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Reflexiones en carne y hueso


Por: Diana Liceth Martínez Verdugo1
Diciembre de 2016

Fuente: lasaventurasdetomsawyer-latino.blogspot.com.co

“El ambiente pedagógico tiene que ser un lugar de fascinación e


inventiva: no inhibir sino propiciar la dosis de ilusión común entusiasta
requerida para que el proceso de aprender se produzca como mezcla de
todos los sentidos” (Assmann, 2002, p. 28).

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Mediadora pedagógica en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, enamorada de la
educación y, por ende, de la vida. Estudió Licenciatura en Español y Lenguas, Especialización en
Docencia del Español como Lengua Propia, Especialización en Pedagogía Para el Desarrollo del
Aprendizaje Autónomo y Maestría en Educación. Actualmente es estudiante de Doctorado en
Educación de la Universidad de la Salle de Costa Rica.
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Tuve la fortuna de crecer en


compañía de mi hermana
Sandra y de un grupo de
amiguitos que vivían en mi
casa. En mi niñez reí mucho y
disfruté la mayor parte de mis

Fuente: días haciendo casitas de


https://es.pinterest.com/Vegan2002/heidi/
cobijas, convirtiendo las sillas
del comedor en trenes o buses, jugando yermis, escondidas, ponchados
y atrapando renacuajos en un riachuelo que pasaba cerca de mi casa,
para meterlos en frascos y poder ser así testigos de su metamorfosis. En
realidad nunca había pensado acerca de lo mucho que aprendíamos a
través de esas experiencias, que tan felices nos hacían.

Sin embargo, es ahora cuando mis vivencias como docente me han


llevado a valorar todas aquellas experiencias y la suerte que tuve al
haber comenzado a contar, leer, escribir, colorear, dibujar, crear,
componer canciones, hacer rimas, sumar, restar y comprender el
proceso de metamorfosis, a través del juego y desde antes de entrar a
la escuela. ¡Qué maravilla tener la posibilidad de hacer todas esas
actividades por placer y sin miedo de que alguien me castigara por
hacerlo mal!

Uno de mis juegos favoritos era el de la profesora. Mi hermana, quien es


siete años mayor que yo, era la profe y mis amiguitos y yo éramos los
estudiantes. La vecina de la tienda nos había regalado un tablero negro
de una marca de gaseosa, mi hermana lo pegaba a la pared y nos
mostraba las letras, nos decía cuáles eran sus sonidos y nos leía
historias graciosas. Yo estaba loca por aprender a leer, porque me
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parecía súper divertido poder leer ese


tipo de historias por mi cuenta y,
además, porque admiraba mucho a mi
hermana. Era tal mi deseo por aprender,
que junto con mi amiga Adriana,
seguíamos practicando después de
terminado el juego y fue así como Fuente:
https://es.pinterest.com/Vegan2002/heidi/
ambas tuvimos el placer de aprender a
leer y a escribir ¡Qué gran mediadora era mi hermana, lograba que
Adriana y yo encontráramos sentido a lo que hacíamos!

Cuando mis papás decidieron matricularme en la escuela por primera


vez, me faltaba poco para cumplir los seis años. Según la directora, yo
era demasiado grande para comenzar a estudiar en el plantel, así me
hicieron una serie de exámenes a fin de ubicarme en un curso;
sorprendentemente tanto para la directora de la escuela, como para mis
padres, mis conocimientos resultaron ser mayores que los de varios
niños que habían cursado pre-kínder, kínder y transición. Así es que
comencé formalmente en la escuela desde primero de primaria, y así fue
como mis procesos de aprendizaje dejaron de ser tan divertidos.

De acuerdo con Gutiérrez y Prado (sf), para que el proceso de


aprendizaje sea significativo, las relaciones pedagógicas deberían
promover el diálogo, la interlocución y las relaciones empáticas. En mi
concepto, estas características se daban muchísimo más cuando jugaba
con mis amigos y con mi hermana, que en la escuela. En ese lugar, las
maestras solían ser autoritarias, resaltar nuestros errores, coartar
nuestra creatividad, castigarnos por diversos motivos y enfocarse en
que “acumuláramos conocimientos”, a fin de dar por vistos los
contenidos del plan de estudios.
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Recuerdo que en
segundo de primaria yo
le tenía bastante miedo
a mi docente Rosa, ella
constantemente nos
gritaba, nos exigía
mantenernos en

Fuente:
completo silencio
lasaventurasdetomsawyer-latino.blogspot.com.co durante las clases y
memorizar bastante información. Un día específico de cada semana nos
ponía a recitar las tablas de multiplicar y si alguien se equivocaba, ella
le pegaba en las manos con una regla.

Según Maturana (1991) los seres humanos existimos en el lenguaje, es


decir, en el espacio de coordinaciones de coordinaciones conductuales
consensuales en que nos movemos. Éste fluye en los encuentros, en el
contacto visual, sonoro o táctil que ocurre en los sistemas nerviosos. El
encuentro gatilla cambios determinados en las emociones y en la
corporalidad de cada uno. Es por eso que podemos herirnos o
acariciarnos con las palabras.

Un día, en clase de educación física la profesora Rosa gritó delante de


mis compañeros que yo me movía como una momia al igual que mi
hermana –a quien también le impartía algunas clases en jornada
contraria- y comenzó a reír de forma odiosa, lo cual resultó muy
ofensivo para mí ¿Cómo esa mujer podía hablarme así si yo tan solo
tenía siete años? ¿Cómo podía referirse así a mi hermana, a quien yo
tanto admiraba? Desde ese día, más que siempre, ir a la escuela se
convirtió en una tortura para mí, no me gustaba participar en clase, me
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sentía ridícula, humillada, mi mente se quedaba en blanco, me


sonrojaba, temblaba y constantemente tenía miedo de fracasar.

Si tenemos en cuenta que “El sujeto aprende siempre que esté en la


actitud de aprendizaje, que esté en búsqueda, en acecho, que esté
abierto y receptivo a la mucha información de la que está saturado el
mundo actual. Para lograr esa actitud de aprendiz debe sentirse bien,
estar interesado, querer” (Gutiérrez y Prado, sf, P. 10), es triste pensar
que mi actitud de aprendizaje era mucho mayor antes de entrar a la
escuela.

Para Hugo Assmann “Educar significa volver a crear nuevas condiciones


iniciales para la autoorganización de las experiencias de aprendizaje”
(Assmann, 2002, p. 61); sin embargo, aunque a diferencia de la
profesora Rosa, mi hermana no había estudiado pedagogía, ella sí era
capaz de crear para mí diversos contextos de aprendizaje y, sin ser
consciente de ello, me orientaba a través del juego, logrando suscitar
alteraciones significativas en mis condiciones iniciales y así yo aprendía
feliz. Por eso, ahora reconozco a mi hermana como una gran mediadora
de mis aprendizajes.

Así transcurrió mi vida en la básica primaria, no recuerdo especialmente


a ningún otro profesor; ya en la secundaria, en séptimo grado, tuve una
docente que me hizo retomar el amor por la lectura, su nombre era
Myriam. Las clases de español me entusiasmaban, porque Myriam nos
hacía leer libros atractivos e interesantes y cuando hablábamos de ellos
en clase, lo hacíamos de forma amena y sencilla; la profesora resaltaba
mis participaciones y me hacía sentir muy bien, allí había un escenario
de interlocución que me otorgaba reconocimiento y respeto. En este
clima empático, al no sentirme juzgada por primera vez en mucho
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tiempo, comencé a perder el miedo a equivocarme, pues allí nadie era


dueño de la verdad. Es así como desde mi experiencia puedo corroborar
que “La interlocución da lugar a la alegría de trabajar juntos a fin de
hacer atractiva la relación y de facilitar el aprendizaje” (Gutiérrez y
Prado, sf, P. 13).

En contraste, la profesora de inglés llevaba a cabo prácticas similares a


las de la profesora Rosa, su nombre era Virginia. Ella detestaba que
habláramos en clase, no era extraño que nos pusiera cero tan sólo por
haber volteado a mirar a alguna compañera, también gritaba y nos
ponía tareas extensas y sin sentido: memorizar y repetir un listado de
palabras, estructuras gramaticales, recitar las formas del verbo “to be”
de forma descontextualizada, traducir al español largos textos que ni
siquiera se acercaban a nuestros gustos, entre otros trabajos.

“En general, todo quehacer se aprende en la realización de ese


quehacer. Si el quehaceres discursivo, se aprende en el discurso, si es
manipulativo, se aprende manipulando. Todo conocimiento es un modo
de vivir y, por lo tanto, es multidimensional y su multidimensionalidad
debe adquirirse en el vivir” (Maturana, 1991, P.44)

¿Cómo podíamos aprender la lengua


extranjera, si las posibilidades de
expresarnos haciendo uso de ella
eran tan limitadas? Lo único que nos
consolaba era que a la hora de
evaluarnos, prácticamente nos
regalaba la nota porque, de lo
contrario, hubiera tenido reprobarnos
Fuente:
a todos. Así las cosas, puedo decir lasaventurasdetomsawyer-latino.blogspot.com.co

que en la escuela nunca llegué a producir un enunciado inteligible en


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inglés, ni siquiera comprendía claramente para qué servía ese tal verbo
“to be”. La verdad es que eso tampoco me importaba, ya que no le veía
sentido para mi vida, solo era una parte más de los conocimientos
fragmentados y sin sentido que me hacían memorizar.

Más adelante, a los dieciséis años de edad, inicié mi vida universitaria


como estudiante de publicidad en una prestigiosa universidad privada de
mi país. Mi clase favorita era la de diseño, ya que yo dibujaba muy bien
y me consideraba bastante creativa; sin embargo, no contaba con el
dinero para comprar los costosos materiales que pedía el profesor. Al
principio no hubo inconveniente, ya que la mayoría de las obras las
producíamos desde casa, así que me iba bastante bien; sin embargo, un
día que trabajamos en clase, el docente se fijó en mis materiales y me
llamó fuertemente la atención por no haber comprado las marcas que él
nos había dicho. De ahí en adelante mis calificaciones bajaron hasta el
punto de que perdí el curso, situación similar a la que experimenté en
otra asignatura por no tener computador portátil. De acuerdo con
Assmann, “el compromiso ético-político del educador debe manifestarse
de manera primordial en la excelencia pedagógica y en su colaboración
para crear un clima esperanzador en el propio contexto escolar”
(Assmann, 2002, P. 32) ¡Qué desesperanzador resulta el sentirse
discriminado y qué decepcionante es para el aprendiente cuando su
educador desconoce su compromiso ético-político!

Ante la escasez económica que experimentábamos, mis padres no


pudieron continuar costeando mi universidad, así que decidieron
pagarme un curso de inglés y fue ahí donde la magia sucedió. A pesar
de mi aversión por esa lengua extranjera y de estar prácticamente
segura de que yo no podía aprender eso, la mediación pedagógica del
profesor Daniel Pérez, quien me guió durante los dos primeros niveles,
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cambió por completo mi percepción sobre esa asignatura, era tan


divertida su clase que yo no quería que se acabara.

A Daniel le gustaba que nos


sentáramos en círculo, pues quería
que pudiéramos vernos los unos a los
otros y que todos nos
reconociéramos, que nos sintiéramos
copartícipes del proceso educativo;
Fuente: nos ponía en situaciones graciosas,
lasaventurasdetomsawyer-
latino.blogspot.com.co sonreía permanentemente, a veces
hasta se disfrazaba y siempre buscaba propiciar que nos sintiéramos
cómodos al expresarnos, así no manejáramos a la perfección las reglas
gramaticales. De esta manera, creó un clima cálido de interaprendizaje
¡por fin le hallé sentido a aprender inglés!, me complacía, no sentía
miedo de equivocarme -ya que él aprovechaba nuestros errores para
que aprendiéramos de ellos-, me gustaba seguir estudiando en mi casa,
leyendo, descubriendo nuevo vocabulario, nuevas formas de expresión.

Para ese tiempo también comencé a relacionarme con un novio rockero


que me dedicaba canciones en inglés, ¡qué emocionante! Me encantaba
poder entender las letras de las composiciones, así que tomaba un
cuaderno, escuchaba las canciones, escribía su letra en inglés,
practicaba hasta aprendérmelas y luego las cantaba junto a él, quien a
su vez tocaba la guitarra. Y dado que, como dice Assmann, toda
activación de la inteligencia está entretejida de emociones, estas
actividades que resultaban tan placenteras para mí, me ayudaron en
gran medida a convertirme en una usuaria competente de la lengua
inglesa.
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Por ello encuentro que esta descripción sobre la pedagogía se refleja


directamente ese momento de mi vida: “pedagogía es encantarse y
seducirse recíprocamente con experiencias de aprendizaje. En los
docentes se debe hacer visible el gozo de estar colaborando con algo tan
estupendo como hacer posible e incrementar –en el ámbito
sociocultural, que se refleja directamente en el biológico- la unión
profunda entre procesos vitales y de conocimiento” (Assmann, 2002, P.
33).

Fuente: lasaventurasdetomsawyer-latino.blogspot.com.co

Fue tal la huella que mi profe y mi exnovio dejaron en mi vida como


aprendiente, que comencé a desear ser profesora de idiomas y aprobé
un exigente examen de admisión en una universidad pública para
estudiar una licenciatura en inglés, español y francés (algo que no
habría pasado por mi cabeza antes). Allí las mediaciones también
implicaron diversas interacciones, algunas al estilo de Daniel, otras
como las de Rosa o las de Myriam y otras muy diferentes; lo que puedo
decir es que aquellos mediadores que fueron mucho más allá de la mera
transmisión y reproducción de la información, aquellos que lograron
deshacer mis resistencias al placer del conocimiento, fueron quienes
contribuyeron a darle sentido a mi quehacer de hoy día.

Gracias a las experiencias vividas, he comprendido la importancia de la


mediación en el proceso educativo y quise prometerme que como
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educadora haría lo posible para que mis clases no se convirtieran en un


sinsentido para mis aprendientes. Fue así como opté por hacer clases
divertidas, que generaran emociones positivas a través de escenarios de
interlocución placenteros para los aprendientes2.

Entre algunas experiencias que recuerdo, quiero hacer mención a


cuando usaba el humor3 para mediar el aprendizaje del español en
cuarto de primaria: les leía a los niños textos con altas dosis de humor,
haciendo voces y gestos graciosos; les contaba chistes para hacer
alusión a algunos temas, por ejemplo, para hablar sobre las palabras
homógrafas:

-Mamá, mamá ¡Me mordió una serpiente!


-¿Cobra?
-No, gratis.

-Simón Bolívar les dijo a sus soldados ¡Tómense el puente!


… Y llegaron el martes.

Esto lograba que ellos también quisieran contar chistes relacionados,


que se los explicaran unos a otros, que nos riéramos de sus ocurrencias
y que la clase se desarrollara en un clima propicio para la expresión
creadora. Por ello, he tratado que el humor y las relaciones empáticas
continúen siendo parte de mi mediación pedagógica aun siendo docente
universitaria, pues concuerdo con que “la escuela nueva es impensable
si no lograra generar climas propicios a ese tipo de expresión vivencial

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En el término aprendientes incluyo a docentes, estudiantes y demás participantes de la
interacción educativa.
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Defino el humor tal y como lo hacen Jáuregui y Fernández (2009) como cualquier estímulo
potencial de la risa: juegos, bromas, chistes, viñetas, situaciones embarazosas, incongruencias,
inocentadas, e incluso los despistes, las “meteduras de pata” o las torpezas.
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que conlleva una gran liberación de normas y controles externos


coercitivos” (Gutiérrez y Prado, sf, P. 19). No obstante, jamás me había
detenido a reflexionar al respecto.

“Yo diría que aquello de lo que hay


que hacerse cargo al educar, es de
crear un espacio de convivencia con el
niño, en el que él sea tan legítimo
como el maestro o la maestra. El niño
se transformará en su convivencia
conmigo según la legitimidad que yo
le dé a su convivir conmigo”.
(Maturana, 1991, P.44)

Fuente:
lasaventurasdetomsawyer-latino.blogspot.com.co

Bajo este panorama, concuerdo con Hugo Assmann cuando plantea que
el debate sobre la educación debería partir del análisis de factores
positivos, de aquellos que fomentan la autoorganización del sistema vivo
aprendiente.

Para ello es necesario reflexionar sobre las necesidades y las


intencionalidades de los aprendientes, la ecología cognitiva, el
reconocimiento de la otredad, la interlocución, la función del placer en
las dinámicas de lo vivo, las mediaciones estimulantes, situadas en el
favorecimiento de la autoestima, en el aumento de las expectativas, en
el reconocimiento de la intuición, la emotividad, la creatividad y los
sentimientos de todos los involucrados, como parte importante del
proceso educativo, así como en las implicaciones del principio de
complejidad en la constitución de las experiencias de aprendizaje. Para
ello, no hay que olvidar que “lo alternativo no se improvisa ni se genera
por arte de magia. Es un proceso de reafirmación y de aprendizaje
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constante en el cual se hacen necesarias una reflexión y evaluación


permanentes” (Gutiérrez y Prieto, 1991, p. 17).

Referencias bibliográficas

Assmann, Hugo. (2002). Placer y ternura en la Educación. Madrid: Ed.


Narcea S.A.

Bohm, D. (1997). Sobre el diálogo. Barcelona: Kairós.

Gutiérrez Pérez. F. y Prieto Castillo, D. (1996). Mediación pedagógica.


Apuntes para una educación a distancia alternativa. Edusac. Instituto de
investigaciones y mejoramiento educativo.

Jáuregui, Eduardo; Fernández, Jesús. (2009). Risa y aprendizaje: el


papel del humor en la labor docente. En: Revista Interuniversitaria de
Formación del Profesorado, vol. 23, núm. 3, pp.203-215.

Maturana, H. (1991). El sentido de lo humano. Chile: Ediciones


Pedagógicas Chilenas S.A.

Maturana, Humberto (1985). Del ser al hacer. Comunicaciones Noreste


Ltda, Chile.

Maturana, Humberto. (2003). Conversando con Maturana sobre


educación. Ediciones Aljibe. Málaga España.

Maturana, Humberto. (2004). Biología de la cognición y epistemología.


Ed. Universidad de la Frontera, Temuco. Chile.
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Prado, C. y Gutiérrez F. (sf). Las siete claves de la mediación


pedagógica. Serie HOLOgrafías No. 3. Costa Rica: Universidad de la
Salle.

Varela, Francisco. (2000). El Fenómeno de la Vida. Dolmen ediciones.


Santiago de Chile.

*Las lustraciones de la serie “Las aventuras de Tom Sawyer” que se


utilizaron en este relato, fueron creadas por el diseñador Japonés
Shūichi Seki.

Las ilustraciones de la serie “Heidy” son originales del diseñador Japonés


Yoichi Kotabe.