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EVOLUCIÓN DE LA TEORÍA DEL DELITO

En la evolución del Derecho Penal se han presentado diversos sistemas que definen al delito y
que constituyen cada uno un modelo de análisis diferente y que han sido construidos sobre la base
del modelo anterior con la perspectiva de superar sus carencias. La dogmática jurídico penal ha
desarrollado dos grandes sistemas: los sistemas teóricos antiguos o bipartitos y los sistemas
teóricos contemporáneos o tripartitos.

Los sistemas antiguos o bipartitos se basaban principalmente en la distinción entre sujeto (autor
del hecho) y objeto del delito (hecho cometido por el autor). Estos sistemas examinan la idoneidad
del sujeto del delito (para tales sistemas se hace forzoso tomar a la teoría de la imputabilidad como
base del sistema: solo es capaz de actuar un autor imputable). El objeto del delito aparece recién
con el debate sobre la causalidad del autor; y este está constituido por el ilícito típico. La dogmática
italiana los denominó imputatio facti (imputación objetiva o del hecho) e imputatio iuris (imputación
subjetiva del hecho), se le imputaba al sujeto ser autor de la conducta como obra suya de la parte
externa u objetiva del hecho y se le atribuía también dicha conducta por la actitud interna o
subjetiva ante las normas.

Los sistemas teóricos contemporáneos o tripartitos, se han desarrollado sobre la base de los
sistemas bipartitos en la ciencia del derecho alemán a finales del siglo XIX, luego se fue
perfeccionando gracias a los aportes de la misma doctrina alemana, los países de la Europa
continental, los países de Iberoamérica y algunos países asiáticos. Estos sistemas a diferencia del
anterior, fundamentan al delito a través de la acción. “En este sentido, es capaz de cometer una
acción toda persona, sin consideraciones de su imputabilidad; de tal modo, esto pasa ser de un
presupuesto de la acción a uno de la culpabilidad.”

A partir del sistema tripartito que es el dominante, en la dogmática alemana se han desarrollado
cuatro sistemas específicos que han tenido gran influencia en Latinoamérica:

 Causalismo naturalista
 Causalismo valorativo
 Sistema finalista
 Sistema funcionalista.
Cada uno de estos sistemas ha tenido influencias filosóficas, culturales y sociales en
relación a su desarrollo histórico dogmático.

a. CAUSALISMO NATURALISTA (SISTEMA LISZT-BELING)

Ante la dificultad de los autores hegelianos y de los teóricos para lograr proporcionar una
concepción práctica del delito, se dio lugar a que rápidamente se difundiera el
pensamiento positivista que dominó en Alemania desde el último tercio del siglo XIX hasta
las primeras décadas del siglo XX. El pensamiento filosófico del positivismo naturalista,
que es un pensamiento mecanicista y causalista que originó el método del sistema LISZT-
BELING. Este positivismo científico se traduce en dos expresiones: una de ellas el
normativismo (Dogmática del derecho Penal); y el otro es el naturalismo (Criminología).
Dicha concepción filosófica, se halla plasmada en la concepción del delito que construye
este sistema. Con este sistema se da inicio a la dogmática moderna buscando la
configuración de una teoría científica del delito.

En este sistema se comienza a utilizar el método analítico del positivismo científico, donde
se distingue y se identifica claramente los elementos generales del delito, buscando en
cada uno de ellos su base empírico-descriptivo, diferenciando las características objetivas
de las subjetivas.
Franz von LISZT adoptó el pensamiento científico de las ciencias naturales y lo adecuó a
la explicación del delito, como un sistema de sucesivas determinaciones. Este se regía
por el principio objetivo-subjetivo: lo injusto objetivo y la culpabilidad subjetiva.
Este sistema clásico se expresaba como una estructura bipolar: de un lado debía
garantizar un máximo de seguridad jurídica mediante la objetividad y el formalismo de los
presupuestos penales; de otro, debían alcanzar un máximo de efectividad gracias a un
sistema sanciones orientados hacia el delincuente. La plasmación del delito en este
modelo se enfoca como un fenómeno matizado normativamente donde el delito es, sobre
todo, una conducta acompañada por tres atribuciones: tipicidad, antijuridicidad y
culpabilidad.
En este sistema el tipo es objetivo-descriptivo. El tipo es una descripción de la relación
(antecedente) y un resultado, que es el cambio del mundo exterior (consecuente). La
tipicidad y el tipo tienen carácter descriptivo, no valorativo, pues se entiende que el simple
hecho de que una acción esté escrita en la ley penal no implica todavía valoración
negativa; ni positiva, de esa conducta, sino que es algo valorativo neutro, ya que puede
suceder que ocurra una causa de justificación que elimine la antijuridicidad y con ello el
posible desvalor o incluso suponga una valoración positiva.
La antijuridicidad es objetiva-valorativa. Se caracteriza por ser un juicio valorativo
puramente formal, ya que solo bastaba con comprobar que la conducta es típica y que no
concurre ninguna causa de justificación que excepcionalmente le permita, para poder
enjuiciarla negativamente como antijurídica. La antijuridicidad también era entendida en
forma objetiva, como contradicción entre hecho y norma.
La culpabilidad es un aspecto subjetivo del delito que busca precisar el contenido de la
voluntad y se identifica como la relación psicológica con la conducta típica y antijurídica.
Es una relación psicológica no material entre el hecho y su autor. Las diversas
intensidades de este vínculo dan origen a las formas de la culpabilidad que son el dolo y
la culpa: así en el caso del dolo, el nexo “es la voluntad o incluso la intención, ya que el
sujeto conoce y quiere realizar el hecho; mientras que en el caso de la imprudencia
resultaba más difícil hallar ese nexo psíquico, ya que el sujeto no quiere causar el
resultado, no quiere realizar el hecho típico.

b. CAUSALISMO VALORATIVO (SISTEMA NEO-CLÁSICO)

En Alemania, el método positivista fue abandonado a principios de los años veinte del
siglo pasado. Así, por la influencia del neokantismo de la escuela sudoccidental alemana,
surge un modelo causal valorativo que estudia al delito en orientación a valores e ideales.
La ideología neokantiana se identifica entre dos grandes ciencias: las de la naturaleza y
las de los valores. En ese contexto se propugna el carácter de auténtica ciencia de las
ciencias del espíritu (a la que pertenece la ciencia del Derecho), diferenciándola de las
ciencias naturales, tanto en su objetivo como en su método. Así pues, las ciencias
naturales contaban con un objeto físico, mientras que las ciencias del espíritu tenían como
objeto las obras y caracteres del espíritu humano, que suponen significados y
valoraciones. El método no es el empírico y de observación, propios de las ciencias
naturales, sino que el método de la ciencia del espíritu se fundamentaba en aprehender,
entender, valorar significados y sentidos y, aplicar las valoraciones a las obras y virtudes
humanas. El método de las ciencias del espíritu es un método comprensivo y valorativo.
Este sistema aplicó ideas neokantianas valorativas sobre un sistema positivista naturalista
del delito, de manera que lo valorativo recorría y vinculaba todos los elementos del delito
(lo injusto es objetivo, valorativo y excepcionalmente subjetivo; la culpabilidad es subjetiva,
pero también valorativa). Esta filosofía buscaba reemplazar el positivismo científico por un
positivismo teológico referido a valores.
Este sistema mantiene la concepción causal de la acción objetivo-descriptivo, pero
abandona la identificación naturalista descriptiva dada por el sistema clásico, pasando a
ser una acción normativa o valorativa.
El tipo deja de ser identificado bajo los caracteres objetivo-descriptivo, pasando a acoger
elementos normativos, así el tipo comienza a dotarse de elementos valorativos en la
medida que en él también se identifican elementos subjetivos.
Así pues, los neokantianos acuñaron la expresión “tipo injusto”, ya que efectivamente la
antijuridicidad pasaba a configurarse como un elemento verdaderamente material del
delito, de modo que la tipicidad desempeñaba el papel de marco de descripción formal del
juicio de injusto. La tipicidad ya no viene a ser un simple indicio, sino que ya implicaba
antijuridicidad.
En resumen, el sistema buscó otro tipo de diferenciación para explicar el injusto y la
culpabilidad y los encontró en las distintas formas de valoración. Al afirmar la presencia
del injusto, se valora el hecho desde el punto de vista de la dañosidad social, y al constatar
la culpabilidad se le valora desde el punto de vista de la reprochabilidad.

c. SISTEMA FINALISTA
El sistema finalista cuenta entre sus precursores a Hellmuth von WEBER y Alexander Graf
ZU DOHNA. WEBER encontró que los conceptos que se utilizaban para la descripción del
comportamiento delictivo, le daban al legislador dos posibilidades para comprender dicha
conducta: o pueden estar constituidos en formas que determinen que una conducta causa
un resultado (contenido causal) o en forma que designe que una conducta está sostenida
por un querer determinado del autor (contenido finalista). WEBER consideraba a la
antijuridicidad y a la culpabilidad como los dos elementos fundamentales de la acción
punible. “La culpabilidad se halla en el poder y la antijuridicidad en el deber”. La
antijuridicidad de una conducta puede determinarse conforme a circunstancias objetivas
como subjetivas. También considera que “la conciencia de la antijuridicidad no está
contenida en el dolo”. En cuanto a la culpabilidad afirma que “actúa culpablemente quien
actúa antijurídicamente siempre que hubiese podido actuar de otra manera”. En relación
a la obra de Alexander GRAF ZU DOHNA, WELZEL reconoce que DOHNA fue el
que dio el paso decisivo hacia la comprensión de que, en el juicio de la culpabilidad, lo
mismo que en la constatación de la culpabilidad, lo mismo que en la constatación de la
antijuridicidad nos encontramos ante el resultado de una valoración; separó tajantemente
la valoración (reprochabilidad) y redujo el concepto de la culpabilidad a la valoración del
objeto. Siguiendo el camino iniciado por DOHNA, la doctrina de la acción finalista asigna
al dolo, que había quedado en aquel autor sin patria, sin lugar apropiado, como una
especie de voluntad final de la acción, en el tipo (subjetivo) de los delitos dolosos.
WELZEL adopta la definición tripartita del delito: “La tipicidad, la antijuridicidad y la
culpabilidad son los tres elementos que convierten a la acción en un delito”. Lo importante,
para los finalistas es la distinción entre objeto de valoración, es decir el tipo del injusto; y
el juicio de valoración, es decir, la culpabilidad.
Se terminó reconociendo que existen delitos comisivos y omisivos y dentro de ellos
sistemas dolosos y culposos.

d. SISTEMA FUNCIONALISTA

El nuevo sistema “racional-final” o “funcional” para una teoría del delito, empezó a ser
desarrollada en la década de 1970, alejándose de los postulados finalistas en el entendido
que el Derecho Penal no pudo vincularse a realidades ontológicas previas (acción,
causalidad, estructuras lógicas-reales), sino que únicamente y exclusivamente puede
guiarse por las finalidades del Derecho Penal. Los postulados funcionalistas no buscan
modificaciones en la teoría del delito, más bien, pretenden atribuir en sus elementos
nuevos contenidos, con el objeto de ampliar su capacidad explicativa de soluciones y su
aplicabilidad a la realidad.

1. Funcionalismo Mesurado (Sistema Postfinalista Político-Criminal)


La idea de construir teóricamente al delito en base a la función político-criminal del
Derecho Penal, es desarrollada por Claus ROXIN en su obra (Político Criminal y
sistema del Derecho Penal). A esta constitución teórica el penalista alemán a denomina
“sistema teológico-político criminal”
ROXIN precisa que “una política criminal forjadora de un sistema tiene recoger en si
los derechos y libertades reconocidos internacionalmente. Allí donde esto no suceda,
las disposiciones e interpretaciones solamente constituyen simples elementos del
ejercicio de poder, pero no normas jurídicas ni juicios de cognición.”
Se considera que un moderno sistema de Derecho Penal, ha de estar estructurado
teológicamente; en otras palabras, construido atendiendo a finalidades valorativas.
En el sistema planteado por ROXÍN, los elementos generales del delito deben estar
establecidos y armonizados acorde a los fines políticos-criminales.
ROXIN al referirse a la acción, considera que no se debe partir de por algo
empíricamente preexistente (causalidad, conducta voluntaria o finalidad), sino de una
identidad del aspecto valorativo. Así, un sujeto habrá actuado sin determinados efectos
procedentes o no del mismo, se le puede atribuir a él, como persona ósea como centro
espiritual de la acción, por lo que se puede hablar de un “hacer” o “dejar de hacer” y
con ello de una “manifestación de la personalidad. ”
ROXIN, explica al tipo como plasmación técnica del principio de legalidad. Con el tipo
se valora la acción desde el punto de vista de la necesidad abstracta de la pena, es
decir, independiente de la persona del sujeto concreto y de la específica situación de
la actuación.
Plantea la teoría de la imputación del tipo objetivo, establece que en los sistemas
anteriores el contenido del tipo queda reducido a una simple causalidad. Por ello, la
posición de ROXIN busca depender la imputación de un resultado al tipo objetivo de la
realización de un peligro no permitido dentro del fin de la protección de la norma. Así
se logra sustituir por primera vez la categoría científico-natural o lógica de la causalidad
por un objeto de reglas orientado a las valoraciones jurídicas.
Considera que la antijuridicidad no es una categoría especial del derecho Penal, sino
todo el Derecho.
El otro elemento importante a tener en cuenta, según ROXÍN, es la culpabilidad, pero
nos plantea un concepto renovado. Este autor amplia el elemento culpabilidad a la
responsabilidad, en el sentido en que la culpabilidad como condición ineludible de toda
pena se le debe añadir siempre la necesidad preventiva (especial o general) de la
sanción penal, de tal modo que la culpabilidad y las necesidades de prevención se
limitan recíprocamente y solo conjuntamente dan lugar a la “responsabilidad” personal
del sujeto, que desencadena la imposición de la pena. Así, la culpabilidad y la
necesidad preventiva se presentan como condiciones ciertamente necesarias, pero por
si solas no suficientes de la pena. En este elemento delictivo de la responsabilidad se
busca saber si el sujeto individual merece una pena por el injusto que ha realizado.
Dentro del proceso de la responsabilidad encontramos a la culpabilidad como uno de
sus presupuestos más importantes. Pero además de ella se debe añadir una necesidad
preventiva de punición.

2. Funcionalismo Extremo

Este planteamiento funcionalista de la teoría del delito propuesta por Günther JAKOBS,
plantea que las diferentes categorías se observaban desde el punto de vista de su
funcionalidad para el sistema social de convivencia. En su obra JAKOBS, se expone
una visión puramente tecnocrática del Derecho Penal y de la teoría del delito, en la que
el carácter conflictivo de la convivencia social queda convertido en un problema que
tiene que ser reducido y resuelto por las categorías jurídicas, de forma puramente
funcional. JAKOBS, invierte la teoría de su maestro WELZEL al establecer que
elementos como causalidad, finalidad, acción, etc., no tienen contenido prejurídico que
se vinculan como conceptos jurídicos penales, sino que sólo se pueden establecer
según los requerimientos de la regulación jurídica, por ello se afirma que la postura que
adopta JAKOBS implica un sorprendente renacimiento de la teoría de la construcción
de conceptos del neokantiano LASK. Propone una posición más radical que la de
ROXIN, busca la normativización de toda la dogmática.
JAKOBS comprende a la teoría de la acción como parte de la teoría de la imputación.
Así en su esfuerzo por alcanzar un concepto que comprenda las diversas variantes
conductuales, entiende que la acción es la acusación del resultado individualmente
evitable.
En este autor, el injusto es una acción no tolerable socialmente.
JAKOBS, configura funcionalmente la culpabilidad como “concepto que rinde un fruto
de regulación, conforme a determinados principios de regulación (de acuerdo con los
requisitos del fin de la pena), para una sociedad de una estructura determinada. El fin
de la pena es según la concepción aquí desarrollada, de tipo preventivo general; se
trata de mantener el reconocimiento general de la norma”. Culpabilidad es infidelidad
al derecho. El panorama de los elementos del tipo total de la culpabilidad que formula
JAKOBS se integra por un tipo positivo de culpabilidad (inimputabilidad, conciencia de
lo ilícito y especiales elementos de la culpabilidad) y un tipo negativo de culpabilidad
(inexigibilidad).