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En nuestro mundo moderno, una de las disciplinas más importantes es la pedagogía, se podría

correr el riesgo y afirmar que es la más importante debido a que integra todo lo que nos forma
como seres humanos, y hoy en día, básicamente todo depende de nosotros, los mortales.

Actualmente, para cualquier lugar en que se mire, se puede observar una cara larga de alguna
persona, pero ¿qué es lo que nos está pasando? ¿así de abundantes son los problemas?...
comúnmente, este tipo de persona podría ser aquel padre de familia que no tuvo la suerte de
recibir una buena orientación pedagógica y ahora no queda más que rebuscarse la vida, también,
podría ejemplificarse con el estudiante que tiene una clase en la cual se supone que está
aprendiendo lo útil para tener una vida digna pero sin sentir la más mínima pasión por ello, y lo
más frecuente que pasa con esta clase de individuos es que se encuentran haciendo algún tipo de
labor que no es de su total agrado, lo cual se ve reflejado en lo mencionado anteriormente, caras
largas. ¿Y qué tienen que ver estos rostros y los ejemplos dados con la forma en que nos instruyen
o educan? La respuesta a esta pregunta se puede simplificar en una sola palabra: TODO…

La finalidad de la pedagogía es instruir a los seres terrenales en lo que se refiere a las ciencias
fundamentales tales como matemáticas, historia, sociología, filosofía, entre otras. Esto no es lo
único, el principal propósito de la pedagogía es, además de crear en los aprendices conocimientos
en determinados temas, despertar en ellos motivación y solidez en la decisión de vocación, para
formar personas astutas, prosperas e íntegras.

“De ahí la importancia de una educación que, en lugar de tratar de negar el riesgo, estimule a las
mujeres y a los hombres a asumirlo. Asumiendo el riesgo, su carácter inevitable, me preparo o me
hago apto para afrontar este riesgo que me desafía ahora y al que debo responder” (Freire, Paulo.
2006, p. 40)

Si se desease volver al ejemplo del padre de familia, piensa por un momento si en aquella persona
los profesores hubieran evocado al menos un poco de frenesí durante el camino de aprendizaje y
este padre hubiese encontrado su vocación gracias a la motivación que le brindaron los
pedagogos, ¿piensas que sería aquella persona desanimada que es hoy?; quizá, porque aún en
nuestra humanidad existen factores externos que nos pueden debilitar, pero con una buena base
de formación, sin duda, la probabilidad de tristeza es muy baja, y todo es gracias a que se tiene un
propósito de vida, una vocación.

Por consiguiente, los educadores buscan encontrar los mejores métodos no sólo para brindarle
conocimientos a sus estudiantes, sino también servirles como fuente de inspiración. Cabe destacar
que una de las mejores metodologías para fomentar dicha motivación sin duda alguna, es el ver el
salón de clase como un lugar de discurso, un espacio dónde se pueda escuchar a personas capaces
de transmitir razonamientos a través de los cuales podamos llegar a considerarlos como piezas
que emanan inspiración; además siendo un espacio donde también tengamos el derecho a la libre
opinión.

Lo anterior se puede confirmar con lo dicho en el texto de Pedagogías Invisibles, “Los curriculums
son sistemas de representación que no reflejan la realidad, sino que la construyen. Hay que mirar
el acto pedagógico como una narrativa tridimensional, como una recontextualización” (Acaso,
Maria. 2012, p. 26)