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La desigualdad social en el Meta.

Caso de Villavicencio
Emilio Garcia Gutierrez
Villavicencio, Junio 7 de 2019
1. Algo de la desigualdad social
Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Piketty, advirtió que sus
acercamientos sobre las causas de la desigualdad en el país son escasos por las
limitaciones de acceso a la información. De acuerdo con Piketty, el 20% del ingreso de
Colombia está en manos del 1% de la población, mientras la mitad de esos ingresos
pertenece al 10%. Esta concentración es mucho mayor a la que existe en Estados Unidos.

Pese a que la desigualdad se ha tratado de explicar a partir de la teoría económica, lo


cierto es que los determinantes políticos son muchos más importantes. El acceso a la
educación y a plazas laborales es una responsabilidad que el Estado debe garantizar, sin
embargo, las condiciones de acceso y la calidad tienen un impacto en el aumento de la
desigualdad. (Conferencia en la Universidad Externado de Colombia, Bogota Enero de
2016.)

Para el investigador, la “Meritocracia” sigue siendo un discurso que utilizan las élites
para justificar la desigualdad. De acuerdo con datos de su estudio, la posibilidad de la ir
a una universidad para un hijo de padres pobres es cercano a cero, entre tanto, uno de
padres ricos su probabilidad es prácticamente del 100%. Y los que pueden hacerlo lo
hacen en casas de estudio de cuestionable calidad académica (“La desigualdad en
Colombia es una de las más altas del mundo”: Piketty, El Espectador, enero de 2016
Redacción Negocios y Economía)

2. Análisis de las cifras en Colombia

Colombia se clasifica como una de las naciones más desiguales del mundo y la segunda
de América Latina, según datos del Banco Mundial, donde la mayoritaria población
desfavorecida debe hacer diariamente lo indecible para poder alcanzar un magro
sustento...El desempleo en Colombia se sitúa en el 9,1 %, según datos del Departamento
Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Durante los largos años de guerra contra
las guerrillas de las FARC y el ELN, resultaron desplazados cientos de miles de

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campesinos que debieron irse para lugares lejanos o hacia ciudades y poblados donde
les era difícil encontrar trabajo y algún local para sus familias.

Como consecuencia de ese conflicto, unido a la entrega indiscriminada de territorios


cultivable por parte de las diferentes administraciones colombianas, en la actualidad el
1 % de la población más rica del país, junto con las compañías transnacionales, son
dueñas del 81 % de las tierras. El 62 % de los jóvenes colombianos que viven en el ámbito
rural no se inscriben en la educación secundaria y solo un 2 % accede a la universidad.

Aunque Colombia tiene un Producto Interno Bruto de 456 000 millones de dólares y
enormes riquezas minerales, más de 22 millones de los 42 millones de sus habitantes
viven en la pobreza lo cual se ha agudizado con las políticas neoliberales establecidas
en los últimos años.

Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en Colombia 5 000 niños
mueren cada año por causas relacionadas con desnutrición. Un documento suscrito por
la Iglesia Católica denunció que “no solo el 52 % de los colombianos vive en la pobreza,
sino que el 20 % se encuentra en la indigencia mientras 5 000 000 se van a dormir,
diariamente, sin comer”.

Con la entrada en vigor el 15 de mayo de 2012 del Tratado de Libre Comercio TLC), se
aceleró la fuga de capitales, la destrucción ambiental; aumentó la privatización de
servicios esenciales como educación, agua, electricidad y salud; se incrementó la
desigualdad y el trabajo precario; se redujo la producción alimentaria con la entrada de
mercancías subsidiadas procedentes de Estados Unidos, y sobre todo, se perdió la
soberanía económica y política de la nación. En territorio colombiano están enclavadas
siete bases militares norteamericanas

Como consecuencia de ese conflicto, unido a la entrega indiscriminada de territorios


cultivable por parte de las diferentes administraciones colombianas, en la actualidad el
1 % de la población más rica del país, junto con las compañías transnacionales, son
dueñas del 81 % de las tierras

El 62 % de los jóvenes colombianos que viven en el ámbito rural no se inscriben en la


educación secundaria y solo un 2 % accede a la universidad.

Aunque Colombia tiene un Producto Interno Bruto de 456 000 millones de dólares y
enormes riquezas minerales, más de 22 millones de los 42 millones de sus habitantes
viven en la pobreza lo cual se ha agudizado con las políticas neoliberales establecidas
en los últimos años.

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Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en Colombia 5 000 niños
mueren cada año por causas relacionadas con desnutrición. Un documento suscrito por
la Iglesia Católica denunció que “no solo el 52 % de los colombianos vive en la pobreza,
sino que el 20 % se encuentra en la indigencia mientras 5 000 000 se van a dormir,
diariamente, sin comer”.

Para que congresistas norteamericanos aceptaran aprobar el TLC, se incrementaron las


concesiones: se impulsaron las ventas de empresas de producción y servicios como las
compañías eléctricas de Boyacá, Pereira, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander,
Meta y Termocandelaria; grandes extensiones de terreno para la extracción de minerales
y la agricultura extensiva; construcción de hidroeléctricas con las consecuentes
afectaciones a los pobladores originales y al medio ambiente.

Las privatizaciones alcanzaron a los Banco Popular y Colpatria; a las empresas


inmobiliarias, servicios de agua potable, alcantarillado, la educación, salud y seguros.

Economistas y organizaciones políticas aseguran que los documentos del TLC,


compuestos por 1 531 páginas, desarticulan la soberanía del país al convertirlo en Ley
tutelada por lineamientos internacionales mediante el cual ningún organismo del Estado
puede aprobar algo que contradiga ese texto. Solo Washington ostenta el derecho a
realizar modificaciones a esas leyes con las consabidas ventajas a su favor.

Para reforzar el cerco neoliberal del TLC, Colombia se comprometió dentro del acápite
de la Propiedad Intelectual, a ceñirse por otros cuatro acuerdos internacionales que
favorecen la penetración y libre accionar de las transnacionales estadounidenses en el
país, sin tener que responder por reclamaciones ambientales, despidos laborales y
violaciones de derechos humanos.

Indiscutiblemente que Santos se anotó un importante punto con la firma de los acuerdos
de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pero
deberá él y su sucesor realizar muchas mejoras sociales, económicas y políticas a favor
de la mayoritaria población pobre del país, las que no se alcanzarán mediante políticas
neoliberales. (Hedelberto López Blanch, 30 de septiembre de 2017, periodista, escritor e
investigador, especialista en política internacional.)

Las desigualdades en Colombia son monstruosas: los ingresos per cápita del 10% más
rico son 24 veces los del 30% más pobre. El caso colombiano es típico de América Latina,
la región más desigual del mundo. Tanta desigualdad no se explica porque haya mucha
pobreza ni tampoco porque un puñado de familias sean dueñas de todo. Estas dos
visiones extremas son una forma de evadir el problema, que en realidad explica poco: la

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pobreza en América Latina no es más aguda que en otros grupos de países de similar
nivel de desarrollo y el puñado de cacaos ni siquiera aparece en las estadísticas.

La explicación más inmediata de la desigualdad se encuentra en la educación. Los jefes


de familia del 10% más rico de América Latina tienen tres años más de educación que
los del 10% siguiente, y siete años más que los jefes de familia del 30% más pobre. Como
la educación promedio de América Latina es tan baja -el trabajador típico tiene apenas
5 años de estudios-, hay grandes retornos para los pocos que han logrado ir a la
universidad y muy pocos para la gran masa con baja calificación.

La educación reproduce, en lugar de corregir las desigualdades. No se trata de una


confabulación de los ricos con el gobierno para explotar a los pobres. En América Latina,
el gasto público en educación primaria no es bajo y la cobertura inicial de la educación
es tan alta como en los países del sudeste asiático. ( http://www.iadb.org/oce.)

Pero las familias de escasos recursos encuentran poco atractivo mantener a sus hijos en
la escuela. A menos que puedan costearles una carrera universitaria, el esfuerzo no vale
la pena. Y cuanto más pobres son las familias, más hijos tienen y menos factible es que
puedan hacer el esfuerzo. De esta manera, la familia constituye el canal de transmisión
de la desigualdad.

3. La herencia social en el Meta y la política nacional contra la desigualdad.

El Coeficiente de GINI se basa en encuestas de hogares lo cual implica que las personas
más ricas no son encuestadas; dice Angulo, “la encuesta no incluye a los millonarios del
país, que por lo general no viven en Colombia, rechazan el cuestionario o no son
seleccionados por la muestra.”(Roberto Angulo,
En:https://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/7249-
%C2%BFqu%C 3%A9-tanta-desigualdad-hay-realmente-en-colombia. HTML). Por tanto
el grado de desigualdad real en ingresos es mucho mayor de lo que presentan las cifras
oficiales.

Por esto se proponen algunos índices alternativos, como el Índice de Palma o medidas
simples como el porcentaje del total de ingresos que recibe el 1% de la población. Según
el Índice de Palma, que mide la relación entre el ingreso total que recibe el 10% de la
población más rica y el 40% de la población más pobre, tampoco le va bien a Bogotá
cuyo índice tiene un valor de 3,1, es decir el 10% más rico recibe tres veces lo que recibe
el 40% más pobre, y se encuentra en un grupo intermedio de ciudades desiguales.
(https://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/7564-

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desigualdad-en-las-ciudades-de-colombia-
%C2%BFc%C3%B3movamos.html?highlight=WyJyb2JlcnRvIiwiYW5ndWxvIiwicm9iZXJ0
byBhbmd1bG8iXQ%3D%3D).

Pero además no se publican cifras oficiales sobre otros aspectos de la desigualdad como
la distribución de la propiedad accionaria, de los depósitos y títulos del Estado, de la
renta declarada para impuestos, etc., a pesar de que el gobierno dispone de cifras y
análisis. (Algunos investigadores analizan estas cifras que están disponibles en diversas
entidades públicas, pero los gobiernos no son transparentes ni las utilizan como
indicadores en documentos de política. Por ejemplo, Juliana Londoño.
http://asip.org.ar/wp-content/uploads/2014/12/Desigualdad-del-ingreso-y-pobreza-
en-Colombia.pdf)

Determina el artículo 32 de la ley 152 de 1994 que “los planes de desarrollo de las
entidades territoriales, sin prejuicio de su autonomía, deberán tener en cuenta para su
elaboración las políticas y estrategias del Plan Nacional de Desarrollo para garantizar la
coherencia.”

En el Plan Nacional de Desarrollo la meta de reducción de la desigualdad es pasar de un


GINI de 0,508 en 2017 a 0,47 en 2022, una reducción de 0,38 que debería ser como
mínimo la meta a adoptar en Bogotá. (Presidencia de la República, Departamento
Nacional de Planeación, Bases del Plan Nacional de Desarrollo, página 161). En el marco
de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas
(https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals.html)
, el gobierno, mediante documento CONPES 3918 de 2018, se comprometió con algunas
metas de reducción de las desigualdades:

Pasar de 0,522 a 0,480 en el GINI en 2030, a incrementar el crecimiento de los ingresos


per cápita del 40% más pobre de la población, pasando de 2,7% a 3,5%, a aumentar la
participación de los ingresos laborales en el PIB de 34% en 2018 a 35% en 2030 y a
reducir la brecha de la pobreza extrema entre zona urbana y rural de 3,7 a 2,6. Es decir,
la meta es que la desigualdad siga igual, un propósito poco ambicioso.

4. ¿Es un problema que debe enfrentar la Alcaldía de Villavicencio?

Aunque la desigualdad es considerada como un gran problema por amplios sectores de


la sociedad y se repite frecuentemente que somos uno de los países más desiguales del
mundo y que la desigualdad es excesiva, intolerable, injusta, desproporcionada,
exagerada, etc., es realmente poco lo que se hace para combatirla. La desigualdad no es
un problema para todo el mundo, de hecho el 1% que concentra el 22% del total de
5
ingresos o el 10% que se queda con el 40% del total, debe pensar que dicha desigualdad
es algo muy bueno…para ellos. Pero los candidatos que consideran que efectivamente
es un problema deberían proponer metas concretas y acciones específicas. Como
mínimo, los candidatos deberían comprometerse con alcanzar el grado de desigualdad
de 0,4 correspondiente según el DANE a Pereira y Bucaramanga.

Adicionalmente, se esperaría que los candidatos no se limitaran solamente a metas en


cuanto a distribución de ingresos sino que dieran el paso a considerar una mejor
distribución en activos físicos y financieros.

El panorama, sin embargo, no es muy positivo. En la política nacional las metas son
precarias y el gobierno de Duque no muestra ningún compromiso serio con la reducción
de las desigualdades. Además parecería que hasta el momento no es un asunto que se
encuentre dentro de las preocupaciones de los candidatos.

Es necesario además examinar qué se podría hacer realmente y la viabilidad política de


ejecutar medidas de fondo contra la desigualdad. Desde una perspectiva marxista las
acciones dentro del modelo vigente solo abordan los síntomas, por cuanto no
modifican la desigualdad estructural que hace que millones de bogotanos solo cuenten
con su fuerza de trabajo y se vean obligados a venderla a un pequeño grupo de dueños
del dinero y de los medios de producción. Pero aún dentro de los límites del sistema
hay diferencias enormes de interpretación y políticas. En reciente artículo en The New
York Times, Stiglitz ( https://www.clarin.com/new-york-times-international-
weekly/capitalismo-progresista-oximoro n_0_M0cUbjEYN.html) defiende la posibilidad
de mejorar la distribución del ingreso y hace un conjunto de propuestas sobre lo que
denomina un capitalismo progresista. “El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz
explica cómo se puede canalizar el poder del mercado y ponerlo al servicio de la
sociedad”,