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¿Sabemos por qué llueve?

La clásica figura del ciclo hidrológico viene a nuestro auxilio para responder a la pregunta ¿Por qué
llueve? Nos apresuramos a explicar que los océanos se calientan y evaporan sus aguas que suben a
los cielos formando nubes que, cuando están muy “cargadas”, se condensan y dejan caen al mar o
a las superficies continentales, gotas de agua, copos de nieve o grumos de hielo. Un conocimiento
más fino, permite identificar, aunque no siempre entender, las causa de cuándo, dónde y porqué
el cielo dejar caer sus bendiciones o castigos.

A pesar de las diferencias en las cosmogonías griegas, judeocristianas, hindús, etc. un aspecto
común es la simbología del poder que recae en las nubes y sus lluvias. Las más de las veces como
la madre protectora, limpiadora y sanadora que podría, por algún disgusto, transformar su actitud
cuidadosa en un largo abandono o presentarse como una gran cortina oscura que dejará caer sus
torrentes a tal punto que serán destructivas. Las nubes, también simbolizan la antesala a la
presencia del ser supremo en las alturas1 cual carruaje celestial abriendo camino.

El mensaje metafísico que contienen las nubes me apura, a priori, en asumir la importancia de
comprender los mecanismos físicos del proceso de evaporación y condensación del agua oceánica
y continental en relación a los cielos. Es decir, en función de las capas atmosféricas.

Los datos que se obtienen de los parámetros meteorológicos en la superficie del planeta resultan
insuficientes sino los relacionamos con los datos que se obtengan de las condiciones que
prevalecen en las capas, principalmente en las altas, de la atmosfera. De hecho, no sabemos hasta
que altura suben las nubes, o si existe una proto-lluvia en la mesosfera o en la termosfera.

Entonces, en el marco de un razonamiento sistémico, cabe observar y caracterizar los procesos


por los cuales se forman y se desintegran las nubes. ¡Empecemos!

El sol es el principal motor de la dinámica ecológica del planeta. Para el caso del agua, su relación
está presente en función de los efectos que causa en la temperatura del océano y en la gradiente
atmosférica, en la presión, y por consiguiente en los vientos. Las noticias de un constante aumento
de la temperatura en la denominada “capa de mezcla” del océano-atmósfera2, tiene una
inmediata repercusión en la velocidad y cantidad de vapor de agua que se eleva desde nuestros
océanos, ríos, lagos y nevados. Es preciso recordar que la evaporación se produce en un amplio
rango de temperaturas, a diferencia de la ebullición que solo sucederá al llegar a determinada
temperatura o “punto de ebullición”.

El aire seco3, es decir la mezcla de compuestos gaseosos (N,O,CO2, Ar, etc), requiere de una
pequeña cantidad de vapor de agua como combustible o fuerza termodinámica para absorber,
retener y expulsar calor. Por añadidura, el aire seco con vapor de agua se denomina aire húmedo.

1
De la expresión -como “polvo” de los pies de Dios que levanta en su paso- (Nah 1,3)
2
Debido al cambio climático, la temperatura media de la biosfera está superando los 15 grados centígrados.
3
Sin vapor de agua en su composición. Con el continuo aumento de partes por millón de CO2, en algunos
años, el porcentaje de este gas podría dejar de ser despreciable.
La humedad absoluta mide el porcentaje de vapor de agua que contiene un volumen de aire. Este
porcentaje varía en función de varios factores, por lo cual contendrá un valor distinto según el
lugar y el momento.

Humedad relativa, o "RH", mide el porcentaje de vapor agua presente en el aire respecto la
capacidad máxima de agua que puede ser mantenida a una temperatura dada. Por ejemplo, si la
humedad es del 60% a 23 ° C, esto implicaría que el aire tiene aún capacidad para mantener un
40% de vapor de agua para llegar a su nivel de saturación a la temperatura de 23 ° C.

100% de humedad relativa, indica que el aire está a su máxima saturación. Cuando el aire húmedo
entra en contacto con el aire más fresco, o una superficie más fría, el vapor de agua se convertirá
en gotas de agua. Cuando esto ocurre en las zonas más bajas de la capa atmosférica se conoce
como el 'Punto de Rocío'.

Convengamos que el proceso se inicia con la evaporación de los mares, ríos, lagos y la
evapotranspiración de las hojas en las plantas. Entendamos claramente que el paso del agua, de su
forma líquida a su forma gaseosa, se debe a la velocidad mayor de algunas moléculas del cuerpo
de agua que logran salir a la frontera de superficie y se elevan al aire cambiando al estado
gaseoso. Como molécula de gas, se transporta y asciende en la atmosfera según las fuerzas y
corrientes del aire.

Las moléculas de vapor de agua se agrupan en la medida que, durante su trayectoria, se adhieran
a una superficie. Es decir, a partículas microscópicas en suspensión. La naturaleza perfecta, ha
diseñado este proceso mediante el arrastre de partículas de minerales, producto de la erosión de
montañas, zonas desérticas y de las partículas salinas de los mares que se generan en el
rompimiento de sus olas. Se acepta que los volcanes tienen alguna participación y no menos
importante las cenizas de los incendios forestales naturales. Todos estos procesos trasladan las
partículas de distinta granulometría a fuerza de viento y subibaja de presiones hasta distintas
alturas atmosféricas donde cumplen las funciones de núcleos higroscópicos.

El volumen de partículas en suspensión en la atmosfera, de origen natural, ha sido el principal


recurso con que contaba el vapor de agua para condensar sus moléculas y formar un maravilloso
mundo de nubes.

Con las actividades humanas, sobre todo mediante la industria y la quema de combustibles fósiles,
la influencia del hombre en la naturaleza es innegable. Nuestro aporte a la atmosfera de material
particulado crea las condiciones para un mayor volumen de condensación, nubes más grandes y
mayor probabilidad de precipitaciones intensas y prolongada. No debiera sorprendernos que los
volúmenes de precipitación sean cada vez mayores si la disponibilidad de núcleos higroscópicos
también aumenta momento a momento.

¿El lector puede dudar de nuestra capacidad para producir lluvia?

Como mencioné líneas arriba, las nubes son agregados de micro gotas de agua. Estas son
moléculas líquidas en solución (sus solutos han permitido la condensación). Las poblaciones de
gotitas de una nube son como una comunidad conservadora, varias poblaciones vecinas y casi
homogéneas según su radio, que va de 0.1 a 10 micras. La presencia de unas cuantas gotas
distintas, más grandes, causa inestabilidad en la nube induciendo a la precipitación total, de
grandes, medianas y chicas.

Por la dinámica meteorológica en la atmosfera, las gotitas de agua danzan dentro del campo de la
nube colisionando unas con otras. Del resultado de colisionar, algunas se unirán por coalescencia y
formarán una nueva gota, de mayor volumen y radio. Estas súper gotas se van formando en la
parte superior de la nube hasta un punto crítico que, por efecto de su peso, tienden a la caída,
golpeando en su trayectoria, o adhiriendo, otras gotitas medianas y pequeñas. El efecto es muy
similar a la formación del viento. Mientras las gotas grandes caen, arrastran las pequeñas y dejan
espacio para el ascenso y formación de nuevas gotas. ¡Es un bucle nuboso!

Para algunas nubes, se puede esperar al menos unos 15 minutos para que empiece a precipitar,
contados desde el momento que la nube empezó a formarse. No todas las gotas que precipitan
llegan a la superficie de la Tierra; algunas vuelven a evaporarse en el proceso, sea por la
temperatura de la parte baja de la nube o por acciones del viento ascendente y la presión
atmosférica.

Continuara…

Perú

Vientos vienen del sur a lo largo de la costa peruana