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Guía resumen del género dramático

El origen del teatro griego

En la antigua Grecia, los habitantes de cada región acostumbraban acudir cada año a
ceremonias religiosas en honor a sus dioses, donde consagraban los hechos sobrenaturales de
estos, descubrían hechos de sus vidas y las obras que habían realizado y por las cuales eran
recordados. Así, de esta manera, podían comprender mejor el significado de la vida y de la
muerte.

La celebración más importante de Atenas era la que se consagraba a Dionisio, dios del vino y la
vegetación y responsable de enseñarles a cultivar la uva y convertirla en vino.

Este era un dios amable y bondadoso con quienes lo adoraban pero podía ser terrible y
vengativo para quienes lo despreciaban. Su festival duraba 5 días seguidos y se celebraba cada
primavera y cada invierno.

Durante estos rituales cantaban y bailaban 12


hombres que formaban un coro y se cubrían el
rostro con máscaras que adornaban con cuernos
de cabra, por eso el público les llamaba
“Tragedias” que viene del griego “tragos” que
quiere decir cuernos de cabra y de “odas” que
quiere decir himnos, o sea, el coro que cantaba
con mascaras de cabras.

En el año 534 a.c. el jefe de gobierno de la ciudad


de Atenas buscó la manera de que más gente
asistiera a estas celebraciones y le encargó al poeta Tespis, que era el director del coro del
templo de Dionisio, que inventara algo para que estas celebraciones fueran más atractivas.

A Tespis se le ocurrió salirse del coro para enfrentarlo y realizarle preguntas como por ejemplo
¿Por qué no llovió lo suficiente este año? ¿Por qué Dionisio renacía?

Así surgió lo que hoy conocemos como teatro y Tespis se convirtió en el primer actor de la
historia, que en ese entonces fue llamado “Hipócrita”, que en griego quería decir “el que
responde detrás de la máscara”.

Este enfrentamiento producido entre el hipócrita y el coro le gustó mucho al público y atrajo
más gente, organizándose de esta forma concursos entre los poetas para que escribieran
historias y las pusieran en escena.

Al compartir el sufrimiento que veían representados en las historias, donde sus héroes sufrían
más que nadie, el público podía desahogarse de sus culpas y así se producía un especie de
purga de emociones o “catarsis”.