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EL MANGUERAZO, EL PERÚ CONOCE A BELAUNDE TERRY

El Centro de Lima fue escenario el 1 de junio de 1956 de una hazaña en que un


movimiento recién nacido recibió su bautismo –mediante manguerazo–, en oposición a
una dictadura y a la continuidad oligárquica.

Fernando Belaunde, a la cabeza del Frente de Juventudes Democráticas, obligó al


Jurado Nacional de Elecciones a inscribir su candidatura. Fue un triunfo de la
movilización ciudadana y del coraje de un líder que iba a ser dos veces presidente de la
República.
Corría el 1 de junio de 1956, día en que se cerraba la inscripción de candidaturas
presidenciales. Faltaban apenas 16 días para la votación y nada parecía alterar el pulso
de la política tradicional. Manuel Prado y Hernando de Lavalle,

dos banqueros, se disputaban el sillón de Pizarro. El segundo acababa de romper tratos


con el Apra clandestina.
En ese panorama aparecía la candidatura de Fernando Belaunde, arquitecto de 43 años,
profesor de la Universidad Nacional de Ingeniería. Su postulación había surgido casi de
la nada, hacía cuatro meses, sostenida por un inesperado Frente de Juventudes
Democráticas.
Carlos Pestana, arquitecto chiclayano de 26 años, era uno de los gonfaloneros de ese
movimiento que parecía quijotesco. Ahora, 50 años después, recuerda: “Estábamos en
gira por el norte del país e hicimos un gran mitin en Cajamarca. De pronto, llegó el rumor
de que el Jurado Nacional de Elecciones se oponía a la inscripción de nuestro candidato”.
Belaunde sabía que los soplones de siempre acechaban y decidió una maniobra. Fingir
que emprendían la continuación de la gira; pero partir de inmediato hacia Lima.

El 1 de junio apareció en varios diarios una convocación del Frente de Juventudes a su


local del jirón Tarapacá, en el centro de Lima. Ese día, a eso de las siete de la noche,
Belaunde dijo:
–Vamos a Palacio, a protestar.
“Salimos a La Colmena y llegamos a la Plaza San Martín”, prosigue Pestana. “Luego
ingresamos en el jirón de la Unión. En La Merced nos aguardaban tropas de asalto, la
caballería y el rochabús. El oficial que mandaba la tropa dijo a Belaunde que la marcha
no podía ir más allá. Entonces surgieron gritos de ¡A Palacio! ¡A Palacio! ¡Elecciones
libres o revolución!”
Las tropas empezaron a lanzar gases lacrimógenos. La caballería arremetió. La multitud
tuvo que retroceder hasta la esquina del jirón Cusco. Recuerda Pestana: “En ese
momento, Belaunde pidió que lo dejaran ir a parlamentar. Avanzó solo, con la bandera
peruana en alto. Cuando estaba a medio camino, otra vez cargó la caballería. Belaunde
llegó hasta donde el comandante de la fuerza pública y le dijo: ‘Doy treinta minutos para
que el Jurado Nacional de Elecciones inscriba mi candidatura’. Pero no pasó nada”.
Belaunde dio orden de avanzar. “¡Adelante!” fue el clamor. Pero hubo una nueva
descarga de gas y una lluvia de sablazos.
Javier Velarde, uno de los jóvenes arquitectos partidarios de Belaunde, cargaba a
hombros al candidato. En eso, recibió un potente chorro de agua lanzado desde el
rochabús. Cayó de rodillas y Belaunde se golpeó fuertemente contra el suelo. Así,
adolorido, el candidato se trepó a una reja y arengó a sus seguidores, que eran cada vez
más numerosos.
“Vino otro retroceso”, evoca Pestana. “Llegamos al jirón Cusco. Empezaron a llegar
tropas de caballería. Nos retiramos en masa a San Martín. En eso llegó el doctor Miguel
Dammert con la buena nueva: la candidatura había sido inscrita”.
La multitud emprendió, eufórica, la marcha por La Colmena hacia el local de Tarapacá.
Era casi la medianoche. Al llegar al cruce con la avenida Garcilaso de la Vega, un
automóvil se colocó en diagonal frente a los manifestantes. Del interior apareció una
dama que dio a Belaunde un abrazo que parecía interminable. Implicaba un homenaje
al coraje cívico.

¡Acción Popular! ¡Acción Popular!

Todo el pueblo con fe hoy defiende la bandera de Acción


Popular, que un Primero de Junio en las calles Belaunde la
hizo flamear.

¡Acción Popular! ¡Acción Popular!