Está en la página 1de 32

Pueblos originarios

de America
TRABAJO PRACTICO FINAL

 AREA: CIENCIAS SOCIALES

 DOCENTE: ESTELA GARCIA

 ALUMNOS: DAIRA MANFREDI MORINIGO


FRANCO EMANUEL CASTRO SERRANO
MILAGROS ASCONA
SOFÍA DE LOS ANGELES ORTÍZ
TOMÁS EMANUEL RODAS

 GRADO: 4º “B”. TURNO: MAÑANA.


Índice
 Fundamentación

Orden de textos:
1. Indígenas de América.
a. Origen del Nombre
b. Historia
c. Aspectos Culturales
d. Música
e. Agricultura

2. Pueblos originarios de América Latina.


a. La cultura olmeca o "los habitantes de la ciudad del caucho"
b. La cultura maya
c. El Imperio azteca
d. Las civilizaciones de los Andes Centrales
e. La cultura Chavín
f. Culturas de costa norte
g. Culturas de la costa sur
h. Los Incas
i. Otros pueblos originarios de América
j. Los chibchas

3. Los pueblos originarios de Argentina.


a. Región noreste
b. Noroeste argentino
c. Región sur o Patagonia
d. Región central del país

4. Pueblos originarios de Formosa


a. LOS ABORÍGENES CHAQUENSES HASTA FINES DEL SIGLO XVIII. CLASIFICACIÓN
ETNOGRÁFICA DE LOS PUEBLOS

b. PUEBLOS ORIGINARIOS DE FORMOSA


c. Pueblo toba
d. Vestimenta tradicional
e. Religión
f. Alimentación y cultivos
g. Wichís o matacos
h. Distribución geográfica
i. Idioma
j. Sociedad
k. Alimentación
l. Religión
m. Técnicas artesanales
n. Las semillas
o. Pilagás

p. LOS PUEBLOS ORIGINARIOS EN LA ACTUALIDAD

 Conclusión.
 Bibliografía.
 Anexo.
Fundamentación

El presente trabajo empezó cuando en clase hablamos de los primeros habitantes que
llegaron a América, a partir de allí fuimos haciendo un recorrido de los diversos pueblos
originarios que habitaban los territorios del continente americano. Nos preguntamos
además qué sucedía con los aborígenes de nuestro país como así también nuestra provincia.
Nos interesaba saber cuáles fueron esos pueblos que habitaron estos suelos, cuáles eran sus
costumbres y tradiciones que los caracterizan como pueblo, su ubicación e historia, entre
otros interrogantes que fuimos descubriendo a lo largo de nuestra investigación.

Nos parecía interesante conocer quiénes fueron los primeros humanos que habitaron
América, y como se extendieron sus poblaciones a lo largo y a lo ancho del continente
americano; América del norte, América central y América del sur, Argentina y la provincia de
Formosa.

Es por esto que nos adentramos a la aventura, en las siguientes páginas se plantea un
recorrido intenso y atrapante en torno a los pueblos originarios del continente americano,
los primeros pobladores de los suelos que hoy habitamos y compartimos.
Indígenas de América
Los indígenas de América, también llamados aborígenes americanos, amerindios, nativos
americanos, indios americanos son los pobladores originarios de América y sus descendientes
que mantienen su cultura y/o se reconocen como tales. Algunos autores excluyen de entre los
amerindios a los esquimales y a veces también a los pueblos de lenguas na-dené, ya que de
acuerdo con la hipótesis amerindia su origen etnolingüístico y llegada a América fue posterior.

Origen del Nombre

Los viajes de Cristóbal Colón en 1492 buscaban alcanzar una ruta a Asia que permitiese evitar
el paso por el Mediterráneo Oriental, bloqueado entonces por los turcos. Los cálculos de
Colón, en exceso optimistas, le llevaron a pensar que la ruta occidental era más corta de lo que
es en realidad. Al llegar a América aproximadamente en el plazo que sus cálculos indicaban
que llegaría a las costas de Cipango —el actual Japón—, no reconoció el territorio como lo que
era, y creyó por el contrario haber llegado a «las Indias», el nombre genérico para el extremo
Oriente asiático.

El «descubrimiento de América» no se reconoció como tal en un primer momento, y no sería


hasta años más tarde cuando Américo Vespucio descubriría el error. A los nativos de las tierras
descubiertas se les llamó, en virtud de la confusión, «indios».

Aunque el descubrimiento de Vespucio permitió corregir la cartografía, en el uso lingüístico la


confusión se perpetuó en el nombre dado a los nativos. En la mayoría de las lenguas europeas,
la palabra indio es la misma para los nativos de la India y para los pueblos autóctonos
americanos. En algunas, no obstante, existen dos palabras diferentes; por ejemplo, los nativos
de la India en alemán se denominan Inder, en polaco Hindus y los pueblos americanos
respectivamente Indianer e Indianerin.

En el siglo XX, denominar a los nativos originales del “Nuevo Mundo” indios, o su equivalente
en inglés, indian, se volvió políticamente incorrecto y surgieron una serie de nombres alternos
aceptados tanto en castellano como en inglés. Indoamericano, indígena, indígena
americano, amerindio y originario han tenido vigencia en idioma español y American
Indian, Native American y First Nations fueron algunos de los nuevos apelativos utilizados en
inglés.

Si bien la gran mayoría de países de América tienen poblaciones indígenas, estas son mayoría
únicamente en Guatemala y Bolivia, mientras que en México, Perú y Ecuador dichas
poblaciones son proporcionalmente menores que en los dos países anteriores, ya que estos
países contienen mayor cantidad de mestizos, a diferencia de los dos primeros, que tuvieron
poco mestizaje.

En Paraguay, se tiene la lengua aborigen guaraní, como uno de los dos idiomas oficiales del
país desde la Constitución Nacional de 1992.

En Estados Unidos, las reservas indígenas tienen estatus de “soberanas”, y sus leyes y
gobiernos tribales están por encima de las normativas municipales y leyes estatales, y solo por
debajo de las leyes federales y la Constitución, estableciendo una relación de “gobierno a
gobierno”.

HISTORIA

Según la teoría más conocida y aceptada sobre la llegada del hombre a América,
los indígenas americanos descienden de grupos de cazadores recolectores de
origen siberiano que migraron a América por el estrecho de Bering durante la
última glaciación Würm. Pero ciertos descubrimientos controvertidos recientes, como Pedra
Furada, en Brasil, y Monte Verde, en Chile, parecen contradecir esta teoría, indicando una
posible colonización anterior a la siberiana. Como en el resto del mundo, excepto África, la
colonización humana de estas tierras vino acompañada de la práctica extinción de toda
la megafauna local, exceptuando algunos bóvidos, como el bisonte.

Hacia el 2500 a. C. había ya importantes comunidades agrícolas, como la civilización de Caral,


en el Perú, cuyos indicios más antiguos se remontan al 3000 a. C. La Cultura Valdivia, por su
parte, es una cultura que se desarrolló entre el 3.800 - 3.500 a.n.e. en la actual provincia de
Santa Elena del actual Ecuador, convirtiéndose en la Cultura cerámica más antigua de América.

Las altas culturas precolombinas surgieron en Mesoamérica y Sudamérica. De norte a sur


podemos nombrar a los mexicas, mixtecas, toltecas, mayas, chibchas e incas. En cambio,
en Norteamérica los asentamientos humanos no alcanzaron un nivel cultural tan complejo
como en las civilizaciones antes señaladas, en parte por su menor densidad de población y,
sobre todo, por sus actividades seminómadas.

Se cree que, en el siglo XI de nuestra era, vikingos de origen noruego establecieron las
primeras colonias europeas en América, concretamente en lo que hoy se llama Nueva Escocia,
aunque su estancia debió de ser muy breve y su repercusión sobre los indígenas americanos
no muy importante.

A partir de 1492, se inicia la colonización europea de América. El Imperio español se expandió


en los territorios de América bajo la bandera de la evangelización. La colonización
española trajo el reemplazo de los sistemas locales de gobierno y la imposición de
administraciones sujetas a la corona de Castilla. Junto con las acciones militares, la sujeción de
los nativos a sistemas de trabajo forzado —mitas, encomiendas y otros regímenes— y el
contacto con enfermedades para las cuales carecían de anticuerpos ocasionaron una abrupta
reducción en la población indígena americana. En las regiones de colonización portuguesa,
inglesa y francesa, la continuidad cultural indígena americana ha sido menor, como se acaba
de señalar; siendo que en regiones de soberanía castellana, las costumbres nativas se
preservaron en su gran mayoría.

Tres de las lenguas indígenas americanas, quechua (Bolivia, Ecuador y Perú), aimara (Bolivia y
Perú) y guaraní (en Paraguay, y desde el 2004 en la provincia de Corrientes, Argentina) han
alcanzado rango de cooficialidad. Además, tanto en México como en Venezuela las lenguas
indígenas han alcanzado el reconocimiento de lenguas nacionales.

También existieron presidentes indígenas como Benito Juárez en México, Evo Morales en
Bolivia, Alejandro Toledo en Perú.
ASPECTOS CULTURALES

La cultura de los indígenas de América varía enormemente. La lengua, la vestimenta y las


costumbres varían bastante de una cultura a otra. Esto se debe a la extensa distribución de los
americanos y a las adaptaciones a las diferentes regiones de América. Por ejemplo, debido a la
región semidesértica, los chichimecas de Aridoamérica nunca llegaron a formar una civilización
como las de Mesoamérica, sus vecinos al sur. Como consecuencia de esto, los chichimecas
formaron una cultura basada en la práctica de nomadismo. Aunque los aztecas e incas
formaron civilizaciones extensas y ricas, la vestidura de ambos dependía mucho del clima de
sus tierras. En Mesoamérica, donde el clima es más caliente, solían usar menos vestimenta que
los habitantes de los Andes. Aun así, hay algunas características culturales que la mayoría de
los indígenas americanos practicaban.

MÚSICA

Los alientos y las percusiones fueron los instrumentos mayormente usados por las culturas
indígenas de América. En casi todo Estados Unidos y Canadá, la música fue acompañada de
percusiones monofónicas. Se cree que en el centro de México y Centroamérica la música fue
hecha a partir de escalas pentafónicas. Se suele considerar que antes de la llegada de los
españoles, la música era inseparable de las festividades religiosas, festividades que incluían
una gran variedad de instrumentos de viento y percusión como tambores, flautas, conchas de
caracol (usados como trompeta) y tubos de lluvia. En cuanto a los instrumentos de cuerda,
algunos grupos llegaron a emplearlos utilizando elementos naturales (frutos y troncos
ahuecados) e incluso la cavidad bucal como caja de resonancia; usualmente no se emplearon
sino dos o tres cuerdas tensadas sobre algún arco, mismas que eran punteadas, con o sin
plectro, sin formar lo que en Occidente se conoce como armonía.

Después de la entrada de los españoles, el proceso de conquista espiritual se vio favorecido,


entre otras cosas, por el servicio musical litúrgico al que se integró a los indígenas cuyas dotes
musicales llegaron a sorprender a los misioneros. Fueron de tal magnitud las dotes musicales
de los indígenas que pronto aprendieron las reglas del contrapunto y la polifonía e incluso el
manejo virtuoso de los instrumentos, ello ayudó a que no fuesen solicitados más músicos
traídos de España, lo cual molestaba significativamente al clero. La solución que se planteó fue
no emplear sino a cierto número de indios en el servicio musical, no enseñarles contrapunto,
no permitirles tocar ciertos instrumentos (alientos metales, por ejemplo, en Oaxaca, México) y,
por último, no importar más instrumentos para que los indios no tuviesen acceso a ellos. Esto
último no fue óbice para el goce musical de los indígenas, quienes experimentaron la
construcción de instrumentos, particularmente de cuerdas frotadas (violines y contrabajos) o
punteadas (tercerolas), es allí donde podemos encontrar el origen de la ahora llamada música
tradicional cuyos instrumentos poseen una afinación propia y una estructura típica occidental.

En cuanto a la fusión de tradiciones musicales, en México se preservan dos pequeñas obras


sacras de don Hernando Franco Dios itla tonantzin e In ilhuicac, que combinan el método
contrapuntístico occidental, con la lengua náhuatl y una rítmica no muy común que introduce
lo que parecieran algunos errores contrapuntísicos que más que accidentes son provocados.

AGRICULTURA
En el curso de mil años, una gran cantidad de especies de plantas fueron domesticadas,
creadas y cultivadas en el continente americano. Se calcula que más de la mitad de la
producción de cultivos del mundo procede de plantas inicialmente desarrolladas por los
indígenas de América. En muchos casos, la gente indígena creó especies totalmente nuevas de
algunas salvajes que ya existían, como es el caso del maíz creado del teosinte silvestre de los
valles del sur de México. Un gran número de estos productos agrícolas aún mantienen sus
nombres adaptados de la palabra en náhuatl o quechua.

Entre las técnicas agrícolas desarrolladas por los indígenas americanos se encuentran
la asociación de cultivos como la milpa mesoamericana o la chacra andina, el cultivo en
andenes y diversas clases de sistemas de riego. La tierra negra amazónica es un suelo muy
fértil creado por acción humana, pero se discute si su formación fue intencional.

Entre las técnicas del tratamiento de alimentos se destacan la nixtamalización, que aumenta la
disponiblidad de nutrientes del maíz, y la elaboración de chuño (papas deshidratadas por
congelación).

Una lista parcial de los cultivos de origen americano incluye:

Principales cultivos en Norteamérica (también conocidos como «las cuatro hermanas»):

Maíz o choclo (Zea mays)

Calabaza o zapallo (Cucurbita)

Frijol, judía o poroto (Phaseolus vulgaris)

Tomate o jitomate (Solanum lycopersicum)

Otros cultivos conocidos mundialmente:

Papa o patata (Solanum tuberosum) Vainilla (Vanilla)

Camote, bata o boniato (Ipomoea batatas) Piña o ananá (Ananas comosus)

Aguacate o palta (Persea americana) Yuca o mandioca (Manihot esculenta)

Cacahuate, cacahuete o maní (Arachis hypogaea) Chile, ají o pimiento (Capsicum)

Cacao (Theobroma cacao) Pimienta de Jamaica (Pimenta dioica)

Cultivados regionalmente:

Oca (Oxalis tuberosa) Zapote (Pouteria sapota)

Olluco (Ullucus tuberosus) Mamey (Mammea americana

Nopal o tuna (Opuntia) Pitaya (Stenocereus queretaroensis)

Jícama (Pachyrhizus erosus) Verbena (Verbena (planta))

Papaya o mamón (Carica papaya) Tupinambo o topinambur (Helianthus tuberosus)

Guayaba (Psidium) Stevia (Stevia)

Amaranto (Amaranthus) Yerba mate (Ilex paraguariensis)


Quinua o quínoa Quinoa Pitanga o ñangapiry (Eugenia uniflora)

Chirimoya (Annona cherimola Tomate o tomate verde (Physalis ixocarpa)

Fuentes proteínicas amerindias:

Girasol o maravilla (Helianthus annuus)

Pecana (Carya illinoinensis)

Piñón de araucaria o pehuén (Araucaria araucana)

Usos ceremoniales:

Tabaco (Nicotiana tabacum, Nicotiana rustica)

Coca (Erythroxylum coca)

Peyote (Lophophora williamsii)

Ayahuasca (decocción de Banisteriopsis caapi con Psychotria viridis o Diplopterys cabrerana,


entre otras plantas)

Yerba mate (Ilex paraguariensis)

Willka, Cebil, Cohoba, Yopo (Anadenanthera colubrina, Anadenanthera peregrina)

Otros cultivos:

Caucho (Hevea brasiliensis)

Chicle (Manilkara zapota)

Algodón (Gossypium), cuyo cultivo empezó independientemente en América e India.

Quina (Cinchona officinalis)

Achiote (Bixa orellana)


Pueblos originarios de América

Los pueblos originarios de América fueron culturas como los incas, mayas, aztecas y
guaraníes, entre otros, una clara división social y una cosmovisión precisa muy
desarrollada. Los pueblos originarios de América se adaptaron a la geografía, mejoraron los
cultivos, crearon un arte muy elevado y elaboraron calendarios, generando las culturas
originarias fascinantes.

Perdidas entre las selvas tropicales, coronando cumbres de difícil acceso o enterradas bajo el
peso del suelo, las ruinas de antiguas ciudades descubiertas por los arqueólogos evidencian el
esplendor de las civilizaciones que florecieron en América antes de la llegada de los europeos.
Hace 30.000 años, comenzaron a llegar a América grupos de cazadores-recolectores nómadas
provenientes de Asia. No sabemos con exactitud cuánto tiempo les llevó poblar el territorio
desde Alaska hasta Tierra del Fuego; fue un largo proceso que abarcó miles de años.
La región mesoamericana (América Central) y la andina, fueron las más pobladas de todo el
continente; una gran variedad de pueblos construyeron aldeas y también grandes ciudades.
La cultura olmeca o "los habitantes de la ciudad del caucho"
Con esta denominación se conoce a la civilización más antigua de Mesoamérica, cuya
influencia perduró en culturas posteriores e incluso llegó a Sudamérica.
Este pueblo ocupó las tierras bajas próximas al Golfo de México, donde sobreviven restos de
sus principales centros: San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes. Los mismos fueron ocupados y
abandonados sucesivamente entre los años 1200 a.C. y 162 de nuestra era.
Los olmecas basaron su subsistencia en el cultivo del maíz, realizado con el sistema de la roza
(cultivo que se practica talando y quemando el bosque para después sembrar, cuando la
tierra se agota, se abren nuevos claros, abandonando los anteriores hasta que le bosque los
cubra nuevamente), la casa y la pesca. Intercambiaban productos con zonas a veces muy
alejadas. Estos contactos permitieron la difusión de su cultura. Uno de los rasgos
característicos de este pueblo son las grandes cabezas esculpidas en basalto de 1,50 a 3
metros de altura, con un paso cercano a las dos toneladas, que parecen ser representaciones
de jefes o guerreros. Fueron hábiles ceramistas y escultores.
No se sabe qué pasó con los olmecas. Lo cierto es que, cuando decayó el mundo olmeca, ya
estaban sentadas en Mesoamérica las bases sobre las cuales florecieron culturas muy
sofisticadas.
La cultura maya
Esta cultura, profundamente relacionada con la olmeca, tuvo su origen en las selvas tropicales
de Guatemala y México. La civilización maya llegó a su máximo desarrollo entre el 300 y el 700
d.C.
Los mayas no tuvieron unidad política. Estaban agrupados en ciudades-estados
independientes, formadas por un centro ceremonial constituidos por templos y palacios donde
vivía la clase dirigente, rodeados por rancheríos habitados por la mayoría de la población.
La sociedad era estratificada. El halach uinic, o jefe de estado, que cumplía funciones civiles,
militares y religiosas, asesorado por un consejo de estado encabezaba la clase dirigente. Le
seguían funcionarios menores y debajo de éstos estaban los guerreros, comerciantes,
sacerdotes adivinos y curanderos. El último nivel lo formaban campesinos y esclavos. La base
económica de esta sociedad era la agricultura, principalmente del maíz, que realizaban con el
sistema de roza. Además practicaban caza, pesca y apicultura. Desarrollaron un comercio muy
importante.
La religión fue el punto central de la cultura maya. El panteón de dioses originarios se
enriqueció con la incorporación de deidades toltecas. A todos ellos rendían culto, ofreciéndole
en determinadas ocasiones sacrificios humanos.
Los excedentes económicos producidos permitieron la prosperidad de los centros
ceremoniales, que alcanzaron un alto grado de desarrollo cultural:
fabricaron cerámica de calidad, tejidos finos y se destacaron en el arte plumario y el trabajo de
la piedra. Pero, sobre todo, alcanzaron importantes logros intelectuales. Conocieron el cero e
idearon el sistema numeral vigesimal. Inventaron calendarios perfectos basados en
la astronomía y, además, una escritura ideográfica todavía no descifrada.
El Imperio azteca
Los aztecas, luego de haber recorrido diversos lugares, se establecieron definitivamente,
a principios del siglo XIV d.C., en el valle de México. Allí fundaron su
ciudad capital llamada Tenochtitlán, ubicada en la zona del lago Texcoco. En ese lugar se
encontraron con otros pueblos y con ellos lucharon por la obtención de las mejores tierras y
por el control político de la región. A los pocos años dominaron a todos sus vecinos y
establecieron un imperio que impuso su predominio en toda la zona.
La agricultura fue la base de la economía azteca, y el maíz, la calabaza y el poroto los cultivos
más importantes. El comercio también era una actividad muy extendida.
En la sociedad azteca se distinguían claramente dos grupos sociales: los pilli y los macehuales.
Los pilli o nobles formaban el grupo privilegiado. Eran los sacerdotes, los guerreros y los
funcionarios de gobierno. Poseían la propiedad de la mayoría de las tierras, no pagaban ningún
tipo de tributo y controlaban el Estado. A este grupo pertenecía el emperador o Tlatoani.
Los macehuales o trabajadores comunes constituían la mayor parte de la población y
formaban el grupo de los no privilegiados. Eran los campesinos, los comerciantes y los
artesanos de las ciudades. Debían entregar tributos al Estado en alimentos y trabajo. En esta
sociedad también había esclavos que en su mayoría eran prisioneros de guerra.
El Estado azteca fue teocrático porque el emperador era considerado de origen divino, y los
sacerdotes tenían a su cargo numerosas funciones de gobierno. Eran los responsables de la
preparación de las ceremonias religiosas y de los juegos rituales. Los sacerdotes eran también
los encargados de controlar el cumplimiento de las normas y de hacer justicia. Las leyes del
Estado azteca eran muy severas y los castigos variaban según el delito y el infractor.
Funcionarios que dependían directamente del emperador controlaban y centralizaban
el almacenamiento de los productos recaudados en concepto de tributos y, en época de malas
cosechas o de guerras, distribuían entre la población una parte de los bienes almacenados. Los
tributos que entregaban la población y los pueblos vencidos en las guerras de conquista,
proporcionaban al emperador y a los miembros del grupo privilegiado los alimentos y los
artículos necesarios para la vida.
El Estado azteca tuvo una importante fuerza militar con la que logró una gran expansión
territorial. La máxima extensión de los dominios se produjo en tiempos de Moctezuma, el
emperador azteca hasta la llegada de los españoles.
Como todos los pueblos de la región mesoamericana, los aztecas construyeron enormes
templos piramidales donde celebraban complicados rituales en homenaje a sus dioses. Los
dioses principales eran representaciones de las fuerzas de la naturaleza. Algunos de sus dioses
más importantes fueron Quetzalcóatl (serpiente emplumada) y Huitzilopochtli
Las civilizaciones de los Andes Centrales
Hacia el 6000 a.C. en la sierra peruana comenzaron las primeras experiencias de cultivo y de
domesticación del cuy y la llama, que llevaron a la agricultura y a la ganadería.
Estos recursos, sumados a la explotación de la fauna marina, fueron la base económica sobre
la cual se edificaron las civilizaciones andinas. Desde el punto de vista geográfico, los andes
centrales constituyen un mosaico de condiciones físico-ambientales que favorecieron el
desarrollo de distintas culturas regionales.
La cultura Chavín
Su centro estuvo en Chavín de Huantar, en la sierra norte de Perú. Allí funcionó, en un centro
ceremonial, un oráculo muy importante al que acudía gente de los Andes Centrales, a
consultar problemas que sus sacerdotes, verdaderos especialistas en astronomía, ingeniería y
conocimientos agrícolas, solucionaban. A partir del 400 a.C. este centro pierde importancia.
Culturas de costa norte
Entre el 100 y el 800 d.C. floreció en esta zona la cultura Mochica que se dedicaba a la
explotación de los recursos del mar, a una agricultura con regadío y uso del guano como
fertilizante, y a la domesticación de patos, cuyes, llamas y perros. De ellos quedaron
construcciones ceremoniales de tipo piramidal.
Hacia el siglo IX fueron incorporados al imperio Tiahuanaco-Huari y, cuando este decayó
alrededor del 1200, la zona que ocupaban fue centro de la cultura Chimú, en la cual se mezclan
influencias de la cultura Mochica y Tiahuanaco-Huari, con elementos locales. Mediante
conquistas extendieron sus dominios hasta la actual Lima, donde fueron detenidos por
los incas.
Culturas de la costa sur
En esta zona, entre el 100 y el 800 d.C., se dio la cultura Nasca, caracterizada por una cerámica
policroma de gran belleza. Los nasquenses probablemente fueron guerreros que vivían en
pueblos organizados. Esta sociedad fue agrícola.
Los Incas
Los incas construyeron un poderoso imperio que logró la expansión territorial en la época en
que Colón iniciaba su viaje hacia lo desconocido. Abarcó desde las sierras del sur de la
actual Colombia hasta el norte de Chile y de la Argentina, y desde la costa del océano Pacífico
hasta el este de los bosques del río Amazonas.
Los incas eran pueblos originarios de las sierras y desde allí dominaron, mediante la guerra de
conquista, a los pueblos de las otras zonas.
Establecieron la capital de su imperio en la ciudad de Cuzco, a la que consideraban el centro
del universo. El imperio, que ellos llamaban Tahuantinsuyo–que quiere decir las cuatro partes
del mundo-, estaba dividido en cuatro regiones, las que a su vez, se subdividían en provincias.
Al frente del imperio estaba el Inca, y las zonas conquistadas estaban dirigidas por
los curacas o gobernadores de provincia.
La agricultura fue la base de la economía del imperio incaico. La producción era muy variada y
los cultivos más importantes eran el maíz y la papa. Los incas aplicaron
diferentes técnicas agrícolas que mejoraron el rendimiento de los cultivos. En la zona árida de
la costa usaron el guano –excremento de aves marinas- como fertilizante de las tierras y
construyeron canales de riego. En el interior, sobre las laderas de las sierras, cultivaban en
terrazas. Como todos los bienes pertenecían al Estado y éste se encargaba de distribuirlo como
una relación de reciprocidad, el comercio prácticamente no existía. Sólo había intercambio
local de productos alimenticios e internacional de materias primas.
En la sociedad incaica se podían diferenciar varios grupos sociales.
La nobleza real incaica estaba formada por el Inca, los sacerdotes, los guerreros y los
funcionarios. Controlaban al Estado y vivían de los tributos que entregaban de los campesinos.
Los curacas, o nobles de provincias, eran los nobles que gobernaban a los campesinos
organizados en comunidades (ayllus). Eran los responsables de recibir los tributos de los ayllus,
que luego entregaban al Estado incaico.
El ayllu era la comunidad de campesinos unidos por vínculos familiares que tenían
antepasados en común y habitaban un mismo territorio. El estado entregaba tierras a
cada comunidad para su subsistencia, pero los campesinos no eran los propietarios, y estas
parcelas eran trabajadas colectivamente por todos los miembros de la comunidad. El ayllu
debía entregar fuertes tributos en productos y en trabajo al Estado y a los curacas.
El último escalón social lo ocupaban los yana, individuos desvinculados de su ayllu por distintas
causas, que servían perpetuamente al señor a quien habían sido cedidos.
El Estado incaico fue teocrático porque el emperador, el Inca, era reconocido como el hijo del
Sol, el dios más importante. Un consejo de nobles y sacerdotes, llamados orejones y
pertenecientes a la familia real, asesoraba al Inca en las tareas de gobierno.
Los incas creían en muchos dioses. El dios Viracocha era considerado creador de la vida, del Sol
y de la Luna. Todos los demás dioses estaban subordinados a él.
Se caracterizaron por sus grandes e imponentes construcciones. Trabajaban la piedra de
admirable, construyendo templos y edificios con bloques gigantescos. Cortaban sus bloques
con gran precisión, tanto que no necesitaron usar ningún pegamento ni argamasa para que las
paredes se sostuvieran. Además, como era una zona de terremotos, las paredes de sus
construcciones formaban ángulos que podían resistirlos.
Otros pueblos originarios de América
El territorio de América del Norte estuvo poblado por numerosas tribus indígenas. Las que
habitaban en la región de la costa atlántica practicaban una agricultura simple, como
los mohicanos y los cherokees. Los pueblos que habitaban en el interior de un territorio (hacia
el oeste), se dedicaban fundamentalmente a la caza del búfalo, como los cheyenes y
los comanches. Los diaguitas, los calchaquíes y los omaguacas que vivieron en el noroeste del
actual territorio argentino fueron pueblos agricultores muy desarrollados que formaron parte
del imperio inca y recibieron su influencia cultural y religiosa. Otros pueblos, que vivieron de
una agricultura simple, de la caza y de la pesca fueron los tupí-guaraníes y los araucanos.
Los guaraníes vivieron en los actuales territorios de Venezuela, Brasil, Paraguay, y el Litoral
argentino. Los araucanos ocuparon el actual territorio chileno, desde el río Choapa
hasta Chiloé.
Muchos otros pueblos organizaron sus vidas solamente sobre la base de economías muy
rudimentarias como la caza, la recolección y la pesca. Ejemplo de ello fueron los tehuelches,
los comechingones, los matacos y los mocovíes, que se localizaron en el actual territorio
argentino.
Los chibchas
En el sur de América Central y Colombia vivieron los pueblos chibchas. No llegaron a formar
una confederación ni un imperio. Vivían en grupos aislados que estaban organizados
en torno de dos cacicazgos o señoríos principales, de carácter teocrático-militar. Cada cacique
tenía poder absoluto y ejercía un gobierno despótico sobre sus súbditos.
Tuvieron una agricultura desarrollada, complementada con caza y pesca, pero no
domesticaron animales. Su arquitectura fue incipiente. Conocieron la cerámica y realizaron
buenos tejidos de algodón. Se destacaron como excelentes orfebres, especialmente del oro.
Los Pueblos Originarios de Argentina
Los pueblos originarios de Argentina son las comunidades indígenas y autóctonas que habitan
los territorios de este país. Sus habitantes fueron conocidos durante años como indios, debido
a la influencia europea pero finalmente se adoptó el concepto de aborigen, que significa
“quien vive allí desde el origen”.

En Argentina existe una gran cantidad de pueblos originarios, presentes en las diferentes zonas
geográficas, cada uno con sus características culturales propias.

Durante los 200 años estos aborígenes argentinos fueron víctimas de todo tipo de actos de
violencia física y simbólica por las clases dominantes, avasallando sus costumbres y estilos de
vida.

Fueron exiliados de sus territorios, sometidos y obligados a adoptar una religión y unas normas
sociales, que les eran completamente ajenas. Sin embargo, algunas tribus mantuvieron
su identidad y aún perduran.

Con una fuerte defensa de su cultura y sus rituales ancestrales, los principales pueblos
originarios de Argentina consiguieron con esfuerzo el reconocimiento jurídico necesario para
formar parte de la nación.
Los principales pueblos originarios de Argentina

Región noreste

Comprende a las provincias de Chaco, Formosa, Misiones y Santa Fe, existen cinco pueblos
aborígenes: mbya-guarany, mocoví, pilagá, toba y wichí.

Mbya-Guarany

Es una de las tantas tribus del grupo genérico guaraní. Estos aborígenes viven en pequeñas
comunidades de cinco familias lideradas por una paí. En Argentina se calcula que su población
es de unas 8.000 personas.

Mocoví

Los mocoví supieron ser uno de los grupos mayoritarios de la zona, pero el avance de la
sociedad civilizada fue destruyendo sus costumbres y según el último censo, quedan unos
15.000 habitantes de este pueblo.

Pilagá

Son un pueblo indígena del grupo de los guaicurúes y que tienen una estrecha relación con los
tobas. Si bien su población no supera las cinco mil personas, tiene representantes oficiales.

Toba

Los toba también supieron ser una de las grandes comunidades de esta región argentina y
actualmente mantienen uno de los números más altos de habitantes, con casi
70.000 personas.

Su fuerte impronta cultural y su capacidad de adaptación hicieron que este pueblo quom
mantuviera sus costumbres en el tiempo y que hoy tenga una poderosa representación
jurídica.

Wichís

Este es otro de los principales pueblos de esta zona. Los wichís aún mantienen una nutrida
población y una fuerte representación social, que hace perdurar sus rituales y costumbres.
Tapiete

Son un pueblo originario del Gran Chaco, perteneciente a la cultura chaquense, que hablan
lengua guaraní. Está integrado por 524 personas.

Se autodenominan guaraní, ava o ñanaiga y son conocidos igualmente por los nombres de
tirumbaes y tapy’y. En Argentina y Bolivia donde también habitan, son conocidos ñanaguas o
yanaiguas

Noroeste argentino

Comprende las provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, San Juan, Santiago del Estero y
Tucumán. En esta región se encuentran los pueblos avá-guarany, chané, chorote, chulupí,
diaguita- calchaquí y kolla.

Tonocoté

Es el pueblo originario argentino más numeroso, integrado por unas 4 779, según la encuesta
ECPI. Habita en las provincias de Tucumán y Santiago del Estero. Son conocidos también por
los nombres de zuritas o tonokotés.

Avá-Guarany

Es otro de los pueblos guaraníes con fuerte presencia en el territorio argentino, al igual que los
mbya-guarany, pero en este caso de la región noroeste.

Los avá-guarany fueron una de las principales resistencias que debieron enfrentar los
españoles en su intento de colonización. Actualmente cuentan con una población de 21.000
personas.

Se dividen en tres grupos: los ava o mbia, los izoceños y los simbas. Cada uno de los cuales
presenta ciertas diferencias culturales y lingüísticas y están ubicados en distintas regiones
geográficas.

Omaguaca

Los omaguacas también conocidos como humahuacas, son un grupo de pueblos indígenas que
descienden de etnias originarias mixogenizadas. Se encuentran asentados en Humahuaca y
Tilcara, provincia de Jujuy.

De acuerdo al último censo de población, está integrado por 1553 personas.

Quechua

Se les denomina quichua, kechua o quechua. Son un pueblo originario que habita en
Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú. Estuvo vinculado con el imperio Inca y se
extendió a través de toda la cordillera de Los Andes.

En Argentina unas 6 739 personas pertenecen a este pueblo, pero la Encuesta Complementaria
de Pueblos Indígenas (ECPI) levantada durante los años 2004-2005, estableció que unas
175.561 personas descienden de la primera generación de este pueblo y habitan las provincias
de Tucumán, Jujuy y Salta.

Chané
Los chané migraron desde Las Guayanas hace aproximadamente 2.500 años hasta establecerse
en el noroeste argentino. Cuentan con una vigorosa personería jurídica y su población es de
poco más de 3.000 personas.

Chorote

Los chorote, por su parte, se establecieron en las orillas del río Pilcomayo y desde allí
resistieron el avance de la civilización occidental, en conjunto con otras tribus del lugar.
Actualmente sus casi 3.000 habitantes cuentan con reconocimiento jurídico.

Chulupí

Vecinos de los chorote, los chulupí sufrieron la pérdida de su cultura lentamente y hoy en día
sólo un pequeño grupo de familias mantiene este pueblo originario.

Diaguita-Calchaquí

Los diaguita- calchaquí también fueron otro de los pueblos dominantes de la región, pero el
avance de la civilización redujo su población. Actualmente se mantienen en resistencia y
siguen siendo destacados alfareros.

Kolla

Por último, el pueblo andino de los kolla fue una de las principales resistencias que tuvo que
sortear el Estado argentino para establecer un régimen nacional.

Este enfrentamiento debilitó a su pueblo, pero hizo que su cultura cobrase vigor y actualmente
cuenta con 70.000 habitantes, con fuerte representación jurídica.

Región sur o Patagonia

Existen tres pueblos: mapuche, ona y tehuelche, que aún hoy mantienen una fuerte resistencia
al avance del Estado argentino y a la venta de tierras a extranjeros.

Mapuche
Los mapuches o araucanos son una de las poblaciones mayoritarias de la zona, con
representantes religiosos y jurídicos que marcaron la cultura nacional.

Al día de hoy son uno de los pueblos más masivos de Argentina con más de 100.000 habitantes
que todavía mantienen duras luchas por sus territorios.

Ona

Los ona, por su parte, son un pueblo nómada que fue víctima de grandes matanzas. Esto
provocó una brutal reducción en su población y sólo perduren pequeños grupos de familias
que resisten en la Patagonia.

Tehuelches

Por último, los tehuelches son la marca distintiva de la Patagonia. Su nombre quiere decir “pie
grande” en honor al gigante Pathoagón. Cuenta con una fuerte organización social pero su
población no supera los cinco mil habitantes.

Región central del país

Comprende las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Mendoza, se registraron los atacama,
huarpe, rankulche y tupí guarany.

Atacama

Los atacama son un pueblo que habitó en diferentes regiones del país, pero se les ubica en el
centro de Argentina porque fue donde mayor cantidad de habitantes se asentaron.

Laboriosos, desarrolladores y creadores, se destacaron por sus construcciones en paja y barro,


y por ser pioneros del trabajo con cobre. Austeros en su modo de vida, se caracterizaron por
sus sacrificios.

Tienen una historia de más de 15.000 años y aún cuentan con un nutrido grupo de habitantes
que mantienen sus rituales y cultura.

Huarpe

Los huarpe, por su parte, tienen una historia particular, fueron considerados extintos durante
décadas hasta que a comienzos del siglo XX, comenzaron a aparecer diferentes comunidades
que reconocían sus orígenes aborígenes.
La dispersión los volvió vulnerables a las enfermedades y al avance de la civilización, pero en
los últimos 100 años comenzaron a recuperar su identidad étnica y cultural. En el último censo,
su población registró más de 10.000 habitantes.

En la actualidad, mantienen un fuerte conflicto con el gobierno de la provincia de San Luis por
las tierras del parque nacional Sierra de las Quijadas, que los huarpe reclaman como propias.

Rankülches

Los rankülches, por su parte, son una comunidad nómada y cazadora, que durante las primeras
décadas del siglo XX resistieron el avance de los malones en su territorio con alianzas con otros
pueblos, como los tehuelches.

Su población actual, según la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas, es de más de 10


habitantes, dispersos la mitad entre las provincias de La Pampa y Buenos Aires y el resto en
otras zonas de Argentina.

Actualmente es uno de los pueblos originarios con más comunidades establecidas dentro del
territorio nacional, con fuerte presencia jurídica en muchos distritos.

Tupí Guaraní

El último pueblo originario de este listado son los tupí guaraní, que en realidad son una etnia
que engloba a diferentes comunidades que hablan un mismo idioma: tupí guaraní, compuesto
de 53 lenguas diferentes.

En la actualidad no hay datos precisos sobre la cantidad de habitantes que componen este
pueblo originario, pues se encuentran dispersos entre reservas indígenas y ciudades, en las
cuales intentan mantener sus rituales ancestrales.

Sanavirón

Los Sanavirones o salavinones, fueron un pueblo que habitó la región central del actual
territorio de Argentina en el siglo XV. Sus descendientes actuales, unas 563 personas según la
ECPI, complementaria del censo de población, viven en la provincia de Córdoba, también en
Santiago del Estero.

Lule

Este pueblo indígena de características huárpidas (es decir como los Huarpes que habitaron la
región de Cuyo), cuenta con una población de unos 854 personas censadas. Estaba asentado
originariamente en la provincia de Salta y en otras zonas vecinas de Bolivia y Paraguay.

Sin embargo, los wichís los desplazaron de ese territorio, por lo que debieron emigrar hacia el
norte de la provincia de Tucumán, al noroeste de la provincia de Santiago del Estero y al sur de
Salta. Están relacionados con los vilelas.

Comechingones

Es la denominación popular que alude a dos pueblos originarios argentinos: los hênîa y los
kâmîare. En el momento de la conquista en el siglo XVI, estas etnias habitaban los territorios
de las Sierras Pampeanas donde se ubican actualmente las provincias de San Luis y Córdoba.
Algunos consideran que los kâmîare y los hênia son en realidad dos etnias separadas del grupo
de los huárpido. Hay rasgos distintivos de los comechingones que los diferencian del resto de
las etnias originarias.

Tienen un aspecto caucasoide (los hombres con barba desde la pubertad), y estatura más
elevada (1,71 m en promedio), además de que un 10 % de ellos tienen los ojos verdosos, lo
que llevó a pensar que tenían origen vikingo. Pero esto fue descartado.
Pueblos originarios de Formosa

El primitivo poblamiento humano en la República Argentina comenzó hace más de 10.000 años,
con la introducción de una primera oleada migratoria proveniente de Asia, y bordeando la
cordillera de Los Andes llegaron a la Región Patagónica. Ya hace 13.000 años estaban asentadas
en el sur de esa región las primeras sociedades de cazadores, que luego fueron avanzando hacia
el norte en diversas oleadas migratorias.

Fueron tres los grupos raciales que contribuyeron a conformar la población prehistórica del
actual territorio de nuestro país: Los Huárpidos, Los Láguidos y los Patagónidos, portadores de
una cultura derivada del período Paleolítico Superior. Para hablar de poblamiento prehistórico
en el actual territorio de la provincia de Formosa, es necesario hacer el análisis integrando a la
provincia a ese gran conjunto denominado Chaco Gualamba, del cual Formosa forma parte
como integrante del Chaco Central. En realidad, las corrientes de poblamiento conocidas en la
región del Chaco son aproximadas, ya que existe poca información documentada al respecto. La
Arqueología y la Etnología, han ayudado, -mediante sus valiosos aportes- a determinar las
probables vías de penetración humana a ese vasto territorio.

Para comprender mejor como se comenzó a poblar la provincia, se clasifican las primitivas
corrientes de poblamiento en base a tres parámetros:

1. La forma de subsistencia (cazadores, recolectores, pescadores, horticultores)


2. Su procedencia geográfica (Pámpidos, Amazónicos).
3. La época de llegada (los cazadores recolectores representan un estadio paleolítico,
mientras que los horticultores, un estadio neolítico)

En el actual territorio formoseño, y en correlación con todo el territorio chaqueño, se puede


diferenciar los siguientes contingentes humanos:

a- La corriente pobladora proveniente de la región meridional (sur) representada por los


Pámpidos, que siguieron rumbo norte, donde dominaron las sabanas abiertas en comunicación
con las pampas. Estos grupos fueron guerreros, cazadores de venado y ñandú y recolectores de
frutos silvestres y raíces. Su llegada al período paleolítico y se distribuyeron en todo el territorio
formoseño.

Esta corriente humana desde el norte se desplazó con rumbo oeste, adaptándose sus
integrantes a las zonas de bosques cerrados y montes espinosos. Fueron recolectores de frutos
silvestres (chañar, mistol, algarroba) miel, y cazadores de venados, zorros, nutrias y tatúes.

Los que habitaron las proximidades de los grandes ríos fueron cazadores. Asimismo, cruzaron el
Chaco Boreal, y algunos, en el borde oriental lindante a los grandes fluvios, se transformaron en
canoeros, pescadores, recolectores de algarroba y de arroz silvestre.

b- La corriente pobladora proveniente de la Amazonia, compuesta por horticultores que llegaron


al nordeste a través de diversas vías y en diferentes momentos de su historia.

Eran cultivadores de maíz, tabaco, calabaza, mandioca y batata dulce. Desarrollaron cerámica y
se desplazaban generalmente por las riberas de los ríos. Estos pueblos se corresponden a un
estadio o período Neolítico.
Algunos grupos de esta corriente pobladora se introdujeron por las desembocaduras de los ríos
Pilcomayo y Bermejo tomando rumbo oeste. Otros grupos, siguieron en dirección sur siguiendo
el cauce del río Paraná hacia la región del Río de la Plata.

En la Región Chaqueña se pueden diferenciar los siguientes tipos raciales:

a- Pámpido o Patagónido: proveniente del sur. Localizados predominantemente en toda la


región. El grupo humano más representativo son los Guaycurúes.

b- Sonórido o Huárpido: Localizados en el oeste. Sus principales representantes son los Matacos.

c- Amazónido: provenientes del norte. Un grupo de este tronco racial, los Chiriguanos, se
establecieron en el nordeste de la Región Chaqueña.

En realidad y según lo indican los estudios de la Antropología Física, los chaquenses típicos
pertenecen al grupo racial Pámpido o Patagónido, especialmente el grupo de los Guaycurúes.
Esta gran familia étnica y lingüística comprende diversos pueblos como ser los Tobas, Mocovíes,
Abipones, Pilagáes, Mbayáes, Payaguáes y otros, muchos de ellos antaño residentes en el actual
territorio formoseño.

Es importante destacar que el principal motivo del desplazamiento de la corriente migratoria


paleolítica de los pueblos Pámpidos desde la Región Pampeana hacia la Región Chaqueña fue la
búsqueda de nuevos territorios de caza. El crecimiento demográfico de estos pueblos y su
adaptación al medio geográfico, terminó generando una diversificación de los diferentes grupos
tribales.

Los pueblos de cultura Neolítica, los Mataco-Maccá, fueron desplazados por otros pueblos de
filiación ChiriguanoGuaraní y se establecieron finalmente en el sector occidental del Chaco
Central, en los territorios comprendidos entre los ríos Pilcomayo y Bermejo.

LOS ABORÍGENES CHAQUENSES HASTA FINES DEL SIGLO XVIII. CLASIFICACIÓN ETNOGRÁFICA
DE LOS PUEBLOS

Para clasificar los diversos pueblos aborígenes es necesario realizar un agrupamiento de


diferentes sociedades de acuerdo con las características comunes (caracteres biológicos,
lingüísticos y culturales). Para facilitar su localización y distribución espacial- se toma la postura
etnohistórica clásica de clasificación de los pueblos aborígenes, tomando como parámetro la
correspondencia lingüística, que es una forma de clasificación que agrupa las lenguas comunes.
De acuerdo con este método de clasificación, se reconocen en la Región Chaqueña en general
ocho grandes grupos lingüísticos, de los cuales sólo se diferenciarán dos de interés particular en
el caso – ya que los mismos habitaban en territorio formoseño- y que son:

1- El grupo lingüístico de los Guaycurúes

2- El grupo lingüístico de los Matacos – Mataguayos

Como se dijo anteriormente, en el momento en que se contactaron las culturas aborígenes


chaquenses con los españoles, y teniendo en cuenta la correspondencia lingüística como
método de clasificación de estos pueblos se podían distinguir en territorio formoseño dos
familias lingüísticas bien diferenciadas: Los Guaycurúes y los Matacos.
De acuerdo con lo indicado en la Carta Histórica-Etnográfica del Gran Chaco para la segunda
mitad del siglo XVIII, en el territorio de la actual provincia de Formosa residían los siguientes
pueblos aborígenes: de la familia lingüística Guaycurú. Tobas (en el sector centro oriental),
Abipones (en la porción sudeste de la provincia) Mocovíes, (en el sur del actual departamento
Pirané) Pilagáes (en el centro de la provincia). De la familia lingüística Matacos: Mataguayos (en
el centro-oeste) Matacos (en el oeste).

Realizando un análisis de los pueblos aborígenes localizados en el actual territorio formoseño,


dentro de los Guaycurúes, se destacan los Tobas, étnia mayoritaria dentro de dicha familia y que
ocuparon originariamente casi la totalidad del territorio formoseño, llegando hasta el confín del
territorio de los Chiriguanos. Hacia el siglo XVIII fueron desplazados del sector occidental por la
etnia Matacos, estableciéndose sus integrantes en el sector oriental, ocupando el territorio de
ese sector desde el norte al sur. Actualmente se constituye en el grupo aborigen mayoritario
dentro de la provincia de Formosa.

Asimismo, otra etnia Guaycurú, los Pilagás, se establecieron en la parte central de nuestra
provincia, habitando en principio las zonas anegadizas del entonces estero Patiño (hoy
prácticamente desaparecido) llegando a ocupar incluso territorios que se localizaban muy cerca
de las actuales vías del Ferrocarril General Belgrano.

Por otra parte y dentro de la familia lingüística Mataco- Maccá, en el actual territorio formoseño
el pueblo Mataco habitada el oeste formoseño, ocupando la margen izquierda del río Teuco-
Bermejo. La distribución geográfica dentro del actual territorio de la provincia de Formosa de
los dos principales grupos lingüísticos y de las diferentes etnias o pueblos aborígenes que
componían estos grupos lingüísticos, puede visualizarse en el mapa que a continuación
presentamos.

La provincia de Formosa fue habitada, sobre todo, por tres grandes grupos de aborígenes que
vivían en distintas regiones. Ellos eran los tobas, los matacos y los pilagás:

Pueblo toba
También conocidos como qom, son una etnia del grupo pámpido que habita en el Chaco
Central. Hacia el siglo XVI comenzaron a habitar gran parte del norte de Argentina por las
actuales provincias de Salta, Chaco, Santiago del Estero, Formosa y en la provincia de Gran Chaco
en el sudeste del departamento de Tarija en Bolivia (país que habitaron hasta principios del siglo
XX). Contemporáneamente muchos, perseguidos por la miseria en sus zonas rurales ancestrales
se encuentran en los suburbios de ciudades como San Ramón de la Nueva Orán, [[Ciudad de
Salta|Salta] Tartagal, Resistencia, Charata, Formosa, Rosario, Santa Fey del Gran Buenos Aires.
Como típicos pámpidos se caracterizan por sus elevadas tallas y por predominar entre ellos los
individuos dolicocéfalos. Se les considera una de las más importantes etnias del grupo de
los guaicurúes, voz de tono insultante que dieron los guaraníes a sus principales oponentes en
el Gran Chaco.
Su idioma se denomina qom l'aqtac y desde el punto de vista lingüístico se le suele incluir dentro
del grupo de «idiomas guaicurúes», que muchos autores consideran forman junto con los
idiomas matacoanos la familia lingüística mataco-guaicurú.

Vestimenta tradicional
La cultura de los qom era funcional a sus costumbres y tradiciones: vivían en habitaciones de
leños recubiertas de paja, habitáculos que solían medir unos dos metros de diámetro.
Fabricaban objetos de cerámica, cestería y tejidos con finalidad principalmente utilitaria.
Durante los meses cálidos casi no usaban vestimenta a excepción de simples taparrabos. En los
períodos frescos usaban ropas más complejas y en ocasión de sus celebraciones rituales se
adornaban. De este modo poseían un vestido llamado poto, confeccionado con fibras
de caraguatá (Aechmea distichantha), cuero y ―tras la invasión española―, algodón.
También durante los períodos fríos llegaban a abrigarse con ponchos. Los varones adultos
adornaban sus cabezas con el opaga, especie de tocado realizado con plumas y cuerdas de
caraguatá. Mujeres y varones se adornaban con onguaghachik, es decir, con pulseras, que
originalmente se confeccionaban usando dientes y uñas de animales, semillas, plumas, valvas o
conchas y cócleas o caracoles (al parecer para obtener algunos de estos elementos practicaban
comercio de trueque con otras etnias). De confección semejante a estas pulseras eran
los colaq o collares. En cuanto a los nallaghachik, estos eran adornos eminentemente festivos,
muy coloridos, compuestos con plumas, flores y hojas.

Religión
Por su sistema de creencias se les ha encasillado de animistas y chamanistas; poseían un culto a
los seres de la naturaleza y la creencia en una divinidad máxima. Desde él se mantienen aún por
transmisión oral resistente, este sistema religioso aunque muchos han adoptado a su modo
el cristianismo, en particular el llamado pentecostal ya que sus chamanes en muchos casos se
convirtieron en pastores protestantes. En todo caso aún hoy gran parte de la población qom
acude a sus chamanes o pio'oxonak que son terapeutas o sanadores.
Antes de su aceptación del cristianismo era frecuente entre ellos el infanticidio de los recién
nacidos, costumbre que se debía a la escasez de recursos alimentarios que solían sufrir. Por
contrapartida, los hijos que sobrevivían eran tratados con especial dedicación y afecto.

Alimentación y cultivos
Hasta el siglo XIX eran un pueblo predominantemente cazador-recolector seminómade que
marchaba en pos de sus recursos alimenticios y existía entre ellos una fuerte división sexual
del trabajo: los varones desde muy temprana edad se dedicaban a la caza y a la pesca y las
mujeres a la recolección y a una incipiente agricultura hortícola en gran medida influida por
aportes ándidos y amazónidos. De este modo, en pequeñas y medianas parcelas
cultivaban nachitek (zapallos), oltañi (maíz), avagha (porotos), batatas, mandiocas, etc. Sin
embargo tales cultivos eran solo complementarios para su dieta y no llegaban a tener
excedentes como para la acumulación de alimentos de origen agrícola. Existe una
explicación ecológica para este aparente atraso: el clima y la edafología de su territorio no
permitían suficientes rindes para sus producciones agrícolas, mientras que el territorio
chaqueño en estado salvaje les resultaba una gran fuente de recursos alimenticios, en especial
de proteínas de primera calidad. Los qom cazaban
principalmente tapires, pecaríes, ciervos, guanacos y gran cantidad de aves. Como
complemento solían recolectar miel y gran cantidad de frutos, frutas del
bosque y raíces silvestres.
Cultivan en pequeñas y medianas parcelas o son peones temporarios para faenas rurales
(hacheros, cosechadores de algodón, etc.), como incipiente cultivadores su agricultura es aun
de subsistencia predominando en sus huertas los cultivos de zapallos, mandioca y batatas; otra
forma en que obtienen recursos es en la elaboración de interesantes artesanías de
cerámica, guayacán o fibras textiles (como la ya mencionada caraguatá). Sin embargo muchos
de ellos, desde la segunda mitad del siglo XX se han visto forzados a migrar a las ciudades (Roque
Sáenz Peña, Resistencia, Gran Santa Fe, Gran Rosario y Gran Buenos Aires) a consecuencia del
desmonte y de la introducción del cultivo de la soja. En tales núcleos urbanos, casi en su
totalidad viven en las zonas económicamente más deprimidas.
Wichís o matacos
Wichís son las denominaciones que reciben los integrantes de una etnia indígena del Chaco
Central y del Chaco Austral. Aunque a los que viven en la Argentina se los conoce actualmente
como "wichís" (wichi, en la lengua de estos indígenas, significa "persona", "gente), hasta hace
algunas décadas atrás se los conocía mayormente como "matacos". El origen de este nombre
no es nada cierto: pero aparentemente provenga del idioma quechua y esté vinculado con el de
"mataguas" que figuran en algunos documentos del siglo XVII para nombrar a los presuntos
ancestros de este pueblo. El antropónimo tiene, quizá desde siempre, un cariz marcadamente
peyorativo. A partir de la década de 1990 se difundió el uso del nombre wichí que ha desplazado
ampliamente a mataco. La palabra wichí significa gente o pueblo y refiere tanto al idioma como
al pueblo.2 La forma de acentuación grave wichies frecuente en la provincia de Salta.

Distribución geográfica
Hacia el siglo XVI los wichís habitaban las zonas occidentales del Chaco Central Austral, que
integran la región del Gran Chaco, principalmente la margen izquierda del río Bermejo entre los
21º S y los 22º 55' S. Tiempo después, presionados por la invasión de los ava guaraníes y su
propio crecimiento demográfico se desplazaron hacia el norte del río Bermejo y hacia el sureste
de la región chaqueña.
Su antigua proximidad con el límite de las etnias ándidas les aportó rasgos culturales
característicos, como la monogamia, la posesión de territorios por parte de familias (grupos
restringidos de parentesco) y una incipiente agricultura con acumulación de excedentes que
favoreció un relativo sedentarismo.
Actualmente los wichís habitan principalmente en la provincia Gran Chaco del este
del departamento de Tarija en Bolivia y Argentina en la provincia del Chaco en el departamento
General Güemes; en la provincia de Formosa en los departamentos
de Bermejo, Matacos, Patiño y Ramón Lista; en la provincia de Salta en los
departamentos General José de San Martín, Rivadavia, Orán, Anta y Metán; en la provincia de
Jujuy pequeños grupos se hallan entre los ava guaraníes en los departamentos Santa Bárbara,
San Pedro y Ledesma.

Idioma
La wichí es la lengua indígena de mayor vitalidad en Argentina y es llamada wichí lhamtés por
sus hablantes. De acuerdo con Samuel Alejandro Lafone Quevedo (1896) y José Pedro Viegas
Barros (1993-1994) el idioma wichí formaría parte de un conjunto de lenguas chaquenses
denominado mataco-guaicurú, dentro del cual conformaría la familia mataco-
mataguaya o mataco-maká junto a los idiomas de los chorotes, makás y chulupíes. Los idiomas
wichí y chorote comparten un 50% de su vocabulario básico, mientras que el wichí con el chulupí
o nivaclé comparte un 33% y un 20% con el maká.
El primer alfabeto wichí -en caracteres latinos- fue creado por el misionero anglicano Richard
Hunt. El idioma wichí no ha sido estudiado extensamente y los investigadores no se ponen de
acuerdo en cuanto al número de dialectos. Por lo general se distinguen dos dialectos principales
según la ubicación geográfica: el del Pilcomayo y el del Bermejo. Dentro de cada uno de ellos se
distinguen dos variedades: los phomlheley (arribeños) y los chomlheley (abajeños),
configurando los cuatro dialectos que generalmente se atribuyen al idioma wichí.

Sociedad
Ya en el siglo XVI los wichís adoptaron un sedentarismo casi completo, poseyendo paraderos y
asentamientos en las orillas de los ríos. Formaron comunidades relacionadas por parentesco;
cada una de éstas estaba administrada por un jefe anciano y un consejo comunitario de varones
que gobernaba cada aldea (huef o huet). Varias comunidades o grupos parentales formaban
parcialidades. Sus viviendas eran chozas (huep) construidas con ramas, teniendo forma de
cúpula de 2 a 3 m de diámetro en cada una de las cuales convivían los integrantes de una familia.
La familia era generalmente monógama aunque los caciques solían tener más de una mujer. Las
familias se agrupaban en bandas u hordas de caza que aceptaban la autoridad de un cacique.
Estas bandas, también llamadas tribus, variaban en cantidad de individuos y se desplazaban en
busca de lugares con buena caza, pesca y frutos vegetales. Se instalaban por lo general en
lugares altos y cerca de los ríos y lagunas.

Alimentación
El sustento principal de los wichis era la caza, la pesca y la recolección. Es así que mientras las
mujeres se dedicaban al cultivo de pequeños zapallos, todos en cuanto les fuera posible se
dedicaban a la recolección estacional
de cocos de palmera (pindó, yatay y caranday),algarroba, porotos cimarrones, tuna, tasi y miel.
Los ciclos de obtención de recursos alimentarios significaron que organizaran su calendario de
un modo circular: el inicio de año se celebraba ritualmente en el tiempo que corresponde al
mes de agosto, desde ese inicio de año sucedía la estación llamada nawup ("luna de las
flores"), luego le seguía desde noviembre la yachup ("luna de las algarrobas"), tras ésta a fines
del verano austral venía la estación lup ("luna de las cosechas"), siguiéndole
la fwiyeti(up) ("luna de las heladas").
Sus utensilios y artefactos eran principalmente de madera (por ejemplo los "palos de labranza"
que mantenían alguna semejanza con las llakta de los pueblos ándidos), aunque realizaban
obras de cestería, cerámica, piedra pulida y textiles como las yika o bolsas
de caraguatá o chaguar muy usado para confeccionar sus elegantes morrales y bolsos
llamados yiska.

Religión
El sistema de creencias de los wichís han sido incluidos por los antropólogos en el animismo y
el chamanismo, rendían culto a los seres de la naturaleza y poseían la noción de un ser superior
(Tokuah o Tokuaj) que regía al mundo.
En 1915 llegaron misioneros ingleses que convirtieron a muchos al anglicanismo:
estos pastores se retiraron en 1982 durante la guerra de las Malvinas, lo que permitió a los
wichís recuperar varios de sus rasgos culturales previos y organizarse como comunidad, de
modo que en 1986 oficialmente se admitió el bilingüismo en las escuelas de la región que
habitan.
Muchos de los wichís han sido convertidos al protestantismo de los grupos
llamados evangelistas, pentecostales y bautistas. Desde 1943 la Misión Sueca Libre actúa entre
los weenhayek de Bolivia.

Técnicas artesanales
El chaguar es una actividad netamente femenina. Las mujeres, en pequeños grupos, salen al
monte a cosechar, ellas desfibran la hoja, ellas hilan, tiñen y tejen. Las wichís conocen bien los
lugares donde encontrarán chaguar. De cada chaguaral solo eligen aquellas plantas que tienen
el tamaño y la calidad requerida. Eligen las hojas, sacan las espinas, y las pelan, separando las
fibras de la parte externa. Luego la fibra es limpiada machacándola, raspándola y remojándola
en agua una y otra vez. Cuando está limpia se la seca al sol por uno o dos días. El hilado se hace
uniendo varias hebras, torciéndolas con un movimiento veloz de las manos sobre el muslo. Una
vez hilada la fibra, y teniendo muchos metros de hilo, se forman ovillos. Se tiñe el hilo, usando
diversos tintes (negro, marrón, gris, rojo son los más usuales) preparados sobre la base de
plantas del monte. Y finalmente, se hace el tejido.
Las wichís tejen sus yicas en forma de malla apretada trabajándolas con una gruesa aguja de
madera, dos palos plantados en el suelo y un hilo tirante entre ellos; sobre éste hace una primera
hilada de lazada con la cantidad de mallas necesarias para el tamaño de la yica a confeccionarse.
Después hace una segunda vuelta entrecruzando los hilos de tal modo que sin apretar el nudo
queda la malla abierta.
Los típicos dibujos que tejen combinando diferentes colores reciben nombres tales como
“codos”, “lomo de avestruz”, “caparazón de tortuga”, “cuero de lampalagua”, “frutos de doca”,
“dedo de carancho”, “pata de corzuela”, “pata de loro”, “cuero de yarará”, “pata de zorro”,
“pecho del pájaro carpintero”.
Las semillas
Las mujeres wichís fabrican a base de semillas y palitos numerosos trabajos como collares,
pulseras, aros, cortinas, yicas, cinturones, ropa y adornos. Entretejiendo semillas con fibras de
chaguar y adornando con bolitas de barro y conchas. Obtienen diseños muy originales
verdaderamente poco vistos.
Pilagás
Los pilagás o pilagaes (en idioma pilagá: pit´laxá) son un pueblo indígena del grupo de
los guaicurúes que habita en el centro de la provincia de Formosa en Argentina. Algunos grupos
emigrados también viven en la provincia del Chaco y en la provincia de Santa Fe.
Su lengua forma parte de la familia lingüística mataco-guaicurú.1 Están muy relacionados con los
tobas y unos 2000 hablan su propio idioma, junto con el idioma español.2 Desde 1996 escriben
el pilagá en un alfabeto latino de 4 vocales y 19 consonantes.
Han podido conservar gran parte de su cultura autóctona. Son de estatura alta y complexión
fuerte. Antiguamente fueron cazadores y recolectores. Entre los frutos que recolectaban
estaban los del algarrobo, chañar, mistol, tuna y del molle.
Los primeros registros históricos sobre los pilagás son del siglo XVII, cuando habitaban el este de
las provincias del Chaco y Formosa sobre el río Paraguay junto a otros grupos como los abipones,
los mocovíes y los tobas. Los guaraníes del Paraguay llamaron a estos pueblos «guaycurúes»
por la costumbre de raparse la parte delantera de la cabeza, que
los españoles de Asunción tradujeron como «frentones». Las fuentes históricas los
denominan yapitalaguás, zapitalagá (Guido Boggiani, 1898: 619), pitilagá (Félix de Azara, 1836:
396), pitelahá, pitaleaes (Francisco Morillo, 1837), zapitalaguas; zapitilingas (Nicolás del Techo,
1628: 295-296), yadpitilaga, apitolagas, guaycurure (Alfred Métraux, 1946a; Enrique
Palavecino, 1933a). Frecuentemente se los confundía con los tobas del oeste, con quienes están
históricamente relacionados, tanto lingüística como culturalmente, como también por alianzas
militares y relaciones familiares. Durante el siglo XVII los guaicurúes se expandieron por el Chaco
Austral y Central hacia el oeste en continuas guerras con grupos mataco-mataguayos. La
expansión se detuvo a mediados del siglo XVIII por la presión militar española que los desplazó
del río Bermejo, encontrándose los pilagás a fines del siglo XVIII en los bañados entre los
ríos Pilcomayo y Paraguay hasta la zona de Fortín Yunká al oeste y el medio de la provincia de
Formosa al sur.
Al finalizar la guerra de la Triple Alianza (1864-1870) Argentina comenzó la ocupación del Chaco
Austral y Central, creándose la gobernación del Chaco en 1872, que fue dividida en 1884
quedando los pilagás dentro del área asignada al Territorio Nacional de Formosa. Luego de
sucesivas campañas expansivas, el 1 de septiembre de 1899 el general Lorenzo Vintter inició una
campaña militar al mando de 1700 hombres que llevó la línea de frontera hasta el río Pilcomayo,
concluyendo con la ocupación militar efectiva del Chaco argentino. Las tierras pilagás y de otros
pueblos fueron ocupadas por colonos y los indígenas que sobrevivieron a la guerra y a las
enfermedades nuevas para ellos, fueron utilizados en las plantaciones de algodón e ingenios
azucareros, como auxiliares de las fuerzas militares o deportados como prisioneros a la isla
Martín García. Muchas mujeres y niños fueron enviados a trabajar como criados en de las
familias de los centros urbanos.4 En 1900 Los pilagás remanentes se desplazaron hacia el interior
de la provincia de Formosa y luego algunos se establecieron en la ciudad de Formosa. Esto hizo
que se diferenciaran en dos grupos: los “del bañado”, ubicados al oeste, y los “de Navagán”, en
el este.
En 1901 el gobierno de Julio Argentino Roca acordó con la Orden Franciscana del convento de
San Carlos Borromeo de San Lorenzo (Santa Fe) la fundación de dos reducciones indígenas en
el Territorio Nacional de Formosa, una de las cuales fue la misión de San Francisco Solano de
Tacaaglé. Fue fundada por el franciscano Terencio Marcucci el 21 de marzo de 1901 con 150
tobas y pilagás mayormente provenientes del Chaco Boreal paraguayo. Ocupaba un terreno de
20 000 hectáreas cerca del río Pilcomayo, dentro el cual fue trasladada varias veces. Al
provincializarse Formosa en 1955 la misión pasó al control civil derivando en el pueblo de Misión
Tacaaglé.
A grupos pilagás fue inicialmente atribuida la masacre de Fortín Yunká, también conocida como
«el último malón», que tuvo lugar el 19 de marzo de 1919 contra miembros del Ejército
Argentino.8 En ella fueron muertas quince personas: el jefe y la guarnición militar del fortín, y
miembros de sus familias. Como consecuencia de las represalias posteriores llevadas a cabo por
tropas argentinas, un número indeterminado de indígenas resultaron muertos o desplazados de
sus territorios originales. Investigaciones posteriores sugieren que los responsables fueron
grupos makás del Paraguay.
El 1 de abril de 2005 la Federación Pilagá inició una demanda civil contra el Estado nacional en
el Juzgado Federal de Formosa, reclamando una indemnización económica por la matanza de
pilagás ocurrida en octubre de 1947, conocida como masacre de Rincón Bomba, que fue
considerada un crimen contra la humanidad.

Estos grupos, analizados con anterioridad, arribaron al territorio después de verse obligados a
emigrar de la selva boliviano-paraguaya. Huían de las tribus cuya ferocidad atentaba contra la
seguridad de sus vidas.
Las tribus chaqueñas que habitaban este suelo eran de distinto origen lingüístico y practicaban
una economía cazadora y recolectora. Se distinguían los guerreros abipones y los canoeros
payaguás, a orillas de los grandes ríos; hacia el interior estaban los guerreros matacos y hacia
el oeste los chiriguanos.
Existían, además, comunidades de mocovíes cerca de los abipones y chulupíes junto a los
chiriguanos. Con la palabra guaraní guaicurú se designó a tobas y pilagás, con mataco-
mataguayos, a los que ocupaban el oeste.
Los guaycurúes y los mataco-mataguayos se parecían culturalmente, por lo que se los
denominaba "chaquenses típicos". Se hallaban organizados en grupos y su vida se desarrolla
aún hoy en un ambiente de trabajo primario. Dedican su vida a la confección de trabajos en
maderas, tallas, mates, ceniceros, artículos de totora, paja y palma, a la construcción de sillas,
canastos, sombreros y balsas. Los cestos que confeccionan sirven para guardar granos, los
decoran con guardas y hacen además jarrones y tinajas. Cada grupo posee sus costumbres,
lengua y vestimenta propias.
La presencia de los indios matacos fue muy importante y aguerrida en la zona de los primeros
asentamientos estables, sobre todo en el centro de la provincia.
Eran básicamente pescadores y recolectores, pero también practicaban la caza y la agricultura
como actividades secundarias. Habitaban las regiones aledañas a los ríos Pilcomayo, Bermejo y
Teuco. La pesca la realizaba con arpones de unos cuatro metros de largo. Vivían en chozas de
ramas y paja, sin puertas ni muebles, y se vestían con pieles de venado.
Transcurrida la segunda mitad del siglo XIX, los distintos grupos aborígenes asentados en las
márgenes del río tomaron contacto con el primer blanco que se apostó en la región: el dueño
de la primera compañía a vapor del Bermejo, Natalio Roldán. La desconfianza inicial que le
tuvieron fue vencida en poco tiempo por el buen trato y, pronto, casi dos mil de ellos
comenzaron a trabajar en las obras emprendidas.

LOS PUEBLOS ORIGINARIOS EN LA ACTUALIDAD

En la actualidad, y de acuerdo con la clasificación etnográfica, habitan el territorio de la


provincia, los grupos étnicos Qom y Pilagás, pertenecientes a la familia lingüística de los
Guaycurú, y los Wichi, pertenecientes a la familia lingüística de los Matacos-Mataguayos o
Maccá. En referencia a la situación actual de la población aborigen en la provincia de Formosa,
de acuerdo a los datos suministrados por el Instituto de Comunidades Aborígenes (ICA), en el
año 2001 habitaban la provincia unos 38.038 aborígenes, que representaban el 7,77% del total
poblacional provincial en ese año.

Si bien la población aborigen se encuentra asentada mayoritariamente en áreas rurales, el


porcentaje de variación aumenta en los departamentos del oeste provincial. También existen
unos pocos núcleos urbanos y periurbanos en Ingeniero Juárez, Clorinda (barrio Toba), El
Colorado (barrio La Paz) y en Formosa capital (barrio Nan Qom). En políticas de tierras y
consecuentemente con los postulados de la Ley 426/84, el gobierno provincial ha entregado en
la actualidad tierras mensuradas y con títulos de propiedad a las distintas comunidades,
distribuidas de la siguiente manera:

En la actualidad, existen alrededor de ciento cuarenta comunidades estables de aborígenes


distribuidas en el territorio provincial; treinta y una de ellas corresponden al grupo Qom y se
encuentran en la zona Este de la provincia . En el centro, se distribuyen acerca de unas veinte
comunidades pertenecientes al grupo Pilagás y en la región Oeste, se ubican las comunidades
correspondientes al grupo de los Wichís, que son las más numerosas, con alrededor de ochenta
y siete comunidades.

Atendiendo a los postulados de la Ley 426 Integral del Aborigen, y en el marco del Modelo de
Provincia, es muy significativa la serie de reivindicaciones desde el punto de vista social, cultural,
educativo, vivienda y producción que las comunidades originarias han tenido a partir de las
políticas sociales concretas como son la provisión de agua, la entrega de viviendas, la extensión
de las redes eléctricas para la provisión de energía, la construcción, refacción y creación de
escuelas que atienden todos los niveles educativos con la incorporación de la enseñanza de su
propia lengua en el curriculum oficial, la instalación de centros de salud y de capacitación
laboral. En el ámbito productivo, es digno de destacar la participación de los pobladores de las
tres étnias en programas productivos que tienen relación con la fabricación de ladrillos o con
agregados de valor, como por ejemplo la producción de miel en la localidad de El Potrillo, que
exporta la producción a la Unión Europea.

Personas, la extensión de los servicios de salud por agentes sanitarios aborígenes, la


incorporación de la seguridad social mediante pensiones, la incorporación de integrantes de la
comunidad al empleo público. En este ámbito y relacionado directamente con lo educativo, vale
destacar que la provincia es pionera en educación intercultural bilingüe, con la jerarquización
de los maestros aborígenes, existen alrededor de trescientos sesenta y seis instituciones
educativas de esta modalidad (corresponden a los niveles inicial, primario y secundario).

Relacionado con lo social y específicamente en lo que hace a lo habitacional, se han entregado


en las comunidades aborígenes mejorar, a cada familia, viviendas que tienen la particularidad
de respetar las pautas culturales y sumar confort para mejorar su hábitat. Todas acciones que el
gobierno de la provincia lleva adelante no son otra cosa que la concreción de una política
planificada y responsable, que reconoce y se asume en el marco de una sociedad multiétnica y
pluricultural.

El Estado les reconoce asimismo a través de esta ley, la existencia legal como comunidades y les
otorga personería jurídica si así lo solicitaran. Además habilita a los jueces a tener en cuenta sus
usos y costumbres, otorgándoles el beneficio de la duda atendiendo a su estado cultural cuando
correspondiere. En lo que corresponde al asentamiento de las comunidades indígenas, la ley
expresa que el asentamiento de las mismas atenderá en lo posible la posesión actual de la tierra,
y su traslado, en caso que correspondiera, deberá ser con expreso consentimiento libre y
voluntario de las comunidades implicadas.

Reconoce asimismo el derecho de las comunidades autóctonas a litigar por las tierras que
considere suyas y de las que posean títulos otorgados en algún momento por el Estado Nacional
o el Estado Provincial, y de las que por algún motivo les hayan sido desposeídas. También
respecto a la adjudicación de tierras, habla esta ley sobre la adjudicación gratuita de tierras en
forma individual o colectiva, la que no podrá ser embargada, arrendada a terceros, hipotecada
y/o enajenada.

Asimismo, por intermedio de esta ley se crea el Instituto de Comunidades Aborígenes (ICA), cuya
finalidad es velar por los intereses de los pueblos indígenas y hacer cumplir los derechos
establecidos en esta ley. El Instituto de Comunidades Aborígenes está facultado a realizar
acciones a favor de las comunidades indígenas en las áreas de Educación, Trabajo, Salud,
Asistencia y Seguridad Social, Tierra, Vivienda, Asuntos Jurídicos y otras, y está integrado por un
Presidente nombrado por el Poder Ejecutivo Provincial y un Directorio conformado por tres
directores, uno por cada etnia (Toba Wichí y Pilagá) electos por los miembros de cada una de
ellas.

A ellos se les suma un Consejo de Asesores Aborígenes, integrado por un representante de cada
comunidad, electos por cada una de ellas.
Conclusión
La historia de América no deja de ser fascinante. Los pueblos originarios americanos con sus
múltiples conocimientos: los conocimientos astronómicos, de cómo sabían del tiempo para la
cosecha, para la procreación fértil, de la conexión de la vida con los astros, los sistemas de
agricultura, la arquitectura, las colosales pirámides de roca que nada han de envidiar a las
de Egipto y de la organización social, nos muestran una rica y diversa cultura.
En Argentina las historias no dejaron de asombrarnos a lo largo y a lo ancho del recorrido por
todo el trabajo. Hemos aprendido acerca de los pueblos originarios que poblaron el suelo
argentino, quiénes fueron los dueños de estas tierras, sus hábitos y costumbres, tradiciones, y
cultura en general. Pueblos conocedores de los secretos escondidos en las quebradas del
noroeste, en la selva mesopotámica, en el monte chaqueño, en las perdidas cierras, en la
solitaria pampa o en la inhóspita Patagonia.

Los grupos aborígenes que poblaron y que aún habitan el territorio argentino han dejado a las
generaciones futuras un sorprendente testimonio de vida, plasmado en su arte, sus leyendas y
sobre todo en su amor y respeto por la madre naturaleza de la que nosotros como sociedad
deberíamos ser capaces de aprender con humildad.