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Andrea Piccardo nació en Córdoba,

Argentina, el 4 de setiembre de 1966.


Su primera relación con el arte fue
a través de la música, que estudió
durante gran parte su niñez en el
Instituto Domingo Zípoli de Córdoba.
A los catorce años vino a vivir
a Paraguay, donde comenzó a
incursionar en las Artes Visuales,
asistiendo a los talleres del Museo
Paraguayo de Arte Contemporáneo.
Comenzó a trabajar en ilustración
en el año 1991 para los materiales
escolares de un diario local, donde
fueron publicadas la mayoría de
estas poesías, y desde su cierre siguió
trabajando en forma independiente.
Estudió Artes Visuales en el Instituto
Superior de Arte de la Universidad
Nacional de Asunción. Participó en
algunas exposiciones colectivas y tuvo
un par de muestras individuales, pero
su pasión es ilustrar para niños.

2
Dedicado a toda mi familia.
Agradecimiento especial
a mi hija Camila
por su inmenso apoyo.
4
Arrimando
rimas
ANDREA PICCARDO
Bicherío
Comienza a abrirse el telón
y ya empieza la función:

Cuatro moscas bailarinas


salen de entre bambalinas;
zumbando una melodía
danzan su coreografía.

Luego vienen las polillas


con polleras amarillas;
están un poco pesadas
de tanto comer frazadas.

Una araña y dos hormigas


que se han hecho muy amigas
representan una escena
y es tan triste, que da pena.

Ahora, la cucaracha,
parece que está borracha;
recitando un poemario
se cae del escenario.

Sigue el concierto del grillo,


impecable y de gran brillo.
lo acompaña el escarabajo
tocando su contrabajo.

Pero a último momento


se acaba todo el contento,
enloquece el bicherío
y se arma un tremendo lío,
¡porque viene Ña Teresa
para hacer una limpieza!

6
Puertitas
Vamos a abrir
la puertita de oro y plata
para ver que tiene el Rey
la corona de hojalata.

Vamos a abrir
la puertita de madera
para ver cómo la Reina
perdió su pose altanera.

Vamos a abrir
la puertita de cartón
para ver a la princesa
paseando en camisón.

Vamos a abrir
la puerta de cartulina
para ver que allí está el príncipe
tocando la mandolina.

Vamos a abrir
la puertita de papel
para ver al ogro malo
bordando un mantel.

8
La bruja Casilda
Casilda, la bruja
se compró una aguja,
tres metros de tela
floreada y de seda,
hilos de colores
y un ramo de flores.

Es que ha decidido
conseguir marido,
por eso ha querido
cambiar de vestido.

La brujita cose,
cose hasta las doce;
pronto ha terminado
su traje floreado.

Se pinta la boca,
se hace la toca,
se corta el flequillo,
se pone un anillo.

Sin faltar detalle


sale a la calle
con una sombrilla
verde y amarilla.

Mas, nunca sabremos


si ella se casó,
porque esta poesía
aquí terminó.

10
Hojitas de otoño
Hojita verde,
hojita verde,
aquel arbolito sus hojas no pierde.

Hojita amarilla,
hojita amarilla,
se prendió en mi pelo, como una hebilla.

Hojita anaranjada,
hojita anaranjada,
con la lluvia fina ha quedado mojada.

Hojita marrón,
hojita marrón,
mi pandorga vuela como un gorrión.

Hojita seca,
hojita seca,
me pongo un abrigo, porque ya refresca.

12
El pollito Margarito
La gallina colorada
parece muy preocupada:
Se ha perdido Margarito,
su pollito más chiquito.

Lo ha buscado en el corral
y detrás del matorral.
Lo ha buscado en el galpón
y debajo del colchón.

—Por si acaso, ¿no lo ha visto?


le dice al gallo Evaristo.
—No sé, yo estoy ocupado,
responde malhumorado.

—Se fue a andar en bicicleta,


dice la vaca Anacleta.
—Se fue a jugar un partido,
dice el caballo Sigfrido.
—Se fue a casa de su abuela,
dice la chancha Manuela.

Al rato, cuando oscurece,


el pobre pollo aparece
todo sucio y magullado.

—Hijito, ¿qué te ha pasado?


—Me caí en un agujero
y me ha salvado el granjero.

14
Pez volador
Me levanto de la cama
y me asomo a la ventana:
en un insólito vuelo
un pez va cruzando el cielo.

En aquella blanca nube


muy decidido se sube,
la monta como un jinete
y se enfrenta a un barrilete.

Dando una vuelta carnero


llega hasta un aguacero
que lo regresa, al ratito,
al cristalino charquito.

Muy natural me parece


todo lo que acontece,
pero no es lo que aparenta,
porque ahora me doy cuenta:
la ventana está cerrada
y yo, todavía acostada.

16
Thor, el perro lector
Con pasos de bailarín
y después medio agachado,
sin que lo noten, al fin,
en la biblioteca ha entrado.

“Este libro colorado


debe ser interesante”
piensa Thor, muy concentrado,
olfateando los estantes.

Es un poco complicado
para él cambiar de hoja,
por eso se ha desarmado
el libro de tapa roja.

El libro de medicina
le ha parecido aburrido
le ha gustado el de cocina
¡y casi se lo ha comido!

Libros, libritos, revistas,


ha estado mirando Thor
y se le cansó la vista
a este perro lector.

Todo está desparramado,


y, suspirando muy hondo,
dice Thor: “Estoy cansado,
mejor ya me voy al fondo”.

Y, con pasos de mosquito


(porque así nadie lo escucha)
lleva un libro en el hocico
para leer en la cucha.

18
Vendiendo frutas
¡Sandía… sandía…!
¡Con mucha agüita dulce
para refrescar el día!

¡Melón… melón…!
¡Si me compra uno,
le canto una canción!

¡Piña… piña…!
¡Aquí hay una de obsequio
para esa hermosa niña!

¡Bananas… bananas…!
¡Lleve una docena
o las que tenga ganas!

¡Uvitas… uvitas…!
¡Si me compra todas,
convide a las visitas!

20
Minino, el gato fino
Como es muy presumido
siempre anda bien vestido,
con un moño almidonado
perfumado y bien peinado.

Yo no sé qué se ha creído,
¡qué gato tan relamido!

Dice miau en portugués,


en italiano y francés.
“Soy el más inteligente”
le dice a toda la gente.

Yo no sé qué se ha creído,
¡qué gato tan engreído!

Para comer, es delicado:


si hay pollo, quiere pescado,
si hay carne, quiere ensalada
y si no, no come nada.

Yo no sé qué se ha creído,
¡qué gato tan consentido!

Recostado en un sillón
mira la televisión.
Durmiendo, entre almohadones,
ni persigue a los ratones.

Yo no sé qué se ha creído,
¡qué gato tan aburrido!

22
La gran fiesta
Todos se preparan para una gran fiesta;
grillos y cigarras formarán la orquesta.

De traje amarillo un lapacho se viste.


Llora y llora el sauce, pues está muy triste,

porque una lechuza le dio este consejo:


“Tienes que cambiarte, tu traje es muy viejo”.

Hermosas polleras de muchos colores


lucen, muy coquetas, toditas las flores.

Ya están preparándose las mariposas;


empolvan sus alas y se ven preciosas.

En sus vestimentas se han esmerado


porque el Astro Rey ha sido invitado.

Ya comienza el baile, todo está adornado;


una gran alfombra verde han colocado.

Todo el mundo baila de cualquier manera


en esta gran fiesta de la primavera.

24
Pequeño artista
Pepín es un monigote
con sombrero y con bigote,
regordete y muy petiso,
con la corbata hasta el piso.

Este bicho anaranjado


redondito y emplumado
está volando muy alto
después de pegar un salto.

Aquí hay otro muy peludo,


patilargo y anteojudo,
vestido con firuletes
y en su cabeza, un bonete.

Este mono saltarín


se tiró de un trampolín
con su sombrilla encantada
y no le ha pasado nada.

Aquí viene el rey Tontín


con capa y con peluquín.
Muy orondo va sentado
en un carruaje cuadrado.

Con lápices de colores


personajes va creando.
Sin duda son los mejores
y no estoy exagerando.

Yo no sé por qué mamita


lo mira tan enojada,
si le quedó muy bonita
toda la pared pintada.

26
Adivinanza
Genio de grafito,
sabio de madera,
puede hacer las cuentas
de la almacenera.

Mago del papel,


con danza de brujo
puede convertirlo
todo en un dibujo.

Mueve su varita,
dice “abracadabra”
y de su galera
sale una palabra.

(Y si todavía
no sabes qué es,
está la respuesta
escrita al revés).

(El lápiz)

28
El zapato viejo
En el fondo del cajón
había un zapato marrón.
Su suela tenía agujeros
y no tenía compañero.

Un par de sandalias viejas


oían todas sus quejas
sin poderlo consolar.
“Ya no puedo ir a pasear”
decía el zapato, llorando.

Yo no sé cómo ni cuándo
alguien se puso a ordenar
y al jardín se fue a parar.

Entonces, el jardinero,
al remover el cantero,
sin darse por enterado
lo dejó medio enterrado.

Bastante tiempo pasó


cuando su dueño encontró
de nuevo el viejo zapato.

Después de reírse un rato


en su ventana lo puso.
Feliz por el nuevo uso
que esta vez se le dio,
el zapato floreció.

30
Lamento de la cebolla
Ay, ay, sí, qué triste vida
la de la pobre cebolla;
su destino es la comida,
irá a parar a la olla.

Uno tras otro, los velos


de su hermosa vestimenta
van cayéndose hasta el suelo
mientras ella se lamenta.

En la tabla de picar
relata su vida entera
y no para de llorar,
y llorar, la cocinera.

Qué suerte tan invertida,


permítame que le diga:
bajo la tierra nacida
y difunta, en la barriga.

32
Payasadas
¡Patapúm! ¡Patapín!
El payaso Pirulín,
con sus viejos zapatones
camina a los tropezones.

Tiene un pantalón rayado


que está todo remendado,
un saco muy ajustado
y un moño color morado.

Toca y toca su violín


con cuerditas de piolín.
Un dos tres, un dos tres,
al compás mueve los pies.

Sabe hacer muchas piruetas


montado en su bicicleta,
pero siempre se tropieza
y se golpea la cabeza.

También toca una trompeta


que suena como corneta:
¡Tararí, tarará!
¡A todos aturdirá!

Todo el mundo se ha reído


porque es muy divertido.
¡Ji ji jí! ¡Ja ja já!
¡Ay, qué risa que me da!

34
Doña Mandarina
Vino doña Mandarina
con su verde capelina.
Muy elegante ha llegado
con su traje anaranjado.

Quiere darnos una fiesta


a la hora de la siesta.
Don Otoño la ha traído
y con el viento se ha ido.

Tan dulce, tan aromada,


con la carita pintada,
reparte tiernos gajitos
muy sabrosos y fresquitos.

En este banquete hubo


rica pulpa y mucho jugo,
y la visita ha dejado
todo el aire perfumado.

Y bailando de puntillas
con collares de semillas
se va doña Mandarina
y la fiesta se termina.

36
Antón Pirulero,
el aventurero
Antón, Antón Pirulero,
el ratón aventurero,
ha fabricado un velero
de papel de almacenero.
Con traje de marinero
y una maleta de cuero
lleva su barco al estero.
Un búho, buen consejero,
le advierte, en tono severo,
que es muy frágil su velero.
—Pájaro de mal agüero,
le dice Antón Pirulero.
Navega sin derrotero
y en el medio del crucero
lo sorprende un aguacero
que hace volar su sombrero
y a su nave un agujero.
Se pone a llorar primero,
segundo a rezar y tercero
a jugar con su balero.
El barco se hunde, pero
antes ha llegado entero
hasta alcanzar un madero
que salva a Antón Pirulero,
quien declara, muy sincero:
—Desde ahora yo prefiero
ser un ratón zapatero,
carpintero o cocinero,
peluquero o verdulero,
bombero o calesitero,
antes que ser marinero.

38
Misterio gatuno
Nadie sabe dónde, dónde puede estar;
tal vez se ha escapado por el tragaluz.
Sobre algún tejado vaga Michifuz
con paso sinuoso y silencioso andar.

No sé si la Luna lo ha visto pasar


y le ha puesto el velo de su blanca luz.
Gato misterioso, de mirada azul,
que de día duerme, duerme sin parar.

Puede que esté en una secreta reunión


de todos los gatos nocheros del barrio
en una azotea o en algún balcón.

O quizás se encuentre, en el vecindario,


una gata dueña de su corazón
que llena el abismo de su sueño diario.

40
Juanita, la loquita
Juanita tiene un sombrero
que no usa en la cabeza;
lo pone como florero
en el centro de la mesa.

¿Por qué no? ¡Porque sí!


A Juanita le gusta así.

Juanita duerme de día


en el medio del jardín,
y sale a pasear de noche
montada en monopatín.

¿Por qué no? ¡Porque sí!


A Juanita le gusta así.

Tiene muchos pececitos


dentro de la bañadera
y se baña en la cocina
usando una regadera.

¿Por qué no? ¡Porque sí!


A Juanita le gusta así.

Juanita guarda la ropa


adentro de la heladera.
Le gusta tomar la sopa,
pero con la mamadera.

¿Por qué no? ¡Porque sí!


A Juanita le gusta así.

42
Cierren sus ojitos
Duérmanse niñitos,
cierren sus ojitos.
un duende chiquito
espanta los mosquitos.

Un grillo despierto
está dando un concierto,
un gato rayado
vigila en el tejado.

La luna menguante,
con un traje flamante,
sentada en una rama
los ve por la ventana.

El perro guardián
custodia el zaguán,
el sapo cancionero,
el patio trasero.

Duérmanse niñitos,
cierren sus ojitos,
un duende pequeño
les trae los sueños.

44
El gato glotón
¡Qué goloso es
el gato Miguel!
¡Tomó de una vez
un frasco de miel!

Come tallarines
con sopa de avena.
Come tortelines
y helado de crema.

Ya le está doliendo
su panza grandota
y sigue comiendo
tarta de ricota.

“Es un gato obeso”,


afirma un ratón,
mientras come queso
en algún rincón.

Doña Josefina,
el ama de casa,
entra a la cocina
para ver qué pasa.

“¡No ha dejado nada!


¡Qué gato glotón!”
y lo echa enojada
fuera del salón.

46
A la Naturaleza
Señora de verde manto,
trinar de aves tiene tu canto,
de sol radiante es tu sonrisa,
tu aliento suave es como la brisa.

Señora de verde manto,


gotas de lluvia tiene tu llanto,
pero ellas curan la tierra herida,
donde ellas caen, vuelve la vida.

Señora de verde manto,


tan generosa, me ofreces tanto,
regalas frutos, regalas flores,
pintas la Tierra de mil colores.

¡Cómo te quiero, Naturaleza!


Yo canto un Himno a tu belleza.
Me das sustento, me das abrigo;
yo seré siempre tu fiel amigo.

48
En el gallinero
El viejo gallo triste ha quedado
pues todo el mundo de él se ha olvidado.
Ni lo saludan, cuando él pasa,
la colorada y la bataraza.
Todas se bañan en la laguna,
pintan sus uñas, una por una,
se ponen flores y se perfuman,
lustran su pico, se agregan plumas.

El gallinero se ha alborotado
porque un gallo recién ha llegado,
y este no es uno común y corriente:
colores vivos, cola imponente
de plumas largas y relucientes,
enorme cresta, pecho saliente,
es, además, excelente cantor,
bien entonado y con voz de tenor.

Pasea el gallo, muy engreído,


haciendo alarde, y en un descuido
no se da cuenta que, paso a paso,
viene acercándosele un perrazo
que arranca su cola de un zarpazo.
El gallo viejo, a los picotazos,
ahuyenta al perro, que en rápida huída
se va corriendo hasta su guarida.

Con aleteos de gran contento


y cacareos de agradecimiento
el gallo viejo fue recibido
y por vergüenza el otro se ha ido
(quizás esté por ahí, escondido)
y de él nunca más se ha sabido.

50
Una araña
en la montaña

A
la punta
de la montaña
se subió la araña
y tejió una telaraña.
Allí se quedó esperando
y las horas fueron pasando
hasta que atrapó un mosquito
y se lo comió, poquito a poquito.
Después de terminar su deliciosa cena,
se bajó de la montaña, con la panza llena.

52
Rebeca, la muñeca
Vestida con fina seda
pasea por la vereda.
Sabe que todos la miran
y que por ella suspiran.

Un osito, enamorado,
una flor le ha regalado,
pero ella, fría y distante,
la rechaza en un instante.

El soldadito de plomo
la saluda con aplomo,
pero ella no le contesta
y su atención no le presta.

¡Qué cabellera dorada!


¡Qué piel tan suave y rosada!
¡Qué linda boca pintada!
¡Qué cielo hay en tu mirada!

Se suceden los piropos


del perro, el mono y el topo,
pero ella se ha cansado
de recibir tanto halago.

Entre muñecos de trapo


y de plástico barato
ella no puede encontrar
con quien se quiera casar.

Así pasa su vida entera:


ni su rubia cabellera
ni su sonrisa se alteran
mientras, solitaria, espera.

54
Ángeles traviesos
Los ángeles, muy felices,
en el cielo están jugando;
una a una van juntando
toditas las nubes grises.

Haciéndose el enojado
deja el trueno oír su voz
y en carrera muy veloz
vuela un ángel asustado.

Con espuma de jabón


un ángel se está bañando;
ríe y salta, salpicando,
de gotitas un malvón.

Unos ángeles pintores


sol y lluvia están mezclando
y en el cielo están pintando
un tobogán de colores.

56
Carnaval en la selva
Señoras y señores
ya suenan los tambores;
ha llegado el carnaval
a la selva tropical.

Vienen en caravana
los sapos y las ranas
y cantan en el coro
las cotorras y los loros.

La mona y el mono
se pusieron quimonos
y en la rama se hamacan
tocando las maracas.

El oso hormiguero
lleva puesto un sombrero
fabricado con esmero,
con hojas de bananero.

El tatú carreta
se puso una careta
y dando volteretas
toca la pandereta.

Nadie sabe que aquí


también vino el pecarí
porque tiene un buen disfraz
con capa y con antifaz.

Se ha pintado el yacaré,
manchas de yaguareté
y una víbora muy fina
se enredó con serpentina.

58
Lavando ropa
Con burbujas de jabón,
bailando está el pantalón.

Hacia arriba y hacia abajo,


la camisa no da trabajo.

Se sacude la remera
en manos de la lavandera.

El cepillo va agitando
y las manchas va quitando.

El jabón escurridizo
se fue sin pedir permiso.

—¡Ojo con la lavandina!


dice doña Clementina.

En el agua limpia nada


la ropa bien enjuagada.

Después baila un rock and roll


con el viento y con el sol.

60
A comer jugando
A comer jugando
y a jugar comiendo,
ya está la comida
y la mesa servida.

Navego en la sopa
con el viento en popa
y descanso un rato
al borde del plato.

Vuela el aviador
en el tenedor
hasta el estofado
bien condimentado.

Se esconde el pastel
debajo del mantel
y tiemblan el flan
y las migas de pan.

De aquí para allá,


adelante y atrás,
yo me balanceo
en la hamaca-fideo.

A comer jugando
y a jugar comiendo.
Ya bailé la salsa
y me llené la panza.

62
Contando ovejitas
Una ovejita va al peluquero
para peinarse y ponerse ruleros.

Dos ovejitas, por puro antojo,


se están tiñendo de color rojo.

Tres ovejitas, que son hermanas,


están tejiendo bufandas de lana.

Cuatro ovejitas, al lobo feroz,


le dan remedios para la tos.

Cinco ovejitas no tienen frío


y están bañándose en el río.

Seis ovejitas muy abrigadas,


están mirándolas, asombradas.

Siete ovejitas comen pastito


mientras las cuida un pastorcito.

Ocho ovejitas miran la Luna


y cantan una canción de cuna.

Nueve ovejitas a un cerro suben


y se convierten en una nube.

Diez ovejitas desaparecieron


porque los niños ya se durmieron.

64
Índice

6 Bicherío
8 Puertitas
10 La bruja Casilda
12 Hojitas de otoño
14 El pollito Margarito
16 Pez volador
18 Thor, el perro lector
20 Vendiendo frutas
22 Minino, el gato fino
24 La gran fiesta
26 Pequeño artista
28 Adivinanza
30 El zapato viejo
32 Lamento de la cebolla
34 Payasadas
36 Doña Mandarina
38 Antón Pirulero, el aventurero
40 Misterio gatuno
42 Juanita, la loquita
44 Cierren sus ojitos
46 El gato glotón
48 A la Naturaleza
50 En el gallinero
52 Una araña en la montaña
54 Rebeca, la muñeca
56 Ángeles traviesos
58 Carnaval en la selva
60 Lavando ropa
62 A comer jugand o
64 Contando ovejitas
Textos e ilustraciones:
Andrea Piccardo

Diagramación: Camila Jara

Queda prohibida la reproducción total o parcial


por cualquier método gráfico, electrónico,
mecánico y fotocopiado sin autorización por
escrito de la autora.

Asunción, febrero 2018

ISBN
Arrimando rimas
Andrea Piccardo

Arrimando rimas es una serie de


pequeñas historias rimadas para niños.
Rimar es inventar relaciones entre
palabras que se juntan al azar,
haciendo que el ritmo nos lleve por
el camino que trazan. Es un ejercicio
del lenguaje que puede liberar
la fantasía y hacernos recuperar
la mirada de asombro de la niñez.

Estos versitos ilustrados son para


divertirse entonando, para contemplar y
abrir las puertas y ventanas de
la imaginación a un mundo donde a
las cosas, animales, brujas, ogros,
muñecos y demás personajes les
ocurren cosas graciosas o singulares y
son como quieren ser.