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Sobre “ORLANDO”

De Virginia Woolf

Adaptada por Sarah Ruhl

Dirigida por Norma Martinez.

La puesta en escena de “Orlando”, obra que ahora mismo está en temporada en el Teatro
Británico, es una propuesta que pocas veces se ha visto en un escenario “mainstream”
de nuestro país. Es arriesgada no solo por el tema que pueda tratar más debajo de lo
que se ve a simple vista, sino también por la manera en que es llevada a cabo y por los
recursos que utiliza.

“Orlando” no es solo una obra muy pertinente en este momento para nuestra ciudad por
todo lo que viene pasando con la reforma educativa y por la discusión constante de los
límites del “género” de si puede ser fluido ¿y por qué no? Es un gran momento para
contribuir a la conversación y no lo hace manera súper politizada o con la intención de
imponer las ideas de la directora o de la escritora en tu cara. La obra es tan entretenida
que te permite no cuestionar lo que sucede en escena, te permite ceder a las
convenciones que se proponen como la transformación del (de la) protagonista o el paso
del tiempo.

Más allá del aspecto de las ideas que se querían compartir, dentro de lo técnico, era
también muy notorio el trabajo exhaustivo hubo detrás, la búsqueda de que todo
pequeño aspecto sirviera a la trama y ayudara a la obra a ser una experiencia estética
completa. La escenografía tan simple, pero hermosa, acompañada de las luces que la
enriquecían; aportaban a la narrativa, a cada momento, ayudando al viaje del espectador,
por las épocas, lugares y estaciones del año. Quisiera mencionar especialmente el
momento de la transformación de Orlando de hombre a mujer, la ubicación de las luces,
y la escenografía alrededor hizo de ese un momento mágico.

La música, por su parte, acompañaba muy bien ese momento también. Y aunque a lo
largo de la obra sirvió como el símbolo más claro de la ruptura, usando piezas de
nuestros tiempos y jugándolas como una herramienta cómica, en mi opinión nunca dejo
de ser funcional y al mismo tiempo detonar la irreverencia que significa toda la historia,
puede considerarse ligeramente como un elemento de shook, generando un
distanciamiento casi Brechtiano, pero que iba a tono con el resto de la puesta.

En general es una obra que claramente disfrute. Las actuaciones me parecieron muy
correctas, en especial la de Fiorella Pennano, cuya masculinidad y feminidad fueron tan
bien construidas como diferenciadas. El resto del elenco, casi coral en la mayor parte de
la obra mantenía una precisión satisfactoria, gran escucha. Cada uno, además, en su
propio papel separado, sabía mostrar gran comicidad y también diferenciar cada uno de
sus personajes manteniendo la obra siempre entretenida y dejándonos con ganas de ver
más, de entender cada detalle. Es una obra y una historia que como dice Clemente
Ferreyros celebra la esencia del ser y está más allá del tiempo y del género.

-Valeria Mannucci

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