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X Congreso Argentino de

Antropología Social
Buenos Aires, 29 de Noviembre al 02 de Diciembre del 2011

Grupo de Trabajo:

GT15-Investigaciones sociales sobre trabajadores del sector industrial en América Latina

Título de la Trabajo:

Etnografía militante: humanización política en estrategia de resistencia de


fábrica recuperada

Nombre y Apellido. Institución de pertenencia

Ramon Rodrigues Ramalho. Alumno Maestría em INvestigación em Ciencias


Sociales (FSOC/UBA). Miembro investigador del Núcleo de Estaudos sobre o Trabalho
Humano (NESTH/UFMG, Brasil).

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GT15-Investigaciones sociales sobre trabajadores del sector industrial en América
Latina

Etnografía militante: humanización política en estrategia de resistencia de


fábrica recuperada

Ramon Rodrigues Ramalho. Alumno Maestría em INvestigación em Ciencias


Sociales (FSOC/UBA). Miembro investigador del Núcleo de Estaudos sobre o
Trabalho Humano (NESTH/UFMG, Brasil).

Resumen

El trabajo de campo junto a una fábrica de larga trayectoria de recuperación


(IMPA) casi invisibiliza al etnógrafo al hacerse transcendental la “vivencia” en tan
conflictivo campo: él se convierte más en “objeto” que su propio “objeto de estudio”,
sea por la capacidad de su “objeto” en hacerse “sujeto” o por la inmediatez del
cambio psico-social en el etnógrafo.
Narraremos el conflicto actual que atraviesa IMPA frente a la posibilidad de
desalojo tras persecución judicial criminalmente acentuada desde 2009,
sistematizando su estrategia de resistencia: su núcleo de apoyo interno-cotidiano, el
externo-constante y el esporádico; la (a)tensión obrera transparente en los
comunicados, exponiendo sus paradigmas y convocando; la profundización de la
democracia participativa directa. Aquí lo político es puesto en su acepción humana.
La política como “Estado” secundariza cuando la “legitimidad de las luchas es más
importante que sus caducas leyes”; pero se articula cuando la resistencia civil
presiona tácticamente los tres Poderes haciendo visible al opresor y su correlación
de fuerzas, gestando la nueva militancia, dialógica, contrapuesta a la “setentista”,
estéril frente al toyotismo.

1) IMPA, la fábrica

La historia de la Industria Metalúrgica y Plástica Argentina (IMPA) se remonta al


año 1932, dedicada a la fabricación de pomos metálicos de estaño con tapas
plásticas de baquelita. En 1940 se amplió la gama de productos a la elaboración de

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piezas de joyería artística. En 1942 adoptó la razón social que la hizo famosa,
«Industria Metalúrgica y Plástica Argentina (IMPA) S.A.», y creó un Departamento
de Aviación con sede en la localidad de Quilmes, el cual produjo las primeras
aeronaves de fabricación privada nacional, entre las cuales se destacaron los
modelos «IMPA R.R.11» (1942), «IMPA Chorlito» e «IMPA Tu-Sa» (1943).
Asimismo, se emprendió la fabricación de cartuchos para el fusil Mauser 7.65 mm.,
la bicicleta «Ñandú» utilizada por el cuerpo militar de ciclistas y todo tipo de
pertrechos bélicos, cuyo destinatario era el Ejército Argentino. En esa época, el
lema de la firma era: «Una empresa al servicio de la Patria», referenciando su
iconografía en la figura del general José de San Martín. En el plano social, IMPA se
destacó por adelantarse a la era del justicialismo en la Argentina, ofreciendo
servicios médicos a su personal, préstamos para la vivienda y un comedor gratuito
que alimentaba a los casi 4.000 obreros que llegó a albergar. El general Juan
Domingo Perón decretó su estatización forzosa en el año 1946. Caído éste en 1955
a raíz de un golpe de Estado, comenzó la declinación del coloso metalúrgico; una
versión asegura que la misma fue producto de presiones ejercidas por el gobierno
norteamericano, interesado en anular toda producción bélica independiente. En
1961, el gobierno civil del doctor Arturo Frondizi decidió desvincular la fábrica del
Estado, quedando la misma en manos de una cooperativa de trabajadores, cuya
gestión inicial fue exitosa: en 1972 IMPA fue reconocida como «la marca más
famosa, renombrada y popular en Argentina» por una encuesta de opinión, y una
encuesta de mercado la ubicó como «Empresa Líder» en el rubro, extendiéndole
diploma de honor y medalla de oro. (Silva; Robertazzi, 2011)
A partir de 1961, cuando es desvinculada del Estado, su administración recae
sobre una cooperativa de trabajadores. Ya para los años ’90, contaba entonces con
400 asociados, 43 de los cuales integraban la Comisión Directiva, que lejos de
representar a la mayoría de los trabajadores, se comportaba de forma autoritaria
(IMPA, 2009). Con el neoliberalismo IMPA sufre la “estafa del vaciamiento” con el
desmantelamiento de maquinarias, endeudamiento ilimitado, reducción de los
asociados y de sus retiros mensuales. La dirección quería llevar la Cooperativa a
una junta de acreedores, dejar que la misma quebrara para luego “reestructurarla”,
absorbiendo los sectores más rentables y despidiendo a una gran cantidad de
trabajadores. En 1998, percibiendo tan sólo dos pesos semanales, desamparados
gubernamental, sindical y jurídicamente, los “…trabajadores de IMPA –con el apoyo
de militantes políticos y líderes sociales y en asamblea conjunta integrada por 159

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trabajadores asociados– deciden expulsar a la Comisión Directiva e ingresar a la
empresa para conservar sus puestos de trabajo, custodiar las maquinas y evitar que
las mismas fueran desarmadas y se concretara el vaciamiento definitivo de la
Cooperativa”. Una vez logrado esto, la pusieron a funcionar.
No fue un proceso fácil. No contaban con insumos, tenían cortados el servicio
eléctrico, de agua, y gas. El antiguo síndico inmobiliario amenazaba a los clientes y
proveedores para que no comercialicen con la fábrica. Por si fuera poco, “los
trabajadores de IMPA tuvieron que responder por una deuda que contrajo la
dirección anterior y de la cual pagaron hasta hoy más de un 50%, equivalente a
$4.000.000” (IMPA, 2011). Y al gasto extra que supone el alquiler de un generador
de energía, enfrentan al monopolio de mercado que ejerce la empresa Aluar,
obligando a los obreros a comprar materia prima para pagar en 60 días e
imponiendo restricciones.
Bajo estas condiciones IMPA empezó a funcionar. Actualmente la fábrica
mantiene a más de 50 obreros/as. La Cooperativa, por su parte, subvenciona un
Centro de Salud gratuito, cediendo espacios al Hospital Durand, donde los abuelos
del barrio realizaban ejercicios de recuperación hasta que el corte de agua y luz lo
permitió (IMPA, 2009). La formación política-cultural ocupa un rol clave en este
proceso. En el predio de la fábrica funciona un Centro Cultural que desarrolla
diversos talleres de enseñanza artística y cuenta con el teatro Nora Cortiñaz.
Cuentan asimismo con un Bachillerato Popular, gratuito y con título oficial,
responsable de la educación de 200 personas a cargo de 50 profesores voluntarios;
un canal de televisión comunitaria (www.barricadatv.org), una radio de los
trabajadores del subte (www.subteradio.com.ar) y la recientemente creada
Universidad de los Trabajadores, libre y gratuita.

2) Trabajo de campo en IMPA

2.1) Inserción en el campo

No es una tarea sencilla insertarse en un campo extremamente saturado. Las


Empresas Recuperadas por sus Trabajadores, de ahora en adelante ERT’S, son
fenómenos sociales conocidos y hasta mismo con cierto grado de legitimidad social
en territorio argentino. Si no podemos decir que está en ascensión, de cierto
podemos decir que éste hecho social se ha consolidado en el imaginario social y

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objetivamente en las fábricas, pues el número de empresas recuperadas
anualmente no se estancó sino que viene incrementándose, pues nuevos procesos
de recuperación ocurren cada año y crece la producción en muchas empresas
recuperadas (OSERA, 2010). Para 2003 se estimaban entre 98 y 128 (CDER, 2005)
unidades productivas recuperadas, que albergaban al menos 7,844 trabajadores. En
2010 se registraron 280 empresas: 236 inscritas en el programa Trabajo
Autogestionado que beneficia a 16,400 trabajadores aproximadamente. 68% de las
empresas ocupan entre 11 a 50 trabajadores. Pero el número absoluto de las
fábricas recuperadas es insignificante comparado con su poder simbólico y político
en la sociedad argentina actual.
Debido al simbolismo que asumió la recuperación fabril en el contexto argentino,
no son pocos los investigadores de distintas facultades y nacionalidades que
aparecen en las fábricas para estudiarlas. Cada fábrica ya posee su historia de
relación con las universidades en general, no siempre una relación harmoniosa, tal
como cada una ha desarrollado una cierta “manera” de lidiar con los/as
investigadores/as que ahí se presentan, golpeando a sus puertas, como que
cayendo de paracaídas. Los trabajadores poseen un discurso uniforme, como que
“acordado” internamente al taller y se le utiliza como medio de divulgación y
sustento social de la fábrica frente a la comunidad, la universidad y a los poderes
estatales que les pueden desalojar: un discurso “mecánico” y una forma de
aproximación “artificial” que compromete una investigación “de campo”.
He conocido, sin embargo, experiencias muy positivas de intercambio entre ERT
y Universidad, como en la relación del programa “Facultad Abierta” de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, o el “Centro de
Documentación sobre Empresas Recuperadas” que funciona dentro de la
Cooperativa gráfica Chilavert. En tales casos, se visualiza claramente el vínculo
orgánico entre los investigadores y las situaciones particulares de las ERT’s con las
cuales se involucran, establecido a partir del compromiso político abiertamente
asumido a favor de los procesos de recuperación. Durante el acompañamiento de la
campaña en pro de la expropiación definitiva del hotel BAUEN, que se nombró
ExpripiaYa, la incorporación de éstos investigadores se hizo de forma casi
“automática”. Es exactamente este compromiso encarnado por los investigadores lo
que acredito ser la razón de la perseverancia de estos centros de investigación, es
decir, su politización es el sostenimiento de estas mismas experiencias. .

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La importancia de la debida inserción en éste medio, por tanto, está en la
superación del discurso padronizado, ya pautado a priori, que los trabajadores de
las ERT’s poseen para presentar a los visitantes, a las personas consideradas de
“afuera”. De ésta manera, un trabajo de campo que busque una “descripción densa”
(Geertz, 1986), exige la superación de éste posicionamiento “exterior”, de afuera,
que supuestamente se exigiría de un etnógrafo en campo. Además, conociendo
previamente un poco del contexto de las ERT’s (y haciendo directo vínculo con la
experiencia de Geertz (1986) descrita sobre la pelea de gallos en Bali 1), sabía que
seria necesario demonstrar un cierto “comprometimiento con la causa” de las
empresas recuperadas para pasar este nivel primario de inserción en el campo, lo
que seguramente llevaría algún y exige paciencia.
La inserción en el territorio de estas fábricas como un individuo de “adentro”
exige la participación directa en alguna construcción colectiva de los trabajadores.
O en el lenguaje cotidiano de los luchadores sociales: que sería sobretodo
necesario “poner el cuerpo” para apoyar la fábrica.
En éste contexto llegó a mi conocimiento la convocatoria de una jornada en la
fábrica IMPA para fines del año 2010, a propósito de la formación de una
universidad popular en el mismo edificio de la fábrica. Durante la jornada se hizo
una convocatoria fraternal de apoyo e incorporación a la universidad. A partir de los
contactos establecidos en este entonces me aproximé del grupo organizador de la
universidad, incorporándome definitivamente en febrero del año 2011.
La recepción fue bastante informal pero igualmente abierta. Diferente del
ambiente de otras agrupaciones de izquierda porteña que había frecuentado, al
llegar a la reunión del núcleo organizador no me hicieron preguntas con el sentido
de averiguar – y atestar – mi filiación ideológica, en sus más estrictas definiciones.
Es decir, los grupos, colectivos o partidos, de izquierda, en la capital federal
argentina poseen un alto grado de ideologización política, un alto grado de
definición de su línea ideológica, hasta un nivel extremamente específico,
impidiendo el ingreso de individuos con filiación ideológica discorde mismo que sea
apenas en detalles. Esto, a mi ver, evidencia una situación paradojal de la izquierda
frente a su composición de fuerza general en la lucha de clases: si bien esta amplia
politización, que se traduce en el alto grado de definición ideológica, permite
construir diversos espacios contra-hegemónicos en la lucha de clases, este exceso

1
Geertz logra ser aceptado por los nativos en Bali cuando huye junto con los demás de un
allanamiento policial para reprimir una pela de gallos que estaba prohibida por el gobierno holandés.

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de ideologización termina también por separar a los diferentes grupos, por más que
compartan los mismos objetivos y principios generales, pero que no comparten las
definiciones ideológicas ultra específicas.
Por tanto, me llamó la atención desde un principio la diferente forma de recepción
que he recibido en la universidad de los trabajadores IMPA, debido a esa marcada
diferencia con el modo de integración en las demás agrupaciones.
Participando de las reuniones en el local de la fábrica IMPA destinado a ser la
universidad, se notaba claramente que el primer desafío sería el condicionamiento
del lugar mismo, tomado por maquinaria inutilizada y por la suciedad que se forma
en un gran taller inutilizado tras largo tiempo. Se fueron realizando, así, actividades
que podríamos llamar de “físicas”, pues las actividades “intelectuales” parecían
postergadas a un segundo momento de importancia.
La construcción de las sillas para la universidad fue un momento de especial
importancia, por su carácter simbólico. Se las hicieron colectivamente, a partir de
una convocatoria abierta y detrás de cada silla se agregó un pequeño cartel de
metal con los nombres de las personas que las hicieron. Las sillas terminaron
presentando una interesante estética propia para un lugar como una universidad
popular dentro de una planta de fábrica recuperada y es una imagen que hoy
caracteriza a la universidad. Además se hicieron diferentes jornadas de trabajo para
el condicionamiento del lugar junto a otros colectivos políticos, culturales, etc.

2.2) el sujeto investigador en el campo

En poco tiempo me daba cuenta que mi incorporación en el campo se realizaba


de un modo inesperado, en el cual mis necesidades investigativas, parecía
completamente subsumido al proyecto de construcción de la universidad. Mi
investigación de campo, luego su sujeto, el investigador, se incorporaba al objeto de
estudio, componiendo parte integrante de él, pasando a “hacer parte de la
universidad” y no era más la universidad parte de mi trabajo de campo.
La presencia del investigador, en vez de modificar la cotidianidad del campo, se
vio incorporada como parte de la situación de campo mismo. El sujeto investigador
estaba entonces, debido al proceso particular de su inmersión en el campo,
incorporado por su objeto de estudio que se condicionaba así más como “sujeto”
que como “predicado” de la investigación. La transformación que he sufrido yo, el
“investigador”, es mucho más grande que aquella que podría haber generado mi

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presencia en el campo. El problema “malinowskiano”, de no intervenir en la
cotidianidad del objeto, se vio aquí resuelto por el nivel de politización del campo en
cuestión. Así, el proceso de investigación ahora no se podrá hacer caso omiso de
ésta incorporación del sujeto al objeto, que es incluso la primera transformación, en
el proceso final de escritura, rescatando el debate sobre la inserción del cuerpo en
la tesis. Aquí, por lo tanto, es el investigador que se convierte en “objeto” de su
propio “objeto de estudio”. Es decir, se hace necesario comprender tales
transformaciones en el investigador, su impacto inicial y el contenido de ésta
transformación, para entender el proceso mismo de construcción de la
investigación.
La larga trayectoria ya recorrida por la fábrica y por los principales miembros de
la universidad, en este caso, es el elemento inicial del entendimiento de ésta
potencia del objeto por subsumir el “sujeto” de la investigación. Este nivel de
politización es él que hace del objeto capaz de hacerse sujeto, de hacer imponer
sus intereses por sobre los intereses ajenos, como necesaria característica de la
construcción de la universidad misma. Por tanto sería impracticable asumir éste
trabajo de campo sin comprometerse con la recuperación de la fábrica, su historia y
la construcción de la universidad de los trabajadores.
Por fin, la propuesta metodológica para la etnografía que se sigue de esta
experiencia es, primero, la posibilidad de integración entre sujeto y objeto a partir de
la vinculación política entre ambos, o sea, el comprometimiento del investigador con
los individuos e instituciones estudiadas se converge en un núcleo epistemológico
de superación de la escisión académica entre sujeto y objeto. Una metodología
participativa, que se trasmuta en etnografía militante, aparece como punto inicial del
debate sobre la forma metodológicamente adecuada de introducción en el campo,
de conocimiento del objeto de estudio y de recolección de datos, en un nivel
privilegiado, pues el propio investigador va adquiriendo – dependiendo del nivel de
su comprometimiento – la capacidad él de ser un informante de su propio proceso
investigativo, es decir, la incorporación definitiva del investigador a su campo le
convierte en un informante más dentro su propia investigación, buscando resolver
así también la intricada necesidad de manifestación del cuerpo en la tesis, la
inserción del investigador en tanto persona sensible – efectiva y afectiva – en el
campo y en el proceso de investigación.
La participación se hace de éste modo, comprometido, en “vivencia” dentro del
campo, captando así, sin rodeos y sin discursos prefabricados, la cotidianidad del

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campo, pues ahora el investigador mismo es parte del campo, y los problemas del
campo son desafíos que se ponen al investigador, no más como investigador sino
como miembro componente del campo, en el caso, de la universidad IMPA. Los
debates y discursos internos que son así captados por el investigador son los más
intensos y densos posibles, pues son aquellos debates y desafíos que involucran la
continuidad y el suceso del campo mismo, y el investigador no es más visto como
alguien de fuera que viene a estudiar, sino elemento que compone el cuadro mismo
del campo. Así, por más que sea la universidad mi “campo de estudio”, yo no soy
consultado por personas exteriores a la universidad y a la fábrica como investigador
de estos ámbitos, sino como integrante de estos ámbitos.
Esto permite, como efecto multiplicador inmediato, una secuencial inserción en el
campo de modo privilegiado, pues ahora, frente a las otras fábricas recuperadas o
colectivos de izquierda, no soy identificado más como un investigador, sino como
miembro de la universidad IMPA. De este modo llegó a mi conocimiento la campaña
por la expropiación definitiva a favor de los trabajadores que impulsaría el hotel
recuperado BAUEN, a la cual traté de incorporarme. Ésta fue la campaña
“ExpropiaYa”, que me sirvió intensamente como observación de campo, haciendo
ciertos paralelos interesantes, percibiendo similitudes, para llegar a nuevas
preguntas y a algunas conclusiones parciales. Se pudo observar, por ejemplo, como
dos empresas recuperadas bastante diferentes – una metalúrgica y un hotel –
construyen métodos similares de lidiar con el conflicto externo y también formas
parecidas de gestión de personal interna; las historias de disidencias internas entre
las fábricas, y las dificultades internas comunes que cada una debe administrar.
En lo que atañe al trabajo de campo, en síntesis, el investigador logra su
inserción en un medio extremamente politizado a partir de su propia politización, de
su comprometimiento con la trayectoria del campo, de sus participantes,
encarándolos, por fin, en tanto sujetos que son de los procesos de la construcción
de la vida en el campo. A partir de esta convivencia cotidiana comprometida se
puede realizar una investigación densa pues “desde adentro” del movimiento
estudiado, como parte integrante de él, como uno de sus participantes, es más
factible comprender los significados no sólo manifiestos, sino también los latentes,
de los discursos y de las tramas en cada situación.

3) El conflicto actual de IMPA

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3.1) delincuencia del poder judiciario

Como consecuencia parcial de la investigación de campo en la Universidad


IMPA, narraremos el conflicto actual que atraviesa la fábrica frente a una posibilidad
de desalojo, tras la persecución judicial que viene acentuándose criminalmente
desde 2009, evidenciando de sobremanera la intromisión privada directa en las
decisiones de jueces, es decir, de particularismos en las decisiones estatales.
Buscaremos con eso sistematizar su estrategia de resistencia, destacando sus
rasgos característicos para lidiar con la instituciones políticas, por ejemplo en la
formación de un círculo de apoyo “interno-cotidiano” a la fábrica, un círculo de
apoyo “externo” y otro “latente”; una constante “tensión” interna; la cohesión
reforzada del grupo como resultado de la presión y tensión política-jurídica externa.
Tras años de lucha y presión, los trabajadores de IMPA lograron imponer en la
legislatura de la ciudad de Buenos Aires la Ley de expropiación nº 2969/08, votada
unánimemente por todos los sectores políticos, y promulgada el 26 de enero del
2009 por el Poder Ejecutivo de la Ciudad, otorgando la posesión transitoria a los
trabajadores. Sin embargo, la ley fue declarada inconstitucional por la Sala A de la
Cámara Nacional de Apelaciones, abriendo la posibilidad de un desalojo violento de
IMPA y el fin de sus actividades. Los trabajadores rápidamente concluyeron que
esta maniobra del poder judiciario consistía en hacer el expediente del proceso
legal regresar a la responsabilidad del “corrupto” juez Vitale que, junto con el
síndico inmobiliario De Benedetti, son acusados por los trabajadores de mala fe,
pues directamente involucrados con los beneficios inmobiliarios (IMPA, 2010)
posibles con la venta del inmueble donde se localiza la planta fabril, estimada en
seis millones de dólares según inmobiliarias consultadas por el diario judicial
Mercado y Transparencia (MyT) (Mercadoytransparencia, 2011).
Éste es un ejemplo de una característica de la gestión fabril bajo modelo
asambleario: el desvelamiento del poder, es decir, la precepción de los intereses
reales, particularistas, de la actuación estricta de las instituciones del poder
públicas y privadas. La sala A de la cámara apenas debería resolver si elevarían a
la Suprema Corte la decisión de inconstitucionalidad de la ley de expropiación
votada por los legisladores. Sin embargo, la sala A decidió ya de su vez declarar la
inconstitucionalidad de la ley promulgada en la legislatura porteña, que no llegaría,
entonces, a la Corte Suprema. El odio a los trabajadores que demuestra el juez
Vitale es evidente en sus acciones y en la percepción de los trabajadores.

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Con todo, confirma el juicio ético de los trabajadores sobre el poder judiciario los
hechos sucedidos en las vísperas de éste dictamen desfavorable, que desató una
verdadera “…novela de espionaje ambientada en los Tribunales porteños en torno a
un terreno evaluado en seis millones de dólares.” (Mercadoytransparencia, 2011).
En el día jueves, 31 de marzo de 2011, un joven se presentó en la fábrica – y en el
taxi esperando en la puerta están dos personas más –, hizo preguntas sobre el
bachillerato popular que funciona en el edifico de la fábrica y en seguida sobre las
actividades de la misma, si funcionaba por la noche, cuantos eran los trabajadores.
“Según dijo, estaba interesado en concurrir al Bachillerato Popular instalado en la
planta industrial […] preguntó por los horarios de clase […] cuanta gente trabajaba
[…] qué estaban produciendo y si se trabajaba a la noche.”
(Mercadoytransparencia, 2011). Por tanto, antes de que saliera el dictamen, “...en
una situación insólita, un secretario del juzgado visitó la fábrica, haciéndose pasar
por un vecino que buscaba información sobre el bachillerato. Bajó de un taxi que lo
esperaba en la puerta y realizó algunas preguntas.” (Bokser, 2011). Con todo, este
comportamiento en sí mismo no levantó mayores sospechas. “Pero apenas una hora
más tarde, el taxista que había llevado al trío de pasajeros […] volvió para decirles
que habían sido engañados, que el joven había llegado acompañado de una jueza y
otra persona y que planeaban desalojarlos.” Decía el taxista, que la señora en el
taxi se le había presentado a él como jueza y aseguró que desalojarían a los
trabajadores, “…quien sorprendido y alarmado por las conversaciones que había
escuchado de la boca de sus pasajeros, decidió hacer de nuevo el recorrido desde
el lugar…” donde les había dejado, un edificio del poder judiciario, y regresó a
IMPA: “…contó a los cooperativistas que según la conversación que escuchó de sus
pasajeros, el alumno era, aparentemente, el empelado de un juzgado a quien la
jueza lo esperaba en el taxi…”, y que él le comentaba a la jueza cosas del tipo “a
esos los vamos desalojar”, “son tres gatos locos”, “les vamos a iniciar una denuncia
por usurpación.” Además, le llamó la atención como “descorrían largamente en
estimaciones del valor del inmueble…”. Así, el “…taxista porteño alertó a los
cooperativistas del espionaje, quienes inmediatamente fueron a denunciarlo a
Tribunales.” Se preparó un “...petitorio para hacer la denuncia al Consejo de la
Magistratura y a la propia Sala A de la Cámara de Apelaciones.” Cuando los
cooperativistas accedieron al edifico de Tribunales y “…subieron al noveno piso del
edificio […] para llevar un ejemplar de la denuncia al tribunal de Alzada, la Sala A,
se desató el escándalo. Apenas transpusieron la puerta, allí, sentado tras un

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escritorio, estaba el supuesto postulante al Bachillerato de IMPA…”. Se siguen los
insultos: ¡Mentiroso! ¡Delincuente! Pasada media hora de acusaciones e insultos el
funcionario, en un claro acto fallido, les pregunta a los trabajadores “…por qué no
se llevaban las máquinas a otro lado que ese lugar era muy grande para ellos.” Los
trabajadores accedieron también al diario judicial MyT para dar su versión, que a su
vez entrevistó la jueza en cuestión, Isabel Míguez. Ésta se declaró “arrepentida” por
la “imprudencia”, asumiendo así el espionaje. “Me arrepiento de haber ido”, dijo a
MyT la jueza Isabel Miguez, “…pero al otro día del operativo la sala falló en contra
los cooperativistas.” (Mercadoytransparencia, 2011). Eduardo Murúa, de IMPA,
pregunta en la nota del diario judicial interno MyT: “¿Cómo puede ser que una jueza
viole los derechos de las personas, armando pruebas en contra de humildes
trabajadores, mediante espías, sin identificarse, sin hacerles saber que estaban
siendo interrogados a los fines de un proceso?” Además, “¿Desde cuando los
funcionarios judiciales actúan como un grupo de tareas de inteligencia?”; y, por fin,
“¿Qué se puede esperar de la justicia si los propios jueces violan las leyes?” Pero al
final de cuentas, con tal desbarate de la situación, este “…funcionario judicial que
no se identificó y, tratando de hacer el papel de James Bond, terminó siendo tan
torpe como el agente 86.” (Mercadoytransparencia, 2011).

3.2) IMPA Resiste

Frente a la posibilidad de desalojo la asamblea de trabajadores de IMPA decide


resistir evidenciando la utilidad pública de la fábrica, ocupándola al máximo para
aumentar el costo político de un acto abrupto. El colectivo IMPA mostró una
asombrosa rapidez para la organización y difusión de estas actividades, además de
una notable transparencia en sus comunicados y llamados abiertos. “Estas
experiencias forman parte de estrategias que intentan quebrar las lógicas
biopolíticas de producción de aislamiento del capitalismo.” Así, inicialmente se
realizó una “…masiva asamblea realizada en el teatro Nora Cortiñas (nombre
elegido por los trabajadores para homenajear a uno de los iconos de la lucha por los
derechos humanos)…”, con más de 150 representantes de distintas organizaciones
“…que cubren un amplio espectro del arco político comprometieron su apoyo a la
resistencia que lleva adelante el colectivo IMPA…” (Bokser, 2011).
La red de actores sociales cotidianamente instalada en la fábrica con sus diversas
actividades (centro cultural, bachillerato, universidad, tv, radio), por lo tanto

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conscientes de la situación judicial de la fábrica, es convocada a reunirse y plantear
tácticas concretas. Lo inmediato, como respuesta a la amenaza del desalojo, es
poner en marcha en la fábrica un estado de ocupación permanente. “Rápidos de
reflejos, armaron equipos de trabajo para garantizar el armado y la difusión de
guardias y vigilias culturales.” (Bokser, 2011).
Se organiza la convocatoria de toda una red de apoyo existente, que por una
parte se vincula con la red interna y por otra se compone de organizadores sociales
que conocen la historia de la fábrica y las luchas sociales. Aportando en el conflicto,
articulan la difusión de la defensa de la fábrica y se disponen a presentarse en su
puerta en caso ocurra un momento de tensión por la presencia policial en el local.
Buscan actuar directamente frente a los poderes estatales, haciendo llegar la voz de
la fábrica a los responsables del poder ejecutivo y judicial. “La articulación con la
comunidad y con sectores ligados a la cultura y la educación forma parte de una
alianza que les permite a los trabajadores sostener y difundir la defensa de la
fábrica y que produce una singular confluencia que se da entre una experiencia de
autogestión del trabajo metalúrgico y la labor cultural y educativa.”

Así fue que durante las noches de la semana pasada, hubo (por momentos
en forma simultánea) un elenco teatral ensayando en el tercer piso, un grupo
brasileño de samba en el patio, el taller de candombe en el segundo piso, un
colectivo de artistas plásticos pintando el frente de la fábrica, el Frente de
Artistas del Borda presentando su última obra en la planta baja, el colectivo de
la Sala Alberdi haciendo su varieté, la carpa de la Juventud de IMPA
recibiendo adhesiones y en el comedor se desarrolló (en el insólito horario de
las tres de la mañana) un torneo de fútbol/tenis, en el que trabajadores,
artistas, educadores y estudiantes disputaron el honor de la Copa IMPA. A las
actividades culturales se sumaron las clases públicas del Bachillerato Popular
y el lanzamiento del seminario sobre Historia del Movimiento Obrero de la
Universidad de los Trabajadores. Docentes, estudiantes, público y artistas
transitan todas las noches por espacios que durante el día son utilizados para
la producción fabril, generando una particular atmósfera de la cual es
imposible sustraerse (Bokser, 2011).

Por lo tanto, se nota que a partir de ello se exterioriza el conflicto a través de una
red de movimientos sociales que apoyan la recuperación de la fábrica. Se pudo
percibir tres niveles de apoyo a la fábrica: inmediatamente están los grupos que
realizan actividades dentro de ella de modo permanente, cotidiano, que podríamos
entender como el grupo de apoyo interno; las agrupaciones y colectivos que se
presentan en la fábrica respondiendo a la convocatoria amplia divulgada por IMPA
pone en conexión un grupo de apoyo externo, que si bien no está instalado en el
interior de la fábrica posee un vínculo de proximidad con ella; pero existe también

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un apoyo latente, que aparece de modo esporádico, de otras organizaciones,
vecinos, etc., que suelen favorecer a la lucha por la recuperación en momentos
clave, como el taxista citado.
Todo ese movimiento exige la atención permanente frente a la posibilidad de un
eventual desalojo violento en la madrugada, lo que también se convierte en cierta
tensión. Los cooperativistas estudian escenarios y anticipan las dificultades
originadas por la mala voluntad o corrupción política-jurídica, presionando por una
salida favorable. Desde un principio los obreros registraron cada episodio del
proceso a través de comunicados que buscan la más amplia difusión. La
transparencia también es un factor que convoca a los movimientos sociales. Lo
interesante es que este tipo de procesos desenmascaran las formas de dominación.
Se exponen los intereses ocultos, sórdidos, de los detentores de poder. Por detrás
de cada acción judicial y política cubierta de “neutralidad” por el debido “ejercicio de
la función”, aparece la sombra de la injusticia. Al interior de la fábrica el conflicto
trajo la solidificación de la unidad de los trabajadores nucleados en la asamblea
como medio de resolución y puesta en práctica de la decisión colectiva.

4) conclusiones parciales

Sobre las estrategias de resistencia. La estrategia de resistencia utilizada por


IMPA en la garantía de la defensa de la planta fabril, se basa sobre todo en la
decisión asamblearia. Desde la asamblea de los trabajadores, de la asamblea de
éstos con las organizaciones que actúan internamente en la planta de la fábrica, y
la asamblea con los diversos sectores sociales afines convocados, vemos a este
modelo de gestión de las personas como el eje sobre el cual se da la construcción
colectiva de las formas de resistencia.
Un aspecto importante es la presencia de diversas organizaciones
cotidianamente inseridas en la planta fabril, luego, al tanto de los acontecimientos
en el orden del día. Este grupo de apoyadores internos representa una capacidad
de movilización casi inmediata en defensa de las causas de IMPA, y dan a la fábrica
un contenido más allá de la producción en sí misma, transformándola en un espacio
abierto a la comunidad y, como se lee en la puerta de la fábrica, en una “fábrica
cultural”.
Además, al exteriorización del conflicto a través de la vinculación de diversos
otros sectores sociales de la escena política argentina, genera un grupo de

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apoyadores externos, que suman su capacidad de movilización y de visibilidad
púbica del conflicto, logrando sus efectos en los políticos de turno, los funcionarios
judiciales y otros aparatos del Estado, tal como fortaleciendo los procesos de
desarrollo político internos a la fábrica, impulsando actividades, creándose nuevos
organismos y espacios de producción cultural, educativa, comunicacional,
aportando en el intercambio de experiencias, formando redes, etc.
Por último, el apoyo latente que recibe la fábrica de individuos, sectores políticos
y de otros movimientos sociales, debido al contexto específico que atraviesa la
economía y política argentina, el desempleo estructural, el trabajo informal, etc.,
incidiendo en los altos niveles de politización de la población en general. Este
apoyo no se expresa inmediatamente, pero aparece en momento cruciales, como la
ayuda de un vecino, que en el caso de la gráfica Chilavert, cercada por policías,
dejó pasar por un boquete hecho en la pared de su casa los libros impresos a ser
entregues, o de los trabajadores de los servicios, quizás facilitando agua, luz y gas
cortados por ordenes judiciales, o también como del taxista mencionado.
La resistencia también exige una atención permanente, que no deja de
convertirse en una tensión permanente, administrada de distintas maneras. Es
necesario estar permanente atento al proceso judicial y a la correlación de fuerzas
política para adelantar una situación de mayor exposición al desalojo, el despliegue
policial o simplemente para impedir dificultades en la producción originadas de mala
voluntad o corrupción política-jurídica. Esta tensión crece o disminuye con el
presentimiento de la eminencia del peligro. Por ejemplo, una reunión con el
encargado del poder ejecutivo en desplegar las fuerzas policiales, un Ministro de la
Nación, etc., puede significar una señal de alivio para los trabajadores si se
presiente buena voluntad. Como esta es una tarea, además de política, un tanto
cuanto “detetivesca”, existe siempre un grado de incertidumbre, que puede ser
mayor o menor si se puede prever el comportamiento de ciertos funcionarios
estatales clave. También por esto es sumamente importante la difusión de
comunicados y notas sobre a situación de la fábrica y los hechos ocurridos,
exponiendo de modo transparente aquello que los trabajadores entienden estar
sucediendo.
Desde un principio, cuando se “huele” un nuevo conflicto, a partir de la
observación de los procesos legales o directamente de ciertos funcionarios, jueces,
legisladores o la policía, se expone públicamente los episodios de la forma más
inmediata posible, exponiéndose abiertamente el punto de vista de los trabajadores,

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a través de comunicados que buscan tener difusión masiva, utilizándose de todas
las redes de apoyo existentes. La transparencia obrera también es un factor que
convoca a los movimientos sociales. Los actores instalados en la fábrica
acompañan el proceso y se movilizan inmediatamente, de acuerdo con la decisión
de los trabajadores en asamblea. Se convocan todos los otros apoyadores al
interior de la fábrica, que suelen estar sabiendo de los hechos por los comunicados
(se presentaron en IMPA diversos movimientos sociales, estudiantes, vecinos, y
hasta algunos legisladores). Se forma así una red de “protección” sobre la fábrica,
una forma de “contención social” para evidenciar un alto costo político de una
acción abrupta de los poderes estatales. Se trata de ocupar a fábrica al máximo,
imposibilitando maniobras de desalojo que pasan a tener un costo político muy alto
mismo para indecentes políticos y jueces. Esta red de actores sociales se dispone a
presentarse en la puerta fábrica caso surja un momento de tensión por la presencia
policial en el local, por posible episodio de desalojo o algo semejante. Además, la
realización de actividades en la planta fabril sirve para juntar evidencias judiciales
de la utilidad pública de la fábrica. De hecho sirve para reavivar el ambiente interno
a la planta, para darle vida y ánimo a los trabajadores tal como desarrollando los
propios colectivos que se disponen a insertar sus actividades al interior de la planta.
De la asamblea amplia con todos los organismos de apoyo se forman grupos
para organizar una “vigilia cultural”, con una carpa permanente en la puerta de la
fábrica durante diversas semanas; y un grupo para realizar un festival buscando
entonces una presencia masiva de personas en solidaridad con la situación de los
trabajadores. Se trata de actuar también de forma directa frente a los tres poderes,
buscando reunirse con los responsables en cada cargo estatal, o haciendo llegar la
voz de los trabajadores, utilizándose para esto de todos medios, incluso de
cualquier contacto personal que se pueda tener con funcionarios de las
instituciones afines. La finalidad es presionar por una solución favorable y adelantar
fallos en contra, aprobación de leyes, despliegue de la gendarmería, etc.
Éste proceso evidencia los intereses ocultos y sórdidos de varios de los
funcionarios detentores del poder estatal, por detrás de cada movimiento judicial y
político. Los discursos formales de aparente “neutralidad”, debido al “ejercicio de la
función”, quedan desnudos frente a la realidad del conflicto. Se queda evidente que
el juez de la causa está vinculado con los intereses inmobiliarios, lo que llegó
efectivamente a generar su alejamiento del proceso por “incompatibilidad de
intereses”, significando una victoria parcial de los trabajadores.

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Sobre la determinación de lo político en la lucha de clases. Desde la forma que
entabló IMPA para organizar el conflicto en defensa de la recuperación fabril
podemos indagar algunas posibles conclusiones sobre la utilización de lo político en
la lucha de clases en general. Esto porque se nota de esta experiencia la
interesante observación de que en el conflicto de IMPA lo político-estatal se pone
en un segundo plano pero no pierde primacía. Es decir, que no es por estar la
esfera estatal en un segundo plano que ella se vuelve superflua, sino que la
resistencia parte de los movimientos sociales mismo, de la sociedad civil
organizada, pero el objetivo se logra con la conjunción de ambos. Esto se expresa
en los comunicados de IMPA cuando dicen que la “Legitimidad de las luchas es más
importante que las caducas leyes.” La política como “Estado” es puesta en segundo
plano cuando lo fundamental es llevar adelante una lucha debido a su legitimidad, y
ésta legitimidad está definida por los propios trabajadores como la
perdida/conquista de su dignidad en tanto trabajadores y su derecho de trabajar, y
no por su previsión en una o otra ley. O sea, los padrones que definen la necesidad,
posibilidad y forma de organización de la lucha no son externos a los trabajadores,
no están en los papeles de instituciones ajenas, no se definen validos por su
contemplación en tal o cual ley: el Estado de Derecho tiene menos legitimidad para
sancionar que la definición de los trabajadores sobre la legitimidad de su lucha,
definida en asamblea, o sea, en tanto cuerpo social y por esto legítima, correcta, por
más que “ilegal”.
Al Estado se le enfrenta como enemigo por su composición coyuntural, pero se lo
entiende como bien público que fue desvirtuado de su función ideal para caer en los
particularismos del poder de turno. Así se actúa directamente frente a los
funcionarios que ocupan posiciones estratégicas, pero se exige del Estado en tanto
institución abstracta el cumplimento de su función, que debe identificar siempre lo
estatal con lo público, las funciones del Estado con el bien estar general, lo que por
supuesto incluye la dignidad laboral.
Pero toda la resistencia se basa en la fuerza de los trabajadores y en las redes
que ellos capaces de articular, luego, se basa en su trayectoria misma, sumada con
la trayectoria de las organizaciones que le vienen brindar soporte. Se utiliza de las
redes para despegar sus contactos con el Estado, para socavar espacios, hacer
presencia y presión, pero siempre con metas definidas y limitadas (como al exigir
una ley expropiación específica), pues si bien una definición legal es un avance
tremendo, los trabajadores tienen en claro que no es con una ley que se recupera

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una fábrica. Los trabajadores son los garantes de la producción, y no el Estado ni el
capitalismo que hundieron la empresa anteriormente, y son las organizaciones de
apoyo que garantizaran la posesión de la fábrica por sus trabajadores en última
instancia, al poner sus cuerpos para impedir el desalojo de la planta. Es la
asamblea que da vida a la fábrica y no el cuerpo de legisladores, de
“representantes”. Ésta es la tensión válida. Los papeles y voluntades del Estado
apenas sirven para administrar los niveles de tensión. Así, la lucha civil se asesora
del Estado cuando es posible sacarle una ventaja, pero se le rechaza cuando
funciona de modo particularista. Si se puede conquistar un beneficio autentico, se
busca lograrlo; pero si el Estado, legalmente, impone el desalojo, se le rechaza su
autoridad y se le exige retratarse a cumplir su función estatal, luego pública. Cuando
el Estado avanza sobre los trabajadores, sobre la dignidad humana, él está
ignorando sus funciones para desvirtuarse en los particularismos, clientelismos y
dependencias. Cuando el Estado actúa a favor de los trabajadores, fueron éstos
que conquistaron por la lucha sus derechos, que ya deberían ser efectivos
corrientemente sin la necesidad del conflicto para conquistarlos.
En los actos del taxista, de los trabajadores cuando escrachan al funcionario en
Tribunales, en la reunión y actuación de las redes de apoyo, vemos a la sociedad
civil movilizarse por su cuenta, y hacer cumplir con sus padrones éticos y morales
propios. Pues el taxista podría haber dejado pasar la situación sin hacer nada, al
final un “buen ciudadano” debe creer en las determinaciones de la “Justicia”, en la
sabiduría de los jueces, de los “doctores”. Pero su hermano había tenido problemas
en su trabajo debido a un conflicto laboral. Luego la “justicia” se ve criticada, y la ley
escindida entre formalidad y realidad. El pueblo hace su propia definición de lo
legítimo, desvinculándolo de lo “legal”, que no siempre estarán conectados
entonces.
Se ve en el conflicto a la sociedad civil presionando el Estado, por más que las
acciones delincuentes de éste Estado generan una tensión en los trabajadores.
Buscan ocupar la fábrica, con actividades contra-hegemónicas, reunirse con altos
miembros del gobierno, difundir por todos los medios la situación y la delincuencia
del poder judicial, deslegitimando al Estado en su accionar, buscan políticos para
aprobar una ley de expropiación, etc. El fundamento de cada acción parte y termina
en la sociedad civil, en un accionar que por más voluntarista es también consciente,
llegando a desenmascarar al poder en su verdadera faz opresora, su vinculación
con el capital, con intereses particularistas, por más que disfrazada de neutralidad.

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Sin embargo, en la red de apoyo también se encuentran ciertos funcionarios
estales e incluso pocos legisladores. De éste vínculo se procura llegar a los
funcionarios en posiciones estratégicas, se procura elaborar un estudio de la
correlación de fuerzas política de la situación, para saber las posibilidades de
efectos externos – luchas de poder entre los políticos profesionales – para dificultar
o facilitar el proceso para los trabajadores. Con todo, en lo que se confía
efectivamente para impedir la acción política-estatal para el desalojo es en la
movilización social que impediría una acción abrupta debido al costo político que
implica. Pero, al mismo tiempo, se procura también hacer de éste aspecto una
plataforma jurídica, a través de un posible proceso legal que declare la utilidad
pública de la fábrica.
Por tanto, se puede suponer que el contexto neoliberal que llevó a la
recuperación fabril creó una nueva forma de trabajar, un nuevo tipo de autogestión,
un nuevo tipo de fábrica, de relación humana con el trabajo, que son resignificados
para estos trabajadores. Creando, también, nuevos sujetos sociales, para los cuales
son develadas las estructuras del poder, estipulándose con esto una nueva
definición entre lo entendido como el “nosotros/ellos”, luego, una nueva identidad,
que si bien es autentica no está libre de determinaciones ajenas, pues la trayectoria
de recuperación normalmente se inicia en contra del vaciamiento de maquinaria en
la planta y depende del contexto político que intenta sepultar la experiencia de las
recuperaciones, contra el cual resisten los trabajadores, siendo que de ahí vemos la
conexión política que tiene la fábrica con el Estado.
Los trabajadores fueron capaces de “torcer el destino que parecía inevitable: el
de la desocupación”, logro que se constituye en un “quiebre cultural” con sus
significantes anteriores, generando una identidad de “trabajador asalariado” a
“autónomo”, independiente de todo “patrón” (Di Marco, 2003:208).
Lo político aparece, por fin, como un obstáculo, de forma negativa, cuando
vinculado con la política del Estado, por más que mínimamente exista apoyo de
ciertos políticos, lo que no se compara con aquellos en contra de las
recuperaciones o que son indecisos o indiferentes. Pero, lo político aparece también
como construcción democrática al interior de la fábrica, pues la planificación del
proceso de trabajo se da bajo gestión asamblearia, tal como la organización de la
resistencia en el conflicto.
Sobre el modelo de gestión asambleario como fuerza colectiva. Frente a todas
estas dificultades, sumada la presión policial de desalojo durante la ocupación y

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puesta en marcha de la planta, los trabajadores lograron ir venciendo a los desafíos
y lo hicieron todo colectivamente. Su fuerza se forjó en la unidad. La unidad surge
de la honestidad, del respeto mutuo. De la democracia interna, de la revocabilidad
de mandatos. De la “libertad de tendencia”. La confianza –cimentada en el
“profundo respecto por la decisión de las bases”– refuerza la “asamblea como
máxima instancia de expresiones colectivas y toma de decisiones”. La politización
subjetiva se fijó en el proceso de lucha, siendo este un fuerte componente de las
experiencias de recuperación pues justamente él que prevaleció en el periodo duro
de la lucha, y permitió la consolidación del grupo (AIZICZON, 2009:211),
formándose una herramienta y “…una práctica que nunca pudieron (los opresores)
quebrar: la asamblea.” (KOROL, 2005:39). Los “pilares fundamentales” para
avanzar en la lucha son sus elementos subjetivos, como la honestidad, el respecto,
la democracia interna, la revocabilidad de mandatos, por tanto, la confianza mutua,
“…cimentada en la práctica asamblearia y el respeto por la sostenida conducta…”
de la comisión interna, los delegados, en su “profundo respecto por la decisión de
las bases”, reforzando a la “…asamblea como máxima instancia de expresiones
colectivas y toma de decisiones.” (AIZICZON, 2009:211).
La politización del grupo es su fuente de consolidación. Entender que el tema
laboral no termina en el puesto de trabajo. Por el contrario: que empieza ahí. La
asamblea organiza la resistencia y la producción colectiva democrática. Constituye
en si misma una tecnología social de gestión fabril de “organización política del
trabajo”. Con cargos rotativos y delegados sin mando. Apenas con “voceros” que
“organizan el curso de la decisión común”. Esta tecnología social procura un
espacio de trabajo placentero, libre de ritmos frenéticos, donde se puede escuchar
música y hablar. Los límites de los espacios son redefinidos, las maquinas
reordenadas. Los sectores pasan a estar abiertos a todos. Se suman los espacios
de comer, dormir, vigilar. La fábrica se abre a la comunidad. Brinda espacios a los
aliados políticos. Congrega una red de organizaciones y movimientos sociales que
desarrollan una serie de actividades antes impensables para una planta fabril:
educación, arte, recreación y terapia.
Pero sobre todo, la asamblea significa una gestión de tipo “control inverso” (Di
Marco, 2003: 205): de abajo hacia arriba. En ésta, la autoridad de los puestos es
invertida y el control– supervisión es sustituido por la coordinación–apoyo.
Simbólicamente, es un “quiebre cultural”. Los trabajadores “torcieron al destino” de
la desocupación que parecía inevitable. Y ahora su cambio identitario –de

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“trabajador asalariado” a “trabajador autónomo” independiente de todo “patrón”–
parece no tener más retorno.
La asamblea respecta a la “libertad de tendencia” pues cada uno tiene sus
opiniones, pero todos igualmente respetan el mandato horizontal de la asamblea,
por más que en una votación se vean como voto vencido. De este modo se puede
establecer “reglamentos de convivencia” interna, mocionado y votado por todos, sin
recurrir a procesos de dominación. “La mayoría –dice un obrero – tiene que ser el
ochenta por ciento para arriba, para que no haya dudas; y así funciona.” (KOROL,
2005:90y25).
Si la trayectoria de recuperación fabril empieza con una acción motivada por la
necesidad (preservar los puestos de trabajo), la creatividad de los trabajadores hizo
surgir algo nuevo cuando todas decisiones internas y el caminar de la lucha se basa
en relaciones democráticas, voluntarias y conscientes, cuando se tratan los
diferentes asuntos a resolver mediante prácticas asamblearias 204(asamblea).
La realización de una práctica de gestión fabril que tiene por eje central el
diálogo entre sus participantes, la contemplación de todas las voces, es decir, la
construcción de un consenso desde el disenso, significa la realización de un modelo
democrático participativo directo de gestión. El modelo asambleario de gestión
parece traducir la democracia fabril de hecho, la democratización del lugar de
trabajo, con mecanismos para generar el consenso más allá del voto individual.
Posibilita un planeamiento consciente de la producción, pues todos sus
participantes comprenden y ven con claridad los procesos de decisión y el trabajo
no es más dictado por personas ajenas a la línea de producción. Lo político aquí se
expresa en su máxima potencia, pues ¿puede haber democracia real si hay
despotismo en el lugar de trabajo?
La formación de individuos con importante formación política tras una trayectoria
de recuperación, el establecimiento de redes y el intercambio de experiencias,
indica además una inversión en las necesidades históricas de la militancia contra-
hegemónica. Si la militancia tradicional, de tipo “setentista”, se proponía,
históricamente, a formar los cuadros obreros, a politizar el proletariado, a “elevar su
consciencia”, vemos que los procesos de recuperación hacen despuntar cuadros
obreros con capacidad crítica, sea frente a la política o a la producción, de
articulación y movilización social, además de evidenciar formas creativas – y por
veces heroicas – de organización productiva y política. Por tanto, si el paradigma
militante tradicional que se propone a educar, a “iluminar” al proletario, la

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experiencia de la recuperación, nucleada en la asamblea, demuestra la práctica de
un tipo de militancia diferente, que podríamos llamar de militancia dialógica, en
referencia a la pedagogía dialógica propuesta por Paulo Freire en su Pedagogía del
Oprimido (2005). El diálogo se pone como fundamento de la construcción
organizativa, de la planificación de la producción y de la elaboración de las formas
de lucha. Desde la defensa de los puestos de trabajo contra el vaciamiento fabril a
la creación de una forma de autogestión, los trabajadores han desplegado en ésta
trayectoria un importante potencial organizativo, venciendo la resistencia no sólo de
los patrones y del Estado como también, no raro, de sus respectivos sindicatos, que
se en su incomprensión de la transformación toyotista del trabajo, la tercerización,
etc., vieron su fuerza política reducida o claudicaron directamente (Pinto, 2010).
Ésta propuesta de la militancia dialógica, que aquí se indica como posibilidad en
sus rasgos generales, está imbricada con la propuesta de la etnografía participativa,
pues también es una consecuencia práctica del trabajo de campo que supone el
comprometimiento del investigador, buscando unirse así con su “objeto”, con los
sujetos estudiados. Si es imposible que la presencia del etnógrafo no altere las
condiciones normales del campo, debemos buscar hacer que el trabajo de campo,
que el intercambio comprometido con el otro, resulte en una transformación aún
mayor del investigador, que se evidencie ésta transformación y se la inserte como
parte componente del proceso investigativo.
La asamblea se ha demostrado una técnica social posible de construir consensos
entre posiciones diferentes sin la necesidad de encuadramiento de las minorías o
grupos a parte, evidenciando en la práctica la potencia del dialogo en la
construcción colectiva; construcción colectiva ésta que envuelve al investigador que
se aproxima, y éste una vez comprometido, se integra como parte orgánica del
proceso que inicialmente él proponía apenas “estudiar”.

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