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Ramiro Salinas Siccha

Juez Superior Titular de Lima

DERECHO
PENAL Parte Especial

VOLUMEN 2

©
E DI T OR I A L
IUSTITIA
Sexta edición: julio 2015
Séptima edición: mayo 2018

DERECHOS RESERVADOS: DECRETO LEGISLATIVO Ne 822

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© 2 0 1 8 , Derecho Penal. Parte Especial - Volumen 2


© 2018, Ramiro Salinas Siccha
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ISBN: 978-612.4362-09-5

Tiraje: 1,000 ejemplares


TÍTULO V
DELITOS CONTRA EL PATRIMONIO

1. EL PATRIMONIO EN EL DERECHO PRIVADO Y SU REPERCUSIÓN


EN EL DERECHO PENAL

En la construcción de los delitos patrimoniales y en su hermenéutica


jurídica intervienen abundantes institutos del derecho privado, por ello,
siempre ha sido un problema por resolver para el jurista del derecho pe­
nal, la interrogante de saber si los conceptos de los institutos del derecho
civil o comercial tienen el mismo contenido cuando son utilizados en el
campo del derecho punitivo, o en su caso, tienen conceptos diferentes.
Ep efecto, Rojas Vargas!1347) concluye que: lo que se trata de saber es
si el juez debe darle a dichos términos como bien mueble, ajenidad,
posesión, dinero, valor, depósito, comisión, administración, propietario,
prenda, gerente, administrador, socios, etc., su significación de origen,
vale decir, el otorgado por el derecho civil, comercial o societario, i O es
que acaso tales vocablos jurídicos adquieren un sentido especial propio
cuando son utilizados en la normativa penal?
En la literatura penal encontramos hasta tres posiciones teóricas al
respecto!1348):

a. Una primera que se etiqueta como civilista, monista o de la iden­


tidad, por la cual se afirma que el derecho penal debe utilizar y
aplicar los mismos conceptos que otorga el derecho privado. Deben*0348

1,3471 Rojas Vargas, 2000b, p. 38.

0348) i/,£/_ r o y Frevre, 1983, p. 18 y con m ayor a m p litu d , Rojas V argas, 2000, pp. 38 y ss.

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Ramiro Salinas Siccha

respetarse las significaciones de origen, estando vedado al derecho


penal recrear los conceptos dados por el derecho civil.
b. La segunda teoría denominada autónoma o independiente sostiene
que el derecho penal recibe los institutos creados por el derecho
privado, pero en su aplicación le otorga un contenido particular de
acuerdo a las exigencias de sus fines.
c. La tercera teoría rotulada como mixta, ecléctica o integradora sos­
tiene que el derecho penal recepciona los conceptos elaborados por
el derecho privado y los aplica respetando su significado original,
sin embargo, atando se presenten conflictos lingüísticos no le está
prohibido al derecho penal recrear algunos conceptos por vía de
interpretación para un caso concreto.

De las tres teorías, los juristas peruanos se han inclinado por la


tercera, es decir, por la mixta o ecléctica. Roy Freyre<1349> afirma que
los conceptos e instituciones autónomas del derecho privado, en cuanto
son utilizados por la ley penal, deben ser entendidos desde una perspec­
tiva publicista que tenga en consideración el fin inmediato del derecho
penal (especial protección de concretos intereses comunes) y también
su fin mediato (paz social con justicia), sin olvidar lo que sostienen los
teóricos objetivistas, que los nuevos fenómenos jurídicos, económicos,
políticos, morales o técnicos imponen una interpretación de la ley desde
aquí y para ahora (interpretatio ex nunc) y no con el sentido de que las
expresiones legales tuvieron en pasadas circunstancias determinantes de
la actividad del legislador (interpretatio ex tune).
Por su parte, Peña Cabrera^1350), parafraseando al también desaparecido
español Quintano Ripollés, sostenía que la solución se hallará pura y simple­
mente en saber elegir en cada caso concreto, bien la autonomía institucional,
bien la dependencia, rehuyendo posturas absolutas que de antemano están
abocadas al fracaso. En determinadas ocasiones -continuaba Peña Cabre­
ra- los institutos jurídicos son efectivamente idénticos en lo penal y en

(i 3491 rov f reyre, 1983, p. 21.

n 350) pEÑA cabrera, 1993, p. 6.

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Derecho Penal •Parte Especial

lo civil, pero en otras muchas requieren un tratamiento aparte pese a la


identidad léxica, que por lo mismo debiera ser evitada prefiriéndose el
uso de denominaciones distintas cuando las cosas o ideas también lo sean.
En tanto que Rojas Vargas!1351), después de glosar las opiniones
de Joan Queralt, Ricardo Núñez, Alfredo Etcheverry, Roy Freyre, Bajo
Fernández y Francesco Antolisei, tomando posición, considera correcta la
teoría ecléctica, integradora y teleológica. Al tratarse fundamentalmente
de problemas de interpretación y de semántica jurídica aplicada a los fines
superiores del derecho penal, la recreación de los términos extrapcnales
-sean estos normativos o naturales- solo se legitima en función de dichos
fines y de las posibilidades de los usos lingüísticos que brinde el lenguaje.
Es más, el autor citado sentencia que el no tomarse en cuenta tales presu­
puestos ocasionaría las siguientes indeseables consecuencias: a) desbordar
arbitrariamente las significaciones que brinda el idioma; b) contradecir el
principio de taxatividad de la ley; y c) incurrir en analogía.
Por nuestra parte, tomando postura y para efectos del presente
trabajo dogmático consideramos que la postura adecuada resulta ser la
teoría ecléctica o integradora, pero no en su sentido radical que sostiene
que cuando no coincidan los conceptos creados por el derecho privado
con los utilizados por el derecho penal debe hacerse una recreación total
de las expresiones hasta el punto de darle un concepto diferente, sino en
un sentido moderado, vale decir, si llega a determinarse que el concepto
del derecho privado resulta contrario a los fines del derecho punitivo, el
jurista, al momento de interpretar debe ampliar o restringir sus alcances.
Ello significa que el concepto seguirá siendo el mismo con la diferencia
que según el caso concreto para el derecho punitivo interpretativamente
el concepto será utilizado en su acepción amplia o restringida.
El problema es de interpretación de la ley penal, en consecuencia
corresponde al jurista u operador jurídico, haciendo uso de los métodos
adecuados, determinar en cada caso concreto si el término utilizado en el
tipo penal tiene el mismo concepto al otorgado por el derecho privado o,
por el contrario, tiene otro sentido. Al concluir el intérprete que no tie­

(' 351) Rojas Vargas, 2000b, p. 42.

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Ramiro Salinas Siccha

nen el mismo significado, en el caso concreto, deberá recurrir al concepto


original para finalmente ampliar o restringir su contenido de modo que
no se oponga a los fines propios del derecho penal.
Si consideramos que el núcleo o base fundamental de un sistema
jurídico nacional lo constituyen los lincamientos previstos en la Cons­
titución Política de determinado Estado, por razonamiento lógico debe
concluirse que en aras de construir o enarbolar un sistema jurídico co­
herente, lógico y que tenga consistencia interna, el legislador primero
al construir las normas y el jurista después al interpretarlas, tienen la
obligación científica de lograr por medio de los métodos de interpre­
tación que los conceptos de los institutos jurídicos tengan contenidos
equivalentes o parecidos en todas las ramas del derecho. Aquellos insti­
tutos solo deben diferenciarse por los efectos que producen en el campo
o ámbito jurídico-social en que son aplicados.
No encontramos razones consistentes para que conceptos de insti­
tuciones del derecho civil, comercial o tributario adquieran contenidos
diferentes en el campo del derecho punitivo o administrativo. Alegar
construir un sistema jurídico coherente y después proponer conceptos
diferentes para institutos con denominación lingüística parecida dentro
del mismo sistema jurídico, resulta contraproducente y cuando no, pone
al descubierto que el sistema no tiene coherencia interna ni externa.
El argumento en el sentido que anteriormente se ha aceptado en
forma pacífica de que los términos utilizados por el derecho punitivo no
tienen por qué tener el mismo contenido o significado que los utilizados
por el derecho extrapenal, no debe significar que en la actualidad, sigamos
sosteniendo lo mismo. Ahora cuando el conocimiento avanza hacia lo
que han denominado los científicos “globalización”, teorías que cobijan,
guardan o proponen incoherencias internas de un determinado sistema
jurídico, no tienen cabida. Estas teorías deben ser proscritas.

2. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO EN LOS DELITOS PATRIMONIALES:


PROPIEDAD O PATRIMONIO
Es común en el pensamiento penal contemporáneo, afirmar que al
derecho penal le corresponde la función de protección de bienes jurídi-

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Derecho Penal •Parte Especial

eos, aun cuando para el funcionalismo radical impulsado por Günther


Jakobs, la función del derecho punitivo sea la vigencia o estabilización
de la norma penal. En este sentido, corresponde identificar plenamente
el bien jurídico que se pretende tutelar o proteger con la tipificación
de los delitos patrimoniales.
A través del tiempo, las diversas legislaciones se han dividido: para
unas el bien jurídico era la propiedad (C. P. francés de 1810, C.P. belga
de 1867) en tanto que para otras, lo constituía el patrimonio (C.P. ita­
liano de 1889). Esta división incluso permanece hasta la actualidad (por
ejemplo, los Códigos Penales de Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador
prefieren a la propiedad, en tanto que los Códigos Penales de Brasil,
México, Guatemala y Panamá prefieren al patrimonio), trayendo como
consecuencia lógica que los doctrinarios del derecho penal también
adopten posiciones dividí d a d '352).
En el Perú, el Código Penal de 1863 recogía como bien jurídico de
los delitos patrimoniales a “la propiedad”. Incluso en el proyecto de 1916
todavía se propuso a la propiedad como el interés fundamental a prote­
ger. Sin embargo, el legislador de 1924 siguiendo el proyecto de Código
Penal suizo de 1918 prefirió e impuso el membrete de “Delitos contra el
patrimonio”. Denominación que perdura en el Código Penal de 1991.
Ante tal panorama legislativo que siempre ha sido y sigue siendo
terna de discusión doctrinaria, aparece la interrogante: <cuál es el bien
jurídico que se pretende tutelar o proteger con la estructuración de los
tipos penales patrimonialesr La disyuntiva doctrinaria siempre ha estado
en considerar a la propiedad o al patrimonio como bien jurídico pro­
tegido. No obstante, los tratadistas peruanos, siendo coherentes con el
membrete “Delitos contra el patrimonio”, utilizado tanto por el Código
de 1924 y el de 1991, se han adherido a la posición que sostiene que
el patrimonio es el bien jurídico que se pretende tutelar con esta clase
de conductas delictivas^1353).

1,3521 Vid . con a m p litu d , Rojas V argas, 2000b, p. 42.

1,3531 Roy Freyre, 1983, p. 24, Peña Cabrera, 1993, p. 4, Bramont-A rias T orres/G arcía C antizano ,
1997, p. 283, Rojas V argas, 2000b, p. 59, V illa Stein, 2001, p. 27.

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Ramiro Salinas Siccha

En efecto, para nuestro sistema jurídico se entiende por propiedad


lo previsto en el artículo 923 del Código Civil de 1984. Allí, se afirma
que la propiedad es el poder jurídico que permite usar, disfrutar, disponer
y reivindicar un bien. Debe ejercerse en armonía con el interés social y
dentro de los Emites de la ley. En suma, como sostienen los civilistas, la
propiedad es definida como el poder jurídico pleno sobre una cosa. No
obstante, pleno no significa que sea ilimitado, dado que la misma ley
le pone límites. Le impone fronteras más allá de las cuales no llega el
señorío que se reconoce al titular del bien.
En esa línea y teniendo en cuenta que ciertas figuras delictivas
como el de la usurpación apenas protegen algún atributo de la propie­
dad, debe concluirse tajantemente que para nuestro sistema jurídico
penal la propiedad no se constituye en el bien jurídico protegido de
los delitos patrimoniales.
En cambio, doctrinariamente existe consenso en sostener que el
patrimonio constituye el bien jurídico protegido con los delitos patri­
moniales. Roy Freyreí1354), haciendo hermenéutica jurídica del Código
Penal derogado de 1924, sostiene que se entiende al patrimonio como el
conjunto de bienes muebles e inmuebles susceptibles de valoración eco­
nómica, de utilidad primordial o superflua, sobre los cuales una persona
física o los representantes de una persona jurídica tienen la garantía estatal
de ejercer todos y cada uno de los derechos inherentes a la propiedad,
sin más limitaciones que las establecidas a favor de terceros por la ley, la
administración de justicia o la contratación, sean o no acreedores.
Peña Cabrera^1355) sostenía que por patrimonio entendemos, en
sentido general, todo bien que suscite estimación pecuniaria. Los bienes
que conforman el patrimonio pueden ser tanto las cosas como los obje­
tos inmateriales. Se trata de que entre la persona y un objeto apreciable
pecuniariamente medie una relación con el objeto. A contrario sensu, no
existe patrimonio, si no media la vinculación entre la persona y la cosa
o entre la persona y el derecho.

(l354) Roy F reyre, 1983, p. 34.


C sss) p EÑA C abrera, 1993, p. 4.

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Derecho Penal •Parte Especial

Nosotros, antes de ensayar un concepto sobre lo que debe entenderse


por patrimonio para efectos del presente trabajo, creemos que resulta ne­
cesario revisar sumariamente las teorías que se han ensayado en la doctrina
para tal efecto.

3. TEORÍAS SOBRE EL CONCEPTO Y NATURALEZA DE PATRIMONIO


Los teóricos del derecho penal han esgrimido diversos conceptos
para definir al patrimonio; ello ha generado diversas teorías siendo las
más caracterizadas las siguientes:

a. Concepciónjurídica delpatrimonio. Esta posición sostiene que debe


entenderse por patrimonio de una persona todos aquellos dere­
chos y obligaciones reconocidos subjetivamente por el derecho
privado o público. Esta teoría al tomar como eje central el aspecto
jurídico en la actualidad no tiene seguidores. Ello debido a que
resulta poco pacífico determinar qué se entiende por derechos
patrimoniales subjetivos.
De este modo, Mantovanh1356) sostiene que los puntos vulnerables
de esta concepción son dos: a) por defecto, porque al considerar
componentes patrimoniales tan solo a las situaciones jurídicas
preconfiguradas, es decir, los derechos subjetivos perfectos, excluye
de la tutela patrimonial a las situaciones no concretizadas o no
completamente concretizadas en verdaderos y propios derechos
subjetivos; b) por exceso, porque al conceder sic et simpliciter la
tutela al derecho subjetivo como tal conduce a una exagerada sub-
jetivización del valor de la cosa y, por consiguiente, a considerar
componentes del patrimonio a derechos sobre cosas privadas de
un real valor patrimonial y, asimismo, por la desmaterialización
del daño patrimonial (delitos sin lesión patrimonial).
b. Concepción económica delpatrimonio. Los penalistas que sostienen esta
posición afirman que se entiende por patrimonio de una persona al
conjunto de bienes con valor económico sin importar que estén o no
reconocidos jurídicamente. Es decir, el daño patrimonial se entiende

(i 356) c ita d o por Rojas Vargas, 2000b, p. 54.

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Ramiro Salinas Siccha

como una efectiva disminución económica del patrimonio de una


persona. La principal objeción que se hace a esta teoría radica en
el hecho que por medio de ella se aceptaría que el patrimonio de
determinada persona esté constituido también por bienes poseídos
antijurídicamente.
c. Concepción mixta del patrimonio. Los tratadistas para superar las
deficiencias conceptuales de las posiciones anteriores han con­
jugado los factores jurídicos y económicos y, de este modo, se
ha construido la concepción mixta. Para esta teoría vendrían a
constituir el patrimonio de una persona todos aquellos bienes
con valor económico y reconocidos o protegidos por el derecho.
En tal sentido, se incluyen en el patrimonio de una persona solo
los bienes que son valorados económicamente, pero siempre que
estén en su poder con base en una relación jurídica tutelada por
el derecho. Ésta es la teoría actualmente dominante.
d. Concepción personal del patrimonio. Esta teoría aún en elaboración,
tomando como base la concepción mixta, sostiene que el patrimo­
nio de una persona está constituido por todos los bienes suscep­
tibles de valorización económica, y reconocidos por el derecho,
siempre y cuando posibiliten el desarrollo de su personalidad. El
patrimonio de una persona es una garantía objetiva para el desa­
rrollo de su personalidad.
De estas posiciones la que tiene mayor consenso en la doctrina
es la teoría mixta. En la literatura penal peruana por unanimidad
encontramos que los tratadistas se han adherido a esta concepción
para hacer dogmática de los delitos contra el patrimonio previstos en
nuestro Código Penal. Peña Cabrera!1357) afirma concluyentemente
que la característica del concepto penal de patrimonio radica en el
valor económico del bien como en la protección jurídica que brinda
la relación de una persona con este bien. Igual postura astunen Villa
Stein!1358) y Castillo Alva!1359).

(l 3S7) Peña Cabrera, 1993, p. 5.

<’ 358> V illa Stein, 2001, p. 26.

1,3591 Castillo A lva, 2002a, p. 222.

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Derecho Penal •Parte Especial

En suma, entendemos que de acuerdo al nomen inris del Título


V del Código Penal “Delitos contra el patrimonio”, el bien jurídico
protegido lo constituye el patrimonio. Entendido el patrimonio en
sentido genérico y material como el conjunto de obligaciones y bienes
(muebles o inmuebles), susceptibles de ser valorados económicamente y
reconocidos por el sistema jurídico como pertenecientes a determinada
persona. En tanto que en sentido específico para efectos de la tutela
penal, constituyen el patrimonio de una persona todos aquellos derechos
reales (principales: posesión, propiedad, usufructo, uso y habitación,
superficie y servidumbre; de garantía: prenda, anticresis, hipoteca y
derecho de retención) y obligaciones de carácter económico reconocidos
por el sistema jurídico. De ahí que algunos tratadistas propongan que
en lugar de hablar de “delitos contra el patrimonio” debe acuñarse la
frase de “delitos contra los derechos patrimoniales” (Muñoz Conde,
Rivacoba y Rivacoba).

4. VALORACIÓN EC O N Ó M IC A DE LOS BIENES

Con lo expuesto hasta aquí queda claro que los bienes para ser
objeto de tutela penal deben ser susceptibles de valoración económica.
Quedan fuera de tutela punitiva todos aquellos bienes sin relevancia
económica, vale decir, aquellos que para la persona tengan el máximo
valor sentimental e incluso sirvan para su desarrollo normal de su
personalidad. En efecto, “las cosas con exclusivo valor afectivo (foto­
grafías, imágenes, cabellos del ser amado, hojas de un árbol exótico,
recuerdos de un viaje por el Cusco, cenizas del familiar cremado, etc.)
y desprovistos objetivamente de valoración pecuniaria en el tráfico
comercial-industrial-financiero, carecen de interés para el derecho penal
en cuanto objetos físicos de tutela penal, no integrando el concepto de
patrimonio y por lo mismo no son susceptibles de constituir objeto
material de los delitos patrimoniales”!1360!.
Esta conclusión vale para nuestro sistema jurídico penal hasta por
dos argumentos:

IU60> Rojas V argas, 2000b, p. 73.

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Ramiro Salinas Siccha

Primero, por el hecho de que para entender los delitos patrimo­


niales previstos en nuestro Código Penal se adopta como base la
concepción mixta respecto del patrimonio, vale decir, se entiende por
patrimonio, en sentido genérico, todo bien susceptible de valoración
económica y reconocido por el derecho. Todo bien que no puede
ser valorado económicamente ni reconocido por el derecho, queda
friera del concepto penal de patrimonio.
Y segundo, al revisar la redacción de las figuras punibles que atentan
contra el patrimonio recogidas en nuestro Código Penal, encon­
tramos el artículo 444, modificado por la Ley N.° 28726, del 9
de mayo del 2006 y luego modificado por la Ley N.° 29407 de
18 de setiembre de 2009, en el cual se exige que el bien dañado o
hurtado debe tener un valor superior a una remuneración mínima
vital para constituir delito, caso contrario, constituirá faltas contra
el patrimonio. Igual criterio encontramos en el segundo párrafo del
444 y en el inciso 1 del artículo 445. En este último numeral, el
legislador hace mención a un bien de escaso valor económico. En
suma, legislativamente se exige que el bien tenga valor económico.

Otro tema de viva controversia en la doctrina penal peruana radica en


responder la siguiente interrogante: dos hurtos y los daños agravados re­
quieren de una cuantía especial o la cuantía es irrelevante ? Pese a que cuando
tratemos específicamente sobre el hurto y daño agravado sentaremos posición
al respecto, cabe adelantar que sobre el tema existen dos marcadas posiciones.
La primera afirma que para estar frente al delito de hurto agravado
se requiere necesariamente que el valor del bien sobrepase una remunera­
ción mínima vital. Se fundamenta esta posición en la circunstancia que el
artículo 186 del Código Penal prevé pena privativa de libertad de mayor
gravedad respecto de la prevista para el supuesto del artículo 185, siem­
pre y alando el hurto sea cometido con las agravantes que allí se señala.
En ese sentido, Castillo Alva(136b afirma que en irrestricta aplicación del
principio de legalidad, antes de calificar las agravantes resulta necesario
establecer si en el hecho concreto concurren todos los elementos objetivos
y subjetivos del hurto previsto en el artículo 185 del C.P.

<'36» Castillo A lva, 2002a, p. 228.

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Derecho Penal •Parte Especial

Se sostiene que primero debe establecerse si el valor económico de


lo hurtado sobrepasa el monto de una remuneración vital que exige el
artículo 444 del Código punitivo modificado por Ley N.° 29407. Si lo
sustraído tiene un valor pecuniario por debajo de una remuneración mí­
nima vita], no se configura el delito de hurto agravado, constituyendo este
hecho así haya agravantes en faltas contra del patrimonio. Esta posición se
fundamenta en el mayor desvalor del resultado, dejando de lado el mayor
desvalor de la acción que debe tomarse en cuenta para hacer hermenéutica
jurídica de los delitos patrimoniales. Caso contrario, también tendremos
que exigir cuantía significativa para el delito de robo.
La segunda posición sostiene que el hurto agravado para efectos de
su configuración no requiere que el valor de lo hurtado sea superior a una
remuneración mínima vital. Respetando el principio de legalidad, base
fundamental de nuestro derecho penal, se afirma convencidamentc que al
tratarse de supuestos de hecho totalmente diferentes a los previstos tanto
en el artículo 185 y en el artículo 186 del Código Penal, su configuración
típica también exige elementos diferentes. En efecto, el hurto agravado,
previsto en el artículo 186, adquiere total autonomía del hurto simple
previsto en el artículo 185, en consecuencia, al exigirse taxativamente en
el -artículo 444 un monto superior a una remuneración mínima tan solo
para el supuesto de hecho del artículo 185, debe concluirse en forma
lógica y coherente que nuestro sistema punitivo no exige cuantía para
configurarse el delito de hurto agravado. Rojas Vargas!1362) sostiene que
desde las determinaciones normativas establecidas en el Código Penal la
solución a tal problemática cede ante la preeminencia de la taxatividad de
la norma penal que restringe solo el hurto y daños básicos (artículos 185
y 205) al referente económico pecuniario. Solo es necesario que el valor
del bien hurtado sea susceptible de valoración económica. Jurispruden­
cialmente esta posición se ha impuesto. En efecto, el Acuerdo Plenario
N.° 4-2011/CJ-116 del 6 de diciembre del 2011, ha establecido como
doctrina legal “el hurto agravado no requiere de requisito del quantum
del valor del bien para su configuración”!1363).

!,362> Rojas V argas, 2000b, p. 72.

0363) A cu e rd o Plenario p u b lic a d o en El Peruano el 30 de m ayo del 2012.

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Ramiro Salinas Siccha

Se tiene por descontado que el valor del bien hurtado influirá en


la convicción del juez al momento trascendental de individualizar la
pena que impondrá al acusado (incisos 4 y 9 del artículo 46 del C.P.),
debiendo escoger entre un mínimo de tres y un máximo de seis años de
pena privativa de libertad. N o se requiere de aptitudes excepcionales para
concluir que si el bien no tiene mayor valor económico, se le impondrá
la pena mínima al acusado por delito de hurto agravado.
Igual ocurre con el delito básico de daños previsto en el artículo 205 y
las modalidades agravantes sancionadas en el artículo 206 del Código Penal.
Nosotros, teniendo en cuenta que el objetivo es hacer dogmática
penal de los delitos patrimoniales, nos adherimos a la segunda posición,
dado que resulta más coherente para interpretar los delitos contra el
patrimonio tal y conforme aparecen redactados en nuestro texto puniti­
vo. N o cabe duda de que, por ejemplo, aparece injusto que se imponga
tres años de pena privativa de libertad a un sujeto que con la ayuda
de otro y aprovechando la noche, hurtó de su vecino dos patos cuyo
valor no llega a cincuenta soles, sin embargo, ello no debe llevarnos
a desconocer el principio de legalidad al que debe ceñirse el operador
jurídico en materia penal.
Ello no es óbice para proponer de lege ferenda que en el futuro,
el legislador tenga en cuenta en el momento histórico de tipificar los
delitos contra el patrimonio, indicar un monto mínimo del objeto
material del delito*1364). Pues resulta inicuo y exagerado con el conse­
cuente perjuicio económico que se ocasiona al Estado, ventilar todo
un proceso penal por estafas, apropiaciones ilícitas, hurtos agravados,
hurtos de uso, etc., sobre bienes de insignificante valor económico.
Seguir actuando como se viene haciendo en la tipificación de los delitos
contra el patrimonio, pone en tela de juicio los principios rectores que
sustentan el derecho penal contemporáneo denominados de lesividad,
proporcionalidad y de ultima ratio.

0 36Í) ei legislador ha tenido esa oportunidad al promulgar la Ley N.° 28726 o en su caso, al promulgar
la Ley N. ° 2 9 4 0 7 , sin embargo, en lugar de poner un tope económico al valor de los bienes
objeto de hurto o daños agravados, ha disminuido el tope económico del valor de los bienes
objeto del delito de hurto y daños básicos.

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Capítulo I
HURTO
SUMARIO: Subcapítulo 1: Hurto simple: 1. Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Acción
de apoderar. 2.2. Ilegitimidad del apodera miento. 2.3. Acción de sustracción. 2.4. Bien
mueble. 2.5. Recursos pesqueros objeto de un mecanismo de asignación de límites
máximos de captura por embarcación com o objeto de hurto. 2.6. Valor del bien
mueble. 2.7. Bien mueble total o parcialmente ajeno. 2.8. Bien jurídico protegido. 2.9.
Sujeto activo. 2.10. Sujeto pasivo. 3 .Tipicidad subjetiva. 3.1. Provecho económico. 4.
Antijuridicidad. 5. Culpabilidad. 6. Consumación. 7. Tentativa. 8. Penalidad. Subcapítu­
lo 2: Hurto agravado: 1. Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Hurto mediante destreza.
2.2. Hurto por escalamiento. 2.3. Hurto mediante destrucción de obstáculos. 2.4.
Hurto por rotura de obstáculos. 3. Con ocasión de incendio, inundación, naufragio,
calamidad pública o desgracia particular del agraviado. 3.1. Hurto con ocasión de
incendio. 3.2. Hurto en inundación. 3.3. Hurto en naufragio. 3.4. Hurto en calamidad
pública. 3.5. Hurto en desgracia particular de la víctima. 4. Sobre los bienes muebles
que forma el equipaje de viajero. 5. Mediante el concurso de dos o más personas.
6. En inmueble habitado. 7. Por un agente que actúa en calidad de integrante de
una organización criminal destinada a perpetrar estos delitos. 8. Sobre bienes de
valor científico o que integran el patrimonio cultural de la nación. 9. Colocando a la
víctima o a su familia en grave situación económica. 10. Con empleo de materiales
o artefactos explosivos para la destrucción o rotura de obstáculos. 11. Utilizando el
espectro radioeléctrico. 12. Sobre bien que constituya único medio de subsistencia o
herramienta de trabajo de la víctima. 13. Sobre vehículo automotor, sus autopartes o
accesorios. 14. Sobre bienes que forman parte de la infraestructura o instalaciones de
transporte de uso público, de sus equipos y elementos de seguridad. 15. Sobre bienes
que forman parte de la infraestructura o instalaciones encargadas de prestación de
servicios públicos de saneamiento, electricidad o telecomunicaciones. 16. Hurto en
agravio de menores de edad. 17. Hurto en agravio de personas con discapacidad.
18. Hurto en agravio de mujeres en estado de gravidez. 19. Hurto en agravio de
adulto mayor. 20. Cuando el objeto del hurto son bienes que forman parte de la
infraestructura o instalaciones públicas o privadas para realizar todo el proceso de
aprovechamiento de gas. de hidrocarburos o de sus productos derivados. 21. Cuando
el agente actúa en calidad de jefe, cabecilla o dirigente de una organización criminal
destinada a perpetrar estos delitos. 22. Penalidad.Subcapítulo 3: Hacer dispositivos
para asistir a la decodificación de señales de satélite portadoras de programas: 1.
Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 3. Bien jurídico protegido. 4. Sujeto activo. 5. Sujeto
pasivo. 6. Tipicidad subjetiva. 7. Consumación y tentativa. 8. Penalidad. Subcapítulo
4: Hurto de uso: 1. Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Acción de sustracción. 2.2.
Mínimo apoderamiento. 2.3. Provecho temporal. 2.4. Uso del bien momentáneo. 2.5.
Devolución del bien. 2.6. Bien ajeno. 2.7. Valor del bien. 2.8. Bien jurídico protegido.
2.9. Sujeto activo. 2.10. Sujeto pasivo. 3. Tipicidad subjetiva. 4. Antijuridicidad. 5.
Culpabilidad. 6. Tentativa. 7. Consumación. 8. Penalidad.

1163
Ramiro Salinas Siccha

3. PENALIDAD
El o los agentes del delito de usurpación agravada serán reprimidos
con pena privativa de libertad no menor de cinco ni mayor de doce años
e inhabilitación si corresponde, y según sea el caso concreto.
Capítulo IX
DAÑOS
SUMARIO: Subcapítulo 1: Tipo básico: I. Tipo penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1.
Comportamientos delictivos. 2.2. Objeto del delito de daños. 2.3. Bien total o par­
cialmente ajeno. 2.4. Valor del bien mueble o inmueble. 2.5. Bien jurídico protegido.
2.6. Sujeto activo. 2.7. Sujeto pasivo. 3. Tipicidad subjetiva. 4. Antijuridicidad. 5.
Culpabilidad. 6. Tentativa y consumación. 7. Penalidad Subcapítulo 2: Agravantes
del delito de daños: 1. Tipo penal. 2. Hermenéutica jurídica. 2.1. Agravantes por la
naturaleza de los bienes. 2.2. Agravantes por los medios empleados. 3. Penali­
dad. Subcapítulo 3: Abandono y actos de crueldad contra animales domésticos
y silvestres: 1. Tipo penal. 2. Hermenéutica jurídica. 3. Penalidad. Subcapítulo 4:
Producción o venta de productos dañinos para consumo de animales: 1 Tipo
penal. 2. Tipicidad objetiva. 2.1. Producir alimentos, preservantes, aditivos y
mezclas falsificados. 2.2. Producir alimentos, preservantes, aditivos y mezclas
corrom pidos. 2.3. Producir alimentos, preservantes, aditivos y mezclas daña­
dos. 2.4. Vender alimentos, preservantes, aditivos y mezclas falsificadas. 2.5.
Vender alimentos, preservantes, aditivos y mezclas corrom pidos. 2.6. Vender
alimentos, preservantes, aditivos y mezclas dañados. 2.7. Bien jurídico protegido.
2.8. Sujeto activo. 2.9. Sujeto pasivo. 3. Tipicidad subjetiva. 4. Antijuridicidad. 5.
Culpabilidad. 6. Tentativa y consumación. 7. Penalidad.

Subcapítulo 1
Tipo básico

1. TIPO PENAL

El antecedente legislativo nacional más reciente lo constituye el


artículo 259 del Código Penal derogado. En aquella norma penal como
en la actual el legislador ha hecho uso de tres verbos rectores o princi­
pales para la construcción del tipo penal. Es lógico pensar que los tres
verbos hacen alusión a tres actos o conductas que en conjunto reciben

1599
Ramiro Salinas Siccha

la denominación de daños a la propiedad. En esa línea, actualmente las


figuras delictivas de daños aparecen tipificadas en el artículo 205 del
Código Penal, fórmula legislativa que ha sido objeto de modificación
por el artículo 1 de la Ley N.° 30076, publicada en El Peruano el 19 de
agosto del 2013. Ley que solo se limitó a aumentar la pena privativa de
libertad de un máximo de dos años que era antes a un máximo de tres
años. Esa es la gran modificación efectuada por nuestros legisladores.
Quedando el tipo penal con el siguiente contenido:
El que daña, destruye o inutiliza un bien, mueble o inmueble,
total o parcialmente ajeno, será reprimido con pena privativa de
libertad no mayor de tres años y con treinta a sesenta días-multa.

2. TIPICIDAD OBJETIVA
De la lectura del tipo penal se advierte o evidencia que el delito de
daños a la propiedad se configura hasta por tres formas o modalidades.
Ello tiene que ver con el tipo de acción que realice el agente para lograr
su objetivo.

2.1, Com portam ientos delictivos

a. La primera modalidad se presenta cuando el agente dolosamente


daña, menoscaba, estropea o deteriora un bien mueble o inmueble
que total o parcialmente corresponde a otra persona quien por tal
circunstancia se convierte en sujeto pasivo de la acción.
En otros términos, daña' consiste en disminuir el valor patrimonial
de un bien mueble o inmueble comprometiendo fundamentalmente
el aspecto corporal o material con que está construido o hecho. Con
su acción, el autor o agente no busca destruir ni inutilizar el bien,
lo único que busca es deteriorado para que no siga cumpliendo su
finalidad normal y natural. Busca m erm a su normal funcionamiento
que le está asignado. Por ejemplo, busca disminuir la producción si
a una parte de un sembrío de maíz, el agente dolosamente le prende
fuego. O también se presenta cuando el agente con dolo quiebra las
astas de uno de los toros que hace la yunta que el agraviado utiliza
para realizar trabajos de agricultura, etc.160

1600
Derecho Penal •Parte Especial

b. La segunda forma se presenta cuando el agente dolosamente destru­


ye, arruina, demuele, elimina o deshace un bien mueble o inmueble
que total o parcialmente pertenece a otra persona, es decir, es ajeno.
Por destruir se entiende el acto de hacer desaparecer el valor patri­
monial de un bien mueble o inmueble, afectando tanto el aspecto
material como la función que tiene normalmente. El sujeto activo,
con su acción no solo busca deteriorar o inutilizar el bien ya sea
mueble o inmueble, sino lo que quiere el agente es desaparecer o
eliminar el bien. El objetivo del autor es destruir o eliminar el bien.
Siguiendo con los ejemplos anteriores, se presentará este supuesto
delictivo cuando el agente prenda fuego a todo el sembrío de maíz
de modo que el agraviado, esa temporada, no tenga cosecha del
preciado alimento de los Incas. O, cuando el agente en lugar de solo
quebrar las astas de la yunta de toros, les da muerte.
c. Finalmente, la tercera modalidad se presenta cuando el agente dolo­
samente inutiliza, inhabilita, imposibilita o invalida un bien mueble
o inmueble que total o parcialmente pertenece a otra persona.

Inutilizar consiste en provocar la pérdida de la capacidad del bien


para ejercer la función normal que le compete, sin que haya lesión en el
aspecto material. Aquí el autor o agente no busca dañar ni destruir el bien
mueble o inmueble, lo que busca es inutilizarlo o inhabilitarlo para que no
siga cumpliendo con su función que normalmente desempeña!1948). Por
ejemplo, se configura esta modalidad delictiva cuando el agente con dolo
quiebra las astas de los toros que forman la yunta que el agraviado utiliza
para realizar trabajos de agricultura. Aquí, al no tener los semovientes sus
astas, quedan imposibilitados para seguir siendo útiles en la agricultura,
perjudicando de ese modo a su dueño.
Es común en la doctrina sostener que el delito de daños a la propie­
dad se materializa por acción o por omisión. Hay omisión cuando por
ejemplo, se deja morir a los animales de hambre.160

(1948) Sobre los co nce p to s de dañar, d e s tru ir o in u tiliz a r véase: Roy Freyre, 1983, p. 332, y Bra-
’ mont -A rias T orres/G arcIa Cantizano , 1997, p. 383.

1601
Ramiro Salinas Siccha

2.2. Objeto del delito de d añ o s


El objeto material del delito de daños puede ser tanto un bien mueble
como un inmueble. En este aspecto se diferencia con los delitos de hurto
o robo que solo puede ser cometido sobre bienes muebles. Para enten­
der los conceptos de bien mueble o inmueble, remitimos al lector a las
páginas anteriores donde hemos analizado la clasificación de los bienes.
Aquí es importante advertir que antes de la promulgación de la Ley
N.° 27309 del 17 de julio del 2000, era posible subsumir al delito de
daños las conductas de aquellos usuarios que carentes de autorización in­
gresaban a un sistema informático e intencionalmentc alteraban, dañaban
o destruían archivos o banco de datos O949). No obstante, actualmente
con aquella ley tenemos el artículo 207-B del Código Penal que tipifica
en forma independiente el delito de daños informáticos.

2.3. Bien total o parcialm ente ajeno

Respecto de este elemento normativo no hay mayor discusión en la


doctrina nacional. Se entiende por bien ajeno a todo aquel que no nos
pertenece y que por el contrario, pertenece a otra persona. En otros tér­
minos, resulta ajeno el bien mueble o inmueble, si este no le pertenece al
sujeto activo y más bien le corresponde a un tercero identificado o no. Este
concepto trae como consecuencia que los res nullius no sean susceptibles
de ser objeto del delito de daños; igual sucede con las res derelictae (bienes
abandonados por sus dueños) y la res comunis omnius (cosa de todos).
En todos estos casos, los bienes no tienen dueño alguno, y por tanto,
el acto de dañar, destruir o inutilizarlos no lesionan patrimonio alguno.
En cambio, estaremos ante una situación de ajenidad parcial cuando
el sujeto activo o agente del delito, daña, destruye o inutiliza un bien
mueble o inmueble que parcialmente le pertenece. Esto es, participa de
él en su calidad de copropietario o coheredero con otro u otras perso­
nas. En este supuesto, es lógico indicar que para perfeccionarse el delito
de daños, resulta necesario que el bien se encuentra dividido en partes
proporcionalmente establecidas; caso contrario, si llega a establecerse1602

i19491 Bramont -A riasT orres, Luis A lb e rto , 1997, p. 41.

1602
Derecho Penal •Parte Especial

que el bien es indiviso, es decir, no hay cuotas que correspondan a tal o


cual copropietario y, por tanto, el bien corresponde a todos a la vez, el
delito no aparece.
Es posible que el agente destruya, dañe o altere un bien en la creencia
errónea que le pertenece cuando en la realidad el propietario es otra per­
sona. Aquí estaremos ante un error de tipo que será resuelto de acuerdo
a lo previsto en el artículo 14 del C.P.

2.4. Valor del bien m ueble o inmueble

Hemos expuesto que los bienes para tener relevancia penal deben
tener valor patrimonial. Esto es, deben ser valorados económicamente en
la interrelación social. Sin embargo, a fin de no caer en exageraciones de
sancionar daños sobre bienes de mínimo e insignificante valor económico
en el mercado, el legislador nacional ha introducido otro elemento típico
del delito de daños, el mismo que se convierte en un límite importante.
No obstante, tal elemento no aparece de la redacción del artículo 205
del Código Penal, sino se desprende de la lectura del artículo 444 del
citado cuerpo de leyes.
Allí se prevé: cuando el valor del bien objeto de una conducta re­
gulada el numeral 205 no sobrepase una remuneración mínima vital,
estaremos ante lo que se denomina faltas contra el patrimonio y, en con­
secuencia, no habrá delito. En este sentido, solo habrá delito de daños
simples cuando el valor del bien mueble o inmueble sea mayor a una
remuneración mínima vital que fija el gobierno. Este aspecto aparece
claro en la jurisprudencia. Así la resolución superior del 26 de agosto de
1997, argumenta que: “si el monto de los daños atribuidos al procesado es
menor a cuatro remuneraciones mínimas vitales mensuales, de conformidad
con los artículos 440 y 444 del Código Penal constituyen faltas contra el pa­
trimonio, no delito de daños y habiendo transcurrido más de nueve meses, la
acción penal ha prescrito^1950).
En la praxis judicial, cuando estamos frente a casos en que es poco
difícil establecer el valor del bien dañado, destruido o inutilizado, se

(i95°j E xpediente N.° 1655-97, en La Rosa G ómez de la T orre, 1999, p. 337.

1603
Ramiro Salinas Siccha

recurre a los especialistas que dentro de un proceso judicial reciben la


denominación de peritos valorizadorcs.
Si al momento de consumarse o perfeccionarse el delito, el valor
del bien sobrepasaba una remuneración mínima vital, y en el transcurso
de la investigación o antes de la sentencia, el valor del bien se deprecia
o adquiere un valor por debajo del mínimo exigido, el hecho se conver­
tirá en faltas contra el patrimonio. La resolución de primera instancia
del 24 de junio de 1998, confirmada por resolución superior del 24 de
julio de 1998, aplica de modo claro lo expuesto: “para que una conducta
ilícita tipificada cotno danos constituya delito se requiere que supere las cua­
tro remuneraciones mínimas vitales y como aparece de fojas (...) la pericia
arroja por daños la suma de mil soles, ratificada a fojas (...), por lo que por el
tj'anscurso del tiempo se han convertido en faltas, que prescriben a los nueve
meses, conjbrme al inciso cinco del artículo cuatrocientos cuarenta y cuatro y
cuatrocientos cuarenta del Código Penal, concordante con su artículo ochenta
y ochenta y tres, por lo tanto ha operado la prescripción de la acción penal en
aplicación de la retroactividad benigna de la ley contemplado en el artículo
sexto de dicho Códtgo’^ l9Sl\

2.5. Bien jurídico protegido


El bien jurídico o interés social fundamental que se pretende
proteger con el delito etiquetado “daños a la propiedad”, lo constituye
en sentido genérico el patrimonio y en forma específica el derecho de
propiedad que tenemos todas las personas sobre nuestros bienes ya sean
muebles o inmuebles.
Es posible que el bien esté en posesión directa de un tercero, sin
embargo, al efectuarse cualquiera de las acciones de dañar, destruir o
inutilizar el bien, el perjudicado directo y principal será el propietario,
pues su patrimonio se verá afectado.

(i95i) Expediente N.° 11-97-Llamellin y 146-98-Huaraz, en Serie de Jurisprudencia, 2000, N.° 3,


pp. 136 y 139, respectivamente.

1604
Derecho Penal •Parte Especial

2.6. Sujeto activo

El agente, sujeto activo o autor puede ser cualquier persona. La


redacción del tipo penal no exige alguna cualidad o condición especial
en aquel. En tal sentido, también puede ser agente el copropietario del
bien. El único que no puede ser sujeto activo del delito de daños es el
propietario del bien sobre el cual recae la acción delictiva.

2.7. Sujeto pasivo

El perjudicado o sujeto pasivo de la acción puede ser cualquier


persona siempre y cuando tenga o goce del derecho de propiedad sobre
el bien dañado, destruido o inutilizado. El mero poseedor no podrá ser
sujeto pasivo de la acción dañosa.

3. TIPICIDAD SUBJETIVA

El delito de daños es netamente doloso. Es decir, el agente actúa con


conocimiento y voluntad de dañar, destruir o inutilizar un bien mueble
o inmueble sabiendo que le pertenece a otra persona. El agente quiere o
debe querer el resultado.

El delito de daños se configura cuando el agente activo tiene la intención


de dañar enfonna total o parcial un bien sea este mueble o inmueble,
incluyendo a los semovientes, por lo que se opera el menoscabo económico
en el agraviadoy que noproduce beneficio alguno al agente activo es decir
se aparta de cualquier propósito de /«crol1952).

En los casos de error de üpo al excluirse el dolo, los daños ocasio­


nados serán atípicos.
No hay delito de daños por culpa, imprudencia o negligencia. El
segundo párrafo del artículo 12 del Código Penal prescribe que solo
hay delito por culpa en los casos expresamente establecidos por ley. Es

0952) Resolución superior del 08-04-1998, Expediente N.° 7968-97, en Bramont-A rias T orres,
2000, p. 157.

1605
Ramiro Salinas Siccha

decir, el delito por culpa debe estar expresamente indicado o previsto


en determinado artículo del Código Penal. En este sentido, de la lectura
del numeral 205 o cualquier otro artículo de la parte especial del C.P.,
no aparece que los daños ocasionados por culpa hayan sido previstos
como delito. Al no estar previsto taxativamente los daños por culpa
como delito, se concluye evidentemente que no hay delito de daños
por culpa o negligencia. Esto es definitivo.
Insisto, en nuestro sistema jurídico penal no hay delito daños contra
la propiedad por culpa o negligencia. La insistencia se fundamenta en
el hecho que todavía actualmente hemos tenido oportunidad de ser testi­
gos de excepción acerca de que existen operadores jurídicos (fiscales) que
formalizan denuncias y otros (jueces penales) que abren procesos penales
por daños ocasionados de modo negligente. Para graficar lo dicho cabe
citar la resolución superior del 17 de junio de 1999, por la cual en Segunda
Instancia recién se hizo una correcta calificación del hecho investigado:
“al habersegenerado los daños como producto de un accidente automovilístico,
evento de naturaleza contingente que acanea solo responsabilidadpor culpa;y
siendo que el tipo penal 205 del Código Penal sanciona los daños materiales a
título exclusivamente doloso, no existe el delito imputado A1953).
Ello no significa de modo alguno que la persona que ocasionó
daños a la propiedad por un actuar negligente o por mediar un error
de tipo, quede sin sanción y mucho menos que la víctima quede desam­
parada. Según nuestro sistema jurídico, el perjudicado puede recurrir
a la justicia extrapenal y solicitar que aquel repare patrimonialmentc
el daño ocasionado. El conflicto surgido a consecuencia del daño por
culpa o por otra circunstancia se resuelve aplicando las reglas de la
responsabilidad extracontractual previstas en el Código Civil.

4. ANTIJURIDICIDAD
La conducta típica de daños a la propiedad será antijurídica cuan­
do no concurra alguna causa de justificación. Es posible que el agente
actúe con el consentimiento del propietario del bien dañado, situación

09531 Expediente N.° 369-99 (2c), en Rojas V argas, 2000, p. 470.

1606
Derecho Penal •Parte Especial

que automáticamente excluye la antijuridicidad de la conducta. Igual


ocurrirá cuando el agente causa daños a la propiedad por un estado de
necesidad. Por ejemplo, no será antijurídica la conducta del agente que en
su desesperación por escapar de su verdugo, destruye una computadora
IBM empujándola desde un segundo piso en su afán de abrirse paso.

5. CULPABILIDAD

En este nivel del delito de daños, el operador jurídico penal veri­


ficará si el agente al cual se le atribuye los daños es imputable, es decir,
es mayor de 18 años de edad o no sufre ninguna dolencia que le haga
inimputable; si este al momento de actuar podía comportarse de otro
modo y evitar los daños y sobre todo, se verificará si al momento de
actuar el agente conocía la antijuridicidad de su conducta.

6. TENTATIVA Y CONSUMACIÓN

El delito de daños se perfecciona o consuma en el mismo momento


que el agente realiza las acciones de dañar, destruir o inutilizar el bien
mueble o inmueble que pertenece al sujeto pasivo. Es un delito de
comisión instantánea.
En parecido sentido, aun cuando no se refiere a la modalidad tí­
pica de dañar o deteriorar, Rojas Vargas!1954) enseña que en el delito
de daños, tipo de resultado material, la consumación del delito es de
carácter instantáneo con la destrucción o inutilización del bien. Esta
destrucción o inutilización puede asumir numerosas modalidades de
acuerdo a la naturaleza del bien mueble o inmueble.
Al tratarse de un delito que necesariamente requiere un resul­
tado, es perfectamente posible que la acción del agente se quede en
el grado de tentativa.

7. PENALIDAD

Luego de la modificación de la fórmula legislativa de daños simples


introducida por la Ley N.° 30076, se aumentó el margen de la pena para

(1954> Rojas Vargas, 1997, p. 496.

1607
Ramiro Salinas Siccha

el autor del delito. En efecto, ahora el agente del delito de daños será
reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres años y con
treinta a sesenta días-multa. Antes de la citada modificatoria, el agente
era reprimido con pena privativa de libertad no menor de dos días ni
mayor de dos años y con treinta a sesenta días multa.

Subcapítulo 2
Agravantes del delito de daños

i. TIPO PENAL

Las circunstancias que agravan el delito de daños están recogidas


en el artículo 206 del Código Penal, el mismo que ha sido objeto de
modificación por la Ley N.° 29583, de setiembre del 2010. Luego, el
tipo penal que recoge las circunstancias agravantes del delito de daños,
ha sido modificado por el artículo 2 del Decreto Legislativo N.° 1245,
publicado el 06 noviembre del 2016. Desde aquella modificación el tipo
penal 206, tiene el siguiente contenido:

La pena para el delito previsto en el artículo 205 será privativa


de libertad no menor de uno ni mayor de seis años cuando:
1. Es ejecutado en bienes de valor científico, artístico, histórico
o cultural, siempre que por el lugar en que se encuentren
estén librados a la confianza pública o destinados al servicio,
a la utilidad o a la reverencia de un número indeterminado
de personas.
2. Recae sobre medios o vías de comunicación, diques o canales
o instalaciones destinadas al servicio público.
3. La acción es ejecutada empleando violencia o amenaza contra
las personas.
4. Causa destrucción de plantaciones o muerte de animales.
5. Es efectuado en bienes cuya entrega haya sido ordenada
judicialmente.
6. Recae sobre infraestructura o instalaciones de transporte de
uso público, de sus equipos o elementos de seguridad, o de
prestación de servicios públicos de saneamiento, electricidad
o telecomunicaciones.

1608
Derecho Penal •Parte Especial

7. SI la conducta recae sobre la infraestructura o instalaciones


públicas o privadas para la exploración, explotación, procesa­
miento, refinación, almacenamiento, transporte, distribución,
comercialización o abastecimiento de gas, de hidrocarburos
o de sus productos derivados conforme a la legislación de la
materia.

2. HERMENÉUTICA JURÍDICA

Es preciso empezar señalando que las agravantes del delito de da­


ños a la propiedad se configuran independientemente del valor de los
bienes objeto del delito. Cuando interviene una circunstancia agravante
prevista en el artículo 206 del Código Penal, en la conducta del agente
de dañar bienes ajenos, el valor del bien no se toma en cuenta para
efectos de la configuración del delito. Ello es consecuencia del principio
de legalidad debido a que el artículo 444 del Código Penal que exige-
cuantía para determinar cuándo estamos ante un deliro y cuándo ante
una falta contra el patrimonio, hace referencia solo al artículo 205 que
regula el delito de daños básico. Al no hacerse referencia al artículo 206
en hermenéutica, debe concluirse razonablemente que no es exigible
cuantía. Solo es necesario que el objeto del delito de daños agravado
tenga o sea susceptible de valoración económica.
Por otro lado, las circunstancias por las cuales se agrava o, mejor
dicho, se aumenta la pena para el agente o sujeto activo del delito de
daños, se dividen en dos grandes grupos: circunstancias que se agravan
por la naturaleza del bien objeto del delito y por los medios empleados
para la comisión del ilícito penal de daños.

2.1. Agravantes por la naturaleza d e los bienes

Los incisos 1, 2 ,4 , 5, 6 y 7 del artículo 206 del C.P., modificado


recogen las circunstancias agravantes debido a la nauiraleza y clase
de bienes sobre los que recae la conducta prohibida. Aquí el agente
merece mayor sanción punitiva por la naturaleza o clase del objeto
del injusto penal.

1609
Ram iro Salinas Siccha

De la lectura del inciso 1 del artículo 206 del C.P. se advierte que
estamos ante cuatro circunstancias agravantes por la cualidad del objeto
del daño. Se configuran cuando el agente daña, deteriora bienes de valor
científico, valor artístico, valor histórico o cuando recae sobre bienes
que conforman el patrimonio cultural de la nación. El fundamento de
las agravantes radica en la importancia y significado de los bienes objeto
del daño para el desarrollo científico del país y por el legado histórico,
artístico y cultural de los mismos.
Por los bienes que conforman el patrimonio cultural, artístico e
histórico se conoce el pasado histórico de la nación. Pero, <cuáles son los
bienes que tienen valor científico, artístico e histórico y cuáles pertenecen
al patrimonio cultural de la nación? Responder a esta pregunta rebasa la
labor del operador jurídico penal, quien tiene que recurrir a normas o
disposiciones extrapcnalcs para poder determinar si estamos ante alguna
de las cualidades que exige la norma penal.
Asimismo, resulta difícil saber qué bienes tienen valor científico,
artístico o histórico y cuáles no. Correspondiendo al juez determinar esta
calidad en cada caso concreto. Para ello, sin duda necesitará la concurren­
cia de personas calificadas en tales aspectos. Bienes con valor científico
serán máquinas o instrumentos médicos de alta precisión, riñones o
corazones artificiales, microscopios o telescopios electrónicos, aparatos
y dispositivos higrométricos, espectrógrafos de última tecnología, etc.,
así como bienes de utilidad científica como material genético deposita­
do en recipientes, cultivo de viras para estudio e investigación médica,
fármacos en proceso de ensayo o experimentación, compuestos químico-
radioactivos, etc. No interesa tanto el valor económico del bien, sino su
valor científico, así como que el agente debe conocer de tal característica.
Bienes de valor artístico, por ejemplo, son las pinturas, las estarnas,
etc. Habrá delito de daños agravado cuando el agente deteriore o des­
truya un cuadro del pintor costumbrista del siglo XIX, Pancho Fierro.
En tanto que bienes de valor histórico son aquellos que representan
un hecho importante en la historia del país. Por ejemplo, estaremos
ante la agravante cuando se dañe el monumento conmemorativo a la
batalla de Ayacucho de 1824 de la Pampa de la Quinua que coronó la
independencia de los países americanos.

1610
Derecho Penal •Parte Especial

En cambio, los bienes que integran el patrimonio cultural de la


nación son todos aquellos que constituyen testimonio de la creación
humana, material o inmaterial expresamente declarados por su impor­
tancia artística, científica, histórica o técnica. Por medio de ellos, las
generaciones humanas presentes y por venir conocen su pasado histórico.
Para saber si estamos ante un bien que integra el patrimonio cultural de
la nación, el operador jurídico penal debe recurrir a la Ley N.° 24047
de 1985 que establece en forma más o menos clara lo que se entiende
por bienes culturales.
No obstante, la agravante no se presenta en todos los casos que se
destruyan o deterioren aquellos bienes. Por ejemplo, no aparece la agra­
vante cuando se daña un bien que conforma el patrimonio cultural de la
nación que está guardado en una casa particular. La agravante aparece
cuando el bien científico, histórico, artístico o cultural esté o se encuentre
en algún lugar librado a la confianza pública o destinado al servicio, a
la utilidad o a la reverencia de un número indeterminado de personas.
El inciso 2 del artículo 206 del C.P. recoge las agravantes que se
configuran cuando el agente dolosamente daña deteriora o inutiliza los
medios o vías de comunicación, diques, canales o instalaciones destinadas
al servicio público. En igual sentido que Bramont-Arias Torres y García
Cantizanoí1955), afirmamos que la agravante está referida a vías de co­
municación o instalaciones destinadas al servicio público. Por tanto, se
excluyen todos los bienes que reúnan estas características pero que están
referidos a prestaciones particulares; así quedará excluida de la agravante,
por ejemplo, la antena parabólica de una casa privada, instalada para ver
y escuchar las noticias de todo el mundo.
El inciso 4 recoge la agravante que aparece cuando el daño en su
modalidad de destrucción recae sobre plantaciones o causa la muerte
de animales. Se entiende que las plantaciones y los animales deben te­
ner un valor patrimonial para la víctima. Por ejemplo, habrá delito de
daños agravado cuando el agente prende fuego a un huerto de parras
o cuando intencionalmente se inunda un sembrío de maíz. En el caso

( '9SS> B ramont -A rias T orrcs/G arcIa Cantizano , I 997, p. 386.

1611
Ramiro Salinas Siccha

de animales, estaremos ante la agravante cuando el agente al encontrar


ganado vacuno de su vecino en su sembrío de alfalfa, les da muerte.
En tanto que el inciso 5 del artículo 206 del C.E, prevé la agravante
que se configura cuando el daño, deterioro o inutilización se produce
sobre bienes cuya entrega esté ordenada judicialmente. Es una agravante
que se configura cuando el agente daña, deteriora o inutiliza un bien
mueble o inmueble que está obligado a entregar o devolver por mandato
judicial. El sujeto activo actúa ante el requerimiento que le hace el juez
para que devuelva o entregue el bien.
El inciso 6, incluido por la Ley N.° 29583, de setiembre del 2010,
prescribe como circunstancia agravante, el hecho que se configura cuando
el daño, deterioro o inutilización doloso por parte del agente, recae sobre
bienes correspondiente a la infraestructura o instalaciones de transporte
de uso público, de sus equipos o elementos de seguridad, o de prestación
de servicios públicos de saneamiento, electricidad o telecomunicaciones.
De modo que merece mayor sanción quien daña, inutiliza o des­
truye dolosamente, en todo o en parte, infraestructura de transporte
de uso público, como vías de ferrocarril, carreteras, pistas, puertos,
aeropuertos o cualquier otra facilidad esencial destinada al transporte
de pasajeros o de carga, sea que esta se encuentre administrada por el
Estado o esté en concesión.
En el mismo sentido, constituye agravante del delito de daños a la
propiedad la inutilización o destrucción dolosa, en todo o en parte, de
elementos de seguridad de infraestructura de uso público destinado al
transporte, tales como elementos de señalización, barandas de seguridad,
semáforos, señales luminosas, entre otros.
Lo mismo ocurre si el agente destruye o inutiliza bienes destinados
a la prestación de servicios públicos, como son las tuberías metálicas,
los tapabuzones, los medidores de agua, luz, los cables aéreos, postes de
alumbrado público, etc.
Finalmente, por el Decreto Legislativo N.° 1245, publicado el 06 de
noviembre del 2016, se modificó el numeral 206 del Código Penal para
incluir como agravante la conducta que se configura cuando el agente
dolosamente daña la infraestructura o instalaciones públicas o privadas

1612
Derecho Penal •Parte Especial

para la exploración, explotación, procesamiento, refmación, almacena­


miento, transporte, distribución, comercialización o abastecimiento
de gas, de hidrocarburos o de sus productos derivados conforme a la
legislación de la material1956). Como ejemplo, cabe citarse los daños
dolosos producidos a las instalaciones del gas de Camisea.

2.2. Agravantes por los m edios em pleados

El inciso 3 del artículo 206 del C.P. prevé que se agrava la conducta
del agente y, por tanto, merece mayor sanción punitiva, cuando aquel
para la comisión del delito de daños hace uso de la violencia o amenaza
sobre las personas.

a. Empleo de violencia contra las personas


La violencia o fuerza física deviene en un instrumento que utiliza
o hace uso el agente para lograr su objetivo, el cual es dañar un bien
mueble o inmueble. Si en un caso concreto que la multifacética realidad
presenta, se evidencia que el uso de la violencia no tuvo como finalidad
el de facilitar el daño, sino por el contrario, tuvo otra finalidad específica,
no aparecerá la agravante.
Solo vale el uso de la violencia en esta agravante, cuando ella esté
dirigida a anular la defensa de sus bienes que hace el sujeto pasivo y de
ese modo facilitar el deterioro, destrucción o inutilización de bienes
por parte del agente. Si se verifica que la violencia tuvo otra finalidad
y solo coyuntural o circunstancialmente se dañó un bien, el delito de
daños no se configura.
En este contexto, debe entenderse por violencia aquella energía fí­
sica, mecánica o tecnológica que ejerce el sujeto activo sobre su víctima
con la finalidad de vencer por su poder material, su resistencia natural o
en su caso, evitar la materialización de la resistencia que hace la víctima
ante el eminente daño a sus bienes. Debe verificarse la correspondencia
entre la violencia y la acción final del daño, de modo que la violencia
está subordinada al objetivo final, el cual es dañar el bien. Sin duda, la

(1956) Inciso 7 del artículo 206 del C.P.

1613
Ramiro Salinas Siccha

violencia debe expresarse en una energía desplegada sobre la víctima


de manera manifiesta y abierta (violencia propia). No cabe violencia
del tipo que algunos tratadistas han denominado violencia impropia
como es el uso de narcóticos, hipnosis, alcohol, etc. Estos supuestos
no configuran la agravante.
La violencia puede ser usada hasta en dos supuestos: para vencer la
resistencia de la víctima y para evitar que el sujeto pasivo resista el daño.
Un aspecto obvio y no menos importante es que la violencia debe
estar dirigida contra las personas. Es imposible la figura del daño a la
propiedad si la violencia está simplemente dirigida contra las cosas. Sin
duda, la violencia será contra las personas que detentan la posesión del
bien objeto del delito; puede ser el propio propietario, un poseedor
o un simple tenedor*1937f En este sentido, no es necesario que exista
identidad entre el titular del bien mueble o inmueble y el que sufre los
actos de violencia. La persona que sufra la violencia física tiene que ser
una persona natural, es imposible que ello ocurra contra una persona
jurídica. No obstante, la persona jurídica será agraviada cuando se hayan
dañado bienes de su propiedad haciendo uso de la violencia contra los
representantes o personas que poseen sus bienes.
También resulta pedagógico indicar que la intensidad de la violencia
no aparece tasada por el legislador. El operador jurídico penal tendrá
que apreciarlo en cada caso concreto y determinar en qué casos ha exis­
tido violencia suficiente para configurarse la agravante. Si la violencia
ha sido suficientemente intensa y ha producido lesiones en la víctima
estaremos ante un concurso de delitos: daños con agravante y lesiones.

b. Amenaza contra las personas


La amenaza como medio que facilita el daño consiste en el anuncio
de un mal o perjuicio inminente para la vida o integridad física de la víc­
tima, cuya finalidad es intimidarlo y de ese modo no oponga resistencia
a la destrucción, daño o inutilización de sus bienes. N o es necesario que
la amenaza sea invencible, sino meramente idónea o eficaz para lograr el

09S7) gn ta | sent¡d o se pronuncia la ejecutoria suprema del 26 de junio del 2011, véase: R. N. N.°
890-2010-Lima (caso Antauro Humala)-Sala Penal Permanente.

1614
Derecho Penal •Parte Especial

objetivo que persigue el sujeto activo. La amenaza o promesa directa de


un mal futuro, puede hacerse por escrito, en forma oral o cualquier acto
que lo signifique. Para determinar si la amenaza ha sido suficiente para
intimidar a la víctima, en un caso concreto, será indispensable verificar
si la capacidad psicológica de resistencia del sujeto pasivo ha quedado
suprimida o sustancialmente enervada. Es difícil dar normas para precisar
el poder o la eficiencia de la amenaza, quedando esta cuestión a criterio
del juzgador en el caso concreto.
La amenaza tendrá eficacia según las condiciones y circunstancias
existenciales del sujeto pasivo. Muchas veces la edad de la víctima, su
contexto social o familiar que le rodea o el lugar donde ocurre la amenaza
pueden ser decisivos para valorar la intimidación. El juzgador se limitará
a determinar si la víctima tuvo serios motivos para convencerse de que
solo dejando que se dañe sus bienes muebles o inmuebles, evitaría el mal
anunciado en su perjuicio.
Es indudable que la amenaza requiere de las siguientes condiciones:
la víctima debe creer que existe la firme posibilidad de que se haga efec­
tivo el mal con que se amenaza; aquel debe caer en la creencia de que no
poniendo resistencia o, mejor dicho, dando su consentimiento al daño,
se evitará el perjuicio que se anuncia. Ello puede ser quimérico pero lo
importante es que la víctima lo crea.
El contenido de la amenaza es el de causarle la muerte o provocarle
lesiones que afecten su integridad física o la de terceros estrechamente
vinculados a la víctima, e incluso de terceros que acuden en su auxilio,
quienes son así utilizados para coaccionar a la víctima.
N o hay mayor inconveniente en considerar que el peligro para la
vida tiene su conversión práctica en la posibilidad de muerte; mien­
tras que el peligro para la integridad física cubre un amplio espectro
de lesiones que merecen tratamiento médico, vale decir, aquellas que
supongan alteración en el equilibrio somático funcional y mental.

3. PENALIDAD

El o los autores del delito de daños en el que concurre alguna de las


circunstancias agravantes analizadas, serán reprimidos con pena privativa
de libertad no menor de uno ni mayor de seis años.

1615
Ramiro Salinas Siccha

Subcapítulo 3
Abandono y actos de crueldad contra
animales domésticos y silvestres

1. TIPO PENAL

De acuerdo a la Segunda Disposición Complementaria Modifica­


toria de la Ley N.° 30407!l958i, publicada el 08 enero del 2016, se ha
incorporado a nuestro texto punitivo, el tipo penal 206-A, que viene a
tipificar las conductas de abandono y actos de crueldad contra animales
domésticos y silvestres. La fórmula legislativa es como sigue:

El que comete actos de crueldad contra un animal doméstico


o un animal silvestre, o los abandona, es reprimido con pena
privativa de libertad no mayor de tres años, con cien a ciento
ochenta días-multa y con inhabilitación de conformidad con el
numeral 13 del artículo 36.
Si como consecuencia de estos actos de crueldad o del aban­
dono el animal doméstico o silvestre muere, la pena es privativa
de libertad no menor de tres ni mayor de cinco años, con ciento
cincuenta a trescientos sesenta días multa y con inhabilitación
de conformidad con el numeral 13 del artículo 36.

2. HERMENÉUTICA JURÍDICA
Somos defensores de los animales, incluso desde niños hemos con­
vivido con animales domésticos (perros, ganado vacuno, ovino, cuyes,
etc.). Les tenemos mucho cariño. Sin embargo, consideramos que el
contenido del artículo 206-A es una exageración legislativa. El derecho
penal no puede ser utilizado para tremendo despropósito. Actuar de la
forma como lo ha hecho el legislador nacional, es deslegitimar al tus
puniendi. Consideramos que el derecho penal existe y se consolida para
cautelar o proteger bienes jurídicos fundamentales (derechos de las

(1958; Ley de protección y bienestar animal. La finalidad de esta ley, indicada en el artículo 2,
consiste en «garantizar el bienestar y la protección de todas las especies de animales ver­
tebrados domésticos o silvestres m antenidos en cautiverio, en el marco de las medidas de
protección de vida, la salud de los animales y la salud pública».

1616
Derecho Penal •Parte Especial

personas y deberes o principios sobre los que se sustenta la existencia


misma del Estado) en determinada sociedad para lograr una convivencia
pacífica y soportable.
En consecuencia, teniendo en cuenta que el centro del derecho
penal son los bienes jurídicos, cabe preguntarse (cuál es el bien jurídico
que se pretende proteger con la tipificación de la conducta prevista en
el artículo 206-A del C.P?
Según la redacción de la infeliz fórmula legislativa, sería el “bienestar de
los animales” domésticos o silvestres'1959). En el anexo de la Ley N.° 30407,
se define al bienestar animal como: «conjunto de elementos que se refieren
a la calidad de vida de los animales, basado en la protección de las especies,
respeto a sus hábitats naturales y adaptación a los entornos brindados por
el ser humano que les permita desarrollarse y mantener un comportamiento
natural y un estado de plena salud fiisica y mental que implica aspectos de
sensibilidad referidos, principalmente, al dolor y al miedo».
Si esto es así, tendríamos que concluir que son autores de este delito
sino todos, la mayoría de peruanos.
En efecto, en las ciudades: (quién no tiene un perro en la azotea de
su casa? ó (quién no tiene un perro amarrado en su jardín? o (quién por
salir todo el día de casa a trabajar, deja a su mascota sin comida todo el
santo día? o ¿quién no tiene de mascota a animales silvestres encerrados en
jaulas? íqué ciudadano peruano en extrema pobreza, no tiene un perro de
mascota en condiciones de hueso y pellejo, e incluso, con caracha?, etc.
En las zonas rurales, el panorama no es nada diferente: (quién no
tiene un perro amarrado para cuidar la casa? o (quién no tiene un burro
o muía y le hace caminar días enteros llevando en su lomo grandes car­
gas? o (quién por salir todo el día de casa a trabajar, deja a sus animales
domésticos sin comida todo el día? o (quién no tiene sus caballos y ye­
guas que le hacen trillar todo el día en tiempos de cosecha del trigo y la

0959) No puede ser la biodlversidad, en especial, la fauna silvestre, es decir, cualquier animal,
com o propone Reátegui Sánchez, toda vez que de acuerdo a la Ley N.° 30407, Ley de pro­
tección y bienestar animal, algunos animales como los toros y los gallos de pelea están
exceptuados, es decir, no están protegidos. Cfr. ReAtegui Sánchez , 2016, II, p. 912.

1617
Ramiro Salinas Siccha

cebada? ¿quién no tiene sus toros y los utiliza uncidos o atados a un yugo,
más de ocho horas para preparar la tierra para la siembra? ¿qué poblador
peruano en extrema pobreza, no tiene a sus animales en condiciones
de hueso y pellejo, e incluso, enfermos? o <qué poblador peruano, no
mata carnero o una vaca en el patio de su casa, para alimentar con
carne a sus hijos?, etc.
Las conductas descritas a título de ejemplos, sin duda lesionan
abiertamente lo que legislativamente se define como bienestar animal,
pues de modo alguno, en tales circunstancias, los animales mantienen
un comportamiento natural y un estado de plena salud física y mental.
En varios de los supuestos el animal experimenta dolor y en muchos
otros, miedo.
Por otro lado, según la primera disposición complementaria final
de la ley de protección y bienestar de los animales, están exceptuados
del citado bien jurídico, los toros utilizados para peleas, los toros uti­
lizados para corridas taurinas, los gallos utilizados para peleas y demás
animales utilizados en espectáculos declarados de carácter cultural por
la autoridad competente. <Estos animales no tienen derecho a que se
proteja su bienestar? Esto sí es verdaderamente absurdo. Solo se protege
a los animales que no son utilizados por las personas en espectáculos de
carácter cultural. Según esta ley, por tanto, no cometerá delito el dueño
del toro utilizado para corridas taurinas o utilizado para pelear, así este
le dé un trato cruel. Realmente no acabamos de entender la excepción.
En suma, el tipo penal 206-A recoge conductas prohibidas demagó­
gica y, por tanto, simbólicas. Al parecer se ha legislado de esa forma, para
contentar a aquellas organizaciones protectoras de animales abandonados.
En la práctica dudamos que se judicialiccn algunos casos por maltrato a un
animal. Prueba de ello, es que desde enero del 2016 tenemos este delito
en nuestro sistema jurídico, y no hemos conocido un solo caso penal por
el delito de maltrato cruel a un animal. También estamos seguros, que
estando la Ley citada vigente, se siguen realizando las conductas antes
citadas en evidente perjuicio de los animales.
Considerámos que para evitar se siga deslegitimando el Derecho
Penal, las conductas aquí tipificadas como delito deben ser sancionadas

1618
Derecho Penal •Parte Especial

solo a nivel administrativo como ya lo establece el artículo 30 de la Ley


N.° 30407, ley de protección y bienestar animal.
No obstante, haciendo dogmática penal, expondremos brevemen­
te, que se trata de un delito común o de dominio y se configura en dos
supuestos: primero, cuando el agente comete actos de crueldad contra
un animal doméstico o un animal silvestre. Es decir, realiza actos que
produzcan dolor, sufrimiento, lesiones o muerte innecesaria a un animal.
Segundo, cuando el agente dolosamente abandona un animal do­
méstico o un animal silvestre. Esto ocurre cuando el sujeto activo realiza
actos para crear circunstancias o condiciones en las que se deja a un animal
en la vía pública. Asimismo, aparece este supuesto delictivo, cuando el
agente en calidad de dueño o tenedor de un animal no lo atiende en sus
necesidades básicas de alimentación, refugio y asistencia médica.
Al ser supuestos delictivos comunes cualquier ciudadano puede ser
sujeto activo de los delitos. Se trata de supuestos dolosos, no admiten el
supuesto culposo. Sujeto pasivo será el dueño del animal objeto de tratos
crueles. En el caso donde el propio dueño es el autor del maltrato animal,
sujeto pasivo será el Estado a través de sus sectores correspondientes!1960).
Finamente, el segundo párrafo del tipo penal 206-A del C.P., recoge
la agravante que se verifica cuando el animal muere a consecuencia de
los actos de crueldad o del abandono el animal. Según el legislador al
ocasionarse la muerte del animal, la conducta es más reprochable penal­
mente y, por tanto, la conducta merece mayor sanción penal.

3. PENALIDAD

Luego del debido proceso penal, de verificarse la responsabilidad


penal del acusado sobre los hechos objeto de acusación, previstos en
el primer párrafo del artículo 206-A del C.P., será sancionado con
pena privativa de libertad no mayor de tres años, con cien a ciento
ochenta días-multa y con inhabilitación de conformidad con el nu­
meral 13 del artículo 36.

(1960) véase el artículo 7 de la Ley N.° 30407.

1619
Ramiro Salinas Siccha

Si los hechos objeto de acusación se configuran en el segundo


párrafo, la pena será privativa de Libertad no menor de tres ni mayor
de cinco años, con ciento cincuenta a trescientos sesenta días multa y
con inhabilitación de conformidad con el numeral 13 del artículo 36.

Subcapítulo 4
Producción o venta de productos dañinos
para consumo de animales

1. TIPO PENAL

Las conductas delictivas que en conjunto forman parte del hecho


punible denominado “producción o venta de productos dañinos para el
consumo de los animales” se sancionan en el artículo 207 del Código
Penal, del modo siguiente:

El que produce o vende alimentos, preservantes, aditivos y


mezclas para consumo de animal, falsificados, corrompidos o
dañados cuyo consumo genere peligro para la vida, la salud o
la integridad física de los animales, será reprimido con pena
privativa de libertad no mayor de un año y con treinta a cien
días multa.

2. TIPICIDAD OBJETIVA

La figura delictiva aparece cuando el agente elabora o da en venta


alimentos, preservantes, aditivos y mezclas falsificados, corrompi­
dos o dañados, cuyo consumo genera peligro para la vida, salud o
integridad física de los animales. Esto es, el sujeto activo, produce o
vende alimentos para animales. Se excluye la venta o elaboración de
alimentos para las personas.
Del concepto ensayado se concluye que el supuesto de hecho del
tipo penal 207 del C.P. encierra varias conductas delictivas que por sí
solas configuran el ilícito penal en análisis. Así tenemos:

1620
Derecho Penal •Parte Especial

2.1. Producir alimentos, preservantes, aditivos y m ezclas falsi­


fica d o s

La conducta delictiva se configura cuando el agente produce, hace


o elabora alimentos, preservantes, aditivos y mezclas falsificados o adul­
terados para aprovechamiento de los animales, al punto que su consumo
genere un peligro para la vida, salud o integridad física de los animales.

2.2. Producir alimentos, preservantes, aditivos y m ezclas c o ­


rrompidos
Este supuesto delictivo se configura cuando el agente elabora,
produce o hace para los animales, alimentos, preservantes, aditivos y
mezclas corrompidos, descompuestos, infectados o podridos, a tal punto
que su consumo por los animales genera un peligro para su vida, salud
o integridad física.

2.3. Producir alim entos, preservantes, aditivos y m ezclas d a ­


ñados
Se presenta cuando el agente dolosamente elabora o produce
alimentos preservantes, aditivos y mezclas dañados, menoscabados,
estropeados o deteriorados al punto de que su consumo por los ani­
males les genera un peligro para su vida, su salud o su integridad física,
generando en consecuencia perjuicio patrimonial para la víctima.
Aquí, daños no es un adjetivo cualquiera, sino por el contrario se
exige que el agente elabore los alimentos para los animales, disminuyendo
su calidad a extremos de que su consumo puede ocasionar peligro para
su vida, su salud o su integridad física.

2.4. Vender alimentos, preservantes, aditivos y m ezclas falsifi­


cadas
El supuesto delictivo se configura cuando el sujeto activo da en
venta, negocia, trafica, expende, comercializa o vende alimentos, pre­
servantes, aditivos y mezclas falsificadas o adulteradas destinados a los
animales, al extremo de que su consumo genera un peligro para la vida,

1621
Ramiro Salinas Siccha

salud o integridad física de los animales. Aquí el agente no produce, lo


único que hace es dar en venta sabiendo o teniendo conocimiento de
que el producto es falsificado.

2.5. Vender alimentos, preservantes, aditivos y m ezclas corrom ­


pidos
Aparece la conducta delictiva cuando el agente vende, expende,
comercializa o da en venta alimentos, preservantes, aditivos y mezclas
descompuestos, corrompidos, infectados o podridos al punto de que su
consumo por los animales les genera un peligro para su vida, su salud o
su integridad física. Aquí, el agente no produce, sino se limita a vender
al público sabiendo que se trata de un producto descompuesto.

2.6. Vender alimentos, preservantes, aditivos y m ezclas d añ ad o s


La modalidad se presenta cuando el agente dolosamente vende,
comercializa, trafica, o da en venta alimentos preservantes, aditivos y
mezclas dañados, menoscabados, estropeados o deteriorados al extremo
de que su consumo por los animales les genera un peligro para su vida,
su salud o su integridad física. El agente vende el producto sabiendo
que se encuentra dañado.

2.7. Bien jurídico protegido


El interés fundamental o bien jurídico que se pretende proteger
con el tipo penal 207 del C.P. lo constituye el patrimonio, no obstante,
más específicamente se protege el derecho de propiedad que se tiene
sobre los animales. Bien sabemos que los animales para la doctrina
penal tienen la condición de bienes muebles.

2.8. Sujeto activo


El autor o sujeto activo de las conductas puestas en evidencia
puede ser cualquier persona, no se exige alguna calidad o cualidad
especial. Basta que el agente produzca, elabore o dé en venta alimento
para animales, así sea por una única vez, será agente del delito. No es
necesario que aquel sea un productor constante o alguien que tenga
como trabajo la venta o comercialización de alimentos para animales.

1622
Derecho Penal •Parte Especial

2.9. Sujeto pasivo


La víctima o el sujeto pasivo de la conducta también puede ser
cualquier persona. Bastará verificar que sea el propietario de los animales
que han consumido los alimentos dañados, corrompidos o adulterados
producidos o vendidos por el sujeto activo.

3. TIPICIDAD SUBJETIVA
De la forma como aparece construido el tipo penal se advierte
que todas las conductas delictivas analizadas son de comisión dolosa.
Es decir, requieren que el o los autores actúen con conocimiento y
voluntad de vender o elaborar productos destinados al consumo de
los animales adulterados, corrompidos o dañados, representándose
la posibilidad de que generen un riesgo para la vida, la salud o la
integridad física de los animales.
El autor o agente debe saber que los productos que produce o
elabora son adulterados, malogrados o dañados. Si se determina que
aquel no tenía conocimiento que producía o vendía alimentos para
animales en mal estado, la tipicidad subjetiva no aparece. Es perfec­
tamente posible que se presente un error de tipo.
No es posible admitir que los comportamientos delictivos se per­
feccionen por culpa o negligencia del autor. De darse el caso, el perjudi­
cado deberá hacer uso de la normativa extrapenal para reclamar alguna
indemnización por daños y perjuicios ocasionados.

4. ANTIJURIDICIDAD

Es posible que se presente alguna causa de justificación en el actuar


del agente. El consentimiento del sujeto pasivo puede excluir la anti­
juridicidad de la conducta. En efecto, si en determinado caso concreto
se acredita que el sujeto pasivo adquirió o compró del agente alimento
para sus animales sabiendo que estaba malogrado, deteriorado o des­
compuesto, desaparecerá la antijuridicidad en la conducta del agente,
así sus animales hayan sido perjudicados en su salud al consumirlos.
Cuestión diferente y por tanto punible, se presenta cuando el agente
no hace de conocimiento al sujeto pasivo que el alimento o los preser-

1623
Ramiro Salinas Siccha

vantes están malogrados, podridos o descompuestos y, por el contrario,


los vende, expende o comercializa como si estuvieran en buen estado.

5. CULPABILIDAD

En este nivel del delito, el operador jurídico penal deberá analizar si


el agente productor o vendedor de alimento, preservantes o aditivos para
consumo de los animales, es imputable; si el agente en el caso concreto
pudo actuar de otro modo evitando el resultado dañoso y, finalmente,
se verificará si el agente al momento de actuar conocía la antijuridicidad
de su conducta, es decir, sabía que su conducta era contraria al derecho
o estaba prohibida.

6. TENTATIVA Y CO NSU M ACIÓ N


Los comportamientos delictivos analizados se perfeccionan de
acuerdo al tipo de conducta que se trate. En el supuesto de que el agente
produzca o elabore los productos para el consumo de los animales, se
perfecciona en el momento en que produce los alimentos malogrados,
dañados o adulterados. En cambio, en el supuesto de que el autor ven­
de los productos para el consumo de los animales, se perfecciona en el
mismo instante en que logra entregar a alguna persona los productos
para consumo de los animales en mal estado y a cambio recibe una con-
traprestación. Para efectos de la consumación, no se requiere ni exige
que el producto producido o vendido llegue realmente a ser consumido
por sus destinatarios finales como son los animales.
Por la redacción del tipo penal, en hermenéutica jurídica, se trata
de un delito de peligro abstracto, no se requiere que el consumo de los
productos malogrados o adulterados causen en forma efectiva un daño
a la salud, vida o integridad física de los animales, es suficiente que su
consumo genere aquel peligro. Es suficiente la puesta en peligro.
Si llegara a verificarse que efectivamente se causó daño a la salud
de los animales que consumieron los alimentos malogrados o dañados,
vendidos por el agente, estaremos ante un delito agotado.

1624
Derecho Penal •Parte Especial

Es posible que el actuar del agente se quede en grado de tentativa.


Ocurrirá, por ejemplo, cuando el sujeto activo es descubierto en el mis­
mo momento en que está produciendo alimento para los animales ha­
ciendo uso de insumos deteriorados o malogrados. O también, cuando
el agente es descubierto en el mismo momento que se dispone a vender
a su primera víctima sus productos de consumo animal, adulterados,
malogrados o dañados.

7. PEN A LID A D

El agente o autor del delito comentado será reprimido con pena


privativa de libertad no mayor de un año y, a la vez, con la pena limitativa
de derechos de treinta a cien días multa.

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