde el inicio liderando este proyecto.

Las académicas y su impronta en la agroecología

Todos los procesos históricos de exclusión/inclusión de las mujeres en el ámbito educativo, intelectual

y científico se han desarrollado en medio de discusiones, tensiones y forcejeos más o menos ruidosos, en los

que ellas han participado activamente. Aunque la ciencia pretende ser neutral y objetiva, el sistema científico es un reproductor de sesgos, entre ellos los de género que excluye sistemáticamente a las mujeres y subestima lo femenino. Por ello, desde muchos espacios se ha cuestionado a la ciencia como un proceso y una estructura de validación del conocimiento que desecha la experiencia particular de las mujeres. Existe una constatación básica es que la ausencia de las mujeres de estos espacios no ha sido casual, sino la forma de crear un conocimiento que legitima la desigualdad. Así, debido a los prejuicios sociales que se han reproducido en el mundo científico, las mujeres han sido desterradas, invisibilizadas o subestimadas en cada campo del conocimiento (Schiebinger 2004, Blázquez 2011).

48 Email: cantosdeagua@gmail.com

49 Página web: https://www.facebook.com/graeco.huertaagroecologica

50 Página web: https://www.lacosmopolitana.com/

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Por ejemplo, para el caso de los debates ecológicos se señala al alemán Ernest Haeckel como el precursor del concepto de Ecología en 1873, mientras que la contribución de su contemporánea, la ecóloga estadounidense Ellen Swallow, fue ignorada. Esta mujer fue química del agua, química industrial, metalúrgica, ingeniera y experta en alimentos y nutrición. Fundó el laboratorio para mujeres en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y un programa de educación interdisciplinario en 1876. Su trabajo no fue apreciado por el establishment científico, que estaba segmentado en diferentes disciplinas, todavía menos comprendida fue su insistencia en trabajar con mujeres (Mellor 2000).

Otra de las científicas ignoradas fue la bióloga Rachel Carson, quien publicó el libro Silent Spring, en 1962, texto que advertía sobre el peligro de la acumulación de plaguicidas y herbicidas a lo largo de la cadena alimentaria. Carson aseguró que estos productos químicos se introducirían en la tierra y en el agua, muchas veces acarreados lejos del lugar donde fueron aplicados (Mellor 2000). Ella es tal vez una de las autoras pioneras más influyentes en la actitud americana hacia la naturaleza y en la construcción del ecologismo moderno.

Adicionalmente, la ciencia ha sido producida por un subconjunto particular de la humanidad, es decir, casi totalmente por hombres blancos de clase media, por lo que ha evolucionado bajo la influencia del ideal masculino occidental. Por ello, los estudios de género se interesan en develar el sesgo androcéntrico de las ciencias (Gordillo 2004). En palabras de Sandra Harding (1996, p. 239) “el conocimiento dominante se ha basado fundamentalmente en la vida de los hombres de las razas, clases y culturas dominantes”. Esta situación que no está lejos de lo que sucede en la agroecología en Colombia, donde encontramos como sus principales autores a un puñado de colegas varones blancos de clase media, a pesar de que desde hace décadas contamos en el país con mujeres que trabajan y producen investigación en el área.

La discusión feminista sobre la ciencia y la tecnología comienza con el reconocimiento de la escasa presencia de mujeres en las ciencias y asciende hasta cuestiones de trascendencia epistemológica; en otras palabras, sobre la posibilidad y justificación del conocimiento y el papel del sujeto cognoscente (González 2005). Por lo tanto, no se trata únicamente de reformar las instituciones y de alfabetizar en ciencia y tecnología a las mujeres, sino de reformar la propia ciencia a fin que las nociones como conocimiento, sujeto cognoscente, justificación, neutralidad y objetividad se problematicen desde el feminismo. Desde esta perspectiva, es de resaltar que las preocupaciones feministas sobre la ciencia y la tecnología no son temas marginales, sino que abordan problemas centrales de las discusiones científicas contemporáneas, tales como los temas ambientales, la democracia paritaria, la paz, la salud sexual y reproductiva, entre otros, logrando transformaciones dentro de la perspectiva tradicional de las ciencias (Pérez Sedeño 2000).

El aumento de la presencia femenina en las universidades y centros de investigación se ha producido sin un análisis en el que dichas instituciones se pregunten de manera abierta acerca de la ausencia o presencia de mujeres. Es decir, sin que mediara alguna intención de estimular su ingreso en la academia y hacer de ello ocasión de una reflexión más amplia sobre los contenidos, los métodos y los objetivos de las distintas ciencias y disciplinas, y sobre la relación entre éstas con la sociedad en la que actúan.

Ruth López (En imprenta), subraya que se necesitará de un amplio trabajo de difusión y sensibilización para asegurar un consenso alrededor de que la exclusión de las mujeres y otros grupos sociales, dentro de las universidades y ciencias, no solo constituye un desperdicio de talento humano cualificado, en cuya formación la sociedad ha invertido una cantidad considerable de recursos, sino también una limitación para producir una ciencia social y económicamente más adecuada a lo que requieren las sociedades, atravesadas por múltiples desigualdades y fracturas, y marcadas, de manera irreversible, por los desarrollos tecno-científicos.

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Como lo ha señalado Hilary Rose (1994), la forma en que la sociedad selecciona, clasifica, difunde, transmite y evalúa el conocimiento, refleja la distribución del poder y los dispositivos de control social. Por su parte, Alicia Puleo (2000) plantea que la crítica feminista está animada por una ética y una filosofía política que incluye, necesariamente, un análisis de las relaciones de poder y la denuncia de las deformaciones conceptuales de un discurso hegemónico, basado en la exclusión e inferiorización de la mitad de la especie humana. Basta que cada quien piense y se haga preguntas tales como: ¿cuántas mujeres académicas son referentes fundamentales en su campo de estudio? ¿cuáles mujeres con investigadoras son o fueron estudiadas en mi formación profesional? 51 .

La investigación con perspectiva de género se propone desarrollar una idea del mundo que coloca la vida de las mujeres, sus experiencias y puntos de vista en el centro del análisis, ello con el ánimo de corregir sesgos y estereotipos (Hardig 1996). Así, con el presente trabajo queremos contribuir con estas pequeñas notas sobre algunas colegas que han trabajado en el área de agroecología.

Cabe aclarar que muchas de las académicas vinculadas a la agroecología han trabajado, en la mayoría de los casos, desde saberes disciplinares muy especializados vinculados en general con la agronomía. En muy pocas ocasiones lograron hacer vínculos con las ciencias humanas y, todavía más escasa es su cercanía con los asuntos de género y feminismo. Una de las razones es que las universidades en general son espacios muy compartimentados con dificultades para los trabajos inter y transdisciplinarios. La producción académica de muchas de ellas también se inscribe en sus especialidades, pues ha sido difícil que las universidades introduzcan en su currículo la agroecología, que de por si es una ciencia transdisciplinaria.

Al respecto una de las entrevistadas nos relata: “En una ocasión me aborda el decano de la Facultad y me dice: ‘estoy muy preocupado porque ese programa de agroecología que ustedes están proponiendo es para hippies… y esta es una universidad muy seria’”. Otra nos comenta que un colega le dijo: “Es mejor un programa en agroecosistemas que permite trabajar desde postulados científicos, que uno en agroecología que es muy político y [cuyas] […] discusiones se pueden volver ideológicas. Creo que no es conveniente para la universidad”. Adicionalmente, una de las entrevistadas señala: “Trabajar en esta área es complicado porque no tienes tantos apoyos para la investigación, los sitios para publicar tienen menos prestigio… y a veces terminas estigmatizada porque creen que la agroecología es solo para pobres”.

No obstante, y a pesar de los estereotipos, algunas han hecho un gran esfuerzo por vincularse en el desarrollo y la promoción de la agroecología desde su transdisciplinaria y holismo, buscando ampliar la perspectiva de la agricultura, de la producción y del consumo de alimentos; además, incluyendo la recuperación, restauración y conservación de los agroecosistemas, y la participación de los y las campesinas tendiente a su empoderamiento y al mejoramiento de su calidad de vida.

Sabemos que son muchas las mujeres agroecólogas en la academia colombiana. Pero, a continuación, damos cuenta solo de algunos de los nombres más reconocidos a nivel nacional. Las primeras descripciones a continuación están vinculadas a las ciencias agrarias, y las últimas tres están formadas en otras áreas (medicina y ciencias sociales) desde las que han realizado aportes importantes.

• Clara Nicholls

Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia, investigadora asociada del Centro para el Estudio de las Américas (CENSA) y profesora en la Universidad de California – Berkeley desde el 2004.

51 Comunicación personal con Alejandra Restrepo (2018).

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Su trabajo se ha centrado en la biodiversidad, control biológico de plagas y, recientemente, la resiliencia socio-ecológica al cambio climático. Con otro grupo de profesores/as universitarios sacó adelante la propuesta de Doctorado en Agroecología en la Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional de Colombia, donde se vincularon profesores/as y estudiantes de varios países de América Latina. También ha sido docente invitada en muchos posgrados a nivel latinoamericano y europeo. Del 2013 al 2018 ha sido presidenta de la Sociedad Científica Latinoamericana (SOCLA), y ha estado al frente de la coordinación de la Red Iberoamericana de Agroecología para el Desarrollo de Sistemas Agrícolas Resilientes al Cambio Climático (REDAGRES). Tiene múltiples publicaciones en el área de control biológico y agroecología. Es conferencista internacional en dichas áreas.

• Marina Sánchez de Praguer

Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia, con doctorado en Tecnología Agroambiental. Ha ocupado cargos administrativos en la misma universidad como Decana, Vice-Decana, Directora de Departamento de Agronomía y directora del Grupo de Investigación en Agroecología. Participó en 1997 en la creación del programa de Especialización en Agroecología, del que se graduaron aproximadamente 30 estudiantes. En el año 2010 participó en la creación del doctorado en dicha área en la sede Palmira de la Universidad Nacional de Colombia, del cual fue coordinadora por varios años. Creó hace más de diez años, con otros de sus colegas, el Grupo de Investigación en Agroecología y un espacio académico denominado Seminario Ciencia, Encuentros y Saberes, desde el que realizan divulgación

a través del Boletín Agroecológico. Las áreas de trabajo de la profesora Sánchez, son la biología del suelo

y la agroecología. Es coautora del libro Agroecología: una disciplina para el estudio y desarrollo de sistemas sostenibles de producción agropecuaria.

• Nancy Barrera Marín

Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia y doctorada en Tecnología Agroambiental. Ha trabajado en agrobiodiversidad vinculada a la seguridad alimentaria y a la etnoecología. Participó por más de veinte años en el grupo de investigación sobre recursos vegetales promisorios y en el grupo de investigación en agroecología en la sede Palmira de su universidad. Desde estos grupos trabajó metodologías participativas con campesinos/as de la región del Valle del Cauca enfocadas en el rescate, conservación y uso de la agrobiodiversidad.

• Elsa Nivia

Ingeniera Agrónoma y Licenciada en Biología y Química, con maestría en producción vegetal. Gestora

y directora desde 1983, de la Red de Acción en Plaguicidas de América Latina (RAP-AL), adscrita a

la Red de Acción en Pesticidas (PAN Internacional, según su nombre en inglés). Durante más de dos décadas se dedicó a la investigación, educación y difusión de los problemas de salud, ambientales, sociales, económicos y políticos relacionados con la agricultura dependiente de insumos químicos contaminantes. También fueron muchas las denuncias que realizó sobre las multinacionales de la agroquímica. Organizó

por décadas el Día Internacional del No Uso de Plaguicidas cada 03 de diciembre. Publicó un libro de gran importancia titulado Mujeres y Plaguicidas, el cual es tal vez la más valiente crítica al uso de plaguicidas en Colombia.

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• Inge Ambrecht

Es bióloga de profesión, con doctorado en Recursos Naturales y Ambiente de la Universidad de Michigan.

Actualmente es profesora de la Universidad del Valle. Su investigación está enfocada en las funciones y servicios que presta la biodiversidad en agroecosistemas tropicales y bosques naturales. En los últimos diez años se ha dedicado

a trabajar en agroecosistemas de café y pastizales de la región occidental de los Andes colombianos. Pertenece a

distintas redes científicas nacionales e internacionales entre las que destacan el Grupo Agroecología Universidad de Göttingenagroek-alle, AMA-AWA, Sociedad Ecológica de América (ESA, por su nombre en inglés) y SOCLA.

• Patricia Sarria Buenaventura

De profesión zootecnista y con doctorado en Ciencias Agropecuarias. Ha sido profesora por dos décadas en producción animal sostenible y sistemas agrosilvopastoriles. Desde allí ha realizado propuestas alternativas sobre alimentación agroecológica y el bienestar animal. Hace diez años pertenece al grupo de investigación y al Doctorado en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia, sede Palmira.

• Sandra Muriel Ruíz

Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia, con Doctorado en Ecología de la Universidad del Valle. Actualmente se desempeña como profesora de agroecología en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid. Ha trabajado en recursos genéticos vinculados a la seguridad alimentaria y al turismo, así como a la producción campesina. Tiene una gran producción científica y académica en agrobiodiversidad y agroecosistemas. Ha sido profesora de universidades locales en las áreas en mención.

• Neidy Clavijo Ponce

Microbióloga de profesión y docente investigadora de la Universidad Javeriana. Lidera la línea de investigación Agroecología e Innovación Rural Participativa, desde la que fomenta la conservación y uso sostenible de agrobiodiversidad, y promueve y visibiliza estrategias agroecológicas comunitarias en los Andes colombianos

y ecuatorianos. Una de sus investigaciones más conocidas es Tubérculos andinos: Conservación y uso desde una perspectiva agroecológica.

• Aida Milena García Arenas

Directora del Centro de Gestión Ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira,con maestría en Desarrollo Rural de la Universidad Javeriana. Ha trabajado en escuelas campesinas para la seguridad alimentaria en la zona cafetera, incentivando las prácticas de conservación y manejo de semillas para la alimentación de poblaciones vulnerables. También ha desarrollado investigación y producción documental alrededor de la agroecología y el diálogo de saberes.

• Gloria Inés Cárdenas Grajales

Directora de la Especialización en Agricultura Tropical Andina de la Universidad Santa Rosa de Cabal. Con Maestría en Sociedades Rurales de la Universidad de Caldas. Sus trabajos de investigación giran alrededor de

indicadores de sustentabilidad en los sistemas de producción campesinos, así como en estrategias de adaptación

y medios de vida de familias campesinas de los Andes colombianos.

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• Adriana Chaparro Africano

Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia. Vinculada desde hace más de una década a la Corporación Universitaria Uniminuto, en la cual ha sido coordinadora del programa de agroecología. Tiene un Doctorado en Recursos Naturales y Gestión Sostenible de la Universidad de Córdoba, España. Su trabajo de docencia e investigación se ha desarrollado en agroecología y mercados campesinos.

• Lilliam Eugenia Gómez Álvarez

Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia. Con Doctorado en Ecología y Etología, y post- doctorado en ecología experimental. Ha trabajado por más de cuatro décadas en agroecología, agroecosistemas y control biológico. Estuvo vinculada en la década del ochenta a la FAO en recopilación de tecnologías ancestrales para el almacenamiento de granos en África, y el primer programa de manejo integrado de cultivos alimenticios en dicho continente. Ha participado en el Consejo Seccional de Plaguicidas de Antioquia desde 1990, y lo ha presidido desde el 2001. Sus publicaciones de libros y artículos tratan de dichas áreas.

• Gloria Patricia Zuluaga Sánchez

Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia, con Doctorado en Recursos Naturales y

Gestión Sostenible de la Universidad de Córdoba, España. Vinculada a la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, en docencia e investigación por más de 25 años. Ha trabajado en el área de agroecología

y género y participó en la creación del Doctorado en Agroecología en la Universidad de Antioquia y la

Universidad Nacional de Colombia. Hizo parte del Grupo de Investigación Mujeres y Medio Ambiente y fue coordinadora, por una década, del Grupo de Agricultora Ecológica (GRAECO) de su universidad y por espacio de 15 años ha sido socia de la Corporación Vamos Mujer. Entre sus publicaciones resaltan el libro Género, agroecología y soberanía alimentaria: Una perspectiva ecofeminista, en coautoría con Emma Siliprandi. Pertenece a distintas sociedades y redes, entre las que sobresale SOCLA, REDAGRES, La Red Colombiana de Mujeres Científicas de Colombia y AMA-AWA.

• Magdalena León Gómez

Socióloga de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia y profesora de la misma por cuatro décadas. Feminista, especialista en investigación social y estudios de las mujeres. Participó en la creación de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia y la Red Mujer

y Participación Política. En el año 2000 fue merecedora del Premio Nacional al Mérito Científico, en la

categoría de Investigador de Excelencia, otorgado por la Asociación para el Avance de la Ciencia en Colombia. Dirigió importantes investigaciones que dieron origen a sus libros La mujer y el desarrollo en Colombia y Mujer y capitalismo agrario. Además, es co-autora de la obra Género, Propiedad y Empoderamiento. Actualmente está pensionada y hace parte activa del Movimiento Social de Mujeres de Colombia.

• Esperanza Cerón Villaquirán

Médica de la Universidad del Cauca. Ha trabajado en la Secretaría Distrital de Medio Ambiente y la Secretaría Distrital de las Mujeres y Género de Bogotá, donde ha incorporado enfoques interdisciplinarios. Ha sido profesora de la Universidad de Cundinamarca en las áreas salud, medio ambiente y perspectiva de género.

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• Socorro Corrales Carvajal

Antropóloga y lingüista, profesora por décadas de la Universidad del Cauca, en las áreas de desarrollo, género

y educación. Ha realizado distintas investigaciones entre las que se destacan El género en la economía rural del

departamento del Cauca, La participación política de las mujeres rurales y Etnicidad y género. Estuvo vinculada por varios años al ECOFONDO, desde donde participó activamente en la incorporación del enfoque de género.

Consideraciones finales

Las mujeres en distintas geografías y espacios de producción, consumo, comercialización, movilización política o generación de conocimiento ambiental y agroecológico, son actores claves. Por ello, que es urgente y necesario involucrarlas y visibilizarlas de manera comprometida y sistemática, superando las concepciones que —por su género— las anclan en roles fijos y naturalizados, las perciben como víctimas pasivas o esencializan su condición como cuidadoras.

En general, las organizaciones de mujeres campesinas tienen mayores dificultades de operar en ámbitos regionales y nacionales, dado que su experiencia en los espacios públicos ha sido escasa. Pero cuando los compromisos se vuelven más exigentes en tiempo y distancia, a las mujeres se les dificulta su participación.

Existe un alto número de organizaciones locales de mujeres que trabajan alrededor de la alimentación, las semillas y el agua. Sus iniciativas y esfuerzos, a pesar de estar insuficientemente visibilizadas y valoradas, enlazan la economía, política y ecología a través sus cuerpos, sus hogares y sus agroecosistemas. Sin embargo, desde una ideología tradicional del género, suele considerarse que solo vinculan con la esfera doméstica del trabajo reproductivo y del mundo privado.

Las iniciativas y prácticas a las que hemos hecho referencia son parte de una labor política que tiene implicaciones importantes para diversificar los modos de sustento a través de la producción localizada de alimentos. También, para restaurar y proteger los agroecosistemas, lo que desafía al sistema agroalimentario globalizado y mercantilizado, y la conservación ambiental sin gente.

Muchas de las experiencias que han impulsado los grupos y personas, reseñadas en este capítulo, pueden ser pequeñas e incluso consideradas débiles, pero tienen un eco importante como posibles alternativas al modelo industrial de producción y consumo agroalimentario, así como de innovación social y política y de nuevos valores culturales. Por tanto, es urgente y necesaria su visibilidad y valoración.

La participación de las mujeres en los distintos espacios agroecológicos está tendiendo puentes y enriqueciendo el diálogo entre los movimientos sociales y las instituciones universitarias, entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, de tal forma que permiten la generación de nuevos lenguajes, mayores opciones metodológicas y nuevos conceptos necesarios para entender las complejas relaciones naturaleza-cultura y ciencia, género y política.

Las académicas a las que hemos hecho alusión, están comprometidas desde la investigación, la docencia

y la extensión en la construcción, promoción y profundización de una agroecología interdisciplinaria que genere un conocimiento socialmente útil y significativo, a pesar de que en muchas situaciones encuentran oposición, poco reconocimiento y hasta hostigamiento.

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Consideramos que es necesario fomentar investigaciones, metodologías y prácticas que favorezcan la participación de las mujeres y la problematización de las relaciones de género en la producción agroecológica, así como en las políticas públicas sobre el desarrollo rural y la sostenibilidad ambiental.

A pesar de los logros señalados, existe el riesgo de que muchas de estas mujeres y sus organizaciones no logren subvertir los discursos hegemónicos y trascender los roles que les ha sido socialmente asignados, de “buenas” madres cuidadoras del hogar y del medio ambiente. Esto es a su vez un reto para la agroecología y para el feminismo.

Agradecimientos

Agradecemos a todas las mujeres y organizaciones que nos aportaron información para el presente artículo.

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Memórias das mulheres na agroecologia do Brasil

Sarah Luiza de Souza Moreira 1 ; Ana Paula Ferreira 2 ; Emma Siliprandi 3 *

Introdução

Durante o processo de redemocratização do Brasil, iniciado na década de 1980, o debate sobre a sustentabilidade na agricultura ganhou força entre os movimentos sociais rurais. Homens e mulheres, envolvidos em experiências alternativas de produção e comercialização desde as décadas anteriores, criticavam o padrão tecnológico do modelo de desenvolvimento vigente, baseado na agroquímica e nas grandes produções. A crítica se direcionava às consequências sociais e econômicas daquele modelo, geradoras de exclusão, concentração de terra, precarização das relações de trabalho e êxodo rural.

Por outro lado, com a redemocratização, surgia também com força outro debate, levantado pelos movimentos de mulheres (urbanos e rurais), que exigiam a incorporação de bandeiras feministas no projeto de sociedade a ser construído. Paulatinamente, as reivindicações das mulheres rurais começaram a aparecer também

entre os nascentes movimentos de agricultura alternativa: pela extensão a elas do direito à sindicalização, acesso

à terra, aposentadoria e outros direitos sociais, até então garantidos somente aos homens. Pode-se afirmar que esses dois movimentos (agroecológico e de mulheres) se constituíram paralelamente, em um contexto comum:

a luta pela democracia.

1 Mestranda em Meio Ambiente e Desenvolvimento Rural/PPG, Programa de Pós-Graduação em Meio Ambiente e Desenvolvimento Rural (MADER), Faculdade de Planaltina da Universidade de Brasília (UnB/FUP). Marcha Mundial das Mulheres e do Grupo de Trabalho de Mulheres da Articulação Nacional de Agroecologia sarahluiza1982@gmail.com

2 Coordenadora da área de direito das mulheres, ActionAid Brasil ana.paula@actionaid.org

3 Doctora en Desarrollo Sostenible. Profesora Invitada del Master en Agroecología de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) emma.siliprandi@gmail.com

* Miembro del Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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No entanto, não havia necessariamente uma coincidência de propósitos ou uma confiança previamente estabelecida entre esses dois setores, ambos engajados em lutas sociais. Passados mais de trinta anos de conflitos, consensos e dissensos —típicos do processo político emergente no país— instituições ligadas a um ou a outro movimento foram encontrando-se em lutas comuns e acabaram por dialogar e por somar-se. O resultado dessa interpelação mútua foi que, a partir do final dos anos 1990, um conjunto de organizações que tinha como objetivo principal a promoção da agroecologia, incorporou em seus programas questões relativas à autonomia das mulheres; enquanto cresceram o número de organizações feministas que passaram a trabalhar com a perspectiva agroecológica.

Há estudos que mostram que as práticas agroecológicas potencialmente abrem espaços para que as mulheres enfrentem sua condição de vulnerabilidade e conquistem mais poderes nas esferas pessoal, produtiva, familiar e política 4 . Porém, o trabalho na perspectiva agroecológica, por si só, não é suficiente para problematizar a invisibilidade e a falta de poder que as mulheres rurais sofrem na sociedade, assim como para encontrar caminhos que ajudem a superar esta situação 5 . Uma das condições para que isso aconteça é o aprofundamento do diálogo entre as perspectivas agroecológica e feminista.

O reconhecimento da contribuição das mulheres —seja nas experiências de campo, nos movimentos

sociais, na academia, nas instituições do Estado ou nas organizações não-governamentais— é parte desse aprofundamento. Porém, os avanços obtidos até agora têm se dado à custa de muita pressão dos movimentos, em um processo de idas e vindas que exige uma vigilância, por parte das mulheres, quase permanente. As lideranças masculinas dos movimentos agroecológicos, assim como nos movimentos rurais em geral, e de outros setores da sociedade, têm demonstrado enormes dificuldades em aceitar o protagonismo das mulheres, lado a lado com os homens, na construção de mudanças sociais.

O presente texto visa chamar a atenção para a presença feminina nos movimentos agroecológicos

no Brasil, como uma tentativa de resgatar momentos importantes dessa trajetória, desde os anos 1980 até o momento atual. Não pretende ser uma “história” da participação das mulheres, tarefa da maior importância, porém, acima das condições deste capítulo. Pretende, no entanto, contribuir nesse percurso. Parte da compreensão da agroecologia como ciência, prática e movimento, dando visibilidade à atuação das mulheres em diferentes setores (na academia, nos movimentos sociais e nos governos, entre outros) e traz à tona uma memória ressignificada do campo agroecológico no Brasil, desde uma perspectiva feminista.

Metodologia

Este texto é o resultado de pesquisas qualitativas realizadas pelas autoras, focadas em histórias de vida de mulheres, colhidas em entrevistas individuais e coletivas. Reúne dados de distintas fontes como documentos, pesquisas, grupos focais, depoimentos de mulheres, em diferentes momentos e locais. Porém, o subsídio mais importante foi produzido coletivamente durante a oficina Memória das Mulheres na Agroecologia realizada no VI Congresso Latinoamericano de Agroecologia 6 , entre os dias 12 e 15 de setembro de 2017, em Brasília.

4 Ver, entre outros: Inês Burg (2005); Emma Siliprandi (2015); Elizabeth Cardoso (2016); Ana Paula Ferreira (2008; 2015).

5 A questão da invisibilidade das mulheres na agricultura (e na sociedade em geral) está vinculada às desigualdades de gênero que estruturam as sociedades patriarcais, que não cabe detalhar neste texto. Há uma vasta bibliografia feminista que trata dessas questões.

6 Realizado simultaneamente aos X Congresso Brasileiro de Agroecologia e V Seminário de Agroecologia do Distrito Federal e Entorno, em Brasília/DF.

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A oficina foi organizada pelo Grupo de Trabalho 7 (GT) Mulheres da Articulação Nacional de Agroecologia (ANA) e pelo GT Gênero da Associação Brasileira de Agroecologia (ABA). Contou com a participação de cerca de ciem mulheres de diferentes lugares do Brasil, integrantes de experiências de base, de movimentos de mulheres e feministas, acadêmicas e pessoas de diversas organizações não-governamentais. Partiu-se do pressuposto que cada uma das participantes tinha vivenciado —e, portanto, tinha condições de relatar— diferentes momentos na história das práxis agroecológicas no país.

Através da metodologia utilizada na oficina, chamada “Rio da Vida”, as mulheres presentes foram reconstruindo em conjunto uma memória da agroecologia no Brasil, a partir de suas próprias lembranças, contando histórias, vivências e acontecimentos. A proposta era apresentar a história da agroecologia como um rio que nasce de um fio de água e, em seu percurso, vai se adensando, crescendo, recebendo folhas, pedras e outras águas, indo em direção ao mar. A metodologia previa três momentos distintos:

- No primeiro, as participantes foram subdivididas em quatro grupos de trabalhos para recuperar acontecimentos ocorridos nas décadas de 1980, 1990, 2000 e 2010. Foram registrados eventos, nomes e marcos importantes para a agroecologia no país, a partir das lembranças de cada uma;

- No segundo momento, foi desenhado em um cartaz o Rio da Vida, que ia sendo formado por todas as informações registradas por cada grupo, refazendo um percurso histórico cronológico; e

- No terceiro momento, as integrantes dos diferentes grupos puderam apresentar para as demais os principais processos ocorridos na década que lhes coube analisar, o que permitiu às participantes dos outros grupos contribuir com novos elementos, enriquecendo o Rio da Vida.

Vale destacar que os resultados obtidos não podem ser considerados um produto acabado. Metodologicamente, sabe-se que os fatos e as impressões contadas poderiam ser outras, se outras fossem as pessoas presentes na oficina. No entanto, não se tratava de um grupo qualquer escolhido ao acaso, e sim, de pessoas com interesses tais que lhes mobilizaram para participar de um congresso nacional, e, dentro desse congresso, de uma oficina de mulheres. Pode-se afirmar, portanto, que eram em sua maioria participantes desses movimentos. Por outro lado, é importante citar que as autoras deste artigo (e que elaboraram esta análise) também são parte dessa história. Todas vêm participando ao longo da última década do processo de organização e luta das mulheres no movimento agroecológico brasileiro, vivenciando e construindo muitos dos momentos lembrados, aprendendo e trocando com muitas das mulheres citadas. Isto permite buscar também das memórias de suas vivências para contribuir com o processo de reconstituição dessa história, de junção das águas desse rio.

Queremos ressaltar que apesar de ter-se constituído em um exercício singelo, quase intuitivo, baseado na memória momentânea das pessoas presentes —sem que se tivesse tempo de recorrer a documentos, por exemplo, ou a pesquisas mais aprofundadas, para confirmação de dados— foi um processo válido para mostrar uma direção que pode ser tomada, caso se queira romper com os paradigmas dominantes de reconstrução de acontecimentos históricos. Para avançar nessa direção, é preciso ouvir e dar importância ao que dizem as mulheres envolvidas.

7 GT será usado em todo o texto como sinônimo de Grupo de Trabalho, uma expressão bastante usual no Brasil.

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Resultados

O aprofundamento da abordagem feminista nos permite afirmar que as mulheres sempre foram protagonistas na construção agroecológica no Brasil. Estiveram presentes na base da sua construção, no campo, onde chegam a representar mais de 70% da mão de obra agrícola na agricultura familiar (OIT 2012), e são geralmente as responsáveis diretas por iniciar e divulgar experiências agroecológicas e de segurança alimentar. Mas, para além da sua participação na base produtiva, as mulheres também estão fortemente presentes na pesquisa acadêmica, na assistência técnica, na cooperação para o desenvolvimento, nas formulações e na execução de políticas públicas, e em todos os demais campos de ação onde se constrói a agroecologia.

Todavia, no olhar hegemônico sobre a história da agroecologia, a participação das mulheres segue invisibilizada, negando-se ou desconsiderando-se sua relevância social, política e econômica, como acontece na sociedade em geral. A visão androcêntrica do mundo que hegemoniza os relatos históricos, faz parecer que só os homens foram os sujeitos dos atos sociais. As mulheres desparecem dessas memórias, como se elas mesmas nunca tivessem existido ou as ações empreendidas por elas não tivessem tido importância.

Para efeito deste capítulo, selecionamos alguns “marcos temporais” apontados pelas mulheres na oficina que atestam essa participação, classificados aqui em três categorias, obviamente não exaustivas e que, muitas vezes, ocorreram de forma concomitante ao longo do período estudado. São elas: (i) momentos em que foi mais visível o diálogo entre os movimentos agroecológico e feminista; (ii) momentos em que as mulheres rurais se mobilizaram fortemente por políticas públicas feministas e agroecológicas, mostrando força política diante da sociedade em geral; e (iii) processos de auto-organização das mulheres dentro dos movimentos agroecológicos, intencionados, no sentido de dar visibilidade à sua participação. As seguintes sessões descreverão os eventos mais relevantes desse processo de construção, considerando as categorias citadas com o intuito de visibilizar a contribuição das mulheres para a história da agroecologia no Brasil, assim como as questões pendentes entre os movimentos agroecológicos e feministas.

Aproximação e diálogo entre o movimento agroecológico e o movimento feminista

Na reconstrução coletiva realizada na oficina, muitas mulheres relacionaram a aproximação entre os movimentos agroecológicos e feministas como uma das chaves para compreender quando começa a se formar uma consciência das agricultoras sobre a necessidade de alçar a voz e exigir reconhecimento dentro dos movimentos mistos (formados por homens e mulheres).

Algumas organizações não-governamentais, de apoio e assessoria aos movimentos sociais, foram particularmente citadas. Entre elas, a Sempreviva Organização Feminista (SOF) 8 , com sede em São Paulo, e a SOS CORPO – Instituto Feminista para a Democracia 9 , com sede em Recife. Essas organizações

8 A SOF é uma organização não governamental com sede em São Paulo que faz parte do movimento de mulheres no Brasil e em âmbito internacional. Coordenou atividades educativas desde o nível local até regional e na América Latina, com um público diverso como mulheres rurais e urbanas, negras, indígenas e jovens, lideranças e ativistas de base, técnicas e técnicos de ONG e órgãos públicos (http://www.sof.org.br/)

9 O SOS CORPO – Instituto Feminista para a Democracia é uma organização da sociedade civil, autônoma, sem fins lucrativos, fundada em 1981, com sede na cidade do Recife, Pernambuco, na região Nordeste do Brasil. Visando a emancipação das mulheres, propõe-se a contribuir para a construção de uma sociedade democrática e igualitária com justiça socio-ambiental. A ação do SOS CORPO tem como fundamento a ideia de que os movimentos de mulheres, como movimentos sociais organizados que lutam pela transformação social, são sujeitos políticos que provocam mudanças nas condições de vida das mulheres em geral (http://soscorpo.org/ quem-somos/)

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apoiavam atividades de fortalecimento da autonomia pessoal das mulheres e de sua capacidade de atuação em ações coletivas, muitas vezes trabalhando também com grupos compostos por homens e mulheres, visando a sensibilização para a questão de gênero e a construção de alianças na luta por igualdade de gênero.

Neste período, alguns das organizações e eventos com trabalho relevante são:

GT de Gênero da Rede Projeto Tecnologias Alternativas (PTA). Nos anos 1990 a SOF organizou, em conjunto com outras organizações não-governamentais (ONG), oficinas nacionais e regionais sobre gênero

e agricultura familiar, reunindo ativistas dos movimentos sociais rurais, ONG e pesquisadoras do tema. Destas

oficinas resultou uma publicação Gênero e Agricultura Familiar (Nobre et al. 1998), que se tornou uma referência

para o trabalho na área. As relações sociais de gênero na agricultura familiar estavam na centralidade da discussão:

se questionava a idealização de uma família onde não havia conflitos de interesses, representada publicamente

pelo pai e marido. Destas oficinas resultou também uma assessoria específica a uma articulação de movimentos agroecológicos existente: o Grupo de Trabalho de Gênero da Rede PTA 10 . Entre os temas tratados nesta assessoria estavam a história do feminismo, a economia feminista, e políticas públicas sensíveis a gênero, entre

outros. Essa amplitude temática facilitou que as participantes percebessem o potencial analítico do feminismo.

O GT também estimulou a que se expandisse a contratação de mulheres como técnicas dessas instituições e a

institucionalização do tema nos planos de trabalho, com recursos e definição de responsabilidades.

I Encontro Nacional de Agroecologia (ENA). Este encontro marco para o movimento agroecológico brasileiro —realizado em julho de 2020 no Rio de Janeiro— proporcionou pela primeira vez um espaço para a

troca de experiências entre agricultores e agricultoras de várias partes do Brasil que vinham produzindo usando práticas produtivas alternativas à agricultura convencional. Foi também importante por ter provocado no movimento agroecológico a necessidade de dar visibilidade às experiências agroecológicas protagonizadas pelas mulheres que se insurgiram contra a forma de organização do encontro 11 . A criação da ANA com a formação

de alguns GT também foi um dos desdobramentos relevantes do I ENA. Embora não tenha sido criado um

GT de mulheres nesse momento, as mulheres estavam atuantes nos GT criados, e já começaram a debater sobre

a necessidade de um espaço específico e/ou para discutir as relações desiguais de gênero.

Seminário sobre Gênero e Agroecologia e criação do GT de Gênero da ANA. Este seminário (em novembro de 2004 em Mário Campos, Minas Gerais) teve o objetivo de aprofundar as conexões entre gênero e agroecologia provocadas pelo I ENA. Foi organizado por um conjunto de grupos que já possuíam um acúmulo nas discussões de gênero e agroecologia, a saber: Grupo de Trabalho de Gênero da Região Sudeste; a ONG Federação de Órgãos para Assistência Social e Educacional (FASE); o Grupo de Trabalho em Agroecologia na Amazônia (GTNA) e a Rede Economia e Feminismo.

10 GT de Gênero da Rede PTA era composto pelas seguintes organizações: Associação de Programas em Tecnologias Alternativas (APTA) em Vitória no Espírito Santo, Assessoria e Serviços a Projetos em Agricultura Alternativa (ASPTA) no Rio de Janeiro e na Paraíba, Centro de Agricultura Agroecológica (CAA) em Montes Claros / Minas Gerais, Centro Agroecológico Tamanduá (CAT) em Governador Valadares / Minas Gerais, Centro de Agricultura Alternativa Vicente Nica (CAV) em Turmalina / Minas Gerais, Centro de Tecnologia Alternativa (CTA) em Viçosa / Minas Gerais, Rede de Intercâmbio de Tecnologias Alternativas (Rede) em Belo Horizonte / Minas Gerais,Terra Viva em Itamaraju na Bahia, Programa da Terra-Assessoria e Pesquisa em Educação Popular no Meio Rural (PROTER) no Vale do Ribeira em São Paulo.

11 Em um total de 1100 pessoas, somente 297 ó 27% eram mulheres. A metodologia do Encontro previa uma oficina temática sobre gênero (entre outras), o que resultou que as mulheres ficaram “isoladas” nesta oficina, com pouca ou nenhuma participação nas demais (sobre financiamento da produção, comercialização, assistência técnica, etc.). As mulheres presentes se revoltaram e exigiram que todas as demais oficinas incluíssem questões consideradas importantes para as mulheres.

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A incorporação do enfoque de gênero na ANA foi o debate central do seminário e a criação do GT de

Gênero foi a estratégia escolhida para o fortalecimento do debate sobre a presença e importância das mulheres na agroecologia brasileira. De 2004 até o momento, este grupo agora chamado de GT Mulheres da ANA 12 , em muitos momentos —alguns com mais tensão, outros com menos— vem estimulando a discussão sobre

a importância das mulheres e do enfoque feminista para a agroecologia dentro da Articulação Nacional da Agroecologia.

II ENA. Neste encontro (em junho de 2006 em Recife, Pernambuco), o tema das relações sociais de

gênero foi objeto de debate tanto em uma oficina específica como também nos demais espaços temáticos. Foi

o primeiro encontro nacional relacionado com temas rurais que estabeleceu, por pressão do GT Mulheres, uma

cota de 50% por gênero nas delegações. O GT Mulheres da ANA se engajou fortemente na preparação das mulheres sobre todos os temas do encontro. Do total de 1500 participantes, 690 (46%) eram mulheres. A carta política demonstrou o avanço que houve entre o primeiro e o segundo ENA. Nela está descrita a contribuição das mulheres na reformulação de certos conceitos e temas a partir de sua prática cotidiana, e inclui o tema da violência contra a mulher, que, até então não havia sido considerado pelo movimento agroecológico.

O processo denominado “Encontros Possíveis: Feminismo e Agroecologia”. Trata-se de uma série de encontros no Nordeste do país (em 2006 e 2007) estimulados pelo SOS CORPO em parceria com outras ONG sediadas em Pernambuco; entre elas, a Casa da Mulher do Nordeste, o Centro das Mulheres do Cabo,

a FASE e o Centro de Desenvolvimento Agroecológico Sabiá (SABIÁ) 13 . O objetivo era aportar, a partir da

perspectiva feminista, elementos para compreender a situação das mulheres trabalhadoras rurais e fortalecer a agroecologia. Esses encontros colocaram em evidência não só as convergências mas também as divergências, como por exemplo, as levantadas pelas feministas, de que as organizações mistas possuíam uma “perspectiva familista”. Esta perspectiva, que orientava as ações das entidades de assistência técnica, se ancorava na família enquanto referência de análise ou intervenção que a considerava um núcleo homogêneo, harmônico e reforçava os papéis masculinos e femininos tradicionalmente definidos, onde o homem era considerado seu chefe, responsável pelas decisões. Ao mesmo tempo, tal visão reforçava a ideia de uma estrutura única de família — heterossexual, de pai, mãe e filhos— em que a autoridade maior do pai sobre a mãe era naturalizada, insistindo no modelo tradicional de família do homem provedor e da mulher cuidadora (Sunkel 2006), onde a produção da mulher era vista como “complementar” à economia da família e com menor importância.

A questionamento, e até mesmo o enfrentamento, à tal perspectiva contribuiu para o fortalecimento da

perspectiva feminista. Esta perspectiva se propunha a visibilizar e valorizar o trabalho das mulheres, mostrando que essas têm anseios,desejos e expectativas próprias que precisam ser considerados e apoiadas pelas organizações de assistência técnica, pelas comunidades, pela sociedade. Ao mesmo tempo contribuiu para que o movimento agroecológico se apropriasse de tal reflexão e passasse a reconhecer cada vez mais a contribuição do trabalho das mulheres e da luta feminista para a construção da agroecologia no Brasil.

Sistematização de experiências agroecológicas das mulheres no Nordeste e Minas Gerais. Foi um processo de pesquisa-ação de 2007 a 2010 realizado em parceria entre o GT Mulheres da ANA e a NGO

12 Depois de alguns anos funcionando como GT de Gênero, as integrantes se deram conta que seu trabalho estava centrado no fortalecimento da participação das mulheres na articulação, e decidiram mudar o seu nome para GT Mulheres da ANA.

13 Incluíram: (i) o seminário denominado “Encontros Possíveis entre Feminismo e Agroecologia” em setembro de 2006, preparatório das mulheres para a participação no II ENA; (iii) as oficinas “Referências teóricas e metodológicas para trabalhar com gênero, agroecologia e segurança alimentar”; e (iii) “Indicadores de gênero” e a apresentação da pesquisa sobre agricultura urbana na região metropolitana de Recife, em 2007.

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ActionAid com a finalidade de contribuir com o empoderamento das mulheres agricultoras. Consistiu numa série de encontros de intercâmbios para a sistematização de experiências agroecológicas protagonizadas por mulheres, que resultou, entre outros eventos, na publicação do livro Mulheres e Agroecologia: sistematização de experiências de mulheres agricultoras (ActionAid 2010) 14 . O processo incluiu um seminário, importante para

identificar a necessidade de colocar na agenda agroecológica o tema da violência em suas diferentes expressões,

e construir estratégias para o enfrentamento à esta questão também no meio rural.

Encontro Nacional de Diálogos e Convergências Agroecologia, Saúde e Justiça Ambiental, Soberania

Alimentar, Economia Solidária e Feminismo. Neste encontro, ocorrido em Salvador, Bahia em 2011, se colocou lado a lado experiências com diferentes enfoques de gênero para fazer um balanço dos possíveis campos de atuação em conjunto. Assim como no II ENA, a participação das agricultoras foi estimulada pelo GT Mulheres da ANA, tendo como resultado a presença de 59% em um total de 289 pessoas no Encontro. A oficina sobre

a Participação e auto-organização das mulheres destacou, por um lado, seu protagonismo na construção das

experiências em agroecologia nos territórios e, por outro, suas lutas pela autonomia e emancipação econômica e política. Foi apresentada a peça de teatro A vida de Margarida do grupo teatral do Polo Sindical da Borborema, Paraíba. A obra mostrou, de maneira ao mesmo tempo crítica e divertida, a exploração das mulheres pelos homens na vida, na casa, no trabalho, bem como a invisibilidade delas na implementação da maioria das políticas públicas de fortalecimento da agricultura familiar e da agroecologia.

Congressos Brasileiros de Agroecologia (CBA) de 2009 e 2013. Embora o primeiro CBA tenha sido realizado em 2003 e, desde o início, tenha contado com a participação significativa de mulheres, foi somente em 2009, no evento de Curitiba, que esse tema passou a ser tratado com mais importância. Articuladas na ANA e também na ABA, extensionistas rurais, pesquisadoras, professoras e técnicas vinculadas aos movimentos sociais, conseguiram promover reflexões sobre a desvalorização das mulheres em todos esses campos. Dois momentos no Congresso foram dedicados exclusivamente a essa temática: painel sobre Gênero e Agroecologia e uma oficina intitulada Por uma Agenda que Valorize o Papel das Mulheres na Agroecologia. O documento político do evento —a Carta Agroecológica de Curitiba— ressaltou a importância das mulheres para a construção da agroecologia, e se referiu também ao tema da violência contra elas como um dos entraves para o avanço da cidadania entre camponeses e camponesas, protagonistas das experiências agroecológicas (Aguiar et al. 2009). Na carta em questão se afirma “a importância de contemplar o tema das relações de gênero, evidenciando a necessidade de valorizar as contribuições das mulheres e as questões que dificultam a sua participação como sujeitos plenos de direitos, entre elas, a violência cotidiana enfrentada pelas agricultoras”.

No VIII CBA realizado em Porto Alegre, Rio Grande do Sul em 2013, novamente o GT Gênero da ABA e o GT Mulheres da ANA se articularam para realizar atividades em conjunto: uma oficina sobre a produção do conhecimento das mulheres na agroecologia, e duas mesas sobre a participação das mulheres nas iniciativas agroecológicas. Mesmo enfrentando resistências, conseguiram influenciar para que o documento final do Congresso fizesse menção direta ao feminismo, ficando expresso “a importância de espaços estratégicos de formação, articulação e produção do conhecimento e das práticas agroecológicas realizadas pelas mulheres, integrando a abordagem de gênero e feminismo”. Foi neste congresso que ganhou evidencia a consigna de luta Sem Feminismo não há Agroecologia, levantada pelas mulheres, recebida com certa resistência por parte dos integrantes das instituições promotoras 15 .

14 Um dos desdobramentos desse processo foi a realização do Seminário Enfrentando a Violência contra as Mulheres na Agroecologia na cidade de Triunfo em Pernambuco em fevereiro de 2010, que abordou estratégias para lidar com a violência contra as mulheres.

15 Foi também neste congresso que a professora Irene Cardoso foi eleita Presidenta da ABA, mesmo ano em que a professora Clara Nicholls assumiria a presidencia da SOCLA.

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O lema Sem Feminismo não há Agroecologia apareceu como um questionamento ao entendimento do enfoque agroecológico que vinha sendo hegemônico até então. Havia um consenso de que a agroecologia deveria ser pensada a partir de uma perspectiva sistêmica, que considerasse as dimensões ecológica, econômica, social, cultural, política e ética. Porém, não se aprofundava a questão das diferentes dimensões de poder entre os homens e as mulheres em nossa sociedade, e que estruturavam (e estruturam) as relações cotidianas. A proposta agroecológica, para continuar sendo um projeto de transformação da sociedade, não pode desconsiderar a estrutura patriarcal existente. É preciso que se reconheça o conhecimento, o trabalho e a contribuição social, ecológica e econômica das mulheres para a sustentabilidade da vida, e também a necessidade de que se lute em conjunto por autonomia, igualdade, liberdade para todas as pessoas 16 .

III ENA. Este evento (em maio 2014 em Juazeiro, Bahia) teve a participação de mais de duas mil pessoas de todos os estados brasileiros e de diferentes identidades socioculturais, e foi a primeira vez que se alcançou a participação paritária entre homens e mulheres. Para garantir e fortalecer a efetiva participação das mulheres e inserir o debate feminista no III ENA, o GT Mulheres da ANA em parceria com distintos movimentos sociais (de mulheres e mistos), construiu um conjunto de ações estratégicas 17 , com destaque para a Plenária de Mulheres. Também se elaborou um documento contendo reflexões sobre os 14 seminários temáticos realizados no encontro 18 , com considerações sobre cada tema e sua relação com as mulheres. No último dia do III ENA as mulheres realizaram, em frente do escritório da Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (EMBRAPA) Semiárido, uma cerimônia simbólica de inauguração do que chamaram a EMBRAPA Agroecologia, com a presença de centenas de mulheres.

As lutas feministas e agroecológicas no mundo público, nos movimentos sociais e na busca por políticas públicas

Para além das ações realizadas no campo específico da agroecologia, é importante considerar que no período pós-democratização no Brasil, as mulheres rurais foram construindo uma trajetória ascendente em termos de aparecimento público. Isto permitiu sair da posição de invisibilidade, passando a exigir dos governos políticas públicas que apoiassem sua autonomia econômica e seu reconhecimento social. Diversos movimentos sociais articularam essas ações, como o movimento sindical rural representado ao nível nacional pela Confederação Nacional dos Trabalhadores na Agricultura (CONTAG), mas também por outras federações e confederações; movimentos autônomos de mulheres trabalhadoras rurais/camponesas como o Movimento de Mulheres Trabalhadoras Rurais do Nordeste (MMTR – NE) e o Movimento de Mulheres Camponesas (MMC), entre outros; movimentos regionais ou vinculados a setores específicos, por exemplo, as mulheres do Movimento Sem Terra (MST), as quebradeiras de coco babaçu (Orbignya phalerata), as mulheres da Amazônia, pescadoras, indígenas, quilombolas. Assim mesmo articulações que representavam alianças rurais e a urbanas (como a Marcha Mundial de Mulheres) também se mostraram presentes com força política.

16 Recentemente, no IV ENA ocorrido em Minas Gerais (junho de 2018), ganhou ênfase a questão do racismo, que foi abraçada também pelas organizacoes feministas. Aparece entao um novo slogam: Se há racismo, nao é agroecologia.

17 Por exemplo: as mulheres participaram ativamente da comissão organizadora e do Seminário Convocatório do III ENA, realizado em Luziânia/Goiás; realizaram um encontro preparatório em Curitiba/Paraná, denominado “Mulheres rumo ao III ENA”; realizaram oficinas e plenárias de mulheres em vários territórios; participaram ativamente na organização de várias das caravanas; e realizaram uma rota na caravana do Apodi/Rio Grande do Norte, só com experiências de mulheres.

18 Os seminários temáticos apresentados no III ENA foram: Sementes e Transgênicos; Sociobiodiversidade; Construção do Conhecimento Agroecológico: Assistência Técnica, Pesquisa e Ensino; Construção do Conhecimento e Educação do Campo; Financiamento e Agroecologia; Reforma Agrária e Reconhecimento dos Territórios das Comunidades Tradicionais; Agroecologia, Abastecimento e Construção Social dos Mercados; Normas Sanitárias; Saúde e Agrotóxicos, Plantas Medicinais e Agroecologia; Agricultura Urbana e Peri-urbana; Conflitos e Injustiças Ambientais; Comunicação e Acesso a Gestão das Águas. Maior informação disponível em http:// enagroecologia.org.br

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O ano de 2003 foi definidor na visualização das mulheres rurais em virtude do início do mandato de

um governo progressista em nível nacional, com maior abertura à construção conjunta de políticas públicas orientadas para a segurança alimentar e a sustentabilidade ambiental (Moura 2017). Esse foi também um momento de criação e ampliação de espaços de concertação social, como conselhos e mesas de diálogo.

Para efeito desta memória, vamos apontar aqui duas ordens de acontecimentos que, paralelamente, levaram a um fortalecimento do aparecimento público das mulheres rurais nos temas de sustentabilidade ambiental e da agroecologia: (i) as ações massivas realizadas por elas neste período; e (ii) a sua participação nos espaços de concertação social com os governos.

Quanto aos primeiros, sem dúvida, o acontecimento mais emblemático no período (embora não único) foi o aparecimento das Marchas das Margaridas. Trata-se de uma ação estratégica das mulheres do campo, da floresta e das águas, coordenada pela Secretaria de Mulheres da CONTAG e outras organizações de mulheres e movimentos feministas, que vem sendo realizada desde o ano 2000, normalmente no mês de agosto, em Brasília. Tem um caráter formativo, de denúncia e pressão, mas também de proposição, diálogo e negociação política com o Estado. É considerada a maior e mais efetiva ação das mulheres no Brasil, chegando a mobilizar, desde a sua preparação até as marchas propriamente ditas, mais de cem mil mulheres. Depois da primeira Marcha, em 2000, foram ainda realizadas outras nos anos 2003, 2007, 2011 e 2015 19 .

A luta pela agroecologia tem sido central nas pautas apresentadas pelos movimentos nessas marchas

(CONTAG 2003; 2007), e muitos autores reconhecem que foi o protagonismo das mulheres que levou a que em 2013 se instituísse uma Política Nacional de Agroecologia e de Produção Orgânica (PLANAPO) no Brasil 20 . Como exemplo dessa contribuição, há a instituição —por parte do Governo Federal durante a gestão 2011-2016 da então presidenta Dilma Rousseff— da Política Nacional de Agroecologia e Produção Orgânica (PNAPO) por meio do Decreto 7794 de 20 de agosto de 2012 (Brasil 2012). Iracema Moura (2016) cita como resultado da Marcha das Margaridas de 2011, o compromisso da Presidenta em formalizar, mediante Portaria Interministerial, o GT para a elaboração da proposta do Programa de Agroecologia com a participação dos movimentos sociais que o demandaram. Essa iniciativa deu início à elaboração do Plano Nacional de Agroecologia e Produção Orgânica (PLANAPO) em 2013 (Brasil 2013). Outros autores como Regina Sambuichi et al. (2017), Denis Monteiro y Flávia Londres (2017) reafirmam em suas análises que a PNAPO foi uma resposta à reivindicação apresentada pelas mulheres na 4ª Edição da Marcha das Margaridas.

Com relação à participação em fóruns de diálogo com o governo para o estabelecimento de políticas públicas, foram muitos os espaços em que as mulheres rurais se fizeram representar, obtendo do governo mudanças concretas em programas e políticas no atendimento às suas demandas. Desde Conselhos mais amplos —como o de Segurança Alimentar e Nutricional (CONSEA), ou o Conselho Nacional de Desenvolvimento Rural (CONDRAF), até espaços setoriais onde eram discutidas e se monitoravam políticas específicas —caso dos conselhos de Assistência Técnica e Extensão Rural (ATER), e das políticas de comercialização —como o Programa de Aquisição de Alimentos (PAA), entre outros. O então Ministério do Desenvolvimento Agrário (MDA), por exemplo, chegou a instituir uma instância própria para tratar das políticas para as mulheres rurais

19 Disponível em https://goo.gl/qVHVPL Ver também Vilênia Aguiar (2015) e CONTAG (2011; 2015).

20 Ver, por exemplo, Denis Monteiro y Flavia Londres (2017); Iracema Moura (2017); Regina Sambuichi et al. (2017); Eric Sebourin et al. (2017); Emma Siliprandi (2017). Os Decretos que instituem a PNAPO e o primeiro PLANAPO podem ser encontrados em Brasil (2012; 2013).

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através da Diretoria de Políticas para Mulheres Rurais e Quilombolas (DPMRQ) 21 , mostrando a importância que o tema alcançou em nível governamental.

Iracema Moura (2016; 2017) cita os campos de organização, atuação e construção de políticas públicas

pelos quais o tema da agroecologia foi adentrando as pautas,sendo incorporada às ações e proposições construídas:

(a) ATER, envolvendo a rede pública das Empresa de Assistência Técnica e Extensão Rural (EMATER)

e as organizações executoras de ATER da sociedade civil e suas redes; (b) o ensino e a pesquisa desde as

universidades, a EMBRAPA, os movimentos sociais e organizações da sociedade civil; (c) o reconhecimento da especificidade dos espaços e necessidades de ação camponesa, com iniciativas de apoio à agricultura familiar. Em todos esses espaços é possível identificar a participação ativa de mulheres que lutaram para que as políticas vigentes tivessem um enfoque de gênero.

Ao mesmo tempo, a perspectiva feminista, tanto dos movimentos de mulheres e agroecológico, quanto de técnicas atuantes do governo, vinham contribuindo para construir propostas de políticas em direção a uma maior autonomia e liberdade para as mulheres. Conforme nos mostra Alexandra Filipak (2017), as principais políticas executadas pela DPMRQ tinham a perspectiva agroecológica como orientadora das ações, como por exemplo: as políticas de acesso à terra com a conquista da Titularidade Conjunta nos Programas de Reforma Agrária; o Programa Nacional de Organização Produtiva de Mulheres Rurais; a ATER específica para as Mulheres e o apoio às suas atividades de produção, beneficiação e comercialização.

Como já foi comentado, a participação das mulheres foi fundamental no processo de instituição da PNAPO, materializada nos Planos Nacionais I e II, que foram acompanhados por uma Comissão Nacional formada por organismos governamentais e da sociedade civil. As questões centrais para as mulheres nesses espaços eram: (a) a garantia de ATER pública (e gratuita) e de qualidade, específica para as mulheres a partir da perspectiva agroecológica; (b) a realização de ações para dar maior visibilidade à produção agroecológica, principalmente das mulheres através de espaços como as feiras; (c) o apoio à sistematização e intercâmbios de experiências, valorizando o trabalho realizado pelas mulheres para a promoção da agroecologia; (d) a capacitação de técnicos e técnicas da rede de ATER e da Assessoria Técnica, Social e Ambiental à Reforma Agrária (ATES), com um olhar para o trabalho agroecológico produtivo e reprodutivo das mulheres e sua contribuição para a economia feminista; (e) o fortalecimento do processo de comercialização dos produtos agroecológicos, com qualificação das mulheres para acesso ao PAA e PNAE.

Embora se percebam importantes avanços, a inclusão da perspectiva feminista na pauta da agroecologia foi, e continua sendo acompanhada de muita tensão. As mulheres precisam pressionar triplamente para que suas realidades e necessidades próprias sejam consideradas, inicialmente dentro de seus movimentos, depois nos espaços de diálogo e construção das políticas públicas e, posteriormente, nos processos de constante monitoramento para que as propostas sejam de fato implementadas (Siliprandi 2017).

Lamentavelmente, os espaços políticos de organização e representação política na luta por políticas públicas (como conselhos, assim como os movimentos sociais) e os espaços civis (de ONG, universidades e

o universo da pesquisa acadêmica), ainda reproduzem diferentes formas de violência, assédio moral e sexual, intimidações, isolamentos e invisibilizações cotidianas das mulheres, constrangendo-as com relação à sua participação nos espaços públicos.

21 Em 2001 já existia o Programa de Ações Afirmativas no MDA; entre 2003 e 2009 se criou o Programa de Promoção da Igualdade de Gênero, Raça e Etnia (PPIGRE) no mesmo ministério; em 2010 passou a se chamar Assessoria Especial de Gênero, Raça e Etnia (AEGRE); e no final de 2010 passou a ter status de Diretoria DPMRQ. Ver Rosangela Cintrão e Emma Siliprandi (2011).

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As mulheres são história e memória da agroecologia

Os marcos e processos citados ao longo do texto mostram a legitimidade que as mulheres têm em reivindicar seus nomes na história da agroecologia. Todavia, mesmos nesses processos, tem havido uma constante invisibilidade das mulheres que têm lutado cotidianamente para evidenciar o valor do seu trabalho, dos seus processos organizativos, de suas lutas e reivindicações. Hoje, após cerca de trinta anos de trabalho, formações, publicações, encontros, criação de organizações feministas agroecológicas, e de setoriais de mulheres em diversas redes, movimentos e sindicados, já há um certo consenso no Brasil em torno da importância dessa participação. Entretanto, ainda é necessária a vigilância constante das organizações de mulheres para que esses avanços não retrocedam, mas ao contrario, sejam fortalecidos.

Estes esforços foram e são empregados, porque as experiências vivenciadas mostram que a condição para que a perspectiva agroecológica realize seu potencial emancipatório para mulheres agricultoras é o respeito às suas demandas, o reconhecimento aos seus conhecimentos e a valorização do seu trabalho.

Percebe-se também que o diálogo entre os movimentos agroecológico e feminista vem sendo relevante para ambos. A implicação do feminismo na construção do campo agroecológico tem contribuído na ampliação dos temas trabalhados pelos movimentos para além das questões tecnológicas e ambientais, destacando, em sua dimensão social, a de igualdade de gênero. Ao mesmo tempo, o movimento feminista está sendo influenciado pelos debates de soberania alimentar, políticas públicas e sustentabilidade socioambiental apresentados pela agroecologia. Como resultado, o diálogo entre os dois movimentos vem provocando debates que aprofundam a visão de que as relações de gênero, entre outros temas, são socialmente construídas. As feministas contribuem com a ideia de que, se essas relações são socialmente construídas e tem efeitos negativos para a equidade de gênero, então também podem e devem ser desconstruídas. A agroecologia é vista como um dos instrumentos para essa desconstrução e para a reconstrução de outro tipo de interações, a partir do processo de fortalecimento da igualdade e da autonomia das mulheres.

Fazendo-se a leitura das três últimas décadas, percebe-se que o GT Mulheres da ANA, e, mais recentemente, o GT de Gênero da ABA, vêm se destacando como forças de aglutinação dos diferentes movimentos de mulheres ligados ao meio rural, estimulando as convergências entre a agroecologia e o feminismo. As mulheres que compõem esses dois GT transitam junto aos movimentos e, paulatinamente, vêm propondo ações que permitem complementariedades entre esses dois setores.

Comentários finais

Ao realizar a Oficina do Rio da Vida, no VI Congresso Latino Americano de Agroecologia em 2017 em Brasília, o que se pretendia era fazer um breve exercício de memória para trazer à tona aspectos da história da agroecologia ligados à militância das mulheres; os quais nem sempre estavam claros para as próprias participantes. No entanto, os resultados foram surpreendentes: um enorme conjunto de informações foram levantadas, que poderão ser o ponto de partida de muitos outros estudos ainda a ser realizados. Neste capítulo, trouxemos ao público algumas das reflexões da oficina com o intuito de mostrar que é possível e necessário incluir o ponto de vista feminino na narrativa da agroecologia brasileira tal como a conhecemos hoje.

O cartaz desenhado em conjunto por essas mulheres (resultado da oficina) é de uma riqueza inegável, com informações importantes que foram validadas pelo conjunto presente. Outro resultado, por exemplo, é uma listagem

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de nomes de mulheres que, em momentos considerados importantes em diferentes áreas de atuação (na academia, nos movimentos sociais, na esfera pública), geraram aportes para que a agroecologia galgasse reconhecimento social e político. Entre as mulheres listadas na oficina (aproximadamente cem), 41% pertenciam a ONG e órgãos de cooperação internacional; 23% eram agricultoras, lideranças de base e de movimentos sociais; 16% vinham da academia ou trabalhavam como pesquisadoras; 9% provinham da extensão rural oficial; enquanto 3% das indicadas eram ligadas a entidades religiosas 22 .

Por outro lado, a metodologia de discussão utilizada permitiu que se evidenciasse como a participação feminina foi se dando no “saber e fazer agroecológico”; assim como, quais mudanças conceituais e políticas no processo de auto-organização das mulheres possibilitaram que chegassem até o estágio atual de reconhecimento de sua contribuição e atuação ativa, o qual foi o resultado, entre outros, da idealização e do fortalecimento do lema Sem feminismo não há agroecologia.

Por tanto, a “história” apresentou-se assim como algo pulsante, vivido por todas, apropriado pelas próprias mulheres, sendo reconhecido como uma trajetória que também lhes pertencia. Ao mesmo tempo, se viu como esses processos estiveram em constante transformação, e poderiam ser analisados pelas próprias mulheres a partir de diferentes ângulos, dados pelos seus diferentes lugares e vivências.

A agroecologia deve, afirmam as mulheres, contribuir para a construção de novas formas do fazer científico, que considere e valorize a diversidade de saberes, rompendo com a base patriarcal dos paradigmas dominantes. As vozes das mulheres em geral não têm tido legitimidade social para contar a história —seja a sua própria, seja a de sua comunidade, do seu país, do mundo. Elas ainda não têm o poder da fala. Metodologias e reflexões como as apresentadas neste capitulo aliadas à organização permanente das mulheres para fazer valer o seu discurso, podem ser uma chave que contribui para mudar essa situação.

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22 Para 8% das listadas não foi possível identificar sua origem ou vinculação ao movimento agroecológico.

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4

Contribuciones y desafíos al empoderamiento de las mujeres en la agroecología en Uruguay

Introducción

Marta Chiappe 1 *

El año 2018 fue declarado por el Consejo Económico y Social de la Mujer (CSW62) de la UNESCO, el Año por el Empoderamiento de las Mujeres y las Niñas Rurales. El término “empoderamiento” proviene del inglés empowerment y desde fines del siglo XX ha sido ampliamente utilizado para el trabajo con mujeres. El concepto en su más reciente acepción comienza a difundirse en 1985 cuando la organización no gubernamental internacional Desarrollo de Alternativas de Mujeres para una Nueva Era (DAWN, por su nombre en inglés) propuso el concepto en la Conferencia Mundial sobre las Mujeres en Nairobi. Posteriormente, el término fue retomado en la Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Beijing en el año 1995, para designar el proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos (Batliwala 1997; Deere y León 2000; Sandoval 2015). En esa instancia se defendió que “el empoderamiento de la mujer y la igualdad de género son requisitos previos para conseguir la seguridad política, social, económica, cultural y ambiental de todas las personas” (Arias Guevara 2005, p. 24).

Cathy Farnworth y Jessica Hutchings (2009) en su estudio sobre Agricultura Orgánica y Empoderamiento de Mujeres consideran que “la falta de atención adecuada a los temas de género dentro de los movimientos vinculados con la agricultura orgánica y la agricultura sustentable es preocupante” (p.1) y plantean que hasta tanto productores/as

1 PhD en Educación Agrícola, Universidad de Minnesota. Profesora investigadora de Facultad de Agronomía, Universidad de la República,Uruguay.Líneas de investigación: sustentabilidad,agricultura familiar,agroecología,género,mujeres rurales y biocombustible. E- Mail: mchiappe@fagro.edu.uy

* Miembro del Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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y

consumidores/as no realicen un esfuerzo concertado en pro de la equidad de género, no se podrá comprender

el

potencial de los enfoques relacionados a los sistemas productivos sustentables para reconfigurar los sistemas

agroalimentarios y la manera en que los seres humanos interactúan con los mismos. Las autoras señalan que las mujeres han tendido a estar más presentes, formado parte y contribuido al desarrollo de paradigmas sustentables de producción. No obstante a la falta de datos estadísticos, también puntualizan que algunos estudios muestran que las mujeres están mucho más involucradas en establecimientos con un enfoque sustentable que en producción de tipo convencional. Asimismo, en función de la literatura revisada, señalan que están particularmente interesadas en producir para los mercados locales, llevar adelante emprendimientos de pequeña escala y trabajar con mano de obra familiar.

Diversas autoras consideran que el modelo agroecológico, en particular, puede mejorar la condición de las mujeres, en la medida que las cuestiones de género sean tenidas en cuenta (Marcoty 2017). Desde una

perspectiva similar, Aurélie Leroy et al. (2016) sostienen que la agroecología —debido a su esencia innovadora

y “alternativa”, las soluciones productivas que propone y a los actores “progresistas” que la respaldan— tiene

el potencial de mejorar la situación de las mujeres y empoderarlas. Sin embargo, las autoras reconocen que si bien la agroecología puede fortalecer la autonomía de las mujeres, también puede presentar limitaciones por el contexto en el que se llevan a cabo las prácticas agroecológicas, el cual sigue influido por relaciones desiguales de género.

El objetivo de este capítulo es caracterizar y analizar de qué manera las mujeres participan en experiencias con enfoque agroecológico en Uruguay, y cómo visualizan su empoderamiento y las limitaciones que deben enfrentar para lograrlo.

La metodología de trabajo responde a un estudio de carácter exploratorio y se basa, por un lado, en la revisión documental vinculada al concepto de empoderamiento y la relación entre género/mujeres y agroecología. Esto incluye estudios afines (como los relacionados a mujeres y agricultura orgánica), revisión de artículos e investigaciones realizadas en Uruguay sobre agricultura orgánica y agroecología. Por otro lado, las reflexiones compartidas en este trabajo se nutren de entrevistas realizadas a principios de 2018 a diez mujeres que participan actualmente en la Red de Agroecología (dos de las cuales también habían participado hasta su disolución en la Asociación de Productores Orgánicos del Uruguay) 2 .

El capítulo se organiza en diferentes secciones. En primer lugar se hace referencia a los significados atribuidos al concepto de empoderamiento y los enfoques con los que se estudia. Luego, se aborda la relación entre agroecología, género y empoderamiento, ejemplificando con estudios de caso de distintos países. Posteriormente, se explora esta relación en el contexto uruguayo y, finalmente, se plantean algunas conclusiones.

Empoderamiento: conceptos y enfoques

Steven Lukes (2005), en su influyente obra Power: A Radical View, publicada originalmente en 1974, identifica cuatro clases de poder: (i) poder sobre; (ii) poder para o poder de; (iii) poder con; y (iv) poder desde dentro o poder del interior. Estas categorías son retomadas posteriormente por varias autoras en sus análisis sobre empoderamiento en diversos países (por ejemplo, Deere y León 2000; Kabeer 1997; Rowlands 1997; Townsend et al. 1999; Zapata-Martelo 1998).

2 Como se verá más adelante, en Uruguay la Red de Agroecología conformó posteriormente la Asociación de Productores Orgánicos de Uruguay (APODU).

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El “poder sobrerepresenta una influencia de suma cero; es decir, su aumento en una persona o grupo social implica la pérdida de poder de otro. Esta dinámica refleja la habilidad de un individuo o sector para

hacer que otros actúen en contra de sus deseos. Se manifiesta en la toma de decisiones y en conflictos abiertos

u observables pero también en procesos donde éstos no se manifiestan públicamente; por tanto, no se hacen

fácilmente visibles con el fin de evitar su discusión abierta. Como resultado, el poder está del lado de quien se impone en la decisión. Puede llegar a expresarse con violencia física o psicológica, o tomar la forma de quitar u otorgar recursos para lograr lo deseado.

El “poder para” se refiere a los cambios que estimulan la actividad en otros e influyen en su ánimo a

través de una persona o grupo. Se trata de una influencia generativa, creativa y facilitadora que permite compartir

el

poder y favorecer al apoyo mutuo, sin la dominación y sin el uso del “poder sobre”. Por tanto, se refiere a

la

capacidad interpersonal en la toma de decisiones. Involucra las habilidades de negociación, comunicación,

obtención de apoyo, y defensa de derechos y dignidad. Uno de sus aspectos es el liderazgo que surge cuando se ve la posibilidad para que un grupo alcance algo que produzca un impacto o efecto. Un ejemplo de esta forma de poder es la capacidad de organizarse con fines muy prácticos de un grupo de mujeres, por ejemplo, para la producción y la comercialización de artesanías, tejidos, alimentos, etc.

El “poder con” es cuando un grupo presenta soluciones compartidas a sus problemas, permitiendo que todas las potencialidades se expresen en la construcción de una agenda colectiva, que también se asume individualmente. Sirve para confirmar que el todo es superior a la suma de sus partes. La dimensión colectiva

se refiere a integrar esfuerzos individuales con el objetivo de lograr un mayor impacto en el fin perseguido. Ello desde un enfoque cooperativo que se desarrolla en el marco de una organización y puede abarcar desde el ámbito

local hasta el global. Por tanto, este tipo de poder involucra el sentido de capacidad total de un grupo, sector, social, clase, u otro, superior a la sumatoria de los poderes individuales. Es decir, que cuando es compartido en

el marco de relaciones simétricas potencia al conjunto.

El “poder desde dentro” o “poder del interior” refiere a una dimensión personal; representa la generación de fuerzas desde el interior de uno/a mismo/a y se relaciona con la autoestima. Se manifiesta en la habilidad para resistir el poder de otros/as al rechazar demandas no deseadas. Aplicado al tema de este trabajo, incluye el reconocimiento que uno/a obtiene, a través de la experiencia, de cómo se mantiene y reproduce la subordinación de la mujer y, a partir de allí, cómo las mujeres desarrollan la confianza en sí mismas y las capacidades individuales para superar la opresión internalizada. Cuando las mujeres pueden percibir otras maneras de ser, y participan en un proceso analítico que devela que una misma no es fuente de todos los problemas, sino que existen estructuras externas que la condicionan, se construye un poder desde dentro, pero este tiene que surgir desde el propio ser (Kabeer 1997; Townsend 2002; Urriola et al. 2006). Asimismo, en el plano individual, el empoderamiento se refiere a la importancia que las personas desarrollen capacidades y habilidades tanto como para hacer valer su rol y mejorar su situación en términos de derechos sociales y políticos, como en lo referente a su actividad económica y productiva.

Jo Rowlands (1997) postula un modelo de tres dimensiones —la personal, la colectiva y la de relaciones cercanas— para el análisis del empoderamiento de las mujeres. Según su análisis, cada dimensión se articula con una o varias formas de poder. La primera o “personal” consiste en desarrollar la confianza en sí misma y las capacidades individuales para superar la opresión internalizada por las mujeres, por tanto, se vincula con el “poder desde dentro”. La “colectiva” se asocia a la suma de esfuerzos individuales, cuyo objetivo es lograr un

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mayor impacto en un fin perseguido sustituyendo un modelo competitivo por uno cooperativo. En general, se desarrolla en el marco de una organización y puede abarcar desde el ámbito local hasta el global; es decir, se trata del “poder con” para la obtención de logros colectivos y solidarios. Puede expresarse en la búsqueda de una identidad compartida, la oportunidad para negociar como grupo, compartir el poder y buscar apoyo de otras organizaciones. El núcleo de la dimensión de “las relaciones cercanas” se asocia con el “poder con” y el “poder para”. En este se encuentran las habilidades de negociación, comunicación, obtención de apoyo, defensa de derechos y la dignidad.

Según Carmen Deere y Magdalena León (2000), el acceso a la propiedad y el hecho de disponer de autonomía económica contribuyen a aumentar el poder de la negociación que tienen las mujeres, lo que les posibilita participar en mayor medida en la toma de decisiones. Además, es probable que interactúen con su entorno al ser parte de asociaciones y/o gremios. En otras palabras, el tener acceso al poder les ha significado cambios en el plano individual, pero también en la acción colectiva (León 1997; Urriola et al. 2006).

En suma, el concepto de empoderamiento abarca diferentes componentes: cognitivos, psicológicos, políticos y económicos. Los tres primeros son reforzados con el componente económico ya que, a pesar que éste implica la sobrecarga laboral “la evidencia empírica apoya la idea de que el acceso al trabajo incrementa la independencia económica de las mujeres, lo que genera un mayor nivel de independencia en general” (Stromquist 1997, p. 82).

Como se señaló al comienzo de este capítulo, la participación de las mujeres en proyectos agroecológicos incide favorablemente en el empoderamiento de las mujeres, aunque no es condición suficiente. En la siguiente sección se desarrollan estas ideas en mayor profundidad a partir de la revisión de estudios realizados en diversos países.

Agroecología, agricultura familiar y género

La importancia del trabajo de las mujeres en las tareas agrícolas de las unidades de producción familiar ha sido ampliamente documentada en numerosas investigaciones. No obstante, sus funciones en esta área no son reconocidas socialmente ni tenidas en cuenta en las estadísticas, sino, generalmente se las ubica bajo un rol de “colaboradoras” y su trabajo es considerado como “ayuda” o “no productivo” (Chiappe 2014). Al contrario, a los hombres el trabajo agrícola les confiere identidad y autoridad, mientras que la labor de las mujeres dentro de la misma unidad de producción es invisible, no remunerada y, por lo tanto, negada o disminuida socialmente. Los hombres son más valorados que las mujeres como beneficiarios de la capacitación y de asistencia técnica, y participan en mayor grado en la comercialización y en la acción política (Prévost et al. 2014).

Este modelo favorece una reproducción social de descalificación del trabajo de las mujeres en el contexto doméstico y económico/productivo. Las ganancias de las actividades rurales constituyen un ingreso cuyo uso es decidido principalmente por el llamado “jefe de la familia”, la mayoría de las veces sin la participación directa de la esposa (Prévost et al. 2014). De esta manera, a los hombres se les asigna la esfera productiva, mientras que a las mujeres se les asigna la esfera reproductiva, no sólo en lo que se refiere al cuidado de los niños sino también en lo que respecta a las tareas vinculadas al ámbito doméstico (limpieza, lavado, planchado, alimentación de la familia, etc.), con lo cual su trabajo se caracteriza por una “doble jornada” (Boni 2006; Brumer 2004; Campaña 1992; Kleysen y Campillo 1996; León 1987; Valdés 1995).

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Dentro de este contexto algunas autoras, como Sophie Charlier y Cynthia Nuozzi (2014) junto con Aurélie Leroy et al. (2016), sostienen que el enfoque agroecológico pone en cuestionamiento el modelo de la agricultura familiar —basado en una cultura patriarcal— así como la división sexual del trabajo. Ambas realidades contradicen la visión de la agroecología, la cual valora el conocimiento y las prácticas que poseen las mujeres en la preservación de la diversidad agrícola y de la biológica. Además, la agroecología al favorecer la utilización de insumos de origen biológico, se distancia de un modelo agrícola basado en insumos sintéticos de uso intensivo (fertilizantes y pesticidas) y dependiente de la industrialización. Por lo que en vez de comprar variedades mejoradas de semillas y depender de intermediarios en los procesos económicos, las agricultoras pueden usar su experiencia y sus saberes en el manejo de semillas (selección, conservación, germinación) y en la venta directa de su cosecha. En la misma línea, María de los Ángeles Arias Guevara (2014), analizando el caso cubano, sostiene que la agroecología favorece relaciones de género más democráticas y abre nuevos espacios de participación para las mujeres: “Se constata que ellas juegan un papel fundamental en la selección y conservación de las semillas, la lombricultura, la crianza de aves y animales domésticos, la conservación de alimentos, la búsqueda de mejoras genéticas en plantas y animales, en plantas ornamentales, la producción de compost, la preparación y uso de biopreparados, viveros forestales, la siembra de hortalizas y la atención a huerto familiares y agricultura de traspatio

(p.27).

Además de lo productivo, la agroecología brinda acceso a otros canales de comercialización en los que las mujeres tienen un rol protagónico y los cuales influyen favorablemente en sus ingresos. Lopes (2011) citado en Aurélie Leroy et al. (2016) plantea que existe una correlación positiva entre la innovación agroecológica y el empoderamiento de las mujeres. En el mismo sentido, Ana Paula Ferreira y Luis Claudio Mattos (2017) señalan que “la perspectiva agroecológica ha mostrado el potencial de abrir espacios para que las mujeres agricultoras enfrenten su condición de vulnerabilidad y, en este sentido, conquisten más poderes en las esferas personal, productiva, familiar y política” (p. 39).

Sin embargo, no es pertinente establecer una relación causal automática entre agroecología y mujeres. De hecho, más allá que un proyecto sea ecológico y sostenible no significa que será exitoso en términos de igualdad de género; es decir, por sí solo no permite democratizar las relaciones sociales y sacar a las mujeres de su posición invisible y subordinada (Leroy et al. 2016). Como afirman Ana Paula Ferreira y Luis Claudio Mattos (2017), el trabajo con la agroecología no alcanza para que la desvalorización y la invisibilidad de las mujeres sean suficientemente problematizadas, por lo que se requiere que la agroecología, como otras ciencias, entre en diálogo con las perspectivas feministas. Asimismo, resaltan la importancia del poder público para fomentar los sistemas agroecológicos y la participación de las mujeres.

En este sentido, María de los Ángeles Arias Guevara (2014) señala que si se observa como “se configuran las relaciones de género en el interior del movimiento agroecológico lo primero que aprecia es un discurso elaborado a nombre del sujeto universal masculino que no visibiliza a las mujeres como participantes del movimiento” (p.8). Aun cuando la agroecología se ha expandido fuertemente como modelo agrícola para campesinos de pequeña escala, tanto el nombre Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino (MACC) como imágenes registradas de congresos y reuniones (que no sean talleres de género), entre otros, denotan una marcada presencia masculina. Además, se observan desigualdades entre hombres y mujeres en cargos de coordinación o entre promotores o facilitadores del movimiento.

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A pesar que también persisten desigualdades en el espacio doméstico, la valorización de las actividades

a cargo de hombres y mujeres y la deconstrucción de la división sexual del trabajo pueden favorecer a la

construcción de la equidad de género. La participación de las mujeres en espacios colectivos —tales como redes

sociales, congresos, cursos, talleres, exposiciones y ferias comerciales— contribuye a su empoderamiento, a elevar su autoestima y a un mayor reconocimiento social, en tanto difunden sus experiencias y extienden sus redes fuera del ámbito familiar. Asimismo, al interior de las familias se favorece la democratización de las relaciones de género en la medida que se redistribuyen las cuotas de poder (Arias Guevara 1994). En este sentido, Dorrego

y Elías (2014, p.1) plantean en su estudio en Bolivia que “la agroecología da la oportunidad de diferenciación a

las productoras, y la venta directa, a través de circuitos cortos y de proximidad, contribuye a la generación de ingresos y empoderamiento social y económico a las mujeres que participan en ellos”.

En contraposición, un estudio realizado en cuatro provincias de Ecuador donde se promueven proyectos agroecológicos en diversas comunidades, a través de la agencia SWISSAID (Marcoty 2017), concluye que las relaciones inequitativas de género existentes en las comunidades no han cambiado como consecuencia de la introducción de prácticas agroecológicas en las fincas. Si bien se reconoce que hubo una mejora a nivel de la participación de las mujeres y un aumento de su número en cargos de dirección, no se puede afirmar que esta mejora sea consecuencia directa del enfoque agroecológico, a pesar que también se promovió la participación de las mujeres en reuniones de las asociaciones de productores agrícolas locales (denominadas como APAL). Aunque los ingresos de las mujeres también aumentaron al tiempo que mejoró la situación económica de las familias, la división sexual del trabajo permaneció intercambiada. Es decir, en la mayoría de los casos, no se observó una redistribución de las tareas domésticas, sino que las mujeres continúan teniendo cargas muy altas de responsabilidades y el hecho de pertenecer a una asociación les representa a veces una carga superior porque implica ayudar a otros/as en sus campos. Además, como se mencionó antes, las labores realizadas por las mujeres no son siempre valoradas, y los proyectos de agroecología no han revalorizado sus saberes. Por lo tanto no son posicionadas como pilares en la implementación de un modelo agroecológico al interior de sus comunidades.

Desde algunas organizaciones agroecológicas que incorporan un enfoque feminista se ha venido difundiendo la consigna Sin feminismo no hay agroecología. En Brasil, a raíz de los debates que se venían dando en torno al tema de la inclusión de una visión feminista en el movimiento agroecológico del país, el slogan fue difundido en el VIII Congreso Brasileño de Agroecología de 2013, generando “importantes reflexiones

sobre el significado político del término agroecología en la vida de las personas” (Ferreira y Mattos 2017, p. 39). La sinergia generada por la conjunción entre feminismo y agroecología ha permitido el surgimiento de otros temas relevantes para ambos movimientos, como por ejemplo la demanda por asistencia técnica específica feminista al mismo tiempo que agroecológica. Esta experiencia, aun inicial, surgió en el ámbito de las entidades ATER 3 agroecológicas y se basa en la valorización del conocimiento local y el intercambio de experiencias. Esta modalidad de apoyo técnico se relaciona directamente con el acceso a los mercados institucionales, las políticas públicas y la filiación femenina a los sindicatos de trabajadores/as rurales, siendo importantes ámbitos para

el inicio de un proceso de empoderamiento de las mujeres (Movimiento de Mujeres Campesinas, citado por

Ferreira y Mattos 2017).

En el X Congreso Brasileño de Agroecología y VI Congreso Latinoamericano de Agroecología realizado en Brasilia en setiembre 2017, la proclama de cierre del evento reivindicó el papel del feminismo en la

3 Assistência Técnica e Extensão Rural. http://www.mda.gov.br/sitemda/tv-mda/nova-ater-no-brasil-do-sonho-%C3%A0-realidade- resumido.

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agroecología de la siguiente manera: “Comprendemos el feminismo como una referencia teórica y base para una acción política transformadora a partir de las experiencias de las mujeres. Comprendemos que la lucha contra todas las formas de opresión y violencia contra las mujeres y el cuestionamiento de la división sexual del trabajo deben ser elementos

estructurantes del enfoque sistémico de la agroecología como ciencia, movimiento y práctica. Las instituciones científicas

y académicas, las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos sociales y el Estado deben reconocer y visibilizar

las prácticas de las mujeres del campo, las aguas, los bosques y las ciudades y las juventudes, los pueblos y las comunidades tradicionales como los sujetos que construyen cotidianamente desde sus territorios la agroecología4 .

Con un enfoque coincidente, en el Encuentro Global de Escuelas y el proceso de formación en agroecología que organizó La Vía Campesina en mayo 2018 en Cuba, Francisca Rodríguez, representante de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales de Indígenas (ANAMURI) de Chile concluyó en el cierre del evento: “No es posible pensar la agroecología sin recuperar el lugar, el saber, los conocimientos y las prácticas de las mujeres en el campo. Tenemos que juntar nuestras energías para sumar y lograr erradicar el machismo dentro de nuestras organizaciones, y en la sociedad. Sin esto, no es posible vencer al capitalismo ni hacer agroecología, pues el patriarcado es uno de los pilares que sostienen este sistema de muerte y exclusión5 .

En la misma línea, otras autoras argumentan que no puede existir la agroecología si no están dadas las condiciones que garanticen el empoderamiento de las mujeres. El análisis de las inequidades de género, el acceso a los recursos y su control, la valorización del rol y de los aportes de las mujeres, la participación en los cargos de poder de decisión sociales y políticos, son elementos que necesariamente deben incorporarse como puntos de partida en el modelo agroecológico (Charlier y Nuozzi 2014; Leroy et al. 2016). En este sentido, Ana Paula Ferreira y Luis Claudio Mattos (2017) sostienen que el diálogo entre las perspectivas agroecológica y feminista es un importante camino para abordar situaciones de injusticia vivenciadas por las mujeres en el medio rural: “El feminismo y la agroecología, cuando se trabajan de forma integrada, pueden retirar a las mujeres de varias situaciones

de opresión, a saber: (i) prohibiciones a la práctica de la agricultura sin agrotóxicos y abonos químicos; (ii) prohibiciones

a la participación en actividades colectivas, tales como reuniones e intercambios; (iii) prohibiciones a la vida económica y

acceso al mercado, tales como inserción en ferias y mercados institucionales; (iv) prohibiciones a la participación política, reivindicación de derechos y acceso a políticas públicas, como créditos agrícolas” (p. 41) 6 .

En el entendido que la agroecología con una perspectiva de género permite tanto a mujeres como a hombres asegurar la seguridad alimentaria y nutricional de la familia, Sophie Charlier y Cynthia Nuozzi (2014) proponen las siguientes recomendaciones en torno a cuatro ejes de empoderamiento:

• El saber: Se plantea la importancia de desarrollar conocimientos y análisis críticos que tengan en cuenta las discriminaciones que sufren las mujeres y las inequidades de género, para lo cual es necesario integrar el enfoque de género en investigación, estudios y formación para las mujeres.

• El tener: Las prácticas discriminatorias y las inequidades estructurales entre hombres y mujeres hacen que ellas tengan dificultades para acceder y controlar los recursos; por ello es importante promulgar y reforzar leyes que den a ambos derechos igualitarios ; y promover el acceso a los mercados; a la tecnología y a los servicios públicos.

4 http://agroecologia2017.com/cartadocerrado/ 5 Disponible en https://viacampesina.org/es/la-agroecologia-solo-es-posible-cambiando-las-relaciones-de-dominacion-y- expropiacion-contra-las-mujeres Traducción propia del portugués.

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• El querer: Se requiere valorizar el rol y los aportes de las mujeres para visibilizar su trabajo; construir redes para reforzar su autoestima y capitalizar sus experiencias; y promover su participación en espacios de decisión, entre otros aspectos.

• El poder: Se propone poner fin a las discriminaciones que existen a nivel político en término de acceso a los espacios de toma de decisiones y en las legislaciones existentes; reforzar y aplicar las legislaciones que promueven la igualdad; apoyar la integración de mujeres en las estructuras de poder, tanto en instancias estatales como de la sociedad civil.

En suma, los análisis y estudios presentados reconocen la importancia del enfoque agroecológico como un posible y fértil camino para el empoderamiento de las mujeres. Sin embargo, la evidencia presentada muestra que no

es una condición suficiente por las desigualdades estructurales de género, lo que limita la relación causal directa entre empoderamiento y agroecología. Por ello, es necesaria la incorporación en la agroecología de una mirada feminista y una perspectiva de género, como la inclusión de mayores elementos agroecológicos en el análisis feminista.

Agroecología, mujeres y empoderamiento: el caso uruguayo

Antecedentes

Durante los años posteriores a la dictadura (1973-1983) la sociedad civil se reorganiza y surgen nuevas asociaciones. Así, en 1985 se nuclea un conjunto de ONG con intereses comunes, las cuales en 1990 forman la Mesa de Agroecología con apoyo del Consorcio Latinoamericano de Agroecología (CLADES), el cual estuvo integrado por organizaciones de ocho países latinoamericanos (Gómez y Gazzano 2015). Paralelamente, en 1997 surge la Asociación de Productores Orgánicos del Uruguay (APODU) como una asociación sin fines de

lucro para agrupar a los/as productores/as orgánicos del Uruguay de pequeña escala 7 . Esta asociación coordina con la Mesa de Agroecología y la Comisión Nacional de Fomento Rural para conformar, también en 1997,

la Asociación Certificadora de la Agricultura Ecológica del Uruguay (ACAEU) cuyo sello de certificación se

denominó URUCERT. Esto como forma de ofrecer alternativas de certificación de producción orgánica (o ecológica, como también se la dio en llamar) para agricultores/as familiares. Este es el antecedente del Programa de Certificación Participativa de la Red de Agroecología que fue creado en 2006.

Un estudio 8 sobre producción orgánica en la región sur de Uruguay realizado por Valeria Berhau

(2004) señala que en ese entonces: (i) las mujeres estaban más involucradas en la producción orgánica intensiva (horticultura, hierbas medicinales y aromáticas y elaboración de lácteos) que en la orgánica extensiva (carne

y cereales); (ii) sus actividades más importantes eran la producción de hierbas, la fabricación de queso y la

conservación de frutas y verduras (enlatado); y (iii) la producción de vegetales estaba mayoritariamente a cargo de los hombres (siete de cada diez agricultores), mientras el embalaje a cargo de las mujeres. El estudio subrayaba que el sector orgánico de la región sur se integraba por un elevado número de mujeres productoras, y que éstas se definían a sí mismas como “agricultoras”, lo cual es poco frecuente dado que en la producción convencional las mujeres generalmente se autodenominan a sí mismas como “colaboradoras”. El estudio concluye que la agricultura orgánica se presenta como una actividad atractiva para las mujeres rurales porque amplía el espacio de su participación en el manejo y gestión de los factores productivos.

7 Cabe especificar que en los años 1990 no se hacía una clara distinción conceptual entre agricultura orgánica y agroecología, y los marcos normativos (de Europa, Japón y Estados Unidos) presentaban como sinónimos los términos orgánico, biológico y ecológico (Comunicación personal con Hugo Bértola, socio fundador de APODU, julio 2018).

8 El estudio reporta los resultados de entrevistas a 95 productores/as, la mayoría integrantes de APODU.

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Otro estudio referido a las estrategias de APODU y las características de sus integrantes realizado en la zona metropolitana (Montevideo y parte de Canelones) verificaba una presencia igualitaria de hombres y mujeres en la producción orgánica, aunque en los aspectos vinculados a la participación y a la difusión, marcaba que la presencia de mujeres era más reducida. El estudio subrayaba como una de las grandes debilidades de la Asociación la falta de enfoque de género y que, a pesar de la voluntad de alcanzar equidad, no se tomaban acciones para hacerla viable. La realización del estudio, en el que participaron tres integrantes de APODU, entre ellos dos mujeres, puso en evidencia la invisibilidad de la mujer en la organización y se comenzaron a promover algunos mecanismos para empoderarlas (Blum et al. 2005).

En un trabajo llevado a cabo a solicitud de la Federación Internacional de Movimientos en Agricultura orgánica (IFOAM) en el año 2009 sobre agricultura orgánica y empoderamiento, se realizaron algunos estudios de caso tanto del Norte como del Sur. Uno de ellos en Uruguay con el fin de analizar la manera en que la participación en agricultura orgánica y sustentable puede empoderar a las mujeres, y a la vez cómo la participación de las mujeres puede ampliar y profundizar los múltiples objetivos de la agricultura orgánica y sustentable (Farnworth y Hutchings 2009). A través de entrevistas se pudo conocer que entre 1997 y 2005, no hubieron mujeres en el Comité Directivo de APODU y su participación se limitaba a sus Asambleas Generales; sin embargo, en las elecciones previas al estudio, la votación había sido mayoritariamente de mujeres.

Con respecto al empoderamiento de las mujeres, una de las integrantes de APODU en ese entonces señalaba que no había sido planificado expresamente y tampoco existía una definición explícita ni una postura sobre el tema en la organización. Empero, hacía notar que en los tres a cuatro años anteriores, la participación de las mujeres creció en puestos de toma de decisiones. Destacaba que habían dos mujeres y tres hombres en el Comité Directivo y que en las reuniones de la Asamblea Abierta (realizadas una vez al mes o cada dos meses), había alrededor de un cuarto de mujeres participantes. Desde 1994 (año de fundación de APODU) hasta 2002, en la mayoría de las reuniones asistían principalmente hombres y ellos prevalecieron en los puestos de toma de decisiones. A pesar de ello, no hubo ningún reclamo por parte de las mujeres para aumentar su participación. El estudio señala que la evolución de la presencia de las mujeres en la directiva de Asociación fue lenta pero constante.

En 2005, APODU participó de un proyecto denominado Organizaciones sociales de productores agrícolas urbanos y periurbanos: Modelos de gestión y alianzas innovadoras para influir en las políticas públicas, coordinado por el Instituto de Promoción del Desarrollo Sostenible (IPES)-Perú, financiado por la Agencia Internacional Canadiense de Desarrollo (IDRC) con la participación de otras agencias (European Topic Center, ITC, y el Centro de Investigación y Estudios del Desarrollo, Uruguay, CIEDUR). El mismo fue desarrollado en cuatro municipios de América del Sur y tres de Europa. En este proyecto se planteaba específicamente el tema de la equidad entre hombres y mujeres en los siguientes términos: “Otra forma de incorporar la diversidad es fomentar la participación femenina, por dos razones: equidad y realidad. Las mujeres participan activamente en muchas ocasiones de la organización y/o las unidades de producción; sin embargo, no tienen acceso a las instancias de toma de decisiones. Su acceso a estas instancias contribuirá a incluir su visión en la organización como un todo9 . La segunda fase del proyecto, que comprendía a Argentina, Perú y Uruguay, y estaba orientado al procesamiento de tomates, comenzó en 2008 involucrando a doce mujeres y dos hombres. De acuerdo con una de las entrevistadas, este proyecto fue muy significativo en tanto contribuyó a aumentar la autoestima de las mujeres. Otras mujeres expresaron que no se sintieron excluidas ni discriminadas en relación a las posibilidades de participación, sino al contrario, consideraban que los colegas varones las habían apoyado y estimulado a participar en los órganos de decisión.

9 Comunicación personal con personas involucradas en la implementación del proyecto.

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En el año 2005, por iniciativa de la Cooperativa Ecogranjas de la APODU, junto a la Organización de Consumidores Agroecológicos del Uruguay, surge la Ecotienda, la cual aún funciona como un espacio comercial de intercambio directo entre consumidores/as y productores/as ecológicos de diversos productos. Al inicio, la Ecotienda se abastecía de unos 40 productores de Maldonado, San José, Artigas, Canelones y Montevideo (Rel- Uita 2005). Una de las productoras entrevistadas comentaba sobre esa etapa: “Éramos todas mujeres las que trabajábamos ahí. No hubo participación de hombres. También hubo varias productoras. Fue una época muy linda, se trataba de llevar para adelante la venta de los productos de cada uno, se vendía grupalmente, no era ‘eso es mío y eso es tuyo’”. Actualmente ya no hay mujeres que trabajen en la Ecotienda.

Etapa actual

A comienzo del nuevo siglo,APODU promovió la alianza con otras organizaciones sociales,en particular con urbanas para romper con al aislamiento y dar viabilidad a la propuesta de producción ecológica. Para eso fue fundamental el papel de los/as consumidores/as y el fortalecimiento de las organizaciones de productores/ as. Es así que en el año 2005, a instancias de APODU, se funda la Red de Agroecología, organización que reúne a productores/as, consumidores/as, procesadores/as y distribuidores de alimentos, así como a diversas organizaciones sociales e instituciones relacionadas con la agroecología. Esta inicia con tres regionales: (1) Regional Norte, (2) Regional Sur (incluyendo Montevideo y Canelones), y (3) Regional Oeste (Colonia y San José). La estructura se consolida en el 2005 al 2006, al tiempo que se crea el Programa de Certificación Participativa 10 . En los años subsiguientes se modifica parcialmente la organización interna, hasta que en el 2017 la Red pasa a tener siete regionales: (1) Oeste, (2) San José, (3) Sur- Sur, (4) Sauce Santoral, (5) Toronjil, (6) Minas y (7) Rocha. Cada regional es autónoma, tanto en el funcionamiento como en el manejo de los fondos, y cuenta con una secretaría y un órgano coordinador integrado por dos o tres productores. Las regionales se reúnen en forma bimensual a través de plenarios en una coordinación nacional. En esos dos meses también se convoca a la Comisión Directiva, generándose así un flujo de información continuo entre los órganos de coordinación y dirección.

La Red ha tenido importantes cambios desde 2013 al 2018, triplicando la cantidad de integrantes que participan. El número de integrantes en cada regional varía y depende del lugar donde opere. Generalmente participan productores/as certificados y no certificados, consumidores/as, técnicos/as y organizaciones tales como la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL) y la Asociación Barrial de Consumo (ASOBACO).

De acuerdo con una de las entrevistadas, en las regionales Oeste, Toronjil, San José y Sur, la participación de las mujeres en los plenarios regionales es alta, mientras que en la Regional Santoral se da una participación predominantemente masculina, aunque en algunas actividades se está intentando convocar especialmente a las mujeres. De todos modos, más que desarrollar acciones específicas para mujeres, se ha priorizado la participación de la familia. Una de las entrevistadas señalaba: “Creo que desde la Fundación de la Red de Agroecología lo fundamental ha sido la participación de la familia como tal, y no de lo que se denomina ‘el productor’ como sujeto individual”.

La participación de las mujeres en órganos de decisión y gestión de la institución ha aumentado desde la creación de la Red, de tal manera que las secretarias regionales, la coordinación de la Secretaría Técnica

10 Los detalles sobre este Programa se encuentran en http://redagroecologia.uy/certificacion/

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Regional y Nacional, así como la mayor parte de los asesores técnicos en la Red son cargos ejercidos por mujeres. Los técnicos no son permanentes, sino que se vinculan por proyectos que en general tienen una duración de dos

a tres años. Como mencionaba una entrevistada: “Se nota un mayor crecimiento de las mujeres. La participación de las mujeres es a la par que el hombre, en los plenarios son más visibles”.

En el año 2016, cinco mujeres de la Red de Agroecología participaron en un encuentro sobre Sistemas Participativos de Garantía y Mujeres, en Torres, Brasil. Según una de ellas “ese encuentro nos ayudó a mirar más a la Red, había cosas a las cuales no prestábamos atención. Existen muchas necesidades que no las habíamos captado hasta ese momento”. A partir del encuentro se convocó a un grupo de avicultoras a presentarse a un proyecto, en el entendido que la avicultura es un rubro que —al igual que la cría de otros pequeños animales— está mayoritariamente a cargo de mujeres. Comenzó siendo un pequeño núcleo y luego se fue ampliando hasta treinta. Esa experiencia despertó mucho entusiasmo y aunque el proyecto no fue aprobado, se conformó un grupo mixto de trabajo en avicultura y se visualizó que existía la necesidad de apoyarse entre mujeres.

De esta forma, se planteó la realización de encuentros mensuales de diferentes regionales para elaborar algunos contenidos en preparación a un encuentro nacional de mujeres de la Red de Agroecología en el año 2018. Se considera que el proceso debe ser paulatino especialmente entre los miembros varones, ya que muchos provienen de una producción convencional, y en general aun aquéllos que son agroecológicos desde hace más tiempo, no escapan a la estructura familiar típica donde predomina una marcada división sexual del trabajo. Se plantea que las necesidades y demandas surjan de las propias productoras, técnicas y consumidoras en torno a tres ejes: ¿cómo queremos trabajar?, ¿cómo nos queremos encontrarnos? y ¿hacia dónde vamos a caminar?.

Desde la coordinación de la Red se reconoce que si bien existen grupos de mujeres que han tenido una trayectoria de más de 20 años, como es la cooperativa CALMAÑANA 11 , se manifiesta que aún no existe un trabajo colectivo. A partir del planteo de los encuentros mensuales se aspira a avanzar en ese sentido. Una de las entrevistadas manifiesta: “En la Red nunca hablamos sobre este tema [de la participación femenina]. Somos pocas las que vamos. No estaría mal buscar algo en común, una actividad bien concreta. A partir de hacer un trabajo en conjunto pueden surgir cosas nuevas, a través de plantear problemas en común”. Si bien la búsqueda del empoderamiento de las mujeres no es un objetivo específico, se han realizado algunas acciones para promover su participación, por ejemplo, tener en cuenta los días y horarios escolares al organizar reuniones, de manera que no interfieran con el tiempo dedicado a la familia.

Como se mencionó anteriormente, otros espacios en que las mujeres participaban y continúan participando, aunque con altibajos, son los vinculados con la producción y comercialización de los productos. A fines de la década de los 90 surgen dos cooperativas de productores: CAELSUR en Montevideo y CAELCO en Colonia. A través de CAELSUR (actualmente ya no existe) comenzaron los repartos a domicilio de canastas de productos orgánicos. Según la entrevistada, la participación era más o menos mitad mujeres y mitad hombres,

y cada uno tenía su propia tarea en la cadena de las canastas: unos/as se encargaban de hacer los pedidos, otros/ as de armarlos o de la parte administrativa.

Otro ámbito de participación para las mujeres es la Feria del Parque Rodó en Montevideo que tiene lugar los domingos. Fue fundada en el año 1994 y luego de una etapa de decaimiento, se realizó un relanzamiento en el año 2003. Se planteó hacer un reglamento y una reorganización sobre participantes, hora de llegada, qué

11 Cooperativa de mujeres productoras de hierbas aromáticas y medicinales del departamento de Canelones.

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productos se venderían, entre otros temas. Actualmente cuenta con nueve puestos donde se venden productos orgánicos y varios de ellos son atendidos por mujeres.

Otra forma de comercialización de productos agroecológicos se da a través de grupos de agricultores/ as que gestionan su manejo y venta. En ese ámbito, como señalaba una entrevistada “muchas veces es la mujer que se dedica al tema comercialización y la parte administrativa, y el hombre a la producción, a la planificación de la quinta”. Otra entrevistada relató las dificultades que tuvo para conformar un puesto de venta en una feria de un balneario de la costa de Canelones: “Pedimos puesto, pero costó mucho conseguirlo. Tuvimos que insistir con el alcalde [y] en la dirección de Desarrollo Rural. Venia la orden y después la administrativa decía que no sabía nada, y vuelta a empezar. Finalmente, la técnica de Desarrollo Rural resolvió la asignación en la feria. Empezamos el 24 de diciembre 2016. Nos dieron el puesto en la zona de artesanos, no donde están las frutas y verduras. Estamos en una zona periférica, no nos dieron prioridad”. Actualmente, las tres integrantes que conforman el grupo indicado en el testimonio han ganado la confianza de los clientes y, a pesar de estar ubicadas en una zona periférica, han logrado mantenerse y consolidarse como puesto de venta: “Con nuestra inserción en la feria nos ha dado mayor visibilidad a las mujeres. Antes todo se hacía a través del hombre. Cambió la participación y hoy la comercialización la mayoría la hacen las mujeres, está más visible, hay mayor protagonismo de las mujeres”.

En cuanto a las relaciones con otras instituciones, previo a la década del 2010, eran los hombres que tendían a estar más involucrados en negociaciones políticas con organismos gubernamentales. Por ejemplo, las negociaciones con el Ministerio de Agricultura sobre el marco normativo para el Sistema de Certificación Participativo llevaron aproximadamente un año y fueron realizadas por algunos miembros hombres del Comité Directivo.

Barreras al empoderamiento

Una de las limitaciones en la participación y empoderamiento de las mujeres identificada por una de las entrevistadas es la existencia de pautas culturales que tienden a mantener a las mujeres en un lugar secundario frente a los hombres, y que inclusive en algunos casos lleva a las propias mujeres a colocarse en ese lugar. En palabras de una de las entrevistadas “En algunos casos las mujeres piensan que no pueden contribuir y se auto-excluyen de participar en algunas actividades específicas. Dicen ‘no soy capaz de hacer esto; no sé nada de aquello’”. Esta situación denota la debilidad de “poder desde dentro”.

Las dificultades que se presentan para poder salir de la casa limitan tanto a hombres como a mujeres, pero dado que son las mujeres las que en general quedan a cargo del cuidado de los/as hijos/as y de las tareas domésticas, inciden más sobre ellas. Una indica: “Yo veo en el grupo de mujeres nuestro la necesidad básica de salir desde su chacra, o desde su lugar físico. La gente acá está bastante limitada, casi nunca llegan a acceder a [alguna actividad] cultural. Puede ser por razones económicas o porque la ciudad está un poco alejada, aunque [en realidad] está cerca. La gente queda muy aislada”.

Finalmente, según las entrevistadas, los riesgos que impiden el desarrollo y la implementación de una agenda de empoderamiento de las mujeres son aquellos que afectan a la agricultura familiar en general. Existe poco apoyo técnico y financiero, entre otros, para los/as agricultores/as familiares y específicamente para la agroecología, la cual no es una prioridad para el gobierno nacional. Por lo tanto, las mujeres agricultoras son tan vulnerables como el resto de la agricultura familiar y de pequeña escala.

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Consideraciones finales

La importancia de lograr el empoderamiento de las mujeres fue resaltada tanto en 1985 como en 1995 en las Conferencias Mundiales sobre las Mujeres. Diversas autoras consideran que el modelo agroecológico, en particular, puede mejorar la condición de las mujeres y empoderarlas, en la medida que se adopte un abordaje feminista. Sin embargo, a partir de estudios de caso en distintos países, es posible constatar que, si bien la agroecología puede fortalecer la autonomía de las mujeres, también puede presentar limitaciones en particular porque el contexto donde se la lleva a cabo sigue influido por las relaciones de género tradicionales.

En el correr de los últimos diez años, a pesar que el movimiento agroecológico en Uruguay se ha expandido lentamente, ha adquirido mayor visibilidad a través de la organización de productores/as, consumidores/as e instituciones en colectivos regionales que conforman la Red de Agroecología. A partir de la información recogida, se vislumbra que en los últimos años existe una mayor participación de mujeres en los organismos de decisión y gestión de la Red. Más que ser el resultado de acciones específicas, según los testimonios compartidos, este proceso es una de las consecuencias del involucramiento de las mujeres en los emprendimientos agroecológicos.

Retomando las categorías de poder de Jo Rowlands (1997), claramente están presentes el “poder desde dentro” y “el poder para” en las mujeres entrevistadas. Esto porque reconocen su propia capacidad gestora y la de otras mujeres de tomar iniciativa, y de asumir roles de liderazgo y de coordinación dentro de los espacios de toma de decisiones, también de generación de propuestas y de realización de proyectos. Asimismo, en la medida que llevan adelante sus emprendimientos y proyectos en forma colectiva —ya sea con otras mujeres o en grupos mixtos con hombres— el “poder con” también está presente.

La estructura de carácter horizontal de la Red es un elemento que contribuye sin duda a generar condiciones de mayor equidad de género, y a otorgar mayor visibilidad a las mujeres en comparación con los sistemas más convencionales de producción. No obstante, como reconocen las propias entrevistadas, es posible avanzar en la convocatoria de construcción de espacios específicos de análisis y de propuestas por parte de las mujeres para canalizar inquietudes y de-construir los roles tradicionales que asumen, tanto en el ámbito doméstico como en los espacios de acción colectiva. Sin duda, es necesario profundizar en el análisis de las relaciones de poder intra-familiares, el acceso a los recursos, la división del trabajo, la forma en que se toman las decisiones y se canalizan las necesidades de los integrantes hombres y mujeres, entre otros temas. Ello contribuirá a alcanzar una percepción más cabal sobre la manera en que la producción agroecológica y el empoderamiento de las mujeres se interconectan y retroalimentan, y con base a ello, a identificar los ámbitos en que se continúan reproduciendo las relaciones de inequidad y subordinación con fines de su transformación.

Agradecimientos

La autora agradece a los integrantes de la Red de Agroecología que gentilmente brindaron su apoyo e información para llevar adelante este estudio.

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Parte II Nuestras experiencias locales

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Transformaciones productivas e incursión femenina en la apicultura comercial en San Francisco Suc Tuc, Hopelchén, Campeche, México

Esteban Martínez Vásquez 1; Verónica Vázquez García 2; Luciana Porter-Bolland 3; Esteban Valtierra Pacheco 4; Dolores Molina Rosales 5; Fernando Manzo-Ramos 6

Introducción

La milpa es un sistema de producción mesoamericano que interactúa con otros agroecosistemas más amplios, tales como la selva, de la cual depende por ser su fuente de humedad y fertilidad bajo el sistema tradicional de roza, tumba y quema. En México, la milpa es el sistema más importante para la producción de alimentos y otros bienes de consumo (forraje, medicina, combustible, material de construcción) ya que se caracteriza por su alta diversidad de especies y variedades, asociación de cultivares y convivencia con plantas y árboles silvestres de interés ecológico, económico o simbólico. En la península de Yucatán, el agroecosistema

milpa llega a registrar hasta 50 especies y variedades de plantas adaptadas a las condiciones edáficas, climáticas

y ecológicas locales (Terán et al. 1998; Toledo et al. 2007), destacando la triada maíz–frijol–calabaza (Linares y Bye 2011). Este sistema de manejo ha estado históricamente asociado, desde tiempos prehispánicos, con la cría

y aprovechamiento de la peculiar abeja nativa sin aguijón xunan kab o melipona (Melipona beecheii). A lo largo

del tiempo se desarrollaron ingeniosas estrategias para tener a las abejas cerca de los hogares o terrenos agrícolas, aprovechando la biodiversidad de la selva y de los agroecosistemas (Güemes et al. 2003).

1 Doctorante, Colegio de Postgraduados, México. Email: martinezveste@gmail.com

2 Autora de correspondencia. Profesora Investigadora Titular, Colegio de Postgraduados, México. Email: vvazquez@colpos.mx

3 Investigadora Titular A, Instituto de Ecología, A.C, México. Email: luciana.porter@inecol.mx

4 Profesor Investigador Adjunto, Colegio de Postgraduados, México. Email: evaltier@colpos.mx

5 Investigadora de El Colegio de la Frontera Sur, México. Email: dmolina@ecosur.mx

6 Profesor Investigador Titular, Colegio de Postgraduados, México. Email: fmanzo@colpos.mx

* Miembro del Grupo de Trabajo Mujeres, Agroecología y Economía Solidaria del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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Las políticas de modernización agrícola impulsadas desde la segunda mitad del siglo XX promovieron la adopción de tecnologías industriales y la disminución de la importancia de la milpa. Asimismo, la abeja europea (Apis mellifera) se introdujo en la Península de Yucatán a principios del siglo XX (Calkins 1975). En este contexto, los programas gubernamentales se fueron orientando a fortalecer la apicultura comercial (Batllori 2012; Negrín 2016), la cual se ha convertido en una actividad económica importante para los mayas (López 2014). Como resultado, la cría de abejas meliponas se vio afectada por la competencia con la europea y otros factores (huracanes, deforestación, incendios y el uso de agroquímicos) (Villanueva et al. 2013). Estos cambios condujeron a la reconfiguración del sistema productivo, incluyendo la división genérica del trabajo implicada en el cuidado de la milpa y la producción de miel.

El presente capítulo analiza desde la agroecología feminista estas reconfiguraciones, así como la incursión reciente de las mujeres en la actividad apícola comercial. Se argumenta que dicha incursión responde a tres factores:

(1) el desplazamiento de las mujeres de la milpa con el impulso de la mecanización; (2) su experiencia previa en el manejo de la abeja melipona; y (3) su búsqueda de ingresos propios para posicionarse económica y socialmente en sus hogares y comunidades. Sin embargo, las mujeres enfrentan varias dificultades para mantenerse en la actividad apícola, entre las cuales se encuentran: (i) la falta de acceso a terrenos propios y adecuados para las colmenas; y (ii) su doble jornada de trabajo junto con la falta de acceso a la mano de obra de apoyo. Estos factores restringen el crecimiento económico de sus apiarios y es necesario atenderlos para promover la equidad de género en las muchas comunidades mayas donde la actividad apícola es la fuente de ingresos más importante.

Propuesta conceptual: la agroecología feminista

Para entender la complejidad de las adaptaciones campesinas a los cambios promovidos por el capital y el Estado es necesario contar con un enfoque capaz de analizar las relaciones entre distintos actores sociales inter-relacionados en diferentes niveles (local, nacional, global; públicos y privados) y espacios productivos. Para ello proponemos a la “agroecología feminista”, cuyos componentes analizamos en esta sección.

El término agroecología originalmente fue utilizado para explicar la aplicación de métodos ecológicos a la agricultura (Wezel et al. 2009). En los años setenta el concepto de agroecosistema permitió visualizar a la unidad de producción agrícola como un sistema complejo, moldeado por factores socioculturales (Janzen 1973). Por su lado, la producción campesina de subsistencia fue caracterizada como un agroecosistema que reproduce en estructura y funcionamiento a los ecosistemas naturales (Hernández 2013). Esta visión contrasta con procesos de modernización agrícola cuya finalidad es el incremento de rendimientos a partir de monocultivos con variedades comerciales genéticamente mejoradas o modificadas, la mecanización, y la aplicación de paquetes de agroquímicos (Altieri 1999).

Recientemente la agroecología ha sido clasificada en tres vertientes: disciplina científica, movimiento social y práctica alternativa de producción ante la Revolución Verde y la agricultura industrial (Altieri 2015; Wezel et al. 2009). En estas tres vertientes, la agroecología ha arropado demandas de distintos sectores de la sociedad: ecologistas, indígenas, campesinos/as y mujeres (Sevilla 2011; Siliprandi 2014; Wezel et al. 2009). Las demandas de estas últimas surgieron del reconocimiento de que el impacto de la modernización agrícola ha sido distinto para hombres y mujeres (Agarwal 2004; Leach et al. 2004; Rocheleau et al. 2004). La incursión de las mujeres en la agroecología amplió los abordajes teóricos y temas de interés para incluir saberes femeninos sobre prácticas agrícolas sustentables. Se han hecho varios llamados para aumentar la presencia de las mujeres en espacios de producción científica, así como para abanderar sus derechos al interior de movimientos campesinos.

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Ello porque las mujeres rurales, especialmente, enfrentan opresión y falta de acceso a recursos para el desarrollo de sus actividades productivas, además de tener una doble jornada de trabajo debido a su carga doméstica (Lima 2017). Al día de hoy se sigue insistiendo en la necesidad de visibilizar el papel no reconocido de las mujeres en la producción de alimentos y la soberanía alimentaria, y en la importancia de atender la desigualdad de género (García y Soler 2010).

La teoría de género también se ha ido transformando para adoptar las demandas de las mujeres campesinas. Temas como las valoraciones del trabajo productivo y reproductivo, y el acceso a la toma de decisiones y a recursos de diversa índole (políticos, naturales, productivos) se fueron incorporando a la agenda feminista, ampliando así las voces que conforman al movimiento. En México se habla ya de ello en distintas vertientes, incluyendo al popular, campesino e indígena, debido al carácter distinto de las demandas originadas desde cada realidad (Espinosa 2009).

Conceptos como el de “masculinidad hegemónica”, desarrollado desde la teoría feminista, han ayudado

a entender las transformaciones de los roles de género en el campo. El hombre que cumple con los preceptos de

la masculinidad hegemónica es aquel cuya pareja no tiene que salir de casa para “trabajar” y actúa como “ama de casa”, situación que es vista por los varones como un signo de progreso (Vázquez 2008; 2014). Esto sucede en un contexto en el que la modernización del campo para hacerlo más “productivo” generalmente viene asociado con

su masculinización. El hombre es considerado de facto el “jefe de familia”, por ende, “el productor” que recibe los apoyos gubernamentales disponibles para incrementar rendimientos e ingresos agrícolas (Boserup 1970; Porto

y Mazariegos 1991; Magalhães 2009). Por el contrario, las mujeres no son reconocidas como productoras de

alimentos y tienen mayores dificultades para acceder a espacios, insumos y créditos (León 2008; Dorrego 2015).

Un concepto comúnmente utilizado en la agronomía es la unidad económica familiar, entendida como el grupo de personas que comparten la vivienda y por ende, la dinámica cotidiana de la sobrevivencia. Este capítulo propone reemplazarlo con “grupo doméstico” (GD), concebido como una estructura social destinada a la (re) producción, que puede tener o no vínculos familiares, y que cuando los hay, suelen ser mucho más complejos que la familia nuclear formada por una pareja heterosexual y sus vástagos. El lente feminista busca desmenuzar los componentes del GD reconociendo que sus integrantes tienen diferentes preferencias, intereses y acceso a recursos. En este trabajo sugerimos entenderlo más bien como un espacio donde se reproducen relaciones de poder marcadas por diferencias de género (Agarwal 1999; Nazar y Zapata 2000). Por ejemplo, al interior del GD hay un acceso diferenciado a la propiedad (Vázquez 2016), al trabajo, a la toma de decisiones, a los apoyos del Estado. Los hombres “jefes de familia” acceden más fácilmente a la fuerza de trabajo de otros integrantes del GD, mientras que las mujeres “amas de casa” enfrentan mayores dificultades y deben ingeniárselas para sacar adelante sus empresas productivas (Vázquez 2008; 2014).

Con los análisis a continuación, pretendemos demostrar la importancia de analizar la pequeña producción campesina desde este enfoque para abonar a uno de los temas más importantes de la agroecología feminista que es la comprensión de las desigualdades de género en la producción, distribución y consumo de alimentos.

Estrategia metodológica

El estudio empleó una metodología mixta para comprender, a partir de información cualitativa y cuantitativa, las diferencias en el acceso a recursos, trabajo y apoyos del Estado entre mujeres y hombres. El

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trabajo fue realizado en San Francisco Suc Tuc (en adelante Suc Tuc), uno de los ejidos 7 del municipio de Hopelchén, Campeche, ubicado en el sureste mexicano (Figura 1). El municipio cuenta con una población de algo más de 40 mil habitantes (50.8% hombres y 49.2% mujeres), la mayoría de los cuales (73.9%) se considera indígena. El 38.8% de personas mayores de tres años hablan alguna lengua diferente al español, principalmente maya (INEGI 2016a). En entrevistas realizadas en fases iniciales del trabajo de campo se identificó a Suc Tuc como uno de los ejidos con mayores problemas de deforestación, pérdida de vegetación original, uso de agroquímicos y competencia por la tierra para el cuidado de los apiarios.

y competencia por la tierra para el cuidado de los apiarios. Figura 1 . Localización de

Figura 1. Localización de la zona de estudio.

Fuente: Elaborado por Esteban Martínez Vásquez con base a INEGI (2016b).

Para obtener información,inicialmente se hicieron entrevistas y recorridos exploratorios.Posteriormente se realizaron los trámites correspondientes para obtener el padrón completo de apicultoras y apicultores del

ejido, el cual fue proporcionado por personal de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca

y Alimentación (SAGARPA). A partir de este padrón se aplicó un cuestionario a 22 hombres y 18 mujeres

registrado/as en el padrón, cuya suma representa el 38% del total de apicultores/as del ejido. En un afán por

visibilizar la incipiente participación femenina en una actividad tradicionalmente masculina, se hizo un esfuerzo especial por incluir a mujeres en la muestra. De manera que los 22 hombres constituyen 26% del total masculino

y

las 18 mujeres conforman el 100% de las apicultoras registradas. El número total de cuestionarios persigue

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La Constitución de 1917 surgida de la Revolución Mexicana reconoce dos formas de propiedad social en el campo: el ejido y la comunidad agraria. Los primeros se constituyen mediante dotaciones presidenciales, mientras que las segundas responden al reconocimiento gubernamental de posesión de tierras por parte de pueblos originarios desde antes de la llegada de los españoles. Hay muchos más ejidos que comunidades agrarias en el país, porque la dotación presidencial permite mayor control estatal sobre las sociedades campesinas. Aun así, el ejido como colectivo tiene bastante autonomía en el sentido de que debe gobernarse mediante autoridades electas, que se renuevan cada cierto tiempo, y el mayor órgano de toma de decisiones es la Asamblea Ejidal donde tiene representación un integrante de cada familia con derechos agrarios, generalmente de sexo masculino.

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fines comparativos, por lo que se intentó tener números similares de ambos sexos. La comparación se enfocó en las relaciones de género involucradas en la producción de maíz (mediante el sistema milpa y el mecanizado) y miel en un contexto de drásticas transformaciones productivas del sector agropecuario.

El cuestionario estuvo compuesto por 40 preguntas cerradas y 18 abiertas. Se enfocó en: (i) la