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Tomar el camino menos transitado: el llamado de Vishen Lakhiani

A los 22 años de edad este malasio ya había cumplido su sueño: trabajar


en Microsoft. Sin embargo, nunca se había sentido tan miserable como en
ese momento. Descubra aquí por qué.

Por Andrés Acevedo*

Imagínese la siguiente situación: usted estudió ingeniería de sistemas – una carrera que
detestó profundamente. Sin embargo, aguantó cinco años de números y programación porque
desde pequeño su sueño era trabajar en Microsoft. Y lo logró. Cumplió su sueño y con 22
años fue contratado por la gigante de la computación. Una historia de éxito, sin duda.

Como si eso no fuera suficiente, a las dos semanas de ingresar a su nuevo trabajo lo invitan
a un almuerzo privado en la mansión del mismísimo Bill Gates, su ídolo desde que era un
niño jugando cricket en las calles de Malasia. Parado en el impecable césped del patio trasero
de Bill Gates, en medio de un día soleado de junio, y rodeado de algunas de las personas más
brillantes de la industria de la computación, usted cae en cuenta que nunca se había sentido
tan miserable como en ese momento.

¿Qué salió mal? ¿Cómo es posible sentirse así cuando está cumpliendo sus sueños más
ambiciosos? Todas estas preguntas lo bombardean, mientras usted intenta disimular esta
batalla interna con una sonrisa. Y Bill, quien lo ha observado desde que su cara se tornó color
tomate, le pregunta a los demás qué le sucede al nuevo pasante.

El lunes siguiente, convencido de la decisión que tomó el día anterior, se sienta en su puesto
de trabajo, prende el computador y comienza a jugar Age of Empires hasta que su jefe lo
descubre y lo despide. En ese instante, usted pasó de tener un futuro prometedor a mudarse
al sofá de su amigo y dedicarse al mundo de las televentas.

Esta es la historia de Vishen Lakhiani, fundador de Mindvalley – una organización que tiene
como propósito reinventar la educación global – y autor del libro Código de una mente
extraordinaria. Las reflexiones consignadas en este libro son las mismas que ayudaron a su
autor a pasar de dormir en un sofá ajeno a fundar una academia que hoy cuenta con más de
tres millones de alumnos y con profesores de la talla de Robin Sharma.

Para vivir de forma extraordinaria hay que contar con una mente extraordinaria, dice
Lakhiani. Y una mente extraordinaria no se hereda, se hace. El primer paso para construirla
es darse cuenta de un ‘simple hecho’ como lo llamó Steve Jobs en una famosa entrevista: “La
vida se convierte en un océano de posibilidades cuando descubres un simple hecho: que todo
lo que te rodea y que denominas ‘vida’ fue fabricado por personas que no eran más
inteligentes que tú. Y tú puedes cambiarlo, puedes influenciarlo, puedes construir tus propias
cosas que otras personas pueden usar […] Una vez entiendes eso, nunca volverás a ser el
mismo”.
Lakhiani denomina esa vida prefabricada como la ‘cápsula de la cultura’, una realidad
compuesta por reglas y convenciones sociales que, a pesar de no estar conformada por
hechos, es tan real y tangible que la mayoría de la población vive dentro de los límites de la
cápsula. Reglas como que para ser exitoso hay que ir a la universidad, que hay que ser leal a
nuestra cultura, o que el ser humano debe trabajar de 9 de la mañana a 5 de la tarde, son tan
poderosas y tantas personas creen en ellas que tendemos a concluir que ‘así es la vida’.

Así no es la vida, dice Lakhiani; así es la vida según la cápsula de la cultura. Un conjunto de
reglas sociales que las personas adquieren de varias maneras:

 Adoctrinamiento infantil.
 Figuras de autoridad, como padres y maestros.
 Necesidad de encajar.
 Confirmación social (p.ej, advirtiendo que las personas tienen éxito laboral si van a
la universidad).
 Inseguridades propias.

Ser consciente de la cápsula de la cultura permite identificar cuáles de esas reglas sociales
conviene cuestionar y reemplazar por nuevos entendimientos de la realidad, más acordes con
lo que realmente desea. Estos entendimientos o modelos de la realidad, como los denomina
Lakhiani, constituyen el hardware del ser humano. Un simple cambio de hardware puede
tener resultados importantes no sólo mentales, sino también físicos.

Cuando a unas camareras de hotel les informaron sobre la cantidad de calorías que se
quemaban cambiando sábanas y limpiando habitaciones, comenzaron a perder peso. Su
modelo de la realidad pasó de ser “limpiar habitaciones de hotel es un trabajo tedioso” a
“limpiar habitaciones de hotel es una gran forma de ejercitarse”, y ese cambio de mentalidad
vino acompañado de una reacción física.

La cápsula de la cultura está compuesta de tantas reglas sociales en tantos ámbitos de la vida
que las posibilidades de adoptar nuevos modelos de la realidad son enormes, y los cambios
concretos en el bienestar de las personas que se derivan de cambiar el hardware, numerosos.

Otros ejemplos son la idea de que para ser feliz primero hay que alcanzar las metas – se ha
demostrado, una y otra vez, que llegar a las metas planteadas sacrificando el bienestar no
genera satisfacción ni siquiera cuando se alcanza el objetivo – y que para tener una empresa
productiva hay que trabajar duro por encima del bienestar del empleado (basta con mirar la
diferencia en las cifras de las empresas con empleados felices vs aquellas con empleados
exhaustos para advertir lo absurdo de ese modelo de la realidad).

Esos nuevos modelos de la realidad de nada sirven si no se complementan con nuevos


‘sistemas de vida’, los hábitos que nos permitirán vivir según las nuevas y empoderadoras
convicciones. Se trata del software que pone en práctica el recién adquirido hardware. Un
ejemplo de ello es la meditación, que Lakhiani considera fundamental para vivir en el
presente y ser menos reactivo ante las situaciones externas. Otro consiste en un ejercicio de
gratitud en el que el autor da gracias por dos cosas dos veces al día (una en la mañana y otra
al finalizar el día) – que pueden ser tan cotidianas como el sonido de la lluvia golpeando la
ventana.

En el ámbito laboral Lakhiani implementó en su compañía un sistema según el cual un


viernes cada mes todos los colaboradores tienen prohibido trabajar. En cambio, deben
concentrarse en aprender cómo hacer su trabajo de mejor manera. Se dedican a leer, idear y
pensar el nuevo software que necesitaran para hacer un mejor trabajo.

Según Lakhiani, quien toma este camino descubre que lo que antes consideraba sus metas de
vida (ganar suficiente dinero, tener un cargo importante, etc) no son más que modelos de la
realidad reemplazables por algo más grande: un propósito. El propósito es un llamado a
dedicar los talentos personales al servicio de una causa más grande que la persona y de gran
importancia para la humanidad.

Las mentes extraordinarias, concluye Lakhiani, dedican sus vidas a perseguir su propósito –
el suyo es reinventar el modelo educativo actual – y algo increíble pasa cuando se tiene un
propósito claro: el universo comienza a presentar personas, situaciones y oportunidades que
ayudan a la persona a materializarlo.

La razón por la que Lakhiani se sentía miserable en aquel día soleado de junio era porque
había alcanzado una meta que no era su meta real, sino una meta que había heredado de sus
padres y que formaba parte de la cápsula de la cultura.

Leyendo este libro recordé las líneas finales del poema de Robert Frost El camino menos
transitado (la traducción es de Paulo Coelho):

Debo estar diciendo esto con un suspiro

De aquí a la eternidad:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,

Yo tomé el menos transitado,

Y eso hizo toda la diferencia.

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