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Introducción

Terminología
Cómo usar este manual
Por qué no has obtenido resultados anteriormente
¿Por qué nunca, o casi nunca, he conseguido nada destacable con la Ley de la Atracción, pese
a que practico mucho?
El Propósito
He intentado muchas veces descubrir mi propósito en la vida pero creo que no lo he
descubierto todavía ¿Es necesario saber mi propósito vital? ¿Cómo puedo descubrirlo?
¿Cómo se encuentra un propósito ¿Cómo encontrar MI propósito?
Sesión de Brainstorming
Pero ¿Cómo evito el autoengaño?
Los Objetivos
La lista de los deseos
¿Cómo establezco un objetivo indicado para mí?
¿Cómo pongo en marcha el objetivo?
¿Por dónde empiezo? ¿qué puedo elegir?
¿Cuántos objetivos puedo tener a la vez? ¿estaré pidiendo demasiado?
¿Por qué es necesario tener tantos deseos a la vez?
Estoy hecho un lío ¿con qué opinión quedarse, muchos o pocos objetivos?
La intención es lo que cuenta
No importa el «cómo» sino el «qué»
¿Cómo conseguiré mi objetivo/intención?
¡Ojo a los “cómo” disfrazados de metas!
Pero fantasear sobre cómo se cumplirá un deseo es inevitable
«Cuando estoy entusiasmado no puedo evitar fantasear sobre cómo se cumplirá mi
objetivo/intención ¿Por qué lo anulo de esa forma? ¿No se supone que el Universo es más listo que yo, por
qué no me hace caso omiso y lo intenta cumplir a su modo?»
Claridad y concreción
Si estás pasando por un mal momento...
Los límites del objetivo
¿Cómo de ambicioso puedo ser en mi objetivo/intención?
Entonces ¿cuál es el equilibrio entre pedir demasiado e insuficiente?
Realidad Objetiva
El proceso por etapas y los eslabones de la cadena
En secreto
¿Debo mantener mis objetivos/intenciones en secreto o compartirlos?
Establecer un plazo de cumplimiento
¿Cuándo se cumplirá mi deseo? ¿debo establecer un tiempo límite para el cumplimiento de mi
objetivo/intención?
Tener fe en los objetivos
¿Cómo puedo tener fe en mis objetivos/intenciones?
Las Afirmaciones
Construyendo la afirmación perfecta
¿Cómo convertir mis objetivos/intenciones en afirmaciones que funcionen?
“Siempre positivo, nunca negativo”
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué el Universo no diferencia positivo de negativo?
Eliminar las desiderativas
Que involucre tus propias acciones
La extensión
¿Es mejor hacer una afirmación breve que cale bien hondo, o larga que recoja más detalles?
Claridad y Concreción
¿Hago mi afirmación concreta y específica o más abierta para que me llegue lo que Dios/El
Universo quiera?
No establecer plazos
¿Debo establecer una fecha límite en mi afirmación?
Incluir un factor emocional
Incluir un verbo de acción
Otras palabras clave para incluir en la afirmación.
Sacarse un seguro. La coletilla final.
El tiempo y el modo verbal
Resolver los conflictos entre la intención y el subconsciente
* UN IMPORTANTE COMENTARIO FINAL SOBRE LOS BLOQUEOS:
Cómo afirmar
Para las afirmaciones pronunciadas en voz alta
¿Alguna forma o posición en especial?
Las afirmaciones escritas frente a las leídas y memorizadas
¿Leída, memorizada o escrita es más eficaz?
Las tarjetas de cartón
A mano o a máquina
Afirmaciones en Audio
El lugar donde afirmar
¿Dónde puedo afirmar? ¿Dónde es más recomendable?
El momento en el que afirmar
¿Cuándo puedo o debo afirmar?
Mejorar el momento: Meditación y nivel Alfa
El número de repeticiones
¿Cuál es el número mágico de repeticiones que me hará obtener mis deseos? ¿Cuántas
concretamente he de escribir?
Técnicas para llevar la cuenta
La Visualización
Lo que es y lo que no es la visualización
¿Qué es exactamente la visualización?
¿Por qué se cumple lo que se visualiza?
La diferencia entre las afirmaciones y la visualización
¿Qué es mejor, afirmar o visualizar?
¿Pero cómo saber si se te va a dar mejor la visualización o las afirmaciones?
¿Cómo visualizar más eficazmente?
No fantasear
¿Por qué muchos visualizan con fotografías y dibujos?
La técnica del Tablón de Logros
¿Qué es y cómo funciona (correctamente)?
El mejor modo de usar el Tablón de Logros
Entonces ¿cómo usar el tablón de logros si queremos mantener nuestros deseos a resguardo?
Qué incluir en el Tablón de Logros
El Tablón de Agradecimiento
El Tablón de Logros y Agradecimientos
Cuándo y dónde visualizar. Afirmaciones y Visualización, la combinación perfecta
El Desapego
Déjalo ir. El desapego frente a la obsesión
¿Cómo saber si me estoy “pasando” de practicar?
¿Cómo voy a dejarlo ir si parece que todo me va peor cuando empiezo a practicar con la Ley de la
Atracción?
Recurso 1: Tomárselo con filosofía
Recurso 2: repetir una afirmación
Recurso 3: considérate responsable
¡Combínalos!
Lo que nunca funciona
Resultados
Las donaciones, el diezmo y el “Glad-Giving” como máxima expresión de desapego al dinero
La Rutina
La necesaria creación de un hábito
Mi rutina diaria
¿Cómo conseguir una rutina?
Si eres de los que les cuesta levantarse de la cama
¿Y si algún día me quedo dormido y no puedo hacer los ejercicios de primera hora porque
llegaría tarde a mi trabajo?

¿Cuánto tardará en convertirse en un hábito?

Las ayudas para conseguir un hábito


Superar momentos de debilidad durante tu rutina
Actuar como si ya fuera una realidad
Pasar a la Acción
«¿Cómo voy a saber si he de pasar a la acción cuando tengo una idea si se supone que he de
intentar no averiguar el “cómo”?» «¿Cómo sabré si no he sido “yo” quien ha creado forzosamente esa idea
para ajustarla a mis necesidades?»

La retroalimentación: señales de conflicto y de cooperación


Ejemplos de indicios positivos
Ejemplos de indicios negativos
Fluir con los indicios
El Monitoreo
¿Por qué es tan importante llevar un seguimiento de mi progreso?
¿Cómo realizar el monitoreo?
Resumen de todo esto
El Protocolo 20/80 ©
Epílogo
Bibliografía
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o hecha pública en
cualquier forma o por cualquier medio, electrónico o mecánico, incluyendo
fotocopiadora, microfilm o software, etc., sin el permiso escrito del autor.
J. Blacksmith Schreiber © abril 2016.
Todos los derechos reservados en todo el mundo.
Protegido en Registros de la Propiedad Intelectual.
Fuentes de Dominio Público: Nimbus Roman No9 L, ofrecida por URW++ y
Goudy Bookletter 1, de Barry Schwartz .
Impreso por CreateSpace, una compañía de Amazon.com.
Disponible en formato e-book para kindle a través de Amazon.com y sus
filiales.
Más información en www.facebook.com/atraccionmasefectiva
ISBN-13: 978-1533334091
ISBN-10: 1533334099
“Si este libro logra que una sola persona cumpla sus mayores anhelos o
supere sus peores desdichas, habrá merecido la pena escribirlo”.
Introducción
Para quien no conozca la Ley de la Atracción, grosso modo, es la filosofía
según la cual las emociones y los pensamientos asociados a ellas, conscientes o
inconscientes, crean nuestra realidad; frente a la creencia habitual consistente en
que el esfuerzo, el trabajo duro, la lucha y el empeño son las que pueden
moldear las circunstancias a nuestra voluntad y hacer posibles nuestros
objetivos. Nuestro cerebro (algunos autores se refieren al sistema nervioso, al
subconsciente, al alma…) es como una emisora de radio que emite las “ondas”
de pensamiento y el Universo (Dios/Divinidad...) atrae más de lo mismo. Según
la teoría de la Ley de la Atracción, si piensas constantemente en un coche nuevo,
lo atraerás. A partir de esta base, existen muchas variantes como el Pensamiento
Positivo (si tienes pensamientos positivos atraerás lo positivo a tu vida) y una
caterva de técnicas como las afirmaciones (si repites constantemente que tu
objetivo ya es una realidad, lo atraerás) o la visualización (imagínate siendo
poseedor de lo que deseas y lo atraerás) y son innumerables los libros, cursos,
audios y documentales sobre todas ellas.
Hay quien habla de los éxitos obtenidos por estos sistemas desde un punto de
vista bastante increíble como el sistema hawaiano del Ho´oponopono mediante
el cual todo se resuelve simplemente repitiendo «Lo siento mucho, por favor
perdóname» y hay otros como el archifamoso Anthony Robbins que basan su
teoría en comprobadas técnicas psicológicas como la Terapia Gestalt o la
Programación Neurolingüística.
Cuando mis amigos más escépticos comprueban los éxitos que he obtenido
con la Ley de la Atracción suelen racionalizarlo con el hecho de que hacer
afirmaciones o visualizar mis objetivos “simplemente” me hace estar más
centrado y enfocado en lo que quiero y perseguirlo más concienzudamente…
Bien… ¿Y qué? Me da igual si es por una cosa u otra, si es gracias a una Ley
mágica, a Dios, al Universo, a una Conciencia Colectiva, al subconsciente o a
nuestro maravilloso sistema nerviosos central.
¡El caso es que funciona!
No sé si es magia o es ciencia pero ¡funciona! Sólo hay que seguir ciertos
pasos en el orden correcto y de la forma correcta.
Y lo sé porque lo he vivido y lo estoy viviendo. Pasé de ser un don-nadie que
trabajaba hasta 15 horas diarias para que otros ganaran dinero sin mover un dedo
(a cambio de un sueldo miserable) a tener una empresa propia de éxito sin volver
a preocuparme del dinero y hacer simplemente lo que me apetece en cada
momento, que ahora mismo es escribir y enseñar a otros lo que he aprendido
para que puedan disfrutar igual que lo hago yo pero de una manera más rápida y
efectiva.
¿Cómo puedo lograr más dinero/salud/amor/belleza? ¿Qué técnicas de la
Ley de la Atracción son más efectivas?
Estas mismas preguntas me las había estado haciendo yo los últimos 20 años.
Visualización, emociones, afirmaciones, repetición, objetivos, logros, riqueza,
éxito, salud, amor, pasión, energía, curación… son conceptos que se repiten una
y otra vez en los más de mil libros que llevo estudiando y practicando durante
todo este tiempo, desde mucho antes de que fuera mainstream gracias al
documental y al libro de “El Secreto” y que se le pusiera un nombre: “Ley de la
Atracción”.
Llegó a mis manos gracias a un autor y editor canadiense llamado “Mark
Fisher” que prometía grandes logros pecuniarios, amorosos, físicos y
psicológicos aplicando unos pequeños ejercicios. La simplicidad de los mismos
los hacía resultar increíbles pero los resultados eran milagrosos.
Visto el éxito que obtuve con tan poco esfuerzo me dediqué a buscar
obsesivamente más publicaciones que hablaran de lo mismo. Hoy en día existen
muchas, pero en aquel entonces sólo las conseguía a través de pequeñas
editoriales que imprimían dos o tres mil ejemplares en centro y Sudamérica. Y es
que en los años 70 ya hubo una pequeña fiebre de éxito de este tipo de manuales
de autoayuda que ha vuelto a resurgir, si bien, los conocimientos de éstos y
aquellos se remontan a muchos años, e incluso siglos atrás, surgidos muchas
veces de antiguas filosofías.
Al final, todos los libros cuentan lo mismo pero cada uno realiza pequeños
cambios que lo hacen más o menos eficaz. Tras tantos años de práctica he
querido comparar en esta publicación los puntos donde entroncan y donde se
diferencian tantas versiones de una misma filosofía, mal llamada, “de Nueva
Era”
Por ejemplo, hay algunos autores demasiado abstractos como el Dr. Joseph
Murphy o el pionero James Allen; hay otros más prácticos como Jack Canfield o
Joe Vitale; hay quienes inciden en una justificación más científica como Pam
Grout o Kolie Krutcher; los hay más esotéricos como el matrimonio Esther y
Jerry Hicks que dicen recibir sus conocimientos a través de varios entes que
canaliza la propia Esther; y los hay muy extraños y desconocidos como el ruso
Vadim Zeland con su compleja pentalogía sobre “surfear la realidad” o el genial
estadounidense Stuart Lichtman y su “Transposición Cibernética”.
He intentado evitar los primeros autores que hablaron de la Ley de la
Atracción (a su modo) como el Conde de Saint Germain que se remonta al s.
XVIII, James Allen, “Los tres iniciados” del Kybalion, R. W. Emerson o
Napoleón Hill entre otros, cuyos principios aunque totalmente válidos hoy en
día, han quedado superados por los autores de nuestro tiempo que los recogen en
procesos mucho más depurados y comprobados, sin óbice de utilizar alguna cita,
dato, anécdota o procedimiento de los citados primeros autores en alguna
ocasión oportuna, especialmente si su mención facilita la comprensión o razona
cómo y por qué se ha llegado a tal o cual conclusión.
También hay muchos autores que, sintiéndolo mucho, he tenido que dejar en
el tintero por cuestiones de espacio y porque no añadían más información a lo
que se viene repitiendo una y otra vez en los distintos manuales ya que, como
veremos, unos y otros se van prestando ideas entre ellos, acuden a los mismos
seminarios y talleres e incluso acaban escribiendo juntos alguna publicación.
Si has comprado innumerables libros sobre la Ley de la Atracción aquí
encontrarás una comparativa de los mejores y más famosos dando respuesta a las
preguntas más comunes que saltan a nuestra conciencia cuando estamos
practicando concienzudamente pero aún así las cosas no funcionan como
deberían. Después de todo, aquí también es aplicable la Ley de Pareto, sólo el
20% de los libros de la Ley de la Atracción cuentan cosas originales o efectivas,
el otro 80% son repeticiones de lo mismo o técnicas poco o nada efectivas. Yo he
tenido que leerme el 100% pero en tus manos ahora tienes sólo el mejor 20%
que he sistematizado después de años en los que no sólo me he dedicado a
estudiar la teoría. Consciente de que un manual es concebido para ser practicado,
he experimentado vehemente con la Meditación Trascendental, la
Ultrameditación, audios subliminares, sonidos binaurales, hipnosis y
autohipnosis, telepatía, proyección astral, programación neurolingüística,
noesiología, dianética, acupuntura, digitopuntura, abstinencia sexual, ayuno,
sueño polifásico, sincronicidad, el poder del Ahora, ayurverda, psicomagia, el
Ho´oponopono hawaiano, he bebido agua solarizada azul, he fabricado
tatwámetros, he tirado monedas y palillos de I Ching, he acudido a videntes, me
han leído la carta astrólogos hindúes, jyotish han rezado yagyas por mí, me he
hecho tablones de deseos, he llevado durante años piedras del agradecimiento en
el bolsillo, he usado gafas con indicadores LED para provocar sueños lúcidos, he
intentado estimular mi glándula pineal y secretar DMT con lámparas
dreamachine, plumas imaginarias y respiración holotrópica, he escrito miles
(quizá millones) de afirmaciones... y muchas más cosas estrambóticas de las que
ni siquiera puedo acordarme.
Pero tú no tendrás que leerlo todo ni mucho menos practicarlo todo (si no
quieres ni estás tan obsesionado como yo) para obtener resultados casi
milagrosos. Aquí tienes un libro que elimina la paja y va directamente al grano,
explicando lo que funciona y lo que no, en base a la experiencia y los resultados.
No obstante, para aquellos que quieran investigar más por su cuenta y obtener la
fuentes de las que he “bebido” para la creación de este manual, las publicaciones
que menciono tienen su correspondiente enlace vinculado en la versión digital de
este libro, así como una referencia donde obtenerlos en la bibliografía del final,
para aquellos que estéis leyendo en formato papel.
Fundamentándome en este principio de practicidad, te he preparado una
protocolo en castellano que he llamado “Protocolo L.A. 20/80©” (siguiendo la
estela de la Ley de Pareto) consistente en una plantilla sistematizada para la
aplicación práctica de la Ley de la Atracción, que te guiará paso a paso de forma
muy detallada pero sencilla. En su momento te explicaré su contenido y cómo
utilizarla.
Terminología
Los términos para designar esa “fuente de poder superior” son innumerables. A mí me gusta hablar del
Universo o de la Inteligencia Infinita, así como del cerebro y subconsciente para el poder que emana de
nuestro interior, pero tú puedes emplear Dios, la Divinidad... o aquellos términos que te hagan sentir más
cómodo según tus propias creencias y costumbres. Aquí te enumero las más comunes:

Mi Guía Interior
Mi Yo superior
El Universo
El Infinito
La Inteligencia Infinita
La Inteligencia Universal
La Conciencia Universal
El cerebro
El subconsciente
El sistema nervioso central
El alma
Dios
Cristo
La Divinidad
La Energía Vital
El Todo
La Naturaleza de Buda
La Fuente
La Fuerza
El Tao
Yo Soy
El Espíritu
La Esencia
El Ser
La Luz
El Gran Espíritu
Cómo usar este manual
Una cosa más antes de que te pongas de lleno a la lectura del libro. Soy
consciente, porque así me ha pasado muchas veces, que los lectores tienden a
leer de corrido un libro, aunque éste sea de ejercicios, por ejemplo porque estás
leyendo en la cama y no tienes papel y boli a mano para hacerlos, y vas dejando
las actividades para cuando acabes el libro, si es que te acuerdas que había
actividades porque normalmente cuando acabas un libro tienes otro/s en lista de
espera igualmente interesantes que te están gritando «¡léeme! ¡léeme!».
Muchas veces ni tan siquiera los autores facilitamos esta tarea mezclando
ejercicios en mitad de teorías que en ocasiones se contradicen entre sí. Esto pasa
mucho por ejemplo en los libros del Dr. Joseph Murphy quien no sigue un
proceso sistemático sino que va exponiendo experiencias muy diferentes que ha
ido recopilado alrededor del mundo. No es que no funcionen sus métodos pero si
en un capítulo le pide al lector que practique la afirmación “riqueza y éxito” y al
siguiente que practique con la afirmación “atraigo el dinero como un imán” esto
creará una poco conveniente indecisión al lector que comenzará a hacerse
preguntas del tipo «¿cuál he de seguir?» «¿las dos a la vez?» «¿una cada día»
«¿la que a mí me apetezca?» lo que conllevará su paralización y a que
definitivamente no practique los ejercicios o los practique de una manera poco
eficiente.
También es habitual en este tipo de manuales que el autor proponga realizar
un ejercicio al final de cada capítulo, pero lo que suele pasar es que un día con
menos tiempo para leer sólo podamos pasar unas cuantas páginas de medio
capítulo y otro día con más tiempo queramos leer varios capítulos de un tirón.
Para evitar esta práctica tan humana que impide que realicemos los ejercicios
correctamente (o mejor dicho, de la forma más eficaz para que funcionen), en
lugar de hacer como la mayoría que insisten en que detengas tu lectura y te
pongas a realizar los ejercicios, he optado por la estrategia de “si no puedes con
ella, únete a ella” así que no te obligues a hacer lo que no te apetece en ese
momento, déjate los ejercicios de momento, no hace falta que vayas haciéndolos
sobre la marcha, ni tan siquiera que los apuntes para hacerlos después, ni que te
hagas resúmenes de éste manual, te los explico en cada capítulo para que
entiendas su funcionamiento, pero lee cómodamente todo el libro seguido
hasta el final sin pararte a practicar porque en el último capítulo te haré un
AMPLIO RESUMEN COMPLETO de lo más importante que hemos visto
(el mejor 20% de este manual) y volveremos a retomar los ejercicios todos
juntos en plantilla de “Protocolo L.A. 20/80©” que te he comentado hace unos
párrafos, para que así puedas centrarte en la lectura al principio y en los
ejercicios al final.
He intentado a base de multitud de ejemplos que la lectura sea amena y
fácilmente comprensible pero si aún así hay algún capítulo que no entiendes,
no te atasques, no te detengas a releerlo una y otra vez hasta comprenderlo
porque en el resumen final verás todo el proceso de una manera global, lo que te
facilitará su comprensión y, además, en la plantilla del protocolo lo tendrás
articulado de forma clara y sencilla de forma que puedas realizar una práctica
eficaz que es lo que verdaderamente importa, independientemente de cómo
hayamos llegado a ella. Con todo y con ello, por si aún te quedaran dudas de
cómo realizar la plantilla, al final del libro también la encontrarás completada
con un ejemplo ficticio.
Lo último que te voy a pedir puede sonar egocéntrico, pero a riesgo de
parecerlo, he de pedírtelo porque me parece un requisito básico para el óptimo
funcionamiento del proceso que vas a aprender en este libro: por favor,
mientras estés con este libro, no leas ningún otro libro sobre cómo conseguir
éxito, la Ley de la Atracción o similares, ello te podría confundir y bloquear
tus avances. Se trata de simple eficacia, centrarse en lo que se tiene entre manos,
focalizarse. Si estuvieras leyendo otro libro de aprendizaje de cualquier otro
proceso (de autoayuda espiritual o no) te pediría lo mismo. Pero en este caso
resulta más motivado por la propia naturaleza del libro que trata de cohesionar
todas las doctrinas de una misma filosofía. Si deseas ampliar la información, en
el último capítulo encontrarás una buena bibliografía de los libros más
recomendables.
Por qué no has obtenido resultados anteriormente
¿Por qué nunca, o casi nunca, he conseguido nada destacable con la Ley de la
Atracción, pese a que practico mucho?
Quizá estuvieras a punto de perder la fe, a punto de abandonar para siempre
esta pseudociencia llamada “Ley de la Atracción”, cuando llegó a tus manos este
libro. No pierdas la esperanza, la Ley de la Atracción funciona, siempre
funciona, es como la Ley de Causa y Efecto o la Ley de la Gravedad, que nadie
se cuestiona si funcionan o no, si es justa o injusta, simplemente se sabe que
existen y punto. «Entonces… ¿por qué a mí no me funciona?»
En realidad, sólo es por un motivo: autosabotaje.
El autosabotaje significa estar programado subconscientemente para fracasar.
Por mucho esfuerzo y empeño que le dediques, en una lucha de tu consciente (lo
que deseas conseguir) contra tu subconsciente (lo que estás programado para
conseguir), siempre saldrá vencedor tu subconsciente.
Quizá alguna vez estuviste a punto de rozar el éxito cuando de repente se dio
un inesperado giro de los acontecimientos que provocó que no lo consiguieras.
En realidad tú mismo saboteaste tu propio éxito. Por ejemplo,tienes un gran
deseo de conseguir un trabajo de crupier, haces tus afirmaciones, practicas todos
los días, realizas los cursos necesarios, echas el Currículum Vitae en todos los
casinos y un día te llaman de uno para darte el trabajo pero no coges el teléfono
porque no conoces el número. Esto es un ejemplo mucho más común de lo que
crees. Y luego te maldices y maldices la Ley de la Atracción y te preguntas el
porqué no funciona.
Puede que hayas practicado rematadamente mal. No hablo de practicar
mal sino de rematadamente mal porque no hay una única manera de hacer los
ejercicios, prueba de ello es que cada autor o gurú de la Ley de la Atracción
establece sus propias reglas y parece que a todos les funciona. Por lo que no hay
una manera única y definitiva de practicar, cualquier práctica es buena. Aunque
sí que hay UNA MANERA MEJOR Y MÁS EFICAZ DE PRACTICAR que es
la que luego veremos. Pero si a ti no te ha funcionado por mala praxis es porque
ésta ha sido muy breve, por ejemplo practicaste dos o tres días y lo dejaste, o
practicaste de manera alterna (un día sí y otro no; uno sí y dos no; dos sí y uno
no…). Pero en cualquier caso, si has practicado mal esto se debe a un
motivo… autosabotaje. Te faltó motivación suficiente para practicar todos los
días y al final la falta de motivación suficiente provoca autosabotaje,
seguramente causado por un error en la selección del objetivo, a su vez
provocado por una mala elección del propósito.
Puede que tu deseo fracasado fuera muy ambicioso, pecaste de exceso. Es
cierto, muchos autores hablan de ganar cientos de millones con la Ley de la
Atracción y seguro que has oído a alguno decir “para el Universo es igual de
fácil atraer un millón que 100 millones”. Y sí es cierto. Para el Universo, pero no
para ti. Porque tú, y yo, y todos tenemos unos límites inconscientes
(programación subconsciente) que si sobrepasamos conllevará que no nos lo
creamos en absoluto y pierda así su total eficacia (autosabotaje). Por ejemplo. Si
estás ganando 12.000 al año, no es “razonable” para tu subconsciente pensar que
el año que viene estarás ganando 100.000 al año porque sin darte cuenta te has
programado para ganar 12.000 al año y cambiar tan radicalmente tu
programación no es fácil. Si tú nunca has conseguido nada con la Ley de la
Atracción, lo mejor es empezar por pequeños logros para ir cogiendo confianza e
ir cambiando poco a poco tu programación. Si lo que te interesa es el dinero, por
ejemplo, un buen punto de partida podría ser el objetivo de duplicar tus ingresos
cada año. Como veremos un objetivo bien construido ha de ser lo
suficientemente interesante y desafiante como para que te emocione (te
motive a practicar los ejercicios) pero no tan lejano a tu situación actual como
para que lo veas (consciente o inconscientemente) imposible. Y si no seleccionas
bien tu objetivo ¿qué pasará? Efectivamente… autosabotaje.
Como acabas de leer, se puede pecar de exceso de ambición y también se
puede pecar de falta de ella, el objetivo debería ser suficientemente interesante y
desafiante como para que te motive a practicar los ejercicios de forma constante.
Por ejemplo, quizá desees un simple helado para poner a prueba si funciona la
Ley de la Atracción, pero eso no es un interés ni un deseo auténtico así que no lo
desearás ardientemente y el fracaso está casi garantizado y lo peor es que cada
fracaso hace mella en los siguientes éxitos, crea un ancla emocional hacia el
fracaso, ayuda a programarte hacia el desastre y cada vez el autosabotaje se hace
más presente. Ojo, no te equivoques, cuando hablo de autosabotaje por falta de
ambición no me refiero sólo a que desees algo “barato” o muy fácil de conseguir,
sino que desees algo que no ambicionas ardientemente. Por ejemplo puede que
desees un coche de la marca Mercedes y tú creas que no estás pecando de falta
de ambición (ya que un Mercedes cuesta una cantidad considerable de dinero
que quizá ni tienes) pero quizá la razón subyacente por la que lo desees es
porque siempre se ha visto la posesión de un Mercedes como un signo de
distinción, entonces te faltará una real ambición por él y realizarás tus ejercicios
con desgana, sin ilusión, sin sentimiento y emoción y, nuevamente se produce un
autosabotaje inconsciente. Quizá seas de los que les cuesta mucho aparcar y te
ilusione mucho más un Ford Focus que aparque solo o un Prius que respete el
medio ambiente, acierta en saber lo que de verdad quieres y te resultará mucho
más fácil obtenerlo, cueste lo que cueste en términos económicos.
Casi sin pretenderlo me he metido a hablar de otro tipo de autosabotaje, el
autosabotaje debido a perseguir un deseo que no es el tuyo. Quizá incluso te
mientas a ti mismo. Yo estudié toda una licenciatura creyendo que quería lo que
decía que quería cuando en realidad, muy en el fondo, es lo que querían mis
padres. O mejor dicho, lo que quería era la aprobación, el orgullo, el amor, de
mis padres. Al final te das cuenta que te equivocabas en tu objetivo, estabas
apuntando en la diana de otro. De ahí que sea tan importante el siguiente
capítulo, donde veremos los mejores métodos para averiguar tu propósito en la
vida, para así no equivocarte en la selección de tu objetivo que provocaría tu
falta de motivación y al final el autosabotaje.
Una última forma de falta de motivación y autosabotaje se debe a un bloqueo
inconsciente de alguna experiencia pasada que tal vez ni recuerdes. Quizá
perdiste dinero cuando eras pequeño y eso afectó mucho a tu relación con el
dinero y no te das ni cuenta, tal vez ni siquiera recuerdes ese pequeño capítulo de
tu vida, pero ya estás programado para sentir rechazo al dinero. O quizá tu padre
no paraba de repetir incesantemente cosas como que «el dinero no crece en los
árboles» o «hay que sufrir mucho y trabajar muy duro para ganarse el pan»
coronándolo con un «ya sabrás tú lo que cuesta mantener a la familia...». Has de
saber que la mayor parte de la programación y también la que queda más
firmemente interiorizada es la que se ha creado en las primeras etapas de nuestra
vida. Cuando somos pequeños somos altamente sugestionables y como por
propia naturaleza estamos hechos para aprender mucho y muy rápido, cualquier
cosa que nos digan la absorbemos inmediatamente y la tomamos por la verdad
más absoluta, especialmente las que vienen de nuestras figuras más influyentes,
nuestros padres y tutores. Yo aún no tengo una opinión formada al respecto pero
para los que creen en la reencarnación la programación para el éxito o el fracaso
podría venir incluso de vidas pasadas. En todo caso, también existe una limpieza
un tanto especial para estas experiencias pasadas o incluso remotas y una
reprogramación para el éxito. Lo veremos a su debido tiempo. Pero, de
momento, baste con saber que, como bien indican algunos autores como Vadim
Zeland o el Dr. Joseph Murphy, entre otros, uno no puede obligarse a estar
motivado por un objetivo, no puede autoimponerse una dura disciplina para
doblegar su voluntad porque ésta siempre fracasa frente a la programación
subconsciente. Precisamente por eso mismo es por lo que fallan todas las dietas,
porque todas requieren de una fuerte presencia de la fuerza de la voluntad
cuando lo que hace falta es una reprogramación interior. Es falsa la idea de que
hace falta una voluntad de hierro para seguir unos determinados ejercicios o para
comer unos determinados alimentos, no tienes que sufrir y esforzarte u
obligarte, acierta en tu propósito y tus objetivos, en línea con lo que quiere el
Universo para ti, reprográmate para el éxito y la motivación fluirá casi
inconscientemente. No tendrás que forzarte, simplemente lo harás.
Ahora vamos a empezar la casa por los cimientos. La base para que todo
funcione es:
El Propósito
He intentado muchas veces descubrir mi propósito en la vida pero creo que no
lo he descubierto todavía ¿Es necesario saber mi propósito vital? ¿Cómo puedo
descubrirlo?
Antes de establecerte objetivos es primordial que toda tu vida, tus objetivos y
tus deseos estén en línea con tu propósito en la vida. Más gráficamente, empezar
por elegir tus deseos sin saber tu propósito sería como construir las paredes de tu
casa sin saber donde van los cimientos, al final se puede venir todo abajo.
Otra manera de verlo es como lo hacen los los novelistas antes de empezar un
libro. Primero eligen un tema y alrededor de ese tema ha de girar todo lo que
pase en esa novela, las decisiones de cada personaje, sus conflictos y por
supuesto sus motivaciones estarán condicionadas por ese tema. Los escritores
aficionados suelen escribir una trama que va hacia adelante y ya está, si les
preguntas ¿de qué trata tu historia? no saben qué responder… «de todo y… de
nada» y otras ambiguas respuestas cuyo resultado son escritos sin publicar con
tramas que van dando bandazos. Así que ¡descubre el tema central de tu vida y
no vayas dando bandazos por la vida!
Muchas personas se empecinan en ignorar su verdadero destino y tratan de
forzar objetivos que no les son propios, obteniendo constantes fracasos y
desilusiones. No quiero decir que el destino esté escrito sino que hay una brújula
en nuestro interior que nos puede guiar por el camino más cómodo y próspero y
si desatendemos dicha brújula la vida se puede tornar muy desagradable.
Por otro lado, si te fijas unas metas que estén alineadas con tu propósito vital,
conseguirás estar motivado automáticamente y sin el freno del autosabotaje. O
dicho de otro modo, si tus metas no tienen nada que ver con tu propósito vital
será muy difícil o imposible atraerlas pero si están en sintonía con tu propósito
será mucho más fácil que se hagan realidad. Es la esencia de la filosofía de
James Allen, “no atraemos lo que queremos, sino lo que somos”.
Por estas razones es tan importante saber tu propósito en la vida. Por eso y
porque si no sabes a dónde vas nunca llegarás a ninguna parte.
Maxwell Maltz, padre de la psicocibernética lo aclara del siguiente modo:
decirte a ti mismo «voy a conseguir ese trabajo» no te servirá de nada si la idea
de estar haciendo ese trabajo no es coherente con tu manera profunda de verte a
ti mismo».
El hecho de no tener propósito, o mejor dicho, no saberlo, aún realizando
ejercicios de la Ley de la Atracción, ralentizará tu éxito. Seguramente estarás
dando bandazos, como hacía yo cuando aún no sabía bien cómo funcionaba de
manera efectiva la Ley, entre pequeños éxitos y fracasos. Daba un paso adelante
y un paso atrás. Sabía que funcionaba la Ley, pero no sabía cómo hacer que
funcionara siempre de manera rápida y eficaz. El propósito hace que tus
objetivos se alineen con tu subconsciente y por lo tanto vayas en línea recta
hacia tus deseos, sin dar vueltas ni zigzagueos.
Propósito y pasión deberían ir de la mano. Y con la pasión la motivación; si
eres lector de libros de nueva era empresarial seguro que más de una vez has
leído que los grandes empresarios siempre han conseguido logros inmensos
gracias a que se han dedicado a lo que les apasiona en la vida (frente a la
frustrante persecución de la excelencia en algo que no se ama), porque cuando se
dedican a lo que les fascina, cualquier obstáculo se convierte en un reto que
superar y no en una excusa para abandonar. Como dijo Nietzsche, si tienes un
«por qué» podrás soportar cualquier «cómo». Por eso es por lo que digo que con
la pasión llega la motivación, una motivación intrínseca.
A mi mujer le apasiona la moda y por eso decidimos crear una tienda de ropa
para mujer. Mientras yo trabajaba en un puesto en el que además de no estar
alineado con mi propósito apenas podía estar en mi hogar, ella fue capaz de
emprender la tienda, atender al niño y mantener la casa, toda una Superwoman.
Cuando yo volvía exhausto de trabajar no me apetecía nada más que dormir, sin
embargo ella tenía fuerzas para atender a los clientes online de la web hasta altas
horas de la madrugada y aún así despertarse por la madrugada para dar de pecho
al niño. ¿Cómo podía soportarlo? Porque tenía su «por qué», estaba (y está)
alineada con su propósito y hoy en día está recogiendo los frutos y disfruta de
una tienda muy próspera y un hijo muy sano y activo.
Muchos otros han intentado copiar la empresa y han plagiado de arriba a
abajo su web y hasta su forma de escribir a los clientes pero se han desvanecido
rápidamente y ya sabrás cuál ha sido el motivo, su único «por qué» era (o creían
que era) la obtención de dinero rápido y pensaban que simplemente copiando
una empresa de éxito obtendrían el mismo éxito pero el “alma” de una empresa
no se puede plagiar.
Los objetivos que consigas alineado con tu propósito serán cada vez menos
materialistas y más auténticos y personales, no perseguirás la riqueza como fin
último sino que ésta llegará a ti persiguiendo lo que de verdad amas, lo que lo
convertirá en un camino de rosas. Resulta paradójico pero así es, cuanto más
persigas tu auténtico yo y menos el dinero, más logros económicos obtendrás. Si
conseguimos nuestros objetivos a través del propósito, primero seremos felices
(la felicidad la encontraremos en el camino mismo, no en el destino) y luego
vendrá lo material por añadidura. Y eso es lo que no entienden los que plagian a
otros.
Una prueba de ello se desprende de una investigación (mencionada por el
doctor Mark Albion en “Vivir y ganarse la vida”) consistente en el seguimiento
de la carrera profesional de 1.500 graduados en escuelas de negocios. Al
principio del estudio se les preguntó si pensaban intentar ganar dinero para luego
dedicarse a hacer lo que les gustara (una vez tuvieran un colchón económico) o
si pensaban seguir sus propios intereses, seguros de que el dinero ya llegaría.
Veinte años después de entre los 1.500 graduados había 101 millonarios de los
cuales 100 contestaron veinte años atrás que seguirían sus propios intereses
convencidos de que el dinero ya llegaría. Cien de ciento uno… creo que es un
dato suficientemente revelador como para convencerte de que encuentres
primero tu pasión si tu deseo es ser millonario.
Así que si tu deseo es ser millonario tu propósito nunca puede consistir en ser
millonario. Tener dinero en abundancia es necesario pero no es un propósito
superior en sí. Como muy bien apunta Louise L. Hay “Tus ingresos son
solamente un canal de la prosperidad, no la fuente. Marc Allen en su libro “El
emprendedor visionario” crea una metáfora muy oportuna diciendo que creer
que el dinero es nuestro propósito es tan estúpido como creer que el propósito en
nuestras vidas es que la sangre siga circulando por nuestros cuerpos. Claro que la
sangre tiene que seguir circulando por nuestros cuerpos para permanecer vivos
(y claro que el dinero tiene que seguir fluyendo para permanecer vivos) pero
nuestro propósito en la vida es algo mucho más importante, mucho más grande.
Vadim Zeland dice que puedes estar visualizando un maletín lleno de billetes
todos los santos días hasta el fin de tu vida y, de todos modos, en el mejor de los
casos sólo verás con frecuencia maletines llenos de billetes pasando por delante
de ti o en la televisión y el cine. Porque no es tu propósito, en un error de
objetivo.
Kolie Crutcher también advierte sobre la confusión al creer que las metas
económicas producen la felicidad: “las posesiones materiales son importantes.
Necesitamos cosas nuevas en nuestras vidas. La clave es recordar que estas son
el efecto de la felicidad, no la causa”. Es decir, el dinero viene a ti cuando tienes
claro tu propósito en la vida. Nunca puede ser tu propósito mismo el dinero o
cualquier otra meta material.
El propósito es algo que solemos perder cuando abandonamos nuestra etapa
infantil (cuando ya nos han programado lo suficiente como para perder nuestra
esencia) y no lo volvemos a recuperar. Aquellos que lo recuperan (o que nunca
lo pierden) son los que viven su vida más dichosa y plenamente.
A veces lo que sucede es que creemos que nos gusta una cosa cuando en
realidad le gusta más a nuestros padres, a nuestros amigos o simplemente es «lo
que se espera de nosotros». Yo estudié con mucho empeño una carrera completa
pensando que era lo que quería y estaba convencido de ello, creía que era lo que
quería. Sin embargo cuando descubrimos nuestro propósito por un lado estamos
mucho más motivados para avanzar (no necesitamos de la ineficaz fuerza de
voluntad) y por otro estamos más cerca de nuestro verdadero yo y la vida fluye
mucho más ligera y feliz.
Imaginemos que estás en un empleo que no te apasiona, es decir, no está en
línea con tu propósito vital. Cuando acabaste tu educación obligatoria no sabías
muy bien qué hacer (quizá te apetecía no hacer nada, sólo estar de fiesta con tus
amigos y amigas, tus ligues…) y tus padres o la sociedad te decían cosas del
estilo «todos lo hacen, tú deberías hacer lo mismo» lo que te empujó a trabajar o
seguir estudiando «algo» para ser una persona «de provecho», es cuando,
siguiendo la terminología de Martha Beck (Encuentre su propia estrella polar),
se pone al mando el «yo social» frente al «yo esencial». Así que decidiste que
Secretariado sería lo más «responsable» y «fácil» pues sólo habría que aprender
ofimática, mecanografía, algo de contabilidad…(Lo de fácil también es
discutible pues cuando alguien realiza cualquier cosa no alineada con su
propósito se hace cuesta arriba y no puede esperar más que la suficiencia o lo
que dé de sí la ineficaz fuerza de voluntad). Y con mucho empeño y relativo
sufrimiento acabaste tu formación y el Centro de Estudios te encontró una
pequeña empresa donde hacer las prácticas. Y tuviste la «suerte» de que la
empresa te hiciera un contrato. Y ahora llevas diez años trabajando de secretaria
de un tipo desagradable al que le gusta cada mañana mirarte de arriba a abajo
con ojos lascivos. Te gustaría «otra cosa» pero al fin y al cabo, «hay de peores»,
al menos «no se me acerca demasiado. Mirar y no tocar», y aquí al menos tienes
un trabajo estable y una necesaria nómina que te entra a principios de mes para
mantener a tu recién llegado bebé, tu alquiler, tu coche… todas esas cosas que
vas necesitando a medida que crecen tus responsabilidades (o quizá crecen tus
responsabilidades a medida que aumentas tus necesidades, aunque eso es otra
historia). Pero una mañana tu jefe te sugiere que necesitas una renovación de
vestuario, que en la oficina hace demasiado calor para ir tan tapada. Entonces
decides que es hora de cambiar de empleo, siguiendo la estela de Tony Robbins
(«Pasos de Gigante», «Controle su destino», «Poder sin Límites») diríamos que
el dolor de mantenerse en ese empleo ahora es más fuerte que el placer que
obtienes al recibir tu nómina) y empiezas a poner en práctica afirmaciones,
visualización, etc. Pero hay un fallo, lo que te ha motivado para el cambio ha
sido una situación extrema y no has reflexionado primero para averiguar tu
propósito en la vida. Si te aplicas concienzudamente con los ejercicios de la Ley
de la Atracción es posible, con mucho esfuerzo, que encuentres un nuevo puesto
de trabajo, quizá con un mejor jefe, quizá con mejores compañeros, quizá más
cerca de casa, con un horario más compatible con tu vida familiar o incluso
mejor remunerado, pero lo más probable es que sea un empleo de secretaria o
algo similar. Porque llevas demasiado tiempo haciendo lo mismo y mentalmente
te has incapacitado para hacer otra cosa. Te has programado para ser secretaria.
Salvando las distancias con el uso habitual de la frase, has topado con un «techo
de cristal». Pero es un techo que tú te has fabricado simplemente conformándote
y zigzagueando por el camino más fácil, o que crees más fácil. Sabes que tu
Currículum Vitae consta de diez años de secretaria y a eso es a lo que vas a
aspirar para un nuevo puesto, porque es lo que crees que tienes más
probabilidades de conseguir. Pero es hora de que rompas ese techo de cristal, es
hora de que sepas que tú eres capaz de lo que quieras y mucho más. El Universo
no sabe de probabilidades, sólo tienes que estar alineado con tu propósito y Él
jugará a tu favor. El camino será aún mucho más fácil que hasta ahora, aunque
aún no lo puedas ver y eso te de mucho miedo. Pero el cambio será para mejor y
para siempre.
Imagina tu subconsciente como un emisor de ondas y el Universo como un
receptor de ondas. Las ondas son los pensamientos y emociones. Tú puedes
impregnar tu subconsciente con pensamientos y emociones de logros y el
Universo lo recibirá con más o menos interferencias. Pero si impregnas tu
subconscientes con pensamientos alineados con tu propósito estarás lanzando el
mensaje en la misma frecuencia que el Universo y a Él llegará mucho más
claramente, sin interferencias.
James Allen ya lo expresó muy inteligentemente ¡en el año 1902! “Hasta que
no se conecten pensamiento y propósito, no habrá un logro inteligente”.
Peter M. Senge también se expresó de forma similar, señalando que tu
subconsciente es especialmente receptivo a las metas cuando éstas están en
consonancia con nuestros valores más profundos.
Con diferentes términos, casi la totalidad de gurús del éxito hablan de la
importancia de tener un propósito, una finalidad en la vida para estar en sintonía
y alcanzar mucho más fácilmente tus logros pero, hela aquí la pregunta que te
estarás haciendo:

¿Cómo se encuentra un propósito ¿Cómo encontrar MI propósito?


Veamos las formas más recurrentes y eficientes de descubrir tu propósito.
La mejor manera es hacerte una serie de preguntas y reflexionar muy
bien las respuestas. Las preguntas ponen en marcha tu mecanismo automático
de respuesta, tu cerebro funciona de forma que se pasa el día preguntándose
cómo solucionar cosas y sabe mejor que nadie la mejor respuesta para ti. Sólo
tienes que hacerte preguntas “de calidad” como diría Tony Robbins, gran
entusiasta de hacerse preguntas.
(Recuerda que no tienes que hacer ahora los ejercicios, para eso tienes la
plantilla del Proceso L.A. 20/80 donde los encontrarás todos reunidos)
El archifamoso Wayne Dyer, en la que es quizá su obra mejor y más completa
pero paradójicamente menos conocida, “Real Magic”, apunta como buena
indicación de estar en el propósito reflexionar qué seguirías haciendo (o
empezarías a hacer) si de repente te tocara la lotería. Así que pregúntate: Si de
repente me encontrara con 20 millones de euros en el banco y el dinero
dejara de ser una preocupación ¿a qué dedicaría mis horas? Es lógico pensar
en darte un año sabático, viajando, descansando... pero luego ¿qué? pregúntate
¿Qué haría para no aburrirme? ¿qué haría que me levantara de la cama de un
salto? o como sugiere Vadim Zeland ¿Qué convertiría mi vida en una fiesta? o
¿Qué confortaría a mi alma?
Otra pregunta que deberías hacerte ¿Qué hacía cuando era pequeño en mi
tiempo libre? Cuando somos pequeños hacemos las cosas que nos apasionan sin
pensar en cómo ganarnos la vida porque todo lo tenemos resuelto, alguien cuida
de nosotros y como hemos dicho antes, aún no nos han programado para el
fracaso ni para perder de vista nuestro propósito.
¿Recuerdas que cuando eras pequeño daba igual el tiempo que estuvieras
jugando que siempre te apetecía más y más? El tiempo parecía detenerse y sin
darte cuenta tu madre ya estaba llamándote para comer cuando daba la sensación
de que apenas habías empezado. No era sólo placer, era éxtasis, era estar
totalmente absorto, imbuido en la tarea. El gran profesor húngaro Mihály
Csíkszentmihályi, en su bestseller «FLUIR: una psicología de la felicidad»
indica que cuando estás “en onda” el tiempo parece detenerse y llama a este
estado “fluir”. Así que hay que buscar cómo volver a “estar en la onda” como
cuando éramos pequeños, cómo fluir con el Universo. Rebusca en tu pasado.
¿Qué es lo que más te gustaba hacer cuando eras pequeño? Encuentra los
elementos comunes a esas experiencias e imagina una forma de ganarte la vida
desempeñando esas actividades.
Otra pregunta que puede ayudarte a expandir tus límites y a desear cosas más
allá de lo económico, extraída de “La lámpara mágica” de Keith Ellis: ¿Qué
desearía realmente de la vida si estuviera absolutamente seguro de poder
conseguirlo?
Una última pregunta para hacerte, similar a la anterior, extraída del genial
Tim Ferris y su “Semana laboral de 4 horas”: ¿Qué haría si no pudiera
fracasar? ¿si fuera 10 veces más listo que el resto?
Sesión de Brainstorming
Una forma muy efectiva de encontrar respuesta a estas y otras preguntas es hacer una sesión de
brainstorming, traducida en castellano como “tormenta de ideas” o a veces “lluvia de ideas”.

Si no estás familiarizado con esta técnica grosso modo te puedo explicar el sistema: coge papel y
bolígrafo y escribe en lo alto del folio la pregunta que quieres hacerte, por ejemplo “¿Qué hacía cuando era
pequeño en mi tiempo libre?” o cualquiera de las vistas en los puntos anteriores. Ahora deja que te vengan a
la mente ideas y más ideas. No las juzgues, simplemente escríbelas. No empieces a descartar, es como una
competición en la que gana quién más respuestas de, independientemente de la calidad u originalidad de
éstas, aunque sean una auténtica locura. Fuérzate a escribir todo lo que puedas. Cuando acabes lee todo lo
escrito y analízalo intentando encontrar puntos en común, ideas que parecían una locura y ya no lo parecen
tanto, u otras ideas que ahora sí parecen descartables.

El uso más extendido de esta técnica suele ser en el contexto empresarial y en grupos de trabajo para
aportar más ideas a un proyecto, pues así la concibió su creador Alex Faickney Osborn en 1938, pero
evidentemente esta técnica la puedes usar tu solo en casa y así es como debes hacerlo en este caso. Además,
estudios científicos como el de Brian Muller y su equipo de la University of Kent en Cantebury, han
demostrado que las ideas aportadas por los que practican esta técnica solos son más y de mayor creatividad
que las aportadas por grupos. Seguramente debido al efecto “pereza social”: «Ya aportarán ideas los otros»;
o al efecto de la“difusión de la responsablidad”: «La responsabilidad no es sólo mía, si lo hago bien el
mérito no es sólo mío».

En la plantilla de “Protocolo L.A. 20/80©” que haremos al final del libro tienes espacio para hacer una
tormenta de ideas de cada pregunta que hemos visto.
Eso sí, lo crucial a la hora de hacerte correctamente estas preguntas es no
criticarte ni autoengañarte.

Pero ¿Cómo evito el autoengaño?


Recuerda el ejemplo que te he puesto hace unas páginas en el que yo creía
que quería lo que decía que quería cuando en realidad me estaba engañando a mí
mismo. Creía que quería estudiar una determinada carrera cuando en definitiva
buscaba la complacencia de mis padres, de mi hermano mayor o de la sociedad
en general. Lo que se esperaba de un estudioso buen chico. Por eso, aunque
conseguí licenciarme nunca conseguí dedicarme plenamente a lo que estudié y
nunca lo haré. Porque no es una carrera que esté alineada con mi propósito.
El gurú Joe Vitale recuerda cuando uno de sus mentores y sanador le preguntó
qué quería en la vida y él respondió «escribir bestsellers». Entonces Jonathan
Jacobs, que así se llamaba, continuó con el interrogatorio «¿con qué propósito?».
Eso le desconcertó y después de intentar librarse con respuestas del tipo «me lo
merezco» rebuscó en su interior, en su motivación subyacente hasta obtener la
verdadera razón: «para gustar a la gente y que me admiren».
No es un hecho aislado. El polifacético artista Alejandro Jodorowsky cuenta
una anécdota muy similar a la de Vitale. Le habían hablado de un médico (que
además era músico, poeta y maestro de artes marciales) en el barrio chino que
era capaz de curarle de una alarmante transpiración que lo dejaba empapado y le
impedía dormir. La sorprendente prescripción médica (a la postre efectiva) fue
preguntarle «¿Cuál es tu finalidad en la vida?» pues, según dijo, si no tenía una
finalidad en la vida no lo podía curar. Y, al igual que el mentor de Vitale, siguió
el interrogatorio preguntándole después de cada respuesta «¿Por qué?» hasta
obtener una finalidad última.
Haz lo mismo, no te autoengañes pensando que tu objetivo en la vida es ser
más rico, tener fama o ser podólogo. Normalmente existe una razón subyacente
y suele estar relacionada con la necesidad de amor y cariño. Encuentra tu
verdadera motivación. Cuando la tengas, será mucho más fácil manifestar tus
deseos. Saberla te dará una mayor libertad, sabrás por qué haces lo que haces y
por qué quieres lo que quieres y con ella obtendrás también la determinación de
tener y actuar y por ende será mucho más fácil manifestar tus deseos.
¿Cómo? Es muy fácil, Vitale y Jodorowsky ya nos ha dado pistas, pregúntate
constantemente “Por qué”.
Por ejemplo: “Quiero ser cantante, es la mayor ilusión de mi vida. Cuando era
pequeño siempre cantaba y ahora sigo haciéndolo en la ducha”–¿Por qué?–
“ejem... porque me gusta...–No en serio ¿por qué? hurga en tu interior– “creo
que me gustaría que la gente me viera en la tele” –¿por qué?– “quiero ser
admirado” –¿por qué?– “no sé… de pequeño solíamos estar mis padres y yo en
el sofá acurrucados viendo las actuaciones de los sábados por la noche en la tele
y veía los ojos de mi madre admirando a Luis Miguel… quiero que mi madre me
mire con esos ojos, quiero sentirme querido y admirado así por mi madre”. –Ahí
lo tienes. Tu propósito es la búsqueda de sentirte querido y admirado, no es ser
cantante. Saberlo te guiará mucho mejor en la vida y sabrás por qué quieres ser
cantante. El ser cantante se convertirá no en tu finalidad, sólo en tu camino.
Los Objetivos
La lista de los deseos
¿Cómo establezco un objetivo indicado para mí?
Una vez ya sabes cuál es tu propósito en la vida te resultará más fácil
establecer tus deseos y objetivos concretos, siempre con la mirada puesta en la
realización personal de tu vida.
Y a sensu contrario, si apuntas a una meta que no sea parte de tu propósito o
plan mayor, puedes fallar.
En cualquier caso, los objetivos que te plantees deben cumplir unas
determinadas características si es que queremos que se cumplan. Vamos a ello.

¿Cómo pongo en marcha el objetivo?


Lo primero que hay que saber y en lo que prácticamente todos los mentores
coinciden es que para poner en marcha tu objetivo tienes que ponerlo por
escrito. No hace falta que lo hagas ahora, recuerda que al final del libro y en
nuestra página de facebook viene todo el proceso en una plantilla. Escribirlo crea
como un “contrato” con tu subconsciente y con el Universo para la realización.
Si quieres una razón más terrenal, Brian Tracy (orador inspiracional, autor de
decenas de libros de liderazgo empresarial y desarrollo personal como el famoso
«¡Tráguese ese sapo!», «Negociación», «Liderazgo» o «Metas») realizó un
estudio en el que reveló que la gente que se limitaba a poner sus necesidades por
escrito y luego había guardado la lista, un año después, el 80% de lo que había
escrito se había hecho realidad. Lair Ribeiro en «El Éxito no llega por
casualidad» (Urano, 2000) menciona un estudio similar de la Universidad de
Harvard en el que dice que el 3% de los alumnos que habían puesto sus metas
por escrito valían económicamente más que el 97% restante.
No sé hasta qué punto son ciertos o no estos estudios ya que se han
mencionado muchas veces en la literatura de autoayuda y, como en el juego del
teléfono, el mensaje que llega se ha tergiversado muchísimo. Así, el catedrático
de psicología Richard Wiseman (autor del libro «59 segundos», en el que intenta
desmontar la supuesta charlatanería de la autoayuda) señala que en 2007 el
escritor de la revista Fast Company, Lawrence Tabak, hizo numerosas
investigaciones tratando de averiguar si el estudio era cierto y no encontró
ninguna prueba fehaciente de su existencia. Si bien su investigación se centró
sólo en la Universidad de Yale, no en Harvard como menciona Ribeiro.
Quizá estos estudios fueran reales pero poco documentados o quizá se
inventaron para dar credibilidad a un hecho que, en cualquier caso, yo
personalmente, mucho antes de conocer este estudio y toda la literatura New
Age, pude comprobar de primera mano, en el que vendría a ser mi primer
objetivo materializado de forma más o menos increíble. Sin saber por qué lo hice
así, sin conocer aún la Ley de la Atracción, harto de una adolescencia de
altibajos amorosos y desestabilidad emocional, cogí un folio en blanco e hice un
listado de las características que tendría mi mujer ideal y lo metí en un cajón,
olvidándome de él. Supongo que simplemente lo que quise fue aclarar mis ideas
después de algún desengaño. No sabía si existiría una mujer con tales dones pero
fui bastante concreto en mis peticiones: que no fumara, guapa, simpática, de mi
edad, trasero respingón... y otras características que no voy a detallar. Y hoy sigo
felizmente casado con una mujer que cumple al 100% con dichas características.
Aunque al principio no fui consciente de ello. Simplemente me enamoré casi
irracionalmente de esa chica y al cabo de varios años, realizando una mudanza
me encontré con el listado y ya familiarizado con la Ley de la Atracción dije
«¡Ajá!» Y sí, sé que es similar a la anécdota que cuenta John Assaraf en la
película y libro de «El Secreto», cuando describe cómo encontró su viejo tablón
de logros en una caja de mudanzas, pero es así. A veces te olvidas de lo que has
deseado… y lo malo es que le restas importancia al éxito conseguido, por eso es
tan importante el seguimiento de tu objetivo (monitoreo) del que ya tendremos
tiempo de hablar.
Para finalizar con la importancia de mantener tu objetivo por escrito
mencionar que el propio Wiseman, pese a querer echar por tierra el supuesto
estudio que mencionan Tracy o Ribeiro, tras un estudio sobre éxito y motivación
con 5.000 participantes, reconoce que las posibilidades de éxito se disparaban
en aquellos participantes que escribían sus metas concretas, especialmente
si éstas eran detalladas con pasos, avances, ventajas, recompensas… y
precisamente todo esto lo veremos a lo largo de este libro.
Si además sellas con tu firma el objetivo, fijarás más tu compromiso con
el mismo, así lo sugiere el propio Wiseman en su obra «Nadie nace con suerte».

¿Por dónde empiezo? ¿qué puedo elegir?


Ahora empieza lo divertido, elegir entre todas las posibilidades que te ofrece
el vasto catálogo del universo.
Pero es muy normal que suceda la paradoja que con tanto donde elegir te
quedes en blanco, que de tantas posibilidades te bloquees.
Para eliminar este bloqueo puedes hacer dos listas, una de las cosas que te
urgen y otra de tus máximos deseos y luego dividas cada lista en tres
segmentos: tener, ser y hacer. Más adelante verás cómo los “ser” los tendrás
que ir convirtiendo, como hace Timothy Ferris, en “hacer” para alcanzar tus
sueños, por ejemplo, para “ser” un gran orador primero tendrás que “hacer”
cursos de oratoria o “hacer” muchas prácticas de hablar en público.
Algunos autores también dividen sus deseos en plazos (qué cosas deseas
ahora, qué deseas para dentro de 6 meses, para dentro de un año, de cinco…)
pero yo soy contrario a esta idea de los plazos, más adelante te explicaré mis
razones.
Ahora vamos a ver ordenadamente las listas según las divisiones que hemos
comentado y que podrás hacer fácilmente en la comentada plantilla de protocolo
L.A. 20/80.
¿Qué te urge ahora? Haz una lista de las cosas que te urge tener, lo que te
urge hacer y lo que te urge ser (esto último puede ser más complicado de
establecer).
¿Cuáles son tus máximos deseos? Haz una segunda lista con aquello que te
gustaría tener con todas tus fuerzas, lo que te gustaría hacer más que nada y por
supuesto lo que más querrías ser.
Algunas pistas:
A la hora de elaborar las listas siempre ten presente el propósito vital que ya tenemos que haber
establecido. Aunque sean deseos materiales, siempre deben responder a un propósito vital que debes
conocer.

Te resultará muy útil separar tus deseos por áreas. Piensa en tu desarrollo personal y profesional, en
tu salud, en tu felicidad, en las relaciones sociales y de pareja e incluso en tu altruismo, quizá te
sentirías realizado al fundar una organización no lucrativa. Dicho de otro modo, piensa en tu carrera, dinero,
propiedades, ocio, viajes, relaciones, expresión creativa, salud, educación...

A veces, tras muchos años de condicionamientos negativos y pesimismo, resulta más fácil pensar en lo
que no queremos que en lo que queremos. Puedes poner lo que no quieras para facilitarte la tarea, pero
asegúrate inmediatamente de convertirlo en una frase en positivo. Más adelante te explicaremos la
importancia de esto.

Por ejemplo, puedes tener muy claro que no quieres padecer alergia cuando llegue la primavera,
conviértelo en “quiero estar totalmente sano al llegar la primavera”. O si no quieres viajar más en tu
destartalado coche, conviértelo en “quiero un coche nuevo”. O si odias a tu jefe, “no quiero tener ese jefe”
puedes convertirlo en “deseo trabajar para mí mismo”.

Derivado del anterior. En muchas ocasiones cuando nos preguntamos lo que queremos o cuál es el
problema que queremos solventar sólo obtenemos respuestas vagas y quejas y más quejas. Esta
confusión, es muy común especialmente en los momentos posteriores a un gran trauma, cuando nuestra vida
está viniéndose abajo y nuestros esquemas y costumbres han de cambiar a la fuerza, por ejemplo tras un
divorcio inesperado. En esos momentos es difícil concretar lo que queremos, o simplemente decimos que
queremos «que todo vuelva a ser como antes». Louis L. Hay propone una fórmula que te ayudará a
concretar los problemas y verlos con nuevas perspectivas reveladoras.

Coge una hoja y escribe en lo alto “Debería…” e intenta acabar la frase con 5 o 6 respuestas
diferentes. Según L. Hay hay quien le resulta difícil escribir sólo una o dos y hay quien necesitaría varias
páginas.

Ahora lee cada frase y pregúntate ¿Por qué? ¿Cuál es la razón? y revelarás muchas creencias y
limitaciones.

Finalmente vuelve a escribir cada frase pero sustituyendo el “Debería…” por “si realmente quisiera
podría…”.

Al ir haciendo la lista te darás cuenta que muchos “ser” se convertirán en “hacer” y en “tener”. No
hay problema, todo lo contrario, eso es bueno y es lo que acabarás haciendo, porque estás concretando lo
que quieres y como veremos, esto es fundamental.

Por ejemplo, “quiero ser cantante profesional” puede convertirse en “quiero hacer una maqueta de
calidad” o “quiero tener una entrevista en la radio musical más famosa de mi país”. O “quiero ser
Astronauta” puede convertirse en “quiero tener buenas notas en mi prueba de acceso a la Universidad para
ingresar en el Instituto de Astrofísica”.

El hecho de dividir tus deseos en lo que te urge y lo que más deseas y a su vez en “ser”, “hacer” y
“tener” ha sido para ayudarte a recordar cuáles son tus deseos, pero ahora, trabaja con todos los
elementos de tus dos listas como si fueran una sola lista para hacer un filtrado.

Víctor Boc, famoso locutor de radio en EEUU, escritor de «Cómo Resolver


para siempre todos sus problemas de dinero» y uno de mis autores favoritos por
su sencillez y por los logros impresionantes que he obtenido gracias a su método,
lo plantea de la siguiente manera:
Has de aplicar una serie de preguntas (que he extraído y sintetizado a
continuación y en la plantilla del protocolo L.A. 20/80) a cada deseo y luego ir
tachando las que devuelvan una respuesta negativa:
¿Realmente lo deseas (o lo necesitas) o es solo un interés pasajero? Por
ejemplo. Puede que mi móvil tenga un año y me gustaría reemplazarlo por uno
más moderno pero el móvil funciona perfectamente. Cambiarlo sería un interés
pasajero, no un deseo ardiente, y por lo tanto debería tacharlo de mi lista. Sin
embargo si mi móvil se ha roto, aunque no sea un deseo ardiente tener móvil, sí
que lo necesito y por lo tanto podría quedarse en la lista.
¿Es posible de realizar? No significa si ahora te parece viable según tus
circunstancias actuales sino si humanamente es posible. Por ejemplo, es viable
mi deseo de hablar finés aunque ahora no sepa decir ni “hola”, pero es
humanamente imposible mi deseo de ser campeón del mundo de los pesos
pesados si tengo 65 años y nunca me he entrenado.
¿Es respetuoso con la gente? Es decir, si no causará a otros algún perjuicio.
No nos referimos a los celos que pueda ocasionar a mi vecino que yo tenga un
coche mejor que el suyo sino a un daño físico o psíquico. Mi deseo no puede ser
atropellar a mi jefe aunque eso “beneficiara” a cientos de trabajadores.
¿Es coherente con el resto de la lista? Esto es muy importante. Si se
contradice con otro elemento posiblemente se sabotearán ambos. Hay que tachar
uno de los dos. Por ejemplo, sería incoherente ponerme el objetivo de recorrer el
mundo yo solo de mochilero y a la vez el objetivo de pasar más tiempo con mi
familia. O sería incoherente querer que me asciendan en mi empresa y a la vez
desear un trabajo nuevo o trabajar por mi propia cuenta. O una cosa u otra.
No tengas miedo de tachar, sólo estás priorizando y cuando empieces a lograr
deseos de forma habitual podrás volver a repasar tus viejas listas y darte cuenta
que lo que tachaste quizá ya no te interese en absoluto o que tal vez cuando
hiciste la lista era incoherente con otro elemento pero ahora ya no lo es y puedes
ir haciendo nuevas listas. Pero ahora toca tachar ¡Tacha sin piedad!

¿Cuántos objetivos puedo tener a la vez? ¿estaré pidiendo demasiado?


Seguramente tengas ante ti muchísimos objetivos y te estés preguntando si no
serán demasiados.
Si seguimos las pautas de Jack Canfield y Mark Víctor Hansen, famosos
autores de «Sopa de pollo para el alma» y una caterva de libros de autoayuda,
parece que nunca son suficientes. Para ellos habría que hacer un esfuerzo por
intentar tener al menos 30 “ser”, 30 “tener” y otros 30 “hacer” y lo ideal es
recopilar unos 100 objetivos en total. Y he dicho bien, «esfuerzo», porque te
aseguro que es difícil desear tanto, de verdad. Si lo intentas te sugiero que
tampoco te agobies, la lista está totalmente “viva”, puedes ir añadiendo y
eliminando cosas que ya no desees tanto o que hayas cumplido. Puedes
empezar por 20 o 30 e ir subiendo a medida que vayas deseando cosas. Eso sí.
Felicítate bien cuando hayas logrado algo, en lugar de tacharlo, señálalo con
letras bien llamativas de «¡Victoria! ¡Gracias!»
Pero ojo, cada vez que añadas un nuevo objetivo no te olvides de hacerle de
nuevo el cuestionario de antes (si realmente lo deseas, es humanamente posible,
respetuoso y coherente con el resto de la lista), siendo especialmente cuidadoso
en observar que no se contradiga con ningún objetivo anterior ya que un
gran peligro que se corre con tantos objetivos es la facilidad con la que
pueden colisionar y bloquearse unos a otros.
Ahora bien, cabe preguntarse...

¿Por qué es necesario tener tantos deseos a la vez?


Según Hansen y Canfield, cada objetivo tiene un periodo de gestación
diferente, unos pueden necesitar muchos años de gestación porque actualmente
tu situación dista mucho de lo que deseas y otros objetivos se pueden realizar en
un santiamén. No puedes dejar los más complicados para el final porque siempre
te quedarás realizando cosas muy sencillas y cuando vayas a empezar a hacer las
complicadas habrás dejado pasar mucho tiempo en balde; y tampoco puedes
empezar por las más difíciles porque nunca verás resultados y te desmoralizarás
a las primeras de cambio. Además, cuando cumples un objetivo viene una
especie de “bajón” de no saber «ahora qué» excepto que tengas más objetivos en
lista y la regla del Universo es la abundancia así que ¿por qué conformarse con
menos?
Sin embargo, muchos otros autores no comparten la visión de Canfield y
Hansen y son de la opinión de que demasiados objetivos diseminan el poder
de la Atracción. En este sentido, Vadim Zeland, autor ruso de una serie de libros
denominada «Reality Transurfing», afirma que la sintonización con el camino
del objetivo (aunque él utiliza una terminología más compleja que te voy a
ahorrar) funciona con más eficacia si todos los esfuerzos están dirigidos hacia un
objetivo concreto frente a dispersar nuestra energía mental en diferentes
objetivos. En la misma línea se sitúan Janet Bray Attwood y Chris Attwood
(Descubre el Secreto, Tu riqueza oculta) quienes aseguran claramente que
aferrarse a demasiadas ideas, deseos u objetivos al mismo tiempo, colapsa al
cerebro que no puede centrarse en tantas cosas a la vez, y para ello se basan en
los estudios neurológicos según los cuales sólo puedes almacenar siete conjuntos
de información en la conciencia simultáneamente.
Me encanta esta cita del fundador de Apple, Steve Jobs: “La gente cree que el
enfoque significa decir sí a lo que tienes que enfocar. Pero realmente significa
decir no a los cientos de otras buenas ideas que hay. Tienes que escoger con
cuidado”. Escoge con cuidado tus deseos, tacha, elige, prioriza.

Estoy hecho un lío ¿con qué opinión quedarse, muchos o pocos objetivos?
Creo que es posible que cooperen ambas teorías.
Me quedo con lo que dice Abraham Hicks, que no hay límite de cosas que
puedes pedir al Universo y crear simultáneamente, pero al comienzo, cuando
todavía estás aprendiendo a enfocar tus pensamientos, es más útil concentrarte
sólo en uno o dos deseos a la vez.
Por un lado me parece positivo tener una lista de objetivos a largo plazo, por
las razones que aducían Canfield y Hansen pero creo que es IMPRESCINDIBLE
mantener la coherencia de los objetivos y minimizar la dispersión de energía.
La primera solución a la coherencia de la lista nos la daba el propósito, que
nos sirve para encauzar todos nuestros deseos en una misma dirección. Toda esa
lista de deseos han de resultar de tu propósito.
Pero además, insisto en la coherencia de tu lista. Si tu deseo es ser actor de
Hollywood, coincidirás conmigo en que es difícil tener también el objetivo de
vivir en Alemania. Es posible hacerlo, pero quizá ahora no sea la mejor opción.
Tal vez si consigues ser actor de Hollywood en ese momento puedas desear vivir
en Alemania y sea un objetivo más coherente. Para que Antonio Banderas
pudiera vivir en su querida Málaga ha tenido que vivir mucho tiempo en Madrid
y más tarde en Hollywood hasta que ha adquirido tanto poder en la industria
como para decidir dónde establecer su casa. O por poner un ejemplo más
mundano, no puedes desear un aumento de sueldo y al mismo tiempo desear
cambiar de empleo. Hay que intentar ser coherente al máximo con tu lista de este
momento de tu vida. Más coherencia significa más eficacia.
Sin embargo, tras poner todos tus objetivos en una lista escrita ya no debemos
dispersar más nuestros esfuerzos haciendo visualización y afirmaciones de todos
ellos. Es una innecesaria e ineficaz locura.
Ten la lista de deseos ahí, escrita, y repásala cada día. Ese simple hecho ya
irá poniendo en marcha los objetivos por ti. Pero establece prioridades de los
deseos que prefieras que se cumplan primero. Sé que la decisión será difícil
«¿qué quiero primero, vivir de mi hobby o encontrar el amor de mi vida?» Pero
son decisiones que deberás tomar. No olvides las palabras de Jobs, lo importante
del enfoque es descartar ideas, por muy buenas que éstas sean.
Recuerda que te facilitará la tarea pensar que realmente las dejas aparcadas no
las eliminas para siempre. Hace años escribí un libro de comedia y leí y vi
muchísimo humor llegando a encontrarme en una vorágine de chistes que se me
iban ocurriendo en todo momento y que apuntaba en la pequeña libreta de ideas
que siempre llevo encima. Cuando llegaba a casa y las intentaba meter en el
libro muchas veces los mejores chistes no encajaban bien en la historia y me
resultaba muy difícil descartarlos así que tomé una idea del director de cine
Robert Rodríguez en su manual «Rebelde sin pasta», cogí esas buenas ideas que
no cabían y las metí en una carpeta para próximos proyectos. Así resultaba
mucho menos doloroso no meter esa idea tan buena que se me había ocurrido, no
la descartaba, simplemente la dejaba aparcada temporalmente.
Así que no te preocupes por el resto de deseos que no has elegido de
momento porque no los estás descartando, no los olvidas, siguen ahí en la lista y
volverás a ellos más adelante. Es más, puedes ir engrosando la lista de deseos
con nuevas cosas que hacer, ser o tener que se te vayan ocurriendo. Pero ahora
debes centrar toda tu energía y ejercicios en uno. Simplemente decide en qué
deseo centrarte AHORA. Puede ser algún objetivo sencillo, para ir practicando
el proceso, obtener resultados y coger confianza, o puede ser algo más complejo
que estés deseando muy vehemente y ya veremos más adelante cómo lo
tendremos que dividir en pasos más pequeños.
La intención es lo que cuenta
No es sólo un dicho popular sino una realidad en el ámbito cuántico. No me
voy a detener en las complejas explicaciones que demuestran científicamente el
tremendo efecto de la intención sobre la materia, para eso ya tienes el fantástico
libro de Kolie Crutcher «Electric Living: la ley de la atracción para escépticos»,
sólo hace falta saber que un deseo sólo es eso, un deseo. Si se mantiene como
tal, difícilmente se hará realidad. La intención es una forma por la cual le dices al
Universo que estás dispuesto, decidido formalmente a hacerla realidad frente a
los meros deseos, apetencias, gustos, preferencias, ensoñaciones...
El matiz es muy importante. Fíjate la diferencia de poder entre estas frases:
“Yo deseo tener un deportivo descapotable”
“Yo quiero tener un deportivo descapotable”
“Mi intención es tener un deportivo descapotable”
Las dos primeras se quedan en un mero “me gustaría”, “estaría bien tener”,
“sería una gozada tener”, frases que perfectamente podrían terminar en un
“...otra cosa es que pueda”. Son frases que no te obligan rotundamente a salir a
buscar el deportivo descapotable como sí lo hace la tercera frase que está
diciendo “voy a por mi descapotable nuevo, no es que lo desee, es que no voy a
parar hasta tenerlo”.
Para Vadim Zeland, el punto en el que tu deseo se hará realidad será cuando
DECIDAS ir a por tu deseo igual como cuando vas a por tu correo, con la misma
normalidad. Sabes que estará ahí esperándote en el buzón. Quizá no sabes si
llegará hoy pero no dudas de que estará ahí. Simplemente vas y lo coges.
Debes dejar a un lado cualquier razonamiento, emoción o esperanza de tener
éxito. Debes sólo mantener una decisión irrevocable y desapasionada de obtener
éxito, simplemente «mi intención es X, voy a coger X», esa es la declaración, y
además sin argumentos, condiciones o signos de admiración. Es así, es un hecho.
No es que creas firme e inquebrantablemente que vas a obtenerlo sino que
tomas lo que te pertenece.
Zeland propone un ejercicio para observar la diferencia entre el deseo y la
intención. Desea levantar la mano. Tu deseo está moldeado en tu mente, te das
cuenta de que quieres levantar la mano pero ¿el deseo levanta la mano? No, el
deseo en sí no produce ninguna acción. Es más, tampoco se levanta la mano por
la determinación de actuar, de levantar la mano. La determinación sigue siendo
una “voluntad de…” o “deseo de…”. Lo que realmente levantará la mano será la
intención de levantarla. Mira cómo lo expresa Zeland: “El deseo está orientado
hacia el objetivo mismo, mientras que la intención al proceso de obtención de
ese objetivo”. La intención no razona si el objetivo es alcanzable o no, la
decisión está tomada, sólo queda actuar.
Tampoco se trataría de fuerza de voluntad, en ese caso intentas tomar “a la
fuerza” lo que deseas, intentas someter a tu voluntad las circunstancias, el
mundo exterior. No es eso, se trata de ocupar una posición de observador
imparcial y es como si ocurriera por sí mismo, tú no cambias nada, sino que
eliges.
En resumen; se realiza la intención, no el deseo.
Y no sólo Zeland habla de la intención, muchos otros autores conocen del
poder de ésta sobre los meros deseos, aunque lo expresen de diferentes maneras.
Keith Ellis («La lámpara mágica»), por ejemplo, en lugar de llamarlo
“intención” habla de “decisión”, pero a los efectos es lo mismo: “He decidido
tener un descapotable nuevo”. Tiene el mismo tremendo poder frente al
“quiero/deseo/me gustaría”. Para Ellis la manera más eficiente de poner un
deseo en movimiento es escribiendo al principio “He decidido…” y luego tu
deseo. Esto lo convierte en una orden para llevarla a cabo.
Así pues, vamos a trabajar nuestros objetivos como si fueran intenciones, de
hecho, lo correcto sería hablar ya con términos de intenciones en lugar de
objetivos. Pero como sé que el término “objetivo” sigue aún demasiado
arraigado, para evitar confusiones e ir acostumbrándote poco a poco utilizaré el
término “objetivo/intención”.
Un matiz final, aunque hemos aducido aquí que “la intención es lo que
cuenta”, tómese como intención frente a deseo, no como intención frente a
acción que, como veremos más adelante, es totalmente necesaria para llegar a la
consecución de nuestro éxito.
No importa el «cómo» sino el «qué»
¿Cómo conseguiré mi objetivo/intención?
Tú no tienes que hacer nada de forma forzosa o consciente para llegar a tu
deseo (tu objetivo/intención), el deseo mismo es el creador de los medios. Como
dijo el naturalista Jean-Baptiste Lamarck, “los pájaros no vuelan porque tienen
alas, las tienen porque desean volar”.
Maxwell Maltz sostenía en su tratado sobre la cibernética que los lóbulos
frontales que corresponden a la parte del cerebro que produce el pensamiento
consciente puede divisar el objetivo, o crear la imagen de la persona que quieres
ser, y luego la mente subconsciente se ocupa de alcanzar esa meta en modo
automático.
Es decir, conscientemente sólo debería preocuparte el «qué» (el
objetivo/intención) y olvidarte del «cómo» (el camino).
No malgastes tu tiempo ni energía en intentar descifrar «cómo» lo solventarán
el subconsciente y el Universo por ti. Sólo estarás ralentizando, si no
bloqueando, el éxito. ¿Quién mejor que el Universo y tu subconsciente para
guiarte de la forma más efectiva, rápida y mejor para ti? Sólo confía y déjate
llevar. No te metas en el camino del Universo y de tu subconsciente, déjalos que
hagan su trabajo. Tú sólo desea volar y el Universo ya te proporcionará las alas
que más te convengan.
Jack Canfield, en una metáfora muy acertada cuenta que tú puedes elegir ir de
Nueva York a California, establecer tu intención de ir a California, y no necesitas
ver todo el camino. Incluso puedes conducir de noche y sólo ver hasta donde te
permiten los faros, y aún así llegarás a California. No es necesario saber el
«cómo», sólo el objetivo/intención. Confía en el camino del Universo y sigue las
SEÑALES que te va marcando. Más adelante hablaremos de esas señales
(Retroalimentación).
Ahora voy a ponerte un ejemplo menos metafórico para que veas los
problemas que puede ocasionarte querer saber el cómo: Tú estableces “Tengo la
intención de trabajar de actor en una película”. Pero no debes afirmar: “Tengo la
intención de trabajar en una película así que voy a ir a un rodaje y el director me
verá y me dirá que mi cara es perfecta para su película y me contratará”. Ni
siquiera debes decir “Tengo la intención de trabajar de actor en una película” y
luego ponerte a pensar las opciones para su cumplimiento. Porque quizá para el
Universo es más fácil que la amiga de una amiga de tu madre comente que el
cuñado de su prima es productor ejecutivo de Almodóvar y está buscando a
chicos pelirrojos con ojos verdes para una película y resulta que tú eres pelirrojo
de ojos verdes. O quizá el Universo cree que serías un desastre como actor y
necesitas preparación y, tras establecer tu objetivo/intención “Tengo la intención
de trabajar de actor en una película” como por arte de magia aparece en tu buzón
un folleto de una prestigiosa academia de Arte Dramático. Las posibilidades
pueden ser infinitas, es imposible que sepas tú, desde tu limitada consciencia la
mejor opción. No intentes saber cómo conseguirás tu objetivo/intención,
empezarás a inmiscuirte y sólo conseguirás complicar más las cosas y retrasar o
anular tu objetivo.

¡Ojo a los “cómo” disfrazados de metas!


Es posible que una meta no sea más que un “Cómo” pero al que le has dado el rango de meta. ¡Este es
uno de los principales obstáculos que hacen que nos demos contra un muro de piedra cuando practicamos
constantemente la Ley de la Atracción y sólo obtenemos pequeñas metas o incluso encadenamos fracasos!
Para evitar caer en este tipo de autoengaño podemos utilizar un pequeño truco del curso del Método
Silva. Al igual como habíamos visto con Jonathan Jacobs habría que preguntarse constantemente “¿Por
qué?” quiero tal o cual meta, aunque en este caso sería para averiguar tu meta “mayor”. Por ejemplo,
imaginemos que tus respuestas se asemejan a esto:
– Quiero un ascenso.
– ¿Por qué?
– Para ganar más dinero.
– ¿Por qué?
– Porque quiero vivir en un chalet en lugar de en un piso
– ¿Por qué?
– Para que mi hijo pueda corretear por el patio.
En este caso la meta mayor sería “un chalet con un gran patio”, la elección del ascenso realmente es un
“cómo” llegar al verdadero deseo, es un medio para alcanzarlo, es el “cómo” imaginas tú que obtendrás ese
chalet. Por lo tanto estás cerrando posibilidades de manifestación al Universo. Tal vez para el Universo sea
más fácil hacer que te toque la lotería a que te aumenten el sueldo. O quizá sea más fácil que te echen del
trabajo para obtener un trabajo mayor y, de paso, pagar la entrada del chalet con el finiquito del anterior
empleo.
Si siguieras preguntándote constantemente “¿Por qué?” al final, si no te has engañado a ti mismo,
deberías llegar a la misma respuesta que cuando estabas buscando tu propósito vital, algo relacionado con la
necesidad de amor, cariño, confianza… algo mucho más profundo que un chalet, claro. En el caso que
hemos visto quizá pudiera ser que esta persona viviera de pequeño en un chalet con un gran patio y necesite
darle eso mismo a su hijo para no sentirse fracasado, o justo al contrario, que de pequeño viviera en una
chabola y necesite darle a su hijo lo que él no tuvo para no sentirse fracasado, porque cada persona toma sus
experiencias y las interpreta a su modo.
Pero de los motivos subyacentes ya hemos hablado. En este caso pregúntate “¿Por qué?” Simplemente
para saber si es tu deseo más grande a fin de evitar caer en la trampa del “Cómo” disfrazado de meta.
Además, saber tu meta mayor también te ayudará a evitar el establecimiento de objetivos
contradictorios ya que aclaras tu verdadera intención en lugar de confundirte con diferentes apetencias que
pueden colisionar entre ellas.

En definitiva, después de establecer nuestra lista de objetivos lo más


prudente es preguntarse si estamos ante un verdadero deseo o un “cómo”.

Pero fantasear sobre cómo se cumplirá un deseo es inevitable

«Cuando estoy entusiasmado no puedo evitar fantasear sobre cómo se


cumplirá mi objetivo/intención ¿Por qué lo anulo de esa forma? ¿No se supone
que el Universo es más listo que yo, por qué no me hace caso omiso y lo intenta
cumplir a su modo?»
Reconozco que es casi inevitable intentar deducir cómo se va a cumplir. Está
en nuestra naturaleza proyectar el futuro. Lo que tenemos que intentar es
minimizar las fantasías al máximo. ¿Cómo? Simplemente dejándolas ir. Es
similar a la Meditación (no necesariamente tiene que llevar el apellido de
«Trascendental») que básicamente consiste en dejar pasar tus pensamientos, no
hacerles caso, que se vayan, o la práctica de «El poder del Ahora» donde Eckart
Tolle también nos aconseja que los pensamientos hay que acallarlos pues surgen
de nuestro ego (en lugar de nuestro propio Ser, que, siguiendo nuestra
terminología sería nuestro subconsciente) y proyectan el futuro en base a
experiencias pasadas.
El motivo por el que anulas tu objetivo/intención cuando piensas en cómo se
realizará es muy sencillo. El Universo es como una gran computadora, obedece
las órdenes que le mandas —que le programas, a través de tu subconsciente, ya
veremos cómo hacerlo— y lo hace muy bien, a razón de millones de bits por
segundo. Por ejemplo le puedes pedir a tu ordenador que sume 123.456 +
789.012 y te dará la respuesta exacta. Quizá tú te equivoques haciendo
conscientemente la suma, pero el ordenador no. Pero si haces mal la
programación de inicio, el mensaje que le lanzas al Universo será erróneo y los
resultados no serán los esperados o no los habrá. Si le programas que sume 1 +
%, no te dará resultado.
Cuando tú formulas tu objetivo/intención, pongamos que quieres conseguir,
siguiendo con el ejemplo de antes para no perdernos, trabajar de actor en una
película (123.456 + 789.0123), el Universo pone en marcha sus mecanismos de
ajuste para el cumplimiento (empieza a hacer sus procesos, sus combinaciones,
para darte el resultado de la suma), tal vez despierta en la amiga de la amiga de
tu madre (la que su cuñado es productor de Almodóvar) el inocente deseo de
quedar con la amiga de tu madre para tomar un café y charlar, ya que hace
tiempo que no se ven. De repente le apetece verla (porque se lo has ordenado tú
a través del mensaje que le has lanzado desde el emisor de ondas de tu Ser, es la
Ley de la Atracción en movimiento), pero tú eres totalmente inconsciente de
todo este proceso. Las dos mujeres quedan para tomar café, están encantadas de
volver a verse y contarse sus cosas (entre otras el reciente ascenso a productor
ejecutivo de su cuñado) pero todo esto que está tan cerca de ti, sin embargo, no
lo percibes desde tus (limitados) cinco sentidos. Pasan los días y tú no ves
evidencia alguna de cambio, surgen los miedos al no cumplimiento y dudas
sobre si lo estarás haciendo bien y decides darle un empujoncito al Universo, o
sea forzar la situación (craso error) y empiezas a buscar donde está habiendo
rodajes cerca de ti (como tu ordenador es tan lento haciendo la suma, tú
empiezas a dudar de que funcione, tienes miedo de que se haya “atascado” y
vuelves a darle a la tecla Enter. Y otra vez, y otra vez, y otra vez... Quizá,
pienses que lo has programado mal y comienzas a cambiar la fórmula, estás
forzando al ordenador a que te dé la suma) y empiezas a buscar y en una revista
de cine te enteras de que están rodando Juego de Tronos en tu país vecino y
sabes que esa es tu oportunidad de alcanzar la fama. En ese momento, acabas de
anular el plan del Universo. Él tenía un plan más adecuado para ti y tú,
intentando forzar la situación, pensando tu propia estrategia de cumplimiento, le
has dicho al Universo que tu plan no es “ser actor” sino “ir al rodaje de Juego de
Tronos a ver si me ve el director la cara y me contrata”, así que tu madre, que iba
a contarte que el cuñado de su amiga es productor, de repente no lo ve relevante
y se le olvida contártelo. Te has hecho tú mismo un lío y has hecho un lío al
Universo. El ordenador, al final, efectivamente se atasca y tienes que darle a
“reiniciar” y empezar de nuevo. Todo lo que pudieras haber avanzado se ha ido
al traste.
Si utilizas bien la Ley de la Atracción ella lo atrae a ti y tú no necesitas forzar
nada sólo esperar, tener fe y paciencia.
Claridad y concreción
El legendario campeón de golf Ben Hogan estaba en un campo que no
conocía y desde su posición no podía ver el green. Así que le pidió a su ayudante
que le localizara una diana donde apuntar. El ayudante le sugirió que apuntara
hacia las palmeras pues se elevaban tras el green, a lo que Hogan le replicó «¿A
cuál?».
Esta anécdota mencionada en “Golf is not a game of perfect” de Bob Rotella
denota la aplicación por parte de Hogan de uno de los principios básicos de la
psicología del golf: “apunta a la diana más pequeña posible”. Y es que “el
cerebro y el sistema nervioso responden de forma óptima cuando los ojos se
fijan en la diana más pequeña posible”
Como bien apunta Mark Fisher, este principio del golf y de la psicología
humana es totalmente aplicable a la obtención de objetivos: “apunte al objetivo
más preciso posible”.
Maxwell Maltz (Psico-cibernética) decía que para obtener automatismo en la
persecución de un objetivo, es decir, que se busque automáticamente el objetivo
en lugar de buscarlo conscientemente, “la diana debe estar marcada muy
claramente”.
Pero no sólo lo dicen Fisher o Maltz, casi la totalidad de autores coinciden en
que el objetivo/intención, así como la afirmación y visualización que crearemos
después, tiene que ser lo más concreto y claro posible. Esto se traduce en que
sea cuantificable y establecer la medida o cantidad exacta.
Por ejemplo, serían buenos objetivos: tener un millón de euros en el banco,
cobrar 3.000 libras al mes, tener un coche Maserati GranCabrio de 450 CV color
gris granito, tener un nivel de 6,5 en hemoglobina glicosilada…
Malos objetivos serían: ganar un montón de pasta, tener una nómina que me
permita llegar desahogadamente a fin de mes, tener un coche de lujo, estar más
sano, ser más feliz, tener más sexo…
Cuanto más concreto y específico mucho mejor. Recuerda: cantidad exacta,
modelo exacto, metros cuadrados… cuántas veces al día quieres tener sexo…
todos los detalles que puedas aportar.
Si estás pasando por un mal momento...
Ten mucho cuidado y asegúrate de cumplir con este requisito. Cuando pasamos por una crisis que
rompe nuestros esquemas habituales, una separación, pérdida de empleo, bancarrota, enfermedad…
tendemos a precipitarnos en nuestras peticiones y es habitual oír peticiones como “ser más feliz” o “volver a
mi vida de antes”. Recuerda ser más concreto. Aunque tampoco debes olvidar el resto de requisitos que se
verán a continuación.
Los límites del objetivo
¿Cómo de ambicioso puedo ser en mi objetivo/intención?
Si has visto la película de “El Secreto” o leído mucha literatura sobre la Ley
de la Atracción, te resultarán familiares aseveraciones del tipo: “el Universo es
Infinito y te puede proporcionar todo lo que le pidas”; “piensa en el Universo
como un gran catálogo que puede atraer todo lo que quieras” y otras similares.
Sí, pero no.
La teoría es cierta. Pero hay que estar preparado para recibir según qué cosas.
Prácticamente todos los líderes espirituales que has visto en el Secreto o de los
que lees en libros de la Ley de la Atracción son millonarios o multimillonarios, y
han llegado a un nivel en que pueden aseverar sin temor a equivocarse que “al
Universo le cuesta lo mismo hacer aparecer 100 dólares que un millón de
dólares”. Sólo es dinero, hay montones por todo el mundo. Ellos ya saben que un
millón de dólares se puede manifestar en una simple idea en tu conciencia
mientras estás en la ducha y pueden, y saben, ejecutar rápidamente esa idea,
pasarla del plano de las ideas al plano de la realidad material porque ya han visto
esas cantidades anteriormente, no les da miedo pensar en esas cantidades y lo
ven como un posible, es más, ni siquiera como un posible sino que, una vez les
aparece esa idea que les puede aportar un millón de dólares, lo ven como una
realidad. Sólo tienen que dar una serie de pasos y allí estará su millón
esperándoles. Y también inconscientemente, ellos ya están programados para el
éxito, para el super-éxito, así que les resulta difícil ponerse en tu situación en
estos momentos, sus tiempos de penurias ya quedaron lejos.
Pero seguramente a ti te cuesta ahora mismo incluso imaginar un millón de
euros junto. Es normal, es falta de costumbre y de programación. Seguramente
imaginas una maleta a rebosar de billetes, como en las películas, sin embargo
sólo son 4 fajos de 500 euros. No tenemos una imagen realista de lo que
queremos.
Así que quizá es bueno empezar poco a poco, por pequeños objetivos para ir
ganando confianza. Si estás ganando 20.000 al año no es razonable que te
propongas ganar un millón al año siguiente. ¿Posible? sí, pero si estás leyendo
este libro seguramente es porque has cometido errores como este en tus
anteriores intentos así que lo mejor es empezar despacito y con buena letra.
Pero también puedes caer en el error de pensar demasiado en pequeño. No
puedo evitar soltar media sonrisa cuando oigo a una amiga, que me ha pedido
ayuda para la creación de su negocio online, afirmarme con seguridad que ella
necesita vender en el mercado mundial para sacar su negocio hacia adelante.
Aunque no lo creas, mi amiga está pensando demasiado en pequeño. Ella cree
que no se autoabastecerá del “pequeño” país en el que vivimos. No es
consciente, ni casi nadie somos conscientes de cuánta gente (y potenciales
clientes) hay alrededor nuestro. Su conciencia (y también su subconsciente) no
está acostumbrada a manejar esa información, como seguramente no está
acostumbrada a manejar billetes de 500 euros. Piénsalo de la siguiente manera
¿cómo te explicas que (sólo) de nuestros impuestos, que son una (pequeña) parte
de nuestras ganancias, se puedan pagar carreteras, alumbrado público,
funcionarios, políticos (y comisiones), auditorios, limpieza de viales y ríos,
puertos, pensiones, parados, sanidad, hospitales, ambulancias, colegios,
subvenciones, ejército, armamento, fiestas… y cientos de cosas más y aún quede
dinero para rescatar bancos? ¿No será que somos millones de personas? Lo que
pasa es que oyes 30, 40 o 70 millones de personas y suena a unos cuantos, pero
no somos conscientes de que son muchísimas personas. Intenta contar hasta 1
millón y ya me dirás. Hay personas más que suficientes para comprar en tu
negocio y en muchos más de la competencia. No pienses en pequeño. Piensa que
tienes a tu alcance suficientes recursos para ganar mucho dinero.

Entonces ¿cuál es el equilibrio entre pedir demasiado e insuficiente?


Para el multimillonario escritor y editor canadiense Mark Fisher, autor entre
otros de «El millonario instantáneo» el objetivo/intención ha de ser atrevido, de
forma que te entusiasme, pero al mismo tiempo razonable, para evitar que te
resulte demasiado difícil creer en ello. Joe Vitale lo expresa en términos
similares afirmando que «debería asustarte un poco y emocionarte mucho».
Fisher pone ejemplos: si tus ingresos anuales son de 10.000 euros no sería
razonable que tu objetivo/intención sea convertirte en millonario en un año. Pero
puedes decidir duplicar tus ingresos cada año, así, establecerías ganar 20.000
euros en un año, 40.000 el segundo año, 80.000 el tercero, 160.000 el cuarto,
320.000 el quinto, 640.000 el sexto y el séptimo año serías más que millonario,
la cuál cosa no está nada mal para alguien que está ganando menos de mil euros
al mes. Además, siguiendo con el tema de la consciencia de las cifras, solemos
decir “quiero ganar un millón” como si fuera la cifra mágica que nos haga felices
sin saber lo mucho que puede ser un millón para una persona que gana 10.000 al
año. Seguramente se irá dando cuenta que con 20.000 al año es mucho más feliz
que con 10.000, con 40.000 muchísimo más feliz y con 300.000 seguramente
tendría suficiente pues está demostrado que a partir de una determinada cifra
económica la felicidad ya no es mayor, es decir, se es prácticamente igual de
feliz teniendo un millón de euros que 100 millones. Pero la gente no lo cree así,
por eso las loterías sortean premios tan inmensos, se aprovechan de esa
inconsciencia. Hace poco un hombre ganó en la lotería europea 180 millones de
euros ¿sabes con esa cantidad cuantas personas hubiesen ganado 300.000, lo que
es mucho para personas que vienen ganando 1.000 o 2.000 euros al mes que son
los jugadores habituales de estos sorteos? Seiscientas. Así es, seiscientas
personas se hubiesen llevado la alegría de su vida en lugar de sólo una. Pero los
organizadores de loterías saben que cuanto más grande es el premio más gente
va a jugar. Juegan con nuestra ambición como nosotros jugamos con sus boletos.
Insisto, no somos conscientes de lo mucho que ya es un millón de euros, o
incluso 300.000 que bien invertidos pueden suponerte una buena renta para toda
la vida.
Aquí hemos hablado de objetivos financieros para establecer mínimos y
máximos pero para cualquier objetivo sigue siempre la premisa de Fisher: que te
entusiasme, pero al mismo tiempo razonable.
Por ejemplo, si no tienes coche o conduces una carraca es razonable un coche
nuevo y quizá te entusiasme uno que sea eléctrico, deportivo, descapotable… o
las tres cosas. Pero seguramente no sería tan razonable si quisieras el Ferrari 599
GTB blanco de Cristiano Ronaldo.
Otro ejemplo, digamos que nunca has tenido pareja; es difícil para tu
subconsciente aceptar inmediatamente un objetivo de hacer el amor con una
persona nueva cada día. Es más lógico empezar con un objetivo de conocer más
gente afín a ti, quedar, ir al cine…
Otro ejemplo, si no te hablas con un ser querido desde hace 15 años y quieres
recuperar esa relación, no quieras que de golpe te llame esa personas pidiendo
perdón y borrar 15 años de silencio. Intenta un objetivo de acercamiento gradual,
tal vez recibir buenas noticias de tu ser querido y obtener así una excusa para
enviar una carta de felicitación.
Sé que esto no es lo que esperabas leer, querías la solución milagrosa que
aportan los gurús pero sólo recuerda: paso a paso se puede conseguir todo. Como
dice Tony Robbins, tendemos a sobrevalorar lo que somos capaces en un año
pero a infravalorar lo que somos capaces en diez. Se trata de empezar por
logros básicos y coger confianza para mayores retos y el crecimiento del
éxito será exponencial, cada vez más rápido y más extraordinario. Pero si de
inicio te planteas objetivos/intenciones demasiado ambiciosos para tu realidad
actual podrías pasarte años y años practicando afirmaciones y visualización y lo
único que conseguirías sería una pérdida de años hasta que comprendieras (si
alguna vez lo consiguieras) que hay que empezar poco a poco, o como se suele
decir, “sin prisas pero sin pausa”.

Realidad Objetiva
Desde luego no vas a tener los mismos objetivos si vives en un barrio pobre
sin tener trabajo ni familia que si vives en un ático de una Gran Vía con trabajo
estable. Seguramente en el primer caso tu objetivo sea obtener un empleo (el que
sea) y en el segundo caso tu objetivo no tenga nada que ver con los ingresos sino
con la situación personal o familiar o quizá una mejora en el empleo, un ascenso
a una categoría superior, o tal vez un cambio a una ocupación que te haga más
feliz aún cobrando menos o incluso iniciar un negocio propio.
El hecho es que las necesidades en cada caso son muy personales y van muy
en relación con la situación que se está viviendo, recordemos la famosa pirámide
de Maslow según la cual los humanos estaríamos motivados por una jerarquía de
necesidades humanas siguiendo un orden: necesidades fisiológicas, de seguridad,
de afiliación, de reconocimiento y de autorrealización. Así que conviene analizar
tu realidad objetiva, ver cuál es tu situación y pedir tu deseo/objetivo/intención
en sintonía con tu situación, avanzando un paso más.
Como hemos comentado al principio del anterior apartado, en muchos libros
y documentales de “Nueva Era” cometen el error, tal vez inconsciente o tal vez
como estrategia de marketing, de asegurarte que «el Universo puede proveerte
de cualquier cosa que desees e incluso más» y que «no tengas miedo de pedir a
lo grande». Esta afirmación es cierta, sin embargo, hay que ir con cautela porque
puede llevarte a establecer objetivos que estén demasiado por encima de tus
posibilidades reales en tu situación actual, lo que supondría que tu petición se
alargue excesivamente y pierdas el interés al no ver resultados o que tú mismo
no te creas lo que has pedido, al ser algo que está muy lejos de tu situación real.
Las personas nos movemos en círculos sociales, es muy difícil que alguien
que vive en un barrio de chabolas cumpla su objetivo/intención de codearse con
millonarios comiendo caviar o comprarse el Ferrari de Cristiano Ronaldo. No
digo que sea imposible, digo que es difícil y en cualquier caso es algo que se
cumpliría tras una inquebrantable motivación para practicar todos los días los
ejercicios de visualización y afirmaciones durante mucho tiempo, posiblemente
años. En resumen, no es eficiente querer dar un salto cualitativo tan grande
¿Podemos darlo? Sí, pero en un proceso por etapas, deseando cada vez un poco
más, luego un poco más y un poco más… no querer triunfar “a lo grande” de un
día para el otro.
Tampoco cuesta lo mismo (física, intelectual y emocionalmente) crear una
empresa cuando llevas 20 años trabajando por cuenta ajena que cuando ya has
creado empresas en el pasado. Ni tampoco cuesta lo mismo crear una empresa de
cero cuando trabajas de asesor financiero que cuando trabajas conduciendo un
tranvía, porque en el primer caso estás más familiarizado con los números y las
empresas que en el segundo.
Igual de común es la tendencia de infravalorarse y quedarse paralizado por el
miedo como de sobrevalorarse, motivo por el cual muchos sin experiencia previa
en el sector exceden con mucho sus expectativas y se lanzan, por ejemplo a
montar un bar porque llevan toda su vida sentado frente a la barra de un bar y
creen que estar al otro lado de la barra es igual de sencillo.
Por eso, detente un momento antes de pedir algo del tipo “tener una empresa
de éxito en un mes”.
Sólo tú puedes saber cuál sería un objetivo realista para ti y lo conseguirás
analizando tu propia vida, tu entorno, tus relaciones… Desde luego ahora quizá
estés un poco lejos de lo que esperas conseguir pero tu ascenso (en éxito, fortuna
y felicidad), si sigues con la Ley de la Atracción, será exponencial, es decir, al
principio será lento pero a medida que avance será mucho más rápido.
No pidas ser empresario de éxito de un mes para otro sino primero formarte
un poco en contabilidad, en los pasos legales para crear un negocio, en los
impuestos… quizá el primer paso de todos sea averiguar si hay cursos gratuitos
de creación de empresas, o averiguar cuál es el mejor libro sobre creación de
empresas y estudiarlo. En mi localidad hay un edificio de oficinas que pone la
Cámara de Comercio a disposición de jóvenes emprendedores a un precio
simbólico. Disponen de Secretaría, asesoramiento de empresa, Internet, Salas de
reuniones y de Conferencias con proyector… ¡y están vacías! Por simple
desconocimiento. Y los jóvenes se lanzan muy seguros de sí mismos pagando
varios miles de euros por una oficina en el centro que en 3 o 6 meses cerrarán. Y
vuelven a empezar otra vez. Si invirtieran un poco de tiempo en estudiar las
ayudas, crear un plan de negocio y empezar la casa por los cimientos en lugar de
por el tejado no tendrían que cerrar. Es buena la impulsividad juvenil pero hay
que dosificarla con inteligencia.

El proceso por etapas y los eslabones de la cadena


Ayer mi padre me pidió que hiciera limpieza en su garaje de las decenas de
libros y apuntes de la carrera que tenía allí acumulando polvo. Decidí “tragarme
el sapo” cuanto antes y ponerme a ello inmediatamente. Y me deparaba una
sorpresa. Encontré una vieja agenda donde escribí una frase en un día de
inspiración. Recuerdo que estaba en clase y no entendía muy bien lo que estaba
explicando el profesor, empezaba a perderme en teorías dentro de teorías, y se
me ocurrió una sentencia auto-motivadora que de inmediato anoté en la agenda:
«no existen cuestiones complejas, sólo cuestiones fáciles que se van
combinando».
Creo que faltaba apostillar: «…y tu tarea es deconstruirlas». Pero no estaba
nada mal, aquella frase cambió inmediatamente mi punto de vista sobre la
lección de clase que de repente empezó a aclararse, como si en un segundo mi
cabeza hubiese pasado de caótica a perfectamente amueblada. Vi las cuestiones
complejas divididas por partes fáciles.
Como esta frase que se me ocurrió es algo de perogrullo, es posible que con
parecidas palabras alguien lo dijera mucho antes que yo, pero lo esencial es que
me motivó y me facilitó la comprensión de las tareas (y sin darme cuenta lo ha
seguido haciendo muchos años) buscando y encontrando dentro de una situación
compleja, que a priori echaría atrás a cualquiera, las cuestiones fáciles y cómo se
combinan para crear lo que parecía difícil o imposible y supongo que por ello
estuve varios años de subdirector de una empresa como “solucionador de
problemas”.
No es más que dividir una gran tarea en pequeñas dosis para hacerla más
apetecible.
Así, por ejemplo, y hablando de tragar sapos, también lo recomienda Brian
Tracy en su libro «¡Tráguese ese sapo!» cuando dice que “un gran sapo gordo y
feo se come bocado a bocado”. O Timothy Ferris quien, en su «Semana laboral
de 4 horas», tiene una plantilla (a la que llama onirograma) muy práctica para
dividir sus sueños en plazos, subtareas e ingresos mensuales objetivo.
Pero a mí me interesa explicarte aquí la teoría de los eslabones de la cadena
de los objetivos/intenciones de Vadim Zeland.
La teoría es muy sencilla y va en línea de lo que estamos hablando. Para
Zeland hay que tener lo que él llama una “diapositiva” del objetivo final ya
realizado (la imagen mental del logro “sentida” con los cinco sentidos. Ya
hablaremos más de esto cuando lleguemos a la visualización), como si ya se
hubiese materializado para ti, pero a la vez, hay que trabajar (visualizaciones,
afirmaciones…) en cada paso hasta alcanzar el objetivo, lo que denomina
“eslabones de la cadena de transferencia”. Eslabón a eslabón llegas a tu objetivo.
Esto parece contradecirse con lo que recomendábamos de no intentar
dilucidar cómo conseguiremos el objetivo. Se trata más bien de un pequeño paso
lógico hacia adelante y no de intentar planificar todo, paso a paso, hasta llegar al
éxito. Recuerda la metáfora de poder viajar de noche de Nueva York a San
Francisco sólo con ver esos pocos metros que te permiten los faros. Esto vendría
a ser trabajar en esos pocos metros, siempre con la imagen final (San Francisco)
en mente.
Será mucho más fácil verlo con ejemplos.
Mi objetivo final es ver este libro acabado. Ahora estoy trabajando (con
afirmaciones, visualización…) no sólo imaginando mi libro a la venta en
Amazon (diapositiva final) sino paso a paso, con cada eslabón de la cadena. Ya
hice un eslabón para crear un artículo de presentación, hice otro eslabón para
crear un buen esqueleto, hice otro eslabón para crear el Protocolo L.A. 20/80 y
ahora estoy trabajando en un eslabón para acabar el primer borrador. No sé cuál
será el siguiente paso, ni me interesa hasta acabar este eslabón, no me preocupa.
Lo único que me tiene que preocupar es no dejar de trabajar en la imagen final y
en el eslabón que ocupa ahora. Y si estás leyendo esto es porque mi
objetivo/intención se ha cumplido.
Dicho sea de paso, los eslabones de la cadena no son condición sine qua non,
si no sabes cuál puede ser tu siguiente paso no hace falta que hagas otra cosa que
visualizar la imagen final.
Por ejemplo, en el caso del chico que quería ser actor, posiblemente su
imagen final debiera ser actuando en una película, pero resultaría difícil
imaginarse cuál sería el siguiente paso para llegar hasta ahí. El chico quizá vio
una “señal” donde no la había cuando encontró la noticia del rodaje de Juego de
Tronos y creyó ver el siguiente paso cuando lo que estaba haciendo era querer
que las circunstancias se adaptaran a él. Cuando veamos el tema de las señales
de conflicto o cooperación sabremos interpretar si vamos por buen o mal
camino, si estamos forzando la situación navegando a contracorriente o el viento
empuja a nuestro favor.
En todo caso, esta técnica de trabajar en cuestiones pequeñas hasta alcanzar tu gran objetivo, sirve para
acelerar el proceso, pero si no se te ocurre un siguiente paso o crees que estás forzando las circunstancias
para que se adapten a tus deseos, es mejor dejarla a un lado para evitar que anules tu objetivo sin querer. Si
tienes dudas no te preocupes y no pienses en los eslabones, sólo en la imagen final.
En secreto
¿Debo mantener mis objetivos/intenciones en secreto o compartirlos?
Es quizá una de las cuestiones más polémicas. No hay unidad de opiniones al
respecto.
Charlotte Berney, en «Fundamentals of Hawaiian Mysticism» aboga por
mantenerlo en secreto: “no cuentes a nadie en qué estás trabajando. Si lo cuentas
a otras personas que no te apoyan, sus dudas y sentimientos negativos pueden
afectar negativamente al resultado”.
José Silva, creador del famoso «Método Silva de Control Mental» habla
también de este tema, apostando por el secretismo.
Florence Scovel Shinn afirma con rotundidad “jamás discutas tus asuntos con
la familia, el silencio es de oro” o “hablad lo menos posible de vuestros asuntos
y hacedlo sólo con aquellas personas que puedan animaros en vuestra empresa”.
Napoleon Hill dejó muchas perlas sobre mantener la boca cerrada como: “si
te descubres dejas la puerta abierta ante muchos a los que les encantará
desilusionarte porque, en el fondo, te envidian”; “la verdadera sabiduría se
manifiesta sobre todo en la modestia y el silencio”; “mantén la boca cerrada y
los ojos bien abiertos”; “quienes hablan mucho, hacen poco”; o “Dile al mundo
lo que intentas hacer, pero llévalo a cabo antes de decirlo”.
Un autor de nuestro tiempo, Derek Sivers, creador de CDBaby una empresa
de comercialización por Internet de música independiente que llegó a facturar
100 millones de dólares al año (lo cuenta todo en su pequeño y muy
recomendable librito «Sigue tu pasión», repleto de sabiduría desde su título que
reafirma lo ya contado sobre que los grandes empresarios triunfan porque hacen
lo que les apasiona), en una de sus conferencias TED dice que “una vez
contamos que vamos a realizar nuestras metas, la mente interpreta que ya se han
conseguido (ya se ha conseguido el reconocimiento social) y por lo tanto cesa la
motivación para conseguirlo, autosaboteando la verdadera consecución”.
Sin embargo, Richard Wiseman señala que aunque mantenerlo en secreto
puede aliviar la sensación de fracaso, las personas somos más fieles a cumplir
objetivos cuando los hemos hecho públicos debido a nuestra tendencia a querer
ser fieles a nuestros compromisos y promesas, además de tener el apoyo de otras
personas para lograr nuestras metas.
Mi opinión es que esta cuestión es muy personal y cada uno deberá decidir si
hacerlo público o no según su forma de ser y de reaccionar y dependiendo de la
naturaleza de sus deseos. Habrá gente que se sentirá muy incómoda contando sus
deseos secretos, incluso a sus parejas, y habrá gente que le gustará vociferarlo en
las redes sociales.
Precisamente este tema del secretismo o no-secretismo fue motivo de fracaso
del primer grupo de autoayuda que fundé, basado principalmente en el apoyo
mutuo en la consecución de nuestros objetivos, y es que algunos se sintieron
incómodos compartiendo con otras personas sus deseos. Como la esencia del
propio grupo era la ayuda a conseguir los deseos, si algunos no compartían sus
deseos con los demás los otros tampoco se sentían a gusto compartiendo los
suyos y todo acabó desmoronándose. Es bastante lógico aunque yo no lo viera en
aquel momento. Quizá yo no lo vi por mi forma de ser pero quizá también fuera
por la propia esencia de los objetivos. Mis objetivos eran todos de categoría
profesional y no me avergonzaba decir que deseaba tener un ascenso o cambiar
de empleo, sin embargo los deseos de otros participantes pudieron ser de otra
índole, de hecho hubo algunos que años después destaparon su homosexualidad
por lo que si en aquel momento se sentían incómodos respecto a hablar de sus
preferencias sexuales es normal que no hablaran tampoco de sus deseos
emocionales si es que sus objetivos iban en esa misma línea.
Además, al contar sus metas todas las personas no reaccionan del mismo
modo. Los que abogan por contarlas son gente para los que decirles a los demás
los logros que van a intentar conseguir los convierte en un reto, en un desafío y
les da una mayor motivación como asegura Wiseman; pero no cuentan con que
hay otras personas que al vociferar sus metas se desinflan en lugar de auto-
incentivarse.
Analiza de qué tipo eres tú, fíjate en tus anteriores decisiones al respecto.
Repasa si tienes tu diario o tu historial de Facebook para hacer memoria.
Recuerda las metas que tenías de joven ¿Eres de los que cuenta que va a hacer
grandes cosas y al final no las hace? ¿Cada mes estás diciendo que vas a montar
una empresa de tal o cual cosa o escribir un libro y al final acabas por no
emprender nada? Entonces no te conviene contar tus secretos. ¿Eres de los que
contaron que algún día serían un gran arquitecto y de momento ya has
conseguido sacarte la carrera de arquitectura? Quizá sí te convenga contarlo.
Así pues, es una decisión personal. Si crees que contar tu deseo puede ser
beneficioso, añadiendo un plus de motivación para conseguirlo, adelante,
cuéntalo, pero si crees que te va a perjudicar, no lo cuentes. Así de simple.
Pero en caso de duda no lo cuentes, ya que contándolo tienes más que
perder.
Establecer un plazo de cumplimiento
¿Cuándo se cumplirá mi deseo? ¿debo establecer un tiempo límite para el
cumplimiento de mi objetivo/intención?
Llegamos a otro de los apartados polémicos. La diferencia de opiniones es
manifiesta pero, además, tanto los que afirman que hay que establecer un plazo
como los que no, todos aseguran con rotundidad que están en posesión de la
verdad.
Así, por ejemplo, a favor de establecer fechas límite están Napoleón Hill,
Jack Canfield, Timothy Ferriss, Keith Ellis, Brian Tracy, Marc Allen...
Por el contrario, afirman que no sólo no es necesario marcarse un plazo sino
que además es contraproducente autores como Vadim Zeland, Joe Vitale, Víctor
Boc, Joseph Murphy, Rhonda Byrne, Phil Laut, John F. Demartini...
¿Por qué hay tal disparidad de criterios? Y ¿Por qué unos y otros afirman con
tanta seguridad que se tiene que hacer como ellos dicen? Desde mi punto de
vista y mi experiencia marcándome objetivos con y sin plazos, creo que la
cuestión de los plazos está siendo mal entendida y en el peor de los casos mal
aplicada. El plazo es bueno marcárselo cuando ya tienes un plan de actuación,
para no demorarse en actuar (los autores que ponen plazos son mucho más
propensos a la acción y normalmente son grandes empresarios), pero cuando
hablamos de manifestar un deseo gracias al poder de la mente subconsciente
y el Universo, tan desfavorable es pensar en el «cómo» como pensar en el
«cuándo» porque ambos factores suponen una carga emocional, una tensión, un
ansia por conseguir el objetivo/intención y el ansia es una emoción negativa que
repele nuestros deseos; curiosamente los autores a favor de no poner plazos
suelen ser más meditabundos y espirituales. El mejor estado emocional para
atraer tus deseos es el «estado cero», la neutralidad, la no-obsesión ni excitación
a favor o en contra de un deseo. La Meditación te puede ayudar en esto pero ya
hablaremos de ella más adelante, ahora baste saber que marcarte un tiempo
indefinido para tu objetivo/intención supone una liberación de la carga de
conseguirlo (del estrés del plazo) y consiguientemente una mayor atracción.
Así pues, no te obsesiones por el «cuándo», al Universo le gusta la rapidez
pero no la dependencia, la obsesión que no son sino un freno. Para Abraham
Hicks («Pide y se te dará: Aprende a manifestar tus deseos»; «La Ley de
Atraccion: Conceptos Basicos de Las Enseñanzas de Abraham»), nombre ficticio
que reciben los entes (sí, en plural, son un grupo de entes o espíritus) que se
manifiestan a través de Esther Hicks el maravilloso tiempo intermedio entre el
momento que deseas algo y que se manifiesta te da la oportunidad de redirigir tu
atención más y más hacia la dirección de las cosas que en verdad deseas que se
manifiesten en tu experiencia.
Quizá te estés diciendo «sigo sin comprender por qué gurús tan prestigiosos
insisten en poner un plazo».
Para que quede más claro te lo voy a poner el ejemplo de la escritura de este
libro. Me encontraba en una situación de apatía tras haber pasado unas
vacaciones que cortaron mi corriente de inspiración y mi rutina diaria, así que
establecí un objetivo/intención de encontrar “algo” que me inspirara y me hiciera
de nuevo levantarme de la cama de un salto a las seis de la mañana. Yo estaba
ansioso por encontrar ese “algo” ya que cuando me despierto a las ocho o nueve
de la mañana noto que he perdido un par de horas valiosísimas (las de mayor
silencio y concentración del día), pero no me establecí un plazo de tiempo para
encontrar ese “algo” que me hiciera volver a levantarme a las seis porque sabía
por propia experiencia que el plazo me provocaría un sentimiento de urgencia
que causaría más ansiedad, especialmente cuando se acerca la fecha final de
cumplimiento que te habías auto-establecido y observas que no hay ningún
indicio de resultado. Y por supuesto la ansiedad va in crescendo y al final se
confirman tus peores temores y no se cumple en fecha. Entonces pasa que
empiezas a desconfiar de las afirmaciones, bloqueas todos tus nuevos
objetivos/intenciones… entras en un círculo de fracasos del que es difícil salir.
Así que sin fijarme una fecha, liberado de toda carga (que se cumpla cuando se
tenga que cumplir), hice mis afirmaciones y al cabo de un par de días me vino la
inspiración en forma de artículo sobre toda mi experiencia y lecturas sobre la
Ley de la Atracción. Es curioso que cuando te vienen estos “mensajes” del
Universo los percibes con una claridad del tipo «¿Cómo no se me había ocurrido
antes? Pero si lo tenía frente a mis propias narices». Así que tras el
cumplimiento de mi objetivo/intención entonces sí que establecí un plan y unas
fechas para cumplir mi objetivo/intención, establecí que tenía que acabar en tres
días el artículo, establecí una planificación de temas, de libros clave, etc. pero
porque ¡Ya tenía mi objetivo/intención en mente! Y como te imaginarás, el
artículo se convirtió en libro, en este libro, que también tiene su planificación y
sus fechas. Estas fechas son importantes porque sino vas procrastinando,
aplazando tu actuación y vuelves a anular la eficacia y sólo has conseguido tu
objetivo/intención hasta la mitad. Es decir, primero pedí inspiración para
levantarme a las seis de la mañana sin establecer un plazo y una vez encontré ese
“algo” que me motivaba a levantarme de un salto a las seis, establecí un plazo
para acabarlo.
Espero haberme explicado bien. Tanto los autores que abogan por poner
fechas como los que no, tienen razón, pero cada uno tiene su aplicación en un
momento diferente. Primero estableces un objetivo/intención sin fecha límite,
en algún momento recibirás instrucciones (en forma de coincidencias,
mensajes, inspiración… ya hablaremos de ello más tarde) para actuar de un
modo u otro y ahí sí puedes establecer plazos para evitar la procrastinación.
Otro ejemplo más sencillo: imaginemos que tu objetivo/intención es
comprarte un chalet nuevo en la playa. Estableces el objetivo/intención sin
fecha. Un día, tras muchas afirmaciones, se te ocurre (te lo dicta el Universo,
inspiración Divina, llámalo como quieras…) que para conseguirlo podrías
empezar a buscar en subastas públicas, donde se venden casas a precios muy por
debajo de su valor real. Pues bien ¡ahora toca actuar! Márcate un plazo para ir a
una subasta pública, sino lo irás aplazando y sólo habrás llegado hasta la mitad.
Hay otro motivo por el que algunos gurús recomiendan poner fechas a los
objetivos, pero que he querido dejar a propósito para el final de este capítulo,
cuando ya entendieras y asumieras (espero) que, en principio, es más
recomendable no establecer fechas. Se trata del hecho de que estos líderes del
pensamiento positivo y la Ley de la Atracción son personas ya exitosas. Ellos
cuando establecen un objetivo/intención ya dan por hecho que se les va a
cumplir porque están acostumbrados al éxito, así que pueden permitirse el lujo
de establecerse una fecha límite. Si estás leyendo este libro doy por hecho que
aún no tienes el éxito esperado con la Ley de la Atracción por lo que si algo te
sobran son las dudas, temores y ansiedad que pueda aportarte una fecha
límite.
Ya veremos, cuando veamos el apartado del «Monitoreo» que es mucho más
eficiente y acelera enormemente la consecución de deseos el hecho de observar
el progreso día a día que estar preocupado por el cumplimiento en un
determinado plazo.
Tener fe en los objetivos
¿Cómo puedo tener fe en mis objetivos/intenciones?
Puede que tengas claras tus metas pero ahora falta que te las creas, si no
consciente, sí al menos en tu poderoso subconsciente, el celador de ese 90% del
cerebro que dicen que no usamos. Por mucho que insistas conscientemente y con
toda tu fuerza de voluntad en conseguir tu objetivo, si tu subconsciente no está
programado para creer que lo alcanzarás, no lo lograrás, incluso te sabotearás a ti
mismo sin darte cuenta. Como bien nos recuerda Mark Fisher, cuando hay una
contradicción entre lo que quieres conscientemente y lo que quieres
subconscientemente, en ese duelo siempre gana el subconsciente. Pero si
programas tu subconsciente para que tenga fe en tus objetivos/intenciones,
trabajará en tu favor y a la fuerza se cumplirán tus metas.
Veámoslo de una forma más gráfica. ¿Recuerdas cuando dijimos que el
Universo es como una gran computadora que obedece a la perfección la
programación que le lanzas? Pues bien, la parte encargada de enviar los datos de
la programación es nuestro subconsciente. Dicho de otro modo, el Universo es el
receptor de ondas de tus objetivos/intenciones y el subconsciente es el emisor.
Nos equivocamos al pensar que quien hace realidad nuestros deseos es nuestra
consciencia o la fuerza de voluntad.
Pero años de experiencias en fracasos o de conformarse en una mera
suficiencia han programado nuestro subconsciente para enviar al Universo más
de lo mismo y eso es lo que obtenemos. El subconsciente sólo tiene fe verdadera
en el fracaso o la suficiencia, hay que reprogramarlo para que crea ciegamente
en nuestros objetivos/intenciones como una verdad irrefutable, casi como un
recuerdo en lugar de como un deseo. Ya vimos que el primer requisito para
programar el subconsciente es poner los deseos por escrito, después convertirlos
en intenciones en lugar de meros deseos y luego cumplir una serie de requisitos
como la claridad y concreción. Eso está muy bien para empezar, pero la más
eficaz fórmula para reprogramar tu subconsciente y tenga fe ciega en tus
objetivos/intenciones para que los persiga en piloto automático es mediante la
repetición incesante de tu deseo, como si de un mantra se tratara, hasta que
quede grabado a fuego en lo más interior de ti. Grosso modo es como auto-
hipnotizarte. Recordemos que la hipnosis lo que hace es dar órdenes
directamente a tu subconsciente. Con la repetición incansable del
objetivo/intención siguiendo unas pautas ni siquiera necesitarás creer
conscientemente en la obtención del deseo, no necesitarás fe. Sólo repite y ya
está, irás reprogramando a tu subconsciente para el éxito y éste será el que creerá
en él, que es lo que nos interesa, ya que es él quien lanza el mensaje al Universo
para que se cumpla.
A continuación hablaremos de cómo construir la frase que repetirás de tu
objetivo de la forma más eficaz, en forma de lo que suele llamarse “afirmación”
(aunque hay quien usa otros términos pero la base es la misma), y cuánto y cómo
repetirla para que quede bien grabada en nuestro subconsciente y éste sepa
interpretarla de la forma que queremos.
Las Afirmaciones
Construyendo la afirmación perfecta
¿Cómo convertir mis objetivos/intenciones en afirmaciones que funcionen?
La palabra afirmación tiene su raíz en «hacer firme» y eso es lo que haremos,
hacer firmes nuestros objetivos/intenciones. Para ello debemos escribirlos de una
forma determinada para que cuando los repitamos una y otra vez queden bien
anclados, bien firmes en nuestro subconsciente y éste se comunique con el
Universo (Inconsciente Infinito, Conciencia Universal…) para que ambos
trabajen juntos en aras de su cumplimiento.
El problema radica en que hay decenas de autores, mentores y gurús que dan
sus propias interpretaciones de cómo construir las afirmaciones. Ciertamente
unos influyen en otros, se van copiando ideas. Por ejemplo, Tim Ferris está
influenciado por Canfield, que a su vez está influenciado por Sondra Ray que
también influye sobre muchos otros como Phil Laut, Vitale o Boc que son gurús
que influyen a muchos más; por otro lado a Marc Allen le influenció la escritora
con la que creó su editorial New World Library, Shakti Gawain. Sondra y Shakti
escribieron su primer libro en 1977, el mismo año. Sabemos que a Sondra la
enseñó Leonard Orr, aunque ella lo perfeccionó a su manera, y a Orr se lo contó
una brasileña sordomuda. Uno de los más influyentes fue el mexicano José Silva
que con su «Método Silva de Control Mental», cuyo copyright data de abril de
1973, impartía el método mediante cursos desde una década antes, incluyendo en
sus cursos a muchos de los autores mencionados que quizá cogieron sus métodos
o quizá llegaron a él al observar semejanzas entre lo que ellos practicaban y lo
que hacía Silva. Lo mismo pasa con “Un curso de Milagros” (1975) de Helen
Schucman que es referido una y otra vez entre los diversos autores. Las
ramificaciones pueden ser infinitas y dilucidar su origen una tarea que llevaría
más tiempo y espacio del que disponemos en este manual. El asunto se agrava
cuando, aunque a veces van mejorando el sistema, también es cierto que
normalmente lo adaptan a su propio estilo, que no necesariamente funciona para
los demás. Como colofón, el rompecabezas se vuelve intratable al abordar las
diferentes traducciones y traducciones de traducciones del original.
Por ejemplo, Mark Fisher es un autor canadiense que escribe originalmente en
francés. Sus libros se traducen primero al inglés y si lees un libro suyo en
alemán, italiano o español posiblemente será una traducción del inglés, no del
original, por lo tanto es una traducción de una traducción y con cada una se van
perdiendo detalles fundamentales.
Voy a poner un ejemplo que aparece en varias fuentes para que veas la
diferencia. Émile Coué, el farmacéutico y psicoterapeuta francés conocido
especialmente por descubrir el efecto placebo, fue un gran entusiasta de la
hipnosis y autosugestión y creó la afirmación para la autocuración «Tous les
jours, à tout point de vue, je vais de mieux en mieux»
Esta afirmación la podemos encontrar a veces como «Todos los días, en todos
los sentidos, me estoy haciendo mejor y mejor»
En Wikipedia en español aparece así: «día tras día, en todos los aspectos, me
va mejor y mejor»
En wikipedia en inglés la encontramos como «Every day, in every way, I’m
getting better and better»
La traducción que encontramos en la Wikipedia italiana es mucho más
rocambolesca: «sotto ogni punto di vista, progredisco ogni giorno di più», que
vendría a ser algo así como: “Desde todos los puntos de vista, progreso cada día
más”.
En uno de los libros de Fisher traducido del francés al español aparece la frase
así: «Día tras día, desde todos los puntos de vista, voy cada vez mejor»
En otro de sus libros, traducido del francés al inglés y de éste al español por
un traductor diferente al primero, la frase queda: «cada día, en todos los sentidos,
estoy mejor y mejor».
Como vemos, en sendos libros no coincide casi ni una palabra, pese a ser del
mismo autor.
Además, en ninguno de los libros Fisher menciona que la frase es de Émilie
Coué, aunque quizá la cogiera prestada de Sondra Ray quien también la utiliza
(esta vez sí, señalando su origen) que quizá la descubrió de José Silva que
también la menciona, y según la traducción que tengo delante de mí, la expresa
así: «día a día, de cualquier forma, mejoro más y más».
Shakti Gawain la escribió de esta forma: “Cada día, en todo lo que hago, soy
mejor y mejor”.
Y así podría continuar porque la afirmación de Coué es de las más difundidas
de la literatura de autoayuda.
Dicho sea de paso, Émilie Coué también estaba influenciado directamente por
José Custódio de Faria o Abbe Faria (quien aseguraba que “para que la
autosugestión fluya de la mente, uno tiene que alimentarla repitiendo palabras o
imágenes”), un curiosísimo y muy ilustrado monje indo-portugués que introdujo
los conceptos de autosugestión en París. Alexande Dummas se inspiró en él para
su personaje “Abate Faria” de “El Conde de de Montecristo”, el que acaba en la
celda del protagonista tras equivocarse de dirección cuando cavaba un túnel, lo
instruye, le ayuda a descubrir la verdad y al final le da el mapa del tesoro de la
Isla de Montecristo. Quizá Faria fuera también quien señalara a Dummas “el
mapa del tesoro” y de ahí su homenaje.
Con todo este intrincado laberinto de influencias, plagios, homenajes y
traducciones no sólo quiero expresarte la dificultad y la titánica tarea de
comparar decenas de autores en varios idiomas sino también justificarte por qué
varían tanto unos autores de otros y por qué quizá antes no te han funcionado las
afirmaciones lo bien que cabría esperar de ellas.
Me he encargado de hacer un estudio minuciosos comparativo para encontrar
esas pequeñas diferencias que pueden suponer el éxito o el fracaso de tus deseos.
Empezaremos por las características que tienen menos discusión entre los
autores y por las que pueden convivir perfectamente con el resto.

“Siempre positivo, nunca negativo”


Hace ya 15 años que el entrenador neerlandés Louis Van Gaal hiciera famosa
esta afirmación (¡cómo pasa el tiempo!), aunque a sensu contrario, echando en
cara a la prensa que siempre pensaran en negativo, nunca en positivo. Y tenía
toda la razón del mundo. Tanto en el mundo del fútbol como en cualquier
ámbito, el pensamiento en positivo crea una realidad en positivo.
Acabando con el fútbol, hace poco oí unas declaraciones de otro famoso
entrenador español, Unai Emeri, tras una derrota, que decía que no se explicaba
haber perdido ya que antes del partido había visualizado la victoria varias veces
en su cabeza. Como puedes ver, la visualización y otras técnicas de la Ley de la
Atracción son comunes en el fútbol y en casi todos los deportes de élite, aunque
no todos son tan atrevidos como Emery para reconocerlo tan abiertamente.
Así pues, recordemos a Van Gaal y construyamos nuestra afirmación en
positivo, nunca en negativo.
He querido empezar con este requisito de las afirmaciones porque todos los
autores, guías y gurús coinciden al 100% en ello, no hay discusión respecto a
que una afirmación debe establecerse en términos positivos.
Ahora veamos el porqué: el Universo funciona sí o sí en la manifestación de
nuestras intenciones pero sin diferenciar si lo que pedimos es en positivo o
negativo. Es decir, no diferencia entre “quiero un perro” y “no quiero un perro”,
te atraerá un perro; ni tampoco diferencia entre “amo a los perros” y “odio a los
perros”, atraerá perros amorosos u odiosos pero en cualquier caso atraerá perros.
Así que por tu propio bien, piensa y crea afirmaciones en positivo, nunca en
negativo.
Por ejemplo, si tu objetivo es “no quiero tener deudas”, debes convertirlo en
“quiero tener el doble de ingresos” porque sino… atraerás deudas.
Más complicado. Si tu objetivo es “no quiero que mi suegra venga tanto a mi
casa”, ¿debes convertirlo en “quiero que mi suegra se mantenga alejada de mi
casa? No. Porque continuará estando expresado en términos negativos (suegra).
Lo correcto sería “quiero cuando llegue del trabajo disfrutar jugando con mi hijo
y mi mujer” o cualquiera que se adapte mejor a tu situación.
Otra complicada. Si tu objetivo es “quiero eliminar mi diabetes”, debes
convertirlo en “quiero estar totalmente sano” o “quiero salud” o “quiero
mantener mi nivel de hemoglobina al 6” porque la simple palabra diabetes te
atraerá más diabetes. La diabetes es un término negativo y no debe estar en tu
afirmación.
Como puedes observar en los ejemplos, cuando hablo de establecer la
afirmación en términos positivos, no me refiero sólo a eliminar el adverbio
«no», sino a eliminar cualquier palabra en sentido negativo para ti, eliminar de
la afirmación cualquier palabra que exprese algo que no quieras atraer:
enfermedad, deudas… suegras...
En este momento quisiera puntualizar que mi suegra es maravillosa.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué el Universo no diferencia positivo de


negativo?
Porque lo que realmente manifiesta el Universo no son las palabras en sí, sino
la imagen que creas en tu mente, tus pensamientos. Realmente tu subconsciente
es un emisor de tus pensamientos, no de tus palabras. Las palabras son una
buena herramienta que utilizamos para representar lo que queremos pensar y
para crear las afirmaciones que inculcarán lo que ellas representan en tu
subconsciente, pero las palabras en sí no es lo que mandamos al Universo; ni
tampoco lo que al final se queda registrado en tu subconsciente. Si dices que
odias a los perros, aunque no lo percibas, tu subconsciente creará una imagen de
un perro rabioso que intenta morderte o que te hace pis en los pantalones (más
que una imagen, realmente es un sentimiento negativo, pero no quiero entrar
demasiado en esto para no liarte), entonces atraerás perros que te muerdan o te
hagan pis encima. Por eso es más fácil simplemente obviar, olvidarte de las
cosas negativas y pensar sólo en lo positivo. Y crear tus afirmaciones en
positivo.

Eliminar las desiderativas


Antes, hablando de objetivos y afirmaciones he dicho frases del tipo “quiero
eliminar mis deudas” se convertiría en “quiero tener el doble de ingresos”. He
utilizado el “quiero” para que nos entendiéramos fácilmente en ese momento,
pero a partir de ahora deja de utilizar cualquier palabra que exprese
querencia, deseo, apetencia, ambición, anhelo, preferencia… Es decir:
quiero, deseo, me gustaría, ojalá, preferiría, estaría bien, sería genial…
Esto se debe a que si “prefieres” algo, o lo “deseas”, o lo “quieres” significa
que no lo tienes, y afirmando esto una y otra vez haces que siempre se mantenga
como un deseo, no como una realidad.

Que involucre tus propias acciones


Esto lo recogen pocos autores (Gawain, Silva, Sondra y algunos más) y sin
embargo es un requisito importantísimo. Quizá no lo indiquen por ser obvio,
pero a veces, pasa como con nuestra propia nariz, la tenemos delante y no la
vemos.
Por ejemplo, Charlotte Berney, en «Fundamentals of Hawaiian Mysticism»
menciona: “Asegúrate de que lo que estás visualizando no afecte a otras
personas”.
Sin embargo, los autores que hablan más clara y expresamente de esta
condición son Stuart Lichtman («Transposición Cibernética») y Keith Ellis («La
lámpara mágica»).
Significa que tienes que pedir algo que puedas manifestar con acciones
propias, que no requieran la actuación de otra persona. Por ejemplo, es muy
habitual después de una ruptura amorosa querer que tu ser querido vuelva a tus
brazos, no deseas a otro/otra, deseas que esa persona en concreto vuelva a ti.
Pero por suerte o por desgracia nunca puedes pedir que tu ex- te vuelva a querer,
porque implicaría actuar en el libre albedrío de esa persona lo cual es imposible.
No puedes controlar lo que otras personas deben pensar, hacer o sentir. Los seres
humanos tenemos un enorme poder pero sólo en nosotros mismos. Esto me
recuerda uno de los principales límites del Derecho que dice que «los derechos
de cada persona están limitados por los derechos de los demás». ¿Y qué hago si
quiero volver con mi novia? Ejercer todo el poder que tienes en ti. Cambia tú.
Solicita al Universo ser mejor, más cariñoso, amable, o perder esos kilitos de
sobra que te hagan sentir más seguro de ti mismo. O pídele al Universo ser
atraído hacia una nueva novia con las mismas características (o mejores) que la
anterior y a la que gustes. Pero trabaja en ti, no quieras cambiar a nadie, porque
no puedes, porque es ineficaz, porque es una pérdida de tu valioso tiempo.
Florence Scovel Shinn, a la que ya hemos mencionado unas cuantas veces
debido a su pensamiento tremendamente lúcido (si quieres iniciarte con ella,
recomiendo su recopilatorio de cuatro de sus libros en uno solo de bolsillo)
relata una anécdota con una joven que le pidió ayuda para casarse con un
hombre del que estaba profundamente enamorada. Scovel le indicó lo
inadecuado del deseo, pues se estaba «violando la Ley de injerir en el libre
albedrío de otra persona». Así pues, le sugirió que cambiara su
objetivo/intención, que debía ser la petición del hombre adecuado, el que le
perteneciera por derecho divino. Y añadió que si el hombre del que ella estaba
enamorada era «el hombre adecuado», entonces no podría perderlo; y si no lo
era, encontraría a su equivalente. Una noche la joven fue a verla y le confesó que
aquel hombre ya no le parecía nada extraordinario y poco tiempo después
conoció al hombre ideal y se enamoraron rápidamente.
Desea sólo aquello sobre lo que tienes control para que el éxito esté en tus
manos y no en manos de otros .
Aunque Stuart Lichtman introduce un matiz considerable: si has hecho algo
previamente que ha producido el efecto deseado y ese resultado involucró
las acciones de otros, puede valer, aun cuando tu éxito dependa de la
conducta de otros.
Y pone el ejemplo del casanova Don Juan de Marco quien podía seducir a
cualquier mujer, por lo tanto, él podía haberse establecido una afirmación de
encandilar a una mujer en particular, porque ya poseía las habilidades adecuadas.
Aún así, tampoco es garantía de éxito pues siempre estará a la merced del libre
albedrío de la otra persona.
Ojo, ¡tampoco caigas en tu propia trampa de moldear esta excepción a
voluntad para hacer encajar cualquier afirmación que desees! Te estarás
engañando a ti mismo y autosaboteándote.
¿Que quiero decir con esto?
Imaginemos que quieres un puesto de trabajo en Microsoft. No puedes hacer
una afirmación que sea «que me llamen de Microsoft para ofrecerme un trabajo»
sirviéndote del hecho de que te llaman todos los días por teléfono, así que…
digamos que tienes experiencia previa en recibir llamadas. Quizá te parezca
ridículo pero es muy fácil caer en esta trampa, sobre todo cuando te sientes
desesperado. Hay que estar muy atento y ser tremendamente sincero con uno
mismo. En este caso que hemos dado, la excepción de Lichtman podría aplicarse
sólo si por ejemplo has trabajado en programación o en empresas similares a
Microsoft. Involucra la acción de otros, al pedir que te contraten, pero tus
circunstancias son favorables para que se produzca la llamada porque tienes
experiencia en el sector. Y si no tienes experiencia en el sector, lo mejor es no
utilizar la excepción y crear una afirmación que involucre tus propias acciones
como «creo un CV perfecto para entrar a trabajar a Microsoft». Por eso es tan
importante que los grandes logros los tratemos paso a paso: primero deseo tener
un buen CV, luego deseo establecer contactos con personal de Microsoft y luego
deseo trabajar en Microsoft (porque ya es factible al tener un buen CV y un buen
circulo de amigos en Microsoft). Has involucrado tus propias acciones pero paso
a paso y al final has llegado al mismo destino que querías.

La extensión

¿Es mejor hacer una afirmación breve que cale bien hondo, o larga que recoja
más detalles?
En principio nadie recomienda que la afirmación deba ser larga. Los que las
hacen largas simplemente no le dan importancia a la longitud o en todo caso,
como Lichtman, se justifican en que ha de ser muy detallada para que contenga
todos los criterios que quieres que reúna. Así, siguiendo el proceso de Lichtman,
si por ejemplo quieres conseguir un trabajo, has de incluir en tu afirmación (en
su proceso las llama metastorys) no sólo el sueldo sino también el tipo de jefe,
compañeros, condiciones laborales e incluso que la empresa sea solvente… son
demasiadas cosas para una afirmación que vas a tener que repetir mucho, de
hecho, Lichtman recomienda para sus metastorys escribirla 100 veces seguidas
lo que es una tarea que he hecho muchas veces y he de decirte que el enorme
esfuerzo no compensa a todo el mundo. No he dicho que no se obtengan
resultados, pero el esfuerzo requerido y la dificultad de su proceso no es apto
para todos los públicos y muchas veces hacen que te rindas a mitad de camino o
surjan demasiadas dudas que te bloqueen. Aquí buscamos la eficiencia.
Otro que gusta de las afirmaciones largas es el Dr. Joseph Murphy (El poder
de tu mente subconsciente), pero insisto que no es la vía más efectiva,
especialmente si estás empezando en la carrera del cumplimiento de
objetivo/intención donde tienes que primar la consecución de pequeñas metas
relativamente fáciles muy rápido para ganar en confianza y así perseguir (y
conseguir) éxitos mucho más ambiciosos.
Hay multitud de autores que no se manifiestan en materia de longitud, pero
que por sus propios ejemplos vemos que utilizan muy pocas palabras en sus
afirmaciones. Hablamos de autores como Sondra Ray, Vadim Zeland o Marc
Allen.
Pero hay otros que sí abogan por la brevedad y, además, muy vehemente. Para
Mark Fisher, autor de «El millonario instantáneo», las afirmaciones más
poderosas son las más breves, ya que su repetición e interiorización es mucho
más fácil y el impacto emocional mucho más intenso. La técnica que propone es
que cuando construyas tu afirmación pienses que cada palabra te cuesta un
dineral. Por ejemplo el sueldo de un mes. Así intentarás concretar con el
mínimo de palabras. Keith Ellis y Jack Canfield recomiendan exactamente lo
mismo, pensar que cada palabra te costara mil dólares; como ya te he comentado
los autores se influencian unos a otros, aunque no mencionen expresamente de
dónde les ha surgido tal ocurrencia. En cualquier caso, mantener tu afirmación
corta es una buena idea. Canfield añade que sería aún mejor si consiguieras
que la afirmación rimara y sonara como un anuncio publicitario.

Claridad y Concreción
¿Hago mi afirmación concreta y específica o más abierta para que me llegue
lo que Dios/El Universo quiera?
Ya hemos visto que la claridad y concreción es una de las mejores armas
para marcarte un objetivo/intención y por supuesto tu afirmación tiene que
ir en sintonía con este principio. Indica el modelo, el tamaño, la cantidad...
¿Qué quieres exactamente?
Quizá haya quien tenga problemas con esto. Que le da igual ganar 2.000 al
mes que 4.000, que va a ser igual de feliz, por eso no le importa si su
objetivo/intención y afirmación se cumple solo a medias y en lugar de conseguir
los 4.000 consigue (se conforma con) un poco menos. Y caen en el error de crear
afirmaciones poco concretas como “ganar más dinero” o “Tener un coche mejor
que el que tengo ahora” ¡NO! por favor, no caigas en ese error. Si te da igual
tener una nómina de 4.000 que de 2.000 porque ahora la tienes de 700 pues
¡establece un objetivo/intención de 2.000! pero establece exactamente cuánto. Si
te tienes que equivocar que sea por establecer un objetivo/intención muy
conservador pero no por poner un objetivo/intención poco preciso porque así no
funcionará jamás.
Usa las palabras justas y precisas (ya hemos visto la importancia de la
brevedad), evita ambigüedades, evita palabras que puedan confundirte
significando varias cosas o interpretables de diferentes formas. Si confundes al
Universo puedes acabar sin atraer nada o mucho peor, atrayendo lo que menos
deseas.
Kolie Crutcher («Electric Living: la ley de la atracción para escépticos»), que
sabe muy bien cómo justificar científicamente la Ley de la Atracción lo
ejemplifica de una manera muy sencilla: el Universo es muy preciso, una
pequeña diferencia puede suponer que una cosa sea o no sea, así, el oro y el
mercurio se diferencian en un sólo protón o el oro y el plomo se diferencian en
solo tres protones y sin embargo ¿qué vale más un kilo de oro o un kilo de
plomo? Por eso no puedes afirmar«quiero un montón de dinero» porque ¿qué es
un montón de protones en un átomo? no se sabe… podría ser muchas cosas…
Así que ya sabes… ¿Qué quieres exactamente? ¿Cuánto? ¿Cómo de grande?
¿Cómo de caro?

No establecer plazos
¿Debo establecer una fecha límite en mi afirmación?
Tampoco me voy a detener en esto porque es extrapolable lo que he dicho
cuando he hablado de lo contraproducente de establecer una fecha límite para
los objetivos/intenciones, por la carga emocional extra que conllevan.
Pero aquí voy a darte un argumento más por el que no debes establecer fechas
en las afirmaciones. Aún no hemos hablado del tiempo verbal en el que deben ir
nuestras afirmaciones pero ya te adelanto que debes establecerlas en presente,
como si el objetivo ya se hubiese conseguido, ya fuera una realidad. Entonces, si
se supone que debemos expresarla como si ya fuera una realidad ¿no sería
contradictorio establecer una fecha futura de cumplimiento?
Por ejemplo: «Yo, Sarah, disfruto conduciendo mi nuevo Corvette rojo en
octubre del año que viene».
No tiene sentido.

Incluir un factor emocional


Según Jack Canfield habría que añadir en tu afirmación al menos un
sentimiento dinámico o una palabra relacionada con los sentimientos que
quieras experimentar cuando alcances la meta. Algunas palabras típicas en
este sentido son: disfrutar, celebrar, feliz, alegre, tranquilo, sosegado, encantado,
entusiasmado, amoroso, seguro, sereno o triunfante.
Por ejemplo, si mi objetivo es «mantener mi peso de 75 Kilos»; sería más
efectivo decir «me siento ágil y en excelente forma con mi peso de 75 kilos».
Esto es muy importante porque cuando añades un factor emocional en tu
deseo, tienes tendencia a trabajar más en ello porque lo disfrutas más, disfrutarás
tanto del trabajo cuando estés afirmando como de los resultados y sin apenas
darte cuenta tus deseos se manifestarán por sí solos.
Además, recuerda que lo que se manifiestan no son las palabras en sí que
pronuncias sino los sentimientos asociados a ellas, así que cuanto más carga
emocional tenga la frase, más efectiva será.

Incluir un verbo de acción


También para Canfield, utilizar el gerundio (ya sabes, los verbos cuando
acaban en -endo o -ando) añade el efecto de evocar una imagen o algo que está
ocurriendo AHORA.
Así que intenta utilizar el gerundio en tus afirmaciones.
Por ejemplo:
«Yo, William, ahora estoy disfrutANDO de mi nuevo empleo»
«Yo, Sonia, me estoy expresANDO correctamente en el examen oral»
Por supuesto el verbo de acción y el factor emocional pueden coincidir como
has visto en el primer ejemplo.

Otras palabras clave para incluir en la afirmación.


Yo

Quizá sea la palabra más poderosa de todas. El subconsciente la toma como


una orden. Por eso Canfield, Ray, Boc, Laut o Leonard Orr la utilizan en sus
afirmaciones.
Tu nombre
Añade tu nombre (no hace falta el nombre y apellidos, basta el nombre común
que usas, por el que te conocen y por el que tú mismo te reconoces). Aún siendo
un requisito muy utilizado por los autores no he encontrado en ninguno una
justificación concreta del porqué. Deduzco que, al igual que el “yo”, refuerza la
afirmación como una orden indudablemente dirigida a ti. Los hipnotizadores
también usan casi siempre este recurso.
Ahora
Por el poder de esta palabra es por la que muchos autores la utilizan, algunos
eventualmente como Sondra Ray o Phil Laut pero otros de forma continua como
Marc Allen ¡Hasta el mismísimo Paramahansa Yogananda usa esta palabra
mágica.
Intenta por todos los medios incluir el adverbio “ahora” en tu afirmación, las
afirmaciones más efectivas deberían empezar así: «Yo, (nombre), ahora…».
Por ejemplo:
«Yo, Jennifer, ahora proceso los alimentos que como de forma que mantengo
mi peso ideal de 65 kilos».
«Yo, Marc, ahora estoy trabajando en el empleo de mis sueños cultivando
tomates».
«Yo, Johnny, ahora estoy ganando 2.500 dólares con mi reciente ascenso».
«Yo, Sarah, ahora vivo con un novio guapo, fiel y cariñoso».
Gracias
Es tal la importancia del agradecimiento que he de dedicarle más espacio que
al resto.
Ya hemos hablado de Richard Wiseman y su libro «59 segundos» repleto de
estudios científicos sobre la supuesta invalidez de la autoayuda, o al menos así se
vendía. En aras de buscar la verdad me leí el libro de cabo a rabo varias veces
para saber si me podía estar equivocando, si mis éxitos hasta el momento habían
sido meras coincidencias o incluso un autoengaño. Sin embargo, la mayoría de
estos estudios son muy parciales y no llegan a desmontar en absoluto la Ley de
la Atracción, de hecho, ni siquiera la mencionan, ni tampoco mencionan las
afirmaciones, sólo se dedica al pensamiento positivo y un poco de soslayo a la
visualización. Por ejemplo, consigue demostrar (bueno, realmente no demuestra,
sólo es una encuesta que hace y que, como todas, la gente puede mentir o
equivocarse, pero supongamos que la encuesta sí que reflejara la realidad) que
fantasear con lo buena que será tu vida cuando logres tu objetivo “sólo” te hace
más feliz, pero no te acerca más al éxito. Sin embargo, en ese mismo
cuestionario reconoce que las personas que contestaron afirmativamente a la
pregunta «pensar en las cosas buenas que sucederán si logro mi objetivo» sí
acercó a esos participantes al logro. O que «motivarme con imágenes de alguien
a quien admiro como una modelo o un empresario de éxito» no te atrae más a tu
objetivo. ¡Estoy totalmente de acuerdo! ni fantasear con ser millonario ni tener
una imagen de Richard Branson en tu nevera te hará más rico. Pero eso no es la
Ley de la Atracción.
Lo más sangrante del caso es que Richard Wiseman, tiene otros libros como
«Nadie nace con suerte» donde anima a utilizar afirmaciones para tener más
suerte como la siguiente: «Quiero tener más suerte. Por eso estoy dispuesto a
cambiar mi forma de pensar y de actuar con tal de conseguirlo»; en otro
momento en el mismo libro invita a la práctica de la Meditación con los mismo
fines e incluso a usar la visualización para atraer la buena suerte.
Así que no llego a entender este intento de denostar la autoayuda cuando él
mismo la ha utilizado y se ha lucrado gracias a ella.
Y ¿Por qué menciono entonces a Wiseman? No para gritar que no compres
sus libros, muy al contrario, a mí me ha encantado 59 segundos y todos los
demás, cuya visión más escéptica nos da otro punto de vista (aunque lleguemos
al mismo resultado) y admiro cómo recoge interesantísmos estudios sobre el
comportamiento humano recordándome mucho a uno de mis escritores favoritos,
Malcolm Gladwell (Fueras de serie, por qué unas personas tienen éxito y otras
no; La clave del éxito; Inteligencia Intuitiva), algunos de cuyos estudios también
recoge Wiseman. Lo menciono porque, aunque no trata directamente la Ley de la
Atracción, hay algunos de los trabajos de investigación que menciona que sí
demuestran ciertas partes de ésta, como la importancia de “pasar a la acción” y
de las donaciones que veremos en capítulos posteriores, o del agradecimiento.
Sí, así es, un autor “racional” que supuestamente va a desmontar los falsos mitos
de la autoayuda consigue constatar el poder y la eficacia de la gratitud.
Casi la totalidad de gurús de autoyuda basados en la Ley de la Atracción
coinciden en la importancia del agradecimiento como arma de atracción de tus
deseos ya que la gratitud es la forma más fácil de llegar al amor (de hecho, el
agradecimiento no es otra cosa que amor por lo que tienes) y éste es a su vez el
mayor impulsor del Universo. Autores tan reconocidos como Rhonda Byrne (El
Secreto; El Poder) siempre dicen tres veces “gracias” después de sus
afirmaciones o John Demartini (El efecto Gratitud; Dar Gracias a la vida), por
ejemplo, dedica libros enteros sólo al poder del agradecimiento.
Continuando con Wiseman, muy acertadamente compara nuestro amor por las
personas y las cosas con un olor intenso como el pan recién hecho el cual al
principio destaca enormemente pero se va apagando a medida que nos
acostumbramos a él, hasta que no percibimos apenas su presencia. Pero ¿qué
pasa si sales de la cocina donde están haciendo el pan y luego vuelves a entrar?
Vuelves a notar intensamente el olor. Wiseman menciona a los psicólogos Robert
Emmons y Michael McCullough que preguntaron qué sucedería con los niveles
de felicidad si llevaran a cabo el equivalente conceptual a salir de la cocina
donde hacen el pan y volver a entrar. Reunieron a tres grupos de participantes y
se les pidió que escribieran durante unos minutos a la semana; un grupo
tenía que escribir 5 cosas por las que sentirse agradecidos; otro grupo 5 cosas
que le molestaran; y el tercer grupo (de control) simplemente 5 cosas que le
habían sucedido. Y, como era de esperar, los del grupo «agradecido» acabaron
siendo más felices, más optimistas de cara al futuro, más sanos e incluso
hicieron más ejercicio.
Así pues, no lo dudes, siente amor por lo que tienes, sé agradecido.
En un experimento similar, también mencionado por Wiseman, Kory Floyd y
sus colegas de la Arizona State University pidieron a unos voluntarios que
pensaran en alguien a quien quisieran y pasaran veinte minutos (tres veces a lo
largo de cinco semanas) escribiendo por qué esa persona significaba tanto para
ellos. Otro grupo de control escribía sucesos de la semana anterior. Al final, el
grupo del «amor» no sólo mostraba un aumento en sus niveles de felicidad,
también una reducción del estrés e incluso una significativa disminución de sus
niveles de colesterol. Y ojo, esto no lo dice un gurú de autoayuda, lo dice un
estudio científico.
Este ejercicio experimental es muy similar al ejercicio de Rhonda Byrne que
menciona en «La Magia» según el cual piensa en tres personas
extraordinarias que han influido positivamente en su vida y luego, una a
una, les habla en voz alta, como si estuvieran presentes, dándoles las gracias
y explicándoles las razones por las que se siente tan agradecida.
Para Byrne nunca te excederás siendo agradecido, al contrario, cuanto más lo
dices y lo sientes, más increíbles son los resultados.
Puedes sentirte agradecido por cualquier cosa, desde que te levantas puedes
sentirte agradecido por estar vivo un día más para disfrutar de la vida, por el café
de cada mañana, por tu empleo (por mucho que lo odies te ayuda a mantenerte a
ti y a tu familia), por tu pareja, por tu familia, por tus mascotas, por tu casa, hasta
por tu pasta de dientes…
¿Te cuesta sentirte agradecido por lo que tienes? Lee el libro de Viktor
Frankl, «El hombre en busca del sentido». Frankl estuvo preso en cuatro
campos de concentración nazi y sobrevivió con una actitud positiva. Pero
sufrió... sufrió mucho. Lo tenía todo y lo perdió todo (excepto la posibilidad de
elegir su actitud hacia las cosas, pero eso es otro tema). No debes dar por
sentado todo lo que tienes. Siente la gratitud. Después de leer este desgarrador
testimonio de unos sucesos que ocurrieron hace no tanto tiempo empiezas a
sentir un amor y agradecimientos automáticos por todo, desde el agua caliente de
tu ducha que aparece “como por arte de magia” con solo girar una llave hasta el
poder pasar unos minutos con tus seres queridos.
Es cierto, puede que un día ya no se te ocurra a qué más estar agradecido.
Desde luego puedes repetirte una y otra vez pero reconozco que llega un
momento en que puede hacerse monótono y entonces dejar de sentirlo y por
consiguiente pierde eficacia el agradecimiento. Así que una de las técnicas es
pensar en todo el proceso que ha pasado hasta que el objeto del
agradecimiento ha llegado a ti. Por ejemplo, cuando te estés tomando un café,
puedes estar agradecido al agricultor que plantó el café, al sol y la lluvia que lo
hicieron crecer, al recolector, al tostador, al empaquetador, al camionero que lo
transportó al supermercado que lo vendió, a tu esposa que hizo la compra y te lo
trajo a casa para que lo tuvieras a tu disposición con sólo abrir la dispensa, al
fabricante de la cafetera, al de la encimera que te calienta el café, a la luz
eléctrica o el gas que le dan energía, a la taza y a su fabricante… y así podemos
seguir mucho tiempo. Y por supuesto si el café es con leche puedes empezar con
la vaca y seguir así. Y el mismo proceso puedes hacer con las personas por las
que sientes aprecio y agradecimiento ¿quién os presentó? ¿quienes son sus
padres?
Pero a efectos de las afirmaciones, quedémonos con poner un “gracias” al
final de la afirmación.
Un último detalle sobre incluir la palabra “gracias” al final de la afirmación:
incluyéndola estás dando a entender que no eres tú quien ha conseguido ese
deseo (renuncias a tu ego) sino que es otra “entidad” quien la ha conseguido
por ti (y por eso le estás dando las gracias), sea esta el Universo, la Inteligencia
Divina, Dios… Como dice Florence Scovel Shinn “el hombre siempre obtiene lo
que desea cuando renuncia a su voluntad personal, permitiendo así que la
Inteligencia Infinita pueda actuar a través de él”.
De todos modos, existe una alternativa a poner “gracias” al final de la
afirmación, incluir tu agradecimiento en el factor emocional que
comentábamos que ha de tener la afirmación. Por ejemplo, «Yo, Andrew, me
siento muy agradecido por tener este peso de 75 Kg». Así matas dos pájaros de
un tiro y sientes de forma más intensa el agradecimiento por lo que “ya” tienes.

Sacarse un seguro. La coletilla final.


Varios autores como Vitale o Canfield, recomiendan incluir en la afirmación
una coletilla final basándose en que el Universo sabe mejor que nosotros lo que
nos conviene. En estos casos la coletilla final sería «Esto o algo mejor». Otros
autores, fundamentándose en que es más factible que se cumplan tus deseos si no
van en perjuicio de los demás, para beneficio de tus intereses egoístas,
recomiendan la coletilla «para el mayor bien de todos».
Pero hay una perfecta que combina ambas, ideada por Stuart Licthman, que
dice «por favor, que esto o algo mejor se cumpla de maneras que sean para mi
mayor bien y el de todos los involucrados».
Scovel Shinn ponía un especial énfasis en el agradecimiento, que ya hemos
visto de su relevancia en el apartado anterior, y dejaba la realización ideal en
manos del Universo/Dios, recomendando la coletilla «Yo te agradezco que se
manifieste, por la gracia y de una manera perfecta». E insistía en la importancia
de pronunciar siempre esta frase para evitar malos tragos como el que tuvo que
pasar una conocida suya quien solicitó 1.000 dólares que necesitaba, y los
recibió, pero... como indemnización tras sufrir un accidente de tráfico, lo que
evidentemente, no es la manera más perfecta de que lleguen a ti.
Marc Allen añade la frase «de una forma fácil y relajada, saludable y
positiva», pero creo que ésta viene inherente a la más breve «de una manera
perfecta» o «para mi mayor bien» por lo que no la veo necesaria, si bien, Allen
incluye otra muy interesante: «en su momento justo», que eliminaría de un
plumazo el ansia que generan los plazos y que ya hemos mencionado al
principio.
Así, si incluyéramos las mejores recomendaciones aquí mencionadas como
una coletilla, quedaría tal que así: «por favor, que esto o algo mejor se cumpla en
su momento justo de maneras que sean para mi mayor bien y el de todos los
involucrados. Gracias».
Ahora bien, ¿es aconsejable crear una coletilla, igual o más larga que la
propia afirmación? Es muy discutible. Una cosa es sacarse un seguro y otra
desviarnos tanto de la afirmación en sí.
No lo veo eficiente.
Primero, opino que si ya hemos eliminado la fecha de consecución, la frase
«en su momento justo» se podría eliminar perfectamente, ya que ésta se deduce.
Por lo que nos ahorraríamos unas cuantas palabras. Pero esta no sería una
solución suficiente pues aún quedarían un montón de palabras que contradicen
nuestro principio de brevedad.
La solución que propongo es coger la frase y en lugar de ponerla como una
coletilla final de la afirmación en sí, ponerla como una especie de ritual al
principio y al final de cada sesión de afirmaciones. No seremos los primeros ni
los últimos en realizar una manifestación así.
Así, antes de empezar y antes de acabar cada sesión de afirmaciones
diremos lo siguiente:
«Por favor, [conciencia universal/Infinito/Dios/subconsciente/sistema
nervioso central...] que esto o algo mejor se cumpla en su momento justo de
maneras que sean para mi mayor bien y el de todos los involucrados. Gracias».
Eso sí, ya que esta frase no la vamos a repetir incesantemente tienes que
pronunciarla de manera muy lenta, sintiendo (de verdad) cada una de las
palabras. Si lo ves necesario puedes repetirla dos o tres veces antes de comenzar
tu sesión de afirmaciones y después de acabarla, pero nunca dejes de
pronunciarla al menos una vez antes y otra vez al acabar la sesión.

El tiempo y el modo verbal


Aunque este es el primer requisito que suelen mencionar los manuales sobre
Ley de la Atracción a la hora de construir afirmaciones efectivas, yo he querido
dejarlo para el final por el embrollo creado al respecto debido a las diferentes
interpretaciones que se han hecho.
Víctor Boc, por poner un ejemplo de los muchos que siguen esta corriente,
dice que hay que escribir la afirmación como si ya fuera cierta. En Presente de
indicativo. Punto. No te líes con subjuntivos ni condicionales.
Nunca se debe expresar la afirmación como una hipótesis ni como una
condición, con posibilidad, con miedo, duda, incertidumbre... Ya hemos visto
que están prohibidos verbos del tipo: deseo, me gustaría, quiero, me apetecería…
Fíjate en la incertidumbre que genera el modo condicional: «Si yo hiciera más
ejercicio, estaría más delgado». Esto denota que no haces suficiente ejercicio.
¡Ojo! mucho cuidado, también están prohibidas las acciones futuras por
mucho que estén expresadas en Presente de Indicativo: «Me voy de vacaciones a
Rusia». Estrictamente está escrita en Presente de Indicativo pero expresa que te
vas a ir de vacaciones a Rusia en un momento del futuro, que puede ser mañana
o puede ser de aquí a cuatro meses pero no es AHORA.
El futuro, en cualquier sentido, está prohibido, porque si es algo que
conseguirás significa que aún no lo tienes. Y el momento futuro se perpetuará.
Dicho de otro modo, estás diciéndole al Universo que tu deseo es tener algo
en el futuro… «deseo concedido»… tendrás algo en el futuro, no ahora.
Como ya hemos visto, “ahora” es un adverbio de tiempo muy importante y,
además, incluyéndolo en tu afirmación podrás estar seguro que la estás
escribiendo correctamente. Aunque te equivoques expresando una afirmación
como la anterior, observa cómo cambia con esta palabra: «Me voy de vacaciones
a Rusia AHORA». Eliminas de un plumazo las dudas sobre cuándo te irás de
vacaciones a Rusia. Te vas ya.
La cuestión es no situar nuestra meta en el futuro sino ahora, como si ya fuera
una realidad.
De todas formas, y visto lo que ya hemos visto, tú mismo habrás podido
deducir que existe una forma más correcta de construir la anterior afirmación:
«Yo, ____X____, ahora estoy de vacaciones en Rusia...» y añadir un verbo de
acción y sentimientos «...disfrutando de mi visita guiada por los palacios del
Kremlin».
Si bien parece haber unanimidad en que la afirmación debe escribirse en
tiempo presente, hay un matiz mucho más complejo. Existe una discusión sobre
si la afirmación debe expresarse como si ya se hubiese cumplido en su totalidad,
ya fuera una realidad que se está disfrutando o bien como si es algo que está
consiguiéndose, pero no se ha conseguido aún completamente.
El joven argentino Juan Martitegui, que ahora da conferencias y cursos
online, después de haber lograr éxitos económicos y personales considerables
usando la Ley de la Atracción, aporta un dato a tener muy en consideración. Él,
al igual que tú y yo (hasta ahora), tuvo muchos fracasos después de
innumerables intentos y, según su parecer, el quid de la cuestión, el punto de
inflexión que supuso el éxito de sus afirmaciones fue cambiar de las
afirmaciones donde ya afirmaba haber conseguido su deseo a las afirmaciones en
las que expresaba que iba camino del éxito. Según él, así consigues que tus
afirmaciones sean verdaderas, te las creas. Si dices «Soy rico» pero vas a
comprarte un chándal y no tienes dinero, estás enviando mensajes a tu
subconsciente de que las afirmaciones son una patraña. Tu consciente y tu
subconsciente se contradicen. Sin embargo, si dices «Voy camino de ser rico»,
esto realmente ¡es verdad! o al menos no se contradice frontalmente con tu
situación actual.
Martitegui no es el primero en descubrir estas trampas del lenguaje. Mark
Fisher y Marc Allen, estos dos millonarios y escritores de autoayuda, en un libro
que han coescrito titulado «Piensa como un millonario» también advierten de lo
contraproducente que puede ser para algunas personas formular nuestras
sugestiones como si ya las hubiese alcanzado por la posible contradicción
mencionada.
Y en parte tienen razón.
Sin embargo, la gran mayoría de autores, gurús, mentores y guías espirituales
abogan por declamar como si ya se hubiese cumplido, porque si dices algo como
«Voy camino de ser rico» estás lanzando un mensaje de que no eres rico sino de
que vas camino de serlo y esta situación se puede perpetuar siempre estando
camino pero nunca siéndolo. ¿en qué quedamos entonces? ¿quién tiene razón?
Una solución a este problema sería construir frases del tipo “hoy mejor que
ayer y mañana mejor que hoy”, es decir, la frase de Coué «Cada día, en todos los
sentidos estoy mejor y mejor» y sus derivados: «cada día soy más y más
inteligente», «cada día prospero económicamente más y más», «cada día estoy
más y más delgado», etc.
Esta solución es muy buena pero presenta otro problema: que es muy difícil
calcular la efectividad y los resultados ya que no se trata de afirmaciones
dirigidas a objetivos concretos (un coche nuevo, una casa nueva, un empleo, una
novia…) sino simplemente afirmaciones positivas generales. Si por ejemplo
quiero un coche nuevo ¿Cómo podría construir una afirmación con esta solución
que acabo de dar? ¿«cada día me acerco más y más a un mercedes
descapotable»? No tiene demasiado sentido, volveríamos a perpetuar la situación
de estar cerca del coche pero no poseerlo nunca. Siempre quedarnos cerca.
La solución perfecta a este enigma está en conseguir que nuestro
subconsciente se sienta cómodo con esa situación extraordinaria que
pretendemos (ser rico, tener un empleo perfecto, el hombre de tu vida…) sin
tener que recurrir al “estar de camino” que, aunque es una situación no
contradictoria con tu situación actual, puede suponer el problema de hacer
infinito el camino.
Veamos cómo resolverlo en el siguiente apartado.
Resolver los conflictos entre la intención y el
subconsciente
Lo más normal es sentir rechazo a una afirmación, ya que te pone en una
situación que te desplaza de tu zona de confort, en la que estás plácidamente
acomodado. Es como cuando estás acostumbrado al hueco que has dejado en tu
sillón y te dicen que te sientes en otro lado. No es lo mismo, sientes cierta
incomodidad.
Desde luego es inherente a la propia afirmación que te deje fuera de tu zona
de confort ya que se trata de un deseo de algo que no tienes o eres pero hay que
minimizar el rechazo inconsciente.
Si afirmas “Yo soy millonaria”, te vas a comprar un vestido nuevo y te das
cuenta que no te queda suficiente dinero para el que más te gusta, seguramente la
afirmación dejará de tener efecto, la habrás anulado completamente con algún
fugaz pensamiento (quizá inconsciente) del tipo “sí, claro… millonaria y tengo
que irme a casa sin el vestido del que me he enamorado. Ya me gustaría ser
millonaria. ¿a quién quiero mentir? no soy millonaria”
En definitiva, esa afirmación de “Yo soy millonaria” no te hace sentir
cómoda, te hace sentir como si te estuvieras mintiendo a ti misma, lo que genera
frustración y aleja tu objetivo.
Así que ¿Cómo sentirse cómodo con esa situación extraordinaria que plantea
la afirmación? o ¿Cómo insertar lo increíble en nuestra zona de confort? La
mejor respuesta la dan, aunque de diferente manera, Stuart Lichtman y Sondra
Ray. Grosso modo se trata de observar las respuestas que da tu cuerpo y tu mente
a la afirmación que has construido e ir interiorizándola y modelándola para que
tus respuestas sean cada vez más positivas.
Lichtman propone escribir cien veces tu afirmación (en algunos casos más
fáciles dice que bastaría con leerla cien veces pero he observado que escribirla es
mucho más efectivo) mientras intentas ser consciente de lo que él denomina
“señales de conflicto”. Las señales de conflicto vendrían a ser signos de malestar
que te da tu cuerpo y tu mente como aviso de que hay algo que no le cuadra,
algo que no está en sintonía con tu programación mental. Es el medio con el que
intenta comunicarse tu subconsciente. Por eso mismo se habla de enfermedades
como síntomas de un trauma (de una programación subconsciente negativa) y
que podrían curarse con una reprogramación subconsciente. Pero más allá de las
enfermedades como signos más extremos de aviso de tu subconsciente de que
hay una mala programación, también puedes notar sutiles sensaciones mientras
estés leyendo o escribiendo tu afirmación como, por ejemplo, que cuando
llegues a una determinada palabra empiezas a bostezar, o que te notes muy
cansado, o adormecido, o tenso, o quizá te duela la cabeza o el estómago, o
tengas ganas de ir al baño con retortijones o arcadas, o te pongas nervioso, o te
sientas confundido, o que te sientas ridículo haciéndolo o temeroso o incluso
enfadado. Puede que te vengan ideas del tipo «qué tontería estoy haciendo»,
«esto no puede funcionar», «es demasiado difícil», «es demasiado aburrido»,
«seguramente lo estoy haciendo mal» o ideas similares. Si te fijas todo son ideas
y sensaciones negativas, reacciones de tu cuerpo que se siente cómodo con su
patrón de siempre (de fracaso) que tú intentas cambiar. Es una lucha entre lo que
quieres (tu intención) y lo que tienes grabado en tu interior tras años de mensajes
negativos desde tu infancia.
Lichtman dice que esas reacciones tienes que anotarlas en una hoja a parte y
continuar escribiendo tus afirmaciones.
Afortunadamente también existen señales de cooperación que te indican que
vas por buen camino: te sientes contento, feliz, entusiasmado, eufórico, alerta,
enérgico, amoroso, con claridad de entendimiento… o simplemente con la
sensación de que todo va bien, que estás haciendo un buen trabajo y de que tu
deseo se va a cumplir, sin lugar a dudas. Como habrás observado son todo
señales positivas.
El proceso de Sondra Ray es muy similar. Ray explica cómo indicó a sus
pacientes que escribieran sus afirmaciones y fueran anotando a la derecha del
papel las reacciones de su mente («esto es imposible que se cumpla», «estoy
perdiendo el tiempo», «siento arcadas», «vaya tontería», etc). Con ello sus
pacientes empezaban a ser conscientes de los bloqueos que impedían que su
afirmación se convirtiera en realidad.
Como puedes ver las técnicas de Ray y Lichtman son muy similares, se trata
de monitorear tus respuestas físicas y mentales para observar cómo reaccionas
ante la afirmación que has creado. Y anotarlo al margen o en una hoja aparte.
¿Y ahora qué? ¿De qué me sirve saber que mi afirmación me produce
arcadas, malestar y mareos?
Para saber que tienes que cambiarla hasta sentir signos de cooperación que te
indicarán que vas por buen camino, que la afirmación está funcionando para ti.
La solución de Lichtman es ir cambiando las palabras por algunas otras que te
hagan sentir mejor, cambiar las palabras que te hagan sentir “mal” por otras que
te hagan sentir “bien” y conseguir así que toda la afirmación tenga signos de
cooperación. Es decir, la solución es ir bordeando tu bloqueo de forma que no
llegues a pisarlo nunca intentando que aún así tu objetivo siga siendo
suficientemente deseable.
Por ejemplo. Imagina que quieres trabajar de desarrollador de videojuegos.
Quizá tu afirmación incluya algo del tipo “...trabajo desarrollando
videojuegos...” Y cuando llegas a “trabajo” siempre empiezas a bostezar (signo
de conflicto). Lo cambias por “...me gano la vida desarrollando videojuegos…”
y dejas de bostezar. Quizá porque tengas algún trauma infantil o bloqueo con el
hecho de “trabajar”. Quizá tu padre se quejaba mucho cada vez que tenía que
irse a trabajar y de pequeño se te quedó grabada la relación trabajo/sufrimiento.
Lichtman propone otro ejemplo: Si la afirmación “voy a recibir 5.000 dólares
en efectivo” te provoca una reacción de duda y sentimiento de imposibilidad,
puedes cambiarla por “voy a hacer todo lo que sea necesario para recibir 5.000
dólares adicionales”. Quizá así las reacciones de tu mente sean mucho más
positivas. O quizá no, pero hay que ir haciendo cambios y afirmando una y otra
vez hasta encontrar los más pertinentes y manteniéndola igualmente muy
deseable. Como bien indica Lichtman, se trata de una negociación entre tu
consciente y tu subconsciente.
Esta solución en ocasiones da muy buenos resultados, doy fe, sin embargo,
adolece de dos problemas. Primero necesitas trabajar con una afirmación muy
larga, detallando toda una experiencia que quieres obtener como objetivo; si es
un trabajo, por ejemplo ¿cómo sería tu jefe? ¿y tus compañeros? ¿Y tu sueldo?
¿y donde estaría tu empresa? ¿cómo de rentable sería la empresa? etc. Porque si
la afirmación es corta no te da tiempo siquiera a observar signos de conflicto o
es muy difícil percibir en qué palabra exacta empieza a aparecer el signo. Pero
aquí ya hemos visto que es mejor trabajar con afirmaciones más breves. El
segundo problema de esta solución es que lo que trata es de esquivar el
problema, no lo elimina de raíz por lo que es muy probable que el bloqueo
vuelva a surgir en el futuro. Es cierto que Lichtman cuenta con otra serie de
procesos que denomina “clarificadores” cuyo objetivo es eliminar dichos
bloqueos pero son notablemente complejos y aquí no los vamos a detallar,
recordemos siempre nuestro principio de eficiencia.
Me resulta más sencilla y eficaz la solución de Sondra Ray que directamente
hace aflorar el patrón negativo (que está bloqueando tus deseos), lo procesa y lo
ataca de raíz. Como dice Vadim Zeland “una afirmación no se debe dirigir contra
la consecuencia sin eliminar previamente la causa”.
Esto pasa mucho con las dietas, por ejemplo, cuando la gente intenta cambiar
su aspecto físico, quieren atajar el problema por el final, por la consecuencia, por
los síntomas, las manifestaciones, y se matan a hacer ejercicio y a dejar de
comer, pero esto puede funcionar durante un poco de tiempo, atajando los
síntomas temporalmente, pero para librarse de esos síntomas para siempre hay
que atajar el problema de raíz, el tratamiento ha de ser para eliminar el virus, no
para sentirte mejor aliviando los síntomas. En el caso del aspecto físico la raíz
del problema está en la propia auto-imagen: la forma que adopta tu cuerpo físico
no es consecuencia directa de lo que haces con él, es decir, de lo que comes o del
ejercicio que le das, tu cuerpo es consecuencia de tu actitud hacia él.
Sondra Ray explica el proceso de “desbloqueo” que utiliza con el ejemplo de
una paciente que no podía disfrutar del acto sexual. Trabajaron con la afirmación
«Yo, Susan, merezco placer sexual» (estaban dirigiéndose contra la
consecuencia, no poder obtener placer sexual) y la escribió una y otra vez
anotando a la derecha de cada afirmación lo que le venía a la cabeza, que eran
las reacciones de su mente: «lo dudo», «imposible, soy muy mala», «tengo ganas
de llorar», «necesito ser castigada», «mi padre me matará», «nunca me
perdonaré», hasta que llegó una respuesta trascendental: «fue un error hacer el
amor con mi hermano». Y así fue como descubrieron donde estaba el bloqueo, el
motivo subyacente por el cual no conseguía mantener relaciones sexuales
placenteras. Su subconsciente la estaba culpando y bloqueando. Así que
cambiaron a una afirmación más específica para su caso: «Yo, Susan, me
perdono a mí misma por haber tenido sexo con mi hermano». Ahora estaban
atacando la causa, no la consecuencia. Tras trabajar con esta afirmación más
concreta y contra la causa en un par de semanas experimentó cambios
espectaculares y no sólo pudo liberarse de su disfunción sexual sino que su vida
se vio mejorada en muchos sentidos. Se eliminaron las consecuencias.
Otro ejemplo de Ray, un chico que no podía eyacular dentro de una mujer
comenzó con la afirmación «Para mí, John, está bien eyacular dentro de una
mujer» (empezaron con la consecuencia, no poder eyacular dentro de una mujer)
y surgió el pensamiento de que eso no estaba bien, más adelante de que no
estaba bien porque los hombres no son buenos y finalmente de que no quería ser
un hombre, y es que afloró la cólera que tenía su madre contra los hombres
cuando fue abandonada por su marido y que el pequeño John tuvo que soportar
siendo niño. La lógica de los niños suele funcionar así de simple: «Los hombres
son malos, por lo tanto, yo no quiero ser un hombre». Así que el John adulto
cambió a la afirmación: «A mí, John, me gusta ser un hombre» (atacando la
causa) consiguiendo eyacular en una mujer al cabo de dos semanas.
A veces resulta complicado ver cuál es esa razón por la que se sufre de algo,
especialmente cuando efectos y causas parecen no tener relación alguna, sin
embargo siempre hay una «compensación oculta» que las explica. Así, una
mujer acudió a la consulta del psicólogo Philip C. Mcgraw (una eminencia en
EEUU en su faceta como estratega judicial y autor de libros como «Life
Strategies: The no-nonsense approach to turning your life around») aquejada de
un gran sobrepeso y consiguió hacerle aflorar que cada vez que perdía peso, las
renovadas atenciones de los hombres le recordaban la terrible situación que pasó
de niña al haber padecido abusos sexuales, lo que la empujaban de nuevo a la
comida. Lo bueno es que sólo la identificación de la compensación ya es un gran
paso para romper el círculo de autosabotaje.
Como ya habrás podido deducir, las anotaciones a la derecha, al margen, o en
una hoja a parte pueden hacer surgir tus pensamientos, creencias, limitaciones,
miedos o sentimientos almacenados en lo más profundo de tu Ser, pero además,
aunque no aflore ningún trauma o bloqueo en tus respuestas y no sepas qué
cambiar o cómo cambiar la afirmación, en todo caso el simple hecho de ir
escribiendo una y otra vez la afirmación irá eliminando el conflicto entre tu
intención y tus patrones inconscientes y poco a poco tu subconsciente trabajará
impulsado por el viento de la intención en lugar del patrón. Observarás que a
medida que reescribes la afirmación, tus reacciones son cada vez menos
negativas.
Así, por ejemplo, una afirmación como «Yo, Mark, gano 50.000 dólares al
año» puede despertarte al principio reacciones del tipo «sí, claro, tú sueñas»,
«¡como no atraque un banco!», «nunca he visto tanto dinero junto» y al cabo de
muchas repeticiones acabes escribiendo frases del tipo «y ¿Por qué no?»,
«muchos otros lo han conseguido antes que yo», «Peter tiene las mismas
habilidades que yo y gana 80.000 dólares» y otras por el estilo.
Al cabo de un tiempo escribiendo tus afirmaciones observarás cambios
drásticos en tus reacciones, mucho más positivos y más en sintonía con tu
intención. Estarás yendo por muy buen camino. Llegará un punto en el que ya no
necesitarás escribir al lado tus reacciones.
Creo que estas dos técnicas que usan Lichtman y Ray son fácilmente
combinables con lo que el Proceso de Desbloqueo L.A. 20/80 (incluido en el
protocolo L.A. 20/80) quedaría así: Una vez tengas construida tu afirmación
con los requisitos que ya hemos visto escribe tu afirmación 100 veces (sólo la
primera vez que te propones un nuevo objetivo) dejando una columna a la
derecha para anotar tus respuestas físicas y mentales, es decir, tus signos de
conflicto y pensamientos que vayan surgiendo. Al acabar lee tus anotaciones
de la derecha. Pueden suceder dos cosas: que haya surgido la causa del
bloqueo (como el sexo que tuvo Susan con su hermano) o que no surja el
bloqueo. En el primer caso construye una afirmación más específica
dirigida a solucionar la causa a la que llamaremos “AFIRMACIÓN DE
DESBLOQUEO” (esta vez no necesitas ser tan riguroso con el proceso de
construcción de la afirmación, ve más al grano y sé más profundo. Casi todos los
síntomas son causado por el miedo, la necesidad de amor o la culpabilidad, así
que céntrate en afirmaciones del tipo «Yo, (tu nombre), merezco… /me perdono
por… /acepto… /me siento libre de… /confío en… /reconozco… /tengo el
derecho de… /me permito… /soy capaz de… /disfruto de…». En el segundo
caso continúa con la misma afirmación hasta observar cómo las respuestas
negativas van dando paso a las positivas (igual que hemos visto en el ejemplo
de Mark). En ambos casos deberás repetir diariamente la escritura pero sólo
20 veces, no 100 que sólo es la primera vez. Hazlo durante una semana (o
más tiempo si observas que continúas teniendo respuestas negativas). Cuando
observes que has dejado de lanzar mensajes y reacciones negativas puedes
continuar la rutina de afirmaciones sin necesidad de escribir las reacciones
al margen. Puedes reforzar la terapia grabando en audio la afirmación y
escuchándola en diferentes momentos del día, como explicaremos más adelante.
Antes de este importante ejercicio es bueno prepararse buscando un día en
que puedas estar tranquilamente solo sin interrupciones durante al menos
dos o tres horas y a ser posible que previamente hagas un proceso de
Meditación (que más adelante te enseñaré) para mantenerte en un estado de
conciencia que propiciará un contacto más directo con el subconsciente.
Este «desbloqueo» sacará a relucir algunos de tus miedos y traumas. No
temas ir cambiando la afirmación a medida que surjan respuestas a tus bloqueos.
Ya volverás a la afirmación inicial una vez hayas visto donde se encontraban
tales bloqueos y los hayas “desprogramado”.
Por ejemplo, hubo una temporada, cuando ya casi tenía acabado este libro, en
el que me bloqueé. Empecé a dilatar la finalización del mismo, volviendo al
proceso de investigación y ampliando innecesariamente apartados que no
requerían más explicación. Cuando me percaté de lo que estaba haciendo, de que
tenía mi manuscrito al 90% y me estaba saboteando para no finalizarlo, me hice
una afirmación en la que expresaba mi «orgullo de estar escribiendo las últimas
palabras de mi manual». Así empecé a obtener reacciones físicas (ganas de dejar
las afirmaciones, picores, levantarme a por café e incluso ansias de ir al baño) y
también mentales. Surgieron en mí recuerdos de haber suspendido la asignatura
de «lenguaje» en primaria y de ahí la presunción de no merecer ser escritor
profesional. Así, la afirmación fue cambiando hasta quedarse en un «tengo el
derecho, la confianza y la capacidad de ser escritor profesional. Gracias».
Después de trabajar unos días repitiendo esta afirmación veinte o treinta veces
me vi de nuevo entusiasmado para seguir trabajando y volví a mi afirmación
inicial de acabar el manual.
Por supuesto, este proceso también lo encontrarás en la plantilla del Protocolo
L.A. 20/80 del que ya hemos hablado, así que no te preocupes de momento.

* UN IMPORTANTE COMENTARIO FINAL SOBRE LOS


BLOQUEOS:
¡¡¡NO TE SALTES ESTE PÁRRAFO!!!
Este apartado que acabamos de ver relativo a los bloqueos es quizá el
apartado más importante del libro si hasta ahora habías estado practicando sin
parar La Ley de la Atracción sin resultados sorprendentes. Porque si eres una
persona que como yo, tuvimos una infancia, adolescencia y juventud
“normales”, dentro de la media, es decir, no tuvimos ningún trauma o cualquier
causa de arrepentimiento, tenderás a DEJAR DE LADO EL TEMA DE LOS
BLOQUEOS. Quizá pienses «¡Bueno, es que yo no me he acostado con mi
hermano como el ejemplo que has puesto, ni sufría malos tratos como Louse L.
Hay!» y ese es precisamente EL GRAN ERROR QUE YO COMETÍ
PERDIENDO MUCHOS AÑOS DE POTENCIAL. Yo no creía necesario
“desbloquearme” de nada y pasaba por estos capítulos de los libros de desarrollo
personal muy de soslayo. Pero ¡eso es lo que tienen los bloqueos! ¡que son
inconscientes! no sabemos que están ahí! Pero todos, absolutamente todos,
tengamos conciencia o no de ellos, sufrimos algún bloqueo que hay que limpiar.
Así que esta es tu oportunidad. Haz sí o sí este simple ejercicio de anotar junto a
las afirmaciones tus reacciones y deja ya de autosabotearte incoscientemente.
Cómo afirmar
Para las afirmaciones pronunciadas en voz alta

¿Alguna forma o posición en especial?


Espalda recta
Algo hay en tener la espalda recta para que algunos autores recomienden esta
posición para recitar tus afirmaciones así como para meditar, y me incluyo entre
ellos pues mi propia experiencia ha demostrado la mayor eficacia cuando se está
recto que cuando se está encorvado o en cualquier otra postura.
Algunas religiones y filosofías orientales lo justificarán con una mayor
alineación con el flujo o la energía del Universo; pero si eres especialmente
escéptico te interesará saber del estudio realizado por Tomi-Ann Roberts, del
Colorado College (mencionado por Wiseman) en el que se hizo pasar a unos
alumnos una prueba de matemáticas y un test sobre su estado de ánimo. Unos
debían estar repantigados en sus sillas y los otros con la espalda recta. Los que
mantuvieron la espalda recta no solo resultaron estar más contentos sino que
obtuvieron mejores calificaciones en la prueba matemática.
De pie y golpeándose el pecho
Jack Canfield y Mark Víctor Hansen recomiendan afirmar poniéndose de pie
porque estimula la agudeza y concentración de la conciencia, genera más
entusiasmo, energía y sensación de poder (además, añaden que siempre que
hagamos algo importante nos pongamos en pie, por ejemplo una llamada de
negocios); y golpeándose el pecho con los dedos índice y medio (también
llamado corazón) de la mano para hacer intervenir el sentido del tacto y porque
damos un mensaje claro a nuestro subconsciente de que estamos hablando de
nosotros mismos y no puede haber ninguna duda.
Nótese que muchos hipnotizadores también utilizan esta técnica, tocando
suavemente con dos dedos la cabeza o el hombro del sujeto hipnotizado para
dejarle claro que se refiere a él.
Desde el punto de vista práctico, yo utilizo este método en las primeras
afirmaciones de la mañana, frente al espejo del baño, y también cuando me
encierro en servicios públicos para leer mis afirmaciones escritas en tarjetas. Las
afirmaciones que escribo, evidentemente, las hago en mi escritorio sentado y las
de antes de acostarme en la cama tumbado y no puedo hacerlas de pie
golpeándome el pecho. Pero ya hablaremos de las rutinas diarias más adelante.
Sintiéndola
Recordemos el requisito en nuestra afirmación de incluir un factor emocional
como recomendaba Canfield. Keith Ellis apoya esta teoría y añade que intentes
sentir con todo tu corazón esa emoción cuando la estés afirmando. Si dices
“gozosamente” asegúrate de sentir el gozo como si ya fuera una realidad ahora
mismo.
Zeland reafirma esta idea: “resulta mucho más eficaz sentir algo una vez que
repetirlo un millar de veces. Por lo tanto tienes que procurar sentir, al mismo
tiempo, lo que estás repitiendo”.
Y Napoleón Hill también dice que las palabras indiferentes, recitadas sin
emoción no obtendrán resultados, hay que llenar el subconsciente de
pensamientos y palabras cargadas con emoción y convicción.
Esto es así, porque, como ya hemos comentado, el Universo no comprende
las palabras sino los pensamientos silenciosos y más concretamente los
sentimientos, las emociones.
Abraham Hicks añade que mientras mejor tú te sientas cuando estás recitando
tu afirmación, más pura y menos contradictoria será tu vibración y más
rápidamente se manifestará.
Zeland además recomienda que cada serie de repeticiones vaya acompañada
de nuevos sentimientos y sensaciones diferentes para evitar la monotonía y
uniformidad que implica repetir constantemente las mismas frases y sentir
siempre lo mismo.
En voz alta
No significa a grito pelado (necesariamente), significa simplemente que no
sea mentalmente.
Casi la totalidad de autores y mentores confirman que es más efectiva la
afirmación cuando oyes tu propia voz que cuando te la dices para tus adentros.
Se especula que cuando la oyes desde el exterior suena más autoritaria, más
como una orden que tienes que cumplir. Nuevamente me remito a la hipnosis.
Puede ser en voz baja si por ejemplo no estás solo en casa y es muy temprano
o demasiado tarde, pero vale la pena, aunque sea en voz baja, oir tu voz porque
esto acelera mucho más de lo que te imaginas los resultados. A una mala, Víctor
Boc recomienda que al menos muevas los labios, vocalices.
Que suene como un mantra
Si alguna vez has visto una sesión de hipnosis te habrás dado cuenta que la
voz del hipnotizador suena monótona, bien modulada y bien articulada. Dejando
unos segundos de silencio entre frases. Así es la forma en la que deberías
pronunciar tu afirmación. Despacio para darte tiempo para pensar (visualizar) y
sentir lo que estás diciendo, vocalizando bien y que suene como una oración o
un mantra.
Vadim Zeland habla de “evitar la monotonía y uniformidad”, pero no se
refiere a la pronunciación, él habla de las sensaciones y emociones asociadas a la
afirmación. O sea, que cada nueva serie de afirmaciones que repitas, intentes
incluir pequeños cambios en lo que estás pensando respecto esa afirmación.
Pronunciarlas despacio e intentar sentir al máximo cada afirmación ayudarán.
Sin embargo si las repites una tras otra sin pararte a pensar, como una retahíla,
como si estuvieras leyendo la lista de la compra, estas palabras perderán sentido
para ti y, por supuesto, no atraerán nada. Bueno sí, atraerán frustración por no
conseguir tus deseos.
Frente al espejo
Esta es otra opción no obligatoria, sin embargo, estamos intentando encontrar
la forma más eficiente de conseguir nuestros objetivos y te aseguro que repetir
tus afirmaciones frente al espejo mirándote directamente a los ojos te
acercará mucho más rápido a tus deseos.
Rhonda Byrne, Sondra Ray o Víctor Boc también lo recomiendan, así como
los practicantes y grandes maestros de autohipnosis y autosugestión.
Louise L. Hay, gran defensora del espejo, afirma que haciendo las
afirmaciones en voz alta mirándote al espejo te das cuenta inmediatamente de la
resistencia y puedes superarla más pronto.
Tras años de práctica me percaté de que una forma de concentrarse en los ojos
y “ver”, no sólo “mirar” es, antes de ponerse a afirmar, detenerse a estudiar en
profundidad los ojos, el color o colores y matices, las manchas, el brillo… Te
sorprenderás, probablemente nunca te habías parado a ver así tus ojos.
Las afirmaciones escritas frente a las leídas y
memorizadas
¿Leída, memorizada o escrita es más eficaz?
La escritora, ecologista y gurú del crecimiento personal, Shakti Gawain
(Visualización Creativa, Vivir en la Luz, Despertar a la Conciencia) es una de
tantas personas que recomienda que las afirmaciones se escriban en lugar o
como refuerzo de leerlas.
Stuart Lichtman sigue esta línea y es más preciso en sus motivos, asegurando
que la escritura ayuda a enfocarse mejor en la afirmación y a que la mente
divague menos. Doy fe. Pruébalo.
Además, Lichtman y Víctor Boc, recomiendan que para mayor concentración
la escritura se haga con buena letra y pequeña.
Desde el punto de vista práctico, a veces es mejor pronunciarlas de memoria
en voz alta o moviendo los labios, por ejemplo en la cama, antes de irte a dormir,
o en la ducha. Pero es recomendable que apartes algo de tu tiempo para al
menos una vez al día escribirlas porque es la forma más poderosa de atracción.
Por eso, como hemos visto hace un momento, las afirmaciones que usamos para
el proceso de desbloquear las hacemos por escrito.
Respecto si es mejor de memoria o leídas, normalmente es mucho más
cómodo recitarlas de memoria, sin embargo, en ocasiones es mejor llevar encima
una tarjeta de cartón con tu afirmación escrita que puedas leer de vez en cuando.
Y, por supuesto, hay dos requisitos que hemos visto para pronunciar las
afirmaciones que también son extrapolables a las escritas: escríbelas con la
espalda recta y sintiéndolas con todo tu corazón.

Las tarjetas de cartón


Desde el Dr. Joseph Murphy hasta Rhonda Byrne, pasando por Bob Proctor,
Marc Allen, Sondra Ray o Víctor Boc recomiendan llevar encima las
afirmaciones escritas. Especialmente en una tarjetita de cartón para meterla en la
cartera. Así, además de generar el sentimiento de tener siempre cerca de ti tu
deseo, puedes de vez en cuando sacarla y leerla. Por ejemplo si te sientes irritado
por una situación que ha ocurrido en tu empleo puedes salir al baño, encerrarte y
leerla. También si te sientes alicaído o melancólico. O simplemente puedes crear
una pequeña rutina diaria en la que te obligues a leer la afirmación de la tarjeta
en un momento dado del día. Yo mismo tomaba mucho café en mi trabajo así
que creé el hábito de, cada vez que me hiciera una taza, salir al servicio donde
me encerraba para leer veinte veces la tarjeta. Podía haber establecido la rutina
de leer la tarjeta cada vez que saliera al baño a orinar pero, por suerte o por
desgracia, no orino con mucha frecuencia y puedo aguantar perfectamente sin ir
al servicio en toda la mañana, así que no era una rutina eficaz para mí. Sin
embargo no podía aguantar sin el café. Hay que aprovechar los hábitos (o vicios)
ya creados en beneficio propio, para darse impulso. Tal vez tú puedas aguantar
sin café pero no sin tu cigarrillo o sin ir a hacer pis. De esto ya hablaremos más
en el apartado dedicado a las rutinas, pero de momento ya sabes que debes
observarte para averiguar tus hábitos ya creados y así aprovecharlos.
Volviendo al tema de las tarjetas «¿Por qué debería escribirme la afirmación
en una tarjeta si en uno o dos días me la he aprendido de memoria?» No sólo por
el comentado sentimiento de llevarla siempre contigo sino porque recitarla de
memoria resulta tan simple que dejamos de hacerlo. Es así. Nos creemos tan
listos de no necesitar un recordatorio que lo acabamos olvidando, muchas veces
al estar metidos en la vorágine del día a día. Escribe tu tarjeta, llévala encima
y créate una rutina basada en una ya preexistente en la que al menos una
vez al día te obligues a leerla.
Un consejo extra
Yo no uso demasiado mi cartera así que me resulta difícil acostumbrarme cuando no la saco a penas y
por ende no veo la tarjeta. Si no tengo la rutina de sacar la cartera difícilmente me puedo crear la rutina de
sacarme la tarjeta de ella, así de simple. Así que decidí llevarla directamente en el bolsillo donde la vería
con mucha más frecuencia. Pero esto me estropeaba mucho la tarjeta en poco tiempo pues estaba en
contacto directo con llaves, monedas o mi piedra del agradecimiento (que ya conocerás de la película y el
libro de «El Secreto» y si no es así y quieres más información te remito a la página
«www.facebook.com/atraccionmasefectiva») así que la escribí a ordenador para tenerla bien limpia y
fácilmente legible, la pegué a una antigua tarjeta de plastico como las de crédito y luego la plastifiqué.
Dura más y es mucho más manejable. Cuando cambias tus afirmaciones quitas el plastificado, pegas otra y
vuelves a plastificar.
No obstante ¡que realizar esta tarea no suponga un freno en absoluto! siempre ten tarjetas de cartón
listas y nada más tengas tu afirmación a punto, coge una tarjeta, escríbela y métetela en el bolsillo. Ya habrá
tiempo de plastificarla, pero no esperes a tener una perfecta tarjeta para comenzar a trabajar. Just do it!
A mano o a máquina
Siempre hay quien me pregunta si puede escribir directamente cada
afirmación en su ordenador. Por ejemplo porque está trabajando en una sala de
ordenadores con más gente y no quiere que le vean escribir a mano “no sé qué
cosas”.
La respuesta es sí y no.
Si te sientes cómodo usando el ordenador para escribir las afirmaciones y
sientes que estás concentrado o concentrada y no va a haber interrupciones ni
distracciones puedes usarlo. De hecho, Sondra Ray, mentora de mentores en el
tema de las afirmaciones, utiliza su máquina de escribir porque dice que escribe
más rápido que a mano.
Sin embargo parece, y muchos autores coinciden en ello, que el escribir de tu
puño y letra fija más tu compromiso con la tarea.
En estos momentos, en Finlandia, uno de los países con la mejor educación
del mundo según los informes PISA, se está discutiendo eliminar
definitivamente la escritura a mano en favor de la escritura en ordenadores y
tablets. Por otro lado, en Silicon Valley (Valle del Silicio), cuna de las grandes
empresas tecnológicas del mundo cada vez son más las familias que matriculan a
sus hijos en colegios libres de ordenadores y wifi.
Desde mi punto de vista, habiendo experimentado con la escritura de
afirmaciones en todas sus formas, es una decisión que sólo tú puedes tomar
dependiendo de tu habilidad y práctica con un tipo de escritura u otra, pero si
tienes dudas, hazlo a mano.
Me considero una persona muy al día con los ordenadores, tablets, móviles y
nuevas tecnologías en general y no deshecho el uso de éstas para muchas tareas
en la consecución de los objetivo/intención pues son herramientas fantásticas,
pero hay que saber utilizarlas responsablemente.
Una cosa es una Olivetti mecánica y otra un ordenador o tablet del siglo XXI
repleto de estímulos en forma de coloridos iconos que te gritan “¡hazme doble
click!, ¡hazme doble click! Solo será un momentito para ver si te ha entrado
algún correo…”.
A mí me pasaba, y seguramente a muchos también, que si me levantaba y
encendía el ordenador, se me distraía la mente demasiado. Mientras arranca el
ordenador ya comienzas a pensar en el día que vas a tener hoy (normalmente en
los problemas que se avecinan), luego aparece tu escritorio con un montón de
iconos llamativos y uno muy tentador del navegador que te empuja a pinchar
cuanto antes para ver “sólo” cómo quedó tu equipo de fútbol anoche. Pero ese
minutito se convierte en dos horas. Quizá consigas resistir la tentación de abrir tu
navegador pero estarás en una constante tensión, lucha por no abrirlo y en
cualquier caso tu mente pierde valiosísimos minutos de concentración.
Así que lo que yo hago, nada más levantarme, después de mis afirmaciones
en el baño, es sentarme frente a mi escritorio que despejé bien la noche anterior
(sin distracciones), enciendo el flexo y todo lo demás permanece a oscuras. Es
una situación muy tranquila, meditativa, relajada, que propicia un estado mental
receptivo. En mi escritorio el ordenador permanece apagado hasta que acabo de
escribir mis afirmaciones a mano. El teclado y ratón no están en el mismo
escritorio sino guardados para evitar molestias sobre la mesa. Sólo los saco
cuando voy a trabajar específicamente en el ordenador y cuando acabo los
vuelvo a guardar.
¿Para qué uso el ordenador en mi trabajo con la Ley de la Atracción? Pues
por ejemplo para pasar a limpio de vez en cuando mis objetivo/intención, para
hacer fotomontajes en photoshop de mí mismo frente a la casa o el coche que
deseo, para hacer resúmenes de los libros que me han inspirado y subirlos a la
página de facebook…
El móvil lo tengo sincronizado con el ordenador a través de la aplicación
gratuita “Evernote” que me ayuda a tener todas mis ideas y objetivo/intención o
deseos guardados en una “nube”. Es una buena aplicación porque no sólo puedes
apuntar notas sino grabaciones de voz, fotografías, páginas web… Y funciona
muy bien. Pero no es la única, puedes experiementar con cualquier otra si lo
deseas.
Pero para escribir por primera vez tus deseos o afirmaciones es recomendable
que lo hagas a mano.
Reconozco que escribí afirmaciones a ordenador con buenos resultados en un
trabajo de oficina que tuve, pero era un trabajo de funcionario bastante ligero en
el que simplemente daba asesoría recibiendo apenas una o dos visitas al día con
una duración de entre 5 y 10 minutos por lo que las interrupciones eran mínimas.
En cualquier caso, eran afirmaciones “de refuerzo”, mi práctica diaria ya la había
hecho por la mañana, nada más levantarme. Por cierto, pese a que era un trabajo
que muchos desearían, la afirmación era para cambiar de trabajo por lo mucho
que me aburría, conseguí rápidamente un trabajo con mucha más acción y
cobrando justo el doble. Al final me cansé de “tanta” acción... y volví a cambiar
a un trabajo más relajado y cobrando otra vez el doble de lo que venía cobrando
en el último, pero eso es lo bueno que tiene la Ley de la Atracción, cuando te
cansas de algo haces los ejercicios aquí descritos y vuelves a cambiar y tu vida
se convierte en una aventura.
Así que te recomiendo más que las hagas a mano en casa, y si tienes
posibilidad de escribir en el ordenador de la oficina con tranquilidad, que sean
afirmaciones de refuerzo. Si te pasa como Sondra Ray que se siente mucho más
cómodo o cómoda a máquina que a mano te recomiendo que antes de encender
el ordenador quites el cable de red para no poder acceder a Internet y mantengas
el escritorio de windows (linux, OSX…) con el mínimo de iconos y con uno que
vaya directo a tus afirmaciones, para no tener que ir buscándolo y minimizar así
las distracciones.
Afirmaciones en Audio
Me refiero a la grabación de tus afirmaciones en un reproductor de MP3 (o
cualquier dispositivo que grabe y reproduzca audio) y escucharlas con tus
auriculares (o a través de los altavoces si no estás solo/a) mientras haces otras
tareas, como lavar los platos, hacer la comida, planchar, conducir, running, o
incluso mientras te quedas dormido.
Sondra Ray o Phil Laut («El dinero es mi amigo»), por ejemplo, las
recomiendan. Desde luego no son igual de efectivas que las que tú mismo
pronuncias, pero es una buena opción complementaria, no sustitutiva, de la
repetición de las afirmaciones tal y como las hemos estado viendo. Además, es
una opción de refuerzo especialmente interesante para los que tenemos una
mejor memoria auditiva frente a la memoria visual. No sabría cómo explicarte la
forma de descubrir si tienes una memoria más auditiva que visual, a mí me
regalaron una grabadora en primaria (de cintas, el MP3 aún estaba en pañales) y
descubrí que grabando las lecciones de la escuela en audio y simplemente
escuchándolas las recordaba muchísimo mejor que leyendo sin parar. Y así acabé
hasta la Licenciatura. Intenta averiguar si tú, por ejemplo, recuerdas más las
cosas que te han dicho o las cosas que has visto para saber si eres más auditivo o
visual, aunque todos tenemos un poco de ambas así que no te hará mal reforzar
tu atracción escuchando afirmaciones en audio.
Hoy en día es mucho más simple hacer tus grabaciones, teniendo en cuenta
que prácticamente todos los móviles, tablets y ordenadores tienen grabadora de
audio. Recomiendo que te hagas una grabación de al menos unos treinta minutos
ya que es más difícil que se grabe en el subconsciente que cuando tú la
pronuncias.
Si vas a dormirte con la grabación puedes programar el dispositivo para que
se pare tras treinta minutos, que no esté repitiéndose toda la noche porque podría
despertarte cada nuevo cambio de ciclo de sueño y te levantarás con jaquecas,
malestar y/o somnolencia. Y procura que los auriculares sean muy cómodos. Si
eres de los que se mueven mucho mientras duermen, intenta dejar el reproductor
en el suelo o en algún lugar donde no peligre.
Es muy efectivo grabarte la afirmación también en segunda y tercera
persona del singular (como recomiendan Sondra Ray, Philip Lautt y otros) pues
la orden dada desde el exterior, como en la hipnosis, puede resultar más efectiva
que dándosela uno mismo. Así, puedes grabar mensajes de esta forma:
«Yo, Jack, me he independizado»
«Tú, Jack, te has independizado»
«Él, Jack, se ha independizado»
Y volver a empezar una y otra vez hasta tener al menos treinta minutos de
grabación.
Si te sientes cómodo, también puedes leer y escribir tu afirmación en segunda
y tercera persona, no sólo usarlo en los audios grabados.
El lugar donde afirmar
¿Dónde puedo afirmar? ¿Dónde es más recomendable?
Pocos hablan del lugar más indicado para leer, escribir o proclamar tus
afirmaciones. En realidad es porque en principio se podría afirmar en cualquier
sitio. Pero la realidad manda y hay algunos lugares más indicados que otros para
que tus afirmaciones tengan más efecto.
Para favorecer este estado de adormecimiento favorable a la impresión de
nuestras órdenes, hemos de buscar un momento de relax, de silencio, de calma,
de intimidad. Repetir y sentir tus afirmaciones, así como visualizar, debe ser para
ti como una Meditación. De hecho es una Meditación dirigida a un objetivo. Por
todo ello debes encontrar un lugar propio donde no seas molestado de ninguna
manera. Sin interrupciones. Sin gritos ni lloros de fondo. Si no tienes despacho
propio, los baños son muy buena opción porque tienes espejo e intimidad.
Tanto en casa como en tu lugar de trabajo.
Y por supuesto apaga móviles, alarmas, etc.
Como añadido diré que las filosofías y religiones orientales suelen
recomendar meditar (y por añadidura afirmar y visualizar) mirando hacia el Este.
Sin embargo, en sus años de experiencia e investigación, José Silva asegura que
en la Meditación orientada a conseguir objetivos de futuro es más afectivo
mirar hacia el Sur debido a que en este planeta el Sol trae al nuevo día desde el
Oriente y se lo lleva hacia el Poniente. Si miras hacia el Sur, el Oriente estará a
tu izquierda y el Poniente hacia tu derecha, y de esta manera estarás
supuestamente orientado en armonía con el flujo planetario del tiempo.
El momento en el que afirmar
¿Cuándo puedo o debo afirmar?
Nuevamente nos encontramos en un apartado poco tratado en los manuales de
la Ley de la Atracción. Si bien casi ningún autor insiste demasiado en la
importancia de este punto, sí notamos cierta tendencia hacia la recomendación
de los primeros momentos de la mañana, justo después de despertarse y los
últimos de la noche, justo antes de dormirse. También es particularmente
interesante justo después de comer, cuando el cuerpo y la mente se relajan y
adormecen buscando echarse una siestecita.
Un autor que sí se manifiesta tajantemente es Joseph Murphy (El poder de tu
mente subconsciente) para el que el mejor momento del día sería justo antes de
quedarse dormido, reafirmándose en ello una y otra vez a lo largo de sus libros y
conferencias.
Segun Murphy, este es el momento en el que la mente consciente se encuentra
más pasiva, sin presentar resistencia a la idea que se desea imprimir a la mente
subconsciente. Tu subconsciente se pasará toda la noche dándole vueltas a esa
última idea que le has taladrado antes de apagar tu conciencia.
Y nada más te levantes, antes de desayunar, antes de vestirse, antes siquiera
de lavarse la cara pues tu conciencia aún está medio apagada y tu subconsciente
medio despierto, medio abierto, con la guardia baja, por lo que es mucho más
impresionable que en mitad del día.
Además, las primeras y las últimas horas del día tienen una ventaja añadida,
la paz que reina alrededor. Intenta levantarte antes que el resto de habitantes de
tu casa, antes que los vecinos, e incluso antes que los pajarillos y la tranquilidad
y concentración serán absolutas. Entrarás más fácilmente en el estado casi
meditativo que buscamos.
La hipnosis funciona de manera muy similar. En los espectáculos que se ven
en la tele aparece un showman muy elegante y siempre vestido de negro
mandando unas órdenes al sujeto hipnotizado y éste cumple inmediatamente a
rajatabla, pero la realidad es que previamente ha habido un trabajo de alteración
del estado de la conciencia del sujeto. Primero se le ha inducido a un estado de
adormecimiento para luego poder imprimirle órdenes a su subconsciente. Y
como ya sabemos, el subconsciente es el que manda, aunque no lo sepamos
(aunque no seamos conscientes, valga la redundancia) y el hipnotizado
obedecerá e incluso será capaz de realizar proezas increíbles que no podría
realizar despierto, donde la conciencia intenta mantener su control. Así pues,
hemos de buscar esos estados cercanos al sueño donde poder imprimir
fácilmente nuestras órdenes en forma de afirmaciones.
Sondra Ray añade un tercer momento muy interesante en el que repetir tus
afirmaciones: cuando te sientes especialmente perezoso. A lo que yo también
añadiría, cuando te sientes alicaído, negativo, melancólico, estresado…
Cualquier adjetivo asociado a sentimientos indeseables. Tus afirmaciones son
expresiones de tus deseos en positivo y por lo tanto repetirlas te darán ese
sentimiento de alegría que necesitas para atraer más felicidad a tu vida. Recuerda
el principio básico de la Ley de la Atracción es que atraes más de lo mismo, si
sientes alegría atraerás alegría y si sientes tristeza...

Mejorar el momento: Meditación y nivel Alfa


Como acabamos de ver, los momentos preferibles del día en los que afirmar,
visualizar y en general practicar todos los ejercicios de la Ley de la Atracción
son los primeros momentos de la mañana y de la noche, cuando la mente está en
un periodo de actividad más calmado, más meditabundo. Por la noche porque la
mente consciente se va apagando y por la mañana porque aún está medio
dormida. Pero ¿Por qué? Esto tiene sus explicaciones científicas: mientras
estamos despiertos se dice que nuestra mente está en nivel Beta o Vigilia y si nos
pusieran unos electrodos en la cabeza (el cerebro, al igual que el corazón
funciona por impulsos eléctricos) veríamos cómo nuestra mente está
funcionando a unos 14-21 ciclos por segundo, totalmente despierta. Cuando
estamos entrando en el sueño (o saliendo de él) estamos en el llamado nivel Alfa
(7-14 ciclos por segundo), si seguimos durmiendo pasaremos a un nivel inferior
de conciencia llamado Theta (4-7 ciclos por segundo) y el último nivel, ya de
inconsciencia total es el Delta, el de sueño más profundo, donde nuestra mente
funciona a menos de 4 ciclos por segundo.
José Silva, creador del método Silva de Control Mental, demostró la mayor
efectividad de la Ley de la Atracción cuando permanecemos en Alfa ya que
estamos en comunicación más directa con el inconsciente.
La forma más sencilla es practicar lo más cerca posible de las horas de
relajación mental Alfa, esto es, nada más levantarse y justo antes de dormirse.
Pero es posible que queramos practicar más y hacerlo de forma más eficaz.
Así, otro momento propicio sería el de la siesta, justo después de comer cuando
nos da ese sopor de adormecimiento y justo tras despertar de la siesta.
Pero en cualquier momento se puede inducir el estado Alfa mediante algunas
técnicas.
La Meditación, en todas sus vertientes, es una forma de entrar a un nivel
Alfa manteniendo la consciencia.
Son grandes adeptos de la Meditación Esther y Jerry Hicks quienes
empezaron a meditar tras la recomendación de una entidad llamada Theo
manifestada a través de una médium y acabaron siendo ellos (más concretamente
Esther) canalizadores de Abraham durante las sesiones de Meditacion.
Uno de los principales precursores de la Meditación en occidente fue el gran
sabio Osho (se le atribuyen más de 650 libros pero la mayoría son
transcripciones de sus conferencias y entrevistas. La obra que mejor recopila
todo su pensamiento al completo es «El Libro de los Secretos»), para quien el
«único camino» era la Meditación, sea ésta “Trascendental” o sea la “Meditación
Activa” que él mismo ideó para occidentales estresados (ver «Meditación: la
primera y última libertad, una guía práctica»).
El Yoga o el Tai-Chi son otras técnicas de Meditación activa. Eckhart Tolle
(«El poder del Ahora») quien para muchos es el nuevo Osho (aunque le falta el
toque de humor que caracterizaba a éste, así como su claridad de exposición) va
un paso más allá: «¿podemos aquietar los pensamientos en el ejercicio diario de
nuestra rutina?». Sí, y eso es lo que propone: intentar dejar pasar los
pensamientos en cualquier momento del día. Deepak Chopra («Las Siete
Leyes Espirituales del Éxito», «Sincrodestino»), por su parte sugiere otra forma
de Meditación, cerrar los ojos y centrarse en uno sólo de nuestros sentidos,
por ejemplo un día te centras en el olfato, y vas cambiando, otro día en el tacto y
la temperatura, otro día en el oído.
Pero ¿qué es en definitiva la Meditación en su esencia y cómo sacarle el
máximo provecho con el mínimo esfuerzo?
“Siéntate cómodamente con la espalda recta y cierra los ojos. Intenta no
pensar en nada. Es normal que te vengan pensamientos a la cabeza, simplemente
déjalos pasar, no te centres en ellos. Intenta aguantar así lo máximo que puedas.
Los primeros días sólo podrás 5 minutos (y se te harán una eternidad) pero
llegará un punto en que podrás estar así 20 minutos y percibirás breves lapsos de
iluminación”
Y ya está. Eso es Meditación. Que no te vendan milongas. No hay nada más.
Desde luego hay quien sugiere determinadas posturas favorecedoras, música con
sonidos binaurales, centrarse en un sentido cada vez… todo ello en ocasiones
ayuda y es eficaz pero sepas que no hace falta nada más que un poco de fuerza
de voluntad para sacar tiempo y para relajarse, aquietar el cuerpo y la mente.Con
unos días haciéndolo cogerás el hábito y pronto no necesitarás a esa pesado
lastre llamado fuerza de voluntad.
Si la Meditación es sólo eso, ¿porque se han escrito tantos libros al respecto?
Porque tendemos a leernos todos los libros que podemos sobre Meditación
precisamente para no meditar. Lo vamos postergando leyendo más y más sin
enfrentarnos a ello.
Just do it!
No existe mejor lema que ese. Simplemente hazlo y ya está.
Nótese como hemos mencionado nuevamente la espalda recta, al igual como
hicimos al hablar de cómo declamar afirmaciones. Algo hay en la espalda recta,
no sé si flujo de energía entre el sistema nervioso central y el Universo o qué
será pero, te garantizo por propia experiencia, que es mucho más fácil entrar a
nivel Alfa sentado con la espalda recta que encorvado.
Hemos mencionado que la Meditación es muy simple de hacer, pero, siendo
realista, por simple que sea la Meditación, es muy complicado mantenerla por
mucho tiempo. Puedes ser David Lynch y practicarla todos los días, dos veces al
día durante casi toda tu vida y conseguirás ser un genial artista y obtener todos
tus deseos, pero el camino ha de ser constante y todos no podemos ser David
Lynch.
Yo mismo la practiqué diariamente durante muchos meses obteniendo
resultados sorprendentes, llegando incluso a mejorar en veinte puntos mi
cociente intelectual (sí, hice tests de CI antes de practicar la Meditación y tras un
par de meses de practicarla) y más allá de los resultados sobre el papel noté una
expansión de la conciencia, percataba que mi pensamiento era mucho más claro,
e incluso la gente me lo decía, yo no era el único que percibía ese misterioso
cambio. También tuve una experiencia sorprendente de iluminación, una
sensación de certeza absoluta de que mi yo no era esta simple «carcasa» llamada
cuerpo sino que la trascendía, además de sentir mi «yo auténtico», a falta de un
término mejor, a unos 45 cm. por encima de mi coronilla. Es tan extraño como
cierto. Esta sensación duró un par de horas, tiempo durante el cual pude realizar
tareas cotidianas como conducir aún sintiendo que «yo» estaba a 45 cm. por
encima de donde debía estar. Nunca olvidaré la experiencia pero supuso muchas
horas (a razón de entre cinco y veinte minutos por sesión) permaneciendo
sentado con la espalda recta (es de gran ayuda un cojín en la lumbar), intentando
que no se colara ningún pensamiento en mi cabeza. Por eso sé de primera mano
lo costoso que es meditar diariamente. Así que aunque recomiendo
encarecidamente que comiences a crear una rutina de Meditación, no voy a ser
tan hipócrita de decir que debes hacerlo como único camino para entrar en
estado Alfa porque no es verdad.
Existe un camino aún más fácil. Simplemente practica justo antes de
acostarte y justo nada más levantarte, sea del sueño nocturno o de la siesta.
Para ser justos, aunque he dicho que no es necesario nada más que lo
mencionado más arriba para meditar, permíteme que te recomiende un par de
herramientas extras que he comprobado que facilitan, de verdad, entrar en el
estado Alfa, teniendo en cuenta que he practicado con muchísimas de las
técnicas y herramientas que se ofrecen por ahí. Una de las que funcionan es, por
supuesto, la Meditación guiada en audio del Método Silva. Simplemente busca
en Google y encontrarás de inmediato numerosas Meditaciones guiadas del
Método Silva ofrecidas por coachs del método, casi ninguno oficial. La mejor es
la que dicta la propia Laura Silva, hija de José, quien te guía ella misma en dos
versiones, una en inglés y otra en español. Aquí tienes el curso oficial en español
y en este otro enlace tienes un audio oficial de Laura Silva de inducción a Alfa.
Una de las recomendaciones más efectivas que realiza en estos audios es elevar
los ojos 20 grados hacia arriba (con los párpados cerrados) mientras meditas, lo
que ayuda a entrar en alfa más fácilmente. Nótese como muchos hipnotizadores
están siempre por encima del sujeto o utilizan un péndulo u otro objeto siempre
unos grados arriba de la línea de visión del hipnotizado.
El otro método que a mi me ha funcionado han sido los sonidos binaurales,
pero no todos, específicamente los creados por Robert Monroe, fundador del
Instituto Monroe, los llamados «Hemi-Sync» y los creados por Dane Spotts,
denominados «Ultra Meditation».
Si estás preguntándote qué demonios son los sonidos binaurales, rápidamente
te puedo explicar que se trata de sonidos repetitivos, ocasionalmente mezclados
con música de fondo, que suenan en estéreo (el estéreo suena por dos canales,
uno para el auricular izquierdo y uno para el derecho, como en la radio FM, a
diferencia del mono, que se oye por un sólo canal, como en la radio AM, o el 5.1
y 7.1 que utilizan 6 y 8 altavoces respectivamente y se utilizan en cine y
televisión para crear una sensación de sonido más real) pero en el caso de los
sonidos binaurales en un canal (por un auricular) se escuchan los sonidos a una
frecuencia y por el otro canal a otra frecuencia, es decir, escuchando los sonidos
con auriculares por una oreja oirías unos sonidos y por la otra otros, el cerebro lo
que hace, por propia naturaleza, es intentar sincronizar ambos sonidos que
vienen en frecuencias diferentes situándose en la frecuencia que queremos, en
este caso en la frecuencia del estado Alfa, donde obtenemos ese estado
meditativo que buscamos.
Si puedes prueba todos estos métodos para ver cuál te funciona mejor a ti. A
mí estos tres métodos (Método Silva, Hemi-Sync y Ultrameditation) son los
únicos que me han dado buenos resultados, algunos a la primera y otros tras
varios días de entrenamiento pero al menos yo puedo garantizar que son
efectivos. Sólo relájate y siéntate con la espalda recta tal y como ya hemos
mencionado escuchando los audios con los auriculares, recuerda que no
funcionan con altavoces.
Una última advertencia, hay muchas imitaciones de Monroe, Spotts y Silva en
la red, así que ten mucho cuidado en que no te timen, he llegado a ver webs de
venta de sonidos binaurales donde mezclan las biografías de Silva y Monroe,
con partes de la biografía de uno y partes de la biografía del otro, no sé si por
desconocimiento o simplemente por vender más. Yo te he puesto arriba enlaces a
sus webs oficiales que son los que he utilizado y me han funcionado bien. Pero
en un última instancia te recuerdo que, con un poco de paciencia, la Meditación
no necesita nada más que sentarse con la espalda recta y dejar pasar los
pensamientos.
El número de repeticiones
¿Cuál es el número mágico de repeticiones que me hará obtener mis deseos?
¿Cuántas concretamente he de escribir?
Es excesivamente complicado establecer un número fijo de repeticiones para
todo el mundo. Cada autor o gurú hace sus propias recomendaciones. Está claro
que hay que establecer un número mínimo para que la idea se implante en tu
subconsciente de manera arraigada y comience a surtir efecto. Pero un exceso de
afirmaciones también puede ser contraproducente; por un lado porque toda
energía excesiva u obsesión repele el objetivo (teoría de los péndulos de Vadim
Zeland); y por otro, desde un punto de vista más práctico, porque la experiencia
me ha demostrado que cuando te propones afirmar “demasiado” acabas
cansándote, perdiendo interés… en definitiva abandonando. Y si no abandonas,
en cualquier caso la tarea se convierte en tan ardua y repetitiva que acabas
repitiendo “sin pensar”, sin emocionarte, como un robot, por lo que pierde casi
toda su eficacia. Seguramente comiences con un exceso de confianza y quieras
hacer «¡Mil afirmaciones en un día! para que se cumpla mi objetivo cuanto
antes». Este tipo de declaraciones (o pensamientos) suelen ser fruto de la
desesperación, una emoción muy negativa y repelente de deseos por lo que hay
que intentar evitar esta energía excesiva y permanecer lo más que se pueda
(especialmente antes de afirmar, visualizar o meditar) en “Estado Cero”, es decir,
con el mínimo de sentimientos interfiriendo, o en cualquier caso, con
sentimientos positivos como la alegría y el agradecimiento. De todos modos, de
nada sirve hacer un día mil afirmaciones, al día siguiente no hacer ninguna, otro
día hacer trescientas, estar otros dos días sin hacer ninguna… acabas
abandonando. Lo mejor es hacer el mínimo número de afirmaciones posible para
que surta efecto pero sin que te canses, y con constancia, todos los días.
En definitiva, que todos tus esfuerzos sean como un juego o un recreo, en
cuanto se conviertan en un duro trabajo, en lugar de avanzar estaremos
repeliendo el deseo. Y si al principio tienes un nivel excesivo de energía y
motivación, encáuzalo a la creación de las herramientas que luego usarás como
los audios con afirmaciones, tarjetas de cartón o tu tablón de logros que luego
veremos cómo hacer.
Y dadas estas primeras directrices, veamos qué dice concretamente cada autor
respecto al número de afirmaciones y cómo interpretaremos el conjunto de
teorías.
El Dr. Joseph Murphy, por ejemplo, no establece un número concreto de
afirmaciones a repetir, él aconseja 5 minutos repitiendo tu afirmación. Pero
recordemos que las afirmaciones del Dr. Murphy son muy largas por lo que es
difícil acogernos a su criterio. Aún así lo he intentado y he estado cronometrando
cuántas afirmaciones de las suyas podía repetir en 5 minutos y me daba un
resultado de entre 15 y 25 repeticiones.
Similar es la opción del mencionado Vadim Zeland, que opta por un criterio
temporal, recomendando media hora diaria entre repeticiones y visualización del
objetivo. Creo que es bastante más incómodo estar pendiente del reloj que de un
número de repeticiones pues, como ahora veremos, es fácil llevar la cuenta con
determinadas técnicas. En cualquier caso, al final, entre las repeticiones y
ejercicios de visualización que haremos al día, seguramente necesitamos
precisamente una media hora diaria. De momento no te preocupes por el factor
temporal.
Más concreto en cuanto a número de afirmaciones es Stuart Lichtman quien
recomienda 100 repeticiones (leídas si son objetivos de dificultad fácil o media y
escritas si son de gran dificultad) lo que según mi punto de vista y mi
experiencia es excesivo por las razones que he aducido antes, sobre todo
teniendo en cuenta que las afirmaciones de Lichtman (o como él las llama,
«metastorys») son muy largas y puedes llegar a estar unas cuatro horas o más
escribiendo afirmaciones. Sé que el ser humano necesita sentir que está haciendo
“algo” para que se cumpla su objetivo, sentir que funciona la causa y el efecto,
de ahí que nos sintamos tentados a practicar las complejas prácticas de
Lichtman, creyendo que manteniéndonos ocupados (haciendo algo, tomando
supuestamente el control) obtendremos más resultados, pero la Ley de la
Atracción no funciona así. De todos modos, hay algo que resulta interesante de
las prácticas de Lichtman y es que, según dice, no habría que repetir las 100
veces más que la primera vez y luego sólo leer una vez, visualizando el resultado
del objetivo cada día, y «priorizar», que es como él llama a repetir sus
afirmaciones, unas 20 veces si vamos cambiando, actualizando nuestro
objetivo/intención cuando no nos sentimos cómodos con alguna palabra o frase
de la afirmación. Desde luego no hago justicia al método de Lichtman pues aquí
estoy intentando simplificarlo. Quien esté interesado en el método de Lichtman,
en la biografía dejaré el enlace a sus curso en la bibliografía. En cualquier caso,
como hemos visto, sí me ha parecido pertinente optar por realizar cien
afirmaciones para el Proceso de Desbloqueo.
Pero fuera de estos casos que hemos visto, la gran mayoría recomienda
repetir la afirmación veinte veces por sesión. Si se puede más, mejor, pero
como ya hemos dicho nunca obsesionarse ni proponerse un objetivo demasiado
exigente del tipo cien repeticiones cada vez. Por mi propia experiencia, en caso
de tener trabajo y se ha dicho libre, habría que hacer veinte veces por sentada
(unas tres veces al día, como hemos visto en el capítulo dedicado al “Cuándo”,
nada más levantarse, justo antes de acostarse y crear alguna rutina durante el día
como cada vez que te duches, que vayas a orinar o que te tomes un café); y en
caso de estar en paro y/o tener bastante tiempo libre recomiendo hasta
cincuenta veces por sentada, nunca más para no cruzar la línea en la que la
persecución de tu objetivo en lugar de ilusionarte y hacerte feliz se convierta en
una tediosa carga sin sentimientos o, mucho peor, con sentimientos negativos
asociados (mi deseo = tediosa carga = no vale la pena).
En estas cifras de entre veinte y cincuenta repeticiones se mueven Víctor Boc,
Sondra Ray, José Silva, Phil Laut, Marc Fisher e incluso el propio Emilié Coué,
entre muchos otros.

Técnicas para llevar la cuenta


A veces pierdo la cuenta mientras afirmo. Y si me concentro demasiado en
contar pierdo el hilo de la afirmación.
Es lógico, a todos nos ha pasado perder la cuenta con tantas afirmaciones.
Para eso hay soluciones.
Lichtman, por ejemplo, recomienda ir anotando las afirmaciones que llevas
hechas en números romanos, concretamente haciendo diez filas de dos
segmentos de cinco. Yo empecé así pero noté que era más práctico, porque me
ayudaba a concentrarme más, antes de empezar, hacer una cuadrícula de casillas
con igual número de casillas que de afirmaciones voy a recitar y, cada vez que
pronuncio una, tacho una casilla. Al final, ya ni tachaba la casilla, con un punto
en cada casilla basta. Cuando has acabado las casillas has cumplido tu objetivo.
Todo es muy visual y evita las distracciones.
Sin embargo, la mejor solución para contar cómodamente tus afirmaciones
data ni más ni menos que del año 800. Los rosarios nacieron en los monasterios
para ayudar a llevar las cuentas de los rezos sin perder la concentración
(recordemos que un rezo es también una forma de Meditación y una oración, una
petición al Universo/Dios) y más en una época en la que la mayoría de personas
no sabía contar.
El rosario ha llegado a complicarse bastante, con cuentas (bolitas) más o
menos gruesas dependiendo del rezo en cuestión, pero el mecanismo es muy
simple. Vas contando bolitas hasta que llegas a la Cruz, que te marca que has
llegado a un número determinado de cuentas.
No te estoy diciendo que vayas a llevar un rosario colgado, que tampoco
estaría mal, pero comprendo que todos no estén dispuestos a hacerlo por
diferentes motivos. No obstante esto no es un problema. No sé si te has fijado en
cómo suele aparecer en pantalla Joe Vitale. Casi en todas las imágenes, incluido
en el documental “The Secret”, lo vemos con un collar de cuentas en el cuello.
Vitale es fiel seguidor del sistema de cuentas para sus afirmaciones, y sus
collares, que no son rosarios, le facilitan la tarea. Es cierto, le dan una apariencia
fuera de lo común pero si optas por ese sistema puedes llevarlas ocultas bajo la
camisa, o incluso guardarte tu collar de cuentas en el bolso, en casa o donde
vayas a realizar tus afirmaciones.
Yo le pedí a mi mujer, que es muy manitas para estas cosas y le encanta
hacerlas, que me hiciera una pulsera de cuentas de madera, separadas por una
cabeza de Buda metálica. Ha quedado muy bonito, elegante y discreto y no me
lo quito en todo el día, ni en la ducha, donde suelo repetir mucho mis
afirmaciones; ni para dormir cuando es muy favorable repetir afirmaciones hasta
que te atrapa Morfeo. Pero sé que es difícil encontrar collares y pulseras con las
cuentas justas y que todo el mundo no es tan manitas como mi mujer por eso si
hay mucha demanda por parte de los lectores no descarto dar un curso de “do it
yourself” para hacer vuestras pulseras de cuentas o incluso venderlas ya hechas a
precio de coste a través de la página web www.facebook.com/atraccionmasefectiva.
Así que ese es, en definitiva el método más sencillo y con el que perderás
menos la concentración para recitar tus afirmaciones, tener un collar o pulsera
de cuentas e ir pasando tus dedos por cada cuenta con cada afirmación que
pronuncies hasta llegar al separador que te indique que has finalizado tus
cuentas, o si es una pulsera con pocas cuentas, por ejemplo, que has hecho una
ronda de cuentas y necesitas una o dos rondas más para acabar tu objetivo de
afirmaciones.
Pero tan incómodo es para las afirmaciones orales tener que ir marcando
números o puntos en una hoja como para las afirmaciones escritas tener que
pasar los dedos por unas cuentas. Así que considero, después de centenares, sino
miles, de afirmaciones escritas que la mejor solución para estos casos, incluso
mejor que la de ir marcando puntos en casillas, es hacerte una plantilla de
Excel o una tabla de Word con grandes celdas donde te quepa toda la
afirmación en la celda, dejando una celda más pequeña a la derecha (o
simplemente un buen margen) para anotar tus reacciones mentales, tal y
como ya hemos estudiado. Y haces el mismo número de celdas que de
afirmaciones vas a escribir. Intenta que te quepan todas en un sólo folio, aunque
sea imprimiéndolo por delante y por detrás. Pero si escribes a mano y no te
caben en un folio no pasa nada, puedes usar varios. Cuando lo tengas impreso
escribes las afirmaciones dentro de las celdas, una afirmación en una celda y
pasas a la siguiente. Cuando has acabado todas las celdas has acabado todas las
afirmaciones. Y no has tenido que contar nada.
Te recomiendo, para no perder el hilo antes de ponerte a escribir, que no
imprimas una sola hoja de celdas y al día siguiente otra sino que imprimas
muchas para varios días. O si no te queda mucha tinta o tu impresora gasta
mucha puedes imprimir una y hacer fotocopias.
Si escribes directamente en el ordenador no tendrás problema de espacio pero
también hazte una tabla de Word o Excel con el número de celdas preestablecido
con el mismo número de afirmaciones que vas a hacer y con una columna
contigua para cada reacción mental.
En cualquier caso, para facilitarte la tarea tienes una plantilla con celdas
vacías en el mismo Protocolo L.A. 20/80.
Por supuesto existen muchos más sistemas que he practicado para llevar las
cuentas de tus afirmaciones pero éstas son sin duda las más eficaces. Aún así, te
mencionaré algunas más bastante buenas si aún no has conseguido tu collar o
pulsera de cuentas o para según qué situación.
Para las recitadas en voz alta:
Con los dedos. Exactamente, como los niños. (Casi) todos tenemos diez dedos
en las manos así que simplemente es tener los puños cerrados e ir separando
cada dedito con cada afirmación. Cuando tienes las dos manos abiertas has
hecho diez, y vuelves a cerrarlos para hacer diez más. Este sistema funciona con
una o dos rondas pero luego empiezas a perderte.
Una cuerdecita con nudos. Menos estético que una pulsera o collar pero igual
de efectivo es coger una cuerdecita y hacerle el mismo número de nudos que de
afirmaciones. Cada nudo una cuenta. Así de fácil. Emilé Coué utilizaba este
sistema.
En la ducha o baño. Es difícil fregarte el cuerpo, enjabonarte, coger la
alcachofa, etc. y contar con los dedos. Y también es difícil pasar las cuentas con
una mano, así que aunque yo me meto en la ducha con mi pulsera de cuentas, he
llegado a la conclusión de que el mejor sistema en la ducha (y curiosamente el
primer sistema que se me ocurrió para llevar la cuenta cuando empecé a afirmar
ya hace 20 años) es el de contar las baldosas. Desde luego en todos los baños no
se podrá hacer pero en la mayoría sí. Cuenta las baldosas que hay frente a ti y
sabrás cuántas líneas de baldosas debes hacer (más o menos, nunca será exacto
pero no pasa nada) para hacer tu objetivo de afirmaciones. Puedes ayudarte a
llevar la cuenta también marcando las baldosas con un poco de espuma de gel o
champú. Dependiendo del tamaño de tus baldosas harás una línea o varias. En
mi casa actual, por ejemplo tengo que contar toda la pared porque son baldosas
grandes, cuando vivía con mis padres tenía un baño de gresite (como las
piscinas) y con una línea me bastaba. Es fácil contar alguna dos veces. No pasa
nada, no te preocupes. Es preferible contar dieciocho o veintidós en lugar de las
veinte que te proponías que preocuparte por si has contado una dos veces o te
has saltado otra.
Caminando hacia el trabajo. Si tu afirmación es muy corta puedes
simplemente contar un día los pasos que sueles dar y con cada paso recitas
rápidamente tu afirmación. Si vives muy lejos y tienes que caminar mucho coge
un par de puntos de referencia (la salida de tu casa, una panadería, un bar, una
determinada señal o farola…) cuyos pasos coincidan con el número de
afirmaciones. Si tu afirmación es demasiado larga para recitarla en un solo paso
(o caminas muy rápido), un día llevas la cuenta con los dedos y te fijas dos
puntos de referencia y ya sabes que de un punto al otro hay ese número
(aproximado) de afirmaciones. Si tu trabajo cada día es en un lugar diferente, o
no trabajas o prefieres afirmar mientras paseas o haces running, lo único que
tienes que hacer es controlar tu reloj y vas afirmando y llevando la cuenta con
los dedos. Cuando hayas acabado de contar te fijas otra vez en el reloj y sabrás
tu velocidad de afirmaciones. La próxima vez sólo tendrás que mirar el reloj
antes de empezar e ir echándole miraditas hasta llegar a la hora final.
En cualquier caso... insisto... no te obsesiones demasiado por ser exacto en tu
número de afirmaciones, concéntrate más en sentir las emociones positivas
derivadas de tu deseo.
Para las escritas:
Con un cuaderno de rayas. Es similar al sistema de la tabla, que creo, es el
más eficaz. Cuenta el número de rayas (renglones) que ocupa tu afirmación
(espero que sólo una, recuerda el requisito de la brevedad) y luego cuantas rayas
necesitas para hacer todo tu objetivo de número de afirmaciones. Te haces una
marquita donde se supone que debes acabar y ya está. Si por una o dos rayas no
acabas una hoja entera puedes hacer una o dos afirmaciones más, no pasa nada.
Si te faltan una o dos rayas para acabar tu objetivo no hace falta que estrenes
nueva hoja. Eso sí, recuerda dejar un espacio al margen para anotar tus
reacciones mentales.
Yo, por ejemplo, tengo una pulsera con 21 bolitas que uso a modo de cuentas
por lo que hago cada vez 21 afirmaciones, o 42 cuando hago dos rondas porque
mi afirmación es muy corta o tengo especial interés en su cumplimiento o más
tiempo libre. O como hemos visto 50 en la bañera que coincide con mi número
de baldosas. No pasa nada en hacer 20 o 21 o 30 o 40 o 45... Es un número
aproximado entre 20 y 50, que no te quite el sueño la cantidad, nadie puede
decirte con exactitud un número porque cada objetivo y cada persona son
diferentes.
La Visualización
Lo que es y lo que no es la visualización
¿Qué es exactamente la visualización?
Es un término que lleva a confusión al tener su raíz en “video” (del latín, “yo
veo”) con lo que tendemos a relacionarla con el sentido de la vista. Se suele
creer que visualizar es “ver” con la imaginación. Pero visualizar (con eficacia
para obtener logros) es mucho más que eso.
Visualizar es RECREAR un momento. Es ver con tu ojo mental, pero
también es olerlo, es saborearlo, es tocarlo, es oírlo, es SENTIRLO ¿Qué
sentimientos percibes en esa situación? ¿alegría, orgullo, sonrojo? ¿a qué huele?
¿qué sonidos escuchas? ¿alguien te habla? ¿hay tráfico? ¿hay perros ladrando?
¿hay pajarillos? ¿sientes frío o calor?
Cuando ese momento que recreas no es pasado (un recuerdo) sino futuro
(algo que aún no ha ocurrido) estamos en el terreno de la visualización enfocada
a objetivos, que es de lo que tratamos aquí.

¿Por qué se cumple lo que se visualiza?


Acabo de mencionar que visualizar es recrear un momento. Nuestro
subconsciente está acostumbrado a recrear recuerdos y hace que éstos vuelvan a
nosotros una y otra vez. Los atrae sin parar porque está enfocado en eso y esa es
la señal que manda al Universo y el Universo le responde con más de eso, es la
Ley de la Atracción en movimiento. Cuando te viene más de lo mismo creas
nuevos recuerdos de más de lo mismo. Y se perpetúa el ciclo.
Por eso es habitual escuchar a mucha gente quejarse con frases del tipo «¿Por
qué no puedo encontrar una pareja normal?». ¿No has notado la tendencia de
ciertas personas a estar con quien no les convienen? Parece que todo el mundo lo
ve menos ellas. Pueden estar rodeadas de personas fantásticas y aún así ir a
buscar a quien menos le conviene. Atraen siempre más de lo mismo. Siempre
están con una pareja que no les corresponde. Fracasan, rememoran el fracaso y
atraen más fracaso.
Afortunadamente esto puede cambiar. Sólo debes sustituir esos recuerdos que
no quieres por unos falsos recuerdos que sí quieres, es decir, recrear unos
recuerdos de tus deseos.
Porque el subconsciente no distingue entre recuerdo real y recuerdo falso. Y
el recuerdo falso lo mandará como una petición al Universo tal cual hace con los
recuerdos reales.
Por eso muchos guías espirituales trabajan a partir de recuerdos como el, por
otro lado polémico, Leonardo Stemberg, y su contranálisis o Stuart Lichtman
cuya técnica consiste básicamente en la modificación de recuerdos reales hasta
convertirlos en un recuerdo con las características que deseamos.
Pero en breve vamos a ver las técnicas más depuradas, eficaces y eficientes.

La diferencia entre las afirmaciones y la visualización

¿Qué es mejor, afirmar o visualizar?


Hay quien recomienda las afirmaciones, hay quien recomienda la
visualización pero ¿cuál de ambas es mejor? Si quieres salir disparado hacia tu
meta debes combinar ambas.
No se trata de practicar a veces afirmaciones y a veces visualización sino de
usar ambas a la vez.
Como ya hemos visto, cuando afirmamos no son las palabras las que se
graban en el subconsciente y éste las manda al Universo para su cumplimiento
sino que manda las emociones y sensaciones asociados a ellas (no obstante,
recordemos que las afirmaciones también pueden servir para desbloquear y
reprogramar la mente), por lo tanto, al final al Universo siempre enviamos
sentimientos y emociones, lo que pasa es que a unos se les da mejor sentir a
través de la visualización y otros necesitan centrarse y concentrarse en unas
palabras que dirijan su mente. ¿Recuerdas cuando comenté que algunos tienen
una memoria mas auditiva y otros más visual? Pues esto es similar.

¿Pero cómo saber si se te va a dar mejor la visualización o las afirmaciones?


En mi opinión es muy difícil de saber. Yo he tenido éxito usando ambas
técnicas por separado. Lo que sí te puedo garantizar es que combinando las dos
tienes muchas más posibilidades.
Y un último argumento en favor de aplicar ambas técnicas: es mucho más
divertido.
Aburrimiento = fracaso. Diversión = éxito.
En los siguientes apartados veremos cómo se conjugan perfectamente ambas
técnicas, pero ahora ahondemos un poco más en la visualización para sacarle el
máximo partido.
¿Cómo visualizar más eficazmente?
No fantasear
Visualizar no es lo que conocemos habitualmente como “soñar despierto”.
Cuando visualices con tus cinco sentidos y todas las emociones que puedas
recrear debes pensar en ello como un recuerdo, imaginar que ya ha pasado. De
ahí que todos los gurús digan que hay que visualizar el momento en el que ya se
ha cumplido tu objetivo. Imagínate cómo te sientes cuando ya se ha hecho
realidad tu deseo. ¿qué estás haciendo? ¿en el banco sacando dinero? ¿Y cómo te
sientes? ¿te acompaña tu pareja? ¿te sientes feliz? ¿hueles algo como el olor a
billetes de tus manos o el perfume dulzón de tu pareja ideal? ¿sientes la presión
y el calor de su pecho contra tu pecho? ¿el latir de su corazón?
No es fantasear con ser rico, es recordar que se es rico, pensar en ello
como un hecho objetivo. No es fantasear con tener al príncipe azul de tus
sueños… es «RECORDAR» que estás con la persona especial que te
complementa. Implanta esos falsos recuerdos. Y pronto dejarán de ser falsos y
empezarás a crear más y más de lo que de verdad deseas.
Tras mucha práctica visualizando, finalmente he llegado a la conclusión de
que la forma más fácil y eficaz de sentir ese “falso recuerdo” como REAL es
mediante el agradecimiento. Visualiza con sentimiento de agradecimiento,
siéntete agradecido por ese dinero, ese coche o esa pareja que YA tienes, que
estás “recordando” cómo obtuviste. Ya verás como acabas visualizando con una
sonrisa de oreja a oreja, claro síntoma indicativo de que has tomado ese “falso
recuerdo” como REAL.

¿Por qué muchos visualizan con fotografías y dibujos?


El desmitificador de la autoayuda Richard Wiseman, del que ya hemos
hablado («Nadie nace con suerte», «59 segundos»), señala un estudio en el que
se comprobó que los participantes que colgaban en el frigorífico una fotografía
de Elle Macpherson o Richard Branson no bajaban de talla ni alcanzaban
ambiciosas metas profesionales. Pero por supuesto eso no es visualización ni así
es como funcionan las fotografías. Dentro del mismo estudio, Wiseman observó
que el éxito de los participantes se disparaba cuando cubrían el frigorífico o el
panel de anuncios con imágenes y gráficos de su objetivo. ¿Cuál es la
diferencia? Ver a Macpherson o a Branson pueden ser un buen motivador que te
empujen a la acción, pero la acción si depende de que te automotives y de tu
fuerza de voluntad, es muy poco eficiente. Sin embargo, representar tu objetivo
concreto o tu deseo en tu mural atrae más de lo mismo, pone en marcha la
eficiente Ley de la Atracción, no la fuerza de voluntad.
Vamos a ver cómo y por qué pueden funcionar o no funcionar con eficacia las
imágenes y qué tipo de imágenes para atraer nuestros objetivos/intenciones.
Las fotos funcionan muy bien como catalizador de la experiencia que
queremos sentir para así atraerla. Pero sólo ponen en funcionamiento uno de los
sentidos, la vista, lo que es insuficiente, por eso no basta con “mirar” las fotos
como un mero observador imparcial. Esto es un error común. Puedes «ver» cada
mañana fotos de tus deseos durante horas y aún así nunca pasará nada. Sirven
muy bien como inicio de experiencia pero a partir de ahí hay que involucrar el
resto de sentidos así como emociones.
Algunos recomiendan la visualización imaginándote que estás ante una gran
pantalla de cine proyectando una película en la que te ves a ti mismo en la
pantalla haciendo eso que deseas, pero como muy bien dice Zeland esto también
es erróneo pues nuevamente se está involucrando sólo la vista.
Una vez hayas visto la foto y que esto te sirva como inicio de la visualización,
cierra los ojos e imagínate dentro de la misma “foto”, pero no como espectador
sino como participante activo.
Por ejemplo, supongamos que quieres una nueva casa. Primero recuerda que
tienes que haber cumplido el requisito de concreción y te has decidido por un
chalet en venta que has visto junto al mar. Has visto quién es la promotora, y has
ido a recoger el folleto o te has metido en su web y te has descargado fotografías
y planos, lo que te ayudará a una mejor experiencia. Cierras los ojos y te
imaginas con la llave de la cerradura blindada en tu llavero favorito girándola,
usando un poco de FUERZA para abrir pero SINTIENDO que gira y abre
fácilmente debido a que es una puerta nueva. Abres y HUELES el “nuevo” de
los materiales. Te DESLUMBRA el blanco de las paredes. Cierras la puerta tras
de ti con un GOLPE seco y los pajarillos cantando se OYEN en un muy segundo
plano. Te diriges a la cocina y abres esa magnífica nevera de dos puertas,
deslizando tus dedos por la SUAVE Y FRÍA superficie de la nevera de COLOR
acero inoxidable. Sacas una lata MUY FRÍA de tu refresco favorito y cierras la
nevera. Arriba de ti hay un mueble blanco que abres, HUELE a madera recién
barnizada, sacas un vaso y te vuelves a dirigir a la nevera, que además tiene
dispensador de hielo, eliges hielo triturado y hace un RUIDO escandaloso y
algunas pequeñas gotas HELADAS caen en tu mano que sujeta el FRÍO y
DURO vaso de cristal. Al instante tienes un refresco con hielo. Lo SABOREAS,
las chispeantes burbujas te SALPICAN la cara y te PICA un poco la nariz. Dejas
el vaso sobre la SUAVE encimera de silestone y te diriges hacia el comedor.
Coges el mando de un lateral del sofá y enciendes tu magnífica televisión de 50
pulgadas y pantalla curva de Ultra-definición. Están dando las noticias y
ESCUCHAS hablar a tu presentador habitual en un SONIDO ENVOLVENTE.
Te lanzas en tu butaca y NOTAS tu cuerpo HUNDIRSE suavemente en el cuero
blanco. ESCUCHAS al fondo cantar los pajarillos y con el buen sol que hace es
una pena desperdiciar el día, así que apartas las FINAS cortinas blancas que
acarician tu cara y abres los ventanales del comedor que dan a un patio trasero
de césped. Los pajarillos se OYEN más cerca. Te descalzas y SIENTES el
césped en tus pies, te tumbas en el césped, el sol CALIENTA tu cara y te
SIENTES ENORMEMENTE AGRADECIDO por todo esto. Ahora repites tu
afirmación (desde ahí mismo, tumbado en el césped) como si ya se hubiese
cumplido «vivo en un chalet de 200 metros cuadrados junto al mar»...
No necesitas visualizar siempre el mismo proceso, de hecho si notas que te
estás aburriendo cambia un poco cada día, en lugar de irte a por un refresco,
quita la alarma, ve a cambiarte la ropa, luego haz el amor con tu mujer en ese
magnífico colchón de viscoelástica nuevo entre sábanas de seda… no lo
conviertas en rutina, no te aburras o dejarás de sentir.
Empieza a tomar la costumbre de fijarte bien y tomar conciencia de las
superficies, las texturas, los colores y sus matices. Una mesa blanca no es
simplemente una mesa blanca y ya está… céntrate muy de cerca en los pequeños
detalles: habrá zonas más brillantes o menos, diferentes tonos y matices de
blanco; tócala, nota si es fresca o está caliente, si es rugosa o fina ¿Cómo incide
y refleja la luz? Y lo mismo con cualquier objeto (o persona) que tengas al
alcance. Conviértelo en un juego y luego en una sana costumbre. Especialmente
si ya le has echado el ojo a algo que deseas como un coche o una casa: ve al
concesionario y toca el coche, siéntate en él y huélelo, agarra el volante e
imagina que lo conduces. Si es una casa toca y siente la pared, pisa el césped,
escucha sus sonidos…
No estaría de más aprender un poquito de Photoshop o cualquier otro
programa o APP de edición de imágenes, los hay gratuitos y muy fáciles de
manejar e infinidad de tutoriales en Youtube. Y es que es muy efectivo hacer
fotomontajes de tus deseos representándote a ti en la escena del objetivo final
que deseas. Por ejemplo, coges una foto de una persona conduciendo un BMW
Z4 y le pones tu cara; o descargas una foto de una báscula y le pones tu peso
ideal; o escaneas tu nómina y la subes un poquito... No obstante, si no te atreves
con un programa de edición fotográfica siempre puedes hacer un collage a la
vieja usanza, cortando y pegando con tijera y pegamento.
La técnica del Tablón de Logros
¿Qué es y cómo funciona (correctamente)?
En «El Secreto» ya se habla del muy efectivo tablón de logros o panel de
deseos y es algo que se repite constantemente en muchos autores como Canfield
o John Assaraf, quien en «El Secreto» decía que tenía unos antiguos tablones de
logros guardados en una caja desde hacía años y que un día la abrió y se puso a
llorar al ver que estaba viviendo en la casa que había puesto fotografiada en uno
de sus viejos tablones. No lo recordaba pero resulta que era la misma casa, no
una parecida sino esa exactamente.
Para quien no sepa de qué estoy hablando, en resumen, un tablón de logros o
panel de deseos (algunos también lo llaman mapa de deseos, mapa del éxito…)
es un tablón, por ejemplo un panel de corcho, en el que vas colgando o pegando
a modo de collage, fotografías o dibujos de tus deseos: un coche nuevo, una
casa, una novia… Con ello consigues ver de un vistazo tus fotografías o
fotomontajes.
Cada mañana te levantas y miras tu tablón de logros o deseos, o más que
mirar, lo “vives” tal y como he descrito en el apartado anterior.
He de decir que éste es uno de los recursos que mejor me ha funcionado.
Recuerdo que lo primero que incluí fue la fotografía de un IMAC. Hoy en día
me parece incluso ridículo desear eso; voy a la tienda y me lo compro; pero en
aquel entonces yo era un pipiolo con una paga de treinta euros a la semana. Es
más, el IMAC estaba tan lejos de mi realidad que nunca había visto ninguno en
persona, sólo en películas americanas, y ni tan siquiera sabía dónde podría
comprarlos. Pero al cabo de un tiempo, no demasiado, la asociación donde
colaboraba en mis ratos libres decidió hacer una revista. Como yo era el único
que manejaba algo de Photoshop me la encargaron a mí. Acepté encantado, me
gustan los retos. Y cuál fue mi sorpresa cuando llegué a la oficina de la
asociación y ahí había un IMAC. Lo habían comprado para mí, pensando en mí.
Pero yo no lo se había pedido a ningún miembro de la asociación, ni tan siquiera
lo había mencionado jamás a nadie. Lo único que había hecho era pegar una foto
en mi tablón de logros y visualizarlo todos los días dando «gracias por lo que ya
tengo y estoy recibiendo». El final de la historia riza el rizo: después de pasarlo
bastante mal aprendiendo a manejarlo, cuando ya sabía desenvolverme con él,
un mes después, la asociación decidió no hacer la revista pero me dijeron que me
llevara el IMAC a casa por si había que hacer algún folleto. Poco después la
asociación se disolvió y aquí estoy escribiendo este libro en el IMAC que deseé
y que no me costó ningún esfuerzo mental ni económico.
Otro logro más destacable surgido del tablón de logros fue cuando conseguí
mi primer empleo altamente remunerado. Escaneé mi libreta bancaria e hice un
fotomontaje borrando la remuneración que recibía y poniendo casi el doble, lo
imprimí al mismo tamaño que mi libreta bancaria original y lo pegué en mi
tablón. Cuando en la entrevista de trabajo me preguntaron si me parecería bien
cobrar esa misma cantidad de dinero que yo me había puesto en el fotomontaje
no me salió otra palabra que “perfecto”. Fue como presenciar un milagro,
recuerdo una sensación de aturdimiento al pensar que estaba presenciando un
milagro, era la cantidad exacta y en limpio, ni un euro más ni un euro menos.
Seguramente mi entrevistador me vería con el rostro pálido.
Después de este hecho mi fe hacia el tablón de logros es ciega y ya no he
dejado de utilizarlo nunca, todos mis deseos se convierten en fotos y
fotomontajes que pego en él y se ha convertido casi en un libro del futuro más
que de deseos. Pero, desde luego, todo no se cumple tan fácilmente como los
ejemplos que hemos visto. Los deseos se van haciendo cada vez más complejos
y el tablón de logros no te servirá siempre como técnica independiente sino que
es una herramienta más que hay que complementar con afirmaciones,
eliminación de bloqueos y todo lo que estamos viendo para así obtener grandes
objetivos/intenciones en el mínimo tiempo.

El mejor modo de usar el Tablón de Logros


Seamos realistas… a menos que tengas un despacho propio y cerrado con
llave (y si estás leyendo esto es poco probable que lo tengas) no queda nada bien
tener un tablón con fotos de deseos colgado en tu casa. Y mucho menos en el
dormitorio que es donde aconsejan tenerlo para verlo nada más te levantas. ¿Qué
dirían tus invitados? ¿Qué dirá tu pareja? Incluso teniendo un despacho propio,
entrarán visitas, la señora de la limpieza, tu jefe, tus compañeros… No es nada
práctico ni estético.
Además, es discutible que tu pareja y otras personas puedan/deban saber tus
deseos más íntimos porque podrían anular su eficacia. Esto lo vimos en el
capítulo en el que nos preguntábamos si era mejor mantener nuestros
objetivos/intenciones en secreto o compartirlos.

Entonces ¿cómo usar el tablón de logros si queremos mantener nuestros


deseos a resguardo?
Lo que yo hago (y recientemente me he enterado que Shakti Gawain ya lo
hacía de forma similar en los años ´70) es coger una cartulina típica, de un
bonito o llamativo color y la pliego dos veces de forma que quede igual o más
pequeña que el tamaño de mi libreta de trabajo de desarrollo personal (ahora uso
un carpesano de anillas pero la técnica es la misma) y luego pego una de las
caras de la cartulina en la tapa interior de mi libreta. Así, la cartulina queda
discretamente plegada al cerrar la libreta y cuando estoy a solas por la mañana la
puedo desplegar y comenzar a trabajar con ella.
Si es la primera vez que haces un tablón de logros y tampoco tienes
demasiadas fotos, por comodidad, es mejor que recortes la cartulina por la mitad
y la dobles una sola vez por la mitad, pegando una cara en la tapa de la libreta y
la otra quedará suelta para poder plegar bien. No tendrás que lidiar con un doble
pliego que es un poco más aparatoso.
En la parte de arriba de la cartulina añade bien grande y subrayado en
fluorescente esta afirmación que extraje de «Mercadotecnia Espiritual» de Joe
Vitale: “Gracias por todas las bendiciones que tengo y por todas las que
estoy recibiendo”. Lee la afirmación antes y después de cada sesión de
visualización con tu panel y te ayudará a sentir el agradecimiento como si ya
tuvieras tus deseos.
Ya verás como poco a poco te resultará mucho más fácil visualizar
correctamente. Al principio le darás vueltas y más vueltas a la misma imagen
pero al cabo de un tiempo en un segundo encenderás el “chip” de la
visualización y será como si de repente estuvieras allí, estuvieras conduciendo el
coche de tus sueños o viviendo en tu chaletito en primera línea de playa.

Qué incluir en el Tablón de Logros


Sobre todo el objetivo con el que estés trabajando ahora, la imagen final de
éxito.
Y luego el resto de deseos que quedaron pendientes en tu lista de deseos que
hicimos al principio pero que no se convirtieron en tu objetivo principal: casas,
coches, ordenadores, peso ideal (puede ser la imagen de una báscula marcando el
peso que quieres tener o una imagen tuya de cuando tenías el peso que ahora
quieres, salud (un análisis clínico con los resultados retocados), amor (una foto
tuya feliz con otra persona) y todo lo que se te ocurra que ayude a “confundir” la
realidad actual con lo que queremos que sea real muy pronto.
El Tablón de Agradecimiento
Ya hemos hablado largo y tendido del agradecimiento cuando hemos
aconsejado añadirlo a nuestras afirmaciones. Y es que ser agradecido, es tanto o
más importante que desear cosas nuevas. Por ello has de procurar darle al menos
la misma importancia. Y por eso, además del tablón de logros hecho con
cartulina y plegado en mi libreta, ideé el llamado tablón de agradecimientos, otra
cartulina plegada y pegada, esta vez en interior de la otra tapa de mi libreta, la
posterior.
Se trata de un collage de fotos de las cosas y personas por las que siento amor
y agradecimiento: mi esposa, mi hijo, mis padres, mis mascotas, mi casa, mi
coche, billetes que representan mis ganancias, incluso cosas tan nimias a primera
vista o que podemos dar por sentado como una ducha de agua caliente, la ropa
de mi armario, mi cama, mis cinco sentidos... Y en la parte de arriba la
afirmación bien grande y en amarillo «Gracias por todas las bendiciones que
tengo y por todas las que estoy recibiendo». Sí, es la misma que pusimos para
nuestro tablón de logros ¿Por qué la misma? porque quiero “confundir” a mi
subconsciente, quiero que mezcle las cosas de mi tablón de agradecimientos con
las cosas de mi tablón de deseos y crea que todo está ya cumplido, que siento
agradecimiento por mis deseos como si ya fueran una realidad como los de mi
tablón de agradecimiento.
Ahora tu trabajo es, nada más despertar, buscar un lugar tranquilo (puede ser
el baño, una habitación vacía, donde puedas estar solo y tranquilo) y te encierras
con tus tablones de logros. Te pones a mirar cuidadosamente el tablón de
agradecimientos, foto por foto SINTIENDO verdadero agradecimiento por cada
una de las cosas que has decidido pegar en tu cartulina. Y lee, si es posible en
voz alta, la afirmación de la parte superior.
Cuando acabes con los agradecimientos pasa a tu panel de deseos. Entonces
visualízate agradeciendo todo lo que “ya” tienes (siente agradecimiento como si
ya los tuvieras) y finaliza la sesión leyendo la afirmación de la parte superior.
Es muy importante que comiences con el tablón de agradecimientos porque
cuando llegues al tablón de deseos tu “Ser” ya estará predispuesto con
emociones de agradecimiento=alegría=amor y por lo tanto harán más efectiva la
atracción.
El Tablón de Logros y Agradecimientos
Durante la reescritura y testeo del sistema que estás aprendiendo en este
manual descubrí una posibilidad mucho más eficiente que los tablones de deseos
y agradecimientos a la que llamé “El Tablón de Logros y Agradecimientos”.
Como seguro que ya te imaginas se trata de un tablón que combina los otros dos.
Es decir, en lugar de hacer un tablón de deseos y pegarlo en una tapa de la libreta
y otro tablón de agradecimientos para la otra tapa y visualizar primero uno y
luego otro, realicé una sola cartulina en la que combinar en un collage de
fotos tanto los Deseos/intenciones/objetivos como las cosas por las que sentir
agradecimiento por ya tenerlas en el plano material; esto ayuda a sentir aún
más el agradecimiento por mis deseos como si ya fueran una realidad como
el resto de cosas del collage (que sí son reales en el plano físico). Y por supuesto
arriba del tablón está la afirmación que leo antes y después de visualizar,
«Gracias por todas las bendiciones que tengo y por todas las que estoy
recibiendo».
Es realmente emocionante ver cómo las imágenes que antes eran deseos pero
agradecías como si ya las tuvieras se van convirtiendo en realidades materiales y
van copando toda la cartulina, llegando a superar las cosas que aún no tienes
(pero tendrás).
Cuándo y dónde visualizar. Afirmaciones y
Visualización, la combinación perfecta
Visualización y afirmación deben ir de la mano para que la efectividad sea
máxima.
Así pues, no hay mejor momento y lugar para visualizar que cuando se está
afirmando, y ya hemos hablado de cómo crear la atmósfera adecuada antes de
afirmar.
La combinación es muy simple, cuando hablábamos de afirmar decíamos que
había que sentir lo que expresas. Sentir como si fuera ya una realidad. Y eso es
visualizar. Así que cuando estés afirmando ¡Visualiza tu logro! Y viceversa,
cuando estés visualizando, afirma.
Por ejemplo, puedes levantarte de buena mañana, ir al baño y mirándote al
espejo comenzar con tu pulsera de cuentas a afirmar, pero no de una manera
monótona y sin sentimiento sino visualizando, “recordando” ese momento de
éxito final y sintiendo agradecimiento.
Imaginemos que tu afirmación es: «Yo, Tom, ahora estoy de vacaciones en
Rusia, disfrutando de mi visita guiada por los palacios del Kremlin». No debes
repetir la afirmación monótonamente sin sentimiento sino visualizarte
caminando por los suelos encerados del Kremlin, casi resbalando, oliendo el olor
a madera de los muebles… y por supuesto, sintiéndote agradecido por la
experiencia que estás viviendo.
Si luego visualizas mediante tu Panel de Logros y Agradecimientos y
observas la típica foto del Kremlin que tienes pegada en tu panel, imagínate que
estás allí mismo, desde ese punto viendo ese maravilloso edificio, sintiendo el
frío de Moscú pero agradecido de hacer el viaje de tus sueños y ponte a repetir tu
afirmación como si estuvieras allí mismo recitándola.
Tal vez tu deseo no sea estar en un lugar exótico de viaje sino obtener un
objeto material como el IMAC que deseé o estar con la persona de tus sueños. Se
pueden combinar afirmaciones y visualización igualmente, por ejemplo
visualízate escribiendo tu afirmación «Yo, Alfred, ahora me siento agradecido de
estar escribiendo en mi nuevo IMAC» a la vez que estás realmente escribiendo
dicha afirmación. O visualízate tomando un refresco con el hombre ideal
mientras recitas tu afirmación «Yo, Paulina, me siento enamorada de un hombre
que me quiere y me respeta».
Nos adentraremos más en cómo practicar las afirmaciones y la Visualización
en el apartado dedicado a la rutina diaria.
El Desapego
Déjalo ir. El desapego frente a la obsesión
¿Cómo saber si me estoy “pasando” de practicar?
No sólo es positivo visualizar y afirmar a primera hora de la mañana por lo
que hemos comentado de estar más cerca del subconsciente; también es bueno
porque si haces tus ejercicios nada más levantarte ya te puedes quedar tranquilo
todo el día, sabiendo que tu ya has hecho tu trabajo. Ahora el trabajo
corresponde al Universo, tú sólo confía en él. No te obsesiones en practicar. No
te obsesiones en preocuparte por si se va a cumplir antes o después o por cómo
se va a cumplir… relájate… relájate...
Has de disfrutar del camino hasta tu meta, no obsesionarte con ella de tal
modo que sufras hasta no haberla obtenido. Porque, además, paradójicamente
eso repele la meta y nunca llegas a ella. ¿Por qué la repelo? Porque cuando te
obsesionas demasiado en tu objetivo, lo que realmente estás haciendo es
centrarte en tu carencia, es convertir tu deseo en una necesidad. Imaginemos que
tu objetivo/intención es tener un empleo estable, entonces haces tus ejercicios
por la mañana, tus afirmaciones y tu visualización, y te puedes relajar y confiar
en que tu trabajo te llegará pronto de la forma más inesperada (eso es desapego,
fe y confianza en el cumplimiento), pero si estás todo el dia pensando en que
necesitas un trabajo, necesitas un trabajo, necesitas un trabajo... lo que de verdad
estás lanzando al Universo es el mensaje de “no tengo trabajo”, “no tengo
trabajo”, “no tengo trabajo...” y la Ley de la Atracción te trae más de eso... de
“no tengo trabajo”.
¿Recuerdas que nos pusimos un tope de cincuenta afirmaciones por sesión
para no convertirlo en un arduo trabajo y hacerlo contraproducente? Pues esto es
lo mismo. No te obsesiones hasta el punto en que deje de ser divertido, deje de
ser un deseo y se convierta en una necesidad.
Precisamente la gurú Florence Scovel Shinn cuenta como una persona que no
podía encontrar trabajo fue a verla, confesandole que había estado buscando
empleo desesperadamente sin resultados, a lo que Scovel respondió que
precisamente el problema había estado en buscar «desesperadamente», pues el
triunfo llega con el abandono.
Como se escribió en el siglo V antes de Cristo en el Tao Te Ching, de Lao
Tzu, «Ríndete y tendrás éxito».
Más actualmente, Timothy Gallwey, considerado el padre del coaching
moderno, y autor de «El juego interior del tenis» entre otros, aprendió del gurú
Maharaj Ji y de su experiencia personal en la vida y en los negocios que cuando
se dejaba llevar y confiaba, siempre conseguía lo que quería mucho más
fácilmente que cuando peleaba por ello.
Hace ya un tiempo se me ocurrió la brillante idea de crear una afirmación
para encontrar dinero: «Yo, J. BlackSmith, ahora encuentro billetes por todas
partes, gracias». Una afirmación breve y clara para llegar de forma fácil y directa
al subconsciente. Era una especie de experimento para saber si funcionaría la
Ley de la Atracción con algo supuestamente tan “azaroso”. Convertí en una
rutina habitual repetirme mentalmente esta afirmación mientras caminaba por mi
ruta hacia la oficina, a la vez que miraba el suelo sin parar, esperando encontrar
5 o 10 euros (intentaba, erróneamente, predecir cómo encontrar dinero).
Comencé el lunes y lo hice hasta el viernes. El sábado no fui a la oficina y por lo
tanto cambié mi ruta y cogí el coche por lo que se me olvidó la afirmación y mi
pequeño objetivo/experimento. Me fui de compras a una librería muy concurrida
cuando vi que todo el mundo pisoteaba un billete de cinco euros. Me agaché y lo
cogí (sorprendentemente todos lo pisaban pero nadie lo veía, es lo que pasa
cuando no se está enfocado) y al agacharme vi que junto a él había otro de 10
euros. Desde que se creó el euro no recuerdo haber encontrado más de 10
céntimos y una semana después de repetir la afirmación, de golpe 15€.
Demasiado para atribuirlo a la casualidad.
De lo anterior quizá ya habrás podido deducir que en cuanto me “desapegué”
del objetivo/intención de encontrar dinero, lo “dejé ir”, me relajé, se me olvidó,
fue cuando empezó a funcionar, y lo hizo mejor que como me había imaginado.
Yo esperaba encontrar dinero en el suelo en mi camino habitual. Estaba casi
obsesionado en el “cómo”. Así, cometí dos errores graves. Obsesionarme y
pensar en el cómo.
La mayoría no nos gusta dejarnos llevar porque no hay lucha, como bien dice
Vitale, no hay drama y si no sentimos que estamos peleando nos da la sensación
que no estamos logrando nada y no podemos decir que al menos lo intentamos.
Lao Tzu dijo que la compulsión a luchar surge de la percepción de creer que
debemos ganar control sobre el mundo para sentirnos completos. Yo incluso
también añadiría que sin lucha no sentimos que lo merecemos. Pero la realidad
es que no hay que batallar, todo lo contrario. Hay que dejarse llevar,
“desapegarse” de la necesidad de “hacer algo” para obtener el resultado.
Paradójicamente lo que más resultados exitosos desprende es no intentar forzar
nada ni convencer a los demás, sólo moverse con el flujo y «dejar» que las cosas
ocurran por sí mismas. Abraham Hicks lo compara con tumbarse en un canoa y
dejarse llevar por el río, en lugar de remar y batallar contra la corriente.
Al fin y al cabo, como ya hemos explicado en el capítulo dedicado al
propósito, pelear supone querer adaptar las circunstancias a nuestros deseos
mediante la “fuerza” cuando lo que es realmente efectivo es establecer un
propósito adecuada para fluir con el cosmos.
¿Cómo voy a dejarlo ir si parece que todo me va
peor cuando empiezo a practicar con la Ley de la
Atracción?
Muchas veces echo en falta un capítulo así en los libros de autoayuda que leo.
Y es que en ocasiones puede que te lleves un disgusto mientras estás esperando
que un objetivo/intención se cumpla. Por ejemplo te piden algo ingrato en el
trabajo, se te estropea el automóvil cuando más lo necesitas, tus vacaciones se
anulan, un virus te arruina el ordenador… pueden ser mil cosas las que
provoquen en ti una reacción de rabia y malestar, un nerviosismo en el estómago
que sólo quieres que desaparezca.
Esto puede ocurrir muy a menudo. De hecho es hasta normal si seguimos la
filosofía de Vadim Zeland, según la cual, cuando estás en el camino de lograr tu
objetivo/intención puedes sufrir cambios bruscos e incómodos, esto se debe a
que estás cambiando de variante de tu realidad. Estás pasando de una vía de la
vida de fracaso a una vía de la vida de éxito y ese cruce de caminos puede verse
reflejado en tu realidad con situaciones poco agradables. La noche es más oscura
antes del amanecer… o como le dijo el Dr. Hew Len a Joe Vitale, espera a que la
mierda del ventilador te salpique en la cara.
El complejo y extenso vocabulario de Zeland habla de “péndulos” como
fuerzas excesivas que hay que evitar porque te alejan de tu objetivo/intención.
Pueden ser excesos en positivo o en negativo, pero en ambos casos son
perjudiciales. En positivo sería excederte en el entusiasmo y deseo por el
cumplimiento del objetivo/intención. Eso es malo. Hay que desearlo, hacer los
ejercicios de práctica de cada día y dejarlo ir, olvidarse de él, no obsesionarse, es
el desapego del que hablábamos. En negativo serían cabrearte por la situación
mala que te ha ocurrido en el trabajo. Pongamos por ejemplo que tu jefe te ha
puesto a ensobrar cartas cuando tu trabajo real es mucho más importante y eso te
enfada muchísimo. Esa rabia hacia tu jefe y hacia tu trabajo es también un
péndulo negativo. Así pues, para Zeland habría que ignorar el hecho negativo,
no darle importancia para que se desvanezca. En esta línea se encuentra Kolie
Crutcher («Electric Living: la ley de la atracción para escépticos») que aboga por
no sentirlo, no olerlo, no hacerle caso, en su lugar pensar en un
objetivo/intención más inspirador.
Pero seamos realistas. Todo esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
¿Qué hacemos entonces?

Recurso 1: Tomárselo con filosofía


Pensar que lo que te ha ocurrido es algo normal en el proceso de la
consecución del objetivo/intención, pues estás pasando a una vía del éxito.
Pronto pasará todo esto y estarás disfrutando de tu objetivo/intención.
Conseguirás trascender ese mal. Compara esa incomodidad que estás sufriendo,
por ejemplo ponerte a ensobrar, con lo que podría ser. Imagina que podrías estar
labrando al sol cobrando la mitad de lo que cobras. No puedes más que dar
gracias. ¿que tu mal es mucho peor que ensobrar? ¿que trabajas de madrugada
recogiendo basura apestosa o picando a oscuras en una mina de carbón? Léete el
libro «El hombre en busca del sentido». Es la segunda vez que te recomiendo
este libro imprescindible que debería ser de lectura obligada en los Institutos.
Antes te lo había mencionado cuando hablamos de sentirse agradecido por lo
que se tiene pero te lo vuelvo a recomendar por su importancia histórica y
psiquiátrica. Es la historia personal de Víktor Frankl, un psiquiatra que lo tenía
todo y fue deportado a cuatro campos de concentración donde perdió a toda su
familia.. Cuando lo lees tus problemas se convierten en nimiedades y además,
aprendes que siempre te quedará la última libertad, la elección de tu propia
actitud ante cualquier tipo de circunstancias. Te pueden obligar a ensobrar, pero
tú decides si tomártelo como una carga y una desvalorización de tu trabajo o
tomártelo como un juego y divertirte, por ejemplo, retándote a ver cuantos
ensobras en cinco minutos e intentar batir tu marca en los siguientes minutos. Tú
puedes decidir tu actitud. Después de lo de Frankl (y otros millones de judíos en
la Alemania nazi) ¿no te sientes ridículo por el hecho de que te moleste
ensobrar?
Otro librito muy recomendable en este sentido es «Fish!» de Stephen C.
Lundin, Harry Paul y John Christensen, donde se cuenta la historia de una
pescadería callejera que basa su gran éxito en la actitud que tienen los empleados
hacia el trabajo lanzándose el pescado entre bromas y chistes, una actitud que
contagia a clientes y viandantes. Compáralo con otras empleados de pescaderías
o incluso propietarios, que odian tener que “apestar” a pescado todo el día y
desean que llegue el final del día cuanto antes.
Alquílate
Otro punto de vista es el que tiene el autor de «Reality Transurfing», Vadim Zeland, según el cual si
estás en un trabajo que no te gusta y tu objetivo/intención es cambiar, lo que tienes que hacer es “alquilarte”
hasta que cumplas tu objetivo/intención, esto es, entrega tus manos y tu cabeza, pero no el corazón.
Alquilarse no significa, en absoluto, actuar de manera indisciplinada e irresponsable. Significa actuar con
indiferencia, sin obsesionarte, y no obstante, hacer lo necesario con precisión. Pero no te enfrasques en ese
trabajo que tan poco te gusta. Cumplirás un papel, como un actor, pero a la vez serás consciente y
observarás que sólo es un juego. Esta actitud de desapego hace que dejes de obsesionarte por el
cumplimiento de tu objetivo/intención o por el odio a tu trabajo.

Pero tal vez estés demasiado enrabietado y esto no es lo que querías oír así
que tengo más opciones para ti.

Recurso 2: repetir una afirmación


Si tienes que hacer un trabajo repetitivo y tedioso puedes acompañar la tarea
con la repetición mental de la afirmación que hayas construido para tu deseo. O
si estás muy enrabietado te sugiero que utilices esta afirmación de Mark Fisher
que ayuda eficazmente a tranquilizarse:
«Ten calma y sabe que yo soy Dios»
«Ten calma y sabe que yo soy Dios»
«Ten calma y sabe que yo soy Dios»
(...)
Repítelo mentalmente o si puedes en voz alta tanto como puedas hasta que se
disipe tu angustia. Lo hará.
Si te sientes incómodo con esa afirmación por sus connotaciones religiosas
puedes utilizar un mantra japonés que viene a significar lo mismo y tiene el
mismo efecto:
«HAMSA»
«HAMSA»
«HAMSA»
(...)
Una y otra vez, una y otra vez…
En cualquier caso lo mejor y más fácil es repetir tus propias afirmaciones, es
decir, las que hayas construido mediante este manual. Esto te situará en un punto
de vista más positivo, recordando ese deseo que pronto se convertirá en una
realidad.
Recurso 3: considérate responsable
En una caterva de libros de desarrollo personal se destaca la importancia de
sentirse responsables de todo lo que nos suceda. En este caso debemos sentir que
nosotros somos culpables de lo sucedido. ¿Te obligan a ensobrar, cosa que tú
odias? la culpa es tuya. Algo has hecho que te obliga a ensobrar, algo has hecho
para atraerlo. Pregúntate ¿qué he hecho yo para que esa persona me fastidie?
Saber esto de por sí seguramente no te calme. Pero hay una afirmación derivada
de esto que quizá te calme. Es del Dr. Hew Len, máximo exponente del
impronunciable método de curación hawaiano denominado Ho´oponopono (su
historia la cuenta Joe Vitale en el libro «Cero Límites» y su continuación «En el
Cero» donde comparte vivencias con el propio Dr. Hew Len quien lo toma, a
regañadientes, como pupilo):
«Lo siento mucho, por favor perdóname»
«Lo siento mucho, por favor perdóname»
«Lo siento mucho, por favor perdóname»
(...)
Una y otra vez, una y otra vez…
Reconócete culpable de la situación y pide perdón. Sí, sé que es difícil pedir
perdón cuando el fastidiado eres tú, pero hay que hacerlo, sintiéndolo de corazón
si quieres aliviarte.
Cuentan que el Dr. Hew Len consiguió curar a un pabellón entero de
delincuentes psicóticos teóricamente incurables, simplemente encerrándose en su
despacho, sintiéndose responsable de la enfermedad de esos pobres diablos y
pidiendo perdón con esa misma afirmación. ¿Cómo podía sentirse responsable
de ello? Pensaba que si él estaba allí, entonces era su culpa que todos los
delincuentes acabaran allí. Es como si todo se confabulara para que acabaran
allí, por su culpa. Así que se limitó a pedir perdón. Y se curaron, de hecho,
tuvieron que cerrar el pabellón por falta de pacientes.
Ante la rotundidad con la que el Dr. Hew Len afirma que somos responsables absolutos de todo,
muchos le hacen esta capciosa pregunta: «¿Y si has sufrido un accidente o una violación, también eres
responsables de eso?» Ante esto el Doctor responde con otra pregunta «¿Te has percatado que donde hay un
problema tú estás ahí?» Resulta bastante impactante leer esta respuesta del Dr. Hew Len pero cuanto menos
da para reflexionar.
¡Combínalos!
Y por supuesto puedes combinar varias de estas técnicas. Por ejemplo puedes
sentir que estás “alquilado” en ese tedioso trabajo mientras repites afirmaciones.
O puedes sentirte responsable como el Dr. Hew Len y a la vez mantener una
actitud positiva como los pescaderos de «Fish!».

Lo que nunca funciona


Darle vueltas y más vueltas al problema. Sólo generarás más y más rabia en
tu interior la cual siempre degenera en enfermedades y, cuanto menos, te aleja de
tu objetivo/intención. Recuerda el proverbio chino
“Si un problema tiene solución ¿Por qué preocuparse? y si no tiene solución
¿Por qué preocuparse?”
Y yo añado, si no tiene solución ¡cambia a una actitud más positiva y repite
una de las afirmaciones sin parar.

Resultados
Pueden ser muy diversos y sorprendentes, no sabes cómo acabará la historia.
Lo más común es que al disolverse esa rabia que tenías por ese hecho dejes de
darle importancia sin más y quizá no vuelva a repetirse la situación pero también
puede darse algún curioso y agradable giro de los acontecimientos. Por ejemplo,
ahora recuerdo un par de situaciones que me ocurrieron cuando trabajaba para
otros en las que apliqué los ejercicios arriba descritos.
En uno tenía que ir a una comida social a la que no me apetecía ir en absoluto
porque acudiría gente de la competencia que no me caía nada bien, y porque,
además, me parecía una pérdida de tiempo. Hoy me parece hasta ridículo cuando
pienso el inmenso odio que sentía hacia los que me obligaban a ir a fuerza de
contrato pero en aquel entonces me parecía “lógico” porque no lo veía con
perspectiva. Como ya estaba muy experimentado con la Ley de la Atracción,
pronto conseguí restarle importancia y calmarme con las afirmaciones, sin
embargo, eso no evitó mi obligación de acudir al evento, que era lo que más
deseaba, aunque resultó que no me pusieron en la misma mesa de la gente que
me repelía (algo muy fuera de lo común ya que en este evento siempre sentaban
en la misma mesa a los de nuestro gremio), me pusieron junto a unos
londinenses que me dieron con todo lujo de detalles los mejores lugares donde
acudir ¡en mis vacaciones en Londres que iban a producirse un par de semanas
después! Así que no sólo resultó una comida agradable sino fructífera. Además
ahorré mucho dinero en el viaje gracias a sus recomendaciones.
En otra ocasión mi jefe me instó a hacer unas veinte llamadas de teléfono,
cosa que me daba mucha tirria. Y sí, ya habrás deducido que no estoy hecho para
trabajar para otros. ¿Se creía que yo era su telefonista? Tenía cosas mucho más
importantes que hacer. Así que me fui enrabietado dando un portazo y me pasé
la tarde intentando calmarme, tomándomelo con filosofía y repitiendo las
afirmaciones hasta tranquilizarme. Cuando llegué al día siguiente mi compañero
que trabajaba por las tardes ya había hecho las llamadas. Resultó que a él le
encantaba ese tipo de trabajo.
Como has visto, a veces los resultados dan un giro inesperado y muy
agradable a los acontecimientos.
Aunque otras veces el problema simplemente puede desaparecer como por
arte de magia. Hace poco mi antiguo empleo volvió a traerme dolores de cabeza.
resulta que a veces, aunque consigues desvincularte de algo que no te gusta,
vuelve a surgir de alguna forma en tu vida. Resultó que dos antiguos empleados
tuvieron un juicio y uno de ellos me solicitaba acudir a testificar en su favor. Me
lo suplicó de tal forma que no pude decirle que no, sin embargo ello me ponía en
una situación muy comprometida de la que no quería ser partícipe y después de
darle el sí me arrepentí sobremanera. Estuve un par de días sintiendo el mismo
malestar que sentía cuando trabajaba para otros del que ya creía que me había
librado para siempre. Pero eché mano de algunas técnicas aquí descritas, cada
vez que recordaba que tenía que acudir a un juicio me sentía responsable de la
situación, como si yo mismo la hubiese creado y repetía la afirmación del Dr.
Hew Len y pensaba en mi próximo objetivo ya realizado y en cosas agradables.
De repente recibí un mensaje al móvil de mi antiguo compañero diciendo que en
realidad no era necesario que acudiera al Juicio. Simplemente Magia.
Las donaciones, el diezmo y el “Glad-Giving” como
máxima expresión de desapego al dinero
Para recibir hay que dar. Es así de sencillo y así de efectivo. “Dad y se os
dará” dice la Biblia.
Si realizas una donación de dinero volverá a ti multiplicado porque lo
estarás desestancando, haciéndolo fluir, circular. Pero es más, estarás
diciéndole al Universo que no eres un adicto al dinero, esto es, que tú
controlas el dinero en lugar de que él te controle a ti. Se trata de conseguir
un desapego al dinero. Recordemos lo perjudicial que puede ser el apego.
Dejas de centrarte en la carencia de dinero.
Un sacerdote visitó un convento francés en el que se atendían las necesidades
de numerosos niños. Sumamente desconsolada, una religiosa le dijo: «no
tenemos nada con lo que dar de comer a los niños, tendrán que regresar a casa
con el estómago vacío. No nos queda más que esta moneda de cinco francos». El
sacerdote tomó la moneda y la arrojó por la ventana diciendo: «ahora confiaréis
plenamente en Dios». Un rato después llegaron unos amigos con numerosos
donativos.
Esta historia que cuenta Florence Scovel Shinn muestra cómo, mientras las
monjas se aferraban al poco dinero que tenían, el dinero no fluía, estaba
estancado y permanecían adictas al dinero, el dinero las controlaba y, en
consecuencia, permanecían en la pobreza. Cuando no les quedó ni un franco al
que aferrarse sólo pudieron confiar en Dios, y fue cuando llegaron los frutos.
Pero no es necesario que arrojes todo tu dinero por la ventana para vencer tu
adicción al mismo y dejarlo fluir. Hay un método más sencillo y que seguro te
asustará menos: el glad-giving, algo así como “donar-contento”.
Su creador es Víctor Boc («Cómo resolver para siempre todos sus problemas
de dinero») quien, a mi entender, es quien mejor ha explicado, justificado y
perfeccionado la cuestión de la dependencia hacia el dinero y cómo librarse de
ella. El glad-giving consiste en donar un porcentaje de tus ganancias, como si
fuera un diezmo pero con serias diferencias. Antiguamente el diezmo era una
donación del 10% de las ganancias a la Iglesia para obtener la bendición de
Dios, práctica que se fue tergiversando hasta convertirse casi en un impuesto.
Pero el glad-giving es una donación feliz para convertir tu adicción o apego al
dinero en una “simple” preferencia y así atraerlo en abundancia, de hecho,
Florence Scovel Shinn también dijo que las donaciones deben ser «hechas con
amor y alegría, pues Dios ama al dador alegre».
Boc establece una serie de normas para donar eficazmente:
- Cuánto: Lo mejor es entre un 1% y un 5%. Es primordial que no estés
forzado a dar, que no resulte incómodo porque si lo estás perderá su sentido y
eficacia. Por eso empieza con un simple 1% de tu ganancia. Con eso ya basta y
empezarás a ver resultados, aunque si crees que necesitas dar más puedes dar
hasta un 5% pero no te excedas, no estás castigándote. Si das mucho dinero el
esfuerzo resulta demasiado difícil y el malestar aumenta lo que puede suponer
justo el efecto contrario. En caso de duda un 1% es suficiente.
- Cuándo: nada más lo recibas, así no lo olvidarás. No te molestes en
calcular deducciones de impuestos, deudas que han de pagarte en X días…
cuando recibas entonces paga inmediatamente un 1% y ya está.
- Dónde: A una organización que te interese de verdad, que creas que hace
una buena labor social, que coincida con tus ideales… Te hará sentir mejor y
hará que funcione mejor. No es un préstamo, no esperes devolución alguna. Si
recibes algo a cambio de la donación no es una verdadera donación.
- Y yo añadiría una norma más que aprendí de Alejandro Jodorowsky: que
sea anónima. Así evitas la obtención de un agradecimiento del beneficiario que
vendría a ser una contraprestación. El glad-giving por el que me siento más
satisfecho lo realicé un día de lluvia a un vagabundo mientras dormía en el suelo
sobre unos cartones mojados, cubierto con sólo un pequeño paraguas. ¿te
imaginas la alegría del pobre hombre cuando se debió ver la “milagrosa”
donación después de haber pasado un día tan penoso? Eso es suficiente pago y
no necesitas en absoluto esperar que te dé las gracias. Te demuestras a ti mismo
que no tienes apego por ese dinero y lo donas con alegría. Si haces la donación
esperando una gratificación del que la recibe no resulta tan efectiva.
La primera vez que usé este método obtuve resultados impresionantes, en
menos de 48 horas, en forma de ingresos inesperados. También he de decir que
aún era un joven estudiante sin más ingresos que una pequeña paga por lo que
cualquier ingreso era extraordinario. Hoy en día ya he adquirido la costumbre de
nada más recibo un ingreso hago un pago a una entidad que siento que necesita
la donación y para facilitarme la tarea, ya que todos los ingresos los obtengo
directamente en mi cuenta bancaria, busco organizaciones cuya donación sea
mediante Paypal o tarjeta de crédito (como Save the Children y Amnistía
Internacional), las tengo en mis “marcadores” o “favoritos” del navegador e
inmediatamente hago el ingreso.
En cualquier caso, no dones pensando en la recompensa que puedes obtener
gracias a la Ley del flujo del dinero, tienes que dar limpiamente, con
sentimiento, sin trampas, sabiendo que estás dando a alguien que lo necesita y
estás haciendo un bien.
Nuestro ya amigo Richard Wiseman, al autor que pretende desmitificar los
libros de autoayuda, menciona un estudio de Elizabeth Dunn para la Universidad
British Columbia en el que midió los patrones de felicidad según si el dinero se
invertía en regalos para uno mismo o en regalos para otros o donaciones. Una y
otra vez surgía el mismo patrón de resultados: los que gastaban más en otros
eran más felices que los que lo hacían en sí mismos.
Y no necesariamente estamos hablando de donaciones pecuniarias. Como
acertadamente apunta Jack Lawson, autor de «La mística del dinero» la donación
funciona también dando consejos, abrazos sinceros, tu tiempo… da y recibirás.
La Rutina
La necesaria creación de un hábito
En estos momentos tu zona de confort (en la que no tienes lo que deseas) es
más fuerte que tu deseo. O si seguimos la teoría de Anthony Robbins («Pasos de
Gigante», «Controle su destino», «Poder sin Límites»), es más doloroso cambiar
que quedarte donde estás, así que inconscientemente optas por el “más vale malo
conocido que bueno por conocer”. Así que debes crear una rutina nueva en la
que lo confortable sea atraer tus deseos en lugar de rechazarlos, obtengas más
placer persiguiendo tu deseo que quedándote en tu actual situación.
Convertir la repetición de las afirmaciones y la visualización en un hábito es
una forma de programarte para el éxito. Si un día lo haces y otro no, acabarás
por dejarlo antes de conseguir tu logro y creerás que nada de esto funciona ni ha
valido la pena. En el mejor de los casos volverás a leer otro libro de la Ley de la
Atracción y comenzarás de nuevo, pero en peor de los casos no volverás a creen
en la Ley.
Ciertamente será duro, esto no será una carrera de velocidad sino más bien
una maratón donde deberás tener más perseverancia y control mental que fuerza
física. Pero sólo será duro al principio, los primeros días, cuando aún dependas
sólo de la fuerza de voluntad, al cabo de unos días fluirás automáticamente y
será mucho más fácil llevar a cabo la rutina y después de un tiempo hasta te
sentirás incómodo ante la perspectiva de no hacer un día los ejercicios, como
aquel que cambia a una dieta vegetariana y al principio le resulta muy difícil
seguirla pero al cabo de un tiempo lo difícil ya es dejarse llevar por la tentación
de la carne roja.
Piénsalo de este modo ¿Acaso no cambiarás tu rutina habitual si consigues
esa nueva novia, ese nuevo empleo, esa nueva casa…? La vida está en constante
cambio y tú tienes que cambiar con ella o te quedarás estancado, como en
«¿Quién se ha llevado mi queso?» de Spencer Johnson, donde los ratoncitos que
se quedaban esperando que cambiaran las cosas (permanecían en su rutina
habitual, en su zona de confort) se morían de hambre y los que se movían en
busca de alternativas conseguían el éxito.
El problema suele ser que la gente primero quiere ver los cambios y luego ya
se adaptará, sin darse cuenta que es al revés, primero cambia tu actitud (y tu
rutina) y verás cómo llega el éxito.
Te lo ilustraré de la siguiente manera: imagina que quieres tener tableta de
chocolate en los abdominales y dices «Primero quiero la tableta y luego ya
adaptaré mi rutina para hacer ejercicios de abdominales». ¿A que es absurdo?
Pues así es como pensamos muchas veces.
Cuando dirigía la televisión observaba este suceso de forma alarmante en los
becarios, muchos ofrecían el mínimo rendimiento esperando que les
contratáramos y entonces dar lo mejor de sí. Querían tener la tableta antes de
hacer los abdominales. Lo más curioso es que el rendimiento era inversamente
proporcional al nivel académico, es decir, aquellos que llegaban con más
estudios que respaldaban sus (supuestos) conocimientos son los que menos
demostraban sus habilidades, esperando estar en nómina para “darlo todo”, sin
embargo, aquellos que conseguían la beca con los estudios mínimos son los que
más se esforzaba, más querían aprender, más horas se quedaban, más se ofrecían
para las tareas que los “Máster” de Universidades privadas rechazaban. Y por
supuesto, contratábamos a aquellos que demostraban día a día su esfuerzo y su
capacidad de aprendizaje, no a aquellos que se guardaban lo mejor de sí. Sin
embargo este fenómeno se repetía una y otra vez, pese a las advertencias que
siempre daba a los nuevos becarios sobre nuestra política de contratación que
premiaba la actitud más que la aptitud (como me imagino que hacen la mayoría
de empresas que se precien). Hubo un caso que se me ha quedado especialmente
grabado en la memoria, un joven inmigrante que llegó solo al país y consiguió la
beca con los requisitos mínimos (incluso los requisitos mínimos de estancia en el
país, bordeando la ilegalidad) y que pagó su formación profesional y
manutención pidiendo dinero por las calles mientras tocaba su guitarra, tarea a la
que volvía cuando acababa su trabajo en la televisión. Este chaval fue, con
diferencia, el que más dificultades personales tenía para desempeñarse al
máximo y sin embargo fue, con diferencia, el que más aportó a la empresa y a la
vez más aprendió de ella.
No esperes ver los cambios y luego adaptarte, primero cambia tú y entonces
los cambios vendrán solos.
Por suerte a continuación os presento algunas ideas de cómo hacer fácil los
cambios, por ejemplo creando una rutina diaria personal.
Mi rutina diaria
Permíteme antes mostrarte cuál es mi rutina diaria. No pretendo que la hagas exactamente igual, ni
mucho menos, pero espero que te sirva de inspiración y la adaptes a tu estilo de vida. Has de saber que esta
rutina la he seguido tanto en épocas de intenso trabajo como en épocas sin empleo o ahora que trabajo por
cuenta propia, ya que es una rutina muy simple que se puede hacer en cualquier momento y situación de la
vida.
Me despierto temprano, antes que mi mujer y mi hijo para evitar interrupciones, unas dos horas antes
que ellos (y antes de entrar a trabajar cuando lo hacía por cuenta ajena y tenía que seguir un horario) para
ocuparme de mi desarrollo personal lo que incluye la escritura, que es mi vocación y lo que me hace estar
alineado con mi propósito. Por eso, aunque anteriormente tuviera un trabajo que no “vibrara” con mi
propósito, tenía al menos un par de horas de tranquilidad para sentirme vivo y encauzar mi camino a lo que
de verdad deseaba de la vida.
Nada más despierto me voy directo al baño sin hacer ruido y me encierro para no molestar ni que me
molesten. Enciendo una luz suave para que no me despeje demasiado y mantenerme un tiempo medio
adormilado, lo que es un estado cercano al alfa y cómo ya hemos visto, más propicio para la Meditación y
los ejercicios de la Ley de la Atracción. Las bombillas que he instalado en el espejo del baño son cálidas y
muy tenues, pero si tú no tienes esa posibilidad puedes guardarte en el armario del baño una linterna o una
lámpara a pilas que sea suave. También puedes guardar un trozo de papel celofán de color amarillo o
naranja y rodear la bombilla o la linterna si la que tienes es muy fuerte. No recomiendo que utilices la
linterna del móvil ya que si empiezas a meterte en el móvil te podrías distraer y perder el estado “hipnótico”
que necesitamos. Tienes que intentar que todo sea lo más fácil y automático posible en esos momentos para
no “despertar” del todo.
Tras encender la luz lo primero es sacarme de mi muñeca la pulsera de cuentas (o lo segundo si
necesito orinar) y mirarme a los ojos en el espejo mientras recito en voz alta mis afirmaciones (o más bien
en voz baja, para no despertar a nadie) y con cada afirmación golpeo mi pecho con los dedos índice y
corazón de mi mano dominante. Con la otra mano voy pasando las cuentas, en total hago dos vueltas a la
pulsera debido al número de bolitas que tienes ésta. Con cada afirmación intento visualizar, vivir, el
momento en el que se cumpliría ese deseo/intención, sintiendo que lo estoy recibiendo en ese justo
momento, como si fuera el presente.
Voy al despacho, mi lugar sagrado, cierro la puerta y enciendo una tenue luz de flexo. Me siento frente
a mi escritorio, el cual me he asegurado el día anterior que permanece limpio y despejado, en él sólo hay un
cubilete con un par de bolis verdes y algún marcador fluorescente. Saco mi carpeta de anillas de desarrollo
personal L.A. 20/80 y despliego mi tablón de logros y agradecimientos que está hecho de cartulina y
plegado en la tapa delantera del carpesano. Respiro profundamente unas cuantas veces, sintiendo el aire
cómo entra y cómo sale y procedo al repaso de todas y cada una de las fotografías que contiene el tablón de
logros y agradecimientos, dando gracias por tener cada persona o cosa que contiene, mejor dicho, no doy
gracias sino que siento verdadero agradecimiento. Entre las fotografías que tengo están mi mujer, mi hijo,
mis padres, mis mascotas, mi Universidad, billetes, una imagen que representa los cinco sentidos, mi casa,
mi cama, mi armario abierto (mi ropa), una ducha caliente, algunos de mis libros… Y también las imágenes
de mis deseos. En esos momentos cierro los ojos para recrear mejor las situaciones donde “suceden” mis
deseos e intento mantener los ojos 20 grados hacia arriba para favorecer el estado alfa. No me doy prisa en
visualizar ya que quiero disfrutar el momento, no tomarlo como un ejercicio que tengo que hacer por
obligación. Intento variar de vez en cuando la situación que visualizo, por ejemplo, cuando quiero una casa
nueva, un día visualizo que viene a recibirme a la entrada mi hijo con un buen abrazo, otro día visualizo que
llego y estoy solo en casa y me pongo música a todo volumen, otro día visualizo que mi mujer me llama al
dormitorio y está esperándome con lencería sexy… Y como siempre acabo leyendo la afirmación de arriba
del tablón: “Gracias por todas las bendiciones que tengo y por todas las que estoy recibiendo”.
Después procedo a sacar del carpesano fotocopias de mi plantilla para escribir afirmaciones, la misma
plantilla que te he adjuntado en el Protocolo L.A. 20/80. Siempre tengo muchas fotocopias para no tener
que quedarme sin ellas a mitad proceso. Cuando va bajando el nivel de fotocopias hago más.
Arriba de la plantilla lo primero que escribo, en lugar de una afirmación es «el seguro»: “Por favor,
conciencia universal y subconsciente míos, que esto o algo mejor se cumpla en su momento justo de
maneras que sean para mi mayor bien y el de todos los involucrados. Gracias”
Escribo las afirmaciones despacio y con buena letra. La letra es muy pequeña, tanto para que me quepa
la afirmación como para asegurarme una buena concentración. Procuro ser consciente de los posibles signos
de conflicto o cooperación así como de mis reacciones mentales y si siento algo lo escribo en la columna de
la derecha. Si se trata algún signo muy evidente intento también fijarme en qué momento parece más
presente cuando escribo la afirmación, para ver si se trata de alguna palabra en concreto que entra en
conflicto con mi programación subconsciente.
En ocasiones, dependiendo del momento en el que se encuentre mi deseo/intención, después de escribir
las afirmaciones realizo otros ejercicios de la Ley de la Atracción como un desbloqueo u otros (carta al
Universo, contrato con el Universo, ejercicios del Perdón…), ejercicios que iré colgando poco a poco en la
web que tantas veces ya te he mencionado www.facebook.com/atraccionmasefectiva.
Marco en mi plantilla de Rutina L.A. 20/80 todos los ejercicios que he realizado.
Cuando acabo todo esto me pongo a trabajar en mi vocación, la escritura, de modo que después,
cuando todos ya han despertado, puedo realizar tareas que conlleven menos concentración, o cuando
trabajaba para otro pues me iba a trabajar.
Hago una parada para desayunar y mientras preparo el desayuno aprovecho para pedir gracias por todo
lo que se me ocurre: las tostadora, el pan de molde, el café… y todo lo relacionado.
A lo largo del día he creado la rutina por la cual, cuando me apetece un café o beber agua o lo que sea,
antes voy al servicio, me encierro, saco mi tarjeta de afirmaciones y las leo.
Cuando salgo de casa, junto a mis llaves y mis monedas tengo mi tarjeta con la afirmación escrita y mi
piedra del agradecimiento y me lo meto todo en el bolsillo. La piedra del agradecimiento no la he explicado
aquí porque me parece un extra de refuerzo y no he querido liarte con demasiadas cosas para que te
concentres en lo esencial, así que guardo la explicación para mi página de facebook, aunque como muchos
sabréis por «El Secreto», básicamente se trata de llevar siempre una pequeña piedra en tu bolsillo que te
recuerde, cada vez que la tomes o la dejes, que tienes que sentir agradecimiento. [Actualmente he refinado
el proceso y utilizo una “goma de borrar del agradecimiento” ya que la goma de borrar me sirve a las veces
de piedra del agradecimiento y de herramienta de limpieza del Ho´oponopono, pero eso es otra historia que
como te he dicho está en mi facebook].
Después de comer hago Meditación. De la manera tradicional aunque, en ocasiones en las que me
apetece menos, utilizo la música con sonidos binaurales que ya he comentado.
Después de la Meditación, si estoy muy interesado en un deseo hago más afirmaciones escritas y/o
algún ejercicio más de refuerzo.
A última hora de la tarde hago running con un MP3 en el que escucho las afirmaciones grabadas en
audio durante media hora. Luego me quito los auriculares o escucho música inspiradora para algún libro
que esté escribiendo.
En la ducha tengo cincuenta baldosas seleccionadas que uso a modo de guía para hacer otro tanto de
afirmaciones. Para no perderme con un poco de espuma marco cada fila de baldosas cuando la completo. En
este caso hago cincuenta afirmaciones en lugar de veinte porque las afirmaciones proclamadas tienen menos
poder que las escritas, especialmente si mientras tanto estás duchándote y la concentración es
irremediablemente menor. Pero esas cincuenta “poco poderosas” hacen más que no hacer nada. Y lo
importante es que te has creado una rutina y al final del mes aunque sean “poco poderosas” serán
centenares.
Por la noche vuelvo al despacho a realizar el monitoreo de todo el día y me aseguro de tener el
escritorio limpio y despejado para el día siguiente.
Cuando me está entrando el sueño me voy rápidamente a la cama y repito la afirmación con mi pulsera
de cuentas. Si me he acostado demasiado tarde para mí, me duermo con la afirmación que enseguida te
explicaré: “que cada hora de sueño se multiplique por dos”. Hay temporadas en las que también me pongo
los auriculares con la grabación de las afirmaciones mientras duermo.
Y básicamente eso es lo que hago cada día.
¿Te parece una rutina muy estricta o compleja?
Quizá un poco sí, pero déjame que te diga dos cosas:
Esta rutina no se consiguió de la noche a la mañana, costó tiempo y relativo esfuerzo y, sobre todo,
prueba y error. Por eso yo tampoco te voy a pedir que consigas una rutina equivalente desde el principio,
entre otras cosas porque sería muy costoso e iría contra el principio de 20/80 que vengo pregonando todo el
libro. Sólo tienes que hacer los ejercicios más básicos que además están marcados como columnas de color
blanco en la plantilla de Rutina L.A. 20/80. Las columnas que aparecen sombreadas son ejercicios extra que
puedes saltarte o ir incorporando poco a poco a medida que tu rutina de ejercicios básicos te resulte más
cómoda.
¿Si te ofrecieran un empleo en el que tuvieras que hacer todo esto a cambio de hacer realidad tus
deseos no lo cogerías con los ojos cerrados? Piensa bien en ello. Te lo voy a repetir: ¿Si te ofrecieran un
empleo en el que tuvieras que hacer todo esto a cambio de hacer realidad tus deseos no lo cogerías con los
ojos cerrados?
En cualquier caso a continuación tienes una serie de estrategias para facilitarte la creación de una
rutina.
¿Cómo conseguir una rutina?
Vadim Zeland aconseja aprovechar un hábito ya creado como la salida para
fumar o ir al baño para hacer algunas afirmaciones o visualizar o como, por
ejemplo, cuando te contaba que aprovechaba mi descanso del café para ir a leer
mi tarjeta de cartón.
Así que ten presente que tienes a tu disposición una gran herramienta al
aprovechar tus hobbys o vicios para propulsarte hacia tu objetivo. Salvando las
distancias vendría a ser como las naves de exploración planetarias. ¿Nunca te
has preguntado cómo pueden permanecer tantos años avanzando por la galaxia
con la misma energía? Es porque utilizan la propulsión de la propia gravedad de
los planetas (llamada asistencia gravitacional), no usan su propia energía, pasan
cerca de los planetas y éstos las “lanzan” hacia el siguiente planeta. Tú también
puedes usar tu propia propulsión natural o inherente a ti para propulsar lo que te
interese.
Un ejemplo práctico. Hubo una época en la que quise perder algo de peso
pero me ponía enfermo sólo pensar en ponerme a hacer gimnasia y no hacía más
que posponer el momento, o hacía dos días de running y lo dejaba. ¿Cómo
utilizar mi propia propulsión inconsciente para propulsarme a hacer algo que
odio tanto? Una de las cosas que más me propulsaban eran los videojuegos.
Puedo estar años sin coger un mando pero si empiezo un juego quizá no pare
hasta acabarlo. Sabía que eso era buena “gasolina” para avanzar, más fuerte
incluso que el freno que supone hacer ejercicio. Fue tan fácil como poner la
bicicleta estática frente al televisor y coger un mando. Me comprometí a jugar
sólo haciendo bicicleta. Cuanto más quisiera jugar más tendría que pedalear.
Encendí la mecha y a partir de ahí, cada día estaba ansioso por ponerme a
pedalear para coger la partida desde donde la dejé.
En resumen, que te haces servir de una rutina o de un vicio que ya tienes
interiorizado en tu zona de confort para que sea más sencillo realizar otra tarea
que está fuera de tu zona de confort (como realizar los ejercicios aquí descritos
que te acercarán a tu deseo.)
Puede ser tan sencillo como lo que hace Keith Ellis («La lámpara mágica»)
que aprovecha el camino en coche de su casa al trabajo para realizar sus
ejercicios de afirmaciones o visualización. Tú también puedes crear tu propio
hábito de visualizar o afirmar aprovechando una de tus rutinas como la ducha, el
cepillado de los dientes… Ahora bien, estas rutinas deben ser un complemento,
lo que nos interesa es crear una rutina de afirmar y visualizar antes de ir a
dormir y nada más levantarse ya que, como hemos visto son los momentos del
día en los que la Ley de la Atracción funciona con más eficacia. Así que ¿Cómo
“obligarnos” a una rutina tan específica?
Una manera de facilitar la creación del hábito es hacer lo que quieres
convertir en rutina siempre en el mismo lugar y a la misma hora, en este caso
deberíamos siempre acostarnos y levantarnos a la misma hora y realizar los
ejercicios en el mismo lugar, en el baño, en la propia cama… pero no ir
cambiando cada día.
Por supuesto, si tienes que ir a trabajar, levántate al menos diez minutos antes
de los normal para hacer las afirmaciones y la visualización, no te despiertes a
última hora y tener que irte a prisas y corriendo.
¿Qué te supone levantarte diez minutos antes de lo normal? Apenas supone
un esfuerzo y la recompensa final es mucho mayor. Si te dijeran que
levantándote diez minutos antes puedes conseguir tus sueños ¿no lo harías?
Acuéstate diez minutos antes de lo normal y ya está.
Ojo, usamos la frase “levantarse diez minutos antes” entendiendo que si de
normal te pones el despertador a las 08:00, te lo tendrás que poner a las 07:50
pero eso no significa que puedas estar 10 minutos tumbado en la cama hasta las
08:00. Toma conciencia que levantarse a las 7:50 ya no es levantarse 10 minutos
antes sino que a partir de hoy, levantarse a las 7:50 es “tu hora” de levantarse.
¡Ah! y de lunes a domingo. Si te gusta el fin de semana levantarte más tarde haz
lo siguiente. Levántate a las 7:50 (o la hora que tengas programada para cada
día) haz tus ejercicios o afirmaciones y vuélvete a acostar. Cogerás aún mejor la
cama. Pero implícate en hacer los ejercicios o no saldrás nunca de su situación.
¡Es muy importante que no te saltes ni un sólo día! Es verdad, tu vecino sale a
correr todos los días excepto los domingos. Pero él ya tiene creada la rutina y tú
no. Quizá hasta los domingos se encuentre incómodo por no salir a correr y el
lunes cuando vuelva a correr sentirá que se ha quitado un peso de encima. Yo
tengo un amigo con un currículum impresionante como atleta de élite y recuerdo
de cuando compartíamos piso en la universidad que no se saltaba su rutina de
entrenamiento ni el día de año nuevo.
Así que si de verdad quieres ver cumplidos tus objetivos/intenciones tienes
que convertir los ejercicios en un hábito que consiga que te sientas más cómodo
haciéndolos que sin hacerlos.
El inicio de una nueva rutina es la parte más delicada. Cualquier pequeño
obstáculo puede echarla al traste, puede hacerte desistir, rendirte. Así que hay
que eliminar cualquier injerencia, por mínima que sea.
He aquí un truco que ideé para conseguir una rutina a la hora de despertarme
temprano y escribir un libro y que tú puedes usar para crear una rutina de
levantarte antes y hacer tus afirmaciones. Me pagaba por seguir bien mi
rutina, era un premio, lo hacía placentero. Hice una especie de contrato
laboral por el cual cobraba una “nómina” por levantarme a las 06:30 y ponerme
a escribir un cierto número de palabras. Era como un escritor asalariado de mí
mismo. Todo el dinero que “ganaba” con mi “trabajo” de escritor iba a una caja
para pagarme la publicación y distribución del mismo, es decir, para
acercarme más a mi deseo final. Tú puedes crear un contrato laboral por el
cual tu empleador te paga si te levantas a “la hora” y cumples con los
ejercicios de la Ley de la Atracción. Además en ese contrato puedes incluir
un incentivo por objetivos y es que si cumples con toda tu rutina
¡efectivamente conseguirás tu deseo! ¿no es ese acaso el mejor incentivo? y
¿No es entonces el mejor trabajo del mundo? ¿por qué no disfrutar
haciéndolo?
Si vas a utilizar este truco te recomiendo que ese dinero que apartas para
pagarte lo saques del banco, lo toques, lo tengas físicamente para palparlo y lo
guardes en una caja con el nombre del deseo en el que vas a invertirlo, eso lo
hará más tangible, más real. Y por supuesto, el día en el que no cumplas la
rutina, sé inflexible contigo mismo y no te pagues, harás doloroso el hecho
de no cumplir. Sin darme cuenta estaba siguiendo la teoría de que
posteriormente conocí de Tony Robbins según la cual nuestras decisiones se
basan en perseguir el placer y evitar el dolor. Yo estaba haciendo placentero el
hecho de seguir una rutina (pagándome para conseguir un deseo) y si no la
seguía se hacía doloroso (pues no cobraba y me alejaba de mi deseo de ver
publicado y distribuido mi libro). Y no ha sido la única ocasión, también
vendrían a seguir la teoría placer/dolor de Robbins cuando convertía hacer
ejercicio en algo placentero con los videojuegos, o vinculaba el placer de tomar
café con las afirmaciones. Lo que vengo diciendo desde el principio de este
manual, todos los autores de todas las épocas al final dicen siempre lo mismo
con diferentes palabras.
Si eres de los que les cuesta levantarse de la cama
Si eres un lector habitual, una de las mejores recomendaciones que te puedo hacer es que no te limites
a una sola materia, que seas un lector heterogéneo porque descubrirás inesperadas joyitas que podrían
cambiarte la vida por arte de magia. Algo así me pasó con el diccionario de interpretación de los sueños del
español Javier Tapia, «El mensaje está en los sueños» Ediciones Abraxas (2004), en cuya introducción
ofrece, sorprendentemente, una afirmación (él lo llama programación de los sueños, otro podía haber
hablado de autosugestión, autohipnosis... el nombre es lo de menos) para levantarse como si hubieses
dormido el doble de tiempo, con resultados milagrosos. Se trata de repetirte mentalmente, ya en la cama,
mientras te estás quedando dormido:

“Que cada hora de sueño se multiplique por dos”

“Que cada hora de sueño se multiplique por dos”

“Que cada hora de sueño se multiplique por dos”

(...)

¡Es mano de santo! funciona desde la primera o segunda vez que lo practicas. Yo casi he convertido en
una rutina esta afirmación mientras me duermo y me levanto cada mañana a las 6:30 con gran vitalidad sin
importar si el día anterior me acosté a las 23:00 o a la 1:00. Nunca duermo más de siete o siete horas y
media, y no lo necesito. Además muchos estudios científicos sobre el sueño coinciden en que no se
requieren más de seis o siete horas de buen sueño. Lo de las ocho horas es un mito. Es mucho más
importante despertar durante un cambio de ciclo.

El excelente funcionamiento de esta técnica de Tapia reafirma la posición de Joseph Murphy y todos
aquellos autores que aseguran que el momento justo antes de dormirse es el mejor para realizar
afirmaciones.
¿Y si algún día me quedo dormido y no puedo hacer los ejercicios de primera
hora porque llegaría tarde a mi trabajo?
Si algún día te quedas dormido o por lo que sea llegas tarde y tienes la
tentación de saltarte tus afirmaciones de primera hora de la mañana piensa en
esto: la mayoría de los gurús de la gestión del tiempo tiene como premisa
principal dividir cada día las tareas en:
Importante-y-Urgente;
Importante-pero-no-Urgente;
Urgente-pero-no-importante; y
ni-Importante-ni-Urgente.
El problema que tenemos casi todos los humanos es que le damos prioridad a
lo Urgente. En algunos casos está justificado, cuando la tarea es Importante-y-
Urgente, pero en la mayoría de casos priorizamos lo Urgente-pero-no-importante
a lo Importante (creemos que cualquier cosa Urgente es importante, pero no es
así). Esto es un grave error porque vamos aplazando lo importante y acaba
convirtiéndose en Importante-y-Urgente. Y el estrés va en aumento,
inversamente proporcional a nuestra eficacia en la vida y el trabajo. LO
IMPORTANTE HA DE PRIORIZARSE ANTES QUE LO URGENTE-NO-
IMPORTANTE. Ahora piensa en los ejercicios de la plantilla del monitoreo
diario. Piensa para qué los estás haciendo. Los estás haciendo para conseguir los
mayores deseos de tu vida: un mejor trabajo, una pareja, una casa, salud,
felicidad, reconocimiento… ¿Acaso eso no son IMPORTANTÍSIMOS para ti?
Mucho más importantes que llegar un día tarde al trabajo o a una cita. Recuerda
que tus ejercicios son una tarea importante y debes priorizarlos sobre todo
lo demás. Si no los priorizas estás demostrando al Universo que esos deseos no
son importantes para ti, que ese trabajo al que tienes que llegar urgentemente es
más importante que el trabajo de tus sueños.
Además, ten en cuenta que la primera vez que tengas tentación de saltarte el
día será la más importante de todas porque si te lo saltas la primera vez, la
segunda vez que tengas tentación será más fácil (menos doloroso) saltártela, y la
tercera aún más fácil y la cuarta aún más… así que piénsatelo muy bien antes
de saltarte los ejercicios por primera vez.
Para más información sobre la organización de tareas y gestión del tiempo
recomiendo el best-seller de David Allen «Organízate con eficacia, edición
revisada noviembre 2015» (Empresa Activa) de donde extraje la idea de la
priorización de lo importante frente a lo urgente.
Pero tan importante como hacer cada día los ejercicios, por mucho que nos
pese al principio, es premiarse por los pasos cumplidos. De ahí lo bueno que
resulta el truco de pagarse cual asalariado por cumplir con los ejercicios. Pero el
premio también puede ser (o se puede sumar como un extra o incentivo, por
ejemplo después de una semana haciendo bien toda la rutina) un helado, una
escapadita, una cena romántica… lo que sea, pero que sea algo que no haces
habitualmente para recordarte que estás haciéndolo bien, que estás en la senda
del éxito, que te lo mereces y que está sucediendo gracias a tu planificación. Y
esto no sólo lo digo yo. En el famoso estudio sobre motivación que mencionaba
Wiseman, los participantes de éxito se habían asegurado de que cada uno de sus
objetivos secundarios supusiera una recompensa, algún pequeño premio. Pero
¡ojo! que no entre en conflicto con tu objetivo principal en sí. Ejemplo: no
puedes darte un atracón de chocolatinas para celebrar una semana de comida
sana.
Estos pequeños premios también suponen un “ancla” para los éxitos, un
pequeño recordatorio de que estás logrando objetivos. Si te comes un helado con
cada semana de logros, has creado un “ancla” de éxito en los helados y cualquier
otro día que comas un helado tu subconsciente lo asociará al éxito y reforzará tu
atracción hacia más éxito.
Hablaremos un poco más de los premios en el apartado dedicado al monitoreo
diario.
¿Cuánto tardará en convertirse en un hábito?
Muchos autores y gurús hablan de 21 días necesarios para la creación de un
hábito, pero esta aseveración crea ciertos problemas de interpretación porque 21
días coincide justo con los días de un mes sin sábados ni domingos por lo que es
fácil que te hayas planteado esta cuestión ¿he de practicar 21 días seguidos o
durante un mes sólo entre semana?
Los autores, gurús y practicantes de la Ley de la Atracción difieren mucho
entre sí, no hay una doctrina dominante. Yo me quedo con la investigación de la
NASA que escuché a Jack Canfield en una de sus conferencias según la cual,
estudiaron que el cerebro tardaba justo 30 días (seguidos) en adaptarse a una
tesitura totalmente nueva. La investigación fue de la siguiente manera: para
adaptarse a la situación del espacio donde no hay arriba ni abajo, o éstos no están
donde “deberían” estar (nada mejor que ver la película «Gravity» –Warner Bros.
Pictures. 2013– de Alfonso Cuarón para hacerse una idea) les hicieron ponerse
unas gafas especiales que invertían la visión, es decir, lo veían todo boca abajo,
una coyuntura radicalmente nueva, incluso ilógica, para el cerebro. Pues bien, la
NASA comprobó que los futuros astronautas tardaban justo 30 días en adaptarse
a esta nueva situación. Justo 30 días, momento a partir del cual podían realizar
las mismas tareas que realizaban antes de llevar gafas como ver la televisión o
conducir. De hecho, si se quitaban las gafas en ese momento veían al revés de
nuevo hasta que el cerebro se volvía a adaptar. Así de duro es el entrenamiento
de los astronautas. Pero lo que a nosotros más nos interesa es que cuando uno de
ellos se quitaba las gafas antes de llegar a los 30 días, su “contador” de días se
ponía a cero, o sea, que tardaba otros 30 días en adaptarse desde el día que se
quitaba las gafas.
Así que esta es la referencia que me parece más fiable y la que
escogeremos para nuestro Protocolo L.A. 20/80, el de 30 días seguidos, sin
interrupción.
Y para acabar con la anécdota de la NASA y como interesante curiosidad, por
si no lo sabías, realmente nosotros captamos las imágenes de forma invertida
(vemos el reflejo de la luz sobre los objetos, como un espejo) y es nuestro
cerebro el que las pone “al derecho”. Así que lo que hacían en la NASA no era
invertir las imágenes sino hacer que se vieran tal y como son o al menos tal y
como nos llegan realmente… una paradoja que da mucho que pensar.
Las ayudas para conseguir un hábito
Lo primero es tener un ambiente y unos materiales que la favorezcan. Si
te vas a hacer footing necesitas unas zapatillas cómodas y un lugar poco
transitado donde correr. Si empiezas tu rutina corriendo con zapatos de tacón por
la Calle Mayor, pronto te cansarás. Buscamos placer, no dolor.
Del lugar ya habíamos hablado en el capítulo dedicado a “Dónde afirmar”,
asegurando que debía ser un lugar tranquilo en el que no ser interrumpido.
El gran autor de bestsellers, Stephen King, aún cuando no había vendido una
sola historieta y vivía casi en la ruina en una destartalada caravana, creía a pies
juntillas en el principio de tener un lugar “propio” y cerrado (con la puerta
cerrada) para trabajar y se sentaba en la cama del dormitorio montándose una
mesita plegable para poner la máquina de escribir. Así de fiel a este principio has
de ser. No puedes trabajar con los niños correteando por ahí o tu pareja
pidiéndote esto o aquello.
Pero a ser posible, intenta tener un espacio más cómodo que una mesita
plegable en la cama, tenemos que hacer que la tarea sea lo más fácil y cómoda
posible. Placer frente a dolor.
Cuando vivía en un piso pequeño, mi mujer y yo decidimos montar en una
habitación un despacho para trabajar en nuestros hobbies, ella para su tienda de
moda online (https://www.facebook.com/miaferrer) y yo en mis afirmaciones y
mis libros. Los dos no podíamos trabajar a la vez porque nos interrumpíamos
constantemente. Por otro lado teníamos un bebé (que ya no es tan bebé) que nos
impedía trabajar más de 3 minutos seguidos. Así que poco a poco, casi
inconscientemente, creamos la rutina de yo despertarme a las 6:30 para afirmar y
hacer mis ejercicios un par de horas antes de ir a mi trabajo “de oficina” y antes
de que se despertaran mi esposa y mi bebé; y ella comenzar a trabajar a las 23:00
cuando yo y el bebé ya dormíamos plácidamente. Así nadie molestaba a nadie y
ambos teníamos nuestro par de horitas de tranquilidad para nuestras pasiones
personales.
Además del lugar tranquilo y personal necesitarás materiales adecuados:
Lo primero es una mesa despejada y ordenada ya que vas a escribir mucho,
centenares o miles de afirmaciones y cualquier “trasto” innecesario en un mesa
desviará tu atención. A mi me gusta tener en el escritorio sólo el monitor del
ordenador y un cubilete con dos bolis verdes, dos marcadores fluorescentes, unas
tijeras, pegamento de barra y tarjetas de cartón para mis afirmaciones. El teclado
lo tengo oculto para que no me moleste y sólo lo saco cuando voy
específicamente a realizar tareas con el ordenador, pero lo primero siempre son
mis afirmaciones escritas a mano.
Si te resulta imposible tener una mesa para ti solo, por ejemplo porque la
compartes con tu pareja, asegúrate que tu compañero o compañera recoja sus
cosas y te deje la mesa limpia para cuando llegues tú. Y por supuesto tú haz lo
mismo cuando acabes.
Deberías hacerte cuanto antes con un buen cuaderno de tapa dura, ya que
lo usarás todos los días, o bien un carpesano de anillas con un gran número de
hojas. Yo al principio empecé con cuadernos porque son más cómodos que el
carpesano y escribes una hoja detrás de la otra sin problemas de orden ni de
roturas de las hojas. Para empezar se debe PRIORIZAR TU COMODIDAD. Yo
ahora uso carpesano porque ya tengo una rutina creada y me muevo con muchos
objetivos/intenciones a la vez por lo que necesito más espacio, pero te
recomiendo empezar con una libreta de tapa dura. Mejor si no es excesivamente
gruesa, con demasiadas páginas, ya que ha de ser fácil de manejar, pero tampoco
que sea más pequeña que el tamaño folio estándar, es decir, no uses agendas ni
libretitas de tamaño DIN-A5 ya que habrá que pegar imágenes y hacer
resúmenes de una hoja y con muy poco espacio volveremos a la incomodidad.
Y bolígrafos cómodos. Vamos a escribir mucho y muy rápido. Yo uso de
tinta líquida porque la tinta fluye mejor pero tú usa los que mejor se adapten a ti,
si tienes una rutina creada de escribir con unos bolis determinados no voy a ser
yo quien te la rompa. Ten siempre de repuesto, que no se te acaben en mitad de
un ejercicio. Yo uso siempre el bolígrafo del mismo color (siempre lo mismo =
rutina), me gusta usar el verde porque puedo diferenciarlos de los típicos azul y
negro que se usan para “trabajar”, además, un curioso estudio de Andrew Elliot
de la University of Rochester sacó a la luz que escribir en color verde fomenta la
creatividad, cosa que siendo escritor me interesa mucho. Por otra parte, ya se ha
convertido en mi color para la realización de mis sueños y sujetarlo es como
decirle a mi subconsciente «¡Vamos a ello! empecemos a hacer realidad sueños».
Se ha convertido en un “anclaje” de mis éxitos. Tú también puedes escoger un
tipo de boli y un color con el que te sientas cómodo: rojo, rosa, verde, morado,
naranja, marrón… Pero pruébalo antes de comprarlo para asegurarte de su
legibilidad. Por ejemplo, sería difícil escribir con amarillo sobre papel blanco.
También deberías tener un marcador fluorescente para destacar conceptos y
titulares. Nuevamente de un color con el que te sientas cómodo y
preferiblemente otro más de repuesto.
Y, esto es muy importante. Un cubilete. Sí, has oído bien, un cubilete para los
dos o tres bolis y los marcadores fluorescentes para que estén siempre en su sitio
y no dando vueltas por el escritorio (y finalmente por toda la casa).
Necesitaremos una cartulina de cualquier color y de tamaño standard (esas
hojas grandes DIN-A2, que son como cuatro veces un folio), unas tijeras de
oficina y pegamento de barra para la creación del Tablones de Logros y
Agradecimientos. Este tablero está «vivo», es decir, irá cambiando con el
tiempo, irás pegando fotos nuevas y quitando cosas que ya no te interesan, de ahí
que tengas siempre «tus» tijeras y «tu» pegamento siempre disponibles y a mano
en tu cubilete.
Quizá todo esto te parezca una tontería, puedes decir cosas como «bueno, yo
ya tengo tijeras en casa, mi mujer las tiene en el costurero, y seguro que por los
cajones encuentro alguna libreta. Y ¿cubilete? Yo no necesito un maldito
cubilete para los bolis, vaya tontería» Pero si estás pensando esto es que no me
has entendido, no me he explicado bien: EL TRASUNTO DE TODO ESTO ES
FACILITAR LA TAREA AL MÁXIMO, para acabar con el vago que hay en
todos nosotros por naturaleza. Cuando tengas que levantarte antes de tu hora
habitual para hacer los ejercicios de afirmaciones antes de irte a trabajar, si
empiezas a tener que rebuscar donde están las tijeras, la libreta que al fin
encuentras está llena de apuntes de otras cosas, los bolis en lugar de estar en su
cubilete están no sé donde… todos esos pequeños obstáculos son los que te
complicarán la creación de una rutina, los que te impedirán levantarte antes de tu
hora para hacer los ejercicios y los que harán que lo dejes estar (una vez más) y
eches pestes de otro proceso más de la Ley de la Atracción que no funciona.
«¿En serio no puedo usar una libreta que no sea de tapa dura, un boli azul que
tengo por casa y unas tijeras de cocina que de normal no uso?»
Por poder… se puede. Pero no me digas que no mola más salir a hacer footing
con unas Nike nuevas que con tus viejas zapas… motivación, motivación,
motivación… cómprate ese material nuevo y ponlo en tu escritorio-altar como
tus herramientas sagradas para el cumplimiento de tus deseos. No dejes que tu
pareja o los niños te cojan ese material. Es sagrado.
Por eso, ojo… que sea también material EXCLUSIVO para tus ejercicios
de la Ley de la Atracción. No uses para estos ejercicios el mismo boli de la
encimera de la cocina (que siempre se pierde), ni la libreta de la lista de la
compra. Este material es sagrado y sólo lo debes usar para atraer tus deseos.
Al igual que tu espacio de trabajo debe ser sagrado.
De todos modos, te pregunto yo: «¿En serio no puedes simplemente comprar
esas cuatro cosas, seguir al pie de la letra estas sencillas instrucciones a cambio
de conseguir tus deseos?»

Superar momentos de debilidad durante tu rutina


Imaginemos que estás en tercer día de tu rutina, cuando aún es muy susceptible de irse al traste, con el
objetivo de perder quince kilogramos de peso. Pero ese día vas a cenar con unos amigos y todos se piden un
suculento helado. Estás muy tentado a pedir uno…
Tu deseo último es perder quince kilos. Tu deseo inmediato es comerte el helado.
Es tan “simple” como intercambiar sus lugares. Convierte tu deseo inmediato en algo que puedas
aplazar y convierte tu deseo último en algo que quieres ahora mismo. Osea, convierte el helado en algo
que puedas aplazar y convierte tu peso ideal en un problema que quieres afrontar ahora mismo.
Pero «¿cómo conseguir eficazmente este intercambio cuando a mí me apetece tanto comerme ese
helado tan real que tengo ahora mismo delante de mí y mi peso ideal queda tan distante en el tiempo?»
Existe una solución: imaginarlos en el mismo momento temporal.
Hazte este pregunta «Si pudiera elegir ¿Preferiría ahora mismo tener mi peso ideal o comerme un
helado?». La respuesta aparecerá obvia delante de ti y muy probablemente se te irán las ganas de comer.
O imaginemos que quieres establecerte el hábito de realizar tus afirmaciones escritas después de comer,
pero estás comiendo mientras ves la televisión y anuncian a continuación un interesantísimo programa. Pon
en el mismo momento temporal el fabuloso programa de televisión y fantástico deportivo que quieres
conseguir con tus afirmaciones «¿qué preferiría ahora mismo, tener el deportivo o ver la televisión?»
Finalmente, respecto la rutina, sólo me resta decirte que la manera más eficaz
de llevar el seguimiento es hacerte una tabla de Excel con 31 líneas que
representan los días del mes y una columna por cada ejercicio que te hayas
propuesto (afirmaciones, visualizaciones, Meditación...) y una última columna
más grande de “progresos, llamado “monitoreo”. Pero no te preocupes por eso
porque para facilitarte al máximo la tarea todo esto lo he incluido en el Protocolo
L.A. 20/80. Ahí tendrás una tabla que te ayudará a llevar el seguimiento de
tu rutina y ejercicios de la Ley de la Atracción. Será una herramienta de trabajo
crucial para facilitarte el cumplimiento de la rutina, motivarte y a la vez llevar un
control de tus progresos y de tus señales de retroalimentación, lo que llamamos
“monitoreo” y que veremos en capítulos posteriores.
A medida que vayas tachando en tu tabla los días que has completado con
éxito tus ejercicios, tu motivación irá in crescendo a la par que tu comodidad con
la nueva rutina por lo que cada vez te resultará más fácil seguir con la faena y
más difícil saltarte un día y tener que volver a empezar.
Actuar como si ya fuera una realidad
Ya hemos visto cómo en la visualización teníamos que imaginar (con los
cinco sentidos) que ya somos poseedores de aquello que anhelamos,
emocionarnos como si ya fuera una realidad. Ahora vamos un paso más allá.
Para reforzar la programación subconsciente que queremos, en nuestro día a día
tenemos que actuar también como si ya fuéramos poseedores de nuestro deseo o
estuviéramos preparándonos para recibirlo de inmediato. Dicho claramente, ve al
concesionario y prueba el vehículo que deseas, ve a la inmobiliaria, escribe una
carta de amor a tu pareja ideal como si ya estuvierais saliendo juntos… Una de
las mejores formas que conozco de adelgazar es, antes de empezar una dieta o
plan de ejercicios, aplicarte crema antiestrías o aceite de almendras para prevenir
las estrías que te pueden salir al adelgazar tanto tan rápidamente. Yo ahora
mismo tengo un chalet en la playa entre ceja y ceja y además de conocerlo de
memoria (como si ya fuera mío) por haberme descargado los planos, fotografías
y videos y visualizarme en él cada día, de vez en cuando conduzco hasta allí,
aparco delante del mismo, bajo y miro el buzón, a ver si hay alguna carta para
mí; evidentemente de momento no la hay pero estoy convencido al 100% que
algún día la habrá. Es una certeza absoluta. Lo sé. No sé cómo, simplemente
creo absolutamente en la Ley de la Atracción, sé que funciona. Luego me quedo
un rato sentado a la puerta recreando cómo sería entrar en esa casa, saludar a mi
mujer, o el día de la mudanza, colocando mis muebles, organizando el nuevo
despacho, etc. Antes de irme de allí me despido como si lo hiciera en mi propia
casa.
Mi mujer tiene una continuidad más o menos estable de pedidos en su tienda
de ropa online, pero en ocasiones se le va un poco la mano a la hora de comprar
stocks al por mayor y ha de vender más para sacarles rentabilidad, así que le
propuse que rellenara el mismo número de albaranes de envío que ventas quería
tener para ese día. Ponía la fecha y la firma, evidentemente dejando en blanco
los datos de los clientes pero era una buena forma de actuar como si ya fueran
una realidad esos pedidos. Fue sorprendente cómo ¡tan solo unos segundos
después de acabar los albaranes empezaron a llover los pedidos! además,
pedidos de cantidades más grandes de lo habitual y encima uno de ellos en
nuestra propia ciudad por lo que pudo llevárselo personalmente y ahorrarse los
gastos de envío. Lo curioso del asunto fue que una vez alcanzó la cifra de
pedidos que igualó al número de albaranes que había rellenado, las ventas
volvieron a normalizarse.
Scovel Shinn cuenta que una mujer que sufría problemas económicos se fijó
en el escaparate de una papelería en un bonito y esmaltado abridor de cartas y
pensó «Yo no tengo un abridor de cartas tan elegante como para abrir cartas que
contengan grandes cheques». Entonces lo compró y lo sostuvo en sus manos
cuando afirmaba y se visualizaba abriendo sobres que contenían cheques. Y, por
supuesto, el dinero llegó algunas semanas después.
Más ejemplos, si te quieres ir de viaje cómprate una maleta, convencido de
que vas a viajar (pese a que en el plano material aún no tengas el dinero
necesario o no te han concedido aún vacaciones en el trabajo) o compra un
callejero de la ciudad de destino y empieza a marcar en él los monumentos que
vas a visitar. O consulta el precio de los seguros del coche que deseas, ve a la
inmobiliaria y pide que te busquen la casa de tus sueños y ve comprando objetos
de decoración para ella, prepara una entrevista de trabajo para el empleo que
tienes pensado…
En resumen, haz los preparativos necesarios como si no tuvieses tiempo
que perder.
Mucho ojo porque al contrario también pasa, y desgraciadamente es lo más
común, así, la gente tiende a ahorrar «para cuando vengan las vacas flacas» o
«por si caigo enfermo» (caso de autónomos o en países sin seguridad social) y a
la postre lo que ocurre es que llegan los tiempos difíciles y caen enfermos. Y es
porque lo han atraído con sus constantes sentimientos de temor. En este caso en
el que están ahorrando para los malos tiempos, realmente están actuando «como
si… », ahorran para lo malo porque lo malo llegará. Si ahorraran para un viaje,
para un coche o para la Universidad, llegaría ese viaje, ese coche y esa carrera
universitaria, porque también estarían actuando como una realidad, pero en
positivo. Si te gusta ahorrar, lo mejor es que tus ahorros los metas en una hucha
con el nombre de tu deseo (“viaje a Cuba”, “televisión de 60 pulgadas”, “cámara
réflex”...) y nunca de una necesidad o algo que no quieras (“para urgencias”,
“impuestos”, “reparaciones”...)
Como refuerzo también puedes seguir los consejos de Zeland quien dice que
puedes aprovechar para buscar conexiones con tu objetivo en cualquier
momento, por ejemplo, si estás viendo una película y aparece un deportivo
descapotable parecido al que tienes en tu objetivo puedes tomarlo como una
señal de que vas por buen camino y constatar el hecho de que «pronto vas a
disponer de uno muy parecido» o si aparecen dos amantes besuqueándose
puedes dar por hecho de que «en breve tú vas a tener una relación amorosa
similar». Ojo, insisto, no se trataría de fantasear como si tú fueras el protagonista
de la peli con ese coche y esa chica sino de pensar que tú, con tu nombre y
apellidos, tu «Yo» va a disponer pronto de ello en el plano material.
Pasar a la Acción
Uno de los libros más antiguos que se conocen que habla de la Ley de la
Atracción, usando otros términos, es el decimonónico «El Kybalión», de autor o
autores desconocidos y que supuestamente revela un conocimiento milenario,
dice lo siguiente: «La posesión del conocimiento, si no va acompañada por una
manifestación y una expresión en la acción, es como acaparar metales preciosos:
una cosa vana y tonta. El conocimiento, como la riqueza, debe ser usado. La ley
del uso es universal, y aquél que la viole sufre por haber entrado en conflicto con
las fuerzas naturales».
Creo que sobra cualquier explicación. Ya este libro del siglo diecinueve nos
dice que acumular información (como leerte este libro) no sirve de nada si no
pasas a la acción (si cuando se presenta la oportunidad de hacer algo por tu
deseo te quedas paralizado). Como bien nos recuerda Jack Canfield, las últimas
letras de la “atracción” forman la palabra “acción”.
Lamentablemente en muchas ocasiones, en un afán por vender más libros,
algunos autores hacen que parezca innecesario hacer “algo” para crear milagros,
que basta con visualizar y afirmar. A veces sí que lo indican muy sutilmente,
restándole importancia para que no te eches atrás, pero también a veces somos
los lectores los que no sabemos interpretarlo o incluso no queremos oírlo
(leerlo). Queremos creer en los milagros, que exista una fórmula mágica para
evitar la incomodidad que supone hacer “algo”. Nos asusta pasar a la acción
aunque la acción sea mínima en comparación con los milagrosos resultados que
nos esperan.
Richard Wiseman también advierte del posible riesgo al visualizar el éxito
cuando uno se excede en su entusiasmo positivo y se cruza de brazos
esperando que el milagro caiga del cielo. En estos casos puede parecer que
visualizar el éxito sea contraproducente. De todos modos, aunque estoy de
acuerdo en que hay que pasar a la acción cuando sea oportuno, también cabe
mencionar que la teoría de Wiseman adolece de un error, y es que identifica
visualizar con fantasear. Así, Wiseman menciona un estudio de Gabriele
Oettingen y Thomas Wadden, de la University of Pennsylvania, en el que se
observó que los alumnos que frecuentemente fantaseaban con el éxito enviaban
menos currículums que el resto y obtenían menos resultados positivos.
Así que, primero no fantasees simplemente, visualiza como hemos estudiado
aquí, con los cinco sentidos y creyendo que ya es una realidad y no un posible
futuro; y en segundo lugar pasa a la acción cuando te llegue la inspiración.
Tampoco te asustes, pasar a la acción no requerirá de un enorme esfuerzo,
ni siquiera pienses en ello, porque con la Ley de la Atracción es más bien una
«acción-pasiva», sería pescar un deseo, más que cazarlo. No se trata de forzar
una situación (que como vimos, es perjudicial) sino de no rechazarla cuando
se presente.
La Ley de la Atracción lo que te reportará serán las oportunidades, las
ideas… te lo pondrá en bandeja de plata. Pero tú debes tomar la acción o sólo
se quedará en meras oportunidades. Oportunidades desperdiciadas.
Es posible que recuerdes una imagen de la película «El Secreto» en la que una
chica tímida busca amistad y un chico la invita en la playa a participar en un
juego de voleyball. En ese momento puede declinar la oferta y entonces se anula
todo progreso realizado con las afirmaciones o visualización; o puede aceptar la
invitación y poner su sueño a rodar.
Pasar a la acción cuando se presenta la oportunidad es clave.
Este punto, mejor explicado que en «El Secreto» (donde a veces ves milagros
como que de repente te regalan una bicicleta sin que hagas nada) está en la
película documental de Douglas Vermeeren «The Opus» (Zenith. 2012), muy
similar a «El Secreto», con declaraciones de grandes gurús, algunos de los cuales
ya salieron en la película de Byrne, por lo que algunos la llaman «El Secreto II».
«The Opus» contiene algunas frases muy buenas respecto a la toma de acciones:
“Sólo comienza. No te hagas preguntas paralizantes. Ten el valor de lanzarte sin
todas las respuestas. Sabe que las respuestas aparecerán en la acción”.
Quizá te digas algo del tipo «yo quiero conocer chicos pero soy muy
vergonzosa y sé que para conocer chicos he de ir a discotecas y bares y empezar
a hablar con ellos. Me niego rotundamente, no me atrevo, eso no va conmigo…
¿no es posible con las afirmaciones y la visualización que un chico venga a mí
sin tener que hacer yo nada?» o por ejemplo «quiero un nuevo trabajo pero con
mi trabajo actual no tengo tiempo a echar currículums y además tengo miedo de
que se enteren mis jefes que busco otro trabajo y me despidan».
Tener estos pensamientos es algo muy normal. Afortunadamente no tienes
que preocuparte por ellos. En realidad, no tienes que preocuparte por pasar a la
acción.
Con el proceso de desbloqueo conseguirás librarte de tus autosabotajes,
siendo la mayoría de ellos simples miedos que te paralizan para actuar.
Si haces bien tu trabajo pasarás inconscientemente a la acción, esta no te
supondrá ningún esfuerzo ni miedo, las oportunidades se te presentarán
“sin querer”, sin buscarlas conscientemente, sólo tienes que ser consciente
de las señales y no empeñarte, encabezonarte en no verlas. El capítulo
siguiente lo dedicaremos enteramente a saber distinguir las señales.
Joe Vitale lo llama “acción inspirada” porque es una acción que viene de
dentro de ti, no te esfuerzas por crearla, no te esfuerzas por buscarla en el
exterior.
Es como el que busca a la mujer de sus sueños, afirma y visualiza la mujer
ideal y cuando llega una chica perfecta y ésta comienza a tontear con él, coge y
se larga a casa, pensando que «no puede ser», nunca ninguna chica se ha querido
acercar a él y mucho menos una tan perfecta… no significa que te lances a
pedirle ir a cenar y al cine (lo que te podría resultar un esfuerzo enorme), pero
¡tampoco te largues a casa! Nota que el que una chica se interese por ti es una
señal positiva, tu acción consiste en seguirle la corriente a esa chica, hablar más
con ella y quedar otro día para continuar hablando. ¡Ya está, has pasado a la
acción casi sin darte cuenta!
Otro ejemplo, imagina que sufres una enfermedad y tu médico te recomienda
un tratamiento experimental con ayahuasca del Amazonas. No te niegues
rotundamente pensando que «ya has probado de todo y nada funciona» o
cualquier otro argumento. Ahí hay una señal, coge el guante.
La primera vez que usé afirmaciones, a los 18 años, me propuse ser locutor de
radio. Era uno de mis sueños desde pequeño, había hecho un cursillo a los 15
años y me pasaba el día presentando en voz alta las canciones de mis CD´s
cuando empezaban a sonar. Creía que no lo hacía mal, o por lo menos desde
dentro de mi cabeza sonaba bien. Y quería trabajar profesionalmente en el
medio. El verano que cumplí los 17 ya había intentado alcanzar mi sueño
ayudado por mi “inquebrantable” fuerza de voluntad, durante meses grabé y
edité una maqueta hasta que la consideré perfecta, superior a la mayoría de
programas de corte similar que se podían escuchar en las frecuencias de mi
ciudad, entonces la llevé personalmente a todas las emisoras de radio de la zona
esperando poder cubrir las vacaciones de algún locutor, sin éxito. Pero el
siguiente verano mi estrategia iba a ser muy diferente, simplemente repetiría mi
afirmación tal y como la había aprendido de Mark Fisher. Al cabo de un mes
repitiendo la afirmación lo conseguí, sin presentar ninguna maqueta a nadie.
¿Qué pasó «en la vida real» durante ese mes que afirmaba sin parar? A mí me
daba muchísima vergüenza ir a hablar con los directores de las emisoras
personalmente para pedirles una oportunidad después de haber presentado ya
una maqueta el verano anterior sin haber obtenido respuesta, por lo que el miedo
al rechazo aún era mayor. No quería que pensaran que soy un niñato pesado y
por mi cabeza pasaban frases del director del tipo «¿qué quieres tú, chaval
engreído? ¿qué te has creído viniendo aquí por la cara sin un título de
periodismo ni de comunicación audiovisual, ni experiencia, ni nada que se le
parezca? ¡Si ni tan siquiera sabes manejar una mesa de mezclas! ¡vete de aquí
corriendo antes de que te coma! ¡Grrrraaaaauuu!». Pero hice mis afirmaciones y
me visualicé manejando la mesa de mezclas, entonces las ideas comenzaron a
revoloteaban por mi cabeza. Descubrí que dentro del grupo empresarial de una
emisora había también una televisión (bajo la misma dirección) en la que
trabajaba de técnico de sonido un antiguo compañero de Instituto que, además,
manejaba perfectamente las mesas de mezclas, y le encantaba la música (de
hecho, hoy en día tiene una próspera cadena de discomóviles) así que mi plan
era que fuera él quien, desde dentro, le propusiera al director el reto de crear
entre él y yo un programa de radio. Mi amigo era casi tan vergonzoso como yo
para pedir las cosas, el típico técnico que se metía en sus cascos, no hablaba con
nadie, y le daba mucho reparo hablar con su jefe para pedirle nada,
especialmente porque era “el nuevo”. Pero pasé a la acción simplemente
facilitándole las cosas. Con el entusiasmo que me proporcionaba la certeza
absoluta de conseguirlo gracias a las afirmaciones, creé fácil y rápidamente un
proyecto, como un plan de negocio para un programa radiofónico, con guiones
de los primeros programas. Investigué la propia emisora y a las de la
competencia y en es ese momento nadie estaba haciendo un magazine de humor
en la ciudad. Era perfecto pues, pese a lo vergonzoso de mi amigo, él ha nacido
para la comedia, tiene un don natural para ella y a mí me encanta escribir humor,
por lo que ese era el programa que teníamos que hacer. Mi amigo sólo tuvo que
entregarle a su jefe el proyecto de «su amigo friki» y a esperar.
Me impacientaba (dudas, miedos… todo eso negativo de lo que ya hemos
hablado) pero yo continuaba entusiasmadamente afirmando sin parar, en la
ducha, mientras me dormía, al levantarme... Cada vez que le preguntaba a mi
amigo obtenía respuestas del tipo «no… eh…. aún no he podido hablar con
él...». En ese momento yo podía haberlo dejado estar, esperar a ver si pasaba
algo “milagrosamente”. Por supuesto no hubiese pasado nada y no hubiese
creído en el poder de la Ley de la Atracción y quizá nunca más la hubiera usado
ni escrito este libro. Pero decidí afirmar, afirmar y afirmar sin parar con el
convencimiento absoluto (que otros hubiesen llamado “ingenuo”) de que
acabaría trabajando allí. Al final mi amigo habló con el director y éste dijo que
no había presupuesto para hacerlo. Nuevamente podía haberme rendido y enviar
a la basura la Ley de la Atracción pero, como continuaba afirmando con mucha
fe, seguían llegándome inspiraciones para pasar a la acción, así como
oportunidades. Descubrimos que en el grupo empresarial había un comercial
muy joven y entusiasta, como nosotros, al que también le gustaba el mundillo de
la radio y lo convencimos para meterse en el proyecto, consiguiendo los
anunciantes que necesitábamos para el programa. Retoqué los guiones para
incluirlo a él y a los patrocinadores en el programa y el director aceptó. Empecé
a trabajar en la radio siendo el conductor y locutor principal de un magazine de
humor. No había tenido que hablar con el director ni una sola palabra, cosa que
para cualquier persona hubiese sido “lo razonable”.
Si te has fijado, yo pasé a la acción cuando me sentí inspirado, gracias a
afirmar sin parar, pero no hice nada que no quisiera hacer, no tuve que
enfrentarme a la cara al director para pedirle trabajo, que era lo que más temía.
Fui creando un plan perfecto pero sobre la marcha, no calculado fríamente por
mi cerebro sino surgido desde las inspiraciones. Lo más importante era afirmar
sin parar y no pensar en que debía emprender una acción incómoda.
Simplemente hacía según me venía la inspiración y ya está. Pero sin dejar
escapar ninguno de los pececitos de la inspiración por desidia, pereza o por
rendición.
¡Eso es pasar a la acción! trabajar en tu proyecto cuando te sientas inspirado
mientras afirmas y visualizas, no forzar la situación y las circunstancias para que
se adapten a lo que tu quieres.
Si te has dado cuenta, de nada sirvió forzar la acción, presentar maquetas a
todas las emisoras, es decir, de nada sirvió ajustarse al plan lógico o razonable
que sería: “si eres buen locutor, hay motivos para contratarte”. De hecho, acabé
haciendo un programa en la emisora sin que me hubiera escuchado antes el
director. Según el prestigioso sociólogo canadiense y escritor de la revista Times
de Nueva York, Malcolm Gladwell (un genio que hay que leer con libros como
Fueras de serie, por qué unas personas tienen éxito y otras no, La clave del éxito
o Inteligencia Intuitiva) sólo el 15% de los trabajos se consiguen mediante la
entrega de CV, el resto se consiguen mediante contactos. Un dato tan curioso
como cierto. Al leerlo sobre papel parece falso pero si te pones a recapacitar y
recordar empiezan a aparecer ejemplos en tu vida, tanto tuyos como de
familiares y amigos.
¿Cómo acabó esta historia? Descubrí lo importante que es la “concreción” en
tus afirmaciones. La mía, por ejemplo decía simplemente que «quería un
programa propio en una emisora de radio», pero no me puse sueldo, no dije que
quería estar en nómina. La consecuencia fue que el comercial no consiguió
ninguna publicidad y nunca cobramos nada de ese programa. En ese momento
en el que aún me mantenían mis padres yo era feliz así, pero mis compañeros del
programa se fueron retirando y me quedé yo sólo en la radio. Literalmente.
Aprendí a usar las mesas de mezclas e incluso hacía las desconexiones con la
emisora nacional y cerraba el local. Cuando llegó el verano y la emisora se
quedó sin trabajadores yo pedí algo de dinero, al menos para los
desplazamientos, y se me negó, preferían estar todo el verano con música
programada sin un sólo locutor. Así que pese a mi placer al hacer radio, mi
orgullo frente a la explotación y mis necesidades básicas eran más importantes,
así que lo dejé. Comencé a afirmar para trabajar, esta vez cobrando, pinchando
música en pubs. Lo conseguí casi inmediatamente. Nuevamente mediante
contactos. No tuve que hacer ninguna entrevista de trabajo ni demostrar nada a
nadie. Mi única acción fue buscar amigos en el mundillo y colarme. Pero algo de
acción ha de haberla, aunque al ser inspirada se produce casi inconscientemente.
Viéndolo en perspectiva me doy cuenta que quizá tenía que haber hecho
afirmaciones para rectificar mi error de falta de concreción, del tipo «ahora mi
programa tiene cinco patrocinadores» o «valoran mi trabajo y me pagan 300
euros al mes». Pero supongo que simplemente se me fueron las ganas de seguir
allí.
Lo más gracioso es que cinco o seis años después, volví a esa misma
radiotelevisión pero esta vez no como locutor sino a la dirección, al tiempo que
se iba aquel director que me negó un sueldo. Y sucedió gracias a la Ley de la
Atracción, por supuesto, y a que cada vez mi visualización y afirmaciones iban
haciéndose más poderosas. Pero esa es otra historia.
Otro ejemplo más sobre pasar a la acción en el que quizá te sientas
identificado. En el último trabajo que tuve antes de pasar a trabajar por cuenta
propia me daba mucho miedo pedir un aumento de sueldo. Yo había tenido un
niño, quería más dinero y trabajaba duro para que mi jefe se fijara, pero a la vez
me daba tremendo pánico mirar a la cara a mi jefe y pedirle más dinero,
especialmente porque siempre se quejaba de que no había dinero, de lo mucho
que cuesta sacar adelante la empresa... Y tampoco quería suplicarle un aumento
a costa de haber tenido un hijo. En mi casa me enseñaron a que tienes que
trabajar duro para ganar más (un error fatal que ya he superado). Pero hice
afirmaciones para ver cómo se solucionaba esto. Simplemente pedía ganar el
doble de lo que estaba ganando, sin tener idea de cómo se iba a producir este
aumento. Entonces surgió la oportunidad para pasar a la acción. Al dueño de la
empresa se le ocurrió la fantástica idea de que la empresa podía ganar el doble si
el mismo número de trabajadores hacíamos el doble de trabajo, una idea de una
“gran visión” para los negocios. Pero gracias a eso no me costó ningún esfuerzo
pedirle el doble de dinero a mi jefe, ya que íbamos a trabajar el doble. Se lo pedí
de la mejor forma que se me ocurrió, haciéndole una pregunta capciosa:
«Bueno… ahora que el dueño ha pedido que trabajemos el doble ¿No me
negarás que ahora mereceremos el doble de sueldo, no?» No podía decir que no
lo mereciéramos, claro y aunque en teoría eso desvirtuaba el sentido de por qué
se hacía, como ningún otro trabajador se había atrevido a proponerlo, duplicarme
el sueldo sólo a mí no suponía un coste exagerado para la empresa. Al final el
trabajo no sólo no fue superior sino al contrario, ya que creé una plantilla y un
sistema para hacer el trabajo en cadena y lo hice más sencillo por lo que
trabajaba la mitad que antes cobrando el doble.
En este ejemplo también se puede leer entrelineas otra cuestión importante: a
veces parece que tras empezar a realizar tus ejercicios de la Ley de la Atracción
tu mundo se viene abajo y la situación parece que empeora en lugar de mejorar.
¡Imagínate cómo me sentí cuando comencé a realizar afirmaciones para cobrar el
doble y el jefe anuncia que a partir de ese momento lo que nos duplicaban era el
trabajo! Pero al estar ya muy familiarizado con la Ley de la Atracción supe ver
enseguida que no se trataba de un castigo sino de una oportunidad que me
brindaba el Universo para actuar sin miedo, tenía una inmejorable excusa para
obtener lo que quería.
Así que, aunque temas pedir un aumento de sueldo o lo que sea, no te
preocupes, sólo visualiza, afirma lo que desees y desbloquea tus dudas y miedos
y ya veremos cómo se las ingenia el Universo para facilitarte las cosas. Y cuando
creas que el Universo te lo ha puesto cuesta arriba detente y recapacita si no será
una oportunidad encubierta, en caso de no ver la oportunidad continúa afirmando
y visualizando con fe ciega.
A veces lo que nos empuja a actuar no es una señal clara sino una “idea”.
Entonces, muchos me preguntan
«¿Cómo voy a saber si he de pasar a la acción cuando tengo una idea si se
supone que he de intentar no averiguar el “cómo”?» «¿Cómo sabré si no he sido
“yo” quien ha creado forzosamente esa idea para ajustarla a mis necesidades?»
Se trata de una lucha entre la INTUICIÓN y la RAZÓN, entre el inconsciente
y la consciencia.
En la teoría, leyéndolo en este u otros libros, parece muy complicado
discernir las diferencias. Sin embargo, en la práctica real es mucho más sencillo
porque cuando te llegue la inspiración para actuar te vendrá como un «eureka»,
una sensación de claridad al estilo de «lo tenía delante de mis ojos y no me había
dado cuenta», un segundo de iluminación. Los “cómo” falsos vienen cuando
estás forzando respuestas con la mente racional, con la consciencia, mucho más
limitada que cuando te llegan del inconsciente (o del Universo, la conciencia
Universal…). Cuando te venga a la cabeza un “cómo” o un siguiente paso para
actuar tienes que intentar dilucidar de dónde ha llegado ese pensamiento. Los
“cómo” falsos, los que vienen de la razón, de la consciencia, suelen llegarte
cuando estás pensando conscientemente en tu objetivo y te confunden porque
piensas que es una solución “razonable” a tu problema. Los “cómo” verdaderos
cuando te lleguen te darás cuenta de inmediato que son verdaderos, no albergan
dudas y te entusiasman y empujan a actuar de inmediato, además, suelen
producirse cuando el origen es tu inconsciente en lugar de tu consciente, lo que
suele producirse siempre que éste está distraído (realizando una tarea repetitiva,
de esas que haces automáticamente, sin darte cuenta, intuitivamente
¡inconscientemente! como puede ser conducir, ducharte, plancharte el pelo, lavar
los platos…) o cuando estás en estado alfa, meditativo o de somnolencia.
En resumen, cuando te llegue a la mente un “cómo” razonable pero que no te
entusiasme ni te empuje a la acción de inmediato… desconfía. Cuando te venga
a la mente un “cómo” de los buenos no necesitarás que nadie te reafirme,
simplemente lo sabrás intuitivamente y actuarás sin demora, sin dudas y sin
pensar en posibles obstáculos que te detengan. Pero para que te lleguen esos
“cómo” hay que afirmar, desbloquear y visualizar.
Para ayudarte a dilucidar si se trata de una llamada a la acción de la Ley de la
Atracción, es importante que estés muy atento a las señales que te va lanzando el
Universo.
La retroalimentación: señales de conflicto y de
cooperación
Si te llega una señal para que actúes, para que te lances a por ello, pero no
eres capaz de verla o interpretarla como tal, no sirve de nada todo lo que estás
haciendo en aras de conseguir tu deseo.
¿Recuerdas cuando en el capítulo de las afirmaciones hablábamos de buscar
señales de retroalimentación (de conflicto y cooperación) de nuestra mente y
nuestro cuerpo para saber si estábamos en buen o mal camino? Pues lo mismo
vamos a hacer en el mundo externo para ver si lo estamos haciendo bien cuando
pasemos a la acción. Buscaremos señales, pistas.
Cuando hice la afirmación para encontrar un nuevo reto que me hiciera
levantarme temprano por las mañanas surgió la idea de este libro. Me empecé a
levantar temprano como yo quería pero en lugar de ponerme a escribir el libro
empecé a hacer más ejercicios de visualización y afirmaciones para que saliera
bien el libro y otros objetivos/intenciones que tenía en mente. De pronto me puse
enfermo de gripe. Cuando me pongo enfermo sé que algo he hecho mal. Estoy
acostumbrado a notar que una enfermedad es un indicio de que me estoy
desviando en algún sentido del camino. Pero no lograba ver qué era. De pronto
no sólo no me apetecía levantarme temprano sino que además tenía una excusa,
estaba enfermito. Pero no encontraba lo que estaba mal. De repente los
accidentes se fueron multiplicando: un esguince en el brazo, luego otro en el
cuello, me cae un destornillador usando chanclas y me rebota haciéndome sangre
en tres dedos del pie, se me rompen cuatro vasos (en diferentes momentos de la
misma semana), mi hijo se pilla un dedo con la puerta delante de mí, mi mujer y
el bebé se resfrían… me empezaba a dar miedo que las consecuencias de lo que
iba mal en mí afectara también a mi familia. Era innegable que algo estaba
haciendo mal ¿el qué? Tardé en darme cuenta que el problema era ¡que no había
pasado a la acción! Ya tenía la respuesta a mis plegarias, ya sabía lo que tenía
que hacer (escribir un libro) pero no lo hacía, ibra procrastinando la escritura.
Como habrás deducido, en cuanto me puse de lleno con el libro volví a
levantarme temprano con ilusión y los accidentes desaparecieron
completamente.
Así que, dos son las moralejas de esta historia.
Pasa a la acción sin demora en cuanto te llegue la inspiración.
Si tienes indicios negativos tenlos en cuenta, te están queriendo decir que de
algún modo te estás desviando.
Martha Beck (Encuentre su propia estrella polar) es una de las que más
claramente se han manifestado al respecto de las señales, afirmando que “todo
lo que nos causa estrés y esfuerzo, aunque pueda parecer que valga la pena,
probablemente no forma parte de nuestra verdadera trayectoria”, es decir,
no va en línea con el Universo, con nuestro propósito vital. Y como ya has visto
en la historia que te acabo de contar, “tu cuerpo y tu mente te dirán cuándo el yo
esencial ha sido ignorado, ya sea por medio de una enfermedad, de pérdidas de
memoria, de rabia retenida, de apatía, de lapsus freudianos o de alguna forma de
adicción. ¡Escucha tu cuerpo!”
Pero no sólo tu cuerpo te da indicios de que algo no va bien, también hay
señales externas como cuando tu coche o tus electrodomésticos se estropean, se
cancela tu vuelo, la persona que te gusta tiene un contratiempo y no puede acudir
a vuestra cita, se borra accidentalmente un fichero de tu ordenador…
Por supuesto también hay indicios positivos de que todo está funcionando
sobre ruedas, sólo que son mucho más difíciles de ver porque cuando todo va
bien damos por hecho que tiene que ser así, que es lo normal, o que hemos
tenido un golpe de suerte, de ahí que sea tan importante el monitoreo diario del
que luego hablaremos.
Voy a ponerte algunos ejemplos personales bastante claros de indicios
positivos y negativos:

Ejemplos de indicios positivos


Hace muy poco, por ejemplo, tuve un día muy afortunado con varios indicios
positivos bastante claros: mis suegros nos regalaron un lavavajillas, mis padres
un jamón ibérico y durante el día todo lo demás fue de maravilla.
Desgraciadamente yo no soy muy manitas y había que hacerle hueco al
lavavajillas a través de un mueble de la cocina, bajo la encimera. Parecía que iba
a producirse una pesadilla en toda regla. Mi suegro se presentó para ayudarme y
las sorpresas fueron de bien en mejor. Primero, con la madera del mueble que
quitamos para hacer hueco pudimos sustituir otras partes del mueble que se
habían deteriorado, con lo que quedó mejor que antes. Después, al sacar el fondo
del mueble apareció una toma de agua, un desagüe y un enchufe, lo que
necesitaba el lavavajillas, por lo que no teníamos que complicarnos con la
electricidad ni la fontanería. Al final el lavavajillas encajó perfecto. Otra cosa
que se auguraba mala fue una comida que tenía ese día a la que acudirían unas
personas que suelen causar problemas allá donde van, sin embargo, se portaron
como unos mansos corderitos, algo totalmente inesperado.
No es que fuera un día especialmente extraordinario pero, todo lo que
sucedió, sucedió a la perfección, sin imprevistos (o los imprevistos fueron para
bien) y todo ello fueron indicios positivos de que estaba yendo por buen camino
con el objetivo que estaba persiguiendo.
Otro ejemplo de cuando las cosas funcionan bien fue la semana fantástica en
la que acabé la escritura de mi primer guión de largometraje, gané un concurso
de spots de televisión y me ofrecieron mi primer trabajo estable, bien
remunerado (para ser mi primer empleo estable) y con mucho tiempo libre.
Cuando estás haciendo las cosas bien (en sintonía con el Universo y con tu
subconsciente) todo funciona perfectamente. Has de estar atento a estas señales y
tomar conciencia ¿qué estás haciendo en esos momentos para que todo esté
yendo tan bien? ¿estás trabajando en algún proyecto? ¿estás en contacto con
ciertas personas a las que no veías desde hacía cierto tiempo o que no conocías?
Sé consciente de que toda esa racha de buena suerte no son puras
coincidencias sino mensajes del Universo de que algo estás haciendo “en
sintonía”. Como he comentado hace unas líneas, el monitoreo del que
hablaremos en el siguiente capítulo, es fundamental.

Ejemplos de indicios negativos


Por suerte o por desgracia los indicios negativos suelen ser bastante más
evidentes. Teniendo en empleo estable y bastante bien remunerado me ofrecieron
un puesto de primer asesor de alcalde de una localidad vecina. Era una oferta
“irrechazable” en lo económico y en lo profesional, suponía subir un escalón (o
dos) en mi desarrollo personal y en mi status, además de un nuevo impulso
motivacional. Quedé con el alcalde para una reunión en su despacho en el
Ayuntamiento, edificio que me costó encontrar (primer indicio. Esto se me repite
muy a menudo, en cuanto algo no es para mí, mi coche me suele avisar: me
pierdo, se estropea…) y en en el momento en el que pisé el edificio consistorial
comencé a sentirme mal, tanto que pese a llegar tarde (cosa que pasa en
contadísimas ocasiones porque es algo que no soporto, así que era otro indicio de
que algo no iba bien) tuve que dirigirme al servicio donde eché hasta la última
papilla. Durante la reunión me sentía “ido” y apenas fui consciente de lo que me
dijo el señor alcalde. Pero, ni falta que hizo, yo ya había tomado la decisión. No
iba a aceptarlo. No sabía explicar razonablemente por qué no debía aceptarlo ya
que parecía una oferta irrechazable pero he aprendido a hacer caso a las señales
de mi cuerpo (y de mi coche). E hice bien. Dos meses después le hicieron una
moción de censura al alcalde y tuvo que dejar su puesto. Él y todos sus asesores,
por supuesto.
Siendo aún joven y en plena búsqueda de mi propósito vital, llegué a la
conclusión de que quería escribir y como me apasionaba el cine quise hacerme
escritor de guiones. Empecé por guiones de cortometraje, el problema es que
cuando eres joven y no tienes experiencia en el mundillo del cortometraje es
difícil que nadie quiera rodar tus guiones. A ese nivel de primerizos,
normalmente los que quieren dirigir una película quieren hacerlo con sus propios
guiones, quieren ser un director-autor, especialmente en Europa. Pero como yo
estaba empeñado en que mis guiones se vieran en pantalla decidí hacerme yo
mismo director (como ves, me estaba desviando mucho de mi propósito; de
escritor a director de cine se va mucho, y cuando te desvías de tu propósito
vienen los problemas) y me puse a estudiar obsesivamente todos los manuales
existentes y a ver todas las películas oscarizadas y nominadas de la historia del
cine, me puse a practicar con la cámara, hice talleres y cursos de dirección,
aprendí a montar video… y estuve un año escribiendo el guión y el guión
técnico, haciendo castings para actores y técnicos y preparando al detalle cada
plano antes del rodaje. Me gasté mucho dinero que ni siquiera tenía. Pero cuando
no estás alineado con tu propósito… ni toda la preparación del mundo puede
ayudarte (de hecho la acción, forzar las cosas es contraproducente, como ya
hemos visto). Llegó la ansiada semana del rodaje, todo estaba programado al
detalle, íbamos a rodar todo durante una semana en un caserón perdido entre
naranjos. El día antes del rodaje, con la tranquilidad de saber que todo lo tenía
preparado, decidí alquilar alguna película inspiradora y encontré «Cabeza
Borradora», la primera película que hizo David Lynch siendo aún un estudiante
gracias a una beca del The American Film Institute for Advanced Film Studies.
Qué decir que tuve pesadillas toda la noche y a penas pude dormir. Era un primer
indicio negativo pero aún no estaba muy familiarizado con ellos y, por supuesto,
eso no me iba a detener después de tanta preparación. Conduje hasta el caserón y
se estropeó el coche unas cuantas veces (como ya te he dicho, mi coche me da
avisos muy claros…), me perdí unas cuantas veces, además gravemente porque
hice kilómetros y kilómetros quedándome sin gasolina y para más inri,
habiéndome gastado hasta el último céntimo en el cortometraje estaba perdido
en un pueblo desconocido, sin apenas gasolina, sin saldo en el móvil (en aquel
entonces los estudiantes funcionábamos con móviles de prepago), ni tan siquiera
para hacer una llamada perdida y sin dinero para llamar desde una cabina. Estaba
desesperado. Recuerdo haber estado buscando por todas las cabinas telefónicas
del pueblo alguna moneda con la que llamar, incluso por el suelo y las
alcantarillas de alrededor. Creo que al final se solucionó milagrosamente porque
alguien me llamó y vino al rescate. Pero llegué muy tarde y lo peor aún estaba
por venir. Cuando llegamos al caserón que nos había dejado un amigo que hacía
las veces de productor ejecutivo ¡se estaba rodando un cortometraje! Así es… mi
amigo había dejado el caserón a otros amigos para que rodaran otro
cortometraje. Y por supuesto mi amigo no cogía el teléfono, además de que tenía
que traer la cena para las veinte personas que estábamos allí y era casi
medianoche. Supuestamente había dejado el caserón a esa gente para que
rodaran antes que nosotros pero, claro, el rodaje se les había retrasado (iban
rodando sobre la marcha, no tenían ni guión) y estarían unos días más. Me sentía
como si tuviera unos okupas en mi casa y no pudiera echarlos. El chico de la
cena llegó a medianoche cuando ya casi todos los actores y técnicos me iban a
tirar por la borda cual Cristóbal Colón… El productor ejecutivo dijo que no
había problema, que el otro rodaje recogería al día siguiente, nosotros podíamos
rodar de momento las escenas de la planta de arriba que no estaba “okupada”
durante toda la noche. Y así lo hicimos pero al día siguiente con escasas fuerzas
por falta de sueño, vimos con los ojos entreabiertos que los del otro rodaje no
sólo no se habían marchado sino que parecía que iban a quedarse instalados
mucho más tiempo. Mis actores y técnicos fueron adquiriendo nuevos
compromisos y abandonaron progresivamente el rodaje con lo que fue imposible
continuar. Ya habíamos puesto todos los parches que se podían poner. Tuve que
suspender el rodaje. Supuso un gran mazazo para mí… pero no se puede decir
que el Universo no intentara avisarme.
Además de mis sensaciones físicas (especialmente relacionadas con el
estómago), coincidencias desastrosas y mi coche, otro gran indicador negativo
que tengo es la informática. En cuanto me entra un virus, se me va Internet o se
me bloquea el ordenador, sé que “algo está pasando”. Un ejemplo sencillo fue la
semana pasada mismo que compré un router nuevo, previsiblemente sencillo de
configurar pero estuve una semana peleándome con él para poder conectarlo. No
sabía donde estaba el problema y me negaba a contratar un informático habida
cuenta que, en principio, no se me da mal. Cuando conseguí configurarlo
después de mucha pelea me di cuenta que no era exactamente el aparato que
necesitaba y tuve que devolverlo. A veces nos empeñamos en insistir
tozudamente sin darnos cuenta que podríamos surfear fácilmente por la realidad
dejándonos llevar por los indicios del Universo. Otro ejemplo informático que
costó mucho dinero (afortunadamente no para mí) fue cuando estaba trabajando
de editor jefe en un periódico y estaba a punto de enviar a la imprenta un
periódico cuando se me bloqueó el ordenador. Era algo inaudito, tenía un
ordenador Apple de última generación y nunca se bloqueaba, y mucho menos en
una tarea tan sencilla como enviar el periódico por FTP. Había una foto que no
me agradaba demasiado y tenía una sensación muy negativa respecto a la misma,
podría haberla cambiado pero el director de la publicación había dado su visto
bueno y supondría tener que llamarle a altas horas de la noche para decirle que
tenía sensaciones negativas respecto a la foto y que sería mejor no publicarla.
Pero era más fácil no molestarle por algo que ya me había dicho que publicara
así que insistí tozudamente y envié el periódico como pude a través de otro
ordenador. Cual fue mi sorpresa (o no tanto) cuando a primera hora de la mañana
me dijo el Director que había ordenado la retirada del periódico y reimpresión
sin la fotografía porque al propietario de la publicación no le había gustado. Sí,
esas cosas pasan.
Lamentablemente, muchas veces hasta pasado un tiempo no sabemos a qué
venía ese mensaje tan drástico que nos decía que no (o que sí). Pero para
ayudarnos a ser más consciente de todas estas situaciones lo mejor es llevar un
seguimiento diario del que vamos a hablar en el capítulo siguiente.
También he de destacar que cuanta más experiencia tengas con la Ley de la
Atracción, los indicios (sean en forma de coincidencias, buena o mala suerte) se
irán haciendo cada vez más manifiestos. En realidad, no es que haya más
indicios o éstos se expresen en tu realidad de forma más palmaria sino que tú
mismo irás capacitándote con el tiempo para verlos antes y mejor. Por ejemplo,
cuando trabajaba en el periódico me fijaba en todos los detalles que habían
salido mal, cuando nadie más se daba cuenta hasta que yo lo indicaba (así
aprendí a no hablar nunca de los errores que sólo yo percibía). Para los demás el
hecho de que una columna no esté justificada normalmente es invisible pero para
alguien experimentado “salta a un primer plano” como si se tratara de la
aberración más grande de la historia. Resumidas cuentas, cuanto más
experimentado estés en fijarte en los indicios positivos y negativos más
fácilmente los percibirás, dejarán de ser invisibles para ti.

Fluir con los indicios


En ocasiones lo que parece un golpe de mala fortuna no es otra cosa que el
Universo que está dirigiéndonos hacia la consecución de nuestros deseos. El
típico ejemplo sería un señor al que despiden y cree haber caído en desgracia
pero encuentra un trabajo mucho mejor. Una puerta se cierra y otra se abre. Pero
durante el día a día ocurren pequeñas cosas que pueden darte pistas de que
algo está pasando y el Universo te indica que vayas por una determinada
senda, sin oponer resistencia, sin forzar las cosas. Por ejemplo, hace un poco
me dirigía a la oficina de correos a enviar una carta certificada reclamando un
pago que se debía desde hacía tiempo a la empresa de mi esposa, había pasado
ya demasiado tiempo sin tener noticias de la persona deudora y tuvimos el miedo
de que no fuera a pagar nunca por lo que escribimos una carta bastante dura
amenazando con ir a los tribunales (después de haber realizado infructuosamente
algunos ejercicios de la Ley de la Atracción intentando recibir la cantidad
adeudada, se puede decir que perdí la fe de recibir el dinero y quise forzar la
acción). Llegué a la oficina de correos y empecé a dar vueltas sin poder
encontrar un sitio para aparcar pero estaba empecinado en enviar la carta cuanto
antes y olvidarme del asunto, así que me dirigí a la mensajería privada con la que
realizamos los envíos de la empresa y la recepcionista, con la que tenía ya
mucha confianza, me dijo que enviar una carta con certificado del contenido (y
por ende con validez ante un tribunal) suponía mucho papeleo y que en ese
momento no me podía explicar porque se le había acumulado una ingente
cantidad de clientes. Entendí que ya eran dos indicios bastante claros de que no
tenía que enviar esa carta y volví a mi hogar. Cuando llegué a casa, mi mujer me
preguntó si había enviado ya la carta porque la había llamado la deudora, de la
que no sabíamos nada desde hacía tiempo, diciendo que se disponía a pagar. Y
así lo hizo.
En resumen, tienes que “navegar” por la vida, “fluir” al ritmo de los pequeños
mensajes que van apareciendo. Al principio te resultarán difíciles de ver pero
poco a poco, aunque sean sutiles como no encontrar sitio para aparcar, podrás
discernir que estás ante uno. No es tan difícil, sólo debes estar atento, intentar ser
consciente de cada momento, de si lo que te está pasando AHORA te guía hacia
adelante (sientes más energía y motivación, coincidencias positivas o golpes de
fortuna, te hacen regalos, la gente y los animales se te acercan con más amor…)
y tienes que pasar a la acción o lo que te sucede te guía hacia detrás (mala suerte,
tropiezos, coincidencias negativas, tu coche o aparatos electrodomésticos se
estropean…) y entonces debes hacer un alto en el camino, no forzar las cosas, la
regla es fluir por el camino que ofrezca menor resistencia y gozarlo.
En ocasiones no sabemos si lo que nos está pasando es “bueno” o “malo”,
entonces puedes usar lo que Abraham Hicks ha denominado «Sistema de Guía
Emocional», es decir, ante la duda sobre si lo que te está ocurriendo es algo que
te acerca o te aleja de tus deseos sólo tienes que observar tus emociones. ¿Qué
sientes ahora? Si sientes alegría o gozo vas por buen camino, si es una emoción
negativa mejor prueba otra cosa.
Una última advertencia respecto a las señales: no debes tomar las señales
por la demostración misma y luego sentirte decepcionado. Por ejemplo, si
deseas un coche y alguien te regala un cochecito de juguete debes saber que se
trata de una señal de que vas por el buen camino y no enfadarte pensando que el
Universo se burla de ti.
El Monitoreo
¿Por qué es tan importante llevar un seguimiento de mi progreso?
Porque muy a menudo tu éxito se va encauzando de maneras muy diferentes a
como habías imaginado al principio o durante el propio camino; sí, es un error
imaginarte cómo sucederán las cosas pero es muy humano que se te cruce por la
cabeza algún breve pensamiento del tipo «el dinero me llegará a través de un
aumento de sueldo». El Universo es bastante más inteligente que tú y sabe cuál
es el mejor y más corto camino. Pero quizá, como creías que otro camino era
más sencillo, cuando el Universo te lleva por otros derroteros no percibes bien lo
que está pasando y creas que tu objetivo/intención se está esfumando, lo que
provoca en ti mayor desilusión y que canceles tus progresos. Y lo que es más
importante, sin un monitoreo diario no distinguirás las señales de conflicto o
cooperación. Todo esto ya lo hemos visto, por ejemplo con la historia del chico
pelirrojo que quería ser actor. Llevar un seguimiento (monitoreo) te ayudará a
ver con mejor perspectiva lo que está pasando.
Por ejemplo, si tu quieres encontrar la felicidad al lado de una persona que te
quiera, te comprenda y acepte a tus dos hijos como si fueran propios; quizá
pienses en principio que “lo más normal” es que un día encontrarás a ese hombre
de tus sueños en las clases de baile a las que te has apuntado, en las fiestas a las
que te invitan tus amigas o un día tomando un café se acercará un apuesto
desconocido y te preguntará si puede sentarse contigo ya que no hay más sitio en
todo el establecimiento, acabará invitándote al café y surgirá una cita y
posteriormente un idilio ¡Baja de las nubes! Es posible que suceda así, pero muy
poco probable. Cuando estés haciendo un repaso diario de lo que ha sido tu día,
lo más habitual es que no encuentres ese momento cumbre en el que un
desconocido te lleva en brazos a lomo de su caballo blanco, pero descubras una
pequeña señal. Por ejemplo estás evaluando «¿qué me ha acercado hoy a mi
objetivo?» y descubras, que ayer un hombre veinte años mayor que tú, al que
apenas habías tenido en cuenta estaba jugando con sus nietos en el parque, junto
a tus hijos, y te dijiste mentalmente «esa es una de las características que me
gustaría del hombre de mis sueños» y hoy lo has vuelto a ver en el parque con
sus nietos jugando con tus hijos «¡Vaya! ahí tenemos una pequeña señal», una
señal que seguramente no hubiésemos visto sin el monitoreo diario, embelesados
con las fantasías de un príncipe azul. Siendo consciente de esa señal, por un lado
nuestra actitud será más positiva, sabiendo que “algo-no-sé-qué” nos acerca a
nuestro objetivo y por otro lado podemos tirar un poco del hilo de esa señal
(pasar a la acción) y entablar una conversación con ese señor y, nunca se sabe,
quizá pienses que es la mejor persona que has conocido en tu vida y te
enamores; o quizá te presente a su hijo divorciado y éste sea la mejor persona
que has conocido en tu vida y te enamores; o quizá te invite gratuitamente a sus
clases de historia del arte donde conozcas al hombre de tus sueños… nunca se
sabe, sólo sigue las señales, no las niegues...

¿Cómo realizar el monitoreo?


Por supuesto, el monitoreo está contemplado en la plantilla del protocolo L.A.
20/80 por lo que no será complicado, voy a explicarte brevemente en qué
consiste.
El monitoreo no es algo que suela estar bien recogido en los manuales de la
Ley de la Atracción. Sí es cierto que muchos autores insisten en la necesariedad
de un seguimiento pero nadie lo sistematiza tan bien como Stuart Lichtman de
quien he recogido los puntos básicos de la siguiente manera:
Diariamente lee tu afirmación, imaginando y experimentando lo que
describes (visualizando con los cinco sentidos como ya hemos visto) y en una
hoja de papel aparte escribe lo que has hecho ese día para atraer el
objetivo/intención (en nuestro caso no necesitarás una hoja aparte, tendrás
una columna en tu plantilla de protocolo), así como las señales de conflicto y
cooperación externas, del Universo que hayas percibido en tu día, por
ejemplo, si el coche se te ha estropeado yendo hacia tu entrevista de trabajo o si
como por arte de magia una persona que no veías desde hacía años te ha llamado
y te ha contado que está a punto de abrir su nueva empresa.
Si durante tus afirmaciones y visualizaciones diarias o incluso cuando
estás escribiendo tu monitoreo aparecen señales de conflicto internas
(pereza a la hora de hacer las afirmaciones, aburrimiento, dudas, miedo...)
repara en ellas, anótalas en la plantilla e intenta modificar tu afirmación y
volver a hacer repeticiones hasta que veas que las señales de conflicto dejan
paso a señales de cooperación (alegría y felicidad, entusiasmo y avidez,
certeza del logro...) o realiza el proceso de desbloqueo como ya hemos visto.
Rememora tu día anterior y anota también esos indicios positivos o
negativos que te han hecho ser consciente de que “algo estaba pasando”,
esas coincidencias positivas o negativas, esos pequeños golpes de buena o
mala fortuna, etc. Evalúa en qué pueden estar acercándote o alejándote de
tu objetivo.
Importante, cuando hayas logrado tu objetivo/intención. Completa el
proceso felicitándote a ti mismo y regalándote un pequeño capricho.
Ya hemos hablado de la importancia de concederse premios. Los premios
pueden ser de cualquier tipo y en cualquier momento en el que se vayan dando
pasos y pequeños logros siempre y cuando no entren en conflicto con tu objetivo
principal (no te premies con un atracón si tu objetivo es perder peso). Con estos
premios por un lado le dices a tu subconsciente que estás haciendo las cosas
bien, por otro relacionas placer con la consecución de objetivo y por ende, al
final creas un anclaje muy fuerte para tus siguientes objetivos/intenciones.
Recuerda que es muy importante establecer tus pequeños premios antes
del momento mismo de premiarse. Con esto consigues varias cosas:
Lo primero es no tener que pararse a pensar cómo te puedes premiar. Si
te detienes supone un esfuerzo extra que te detiene a premiarte y sería muy fácil
que incluso aplazarás ese premio y al final nunca te premiarás. Se te pasa la
ilusión. Recuerda que para establecer un buen anclaje cumplimiento y
premio han de estar lo más cercanos en el tiempo posible. Además supone un
incentivo para perseguir tu siguiente paso hacia el objetivo.
La dieta de Timothy Ferris, sin utilizar estos conceptos de premios, establece
que después de toda una semana a dieta debes darte un día libre como premio.
En teoría toda dieta es infinita, ya que en cuanto la dejamos volvemos a ganar
peso, por eso, la expectativa de que una dieta es para siempre la tomamos como
irreal y tarde o temprano la dejamos, sin embargo, si sabemos que un día a la
semana podremos comer lo que nos venga en gana, la expectativa es esperar
simplemente al siguiente día libre. Así es mucho más fácil evitar las tentaciones
ya que cuando las sientes simplemente hay que pensar, no pasa nada, la tomaré
el próximo sábado en mi día libre. Recomiendo encarecidamente su libro «El
cuerpo perfecto en 4 horas».
Resumen de todo esto
Ya está todo lo que tenía que contar. Inmediatamente nos pondremos ya con
la plantilla del Protocolo L.A. 20/80 pero déjame que antes hagamos un rápido
repaso de lo más importante que hemos visto (el mejor 20%), lo que te servirá
tanto para tener una visión global como para refrescar la memoria e incluso
como resumen, para cuando quieras volver a utilizar en un futuro la Ley de la
Atracción, acudas directamente a este capítulo, sin tener que volver a leerlo todo
antes de ponerte a practicar.
Algunos apartados los verás combinados o cambiados de lugar respecto a
cómo lo hemos visto anteriormente en el libro porque en su momento requerían
explicarse por separado o en otro orden para facilitar la comprensión.
En cualquier caso, si has leído todo el libro hasta aquí de forma muy rápida y
reciente, no es necesario que vuelvas a leer todo el resumen, puedes acudir
directamente al siguiente apartado dedicado al Protocolo L.A. 20/80.
La base para que todo funcione es el propósito. El propósito hace que tus objetivos se alineen con tu
subconsciente y por lo tanto vayas en línea recta hacia tus deseos, sin dar vueltas ni zigzagueos.
La mejor manera de descubrir tu propósito es hacerte una serie de preguntas (a modo de tormenta de
ideas) y reflexionar muy bien las respuestas:
- Si de repente me encontrara con 20 millones de euros en el banco y el dinero dejara de ser una
preocupación ¿a qué dedicaría mis horas?
- ¿Qué hacía cuando era pequeño en mi tiempo libre?
- ¿Qué desearía realmente de la vida si estuviera absolutamente seguro de poder conseguirlo?
- ¿Qué haría si no pudiera fracasar? ¿si fuera 10 veces más listo que el resto?
Lo crucial a la hora de hacerte correctamente estas preguntas es no criticarte ni autoengañarte.
Pregúntate constantemente “Por qué”.
Por ejemplo: “Quiero ser cantante, es la mayor ilusión de mi vida. Cuando era pequeño siempre
cantaba y ahora sigo haciéndolo en la ducha”–¿Por qué?– “ejem... porque me gusta...–No en serio ¿por qué?
hurga en tu interior– “creo que me gustaría que la gente me viera en la tele” –¿por qué?– “quiero ser
admirado” –¿por qué?– “no sé… de pequeño solíamos estar mis padres y yo en el sofá acurrucados viendo
las actuaciones de los sábados por la noche en la tele y veía los ojos de mi madre admirando a Luis
Miguel… quiero que mi madre me mire con esos ojos, quiero sentirme querido y admirado así por mi
madre”. –Ahí lo tienes. Tu propósito es la búsqueda de sentirte querido y admirado, no es ser cantante.
Saberlo te guiará mucho mejor en la vida y sabrás por qué quieres ser cantante. El ser cantante se convertirá
no en tu finalidad, sólo en tu camino.
Una vez ya sabes cuál es tu propósito en la vida te resultará más fácil establecer tus deseos y objetivos
concretos, siempre con la mirada puesta en la realización personal de tu vida.
Lo primero que hay que saber y en lo que prácticamente todos los mentores coinciden es que para
poner en marcha tu objetivo tienes que ponerlo por escrito.
Ahora empieza lo divertido, elegir entre todas las posibilidades que te ofrece el vasto catálogo del
universo. Pero es muy normal que suceda la paradoja que con tanto donde elegir te quedes en blanco, que
de tantas posibilidades te bloquees.
Para eliminar este bloqueo puedes hacer dos listas, una de las cosas que te urgen y otra de tus máximos
deseos y luego dividas cada lista en tres segmentos: tener, ser y hacer.
A la hora de elaborar las listas siempre ten presente el propósito vital que ya tenemos que haber
establecido.
Te resultará muy útil separar tus deseos por áreas. Piensa en tu desarrollo personal y profesional, en tu
salud, en tu felicidad, en las relaciones sociales y de pareja e incluso en tu altruismo.
Puedes poner lo que no quieras para facilitarte la tarea, pero asegúrate inmediatamente de convertirlo
en una frase en positivo.
Cuando sólo obtenemos respuestas vagas y quejas y más quejas, especialmente en los momentos
posteriores a un gran trauma:
Coge una hoja y escribe en lo alto “Debería…” e intenta acabar la frase con 5 o 6 respuestas diferentes.
Ahora lee cada frase y pregúntate ¿Por qué? ¿Cuál es la razón? y revelarás muchas creencias y
limitaciones.
Finalmente vuelve a escribir cada frase pero sustituyendo el “Debería…” por “si realmente quisiera
podría…”.
Al ir haciendo la lista te darás cuenta que muchos “ser” se convertirán en “hacer” y en “tener”. No hay
problema, todo lo contrario, eso es bueno y es lo que acabarás haciendo, porque estás concretando lo que
quieres y como veremos, esto es fundamental.
Por ejemplo, “quiero ser cantante profesional” puede convertirse en “quiero hacer una maqueta de
calidad” o “quiero tener una entrevista en la radio musical más famosa de mi país”. O “quiero ser
Astronauta” puede convertirse en “quiero tener buenas notas en mi prueba de acceso a la Universidad para
ingresar en el Instituto de Astrofísica”.
El hecho de dividir tus deseos en lo que te urge y lo que más deseas y a su vez en “ser”, “hacer” y
“tener” ha sido para ayudarte a recordar cuáles son tus deseos, pero ahora, trabaja con todos los elementos
de tus dos listas como si fueran una sola lista para hacer un filtrado.
Tacha las que devuelvan una respuesta negativa:
- ¿Realmente lo deseas (o lo necesitas) o es solo un interés pasajero?
- ¿Es humanamente posible de realizar?
- ¿Es respetuoso con la gente?
- ¿Es coherente con el resto de la lista?
No tengas miedo de tachar, sólo estás priorizando y cuando empieces a lograr deseos de forma habitual
podrás volver a repasar tus viejas listas.
La lista está totalmente “viva”, puedes ir añadiendo y eliminando cosas que ya no desees tanto o que
hayas cumplido. Puedes empezar por 20 o 30 e ir subiendo a medida que vayas deseando cosas. Eso sí.
Felicítate bien cuando hayas logrado algo, en lugar de tacharlo, señálalo con letras bien llamativas de
«¡Victoria! ¡Gracias!»
Pero ojo, cada vez que añadas un nuevo objetivo no te olvides de hacerle de nuevo el cuestionario de
antes (si realmente lo deseas, es humanamente posible, respetuoso y coherente con el resto de la lista),
siendo especialmente cuidadoso en observar que no se contradiga con ningún objetivo anterior ya que un
gran peligro que se corre con tantos objetivos es la facilidad con la que pueden colisionar y bloquearse unos
a otros.
Algunos autores opinan que demasiados objetivos diseminan el poder de la Atracción así que ten la
lista de deseos ahí, escrita, y repásala cada día, este simple hecho ya irá poniendo en marcha los objetivos
por ti, pero establece prioridades de los deseos que prefieras que se cumplan primero y trabaja en
afirmaciones y visualización sólo con tu objetivo prioritario. Los otros no los descartas, están ahí, ya les
llegará su momento.
Se realiza la intención, no el deseo. La intención es una forma por la cual le dices al Universo que estás
dispuesto, decidido formalmente a hacerla realidad frente a los meros deseos, apetencias, gustos,
preferencias, ensoñaciones...
La manera más eficiente de poner un deseo en movimiento es escribiendo al principio “He decidido…”
y luego tu deseo. Esto lo convierte en una orden para llevarla a cabo.
Vamos a trabajar nuestros objetivos como si fueran intenciones, de hecho, lo correcto sería hablar ya
con términos de intenciones en lugar de objetivos o deseos.
«¿Cómo conseguiré mi objetivo/intención?» No malgastes tu tiempo ni energía en intentar descifrar
«cómo» lo solventarán el subconsciente y el Universo por ti. Sólo estarás ralentizando, si no bloqueando, el
éxito.
Después de establecer nuestra lista de objetivos lo más prudente es preguntarse si estamos ante un
verdadero deseo o un “cómo”
Es posible que una meta no sea más que un “Cómo” pero al que le has dado el rango de meta. Para
evitar caer en este tipo de autoengaño habría que preguntarse constantemente “¿Por qué?” quiero tal o cual
meta, aunque en este caso sería para averiguar tu meta “mayor”. Por ejemplo, imaginemos que tus
respuestas se asemejan a esto:
– Quiero un ascenso.
– ¿Por qué?
– Para ganar más dinero.
– ¿Por qué?
– Porque quiero vivir en un chalet en lugar de en un piso
– ¿Por qué?
– Para que mi hijo pueda corretear por el patio.
En este caso la meta mayor sería “un chalet con un gran patio”, la elección del ascenso realmente es un
“cómo” llegar al verdadero deseo, es un medio para alcanzarlo, es el “cómo” imaginas tú que obtendrás ese
chalet.
Casi la totalidad de autores coinciden en que el objetivo/intención, así como la afirmación y
visualización que crearemos después, tiene que ser lo más concreto y claro posible. Esto se traduce en que
sea cuantificable y establecer la medida o cantidad exacta.
Por ejemplo, serían buenos objetivos: tener un millón de euros en el banco, cobrar 3.000 libras al mes,
tener un coche Maserati GranCabrio de 450 CV color gris granito, tener un nivel de 6,5 en hemoglobina
glicosilada…
Malos objetivos serían: ganar un montón de pasta, tener una nómina que me permita llegar
desahogadamente a fin de mes, tener un coche de lujo, estar más sano, ser más feliz, tener más sexo…
Cuanto más concreto y específico mucho mejor. Recuerda: cantidad exacta, modelo exacto, metros
cuadrados… cuántas veces al día quieres tener sexo… todos los detalles que puedas aportar.
« ¿Cuál es el equilibrio entre pedir demasiado e insuficiente?» El objetivo/intención ha de ser atrevido,
de forma que te entusiasme, pero al mismo tiempo razonable, para evitar que te resulte demasiado difícil
creer en ello, debería asustarte un poco y emocionarte mucho.
«¿Debo mantener mis objetivos/intenciones en secreto o compartirlos?» Es una decisión personal. Si
crees que contar tu deseo puede ser beneficioso, añadiendo un plus de motivación para conseguirlo,
adelante, cuéntalo, pero si crees que te va a perjudicar, no lo cuentes. Así de simple. Pero en caso de duda
no lo cuentes, ya que contándolo tienes más que perder.
«¿Debo establecer un tiempo límite para el cumplimiento de mi objetivo/intención?» Tanto los autores
que abogan por poner fechas como los que no, tienen razón, pero cada uno tiene su aplicación en un
momento diferente. Primero estableces un objetivo/intención sin fecha límite (si algo te sobran son las
dudas, temores y ansiedad que pueda aportarte una fecha límite), en algún momento recibirás instrucciones
(en forma de mensajes, coincidencias, inspiración…) para actuar de un modo u otro y ahí sí puedes
establecer plazos para evitar la procrastinación.
«¿Cómo puedo tener fe en mis objetivos/intenciones?» Con la repetición incansable del
objetivo/intención siguiendo unas pautas (afirmaciones) ni siquiera necesitarás creer conscientemente en la
obtención del deseo, no necesitarás fe. Sólo repite y ya está, irás reprogramando a tu subconsciente para el
éxito y éste será el que creerá en él, que es lo que nos interesa, ya que es él quien lanza el mensaje al
Universo para que se cumpla.
«¿Cómo convertir mis objetivos/intenciones en afirmaciones que funcionen?»
Siempre en positivo, nunca en negativo: no se trata sólo de eliminar el adverbio «no», sino en eliminar
cualquier palabra en sentido negativo para ti, eliminar de la afirmación cualquier palabra que exprese algo
que no quieras atraer: enfermedad, deudas… suegras…
Eliminar las desiderativas, deshazte de cualquier palabra que exprese querencia, deseo, apetencia,
ambición, anhelo, preferencia… Es decir: quiero, deseo, me gustaría, ojalá, preferiría, estaría bien, sería
genial…
Que involucre tus propias acciones. Tienes que pedir algo que puedas manifestar con acciones propias,
que no requieran la actuación de otra persona. No obstante, si has hecho algo previamente que ha producido
el efecto deseado y ese resultado involucró las acciones de otros, puede valer, aun cuando tu éxito dependa
de la conducta de otros, sin caer en la trampa de moldear esta excepción a voluntad para hacer encajar
cualquier afirmación que desees. Te estarás engañando a ti mismo y autosaboteándote.
Que sea breve: las afirmaciones más poderosas son las más breves, ya que su repetición e
interiorización es mucho más fácil y el impacto emocional mucho más intenso. Imagina que cada palabra te
cuesta un dineral. Además, sería aún mejor si consiguieras que la afirmación rimara y sonara como un
anuncio publicitario.
Claridad y Concreción. Ya hemos visto que la claridad y concreción es una de las mejores armas para
marcarte un objetivo/intención y por supuesto tu afirmación tiene que ir en sintonía con este principio.
Indica el modelo, el tamaño, la cantidad…
No establecer plazos, por los motivos ya indicados, la carga emocional extra que conllevan y porque si
se supone que debemos expresarla como si ya fuera una realidad ¿no sería contradictorio establecer una
fecha futura de cumplimiento? Por ejemplo: «Yo, Sarah, disfruto conduciendo mi nuevo Corvette rojo en
octubre del año que viene». No tiene sentido.
Incluir un factor emocional. Al menos un sentimiento dinámico o una palabra relacionada con los
sentimientos que quieras experimentar cuando alcances la meta. Algunas palabras típicas en este sentido
son: disfrutar, celebrar, feliz, alegre, tranquilo, sosegado, encantado, entusiasmado, amoroso, seguro, sereno
o triunfante.
Por ejemplo, si mi objetivo es «mantener mi peso de 75 Kilos»; sería más efectivo decir «me siento
ágil y en excelente forma con mi peso de 75 kilos».
Esto es muy importante porque cuando añades un factor emocional en tu deseo, tienes tendencia a
trabajar más en ello porque lo disfrutas más, disfrutarás tanto del trabajo cuando estés afirmando como de
los resultados y sin apenas darte cuenta tus deseos se manifestarán por sí solos.
Incluir un verbo de acción, utilizar el gerundio (ya sabes, los verbos cuando acaban en -endo o -ando)
añade el efecto de evocar una imagen o algo que está ocurriendo AHORA. Por ejemplo: «Yo, William,
ahora estoy disfrutANDO de mi nuevo empleo», «Yo, Sonia, me estoy expresANDO correctamente en el
examen oral»
Por supuesto el verbo de acción y el factor emocional pueden coincidir como has visto en el primer
ejemplo.
Otras palabras clave para incluir en la afirmación:
Yo: quizá sea la palabra más poderosa de todas. El subconsciente la toma como una orden.
Tu nombre: basta el nombre común que usas, por el que te conocen y por el que tú mismo te reconoces.
Al igual que el “yo”, refuerza la afirmación como una orden indudablemente dirigida a ti.
Ahora: una de las palabras más poderosas. Las afirmaciones más efectivas deberían empezar así: «Yo,
(nombre), ahora…». Por ejemplo: «Yo, Marc, ahora estoy trabajando en el empleo de mis sueños cultivando
tomates».
Gracias: poniendo “gracias” al final de tu afirmación estás dando a entender que no eres tú quien
consigue ese deseo (renuncias a tu ego) sino que es otra “entidad” quien lo hace por ti. De todos modos,
existe una alternativa a poner “gracias” al final de la afirmación, incluir tu agradecimiento en el factor
emocional. Por ejemplo, «Yo, Andrew, me siento muy agradecido por tener este peso de 75 Kg». Así matas
dos pájaros de un tiro y sientes de forma más intensa el agradecimiento por lo que “ya” tienes.
Sacarse un seguro. La coletilla final. Antes de empezar y antes de acabar cada sesión de afirmaciones
diremos lo siguiente:
«Por favor, [conciencia universal/Infinito/Dios/subconsciente/sistema nervioso central...] que esto o
algo mejor se cumpla en su momento justo de maneras que sean para mi mayor bien y el de todos los
involucrados. Gracias».
Esta frase tienes que pronunciarla de manera muy lenta, sintiendo (de verdad) cada una de las palabras.
Si lo ves necesario puedes repetirla dos o tres veces antes de comenzar tu sesión de afirmaciones y después
de acabarla.
El tiempo y el modo verbal: hay que escribir la afirmación como si ya fuera cierta. En Presente de
indicativo. Nunca se debe expresar la afirmación como una hipótesis ni como una condición. Y el futuro, en
cualquier sentido, está prohibido. Incluyendo el adverbio de tiempo «ahora» te asegurarás de estar
cumpliendo con el requisito.
El siguiente paso es resolver los conflictos entre la intención y el subconsciente.
Lo más normal es sentir rechazo a una afirmación, ya que te pone en una situación que te desplaza de
tu zona de confort, en la que estás plácidamente acomodado. Desde luego es inherente a la propia
afirmación que te deje fuera de tu zona de confort ya que se trata de un deseo de algo que no tienes o eres
pero hay que minimizar el rechazo inconsciente.
Así que «¿Cómo sentirse cómodo con esa situación extraordinaria que plantea la afirmación?» o
«¿Cómo insertar lo increíble en nuestra zona de confort?» Grosso modo se trata de observar las respuestas
que da tu cuerpo y tu mente a la afirmación que has construido e ir interiorizándola y modelándola para que
tus respuestas sean cada vez más positivas. Para facilitarte la tarea he creado el Proceso de Desbloqueo L.A.
20/80 (incluido en el protocolo L.A. 20/80) que consiste en lo siguiente: Una vez tengas construida tu
afirmación con los requisitos que ya hemos visto escribe tu afirmación 100 veces (sólo la primera vez que te
propones un nuevo objetivo) dejando una columna a la derecha para anotar tus respuestas físicas y
mentales, es decir, tus signos de conflicto y pensamientos que vayan surgiendo. Al acabar lee tus
anotaciones de la derecha. Pueden suceder dos cosas: que haya surgido la causa del bloqueo o que no surja
el bloqueo. En el primer caso construye una afirmación más específica dirigida a solucionar la causa a la
que llamaremos “AFIRMACIÓN DE DESBLOQUEO” (esta vez no necesitas ser tan riguroso con el
proceso de construcción de la afirmación, ve más al grano y sé más profundo. Casi todos los síntomas son
causado por el miedo, la necesidad de amor o la culpabilidad, así que céntrate en afirmaciones del tipo «Yo,
(tu nombre), merezco… /me perdono por… /acepto… /me siento libre de… /confío en… /reconozco…
/tengo el derecho de… /me permito… /soy capaz de… /disfruto de…». En el segundo caso continúa con la
misma afirmación hasta observar cómo las respuestas negativas van dando paso a las positivas. En ambos
casos deberás repetir diariamente la escritura pero sólo 20 veces, no 100 que sólo es la primera vez. Hazlo
durante una semana (o más tiempo si observas que continúas teniendo respuestas negativas). Cuando
observes que has dejado de lanzar mensajes y reacciones negativas puedes continuar la rutina de
afirmaciones sin necesidad de escribir las reacciones al margen. Puedes reforzar la terapia grabando en
audio la afirmación y escuchándola en diferentes momentos del día, como explicaremos más adelante.
Antes de este importante ejercicio es bueno prepararse buscando un día en que puedas estar
tranquilamente solo sin interrupciones durante al menos dos o tres horas y a ser posible que previamente
hagas un proceso de Meditación.
Este «desbloqueo» sacará a relucir algunos de tus miedos y traumas. No temas ir cambiando la
afirmación a medida que surjan respuestas a tus bloqueos. Ya volverás a la afirmación inicial una vez hayas
visto donde se encontraban tales bloqueos y los hayas “desprogramado”.
* UN IMPORTANTE COMENTARIO FINAL SOBRE LOS BLOQUEOS: si eres una persona que
como yo, tuvimos una infancia, adolescencia y juventud “normales”, dentro de la media, es decir, no
tuvimos ningún trauma o cualquier causa de arrepentimiento, tenderás a DEJAR DE LADO EL TEMA DE
LOS BLOQUEOS y ese es precisamente EL GRAN ERROR QUE YO COMETÍ PERDIENDO MUCHOS
AÑOS DE POTENCIAL. Yo no creía necesario “desbloquearme” de nada y pasaba por estos capítulos de
los libros de desarrollo personal muy de soslayo. Pero ¡eso es lo que tienen los bloqueos! ¡que son
inconscientes!
Sobre cómo afirmar las afirmaciones en voz alta
Con espalda recta. Algunas religiones y filosofías orientales lo justificarán con una mayor alineación
con el flujo o la energía del Universo, Estudios demuestran que los alumnos con la espalda recta obtienen
mejores calificaciones y se mantienen más contentos.
De pie, porque estimula la agudeza y concentración de la conciencia, genera más entusiasmo, energía y
sensación de poder; y golpeándose el pecho con los dedos índice y medio (también llamado corazón) de la
mano para hacer intervenir el sentido del tacto y porque damos un mensaje claro a nuestro subconsciente de
que estamos hablando de nosotros mismos y no puede haber ninguna duda.
Sintiéndola: intenta sentir con todo tu corazón esa emoción cuando la estés afirmando. Si dices
“gozosamente” asegúrate de sentir el gozo como si ya fuera una realidad ahora mismo.
En voz alta: no significa a grito pelado (necesariamente), significa simplemente que no sea
mentalmente.
Que suene como un mantra: con la voz monótona, bien modulada y bien articulada, dejando unos
segundos de silencio entre frases para darte tiempo a visualizar y sentir lo que estás diciendo.
Frente al espejo: no es obligatorio pero te aseguro que repetir tus afirmaciones frente al espejo
mirándote directamente a los ojos te acercará mucho más rápido a tus deseos. Una forma de concentrarse en
los ojos y “ver”, no sólo “mirar” es, antes de ponerse a afirmar, detenerse a estudiar en profundidad los ojos,
el color o colores y matices, las manchas, el brillo…
Las afirmaciones escritas frente a las leídas y memorizadas: la escritura ayuda a enfocarse mejor en la
afirmación y a que la mente divague menos y es aún mejor si se hace con buena letra y pequeña.
Desde el punto de vista práctico, a veces es mejor pronunciarlas de memoria en voz alta o moviendo
los labios, por ejemplo en la cama, antes de irte a dormir, o en la ducha. Pero es recomendable que apartes
algo de tu tiempo para al menos una vez al día escribirlas porque es la forma más poderosa de atracción.
Y, por supuesto, hay dos requisitos que hemos visto para pronunciar las afirmaciones que también son
extrapolables a las escritas: escríbelas con la espalda recta y sintiéndolas con todo tu corazón.
Las tarjetas de cartón: es recomendable llevar encima las afirmaciones escritas en una tarjetita de
cartón para meterla en la cartera. Así, además de generar el sentimiento de tener siempre cerca de ti tu
deseo, puedes de vez en cuando sacarla y leerla. Por ejemplo si te sientes irritado, alicaído o melancólico. O
simplemente puedes crear una pequeña rutina diaria en la que te obligues a leer la afirmación de la tarjeta en
un momento dado del día. Nos creemos tan listos de no necesitar un recordatorio que lo acabamos
olvidando, muchas veces al estar metidos en la vorágine del día a día, así que créate una rutina en la que al
menos una vez al día te obligues a leerla.
Un consejo extra: yo no uso demasiado mi cartera así que la llevo en el bolsillo y la veo cada vez que
saco o meto las llaves o el dinero, pero se me estropea mucho así que las escribo a ordenador para tenerla
bien limpia y fácilmente legible y luego la pego a una antigua tarjeta de plástico como las de crédito y la
plastifico, haciéndola mucho más duradera y manejable. No obstante ¡que realizar esta tarea no suponga un
freno en absoluto! Lo primero es hacerla.
A mano o a máquina: si te sientes cómodo usando el ordenador para escribir las afirmaciones y sientes
que estás concentrado o concentrada y no va a haber interrupciones ni distracciones puedes usarlo. Sin
embargo parece que el escribir de tu puño y letra fija más tu compromiso con la tarea.
Recomiendo que las hagas a mano en casa, y si tienes posibilidad de escribir en el ordenador de la
oficina con tranquilidad, que sean afirmaciones de refuerzo. No obstante si personalmente te sientes mucho
más cómodo o cómoda a máquina que a mano te recomiendo que antes de encender el ordenador quites el
cable de red para no poder acceder a Internet y mantengas el escritorio de windows (linux, OSX…) con el
mínimo de iconos y con uno que vaya directo a tus afirmaciones, para no tener que ir buscándolo y
minimizar así las distracciones.
Afirmaciones en Audio: desde luego no son igual de efectivas que las que tú mismo pronuncias, pero
es una buena opción complementaria, no sustitutiva, de la repetición de las afirmaciones tal y como las
hemos estado viendo. Además, es una opción de refuerzo especialmente interesante para los que tenemos
una mejor memoria auditiva frente a la memoria visual. Es muy efectivo grabarte la afirmación también en
segunda y tercera persona del singular pues la orden dada desde el exterior, como en la hipnosis, puede
resultar más efectiva que dándosela uno mismo. Así, puedes grabar mensajes de esta forma:
«Yo, Jack, me he independizado»
«Tú, Jack, te has independizado»
«Él, Jack, se ha independizado»
Si te sientes cómodo, también puedes leer y escribir tu afirmación en segunda y tercera persona, no
sólo usarlo en los audios grabados.
El lugar más recomendable para afirmar: debes encontrar un lugar propio donde no seas molestado de
ninguna manera. Sin interrupciones. Sin gritos ni lloros de fondo. Si no tienes despacho propio, los baños
son muy buena opción porque tienes espejo e intimidad. Tanto en casa como en tu lugar de trabajo. Y por
supuesto apaga móviles, alarmas, etc.
Las filosofías y religiones orientales suelen recomendar meditar (y por añadidura afirmar y visualizar)
mirando hacia el Este. Sin embargo, en sus años de experiencia e investigación, José Silva asegura que en la
Meditación orientada a conseguir objetivos de futuro es más afectivo mirar hacia el Sur debido a que en este
planeta el Sol trae al nuevo día desde el Oriente y se lo lleva hacia el Poniente. Si miras hacia el Sur, el
Oriente estará a tu izquierda y el Poniente hacia tu derecha, y de esta manera estarás supuestamente
orientado en armonía con el flujo planetario del tiempo.
El mejor momento para afirmar: los primeros momentos de la mañana, justo después de despertarse y
los últimos de la noche, justo antes de dormirse, cuando la mente está en un periodo de actividad más
calmado, más meditabundo. Por la noche porque la mente consciente se va apagando y por la mañana
porque aún está medio dormida. También es particularmente interesante justo después de comer, cuando el
cuerpo y la mente se relajan y adormecen buscando echarse una siestecita. Esto tiene sus explicaciones
científicas: mientras estamos despiertos se dice que nuestra mente está en nivel Beta o Vigilia (funcionando
a unos 14-21 ciclos por segundo); cuando estamos entrando en el sueño (o saliendo de él) estamos en el
llamado nivel Alfa (7-14 ciclos por segundo), momento en el que es más efectiva la Ley de la Atracción.
También es interesante repetir tus afirmaciones cuando te sientes especialmente perezoso o cuando te
sientes alicaído, negativo, melancólico, estresado… Cualquier adjetivo asociado a sentimientos indeseables
ya que tus afirmaciones son expresiones de tus deseos en positivo y por lo tanto repetirlas te darán ese
sentimiento de alegría que necesitas para atraer más felicidad a tu vida. Recuerda el principio básico de la
Ley de la Atracción es que atraes más de lo mismo, si sientes alegría atraerás alegría y si sientes tristeza...
Es posible que queramos practicar fuera de las horas arriba mencionadas pero en cualquier momento se
puede inducir el estado Alfa mediante algunas técnicas:
La Meditación, en todas sus vertientes, es una forma de entrar a un nivel Alfa manteniendo la
consciencia. El Yoga o el Tai-Chi son otras técnicas de Meditación activa.
Pero ¿qué es en definitiva la Meditación en su esencia y cómo sacarle el máximo provecho con el
mínimo esfuerzo?
“Siéntate cómodamente con la espalda recta y cierra los ojos. Intenta no pensar en nada. Es normal que
te vengan pensamientos a la cabeza, simplemente déjalos pasar, no te centres en ellos. Intenta aguantar así
lo máximo que puedas. Los primeros días sólo podrás 5 minutos (y se te harán una eternidad) pero llegará
un punto en que podrás estar así 20 minutos y percibirás breves lapsos de iluminación”
«¿Cuál es el número mágico de repeticiones que me hará obtener mis deseos?». La gran mayoría
recomienda repetir la afirmación veinte veces por sesión. Si se puede más, mejor, pero nunca obsesionarse
ni proponerse un objetivo demasiado exigente del tipo cien repeticiones cada vez. Habría que hacer veinte
veces por sentada tres veces al día, nada más levantarse, justo antes de acostarse y crear alguna rutina
durante el día como cada vez que te duches, que vayas a orinar o que te tomes un café; y en caso de tener
bastante tiempo libre recomiendo hasta cincuenta veces por sentada, nunca más para no cruzar la línea en la
que la persecución de tu objetivo en lugar de ilusionarte y hacerte feliz se convierta en una tediosa carga sin
sentimientos o, mucho peor, con sentimientos negativos asociados (mi deseo = tediosa carga = no vale la
pena).
Técnicas para llevar la cuenta, para no perderse con el número de afirmaciones:
El método más sencillo y con el que perderás menos la concentración para recitar tus afirmaciones es
un collar o pulsera de cuentas e ir pasando tus dedos por cada cuenta con cada afirmación que pronuncies
hasta llegar al separador que te indique que has finalizado tus cuentas, o si es una pulsera con pocas cuentas,
por ejemplo, que has hecho una ronda de cuentas y necesitas una o dos rondas más para acabar tu objetivo
de afirmaciones.
Paras las afirmaciones escritas la mejor solución es hacerte una plantilla de excel o una tabla de word
con grandes celdas donde te quepa toda la afirmación en la celda, dejando una celda más pequeña a la
derecha (o simplemente un buen margen) para anotar tus reacciones mentales. En cualquier caso, para
facilitarte la tarea tienes una plantilla con celdas vacías en el mismo Protocolo L.A. 20/80.
Otros sistemas:
Para las recitadas en voz alta:
Con los dedos. Este sistema funciona con una o dos rondas pero luego empiezas a perderte.
Una cuerdecita con nudos. Menos estético que una pulsera o collar pero igual de efectivo es coger una
cuerdecita y hacerle el mismo número de nudos que de afirmaciones.
En la ducha o baño: contar las baldosas.
Caminando. Coge un par de puntos de referencia (farolas, comercios, señales…), calcula el número de
afirmaciones entre ambos puntos y cada día, cuando vuelvas a hacer el mismo recorrido sabrás que has
acabado al llegar al segundo punto, sin necesidad de contar.
En cualquier caso no te obsesiones demasiado por ser exacto en tu número de afirmaciones,
concéntrate más en sentir las emociones positivas derivadas de tu deseo.
Para las escritas:
Con un cuaderno de rayas. Es similar al sistema de la tabla, que creo, es el más eficaz. Cuenta el
número de rayas (renglones) que ocupa tu afirmación (espero que sólo una, recuerda el requisito de la
brevedad) y luego cuantas rayas necesitas para hacer todo tu objetivo de número de afirmaciones. Te haces
una marquita donde se supone que debes acabar y ya está.
¿Qué es exactamente la visualización?
Visualizar es RECREAR un momento. Es ver con tu ojo mental, pero también es olerlo, es saborearlo,
es tocarlo, es oírlo, es SENTIRLO ¿Qué sentimientos percibes en esa situación? ¿alegría, orgullo, sonrojo?
¿a qué huele? ¿qué sonidos escuchas? ¿alguien te habla? ¿hay tráfico? ¿hay perros ladrando? ¿hay
pajarillos? ¿sientes frío o calor?
«¿Qué es mejor, afirmar o visualizar?» No se trata de practicar a veces afirmaciones y a veces
visualización sino de usar ambas a la vez. Combinando las dos técnicas tienes muchas más posibilidades de
manifestar cuanto antes tus deseos.
«¿Cómo visualizar más eficazmente?». No es fantasear con ser rico, es recordar que se es rico, pensar
en ello como un hecho objetivo. No es fantasear con tener al príncipe azul de tus sueños… es
«RECORDAR» que estás con la persona especial que te complementa. Implanta esos falsos recuerdos. Y
pronto dejarán de ser falsos y empezarás a crear más y más de lo que de verdad deseas. La forma más fácil
y eficaz de sentir ese “falso recuerdo” como REAL es mediante el agradecimiento. Visualiza con
sentimiento de agradecimiento, siéntete agradecido por ese dinero, ese coche o esa pareja que YA tienes,
que estás “recordando” cómo obtuviste. Acabarás visualizando con una sonrisa de oreja a oreja, claro
síntoma de que has tomado ese “falso recuerdo” como REAL.
«¿Por qué muchos visualizan con fotografías y dibujos?». Las fotos funcionan muy bien como
catalizador de la experiencia que queremos sentir pero sólo ponen en funcionamiento uno de los sentidos, la
vista, a partir de ahí hay que involucrar el resto de sentidos así como emociones.
No estaría de más aprender un poquito de Photoshop o cualquier otro programa o APP de edición de
imágenes ya que es muy efectivo hacer fotomontajes de tus deseos representándote a ti en la escena del
objetivo final que deseas. Por ejemplo, coges una foto de una persona conduciendo un BMW Z4 y le pones
tu cara. También puedes hacer un collage a la vieja usanza, cortando y pegando con tijera y pegamento.
«¿Qué es y cómo funciona (correctamente) el Tablón de Logros?». En resumen, un tablón de logros o
panel de deseos (algunos también lo llaman mapa de deseos, mapa del éxito…) es un tablón, por ejemplo un
panel de corcho, en el que vas colgando o pegando a modo de collage, fotografías o dibujos de tus deseos:
un coche nuevo, una casa, una novia… Con ello consigues ver de un vistazo tus fotografías o fotomontajes.
« ¿Cómo usar el tablón de logros si queremos mantener nuestros deseos a resguardo?» Coge una
cartulina típica, de un bonito o llamativo color y la pliegas dos veces de forma que quede igual o más
pequeña que el tamaño de tu libreta o carpesano de trabajo de desarrollo personal y luego pega una de las
caras de la cartulina en la tapa interior de tu libreta. Así, la cartulina queda discretamente plegada al cerrar
la libreta.
Si es la primera vez que haces un tablón de logros y tampoco tienes demasiadas fotos, por comodidad,
es mejor que recortes la cartulina por la mitad y la dobles una sola vez por la mitad, pegando una cara en la
tapa de la libreta y la otra quedará suelta para poder plegar bien. No tendrás que lidiar con un doble pliego
que es un poco más aparatoso.
En la parte de arriba de la cartulina añade bien grande y subrayado en fluorescente “Gracias por todas
las bendiciones que tengo y por todas las que estoy recibiendo”. Lee la afirmación antes y después de cada
sesión de visualización con tu panel y te ayudará a sentir el agradecimiento como si ya tuvieras tus deseos.
«¿Qué incluyo en el Tablón de Logros?» Sobre todo el objetivo con el que estés trabajando ahora, la
imagen final de éxito. Y luego el resto de deseos que quedaron pendientes en tu lista de deseos que hicimos
al principio pero que no se convirtieron en tu objetivo principal.
El tablón de agradecimiento. Es otra cartulina plegada y pegada, esta vez en interior de la otra tapa de
la libreta, la posterior con un collage de fotos de las cosas y personas por las que sientas amor y
agradecimiento. Y en la parte de arriba la afirmación bien grande y en amarillo «Gracias por todas las
bendiciones que tengo y por todas las que estoy recibiendo».
El Tablón de Logros y Agradecimientos. Se trata de en una sola cartulina combinar un collage de fotos
tanto de los Deseos/intenciones/objetivos como las cosas por las que sentir agradecimiento por ya tenerlas
en el plano material; esto ayuda a sentir aún más el agradecimiento por los deseos como si ya fueran una
realidad como el resto de cosas del collage (que sí son reales en el plano físico). Y por supuesto arriba del
tablón está la afirmación para leer antes y después de visualizar, «Gracias por todas las bendiciones que
tengo y por todas las que estoy recibiendo».
Visualización y afirmación deben ir de la mano para que la efectividad sea máxima. No hay mejor
momento y lugar para visualizar que cuando se está afirmando. Cuando estés afirmando ¡Visualiza tu logro!
Y viceversa, cuando estés visualizando, afirma.
Imaginemos que tu afirmación es: «Yo, Tom, ahora estoy de vacaciones en Rusia, disfrutando de mi
visita guiada por los palacios del Kremlin». No debes repetir la afirmación monótonamente sin sentimiento
sino visualizarte caminando por los suelos encerados del Kremlin, casi resbalando, oliendo el olor a madera
de los muebles… y por supuesto, sintiéndote agradecido por la experiencia que estás viviendo. Si luego
visualizas mediante tu Panel de Logros y Agradecimientos y observas la típica foto del Kremlin que tienes
pegada en tu panel, imagínate que estás allí mismo, desde ese punto viendo ese maravilloso edificio,
sintiendo el frío de Moscú pero agradecido de hacer el viaje de tus sueños y ponte a repetir tu afirmación
como si estuvieras allí mismo recitándola.
Si haces tus ejercicios nada más levantarte ya te puedes quedar tranquilo todo el día, sabiendo que tu ya
has hecho tu trabajo. Ahora el trabajo corresponde al Universo, tú sólo confía en él. No te obsesiones en
practicar. No te obsesiones en preocuparte por si se va a cumplir antes o después o por cómo se va a
cumplir… relájate… relájate... Déjalo ir.
Practicar demasiado, obsesionarse, paradójicamente repele la meta y nunca llegas a ella. ¿Por qué la
repelo? Porque cuando te obsesionas en tu objetivo, lo que realmente estás haciendo es céntrarte en tu
carencia, es convertir tu deseo en una necesidad.
«¿Cómo voy a dejarlo ir si parece que todo me va peor cuando empiezo a practicar con la Ley de la
Atracción?»
Recurso 1: Tomárselo con filosofía
Pensar que lo que te ha ocurrido es algo normal en el proceso de la consecución del objetivo/intención,
pues estás pasando a una vía del éxito. Pronto pasará todo esto y estarás disfrutando de tu
objetivo/intención. Conseguirás trascender ese mal. Compara esa incomodidad que estás sufriendo con las
que sufrió Víktor Frankl hace no tanto tiempo. Eso sí es sufrimiento.
Alquílate: Esto es, entrega tus manos y tu cabeza a lo que estés haciendo que no te gusta, pero no el
corazón. Actúa con indiferencia, sin obsesionarte, como un actor que interpreta un papel.
Recurso 2: repetir una afirmación
Si tienes que hacer un trabajo repetitivo y tedioso puedes acompañar la tarea con la repetición mental
de la afirmación que hayas construido para tu deseo. Otras eficaces son: «Ten calma y sabe que yo soy
Dios» o «HAMSA»
Recurso 3: considérate responsable
Debemos sentir que nosotros somos culpables de lo sucedido, algo has hecho para atraerlo. Saber esto
de por sí seguramente no te calme. Pero hay una afirmación derivada de esto que quizá te calme: «Lo siento
mucho, por favor perdóname».
Reconócete culpable de la situación y pide perdón. Sí, sé que es difícil pedir perdón cuando el
fastidiado eres tú, pero hay que hacerlo, sintiéndolo de corazón si quieres aliviarte.
Y por supuesto puedes combinar varias de estas técnicas. Por ejemplo puedes sentir que estás
“alquilado” en ese tedioso trabajo mientras repites afirmaciones. O puedes sentirte responsable y a la vez
mantener una actitud positiva.
Lo que nunca funciona es darle vueltas y más vueltas al problema. Sólo generarás más y más rabia en
tu interior la cual siempre degenera en enfermedades y, cuanto menos, te aleja de tu objetivo/intención.
Recuerda el proverbio chino: “Si un problema tiene solución ¿Por qué preocuparse? y si no tiene solución
¿Por qué preocuparse?” y yo añado, si no tiene solución ¡cambia a una actitud más positiva y repite una de
las afirmaciones sin parar.
Los resultados pueden ser muy diversos y sorprendentes, lo más común es que al disolverse esa rabia
que tenías por ese hecho dejes de darle importancia sin más y quizá no vuelva a repetirse la situación pero
también puede darse algún curioso y agradable giro de los acontecimientos.
Las donaciones, el diezmo y el “Glad-Giving” como máxima expresión de desapego al dinero.
Si realizas una donación de dinero volverá a ti multiplicado porque lo estarás desestancando,
haciéndolo fluir, circular. Pero es más, estarás diciéndole al Universo que no eres un adicto al dinero, esto
es, que tú controlas el dinero en lugar de que él te controle a ti. Se trata de conseguir un desapego al dinero.
Recordemos lo perjudicial que puede ser el apego. Dejas de centrarte en la carencia de dinero.
Hay un método sencillo para librarse de la dependencia al dinero sin necesidad de arrojarlo por la
ventana: el glad-giving, que consiste en realizar una “donación-feliz” un porcentaje de tus ganancias, como
si fuera un diezmo pero con unos requisitos:
- Cuánto: Lo mejor es entre un 1% y un 5%. Es primordial que no estés forzado a dar, que no resulte
incómodo porque si lo estás perderá su sentido y eficacia. No estás castigándote.
- Cuándo: nada más lo recibas, así no lo olvidarás. No te molestes en calcular deducciones de
impuestos, deudas pendientes...
- Dónde: A una organización que te interese de verdad, que creas que hace una buena labor social, que
coincida con tus ideales…
- Que sea anónima. Así evitas la obtención de un agradecimiento del beneficiario que vendría a ser
una contraprestación.
La necesaria creación de un hábito:
En estos momentos tu zona de confort (en la que no tienes lo que deseas) es más fuerte que tu deseo, es
más doloroso cambiar que quedarte donde estás, así que inconscientemente optas por el “más vale malo
conocido que bueno por conocer”. Así que debes crear una rutina nueva en la que lo confortable sea atraer
tus deseos en lugar de rechazarlos, obtengas más placer persiguiendo tu deseo que quedándote en tu actual
situación.
Convertir la repetición de las afirmaciones y la visualización en un hábito es una forma de programarte
para el éxito. Si un día lo haces y otro no, acabarás por dejarlo antes de conseguir tu logro y creerás que
nada de esto funciona ni ha valido la pena.
El problema suele ser que la gente primero quiere ver los cambios y luego ya se adaptará, sin darse
cuenta que es al revés, primero cambia tu actitud (y tu rutina) y verás cómo llega el éxito.
Te lo ilustraré de la siguiente manera: imagina que quieres tener tableta de chocolate en los
abdominales y dices «Primero quiero la tableta y luego ya adaptaré mi rutina para hacer abdominales». ¿A
que es absurdo? Pues así es como pensamos muchas veces.
Por suerte a continuación os presento algunas ideas de cómo hacer fácil la creación de una rutina:
Puedes aprovechar un hábito ya creado como la salida para fumar o ir al baño para hacer algunas
afirmaciones o visualizar o como, por ejemplo, cuando te contaba que aprovechaba mi descanso del café
para ir a leer mi tarjeta de cartón. Te haces servir de una rutina o de un vicio que ya tienes interiorizado en
tu zona de confort para que sea más sencillo realizar otra tarea que está fuera de tu zona de confort (como
realizar los ejercicios aquí descritos que te acercarán a tu deseo.)
Ahora bien, estas rutinas deben ser un complemento, lo que nos interesa es crear una rutina de afirmar
y visualizar antes de ir a dormir y nada más levantarse ya que, como hemos visto son los momentos del día
en los que la Ley de la Atracción funciona con más eficacia. Así que ¿Cómo “obligarnos” a una rutina tan
específica? Hacerla siempre en el mismo lugar y a la misma hora, en este caso deberíamos siempre
acostarnos y levantarnos a la misma hora y realizar los ejercicios en el mismo lugar, en el baño, en la propia
cama… pero no ir cambiando cada día.
Por otro lado ¡Es muy importante que no te saltes ni un sólo día! Según se ha demostrado
científicamente se necesitan 30 días seguidos, sin saltarse fin de semana, para que tu cerebro acepte los
cambios más drásticos en su percepción habitual, y esa es la referencia que hemos escogido para crear
nuestros nuevos hábitos del Protocolo L.A. 20/80.
Un truco: me pagaba por seguir bien mi rutina, era un premio, lo hacía placentero. Hice una especie de
contrato laboral por el cual cobraba una “nómina” por levantarme a las 06:30 y ponerme a escribir un cierto
número de palabras. Era como un escritor asalariado de mí mismo. Todo el dinero que “ganaba” con mi
“trabajo” de escritor iba a una caja para pagarme la publicación y distribución del mismo, es decir, para
acercarme más a mi deseo final. Tú puedes crear un contrato laboral por el cual tu empleador te paga si te
levantas a “la hora” y cumples con los ejercicios de la Ley de la Atracción. Además en ese contrato puedes
incluir un incentivo por objetivos y es que si cumples con toda tu rutina ¡efectivamente conseguirás tu
deseo! ¿no es ese acaso el mejor incentivo? y ¿No es entonces el mejor trabajo del mundo? ¿por qué no
disfrutar haciéndolo?
Si vas a utilizar este truco te recomiendo que ese dinero que apartas para pagarte lo saques del banco,
lo toques, lo tengas físicamente para palparlo y lo guardes en una caja con el nombre del deseo en el que
vas a invertirlo, eso lo hará más tangible, más real. Y por supuesto, el día en el que no cumplas la rutina, sé
inflexible contigo mismo y no te pagues, harás doloroso el hecho de no cumplir.
Un truco con resultados milagrosos para que levantarse de la cama sea mucho más placentero es
repetirte mentalmente, ya en la cama, mientras te estás quedando dormido la afirmación: “Que cada hora de
sueño se multiplique por dos”.
Si algún día te quedas dormido o por lo que sea llegas tarde y tienes la tentación de saltarte tus
afirmaciones de primera hora de la mañana piensa en esto: la mayoría de los gurús de la gestión del tiempo
tiene como premisa principal dividir cada día las tareas en:
Importante-y-Urgente;
Importante-pero-no-Urgente;
Urgente-pero-no-importante; y
ni-Importante-ni-Urgente.
El problema que tenemos casi todos los humanos es que le damos prioridad a lo Urgente. LO
IMPORTANTE HA DE PRIORIZARSE ANTES QUE LO URGENTE-NO-IMPORTANTE. Ahora piensa
en los ejercicios de la plantilla del monitoreo diario. Piensa para qué los estás haciendo. Los estás haciendo
para conseguir los mayores deseos de tu vida: un mejor trabajo, una pareja, una casa, salud, felicidad,
reconocimiento… ¿Acaso eso no son IMPORTANTÍSIMOS para ti? Mucho más importantes que llegar un
día tarde al trabajo o a una cita.
Además, ten en cuenta que la primera vez que tengas tentación de saltarte el día será la más importante
de todas porque si te lo saltas la primera vez, la segunda vez que tengas tentación será más fácil (menos
doloroso) saltártela, y la tercera aún más fácil y la cuarta aún más… así que piénsatelo muy bien antes de
saltarte los ejercicios por primera vez.
Igual de importante es premiarse por los pasos cumplidos. De ahí lo bueno que resulta el truco de
pagarse cual asalariado por cumplir con los ejercicios. Pero el premio también puede ser (o se puede sumar
como un extra o incentivo, por ejemplo después de una semana haciendo bien toda la rutina) un helado, una
escapadita, una cena romántica…
Estos pequeños premios también suponen un “ancla” para los éxitos, un pequeño recordatorio de que
estás logrando objetivos.
Las ayudas para conseguir un hábito:
Lo primero es tener un ambiente y unos materiales que la favorezcan. Del lugar ya habíamos hablado
en el capítulo dedicado a “Dónde afirmar”, asegurando que debía ser un lugar tranquilo en el que no ser
interrumpido. Además necesitas una mesa despejada y ordenada ya que vas a escribir mucho, centenares o
miles de afirmaciones y cualquier “trasto” innecesario en un mesa desviará tu atención. Deberías hacerte
cuanto antes con un buen cuaderno de tapa dura, ya que lo usarás todos los días, o bien un carpesano de
anillas con un gran número de hojas. Y bolígrafos cómodos. Vamos a escribir mucho y muy rápido, y ten
siempre de repuesto, que no se te acaben en mitad de un ejercicio. Yo uso siempre el bolígrafo del mismo
color (siempre lo mismo = rutina), me gusta usar el verde porque puedo diferenciarlos de los típicos azul y
negro que se usan para “trabajar” y el verde ya se ha convertido en mi color para la realización de mis
sueños y sujetarlo es como decirle a mi subconsciente «¡Vamos a ello! empecemos a hacer realidad
sueños». Se ha convertido en un “anclaje” de mis éxitos. También deberías tener un marcador fluorescente
para destacar conceptos y titulares. Nuevamente de un color con el que te sientas cómodo y preferiblemente
otro más de repuesto. Y, esto es muy importante, un cubilete, para que estén siempre en su sitio y no dando
vueltas por el escritorio (y finalmente por toda la casa).
Necesitaremos una cartulina de cualquier color y de tamaño standard (esas hojas grandes DIN-A2, que
son como cuatro veces un folio), unas tijeras de oficina y pegamento de barra para la creación del Tablones
de Logros y Agradecimientos. Este tablero está «vivo», es decir, irá cambiando con el tiempo, irás pegando
fotos nuevas y quitando cosas que ya no te interesan, de ahí que tengas siempre «tus» tijeras y «tu»
pegamento siempre disponibles y a mano en tu cubilete.
Que sea material EXCLUSIVO para tus ejercicios de la Ley de la Atracción. No uses para estos
ejercicios el mismo boli de la encimera de la cocina (que siempre se pierde), ni la libreta de la lista de la
compra. Este material es sagrado y sólo lo debes usar para atraer tus deseos. Al igual que tu espacio de
trabajo debe ser sagrado.
Quizá todo esto te parezca una tontería pero EL TRASUNTO DE TODO ESTO ES FACILITAR LA
TAREA AL MÁXIMO, para acabar con el vago que hay en todos nosotros por naturaleza.
Superar momentos de debilidad durante tu rutina:
Imaginemos que tu deseo último es perder quince kilos pero estás en una cena y durante el postre todos
comen helado, entonces tu deseo inmediato es comerte el helado.
Es tan “simple” como intercambiar sus lugares. Convierte tu deseo inmediato en algo que puedas
aplazar y convierte tu deseo último en algo que quieres ahora mismo. Imagínalos en el mismo momento
temporal, «si pudiera elegir ¿Preferiría ahora mismo tener mi peso ideal o comerme un helado?». La
respuesta aparecerá obvia delante de ti y muy probablemente se te irán las ganas de comer.
O pon en el mismo momento temporal el fabuloso programa de televisión que están haciendo ahora y
fantástico deportivo que quieres conseguir con tus afirmaciones «¿qué preferiría ahora mismo, tener el
deportivo o ver la televisión?»
Finalmente, respecto la rutina, sólo me resta decirte que la manera más eficaz de llevar el seguimiento
es hacerte una tabla de Excel que he incluido en el Protocolo L.A. 20/80.
Actuar como si ya fuera una realidad: para reforzar la programación subconsciente que queremos, en
nuestro día a día tenemos que actuar también como si ya fuéramos poseedores de nuestro deseo o
estuviéramos preparándonos para recibirlo de inmediato. Dicho claramente, ve al concesionario y prueba el
vehículo que deseas, ve a la inmobiliaria, escribe una carta de amor a tu pareja ideal como si ya estuvierais
saliendo juntos…
Mucho ojo porque al contrario también pasa, y desgraciadamente es lo más común, así, la gente tiende
a ahorrar «para cuando vengan las vacas flacas» o «por si caigo enfermo» (caso de autónomos o en países
sin seguridad social) y a la postre lo que ocurre es que llegan los tiempos difíciles y caen enfermos.
Como refuerzo también puedes buscar conexiones con tu objetivo en cualquier momento, por ejemplo,
si estás viendo una película y aparece un deportivo descapotable parecido al que tienes en tu objetivo
puedes tomarlo como una señal de que vas por buen camino y constatar el hecho de que «pronto vas a
disponer de uno muy parecido». Insisto, no se trataría de fantasear como si tú fueras el protagonista de la
peli con ese coche y esa chica sino de pensar que tú, con tu nombre y apellidos, tu «Yo» va a disponer
pronto de ello en el plano material.
Pasar a la acción no requerirá de un enorme esfuerzo, ni siquiera pienses en ello, porque con la Ley de
la Atracción es más bien una «acción-pasiva», sería pescar un deseo, más que cazarlo. No se trata de forzar
una situación (que como vimos, es perjudicial) sino de no rechazarla cuando se presente. Si haces bien tu
trabajo pasarás inconscientemente a la acción, esta no te supondrá ningún esfuerzo ni miedo, las
oportunidades se te presentarán “sin querer”, sin buscarlas conscientemente, sólo tienes que ser consciente
de las señales y no empeñarte, encabezonarte en no verlas.
«¿Cómo voy a saber si he de pasar a la acción cuando tengo una gran idea si se supone que he de
intentar no averiguar el “cómo”?» «¿Cómo sabré si no he sido “yo” quien ha creado forzosamente esa idea
para ajustarla a mis necesidades?». Se trata de una lucha entre la INTUICIÓN y la RAZÓN, entre el
inconsciente y la consciencia. En la teoría parece muy complicado discernir las diferencias, sin embargo, en
la práctica real es mucho más sencillo porque cuando te llegue la inspiración para actuar te vendrá como un
«eureka». Los “cómo” falsos, los que vienen de la razón, de la consciencia, suelen llegarte cuando estás
pensando conscientemente en tu objetivo y te confunden porque piensas que es una solución “razonable”a.
Los “cómo” verdaderos no albergan dudas y te entusiasman, empujan a actuar de inmediato y suelen
aparecer cuando tu mente “racional” está distraído, por ejemplo al hacer actividades automatizadas como
conducir, ducharte, lavar los platos… o en estados alfa como cuando meditas o acabas de despertar.
Para ayudarte a dilucidar si se trata de una llamada a la acción de la Ley de la Atracción, es importante
que estés muy atento a las señales que te va lanzando el Universo, las señales de conflicto y de cooperación.
Si te llega una señal para que actúes, para que te lances a por ello, pero no eres capaz de verla o interpretarla
como tal, no sirve de nada todo lo que estás haciendo en aras de conseguir tu deseo.
¿Recuerdas cuando en el capítulo de las afirmaciones hablábamos de buscar señales de
retroalimentación (de conflicto y cooperación) de nuestra mente y nuestro cuerpo para saber si estábamos
en buen o mal camino? Pues lo mismo vamos a hacer en el mundo externo para ver si lo estamos haciendo
bien cuando pasemos a la acción. Buscaremos señales, pistas.
Has de aprender a fluir con los indicios, durante el día a día ocurren pequeñas cosas que pueden darte
pistas de que algo está pasando y el Universo te indica que vayas por una determinada senda, sin oponer
resistencia, sin forzar las cosas. Al principio te resultarán difíciles de ver pero poco a poco, aunque sean
sutiles como no encontrar sitio para aparcar, podrás discernir que estás ante uno. Sólo debes estar atento,
intentar ser consciente de cada momento, de si lo que te está pasando AHORA te guía hacia adelante (más
energía y motivación, coincidencias positivas o golpes de fortuna, regalos, la gente y los animales se te
acercan con más amor…) y tienes que pasar a la acción o lo que te ocurre te guía hacia detrás (mala suerte,
tropiezos, coincidencias negativas, tu coche o aparatos electrodomésticos se estropean…) y entonces debes
hacer un alto en el camino, no forzar las cosas. Fluye por el camino que ofrezca menor resistencia y gózalo.
Una última advertencia respecto a las señales: no debes tomar las señales por la demostración misma y
luego sentirte decepcionado. Por ejemplo, si deseas un coche y alguien te regala un cochecito de juguete
debes saber que se trata de una señal de que vas por el buen camino y no enfadarte pensando que el
Universo se burla de ti.
El monitoreo. «¿Por qué es tan importante llevar un seguimiento de mi progreso?». Sin un monitoreo
diario no distinguirás las señales de conflicto o cooperación. Llevar un seguimiento (monitoreo) te ayudará
a ver con mejor perspectiva lo que está pasando. Donde empezaste, lo que estás alcanzando y lo que muy
pronto será una realidad.
El monitoreo está contemplado en la plantilla del protocolo L.A. 20/80. Diariamente lee tu afirmación,
imaginando y experimentando lo que describes (visualizando con los cinco sentidos) y escribe lo que has
hecho ese día para atraer el objetivo/intención en la columna correspondiente de la plantilla de protocolo,
así como las señales de conflicto y cooperación externas, del Universo que hayas percibido en tu día.
Si durante tus afirmaciones y visualizaciones diarias o incluso cuando estás escribiendo tu monitoreo
aparecen señales de conflicto internas (pereza a la hora de hacer las afirmaciones, aburrimiento, dudas,
miedo...) repara en ellas, anótalas en la plantilla e intenta modificar tu afirmación y volver a hacer
repeticiones hasta que veas que las señales de conflicto dejan paso a señales de cooperación (alegría y
felicidad, entusiasmo y avidez, certeza del logro...) o realiza el proceso de desbloqueo.
Rememora tu día anterior y anota también esos indicios positivos o negativos que te han hecho ser
consciente de que “algo estaba pasando”, esas coincidencias positivas o negativas, esos pequeños golpes de
buena o mala fortuna, etc. Evalúa en qué pueden estar acercándote o alejándote de tu objetivo.
Importante, cuando hayas logrado tu objetivo/intención. Completa el proceso felicitándote a ti mismo y
regalándote un pequeño premio que no entre en conflicto con tu objetivo principal. Con estos premios por
un lado le dices a tu subconsciente que estás haciendo las cosas bien, por otro relacionas placer con la
consecución de objetivo y por ende, al final creas un anclaje muy fuerte para tus siguientes
objetivos/intenciones.
Es muy importante establecer tus pequeños premios antes del momento mismo de premiarse para no
tener que pararse a pensar cómo te puedes premiar y acabar aplazándolo, y para establecer un buen anclaje
si te premias muy rápidamente, nada más cumplas ese pequeño logro.
El Protocolo 20/80 ©
Todo el rollo que te he soltado hasta aquí ha ha sido para llegar a este
capítulo, que pone en una sola plantilla de forma coherente y práctica las
técnicas y procesos de todos, o casi todos, los autores que han hablado de una
forma u otra, con unos u otros términos, de la Ley de la Atracción añadiéndole
algunas ideas propias. Un proceso que te disparará directo a tus deseos de la
forma más rápida y eficiente que se haya creado jamás. Sí, has oído bien, estoy
dispuesto a afirmar que este es el mejor método que existe para la
consecución real de tus deseos, ahora bien ¿Estás tú dispuesto a
comprometerte a seguirlo al pie de la letra? Sólo necesitarás un poco de
fuerza de voluntad al principio, pero una vez llegues al punto de desbloquear la
afirmación fluirás automáticamente.
Es tan simple como seguir paso por paso la rutina diaria, sin faltar un sólo día,
ni siquiera sábados, domingos o festivos. No aceptes ninguna excusa para no
hacer tu rutina, ni tan siquiera enfermedad. Si te saltas un día vuelve a empezar.
Pero si de verdad estás comprometido con tu éxito lo harás. Y si no lo estás, si tu
deseo no es lo suficientemente ardiente como para moderar un poco tu rutina
habitual, entonces es que has fallado desde el principio (en tu propósito u
objetivos) y ni esta ni ninguna otra técnica te funcionará jamás.
Pero inténtalo, no estás renunciando a nada, sólo estás probando algo nuevo y
no pierdes nada, si no te gusta lo que obtienes al cabo de treinta días no habrás
perdido nada (como dicen los españoles «más se perdió en Cuba»), pero si no lo
intentas, quizá sí que te estés perdiendo una vida maravillosa donde tus deseos
sean una realidad diaria.
En las siguientes páginas encontrarás la plantilla del Protocolo L.A. 20/80
pero rellenada con un ejemplo ficticio, por si tienes alguna duda para que veas
más o menos cómo se tiene que hacer. Al principio puede que observes errores
garrafales de lo que no se tiene que hacer, pero esto está hecho así para que veas
cómo poco a poco se van corrigiendo estos errores hasta obtener una afirmación
perfecta que cumple con todos los requisitos.
****Ahora ve a la web www.facebook.com/atraccionmasefectiva y descárgate la
«PLANTILLA PROTOCOLO 20/80 LEY DE LA ATRACCIÓN» (no necesitas
estar registrado en facebook) que está en formato PDF, un formato muy habitual
que cualquier navegador web puede leer y en tamaño DIN-A4 para que puedas
imprimir sin problemas con cualquier impresora doméstica para rellenarla tú
mismo/a. Puedes hacerle agujeros a esas hojas e incluirlas en tu nuevo carpesano
de trabajo o pegarlas con pegamento a tu libreta si has escogido tener un
cuaderno. Y si aún no has escogido ¡Este es el momento! ¡Ya hemos acabado
con la teoría! ¡Ahora empieza a hacer realidad tus sueños!
Aprovecho también para invitarte a darle al “me gusta”, compartir y consultar
todas las publicaciones que voy realizando en la citada página de facebook
donde actualizo los contenidos de este libro, explico los mejores procesos de
otros autores, doy pequeños trucos el día a día, comparto videos y muchas cosas
más.
*ATENCIÓN* Todos los dispositivos kindle no visualizan de la misma forma
las tablas, si no puedes visualizar las que vienen a continuación puedes
descargarlas aquí.
Nota de J. Blacksmith: Nótese cómo después de que Lena haya repasado la
afirmación, ésta ha vuelto a cambiar, reforzándose una situación presente
(andando por las calles de Lisboa) mucho más concreta y visual que
simplemente “hacer una ruta empezando en Portugal”, a la vez que la hacemos
más breve eliminando la ristra de países que por otro lado están en el futuro
(durante 3 meses), no en el presente de la afirmación (ahora … andando por
Lisboa), que sería en Portugal.
Nota de J. Blacksmith: En las páginas siguientes podemos ver un ejemplo
resumido de cómo sería el proceso de desbloqueo de Lena, sin embargo, el
proceso real conlleva muchas más páginas y normalmente los pensamientos y
sensaciones tardan más en aparecer, no surgen como mostramos aquí cada dos o
tres afirmaciones.
Nota de J. Blacksmith: surgido este recuero de «¡Siempre me han dicho mis
padres que busque un empleo estable y ahorre, en lugar de “perder el tiempo”»,
ahora sería conveniente que Lena hiciera otra «afirmación de desbloqueo» más
incisiva en esa inseguridad que tiene respecto a ganarse la vida viajando y
escribiendo sobre ello, debido a la “programación subconsciente” que, sin mala
intención, le inculcaron sus progenitores. Algo del tipo: «Yo, Lena, ahora sé que
viajar y escribir es divertido y puede ser un medio de vida».
Y una vez eliminada esa programación negativa que bloquea a Lena la
posibilidad de ganarse la vida con algo que le gusta, volvería a la afirmación
principal.
Nota de J. Blacksmith: bajo estas lineas la plantilla del monitoreo diario que
se puede ver más claramente así como descargar en
www.facebook.com/atraccionmasefectiva
Recuerda que si no has podido ver bien estas imágenes, puedes descargarlas
aquí.
Un apunte final: no tengas miedo de no estar haciendo bien un ejercicio, todo
lo contrario, si sientes el impulso de hacerlo de manera diferente porque los
ejercicios no se ajustan a tu realidad práctica ¡no tengas reparos en cambiarlos!
Es más importante seguir haciendo que quedarse paralizado por el miedo o la
incertidumbre. Yo mismo he cambiado a veces mis propios ejercicios, por
ejemplo, en la tabla del proceso de desbloqueo, cuando tiendo a reflexionar soy
muy descriptivo y detallista así que muchas veces no tenía suficiente espacio
para la reacción mental en el hueco que había. Podía haber escrito menos para
que cupiera pero decidí que era más importante explicar bien mi reacción así que
cogí espacio de las celdas siguientes. Sin problema, ajusta los ejercicios y las
tablas como sientas que son mejor para ti, eso sí, que no se convierta en una
excusa para saltarse todas las reglas básicas que hemos estudiado aquí.
Epílogo
¡Comenta! ¡Comparte!
Este libro no acaba aquí, como te he dicho, son miles los libros que hay sobre
la materia y yo estoy en perpetua formación por lo que continuaré ampliando
una y otra vez este libro y actualizando la Plantilla de Protocolo 20/80 a través
de la página de facebook www.facebook.com/atraccionmasefectiva
Dale al “Me gusta” y recibirás contenido exclusivo y todas las novedades
como ejercicios extra de refuerzo, interesantes capítulos nuevos como el
dedicado a la “Transmutación Sexual” o el de la “Goma de borrar del
agradecimiento” y muchas otras interesantes cosas.
Además, si aún te han quedado dudas por responder, envíame un mensaje a la
web con tu pregunta e intentaré responder lo más rápidamente que pueda para
que al final, nadie quede con una solo duda sobre cómo aplicar de forma rápida y
eficaz la Ley de la Atracción y si tu duda resulta particularmente interesante, con
tu permiso, quizá la añadamos en un próximo libro o reedición.
Y si te ha gustado el libro, por favor, para los autores es muy importante una
valoración positiva en Amazon, te estaría muy agradecido si dedicases un
minuto para dejar tu comentario positivo. Muchas gracias de corazón.
Ahora sí me despido dándote las más sinceras gracias por haber leído este
libro que en principio creé para poner en orden mis propias ideas sobre tantos y
tantos libros que había leído sobre la Ley de la Atracción y que al final fui
extendiendo para que más personas se beneficiaran de todo este trabajo de
investigación. Ya sólo me queda darte una nota final: aquí hemos visto todo un
proceso de colaboración con el Universo/Conciencia Universal/Dios para la
obtención de nuestros objetivos concretos. Ya mencionábamos que la forma más
efectiva de conseguirlos es cuando estos están alineados con el Universo, lo que
se consigue averiguando tu propósito vital. Llegará un día, cuando consigas la
mayoría de los deseos de tu lista, o al menos los más importantes, en el que
tendrás un cambio de enfoque en virtud del cual irás dejando de fijarte metas
concretas y simplemente te dejarás guiar por tu fuente de poder superior.
Renunciarás a tu idea de controlar la situación y confiarás, te entregarás
completamente al Universo/Dios, que atraerá de la forma más rápida y eficaz lo
mejor para ti, tu mayor bien y el de todos los involucrados. En ese momento tu
vida se convertirá en un regalo y obtendrás mucho más de ella de lo que puedas
pedir conscientemente pues dejarás de estar limitado por esa parte de la realidad
que consiste en «lo que estás intentando hacer». Hasta ese momento, buena
suerte, disfruta del viaje.
Bibliografía
Son todos los que están pero no están todos los que son. Hela aquí una
selección de los libros que más me han influenciado en mi vida y por ende en la
creación de este manual, evidentemente son muchos más que los que aquí se
recogen pero si quieres continuar con tu estudio de la Ley de la Atracción tan
obsesivamente como lo he hecho yo (ese 80% restante que aquí no se recoge),
estas son las fuentes de las que más he bebido en este libro y resultan un buen
punto de partida.
Martha Beck: «Encuentre su propia estrella polar» Ediciones Obelisco, 2003. Es el libro que más suelo
recomendar a las personas que me dicen en términos generales que no saben “qué hacer con su vida”. Si te
ha sabido poco el capítulo dedicado al propósito, este libro es la mejor forma de indagar más en él.
Anthony Robbins: «Pasos de Gigante» Editado por el propio Robbins en Amazon Kindle; «Controle su
destino» Debolsillo, 2010; «Poder sin Límites» Debolsillo, 2010. Robbins ha sido una de mis últimas
incorporaciones pues las más de 700 páginas de cada uno de sus libros me paralizaban y me impedían
acceder a este autor, pero una vez que te engancha ya no te suelta. Me encanta la forma en la que sabe
moldear nuestras conductas y pensamientos sin usar técnicas de las que muchos considerarían esotéricas
sino con comprobadas técnicas psicológicas como la Terapia Gestalt o la Programación Neurolinguística.
En EEUU es enormemente conocido y realiza convenciones de hasta 10.000 personas (También en Londres
una vez al año) donde todos los participantes comprueban lo que son capaces con el poder de su mente
¡caminando sobre brasas ardiendo! En España puedes asistir a los seminarios que ofrece la Coach oficial de
Robbins en lengua española Isabel Sales www.espaicoach.net quien también ofrece guía y traduce en
directo las convenciones que celebra Robbins en Londres y EEUU.
Wayne W. Dyer, ha publicado más de cuarenta obras y es archifamoso por «Tus zonas erróneas»
Debolsillo, 2010, sin embargo considero que su mejor y más completa obra aunque paradójicamente menos
conocida, es “Real Magic”, publicada en España como «Tus zonas mágicas: Cómo usar el poder milagroso
de la mente», Debolsillo, 2009.
El profesor húngaro Mihály Csíkszentmihályi, escribió en 1990 su bestseller, «FLUIR: una psicología
de la felicidad» Editorial Kairós, 2011, dedicada a explicar la felicidad que se obtiene cuando se “fluye”,
esto es cuando se está viviendo al 100% el momento, absorto absolutamente en lo que se está haciendo de
tal modo que parece que el ego desaparezca y el tiempo se detenga. Es un análisis muy interesante que nos
ayuda a comprender esta situación, sin embargo, desde mi punto de vista no es la obra más sencilla de
abordar.
Keith Ellis, «La lámpara mágica» Empresa Activa, 2001. Ellis crea uno de los procesos más prácticos
para tratar con la Ley de la Atracción, al que llama, L.A.M.P. (y de paso crea el paralelismo con la Lámpara
de Aladino, capaz de concederte todos tus deseos) y sistematiza con gran precisión muchos de los requisitos
que aquí hemos visto para materializar tus objetivos. Ellis no ha escrito mucho más sobre la autoayuda, ni
falta que le ha hecho pues su libro es muy completo, y se ha dedicado a la escritura de ciencia ficción con
invasiones de Aliens incluidas, algo que le entretiene más y le hace más feliz pese a que con la autoayuda
gozaba de mucho más prestigio y éxito económico y social. Como ya sabemos uno ha de seguir su
propósito vital.
Esther y Jerry Hicks «Pide y se te dará: Aprende a manifestar tus deseos» Urano 2005; «La Ley de
Atraccion: Conceptos Basicos de Las Enseñanzas de Abraham» Hay House, 2007. Del matrimonio Hicks
podría recomendar muchísimos libros pues hay una gran cantidad traducidos a multitud de idiomas, sin
embargo, son muy repetitivos así que te recomiendo el citado de conceptos básicos porque es el que mejor
explica, desde mi punto de vista, cómo surgió “Abraham” y sus enseñanzas fundamentales y el de «Pide y
se te dará» porque es un libro extraordinariamente práctico, con ejercicios de principio a fin, si bien es
cierto que para entenderlo completamente deberías leer primero el de conceptos básicos.
Timothy Ferris «La Semana laboral de 4 horas» RBA, 2012. Ferris es todo un aventurero que dejó su
empleo estable de oficina para hacer “lo que quería” con el mínimo esfuerzo posible, y es que él, al igual
que muchos autores de esta bibliografía, también es un acérrimo creyente de la Ley de Pareto que tanto ha
influenciado este manual. Consiguió hacer sus deseos una realidad y publicó su bestseller con no sólo la
biografía de su interesante (y aún joven) vida sino una caterva de consejos prácticos que ayudan a la
realización personal. Sólo su plantilla (a la que llama onirograma) que utiliza para dividir sus sueños en
plazos, subtareas e ingresos mensuales objetivo ya merecen el precio del libro. Otra de sus interesantes
obras, dedicados a la salud y el mantenimiento del cuerpo con el mínimo esfuerzo es «El cuerpo perfecto en
4 horas» Ediciones B, 2012.
Brian Tracy es un orador inspiracional, autor de decenas de obras de liderazgo empresarial y estrategias
de ventas y desarrollo personal como el famoso «¡Tráguese ese sapo!», Empresa Activa, 2003; o «Metas»
Empresa Activa, 2004, y que ahora está resurgiendo en España con la traducción y reedición de otros libros
suyos como «Negociación» Grupo Nelson, 2015; o «Liderazgo» Grupo Nelson, 2015.
Richard Wiseman, «59 segundos» RBA, 2015; «Nadie nace con suerte» Temas de Hoy, 2003. El caso
de Wiseman es peculiar. Pretende desautorizar la autoayuda, aportando estudios científicos que demuestran
“lo que de verdad sí funciona”, sin embargo, como ya hemos visto aquí, al final detrás de los estudios, las
conclusiones son las mismas que con la Ley de la Atracción, llegando Wiseman a aconsejar la práctica de
afirmaciones para atraer la buena suerte. Recomiendo sus libros porque reafirman lo visto en la Ley de la
Atracción.
Louis L. Hay «Usted puede sanar su vida» Books 4 pocket, 2007, pasó una infancia terrible y una
juventud no menos halagüeña, sin embargo comenzó a asistir como alumna a seminarios de autoayuda y
renacimiento, siendo pupila de Leonard Orr y escribió este libro con eficientes procesos de desbloqueo y
afirmaciones concretas para curar determinadas enfermedades, convirtiéndose en una de las más grandes
vendedoras del sector y creando su propio sello editorial, Hay House, Inc. que publica en EEUU a otros
autores bestsellers como Wayne W. Dyer. el matrimonio Hicks o Pam Grout.
Víctor Boc, «Cómo Resolver para siempre todos sus problemas de dinero» Open Project, 1999, es uno
de mis autores favoritos por su extraordinaria claridad y sencillez y por los logros impresionantes que he
obtenido gracias a su método. Mi problema con él fue que le pedía demasiado y muy rápido y lo abandoné y
no pude apreciar uno de los mayores logros de mi vida que obtuve con él hasta que lo vi con la perspectiva
de los años. Acababa de licenciarme y me sentía derrotado al no encontrar trabajo, entonces leí el libro y
comencé a practicar consistentemente y con fe su método, visualizando cada día cómo acudía a trabajar con
total libertad de acción a una radiotelevisión de la que había estado trabajando en prácticas (sin cobrar,
haciendo un programa de radio). No obtuve resultados y abandoné el método y sin embargo, dos o tres años
después “la vida” me había llevado a dirigir esa radiotelevisión.
Jack Canfield y Mark Víctor Hansen, «Sopa de pollo para el alma» Alba Editorial 1996. Sopa de pollo
para el alma (y toda su saga) son una buena opción para regalar a seres que amas pero que no están
familiarizados con la Ley de la Atracción, pues se trata pequeñas historietas de motivación y guía espiritual.
Más aconsejable para el tema que nos ocupa son «Los principios del éxito» Rayo, 2012 o «Atrévete a
ganar» Ediciones B, 1998.
Vadim Zeland, «Reality Transurfing», Ediciones Obelisco, 2010. Zeland es un misterioso (en todas sus
vertientes) autor ruso del que se conoce muy poco, vive alejado de la civilización y apenas concede
entrevistas y ha creado una saga de cinco libros que abordan la Ley de la Atracción desde una nueva y
original, algo compleja, perspectiva. Recomendado para los avanzados en la “Ley de la Atracción” y
aquellos a los que les encanta la autoayuda pero que ya están cansados de leer “siempre lo mismo”.
Janet Bray Attwood y Chris Attwood, «Descubre el Secreto», Zenith, 2008. Los Attwood relatan de
manera muy entretenida sus vivencias con la Ley de la Atracción, yendo un paso más allá de “El Secreto”
de Rhonda Byrne, concretándolo más. Su libro recoge “El test de la pasión” para ayudarte a encontrar
aquello que te apasiona, tu propósito vital. También han publicado «Tu riqueza oculta», Aguilar, 2015, ideal
para ahondar más en los rituales y rutina diaria.
Kolie Crutcher «La Ley de la Atracción para escépticos» Zenith, 2014. Además de ser una persona
muy accesible con la que cualquiera puede mantener conversación en sus redes sociales, Crutcher es ideal
para los más incrédulos pues sabe muy bien cómo justificar científicamente la Ley de la Atracción.
Además, su libro es pequeñito y muy económico.
Maxwell Maltz, «Psico-cibernética», Open Project, 2012. Ya en 1960, Maltz entendía a la perfección el
poder de los pensamientos y sabía, desde su experiencia como cirujano plástico, que una persona que se
siente fea, por muchos retoques plásticos a los que se someta se seguirá sintiendo fea. Necesita un cambio
en sus emociones y pensamientos, no en su físico. A partir de esto creó el tratado de psico-cibernética, toda
una revolución en la autoayuda de la época y que sigue teniendo mucha influencia más de cuarenta años
después de su muerte. Este es otro libro recomendado para los más escépticos ya que habla en términos
anatómicos como el cerebro o el sistema nervioso como mecanismos capaces de hacernos alcanzar
objetivos en lugar de hablar del Universo, la Conciencia Universal, etc.
José Silva, «Método Silva de Control Mental» Edaf, 2011. Creó un sistema que enseñaba en cursos en
los que han participado muchos de los gurús de hoy en día. Su método continúa vigente y al frente de la
gran institución que creó está su hija Laura Silva. Además del libro es especialmente interesante el curso
oficial audioguiado por la propia Laura en español y que encontrarás en
http://www.silvamethod.com/product/metodo-silva-de-vida y el audio oficial de los Silva de inducción a
Alfa que puedes adquirir en http://www.silvamethod.com/product/theta-to-alpha/
Eckart Tolle, «El poder del Ahora» Gaia, 2013, sufrió una catarsis espiritual durante una crisis de
identidad que lo tenía al borde del suicidio y que lo llevó a replantearse toda su existencia. Pasó a vivir
varios años como un vagabundo (alimentándose de su propia “paz interior”) y a escribir el bestseller
mundial «El poder del Ahora», un libro de pensamiento profundo que nos ayuda a conectar con nuestro ser,
sobre todo mediante la consciencia del presente, del AHORA, en cualquier momento del día, no sólo
durante la meditación.
Mark Fisher, «El millonario instantáneo» Empresa Activa 2002. Con este título del multimillonario
escritor y editor canadiense, Mark Fisher, era imposible que no enganchara a un joven y humilde estudiante
de 18 años que era yo antes de conocer la Ley de la Atracción. Este fue mi primer libro de autoayuda y le
guardo un gran cariño porque, además, me ayudó a conseguir mis primeros deseos. Es claro, sencillo, breve
y eficaz.
Mark Fisher y Marc Allen, «Piensa como un millonario» Gedisa 2015. Otro gran título en el que ponen
en común acuerdo sus principios del éxito estos dos multimillonarios escritores y editores. Allen creó la
famosa editorial “New World Library” junto a Shakti Gawain.
Shakti Gawain, «Visualización Creativa» Sirio, 2000; «Vivir en la Luz» Sirio, 2000; «Despertar a la
Conciencia» Sirio, 2000. En sus pequeños libros Gawain recoge de forma muy sistematizada mucha de la
información que aquí hemos dado, habla de entrar en Alfa, de visualización, de afirmaciones...
Derek Sivers, «Sigue tu pasión». Si estás pensando en montar tu propia empresa o la acabas de crear y
no tienes demasiados conocimientos y sí mucha inseguridad, tómate un par de horas para leer este librito
con toda la experiencia de su autor concentrada en muy pocas páginas. Sivers creó de la nada y en muy
poco tiempo una empresa que facturaba 100 millones de dólares al año sin complicarse demasiado la vida,
simplemente siendo fiel a unos pocos principios que tú también puedes seguir.
Stuart Lichtman, «Transposición Cibernética». Más que un libro es un curso que puedes realizar online
(http://stuartlichtman.com/) y que contiene numerosos ebooks en pdf para descargar. Desde luego Lichtman
es un genio y lo demuestra con los efectivos procesos que ha creado, sin embargo éstos son bastante
complejos y tediosos, requieren mucho trabajo, disciplina y tiempo.
Florence Scovel Shinn, habla de la vida como un juego, no como una lucha, y simplemente hay que
saber las reglas del juego. Aunque sus libros son de principios del siglo veinte, su tremenda lucidez y su
sentido del humor los hacen totalmente disfrutables hoy en día. Se hizo famosa con «El Juego de la Vida y
cómo jugarlo» pero recomiendo «4 libros en 1: el texto más importante de la metafísica del siglo XX»
Obelisco, 2007, que es un recopilatorio de cuatro de sus mejores libros –incluido «El Juego de la Vida y
cómo jugarlo»– en uno solo de bolsillo)
Dr. Joseph Murphy, «El poder de tu mente subconsciente», Arkano Books, 1026. Algo genérico y poco
práctico para mi gusto pero repleto de historias entretenidas y motivadoras.
Malcolm Gladwell «Fueras de serie, por qué unas personas tienen éxito y otras no» Taurus, 2009; «La
clave del éxito» Taurus, 2007; «Inteligencia Intuitiva» Taurus, 2005. No es estrictamente un autor de
autoayuda ni tiene mucho que ver con la Ley de la Atracción, sin embargo, es de justicia mencionarlo en la
bibliografía por la gran influencia que han tenido en mí (y en este manual) sus estudios sociológicos, que
arrojan una enorme luz sobre por qué nos comportamos como nos comportamos los seres humanos y cómo
y por qué obtenemos (o no) lo que deseamos.
Rhonda Byrne, «El Secreto» Urano, 2008;«El Poder» Urano, 2010; «La Magia» Atria, 2012. Si antes
de comenzar este manual sólo conocías a un autor de la Ley de la Atracción, muy probablemente fuera
Rhonda Byrne. Nadie antes en la historia ha llevado esta Ley, o como ella lo llama “El Secreto”, a tantos
millones de personas. Quizá no sea la primera pero sí la que más ha hecho por convertirlo en un fenómeno
de masas. «El Secreto» es un buen punto de partida con la Ley de la Atracción (ideal para regalar pero no
para tí, que ya debes ser un experto), «El Poder» es un libro muy positivo centrado en la maravillosa fuerza
del Amor, y «La Magia» es su libro más práctico, con ejercicios para cada día, dedicados especialmente a la
gratitud.
John Demartini, «El efecto Gratitud» Books4pocket, 2012; «Dar Gracias a la vida» Urano, 2012.
Demartini dedica libros enteros al poder del agradecimiento, pero no creas que da para poco, todo lo
contrario, este quiropráctico reconvertido en guía espiritual (y que cada año se le ve más joven que el
anterior) tiene mucho que contar, y no sólo se nutre de anécdotas personales muy entretenidas sino que
también plantea ejercicios prácticos con afirmaciones, liberación de bloqueos o creación de planes para
conseguir objetivos. De él aprendí a dar gracias por todos y cada uno de mis clientes y así lo hago, tanto de
la empresa de mi mujer como de todos los que me compráis libros, escribo un gracias al lado de vuestro
nombre (en el caso de las ventas que no puedo saber el nombre, por ejemplo porque no vendo yo o mi
empresa de forma directa, también doy las gracias aunque sea a alguien anónimo) y, la verdad es que no
tengo queja, siempre he ido a más.
Viktor Frankl, «El hombre en busca del sentido» Herder, 2015. Creo que ya es la tercera vez que
recomiendo este libro, una historia personal estremecedora de un psiquiatra judío que de la noche a la
mañana fue preso, apartado de su familia (a la que mataron) y pasó por cuatro campos de concentración
nazi. Resulta realmente difícil explicar por qué este libro que cuenta algo tan horrible puede acabar dando
sentido a tu vida y la existencia del ser humano y puede suponer un mensaje de optimismo a aquellos que
estén pasando por un mal momento. Recomendado por psicólogos y psiquiatras de todo el mundo.
Phil Laut, «El dinero es mi amigo» Grupo Editorial Tomo, 1999. Aunque sus recomendaciones se
pueden extrapolar a cualquier ámbito, se centran principalmente en la relación con el dinero, de cómo
mejorarla y disfrutar con las finanzas. Es muy práctico sus sistema de división de los ingresos y gastos en
porcentajes, método que personalmente he seguido durante muchos años.
Osho, «El Libro de los Secretos» Osho Classics, 2007. «Meditación: la primera y última libertad, una
guía práctica» Grijalbo, 2015. De Osho se podrían recomendar centenares de libros buenísimos (se le
atribuyen más de 650 libros pero la mayoría son transcripciones de sus conferencias y entrevistas) pues
tiene una claridad de pensamiento, unos conocimientos y un sentido del humor que lo hacen irrepetible,
pero si hay que elegir uno, la obra que sin lugar a dudas mejor recopila todo su pensamiento al completo es
«El Libro de los Secretos», un tomo algo caro pero sus más de mil doscientas páginas bien lo valen.
Además, está muy bien editado en tapa dura e incluye un DVD. Por otro lado, para aquellos que desean
practicar la Meditación pero no saben cómo empezar y se sienten demasiado agitados como para parar sus
pensamientos, recomiendo «Meditación: la primera y última libertad, una guía práctica» que incluye la
explicación de la que Osho denominó “Meditación Activa” para occidentales estresados. Deepak Chopra
(«Las Siete Leyes Espirituales del Éxito» Edaf, 2011; «Sincrodestino» CLAVE, 2016. Otro autor muy
prolífico y de los más conocidos en el mundo de la autoayuda es Deepak Chopra. Este endocrino de las
estrellas (entre sus clientes figuran varios actores y actrices de Hollywood) y gurú espiritual renegó de su
formación médica occidental volviendo a sus orígenes hindúes con la aplicación de la medicina tradicional
Ayurveda combinada con ideas de mecánica cuántica. Tiene en su haber más de 80 libros traducidos a 43
idiomas, 21 de ellos bestsellers del New York Times, destacando su obra más conocida, «Las Siete Leyes
Espirituales del Éxito» que estuvo ¡72 semanas en lista! Junto a este libro que recoge toda la esencia de su
pensamiento que más tarde ampliará en otros muchos, me gusta recomendar «Sincrodestino» ya que ofrece
métodos prácticos para aumentar notablemente las coincidencias en tu vida, tan necesarias como guías hacia
nuestros deseos.
Leonardo Stemberg, «Contranalisis»Diana, 1993. He dudado si poner esta obra como recomendada en
la biografía por la historia polémica que gira alrededor de su autor, sin embargo, ello no hace menos eficaz
el sencillo y único ejercicio que propone en su pequeño librito.
Joe Vitale, «Mercadotecnia Espiritual» Veritas Invictus Publishing, 2011; «Cero Límites» Obelisco,
2011. Existen dos Joe Vitale (o Mr. Fire como también se le conoce), uno es el de la Ley de la Atracción
más pura, siendo uno de los autores que más claramente expresan las características y requisitos que ha de
tener para que funcione (su obra más emblemática al respecto es «Mercadotecnia Espiritual»). Pero hace
unos años, tras conocer la historia del Dr. Hew Len según la cual curó a todo un pabellón de enfermos
mentales sólo mediante el pensamiento gracias al método del Ho´oponopono, Vitale cambió su temática
para centrarse exclusivamente en este impronunciable método de curación hawaiano (en «Cero Límites»).
Curiosamente, pese tener una de las escrituras más amenas (también revisó la Transposición Cibernética de
Stuart Lichtman para hacerla menos técnica y más entretenida), no es un vendedor de libros en masa
(muestra es que sus primeros libros son bastante difíciles de conseguir y no están editados de manera
demasiado cuidada), pero parece que tampoco le hace demasiada falta y él es feliz como músico semi-
profesional y conduciendo su colección de deportivos de alta gama.
Stephen C. Lundin, Harry Paul y John Christensen, «Fish!» Empresa Activa, 2015. Es el libro perfecto
cuando diriges una entidad en la que sus miembros están desmotivados y la arrastran a la quiebra. Cuenta la
historia de una pescadería callejera que basa su gran éxito en la actitud que tienen los empleados hacia el
trabajo lanzándose el pescado entre bromas y chistes, una actitud que contagia a clientes y viandantes.
Spencer Johnson, «¿Quién se ha llevado mi queso?» Empresa Activa, 1999. El primero de una larga
lista de lo que podríamos llamar “nueva mística empresarial”, libros de educación empresarial que enseñan
de forma muy sencilla, casi infantil, “lo que no se enseña en la Universidad”. En este caso, Johnson utiliza
una parábola donde unos ratoncitos que representan una determinada empresa casi se mueren de hambre al
quedarse paralizados esperando que las cosas cambien por sí mismas, mientras otros ratoncitos que
representarían otra empresa al primer indicio de que las cosas van mal se mueven en busca de alternativas y
pese a la incomodidad de salir de su rutina alcanzan el éxito.