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Carta de una adolescente embarazada

A veces me miro en el espejo y me gustaría ver el cuerpo y la tripa de una chica adolescente normal. Que la ropa no
tuviera tres tallas de más. Una cara que no estuviera hinchada y unos ojos que no se marcaran con ojeras por falta de
sueño. Me gustaría no tener que aguantar a una espalda en constante dolor, sintiendo náuseas todo el día, con la
necesidad de orinar cada cinco minutos, ni luchar por mantener la comida dentro y respirar sin inflarme, simplemente
sentada viendo la televisión.
A veces deseo ser un chica normal de 15 años de edad, todavía aprendiendo a ser responsable de mí misma, y no de
dos personas. Echo de menos poder dormir boca abajo, sobre mi barriga, no preocuparme por lo que estoy comiendo,
por si voy a poner a mi hijo en peligro. Echo de menos estar en clase, el sonido de los alumnos en el chat. Echo de menos
llevar un uniforme, los zapatos negros, echo de menos tener que levantarme a las 6:00 de la mañana, preparar mi
mochila, tomar el autobús con mis amigas y chismorrear.
Echo de menos a los profesores. Echo de menos a los estudiantes. Echo de menos los deberes. Echo de menos ser una
adolescente. Tomé la decisión de crecer demasiado rápido, pero me pareció que estaba bien, porque todo el mundo lo
estaba haciendo. Hice lo que el profesor de salud me dijo que hiciera. Yo estaba con alguien a quien amaba más de lo
que las palabras pueden explicar; Pasé cada minuto que pude con él. Compartimos una conexión como nunca había
tenido con alguien. Dimos un paso hacia lo desconocido, y aquel fue el día en que mi vida cambió para siempre.
Me acostumbré a las miradas, los susurros y las miradas de disgusto. Y pensar que hubo un tiempo en que hubiera sido
yo la persona que mirando a una niña con una barriga de mami pensara: “Oh, Dios mío... Debe tener una vida muy
dura”.Nadie jamás puede entender lo que una madre adolescente atraviesa hasta que no pasas por ello. Es tan fácil de
decir que he arruinado mi vida. Es fácil decir que mi hijo va a tener una vida inestable, que voy a perder a todos mis
amigos,que voy a ser una madre inútil que envía a su hijo a la escuela sin zapatos o sin almuerzo, porque estoy
demasiado ocupada en Facebook y quejándome sobre el maquillaje.
Siendo una madre adolescente sigues siendo adolescente, pero te ves obligada a crecer. Es un instinto natural. Es difícil
crecer tan rápido; esta es la etapa en la que debemos estar nerviosas por el estudio de los libros de matemáticas, por
comer sano, porque quieres que te quepa un vestido que revele un poco bastante pierna. Pero en cambio, yo y otras
madres pensamos en que tenemos que afrontar algo que nos dicen es la cosa más dolorosa que una mujer puede
experimentar, estamos estudiando libros de parto y aprendiendo lo que necesita un bebé. No importa si tu mundo se
está cayendo a pedazos y sientes como cada día que pasa está empeorando. Hay una vida que se apoya en ti, y no
importa quién mire, qué juzgue, o qué diga, el hecho es que te vas a mantener firme junto a este niño. Ese es el éxito.
Echo de menos mi antigua vida a veces, pero mi papel en este mundo ha cambiado, y eso está bien. Ya no se trata de mí;
se trata de mi bebé precioso con quien me reuniré en unas pocas semanas. Cuando necesite cambiarse, voy a estar allí.
Cuando necesite comida, voy a estar allí. Cuando juegue su primer partido de fútbol, yo estaré allí. Cuando llegue un
certificado para ser una estrella, yo estaré allí. Cuando necesite un abrazo, yo estaré allí. Por difícil que haya sido este
recorrido, Mason es la razón por la que he estado viviendo durante estos últimos nueve meses. Él es la persona por la
que he sido fuerte y por la que he luchado, y voy a seguir haciéndolo. Mi edad ya no importa. Él me necesita y eso es lo
que importa.

Responde:

1.- ¿Qué medidas anticonceptivas conoces para prevenir el embarazo adolecente?