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Universidad de Santiago de Chile

Facultad de Humanidades
Escuela de Psicología
Salud mental y políticas públicas

Ensayo film Atrapados sin salida

​ Integrantes​:​ ​Kathleen Mendoza


Nevenka Ortega
Matias Ramirez
​ Docente: Irene Magaña
Ayudante: Pablo Martinez
​ Fecha: 05 de Junio, 2019
Referente al film, consideramos que es un llamado a la reflexión ya que nos
muestra ese lado “más humano de los pacientes psiquiátricos”, los cuales si bien
tienen problemas producto de sus condiciones siguen siendo personas con sueños
y deseos y frente a lo cual el ejercicio de la medicina psiquiátrica olvida y solo se
limita a tratar la enfermedad sin importar el bienestar de las personas y lo que para
ellos es lo mejor. Nos invita a recordar que al tratar con personas es importante
considerar la ética y el respeto por la dignidad humana y a reconocer el punto a
partir del cual dejamos de servir a las personas para servir al sistema que no los
reconoce como seres humanos y el cual se limita a medicalizar, controlar y a
organizar su vida.

El film narra la historia del criminal Randle McMurphy quien es trasladado a


un hospital psiquiátrico con el fin de evaluar si tiene un trastorno, pero en realidad su
objetivo es aprovechar su internado en el psiquiátrico para escapar y así evitar tanto
cumplir su condena como realizar los trabajos forzosos a los que lo someten en la
cárcel. En este punto es donde se comienza a vislumbrar en el film la pugna entre el
sistema clásico psiquiátrico del hospital v/s la percepción de libertad y no
conformismo por parte de McMurphy, ya que en el hospital conoce a una serie de
pacientes con sus propias problemáticas, pero todos viviendo bajo el control de la
enfermera a cargo, Mildred Ratched, una mujer dura y poco tolerante que mantiene
una dinámica de control y autoritarismo por sobre cualquier otra cosa.

Ya desde su ingreso al hospital se observa en McMurphy un hombre dentro


de los límites de lo normal pero que no es conformista y que lucha contra un sistema
que dirige la vida de los pacientes de manera injusta y arbitraria, en contraste con el
modelo planteado por la enfermera. Esta actitud de choque frente a la sumisión de
los pacientes comienza a crear inestabilidad dentro del pabellón, a romper la rutina
cotidiana provocando un desequilibrio que de alguna forma es necesario para que
los otros hombres comiencen a cuestionar su entorno. Sólo pensando realmente en
su alrededor pueden mejorar su condición de vida, en lugar de seguir en un bucle
pasivo y conveniente que los mantiene en un estado de existencia monótona,
situación que en esencia no les ayuda a superar sus problemáticas.
Es debido a lo anterior, que mediante el film se puede realizar una analogía
entre la figura que representa el hospital psiquiátrico y lo que representa McMurphy,
en este sentido, el hospital psiquiátrico representaría el síntoma médico; enfocado
en la mirada, limitándose nada más a una descripción taxonomía. Mientras que
McMurphy representa el síntoma psíquico; enfocado en la escucha, en la
interpretación, que no obedece el orden de lo normal/anormal y que nos permite
cuestionarnos desde el sujeto y no desde la enfermedad que padece.
Ejemplificandolo de otro modo, se puede pensar este film con una mirada
desde el sistema clásico de salud mental y de cómo entiende lo comunitario. Es de
esta manera, que se personifica el sistema de salud clasico como el modelo de la
lepra (Foucault, 2001), en donde los pacientes con condiciones psiquiátricas son
juntados y puestos en un lugar común con el único fin de mantenerlos lejos de la
sociedad puesto que son “enfermos mentales” y tratarlos como si fueran seres sin
derechos con una calidad de vida rondando lo pasivo y lo sumiso. Es así como en el
rol de la enfermera Ratched se ejemplifica todo el pensar social de esa época, ya
que ella es la encargada de ejercer el papel que se encarga en mantener la
concepción, la cual sostenida a un discurso desde la medicina organiza a los
pacientes y se vuelve una figura de poder que los trata como personas enfermas e
inferiores los cuales solo deben estar internados con el fin de poder “reformarlos”, ya
que son peligrosos de mantener en el espacio social, empleando a su vez una
actitud pasiva-agresiva, agobiando e intimidando a los pacientes.

La pregunta que surge entonces es ¿Existe salud mental en este centro


hospitalario?

Desde este sistema clásico la respuesta sería no. La enfermera Ratched no


permite la comunicación ni el diálogo, por tanto, no permite la ayuda ni la
reconciliación de aquellos atormentados con sus propios demonios. Su reacción es
castigar las acciones consideradas inapropiadas o criminales en lugar de encontrar
la verdadera razón de fondo que llevó a todos estos hombres a terminar en el
hospital, muchos quienes, por cierto, están ahí por voluntad propia, pidiendo,
clamando ayuda, porque no confían en su criterio, en su propia salud mental, en sus
decisiones ni en su propio juicio, siendo completamente objetivados y encasillados
como una definición taxonómica.

Es aquí en este punto donde el film nos permite realizar una lectura distinta y
crítica de este sistema clásico de salud. Frente a las dinámicas presentadas en el
hospital psiquiátrico, McMurphy se atreve a retar a estas dinámicas hasta entonces
nunca cuestionadas por los pacientes psiquiátricos. En palabras simples el sería el
único paciente “vivo” dentro de ese hospital, ya que representa todo lo contrario a la
sumisión y asumir una actitud pasiva frente a su problemática. Él es quien instala en
los pacientes psiquiátricos la posibilidad de pensar de manera diferente, de tener
ánimo o coraje, el tipo de actitud que los demás paciente parecían haber perdido por
estar recluidos, optando por dejarse vencer, en lugar de verdaderamente superarse,
MCMurphy les da subjetividad.

McMurphy vendría a ser entonces quien representaría la salud mental de


todos los demás pacientes. Él es quien se preocupa por ellos y intenta cambiar la
rutina desde una posición genuina y egoísta, teniendo un efecto transformador para
ellos. Plantea la posibilidad de dar oportunidad a otros, para quienes por ejemplo
una simple escapada a pescar u organizar un juego de básquetbol en el patio del
hospital es razón suficiente para disfrutar de nuevo la vida, sintiéndose valorados,
útiles, animados por la experiencia de la que son partícipes.

En este sentido, McMurhpy logra algo que ni los doctores ni Ratched se


habían preocupado por explorar, elevar el espíritu de los pacientes en lugar de
confrontarlos. Para ellos lo significativo no sería, por ejemplo seguir una rutina
establecida todos los días, sino saber que hay más de una opinión o camino viable a
seguir y que al mismo tiempo, tienen derecho a exigir que sus voces sean
escuchadas, y que sus intereses y deseos sean considerados.

Es de esta manera como se tensiona claramente el concepto de salud


mental, el cual desde una visión más clásica y médica su foco estaría puesto en la
reforma y en la exclusión de los pacientes con el fin aislarlos y tratarlos fuera de los
patrones de la normalidad presentes en la sociedad funcional, en contraste con esta
visión más comunitaria y del tú a tú planteada genuinamente por McMurhpy, quien a
pesar de saber que estaba en un hospital psiquiátrico con “locos” terminó
conociendo a cada uno de ellos y a preocuparse por su malestar singular incluso
más que la propia enfermera Ratched.

Resulta curioso como el propio sistema médico terminó preocupándose más


por reformar y cambiar a un paciente que no tenía ninguna condición patológica y
que solo estaba usando su estadía para evadir problemas. Esta pugna entre
ideológicas lleva a McMurhpy a asumir una actitud de rebeldía en contra del sistema
hospitalario por el trato que tenían con los pacientes psiquiátricos. Esto
desencadenó que para poder controlarlo optarán por realizarle una lobotomía
cerebral que lo dejó en estado catatónico. Esto evidencia claramente un fallo en la
institución, ya que desiste ante una persona que no saben cómo ayudar, que no
pueden malear según sus propios intereses ni manipular o engañar haciéndola
dudar de sus capacidades o identidad, convirtiéndolo en una persona que no vive,
que respira pero no piensa, en realidad transformándolo en objeto, dejando en claro
que al final el objetivo del hospital psiquiátrico no tiene ninguna intención en ayudar
sobre malestar psíquico de los pacientes que ahí residen, sino que funciona como
institución para controlar y mantener a raya todo aquello que no encaja con las
dinámicas sociales establecidas es decir lo anormal, como era el caso también de
McMurhpy, que desde Foucault (2001) se puede ejemplificar como la figura del
monstruo humano, alterando el orden natural, y al cual al no poder controlar, en
palabras sencillas lo convirtieron en un hombre domesticado a la fuerza,

Esto plantea la reflexión de entender la salud mental en el ambiente


psiquiátrico como algo más comunitario y experiencial con y para los pacientes. Si
bien el énfasis en la medicalización es algo necesario para estabilizar y poder
trabajar con los pacientes, nunca hay que olvidar que ejercer poder sobre pacientes
con estas características es muy fácil cayendo en un ciclo de poder-sumisión sin
preguntarse por la condición humana de esos pacientes, por esto es fundamental
pensar en la salud mental desde un enfoque más hermenéutico, en pos de una
mayor comprensión del otro y su realidad, completando así los saberes y
potenciando las opciones de ayuda. Una buena ética profesional partiría
entendiendo estos principios fundamentales en el trato de las personas con el fin de
sostener un buen tratamiento y poder pensar en la salud mental de estas personas.
Aquí es donde radica la importancia de lo comunitario y el trato con el otro, sin
olvidar que a pesar de tener una condición psiquiátrica son sujetos que con un
simple diagnóstico les cambia totalmente la vida, sus sueños y su futuro. El trabajo
sería entonces el tratar de manera más noble y humana a los pacientes y así poder
dar otras alternativas a ellos y avanzar hacia el trato igualitario con el fin de que
puedan vivir de manera más satisfactoria y viva, siendo nosotros, por ejemplo un
vehículo que debiera trabajar bajo estas lógicas y coordenadas en post de la salud
mental.
Referencias.

Foucault, M. (2001). ​Los anormales.​ Curso en el Collège de France (1974-1975).


México:Fondo de Cultura Económica.