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Análisis terminológico y relacional entre conducta y comportamiento

Toda actuación es conducta y también toda actuación es comportamiento (Limón,


2004). El límite entre la conceptualización de estos términos en cuanto a
ambigüedad o bien, en la posibilidad de incurrir en una anfibología (si podría ser el
caso en estas circunstancias extralimitadas que escarolan la heterogeneidad de las
posturas en el campo de la psicología), desembocaría, indiscutiblemente, en la
necesidad de determinismos incautos y de sesgos dogmáticos filiados a corrientes
vituperantes, que terminan, en un estricto sentido terminológico, acertando en
puntos conciliadores.
No se puede pensar en una sinonimia entre conducta y comportamiento, no es
posible, ni etimológicamente ni en la practicidad conceptual, ni siquiera en su
aplicación original en las ciencias naturales o su aplicación evolutiva y que le dio
sentido a la ciencia de la psicología. Delgado & Delgado (2006) se acercan a una
definición de conducta entendiéndola como todas aquellas manifestaciones que son
conducidas debido a una comprensión dentro de sí, por algo que pudiera ser de
carácter interno o externo. Esto implica que la conducta puede ser guiada por las
estructuras biosíquicas de cada ser humano, así como por la influencia del ambiente
que contiene un sinnúmero de elementos que contribuyen en el complejo desarrollo
de respuestas en actos, tales como el medio social, la cultura, el lenguaje, etc.
Limón (2004) asume que “la conducta es un hecho natural en la vida psíquica;
constituye el aspecto externo, funcional, de toda la estructura personal. Es el
conjunto de manifestaciones propias de la persona o sujeto, originadas de su peculiar
y sustantiva estructura individual” (pág. 38). Hasta este punto está ya ampliamente
especificado que la conducta es un acto particular, individualizador, que contiene el
desencadenamiento de una serie de elementos psíquicos que determinan la
actuación del sujeto. Rubinstein (1967) añade que “…la conducta de las personas está
determinada no solo por lo que se halla presente, sino, además, por lo que se halla
ausente en un momento dado; está determinada no solo por el medio próximo que
nos rodea, sino, además, por acontecimientos que acontecen en los rincones del
mundo más alejados de nosotros, en el momento presente, en el pasado y el futuro”
(pág. 330). Esta idea de Rubinstein añade complejidad a la noción de conducta, pues
considera que las ausencias o carencias, en forma de necesidades condicionan en
cierto modo las respuestas conductuales del ser humano, por lo que implica, en
muchos casos, actos reflejos, innatos, reaccionarios, mediáticos, irracionales o poco
consientes, sin ser estrictamente estas connotaciones fenómenos invariables y
totalizadores, pues en general, la conducta está ligada a la función del pensamiento
consiente como respuesta al condicionamiento del psique al medio, por lo que, en
términos generales, el medio actúa como estimulante, al igual que las características
psicobiológicas, pero es, en la mayoría de ocasiones, en el cerebro, respecto a
funciones superiores como el inconsciente y las funciones ejecutivas, en donde se
podría hallar el control de mando de la conducta humana.

En cuanto a comportamiento Galarsi, Medina, Ledezma & Zanin (2011) lo entienden


como “un proceso estrictamente físico, registrable y verificable, que consiste,
precisamente, en ser la actividad por la que un ser vivo mantiene y desarrolla su vida
en relación con su ambiente, respondiendo a él y modificándolo” (pág. 99). La
delimitación al acto motor como esbozo de lo que podría ser el comportamiento
humano es quizá muy simplista, lo importante en esta definición es entender este
término como un proceso que conlleva a la transformación del ambiente a través de
un acto relacional en donde confluyen una serie de elementos del ser humano que
amplifican la multiplicidad de respuestas frente a los estímulos internos y externos
del sujeto, por lo que el comportamiento es menos instintivo y mucho más consiente
y racional, el sentido volitivo marca la trascendencia de la actividad humana.
Cobo (2003) argumenta que “el comportamiento de los seres humanos no depende
ni del pasado, ni del futuro sino del espacio psicológico real y actual, donde se
desenvuelve la vida del individuo, el cual está relacionado con las necesidades del
mismo” (pág. 120). El argumento de no dependencia de un contexto histórico del
comportamiento podría estar centrado en un asunto existencialista, pensado en la
inmediatez de la vida del ser humano y su orientación hacia la consecución de sus
logros, por lo que, podría entenderse que el comportamiento es quien determina, en
el momento exacto, la consecución de ciertos objetivos fundamentales y
minimalistas que le dan sentido a la existencia, por tanto, buenos comportamientos
conllevan a la obtención de satisfacción personal, virtud o plenitud del ser
(autorrealización) y malos comportamientos producen sensaciones opuestas. He
aquí la gran diferencia entre conducta y comportamiento: podría pensarse entonces
que la conducta le compete a la psicología y que el comportamiento le compete a la
moral, a la ética, a la axiología…
Limón (2004) expone respecto al comportamiento que “representa éste, el ejercicio
de la autonomía personal, de la posesión de una capacidad para autodeterminar,
cada uno, sus acciones, pues el propósito del sujeto se plasma en acciones
controladas por la voluntad (fuerza volitiva), siendo consecuencia de un
reconocimiento previo, de una disposición afectiva anterior a la actuación” (pág. 14).
En este sentido, el comportamiento resulta ser impredecible ante los ojos de un
psicólogo, y varía significativamente de sujeto a sujeto, incluso en las mismas
condiciones, bajo los mismos estímulos y en el mismo contexto histórico, pues va a
depender, en un alto grado, de la voluntad propia del individuo, de su personalidad,
de su desarrollo psicológico, cognitivo, social y afectivo. He aquí la segunda gran
diferencia, la conducta es predictiva y más frecuente por su alta influencia del medio
social en la psique, el comportamiento podría resultar siendo un acto más racional,
más calculado, más consiente y, por esto, menos predecible.
Como conclusión, Delgado & Delgado (2006) esbozan claramente la relación, y por
tanto una diferencia sustancial entre estos dos conceptos: “el comportamiento es
expresión de la personalidad, mientras que la conducta no siempre manifiesta los
contenidos personológicos, poseyendo un carácter más respondiente y otorgándole,
por lo tanto, un papel más pasivo al sujeto”.
Analizados los términos conducta y comportamiento, se proponen los siguientes
ejemplos elegidos en el contexto educativo de educación primaria, debido a que es el
campo de acción profesional en la que me desempeño como docente. La disposición
es la siguiente: Contexto, acto, conducta, comportamiento.
El aseo del salón
 Barrer
 Mover la escoba de un lado a otro
 Barrer de adentro hacia afuera con movimientos uniformes, sin dejar basura.

Dictado de un texto
 Escribir
 Tomar el lapicero con los dedos índice, pulgar y corazón y hacer las grafías.
 Escribir con rojo los títulos y subtítulos, hacerle corazones en lugar de puntos
en la vocal i, dejar renglón siempre.

Un compañero molesta a otro


 Pegarle a un compañero
 Regresar el golpe
 Poner la queja al profesor por la agresión.

La oración
 Rezar
 Ponerse de pie para rezar
 No rezar por pertenecer a una iglesia protestante y salirse del salón mientras
los demás rezan el “Padre Nuestro”

No hacer la tarea en casa


 Mostrar la tarea
 Mentir diciendo que se le quedó el cuaderno en la casa
 Hacer la tarea en descanso antes de que sea esa clase

Respecto a las preguntas, las consideraciones que me vienen al caso son las
siguientes:

¿Cuáles son las principales influencias sobre nuestras acciones?

Ballester & Breva (1997) argumentan que “De un modo muy general, podemos
considerar que la conducta humana se puede predecir atendiendo a factores
psicológicos y sociales. Por lo que se refiere a los factores psicológicos, podemos
diferenciar entre características afectivas (ej. estados de ánimo y emociones) y
cognitivas (ej. creencias y expectativas). Por lo que se refiere a los factores sociales
(ej. redes y normas sociales)” En este caso, lo afectivo, lo cognitivo y lo social son
considerados, por las autoras, como los aspectos que más influyen en la conducta
humana.

¿Al actuar, seguimos patrones designados previamente o


improvisamos?

Desde mi punto de vista no creo que haya algún tipo de conducta humana
improvisada, ni siquiera haciendo una consideración de algún tipo de patología
como una psicopatía, una psicosis o una esquizofrenia. En estos casos, por ejemplo,
una disfunción a nivel cerebral es quien determina el comportamiento errático y
asocial.

En general, toda conducta humana sigue un patrón previamente designado, como


mencionan las autoras en el punto anterior, lo afectivo, lo cognitivo y lo social son
los responsables de que todo comportamiento humano sea mecanizado o responda
a un modelo o esquema fijo. Cuando se habla de un acto inconsciente, por ejemplo,
o un acto involuntario, en casos como algún tipo de disociación o estados de
sonambulismo, podría haber un mayor cuestionamiento, debido a que no se siguen
unos parámetros de comportamiento ya sea patológico o racional, porque parece ser
que el que actúa no es el sujeto en sí mismo, aunque cabria el cuestionamiento si, a
fin de cuentas, las fijaciones, pulsiones, memoria y demás, influyen en el
comportamiento en estados de completa nulidad. O bien, cuando se habla de actos
inconscientes o involuntario en un estado consciente, como por ejemplo golpear a
un ser querido por un impulso de rabia y pretextar irracionalidad, tendría siempre
la connotación del patrón emocional y social. Casos como la cleptomanía, las fobias,
los delirios, ataques de ira, etc. Que parecerían caber dentro de las exclusiones, no
podrían, pues la conducta en sí, desde una corriente muy psicoanalista, tiene un
origen, la cuestión en estos casos, sería hallarlo.

¿Por qué a veces nos cuesta trabajo entendernos con los demás?

El término clave en este punto es la empatía, López, Filippetti & Richaud (2014)
definen este término como “la capacidad de comprender los sentimientos y
emociones de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar. Es una
habilidad indispensable para los seres humanos, teniendo en cuenta que toda
nuestra vida transcurre en contextos sociales complejos” (pág. 38) Resalto el punto
donde concluyen afirmando que la vida del ser humano transcurre en contextos
sociales complejos, y eso hace parte del inconsciente colectivo (si se quiere) desde
una mirada histórica. Desde que el hombre es hombre ha vivido en conflicto, por
miles y miles de años y por inimaginables circunstancias.

Por tanto, la predisposición genética es ya un aliciente que condena a la humanidad


al eterno desentendimiento, al conflicto, a la falta de empatía, vista como la
comprensión del otro como de mi mismo, no hagamos lo que no nos gusta, pero eso
no se entiende, actuamos llevados por algo que parece inalienable, que nos impulsa,
es ese aspecto social y emocional que determina la conducta. En cierto sentido, a
pesar de que se ha avanzado enormemente en las ciencias humanas y en campos
como la ética, la antropología, la filosofía, la psicología, la misma historia y la
sociología, parece que falta aún muchísimo tiempo para que las leyes civiles, morales
y religiosas, que son milenarias, tengan influencia en el instinto salvaje milenario.

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Bibliografía

Ballester, A. & Breva, A. (1997). La predicción de la conducta a través de los


constructos que integran la teoría de acción planeada. Revista Electrónica de
motivación y elección. Vol. (4), Num. 7. Recuperado de
http://reme.uji.es/articulos/abreva7191302101/texto.html

Cobo, C. (2003). Comportamiento humano. Cuaderno de administración. Vol (29).


Recuperado de file:///C:/Users/Alexis/Downloads/Dialnet-
ElComportamientoHumano-5006394.pdf

Delgado, J. & Delgado, Y. M. (2006). Conducta o comportamiento. Más allá de las


disquisiciones terminológicas. Revista PsicologiaCientifica.com, 8(20). Recuperado
de: http://www.psicologiacientifica.com/conducta-comportamiento

Galarsi, M. Medina, A. Ledezma, C. Zanin, L. (2011) Comportamiento, historia y


evolución. Fundamentos en Humanidades. Vol. 12(24), pp. 89-123. Recuperado de
http://www.redalyc.org/pdf/184/18426920003.pdf

Limón, R. R. (2004). Historia de la psicología y sus aplicaciones. México. Libro


electrónico gratuito.

López, M. B., Filippetti, V. A. & Richaud, M. C. (2014). Empatía: desde la percepción


automática hasta los procesos controlados. Avances en Psicología
Latinoamericana, vol. 32(1), pp. 37-51.

Rubinstein, S. L. (1967). Principios de psicología general. La Habana: Edición


Revolucionaria.