Está en la página 1de 4

La Edad Media – José Luis Romero

Primera parte: Historia de la Edad Media

> LA ALTA EDAD MEDIA

La formación de la Europa Feudal

814: Muerte de Carlomagno.


El vasto imperio que había conquistado, pasa a manos de su hijo Ludovico Pío.
Este, no tenía la misma autoridad que su padre y no pudo impedir que se desarrolle la
disgregación que se escondía en el imperio:
Por un lado: Los condes adquirían cada vez más autonomía.
Por otro: Los hijos del emperador se mostraban impacientes por entrar en posesión de la
herencia.
Y así… se sucedieron sin interrupción las “guerras intestinas”.
Guerra que sucede en el interior, dos
bandos de poder dentro de la misma.
El ataque no viene desde afuera sino
desde adentro mismo.
840: Muerte de Ludovico Pío.
Guerra entre sus hijos: Lotario (hijo mayor) aspiraba al título imperial que sus hermanos Carlos y
Luis, se negaban a darle ya que no reconocían que su autoridad fuera superior a la de ellos.

843: Tratado de Verdún Por el cual se distribuyeron los territorios imperiales.


Lotario: Fue reconocido como emperador pero con la condición de que su título no pasaba de ser
puramente honorífico.
Sus territorios fueron: Italia y los valles de los ríos Ródano, Saona, Mosa y Rin. (Su reino se
disgregó pronto)
Luis: Región este del Rin – la Germania –
Perduraron con propia fisonomía.
Carlos: Región oeste del Rin – la actual Francia –

En cada una de esas regiones comenzó a sentirse cada vez más intensamente las fuerzas
disgregatorias. Los reyes carolingios perdieron progresivamente su autoridad, en gran parte
debido a su impotencia.
Los condes en cambio, acrecentaban su poder, y por diversas razones llegaron a tener en la
práctica una completa autonomía.
De todas esas razones, la más importante fue la aparición de nuevos invasores que asolaron la
Europa occidental desde el siglo VIII y especialmente desde el IV. 1. Musulmanes
2. Normandos
3. Esclavos
4. Mongoles

• Musulmanes:
- Poseían el control del mar Mediterráneo.
- Operaban desde los territorios que poseían en el norte de África y España.
- Asolaban las costas meridionales de Italia y Francia e hicieron pie en Sicilia y en algunas
ciudades italianas, al tiempo que saqueaban otras e interrumpían el comercio marítimo de los
pueblos cristianos con sus operaciones de piratería.

• Normandos:
- Construyeron estados vigorosos en la cuenca del Báltico, desde allí empezaron sus incursiones
de saqueo hacia el sur.
- Eran de origen germánico y habían permanecido en Dinamarca y Noruega mientras sus
hermanos de raza se dirigían al oeste y el sur; allí aprendieron navegación hasta transformarse
en marinos consumados, arte que combinaron con sus aptitudes guerreras.
- Se trasformaron en el azote de las costas de Inglaterra y Francia.
- Desde fines del siglo IX se instalaron de algunas regiones de esos países con carácter definitivo.
- Su actividad durante mucho tiempo fue la piratería y el saqueo de las poblaciones costeras y de
las orillas de los ríos.

• Esclavos:
- Provenientes de la llanura rusa.
- Asolaron las zonas orientales de la Germania.
- Algunos se establecieron luego en las cuencas de los ríos Vístula y Order (los luego llamados
polacos); otros se fijaron en Bohemia y Moravia, y otros, se radicaron en las costas del Adriático y
se los conoce con el nombre de esclavos del sur o yugo esclavos.

• Mongoles:
- Desprendieron hacia el oeste una nueva rama de su tronco; los magiares, quienes llegaron por
el Danubio y se instalaron en su curso medio, la actual Hungría, desde donde amenazaban a la
Germania constantemente con sus expediciones de saqueo.

Saqueo y depredación, fueron los rasgos característicos de estas segundas invasiones que la
Europa occidental sufrió durante la Edad Media.
Las diversas comarcas eran defendidas por una nobleza guerrera, pero la falta de organización,
la autoridad que se esforzaban por mantener los reyes y sobre todo las dificultades técnicas
(especialmente en materia de comunicaciones), hicieron que esa defensa aunque suficiente para
impedir la conquista, fuera ineficaz para acabar de una vez con la amenaza de las incursiones de
saqueo.
De esas circunstancias derivó una creciente autonomía de las diversas comarcas libradas a sus
solas fuerzas, de la que se beneficiaron los señores que pudieron y supieron organizar una
defensa efectiva de sus territorios y de las poblaciones que se ponían bajo su custodia. Esos
territorios, recibidos del rey para los que gobernaban, pasaron a ser cada vez más de la propia y
absoluta jurisdicción de los señores, que poco a poco empezaron a considerarlos también como
su propiedad privada.
Así se formaron poco a poco los feudos, unidad básica de la nueva organización social.

El feudo se caracterizó por ser una unidad económica, social y política de marcada
tendencia a la autonomía y destinada a ser cada vez más un ámbito cerrado.
Había sido concedido a un noble por el rey (o por otro noble de mayor poder) para que se
beneficiara con sus rentas, y para que lo administrara, gobernara y defendiera.
Ese noble (el señor del feudo), estaba unido al rey (o al noble de quien recibiera la tierra), por
un doble vínculo: el del “beneficio”, que lo obliga a reconocer la propiedad eminente de quien
le había otorgado el feudo, y el “vasallaje” por el que se comprometía a mantener la fe jurada
con su señor, obligándose a combatir a su lado y a prestarle toda suerte de ayuda.

El beneficio:
- Suponía la aceptación de una tierra con la condición de no tener sobre ella sino el usufructo, en
tanto que se reconocía el dominio al señor que la entregaba.
- Podía ser hereditario y se revocaba de común acuerdo o cuando una de las partes podía probar
que la otra había violado alguno de sus puntos del contrato feudal.
- Cada señor podía, a su vez, entregar parte de la tierra recibida a otro señor en las mismas
condiciones.

El vasallaje:
- Suponía la admisión de una relación de dependencia política, pues el vasallo era
automáticamente enemigo de los enemigos de su señor y amigo de sus amigos.
- Se llegaba a ser enemigo del propio padre si el señor lo era.
El vínculo feudal se establecía mediante un contrato que se formalizaba en ceremonia pública y
ante testigos. Un juramento ligaba a las dos partes contratantes y a los testigos que se hacían
solidarios del cumplimiento de lo pactado.

El contrato feudal tenía dos fases:


- La primera: Se establecía el vínculo del beneficio mediante la entrega de un objeto que
representaba simbólicamente la tierra que el beneficiario recibía.
- La segunda: Se establecía el vasallaje por el juramento de “homenaje” que hacía el futuro
vasallo a su futuro señor, besando su mano o poniendo las suyas entre las de él.

Como cada señor podía hacerse de vasallos entre otros menos poderosos que él, llegó a crearse
un sistema jerárquico, característica de la época. Esa jerarquía se establecía dentro de la clase
señorial, junto a ella se establecían los grados en que se clasificaba el orden sacerdotal y por
debajo de ella se situaban las clases no privilegiadas.
Era, pues, la sociedad feudal una organización basada en la desigualdad.

Las clases no privilegiadas eran la de los campesinos libres y la de los siervos. La diferencia entre
ambos era leve, pues los señores ejercían su autoridad y su poder con absoluta discrecionalidad
sobre ambas ya que no había frenos legales que pudieran sobreponerse a su predominio, solo los
principios morales y religiosos podían servir de freno, pero la época feudal fue un momento de
muy paulatino ascenso de esos principios.
El campesino libre solo poseía sobre el siervo la posibilidad de cambiar de amo, pues conservaba
la libertad de movimiento.
El siervo, en cambio, estaba atado a la gleba y formaba parte de ella. Era transferido de un señor
a otro cuando se transfería la tierra.
Ni campesinos ni siervos podían hacer nada frente a los abusos de los señores.

Campesinos y siervos solo tenían deberes.


Señores les correspondía legítimamente todos los derechos y privilegios.

La sociedad feudal empezó a trazar los rasgos característicos de su organización en la época de


los reinos romanogermánicos y del Imperio carolingio; pero sería en el transcurso del siglo IX
cuando habría de adquirir su fisonomía precisa, que perduraría con pleno vigor hasta el XIII.
En el XIII, ese régimen empezaría a desintegrarse por la presión de nuevas fuerzas económicas,
sociales y políticas. De modo que ya no puede hablarse de una sociedad típicamente feudal.

Durante ese tiempo, la historia de los reinos de la Europa occidental se caracterizó por la
progresiva adecuación de su régimen interno a las fuerzas predominantes. La monarquía se
debilitó considerablemente y los señores ascendieron en poder y riqueza; pero los reyes no
cedieron nunca del todo, y en el fondo del cuadro de la sociedad feudal hay siempre un panorama
de lucha abierta o encubierta entre la monarquía y la nobleza.

En Alemania y Francia, las dinastías carolingias duraron hasta el siglo X. Los descendientes de
Luis el Germánico se extinguieron en la primera en 911, cuando los grandes señores se habían
fortalecido notablemente, y en particular, los duques de Sajonia, Franconia, Suabia y Baviera.
Uno de ellos (el de Franconia), fue elegido rey entonces, y a partir de ese momento quedó
establecido que el trono germánico sería electivo. Pero en 918 fue elegido Enrique se Sajonia, y
desde entonces hasta 1002 los duques sajones gobernaron el reino imponiendo a los señores por
diversas vías la elección del sucesor dentro de su casa, de manera que, aunque la corona siguió
siendo electiva en teoría, en la práctica resultó hereditaria.

De todos los reyes sajones, Otón el Grande (936 – 973) fue el más brillante. Además de rechazar
las invasiones que asolaban las fronteras, conquistó la Italia y se coronó emperador, creando el
Santo Imperio Romanogermánico.
Su política interior se caracterizó por sus esfuerzos hacia la consolidación del poder real
conteniendo a los señores.

Entretanto, la dinastía carolingia había declinado también en Francia hasta desaparecer al fin. En
987 los señores eligieron rey (en reemplazo a Luis V) al conde Hugo Capeto, quien defendía
eficazmente el territorio del norte de Francia contra los normandos.
Con él se inició una dinastía destinada a perdurar durante varios siglos.
Su problema fundamental fue el mismo que había preocupado a los reyes y emperadores de
Alemania: la sumisión de los señores y el fortalecimiento de la autoridad real. Sus éxitos fueron
escasos, pero lograron al menos asegurar su predominio en sus propios feudos

Por su parte, Inglaterra adquiría poco a poco una fisonomía diferente debido a las sucesivas
invasiones que sufrió.
Los reinos anglosajones se vieron acosados por los daneses, que se apoderaron de la isla por
obra del rey Cnut de Dinamarca, que estableció (a principios del siglo XI) un poderoso imperio
anglodanés. Por un momento pareció que Eduardo el Confesor podría encaminar el reino por una
senda independiente y sin influencias extranjeras, pero a su muerte el trono quedó vacante y fue
disputado, conquistándolo al fin el duque Guillermo de Normandía gracias a su victoria en
Hastings (1066). El reino adquirió desde entonces una peculiar fisonomía.
Mientras en Europa ascendía el poder de los señores, la monarquía inglesa se establecía sobre la
base de un vigoroso poder central

En la península ibérica crecían entretanto los reinos de Catilla y Aragón, y se formaba el de


Portugal.
El reino de Catilla se formó por el progresivo desarrollo del pequeño reino asturleonés que se
estableció en las montañas del noreste al producirse la invasión musulmana. En la paulatina
reconquista, la meseta castellana había adquirido cada vez más importancia por su proximidad
con los estados musulmanes y sus condes se hicieron autónomos, llegando luego a afirmar su
autoridad sobre todo el reino cristiano del noroeste.
A fines del siglo XI, los cristianos habían avanzado hasta el Duero y se acercaban de a poco
hasta las orillas del Tajo. Alfonso tomó allí la ciudad de Toledo (1085), y aunque después sus
huestes fueron batidas por los almorávides que vinieron en auxilio de los musulmanes españoles,
la plaza fuerte fue mantenida. Poco después se separó de su reino el condado de Portugal, que
se transformó en un reino autónomo, cuyos reyes de origen borgoñón, lograron expulsar
prontamente a los infieles de su suelo.
Entretanto, el reino de Aragón, constituido en la antigua marca carolingia de España, se extendió
progresivamente por las costas del mediterráneo.

Así crecieron y se organizaron las monarquías occidentales durante los primeros tiempos de la
época feudal, en medio de una constante lucha interna entre los señores que defendían sus
prerrogativas y la realeza que pugnaba por contenerlos.
En esta lucha la corona comenzó a buscarse aliados, y los halló muy pronto en la burguesía, que
por entonces, empezaría a constituirse en las ciudades, protegidas por los reyes.

También podría gustarte