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El Perdón Nace de la

Sabiduría
por Monseñor Rómulo Emiliani, c.m.f.

«Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han


hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también
a ustedes, pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre
les perdonará a ustedes sus pecados.» (Mt 6, 14)

El perdón es camino de sabiduría y


felicidad. Todos hemos hecho daño a
otros, a nosotros mismos y a Dios.
Hemos cometido errores y dejado en la
historia de la vida huellas de ofensas,
pecado, dolor y tragedia. Pensemos en
lo que otras personas esperan de
nosotros y nos daremos cuenta que
hemos defraudado a algunos que
realmente esperaban más. Muchas
veces ha sido por nuestro egoísmo, el
pensar más en nosotros mismos. Otras
veces por utilizar a las personas para
nuestros propios fines. También ocurre
al pisotear la dignidad de otros con
nuestros actos primitivos. A veces sin
estar consciente de ello, hemos sido
viles verdugos y esto procede de las
tinieblas.

¿Qué hacer cuando en nuestro pasado


ha sucedido algo así? Dice el Señor en
la Palabra, «Porque el que a sí mismo se
engrandece, será humillado; y el que se
humilla, será engrandecido.» (Lc 14,11)
Pues, hagamos un acto de humildad y
sinceridad y aprendamos a pedir
perdón. Usted no puede volver al
pasado y recuperar lo perdido, pero sí
puede pedir perdón y también
perdonar. Sólo así seremos
engrandecidos por Dios, nuestro Padre.
Dios es amor y es el primero que
herimos por nuestras faltas de amor. A
El tenemos que pedir perdón en primer
lugar y luego a los que uno ha hecho
daño. Hay que compensar nuestro
pasado de maldad con un presente de
amor auténtico. Sólo así se calma la
conciencia, se cumple con Dios y se va
eliminando el complejo de culpa. El
perdón que se pide debe tener una vía
de expresión visible y concreta que es la
acción. Cuando Jesús convirtió a
Zaqueo, éste dijo: «. . . --Mira, Señor,
voy a dar a los pobres la mitad de todo
lo que tengo; y si le he robado algo a
alguien, le devolveré cuatro veces.» (Lc
19,8) Zaqueo compensó un pasado de
maldad con un presente de amor
auténtico. El arrepentimiento será
verdadero cuando compense el pasado
de maldad con un presente lleno de
amor auténtico.

Había un médico famoso, que era


director de una clínica en los Estados
Unidos donde se hicieron miles de
abortos. Cuando él comprendió que
desde que el óvulo es fecundado se crea
un ser humano, se convirtió en un
apóstol defensor de la vida, dictando
charlas y conferencias sobre el tema en
muchas universidades y clínicas
norteamericanas. Su acción ha
permitido detener miles de abortos, que
son crímenes contra la naturaleza, que
hubieran cometido personas
desorientadas. Si en su casa usted ha
sido una persona de mal genio, sólo
podrá compensar su pasado negativo
siendo amable y agradable. Si ha sido
perezoso, sólo compensará ese pasado
actuando en las cosas que le son
difíciles. Si ha sido egoísta, supere su
pasado equivocado realizando actos
conscientes de generosidad.

Practique actos contrarios a su


naturaleza negativa hasta que se
convierta en hábito. Nunca es tarde
para comenzar y el sentimiento de
satisfacción es maravilloso. Usted se
deshará de sus complejos de culpa, se
sentirá mejor y más contento y cada día
será más feliz.

Cuando usted pide perdón y se


arrepiente de verdad, se reconcilia con
Dios y los demás y experimentará una
paz grandísima. Ser deudor de otros es
fatal. Sentir que se han roto lazos
espirituales de amor y amistad es peor
que si uno toma un hacha y destroza
una escultura muy valiosa. Hay que
pedir perdón, reconciliarse y
compensar el mal que uno ha hecho
con acciones genuinas de amor.

Reflexione sobre su vida. La solución es


el perdón y la reconciliación. Por más
que haga, nunca podrá pagar todo. Sin
embargo, Jesús ya lo pagó todo
derramando Su Sangre. El ha puesto lo
principal de la deuda: los billetes.
Nosotros ponemos solamente las
monedas, pero también son
importantes. Nuestras monedas de
arrepentimiento y amor completan la
cuenta.

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