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Zapata, Mariana 1

Literatura Argentina I – 2018

Trabajo práctico N°3: Las retóricas del cuerpo

Aborde los usos del cuerpo en algún texto de la última unidad del programa.

El cuerpo como depositario de la violencia política


Durante la década de los 70 en nuestro país tienen lugar diversas formas de violencia
política, como el operativo independencia.

Durante la dictadura se ejerce la violencia estatal, paraestatal y cultural. Numerosos


escritores fueron perseguidos, censurados y exiliados. La escritura se convirtió en un
espacio de resistencia. Piglia en Respiración artificial recurrió a un nivel de encriptación
muy alto. Estas escrituras de la dictadura funcionan como testimonios y documentos de
memoria colectiva para restaurar la democracia.

Luego de horrores como las guerras mundiales y los gobiernos de facto, el lenguaje es
limitado por traumas de los cuales los seres humanos no pueden hablar.

Estos testimonios de violencia y desesperación son encarnados por Eva y sus compañeras
del centro de detención, que toman la voz y ponen el cuerpo a la lucha. Eva es una parte del
todo, la transgresora bíblica que abre el camino al resto. El cuerpo de su hijo desaparecido
testimonia ciertas prácticas dictatoriales.

En la novela, se enuncian varias de estas formas de violencia política al cuerpo, de forma


implícita:

(…) “agresiones gratuitas que debilitaron su autoestima” (…) en pleno auge del gobierno militar
(p.36) (…) como no cumplió con dicha promesa, se habría visto “envuelta en toda clase de
desgracias” (p.77) “…hacían con las zurdas lo que se les venía en gana” (p.92). (…) “a las que
teníamos cara de judía nos pegaban más” “pretendieron obligarla a muchas cosas pero no
pudieron” (p.94).

Cuando estábamos en Campo de La Ribera lo único que quería era que ese horror terminara de
una vez (…) A veces me gustaría saber que piensa Dios de todo esto (p.136).

O de forma explícita:

(…) “los días horrorosos en aquel chupadero” (N. del I.: se refiere al centro clandestino de
detención conocido como Campo de La Ribera) (p.79). De todo lo que le ha sucedido a Eva en la
vida, y (…) lo que más dolor le provoca es (…) haber tenido un hijo y no saber dónde está, ni
tampoco si está vivo o muerto (p.85). (…) “las quemaduras” (N. del I.: se refiere a las que, según
manifiesta, le hicieron en los brazos y también en los senos), y dice también que alguien le tomó la
mano, “se la llevo a la bragueta” (…) e hizo que la tocara (p.85). (…) “imagínese usted la mierda
de veinticinco personas en un tacho…todavía hay noches que sueño que me obligan a olerlo”
(p.88).
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Rubén Guerra, médico vinculado al Ejército, que atendía durante los años 1976 a 1979 los partos
de las detenidas en una maternidad clandestina y está sospechado de colaborar en la sustracción
de bebés (p.91).

(…) “quieren ahogar a alguien (…) Le estaban haciendo el submarino seco (…) Morir ahogado es
mejor que morir asfixiado (…) de esa forma (...) me sacaron información sobre Ernesto
(p.110)…me apretaron y no pude más, pero eso no es colaborar, usted sabe bien que colaborar es
otra cosa (p.111).

También se alude a otras formas de violencia durante la dictadura:

(…) “primero creí que había muerto, hasta que se supo lo del plan y se empezaron a denunciar los
robos, y entonces empecé a pensar que a lo mejor estaba vivo… (P.87).

(…) libros que (…) se salvaron de las quemas realizadas en los años 1975 y 1976 (p.98).

(…) algunos puntos referidos a su detención y permanencia en cárceles clandestinas (p.109).

(…) cuando salió, todo fue diferente, se volvió miedosa, insegura, hasta un punto increíble, y
también (…) desconfiada (…) y silenciosa (…) ya nada le importó demasiado (p.121).

(…) “Por qué mejor no nos liquidan, en lugar de tenernos aquí…” (p.124).

(…) incluso más allá de estallada la Guerra de Malvinas (p.131).

El cuerpo como metáfora de la sociedad


La mujer en cuestión de María Teresa Andruetto es una narrativa pos dictadura que
recupera la memoria y milita desde las políticas del olvido. Este tipo de novela memo-
genética tiene un compromiso con la memoria colectiva. Problematiza la cuestión histórica
que tras la caída del positivismo da cuenta de una verdad parcial, fragmentaria, múltiple y
relativa.

Estas novelas de los 70, 80 y 90 emplean diferentes estrategias de reescritura de la historia,


poniendo en crisis el discurso oficial y evidenciando aquello que se intenta ocultar. Estos
relatos de los vencidos recuperan la oralidad y permiten polifonía y pluralidad de voces.

Entre las estrategias de reescritura se apela a la hibridación genérica. La mujer en cuestión


oscila entre el testimonio, la entrevista y el informe policial. Se parodia el género informe y
el género reflexiona sobre sí mismo, algo frecuente a partir de la década de los 80. La
novela de Andruetto se enuncia desde la escritura femenina marginal, narrando un estado
de excepción donde la moral se halla suspendida porque el principal objetivo es sobrevivir,
se produce una ruptura del tejido social, una fragmentación que se traduce como metáforas
del cuerpo.

Eva es una parte del todo. En el aspecto social, esto significa que ella es una parte de un
conjunto de personas que compartió sus mismas experiencias y estructuras de sentimientos.
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Esto se evidencia en varias partes de la novela, donde las vivencias de Eva pueden
trasladarse al resto de la sociedad, que comparte sus mismos sentimientos y experiencias:

(…) se podría decir (…) que a la mujer en cuestión, durante aquellos años (…) las cosas no le
fueron del todo bien (p.20).

(…) el profesor Milovic “le pidió” (…) “que se acostara con él” (p.69) (…) Eva le confesó que ella
se creía capaz de todo por su marido (…) “(…) ahí le dijo que las noticias que tenía no eran
buenas, y se despachó con que Aldo había muerto” (p.71).

(….) dicho profesor había comandado un campo de concentración serbio-croata (p.72).

(…) vive desde hace años al margen de las iglesias y los cultos (…) también al margen de la
sociedad (p.102). (…) “insultos de comunista y de puta” (…) de “hija de puta y cagadora” (p.108).
“El caso Eva” (p.115). (…) a ella la habría delatado (…) un sacerdote próximo a la familia de
aquel, a quien habría ido a consultar, en confesión, sobre el destino de su primer marido (p.113).

(…) conoció a Eva en Campo de La Ribera, la volvió a ver en un casamiento después de haber
salido de prisión y se enamoró de ella (…) botón y chupamedias (…) parece que fue su ex marido
quien la llevó “por soledad o desesperación “a hacer lo que jamás hubiera hecho (…) desembuchó
(p.117). (…) él que es un verdadero hijo de puta, la usó como le dio la gana (…) es un arribista
perfecto (p. 118).

(…) estaba muerta de hambre (…) ella había perdido todo (…) Aldo y el bebé (…) estaba muerta de
miedo…yo creo que todo lo que hizo después de que salió de la cárcel lo hizo por miedo (p.120).
La novela recoge, a su vez, rumores sociales y discursos que se replican actualmente:

(…) se hace necesario consignar cierta información a favor y en contra de la existencia de un hijo
de Eva (…) porque el hijo en cuestión no era de su primer marido o porque (…) ese hijo solo
existió en el delirio de Eva (…) También cabe la posibilidad de que el hijo de marras haya nacido
en el centro clandestino de det4nción en el que estaba retenida Eva (p.40/42). (…) la mujer en
cuestión se ha acostado con no menos de cinco hombres (p.51) (…) la posibilidad de que ese hijo
no haya sido engendrado por Aldo Banegas, y que por esa razón Eva lo hubiera rechazado de
plano (p.89).

(…) la calificación de “bolche” o comunista (…) eran, por entonces, motes peligrosos (p.44).

(…) “apoyar a una comunista, eso nunca. Decía mi marido (…)” (…) Eva le pidió que la dejara
esconderse en su casa y ella le dijo que no era posible (p.60/61). (…) “esa manga de comunistas
ateos” (p.67). (…) nosotros siempre pensamos que los militares eran buena gente (…) no sé por
qué le habrá pasado eso al muchacho de los Banegas, algo habrá hecho (…) porque a nosotros
nunca nos molestaron (p.123).

(…) hizo como pudo (…) cada uno de nosotros hizo como pudo (p.130). “tuvimos que pasar lo que
no está escrito y seguir viviendo” (p.136).
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Se instaura la escritura como espacio de resistencia: Eva escribe y ese acto constituye “su
fiesta secreta, una de las pocas alegrías que se ha permitido en los últimos años” (p.80/81).

El cuerpo como dispositivo generador de significaciones


El cuerpo de Eva es un cuerpo semiótico, una maquinaria discursiva. Andruetto cuenta en
su novela la historia de Eva, quien remite a otras Eva, como la de Walsh en Esa mujer. El
informante se refiere a Eva como la mujer en cuestión, omitiendo el uso del nombre propio,
porque se trata del objeto a caracterizar, el sujeto se vuelve objeto.

A lo largo del relato el informante se va topando con numerosas verdades porque cada
sujeto tiene su propio conocimiento de Eva. Eva significa algo distinto para cada sujeto:

Si Eva no se hubiera llamado Eva, tal vez “hubiera sufrido menos” (p.21).

Eva se llamaba Eva (…) nació en 1952, poco después de la muerte de María Eva Duarte de Perón,
en el período de mayor idealización de su figura (p.24).

Eva ha visto, con razones o sin ellas, comprometido una vez más su nombre (…) su padre le decía
con frecuencia “tenés que cuidar el buen nombre que te di” (p.28).

(…) una persona es en realidad muchas (…) y el sujeto en cuestión es visto (…) como si se tratara
de sujetos distintos (…) podría llegar a parecer que no estamos hablando de una sino de muchas
personas (...) quien redacta este informe tiende a considerar que han existido tantas Evas como
testigos la nombran (p.32).

(…) “edificó sobre si un personaje (…) dijo no saber lo que sabía, olvidó lo que había que olvidar,
inventó (…) nombres y lugares” (p.94) “nadie sabe que siente Eva (…) no siente nada (…) cambios
que ha tenido que hacer para seguir viviendo” (p.95). (…) es probable que Eva se haya convertido
en una asceta (…) que rece por las noches (…) ha eliminado las cosas superfluas de su vida (p.96).

La novela deja en claro que la verdad está fragmentada y evoluciona a lo largo del tiempo:

(…) él no era una mala persona, como algunos quieren hacer creer ahora (p.104/105).(…) parece
que (…) tuvo alguna participación política antes del golpe (…) (p.107). (…) saben que se adhirió,
en la universidad, a una organización peronista (…) lo demás son rumores (p.127).
En este sentido, podemos pensar cómo se modifica la memoria de un relato a medida que es
narrado, como sucede en el caso de los recuerdos de la propia Eva, que agrega sus propias
sensaciones a los hechos ocurridos:

Eva Mondino tuvo un hijo (…) de Aldo Banegas (…) del profesor Milovic o de un individuo
influyente en Campo de la Ribera (…) murió al nacer “una noche fría, la más fría y oscura del
mundo” (…) ella no buscó porque le dijeron que había muerto (…) nunca más supo (p.134).
Desaparecido Aldo (…) perdida la pensión (…) subsiste de lo que cosecha (…) Eva es (…) feliz.
(p.135).

ENTREGADO 19/02/19

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