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MEMORIA DE LARGO PLAZO

La memoria a largo plazo (MLP) se puede definir como el mecanismo cerebral que nos permite
codificar y retener una cantidad prácticamente ilimitada de información durante un periodo
largo de tiempo. Los recuerdos que almacenamos en la memoria a largo plazo pueden durar
desde unos segundos hasta varios años.
La memoria a largo plazo resulta un elemento clave para realizar nuestras tareas cotidianas sin
errores y de forma autónoma. Este tipo de memoria hace referencia a la capacidad del cerebro
para almacenar hechos, conocimientos o destrezas y recuperar más tarde esos recuerdos. La
memoria a largo plazo es una capacidad muy amplia y compleja que implica una gran cantidad
de estructuras cerebrales. Por esto mismo, es muy sensible al daño cerebral. Afortunadamente,
la práctica y el entrenamiento cognitivo puede mejorar esta importante función cognitiva.
El programa líder en entrenamiento cerebral de CogniFit permite activar y fortalecer nuestra
memoria y otras importantes capacidades cognitivas. Sus juegos mentales han sido diseñados
para estimular determinados patrones de activación neuronal. La activación repetida de estos
patrones cognitivos puede ayudar a fortalecer las conexiones neuronales implicadas en la
memoria y establecer nuevas sinapsis capaces de reorganizar y/o recuperar funciones
cognitivas más débiles o dañadas.
Tipos de memoria a largo plazo
Evaluación de la memoria
Una buena capacidad de memoria resulta imprescindible para realizar nuestras actividades
cotidiana de manera autónoma y sin errores. Por esto, es importante conocer y evaluar el estado
de nuestra memoria. CogniFit dispone de una serie de tests para medir la memoria (en concreto,
la memoria auditiva a corto plazo, la memoria contextual, la memoria a corto plazo, la memoria
no verbal, la memoria visual a corto plazo, la memoria de trabajo y el reconocimiento), basados
en los clásicos Continous Performance Test (CPT, de Conners), en la prueba de dígitos directos
e indirectos de la Wechsler Memory Scale (WMS), en el NEPSY (de Korkman, Kirk y Kemp),
en el Test of Variables of Attention (TOVA), en el Memory Malingering (TOMM), en el Test
de la Torre de Londres (TOL) y en la Visual Organisation Task (VOT). Estos tests, además de
medir memoria, también evalúan tiempo de respuesta, velocidad de procesamiento,
denominación, percepción visual, monitorización, planificación, escaneo visual y percepción
espacial.
Test Secuencial WOM-ASM: En la pantalla aparecen una serie de bolas con diferentes
números. Se tendrán que memorizar la serie de números para poder repetirlos posteriormente.
En primer lugar, la serie estará compuesta por un solo número, pero irá incrementando
progresivamente hasta que se cometa algún error. Habrá que reproducir cada serie de números
tras cada presentación.
Test de Indagación REST-COM: Aparecen objetos durante poco tiempo. Después se debe
seleccionar la palabra que corresponda con las imágenes presentadas, lo más rápidamente
posible.
Test de Identificación COM-NAM: Se presentarán objetos mediante imagen o sonido.
Tendremos que decir en qué formato (imagen o sonido) ha aparecido el objeto la última vez, o
si no ha aparecido previamente.
Test de Concentración VISMEM-PLAN: Aparecerán estímulos posicionados en la pantalla y
distribuidos de manera alternativa. Siguiendo un orden, los estímulos se irán iluminando junto
con la aparición de un sonido hasta completar la serie. Durante la presentación, hay que prestar
atención tanto a los sonidos como a las imágenes iluminadas. En el turno del usuario, habrá
que recordar el orden de la presentación de los estímulos en el momento oportuno para
reproducirlos en el mismo orden que hayan sido presentados.
Test de Reconocimiento WOM-REST: Aparecen tres objetos en la pantalla. Primero habrá que
recordar el orden de presentación de los tres objetos tan rápido como sea posible.
Posteriormente, aparecerán cuatro series de tres objetos, algunos de ellos diferentes a los
presentados, y habrá que detectar la secuencia inicial en el mismo orden.
Test de Recuperación VISMEM: Aparecerán imágenes en la pantalla durante
aproximadamente cinco o seis segundos. Durante ese tiempo, hay que intentar recordar la
mayor cantidad de objetos que aparezcan en la imagen. Agotado ese tiempo, la imagen
desaparece y se ofrecen diferentes opciones, entre las que el usuario debe detectar la correcta.
Ejemplos de memoria a largo plazo
La gran mayoría de los conocimientos que adquirimos en ámbitos académicos son almacenados
en nuestra memoria semántica. Por tanto, cuando estudiamos o recordamos la geografía de
nuestro país, anatomía, química, matemáticas o cualquier otra asignatura, estamos poniendo en
marcha nuestra memoria a largo plazo.
Si trabajamos en un restaurante y tenemos que recordar qué plato ha pedido cada comensal de
cada una de las mesas, haremos uso de nuestra memoria episódica. Lo mismo ocurre cuando
recordamos a los clientes habituales, por ejemplo.
Cuando aprendemos a montar en bicicleta, nos suele costar mucho desplazarnos unos metros
sin caernos. Esto es porque todavía no sabemos cómo mover los músculos de la manera
apropiada. En cambio, cuando hemos practicado lo suficiente, nuestra memoria procedimental
se encarga de las habilidades motoras que hemos conseguido automatizar. Esto nos permitiría
montar en bicicleta con normalidad. Algo semejante ocurre cuando aprendemos a conducir un
automóvil.
Para recordar dónde hemos dejado el coche, el cargador del teléfono, cuál es la capital de
nuestro país o cualquier tipo de información que tengamos que retener de un día para otro,
utilizaremos nuestra memoria a largo plazo.
Patologías y trastornos asociados a problemas en la memoria a largo plazo
El olvido por sí solo no es un problema de la memoria. De hecho, la memoria tiende a
deshacerse de la información que menos utilizamos, especialmente con el avance de la edad, y
es algo completamente normal. No obstante, también existe el olvido patológico, que sería la
incapacidad de incorporar nuevos recuerdos (amnesia anterógrada) y/o la incapacidad de
recuperar recuerdos del pasado (amnesia retrógrada). En el polo opuesto, estaría la
hipermnesia, es decir, el acceso involuntario a vívidos y detallados recuerdos, como en el caso
del trastorno por estrés postraumático. Además, también cabe destacar que el contenido de los
recuerdos puede ser alterado en algunos trastornos, como el Síndrome de Korsakoff, en el que
la persona se inventa de manera involuntaria los recuerdos que no es capaz de rememorar.
El trastorno de memoria por excelencia sería la Enfermedad de Alzheimer (donde se afecta la
memoria episódica, principalmente), aunque también se pueden dar problemas de memoria en
otras demencias, como en la demencia semántica (donde el sistema de memoria afectado es la
memoria semántica) o la Enfermedad de Parkinson (en la que se afecta la memoria
procedimental). En estos casos, suelen darse combinadas las amnesias retrógradas y
anterógradas. En los traumatismos craneoencefálicos y en el daño cerebral por ictus, también
es frecuente que aparezca amnesia anterógrada (siendo ésta más común que la retrógrada). En
todos estos casos no es raro que aparezcan confabulaciones. Además, el consumo de ciertas
drogas y sustancias también puede provocar pérdida transitoria o permanente de memoria.

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