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El tiempo no se pierde, se

gasta
Es frecuente en nuestra sociedad escuchar expresiones como “He perdido el
tiempo haciendo esto”. El tiempo no se puede perder, sino que se gasta en una
cosa o en otra. Cada uno tenemos un tiempo limitado en La Tierra desde que
nacemos hasta que morimos, y después ya vendrá la vida eterna.
Durante nuestra vida podemos hacer cosas muy diferentes, pero la vida solo la
hacemos una vez, y nunca se puede repetir el experimento ¿Qué hubiera pasado
si yo hubiese estudiado otra cosa, si tuviera otra familia, si hubiese emigrado a
otro pais…? Nunca podré saberlo, porque lo que ya ha pasado es una historia
concreta e irrepetible. Habrá historias tal vez parecidas, pero nunca exactamente
iguales.

Nunca se puede decir que el tiempo se ha perdido, sino simplemente que ha


pasado. Tal vez no se ha hecho aquello que se tenia pensado, o que se debía
hacer, pero algo ha ocurrido en cada instante. Si hoy he dedicado un rato a
escribir esto no he ido a pasear, y si hubiera ido a pasear no habría escrito hoy
esto. Imaginemos que esta tarde hubiese ido a pasear y al anochecer dijera “He
perdido la tarde porque no tengo escrito el articulito del blog”. A mi entender sería
una afirmación poco acertada, porque a cambio habría tomado el aire o una
cerveza con los amigos. Hoy mi dia ha sido lo que ha sido y ya no volverá.
Aprovechar el tiempo no siempre es hacer el mayor número de cosas lo más
rápidamente posible. Eso está bien para el rendimiento industrial, pero no para
todo lo que hacemos en la vida. Es frecuente querer comprimir las actividades
hasta límites insoportables, como los viajes organizados que son auténticas
carreras contra reloj, en los que se ven muchas cosas pero que realmente no se
ha estado en ningún sitio. Probad a experimentar visitar algún lugar y quedarse un
buen rato sentado contemplando lo que hay a vuestro alrededor y la gente que
pasa. A mi me parece muy agradable. Al viajar es frecuente decir “Ya que
estamos allí vamos también a no sé donde que no está muy lejos” y ese “no sé
donde” muchas veces es equivalente a decir un dia cualquiera “Ya que estoy en
Valencia voy a pasar la tarde a Gandia y la veo también”, y así habremos visto un
poco de Gandia, pero no habremos estado en Gandia. Es probable que no
conozcamos profundamente nuestra localidad de residencia y lo que tiene en 50
Km a la redonda porque no hayamos dedicado suficiente tiempo a eso.
También es muy agradable alguno de esos días de no hacer nada, el dolce far
niente de los italianos. En esos días tal vez estamos haciendo algo muy
productivo: reponer fuerzas, reflexionar, ser conscientes de lo que hacemos y
por qué… No es necesario tener un apretado programa de festejos cuando se
tiene tiempo libre, sino que también es necesario tener tiempo libre en sentido
literal durante nuestro tiempo libre.
En algunos paises del mundo la comida es un bien escaso y pasan hambre con
demasiada frecuencia, mientras que en los paises llamados desarrollados lo que
es muy escaso es el tiempo libre y se pasa sueño con demasiada
frecuencia. Tanto comer como dormir son necesidades primarias, no dejemos de
lado una de ellas porque tengamos resuelta la otra. Dormir no es perder el tiempo,
es descansar, es soñar…
Dediquemos el tiempo a lo que valga la pena y dediquemos a cada cosa del
tiempo que se merece, disfrutando más de lo que hacemos cada día.

Mis queridos lectores, hoy habéis dedicado un ratito a leer esto y en este tiempo
de vuestra vida que ya no volverá habéis dejado de hacer otra cosa. Espero que
no lo consideréis tiempo perdido aunque ya no tenga remedio.

La percepción del
tiempo
La percepción subjetiva del tiempo, el cómo sentimos su paso, tiene
un papel muy importante en la vida, pues afecta a nuestra salud
somática y mental.
El sentido subjetivo del tiempo hace que tengamos una noción del
pasado, del presente y del futuro. Lo utilizamos para entender el curso
y la duración de los acontecimientos, situarlos en su momento y
generar expectativas sobre ellos. Nos sirve también para cosas como
apreciar la velocidad de lo que se mueve, valorar el tamaño de un
objeto cuando lo exploramos por el tacto, o ejercer la prosodia, el
mensaje emocional que va en la entonación y el curso de las palabras
habladas. Nuestra sensibilidad para percibir y responder al tiempo está
implicada también en tareas mentales complejas, como atender a lo
que pasa, pensar para solucionar problemas o tomar decisiones,
planificar el futuro o incluso entender las mentes ajenas.

La percepción subjetiva que tenemos del tiempo es influenciada por


muchos factores externos e internos a nuestro organismo. El tiempo
vuela cuando lo estamos pasando bien, cuando nos gusta lo que
hacemos, cuando estamos motivados, cuando lo que hacemos es
novedoso o cuando estamos ocupados. Las experiencias previas
también influyen en nuestra percepción del tiempo. Eso es lo que
ocurre cuando, por ejemplo, una película nos parece más corta al verla
por segunda vez. Contrariamente, el tiempo pasa más lentamente, es
decir, se nos hace más largo, cuando lo estamos pasando mal, cuando
esperamos con impaciencia, cuando tenemos prisas, cuando estamos
enfermos, cuando nos duele algo o cuando estamos cansados o
incómodos. Se nos hace asimismo eterno cuando llevamos una carga
pesada encima y, sobre todo, cuando estamos en peligro. También
apreciamos su curso como más lento cuando nos aburrimos y,
especialmente, cuando le prestamos atención, es decir, cuando estamos
pendientes de él. Si no le hacemos caso, el tiempo transcurre más
rápidamente. Nuestra percepción subjetiva del tiempo depende mucho
de la situación emocional en que nos encontremos. Si estamos
emocionados nos equivocamos mucho al valorar el
tiempo transcurrido. Eso es lo que pasa cuando llega por fin la persona
o la noticia ansiosamente esperada y sentimos que la hemos esperado
una eternidad, cuando en realidad fue mucho menos tiempo. Del
mismo modo, si tenemos prisa sentimos que el autobús tarda mucho
más en llegar y que el semáforo está mucho más tiempo en rojo.
Cuando estamos disgustados el tiempo pasa también con más lentitud.

Buena parte de las percepciones que tenemos son posibles gracias a


receptores especializados de nuestro organismo que captan los
estímulos correspondientes y los convierten en señales eléctricas que
envían al cerebro. Así, para percibir la luz o el color disponemos de los
ojos y la retina y para percibir los sonidos del órgano de Corti en el oído
interno. Sin embargo, para percibir el tiempo no disponemos de
ningún órgano especializado semejante a esos otros. No tenemos, por
así decirlo, un reloj o medidor biológico que informe a nuestro cerebro
del tiempo transcurrido, lo que complica nuestra comprensión de cómo
lo consigue. Pero es bien cierto que todos tenemos un sentido del paso
del tiempo que nos hace distinguir muy bien lo que pasó hace años o
días de lo que pasó hace un rato o acaba de suceder. Precisamos más
todavía, pues podemos distinguir minutos de segundos y éstos de
milisegundos.

Nuestro cerebro tiene relojes biológicos, como el núcleo


supraquiasmático del hipotálamo o la glándula pineal, que controlan
los ciclos de sueño y vigilia y la producción de hormonas y
neurotransmisores que influyen en nuestra fisiología y
comportamiento. Pero esas estructuras, aunque colaboran, no son las
encargadas de percibir el tiempo subjetivo. Hay también marcadores o
circunstancias externas que nos ayudan a hacerlo, como los relojes
artificiales, los cambios de la luz del día o incluso el ver crecer a los
hijos, en diferentes escalas temporales. Y también los hay internos,
como el propio ciclo de sueño y vigilia, la atención que prestamos a la
duración de los eventos o incluso la vejiga de la orina, que nos marca
tiempos de evacuación que pueden servirnos de referencia. Pero todo
eso no es suficiente pues la mayor incógnita sigue siendo cómo el
cerebro representa y percibe el paso del tiempo.

Una clave para descubrirlo la tenemos en los diferentes sentidos, pues


el tiempo que percibimos tiene mucho que ver con ellos. Por ejemplo,
evaluamos con más precisión lo que dura un sonido que lo que dura
una imagen visual o un estímulo olfatorio. Lo cual no es extraño, pues,
por su naturaleza, el sistema auditivo es el sistema sensorial humano
con más especialización y capacidad para percibir el tiempo. De ahí que
un sencillo truco para percibir con precisión la duración de un evento
corto consista en evocar mentalmente una canción conocida que nos
sirva de referencia temporal. Pero la evaluación del tiempo
transcurrido es siempre mejor cuando combinamos diferentes
modalidades sensoriales. De ese modo, para evaluar la duración de una
nota musical nos puede ayudar el ver la nota escrita durante el mismo
tiempo que la oímos. Igualmente, el ver al músico que interpreta la
melodía puede permitirnos evaluar su duración con más precisión que
si sólo la oímos. Nuestra capacidad para formar recuerdos es otro
componente esencial de la percepción del tiempo, pues la memoria es
siempre necesaria para medirlo. Una de las cosas que pierden los
enfermos amnésicos es precisamente capacidad para percibir el
tiempo, tanto de periodos cortos como largos del mismo.

Todo ello nos hace pensar que en el cerebro humano no existe un único
reloj biológico que marque el tiempo subjetivo, sino quizá diferentes
relojes que incluso pueden no estar sincronizados. De hecho, son
muchas las partes del mismo que han sido involucradas en la
percepción del tiempo. Entre ellas podemos citar, además de las
cortezas auditiva y visual, la corteza prefrontal, los ganglios basales e
incluso el cerebelo. Una amplia red de neuronas podría estar entonces
implicada en la percepción subjetiva del tiempo. Con todo, hay una
cierta especialización funcional, pues sabemos, por ejemplo, que la
corteza visual es necesaria para que percibamos la duración de una
imagen pero no para percibir la de un sonido. Sin embargo, todavía no
sabemos cómo puede representarse en esa o en otras partes de la
corteza cerebral el tiempo percibido para cada evento. El cómo esa
representación ocurre podría explicar mucho de lo que conocemos por
experiencia sobre la percepción del tiempo, como el que nos
equivocamos más cuando los tiempos a medir son más largos o, como
ya dijimos, cuando no le prestamos suficiente atención a la duración de
lo que sea. El cerebro, en cualquier caso, debe de funcionar bien para
que podamos percibir el tiempo con precisión. Los niños de menos de
ocho años tienen una precisión temporal pobre, debido probablemente
a falta de madurez de los circuitos neuronales que lo permiten, y al
llegar la vejez hay también cambios neuronales que hacen que los
marcadores internos se enlentezcan haciendo que el tiempo subjetivo
pase más rápido. Es entonces cuando los años se hacen cortos y la vida
en general va más deprisa.

Las observaciones y razonamientos anteriores nos ayudan a


comprender el valor que tiene la percepción del tiempo en nuestras
vidas. Es por ello que controlar los factores que influyen en esa
percepción resulta muy importante para nuestra salud. Como muy bien
ha explicado el profesor Ramón Bayés (El reloj emocional; Barcelona:
Alienta Ed. 2007), gestionar el tiempo interior, es decir, el que
apreciamos subjetivamente, es algo muy importante para conseguir
bienestar. El tiempo que percibimos no siempre coincide con el
deseado. A veces queremos que corra y en muchas ocasiones
desearíamos detenerlo. Conocer sus características y razonar sobre los
factores que determinan el tiempo subjetivo puede ayudarnos a
equiparar el tiempo que sentimos con el esperado, o a modificar
nuestro sentimiento para adaptarlo al tiempo objetivo, al que marcan
los relojes. Cuando no es así se disparan los sistemas emocionales del
cerebro y si ello perdura se genera un estado de estrés que perjudica
nuestra salud. El lector debe recordar que en situaciones de estrés las
glándulas suprarrenales liberan hormonas como el cortisol que dañan
el organismo ya que pueden producir alteraciones cardiovasculares,
depresión del sistema inmunológico y muerte de neuronas en el
cerebro. En general no es bueno estar muy pendientes del tiempo. El
trabajo a destajo o contrarreloj es un buen ejemplo, pues cuando se
perpetúa puede acabar castigando al organismo y debilitando la salud
somática y mental de quien lo realiza. Controlar nuestros tiempos o,
por lo menos, tener la sensación de que los controlamos, es un factor
clave del bienestar somático y mental de las personas.
En ocasiones parece que el tiempo pasa más rápido, sobre todo
cuando nos sentimos felices. Cuando nos estamos divirtiendo, se pasa
volando; por el contrario, cuando lo pasamos mal, el segundero
parece ir muy lento. Aunque el paso del tiempo sea el mismo, la
percepción que tenemos de él difiere. Partiendo de este punto, la
psicología del tiempo va más allá y nos cuenta cómo las diferentes
percepciones del tiempo van a influir en nuestra conducta.
El experimento del buen samaritano nos da una idea de cómo la
percepción del tiempo afectaría al comportamiento. En este
experimento se les dijo a unos seminaristas que tenían que ir a otro
edificio a dar una charla. Mientras a unos les dijeron que tenían tiempo
de sobra para llegar, a otros les dijeron que llegaban tarde y que ya
les estaban esperando.

En el camino, una persona estaba tirada en el suelo, mal vestida y con


pinta de encontrarse mal. La mayoría de los seminaristas que iban con
tiempo de sobra se pararon a ayudarpero, de los que iban con prisa,
la mayoría pasaron de largo. Curiosamente, los seminaristas iban a
dar la charla sobre la parábola del buen samaritano.

Algunas de las conclusiones que se sacaron de este experimento


fueron que la manipulación del tiempo fue la causante de los
diferentes comportamientos. Los que iban con prisa estaban
orientados al futuro. Iban con la mente centrada en que llegaban
tarde y no se pararon a ayudar. Por el contrario, los que iban con
tiempo estaban más orientados al presente y sí se detuvieron a
ayudar.

Profundicemos ahora en la psicología del tiempo para saber más.

La psicología del tiempo afirma que la percepción que tengamos del


tiempo influye en nuestra conducta.
Las diferentes percepciones del tiempo, según la psicología del tiempo
En base a los descubrimientos del estudio del buen samaritano, dos
investigadores, Philip Zimbardo y John Boyd, profundizaron en el
estudio de la psicología del tiempo. Su trabajo se culminó con una
categorización de las perspectivas temporales. Según Zimbardo y
Boyd existen seis perspectivas temporales y las personas suelen
dar más importancia a una de ellas, están más orientados hacia unas
que hacia otras. Estas son:
Pasado positivo

Las personas que con una orientación al “pasado positivo” recuerdan


el pasado con alegría. Intentan rememorar el pasado en el presente
repitiendo los recuerdos. Suelen ser personas cálidas,
sentimentales, amigables y con más confianza en sí mismas. Casi
nunca están ansiosas o deprimidas y no tienden a ser agresivas. Les
gustan la música y las películas antiguas. Les encantan las reuniones
familiares, los encuentros y celebraciones en grupo. Suelen mantener
objetos del pasado con valor simbólico.
Pasado negativo

Otro tipo de perspectiva temporal es el “pasado negativo”. Para


aquellos que están más orientados a esta perspectiva, el pasado está
medio vacío. Esperan poder librarse de las malas experiencias del
pasado, las cuales no recomiendan a nadie. No suelen tener
muchos amigos y, los pocos que tienen les describen como infelices,
deprimidos, ansiosos y bastante tímidos. En ocasiones llegan a
frustrarse tanto que pierden el control, pudiendo llegar a romper cosas.
No suelen hacer ejercicio ni nada divertido, controlan mal los impulsos
y les gustan las apuestas.
Presente hedonista

Otra perspectiva temporal es el “presente hedonista”, los sujetos más


orientados a esta perspectiva son más creativos y cuentan con
muchos amigos. Son enérgicos y les gustan las aventuras. Cuando
van a una fiesta, son los que más destacan y suelen hacer reír a todo
el mundo. Su lema es “si es placentero, hazlo” y, a causa de ello,
no les suelen durar mucho tiempo los trabajos. Son demasiado
impulsivos. También inciden en conductas de riesgo con asiduidad.

Presente fatalista

Las personas que cuentan con una orientación al “presente fatalista”


suelen carecer de confianza. Ello les lleva a estar deprimidos y
ansiosos. Suelen estar siempre de bajón, no son muy animados. Una
frase que les caracteriza mucho es: “lo que tenga que ser será”. Entre
sus prácticas se encuentran conductas de riesgo como el consumo de
drogas. Confían en que el destino es el que determina sus vidas
sin importar lo que ellos hagan.
Futuro

Otras personas están más orientadas al “futuro”. Ellos se guían por un


principio realista, hacen balances entre los beneficios instantáneos y
los costes futuros. Son capaces de rechazar una gratificación
instantánea por una recompensa mayor en el futuro.

Normalmente tienen muchos conocidos, pero no muchos amigos. Les


preocupan mucho las consecuencias y, por ello, no les gustan las
novedades ni la excitación. Siempre planifican todo y hacen muchas
listas. Usan reloj, y dan la sensación de pasarse la vida corriendo
detrás del segundero. Además, si algo les caracteriza es la prudencia
y la aversión al riesgo.

Futuro trascendental

Aquellos que tienen una orientación hacia el “futuro transcendental”


suelen estar vinculados a una religión. Estas personas creen en la
vida después de la muerte, acuden a los servicios religiosos
habitualmente y realizan los ritos correspondientes a su
religión ya sea en la intimidad o en público. Suelen tener un buen
control de los impulsos, por lo que no son agresivos, y se preocupan
por las consecuencias que sus acciones pueden tener en el futuro.
¿Cuál es la perspectiva temporal por la que te guías? Los
creadores de las perspectivas temporales ofrecen la posibilidad de
conocer tu perspectiva rellenando un cuestionario (en inglés) en su
página web. Hay que tener en cuenta que estas perspectivas no son
un rasgo cerrado y pueden cambiar en el tiempo debido a varios
factores.

La psicología del tiempo es un campo de conocimiento dentro de la psicología general, que


intenta explorar la influencia que tiene la naturaleza temporal de la vida humana en el
comportamiento. Estos procesos se estudian en cuatro niveles. Primero, la temporalidad
está marcada en nuestro cuerpo. Por ejemplo, necesitamos dormir con cierta regularidad,
nos sentimos más atentos o concentrados a la mañana o a la noche, según la persona, y
tenemos ciclos mensuales, como el periodo menstrual de la mujer.

Segundo, hay componentes del tiempo humano que son percibidos gracias a nuestros
sistemas cognitivos. Tenemos la capacidad para marcar un ritmo, con compases más o
menos constantes, pausar el tiempo necesario para que el lenguaje sea entendido, o estimar
cuanto tiempo es correcto o socialmente esperable, de aguardar en la cola de un
supermercado o tienda.
En tercer lugar, tenemos una capacidad temporal crucial pra nuestra identidad: de recordar
nuestro pasado y pensar en nuestro futuro. Esto es, nuestra capacidad cognitiva de saber
que vivimos en un tiempo personal, único de cada individuo, que fluye. Esta capacidad para
viajar mentalmente en el tiempo es una habilidad exclusivamente humana. Recordamos
vívidamente los momentos que marcaron nuestra vida, así cómo nos emocionamos de
eventos que podrían pasarnos en el futuro. Esta capacidad para recordar y anticipar nuestro
futuro está anclada en un sistema cerebral para la cognición episódica.
Por último, el tiempo es un fenómeno cultural. Diferentes culturas tienen nociones sobre el
tiempo, la puntualidad o las demandas de pensar en el pasado, presente o futuro,
diferentes. Algunos pueblos son más nostálgicos que otros de su pasado, mientras otros se
enfocan mucho en vivir los placeres del día a día, sin parecer muy preocupados en las
demandas del futuro.
Estos procesos temporales, en diferentes niveles, son estudiados por nuestro grupo de
investigación en la Facultad de Psicología. Por ejemplo, realizamos investigación en los
siguientes temas específicos:
 A qué edad y qué favorece la emergencia de la capacidad cognitiva para pensar en el futuro
en niños de la etapa pre-escolar (previsión episódica).
 La influencia del entrenamiento musical en cómo percibimos el tiempo.
 La capacidad para procesar duraciones y su vinculación con la hiperactividad en niños
 Perspectiva temporal y la consideración de las consecuencias futuras en procesos
psicosociales como la criminalidad, el consumo de sustancias o la psicopatología.
 Descuento temporal, personalidad y consideración de las consecuencias futuras. Puede ir al
sitio web descuentotemporal.psico.edu.uy para completar diversas escalas on-line. Asimismo,
puede conocer un poco más sobre nuestro trabajo en el desarrollo de la versión en castellano
de la Escala CFC aquí
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