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EL AYUDE DE UN CRISTIANO

Durante los 21 Días de Oración estaremos también ayunando. Esto es optativo y de


participar debemos hacerlo con completa libertad y con la consulta a un médico para
hacerlo de manera responsable. Aquí hay un texto que nos enseña de manera práctica cómo
y por qué ayunamos:

¿Qué es el Ayuno?
El Ayuno es una herramienta espiritual que Dios nos da para preparar nuestra vida. No es
que el ayuno le haga cambiar de opinión a Dios o le tuerza el brazo. Lo que el ayuno hace
no es modificar a Dios, sino modificarnos a nosotros. El ayuno nos pone en las condiciones
espirituales para recibir lo que Dios quiere darnos.

Tal vez vos sí fuiste formado en la práctica del ayuno. Pero es probable que te suceda lo
que a muchos que tienen incorporada esta disciplina en sus vidas. Y es que ayunaste
muchas veces tratando de convencer a Dios que te conceda lo que vos le estabas pidiendo.
Si es así, permitime corregirte la perspectiva. Ese no es el espíritu del ayuno. El espíritu del
ayuno no es cambiar a Dios, sino que el ayuno te ayuda a que vos seas modificado. Te
ayuda a que te pongas en armonía con Dios y te prepares para recibir lo que Dios quiere
darte.

1. ¿De Qué Manera el Ayuno Nos Prepara?


A. Nos prepara siendo de ayuda para concentrarnos en Dios y en la oración.

Cuando ayunamos, lo que hacemos es decir, hoy no voy a distraerme ni siquiera comiendo,
para concentrarme en Dios y en nuestro motivo de oración.

B. El ayuno nos prepara rompiendo cadenas en nuestras vidas.

Una de las maneras que La Biblia también llama al ayuno, es afligir el alma. Es decir, el
ayuno es un acto de humillación delante de Dios. Así como el cuerpo se priva de comida, el
alma se humilla delante de Dios. Entonces, al humillarnos y pedir perdón a Dios por
nuestros pecados y faltas personales, eclesiales y como nación, empiezan a romperse
cadenas.

C. El ayuno nos prepara porque nos hace orar más de lo habitual.

Obviamente que el ayuno siempre viene acompañado de oración. De lo contrario no es


ayuno espiritual, sino pasar hambre. El ayuno tiene sentido cuando sirve para apartarnos de
comer y de otras cosas, para orar. Así que, si vos normalmente orás dos o tres veces por día,
el día que ayunás aumentás esos momentos de oración. Y La Biblia enseña que el que
persevera en oración, recibe.
D. El ayuno nos prepara porque al apartarnos para Dios y buscar de Él, Él se revela.

Nos muestra nuestra condición, nuestro pecado, nos muestra lo que Él quiere para nosotros,
lo que hará en nuestras vidas, nos da palabra y promesas.

E. El ayuno aumenta nuestra fe para interceder.

Cuando tomamos en cuenta que Jesús dijo que hay géneros que solo salen con oración y
ayuno, entonces sabemos que estamos orando con las dos herramientas necesarias para
recibir lo que Dios quiere darnos.

F. El ayuno aumenta nuestra seguridad y nos da paz.

Cuando sabemos que oramos en obediencia a lo que Dios enseña en su Palabra, y volvemos
a orar, y volvemos a hacerlo varias veces en el día, nuestra mente se concentra no en las
situaciones sino en el poder de Dios, y nuestra alma descansa al saber que Dios manifestará
su gloria.

G. El ayuno rompe con nuestra autosuficiencia.

Aumenta nuestra dependencia de Dios. Al apartarnos de comer y de otras cosas, mostramos


que nuestra vida depende de Dios y que nos alineamos con Él en lo que es su voluntad:
traer un avivamiento con transformación a la Argentina. Cuando Dios ve que no somos
autosuficientes, sino que nos mostramos como niños necesitados de Él, entonces Dios que
resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes, hace resplandecer su rostro sobre
nosotros.

H. El ayuno nos hace responsables del cambio.

Al apartarnos para orar y ayunar, le decimos a Dios que estamos en la brecha, que nos
hacemos cargo de la situación de nuestra nación y de su cambio. Al apartarnos para ayunar
y orar por eso, ese motivo se va convirtiendo en nuestro objetivo a perseguir, en nuestra
mente se incorpora como el blanco a alcanzar, y la promesa de Dios es que eso que
determinamos y oramos nos será firme.

I. El ayuno cuando se realiza en conjunto con todo el pueblo de Dios, produce un efecto sinérgico.

Jesús enseñó que si dos se convinieren, se pusieren de acuerdo, sobre cualquiera cosa que
pidieren les será hecho. El ponerse de acuerdo no es decirle a alguien: “che, oremos por
esto”. El convenirse es hacer un acuerdo, un pacto de oración. Es que los que van a estar de
acuerdo tienen ese motivo incorporado, instalado en su interior, de forma tal que pueden
clamar a Dios por eso. El ayuno ayuda a que los que participan de él, internalicen ese
pedido y se transforme en un deseo, y al ser un deseo sentido y compartido, en un clamor.
Y una y otra vez La Biblia cuenta que Dios escuchó el clamor de su pueblo.

J. El ayuno nos da disciplina.


El ayuno aumenta nuestro dominio propio. Podemos controlar nuestra búsqueda de
autogratificarnos, para privilegiar a Dios. Cuando privilegiamos a Dios, cuando lo ponemos
por encima de todo, la promesa de Dios es que si lo buscamos primeramente a Él, su reino
y justicia, entonces Dios añade todas las cosas.

2. ¿Cómo Ayunar?
Hay distintos tipos de ayuno. Voy a mencionarte algunos que juntos podamos ir
instrumentando.

A. El ayuno de Ester.

El ayuno de Ester consiste no solo en no comer, sino también en no beber (Ester 4:16). Este
es un tipo de ayuno muy poderoso a nivel de la preparación de uno, pero muy duro
especialmente para los que no están acostumbrados a ayunar. No es recomendable, a menos
que uno tenga dirección de Dios, que lo hagan los que se inician en la práctica del ayuno.

B. El ayuno de David (2 Samuel 12:16-23).

Este es un ayuno de comida. Este es el ayuno más común entre los creyentes. Decir, pueden
tomarse líquidos, privándose uno de comida. Su duración varía. Puede ser de un día o más.

C. El ayuno de Saúl (1 Samuel 14:24).

Este ayuno también es solo de comida y dura de la mañana hasta la noche. Este es un buen
ayuno para el que comienza a practicarla. Uno se priva de desayuno, almuerzo y merienda
para separarse a orar. Luego a la noche entregás el ayuno y entonces podés cenar.

D. El ayuno de Daniel (Daniel 10:2-3).

Este es un ayuno generalmente de varios días, y que consiste en privarse de algunos


alimentos. En el caso de Daniel fue por 21 días, y él no comió alimentos delicados, ni
comió carne, ni tomó vino ni se puso perfume. Este es un buen ayuno para quienes han
hecho ayuno de uno o dos días y quieren probar una extensión mayor de tiempo. También
es un buen ayuno para hacer en familia. Sería maravilloso que toda tu familia sea parte de
estos días de oración en unidad. Este tipo de ayuno es especialmente es muy bueno para los
niños. En el libro de Joel se nos dice que hasta los niños de pecho debían ayunar (2:16)
junto con todo el pueblo, pidiendo la restauración. Así como Daniel se privó de algunos
alimentos, uno puede, luego de enseñarles el propósito de la oración y el ayuno,
preguntarles a los chicos qué cosas ricas (golosinas, alguna comida), ellos serían capaces de
sacrificar por un día o más para orar por la Argentina.

En el caso de Daniel, él además de privarse de determinados alimentos, dice que también se


privó de perfume. Es decir, su ayuno no se limitó a la comida. En mi vida personal, en la
vida de mi familia y en la de mi congregación, ha sido de enorme bendición la práctica de
ayunos de televisión, de computadora, de deportes, de hablar. Son todas prácticas que,
guiadas por el Espíritu Santo, no en el poder de nuestras fuerzas, aumentan nuestro dominio
propio y disciplina.
E. Hay otros tipos de ayuno, pero a los fines de nuestro objetivo presente, sólo quiero que veas uno más:
el de Esdras (Esdras 8:21-23, 31).

Porque se trata de un ayuno no individual, sino colectivo, nacional, que acompañó a un


clamor en unidad. ”Luego, estando cerca del río Ahava, proclamé un ayuno para que nos
humilláramos ante nuestro Dios y le pidiéramos que nos acompañara durante el camino, a
nosotros, a nuestros hijos y nuestras posesiones… Así que ayunamos y oramos a nuestro
Dios pidiéndole su protección, y él nos escuchó”.

Ellos ayunaron pidiendo camino derecho para ellos como pueblo, para las futuras
generaciones, y para todas las estructuras y ámbitos de la nación. El resultado fue que
“Durante todo el trayecto Dios nos acompañó y nos libró de enemigos y asaltantes.” Si vos
sos alguien que ya tiene incorporada la práctica del ayuno, pues entonces, instruméntala
con libertad, como ya estás acostumbrado.

Si sos alguien que no acostumbra a orar, quiero darte algunas sugerencias prácticas.

El primer día podés ayunar un ayuno como el de Saúl. Es decir, un ayuno hasta las 18:00.
Private de los alimentos sólidos del desayuno, del almuerzo y de la merienda. Podés tomar
líquidos (agua, jugos, caldo, etc.). Utilizá el tiempo de las comidas para orar y leer esta guía
y La Palabra de Dios.

En la segunda semana, pasá a un ayuno de un día completo. Es decir, hacé el ayuno que
hizo David. Private de comer alimentos sólidos durante un día entero, y utilizá el tiempo de
las comidas para estar en comunión con Dios.

Durante la otra semana podés repetir este ayuno de David, o, según el Señor te lo muestre,
probar otros tipos de ayuno de alimentos como el de Daniel o el de Ester.

Además del ayuno de comidas, ayuná cada semana un día entero de televisión. La
televisión ejerce un control muy grande sobre nuestras mentes, y es un instrumento que el
diablo ha utilizado para transmitir su ideología y contaminar con impureza a nuestra nación.
Te sugiero que si decidís hacer este ayuno de “tele” desenchufes el televisor. Muchas veces
uno sin pensar toma el control remoto y lo enciende automáticamente (¿cómo un zoombie
dominado?) y arruina el ayuno. Utilizá el tiempo de ver televisión para ministrar a Dios con
tu familia. A lo largo de los 21 días aumentá el número de días de este ayuno de televisión.
Y paralelamente disminuí el tiempo de ver televisión los días que no ayunes.

Detectá cuál es tu mayor pasión. Puede ser la música, puede ser el fútbol u otro deporte.
Puede ser la computadora, o cualquier otra cosa o práctica. Una vez que hayas detectado tu
mayor pasión, hacé un ayuno de esa práctica. Aumentá el número de días de este ayuno,
hasta que sientas que vos tenés control en lugar de ser controlado. No podemos ser
instrumentos de libertad para la nación, si estamos esclavizados.

Si estás atado o atada a algo y se ha convertido en una dependencia, hacé el ayuno de Ester
a fondo. Orá y clamá hasta que las ataduras se rompan. En la mayor parte de los casos este
ayuno es poderoso para quebrar yugos y cadenas. Este tipo de ayuno requiere de dos cosas:
la primera de una dirección explícita de Dios. La segunda, de autorización de un médico.

Si sos consciente que no tenés control de tu lengua te sugiero que hagas un ayuno de hablar.
Pasate un día entero en un lugar apartado y no hables con nadie. Solamente orá y pedile al
Señor que Él controle tus labios. Repetí este ayuno periódicamente.

Acompañá la oración y el ayuno con actos concretos de servicio a los demás. Recordá lo
que Isaías 58 nos dice acerca del ayuno que Dios ha escogido.

Estas prácticas no producen nada por sí solas, sino que son simplemente herramientas para
que el Espíritu Santo las utilice. Tu dependencia de Él es lo más importante. Pero
incorporar a tu vida la disciplina de los distintos ayunos puede ser una bendición que
revitalice tu vida espiritual y te conduzca a un nivel nuevo de victoria.