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La colonización cafetera en el Ariari.

Brevehistoria
28/05/2019opinión

No había terminado la primera violencia en el país cuando los cachiporras y los


godos de la época derrotados en esta primera guerra llegaron a las tierras del Alto
Ariari.

Por: Emilio García Gutiérrez*

Hace poco volví a la denominada Región del Ariari. Mucho más moderna que
hace más de treinta y cinco años. A propósito, es necesario que cambiemos el
paradigma de “ciudad moderna” impuesto en los años de postguerra, que es
el que actualmente tenemos y que lamentablemente muchos dirigentes,
empresarios y grandes industrias se rehúsan a dejar. Donde las ciudades le dan
la espalda al medio natural y los recursos naturales son solo vistos para
satisfacer las necesidades de una creciente pobres agro industrialización y
escasa urbanización.

Al cambiar ese paradigma de “ciudad moderna” y ante el surgimiento del


discurso del Desarrollo Sustentable; es necesario que la población civil, la
academia y el Estado conozcan y se involucren con los nuevos conceptos de
Sostenibilidad Urbana, Ciudad Sostenible y Ecourbanismo; caracterizados
porque cada uno de nosotros empecemos a entender la manera de
relacionarnos entre un sistema construido (Ciudad) y un sistema natural
(Medio Ambiente); y que en su relación entendamos que todos hacemos parte
de un Ecosistema.

Como al lado de la vía pavimentada o central, existían unas “matas” de café,


este cultivo sirve como columna central para recordar el pasado del café en el
Alto Ariari. No había terminado la primera violencia en el país cuando los
cachiporros y los godos de la época derrotados en esta primera guerra llegaron
a las tierras del Alto Ariari. La mayoría de ellos venían del sur del Tolima, del sur
del Huila, otros de Antioquia, del Valle, de Santander y de la región
Cundiboyacense.

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En su mayoría eran labriegos, hombres y mujeres de campo que lo habían
perdido todo y solo tenían una mujer, unos barrigones llenos de lombrices, un
perro flaco y una que otra escopeta.

Los acompañaba el “ángel de la guarda”, la cédula, el carné de liberal o


conservador y la tierra por montones en las uñas y en las orejas. Tenían una
gran verraquera y ganas de trabajar y así se fueron enfrentando al Ariari, al
Guejar, a la noche, a los animales y al monte. A golpe de hacha y machete (sin
Héctor Lavoe, quien posteriormente cantó: Pa lante, alta la frente, de frente
vamos a demostrar, que lo nuestro no fue un golpe de suerte, somos hacha y
machete y esa es la verdad) fueron abriendo trocha y conociendo a otros
pobladores que venían del Sumapaz y así revueltos “fundaron” San Luis de
Cubarral, El Dorado y Medellín del Ariari (El Castillo).

Más tarde los caciques de los partidos tradicionales dieron las órdenes y se
fueron nuevamente enardeciendo los ánimos y se fueron quedando en el Alto
Ariari, separados, sin puente y sin amistad, anticipándose a la salsa del Grupo
Niche… del puente para allá…

Estos campesinos pobres desde de la década del sesenta hasta hoy en día con
más ganas que apoyo del Estado colombiano, han sembrado y ensayado con la
piscicultura, los frutales, el plátano, la maracachafa, el cacao y el café.
Solamente con el café y el cacao, y una que otra “bicha” han aguantado las
aperturas económicas del sistema, la violencia indiscriminada (de legales e
ilegales), la roya y la broca del café (traída por la Federación). Con el “pepeo”
de estas dos especies han aguantado, levantado hijos para la vida y dicen los
entendidos que han hecho Patria.

En Colombia, y también el Alto Ariari, en los 80 y noventa, se desgranaba el rojo


grano entre los ágiles dedos, muy distintos a los de ahora en que se nos
desgranan las lágrimas. Era un rito descerezar, secar, despasillar.

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Los domingos, desde la vereda salía la recua de mulas o los Carpati o los Willys,
silbando “me voy pal pueblo, hoy es mi día”… Hoy, tristemente, el Gobierno
nacional, con Duque a la cabeza, cambió la letra y los campesinos pobres dicen
en otros lados: “me voy pal paro, hoy es mi día”.

*Catedrático ESAP.