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UNIVERSIDAD NACIONAL DE SALTA

FACULTAD DE HUMANIDADES
ESCUELA DE HISTORIA
CATEDRA DE HISTORIA REGIONAL

Una isla en un océano de identidades: la


identidad de la comunidad feriante de “Manka
Fiesta”

PROFESORES A CARGO:
 LIC. EMMA RASPI
 LIC. OSVALDO GERES
ALUMNO: Esteban Francisco Cabral
Introducción

Para poder comprender el significado de este trabajo, es preciso retrotraerse un poco hacia
el pasado, en donde puede observarse como Buenos Aires siempre ha tratado de hacer
predominar su propia visión histórica, lográndose este cometido hacia la década de 1880
con la construcción del Estado Nacional, en donde la ciudad puerto gobernara el país
(compartiendo cierto poder con las provincias de Interior). A raíz de esto, en esta historia
“nacional” predominaran los grandes próceres históricos, es decir, aquellos personajes (San
Martín, Belgrano, Mitre, Sarmiento, Alberdi, etc.) que con su accionar lograron forjar la
patria, dejándose de lado a diversos tipos de héroes (Güemes, Paz, Lamadrid, etc.), por el
solo hecho de que estos pertenecían a ese Interior inculto, salvaje, que se resistía a aceptar
el avance de la civilización y el progreso encarnados por Buenos Aires. Esto se debe, según
Marchionni1, a que se trataba era de poder dotar a las “nuevas naciones”, en este caso, la
Republica Argentina, de un pasado fundante que le diera sentido a la construcción
institucional asentada sobre un territorio determinado, estando no obstante esta
construcción histórica manchada por la sucesión de héroes y villanos propios de la versión
liberal del momento

Pero esto no quiere decir que el Interior no responderá con la misma moneda, consistiendo
su respuesta en una colección de crónicas que daban cuenta de los sucesos locales,
ensalzando a las elites que se disputaban el poder en las provincias, contraponiendo héroes
y situaciones locales a las trayectorias emanadas desde Buenos Aires, siendo el objetivo
último de estas historias provinciales resaltar la contribución de sus elites en la
organización y unificación de la Nación

De esta manera, la historia argentina de todo el s. XX estuvo mediada por estas dos clases
de historias, la nacional y la provincial, que inevitablemente influyeron en la construcción
de identidades, que se identificaban con uno u otro bando, homogeneizando en cierto
sentido a las diversas identidades que se encontraban en los diferentes territorios que
componían estos bloques opuestos, no dando lugar por ende a la construcción, o en todo
caso, a la materialización de otro tipo de identidad que no se relacionase con esta dialéctica
nacional/provincial

1Marchionni, Marcelo, s/d. Reflexiones acerca de la construcción de los espacios para la


interpretación de los procesos históricos en Salta y el NOA. Pág. 3-4
En vista de esta disputa, el presente trabajo está orientado, basándose para ello en el trabajo
de Andrea P. Campisi2, a mostrar cómo a pesar del fuerte desarrollo que tuvieron y siguen
teniendo estas clases de identidades, igual se pudo desarrollar una identidad diferente, en
este caso identificada con la comunidad feriante de Manka Olla, en medio de este paisaje
dialectico que alude a lo “nacional” o “provincial”. A raíz de esto surge la alusión
metafórica de la identidad desarrollada en esta comunidad como una isla rodeada por un
océano (que se compone de esta dos clases de identidades) que parece haber cubierto todo
el territorio argentino con sus aguas, sepultando – o mejor dicho – incorporando en su
interior las diferentes identidades surgidas en cada una de las provincias argentinas, de
forma tal que su superficie solo muestre una cosa: calma, lo mismo que sucede en el campo
identitario argentino, en donde para conseguir esta tranquilidad, todo se redujo a la
dicotomía nacional / provincial, como si no hubiera nada diferente en cuanto a identidad,
mejor dicho la hay, y se encentra en la “Manka Fiesta”

Desarrollo

Antes de comenzar este trabajo es preciso atender la reflexión que plantea Claudia Briones,
en uno3 de sus muchos trabajos sobre el tema de diversidad y nación. En esta postula que
las formas estatales y hegemónicas de hablar de los grupos identificados como diferentes
dentro de la nación – la forma en que se habla de esos otros internos – siempre ha sido,
pero también sigue siendo, una manera de construir nación. Es decir, que hablar de las
diferencias y de los diferentes – de su relevancia o irrelevancia numérica, de sus carencias o
potencialidades – comporta simultáneamente construir un lugar de enunciación para hablar
de y desde un “nosotros” que se erige en legítimo portador de las características del
colectivo nacional. En este sentido, sugiere que de no hacerse explicitas estas operaciones
ideológicas, se puede llegar a silenciar los privilegios materiales y simbólicos en que se
basan – operaciones que recrean la potestad de fijar asimétricamente coordenadas de
autodefinición y de acabar extendiéndolas al conjunto, de maneras de incluir a algunos y
excluir a los restantes –

2 Argentinos, bolivianos, todos somos los mismos… “La comunidad cultural feriante y el problema
de la frontera argentina – boliviana en las ferias de intercambios indígenas. En Andes, N° 12,
CEPIHA, Universidad Nacional de Salta, Salta, 2001, pp. 223-243
3 Briones, Claudia: “La nación Argentina de cien en cien: de criollos a blancos y de

blancos a mestizos”, en NUN, José y GRIMSON, Alejandro (Comp.): Nación y diversidad.


Territorios, identidades y federalismo, Edhasa, Bs. As., 2008. Pág. 38
Pues bien, en relación con esto último se encuentra la historia nacional (y, por ende la
identidad nacional), ya que la misma operaba siguiendo este patrón de comportamiento,
empleando para ello la idea de argentinización, la cual homogeneizaba a la población
negando para ello sus diferencias. Esto solo fue posible porque una parte de la población se
consideraba como representante legitima de todo lo nacional, apelando a la violencia
simbólica con quienes consideraba “diferentes” – es decir, los otros internos –, siendo
empleada en este sentido, para desmarcar a “la gente” (generalmente “como uno”) y a sus
afiliaciones étnico raciales, pero también religiosas, de clase y genero, como normales,
esperables, razón por lo cual Briones postula que la argentinización trabajo
“extranjerizando” selectivamente a todos aquellos considerados como “inapropiados
inaceptables” para el nosotros nacional que se estaba construyendo

De esta forma puede observarse como trabaja tanto material como simbólicamente la
jerarquización Buenos Aires / Interior, utilizando para ello una lógica centrifuga de
alejamiento de lo problemático, la cual a menudo incorpora el progreso que ingresa por el
puerto, mientras expulsa los estorbos, el atraso, la barbarie hacia las zonas geográficas
marginales o fronterizas, de aquí que lo nacional no reconozca política, activa, creativa o
dinámicamente a las identidades provinciales y de que por lo tanto las esencialice, así como
también crea que el lenguaje nativo que se maneja en las provincias son comunidades
identitaria homogéneas, de que asuma o confunda categorías analíticas y explicativas de la
realidad, del discurso nativo, etc.,

De esta manera, así como existe esta “formación nacional de alteridad”, según Jaquet,
parafraseando a Briones, también se ha formado una especie de “formación provincial de
alteridad”4, siendo este proceso la respuesta obvia al dispositivo ideológico implementado
desde la nación, aunque según advierte esta autora, no es preciso pensar esta dialéctica de
forma rígida, porque debajo de todo este enfrentamiento estarían ocultándose toda una serie
de articulaciones contradictorias que estarían impidiendo pensar a estos mundos como
diferentes, siendo las más importantes las referidas al esencialismo cultural y a la
abstracción política

4 JAQUET, Héctor E.: “Un lugar para las identidades provinciales en el imaginario nacional. En
diálogo con el trabajo “De cien en cien: de criollos a blancos y de blancos a mestizos” de Claudia
Briones”, en NUN, José y GRIMSON, Alejandro (comp.): Nación y diversidad. Territorios,
identidades y federalismo, Edhasa, Bs.As., 2008. Pág. 79
En el caso de la primera, de acuerdo a Jaquet, los provincianos no entran en la racionalidad
gubernativa de la agenda neoliberal del multiculturalismo que propone Briones cuando
toma el caso indígena, por el simple hecho de que los provincianos no son diferentes5, (eso
solo sucedió durante las guerras civiles que asolaron al país, dado que después de ellas
todos fueron considerados como argentinos), dado que son nacionales y por ende no
deberían estar sujetos a un trato especial, siendo esto apoyado por el hecho de que forman
parte de ningún grupo en calidad de vulnerables ni tampoco existe ninguna gran diferencia
cultural visible que los haga diferente. De esta forma el Estado coloca un límite concreto a
la posibilidad de reconocimiento de la diversidad cultural existente en las provincias,
conllevando esto a que no se reconozca una diversidad en abstracto, valorada
positivamente, sino que esta se desplace hacia un federalismo en abstracto, el cual coloca a
esos “otros internos” de lado de la frontera problemática, que no ponen en riesgo a la
nación, pero si la obstaculizan

Mientras que el caso de la abstracción política, la misma se cocina en el campo de la


“política”, pero no se discute en el cultural (en donde el mecanismo ideológico separa la
cultura de la política para este caso), de aquí que se niegue la dimensión política (étnica) de
los reclamos de diversidad cultural provincialista. En este sentido se produce todo un
proceso de legitimación de los reclamos provincianos, siendo uno de ellos la interpelación
directa al Estado Nacional por su abandono de ámbitos como el económico, social,
sanitario, etc., realizándose paralelamente una deslegitimación de cualquier reivindicación
de diversidad (especificidad) cultural, que se supone, ponga en riesgo la integridad del
Estado. De esta forma, lo que se produce es el reconocimiento de una diversidad estática,
despolitizada, no creativa, que – ya incorporada definitivamente – no manche la bandera de
la argentinidad, a pesar de que esta sea teñida de múltiples colores

Según lo plantea Jaquet, a las identidades provinciales todavía les queda un largo camino
por recorrer, dado que el Estado en teoría supuestamente reconoce la diversidad identitaria
provincial, pero en la práctica esto no sucede. Es decir, se reconoce que las provincias son
ese territorio postergado donde el Estado todavía no ha terminado de llegar, de aquí que se
reconozca que las mismas deban ser compensadas por las políticas estatales. Lo difícil es
que produzca ese reconocimiento de la diversidad cultural, dado que esto estaría
implicando reconocer a las identidades provinciales como un tipo especifico de identidad o

5 Ibídem, pág. 80
como una identidad subnacional alterna, motivo por el cual el Estado jamás reconocería que
existen diferentes expresiones de nacionalidad, dada su incapacidad ideológica para
reconocer la diversidad cultural en las identidades provinciales, porque esto pondría en
riesgo el dispositivo ideológico nacional y por ende a la nacionalidad, ya que afecta la
naturaleza misma de lo nacional, porque según el autor, no hay que olvidar que las
identidades provinciales son también identidades culturales estables, aunque esto no quiere
decir que se desestime el poder de enunciación que posee el “nosotros” legítimamente
nacional

De esta manera se ha conformado un océano (metafóricamente hablando) compuesto por


esta clase de identidades (la nacional y la provincial) que prácticamente abarca todo el
territorio argentino, subsumiendo bajo sus olas las diversas identidades que se desarrollan
en el espacio nacional y bañando con las mismas las costas de una isla, que podríamos
llamar la “Manka Fiesta” o “Fiesta de las Ollas”. La misma es una reunión anual en las
afueras de La Quiaca, en donde se reúnen productores, artesanos, agricultores y ganaderos
que provienen de una amplia zona argentino-boliviana, durando aproximadamente una
semana, en la cual los participantes solo se retiran una vez acabada la provisión de sus
productos. Por esta razón las autoridades municipales de la ciudad argentina determinaron
que el encuentro debía realizarse en las afuera de la ciudad, dado que al celebrarse la fiesta
el tercer domingo de octubre, desde el día viernes la mayoría de la gente comienza a llegar
con sus productos y comienza a ordenar sus puestos, motivo por el cual para el sábado el
predio ya está casi poblado de carpas

El rasgo principal de esta celebración tiene que ver con la solidaridad entre los distintos
grupos que participan de la misma, de aquí que los inconvenientes que surgen durante el
desarrollo de este encuentro, principalmente aquellos que provienen del núcleo urbano, son
solucionados en conjunto, apelando para ello al cooperativismo y a los lazos de solidaridad.
Estos lazos de solidaridad tienden a reafirmarse constantemente más si se tiene en cuenta
que en esta feria la forma del “colegaje” está presente. Es decir, que la gente que bien desde
hace varios años cuenta con el hecho de que va a cambiar sus productos con la misma gente
con la que los cambio el año anterior; de esta forma no solo se reproducen las interacciones
con los “colegas” ya conocidos, sino que se crean nuevas formas de colegaje, de aquí que
Campisi6 plantee que en este encuentro los feriantes no solo mantengan y consoliden los

6 Campisi, Andrea Paola: “...Argentinos, bolivianos, todos somos lo mismo... pp. 13-4
lazos personales creados anteriormente, sino que buscan entablar nuevas relaciones
personales que van más allá del instante de la interacción para transformarse en nuevas
amistades y nuevos “colegas”

Precisamente esto permite entrever la existencia de una comunidad cultural feriante cuyo
rasgo principal es la de ser concreta en el sentido de que los grupos que la integran
conforman un conjunto de personas que se conocen mutuamente, comparten un mismo
espacio físico, la feria, y comparten practicas económicas y culturales, conllevando todos
estos atributos a crear una alteridad feriante, en otras palabras, llevan a crear una identidad
feriante. Esta identidad, o mejor dicho, esta conciencia de pertenencia a esta comunidad se
encuentra presente en cada uno de sus integrantes, formando parte por lo tanto del
imaginario de los feriantes, expresándose asimismo en la relación directa que mantienen
cada uno de los integrantes de esta comunidad, bajo la forma por ej. del un mutuo
conocimiento y de un mutuo acuerdo de cómo realizar el trueque intergrupal. Sin embargo,
esta identidad no solo funciona en este sentido, sino también en otro, más precisamente, en
las relaciones con los agentes foráneos a la comunidad, como ser los turistas, las
autoridades, los dueños de las carpas bailables, etc., a los cuales se los considera como
“diferentes”, porque no practican el trueque y por su característica urbana. De esta manera,
si en el caso de la historia nacional habíamos visto que el eje central que le daba sentido
para hablar de los otros como “diferentes” era el que una parte de la población se considera
como representante legitima de lo argentino por el hecho de estar unida al progreso,
mientras que en el caso de lo provincial el eje articulador pasaba por el hecho de que
Estado Nacional se negaba a reconocer las diversas identidades provinciales y en cambio
trataba de homogeneizarlas, en el caso de la identidad feriante el común denominador será
el trueque, que no solo instrumentalizara las practicas de la comunidad, sino que también
abarcara aspectos culturales y modos de producción, de modo tal que en este caso la
identidad no pasa por pertenecer a variables como lo “nacional” o “provincial”, sino por
pertenecer a variables de orden cultural y de orden tradicional, que se definen por compartir
o no practicas económicas y culturales especificas

Conclusión
En base a esto último hemos podido observar como una identidad, la identidad feriante
relacionada con la Manka Fiesta se ha podido desarrollar en medio de todo un océano que
fluctúa entre la identidad nacional o provincial, las cuales tienden a subsumir o, mejor
dicho, a incorporar dentro suyo a las diferentes identidades que se desarrollan dentro de los
respectivos territorios que cada una de ellas abarcan, conformándose de esta forma un
paisaje identitario que prácticamente se reduce a la oposición nacional / provincial. Sin
embargo sería injusto atribuirle esta perdurabilidad de la identidad feriante al hecho de que
tal supervivencia solo se debe a los lazos de solidaridad existente entre sus miembros.

Por el contrario, dicha estabilidad en el tiempo tiene que ver con el hecho de que a
diferencia de las anteriores identidades, que luchan por cuestiones abstractas, como ser el
proceso de homogeneización desatado por el Estado Nacional sobre las provincias del
Interior, con la consiguiente resistencia de las mismas, expresándose esta a través de la
identidad provincial, la identidad feriante responde a una necesidad práctica: la necesidad
de los productos intercambiados, dado que en la feria concurren agentes pertenecientes a
distintos pisos ecológicos, intercambiando por medio del trueque en sus diferentes
modalidades los productos que más necesitan, de aquí la razón de la pervivencia de este
tipo de feria comunal; a esto debe agregarse el hecho de que este tipo de encuentro viene
realizándose desde muy avanzada la época colonial (bajo distintos nombres y en diferentes
lugares), motivo por el cual esta clase de feria carga sobre sus hombros un gran fardo de
experiencia que le ha permitido sobrevivir por muchos decenios y que seguramente le
permitirá seguir sobreviviendo por muchos años más

Como fuere, la identidad que se maneja en esta clase de encuentros viene a demostrar que a
pesar de que en nuestro país las identidades parecen reducirse a “lo nacional” o “lo
provincial”, en ciertos lugares todavía pueden encontrarse identidades como la que
acabamos de analizar, demostrándonos a nosotros los intelectuales, que no debemos
quedarnos con examinar las identidades que rigen el campo identitario argentino, y que por
lo tanto conforman ese vasto océano que parece extenderse a lo largo del territorio
nacional, y consumiendo (o dicho de una mejor forma integrando dentro suyo) las
diferentes identidades que se desarrollan en cada provincia. Al contrario, debemos
encontrar esta clase de isla, como la “Manka Fiesta” y poder examinar los elementos que
hacen que esa identidad sea particular, es decir, que no la hace parte de la homogeneidad
que recorre el país, sino que la hace única, especial, es decir, que la hace ser una identidad
diferente