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LA PROFECÍA POSTEXÍLICA

El fenómeno profético ha sido muy analógico ya que en cada tiempo revistió


formas diferentes. El discernimiento entre falsos y verdaderos profetas fue una
preocupación importante en la tradición bíblica. En la etapa preexílica, por ejemplo, se
constata la existencia simultánea de los profetas del rey y la corte, con la de aquellos que
se constituían en una instancia crítica de la monarquía. Los profetas del rey eran capaces
de utilizar el nombre de YHWH para legitimar el sistema monárquico. Invocaban el “día
de YHWH” como día de luz, en que YHWH vendría a defender al rey contra los enemigos
de la nación. Pero eran replicados por los otros profetas (cf. Am. 5,18.20). Éstos,
identificados con las aspiraciones y los derechos de los pobres, criticaban al rey, a quien, en
nombre del mismo YHWH, le exigían llevar a cabo el compromiso asumido en la Alianza.
Estos profetas también invocaban el “día de YHWH”, pero como día de juicio, en que
YHWH vendría a hacer justicia. Por eso, gritaban: “¿día de YHWH, día de luz? Será un
día de tinieblas para todos ustedes” (Am. 5,20; cf. Sof. 1,15; Jer. 4,23-24).
Pero también dentro de la profecía que, más tarde, será reconocida como
“verdadera”, pueden observarse etapas diversas. Las mismas no sólo responden al
desarrollo cronológico, sino que refejan modalidades y formas distintas de la actividad
profética. Cierto es que la palabra profética está orientada fundamentalmente al presente
de la comunidad; sin embargo, ese mismo contexto dispone a esa profecía, tanto en sus
contenidos como en sus “formas”.

1. LAS ETAPAS ANTERIORES.

Como en los países vecinos, se encuentran muy pronto en Israel algunas personas
capacitadas para transmitir las decisiones o las intenciones divinas. Se trata del rô’eh o jôzè
(“vidente” o “visionario”) que al mismo tiempo son muchas veces intercesores.
Junto a estos fenómenos, los textos más antiguos hablan de un profetismo colectivo
que parece heredado de la religión cananea. Estos nebî’îm forman cofradías vinculadas con
algún santuario y pronuncian oráculos a partir de movimientos extáticos (cf. I Sam. 10,5-6).
Este profetismo arcaico estuvo marcado por algunas grandes figuras, cuya función exacta es
difícil de discernir, ya que los textos los presentan con ciertos rasgos que son del profetismo
clásico1. Con el advenimiento de la monarquía, cierto profetismo quedará vinculado al poder
oficial y estará a su servicio (cf. Jer. 23,1-40; 28,1-17).
El fenómeno del profetismo convencionalmente llamado “clásico” se presenta a
mediados del siglo VIII a. C. Este se inicia con un grupo de profetas identificados como de
juicio y de conversión2: Amós, Oseas, Isaías y Miqueas. Esta profecía se comprende si se
tiene en cuenta la historia que la precede. Se debe ver la profecía de juicio en una relación
estrecha con las tradiciones de los comienzos de Israel, su liberación de la esclavitud egipcia y
la marcha guiada por YHWH a través del desierto. Estos actos salvadores de YHWH
justifican la existencia de Israel. Los profetas clásicos aparecen en la historia porque la
apostasía de Israel constituye un peligro inmediato para su existencia como pueblo. Su
1
Por ejemplo, SAMUEL (I Sam. 9,6.12-13; 10,1); NATÁN (II Sam. 7,1-17; 12,24-25; I Re.
1,5-40); tal vez en el nivel de las tradiciones más antiguas, ELÍAS (I Re. 18,41-45; 21,19b; II Re.
1,4); finalmente ELISEO (II Re. 4,1-6,7).
2
No es reconocido unánimemente que los profetas del siglo VIII a. C. incluyan en su
predicación la exigencia de una conversión como posibilidad real de recomponer las relaciones con
YHWH, cf. H. W. WOLFF, “Das Thema ‘Umkehr’ in den altestamentlichen Prophetie”, ZTK 48
(1951) pp. 129-148.

1
acusación y su anuncio de juicio conciernen a la existencia de Israel. El Dios Salvador es
ahora el Dios Juez: el juicio anunciado por los profetas es la prolongación de la acción
salvadora de YHWH sobre su pueblo.
La catástrofe del año 587 a. C. sumergió a Israel en una profunda crisis en su fe. El
Templo era considerado como el lugar santo por excelencia, donde la presencia de YHWH se
manifestaba de una manera específica, particularmente después de la reforma de Josías.
Franquear sus puertas era uno de los mayores privilegios, y el hecho de su presencia
constituía la garantía indiscutible de la salvación de Judá. Ya Jeremías y Ezequiel habían
denunciado la falsa confianza en el dogma de la elección de Jerusalén por parte de YHWH,
como lugar de su presencia y, por lo tanto, imposible de ser destruida (Jer. 7,4-11; Ez. 24,1-
14). La teología oficial no pudo dar una explicación satisfactoria a lo ocurrido. Cuando el
resto de Israel estaba dividido entre la esperanza y el escepticismo, la palabra de YHWH
retumbó en las juderías de Babilonia, por medio de un profeta anónimo que vivía entre sus
hermanos en el exilio: el “Segundo Isaías” (cf. Is. 40-55). A los que atravesaban una profunda
crisis de fe, proclamó el consuelo para Israel, mediante una nueva intervención libertadora de
YHWH en su historia.

2. CONTEXTO DE LA PROFECÍA POSTEXÍLICA

2.a. La expansión persa.

El imperio persa realiza su gran expansión guiado por Ciro (539-529 a. C.) 3.
Estratégicamente fue rodeando a Babilonia a través de sus sucesivas conquistas, para luego
derrotarla con muy poco esfuerzo. Se presenta en Babilonia como “elegido de Marduk”; en
Ur como “enviado de Sir” (el dios de la luna) y ante los judíos como ejecutor de las órdenes
de YHWH4.
Muerto Ciro, luego de grandes disturbios que amenazaban con la terminación del
imperio, su hijo Cambises (529-522 a. C.) lo sucede en el trono. Su recuerdo está ligado a la
dominación persa sobre Egipto. Su sucesor, Dario I, ha tenido que poner todos sus esfuerzos
para consolidar la dominación. Luego del año 520 a. C., su posición se fue afirmando y poco
a poco, después de otras conquistas importantes, dividió a su imperio en satrapías (especie de
provincias administrativas), lo que trajo un período de estabilidad. Gobernó hasta el año 486
a. C. Es precisamente en la etapa previa a la asunción de Darío al trono donde se inscribe la
profecía de Ageo quien visualiza una posibilidad de independencia que luego no se dio.
Noticias de revueltas en la parte oriental del imperio con ecos en Egipto, alentaban esta
esperanza5. Ya en el siglo V a. C., luego de la muerte de Darío I, accede al trono su hijo Jerjes
(486-465 a. C.). Su proyecto era extender el imperio por toda Europa. Las sucesivas derrotas
en esta empresa hizo que el prestigio y la consolidación del poder se fueran perdiendo.
Durante este período los judíos volvieron a reflotar las esperanzas de reconstrucción del
reino. No existen datos ciertos, pero algunos investigadores piensan que en torno a este
3
Para todo lo que se refiere a esta época, véase A. T. OLMSTEAD, History of the Persian
Empire, Chicago 1948; P. R. ACKROYD , Israel under Babylon and Persia, Oxford 1979; W. D.
DAVIES - L. FINKELSTEIN, “The Persian Period”, The Cambridge History of Judaism I, Cambridge
1984; J. M. SÁNCHEZ CARO, “Esdras, Nehemías y los orígenes del judaísmo”, Salmanticensis 32
(1985) pp. 5-34.
4
“Ciro no pretende lograr la unificación de su imperio mediante la unidad de la religión o
la devoción para su dios protector.” H. CAZELLES, Historia política de Israel, Madrid 1984, p.
209.
5
J. BRIGHT, La historia de Israel, Bilbao 19705, pp. 387-388.

2
período ocurrió una revuelta en Jerusalén que provocó una nueva destrucción cerca del año
485 a. C.6
Los persas gobernaron Siria y Palestina durante más de dos siglos. Ciro y sus
sucesores procuraron gobernar y conservar el imperio de forma distinta a la de los asirios y
babilonios, no eliminando los antiguos ordenamientos nacionales ni intercambiando
poblaciones nativas; mas bien conservando y restableciendo las estructuras administrativas de
cada pueblo dominado. Especial atención se dedicó a las normas de culto y a los santuarios
nacionales. Es en este marco donde hay que colocar la política de repatriación de exilados.
Esta le permitía a los persas tener vasallos agradecidos al imperio y significaba un menor
costo económico dentro del mismo. El control se ejercía, por un lado, mediante una compleja
burocracia, de la cual la mayor parte de sus altos empleados eran persas o medos y, donde
pudieron, confiaron la responsabilidad a personajes nativos. Además se disponía del ejército y
de un eficaz sistema de comunicaciones. Por último, se cobraba el tributo que fluía desde los
pueblos dominados hasta la capital persa. Al permitir a los judíos volver a Palestina, al ayudar
a restablecer allí su culto ancestral y al confiar el proyecto a un miembro de la casa real, Ciro
actuaba estrictamente de acuerdo con su política.

2.b. Situación en Judea.

Aunque conocemos pocos detalles de los primeros años después del retorno de la
cautividad, es evidente que la situación fue muy desalentadora. “El retorno de los
exiliados” fue un hecho más complejo y plural de lo que describen II Cró. 36,22-23 y Esd.
1,1-4, que crean la impresión de que la vuelta fue un suceso inmediato, global y unificado 7.
En verdad, fue el tiempo “de los modestos comienzos” (cf. Zac. 4,10). El esplendente
cuadro del nuevo éxodo triunfal y del establecimiento del gobierno universal del Señor en
Sión no guardaba ningún parecido con la realidad.
De hecho la nueva comunidad no era, en modo alguno, el Israel reavivado y
purificado del ideal profético. Pueden enumerase algunas de las características de esta
comunidad:

1) La comunidad fue muy pequeña. Probablemente menos de la mitad de la


población que tenía Judá antes del 587 a. C.8.
2) Los recién llegados tuvieron que enfrentarse con años de privación e
inseguridad. En concreto, fueron perjudicados por una serie de estaciones pobres y faltas
parciales de cosecha (cf. Ag. 1,9-11; 2,15-17), que dejó a muchos de ellos desamparados.
Según el “tercer Isaías”, algunos supieron como convertir en ganancia propia el infortunio
ajeno, al tiempo que cubrían su dureza de corazón tras la fachada de piedad (cf. 58,1-12;
59,1-8). El diagnóstico y el reproche que aparecen en Neh. 5,1-18 resulta muy elocuente
para comprender la situación interna de injusticia.
3) La comunidad estaba dividida por proyectos diferentes. Los judíos
residentes en el país no dieron siempre la bienvenida con entusiasmo a los distintos grupos
de repatriados. Seguían considerando a la tierra como suya y no estaban dispuestos a
compartirla con los exiliados. Por su parte, los que llegaban no deseaban mezclarse con los
que quedaron en el país, dado el ideal de pureza que profesaban.

6
R. PIETROANTONIO, Itinerario bíblico I, Buenos Aires 1985, pp. 157-158.
7
Para este punto, véase J. BRIGHT, La historia de Israel, Bilbao 19705, pp. 383-387; J.
S. CROATTO, Isaías 1-39, Buenos Aires 1989, pp. 24-28.
8
Los repatriados se establecieron en una Judea pequeña y pobre; entre Gabaón y Bet-sur.

3
4) Los vecinos samaritanos, especialmente su aristocracia, que había
considerado a Judá como parte de su territorio, no aceptaban que se pusiera límite a sus
prerrogativas y eran abiertamente hostiles
5) Junto con el control administrativo que ejercía el imperio, éste se aseguraba
la recaudación de tributos de los pueblos dominados. Datos como los de Esd. 4,14; 6,4.8;
7,20-22 y Neh. 2,8 hablan de la concentración de dinero y de las posibilidades económicas
del imperio.

Junto a esta realidad histórica, o mejor, a partir de ella, se gesta en la comunidad


una experiencia teológico-espiritual que también testimonian los datos bíblicos. Nos
referimos a la experiencia de los pobres de YHWH. Ellos son los que descubren que valen
para Dios. Sufren penurias, no son soberbios y se abren al Señor ya que Él está también
“con el humillado y abatido de espíritu, para reavivar los espíritus abatidos, para
reavivar el ánimo de los humillados” (Is. 57,15). Los salmos recogerán abundantemente
esta realidad espiritual (cf. Sal. 18,28; 69,30; 74,19.21; 76,10; 86,1s.; 132,15)9.
No fue sorprendente, entonces, que la obra del Templo se detuviese apenas
comenzada. La comunidad, preocupada con la lucha por la existencia no tenía recursos ni
energías para continuar este proyecto, que contaba con el apoyo de los persas 10 pero que,
a su vez, guardaba una gran significación para la comunidad. En todo caso, dieciocho años
después de comenzadas las obras, no se había pasado de los cimientos; en realidad se
habían paralizado por completo. La mayor parte de la población parecía sentir que los
tiempos no eran propicios para emprender algo. Un párrafo de la oración de Nehemías
puede resumir esta situación: “Mira que hoy estamos esclavizados, sí, somos esclavos
aquí, en el país que diste a nuestros padres, para que gozáramos de sus frutos y de sus
bienes. Sus abundantes productos son para los reyes que tú nos has impuesto a causa de
nuestros pecados, y ellos disponen a su arbitrio de nuestras personas y nuestro ganado.
¡En qué opresión hemos caído!” (Neh. 9,36-37).
Las actitudes y posturas frente a la nueva realidad eran diferentes. Por un lado, los
que habían retornado trajeron una mentalidad que podría identificarse como “exclusivista”.
El hecho de que los exiliados se considerasen a sí mismos como el verdadero Israel y
portadores del yahvismo, les llevó a no querer mezclarse con los que habían quedado en el
país y mucho menos con los vecinos samaritanos. Desean fervorosamente la construcción
del Templo (cf. Esd. 3,8; 4,1-6.16; 6,l9s.). Por otro lado se encontraba la postura de los
que habían quedado en Judá. En ellos podía percibiese un cierto deseo de restauración de
la dinastía davídica. Probablemente entre ellos se dieron algunas prácticas sincretistas que
dificultaron aún más las relaciones con los repatriados. El proyecto de los gobernantes de
Samaría, difería de estos dos y apuntaba a mantener el control sobre Judá que era parte de
su satrapía (cf. Esd. 4,4-23; Neh. 3,33; 4,17). Más tarde aparecerá el proyecto
representado por Esdras y Nehemías. Éste puede describirse como la gestación del
judaísmo como cultura11. La configuración de esta cultura se apoyará en dos bases
fundamentales: la raza y la fe yahvista12. El punto de partida para este proyecto fue,
ciertamente, esa concepción separatista que portaron los repatriados. De pueblo elegido se
9
Los cantos por excelencia de los pobres y humillados se encuentran en los Salmos 9 y
10.
10
Hay que decir, sin embargo, que la ayuda que los persas prometieron para esta
reconstrucción del Templo, no se concretó nunca en medidas efectivas, cf. J. BRIGHT, La historia,
p. 384.
11
El concepto de cultura utilizado aquí es genérico y lo aplicamos para identificar un
modo de vida y de relacionarse hacia adentro de la comunidad y también con otros pueblos.

4
deriva en la concepción de pueblo exclusivo y separado, y entonces se desdibuja la misión
de ser “luz de las naciones” esbozada por el Deuteroisaías (cf. Is. 49,6). También puede
constatarse que hubo oposición en el seno de la misma comunidad. De ello nos dan
testimonio las “protestas” expresadas en las narraciones de Jonás y Rut.
Sin embargo, quedan por considerar algunos datos que ayudarían a una
comprensión abarcativa de este proyecto. Las esperanzas de restauración independiente,
cifradas en Zorobabel (520-518 a. C.) apoyadas inclusive por Ageo y Zacarías (cf. Ag.
2,20-23; Zac. 6,9-14), se desvanecieron rápidamente ante la capacidad de poder que los
persas tuvieron por casi dos siglos (V y IV a. C.), y desde el cual sofocaron cuanta
rebelión pudo darse durante Cambises y Darío I 13. Ante semejante situación Esdras y
quienes lo acompañaron en su misión, decidieron optar por un camino concreto para ese
momento: reconstruir y cuidar la comunidad pobre, reforzando los elementos que permitan
mantener su identidad, la cual fue puesta permanentemente a prueba por la situación
internacional y los proyectos enfrentados en la misma comunidad.
En definitiva, ante el hecho inobjetable de no obtener la autonomía política, los
repatriados se concentran en sí mismos, en torno al Templo, la sombra de las murallas
restauradas por Nehemías. La Ley, enriquecida, meditada y profundizada, vendrá a ser el
objeto de sus meditaciones. La comunidad se va haciendo “judía”, es decir, se orienta hace
la salvaguarda de la raza y hacia el perfeccionamiento de su fe yahvista. El “judaísmo”
comienza, entonces, a consolidarse como producto de la restauración. Nos encontramos a
las puertas de una época tardía, que se caracteriza por la diferenciación de los espíritus y
por el permanente forcejeo hacia la propia autocomprensión.

3. LA PROFECÍA POSTEXÍLICA.

En el contexto descripto anteriormente, un tipo de profecía peculiar se hace


presente. Como toda profecía, será una palabra que pretende iluminar y desentrañar la
compleja trama de los acontecimientos, pretendiendo alumbrar futuros caminos.

3.a. Ageo.

De agosto a diciembre del año 520 a. C., el profeta Ageo 14 desarrolla su


actividad. Su predicación tiene tres ejes:

1) La temática del Templo. Ageo quiere superar la situación reinante que


mantiene el Templo de Jerusalén en ruinas (Ag. 1,2.4.9). Reclama en favor de la
reconstrucción y alienta para ello en momentos donde faltan las fuerzas para esta obra
(2,4). Él mismo es testigo del comienzo de los trabajos (1,12-15a). En momentos donde
todos se apresuraban a hacer “su” casa, descuidando la del Señor (actitud inversa a la de
David, según II Sam. 7): “Esperaban mucho, y bien poco es lo que hay. Y lo que metieron
12
En cuanto a la lengua, no es exacto afirmar que los persas impusieron su idioma en los
territorios conquistados, como elemento de dominación cultural; sino que, más bien, adoptan en
forma oficial la lengua aramea, la más universal en el ámbito popular en ese momento, cf. J. S.
CROATTO, Isaías 1-39, p. 25.
13
H. CAZELLES se pregunta si Zorobabel no fue víctima de la efervescencia mesiánica del
520 a. C. y ejecutado en Egipto , cf. Historia política de Israel desde los orígenes a Alejandro
Magno, Madrid 1984, p. 215.
14
El libro en hebreo significa “el festivo”, “el que ha nacido en una fiesta”. Para las
reflexiones que siguen véase M. SCHWANTES, Hageo, Buenos Aires 1987.

5
en casa lo aventé yo. ¿Por qué? -oráculo de YHWH Sebaot- porque mi Casa está en
ruinas, mientras que vosotros vais aprisa cada uno a su casa” (1,9). Insiste en la
importancia de la “obra común” como lo era el Templo.
2) El Templo en ruinas, por un lado implica gente en la sobreabundancia que
da las espaldas a la religión yahvista (Ag. 1,2.4). Por otro lado, resulta que los campesinos
viven en carencia e indigencia (1,5-6.9.10-11; 2,16). Ageo interpreta que la ausencia del
Templo lleva a la ausencia de la lluvia. La adversidad de la naturaleza tiene su origen en el
abandono del santuario. El Templo en construcción regenera la naturaleza y activa el
crecimiento: “Apliquen, pues, su corazón, desde este día en adelante (desde el día
veinticuatro del noveno mes, día en que se echaron los cimientos al Templo de YHWH,
apliquen su corazón). ¿Hay ahora grano en el granero? Pues si ni la vid ni la higuera ni
el granado ni el olivo producían fruto, desde este día yo daré bendición” (2,19). Templo
y naturaleza crecen juntos. Mientras se construya el Templo habrá bendición.
3) El Templo desempeña un significado en la historia. Mientras los muros
emergen de los cimientos, el profeta anuncia jubiloso la gloria futura de la Casa de
YHWH, fuente de paz (Ag. 2,1-9) y se refiere al nuevo siervo davídico quien simboliza las
esperanzas: “La palabra de YHWH fue dirigida por segunda vez a Ageo, el día
veinticuatro del mes, en estos términos: ‘Habla a Zorobabel, gobernador de Judá y di: Yo
voy a sacudir los cielos y la tierra. Daré vuelta a los tronos de los reinos y destruiré el
poder de los reinos de las naciones, daré vuelta al carro y a los que montan en él, y serán
abatidos caballos y caballeros cada uno por la espada de su hermano. Aquel día
-oráculo de YHWH Sebaot- te tomaré a ti, Zorobabel, hijo de Sealtiel, siervo mío
-oráculo de YHWH- y te pondré como anillo de sello, porque a ti te he elegido, oráculo
de YHWH Sebaot’” (2,20-23). Este mesianismo expresa el deseo de restauración de la
autonomía de Judá. Ageo no describe los detalles de esta nueva situación que vislumbra.

3.b. Zacarías.

Por su parte, el profeta Zacarías15, aparentemente, retomó la prédica de Ageo entre


los años 520-518 a. C. El libro conserva ocho visiones delprofeta que comienzan en
febrero del 519 a. C. (1,7-6,8), seguidas de la coronación simbólica de Zorobabel (6,9-
14).16
Zacarías se preocupa, como Ageo, de la reconstrucción de la “casa común”,
es decir, del Templo, y se extiende mucho más al hablar de la restauración nacional y de
sus exigencias de pureza y moralidad, y la espera escatológica resulta más apremiante.
El “sueño” con el que Zacarías quiere alentar la restauración es el de la
aparición de una era mesiánica en donde dos ungidos (Zac. 4,14) gobernarán en perfecta
armonía: “Así dice YHWH Sebaot: He aquí un hombre cuyo nombre es Germen. Debajo
de él habrá germinación (y él edificará el Templo de YHWH). El edificará el Templo de
YHWH; él llevará las insignias reales, se sentará y dominará en su trono; habrá un
sacerdote a su derecha, y consejo de paz habrá entre ellos dos” (6,13-14).

3.c. Malaquías.
15
El nombre significa en hebreo “YHWH recordó” o “YHWH recuerda”. Hay que dividir
el libro de Zacarías en dos partes. Por un lado, la porción que representa al Zacarías histórico,
presente en los caps. 1-8; por otro el llamado “segundo Zacarías” inserto en los caps. 9-14 y que
pertenecen al siglo IV a. C.
16
Los escribas introdujeron el nombre del sumo sacerdote Josué cuando se desvanecieron
las esperanzas puestas en Zorobabel y el sacerdocio retuvo el poder.

6
Se supone generalmente que ya antes de Esdras y Nehemías, hizo acto de
presencia aquel profeta cuyos oráculos han llegado hasta nosotros en el breve libro de
Malaquías17. Se obtiene de ahí una idea aproximada de las diversas situaciones en el seno
de la comunidad:

1) Una práctica inadecuada del culto. Se utilizan para el sacrificio animales


mancillados, ciegos y rengos (Mal. 1,6-14). Las ofrendas para el santuario no se realizan
debidamente; se llegan a verdaderos fraudes (3,7-12).
2) Hay lamentos por los matrimonios mixtos, matrimonios contraídos con
mujeres oriundas de los pueblos vecinos (Mal. 2,10-12), mientras que se divorcian
frívolamente de las israelitas (2,13-16). Eran sobre todo los sectores elevados los que
contraían tales matrimonios; estaban implicados sacerdotes y levitas. Se ocultaba ahí una
especie de interés político-demográfico ya que se intentaba mejorar la propia clase
superior, trabando relaciones con los correspondientes círculos de los pueblos vecinos.

4. EN LA ADVERSIDAD, DIOS MANTIENE SU PRESENCIA.

“Pero ahora, ánimo, Zorobabel, oráculo de YHWH; ánimo, Josué, hijo de


Yehosadaq, sumo sacerdote; ánimo, pueblo de toda la tierra, oráculo de YHWH. Actúa, que
yo estoy con ustedes, oráculo de YHWH Sebaot, según la palabra que pacté con ustedes al
salir de Egipto y mi Espíritu se mantiene en medio de ustedes: no teman” (Ag. 2,4-5). A la
comunidad repatriada y, en especial, a sus dirigentes, el profeta Ageo los exhorta a no
desfallecer en el proyecto de reconstrucción. Sus argumentos son: la fidelidad de YHWH y la
asistencia de su Espíritu.
También Zacarías alienta al gobernador Zorobabel, que para hacer frente a sus
enemigos no dispone ni de tropas ni de aliados: “no por la fuerza ni con ejércitos, sino por
mi Espíritu, dice YHWH Sebaot” (Zac. 4,6b). La redacción sacerdotal del Pentateuco, al
reflexionar sobre los orígenes, descubre la presencia del “viento de Dios” “en el principio”
(Gn. 1,2). Hay que atribuir a esta misma época el anuncio de la efusión maravillosa del
“Espíritu de YHWH” por parte del profeta Joel (3,1-5), con la perspectiva de la salvación de
los supervivientes de Jerusalén.
El término rûaj tiene múltiples significados, pero todos sus contenidos tienen una
íntima conexión con el concepto veterotestamentario de Dios. Inicialmente significa “viento”,
desde el suave soplo de la brisa hasta el huracán desencadenado en toda su violencia. Debido
a su importante función vital, de la que los pastores y agricultores tienen una especial e
inmediata experiencia, rûaj atribuye a YHWH como Creador y Conservador (Gn. 1,2; 8,1;
Job 1,19; Sal. 33,6). Junto a este significado hay otro, íntimamente ligado: “aliento vital”,
como respiración del hombre (Gn. 45,27). Dado que la respiración es señal de vida, el
término puede pasar a significar la vida en sí. En este sentido, se afirma que el hombre vive
mientras YHWH le comunique su aliento vital, pues puede darlo y quitarlo a voluntad (Job
27,3; 33,4; 12,10; Sal. 104,27s.).
Israel ha sentido como pueblo la fuerza del rûaj ’elohîm como profunda inspiración
guerrera que suscitaba entre los suyos, caudillos que liberaban a su pueblo de las manos
enemigas. Todo el libro de los Jueces aparece en su estructura deuteronomista actual, a modo
de “buena noticia” del Espíritu. Como ayuda del hombre que ha pecado y que pide salvación,
YHWH envía su Espíritu a un guerrero: Otniel (Jue. 3, 10); Gedeón (6,34); Jefté (11,29). En
17
El nombre significa “mi mensajero” (de YHWH) tomado de 3,1; pero el autor es
desconocido y su nombre también porque “Malaquías” es un apelativo.

7
Is. 11,1-5, considerado poema real probablemente de la época pre-exílica, se establece un
contraste impresionante entre el derrumbamiento de los cedros del Líbano -símbolos del
poder asirio- y el surgimiento de una rama a partir del tronco de Jesé, padre de David (I Sam.
16,1s.); es el reinado de un nuevo rey en el cual reposara el Espíritu de YHWH, prodigándose
en grandes virtudes.
Una experiencia semejante del actuar de YHWH que guía la historia, subyace en la
experiencia profética. Es el Espíritu el que inunda a los profetas llamándolos a una misión
(Miq. 3,8; Is. 48,6). En el exilio, la profecía proclama que el Espíritu de YHWH será la fuerza
que empuje para que germine un nuevo pueblo (Is. 44,3s.). Nacerá un pueblo santo (Ez.
11,17-20) al cual YHWH le cambiará el corazón y le infundirá su Espíritu (Ez. 36,26-27).
La época de la comunidad post-exílica fue un tiempo de pequeñas cosas (cf. Zac.
4,10), en el que hubo que enterrar muchas esperanzas y admitir cómo se volvían a prorrogar
promesas proféticas que se habían creído de realización inmediata; pero hubo un punto que
los repatriados no se dejaron arrebatar: la presencia del Espíritu de YHWH 18 cumpliendo
fielmente su tarea de guía y protector. “La comprensión de la importancia del rûaj se amplió y
profundizó de forma inimaginable”19, ocupando un lugar sobresaliente dentro de la imagen del
Dios de Israel. El ámbito de su dominio se amplía considerablemente. Su obra ya no se
descubre solamente en el pasado, en las grandes hazañas salvadoras, ni tampoco se espera de
El exclusivamente la consumación del reinado de YHWH. El Espíritu es descubierto como el
verdadero conductor de Israel en el presente. Por Él, el Dios trascendente, que mora en una
luz inaccesible, se hace realmente presente (Is. 63,11s.). El Espíritu se convirtió virtualmente
para la comunidad judía en prenda de que, a pesar de todo, se hallaban en los umbrales del
tiempo de salvación.

5. CONCLUSIÓN.

La actividad profética en este período estuvo representada por los oráculos de Ageo,
Zacarías y Malaquías. En ellos encontramos considerables diferencias en los contenidos y en
las formulaciones de la profecía. Ya no se está frente a oráculos de juicio que anuncian el
“día de YHWH” como “día grande y terrible” para Israel y otras naciones (cf. Amós). No es
denuncia del pecado presente de Israel (aunque se haga referencia al pecado de los padres) ni
es anuncio del castigo inminente. Además, la condena del culto hipócrita dejará lugar a la
preocupación comunitaria por el Templo. Y así como en el exilio revive el paradigma del Dios
que libera, esta etapa dura y difícil de la reconstrucción, recupera la imagen del Dios de la
promesa. Pero esta recuperación tiene detrás toda la dolorosa experiencia histórica anterior y
por delante un futuro poco alentador. La profecía dirá su palabra: Dios, por medio de su
Espíritu, es el que sostiene la esperanza de la comunidad purificada por el dolor (cf. Jl. 3,1-5).

18
Por participar de la santidad de YHWH, se lo llama también “Espíritu Santo” (Is.
63,10; Sal. 51,13).
19
W. EICHRODT , Teología del Antiguo Testamento II, Madrid 1975, p. 68.