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EL TORITO DE LA PIEL BRILLANTE - Jose María

Arguedas
El cuento del torito de la piel brillante es la historia de un torito
que nació y creció en el hogar de una joven pareja, proveniente
de una comunidad campesina, el torito tenía la costumbre de
acompañar por Todas partes a su joven dueño.

Hasta que un día el joven se puso a cortar leña a la orilla del


lago mientras el torito comía totora y después de recogerla se
fue, olvidándose de él.

En ese instante salió un toro negro y grande del fondo del lago,
quien retó a una pelea de muerte al torito diciéndole:" Si tú me
vences te salvarás, si te venzo yo, te arrastraré al fondo del
lago”.

El torito respondió que le era imposible pelear por que no tenía


el permiso de su dueño; postergando el duelo hasta el
amanecer.

El toro negro aceptó la propuesta, no sin antes amenazarlo ante


un posible arrepentimiento.

El joven regreso de su hogar para buscar al torito y lo encontró


en la montaña, allí escucho muy apenado todo la historia.

Al amanecer, el torito se despidió de sus queridos amos aunque


estos trataron de oponerse a su destino, el torito muy
entristecido marchó a la cita diciéndole a su dueño: “subirás a
la cumbre y desde allí me verás”.

El hombre llegó a la cumbre de la montaña y desde allí pudo ver


la ardua lucha entre los combatientes, que finalizó cuando el
toro negro logró sumergir al torito, desapareciendo ambos
animales en el agua.
El dueño lloro y grito como nunca y a su regreso hizo lo mismo
su mujer; y aunque ambos criaron con mucho cuidado a la vaca
madre del torito, esta nunca pudo alumbrar otro becerrito.
LA AGONIA DE RASU ÑITI - Jose Maria Arguedasse Arguedas.
“La agonía de Rasu Ñiti “es una escena de ballet, con la danza del bailarín de la
altura (Dansak: bailarín): “Rasu Ñiti, que aplasta la nieve), con el cuadro mágico
de los concurrentes a este baile final, donde el oficiante, el dansak “Rasu Ñiti”,
esta envuelto en las ricas vestimentas que lo particularizan:
el tapavala adornado con hilos de oro; la montera; sobre cuyas inmensas faldas,
entre cintas labradas; brillan espejos en formas de estrellas; sombrero; del cual
caía una rama de cintas de varios colores; pantalones de terciopelo y zapatillas.
La música que acompaña al dansak “Rasu Ñiti” se siente en variadas
tonalidades, y es interpretada por “Lurucha”, el arpista, y por don Pascual, el
violinista. “Rasu Ñiti” estaba tendido en el suelo de su habitación, sobre una
cama de pellejos.
Por la única ventana, cerca del mojinete entraba la luz del sol que daba sobre un
cuero de vaca que colgaba de unos de los maderos del techo y, la sombra
producida, caía a un lado de la cama del bailarín.
A pesar del oscuro del ambiente, era posible distinguir las ollas, los sacos de
papas, los copos de lana, y aun los cuyes cuando salían algo espantados de sus
huecos u exploraban en el silencio.

Cuando sintió que era ya el momento, se levanto y pudo llegar hasta la petaca
de cuero e que guardaba su traje de dansak y sus tijeras de acero. Se puso el
guante en la mano derecha y empezó a tocar las tijeras.
La mujer del bailarín y sus dos hijas que desgranaban maíz en el corredor,
corrieron a la puerta de la habitación cuando oyeran las tijeras que sonaban
mas vivamente. Encontraron a “Rasu Ñiti” que se estaba poniendo la chaqueta
ornada de espejos.
El bailarín pidió a su mujer que llamaran al “larucha” y a don Pascual, porque ya
el corazón le había avisado que había llegado el momento en que el tenia que
recibir al Wamani (Dios montaña que se presenta en figura de cóndor).
“Rasu Ñiti” sentía que el Wamani le estaba hablando directamente al pecho;
pero su mujer no podía oírlo. La mujer se inclino ante el dansak y le abrazo los
pies. Estaba ya vestido con todas sus insignias, un pañuelo blanco le cubría
parte de la frente.
La seda azul de su chaqueta, los espejos, la tela roja de los pantalones ardía
bajo el angosto rayo del sol que fulguraba en la sombra del tugurio que era la
casa del indio Huancayre, el gran dansak “Rasu Ñiti”, cuya presencia se
esperaba, casi se temía y era luz de la fiestas de centenares de pueblos.
Cuando el bailarín interrogo a su mujer sobre si veía al Wamani sobre su cabeza,
esta le contesto que si, que era de color gris y que la mancha blanca de su
espalda estaba ardiendo.
El tumulto de la gente que venia a la casa del bailarín se oía ya muy cerca.
Cuando las hijas del danzarín, que habían ido a llamar al “lurucha” y a don
Pascual, regresaron, Pedro Huancayre el gran dansak “Rasu Ñiti” , ya tenia el
pañuelo rojo en la mano izquierda.
Su rostro enmarcado por el pañuelo blanco, casi salido del cuerpo, resaltaba
porque todo el traje de color y luces y la gran montera lo rodeaban , se diluían
para alumbrarlo,; su rostro cetrino casi no tenia expresión.
Solo sus ojos aparecían hundidos como en un mundo, entre los colores del traje
y la rigidez de los músculos. “Rasu Ñiti” empezó a tocar las tijeras. Cuando llego
Lurucha, el arpista del dansak, tocando, ya la fina luz del acero era profunda; le
seguía don Pascual, el violinista.
El Lurucha, que comandaba siempre el dúo, hacia estallar con su uña de acero
las cuerdas de alambre y las de tripa.
Tras de los músicos marchaba un joven: “Atok Sayku”, el discípulo de “Rasu
Ñiti”. También se había vestido; pero no tocaba las tijeras.
“Rasu Ñiti” vivía en un caserío no más de veinte familias. Los pueblos grandes
estaban a pocas leguas. Tras de los músicos venia un pequeño grupo de gente.
Cuando “Rasu Ñiti” sintió que ya el final se acercaba, pidió al arpista que tocara.

RESUMEN DE LA OBRA LITERARIA "WARMA KUYAY

Argumento de "Warma Kuyay", cuento de Jose Maria Arguedas.


Warma Kuyay acontece en la hacienda Viseca, donde Arguedas vivió cuando
era niño. Viseca es una quebrada angosta y honda. El caserón de la
hacienda está junto al río que en las noches suena fuerte.

Junto al caserío hay una cascada; entre las piedras el agua se vuelve blanca
y suena fuerte. En las noches, cuando todo estaba callado, esa cascada
levantaba su sonido y parecía cantar.

Ernesto es un niño enamorado de la Justina, una niña que está enamorada de


Kutu, y esto molesta la muchacho, quien la ve bailar en un patio del caserío
de la hacienda de don Froylán sintiendo que su corazón tiembla cuando ella
se ríe y, llora cuando sus ojos miran al Kutu. Los cholos se habían parado en
círculo y Justina cantaba en el centro de él.

El charanguero daba vueltas alrededor del círculo dando ánimos; gritando


como potro enamorado. En esos instantes apareció don Froylán y los largó a
todos para que se vayan a dormir.

RESUMNE WARMA KUYAY - Jose Maria ArguedasEl niño Ernesto y Kutu,


vivían en la misma casa que pertenecía don Froylán. Una noche, Kutu le dijo
a Ernesto que don Froylán había abusado de la Justina cuando ésta fue a
bañarse con los niños; Ernesto no podía creerlo y se puso a llorar abrazado al
cholo.

El Kutu, que era un indio fornido, lo levantó como quien alza un becerro y lo
echó sobre su cama diciéndole que la Justina tenía corazón para él, pero que
ella sentía miedo porque él era un muchacho todavía.
Ernesto sentía luna rabia irrefrenable por lo que había hecho don Froylán,
llegando a decirle a Kutu que cuando fuera grande lo mataría.
Era tanta su sed de venganza que incitó a Kutu para que matara a don
Froylán, con su honda, como si fuera un puma ladrón. Ante la negativa del
indio, Ernesto lo acusó de cobarde y le dijo que se largara porque en Viseca
ya no servía.

Dos semanas después, Kutu pidió licencia y se fue. La tía de Ernesto lloró
por él; como si hubiera perdido a su hijo. Ernesto se quedó junto a don
Froylán, pero cerca de Justina; de su Justinacha ingrata. Ya no fue
desgraciado.
A la orilla de ese río espumoso, oyendo el canto de las torcazas, vivía sin
esperanzas, pero ella estaba abajo el mismo cielo que él, en esa misma
quebrada que fue su nido, contemplando sus ojos negros, oyendo su risa,
mirando sus pestañas largas, su boca que llamaba al amor y que no lo dejaba
dormir.
La mirada desde lejos; era casi feliz porque su amor por Justina era un
“Warma Kuyay” (amor de niño) y no creía tener derecho todavía sobre ella;
sabía que tenía que ser de otro, de un hombre grande que empuñara ya el
zurriago, el mismo látigo con que Kutu masacraba los becerros más finos y
delicados de don Froylán, como queriendo así, lavar el honor de la Justina.
Ernesto vivió alegre en esa quebrada verde y llena del calor amoroso del sol,
hasta que un día hubo de abandonar aquella tierra que amaba tanto y que era
su ambiente, para vivir pálido y amargado, como un animal de los llanos fríos,
llevado a la orilla del mar, sobre los arenales candentes y extraños .