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Sobre la novela epistolar

Antes de empezar a hablar de la novela de Enrique Carrillo, Cartas de una


turista, es necesario hablar del tipo que de novela que es la obra de Cabotin; es
decir, sobre el narratario y la novela epistolar. Comencemos por aclarar algo y
de forma significativa del primero. Gerard Genette (1989) refiere que el
narratario es un elemento de situación narrativa y que se sitúa al mismo nivel
del diegético del narrador y no puede confundirse con el lector del mismo modo
que no debemos confundir al narrador con el autor, a menos que hablemos de
un narrador extradiegético y por ello puede dirigirse a un narratario también
extradiegético y como consecuencia tenemos cambios de planos de lector
virtual y lector real. En el caso de Cartas de una turista no tenemos una
oscilación entre planos distintos sino lo mencionado como principio conceptual
parafraseado que se ha hecho de lo que menciona Gerard Genette en su libro
Figuras III. Annie es el narratario en la obra de Enrique Carrillo. Gladys es el
narrador homodiegético de la novela.

En cuanto al narrador y su función particular en la novela epistolar, es un


aspecto más de las designadas como esenciales, y se encuentra en un tercer
lugar según el libro de Figuras III. Gerard Genette (1989) nos dice que la
primera función del narrador es evidentemente, la historia y su función es
narrar, valga la redundancia; la segunda función es referirse en un discurso ya
a un nivel, como dice el libro, metanarrativo; la cuarta función refiere a una
función más introspectiva, el narrador tiene se involucra bastante con las
historia que cuenta que narra, entendemos que tiene un relación sentimental,
moral y hasta intelectual, esta cuarta función es dictada como testimonial y
para el autor es la función ideológica; deliberadamente no es hemos saltado la
tercera función para acercarnos más a la función que es principal atributo de la
novela epistolar, esta función es de una situación narrativa misma, el narrador
tiene la necesidad de mantener un constante contacto con el narratario que
puede o no estar presente porque no es tan necesario tanto como mantener el
constante diálogo que debe tener el narrador.
La novela epistolar es una ficción narrativa con rasgos autobiográficos pero que
no tienen sus mismas características. En la biografía tenemos una linealidad,
una secuencia ininterrumpida. Encontramos pausas que son necesarias y
explicadas, pero en términos de lo epistolar pueden omitirse, podemos
encontrarnos con un corte abrupto; y tampoco podremos saberlo quizás porque
así lo decide quien escribe y así lo recibe el narratario. La carta es información
de historia en curso, Annie recibe la información que Gladys quiere dar; no es
que sea una información completa sino selectiva. Las damas se conocen, son
mejores amigas, se entienden. Nosotros como lector fuera de esa ficción, sólo
somos extraños de esa historia. No sabemos de especificidades, sólo tenemos
lo necesario pero esencial tal vez, por ello hasta se pueden hacer
interpretaciones de eventos no narrados. Por otra parte, en un sentido distinto y
subjetivo, la epístola es más conmovedora, busca que se le escuche y
entienda, siempre es una petición y búsqueda de empatía.

Para algunos es bastante problemático encontrar veracidad en una carta,


digamos que quizás la realidad sólo la sepa el que escribe, o también el
narratario si es cómplice.

Pero una carta ficticia es indistinguible de una carta real. Una referencia a las
circunstancias en las que una novela está siendo escrita, dentro de la misma novela,
llamaría normalmente la atención sobre la existencia del autor “real” detrás del texto,
rompiendo de ese modo el espejismo de la realidad creado por la ficción, pero en la
novela epistolar, al contrario, ese recurso refuerza el espejismo.

(Lodge, 1998, p.53)

Sin embargo, en contra de la problemática de Lodge es preferible tener en


cuenta que los acontecimientos en el mundo real no pueden ser asidos por la
escritura; por tanto que siendo que se traten de escritos son ficciones, se
hablen de ciertos hechos o no, el acontecimiento se pierde. La percepción
siempre se encuentra subjetiva.
Volviendo al tema de la novela epistolar y sus características, debemos decir
que es incompleta hasta cierto punto, Kate Hamburguer (1957) refiere que
retrata un fragmento de realidad interna y por ello no se adentra en una ficción
más continua. Y de más está decir, lo redundante y explicito que resulta
reconocer que la novela epistolar es fasciculada y discontinua; inicia en el caso
de la obra de Cabotin con “Dear Annie” ello porque es una señorita inglesa que
disfruta de viajar por el mundo y de mezclar en sus cartas el español junto con
otros idiomas, encontraremos frases en francés y otros idiomas. En la obra
encontramos a un personaje femenino que viaja constantemente pero que se
queda un tiempo en el Perú, más específico Trapisonda, que no es otro que el
nombre cambiado de Chorrillos; como es de esperarse de cartas de viaje, las
descripciones de la sorpresa de nuevas tierra inician como introductorio para lo
que será en adelante el escenario donde ocurre la historia que se va a contar.

¡Qué ciudad tan original y tan distinta de las nuestras es esta en que vivo, Annie! Es
muy agradable recorrer así el mundo. Aunque el aspecto exterior de las cosas
aparece, son casi imperceptibles variantes, siempre hay del mismo, hay de pueblo a
pueblo, como de hombre a hombre, diferencias substanciales, que es útil y agradable
observar (…) La ciudad se extiende en lo alto de un empinado barranco, ante una
tranquila y anchurosa bahía, de líneas amplias y armoniosas.

(Cabotin, 1905, p.29)

Las explicaciones de cómo es el lugar invitan al narratario, que en este caso es


Annie, a imaginar el lugar y de ese modo involucrarse con la situación de quien
le escribe que es Gladys, entrar en la atmosfera que rodea a su íntima amiga.
Y tenemos que agregar que se trata de una novela con personajes con
bastante poder adquisitivo. La turista Gladys explica parte de lo que hacía en
su país natal con Annie, a la par que menciona las carencias del país que está
visitando. Y hace comparaciones de costumbres lugares así como narra de
cosas que se están cayendo de viejas, por lo que llama comarca la ciudad en la
que está asilada.
En trapisonda, solo dos grandes avenidas paralelas que dividen la población en toda
su amplitud merecen el nombre de calles (…) En esta comarca, donde se acostumbra
podar el árbol hasta dejarlo desnudo, como un poste telegráfico (…) Las otras vías son
unas callejuelas estrechas, mal pavimentadas, en las que las casas, chatas,
incómodas, de arquitectura presuntuosa y mezquina al propio tiempo, se apiñan unas
contra otras y parecen disputarse el sitio.

(Cabotin, 1905, p.30)

Como se menciona líneas atrás, al describir las carencias del lugar y su falta de
orden geométrico como la estructurada y armónica Londres, Gladys no
pretende animar mucho a la imaginación de Annie.

Como te he dio que este es un balneario, el mejor y más elegante del país, ya es
magín alborotado que se encierra en tu gentil cabecita rubia se habrá echado a
fantasear, y recordando Brighton y Trouville, sueña sin duda con casinos restaurantes,
con bailes y paseos, con orquestas y flirts. Pues no señorita, aquí nada de eso estila.
Hay un casino, sí, pero problemático, lejano, inaccesible como un nido de cóndores.
Situado a algunos centenares de metros del centro de la población, triste y desierto
durante el día, cerrado a piedra y lodo durante las noches…

(Cabotin, 10905, p.30-31)

Notamos la exhortación constante como parte obvia y característica de la


novela epistolar. Del mismo modo también cabe la necesidad de mencionar
que siempre se refiere a un acontecimiento pasado reciente y cercano, nunca a
un pasado del cual el narratario ya conoce. Y definitivamente siempre es un
fragmento -limitado introspectivo y extrospectivo, de modo que se entiende que
el que escribe siempre fija un límite de lo que quiere informar. De informar o de
olvidar u omitir algún dato lo puede hacer siempre que quiera y explique sus
motivos pero jamás está obligado, es por iniciativa propia que aclara dudas que
crea conveniente. El narratario siempre es exhortado a entender la información
que se le da y cómo se le da.
Se necesita, pequeña Annie mucho valor para escribir, cuando hace tanto calor como
ahora, y te aseguro que no puedo ofrecerte mejor prueba de mi cariño que el sacrificio
que hago, sentándome ante mi escritorio modern style, en este pequeño boudoir, en
que reina una temperatura de cuarenta mil grados Fahrenheit (…) Ante mis ojos, en un
marco muy coquetón de Marroquín verde nilo, tengo tu retrato, que me sonríe con
benevolencia y qué parece decirme: <<Ea, miss Gladys, abra usted el robinet de las
confidencias, que aquí estoy yo muy calladita y muy resignada a escucharla>>.

(Cabotin, 1905, p.34)

Sin embargo, la narración que aparece como en primera persona sigue siendo
en forma enunciativa así como redactor de cartas del mismo modo de
memorias o un cronista. La imagen que siempre tenemos presente nosotros
como lectores desde fuera es de una ficción que pretende ser objetiva, pero no
es que sea lo que se dice mimético. Kate Hamburguer (1957) nos dice que
también la novela epistolar distribuye una constante esencia que recuerda
mismos periodos y situaciones que se suceden en el proceso narrativo, y claro,
en cada misiva se establece un yo referencial, ese que produce y origina.
También debe quedar claro que distinta de una memoria, lo epistolar siempre
tiende al presente; una memoria se queda en un pasado y además no marca
fechas como si lo hace la novela epistolar.

En cambio el escritor de memorias vuelve la vista atrás desde un presente fijo a la


totalidad de su vida pasada. Esa situación de partida conlleva una serie de elementos
cuyo efecto conjunto diferencia de manera esencial las memorias novelescas de la
novela epistolar (…) Al volver la vista a su vida pasada y reproducirla el yo fijo de la
novela autobiográfica mira etapas pasadas (…) Pero eso significa que vive las etapas
de sus yo anteriores separadas y bien separadas de la actual, en tanto que el escritor
de cartas o diarios sólo sabe en cada momento del correspondiente aquí y ahora de su
yo y sólo ese vive.

(Hamburguer, 1957, p.216)


Si habláramos de un personaje como Gladys que cuenta su biografía,
tendríamos unos recuerdos de su juventud y otros recuerdos en otras etapas
recientes o anteriores, pero todas con percepciones diferentes. La biografía
digamos que analiza sus yo de antes; mientras la epístola no lo hace y no se
divide en etapas como si lo hace la biografía y la memoria. La misiva es
subjetiva. Gladys narra sus flirteos a su amiga Annie y se sostiene sus quejas
de la sociedad de conservadora y atrasada de Trapisonda.

Annie, de todo eso tiene la culpa este clima absurdo, que me enerva, que me
descompagina, que introduce el desorden y la indisciplina en mi organismo sencillo y
bien equilibrado de anglo-sajona. Y también es culpable la sociedad en que vivo, en la
que los problemas amorosos revisten cierta severidad entristecida (…)
Inmediatamente me di cuenta de que habían caído en la red cuatro nuevos e
inocentes pececillos. Yo había hecho uso, con ese fin, de esa caída de párpados y esa
mirada entre maliciosa e ingenua que es de mi exclusiva propiedad y que hace
exclamar a miss Sparklets, cuando me acompaña: ¡A oh, miss Gladys, you are a
naughty girl!>>

(Cabotin, 1905, p.35-36)

De aquí también deducimos que los personajes que acompañan o aparecen en


la historia de Gladys no toman tanta relevancia como ella que narra. Son
objetos que hacen aparición pero nada más, como duques de Rapallo y
barones de Sinigaglia y Mr. Morgan, algunos de ellos, los hombres
conquistados ni si quiera llegan a tener nombre. Son pocos los personajes que
logran ser recurrentes en las historias Gladys, como Cardoso y la señorita
Lucila Enciso, y aun así no logran ser significativos. Esta también podría
considerarse una característica de la obra epistolar, que no contundente pero si
recurrente en el género. Se abarca como si fuera una totalidad la historia
narrada, lo geográfico, los acontecimientos desde un punto fijo que no es
específico en algunas ocasiones pero sí fácil de percibir. Siempre lo epistolar
es una sesión de palabra que busca empatizar. En comparación con otros
géneros que buscan un diálogo además de que no les importa ser empáticos
con el lector.
Pero no sólo se exhorta a ser escuchado sino también a reprochar como
sucede en Cartas de una turista para ser entendida.

¿Te acuerdas, Darling, de Barberini, nuestro profesor de canto? ¿Te acuerdas de su


largo sobretodo raído, color café, de sus barbas amarillas e hirsutas, del interminable
Cavour que oprimía ente sus negros dientes y de la expresión desolada de su rostro
cada vez que, por mortificarlo, tú, la más taquine de las mosquitas muertas emitías
una nota falsa? Paréceme verlo, enarcando las espesas cejas, blanqueando los ojos,
llevándose a la melena las velludas manazas y exclamando, con lastimero acento: -
¡Ma va male, signorina, va male, per Dio! (…) ¡Gladys, en verdad te digo que, a pesar
de tu avanzada edad , de tu aplomo, de tu trastienda y de tu ciencia, no eres sino una
pava, la más insignificante , la más insípida, la más ridícula y la más sosa de las
pavitas.

(Cabotin, 1905, p.65-66)

Como se puede notar, hay una introspección, un monólogo. Una crisis


existencial debido a hechos recientes. Esto reafirma la esencia subjetiva que
tiene que tener el tipo de novela que es la obra de Enrique A. Carrillo. Además,
la incógnita a la crisis que pasa Gladys es resuelta, o mejor dicho aclarada en
la misma carta. Por lo que se considera que otro de sus atributos es no dejar
en suspenso al narratario, y tampoco a quien esté leyendo en otro plano.

Durante un largo rato, Cardoso y yo marchamos en silencio. Yo había acumulado un


sordo rencor contra él. ¡No haberte acercado a mí en todo el día! No, no eran celos:
tengo demasiado orgullo para ser celosa. Pero sus coqueterías con Lucila me
desagradaban.

(Cabotin, 1905, p.73)

Por otra parte, una característica es particular de Carta de una turista, y es la


que especialmente le da Enrique A. Carrillo a su novela, este es el toque
poético. La novela epistolar de Cabotin es bastante lírica en cada carta; desde
la primera carta que leemos de Gladys a Annie, tenemos solemnidad. La
poética acompaña constantemente la narración.
Así pareció entenderlo Rebenque , que se instaló a mi diestra y que olvidando las
sentimentales disquisiciones, impregnadas de melancólica ironía, a que se había
entregado durante la caminata, no dio punto de reposo al trinchante e hizo los honores
a las viandas con asiduidad y complacencia notorias.

(Cabotin, 1905, p.70)

En general no es común una obra como al de Enrique A. Carrillo. Una obra en


la que encontramos descripciones y comparaciones de una turista que trata de
entender este lugar llamado Trapisonda, por lo escandaloso y particular, que a
pesar de querer parecerse algo a europa no lo consigue y sólo es pintado como
Gladys a modo de intento, de aspirante en muchos sentidos. Pero finalmente
es una mención de objetos y subjetividades que caracteriza su estructura como
tal. Lo que se ha intentado hacer con esta sección es analizarlo desde un punto
de vista no estructural de la novela sino tan sólo sus rasgos comunes. En una
novela epistolar siempre habrá un narratario; y diferenciar bien entre lector
virtual y lector real es esencial y no caer en confusión. Del mismo modo, su
diferencia con otras narraciones es su notable subjetividad y su límite no
marcado con un pasado y un presente pero si percibido.
La singularidad en Cartas de una turista

La obra de Enrique A. Carrillo, recuerda muchas novelas del siglo XIX. No por
su género en particular. Sino por su rasgo de romper con ciertos paradigmas,
como lo haría en su momento Jane Austen entre otros como Henry James. Si
partimos de la idea original de la antigüedad; la pareja que se enamora supera
obstáculos que suelen nacer de la sociedad o del universo, el destino. Como
diría Thomas Pavel (2003) El alma buena, por decirlo de algún modo, suele
tener la razón y al enfrentarse contra una normativa de una sociedad o incluso
enfrentarse a todo un universo sale victorioso y todo le da la razón y se atiene a
su razonamiento, se somete. El amor contradice las pocas oportunidades que
le da cierto contexto y las convierte en favorables. Obtiene una importancia por
encima de toda norma, social y natural.

Luego tenemos, que con el tiempo el ser humano fuera menos idealista y
acepta que el mundo real de la norma y en sociedad es distinto, que es más
opresivo y ni que decir de la fuerza de la naturaleza. Autores como los que
menciona Pavel en Representar la existencia, el pensamiento de la novela son
puntos clave del cambio de visión del hombre.

A lo largo del siglo XIX, y paralelamente al cultivo de la narrativa consagrada a la


grandeza del alma, los novelistas interesados en su imperfección humana continuaron
con la tradición del escepticismo moral. Entre ellos, algunos, sobre todo Stendhal y
Thackeray, mantienen viva la escuela de la ironía, que aprovecha el método del
arraigo para subrayar la arbitrariedad, la ligereza y la vanidad de las razones que
impulsan a los hombres a actuar, lo que lleva a relativizar la pertinencia del
determinismo sociológico e histórico. Otros como Jane Austen, crean lo que podría
llamarse la escuela de la empatía, cuyo principal objeto de estudio es la incertidumbre
de la comprensión de sí mismo y de los otros…

(Pavel, 2003, p.145)

La escuela mencionada, ironía, jugaba con la ridiculez del ser humano y sus
intentos infructuosos para con sus objetivos.
Para Cartas de una turista, y debido a su género epistolar, la llamada escuela
de la empatía resulta más adecuada; esto porque resulta que Jane Austen,
recupera atributos de lo que se llamaba la novela corta, que ahondaba en
conflictos de alcance limitado, un grupo pequeño en constante interrelación,
tanto como en la epístola. Ese límite hace que se pueda involucrar más con los
personajes a nivel introspectivo. Por ello, a obra de Cabotin se adecúa un tanto
a la literatura de Jane Austen; por supuesto, no se puede afirmar que el escritor
peruano y su literatura sean influencias austenianas.

Las banalidades son expuestas en Cartas de una Turista. Pavel afirma que
Jane Austen examina detalles minuciosos y las vacilaciones de los personajes.
Los errores y las malinterpretaciones están a la orden del día en la novela así
como los problemas morales. Gladys y Annie son mujeres de una sociedad
europea, una sociedad más abierta, con menos límites morales en
comparación a la sociedad de Trapisonda. Trapisonda es una ciudad que
adquiere elementos de Europa, como cines y casinos. Sin embargo sólo tiene
pequeñas partes y occidente y no sabe utilizarlos. La gente es retratada como
demasiado presuntuosa de un pedacito un elemento que no es nada en
comparación con un todo, un gigante como es occidente. Los habitantes de
Trapisonda son más conservadores, o mejor dicho están más atrasados
normativamente. En un todo en conjunto el lugar y sus habitantes, la elite
limeña, se asemeja a un niño malcriado y mimado que presume una paleta
(casino, cine, clubs,…) al niño pobre que es el pueblo; se regocija este niño
creyendo que lo tiene todo y que es grande con ello, pero frente al adulto que
es occidente no es nada. En la novela, Gladys nos presenta una clase
acomodada, ella se sorprende con la ciudad, pero no deja de criticarla a la par
que narra su gusto por su estancia ahí. Y aunque Gladys narra acerca de los
lugares no pareciera darle tanta importancia puesto que ella viene de
Occidente; y todo lo que encuentra en Trapisonda ya lo vio antes, pero en buen
estado y funcionamiento, no como en Trapisonda que sigue pareciendo un
pueblo que le da cierta calma también.
Así también sucede en la vida. Se llega a un país nuevo, en el que todo –
Carácter, raza, costumbres, apariencias- choca y desconcierta. Durante los
primeros tiempos, se vive en una continua desazón, con la nostalgia de la
patria y de los seres amados, con la desconfianza de cuanto nos rodea y con el
temor de disonar, por nuestro aspecto, usos y maneras, en ese medio que nos
es extraño.

(Cabotin, 1905, p.50)

Por un lado la angustia pero por el otro la crítica al pueblo que es desordenado
y abandonado que no sabe de trabajos de botánican que tiene lugares lúdicos
que no sirven realmente:

En trapisonda, sólo dos grandes avenidas paralelas que dividen a la población en toda
su amplitud, merecen el nombre de calles. En ambas, al pie de las rústicas veredas de
viejos tablones, extiende una doble hilera de hermosos árboles, de copa ancha y
polvorienta. En esta comarca, donde se acostumbra podar el árbol hasta dejarlo
desnudo, como un poste telegráfico (…) Las otras vías son callejuelas hechas mal
pavimentadas, en las que las casas chatas, incomodas, de arquitectura presuntuosa y
mezquina al propio tiempo, se apiñan unas contra otras y parecen disputarse el sitio
(…) Como te he dicho que este es un balneario, el mejor y más elegante del país, ya
ese magín alborotado que se encierra en tu gentil cabecita rubia se habrá echado a
fantasear, y recordando Brighton y Troulle, sueña, sin duda, con casinos y
restaurantes, con bailes y paseos, con orquestas y flirts. Pues no, señorita, aquí nada
de eso estila.

(Cabotin, 1905, p.30-31)

Es como dice la cita, te puedes imaginar que hay estás cosas, pero cuidado
que esto lo encuentras aquí pero no se usa del modo en que se usa allá por
donde vivimos. Te decepcionarás mucho, por eso quiero que entiendas como
es este lugar. Podrías emocionarte y venir tan sólo para levarte chascos.
Probablemente Annie es más superficial y de vida más lúdica que Gladys. No
comprendería cómo funcionan las cosas en una tierra tan lejana como
Trapisonda.
Según lo que se puede entender, Gladys es empática con su el narratario pero
no con el entorno que no comprende, un entorno bastante caótico. La
concentración así como la interiorización de un conflicto, lo banal del medio
presentado, el juego entre comprenderse y no comprender a otros (Pavel,
2003)

En la novela encontramos el tema del malentendido entre el ser humano y el


entorno y con otros seres humanos, la dificultad de entender este lugar caótico
de Trapisonda así como personajes como Lucila, muy conservadora, más
recatada, no aficionada a los flirteos como Gladys y seguramente Annie.
Entiendase del flirteo que es una conquista pasajera, un amorío temporal sin
compromiso alguno, sin miras hacia algún futuro establecido. El mundo de
Lucila, las normas por las que se rige es más panóptico, por decirlo de algún
modo; tiene temor del que dirán y además en esa sociedad es más cruel la
censura, una sociedad más hipócrita que la de Gladys. Esta pared que es la
dificultad de entenderse unos a otros es la principal generadora de conflictos.
Si bien en un mundo donde la norma moral es la que controla sus movimientos
e interrelaciones, peor aún si este mundo es pequeño se segura mayor
homogeneidad de los valores de su norma. Tenemos entonces, que la
dificultad de entender al otro es debido a una obstinación de un individuo, su
falta de voluntad es causa de la vanidad (Pavel, 2003). Sin embargo eh de
decir que aquí ocurre todo lo contrario a lo que dice Pavel cuando da ejemplo
de lo característico de la narrativa Jane Austen. En Cartas de una Turista,
tenemos una Trapisonda que se asemeja a la sociedad Trapisondina, una
sociedad vanidosa eh incapaz de entender a otro, como es el caso de Gladys.
Trapisonda se regodea en su aristocracia, tiene pedacitos de occidente pero no
los utiliza porque no sabe hacerlo. La sociedad de Lucila se jacta de ser muy
Europeista, de ser lo último en tendencia de las élites. Sin embargo es más
como una vieja nueva rica, que consigue las cosas más extranjeras y caras, no
importando que sea, si sabe usarlo o no, la meta es tener y presumir, pero no
ser. Y es que eso es Trapisonda sus normas son antiguas por eso Gladys la
define como “comarca”.
Una Comarca es un territorio pequeño, menor en tamaño a una región, pero y
de igual modo es homogénea por factores diversos, podríamos considerar
factores naturales como también históricos debido a demarcaciones. Así es
como Trapisonda es realmente, un pequeño que se pretende homogéneo a
occidente pero sólo es homogéneo a sí mismo en su desorden. Pretende ser
pero sólo queda en pretensión. Trapisonda a pesar de ser un pedacito de
nación es homogéneo al desordenado país en que se encuentra una turista de
paseo. Aunque el autor no lo dice explícitamente hay una escena que define
perfectamente esa falta de comprensión al modelo que quieren copiar y que a
pesar de tener de buena mano a una especie de occidente no hacen sino
cerrarse en un capullo de hipocresía.

-¡Ay, hija! Yo no sé qué tiene estas gringas; pero siempre se salen con la suya. Gladys
es muy astuta y muy práctica y ha sabido maniobrar en tal forma, que ah mareado por
completo a nuestro pequeño Metternich.

-Buen chasco se lleva él. Porque, a primera vista, es pasaderilla; pero fijándose bien…

-Fijándose bien no vale nada. Ante todo, es pecosa (…)

-Y los ojos.

-Y los labios (…)

-Y no es distinguida.

-Eso sí, a coqueta nadie le gana. Se ha burlado a sus anchas de Egúsquiza, de


Perengánez y de Rebenque.

(Cabotin, 1905, p.86-87)

Esta escena pinta una historia que se repite desde hace mucho tiempo en la
historia del Perú y de Enrique A. Carrillo, del entorno en el que vive. Las
personas se admiran y creen justificados todos sus actos y tanto autor como el
personaje extranjero son los que tienen otra perspectiva, del mismo modo el
lector virtual y el lector real lo percibe.
En Representar la existencia, Thomas Pavel, más específico, en el subtema
sobre La naturalización del ideal. Es sobre Jane Austen y su literatura que
aborda la empatía.

No es casual, por tanto que uno de los temas más importantes de las novelas
de Jane Austen sea la dificultad de unir una apreciación justa del valor del
prójimo al respecto de su autonomía. Cuando seducidos por la empatía, nos
arriesgamos a sobrevalorar a nuestros semejantes, la distancia crítica resulta
saludable, y recíprocamente, cuando nos imaginamos, seducidos por la
distancia crítica, que comprendemos mejor el interés del prójimo que él mismo,
la empatía nos recuerda que cada uno tiene derecho a decidir su destino.

(Pavel, 2003, p.256)

Gladys no nota las normas de Trapisonda y cree saber lo que piensa el resto
sobre ella. O que entienden su punto de vista, pero resulta fallido en más de
una forma de expresión, como en la escena en que Rebenque le hace
consciente, mediante varios actos, que está enamorado y quiere algo más
formal. El gracioso Cardoso también hace su escena porque está incluido en
los que conquista Gladys. Flirteo. Pero de estos flirteos sólo ella es consciente
del valor que tienen mas no los hombres que la cortejan. Ella no puede decidir
sus destinos ni ellos el de ella. Estos hombres que toman en serio a la mujer no
descubren las razones de esta. En un primer momento todo es divertido pero
conforme sea más neblinoso el asunto del flirteo se hace más difícil
comprender lo que alguien quiere realmente, y una situación que pasa por
ordinaria podría resultar en desastre. Inesperadamente, los detalles más
simples se transforman en señales alarmantes y por eso tanto Rebenque como
Cardoso llegan a increpar a la extranjera. Aquí hay que recordar nuevamente
sobre la normatividad de las sociedades. Todos los hombres de cultura, de una
sociedad, asumen que sus normas son universales, dese la más mínima y
nimia norma moral o no hasta la más importante. Esto hace que se generen
choques culturales y sociales muy fuertes y graves entre individuos de distintas
dimensiones.
En otros desarrollos más profundos acerca de la empatía y el entendimiento del
prójimo se puede hablar de las obras de Walter Scott.

Más tarde, con el desarrollo del método de Scott, la novela trata de profundizar en el
conocimiento de los principios que gobiernan el comportamiento de las comunidades
históricas o étnicas. En conformidad con el método historicista, en adelante esos
principios se buscan en un nivel más profundo que el de las máximas explicitas que
gobiernan el comportamiento de los actores. El valor, la cortesía, la hospitalidad de los
montañeses escoceses, así como su espíritu impulsivo y caprichoso, tiene su
justificación en el estado social arcaico en el que se encuentran, y sólo el hecho de
frecuentar a esas gentes permite al extranjero aprehender tales rasgos y sus causas.

(Pavel, 2003, p.259)

La historia del Perú así como de Trapisonda, que no es otra que basada en una
ciudad en particular de esta nación, está construida con soportes no
geométricos, no euclidianos. La nación que visita Gladys es una nación
incongruente históricamente. Un país falto de tradiciones, inclusiones, que no
desarrolla una cultura unida como la que menciona Pavel sobre la hospitalidad
de los montañeses escoceses, personajes de Scott. La turista de Carrillo se
encuentra en un país donde todo es fragmentado y sin armonía; que trata de
parecer a occidente sólo en apariencia lo que hace que fracase, porque no es
parte suya ni es convertido a suyo sólo es algo que se compra y se pone como
en un estante. Se asemeja a un coleccionista descontrolado, que no entiende
el origen de procedencia y esencia de lo que ha conseguido. Lo entendemos
cuando Gladys describe a Annie la ciudad. Hay partes de donde vienen pero
están abandonados, mal cuidados y roídos. Si ponemos como ejemplo más
real y factico así como reciente, el Boulevard que llegó en los noventas al Perú,
se promocionaba como lo nuevo y al que la gente linda de Lima iba porque eso
era estar a la moda y presumir de ser empoderado hasta cierto punto. Lo que
no notaban y siguen ignorando hasta ahora con otras cosas que traen como
exclusivas y novedosas de occidente es que ya existen por montones y no
tienen importancia allá.
Conclusiones

- No es lo mismo lector virtual que lector real.


- La novela epistolar tiene se inició con la crónica.
- El narratario está en el mismo plano del narrador.
- La novela epistolar siempre remite a un pasado reciente y confluye
constante con un presente que igual que el primero no suele estar
definido pero sí percibido.
- En la novela epistolar lo que prima es lo subjetivo, porque cuenta
eventos recientes.
- No se refiere en la novela epistolar a un pasado más distante, porque se
analiza y se objetiva, y se entra en terreno discursivo, pierde su atributo
epistolar.
- La introspección también se encuentra presente pero no tanto como
análisis objetivo sino expresión de sentimientos.
- La obra de Enrique A. Carrillo, combina la lírica poética con la novela
epistolar a un nivel singular.
- En la novela, se plasma cuan fragmentada es la ciudad de Trapisonda,
ejemplo del Perú.
- La empatía de un ser en otro entorno es lo que suele fallar, los choques
culturales comienzan por ahí.
- El ser humano asume una normatividad universal lo que le genera
problemas.
- Los personajes, habitantes de Trapisonda, son tan nimios como la
ciudad en la que viven.
Estado de la cuestión

Enrique A. Carrillo nación en Lima en 1876. Fue autor de cuentos, poemas,


crónicas, traducciones y ensayos, los que firmó con el seudónimo de Cabotin.
Con el que pasará a la posteridad con ese sobrenombre. Es en 1905 que
publica Cartas de una turista, una novela en la que intenta ironizar sobre la
sociedad limeña de comienzos del siglo XX. La obra ha sido considerada un
hito importante dentro de la narrativa peruana y para algunos críticos, marca el
comienzo, para muchos, de la novela peruana moderna. Sin embargo, no es su
único trabajo. Dentro de sus obras tenemos La traición de claro de luna o
Momento musical, a su vez otros trabajos como cuentos; pero su fuerte está en
la crónica quizás la razón más importante de que Cartas de una turista saliera a
relucir, según lo que se dice en la edición especial de la Pontifica Universidad
católica del Perú, que reunió sus obras, era un excelente cronista por eso fue
perspicaz e incisivo a la hora de observar y retratar la sociedad limeña. Por otra
parte, escribió artículos en Actualidades, La razón y Mundial. Sus mejores
textos los reúne en 1915. Dentro de su obra ensayística un prólogo escrito para
un segundo texto de José María Eguren. Por otra parte, Carrillo era también
poeta, razón por la cual esa característica está dentro de Carta de una turista;
La canción de las figuras, es quizá de sus mejores trabajos junto con Ápice el
conjunto de su poemario. La obra epistolar, Cartas de una turista, como bien lo
señala Miguel Ángel Rodríguez Alba, está situada en el balneario de Chorrillos.
Lugar donde Cabotin fue testigo de las costumbres de la aristocracia limeña
cuando pasaba el verano. Para Carlos Eduardo Zavaleta, la novela epistolar
tiene una trama rica en matices psicológicos y define claramente la ñoñería
tonta, desfalleciente que se presume de vital, y llega a ser cansina hasta el
cansancio para la protagonista. No existen mayores estudios de esta obra
epistolar en un sentido más estructural. De sus otras obras hay más
información pero no con un grado de análisis profundo.
Introducción

Carta de una turista no presenta a Gladys una extranjera Londinense que llega
al balneario de Trapisonda, que en palabra de José Eduardo Zavaleta no es
otro que el balneario de Chorrillos que antaño recibió a la aristocracia limeña y
que resulta siendo una fuente fundamental para retratar ese entorno tan
superficial y asimétrico así como hipócrita. La obra está escrita a modo de
epístola, la especialidad de Carrillo era la crónica por lo que hace un trabajo
profundo del género. Por ello parece importante para este trabajo analizar la
obra desde un punto estructural para así entender como está construida, valga
la redundancia. Por ejemplo, aclarar la diferencia del escritor, el narrador, y el
narratario. La hipótesis que se maneja es algo ya expuesto por Gerard Genette,
pero que se aclara mejor aplicando su teoría planteada en Figuras III en la
novela y su género se presta para hacerlo. También explicar un poco de cómo
está establecido en respectivos planos que aparecen en las novelas de ese
género. Del mismo modo, explicar acerca del lector virtual y del real. Por otro
lado, en el siguiente análisis de la obra, se tocarán puntos más sociales y ya no
tan estructuralmente narratológicos. Esta siguiente hipótesis lo que quiere
exponer es acerca de las interrelaciones entre individuos de diferentes
sociedades y naciones, con normas distintas y como esto genera conflictos. Al
tener un concepto distinto de normas los individuos chocan inevitablemente.
Thomas Pavel hace notar este problema en su libro Representar la existencia,
el pensamiento de la novela; en una parte de ella aborda la literatura de Jane
Austen que ayuda bastante a entender cómo se plasman los sentimientos de
empatía entre individuos con distintas normas y si llegara a ser reconciliable.
También queda aclarar acerca de la formación de sociedades y si estas están
en condiciones de hacerlo. La aristocracia limeña es retratada en la novela, y
su asimetría en cuanto a los lugares que visitan y personalidades. Lo que a fin
de cuentas es claro es el choque de culturas.
Capítulo I
Capítulo II
Bibliografía

-Genette, Gerard. Figuras III. Barcelona: Editorial Lumen, 1989.

-Hamburguer, Kate. La lógica de la literatura. Madrid: Gráficas Rógar, S. A.


1995.

- Lodge, David. El arte de la ficción. Barcelona: Ediciones península, 2015.

-Pavel, Thomas. Representar la existencia, el pensamiento de la novela.


España: Crítica, 2003.

-Pontifica universidad Católica del Perú. Miguel Ángel Rodríguez Rea. Enrique
A. Carrillo (Cabotin), Obras reunidas. Lima: PUCP, 2007.