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DOCTORADO EN CIENCIAS POLÍTICAS

PENSAMIENTO POLÍTICO Y PROYECTO NACIONAL EN VENEZUELA


(1811 – 1854)

MY. ÍGBERT JOSÉ MARÍN CHAPARRO


C.I. V-13.181.948
igbertmarinch@gmail.com

APROXIMACIÓN AL NO - ESTADO VENEZOLANO (1811 – 1858)

Este es un ensayo con un título peculiar, pues en una pequeña síntesis, se trata
de verificar el comportamiento de un ente denominado “Estado”, en un contexto en
el que quizás nunca existió, al menos tal cual como lo conocemos hoy. Esta
inquietud surge en las discusiones del curso “Pensamiento Político y Proyecto
Nacional en Venezuela 1811 – 1854”, en el que se trató de evidenciar la existencia
de un proyecto nacional en los años citados.

La historiografía normalmente aceptada asume que en Venezuela, este período se


caracteriza por la formación de un Estado Nacional Liberal. Un ejemplo de esta
concepción lo tenemos en el texto “La Idea Política de Venezuela: 1830 – 1870”,
de Diego Bautista Urbaneja; quien afirma que para “los hombres del período,
Venezuela había de ser, antes que ninguna otra cosa, la realización de la idea
política liberal en la forma de un Estado liberal. De serlo, dependía todo otro bien
que pudiéramos obtener”. 1 De hecho, concluye con certeza que existió el proyecto
de Estado liberal a partir de 1830. 2

Esta afirmación está en contraposición a, lo que según Elías Pino, es la creencia


general de ciertos autores como Gil Fortoul, Uslar Pietri, Carlos Irazábal, Salcedo
Bastardo y Guillermo Morón; según los cuales “el siglo XIX venezolano es tiempo
de oscuridad que significó un retroceso frente a las conquistas de la
Independencia. La actividad intelectual es un remedo. Las instituciones, un

1 Urbaneja, Diego Bautista. La idea política de Venezuela: 1830 – 1870. Caracas: Fundación Manuel García – Pelayo,
2004. p. 9.
2 ídem. p. 17.
estorbo o un adorno. Manejado por caudillos y dictadores, un pueblo rudimentario
sufre los extremos de la explotación. Debido al predominio de los hombres de
presa, la legalidad llega al colmo del menoscabo y el control del poder sólo se
dirime en las guerras civiles”. 3 Evidentemente que estas aseveraciones pueden
ser rebatidas por lucir un tanto exageradas, pero tampoco consideramos que se
pueda asegurar con firmeza la existencia de una planificación que conllevase a la
creación de un Estado liberal moderno.

El mismo Elías Pino ratifica esta posición al considerar que no se puede pedir a
nuestro pasado “aquello de lo que carece por razones obvias: un proyecto
nacional perfilado, partidos estructurados y distintos, corrección administrativa y
planes de justicia social, por ejemplo”. 4 Sin embargo, hay una realidad que hace
aún más incoherente la afirmación del Estado Liberal Nacional para la Venezuela
de 1811 a 1854, y esto es debido a que el concepto actual de “liberal”, bajo el cual
la historiografía común estudia el período, no es percibido de tal forma por los
contemporáneos de la época, 5 desafiando la consideración lógica de que “no
puede decirse que ningún agente haya pretendido o hecho algo que nunca podía
verse en la necesidad de aceptar como una descripción correcta de lo que había
pretendido o hecho”. 6 Es decir, que los venezolanos de la época no estábamos
en la capacidad de proyectar un Estado liberal si no conocíamos y entendíamos
correctamente el término “liberal” contemporáneo.

Se puede deducir entonces que estas declaraciones se deben a que varios


estudiosos de nuestra historia han caído en la provocación llamada por Skinner y
la escuela de Cambridge como la “mitología de la prolepsis”, considerada cuando
el historiador está más interesado en la significación retrospectiva de una acción u

3 Pino Iturrieta, Elías. País Archipiélago, Venezuela 1830 - 1858. Caracas: Ed. Alfa, 2014. p. 13.
4 Ídem. p. 26.
5 Diccionario político y social del mundo iberoamericano. La era de las revoluciones, 1750 – 1850. Iberconceptos-I.

Madrid: Fundación Carolina, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Centro de Estudios Políticos y
Constitucionales, 2009. Cap. 6: Liberal/Liberalismo. pp. 693 – 731.
6 Skinner, Quentin. Lenguaje, política e historia. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes, 2007. p. 146.
obra, que en lo que realmente quiso significar. 7 Es decir, se afrontan las
consideraciones de nuestros antepasados, abordando su estudio con “paradigmas
preconcebidos”. 8

Gran parte de los historiadores venezolanos, particularmente de los dos siglos


anteriores, fueron formados en escuelas que estudiaban nuestro pasado
empleando ópticas y herramientas distintas. En defensa de esto, Elías Pino
describe la situación con una claridad meridiana: “los positivistas no se metieron
como se metieron en el siglo XIX por capricho, o por miopía, sino guiados por la
escuela que su tiempo estimó como un fanal penetrante e infalible”. 9 Imbuidos en
su doctrina particular, vieron el pasado con ojos de presente, puesto que
necesitaban orientar su análisis para argumentar la “presencia de un César
producido por la evolución de la sociedad”. 10

En definitiva, parece harto complicado demostrar que los constructores de la


República de Venezuela estaban convencidos de poseer un proyecto de Estado
Liberal Nacional, cuando el término liberal moderno con el que queremos
vislumbrar ese pasado, no se hizo vigente sino más de una década después.

Pero más allá de esta importante interrogante, a la cual no pretendemos dar


respuesta en este ensayo, pero de la que se debe inferir algún tipo de
imposibilidad, por no decir incoherencia; nos surge una nueva, aún más
significativa y si se quiere insidiosa, que va a ser definitiva para adentrarnos en el
corazón de un problema estructural nacional que puede incluso, ser causante de
múltiples dificultades que actualmente enfrenta nuestro país. ¿Es que
verdaderamente puede hablarse de un Estado en Venezuela durante el período
1811 - 1858?

7 Ídem. p. 137.
8 Ídem. p. 145.
9 Pino Iturrieta, Elías. País… p. 27.
10 Ídem. p. 27. Cabe resaltar la afirmación de que “la puesta de la Historia al servicio del interés nacional es fuente de

prejuicios para la investigación histórica”. Véase en: Chiaramonte, José Carlos. Nación y Estado en Iberoamérica.
Buenos Aires: Sudamericana, 2004. p. 29.
El fin de este ensayo es tratar de darle una respuesta a dicha incógnita, y luego,
en base a ella, tratar de descubrir desde los rincones y entresijos de la historia
nacional comúnmente aceptada, una nueva, que se acerque más a la realidad y
nos ayude a comprender mejor el presente.

Para ello, haremos en primera instancia el análisis inicial del significado de Estado
empleado en el período y el que vamos a considerar posteriormente para el resto
del ensayo. Seguidamente, se hará una explicación del nacimiento del Estado
venezolano y un recuento de notas históricas que evidenciarán si se puede hablar
de Estado o si, por el contrario, sólo empleamos esta terminología como
consecuencia de una creencia tomada como cierta, sin afirmarla a través de la
consistencia histórica del hecho político.

En principio, para determinar el concepto de Estado, debemos remitirnos a lo


establecido por la Real Academia Española, desde el siglo XVIII hasta la
actualidad. En el Diccionario de Autoridades de 1732, el Estado tiene la siguiente
definición: “se toma también por el país y dominio de un Rey, República, o Señor
de Vasallos”. En 1817, el concepto toma un nuevo significado, bastante similar:
“El país o dominio de algún príncipe o señor de vasallos”. 11

Para la época de nuestra Independencia, el término Estado era también sinónimo


de nación. Así mismo, Estado y República “eran vistos como conjuntos humanos
con un cierto orden y una cierta modalidad de mando y obediencia”. 12 Para
ejemplificar este punto, podemos estudiar el discurso del Libertador y desentrañar
sus significados.

11 Diccionario de Autoridades de la RAE. Disponible en línea: www.rae.es


12 Chiaramonte, José Carlos. Nación… p. 22.
La fecha más temprana en la que Bolívar hace referencia al vocablo “Estado” es
en el discurso improvisado en la Iglesia de San Francisco, en Caracas, el 2 de
enero de 1814, cuando nos dice: “Este pueblo virtuoso defendía por las armas sus
derechos contra un ejército opresor que había ya puesto el yugo a casi todo el
Estado”. Continúa el mismo día expresando: “Compatriotas, he hecho todo por la
gloria de mi país; permitid que haga algo por la mía. No abandonaré, sin
embargo, el timón del Estado, sino cuando la paz reine en la república”.

Posteriormente, en discurso pronunciado el 15 de febrero de 1819 ante el


Congreso de Angostura, indica lo siguiente: “Cuanto más admiro la excelencia de
la constitución federal de Venezuela, tanto más me persuado de la imposibilidad
de su aplicación a nuestro Estado”, aunado a ello subraya: “Puede suceder que
no sea el Presidente un hombre de grandes talentos ni de grandes virtudes, y no
obstante la carencia de estas cualidades esenciales, el Presidente desempeñará
sus deberes de un modo satisfactorio, pues en tales casos el ministerio, haciendo
todo por sí mismo, lleva la carga del Estado”.

Así mismo, en Lima, ante el Congreso, el 10 de febrero de 1825, renunciando a la


dictadura, se refiere al Estado como sigue: “Consagrándose a la salud de la patria,
y destruyéndose a sí mismo, el Congreso constituyó al ejército en el augusto
encargo de dar libertad al Estado, de salvar sus flamantes leyes y de lavar con la
sangre de los tiranos las manchas que la nación había recibido de esos hombres
nefandos, a quienes se había confiado la autoridad de regirla.” Un año después,
el 15 de agosto, contestando a las corporaciones y a la ciudadanía que lo
excitaban a que no regresase a Colombia sino que permaneciese al frente de los
destinos del Perú, proclama: “El Perú abunda en hombres eminentes: ellos
pueden conducir la nave del Estado con tino y sabiduría”.

Finalmente, en el mensaje del Libertador al Congreso Constituyente de Colombia


el 20 de enero de 1830, reseña lo siguiente: “… es la obligación del Gobierno
instruiros de los conocimientos que poseen los respectivos ministerios de la
situación presente del Estado, para que podáis estatuir de un modo análogo a la
naturaleza de las cosas”. 13

En todos estos documentos, “Estado” termina siendo un sinónimo de República,


país o gobierno; asumiendo un significado equivalente al descrito por el
Diccionario de la época, ya previamente citado. Sin embargo, desde 1992 y hasta
nuestros días, la Real Academia Española modifica el concepto antiguo por:
“Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano”. 14

Ahora bien, el concepto político de Estado, va más allá de la definición sencilla


aceptada por la RAE, para adoptar múltiples facetas de acuerdo a las teorías que
lo estudian, la visión de los autores y el contexto en el que surgen.

Por ejemplo, la interpretación de Louis Althusser, de acuerdo a la tradición de


pensamiento marxista, es la de un Estado como “máquina de represión que
permite a las clases dominantes asegurar su dominación sobre la clase obrera
para someterla al proceso de extorsión de la plusvalía”. 15 En este concepto se
pueden extraer palabras claves que otros autores van a continuar repitiendo y que,
además, van a seguir evolucionando con el tiempo. Ellas son: represión y
dominación. En ese sentido, Paul Laband considera que sólo el Estado es quien
puede dominar a los hombres, privilegio que no puede compartir con nadie, 16
mientras que Carlos Rodríguez Braun asegura que el Estado “se separa y
distingue de todas las demás instituciones por un signo único: la coacción”. 17

13 Todas las notas sobre los documentos del Libertador son tomadas de: Blanco Fombona, Rufino. Discursos y
Proclamas, Simón Bolívar. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, 2007.
14 Diccionario de la Real Academia Española. Disponible en: www.rae.es
15 Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Buenos Aires: Nueva Visión Argentina, 2005.
16 Laband, Paul. Das Staatsrecht des Deutschen Reiches. Vol. I, 4a ed, Leipzig, 1901, p. 64. En: Weber, Max.

Sociología del poder, los tipos de dominación. Madrid: Alianza Editorial, 2009. p. 17. En el Estudio Preliminar de
Joaquín Abellán.
17 Rodríguez Braun, Carlos. Estado contra mercado. Editorial digital Sibelius, 2000. p. 39.
Dominado por esta idea marxista, Lenin, citando a Engels; considera que el
Estado es “un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de
desarrollo”, que se hizo necesario para establecer un poder que aparentemente se
encuentra por encima de ella misma, cuyo fin es “amortiguar el conflicto, o
mantenerlo dentro de los límites del orden”, y que se divorcia cada vez más de esa
misma sociedad. De esta forma, Lenin termina por interpretar que el Estado es “el
producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de
clase”, que finalmente surge cuando éstas no logran un acuerdo. 18

Como se puede observar, Lenin introduce una nueva palabra clave: orden. Ya no
sólo es una forma de dominación y de represión, también es un ente que garantiza
el orden de una sociedad en la que las contradicciones entre clases la someten a
una lucha permanente.

Por otro lado, la tradición anarquista, de cuyo seno citamos a Mijail Bakunin,
considera que el Estado es una “institución histórica, transitoria, una forma
pasajera de la sociedad” que es la encargada de organizar el poder y ejercer la
autoridad a través de la fuerza, pues su naturaleza es imponer y obligar, siendo su
origen y fin supremo la conquista. 19 De acuerdo a estas características, el autor
logra englobar las tres palabras claves que se han venido repitiendo en los demás
conceptos: represión (a través de la fuerza), dominación (imposición y obligación)
y orden (organización).

Ahora bien, para otros autores, “la reducción del Estado al papel de instrumento
ciego de la operación de clase es evidentemente insatisfactoria”, 20 por lo que debe
expandirse en otros niveles. En este sentido, Karl Deutsch considera que el
Estado es una “maquinaria organizada para la elaboración y ejecución de
decisiones políticas y para la imposición de las leyes y reglas de un gobierno”.
Esta definición emplea palabras menos impactantes que las anteriores, pero en

18 Lenin, Vladimir. El Estado y la Revolución. Disponible en: www.infotematica.com.ar


19 Bakunin, Mijail. Dios y el Estado. Editorial digital Moro, original de 1882. pp. 75- 95.
20 Jasay, Anthony de. El Estado. Editorial digital Leviathan, 1985. p. 50.
esencia mantiene los conceptos de dominación y de orden. La dominación en
este caso, no es de una clase sobre otra, sino para imponer el orden a través de
un sistema jurídico, incluyendo dentro del aparato estatal a funcionarios, estructura
burocrática, soldados, policías y cárceles. 21 En ese orden de ideas, Anthony de
Jasay considera que el Estado es la “organización dentro de la sociedad que
puede infligir sanciones sin riesgo de rechazo y que puede rechazar las sanciones
de los demás”, 22 obteniendo de esta forma, un monopolio sobre el empleo de la
coacción para el mantenimiento del orden.

De igual forma, Guillermo O’Donnell define al Estado como una “asociación con
base territorial, compuesta de conjuntos de instituciones y de relaciones sociales
(la mayor parte de ellas sancionadas y respaldadas por el sistema legal de ese
Estado) que normalmente penetra y controla el territorio y los habitantes que ese
conjunto delimita. Esas instituciones reclaman el monopolio en la autorización
legítima del uso de la coerción física y normalmente tienen, como último recurso
para efectivizar las decisiones que toman, supremacía en el control de los medios
de esa coerción sobre la población y el territorio que el estado delimita”. 23
Concepto que, por demás, es una extensión modernizada del original planteado
por el pensador alemán Max Weber al inicio del siglo XX.

En la obra “El político y el científico”, este autor alemán conceptualiza al Estado


como “aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el
“territorio” es un elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la
violencia legítima”. 24 De esta forma, se incluyen dos nuevos componentes a la
fórmula orden, dominación, represión; siendo estos: territorio y legitimidad. En
ese sentido, continúa Weber: “El Estado, como todas las asociaciones o entidades
políticas que históricamente lo han precedido, es una relación de dominación de
hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de la violencia legítima (es

21 Deutsch, Karl. Política y gobierno. México: Fondo de Cultura Económica, 1998. p. 120.
22 Jasay, Anthony de. El Estado … p. 67. Cursivas del texto original.
23 O’Donnell, Guillermo. Democracia, agencia y estado. Prometeo libros. p. 76.
24 Weber, Max. El político y el científico. Editorial digital Bercebus, original de 1919.
decir, de la que es considerada como tal). Para subsistir necesita, por tanto, que
los dominados acaten la autoridad que pretenden tener quienes en ese momento
dominan”. 25

El Estado es entonces el único que puede reclamar un monopolio sobre la


decisión de quién puede usar la fuerza, cuándo la puede usar y bajo qué
condiciones. Por ello, se reserva para sí el derecho único de legislar sobre la
legitimidad y permisibilidad de cualquier uso de la fuerza dentro de sus límites.
Más aún, el Estado reclama el derecho de castigar a todos aquellos que violen su
pretendido monopolio; y esto puede hacerse cuando: 1) una persona haga uso de
la fuerza aunque no sea autorizada por el Estado para hacerlo, o 2) aunque sin
usar por sí mismo la fuerza, un grupo o una persona establezca otra autoridad (y
quizá pretenda, incluso, que sea la única legítima) para decidir cuándo y por quién
26
el uso de la fuerza es apropiado y legítimo”.

El concepto de Weber es pues, no sólo uno de los más aceptados en la


actualidad, sino el que vamos a tomar como base para determinar la existencia o
no, de un verdadero Estado en la Venezuela de 1811 a 1858.

Para hacer ese estudio y llegar a alguna conclusión, es ineludible adentrarnos en


la segunda mitad del siglo XVIII, aquella que ve nacer a la Capitanía General de
las Provincias de Venezuela, por Real Cédula de Carlos III, firmada en San
Ildefonso, el 8 de septiembre de 1777. Esta es una unidad política territorial
dependiente del Reino de España, conformada por las provincias de Venezuela,
Cumaná, Guayana, Maracaibo e islas de Trinidad y Margarita; cuya creación
obedece a una necesidad administrativa de la Corona española, puesto que su
capacidad real de gobernar en un territorio tan amplio como las Indias
Occidentales, se hacía cada vez menor. Esta afirmación se demuestra a través
del mismo texto de la Real Cédula de creación, en el cual el Rey justifica la

25 Weber, Max. El político… p. 6.


26 Nozick, Robert. Anarquía, Estado y utopía. Editor digital Titivillus, original de 1974. p. 35.
organización de una nueva Capitanía General, considerando que las grandes
distancias que separan al Virrey de Santa Fe con respecto a los gobernadores de
nuestras provincias, originan “retardo en las providencias con graves prejuicios de
mi real servicio”, además de dificultades y males mayores que se “ocasionarían en
caso de una invasión”. 27 Paradójicamente, este mismo obstáculo geográfico y la
misma incapacidad de mantener el orden en tal extensión de territorio, van a ser
recurrentes en 1828, cuando el Libertador trata de dirigir los destinos de Colombia.

Esta creación del reino español, aglutina no sólo a cuerpos territoriales definidos,
sino también a sentimientos provinciales encontrados. Guillermo Morón confirma
esta consideración al describir que las provincias “no constituyeron un todo
homogéneo, sino que fueron autónomas y dependieron, incluso, de distritos de
diferentes Reales Audiencias hasta 1786”. 28 Tenemos por ejemplo a la provincia
de Cumaná, que antes de 1777 dependía en lo civil al Virreinato de Santa Fe
(Bogotá), en lo judicial a la Audiencia de Santo Domingo, en lo religioso al
Obispado de Puerto Rico, en lo económico a la Tesorería de Caracas y además,
recibía las Reales Órdenes del Consejo de Indias por intermedio del Secretario de
Nueva España (México). 29

Otra muestra de esta situación, lo constituye la provincia de Mérida, en la cual se


sentía mayor influencia de Bogotá que de Caracas, debido a que durante los dos
siglos anteriores, estuvo bajo la dependencia de la Audiencia de Santa Fe. De
hecho, el 16 de septiembre de 1810, al constituirse la Junta Soberana de Mérida,
primero se gritó ¡Viva la Junta Suprema de Santa Fe! Y luego ¡Viva la Junta
30
Suprema de Caracas!

27 Real Cédula de 1777 que organiza la Capitanía General de Venezuela. Disponible en: www.analitica.com
28 Morón, Guillermo. Historia de Venezuela. Caracas: Enciclopedia Britannica de Venezuela, 1995. Tomo V: “La
formación del pueblo”. p. 141.
29 Siso, Carlos. La formación del pueblo venezolano. 7ª edición. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República,

1986. Tomo II. p. 208.


30 Ídem. p. 210.
Estos ejemplos dejan en evidencia que, a pesar de la aseveración del escritor
Parra Pérez, quien afirma que con la creación de la Capitanía General y la
conformación posterior de la Audiencia de Caracas en 1786 queda “constituida
como entidad política y judicial, aunque no soberana, la nación venezolana”, 31 la
formación de la nacionalidad es un proceso mucho más complejo, y no obedece
necesariamente al decreto de alguna autoridad. 32 Sin embargo, sí podríamos
decir que es un antecedente importante a la creación del Estado venezolano,
puesto que por el principio del uti possidetis juris, le va a conferir el territorio a lo
que posteriormente sería la República, y que se ha mantenido hasta la actualidad,
como puede observarse en el artículo 10 de nuestra Constitución Nacional.

El Estado venezolano nace el 5 de julio de 1811, con la declaración de


independencia por parte del Congreso constituido en Caracas. Pero de 1786 a
1811 hay aún acontecimientos que comentar; en especial, los acaecidos en
Caracas el 19 de abril de 1810. Ya es suficientemente conocido, que esta fecha
sólo conmemora la renuncia del Capitán General Vicente Emparan y la
conformación de la que se denominó “Junta Suprema Conservadora de los
Derechos de Fernando VII”, con sede en Caracas, ciudad que fungía como capital
y asiento de las depuestas autoridades españolas de la Capitanía General, la Real
Audiencia y la Intendencia. 33

Si bien esta sublevación da inicio al proceso independentista, no puede afirmarse


que su fin último era la independencia; de hecho, el mismo nombre del órgano
constituido deja claro que la acción tomada en Caracas respondía a la
confirmación de la autoridad del Rey secuestrado en Bayona, a través de la Junta

31 Parra Pérez, Caracciolo. Historia de la Primera República. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1992. p. XLV. En este
mismo orden de ideas, Guillermo Morón considera que la unificación territorial de Venezuela se hereda
verdaderamente de la jurisdicción de la Real Audiencia de Caracas y no de la Capitanía General.
32 Para ilustrar sobre el tema del nacimiento de las nacionalidades ver: Chiaramonte, José Carlos. Nación y Estado en

Iberoamérica. Buenos Aires: Sudamericana, 2004; Anderson, Benedict. Comunidades imaginadas. México: Fondo
de Cultura Económica, 1993 y Mises, Ludwig von. Nación, Estado y economía. Editorial digital Loto, 1919.
33 Siso, Carlos. La formación… pp. 220 – 224. Sin embargo, y en aras de defender la posición de aquellos que

consideran el 19 de abril como fecha de la Independencia (tal cual como aparece en nuestro Escudo Nacional); la
celebración de los actos conmemorativos a la emancipación y el número ordinal que se sigue a los documentos
oficiales corresponden a dicho 19 de abril de 1810, desde los primeros años de la República.
Central reconocida legítimamente y que consideraba la participación de delegados
americanos debidamente elegidos; en oposición al Consejo de Regencia
nombrado posteriormente o a la monarquía francesa representada por José I
Bonaparte. De hecho, el precepto legal que se invocó fue el regreso de la
soberanía al verdadero depositario (el pueblo), hasta tanto se lograse recuperar la
presencia regia; en vez de una separación plena de la metrópoli. 34

Ahora bien, aun cuando no está conformado el Estado como tal, es la Junta de
Caracas la que decide tomar para sí el monopolio de la violencia legítima y el
control político de lo que después sería la República. Para hacerlo, primero
organiza una expedición militar contra la ciudad de Coro, a fin de atraerla a la
causa capitalina, ya que ésta no reconoció a la Junta de Caracas, principalmente
debido a tres importantes circunstancias: la primera corresponde a la pretensión
ya antigua de que Coro se convirtiera en capital, 35 la segunda es la actitud
unilateral tomada por la Junta al reservarse para sí la “Suprema Autoridad
Soberana en las provincias que constituyeron la Capitanía General de Venezuela”,
declarándose inequívocamente como centro del poder político, siguiendo la
costumbre dada por las autoridades españolas; y la tercera es el desconocimiento
de la legalidad de la Junta Suprema, por considerarla violatoria de la autoridad
real. 36

La Campaña de Coro de 1810, comandada por el Marqués del Toro, estaba


condenada al fracaso desde el principio. Salió de la provincia de Venezuela con el
fin de bloquear las relaciones comerciales de la ciudad rebelde y atraerla, por la
disuasión, al reconocimiento de la Junta Suprema de Caracas. Bajo estas
ataduras, la expedición fue más una operación política que militar, a la cual, dicho
sea de paso, no se le otorgaron los medios necesarios para el cumplimiento de la

34 Quintero, Inés (coord.) Venezuela, crisis imperial e independencia. Lima: Ed. Taurus, 2011. Tomo I 1808/1830.
Colección América Latina en la Historia Contemporánea. Cap. “La vida política” de Inés Quintero Montiel. pp. 45-47.
35 Febres Cordero, Julio. El primer Ejército republicano y la Campaña de Coro. Caracas: Ediciones de la Contraloría

General de la República, 1973. p. 61.


36 Siso, Carlos. La formación… pp. 220 – 222.
misión. Por ejemplo, se ordenó un bloqueo comercial a una ciudad portuaria sin
dotársele de una flota para hacerlo. 37

Igual suerte corre la Campaña de Guayana de 1811, organizada para imponer la


unión de dicha provincia a la causa capitalina. Sin embargo, el ejército organizado
para tal fin fue repelido por las fuerzas defensivas guayanesas, fracasando
nuevamente en el intento de consolidar todo el poder político en Caracas.

Esta diversidad de criterios para afrontar la orfandad del poder de la Corona, es un


indicio más que confirma lo que varios autores han destacado: el sentimiento
provincial, el apego a la ciudad y la falta de un sentimiento nacional como hoy lo
conocemos; son causantes del espíritu federal que impregnó la República de
1811, organizada así para zanjar estas diferencias en un país en completa
evolución, buscando crear un “vínculo de solidaridad política que mantuviera a las
38
provincias autónomas, soberanas” y que posteriormente, según el criterio más
aceptado, el cual fue evocado por Bolívar en el conocido Manifiesto de Cartagena;
se convierte en causante de la pérdida de la comúnmente conocida “Primera
República”. 39

De todo esto, se puede inferir que ese incipiente Estado que inicia su accionar en
1810 y se constituye legalmente en 1811, no cumple con los requisitos weberianos
para conformar un verdadero Estado. De hecho, el fracaso de las maniobras
contra Coro y Guayana es lapidario para determinar que la figura de poder no
lograba concentrar una autoridad competente en el territorio de la extinta
Capitanía General de Venezuela.

37 Febres Cordero, Julio. El primer… pp. 69 – 104.


38 Siso, Carlos. La formación… p. 218.
39 Entre los que se presentan de acuerdo con esta proposición se encuentran no sólo el Libertador, sino también autores

contemporáneos como Guillermo Morón, Parra Pérez, Febres Cordero y Carlos Siso.
Hablar de Estado en lo que se conoce normalmente como “Segunda República” es
más complicado aún, teniendo en cuenta la descomposición territorial y social
sufrida por el país, en medio de los esfuerzos de Bolívar y Mariño por organizar las
instituciones nacionales, bajo el asedio de las tropas de Boves y de los demás
realistas. De hecho, incluso los discursos, documentos y relaciones comerciales e
internacionales llevadas a cabo por ambos generales dan cuenta de una división
territorial entre el Occidente y el Oriente, como lo deja ver Parra Pérez en su
obra. 40

La llamada “Tercera República”, que nace en Angostura y vislumbra la unión


41
colombiana, también es difícil de gobernar, no sólo por la cantidad de partidos
que la formaban, sino también por la composición política y social heredada de
España, en el que la ciudad y la provincia eran los símbolos del verdadero poder.
Por ejemplo, entre los años 1826 y 1827 surgen una serie de sucesos en toda
Colombia, a través de los cuales diversas municipalidades exigen mayor
independencia del gobierno central, y de hecho llegan a desconocer el gobierno
legítimo colombiano. En el caso venezolano, la municipalidad de Caracas, de
entre muchas otras que siguieron su ejemplo, empezando por Valencia; confirma
según acta del 16 de mayo, “el rompimiento de toda comunicación con el Poder
Ejecutivo de Colombia y la independencia del nuevo Gobierno establecido en
Venezuela”. 42

Estas situaciones son las que originan reflexiones como las que el mismo
Libertador confiesa a O’Leary en carta del 13 de septiembre de 1829 en
Guayaquil: “Si he de decir mi pensamiento, yo no he visto en Colombia nada que
parezca gobierno ni administración ni orden siquiera.” Así mismo detalla que el
gobierno colombiano “no es suficiente para ordenar y administrar sus extensas
provincias. El centro se halla muy distante de las extremidades. En el tránsito se

40 Parra Pérez, Caracciolo. Mariño y la Independencia de Venezuela. Caracas: ANH y Fundación Bancaribe para la
Ciencia y la Cultura, 2004. Tomo I. pp. 328 – 331.
41 Entiéndase partido como “facción”, tomando en cuenta la usanza de la época.
42 Siso, Carlos. La formación… Tomo II. p. 112.
debilita la fuerza y la administración central carece de medios proporcionados a la
inmensidad de sus atenciones remotas”. 43

Por su parte, José María Rojas asegura que la constitución de una república como
Colombia era un “absurdo a la razón”, no sólo por la imposibilidad de conservar la
unidad política “en un país compuesto de razas con aspiraciones y tendencias tan
múltiples como varias”, sino por la carencia palpable de vías de tránsito que
impedían ejercer con efectividad la administración del Estado en un territorio
“capaz de contener muchas veces el de varias naciones europeas”. 44

Son las mismas razones por las cuales Carlos III crea la Capitanía General de
Venezuela, pero poco entendidas por los patriotas, pues en su momento
rivalizaban con el ideal unitario que inspiraba a muchos de nuestros próceres,
liderados por Bolívar. En fin, como escribe Ramón Díaz Sánchez, el Libertador
soportaba el peso de Colombia bajo su fe inquebrantable, pero la emergente
nación estaba “irremediablemente condenada al fracaso”. 45

Quizás la constitución de una confederación de países hubiese sido más práctica


a los efectos de organizar el poder. Pero lo inconveniente y anacrónico de la
suposición en historia, nos impide darle continuidad a la imaginación,
obligándonos a comprobar que el desarrollo de las colonias confederadas en
América del Norte y su conquista del oeste, sólo fue efectiva atada a la
construcción de mejores vías de comunicación en una geografía menos irregular,
bajo conceptos de modernización distintos, con los recursos de la revolución
industrial y con el estímulo de un mayor desarrollo económico. Es evidente que
las similitudes en ambas situaciones son muy pocas, pero la convicción de una

43 Carta de Simón Bolívar para Daniel Florencio O’Leary. Guayaquil. 13 de septiembre de 1829. Obras completas del
Libertador. México: Editorial Cumbre, 1978. Tomo III.
44 Rojas, José María. Bosquejo histórico de Venezuela. París: Librería de Garnier Hermanos, 1888. Primera parte

(desde 1830 hasta 1836). pp. 2 – 3.


45 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán, elipse de una ambición de poder. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación

Nacional, 1950. p. 124.


Hispanoamérica unida bajo un ideal republicano, fue más grande que el estudio
práctico de su viabilidad.

En fin, la posibilidad de comprobar la existencia de un verdadero Estado en todo


este período, que va escalonado desde el 19 de abril de 1810, pasando por la
declaración de Independencia, hasta llegar a la conformación y posterior
disolución de Colombia, no es sólo complicado, sino casi imposible. Muy a pesar
de los grandes esfuerzos de nuestros libertadores, el mismo estado de guerra
contra los realistas y luego entre las propias facciones americanas, las grandes
distancias entre las provincias y las distintas visiones de gobierno; dieron al traste
con la viabilidad de un Estado moderno.

Ahora bien, ya separada Venezuela de Colombia, constituida en una nueva


República con la Constitución de 1830, ¿puede ser considerada Estado bajo la
premisa de Weber?

Difícil y tortuoso ha de ser el camino del país desde 1830 hasta nuestros días. En
una cíclica aparición de eventos, aciertos y desaciertos, traiciones y lealtades; la
nueva patria se va sumergiendo en numerosos sucesos que van a cuestionar su
integridad política y a minar la naciente nacionalidad.

Ya al momento de emerger la nueva República, separada de Colombia, se ve


envuelta en las luchas intestinas que la van a caracterizar durante los restantes
años de siglo. No terminaba de consolidarse la separación, cuando el gobierno
del General en Jefe José Antonio Páez, quien es nombrado por el Congreso para
asumir la jefatura de Estado, dando continuidad a sus cargos como Jefe Militar y
Civil y Jefe Supremo de Venezuela concedidos previamente por Colombia;
ordena al General José Tadeo Monagas que apacigüe una rebelión originada en la
provincia de Caracas, específicamente en Río Chico y Orituco, que proclamaba la
integridad colombiana y la adhesión al Libertador. 46 Pero luego, es el mismo
Monagas quien inspira otro alzamiento en el oriente del país, esta vez en Aragua
de Barcelona, el 15 de enero de 1831; apelando a la integridad de Colombia,
llamando a la unidad y al apego a los ideales bolivarianos. 47 Ante esta novedad,
se recurre al expediente del General en Jefe Santiago Mariño para controlar el
Oriente, teniendo como resultado la pacificación de la rebelión a través de
acciones no aprobadas por el Congreso y el Gobierno. 48 Desde octubre a
noviembre de ese mismo año 30, doscientos hombres se levantaron en armas al
mando de Estanislao Castañeda, siendo ahora el foco de la rebelión la localidad
de Siquisique, también pronunciándose a favor de Bolívar y Colombia. Los
sediciosos fueron derrotados por las tropas gubernamentales que dirigía Andrés
Torrellas. 49

La llamada “cuarta” República, que emerge bajo la protección de Páez, ve la


consolidación de un fenómeno político y social, estudiado por todos, reconocido
por muchos y desaprobado por otros: el “caudillismo”. Éste incluye una nueva
característica a las ambiciones y contrariedades políticas del país, redundando en
la conformación posterior de nuestra sociedad. De hecho, en la actualidad los
ecos de esa palabra siguen resonando en los estertores políticos de la nación.

46 El Concejo Municipal de Caracas expresará que este movimiento actuó: “invocando la integridad de Colombia y el
nombre mágico de Bolívar”. Véase la Exposición del Concejo Municipal de Caracas al General Páez del 4 de agosto
de 1835 en: Academia Nacional de la Historia. Documentos para los anales de Venezuela desde el movimiento
separatista de la Unión Colombiana, hasta nuestros días. Caracas: Imprenta del Gobierno Nacional, 1892. Segundo
período, Tomo Tercero. p. 30.
47 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán… p. 156. José María Rojas agrega que estos movimientos continuaron emergiendo

en dicha provincia y en Maturín. Véase en: Rojas, José María. Bosquejo… p. 11. Por su parte, Felipe Tejera afirma
que la insurrección se inicia debido a que no se conocía aún la noticia de la muerte del Libertador, pero luego de
hacerse pública la información, la sublevación se debilita y finalmente se rinde. Véase en: Tejera, Felipe. Manual de
historia de Venezuela para el uso de las escuelas y colegios. Caracas: Imprenta Federal, 1875. pp. 182 – 183. Esta
tesis también es apoyada por Rafael Arráiz Lucca.
48 Supuestos tratos de conciliación se llevaron a cabo entre ambos jefes orientales, pero incluso se estuvo al borde de la

consolidación de la rebelión asumiendo la jefatura el General Mariño. Véase en: Rojas, José María. Bosquejo… p.
12
49 Gil Fortoul, José. Historia Constitucional de Venezuela. México: Editorial Cumbre, 1978. Biblioteca Simón Bolívar,

Tomo X. p. 450. A esta rebelión también se hace referencia en: Esteves González, Edgar. Las guerras de los
caudillos. Caracas: Editorial CEC, 2006. Colección Los Libros de El Nacional. p. 11.
Para Diego Bautista Urbaneja “la figura del caudillo ocupa un lugar central en la
Venezuela del siglo XIX”, y lo encumbra como un líder militar y popular, con una
especie de ejército personal, que termina por controlar la violencia física en el
territorio donde se desenvuelve. 50 Esta afirmación se opone a su misma idea de
la proyección de un “Estado liberal”, cuando el Estado per se, es quien debe
mantener el monopolio de la violencia legítima, siguiendo la definición expuesta
con anterioridad. Respecto al tema, Ramón Díaz Sánchez describe algo parecido:
“en cada región hay un caudillo que agrupa la bárbara voluntad de los hombres”. 51
Mientras Arráiz Lucca indica que el caudillismo emergería junto a la República
“buscando imponer su propia gramática, empuñando para ello una espada, y
cobrando los servicios prestados durante la Guerra de Independencia”. 52 Es pues
este fenómeno, uno de los que va a complicar la posibilidad de definir un Estado
weberiano en nuestro territorio durante el período en estudio.

El primer gobierno de Páez, que termina por hacerse constitucional a partir de las
53
elecciones del 2 de enero de 1831, se encuentra con diferentes alzamientos que
van a complicar el monopolio legítimo de la violencia. Ya describimos la
sublevación partidaria de la unión colombiana, luego la oriental de Monagas; pero
también encontramos la sublevación caraqueña del 11 de mayo, que pretendía el
exterminio de la “parte más alta de la sociedad para repartirse sus propiedades y
54
hacer su agosto de placeres nefandos” y el movimiento de José Dionisio
Cisneros, quien a pesar de ser un salteador de caminos, proclamaba ser parte de
un movimiento en apoyo al Rey y mantuvo en jaque a la policía gubernamental.
Tanto así, que el propio Presidente es quien negocia con el bandido y lo convence
de deponer sus armas. 55

50 Urbaneja, Diego Bautista. La idea… pp. 36 – 39.


51 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán… p. 169.
52 Arráiz Lucca, Rafael. Venezuela: 1830 a nuestros días. Caracas: Editorial Alfa, 2007. p. 33.
53 Hay que recordar que estas elecciones eran públicas e indirectas, realizadas por los colegios electorales y

perfeccionadas en el Congreso. Véase en: Landaeta Rosales, Manuel. Gobiernos de Venezuela de 1830 – 1897.
Caracas: Imprenta Bolívar, 1897. p. 5.
54 Tejera, Felipe. Manual de historia de Venezuela para el uso de las escuelas y colegios. Caracas: Imprenta Federal,

1875. p. 183. Véase también en: Rojas, José María. Bosquejo… p. 13.
55 Este episodio es relatado por varios autores. Véase en: Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán… y en: Esteves González,

Edgar. Las guerras… pp. 8 – 12. El decreto “Admitiendo al servicio al Coronel Dionicio (sic) Cisneros” data del 22 de
Pasado un año, Monagas y Mariño subvierten al país proclamando la República
de Oriente, defendida por ambos caudillos en diversas circunstancias. La
sublevación es pacificada por el mismo Páez en el Valle de la Pascua. En 1833,
tropas licenciadas que habían participado en la rebelión anterior, se declaran en
armas al mando del Coronel Cayetano Gabante, declarando nuevamente la
integración a Colombia.

Luis Jerónimo Alfonzo relata en su obra “Breve Análisis del pasado de Venezuela”,
que si bien era entendido en el colectivo que esta época fue de progreso y de
orden, se pregunta ¿en qué reinó el orden en esa época? “convendríamos en ello
si el orden pudiera ser privar al pueblo de su pensamiento y de su voluntad”. La
considerada como “edad de oro” era descrita como una usurpación a los derechos
del soberano (el pueblo); a través de un presidente impuesto (Páez), para fines
“siniestros” y que, al no llenar las expectativas en su mandato, generaron una
oleada de levantamientos y luchas sangrientas que perdurarán durante varios
decenios. 56

Los difíciles años del primer mandato de Páez, van a estar acompañados no sólo
de las distintas insurrecciones, sino también por un intento de organización estatal
para sentar las bases de un país que busca organizarse y levantarse después de
los estragos sufridos en la Guerra de Independencia. 57 El comentario de Alfonzo
citado en el párrafo anterior, es consecuencia de que el orden se debió mantener
a partir de la imposición central del poder, a través de un mando férreo que sólo
podía ser detentado por una figura como la del “caudillo”.

noviembre de 1831, firmado por José Antonio Páez como Presidente y refrendado por Carlos Soublette como
Secretario de Guerra y Marina. La reproducción puede verse en: Decretos Expedidos por el Ejecutivo de Venezuela,
1830 – 1838. Caracas: Imprenta de George Corner, 1839. pp. 37-38.
56 Alfonzo, Luis Jerónimo. Breve análisis del pasado de Venezuela. Caracas: Imprenta Nacional, 1872. pp. 6-7.
57 El país después de la Independencia es “un desastre. La guerra lo convierte en un escombro. Las pérdidas de la

población se calculan en más de un 30%, sufriendo la aristocracia que había dirigido la sublevación y tenía
experiencia de mando un golpe que casi la extingue. Cerca del 46% de las esclavitudes se pierde en los combates.
De 4500000 reses contadas al principio del conflicto, solo quedan unas 250000”. Pino Iturrieta, Elías. País… pp. 25-
26.
La transición del mandato de Páez debe hacerse a través de las elecciones
ordenadas por la Constitución; y el partido del jefe llanero prefiere apoyar a un
civil para tratar de minimizar los efectos del militarismo y la concentración del
poder en el fuero militar.

Es por ello que en 1835, es electo el Doctor José María Vargas como Presidente
para el período 1835 – 1839. Sin embargo, la paz que se esperaba dura poco. En
junio de ese año se alzó un movimiento en Maracaibo en favor de la federación,
que proclamaba como jefe al General Santiago Mariño. Dicha intentona termina
siendo rápidamente sofocada por las fuerzas del gobierno, dirigidas por el
General Mariano Montilla. 58

En julio del mismo año, una serie de partidos con graves discrepancias entre sí,
llegan incluso a un acuerdo que cinco años antes parecía imposible. Los llamados
59
“bolivianos” se alzan en armas junto a muchos antiguos oficiales de la
Independencia y dirigen la llamada “Revolución de las Reformas”, liderada por el
General Santiago Mariño, junto a otros oficiales entre los cuales se destacan
Diego Ibarra, Justo Briceño, Luis Perú de la Croix, Pedro Briceño Méndez y José
Laurencio Silva. Para colmo de la ironía, integra este movimiento el famoso Pedro
Carujo, quien el 25 de septiembre de 1828, fue el brazo ejecutor del atentado
contra el Libertador en Bogotá. Esta “revolución”, pretendía que el ala militar de la
política nacional tomase el poder, dejando en banca al ala civil, liderada por el
presidente electo. 60 Además de ello, basaba su acción política en los siguientes
fundamentos: establecer la federación venezolana, restituir el fuero militar y el

58 Rojas, José María. Bosquejo… p. 28. Véase también en: Morón, Guillermo. Los presidentes de Venezuela. Caracas:
Editorial Planeta, 1993. p. 63.
59 O “bolivarianos”, en fin, partidarios de Bolívar.
60 Varios autores creen que las elecciones que llevan al poder al doctor Vargas resultan ser fraudulentas, puesto que son

invalidados los votos de los colegios electorales orientales que hubiesen favorecido al General Mariño.
eclesiástico, declarar la religión católica como oficial y consignar los empleos
públicos a los verdaderos fundadores de la República. 61

Suceden los acontecimientos a partir del 8 de julio de 1835, cuando en el cuartel


de Caracas se arresta a los principales oficiales y se alza el batallón “Anzoátegui”
derrocando al gobierno, mientras los reformistas prorrumpen en vivas a favor de
Páez y proclaman Presidente al General Mariño, Gobernador Militar al General
Diego Ibarra, Jefe del Ejército en Operaciones al General Silva, Comandante del
Batallón “Anzoátegui” al Coronel J.M. Melo y segundo comandante del mismo al
Comandante Pedro Carujo. Así mismo, las tropas de esta guarnición asaltan la
casa presidencial de Vargas y lo detienen en la misma sin poder obligarlo a
renunciar. 62 Posteriormente terminan deportándolo a Saint Thomas junto al
vicepresidente, Doctor Andrés Narvarte; 63 hacen de inmediato el llamado a una
“Convención Nacional” que se encargaría de corregir el rumbo del país, a partir de
64
las “reformas” al sistema y a la Constitución. 65

Pero el tiempo hizo que la urgencia de poder latente desde la misma


Independencia, contenida inteligentemente por el Libertador, se precipitara con los
hechos, haciendo resurgir entre otras cosas, la idea del Estado de Oriente,
abanderada nuevamente por Monagas, simultáneamente al propio movimiento
“reformista”. 66 Finalmente, la “revolución” es apaciguada cuando Páez decide

61 Academia Nacional de la Historia. Documentos para los anales de Venezuela desde el movimiento separatista de la
Unión Colombiana hasta nuestros días. Caracas: Imprenta del Gobierno Nacional, 1892. Segundo período. Tomo III.
p. 10. Extracto de la carta del Sr. José Francisco Hurtado al General Páez fechada el 14 de julio de 1835. En ella,
también se da a entender que Páez tomaría la presidencia mientras Mariño comandaría al Ejército Libertador.
62 Documentos para… p. 6. Durante la toma de la casa presidencial es cuando ocurre la famosa conversación entre

Carujo y Vargas, en donde el Presidente termina diciendo: “El mundo es de los hombres justos”.
63 Rojas, José María. Bosquejo… p. 29.
64 “El Ejército Libertador proclama las Reformas sociales que vosotros habéis reclamado; Reformas de salud pública, de

orden, de justicia y de libertad; que restituyan al patriotismo sus ínclitos derechos y al pueblo venezolano el pleno
goce de sus prerrogativas esenciales; que destierren las intrigas eleccionarias; que nos den instituciones fundadas
en el amor á la Patria y en los dogmas sagrados de un sistema popular, representativo, alternativo y responsable; y,
en fin, que regeneren el país clásico del patriotismo”. Tomado de la proclama del 13 de julio de 1835 dictada por
Santiago Mariño en Caracas, a los 25 años de Independencia y 1 de las Reformas. Véase en: Documentos para… p.
229.
65 El resumen del programa político y objetivos de los reformistas, se puede revisar en la Manifestación de los

Reformistas del 10 de noviembre de 1836 en Curazao. Véase en: Documentos para… pp. 280 - 305.
66 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán… p. 180 – 200.
apoyar al bando del gobierno, traicionando la esperanza de los “revolucionarios”
de que se convirtiera en jefe de la facción militarista y se uniera a las fuerzas
rebeldes.

La marcha del “Centauro” empieza en su hacienda San Pablo, una vez recibido el
nombramiento como Jefe del Ejército en Operaciones, ordenado por el Presidente
Vargas antes de ser desterrado. Sus tropas pasan por Valencia, siguen a Caracas
para luego continuar en una campaña hacia el oriente del país. Posteriormente
vuelven hacia el centro y atacan Puerto Cabello, sometiendo finalmente a los
sublevados en febrero de 1836; 67 quienes son indultados por el Ejecutivo
68
mediante decreto del 21 de marzo.

La renuncia definitiva de Vargas en abril de 1836, hace que la primera


magistratura del país quede en manos del entonces Vicepresidente Andrés
Narvarte. En este período de tiempo, es importante destacar la firma del Decreto
del 15 de junio de 1836, en el que se ordena la creación de una fuerza de tierra
permanente, lo que enrumbará al país a la organización de un ejército incipiente
que, en manos enteramente del gobierno y no de caudillos o facciones
particulares, sea el protector del gobierno, más que el defensor de la soberanía
nacional (y es que un territorio tan vasto como el nuestro, difícilmente podría haber
sido defendido por dos batallones de infantería de línea que sumaban alrededor
de 800 hombres). 69 En este mismo sentido, el Ejecutivo reglamenta la milicia
nacional (sorpresa quizás para aquellos que pensaban erróneamente que la
milicia es un cuerpo de actualidad) mediante decreto del 1º de agosto de 1836. 70

67 Tejera, Felipe. Manual de… pp. 183 – 188.


68 Decretos… pp. 164 – 166.
69 Ídem. pp. 176 – 180.
70 Ídem. pp. 181 – 266.
A pesar de que se logra aplacar en parte el alzamiento “reformista”, los años 1836
y 1837 siguen siendo de “constantes disturbios en el país”, contenidos por la
espada y el prestigio del General Páez. 71 La dirección del gobierno recaía aún
sobre el Vicepresidente y las elecciones para uno nuevo, de acuerdo a lo
planteado por la Constitución de 1830, se efectuó en 1837, resultando electo el
candidato del caudillo, el General de División Carlos Soublette, quien al momento
se encontraba en España en misión diplomática, por lo que ocupa el cargo
provisionalmente el General José María Carreño, a la sazón Vicepresidente del
Consejo de Gobierno. 72

Apenas en el gobierno, tiene que enfrentar su primera rebelión, originada en la


Urbana, provincia de Guayana, y dirigida por el Coronel José Francisco Farfán. 73
La insurrección proclamaba “la resurrección de Colombia, la reforma de la
Constitución, el restablecimiento del fuero militar y eclesiástico, el juicio por
jurados, la abolición de los derechos que pagaban los agricultores y ganaderos, la
amnistía para los proscriptos revolucionarios de julio de 1835 y el reconocimiento
del General Mariño como Jefe Supremo”. 74 El movimiento fue detenido finalmente
por el mismísimo Páez en la acción de San Juan de Payara, donde 60 hombres de
caballería del gobierno derrotaron a los 800 que conformaban la columna de los
Farfán. 75 Esta batalla le valió el título de “León de Payara”.

71 Ejemplo de estos sucesos lo constituye el levantamiento del Batallón “Junín” y de otras unidades militares en el
Oriente del país, comentados por Andrés Level de Goda el 7 de agosto de 1836. Véase en: Documentos… pp. 305 –
316. Sin embargo, Gil Fortoul se atreve a asegurar que de 1837 a 1846, “el Gobierno, la oposición y el pueblo
pudieron dedicarse a los trabajos de paz”.
72 Tejera, Felipe. Manual de… pp. 188 – 190.
73 Ya los hermanos Farfán se habían levantado en armas en 1836 y su movimiento fue controlado por Páez.
74 González Guinán, Francisco. Historia Contemporánea de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la

República, 1954. Tomo III, p. 20. Como puede observarse, los principios del levantamiento de Farfán son bastante
similares a los de los “reformistas” de 1835.
75 En esta acción mueren Juan Pablo y Ceferino Farfán, hermanos de José Francisco. La batalla está explicada en la

Comunicación del Jefe del Estado Mayor General del Ejército de Operaciones al Secretario de Guerra y Marina del 27
de abril de 1837 (Coronel José Austria). Véase en: Documentos… pp. 358 – 363.
Además de esta insurrección, “el fraile Zubiburo predica una especia de guerra
santa. Pascual Matamoros y el esclavo Francisco Arismendi proclaman la libertad
de los diezmos”. 76 Así mismo, se suceden diversas rebeliones que van desde los
sublevados en Quíbor bajo el mando del Comandante Florencio Giménez, hasta
los insurgentes de Puerto Cabello, Paso Real, Guaparo y de la goleta Mezelle. 77
Esto sin contar que se rumoraba intensamente que el General Mariño invadiría al
país con una flota que estaba armando en Haití. 78 Así el país continúa en un
devenir de rebeliones, apaciguamientos y perdones controlados por el Ejército en
Operaciones comandado por Páez, mientras Soublette asume la resolución de los
problemas políticos y económicos.

En 1838 la provincia de Cumaná es escenario de un movimiento insurgente


capitaneado por Eduardo Figueroa, Juan Cordero y Marcos Landaeta; el cual va a
ser indultado posteriormente, mediante decreto del 9 de abril. 79 El país sigue
convulsionando a pesar de la presencia de las fuerzas militares del Ejecutivo,
siendo sorprendida en el mismo año, una nueva conspiración en Guanarito. 80
Además de ello, tenemos la invasión del Coronel Francisco María Faría desde
Nueva Granada a la provincia de Maracaibo, por Perijá, el 7 de enero. Para
combatir a estos insurrectos procedentes de El Molino, se nombra Jefe de
Operaciones al General en Jefe Rafael Urdaneta. 81 Apaciguada en marzo tuvo
como consecuencia la sentencia a muerte del insurrecto el 25 de abril. La última
de las rebeliones de dicho año 1838, ocurre en Puerto Cabello, en la noche del 13
de diciembre. Las fuerzas del gobierno rápidamente logran controlarla y no afectó
las elecciones presidenciales para el período 1839 – 1843. En éstas obtuvo la

76 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán… p. 200.


77 Decretos… pp. 150 – 260.
78 Arráiz Lucca, Rafael. Venezuela… p. 35.
79 Decretos… p. 316. Véanse también las comunicaciones entre el Gobernador de Cumaná y el Ministro del Interior de

enero de 1838, en: Documentos… pp. 377 – 379.


80 Decretos… pp. 185 – 250.
81 Parte del plan de operaciones está descrito en el nombramiento que hace el Secretario de Guerra y Marina a

Urdaneta, del 25 de enero de 1838. Documentos.... pp. 383 – 385.


victoria como único candidato y por una total superioridad numérica (212 de 222
de los colegios electorales), el General Páez. 82

En octubre de 1839, un nuevo levantamiento ocurre en los llanos, particularmente


en Apure. En este caso, una facción comanda por Domingo Chacón inició
movimientos armados, menos políticos y más de bandolero, que insurreccionaron
el Arauca tanto en Venezuela como en Nueva Granada. El movimiento fue
derrotado por el Coronel José Francisco Farfán. 83

Después de esta elección, se inicia la organización de nuevos partidos,


aglomerados en distintos números periodísticos, que van a empezar a exigir
paulatinamente, no la salida de Páez, sino la de su “camarilla”, quienes llevan una
década ostentando el poder. El leit motiv de estos grupos será: “Hombres nuevos,
principio alternativo”. 84

Y he aquí nace el primer partido político organizado en Venezuela. El Partido


Liberal es fundado en el año 1840, sin espíritu revolucionario, doctrina filosófica o
mística partidista. En cambio, creen que su liberalismo particular es “la libertad de
hacer cada cual con lo suyo lo que le dé la gana”. 85 Sin embargo, la primera
edición del periódico “El Venezolano”, nos ilustra con una serie de puntos que van
posteriormente, a ser considerados como el programa liberal: cumplimiento de las
leyes, alternabilidad, respeto a las elecciones, creación de dos grandes partidos,
difusión de prácticas republicanas, reprobación de los crímenes individuales y de
la apelación de la fuerza para la solución de los asuntos públicos, fortalecimiento
de los partidos para mejores elecciones, énfasis en proponer hombres probos
como candidatos, disminución de las contribuciones públicas, independencia de la
Iglesia, responsabilidad de los empleados públicos, auxilio a las industrias,
abolición de la Ley del 10 de abril, guerra al banco recién formado, leyes de retiro

82 González Guinán, Francisco. Historia…Tomo III. pp. 72-73.


83 Documentos… pp. 396 – 407.
84 Díaz Sánchez, Rafael. Guzmán… p. 221. Véase también en: Gil Fortoul, José. Historia… Tomo XI, p. 37.
85 Díaz Sánchez, Rafael. Guzmán… p. 235.
para los próceres y beneficios para sus deudos, leyes para organizar la milicia
nacional. 86 Como puede verse, más que un verdadero programa, simplemente los
liberales exponen propuestas de acción para solventar las situaciones que vivían
en su contexto. Nos retrotraemos a los primeros párrafos de este artículo y difícil
es entender que bajo este concepto todavía podamos concebir que los
contemporáneos aseguraran tener un proyecto de Estado Liberal Nacional.

En 1842 se reanuda la lucha por el nombre de Bolívar. Ya no son los reformistas


quienes quieren apoderarse de su imagen, ya no es el llamado a una integración
colombiana, es la lucha por la voluntad popular lo que los lleva a regresar esa
imagen y lanzarla como artilugio de campaña para tomar o mantenerse en el
poder. Parece que más ha servido el Libertador en su tumba, que con todos los
sacrificios que pudo haber hecho en vida.

En 1843, Soublette finalmente es elegido como nuevo Presidente, aupado por el


partido de Páez, ya conocido como el de los “oligarcas”, e impulsado por las
últimas decisiones de éste, a saber: la creación del Banco Nacional de Venezuela
y el empoderamiento de la figura de Bolívar. Pero ahora es la economía la que va
a traer problemas al gobierno. Los últimos años habían sido de importantes
avances, apuntalados por los altos precios del café, que al momento, era el mayor
producto de exportación nacional. La caída de dichos precios trajo consecuencias
nefastas en la economía nacional. Mientras tanto, entre otras sublevaciones,
podemos resaltar la de Villa de Cura de junio de 1844, reclamando en contra de la
ley del 10 de abril; y la de septiembre en Orituco, liderada por Juan Celestino
Beomón y José María Alvarado; ambas prontamente reducidas por las fuerzas del
gobierno. 87

86 Arráiz Lucca, Rafael. Venezuela… pp. 37 – 38.


87 González Guinán, Rafael. Historia... Tomo III. pp. 410 – 423.
Mientras se arreglan los comicios de 1846, a decir de Díaz Sánchez, “partidas
rebeldes pululan las llanuras y en los valles de la provincia caraqueña, causando
zozobra y consternación a los habitantes, atacando a las autoridades y violando la
propiedad”, sin contar a los propios esclavos alzados. 88 Paralelamente, en los
valles de Aragua se levantan grupos que darán vivas a Antonio Leocadio
Guzmán 89 y crearán el lema que posteriormente será tomado por los federales
¡Oligarcas, temblad!

En Caracas, el 10 de marzo de 1845, corriéndose la especie de que un juez de


Calabozo había ordenado la aprehensión del fundador del Partido Liberal (hecho
falso hasta el momento), se desata un motín popular que armado de palos,
trabucos, puñales y piedras, recorre toda la ciudad incluyendo las casas del
Presidente y varios funcionarios del gobierno, gritando vítores a Guzmán y a los
liberales; y muertes a Soublette, a la oligarquía y a los tiranos. 90 Dichos grupos
van a terminar siendo responsables de una sublevación que se hace llamar liberal,
y que se agita por el país ondeando banderas amarillas y proclamando la muerte
de los oligarcas. La mayor parte de los rebeldes se retira del movimiento cuando
el gobierno decide apresar a Antonio Leocadio.

Nace el nombre de Zamora en medio de esta insurgencia liberal, el cual seguirá


resonando hasta llegar a su clímax en Santa Inés, y a su fin en San Carlos, varios
años después. El 2 de septiembre de 1845, las tropas alzadas invaden y saquean
la hacienda “Yuma” del doctor Ángel Quintero, 91 para luego continuar sus
movimientos hacia Villa de Cura en busca de la guarnición que a la sazón,
comandaba el General Piñango. 92

88 Díaz Sánchez, Rafael. Guzmán… p. 310.


89 Fundador del Partido Liberal, escritor y político de relevancia para el siglo XIX venezolano.
90 Rojas, José María. Bosquejo… p. 97.
91 Consabido amigo de Páez y funcionario de todos sus gobiernos.
92 Rojas, José María. Bosquejo… pp. 109 – 111. Para Rojas los líderes de este movimiento eran el indio Rangel y

Ezequiel Zamora. Por su parte, Gil Fortoul responsabiliza únicamente a Rangel, colocando a Zamora en otra columna
y en otro territorio.
No sólo eran Zamora y el indio Rangel los sublevados, el levantamiento de
facciones diversas estaba a la orden del día. En los valles del Tuy estaban las
tropas de Flores “El Calvareño” y en Barlovento las de los hermanos Echeandía.
Ya para entonces, los campesinos armados se levantaban con sus jefes populares
del partido, mientras diez mil hombres afectos al gobierno y obtenidos en leva,
logran interponerse y devolver una falsa tranquilidad con la fuerza. Movimientos
guerrilleros abundaban en el país, apoyando inicialmente la causa liberal. Ya la
columna de Zamora se distingue como una de las principales, siendo aclamado
como “general del pueblo soberano”, haciendo resonar los lemas “elección
popular, principio alternativo, orden, horror a la oligarquía”. 93 Esta insurrección
que se regó como pólvora y que no tuvo una planificación verdadera, fue el
prolegómeno de lo que posteriormente sería nuestra Guerra Federal.

Como nota curiosa, aparece nuevamente en la historia el nombre de José Dionisio


Cisneros, el bandido apaciguado por Páez, quien luchaba bajo las órdenes del
gobierno y cambió de bando, para ser finalmente juzgado por una corte militar que
ordena su fusilamiento en la Villa de Cura. 94 Igualmente es curioso destacar que
para aplacar los ánimos fervorosos de los próceres orientales, Soublette nombra a
Páez como Jefe de Operaciones para combatir a la turba que aupaba a Antonio
Leocadio, y como Segundo Comandante de esta operación al General José Tadeo
Monagas, a fin de que limaran asperezas. 95

Para las próximas elecciones, Páez decide apoyar la candidatura del líder oriental
José Tadeo Monagas, compañero de luchas en la Independencia y en el combate
a las últimas rebeliones. Y en efecto, resulta elegido como Presidente. Al inicio
del mandato, su gabinete era estrictamente conservador, pero luego inicia
cambios que lo van a acercar al partido liberal.

93 Gil Fortoul, José. Historia… Tomo XI. p. 80.


94 Rojas, José María. Bosquejo… p. 114.
95 Arráiz Lucca, Rafael. Venezuela… pp. 42 – 44. Es evidente que estas asperezas no fueron limadas, o simplemente

las ansias de poder y visión de país distintos de ambos jefes nunca logró conciliarse.
Es entonces cuando empieza una diatriba política entre los paecistas más
desenfrenados y la nueva camada de funcionarios que empieza a disponer el
gobernante. Se excitan los ánimos y empiezan a crearse facciones dentro de
facciones. Los oligarcas que habían llevado al poder a Monagas, son quienes
ahora quieren deponerlo. 96 Para ello emplean a la Cámara de Representantes del
Congreso, a través de la cual la facción oligarca va a denunciar la violación
flagrante de la Constitución. En medio de estos acontecimientos de finales de
1847 e inicios de 1848, los mismos congresistas deciden crear un cuerpo armado
para salvaguardarlos, a la orden del Coronel Guillermo Smith, haciendo uso del
derecho a policía que estaba establecido en el artículo 75 de la Constitución. 97

Los hechos que se suceden desembocan inexorablemente en el fatídico 24 de


enero de 1848, fecha en la que los grupúsculos populares terminan por
encenderse e iniciar la toma del Congreso, a cuentas de que el Ministro del Interior
se encontraba detenido en el parlamento. 98 Las milicias organizadas por el
gobierno en todas las afueras de la capital, terminan por agruparse en las
cercanías del órgano legislativo, 99 apoyan a la población avivada por los liberales
y se consume una especie de golpe y autogolpe que se sucede a la vez,
encontrando a un Monagas firme en el poder, como remedio último para calmar
las aguas; mientras el caudillo Páez se retiraba a la espera para salvar a la Patria.
Varios muertos y heridos, entre diputados, militares y pueblo, fue el saldo triste del
enfrentamiento innecesario de dos bandos que aún eran reconciliables.

96 Las facciones oligarcas que lo habían apoyado, le dan la espalda luego de cambiar la condena de muerte por destierro
a Antonio Leocadio Guzmán. Véase en: Alfonzo, Luis Jerónimo. Breve análisis… p. 8.
97 Gil Fortoul, José. Historia... Tomo XI p. 98. A pesar de que Gil Fortoul, José María Rojas y otros autores de época y

más modernos, consideran que la acción de los representantes estaba ajustada a la Constitución; otros destacan que
este cuerpo especial estaba constituido ilegalmente.
98 Varios autores señalan a Monagas como responsable, otros lo defienden culpando al Congreso. Difícil de determinar

actualmente la veracidad puesto que ambos bandos se encuentran viciados por la subjetividad propia del momento.
Por ejemplo, Luis Alfonzo asegura que el culpable de dicho acto es el Congreso. Así mismo, se puede inferir lo mismo
de Ramón Díaz Sánchez. Por otro lado, José María Rojas condena a Monagas, así como lo hace el relato del Coronel
Guillermo Smith y los informes de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos que reposan en la Biblioteca del
Congreso bajo el nombre de “Important documents in relation to the present situation of Venezuela; and the attempt of
General Jose Tadeo Monagas to establish a despotic government in that country”, fechado en 1848 en New York.
99 Gil Forotul, José. Historia... pp. 99 – 102. El autor cita un documento de Antonio Guzmán Blanco en el que le confiere

la responsabilidad de los hechos a una cámara secreta del Partido Liberal, conformada por el ala militar que en el año
35 se sublevó en la “Revolución de las Reformas”. De esta forma asegura la inocencia de Monagas en los tristes
sucesos posteriores.
Monagas le escribe a Páez solicitando su apoyo ante la situación, pero la
respuesta del caudillo es un levantamiento en contra de la legalidad del proceso,
exigiendo la renuncia del Presidente. Las fuerzas de Páez se alzan en El Rastro,
sublevándose posteriormente los cantones de Calabozo, Chaguaramas, Orituco y
San Fernando; junto a las provincias de Mérida, Trujillo, Maracaibo y Coro,
quienes reconocen en Páez la figura para restablecer la legalidad. Mientras tanto,
el gobierno decide levantar diez mil hombres en armas, bajo el mando de los
generales Cornelio Muñoz, Francisco Carmona y José Laurencio Silva. 100

Las fuerzas paecistas se miden con las del gobierno en los Araguatos. Cornelio
Muñoz obtiene la victoria y Páez, Soublette y Quintero deben retirarse a Nueva
Granada. La estrella rutilante de 1830, el brazo armado y protector de la Patria ya
había sido utilizado por la política, y su fuerza no seguiría siendo el bazo sobre el
que siempre se inclinaba la balanza. El Centauro de los Llanos pasó de ser el
“León de Payara” al “rey de los Araguatos”.

Pero el país aún no está en calma, continúan los levantamientos contra Monagas
en el resto del país, y particularmente arrecian en el Zulia, donde el General Judas
Tadeo Piñango, en compañía del Coronel José Escolástico Andrade, surgen como
cabecillas de un movimiento que se opone fervientemente al gobierno. Siguen
este ejemplo las provincias de Trujillo, Mérida y Coro. Finalmente, varias
campañas militares sofocan las rebeliones, siendo la más importante la dirigida
contra Maracaibo, dirigida por el Presidente en persona, auxiliado por las fuerzas
gubernamentales del General Mariño. 101

100 Rojas, José María. Bosquejo… pp. 170 – 178.


101 Esteves González, Edgar. Las guerras… pp. 32-34. Véase también en Rojas, José María. Bosquejo… pp. 177 –
180.
En junio de 1849, un nuevo alzamiento del partido paecista tiene lugar en
Caracas, generando un intento de magnicidio contra el Presidente Monagas. 102
Así mismo, una invasión dirigida por Páez que fue denominada como “Revolución
Restauradora”, no pasó del desembarco del caudillo en Coro, una pasada por
Puerto Cabello y un retorno a sus llanos apureños. No lo acompañaron ni mil
hombres, sintiendo a cada paso el gélido desentendimiento de un pueblo que lo
consideraba ídolo y luego le da la espalda. Más de cinco mil soldados
comandados por el General Mariño, por el General Silva y por el General José
Gregorio Monagas salen a hacerle frente. A Páez no le queda otra opción que
capitular ante su antiguo compañero José Laurencio Silva. Es entregado a las
fuerzas del gobierno, entra en Caracas y es juzgado y puesto preso, para ser
expulsado del país, irónicamente repitiendo lo que veinte años atrás él hiciera al
Libertador.

De este período, llamado por la historiografía tradicional la “Oligarquía Liberal” o la


“Oligarquía de los Monagas”, Díaz Sánchez asegura que “muchas fueron las
tentativas para derribar[los]” pero “todas habían fracasado ahogadas en sangre
por los implacables lanceros de Oriente”. 103

Para las siguientes elecciones presidenciales, resulta electo José Gregorio


Monagas, por lo que este período es llamado como “el Monagato” o la “dinastía de
los Monagas”. Ya en el poder, se suceden distintas revueltas durante los años
1853 y 1854. La primera es acaudillada por el Coronel Ramón Pérez, quien logró
reunir más de mil hombres en Cumaná, que fueron derrotados no por la espada
sino por la naturaleza, debido a que el terremoto del 15 de julio de 1853 sepultó a
estos sublevados. 104 En el centro del país, las insurrecciones son finalmente
vencidas por las fuerzas gubernamentales, en donde alcanza puesto
preponderante el ya entonces General Julián Castro. A este hombre de nuestra

102 Varios autores consideran esta tesis, como Díaz Sánchez. José María Rojas asegura lo contrario, que el fin era
hacerlo rehén.
103 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán... p. 408.
104 Rojas, José María. Bosquejo… p. 210. Véase también en: Arráiz Lucca, Rafael. Venezuela… p. 50. Gil Fortoul

afirma que esta revolución era de corte paecista.


historia, lo hemos visto participando en la Revolución de las Reformas como
Teniente, apresando al Doctor José María Vargas; luego combatiendo a Páez en
1849 como Comandante, y ahora como paladín del oficialismo en defensa de los
Monagas. Pero en tiempos de intriga, las veletas de la convicción apuntan en
direcciones inesperadas. 105

A la sublevación de Cumaná le sigue la insurrección de Coro al mando del


Coronel Juan Garcés, quien es derrotado por el General Juan Crisóstomo Falcón.
En Guacara se levantan Irigoyen, Francia y Olaizola quienes invaden Valencia
pero no tienen éxito y se ven obligados a retirarse. Los hermanos Avelino Pinto se
levantan en Las Lajas y El Consejo, los comandantes Guillén y Puyosa se
sublevan en Portuguesa y José Villasmil en Mérida. En Barquisimeto se alza el
General Juan Bautista Rodríguez, quien divide sus fuerzas en dos columnas que
van a ser derrotadas por las tropas del gobierno al mando del General Silva y del
General Castro. 106

Pacificado en parte el país, José Gregorio entrega nuevamente el poder a su


hermano José Tadeo. Cumplida la formalidad de la elección y ya ejerciendo su
autoridad como Presidente, Monagas ordena al Congreso la modificación de la
Constitución para extender el período de gobierno de 4 a 6 años, y además
permitir la reelección. Los conservadores y liberales hacen causa común para
detener las intenciones de los Monagas de anclarse en el poder y deciden pasar a
la acción.

En Caracas, un Comité Revolucionario dirigido por Manuel Felipe de Tovar y


compuesto por Miguel Herrera, Mauricio Berrisbeitia y Ramón Yepes, deciden
iniciar las acciones conspirativas. 107 A la conjura son atraídos los Generales Juan

105 Guillermo Morón se refiere a Castro como “sujeto historiable” y “autor principal de la quiebra del país venezolano”.
106 Rojas, José María. Bosquejo… pp. 210 – 216. Véase también en: Gil Fortoul, José. Historia... Tomo XII. pp- 45 – 48.
107 Rojas, José María. Bosquejo… pp. 223 – 226. Según el autor, Juan José Flores, expresidente del Ecuador y prócer

de nuestra Independencia, pasó por Venezuela para tratar de mediar entre las facciones en pugna. Al no lograr un
acuerdo, decidió retirarse, no sin antes apoyar a estos nuevos sublevados con la promesa de una considerable
cantidad de armamento.
Crisóstomo Falcón y Julián Castro, puesto que en ellos reposaba no sólo gran
prestigio, sino también una cantidad considerable de hombres en armas. El
primero se negó a sublevarse, mientras que el segundo acogió de buena gana el
proyecto planteado por los conspiradores. 108

El gobierno de Monagas obtiene informaciones sobre la conspiración y el Ministro


del Interior inicia las pesquisas. En este sentido, ordena interrogar al General
Castro quien finalmente escribe un manifiesto en el que asegura su lealtad al
gobierno, aunque como vemos, se convierte en la figura militar que lidera la
conjura urdida contra la continuación monaguista. 109

La llamada “Revolución de Marzo”, 110 entre cuyos mentores se encuentran Fermín


Toro, Manuel María Echeandía y Nicolás Brito (como puede observarse, una unión
de todos los partidos para el derrocamiento de Monagas), termina por elegir al
General Julián Castro como jefe del movimiento, debido principalmente a su
capacidad para organizar bajo su mando a una fuerza militar que logre cumplir los
objetivos previstos por los rebeldes. Este movimiento además, propugna el ideal
bolivariano e integracionista para crear una confederación sudamericana de
Estados colombianos. Aún en estos años continúa la presencia de Bolívar y su
idea, ya sea como excusa, como sentimiento o como un fantasma que va de
pueblo en pueblo como reflejo de la culpa en la conciencia nacional.

La situación insostenible genera la renuncia del mayor de los Monagas, quien se


asila en la representación diplomática francesa; mientras Julián Castro llega a
Caracas y es proclamado Presidente. 111 Ya en el poder, ordena la organización
de la Convención de Valencia, de la que se genera una nueva Constitución en
1858.

108 Rojas, José María. Bosquejo… pp. 225 – 229.


109 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán… pp. 410 – 430.
110 Llamada así por estallar el 5 de marzo de 1858 en Valencia.
111 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán... pp. 350 – 450. Véase también en: Rojas, José María. Bosquejo… pp. 225 – 235.
Su muy corto período, se ve manchado por una persecución atroz a todos los
dirigentes y funcionarios que de alguna forma sirvieran al “monagato”, lo que le va
a granjear el desafecto entre liberales y conservadores. Mientras el país continúa
agitado, en Caracas se crea una sociedad de liberales que plantean el
restablecimiento del ideal originario de la revolución contra el gobierno anterior.
Las persecuciones de Castro se dirigen ahora a este grupo y finalmente ordena la
expulsión de varios dirigentes liberales, entre los que se destacan Juan
Crisóstomo Falcón, Ezequiel Zamora y Antonio Leocadio Guzmán. 112

Entre tanto, las escuadras francesa y británica, empiezan a merodear los puertos
nacionales, los bloquean e incluso apresan buques de cabotaje venezolanos. 113
En el resto del país, las acciones del gobierno sólo originan anarquía, palabra que
refleja con mayor veracidad el devenir de los días de la Patria, en el preludio de
una sangrienta guerra civil que la consumirá durante cinco largos y penosos años.

Es hasta el año de 1858 que vamos a estudiar al Estado venezolano. Ya es bien


sabido que como tal no existió en adelante, hasta tanto triunfase finalmente la
Federación; a pesar de la actitud del gobierno de Fermín Toro o de los esfuerzos
dictatoriales del último mandato de Páez.

A partir de este año, como bien lo reseña Gil Fortoul, no son las fuerzas del
gobierno las que mantienen el poder y la unidad del Estado en base a la
Constitución. Son ahora las revoluciones las que finalmente derrocarán
gobiernos, impondrán nuevos sistemas y vencerán ante las tropas
constitucionales; aumentando el grado de anarquía, disminuyendo la estructura
legítima del Estado, hasta que finalmente los tachirenses llegan al poder con los
compadres Castro y Gómez. El Estado como organización, estructura, unidad y
ente comienza a retomar sus funciones e importancia.

112 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán... p. 425.


113 Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán... p. 424. Esta acción tomada por las naciones citadas, se debe a la supuesta
acción del gobierno “revolucionario” de irrespetar la protección debida al General Monagas y sus ministros, de
acuerdo a lo pactado entre los representantes del gobierno nacional y el Cuerpo Diplomático. Este suceso también
es relatado por Luis Jerónimo Alfonzo y por José María Rojas.
Ya se ha logrado describir muy sucintamente las particularidades de la historia
nacional entre los años 1811 y 1858. La dificultad continúa al tratar de abordar
nuevamente el acertijo propuesto al inicio de este ensayo. ¿Verdaderamente
existió un Estado en Venezuela durante dicho período?

Como puede observarse, la ilusión de Estado existió desde 1811 hasta 1830.
Desde la primera hasta la tercera república, tomando en cuenta la periodización
normalmente aceptada, el Estado nunca logró mantener el monopolio legítimo de
la violencia. Ya sea en las luchas civiles o contra las tropas españolas, 114 los
gobiernos de turno no fueron lo suficientemente capaces de construir una
estructura que estuviese debidamente preparada para organizar un verdadero
Estado weberiano.

A partir de 1830, la situación cambia. Páez concentra en su popularidad la


posibilidad de ordenar al Estado, y en verdad él y el resto de los gobernantes
hicieron sus máximos esfuerzos para conseguirlo (ya sea por una arraigada
conciencia nacional o para cumplir con sus intereses personales). Sin embargo, a
pesar de tanta voluntad, los resultados no fueron los esperados.

Si se sumasen la cantidad de levantamientos en contra del gobierno, el promedio


fácilmente superaría el de dos rebeliones anuales, indistintamente si se
encontraban los “godos” o los “liberales” en el poder. La desintegración
colombiana dejó en manos de Páez el testigo de la unidad, pero ni Páez, ni
Bolívar, ni Mariño, ni los Monagas; lograron unificar a la nación. Los constantes
alzamientos dificultaban la consolidación del Estado, dividido en múltiples partidos
que pululaban por el país, organizados bajo las órdenes de un caudillo, o bien

114 Es importante resaltar la tesis de Laureano Vallenilla Lanz, según la cual, la primera fase de la lucha por la
Independencia fue una guerra civil, hasta tanto no desembarcara la expedición pacificadora al mando del General
Pablo Morillo. Véase en: Vallenilla Lanz, Laureano. Cesarismo democrático y otros textos. Caracas: Biblioteca
Ayacucho, 1991.
participando activamente como entes individuales con razón política y deseos de
convertirse en decisores.

Podríamos decir que el Estado venezolano existió discontinuamente desde 1830


hasta 1858. Casi treinta años de sublevaciones continuas, revoluciones
pacificadas, intentonas abortadas, luchas fratricidas y perdones constantes;
hacen sumamente difícil la tarea de decidir la existencia o no de un Estado
weberiano en dicho período.

Afirmar la no existencia del Estado sería injusto para aquellos hombres que a
pesar de su inexperiencia en el ejercicio del mando político, con la razón o sin ella,
se esforzaron en crear y mejorar un país que había sido desolado económica y
demográficamente por una angustiosa guerra. Ahora bien, esto no es suficiente
para afirmar con total certeza que existió plenamente un Estado weberiano, pues
sería menospreciar a todos aquellos que lucharon en contra del gobierno, que
perturbaron el orden público durante tanto tiempo, que tomaron el poder,
derrocaron presidentes, intentaron magnicidios y lucharon por lo que creían justo y
razonable.

En definitiva, la respuesta a la incógnita de este ensayo es la siguiente: de 1811 a


1858, la presencia de un Estado weberiano en Venezuela es intermitente.
Mientras estaba presente, era un faro que guiaba al desarrollo; mientras no lo
estaba, las fuerzas de nuestros compatriotas se perdían en luchas civiles que
finalmente no dejaron sino la huella de sus bajas, unas letras en los libros de
historia, y la impresión funesta de que Venezuela era un campo de batalla enorme,
en el que bárbaros caudillos detentaban el poder.

Todas estas reflexiones históricas y políticas son totalmente oportunas y


pertinentes, no sólo para llegar a conclusiones científicas; sino también para
comparar nuestro pasado con nuestro presente y lograr aprender de ello para
hacer un futuro mejor, de unión, de política de altura, de sacrificio, de desarrollo y
de bienestar.

Del conocimiento de nuestra historia, que tiende a ser cíclica, podemos


desentrañar nuestro futuro. De las enseñanzas de nuestros antepasados,
podemos cambiar el presente. Históricamente, la desunión de los venezolanos no
ha llevado nunca a destinos promisorios. Es tiempo pues, que en el nombre de
todos aquellos que dejaron la vida por nuestra Independencia, por nuestra
conformación como país y por un mejor mañana; demos una mirada al pasado,
aprendamos de nuestros errores, y enrumbemos la nave de la Patria a derroteros
de felicidad.

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