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Bordeños

Francisco Serratos

FondoEditorial Tierra Adentro


Francisco Serratos

BORDEÑOS

FRANCISCO SERRATOS (Vera-


cruz, 1982). Vivió su infancia y
adolescencia en Ciudad Juárez.
Estudió literatura en Chihuahua
y un doctorado en Arizona State
University. Ha publicado en re-
vistas como Crítica, Lado B, Pic-
nic, Gaceta Frontal, entre otras.
Autor del libro La memoria del
cuerpo. Salvador E/izandoy su es-
critura C Ficticia, 2011); y forma
parte de la antología de ensayos
Cámara oscura. Ensayos sobre
Salvador E/izando C FETA, 2011).

FONDO EDITORIAL TIERRA ADENTRO 498


Para Alejandro, amigo siempre presente

Programa Cultural Tierra Adentro


Fondo Editorial

Primera edición, 2014


©Francisco Serratos
©José Manuel Guaseo por fotografía de portada

D. R.© 2014, de la presente edición:

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes


Dirección General de Publicaciones
Av. Paseo de la Reforma 175, Col. Cuauhtémoc,
CP 06500, México D. F.

ISBN 978-607-516-560-8

'1odos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción parcial o total


de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía
y el tratamiento informático, la fotocopia o la grabación, sin la previa
autorización por escrito del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/
Dirección General de Publicaciones

Impreso y hecho en México


Oh no, god damn
I killed a party again
God damn, god damn
I wanna sleep in my bed
I wanna clean up my head
Don 't wanna look this dead
Don 't wanna feel this dread
I killed a party again
I ruined itfor myfriends
I feel like going home
B ut at the same time, I don 't
You may not come back alive
They might bepsycho kil!ers
But tonight I real/y don 't care
So I say turn up the music
Take me home or take me anywhere
So don 't ask me questions
So please don 'task me any questions
Just turn the music up
And keep your mouth shout.

]ENS LEKMAN, "Black cab"


SOÑABA CONHACERARTE,pintar con los tonos de la arena.
No sabía cómo, no tenía amigos artistas y en la calle donde
vivía nadie tenía siquiera aspiraciones estéticas; tampoco
había visto una pintura en mi vida, sólo en los catálogos
que hojeaba en el pasillo de libros del Soriana donde mi
mamá compraba el mandado cada semana. Ese era el único
contacto que tenía con los libros. Cada sábado o domingo,
dependiendo de si mamá trabajaba un día extra en la ma-
quila, mientras ella llenaba el carrito con comida y trastos,
yo la esperaba sentado en el lustroso pasillo de la tienda
departamental. Pocas personas circulaban por allí, la mayo-
ría de ellos despistados, así que me sentía en calma; a veces
incluso escondía los libros que me gustaban para continuar
leyéndolos el siguiente fin de semana.
Cuando conocí a mis vecinos Beto y Polo, gracias a su
madre mis hábitos de lectura cambiaron. Doña Luz, una
señora morena, de cabello negro y estatura pequeña, siem-
pre pasaba por la calle con su bolsa en una mano y un libro
en la otra; algunos vecinos creían que era cristiana, pero
noté que el tamaño y el color del libro cambiaban: no podía
tratarse de una Biblia. Sus hijos eran un trío de gordos sim-
páticos simplemente por ser gordos, pero eran famosos en
la cuadra por su carácter huraño.
En ese entonces vivíamos en una colonia nueva, al sur
de la ciudad, en la frontera del desierto y el remedo de la
civilización. Mi madre había comprado el terreno gracias
a la oferta de un candidato a alcalde que remató los lotes a
cambio de votos. Cuando nos mudamos, sólo había seis ca-

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sas en la calle; lejos de deprimirme, el terreno baldío me calle para jugar futbol. Después, alguien más asomaba la ca-
hizo sentir libre después de haber vivido en el centro de beza por la ventana, otro aparecía acomodándose la camisa
Juárez, recluido en vecindades y edificios mezquinos. Sin o amarrándose las agujetas de los tenis y, de pronto, nos
embargo, mi dominio sobre el desierto duró poco, ya que veíamos todos afuera, listos para jugar futbol.
en menos de un año la calle estaba totalmente poblada por Así fue como conocí a Beto y a Polo. Nadie los quería en
obreros y albañiles que trabajaban en los nuevos parques su equipo por gordos y lentos; sobre todo Beto, el menor, el
industriales de la región. más gordo y más torpe. Cuando portereaba parecía una tor-
Una vez que todo mundo estuvo asentado en sus casas tuga colgada del cuello con un lazo; sus manos y piernas
de paletas y ladrillo, la vida social en la calle fluyó con ar- hacían aspavientos tan lentos que la pelota le pasaba al
monía. Los vecinos se conocían porque tomaban la ruta de lado como otra tortuga indiferente a la asfixia de su com-
personal a la misma hora o porque sus hijos iban a la única pañera. El tercer retoño de doña Luz era Susy, quien se
escuela primaria de la colonia. Yo no asistía a ésta porque sentaba en la barda de su casa a echarles porras a sus her-
mi madre, temerosa de que los cholos que se apiñaban en manos. Como diosa azteca, pesada como una estatua; la
la esquina me convirtieran en un vicioso, decidió inscribir- recuerdo apostada sobre los tabiques, haciéndose una tren-
me en una primaria lejísimos. Debía despertar más tem- za mientras gritaba consignas de autoayuda para Beto.
prano y caminar mucho. En invierno era abominable, y en Jugábamos futbol tres veces a la semana durante el ve-
tiempo de calor, peor. rano y hasta dos cuando hacía frío, pero los peores días eran
Como nosotros, casi todos los vecinos provenían del sur los de primavera: la ventisca levantaba tanta arena que era
del país y llegaron al norte con la promesa de un trabajo casi imposible vernos las narices; los equipos nunca eran
estable y bien pagado. Las mismas empresas los transpor- los mismos y los partidos terminaban con sorna y amenazas
taban hasta Juárez y los metían en colonias y fraccionamien- sanas. Los vecinos trabajaban tiempo extra en la maquila
tos nuevos, por lo que el crecimiento de esa área fue des- y cuando regresaban, la calle estaba vacía y quieta. Como
mesurado. Mi madre llegó con la misma promesa metida Beto, Polo y yo éramos los más jóvenes y nuestra única
en las sienes y a mí en una maleta. Algunos habitantes del preocupación era la escuela, nos quedábamos a platicar un
barrio eran operadores de producción, otros técnicos de poco más tarde, sentados sobre un montón de grava, discu-
mantenimiento, mecánicos, transportistas, afanadores y tiendo los capítulos de Los caballeros del zodiaco. Polo tenía
cocineros. preferencia por los villanos, pero Beto y yo siempre estába-
Durante el día, la calle permanecía vacía: todos estaban mos del lado del bien. En la discusión siempre ganaba Polo
trabajando y no había carros estacionados. Sólo algunas amas porque era mayor: cursaba el segundo año de secundaria y
de casa quedaban a cargo de la vigilancia, porque en esta nosotros apenas el quinto de primaria. Cuando le rebatía-
colonia, una de las menos pobladas y más marginadas de la mos sobre algún súper poder, él cerraba el debate con una
ciudad, los robos eran frecuentes. sentencia inapelable:
En la tarde, cuando el sol se evaporaba en el horizonte, el -No sean pendejos. A ver. ¿Cómo van a saber más que
ruido del tráfico y el eco de las voces se escuchaban en to- yo si ni siquiera se han cogido a una vieja?
dos lados. A esa hora era cuando todos nos reuníamos en la Ni Beto ni yo sabíamos exactamente lo que era coger,

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pero la contundencia de las palabras de Polo nos dejaba dome la espalda. Me limité a verlos cruzar la calle tranqui-
inermes y callados. lamente. No me importó quedarme solo; opté por coger
-Los buenos son unos maricas. Siempre lloran y sacan dos piedritas del montón y hacer malabares con ellas.
fuerzas, pero los malos no. -Oye, Faco, ¿tienes hambre?
Fue una tarde de esas cuando descubrí lo que significa- Era Polo quien preguntaba desde el umbral de su za-
ba coger, gracias precisamente a Polo, quien sacó de su bol- guán de madera. Respondí que sí. Mi madre era una galli-
sillo un catálogo de lencería Avon. Por un segundo no tuve na; para esa hora ya estaba dormida y nunca preparaba la
muy claro qué hacía con él; había visto esos cuadernillos en cena. Cuando terminaba de jugar futbol, lo único que ce-
las manos de mi mamá y una vez me compró un desodoran- naba era un plato de cereal con leche; después me tumba-
te de Avon porque, según ella, ya me olían las axilas de ba en el sillón y veía tele por un rato.
tanto andar en la calle. Las modelos de las fotografías eran -Vente, mi mamá hizo mole verde y está bien rico.
pálidas, tiesas, unos maniquíes de plástico blanco. Polo co- Di un salto tan inoportuno que me resbalé sobre la are-
menzó a pasar las páginas de su catálogo y se detenía en na y caí de nalgas.
cada modelo que le gustaba.
-A ver, ¿cuál les gusta? -nos preguntó. *
Ni Beto ni yo dijimos nada.
-Ándeles, les regalo la hoja donde viene. Esa fue la primera vez que vi a doña Luz. Presidía en el área
Seguimos serios. de su casa que era cocina y sala al mismo tiempo. A pesar de
Polo rechinó los dientes. ser una mujer pequeña, llenaba el lugar. Todos a su alrede-
-Pues a mí me gusta ésta. Se parece a doña Fabiola, la dor hacían algo mientras ella permanecía sentada en la mesa
que vive allí enfrente -y señaló la casa de su vecina de al con el rostro cubierto por un pesado libro que sostenía con
lado-. Nomás le arremangan el calzón y se lo meten -di- las dos manos. Su hija Susy servía los platos, Beto acomoda-
jo, y frotó su dedo índice en el calzón color papaya de la ba sigilosamente mi silla extra y el papá calentaba las torti-
modelo. llas. Era una escena demasiado solemne para mí, que comía
Beto soltó una risita idiota, automática. Deduje que en- solo y a deshoras, porque mi madre trabajaba tiempo extra
tonces yo era el único que no comprendía de qué hablaban. casi toda la semana.
Quedé callado. Polo, ante mi indiferencia, tronó de nuevo -Lávate las manos -me ordenó Polo y señaló una
los dientes, se incorporó e introdujo el catálogo en su bolsillo. puerta de fierro.
-Vámonos -ordenó a su hermano-, este güey no Salí del baño con las manos frescas y vi que todos es-
sabe nada. Y ya tengo hambre; arre, a cenar. Mi mamá se va taban sentados a la mesa esperando por mí. Se respiraba
a enojar si no nos metemos ya. un silencio incómodo. Caminé discretamente y tomé la si-
Los hermanos tenían una obediencia casi religiosa por lla que me habían designado. Frente a mí había un plato
su madre, a diferencia de mí, que aunque respetaba a la gigante de arroz rojo con una pieza de pollo bañada en salsa
mía, no me tomaba en serio todas sus reglas. Beto se levan- verde. Lo contemplé por unos segundos, hasta que una voz
tó del montón de grava y anduvo junto a Polo, ambos dán- se dejó escuchar.

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-¿Te lavaste bien las manos? Anduviste jugando con Comencé a sentirme atrapado. Sabía que me era huma-
tierra allá afuera. namente imposible comer todo ese picante. Pero en aquel
Era doña Luz quien me increpaba. Había revelado su momento, cuando el tintineo de cucharas y platos me pare-
rostro al poner el libro sobre la mesa, al lado de su plato. ció una tortura, la hermana de Polo le preguntó a su madre
Asentí con un tímido movimiento de cabeza. Comenzaron por el libro que les había estado leyendo. Los comensales
a comer. Nadie hablaba, cada quien se concentraba en su desaceleraron su ritmo de ingestión y pusieron la mirada
mole verde; hurgaban con la cuchara en el arroz, trozaban en doña Luz. Ella pasó un bocado pequeño y después sobó
el pollo con el cubierto y comían como si el mundo se fue- el libro con su mano derecha.
ra a acabar esa misma noche. Yo no tocaba mi comida toda- -Les voy a contar lo que sigue. ¿Dónde me quedé ayer?
vía cuando doña Luz, con su voz pertinaz y una determina- -En que un pueblo entero perdía la memoria y ya no
ción con la que nunca antes nadie me había hablado, volvió sabía leer ni escribir -contestó Beto.
a dirigirse a mí: Así fue como escuché por primera vez esa historia. Yo
-Te lo acabas todo, porque en esta casa no hay gatos. nunca había sabido de algo así, ni en la televisión ni en los
Entendí la primera parte de la amenaza, pero no la se- animes. Mucho menos en la escuela. No por boca de mi
gunda. Los gatos no comen mole verde, pensé. madre, quien nunca leía porque vivía cansada de tanto tra-
La familia siguió comiendo apresuradamente sin poner bajar. Esa noche, en aquella cocina de paredes ahumadas y
mientes en mí. Tomé la cuchara, partí la tortilla a la mitad tabiques sin pintar, me convencí de que yo quería ser un
y me dispuse a ingerir el primer trozo. En ese instante Polo artista.
dejó de masticar y me dirigió un guiño con su ojo izquier- No me di cuenta, pero cuando doña Luz concluyó el
do. Introduje el bocado en mi boca y apenas hube saboreado capítulo de la novela que leía, todos habían terminado de
el primer tinte de salsa verde, mis ojos se reventaron con comer, menos yo. Frente a mí yacía el plato lleno. Alenta-
lágrimas, mis orejas ardieron hasta enrojecer y el sudor co- do, maquiné una táctica: hacer porciones con más arroz que
menzó a perlar mi frente. Era lo más picoso que había pro- mole para disminuir el picor. No funcionó, era demasiado
bado en mi vida. De hecho, fue mi primera experiencia chile para mis papilas gustativas. Polo sonreía complaci-
con el chile, porque mi mamá no lo usaba en sus guisos. do, desparramado en la silla. Beto jugaba con su cuchara
Apuré la masa de arroz con mole a través de mi garganta y tratando de partir en dos un grano de arroz. Susy se prepa-
lo tragué con dolor. raba para recoger los platos sucios. Doña Luz se levantó y
-¿Verdad que está bueno? -espetó Polo. se dirigió a una tina llena de agua que estaba empotrada
Agarré el vaso de agua que tenía a mi lado para dar un sobre una repisa de concreto.
trago tan grande que sentí un ligero calambre en la laringe. -Pásame los platos -ordenó a su hija.
-Sí -dije con un resoplo-, pero está muy picoso. Mi nerviosismo creció porque sabía que la situación es-
-No, eso no es nada -repuso Polo llevándose un trozo taba fuera de mi control. Pensé en otra forma de terminar
de pollo a la boca. Lo masticó. -Ni aguantas nada. con mi comida. Beto y su papá, quien nunca habló durante
Tomé más agua y esperé que se me quitara la irritación. toda la tarde, se retiraron en silencio a ver televisión. Polo
Carraspeé. permaneció a mi lado, dispuesto a acompañarme hasta el

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final. Platicaba con su madre acerca del trabajo en la ma- 1 .uz estaba parada unos cuantos pasos detrás de mí. Su
quila: al parecer la iban a ascender a jefa de línea de pro- cuerpo entero enrojecido se aproximó hacia su hijo, quien
ducción. Mientras todos estaban entretenidos, apresuré un se mantenía en trance.
bocado tratando de anestesiar mi lengua; lo tragué lo más -¿De quién es esa porquería? -habló en voz baja,
rápido posible. Me metí otro, luego otro y otro hasta que pero con un tono amargo.
sólo quedó un pedazo de pollo y un poco de arroz. Polo permaneció en silencio por unos segundos. Doña
-Ya te dije que aquí no hay gatos, ¿eh? -volvió a sen- Luz volteó sus inquisitoriales ojos hacia mí, después los
tenciar la señora. posó otra vez sobre su hijo.
Susy se dirigió a otra habitación. Doña Luz se secó las -De él -respondió Polo, y me señaló con su índice,
manos con un trapo viejo y húmedo, se retiró de la cocina como si disparara un súper poder villanesco contra mí, el
y dijo que iría a reposar al cuarto donde estaban su marido y bueno de la historia.
Be to. No lo podía creer, no tuve tiempo de reaccionar. Doña
Quedamos Polo y yo. Él fijo sus ojos en mí, se le dibujó Luz me tomó del brazo con tal fuerza que me puso de pie,
un sonrisa en el rostro moreno y carnudo. Disfrutaba ver- pero yo logré zafarme rápidamente. Con la misma fuerza
me sufrir. Yo ardía y sudaba tibiamente. Un último bocado arrebató la revista de Polo, que se rompió, y la incrustó en
era el pase entre mi libertad y mi apéndice a punto de ex- mi pecho; luego ordenó que me largara. Obedecí sin chis-
plotar. Serví agua en mi vaso, esperé unos segundos para tar; sin embargo, antes de salir, debía dirigirle una mirada
recuperar el aliento y al fin enrollé el arroz y el mole verde de lástima o de odio a Polo, no estaba seguro. Salí a la oscu-
en un pedazo de tortilla; justo cuando lo llevaba a mi boca, ridad veraniega de la calle. Me sentía humillado y enchila-
Polo murmuró: do, pero con mi primera revista porno en las manos.
-Ya, nena, deja eso en paz.
Volteé a mirarlo con espasmo, pero agradecido. El insul- *
to no me importó.
-Mira, ahora sí vas a ver lo que es bueno. No volví a ver a Polo en mucho tiempo. Me propuse no salir
Se levantó y entró en el cuarto donde su hermana se a jugar futbol en la calle. Creo que comencé a odiarlo, al
había encerrado. Volvió con una mochila, la colocó en una igual que a su familia. Yo sabía que él buscaría venganza y
silla, sacó una revista -otro catálogo de Avon, pensé- y la me reclamaría su preciosa revista, y yo no estaba dispuesto a
enrolló. Vio que nadie se acercaba. La extendió con ambas devolvérsela porque en apenas unos días ya estaba encariña-
manos, cubriéndose el rostro. Una fotografía de una mujer do con ella. No cometí el mismo error que él: la escondí en
blanca y rubia, con grandes senos un tanto grotescos y un el patio trasero, debajo de unas tablas, envuelta en una bolsa
tatuaje de vello púbico en su entrepierna, que yacía recos- de plástico. Mamá nunca la encontró, ni siquiera cuando
tada sobre un escritorio y sostenía una férula de madera limpiamos la casa y los patios antes de mudarnos. Se quedó
entre sus dientes, fue todo lo que pude captar. Polo cerró la allí enterrada junto con mi aburrida infancia en esa colonia.
revista y vi que su mirada se paralizaba fríamente: no me Cambié de escuela y de hábitos sociales; me convertí
veía a mí, sino algo a mis espaldas. Viré mi cabeza: doña en el clásico chico serio y misterioso de la clase. Abandoné

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el futbol también. Lo único que conservé, gracias a doña no. Recordé las tardes en mi antiguo vecindario: el desfile
Luz, fue el oficio de la lectura. de trabajadores descender de las rutas de personal, todos
Mi afición creció tanto que incluso intenté ser escritor, vestidos con una bata cuyo color dependía de su puesto
pero mi vocación seguía atorada en algún lugar de mi flo- y función en la maquila: azul, operador de producción; rojo,
jera. En la preparatoria me inscribí en el taller de dibujo, inspector de calidad; verde, jefe de línea; morado, afanador;
organizado por un maestro hippie. No aprendí nada con amarillo, entrenador de nuevo personal. Parecían presos de
él, pues siempre discutíamos otros temas, como la forma- una penitenciaría envueltos en camisas de fuerza. Los je-
ción de los planetas y la política del país. Se quejaba de fes eran los únicos que no estaban obligados a usar bata, y
que no había museos en la ciudad para apreciar el arte, nos para mi mamá ese atuendo era la marca del fracaso, la letra
aconsejaba abrir nuestra propia galería y, en la medida de escarlata.
lo posible, huir de Juárez. Era un hombre alto, de cabello Tenía amigos, pero raramente salía con ellos al cine o a
rojizo con un mechón que se teñía cada mes de un color restaurantes. Prefería ver televisión o jugar con la Dream-
diferente. Lo acusaban de puto en la preparatoria y decían cast, Gracias a mi maestro hippie conseguí un par de direc-
que éramos sus amantitos porque nos quedábamos des- ciones de librerías a las que iba a surtirme de libros sobre
pués de las clases a pintar. A mí no me importaba. Mi fama pintura; debo decir que nunca más visité los pasillos de
era mínima en el plantel, pasaba inadvertido con felicidad. Soriana. Miraba piezas y admiraba pintores sin ninguna
Mis primeras pinturas eran patéticas, no sabía mezclar los metodología, no sabía nada de historia del arte y era tan
colores porque lo más relevante para mí era imprimir la mal estudiante como pintor. No había en mi proyecto fu-
emoción antes que la técnica. Ese taller, en lugar de inspi- turo una profesión más que la holgazanería y la vida sim-
rarme a seguir pintando, me bloqueó por completo; sobre ple. Desde que mi madre se casó con su supervisor, no
todo cuando despidieron al maestro por motivos sospecho- volvimos a sufrir carencias, así que tenía pocas preocupa-
sos: un estudiante de tercer semestre lo acusó de pervertirlo. ciones. A veces tenía accesos de patetismo. No fue sino
Así decidí abdicar de la pintura, pero me sentía todavía hasta aquella tarde, en la clase de orientación vocacional,
atraído por el arte. No me imaginaba haciendo otra cosa, cuando atisbé el propósito de mi inepcia como un futuro
como cuentas en la oficina de una maquila. La mayoría de prometedor, una venganza contra el mundo. Como la revis-
los estudiantes quería estudiar administración, contabili- ta porno de Polo, como esa mujer desnuda con el vello pú-
dad, ingeniería, que porque allí estaba el dinero. Cuando bico tatuado; así vi mi profesión artística: una gran puta
llegó el momento de elegir una carrera universitaria, ni recostada sobre un escritorio.
siquiera dudé en decidirme por la licenciatura en arte; el No tuve problemas para convencer de mi vocación al
examen de orientación vocacional, además, me daba la ra- orientador, un viejo gordo encorbatado que sonrió condes-
zón. El problema iba a ser convencer a mi mamá. Ella me cendiente al escuchar mis planes. Me advirtió sobre el
quería ingeniero, por supuesto, como su esposo. Soñaba campo de trabajo, los puestos a los que podía aspirar, básica-
con verme graduado y con un carro del año, comprando mente maestro de educación artística en una secundaria
ropa de marca en los malls de El Paso y salvando obreras o preparatoria, y los sueldos. Nunca mencionó el otro in-
indefensas de las garras de la vida. Me negaba a ese desti- conveniente, pero estoy seguro de que lo mordía con su

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dentadura amarillenta para no dejarlo salir: "el arte es para El esposo de mi madre dejó mis pinturas en la mesita de
maricas; si no me crees, pues allí está tu profesorcito ése". centro y mi mamá, que estaba recostada a su lado, con un
No le puse mucha atención. brazo sobre el cuello de él, permaneció en silencio durante
-Pero bueno -dijo, moviendo sus manos regordetas unos segundos.
sobre el escritorio-, al menos eres el primero que está Habló:
convencido de lo que quiere. Tus otros compañeritos están -Pero prométeme que si no te gusta, te vas a cambiar
muy perdidos. a otra carrera.
Y antes de que saliera de su oficina remató:
-Tal vez tengamos en nuestra lista de graduados a un *
artista famoso en un futuro, ¿verdad?
Sonreí. Salí de la escuela a enfrentar lo más difícil: ha- En menos de un año ya estaba en mi primera clase de his-
blarle a mi madre sobre el exitoso artista en que su hijo toria del arte en la licenciatura. La bienvenida nos la dio
podría convertirse. un viejo de cabello gris, ventrudo y con voz de niño mima-
-¿Pero qué vas a hacer con ese título bajo el sobaco? do. Inmediatamente corrió el chisme de que se acostaba
---clamó durante la cena esa noche. con varias estudiantes y que él y otro profesor de teoría de
Repetí el currículo que mi orientador me había dicho, la imagen las fotografiaban desnudas en un estudio priva-
excepto lo de maestro de educación artística, y le mostré el do. Nos habló de Damien Hirst: podríamos comprarnos un
catálogo donde promocionaban la licenciatura en arte. Ella castillo vendiendo nuestro arte. Mis compañeros parecían
se serenó un poco, sin embargo no se veía convencida. In- más un grupo de enfermos mentales que artistas, pero
sistía en ingeniería, a lo menos administración de empresas. en menos de un mes cedí a la moda. Mi modelo a seguir era
Su esposo, con la ineptitud de su discurso de autoayuda, el Julian Casablancas: pantalón de mezclilla, camisa deslava-
cual seguramente aprendió en los cursos de motivación em- da, tenis Converse, necesariamente rotos y sucios, y greñas
presarial, me sermoneó durante una hora sobre los benefi- largas; en invierno, chamarra de mezclilla.
cios de trabajar como directivo en una compañía automo- Mis primeros semestres en la universidad fueron anodi-
triz: los sueldos, las prestaciones anuales, el aguinaldo, las nos. No hice nada que no hiciera cualquier otro estudiante
vacaciones, el servicio médico, el Infonavit. Incluso dijo clasemediero. Pero, claro, yo tenía el arte, la justificación
que podría colocarme en su maquila sin ningún problema. perfecta para mi desgano como bandera existencial. Mi
Lo escuché con curiosidad, dispuesto a dejarme. con- verdadero descubrimiento fue la vida nocturna de la ciu-
vencer. No sucedió así. dad, los cigarrillos y la holgazanería en los jardines del
Mi madre y su marido, más que confiar en las posibili- instituto. Formamos un "academia secreta" cuyo sueño
dades de mi profesión, apostaron por mi talento. Me hicie- era abrir un estudio-galería-bar. Yo era el más ingenuo de
ron mostrarles algunas de mis piezas creadas en el taller de mi grupo: carecía de una teoría. Me di cuenta de que mi re-
pintura. Les expliqué algunas de las técnicas que había lación con el arte hasta ese momento había sido demasiado
utilizado y les dije algunos nombres de pintores: Rothko, romántica; mientras que las clases consistían en mera opi-
Van Gogh, Cézanne, Izquierdo. Quedaron sorprendidos. nión argumentativa. Como dice el crítico que dijo el teóri-

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co que dijo el filósofo. En cambio, en mí dominaba lo sen- -Tenga, compañerito. Como se ve que es una persona
sorial: cuando veía una pintura disfrutaba el desliz de la lcidita, no como los demás que se la pasan en el desmadre,
mirada, el adormecimiento terapéutico de los colores; no sé que me hará comentarios valiosos. Es una obra modesta.
ponía atención a la "retórica de la imagen" ni a la postmo- Me la entregó como si me diera la ostia. Sus movimien-
dernidad. Por esa razón, poco a poco abandoné la pintura y tos serpentinos y su voz morigerada, como la de un sacer-
me dediqué a las instalaciones y a otros experimentos que dote, me produjeron un cosquilleo molesto en el cuello. Le
no me atrevía a nombrar. dije que con mucho gusto la leería. Después me justifiqué
Hasta que una tarde gris cuando conocí la verdadera de- por mi retirada y salí de inmediato a la lluvia para desaho-
cepción de mi carrera. Recuerdo la primera vez que lo vi, garme. Me cubrí la cabeza con la plaquette y, al llegar a una
se llamaba Augusto, estaba a punto de graduarse cuando yo esquina, me detuve a examinarla: las palabras se habían
apenas había ingresado. Esa tarde había corrido a la biblio- desvanecido con el agua. La deposité delicadamente en el
teca para guarecerme de la lluvia. Él estaba sentado en una bote de basura que tenía a mi lado.
mesa llena de libros, en el lugar más claro de la sala de Augusto, apenas se graduó, fue contratado por honora-
lectura. Pasé a su lado, curioso, cuando se percató de mi rios como maestro para impartir la clase de historia del arte.
presencia. Se dirigió a mí como el "nuevo". Me detuve a En las mañanas era el secretario del director del programa,
saludarlo animoso de conocer a otros estudiantes. Leía dos sacaba fotocopias y bromeaba con las otras secretarias y con
libros al mismo tiempo, uno de Baudrillard y otro de Dos- las estudiantes nuevas. Se ofrecía para darles orientación y
toyevsky; del primero no supe el título, pero del ruso iden- explicarles algunos conceptos de teoría del arte. Era el es-
tifiqué inmediatamente, por el grosor del libro, que podría píritu más noble de la universidad. Presumía sus callos en
tratarse de El idiota o de Los hermanos Karamazov. Augusto las manos, causados por los duros años de su trabajo como
se rascó la barba tiesa y grisácea, hinchó los ojos y pasando albañil cuando era más joven; pero decía, siempre con hu-
una bola de saliva me dijo que se sentía contento de que mildad, que eso no era nada: los callos que valían la pena
un jovencito conociera los clásicos. ahora se los hacían los libros.
-Está muy chido -dije. Así fue como pasé de los jardines griegos a la oscuridad
-Chido es una palabra muy pobre, ¿no cree, compañe- de las cantinas. Allí aprendí bastante. En esa época la noche
rito? Yo diría excelso, majestuoso. No se puede hablar de juarense era más cálida, sobre todo en la avenida Juárez.
Dostoyevsky con otras palabras, por muy altisonantes que Había una fauna de especímenes nocturnos tan disímiles
resulten. Se ve que es nuevo, pero pronto aprenderá a usar que lo único que compartían era su capacidad para mirar a
otro lenguaje. través de la oscuridad. Las cantinas eran lo mejor. Los bares
-Sí, me gusta. y las discos se abarrotaban de gringos y paseños que venían
-A mí me deleita -remató-. Y ya que le interesa la a explotar su cuerpo con cuanta sustancia tóxica se topaban
lectura seria, déjeme regalarle algo de lo mío. Por supues- en las esquinas de ese perímetro. Quienes disfrutábamos
to, no pretendo compararme con Dostoyevsky. de la conversación nos íbamos a las cantinas para viejitos,
Debajo del libro de Baudrillard sacó una plaquette en- porque en ellas encontrábamos la calma justa para formular
grapada con el título de Yo es un hombre que envejece. las filosofías elementales.

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La Juárez combinaba lo peor de ambos mundos: era el cantina. Las meseras se peinaban unas a otras detrás de la
centro intelectual de toda la región, pero también se encon- barra. La consola estaba apagada. Grupos de señores, en-
traba lo más vil de nuestra civilización. Allí se congregaban chaquetados con chamarras de mezclilla y lana de borrego,
profesores, maquileros, estudiantes, prostitutas, artistas, po- se concentraban de dos en dos, regados sobre las mesas. En
licías, homicidas de mujeres, músicos, actores, dílers, escri- la barra, un solitario daba la espalda al mundo. Ni siquiera
tores, padrotes, mexicanos y gringos. platicaba con las meseras y su mirada se concentraba sobre
un punto invisible frente a sí mismo; después agachaba la
* cabeza y tomaba un trago de su bebida.
Manuel, Rodrigo (performancero), Alejandro (fotógrafo
Una noche de diciembre, un grupo de amigos artistas es- y escultor) y yo nos sentamos en el ángulo más apartado de
tuvimos tomando en casa de uno de ellos hasta entrada la cantina; queríamos evitar el ruido. Nos quitamos los
la noche y, luego, por sugerencia mía, decidimos caerle a la abrigos. Ordenamos una primera ronda de bebidas a una
Juárez. mesera de piel clara, cabello hirsuto, ceñida con un vestido
El fuego de neón iluminaba a los pocos visitantes de negro que moldeaba su panza y sus piernas rollizas. Comen-
la noche: era viernes y las personas preferían mantenerse zamos barajeando nombres y lugares para ubicar la galería;
dentro de las casas. Mamá dijo que en el canal 26 habían hablamos sobre fondos y exposiciones. Alejandro era quien
pronosticado nieve para el fin de semana y me advirtió que conocía más gente y promotores; los demás lo respetába-
no saliera; sin embargo, mis amigos y yo debíamos deli- mos porque tenía más experiencia. Había viajado a otras
near los últimos detalles para la inauguración de nuestra ciudades del país y vivió en Barcelona gracias a un inter-
galería el próximo año. Los trabajadores de la noche se- cambio semestral. Manuel, Rodrigo y yo no éramos tan
guían fieles a sus postas en varias esquinas. Los vendedo- cosmopolitas como optimistas. En medio de la discusión,
res de cigarros y los taqueros se apiñaban en sus carritos una voz extraña hizo eco en toda la cantina.
tibios para cubrirse del frío. Afuera de los moteles, espe- -No se te quita lo mamón, ¿verdad?
rando que algún cliente les hiciera la noche, las prostitutas Todo mundo volteó buscando a quien había pronun-
se frotaban con las piernas, cubiertas por la delgada malla ciado esas palabras. Después de unos segundos de girar la
de las medias; algunas se mostraban contentas, otras bro- cabeza hacia todos lados, coincidimos sobre una persona: el
meaban con los taxistas que permanecían dentro de sus bebedor solitario. Las meseras en la barra le regalaron una
carros tomando café caliente. El puente internacional, don- mirada de desprecio; los demás clientes supusieron enton-
de comenzaba la avenida Juárez, se erguía como una gran ces que se trataba del clásico ebrio maldiciendo su pasado.
lengua de asfalto. Pero a mí el timbre de la voz me pareció conocido, sobre
Mis intrépidos amigos y yo pisábamos con cuidado la todo por el peso que descansaba en la palabra mamón. Con-
humedad de las banquetas. Nuestro vaho no se distinguía venimos en ignorarlo y seguir con lo nuestro.
del humo del cigarro que cargábamos en los labios. Manuel, -¡No te hagas, te estoy hablando a ti, Facundo!
quien era artista urbano, recomendó apurar el paso hacia el Como animales que se percatan de la cercanía de su
Gato Félix. Cuando llegamos casi no había clientela en la depredador, volvimos la mirada hacia él una vez más. Una

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mesera lo encaró, le arrebató el trago de las manos y le do en mi vida desde que me mudé de aquella casa. Me
advirtió: escuchó con atención; sin embargo, a mí me interesaba sa-
-Aquí no queremos chingaderas, o le hablamos a la ber lo que había sido de él durante todo ese tiempo.
patrulla. -Qué bueno que tú y tu mamá se fueron de la colonia.
-Tranquila -contestó el hombre-. Sólo saludo a un Allí todo se pudrió. Las cosas se pusieron mal, Faco. ¿Toda-
viejo amigo. ¿Verdad, Faco? vía te dicen Faco? Las maquilas cerraron, se esfumaron de
Y giró sobre el taburete en el que estaba sentado. Vi el la noche a la mañana. Cuando los trabajadores llegaron a las
rostro de Polo, trasnochado e inflado de alcohol. seis de la mañana -ya sabes, puntualitos o les descuentan
de su miserable sueldo los retardos- se encontraron con
* que la pinche maquila estaba vacía. No había nadie, sólo
las máquinas. Ni directivos, ni supervisores, nadie de alto
Me tomó por sorpresa, no tanto por el insulto público mando. Se pelaron sin pagarles la liquidación a los obreros.
-después de saber que provenía de Polo, me pareció de lo Muchos de la cuadra trabajaban en esa maquila; luego otras
más normal-, sino por encontrar a mi antiguo amigo diez maquilas también cerraron, no de forma tan ruin como la
años después en el lugar menos esperado. Me levanté de la otra, pero dejaron a la gente sin chamba. Mi mamá y mi
silla por un impulso imperceptible de mi voluntad y me papá trabajaban en una de esas empresas que se fueron.
dirigí hacia la barra. Polo me saludó con una fuerza maciza; Y sin trabajo, sin nada, pues se regresaron para su pueblo.
yo sólo dejé caer mi mano lánguida en la suya. Apenas nos Lo mismo hicieron otros vecinos; los camiones salían llenos
sentamos, ordenó para mí Jack Daniels mientras palmeaba directo a Torreón, Veracruz, Chiapas, Durango. Mi familia
mi hombro. Se veía efusivo, un poco ebrio. se quedó un rato, esperando a ver si se componía la cosa,
-Ah, qué pinche Faco, ¿qué haces en estos lugares tan pero nomás aguantaron un año. Nos desmoralizamos todos
oscuros? y la única solución fue volver al pueblo de donde somos ...
Le respondí que me gustaba venir aquí en vez de las -¿De dónde son?
discos de moda en la avenida Lincoln. -¿ ...Ya se te olvidó? De Hidalgo, somos de Hidalgo. Te
-Y tú, ¿cómo has estado? No te he vuelto a ver desde decía que dejamos la escuela, yo apenas iba a entrar a la
aquella vez en la cena de tu casa. universidad. Regalamos algunas cosas, menos los muebles,
-No te hagas, güey, ¿mi revista? -vaciló con una risa porque teníamos la ilusión de regresar. Mi papá se puso a
descompuesta. trabajar de taxista, mi mamá a vender antojitos en la aveni-
Yo también reí sonoramente. Todos voltearon hacia da principal, mientras mis hermanos volvieron a la escuela.
donde estábamos. Mi risa tranquilizó el ambiente del lu- Yo quedé sin hacer nada, porque allí no había universidad.
gar: quedó claro que Polo, lejos de ser un ebrio problemá- A veces le ayudaba a manejar el taxi a mi papá y otras más
tico, era sólo un amigo; un viejo amigo. a mi mamá con la venta. Al final me cansé de estar así; les
Inmediatamente comenzamos a hablar como si retomá- dije a mis jefes que quería estudiar una carrera, pero me
ramos una conversación interrumpida hacía un par de días contestaron que no tenían cómo apoyarme. Les propuse
y no hacía casi diez años. Le conté todo lo que había pasa- volverme a Juárez ... aceptaron duramente. Pero no tenía

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otra opción. Cuando llegué a la calle donde vivíamos las -Pero ya no estás gordo -afirmé.
cosas habían mejorado un poco, aunque no quedaban mu- Nos encaminamos hacia la barra de nuevo. Mis amigos,
chos vecinos de los que tú conociste. Me instalé, conseguí a punto de salir, se vestían los abrigos y se despidieron de
trabajo en una maquila donde hacen cartuchos para impre- mí haciendo una señal telefónica.
soras y me metí a una de esas escuelas privadas patito ... -Mañana te marco -grité a Alejandro.
-Déjame ir al baño -lo interrumpí. Polo y yo ocupamos los mismos taburetes. Él ordenó
-Ándale, vamos juntos -me dijo mientras nos parába- dos cervezas Indio, luego se arrepintió y pidió otro par de
mos. Continuó hablando. Como te decía, me puse a estu- Jack Daniel's.
diar, le echaba ganas, sobre todo por mi mamá, que tenía -Esa cerveza sabe a vómitos -dijo-. Pero dámelo sin
esperanzas en mí. El plan era que mis hermanos siguieran rebajar, ¿eh? -le habló a la mesera-. Ya ves cómo se las
mi ejemplo. Por supuesto que no les dije que me salí de la gastan, Faco, si no reclamas te sirven pura agua con hie-
carrera cuando estaba en cuarto semestre. lo. ¿En qué estaba? Ah, sí, me casé. O me rejunté. Todo
-¿Por qué? -pregunté en lo que nos acomodábamos iba bien, pero la verdad no soportaba a los hijos, más que
para orinar. Polo hablaba mirando el techo, con los ojos se- nada a la mocosa, ya sabes cuando entran a la adolescencia.
miabiertos, mientras maniobraba allá abajo. Era bien cabrona. La mamá la maltrataba para que se porta-
-¿Por qué crees? Por una vieja. La conocí en la maqui- ra bien, peleaban y gritaban todo el tiempo. Y yo con las
la donde trabajaba. Hubo una discada organizada por los tareas y el trabajo encima. No estaba listo para esa vida ...
de la línea en la casa de ella. Ya sabes, nos pusimos pedos, Por cierto, ¿ya te casaste? ¿No? Está mejor así, no eres tan
comimos y bailamos, y al final nos quedamos nomás ella y pendejo como creía. Al año y medio de vivir juntos, explo-
yo solos en la casa. Bueno, no completamente solos, por- té. Le dije que ya estuvo. Ella me rogó un rato, amenazó a
que tenía dos chamacos, una niña de diez años y uno de la niña con enviarla a Torreón con su abuela. No, le dije, ya
cinco, pero ya los había mandado a dormir. estuvo, no puedes hacerle eso a tu hija. Pero para ese en-
Nos acercamos al único lavamanos en el baño. Polo lo tonces yo ya andaba un poco mal, la verdad. Mis compañe-
usó primero. Se remojó las manos y acomodó sus cabellos ros de la carrera ...
lacios hacia atrás. Noté que había perdido peso, pero no -¿Qué estudiabas?
músculo. Su cabello relamido, su cara morena limpia de -Ah, psicología. Pensé que ya te lo había dicho. Mis
espinillas; alguien igual y a la vez distinto del adolescente campas de la carrera me invitaban a las porties, a los antros,
precoz que jugaba futbol y se masturbaba viendo lavar ropa y pues en vez de regresar a mi casa a escuchar a un cha-
sucia a su vecina. maco llorón y a una adolescente gritar, ¿tú qué harías?
Llegó mi turno de lavarme. Así anduve como un año, hasta que me harté. Ni estudia-
-¿Y luego? ba ni trabajaba como debía. Me salí de la escuela y del
-Pues nos juntamos, la chava esa, yo y sus dos hijos. trabajo.
Ellos se vinieron a mi casa, porque la suya era muy pequeña, -¿Y qué hiciste? -di el último trago a mi bebida.
ya sabes cómo son esas pinches casitas de Infonavit, parecen -No, eso te lo cuento en otra ocasión. Yafalta poco para
una caja de cartón, un gordo como yo no cabe por las puertas. que cierren. Mira, las meseras ya empezaron a limpiar las

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mesas. Vamos para afuera. ¿Tienes cigarros? No te apures, Cruzamos la calle. El frío se hacía sentir más fuerte, al-
ahorita compramos. Yo pago, ¿qué pues? Tanto tiempo sin gunos carros estacionados tenían hielo en los vidrios. Cuan-
vernos y tú con esas groserías. Además, te debo una por esa do llegamos al lugar, me di cuenta de que no había estado
vergüenza que te hice pasar con mi mamá. en ese tugurio antes. Mis amigos y yo nunca nos parába-
mos en centros de baile para gringos y maquileros, y éste
* era para obreros, supuse, porque la música confirmaba la
tendencia tropical de las dos palmeras metálicas apostadas
Polo pagó la cuenta con un billete grande. Nos abrigamos frente al establecimiento. Apenas nos detuvimos frente a
y cruzamos la puerta del Gato Félix. Si al llegar la avenida la puerta, un par de meseros nos franquearon amigable-
estaba casi despoblada, ahora era un completo erial; se es- mente. Polo saludó a uno de ellos dándole la mano. Ambos
cuchaba el eco de la música que brotaba de algunos antros se sonrieron y después de murmurarle a mi amigo algo en
todavía abiertos. Apenas algunos ebrios y vendedores se el oído que yo no alcancé a escuchar debido al sonido de la
arrinconaban en las hamburgueserías para calentarse. Polo cumbia que brotaba del interior, nos abrió una puerta oscu-
sacó una cajetilla de cigarros y me la ofreció como si aven- ra, de la que no me había percatado, justo al lado de la en-
tara una limosna desinteresadamente. Estaba vacía. Andu- trada principal.
vimos por la banqueta húmeda; escarcha de hielo brotaba -Vente -me ordenó Polo al sumergirse en la oscuridad.
de las alcantarillas. Llegamos a un estanquillo improvisado Pero cuando avancé unos pasos para seguirlo, uno de los
en una esquina, frente al Puente Santa Fe. Polo saludó al meseros colocó su enorme mano sobre mi pecho impidién-
cigarrero llamándole por su apodo. dome la entrada.
-Dame una cajetilla, pero de los made in Mexico, no tus -Esta noche hay cover, canalito. Veinte pesitos, y sitie-
chingaderas importadas -le habló con autoridad, como si ne carro, nosotros se los estacionamos en un lugar seguro
fuera su empleado. por otros diez pesos más.
El hombre buscó en una bolsa de plástico que escondía Busqué en mi bolsillo del pantalón, sólo encontré un
debajo de la mesita donde tenía la mercancía. billete de cincuenta pesos.
-Mira -dijo Polo-, toda esta mierda que está aquí es -¿Tienes cambio?
puro veneno, puro cigarro adulterado que estos cabrones El mesero registró la bolsa de su delantal negro y sacó
fabrican en una casa que está allá a la vuelta. una faja de billetes multicolor. Tomó uno de veinte; llevó
El hombre extendió una caja de Benson, Polo le pagó y su otra mano a la faltriquera de su pantalón y sacó un puña-
le preguntó: do de monedas. Me dio el cambio. Cuando crucé el umbral
-¿Y por dónde se entra ahora? hacia la penumbra, el mesero alcanzó a advertirme:
El cigarrero me dirigió una mirada de desconfianza y -¡Aguas con las escaleras!
luego contestó. Nos señaló uno de los bares cercanos al Estaba tan oscuro que no las había visto, sólo me guiaba
puente. una luz y el murmullo masivo que subía. Descendí cui-
-Vente, vamos por la última cerveza, porque ya van a dadosamente. Al llegar al fondo, vi un insospechado esce-
cerrar todo aquí. nario: allí, debajo de la avenida Juárez, a la altura de las

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ratas, se encontraba la cantina clandestina más grande que -Y, este lugar, ¿cómo lo descubriste?
había visto en mi vida. Una nube de humo hacía raíz en los -Ya ves, tengo buenos contactos. Pero de ahora en
cigarros de los fumadores, y el olor a tabaco, al mismo tiem- adelante, si tú quieres, ya puedes bajar. Nomás le preguntas
po que impregnaba la atmósfera, la templaba. Esa neblina al cigarrero por dónde es la entrada y listo. Hay dos entra-
de nicotina me irritó tanto los ojos que me impidió ver con das y una sola salida. Cada día cambia, una entrada es la
claridad lo que sucedía; me los enjugué con las manos, des- que nosotros usamos, la otra está en un bar de más adelan-
pués los cerré unos segundos. Cuando por fin pude obser- te y la salida da hacia la calle de atrás, por donde circulan
var lo que ocurría a mi alrededor, me sentí dentro de una menos patrullas.
jungla circense: había de todo, pero dividido de manera -¿Y quién es el dueño de esto?
armoniosa. -No sabemos. Como este sótano abarca unas tres o
Debajo del concreto, cuando la ciudad se congela hasta cuatro cantinas de arriba, a lo mejor son varios dueños.
los fierros y no hay donde guarecerse, comulgaba toda una Aunque yo tengo una teoría. Se me ocurre que el dueño es
demografía subterránea. Había gringos, estudiantes, baila- el alcalde de la ciudad.
rinas, cholos, obreros, incluso algunos conocidos artistas lo- No me impresionó su hipótesis.
cales. En una esquina, un grupo de gringos disfrutaba de -Sí, ¿a poco crees que las autoridades no saben de este
un estriptis improvisado sobre una mesa. Al lado de ellos, lugar supuestamente clandestino? Claro que saben, pero se
varios jóvenes jugaban billar. Sobre la barra unos cheros hacen pendejos. Y si lo permiten es porque hay alguien
bebían y reían acaloradamente con unas prostitutas. Entre pesado detrás de todo. Esa es la política del gobierno, em-
tantas cosas pasando, intenté encontrar a Polo. Vi a tres briagar y drogar a la gente para que trabaje y se quede calla-
cholos esnifando cocaína. Un conjunto de gais, al menos da. Esta es una ciudad disfrazada de maquila, Faco. Tú no
eso parecían, estaba sentado en una esquina de la barra lar- sabes porque nunca has trabajado en una, ¿o sí? No, qué
ga y extendida como una serpiente ondeando su cuerpo. chingados. Yolo he visto. Si los maquileros no tomaran ni se
Hombres vestidos como el marido de mi mamá hablaban drogaran, quemarían las maquilas de tanto coraje dormido
con tres mujeres jóvenes, menos pomposas, con vestidos en su conciencia. Todo ardería, Juárez sería una gran man-
de neón: eran gerentes de una maquila haciendo trabajar cha de ceniza debajo del sol. Los arneses para carros, las
horas extra a sus empleadas. No veía a Polo en esa nebulo- licuadoras, las televisiones, los motores, los refrigeradores,
sa de humo y cuerpos, hasta que de pronto sentí una mano los chips, las impresoras, los tráileres, las computadoras, los
pesada sobre mi hombro izquierdo. termostatos, los tornillos, las motocicletas. Todo. A los grin-
-Cuesta un poco acostumbrarse. Ven, vamos a buscar gos se les acabarían sus lujos.
asientos -dijo Polo, y me extendió un ruso blanco. Polo se veía exaltado, como si discutiera consigo mismo
Fui tras su espalda, confundido y a la expectativa de una idea de la cual quería desengañarse. Continuó:
cualquier acontecimiento, todavía incrédulo. Lamenté no -Las maquilas son como castillos feudales; donde hay
traer conmigo una cámara fotográfica, no poder pintar ese una se funda una colonia, un fraccionamiento. Es como un
lienzo pardo de la historia. castillo orlado de la miseria de sus peones. La ciudad desa-
Ocupamos dos sillas cerca de los gringos y la estríper. parecería, pero no por completo. Quedarían moteles y pros-

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titutas. Además, ¿ves esos pinches gringos? -Polo señaló a oriental hacia un cuarto grande. Apenas entré, comprendí
los que estaba a nuestro lado, rolando el sostén de la baila- la razón de la penumbra. Vi cuerpos semidesnudos recosta-
rina para olerlo-. Ellos no vendrían a hacer su desmadre dos sobre sillones con un olor pútrido de orines de gato y
aquí. No serían los reyes de ese castillo. No estaría ese sexo. El resplandor de unas nalgas iluminó mi memoria:
puente. No tendríamos que cruzarlo cada fin de año para Polo era el mismo pervertido de siempre. Esta vez, sin em-
gastar el mísero aguinaldo en porquerías chinas. Es más, no bargo, su madre no aparecería detrás de mí, o al menos
tendríamos pinches cigarros adulterados. guardaba esa esperanza. Polo me detuvo con una señal de
Polo sacó la cajetilla que acababa de comprar. La golpeó su mano.
con los dedos y desató el cintillo rojo que la envolvía, la -Espera aquí.
destapó, sacó dos cigarros, uno para él y otro para mí. Los Quedé erguido en medio de la oscuridad esperando que
encendimos. Gobernó un silencio cómplice entre los dos mi guía dictara el siguiente movimiento. Vi más nalgas y
mientras dábamos caladas suaves. Sentí que ambos coinci- senos refulgir, como peces en el azul lóbrego del océano.
díamos en una sola visión, pero por diferentes medios: la Me concentré en uno de esos brillosos glúteos, cual pece-
de Polo era una descarnada y salvaje, mientras que la mía, cillo enceguecido por las trampas luminosas de su depreda-
una perezosa que había adquirido por contemplación, no dor. Caminé hacia donde estaban, pero una mano pesada
por una vivencia. me impidió caer al abismo.
Giré sobre mi taburete para analizar un poco más el lugar. -¿A dónde vas? ¿Qué no ves que es un vato?
-¿A qué hora cierran? -pregunté. No, en esa penumbra los sexos se desdibujaban. Me
-La pregunta es a qué hora abren. jaló hacia otra dirección; avanzamos algunos metros hasta
-¿Qué? llegar a un cuarto pequeño con dos sofás en los que nos
-Sí, una vez pasadas las dos, ya no puedes salir sino acomodamos, uno enfrente del otro. Encima de la cabeza
hasta las seis de la mañana. de Polo, incrustado en la pared, ardía tenuemente un foco
Polo debió percibir mi gesto de preocupación. rojo. Me pareció un demonio sentado en un trono contem-
-Es por seguridad -aclaró. plando su reino de tortura y placer mezclados. Al dejarme
Pensé en mi mamá inmediatamente. En ese momento caer en el sofá, por primera vez me di cuenta del peso del
la imaginé pegada a la ventana imprecando contra mí. Re- alcohol sobre mi cuerpo, me sentí cansado. El Jack Daniel's
cordé también que no tenía cómo llegar a mi casa, pues y el vodka surtían efecto, así que cerré los ojos y recargué
había venido en el carro de Alejandro. la cabeza hacia atrás por unos segundos. Al abrirlos, me
-¿Te pega tu mamá o qué? obstruía la vista un cuerpo, una cintura, una moldura deli-
Como cuando niño, mostrar debilidad ante Polo mere- cada. Una mujer de piel fría se quedó quieta, como un ma-
cía un regaño. No le contesté. niquí de goma frente a mí. La tomé por la cintura y la moví
-Para que valgan la pena las nalgadas, vamos por unas dócilmente hacia un lado. Polo tenía otra mujer encima de
amigas. Sígueme. él; sus manos parecían tentáculos viscosos sobre la espalda
Nos desplazamos hacia el lado opuesto del sótano, don- y las nalgas de ella. Volví la mirada hacia la mujer que me
de no había suficiente iluminación, y cruzamos una cortina tocaba. Resignado, la jalé hacia mí tomándola por la cintura

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otra vez. Su piel realmente era fría. Subí la mirada para -El arte no deja, menos en una pinche ciudad como
verle el rostro en la oscuridad, pero sólo un mechón de luz ésta, donde las personas sólo viven para cruzar al otro lado.
rojiza le iluminaba los labios. La senté en mis piernas y ella Mira cómo terminé yo, de maestrucho en un bachiller. Yo
cayó tiesa; comencé a besarle los pechos, a apretar sus abdiqué de mi obra también. Ahora soy traductor, gano
glúteos como dos globos de agua. Ella era una masa frígida. más dinero y no soporto a los estudiantes ni mucho menos
Hice una pausa y la miré a los ojos. Era bonita, más o me- a los profe sores persignados.
nos de mi edad. Cuando notó que mi rostro se aproximaba Le pregunté sobre su despido.
al suyo para besarla, de inmediato reaccionó a la vida. Gol- -Pues no fue tan grave, el chico no tuvo la culpa de
peó mi pecho con las manos y dijo "no". nada. Fueron los papás los que me acusaron de pervertir a
En ese momento cobré conciencia de lo que hacía y me su hijo, hazme el favor. Si era una loca aquí y en China. ¿Lo
detuve. Salí del cuarto sintiéndome asfixiado, el peso del conociste? Raúl, le decían la Rula. ¿No? Blanquito, flaqui-
aire en todo el recinto me aplastaba los pulmones. Me dirigí to, con cabello lacio y usaba lentes. Bueno, ése. Pobre, vi-
a la barra, donde pedí un vaso de agua al barista. Miré la virá enclosetada toda su vida.
hora en mi reloj, eran casi las tres de la madrugada; deseé Conversamos un rato sobre la condición del arte con-
estar en mi casa, pero no había de otra más que esperar a temporáneo; aunque retirado, Marco seguía al tanto de las
que abrieran la salida. Miré absorto a mi alrededor. A mi actualidades. Me advirtió sobre mis maestros en la facultad
lado, el grupo de gais reía a carcajadas. Me pareció recono- de artes: dijo que eran unos pendejos esnobs que nomás
cer a uno de ellos cuando hicimos contacto con la mirada. Él buscaban cogerse a las estudiantes.
también mostró interés en mí. Fingí no darme cuenta y viré -Consiguen fondos del municipio para hacer sus pro-
hacia otro lado, pero era demasiado tarde porque se dejó yectos de intervención artística en la ciudad y se lo gastan
venir hacia mí. en pura mota y para pagar el pasaje de sus amigos artistas
-¿Facundo? Faco, soy yo, tu maestro de dibujo: Marco. que viven en España y el D.F. No podía condenarme a ser
-Hola -dije conturbado. un mantenido del gobierno, un caza becas, un empleado
Lucía casi igual, sólo que más viejo y sin el flequillo más del municipio cuya función es llevar el arte a las escuelas
multicolor que definía su personalidad. Ahora vestía más jodidas y a las colonias marginales. Creen que con llevar una
formal, sus atuendos hippies habían sido reemplazados por obra de teatro a una colonia jodida van a salvar a la gente de
una camisa de Banana Republic y pantalones Gap. su miseria, o que con darle cámaras fotográficas a los niños
-¿Cómo has estado? -se mostraba alegre por el en- pobres van a evitar que se vuelvan cholos. El arte en México
cuentro-. Has crecido bastante, mírate. es como la política, pero le exigen más al artista que al polí-
-Bien, ¿y usted? tico, quien es el que puede realmente cambiar la situación
-Pues como me ves, más viejo. Pero, dime, ¿qué haces en que vive la gente. Por eso me salí de ese ambiente, Faco,
en estos tugurios? es pura hipocresía y mediocridad. Me parece más honesta la
-Vine con un amigo. vida de un maquilero que la de un artista mexicano.
Le conté sobre mi vida, que ahora estudiaba arte, pero Justo en ese punto interesante, Polo llegó por detrás de
había renunciado a la pintura. Alabó mi decisión. mí, miró sospechosamente a mi maestro de dibujo y luego

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me dijo al oído que me preparara para retirarnos. Nos abri- -Ora sí, córranle-dijo Polo bajándose de su camioneta.
rían la puerta las mujeres con las que habíamos estado. Me Las mujeres entraron en el hotel, pero nosotros nos
despedí del maestro, no sin antes darle mi teléfono e invi- quedamos parados en la banqueta para fumar un cigarrillo.
tarlo a la inauguración de la galería. Su plática me había de- Polo colocó su brazo sobre mi cuello.
jado un buen sabor de boca; sentí que había aprendido más -¿Quién iba a pensarlo? Tú y yo otra vez juntos. Y con
en esos minutos que en todas las clases que tomé con él. dos viejas -sacó la cajetilla de cigarros y me extendió
tres-. Ten, por si los ocupas más tarde.
* -Oye -lo detuve en el momento--, la verdad no tengo
dinero como para pagar un hotel, mucho menos a una mujer.
Seguí a Polo hacia la puerta de la salida, ubicada en la parte Polo encendió un cigarro y lo caló profundamente,
trasera de la cantina. Allí estaban las dos mujeres esperán- como resguardando el calor del humo en su cuerpo. Miró el
donos, ya vestidas y abrigadas. El frío mercurial del desier- cielo. La calle estaba vacía: de un lado se angostaba hacia la
to dominaba las calles de Juárez, así que nos apresuramos a oscuridad y, del otro, hacia la avenida Vicente Guerrero,
andar hacia yo no sabía dónde. Caminamos hasta llegar a la donde las luces intermitentes de una gasolinera brillaban
avenida Francisco Villa. fríamente.
-Allí está mi troca -dijo Polo. -Además --continué mi justificación-, esa tipa es
Era una Blazer roja con placas fronterizas. medio mamona.
Adentro Polo ocupó el volante y su mujer el asiento del -Está espantada, deja que agarre confianza. Es nueva.
copiloto, por lo que me dejaban en la incómoda situación Todas las que empiezan son así, pero cuando eres su clien-
de compartir el asiento trasero con la otra mujer. Polo giró te ya aflojan a veces hasta sin pagar. Te haces amigo, y eso
a la llave y su troca produjo un ruido estertóreo, como un es mucho mejor que el dinero para ellas. ¿A poco crees que
hipopótamo exhalando aire. Era el drama invernal de los yo le pago a Carmen?
carros usados en la ciudad. Polo esperó unos segundos e Supuse que Carmen era la mujer que venía con él. Las
hizo un nuevo intento con el mismo resultado. Las dos mu- palabras de Polo no surtieron en mí el efecto que él espe-
jeres y yo nos frotábamos las manos, un poco nerviosos. La raba. Me vio aún conturbado.
camioneta encendió finalmente a la tercera calada. Los -Yo le pago. No hay bronca. La próxima vez me com-
cuatro sonreímos, aliviados. pras unas cervezas. Si es que hay una próxima.
-¿Vamos al de siempre? --consultó Polo con su amiga. Volvió a exhalar profundamente el tobillo de tabaco, re-
Ella asintió con desgano, bostezando; su jornada laboral tuvo el humo por unos segundos y después lo aventó hacia
llegaba a su fin. A mi lado yacía callada mi compañera, in- la humedad de la noche. Nos metimos en el hotel. Nunca
diferente y tratando de mirar a través de la humedad unta- había entrado, sólo pasaba por enfrente cuando mis amigos
da en su ventana. Polo manejó por las calles congeladas y y yo recorríamos el centro para tomar fotografías y para col-
solitarias del centro. Dimos vuelta en la avenida Vicente gar nuestro arte en los postes de luz. Adentro olía a limpia-
Guerrero y luego en la Lerdo. Nos estacionamos en un ho- dor aroma lavanda. Presidían el espacio unos sillones se-
tel justo frente a la Oficina de Correos. tenteros color piel, y la recepción era un cubículo tallado

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completamente en madera. Detrás del mostrador un re- traño, el desconocido, era yo. Para ese tipo de mujeres to-
cepcionista adormilado, envuelto en unas cobijas de lana, dos los hombres somos extraños; hombres pasajeros que se
ni siquiera notó nuestra presencia. Polo y yo pasamos sin borran con la luz del día.
registrarnos. Subimos por unas angostas escaleras; confor- -No te asustes, soy yo -quien quiera que fuera yo-.
me ascendíamos, el olor a lavanda me obligó a estornudar. No te voy a hacer nada-dije, pero mis buenas palabras no
Llegamos al primer piso y desembocamos en una bifurca- hicieron mella.
ción de pasillos húmedos: uno daba hacia una ventana al Levantó su mano y señaló la ventana. Miré en esa di-
fondo con vista a la avenida Lerdo; el otro, más oscuro, pa- rección y apenas puse mis ojos en ella, un escalofrío me
recía infinito: no era posible ver hacia el otro extremo. Polo invadió. Sólo había un vórtice negro, nada se veía del otro
dudó un segundo, luego se dirigió al pasillo de la ventana. lado. Por eso ella tenía miedo, y yo lo entendía; era inquie-
Echamos un vistazo hacia la calle iluminada. Mi amigo giró tante la visión de ese agujero hacia la nada. Tomé la sábana
y continuó caminando en la prolongación del pasillo. El de la cama para usarla como cortina, pero antes de colgarla
edificio es un cubo, pensé. Llegamos a la otra orilla y en la me asomé para ver lo que había del otro lado. Tuve que
tercera puerta Polo tocó y abrió al mismo tiempo la puerta; acercar mi rostro al ras del vidrio. La ventana daba hacia un
intenté seguirlo, pero me detuvo. edificio abandonado, parecido a un laboratorio o a una fá-
-El tuyo es el de al lado. Nos vemos mañana para ir a brica de químicos; lo supuse por las tuberías que entraban
almorzar, yo invito. y salían por las paredes del inmueble. Una gran escalera
Cerró dejándome en la oscuridad de ese canal húmedo. metálica adosada al hotel subía hacia la azotea. Si alguien
Quedé en silencio y quieto por un minuto. Debajo de la quisiera, podría ver hacia el interior de los cuartos sin nin-
puerta de mi cuarto se deslizaba una luz porosa. Di pasos gún problema.
sigilosos y toqué con un golpecito débil. Escuché ruido del -Mira, ven a ver que no hay nada.
otro lado: el frotamiento de las sábanas cuando caen al sue- Sentí que se acercó por detrás de mí con cautela. Me
lo, como si alguien se levantara de una cama. Nadie abrió. hice a un lado para que viera el oscuro paisaje. Lentamente
Temí haberme equivocado de cuarto. Volví a tocar. Por fin pegó sus ojos en el vidrio de la ventana colocando sus ma-
escuché pasos, pero no llegaban hasta a mí, y recordé que nos sobre las mejillas. Cuando rozó la frialdad del vidrio, no
Polo había abierto su puerta con toda libertad. ¿Y si lo hago pude evitar jugarle una broma: la tomé por la cintura y gri-
yo también? ¿Pero si un desconocido está dentro? Luego té: "¡Uy!". Respingó como gato asustado y me dio un gol-
recapacité: tanto ella como yo éramos un par de extraños el pe en el pecho con su mano abierta.
uno para el otro, ni siquiera sabíamos cómo nos llamába- -¡Maricón!
mos. Abrí la puerta intempestivamente, envalentonado por Me carcajeé un poco. Tomé la sábana y la sujeté con dos
mis pensamientos. clavos que estaban incrustados en la pared. Volví a la cama
Por fortuna allí estaba ella, igual de asustada que yo, en y me senté en la orilla; ella ocupó la otra en el respaldo.
medio del cuarto sólo iluminado por la luz del baño: tiesa Guardamos silencio por un rato; cualquier palabra, en vez
como una estatua, con una almohada abrazada cubriéndole de curtir la interacción, nos incomodaría más. No sabía qué
el torso y su mirada plena. Entonces comprendí que el ex- hacer y estaba seguro de que ella tampoco quería que yo

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BORDEÑOS Francisco Serratos

hiciera algo. El frío se trasminaba por las paredes, se respi- -Lo conozco desde niño, éramos vecinos. Ésta es la
raba humedad en la habitación. Jalé hacia mí la única cobi- primera vez que lo veo en muchos años.
ja que había y me recosté. Me senté todavía abrigado con la cobija.
-Tengo sueño -dije involuntariamente mientras me -¿Así que Polo es pollero o algo así?
ovillaba en mi pedazo de colchón. -Sí, pero de los buenos. Por eso confío en él. Mi amiga
Ella quedó inmóvil, cruzada de brazos. Giré envuelto me lo presentó.
en la cobija. -¿Ella es de Colombia también?
-Podemos compartir -dije. -No, es de una ciudad que se llama Torreón. Yola co-
-No. nocí en el bar.
-No te voy a hacer nada. -¿Tu prima también se dedica a esto?
-No tengo miedo de ti. -¡No! -se alteró-, ella cruzó legalmente desde Co-
-Porque sabes que no te haré nada malo. lombia. Es estudiante como tú y se ganó una beca para cur-
-Mira -levantó la voz-, yo vine aquí a trabajar. sar una maestría en El Paso, luego terminó y se mudó a
Tú no me estás pagando. Si estoy aquí, fue como un favor California. Ahora trabaja como maestra de español.
para tu amigo y mi amiga; para que tú no los molestaras. -¿Y por qué no cruzaste como estudiante tú también?
¿Oquei? -Lo intenté, pero no soy tan inteligente como ella.
-¿O sea que Polo no les paga? Ahorré unos dólares y me vine así, aunque a mis papás les
-No. Vinimos porque esta noche no cayó clientela y mentí, les dije que también iba a estudiar. Llegué como
porque mi amiga es muy amiga de tu amigo. turista a México. El dinero me alcanzó para llegar a la fron-
Aunque hablaba como los de Juárez, su acento comen- tera nada más.
zó a inquietarme, era costeño; como de Veracruz. -¿Y cuánto cobras?
-¿De dónde eres? -¿Cobrar por qué? -su mal humor afloróuna vez más.
-De Colombia. Me sentí torpe.
-¿Y qué haces aquí en México, en una ciudad como -Por lo que haces.
ésta? -Me pagan por embriagar clientes, básicamente. Más
-Pues lo mismo que todos. Estoy de pasada. Tengo si son gringos. No creas que soy prostituta, sólo trabajo
una prima en California que me está esperando. Apenas como platicadora y de mesera cuando se ofrece algo.
junte el dinero que tu amigo me pide, cruzo la frontera. Se acomodó en la cama para huir del creciente frío de la
La curiosidad me sacó del sueño. ¿Para qué necesitaba habitación y metió sus pies, todavía con zapatillas de tacón
darle dinero a Polo? mediano, debajo de las cobijas.
-Sí, imaginé que tú no te dedicas a esto -dijo. -Si estoy aquí contigo fue por mero favor,ya dije.
-¿A qué? -¿Cuánto tiempo tienes en Juárez?
-A cruzar personas. -Como un año y medio, casi dos.
-No, soy estudiante de artes. -¿Y has intentado trabajar en otra cosa?
-¿Y por qué andas con él?

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BORDEÑOS Francisco Serratos

-¿En qué? -sonrió como si le hubiera respondido a suyos hacia la mía. Cuando volvió del baño y al verme aco-
un niño idiota-. No tengo papeles, ¿qué no ves? Primero modado de esta manera, ella entendió el contrato. No se
me llevaron a trabajar a una sala de masajes, cerca del otro desvistió tampoco, era poco redituable al compartir sólo un
puente en Zaragoza. Duré muy poco en ese lugar. Los cobija. Resbaló su cuerpo dentro de la cama, en silencio.
clientes eran muy puercos, querían que los masturbara -Buenas noches -dije.
mientras les masajeaba la panza. [Cerdos! Tardó unos segundos en contestar.
-Espera, ¿quién te llevó? -Buenas noches.
-Los del albergue. Nos ofrecen trabajo para cooperar Fui cayendo en el sueño pausadamente. El alcohol, el
con los gastos. A unos los ponen a vender pasteles en las frío y el cansancio me fueron despojando de la realidad.
calles; a otros, aguas frescas; o a veces simplemente a pedir Justo cuando recordé que no le había preguntado lo más
dinero. A mí me vieron bonita y me dijeron que me tenían importante, mi conciencia se cerró.
un trabajo fácil de mesera. Pero me quitaban casi todo el
dinero que ganaba, así que me salí de la casa y vagué por *
las calles del centro hasta llegar a un bar aquí.
Paró de contar en este punto para bostezar delicada- Desperté al mediodía, azorado, como si saliera de un
mente. Supuse que la plática la había agotado; después de espanto. La luz del sol atravesaba la desgastada sábana
todo, yo representaba un tiempo extra de su trabajo. Su que pendía en la ventana. Me encontraba solo. Fui al ba-
bostezo me contagió. Volví a recargar mi cabeza en la almo- ño, me enjuagué la cara dolorosamente con el embate
hada y comencé a observarla entre el límite de mi concien- entumecido del agua fría y me sequé. Me dirigí hacia la
cia y el sueño inclemente. Su cara era triangular, su cabello ventana, quería contemplar el edificio abandonado de al
negro espumoso, pesado, su nariz respingada -¿opera- lado. Venas de humedad surcaban los vidrios demostran-
da?- y sus labios delgados. Se quitó las zapatillas. do la fuerza del frío imbatible de diciembre. Pensé que
-Quiero ir al baño, pero me da miedo porque hay una mis amigos y yo podríamos sacar provecho del edificio
ventana que da para ese lado oscuro. para una sesión de fotos, tal vez para instalar allí nuestra
-No cierres la puerta y no prendas la luz -sugerí. galería. Me recargué sobre la pared viendo cómo los due-
-Sí -afirmó, pero dudó un segundo; después anduvo tos de ventilación atravesaban la estructura carcomida y
de puntillas hasta el baño. Cumplí mi promesa, no tenía ni enmohecida del edificio. No sabía qué hacer. Lo mejor era
el menor deseo de embargarla con más pena: simpatizaba despedirme de Polo, desearle buena suerte a mi nueva
más con su desgracia que con su belleza. Escuché cómo se amiga y partir hacia mi casa.
deslizaba la mezclilla del pantalón en sus piernas; escuché Mi cuerpo comenzó a molestarme con muchas necesi-
cuando se acomodó en la frialdad del retrete; escuché su dades en ese momento; mi estómago crujió, tenía hambre,
tímido chorro de orines estrellarse contra el agua. Orinó me sentía sucio y mi madre debía de estar sufriendo al no
por pausas, pudorosa. Aproveché la soledad para descalzar- saber nada de mí.
me y tomar mi lugar en la orilla de la cama de tal forma que Me acomodé la ropa y me dirigí a la puerta, pero un
durmiéramos invertidos: mis pies hacia su cabeza y los golpe agudo que hizo temblar las paredes del viejo hotel

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BOJWEÑOS Francisco Serratos

me contuvo. De súbito un tropel de pasos rápidos y pesa- peaba a mi amigo de infancia y posiblemente me encontra-
dos se escuchó en el pasillo. rían a mí, su compinche, sentado en un retrete de hotel
¿Una puerta cedió a una patada tal vez? barato con olor a lavanda, y cagando.
Quedé alerta, no me moví. Voces trasminadas a través Terminé enseguida y salí de nuevo al cuarto todavía con
de la pared se escuchaban cerca, provenientes del cuarto de la piel húmeda. Ya no se escuchaban ruidos.
al lado, donde estaba Polo. Pegué mi oreja a la pared para Debía salir de allí, pero, ¿cómo? Como cualquier otro
tratar de escuchar el vocerío. huésped. Salir como si nada a desayunar.
Un golpe flácido, como si hubieran dado un gancho a Tratándose de mí, una situación así sólo me garantizaba
una almohada de carne, retumbó. la desgracia. Intenté escuchar de nuevo.
Me acerqué a la puerta, asustado; lentamente estiré el Silencio.
brazo para dar vuelta al seguro, pero en el mismo instante ¿Se habrán ido? Los mismos pasos enérgicos y rápidos
en que lo hacía, pensé que era inútil: esa puerta endeble no volvieron a sonar en el corredor, justo al lado de mi puerta.
detendría a los gorilas que ajusticiaban a Polo del otro lado. Luego, otra vez silencio. De pronto la perilla de la puerta
Recordé entrañablemente mi casa una vez más, la tibieza tembló. ¡No! Una tesura gélida se apoderó de mis múscu-
de mi cama, el espeso aire de la calefacción. los. [Vienen por mí! Polo, en su infinita cobardía, me había
¿Y si Polo les decía que tenía un cómplice en el cuarto vendido una vez más. Agitaron más fuerte el metal, pero
de al lado? ¿Y si me echaba la culpa de su lujuria y de su éste resistió. Optaron por tocar, lo que me tranquilizó: un
crimen como cuando me acusó con su mamá? comando de asesinos no puede ser tan educado. Volvieron
Mis nervios se desbordaron, el ruido continuaba y yo a agitar la perilla hasta que al fin ésta cedió. Vi que era la
bailaba ridículamente en la habitación, mordiéndome los colombiana, igual de alterada que yo. Me apresuré hacia
labios. Un fuerte dolor infló mi estómago, removiendo todo ella, la hice a un lado y asomé la cabeza al pasillo del hotel.
mi interior. Volví a pegar la oreja sobre el muro para escu- Nadie a la vista. Cerré de nuevo la puerta y giré para pre-
char. Alguien hablaba, pero yo no distinguía sus palabras guntarle qué putas había sucedido; sin embargo ella estaba
filtradas en el concreto. Supuse que tenían subyugado a desconcertada, preguntarle era inútil.
Polo, amagado de silencio, porque no reconocí su voz ni un -Venían por tu amigo ...
instante. Se escuchó un golpe. Luego otro. Y uno último. -¿A matarlo? -concluí estúpidamente.
Hasta que al fin pude distinguir un grito: -No -contestó-, creo que a cobrarle dinero o algo.
-¡Dónde está! Eso me dijo Carmen.
¿Le estarán preguntando por mí?, fue lo más brillante -¿Y ella dónde está?
que pensé mientras daba brinquitos de nerviosismo y el -Abajo. Nos despertamos temprano para ir a desayu-
dolor revolvía mis tripas. Sudaba frío y un lodo de miedo y nar. Cuando volvimos ella vio una camioneta estacionarse
malestar abultó mi estómago, tanto, que tuve que ir al baño en la calle. Me agarró por el brazo para que no entrara en el
en ese instante, perdido de mi voluntad; dejé la puerta hotel. Unos hombres con la cabeza cubierta, creo que ar-
abierta para seguir atento a lo que sucedía del otro lado. mados, pasaron frente a nosotras. No sé más que eso.
Mientras drenaba mis nervios, una banda de matones gol- Yo cruzaba la habitación a zancadas largas.

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BORDEÑOS Francisco Serratos

-Debo largarme de aquí -repetía. canela, muslos carnosos y cuerpo acostumbrado a la noche.
-¿No le pasó nada a tu amigo? ¿No lo vas a ver? Polo se acercó a ella para comunicarle algunas palabras ner-
-¿Cuál amigo? -increpé al instante-. No me voy a viosas y abrazarla brevemente.
meter en problemas, no puedo. Debo largarme de aquí. -¡Al café! -le dijo.
Y en dos pasos crucé la puerta y llegué al pasillo perfu- Ella asintió desde su asiento. Entre ellos hablaban un
mado de lavanda. Miré compasivamente a la colombiana, lenguaje minimalista; tenían un entendimiento elemental.
quise decirle adiós, mas no me atreví; temía que con mi Polo siguió de largo hacia la calle.
despedida la maldijera. En ese momento Polo me llamó
desde su habitación. No, no iba a atender su llamado. De-
*
bía largarme a mi vida.
-¡Faco! Salimos al frío vertical de la mañana. Me emparejé con Polo
Mi nombre hizo eco en el pasillo. Gestudo, caminé ha- y anduvimos por la calle Lerdo hasta doblar en la 16 de
cia su voz. Lo vi de espaldas, abrochándose el pantalón, sin septiembre. La ciudad estaba casi vacía. Quería preguntarle
camisa. sobre lo sucedido en el hotel, mas su rostro se transformaba
-¿Qué? a cada paso: pasaba de la severidad a la angustia, como si le
-Vamos a almorzar -dijo volviéndose a mí tranqui- costara trabajo respirar. Decidí no hurgar más en su ánimo.
lamente. Caminé absorto, mecánicamente, a pasos grandes para so-
Su humor me confundió; lucía fresco y alegre. No sé si fue portar el aire helado. Después de un par de calles, nuestra
su oferta o la curiosidad lo que más me sedujo, pero acepté. respiración se hizo más pesada; exhalábamos vapor tibio.
Polo terminó de vestirse, se acomodó el cinturón pitea- -¿A dónde vamos?
do y se enjaretó el abrigo. Con calma salió del cuarto y yo Él escapó de su ensimismamiento.
lo seguí. -Vamos al Café Central, ¿no? -su tono sonaba más a
El lugar había cobrado vida; más que hotel parecía ve- sugerencia que a determinación.
cindad. Las puertas estaban abiertas; había niños pasando Me gustaba ese café; mis amigos y yo acostumbrábamos
de una habitación a otra, hombres encobijados frente al ir después de las cantinas porque servían buena comida y
viejo televisor de transistores con volumen alto, mujeres era el paradero de viejos conocidos. Al llegar, Polo y yo nos
lavando ropa en el baño. Polo avanzaba como si nada de sentamos en un rincón. Una mesera lisiada de su pierna
eso le fuera ajeno, como un integrante más de esos pasaje- izquierda, con los estragos del turno de la noche dibujados
ros fantasmas. Bajamos a la recepción, donde estaba el mis- en su rostro, nos llevó el menú, dos cartones blancos im-
mo hombre de antes, ahora despierto, con un peinado rela- presos por los dos lados con letra azul y roja. Polo ordenó
mido y la cara limpia, pero los ojos estrellados todavía por sin verlo: un burrito, un chocolate caliente y una canasta de
el mal sueño. Le hizo una venia a Polo. Éste se despidió pan. La mesera se retiró cojeando lentamente.
levantando la mano, mientras miraba compasivamente a Yo sí revisé el menú; todo se me antojaba, pero al final
Carmen, su mujer, sentada en los sillones setenteros. En la me decidí por un café y unos chilaquiles verdes con huevo;
claridad del día al fin pude delinear sus rasgos: era de piel tiré el cartón a un lado. El lugar estaba concurrido. Algunos

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ancianos sentados en las mesas disfrutaban de su café con -Es un metiche. Que ni se acerque, porque ya me
pan dulce; algunos de ellos se apiñaban en torno a un ta- conoce.
blero de ajedrez y otros jugaban dominó. Había parejas Seguí observando el lugar, que tenía acabados chinescos
cuarentonas también, tal vez sacudiéndose la ceniza del en el techo, dragones dorados y tapices de árboles asiáticos.
amor nocturno, hombres de botas, sombrero y chamarra de Era un recinto grande, largo como un rectángulo y con una
piel, mujeres con vestidos apabullantes y peinados explo- barra presidiendo el medio, en donde se hacía café y esta-
sivos. Había, como siempre, trasnochados que se curaban ban las vitrinas de pan. Los pisos eran de mármol color hue-
la cruda con un plato de menudo hirviente. so brilloso. Los clientes entraban y salían constantemente.
-Me gusta este lugar -dije. Polo me dirigió una mira- Algunos llegaban suspirando hondamente, quitándose los
da complaciente-. Suelo venir aquí con amigos. A veces obesos abrigos y las bufandas, mientras los que se retiraban
vengo solo, cuando voy a la librería que está en la antigua aspiraban el aire tibio de la cafetería como para agarrar cora-
presidencia, ¿sabes cuál? ... Nunca te dije --continué sin- je y confrontar el invierno escampado del desierto. Todos
cerándome ante su mirada desganada-, pero yo comencé eran como retratos de un tiempo mejor.
a leer libros cuando escuché a tu mamá esa tarde en tu casa. Me volví hacia Polo, hundido en sí mismo. Yo no sa-
Me impresionó tanto que me aficioné a la lectura. ¿Cómo bía qué decir, pero me sentía bien, cómodo y tranquilo,
ves? Gracias a ella me hice sensible al arte y por eso lo es- mas él parecía batirse en una lucha interna. Quería pre-
tudio ahora. ¿Qué crees que piense de eso? guntarle, conversar, ser su confesor. Impertérrito, Polo se
-Que eres un pendejo. Mi mamá siempre te odió des- limitaba a mirar la superficie de la blanca mesa, total-
de aquel día. mente ido.
-Oh -resoplé decepcionado y no quise volver a ha- Vi a la mesera aproximarse hacia nosotros desde el otro
blar del tema-. Qué mal. extremo del restaurante. Era lenta, con paso desnivelado y
Volví la mirada hacia otro punto. cara inflada por la falta de sueño. Cargaba los vasos espu-
Vi a un hombre frente a mí sentado tres mesas más allá. meantes sobre su charola; los puso frente a nosotros. La
Pliegos de papel invadían su mesa, mientras él sostenía firma del establecimiento era servir el café y el chocolate
uno de ellos con un sujetador de madera. Noté que con el en vasos de plástico transparente y no en tazas. Sin mirar-
rabillo del ojo derecho nos miraba y con el otro se enfocaba nos, la mesera se retiró hacia la barra de en medio, luego
en su lámina de papel. volvió con la canasta de pan de dulce. Hice el honor de
-No lo mires -ordenó Polo-. Va a querer que le tomar la primera pieza para sumergirla en el vaso de café
compres uno de sus pinches retratos feos. con leche: fue un primer bocado espumoso y tibio, recon-
Era un hombre bajo, moreno marrón y de cabello riza- fortante, que ablandó mis músculos.
do. Sus manos eran pequeñas y gruesas, lo suficientemente Polo copió mis movimientos, y se tragó su pan en tres
fuertes y rápidas como para sostener el sujetador y dibujar mordidas. Había olvidado lo mucho que le gustaba la comi-
al mismo tiempo. da. Comimos sin hablar y sin pausa hasta que vaciamos
-No parece artista, parece más bien un cristiano pen- nuestros vasos. La bebida caliente relajó tanto a Polo que
tecostal por la forma en que viste -dije. comenzó a hablar.

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BORDEÑOS Francisco Serratos

-Ya me decidí. Me voy. Tengo el plan todo hecho. Es- -Entonces así fue como me metí en esto, Faco. No
toy cansado de esta vida. De esta ciudad. De la gente. Ade- tenía suficiente dinero para pagar la pasada, por eso les
más, no tengo a nadie aquí. Y estos hijos de la chingada me pedí trabajo. Como era buen compa del cuñado, me dieron
quieren joder. una oportunidad. El jefe es un gordo, buena gente, tiene
-¿Los hombres que te fueron a buscar hoy?-lo men- su oficina en el Bombín, ¿sabes cuál? Ese mero. Cruza per-
cioné sin tapujos, era la hora de la verdad. sonas, falsifica visas, pasaportes, todo el centro es su terri-
-¡Hijos de puta! Quieren que les pague un dinero que torio. Los cigarreros, los franeleros, los policías, las casas de
ni siquiera tomé. Fue mi jefe. Él fue quien se los transó y cambio, los parqueros, los boleros, hasta algunos agentes
luego se lavó las manos. Dijo que yo había cruzado a unas de migración, todos trabajan para él. Y les paga, es buen
viejas y que se me habían escapado en El Paso. Yo ni cruzo patrón. Hasta el momento nunca he sabido que haya mata-
al otro lado. Mi trabajo está aquí. Él las vendió con un gringo do a alguien porque todos le juegan derecho. Cuando otra
por debajo del agua. Cuando yo hice el trámite para cruzar- banda quiere entrarle al negocio en esta zona, él no se en-
las, las recogieron otras personas, eso me dijo el contacto ... sucia las manos, los policías se hacen cargo. A veces los
No pongas esa cara. Lo único que me faltaba. Que me juz- manda a los otros puentes, al Zaragoza o al Libre. Pero no
garas en un momento así. Déjame seguir. No, yo no trafico creas que hay muchas bandas. El mercado grande es el de
con personas, nada más las ayudamos a pasar, en eso consis- la droga: cocaína, marihuana, pastillas. Yo creo que en un
te mi trabajo. Lo que hagan una vez que estén en el Chuco futuro, para como va la cosa, el tráfico de personas será
es muy su pedo. Y te preguntarás cómo terminé en este ne- igual de grande que el de la droga. Pero para entonces ya
gocio. Pues fácil. Cuando volví de Juárez, comencé a tener me habré retirado. Ya no quiero saber nada. Me quieren
una vida normal, como te conté anoche, y me salí por lo chingar, no sé por qué. Siempre trabajé derecho y ahora me
mismo que también te conté, pero además el sueldo no me hacen responsable por ese dinero. Pero ya tengo un plan, y
alcanzaba. Trabajaba de viernes a domingo, doscientos pe- necesito que me ayudes.
sos al día, seiscientos a la semana ... Setecientos pesos en Polo hizo desaparecer el último trozo de burrito dentro
total, si le sumas los bonos de despensa. No estaba tan mal, de su boca. Yo no sabía qué decir. Él era un pervertido, no
nomás acuérdate que tenía que mandarle dinero a mi mamá, una mala persona.
y luego la chava con la que me junté tenía dos hijos. Pues -¿Y qué quieres que haga? No conozco nada de eso,
cuando mandé todo a la chingada, quise cruzar la frontera. Polo. Honestamente creo que esta vez paso. Desde ayer no
Para eso, busqué un contacto en la maquila que tenía un cu- llego a mi casa, no me he bañado, tengo tarea, mi mamá ...
ñado que se dedica a esto mismo; era pollero de los buenos. -Claro, tu mamá, ¿no te digo? Déjame te explico pri-
La mesera interrumpió la conversación colocando los mero y luego hablas. Lo único que necesitas hacer es cru-
platos de comida y la cuenta en la mesa. Su turno por fin zar a El Paso conmigo a recoger un carro y listo, para la
había terminado; se alejó indiferente, yo supuse que feliz. tarde ya estarás de vuelta en Juárez. Yo me voy a Seattle.
Polo y yo nos dispusimos a almorzar. Él tomó el burrito -No sé, no puedo. Contigo todo se complica y no quie-
con ambas manos y continúo hablando entre masticada y ro problemas. Suena fácil, pero siempre hay inconvenien-
masticada. tes. ¿No tienes otro amigo que te acompañe?

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BORDEÑOS Francisco Serratos

En ese momento fue difícil saber si Polo se victimizaba gente caminaba deprisa. Salimos ambos sustrayendo nues-
o era sincero; se quedó callado. Por dudarlo me sentí mal, tro propio cuerpo, un recogimiento de músculos para so-
un poco obligado y al mismo tiempo traicionado. Debía dar- portar el impacto gélido del aire. Comenzamos a andar de
le una respuesta. Analicé la situación recargado en el asien- regreso al hotel.
to de vinilo. -¿Cómo le hacemos con la visa, entonces? -me animé
-No traigo mi visa, la dejé en casa. Mi mamá me la a hablar exudando vapor entre los huecos de mis palabras.
guarda para que no la pierda. -No te apures, ¿qué no te acabo de decir para quién
-Y vas con el mismo cuento de tu mamá. Eres como trabajo?
toda esa pinche gente en esta ciudad. Su vida es su visa. -¿Pero, es seguro?
Temen perder más la jodida visa que la casa o que una -No te va a pasar nada. Nomás tienes que cruzar conmi-
pierna. La vida se les acaba cuando saben que no pueden go en la camioneta y ya. El problema es cómo vamos a em-
cruzar. Les aterra no cruzar al otro lado, les aterra saber que baucar a los otros para que nos informen cómo está la cosa en
están atrapados en esta ciudad, de este lado de la mierda. el puente. Debemos saber por cuál línea cruzar, a cuál agen-
Creen que porque van a comprar sus garritas al mal/ dejan te de migración vamos a enfrentar, todo eso. El problema es
de ser lo que son: una pinche bola de pinches maquileros cómo hacer para que no sospechen.
esclavos de los mismos gringos a los que les compran todo -¿Y si usamos a tu amiga la colombiana?
lo que tienen. Por eso me quiero ir de esta ciudad. ¿Sabes Polo se detuvo un instante; viró sus ojos hacia mí.
qué deberían hacer? Volar todo, no nada más las maquilas, -Si te digo que no estás tan güey.
aunque habría que empezar con ellas, quemar toda la ciu- Me alegró haber ganado un poco de complicidad con
dad. Y luego, volver a construirla miles de kilómetros lejos Polo; sin embargo, eso no había menguado mis temores.
de la frontera. Un desierto de nada entre nosotros y los -Sólo necesito hacer una llamada -le dije.
gringos. De esa forma van a liberar a las personas de esa Al llegar al hotel, Polo pidió el teléfono al recepcionista;
angustia por cruzar. Eso hace falta: que se nos olvide la ri- luego me dejó solo con el pretexto de ir a arreglar todo para
queza del otro lado del puente. Dejar de soñar con cruzar y el viaje. Disqué el número con fastidio ante la incapacidad
no tener que volver cuando cierren las tiendas, los chan- de formular una mentira creíble. Pero las cosas estaban de mi
garros de mierda de los chinos, la gasolina de mejor cali- parte: era sábado por la tarde y mi madre no estaba en casa
dad; dejar de preocuparnos por ahorrar dinero para ir al porque a esa hora se iba de compras. Contestó mi padrastro.
consulado a rogar por una visa que le da sentido a nuestra -Soy yo, Faco. Estoy bien, no se preocupen.
vida. Eso te hace falta a ti, Faco. -¿Dónde has estado? Tu mamá está insoportable.
Terminó de hablar, se levantó del sillón y se encaminó -Sí, ya sé, pero dile que estoy bien ...
hacia la caja para pagar. No me dio tiempo de reflexionar -Ya ni chingas ...
sobre su discurso, pero me había conmovido de una forma -Dile que estoy en casa de Rodrigo, ella sabe quién es
indeseable. Esculqué mis bolsillos antes de seguirlo y arro- él, la otra vez fue a comer a la casa. Nos quedamos arreglando
jé una moneda de diez pesos sobre la mesa. Me emparejé lo de la expo y las piezas que vamos a presentar en la clase.
con Polo en la puerta de vidrio de la cafetería. Afuera la -¿La qué?

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-La expo, la exposición que siempre tenemos a final -¿Ya mí qué?


de semestre. Voya tener que quedarme todavía más tiem- -Que tú vienes con nosotros -dije untándome des-
po acá, tal vez hasta mañana. Si no lo hago, me van a repro- odorante en las axilas, el pecho y el tórax.
bar. Yosoy el curador. .. -¿Cómo? Todavía no tengo todo el dinero.
-¿El qué? -¿Cuánto tienes? Bueno, no importa, vamos a ayudar a
-El cura... nomás dile que estoy bien. Nos vemos ma- pasar a Polo, es un favor por otro favor.
ñana. Bye. -Pues no entiendo. Él es el que ayuda a cruzar, no al
Colgué y entregué el tubo al recepcionista, quien ama- revés.
blemente inflósus cachetes con una sonrisasardónica,como -Será diferente, ya te explicaré luego, cuando estemos
confirmando nuestra complicidad. Le agradecí el favor y en la línea.
subí las escaleras. Necesitaba limpiarme antes de salir a El Quedó pensativa, pero no había tiempo para decir más.
Paso. El olor a lavanda me produjo náuseas, no sé si porque Yoquería irme lo más pronto posible de allí; qué tal si los
necesitaba bañarme y asearme la boca o porque no me sen- gorilasvolvían y ahora sí acababan con todos. Salí de mi ha-
tía seguro de lo que estaba a punto de cometer. Llegué a mi bitación hacia la de Polo. Él estaba casi listo. Carmen lo
cuarto, en donde encontré a la colombiana arreglando una acompañaba; no obstante, no lucía feliz. Creo que lloraba.
pequeña maleta. Cuando me vio en el limen del pasillo, se limitó a sonreír-
-¿Qué haces? me, como si aprobara mi presencia en el lugar.
-Arreglando mi ropa, debo ir a trabajar más tarde. -Vámonos -dijo Polo.
-¿Vives aquí? -dije dirigiéndome al baño. Olía mejor que yo, a hombre fresco, con una nueva ca-
-No. Vivocon Carmen. Le pago renta cada mes. misa y jeans. No se despidió de Carmen, simplemente sa-
Abrí el grifo del agua, me quité el abrigo y la camisa. lió del cuarto como si fuera a comprar cigarros. Se detuvo
Rocié agua en mi cabello y me enjuagué la cara. en mi puerta para avisar a la colombiana de nuestra partida.
-¿Tienes un cepillo de dientes? Todavía incrédula, ella asintió. Polo nos ordenó ir al Café
-Sí, pero es mío -contestó hurgando en la male- Central y esperarlo allí; después desapareció al doblar en el
tilla-. Tengo pasta, puedes lavarte con el dedo. pasillo. La colombiana fue a la habitación de Carmen para
-¡Buena idea! despedirse. Llevaba su maletín en la mano. No quise en-
-También tengo desodorante y un cepillo para el ca- trometerme, esperé fuera. Cuando vi que había pasado un
bello. ¿Los quieres? tiempo considerable, decidí apurarlas. Quedaron de verse
Me pasó los enseres y comenzó a reírse. en la cafetería también.
-¿Qué? Salimos de nuevo al frío.
-Vas a oler a mujer.
-No me importa, prefiero eso a apestar a sudor. Pero *
más importante que mi olor, ¿sabes lo que pasará hoy?
-No. Caminábamos rápido, como si alguien nos persiguiera.
-Vamos a cruzar el puente. Yoestaba nervioso, sentía que cada carro apostado en las

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esquinas nos vigilaba. Ella andaba a mi lado, agitada, pero -A ver -tomó una-, este cabrón se parece a Faco.
con suficiente ánimo como para preguntarme mi nombre. Con cara de niño bueno, medio güey, pero buena gente.
Me detuve en el acto. Era verdad. No nos habíamos pre- Las chicas carcajearon.
sentado formalmente. Pero pensé que si nos iban a arrestar, -¿Qué, no te gusta? Pues no te lo vas a llevar a cenar.
lo mejor era no saber más del otro. Aunque si nos iban a Además, hay de dónde escoger. ¿Cuál te gusta?
matar, pensé, lo mejor era confesarnos nuestra identidad, Comencé a revisar las visas y ninguno se parecía a mí real-
tal vez uno sobreviviría y ayudaría en las investigaciones. mente. Pero opté por uno que me convenció, un tal Pedro
Pensaba pendejadas. Almazán Torres. Piel clara, ojos cansados, cabello lamido ha-
Ella se llamaba lsamar. cia atrás, como te piden que te peines para este tipo de fotos.
Esperamos en el café, sentados, sin hablar, alrededor -Isa, tengo dos perfectas para ti. Mira: una la vas a usar
de media hora. La primera en llegar fue Carmen, con una para cruzar y la otra para identificarte en caso que pases por
maletilla que intercambió por la que traía lsamar. Me dijo un retén de revisión.
luego que era un poco de ropa y el dinero que había ahorra- Polo las deslizó en la mesa. Isa clavó su mirada en los
do durante todo su trabajo en el sótano. Las dos mujeres, documentos ansiosamente durante varios segundos.
sentadas juntas, murmuraban, metían y sacaban cosas de -Sí -dijo-, sí, creo que éstas pueden servir -se arri-
una maleta a otra. No les puse mucha atención, vigilaba la mó a su amiga para mostrárselas-, ¿verdad, Carmen?
puerta en espera de Polo. El lugar casi se había vaciado, sin Quité la atención de ellas para inquirir sobre nuestra
embargo el dibujante seguía allí con un vaso de café al lado estrategia a Polo.
y sus láminas de dibujo en el otro. Me incomodó verlo. Tal -Vamos a cruzar como gente normal. Dos amigos me
vez era un espía de la banda de traficantes, que sabía de van a ayudar a vigilar el área. Nos formamos en la fila como
nuestra empresa y había hecho nuestro retrato para entre- cualquier borrego, presentamos nuestra visa y listo. Así de
gárselo a nuestros captores. Traté de controlar mis pensa- fácil. Y es mejor que nos vayamos, porque el puente está
mientos. Seguí mirando hacia la calle a través de las puer- hasta la madre.
tas de vidrio. Asentimos. Nos vimos los cuatro en la calle una vez
Polo tardó en llegar: casi a las tres de la tarde. Se acercó más. Las despedidas fueron parcas, intuidas; se me ocurrió
agitado y tomó asiento a mi lado. No parecía preocupado, que entre ellos, por su estilo de vida, albergaba una con-
al contrario, había en su rostro una alegría incrédula. Son- ciencia pasajera de las personas.
rió y colocó sus manos sobre la mesa para agarrar las de su -Vamos a cruzar en mi carro -dijo Polo-. Primero le
mujer. tengo que preguntar a un compa cómo está la situación.
-Todo está listo, y mejor de lo que esperaba -dijo
al fin.
*
I.levó su mano derecha al bolsillo de su abrigo y sacó un
bonche de plásticos, identificaciones y visas. Las barajeó, La fila del puente era la misma de un sábado en la frontera,
luego las extendió en la superficie de la mesa. Nosotros abarrotado de compradores malhumorados y de vendedores
reímos, cómplices. ambulantes incesantes. Era una fila de aproximadamente

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una hora y media. Con el resignado hastío de los pasajeros, allá -señalé el oeste-, por la prepa Altavista, ¿saben dón-
tomamos el último eslabón y relajamos el cuerpo en los de? Bueno, el arte radica en cruzar una montaña, pero de
asientos desabrochándonos el cinturón de seguridad. La un lado trabajarían mexicanos y del otro gringos. Los mexi-
avenida Juárez era asediada por caminantes, vendedores, canos la desmontarían y los gringos la volverían a construir
pedigüeños, personas que simplemente no hacían más que en su territorio. Me interesa explorar la idea de migración
permanecer sentadas en la banqueta o paradas en las esqui- natural, demostrar que el ser humano es como cualquier
nas. Los negocios lucían desolados, todas las cantinas esta- animal que forja fronteras imaginarias sobre el ambiente.
ban cerradas, excepto el Yankee's, que abría temprano to- Si un tigre mea sobre los árboles para marcar su territorio,
dos los días. El olor a fritura, mugre y gasolinaquemada de nosotros levantamos muros; si un león defiende su derecho
los carros sofocaba el aire que se metía por los resquicios a la pereza, nosotros inventamos las clases sociales. Algo
de la camioneta. Avanzábamoslentamente, como si remon- así. Me falta mucho por investigar, no están claros algunos
táramos una colina; de hecho, pensé, cruzar la frontera era conceptos, pero la idea creo que está bien definida.
precisamente eso, escalar una montaña para luego caer jus- Polo e Isa de nuevo quedaron perplejos. Sus miradas
to antes de llegar al pináculo, un acto prometeico. me intimidaron.
Polo bajó un poco su vidrio, encendió un cigarrilloy lo -O sea, la raza se muere en la frontera, ¿y tú quieres
chupó profundamente, como acostumbraba. Nos ofreció el que en vez de ayudar a la gente, mejor crucen un cerro de
paquete a mí y a Isa. Negamos con la cabeza. arena?
-Vamos a platicar-dijo lleno de ánimo-. A ver, Faco, -Sí -asintió Isa desde atrás-, en lugar de esa marica-
¿qué dijiste que estudiabas? da, mejor deberías pensar en cómo les vas a pagar a las per-
-Arte -casi susurré. sonas que moverán la montaña.
-¿Pero en específico? ¿Pintura, escultura? -Sí, ni la asoleada -dijo Polo.
-No sé bien todavía. Me interesan las instalaciones, No me sentí ofendido, no me interesaba defender mi
por ejemplo. pieza. Volteé hacia mi ventana. Seguíamos avanzando des-
-¿Cómo? pacio. Polo, aunque comprometido con la crítica de arte,
-Sí ... -comencé a explicar animadamente dando cuidaba que nadie se metiera en nuestro carril. Yacasi es-
vuelta hacia el asiento trasero, donde estaba Isa distraída, tábamos cerca de la caseta de cobro.
porque era la primera vez que se me daba la oportunidad -¿Cuánto vamos a tardar aquí? -demandó Isa.
de hablar sobre lo que yo suponía que sabía-. Tengo una -Como una hora más. Depende, a veces cierran un
idea para una pieza que quiero presentar como tesis para carril o les gusta hacerse pendejos a los de la migra -res-
graduarme. Se llama "Capitulación" y consiste en cruzar pondió Polo.
una montaña de arena por la frontera, de Juárez a El Paso -La gente va de compras a esta hora, por eso hay tanta
-Polo e Isa respondieron frunciendo el ceño-. Esperen, fila -agregué.
todavía no acabo. Hombres, mujeres y niños, usando palas, -Sí, van a comprar chácharas con los chinos o a Cielo
carretillas y hasta una camioneta, desarmarían uno de los Vista. Por eso es la mejor hora para pasar. Con tanto tráfico
cerros que están pegados en la mera línea fronteriza, hacia los agentes deben apurarse a revisar los carros.

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BORDEÑOS
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En ese instante, alguien tocó la ventana de Polo. Era un la movida. Si dice que no se arma, entonces tú, Isa, vas a
cigarrero que pensé que nos ofrecía su mercancía, pero decir que se te olvidó la visa, así los agentes nos sacan de la
cuando lo vi, hizo señas con mano para que Polo bajara su fila y nos devolvemos. ¿Está bien?
vidrio, a lo que él accedió. Isa asintió de nuevo. Ya estábamos en la caseta. Polo
-¿Qué tal, cómo está la cosa, Cácaras? sacó su billetera llena de dólares, puros billetes grandes.
Comprendí el apodo, su rostro cachetón estaba sur- -No tengo cambio, [chin!
cado por marcas de viruela. Vestía pobremente, tenía la- -Yo traigo -irrumpió Isa-. Tengo billetes de un dó-
bios anchos y carnosos acentuados por un bigote marchita- lar, ¿sirve?
do. Lo identifiqué como el mismo cigarrero de la noche Polo pagó sin ningún problema, todo iba bien. Deci-
anterior. dimos relajarnos nuevamente por un minuto. Recibimos
-Todo bien, mi Polo. Te tienes que mover al carril de la tarde con un bostezo contagioso. El frío disminuyó den-
la izquierda, el último. En ése está atendiendo el Yorch,ya tro del carro, hasta me arriesgué a bajar un poco el vidrio
sabes quién. de mi ventana para que circulara el aire. Con un par de
- Ta bueno. Te debo ésta, Cácaras. volantazos, Polo se pasó al carril que su contacto había
-No, para eso estamos, Polito. Nomás cuídese, ya no indicado.
vuelva por aquí. ¿Para dónde va? -Isa, ¿qué vas a querer hacer cuando crucemos? ¿Te
-Seattle. llevamos a la estación de autobuses? -preguntó Polo.
-Órale -el Cácaras deslizó su mirada hacia el interior -No sé. Yocreo que sí. ¿Es lejos?
de la camioneta-. Pues nomás cuídese. Es lo mejor que -No, está aquí a la vuelta. Hay como veinte, pero to-
puedes hacer, salirte de esto. Yote dije, cuando acababas das son la misma y cobran más o menos lo mismo.
de entrar, que no te metieras muy adentro del bisnes, por- -Oquei, pero me gustaría marcarle a mi prima prime-
que te podía ir gacho. Yaqué. ro, para decirle que ya voy para allá.
Polo escuchó las palabras del Cácaras con atención, Ascendimos el puente abarrotado de vendedores y pe-
como si se tratara de su padre aconsejándolo. Sin embargo, digüeños, mamás con bebés en brazos pidiendo limosna,
su carácter no le permitió continuar. indígenas en faldas coloridas pidiendo kórima, franeleros
-Sale pues, Cácaras-Polo sacó su mano derecha para asediando todos los carros, policías, vendedores de dulces,
despedirse, subió su vidrio y nos habló a Isa y a mí-. Tú de artesanías apócrifas, de cristos ensangrentados, de vir-
vas a decir que eres mi amigo, y tú mi novia. Vamosa ir a gencitas, nopales, figurines de indios sombrerudos y borra-
comprar... -se detuvo pensativo. chos: toda la demografía subterránea de una ciudad que yo
-Ropa -dije. era incapaz de describir con mejores palabras e imágenes
-Ropa, sí. Isa, dices que vas a ir a comprar ropa y zapa- en ese y en todos los momentos que cruzaba el puente. En
tos, ¿oquei? los automóviles los conductores se frotaban las manos para
-Sí. calentarse y dirigían una mirada de desprecio y hastío a
-Vamos progresando. Adelante, cuando estemos en el todo a su alrededor; preferían mirar con atención al frente,
puente, vamos a ver a otro contacto que nos vas a confirmar hacia los rascacielosdel centro de El Paso.

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Francisco Serratos
ll<>llllEÑOS

-La voy a dejar con el compa que vamos a ver apenas


\ 1 ••• 1 11111;1porloregularcruzaban
familias,pocos solita-
despachemos a Isa. Él me presta su carro, yo le dejo éste y
11m 't · .urcvc 11 a hacerlo en sábado. Yo nunca lo hacía, a
111e·11m que fuera con mi mamá y su esposo. Íbamos de
me voy.
rumprus,comocasitodos.Mi mamá pasaba horas en Macy's -Tienes muchos amigos.
-No son amigos de verdad, son compañeros de traba-
Y .I<; Penny; decíaque si había estado dos horas en el puen-
te, debía aprovecharel viaje. Por eso no me gustaba ir con jo. Amigoses una forma corta de llamarles. En esto todo es
ella. De hecho, no me gustaba ir a El Paso nunca con nadie. cuestión de favores, de encubrir uno al otro las transas.
Pensé que si tantas personas le debían favores a Polo,
No valía la pena. No me interesaban los aparatos electróni-
para qué me necesitaba a mí; aún no entendía cuál era mi
cos Y la ropa me la compraba en las segundas, porque allí
encontraba todo lo estrafalarioque a mis amigos y a mí nos papel en todo el asunto. Yaestábamos a mitad del puente,
en la parte más alta. En menos de media hora, si todo salía
emocionaba. Mucho menos iba a los bares y cantinas pase-
ñas. Todo lo teníamos en Juárez. conforme lo planeado, estaríamos del otro lado.
-Se calmó el frío-Polo me sacó de mis pensamientos. -¿Y para qué me quieres a mí?
-Porque tú hablas inglés, ¿no?,y mi contacto no habla
-Sí -murmuré- y parece que la fila está avanzando
rápido, ¿no? ni madres de español. Sólo por si se presenta algo. Y por
-Eit. compañía.
-No entiendo, suena absurdo. Pensé que sí lo conocías
Polo era diestro con el volante, no permitía que nadie
se le entrometiera y guardaba una distancia cortísima con de antes.
-Sí, pero siempre había alguien que traducía. Él sola-
el vecino de enfrente, una camioneta Ford con placas de
Nuevo México. mente cruzaba cuando necesitaba tratar algo directamente
-Y, ¿qué vas a hacer ahora?-le pregunté. con el jefe. Conoció a una vieja en un teibol y yo le ayudé
a pasarla sin que se diera cuenta el patrón. Es buena gente,
-Pues voy a Seattle. Allá tengo un amigo que siempre
pero le gusta aturrarse de mierda... --calló un segundo
me ha invitado a irme. Quiero ver barcos, me gustan los
barcosy dicen que hay un puerto en Seattle. Yame aburrió para acelerar un poco- ... de coca, pues. Es un vicioso.
este pinche desierto. No creas que es jefe, él trabaja para alguien más, no sé
-Pero en Seattle hace mucho frío. quién, pero es un pez gordo, uno de esos gringos trajeados
-Sí, casi todo el tiempo, pero prefiero eso. Me gusta el que nunca se ven en la calle.
frío. Quiero ver el mar, sólo verlo. No meterme en él, sen- Los vendedores estaban por todos lados, asaltaban un
tirlo de lejos, como una foto que se mueve. carro tras otro. En esa parte, justo a la mitad del puente,
-¿Y de qué vas a trabajar? en la línea divisoria, los podían arrestar, por lo que debían
apresurar el ritmo de sus franelas. De pronto alguien tocó
-Con mi amigo, en un lugar donde reparan barcos...
-Un astillero... mi ventana. Era un yonqui gringo, macilento. Con señas
-Ándale. me indicó que tenía hambre y con señas le dije que no
tenía dinero. Pero insistió tocando de nuevo el vidrio. Polo
-Suena bien. ¿Cómo vas a llegar? Porque esta troca no
puedes llevártela. me ordenó bajarlo para escuchar su lamento.

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-Carnalito, ¿tienes una cora para comprarme un burri- El yonqui volteó rápidamente hacia mí. Sus ojos azules
to? Listen, my wife was deported. Comida. se abrieron profundamente por un segundo, luego agachó
-Why she was deponed? She s your wife, they cannot deport la cabeza.
her-le repliqué. El yonqui trastabilló. -Soy citizen. La droga me hizo mexicano.
-No, wacha... -¿Cómo?
-¡Ya! No te hagas güey y súbete -irrumpió Polo-. -Es más barato conseguirla aquí y la gente te ayuda
A ver si no apestas. más con las limosnas -hizo una pausa para mirar por la
El yonqui rodeó la troca y subió por el lado de Isa, inco- ventana, después continuó hablando-. Mi papá fue mexa,
modándola. Su actitud y su tono lastimeros desaparecieron. de Durango, creo. Conoció a mi mamá en Colorado y se
-¿Cómo andas, Polo? -preguntó en perfecto español. casaron nomás por los papeles. El güey se regresó a México
-Bien. Necesito que me reportes la situación. ¿Vamos y nunca lo he visto. A mí se me hace que lo mataron, porque
en el carril bueno? a fuerza tenía que regresar. ¿Quién no quiere regresar?
-Simón, el Yorch está atendiendo. No debes tener -Muchos --contestó Polo-. Mírate. Yo no creas que
ninguna bronca. ¿Pero, para qué traes tanta raza? El Yorch voy por gusto. Como a tanta raza,me lleva otra cosa.¿Apoco
jala parejo, pero puede molestarse y no responder por crees que es bonito pasar por tanta mamada al cruzar?Aquí
ellos -nos señaló a mí y a Isa con su mentón, con mirada no importa, tengas visa o no, en esta línea eres ilegal, una
suspicaz. amenaza. Cuando cruzas es como una forma de superación
-No hay problema. A ella le hago un favor que le debo de ti mismo. Estar del otro lado quiere decir que eres mejor
desde hace tiempo, y él me hace un favor a mí. que los que no están. Para los gringostodos los que no han
-Órale -dijo el yonqui. podido cruzar son unos delincuentes. Mírate tú otra vez, es-
Se notaba nervioso, como si lo pincharan con alfileres tás acá porque eres un criminal, un yonqui. Si ahora mismo
en todo el cuerpo; se movíacasi temblando. Vestíauna per- intentas regresar,vas a batallar,te van a interrogar,no te van
cudida y gruesa sudadera con gorro, pantalones holgados y a creer.
tenis Nike. Su barba era rala y rubia. Polo parecía exaltado y molesto, no tanto por la verdad
-¿Y cómo andas, ya te la curaste? de sus palabras, sino por aceptarlas como verdad. Su rostro
-No, Polito, hoy no. Apenas he juntado como cincuen- reflejaba hasta cierto punto frustración. Pensé que lo mejor
ta duros, el día está flojo. era pasar a otro tema, por ejemplo, practicar lo que diría-
Comprendí que era heroinómano cuando furtivamente mos allá enfrente.
miré sus manos y sus uñas oscuras. Cuando se quitó el go- -Es verdad, ya estamos a diez carros de la caseta. Bue-
rro, noté un collar de chupetones en su cuello. no -giró la cabeza hacia el yonqui-, aquí nos despedi-
-Ahorita ando tranquilón, la malilla me da hasta el se- mos. Good bye.
gundo día -añadió placenteramente-. Pero si traes algo -Sale, canalito. Cuídese. No se olvide de los compas.
para mí, me caería de perlas, Polo. Un tostón, hasta cien Polo llevó su mano al bolsillo de la chamarra y sacó tres
varos son welcome. billetes de cien pesos para dárselos.
-¿Dónde aprendiste inglés?-le pregunté. -Nomás no te aturres -dijo.

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El yonqui sonrió torpemente, abrió la puerta y bajó al cinturón de seguridad, como niños a punto de ser supervi-
frío del puente. Nosotros pusimos la mirada al frente. sados por un maestro exigente. Polo carraspeó y apretó
-Bueno, ya te la sabes. Isa, a comprar ropa. Tú eres mi el volante con las dos manos. Avanzamos lentamente por el
amigo y vamos a comprar ropa también. carril de la caseta, la cual estaba justo del lado de mi venta-
Nuestra seguridad era optimista; sin embargo, en reali- na. El oficial, Yorch, supuse, golpeó gentilmente mi vidrio.
dad yo sabía que nuestros nervios crujían por dentro. Lo bajé sonriéndole con amabilidad.
-Actúen normales, al fin y al cabo, traigas papeles o no, -Visas-ordenó, serio.
la pasada siempre depende del humor de estos cabrones. Mis compañeros me dieron las suyas y le entregué al
Cuando están de buenas hasta ni te revisan, pero cuando oficial los papeles falsos. Los revisó con atención por unos
no, te echan al perro dentro del carro y te preguntan hasta segundos. Se detuvo en una en especial. Mi nerviosismo
de qué color traes los calzones. creció a tal grado que me revolqué ligeramente en mi
Si antes las rodadas del carro se sentían en cámara lenta, asiento; di algunas pataditas en el piso de la camioneta.
ahora nuestra distancia se acortaba precipitadamente. En Polo cerró los ojos y se llevó la mano al rostro; Isa suspiró
ese instante, a mí me dieron ganas de ir al baño; siempre profundamente detrás de mi nuca: sentí su tibio aliento
en situaciones como ésta, el estómago me traicionaba. Se lo como un ánimo para soportar hasta el último minuto. Me
comuniqué a mis compañeros, quienes se alteraron aún tomé el estómago entre las manos, frotándolo. Yorch no pu-
más, temiendo que mis intestinos arruinaran la aventura. do ignorar mis pies moviéndose debajo del asiento.
Isa sugirió que fuera al baño, pero los baños en los puentes -¿Le pasa algo? -preguntó retirando su acuciosa mi-
internacionales son asquerosos. Les conté la vez que fui al rada de la visas.
cruce de Santa Teresa. Manejamos por una hora para evitar Se inclinó sobre mi ventana para husmear dentro de la
las filas y cuando llegamos la situación era la misma. Con camioneta. Tenía un aspecto amigable, era un abuelo grin-
tanta espera, me dieron ganas de ir al baño, así que tomé go, de cuerpo frondoso y bigote rubio deslavado; lo imagi-
los clínex que mi madre tenía en su bolso y bajé del auto, né haciendo bromas con sus nietos.
pero cuando pasé de la puerta, el olor del lugar era insopor- -Sí, es que necesito un baño urgentemente -contesté.
table: en el retrete había una gran montaña de mierda des- -Ok, you cango bejoreit's too late.
bordada que manchaba el piso y las paredes. Tuve que re- Me entregó las visas.
gresar al carro compungido y asqueado, no sabía por dónde -Gracias. Thank you, sir.
verter mis entrañas, si por la boca o por el ano. Polo arrancó despacio, mientras que un sudor ligero,
-Los gringos tienen problemas con el excremento, no fresco, consoló mi piel. No podíamos creerlo, nos voltea-
quieren tocarlo ni para limpiarse -terminé mi historia. mos a ver atónitos unos a otros.
Polo e Isa rieron un poco, se relajaron, mientras que yo -Ahora sí, primera parada, ¡un baño! -bromeó Polo.
no podía controlar mis tripas. Frente a nosotros había sola-
mente tres carros. Se erigió luego un silencio tieso dentro
de la troca. Nos acomodamos en los asientos, Isa se arregló
el cabello con las manos y Polo y yo nos abrochamos el

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* asentar la comida, Polo ordenó café para todos. Estábamos


exhaustos, no había más por decir, sólo esperar la nieve y
Dejamos la camioneta a unas cuadras del puente, por la buscar la cama.
calle Stanton, para ir a buscar un lugar dónde comer y usar Acordamos que el siguiente paso sería llevar a Isa al em-
un baño. Caminamos hasta dar súbitamente con el espec- barcadero, así que salimos del restaurante a las calles del
táculo de luces navideñas de la Plaza de los Lagartos. Polo centro, donde ya no había lumbreras de neón bajo las cua-
e Isa se alegraron tanto al verlas que les pedí que nos sen- les refugiarse y los callejones de tabique despedían un aire
táramos un rato para disfrutar la vista; mis nervios habían gélido y oscuro. Caminamos hasta la camioneta de Polo
pasado junto con la emergencia. con el rescoldo de energía que nos dio la comida.
Un cardumen de luminiscencias se arremolinaba a -Vamos a la estación de autobuses a comprar el boleto
nuestro alrededor, las luces llenaban la plaza y sus edificios de Isa -sugirió Polo-. Pero vamos caminando, estoy can-
bancarios. Isa reía, daba pasos grandes sobre las baldosas y sado de manejar y la estación no está lejos, ¿no?
se acercaba a los árboles encendidos para tocarlos; lamenta- Isa decía a todo que sí. Se notaba que estaba desorien-
ba no traer una cámara fotográfica, mientras Polo y yo nos tada, indefensa en esa situación. Polo me dio su pequeña
sentamos en una banca, a reírnos de las piruetas que ella maleta y comenzamos a andar por la avenida Mesa. El cen-
hacía. Sentimos que habíamos conseguido lo más difícil de tro de El Paso para mí no se distinguía del centro de Juárez:
nuestra misión. misma gente, mismo clima, mismo idioma. Isa notó la simi-
Cuando el frío nos caló, decidimos comer en un restau- litud también mientras caminábamos.
rante de los alrededores. Platicamos sobre los planes de ca- En menos de diez minutos arribamos a la estación de
da uno a partir de mañana. Polo nos habló una vez más de El Paso-Los Ángeles Limousines, cercana al puente por el
su viaje a Seattle, se veía aliviado. Isa dijo que al llegar que habíamos pasado. Había mucho movimiento; gente
a California se pondría a trabajar, que su prima le ayudaría a entraba y salía cargada de maletas gigantes.
buscar una escuela de inglés y que iría a la playa lo antes -Pues yo creo que ésta está bien, ¿no? -dijo Polo-.
posible: estaba harta del desierto norteño porque no había Las otras compañías son gringas, pero son peores que las
dónde descansar la mirada. Yo no sabía qué decirles, mi fu- mexicanas, porque se sube mucho vagabundo que apesta a
turo era estable, aburrido, nada promisorio como el de ellos. mierda.
-¿Vas a hacer montañas de arena para exportar? -dijo Isa se encogió de hombros.
Isa sonriendo. -Es verdad -añadí-; mi mamá cuando va a visitar a
-Sí, para hacer cajas de arena para gato. Es lo único su hermana a Phoenix prefiere los autobuses mexas por
autóctono que se puede exportar de aquí -dije. eso, son más limpios. Además, entre puro mexicano, nadie
Afuera ya estaba completamente oscuro; habíamos olvi- te va a notar diferente.
dado el invierno en la comodidad del restaurante. La plaza La estación estaba iluminada con lámparas de luz blan-
estaba vacía. Por la ventaba se veía pasar a caminantes per- ca intensa. Había calentones en cada esquina y, mientras
didos que se dirigían a Juárez; llevaban en sus manos gran- Polo e Isa compraban el boleto, yo me acerqué a uno junto
des bolsas de plástico llenas de ropa y cosas chinas. Para a la máquina de sodas. En una de las esquinas, en la parte

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superior, había un televisor encendido con el volumen alto. mas no estaba seguro. Teníamos que subir por la 1-10 hasta
Los pasajeros, sentados y adormilados en la sala de espera, encontrar la calle y tal vez parar en una gasolinera para pre-
veían Sábado gigante. Cuando volvieron mis compañeros, guntar. Arrancamos y subimos hacia el norte de la ciudad.
parecían satisfechos; tenían en la mirada una felicidad Polo consideró mejor parar en un Circle K para no errar; y
muda. Yo también me alegré por Isa, pero ella denotaba lo en efecto, yo estaba muy equivocado. Nos atendió un chi-
contrario; seguía nerviosa. cano gordísimo envuelto con una playera de los Yankees;
-Bueno, yo creo que aquí los dejo, chicos. estaba rapado y su español era silvestre, pero se daba a
-Su camión sale a las diez treinta, lo mejor es que ya no entender. Nos dijo que tomáramos Patriot, después salié-
salgas mucho -dijo Polo-. Si quieres comprar algo de co- ramos por Dyer y al final daríamos con nuestro destino.
mer, allí en la esquina vi un puesto de comida. El teléfono Andar en El Paso es mucho más fácil, todo es cuadrado, a
para que le marques a tu prima está afuera. No son tantas diferencia de Juárez, donde una vuelta mal dada te saca
horas de viaje, para mañana temprano estarás en Los Ángeles. a un abismo. Sin embargo, Polo se sentía inseguro y me
-Igual y ni duermes -añadí. ofreció el volante. Le dije que no se preocupara, que había
-Sí. Muchas gracias por todo Polito, siempre fuiste manejado en El Paso varias veces.
buena gente. Si vuelves a ver a Carmen dile que el día que El tráfico estaba tranquilo porque la gente presentía la
quiera cruzar yo la ayudo. Ella tiene el teléfono de mi pri- posible tormenta y prefería permanecer en casa. En menos
ma, por si se le ofrece. de veinte minutos llegamos a la zona. Desaceleré para que
-Oquei -contestó Polo llevando su mirada al piso. Polo buscara en la oscuridad la placa de la calle con las lu-
Abracé a Isa y nos despedimos; no pude menos que de- ces de la camioneta como única iluminación.
searle mucha suerte. Polo no pronunció ninguna palabra. -¡Chingado! ¿Qué no tienen lámparas en la calle o
Isa fue a la sala de espera y nosotros salimos a la calle. Noté qué?
que el cielo se nublaba y se coloreaba de anaranjado. De- Di dos vueltas en u para recorrer la calle Angora, que no
bíamos salir de la calle: la nieve era inminente. De camino era pequeña.
a la troca de Polo le pregunté sobre nuestro siguiente paso. -¡Ahí, ahí!
-Vamos a buscar a mi contacto. -Ya la vi-dije.
-¿Cómo se llama? -Ahora para encontrar el pinche número.
-Mark, algo así. La calle se llamaba Armadillo, no tenía salida y no había
-¿Dónde vive? casas, sino trailas. Deduje que estábamos a las orillas de la
- Tengo la dirección en mi cartera, me imagino que no ciudad porque más allá de las luces caseras sólo resplande-
es difícil llegar. cía una oscuridad inmensa, desértica. Todo estaba tranqui-
lo, los ladridos de los perros se disolvían en la noche. Polo
* pudo identificar el número de una traila relativamente gran-
de. Me estacioné frente a ella y ambos vimos un boquete
En un pedazo de papel arrugado y ajado, Polo tenía escrita gigante en la casa rodante, como del tamaño de un carro,
la dirección. El lugar quedaba cerca, según mis cálculos, teipeado con bolsas de plástico industriales. Descendimos

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BORDEÑOS

de la troca indecisos. Polo tocó la puerta pausadamente. El


ruido interior se filtraba por el hule que servía como muro.
l' Francisco

-Ok. What kind of car is it?


Serratos

-Una troca, está buena y se la puedes vender a cual-


Alguien parecía estar cocinando o lavando trastes dentro quier díler de Juárez. Hasta traigo el pedimento de impor-
mientras veía la televisión a un volumen alto. Polo tocó de tación, el título, las placas, todo en orden.
nuevo con más fuerza, pero fue inútil. Esperamos unos se- -Sounds great-contestó Mark.
gundos. Más eficiente, como era su costumbre, la siguiente Al parecer entendía el español, pero era incapaz de ha-
vez se atrevió a abrir abruptamente la puerta. Nos recibió blarlo. Vació la lata de puré en una sartén que tenía a fuego
un grito de terror que vino desde la cocina. sobre la estufa eléctrica.
-F uck! Who thefuck are you? -But tell me, why should 1 helpyou? Can 'tyou seewhat that
Era un gringo alto y flaco que nos amagaba con el cuchi- bitchdid to me? She left me!
llo cebollero que traía en su mano derecha. Mark, supuse, -No te quiere ayudar por culpa de la mujer esa -ex-
se replegaba hacia los gabinetes de la despensa más asusta- pliqué.
do que valiente. Su mirada despedía cierta paranoia. -Pero esa no es mi bronca. Lo que hayan hecho des-
-Who thefuck are you?-volvió a gritar. pués de la cruzada es muy su pedo -dijo Polo.
-Tranquilo, tranquilo. Soy Polo. Mark vació en un plato que parecía usado infinitas veces
El gringo pareció reconocerlo, pero todavía desconfiado sin haberse lavado la pasta que había preparado con la salsa
sostenía el cuchillo frente a nosotros. de tomate. Aventaba trastos por donde quiera y maldecía con
-¿Polo? cada movimiento. Se comportaba con una inercia histérica
-Polo, ¿te acuerdas de mí? ¿Teresa? que nos mantenía alerta. Se me ocurrió que el plan de Polo no
Cuando escuchó el nombre de esa mujer, Mark se rela- iba a funcionar. Dialogar o, peor aún, llegar a un acuerdo con
jó definitivamente y colocó su arma en el lavabo. un drogadicto era lo mismo que hacerlo con un chimpancé.
-Oh yeah, Teresa.That bitch! 1 hate her.Look what she did Polo y yo permanecimos de pie en la cocina, sin hablar. Mark
to my house! -señaló el gran agujero en su pared. tomó su platillo y sacó una lata de Budweiser del refri, luego
Polo volteó a verme como pidiéndome que le tradujera se fue a sentar en un sofá percudido frente al televisor.
lo que Mark decía. -Listen, amigo -hablaba masticando esas tripas de ha-
-Anyway, what are you doing here? rina mal cocida-. 1 know, its not your fault, but I don 't want
-¿Qué te trae por acá? to get in trouble. J'm out. 1 got otherbusiness.
-Dile que vengo a hacer una transa. Quiero un carro a De nuevo traduje la explicación de Mark, aunque no sé
cambio del mío. si correctamente. Ya no confiaba en los mexicanos, dijo,
Lo traduje de la mejor manera posible. En ese momento porque Teresa le había jugado mal. Al parecer ella estaba
comprendí que mi inglés no era tan bueno como pensaba. con él nomás por los papeles y lo abandonó cuando le llegó
Una cosa era tararear las canciones de los Strokes y vestirse su residencia. Polo me hizo repetirle lo que ya había dicho:
como ellos, y otra sostener una conversación completamen- él cumplió con el trato en su momento, ahora quería lo mis-
te en inglés. Mark me escuchó mientras abría una lata de mo de Mark. Éste terminó de comer su pasta entomatada,
puré de tomate usando el cuchillo como abrelatas. después dio un largo trago a su cerveza. Eructó:

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-Fuckl-hizo
BORDEÑOS

una pausa para reponerse del atraganta-


l'
{<~
Francisco Serratos

Decidí acomodarme junto a Mark. En la tele pasaban


miento de la masilla y continuó: -Ok, you're a good man. Saturday Night Live. Mark tomó el viejo control remoto que
l'm going to helpyou out-dio otro eructito-, but not tonight, yacía en su mesa de centro y presionó mute. Me ofreció una
mi amigo. Tonightwe'regoing toparty! calada de su cigarro. Me negué con la mano.
Mark se incorporó y fue a los gabinetes de la cocina, de -Oh c'mon, man! This is good shit! No? How about some
donde sacó una cajita de chocolate en polvo Quick; la abrió coee? MethP l got it ali.
y nos mostró una bolsita llena de marihuana. Soltó una car- -No, thanks -balbuceé.
cajada guasona; sin embargo, vio que Polo y yo permaneci- La traila de Mark era vieja, sucia, con muebles ajados por
mos indiferentes ante su hallazgo. A mí ya no me cabía la una vida de soltero despechado; construida en los ochenta,
menor duda: el plan se había ido a la mierda. Al vernos es- con acab~dos de madera y mueblería eléctrica. Platos sucios
táticos, Mark adquirió un tono sensible. y ropa regada por todas partes. Increíblemente, no olía mal;
-Oh, c'mon! l'm going to helpyou, I promise. A-yu-da, sí. supuse que se debía a la ventilación que el boquete en su
Se acercó a Polo y lo tomó del hombro para conducirlo pared permitía. En ese momento recordé mi casa de nue-
hacia afuera; fui tras ellos en caso de que mis servicios de vo, mi cama, la ducha caliente. Me sentía mal por Polo,
traducción fueran necesarios. pero lo único que ansiaba era que todo esto terminara y
-See that car over therePIt's yours! -señaló un Neón volver a mi vida.
rojo estacionado en su cochera que se veía en condiciones -This is what we'regonna do. You'regonna drive me to the
aceptables-. lt's yours- y picó el pechó de Polo con sus liquor storeso I can buy some more beer,'causel'm ali out.
huesudos dedos. Mark me hablaba con su voz distorsionada, inflada de
Polo se tranquilizó y me dijo que le pidiera las llaves. humo.
-Oh that's theproblem. No llaves, no keys. You know whyP -My friends are coming tonight. They're my special clients,
Becausethat bitchtook'em. She tried to steal thecar, but I unins- you knowPJust let'em in.
talled the battery. She thoughtshe couldfuck me in the ass! -la -Ok-dije.
voz de Mark denotaba amargura cuando Teresa era el tema En ese momento Polo entró en la traila sacudiéndose
de conversación. el frío de afuera. Le comuniqué el plan de Mark y, contur-
-¿Qué dijo? bado, mas resignado ante la situación, se limitó a encoger-
Le traduje groseramente el rencor del gringo. La pa- se de hombros. De cualquier forma, me dijo, era imposi-
ciencia de Polo se agotaba. Se llevó las manos a las sie- ble partir esa misma noche, el cielo pronosticaba una
nes, no sabía qué hacer y la situación, desde que habíamos nevada fuerte en las próximas horas. Acordaron ir por la
planeado su escape, se le salía de control por primera vez. cerveza y me quedé solo. Me recosté en el sillón, no sin
Aspiró, luego suspiró. Simpaticé con su frustración; yo me antes olerlo.
sentía absurdo y cansado. Di un gran bostezo. Mark, por Debí quedarme dormido inmediatamente, porque me
su parte, volvió al sillón y comenzó a rolar un cigarro de sacó de un sueño pesado, blanco y sin imágenes, el retum-
mota. bar de unos golpes en la puerta. Vi siluetas a través del hule
-Espérame aquí, voy a ver algo -dijo Polo y salió. que tapaba el hoyo en la pared. Abrí la puerta y del otro

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BORDEÑOS ~ Francisco Serratos

lado estaban tres hombres y dos mujeres, todos jóvenes. Se -1 don't know -dije, pero él no me puso atención. Se
veían ebrios. volvió hacia la chica y comenzó a besarla agresivamente.
-Hi, we'relookingforMark-dijo uno de ellos, un grin- Del otro lado, Roman comenzó a hacerme preguntas
go de cabello con corte militar, rubio hasta las cejas-. también.
Can wecomein, we'refreezing-no esperaron mi respuesta, -So, ¿de dónde eres?
entraron precipitadamente, apenas dándome tiempo de -DeJuárez.
reaccionar. -Uf!! I hatethatplace-espetó sin reservas.
Se apoderaron de la casa como si ya hubieran estado -Pero tú pareces de Juárez -le dije.
allí antes. Las dos mujeres se dirigieron al baño; el gringo -No, que parezca es una cosa, pero no lo soy.Soy ame-
rubio, al sillón y los otros dos al refrigerador en busca de ncano.
cerveza. -Pero de padres mexicanos -lo hostigué.
-Hey, Car!,it'sempty.No beers,man -dijo un gordo pro- -No ... bueno, mi padre sí, pero hace muchos años que
minente, de cabello largoy rizado, como jugador de futbol vino a América. Yani español sabe hablar.
americano, al que estaba en el sillón. -No es América, es Estados Unidos -repliqué.
-Do you speakenglish.?¿No sabes inglés?-me pregun- -Whatever! -dijo enfadado-. Mi padre siempre ha-
tó el que estaba al lado del gordo. bló mal de ustedes. Son lazy... cómo se dice, no les gusta
-Sí =-conresté. trabajar. Son corruptos, malos amigos, no son de confianza.
-¿Y por qué no contestas en inglés entonces? Si supie- -This bitchis moreracistthanme,a trulyamerican blooded
ras, hubieras hablado en inglés inmediatamente -su tono guy-interrumpió el gordo-. Cutthatshit,bro. We'rechilin'.
agresivo me sacó de onda. Quedé serio por unos segundos, -Yeah,please-añadió la chica.
después él siguió hablándome-. No te creas, nomás estoy -Yeah, cutthatshit!-gritó Carl desde su asiento.
mamando. Soy Romano, pero me dicen Roman -lo pro- -Fuck you!-le retrucó Roman.
nunció con acento en inglés. -Fuck you!-Carl.
Las dos chicas salieron del baño y una se dirigió al sillón -No,fuck you!-el gordo.
junto a Carl, la otra vino a la cocina. Las dos eran gringas; -Fuck you -Roman.
una, la que estaba con Carl, era más bella que la otra. -Fuck you -el gordo.
Calculé que no pasaban de veinticinco años. Hubo un -Yeah,fuck you!-cerré la conversación y todos me fes-
silencio incómodo en el lugar. Yomiraba al gordo que es- tejaron.
culcaba los gabinetes de la cocina, a Roman parado frente
a mí, y a la chica, quien parecía estar impaciente, hasta que *
de pronto Carl, desde el sillón, dio un grito alto:
-l'm fuckingbored!What'snext? Mark y Polo entraron en ese momento. Mark saludó efusi-
-Me too-lo secundó su compañera con voz de gatita. vamente a sus invitados y comenzó la repartición de Bud-
-Hey, amigo -se dirigió a mí-, where'sthat asshole? He weiser. Cada quien destapó su lata; la levadura relajó el
promised us beerand weed. ambiente y fuimos formando grupos de conversación.

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BORDEÑOS
~ Francisco Serratos

Roman y la chica se quedaron en la cocina. Polo y yo nos


mantuvimos al margen, mientras que el resto se apiñó en el comenzó a trabajar con un señor que exporta carne de Chi-
sillón y en el suelo. Mark sacó su provisión de drogas. Al huahua. Aprendió el negocio y pronto ascendió de puesto. Se
escuchar su charla supimos que Car! era sobrino de Mark casó con una gringa como yo, y puso su empresa de exporta-
y juntos sostenían el negocio: Car! traía jóvenes aburridos ción de carros. Es un ... sef-mademan, olvidé cómo se dice.
-Mmm ... un hombre de éxito.
de la comodidad universitaria y Mark los proveía del reme-
dio perfecto. -Sí, orgulloso.
Polo aprovechó nuestro aislamiento para comentarme Dio un trago a su cerveza y le arrancó de los labios a
que Mark había acordado entregarle las llaves del carro, pero Car! el cigarro de mota. Lo chupó delicadamente y escupió
debían buscar a Teresa, su ex mujer, para quitárselas. el humo sobre mi rostro soltando una sonrisa traviesa. Son-
El gordo se metió unas pastillas azules, no supe de qué, reí también. Era una mujer bonita, de nariz redonda, pero
y los demás optaron por fumar marihuana solamente. De- respingada, cabello castaño y pecas delicadas en su piel
cidimos acercarnos a ellos y, ante la incapacidad de resolver blanca. Se llamaba Rebecca, con doble e, me dijo.
-¿Y tú, a qué te dedicas?
nuestro asunto, destapamos una par de cervezas también.
Polo aceptó el cigarro de mota; yo me mantuve firme en mi La pregunta que me causaba siempre problemas.
-Soy artista, estudio arte.
negativa. La marihuana me provoca sueño, argumenté.
-Siempre de nena -murmuró Polo en mi oído.
-Oh, real/y?
Sonreí y le di un puñetazo suave en el brazo izquierdo. -Sí -sentí que había encontrado, al fin, después de
La plática era dispersa, el diálogo nulo; sólo una inter- dos días, a alguien que podría entenderme-. Sí.
ferencia lingüística, sin mensaje concreto, white noise. El -Pero, ¿qué tipo de arte haces? ¿PetformanceP
gordo no podía articular palabra alguna, balbuceaba. Car!, -¡No! Hago instalaciones. Voy a montar una galería de
arte con mis amigos de Juárez -la impresioné.
Mark y Polo se enfrascaron en una conversación futbolesca
en la que no hacía falta un traductor. La novia de Car! me Le conté sobre mi pieza "Las montañas mueven la fe",
sacó plática al notar mi mutismo. Me contó que era estu- a la cual le cambié el título, y quedó todavía más entusias-
diante de maestría en español en UTEP y que escribía su mada. Para no romper el interés, decidí ir más allá y le ex-
pliqué otra pieza de mi catálogo:
tesis sobre los movimientos feministas en Latinoamérica.
Después le pregunté por Roman, quien seguía en la cocina -Ok, se trata de una colección de fotografías sobre mí,
con la otra chica, tal vez en un diálogo romántico. pero el fotógrafo será un sicario -frunció su cara, temí per-
derla en ese momento: el problema era que no sabía lo que
-Es un pendejo -gustaba maldecir en mi lengua-.
Es más racista que el texano promedio. Pero no es su culpa, era un sicario-. Un asesino a sueldo. Voy a contratar uno
su papá le hizo creer que los mexicanos son lo peor. Cuan- para que me dispare, pero no balas, sino fotos. Hay muchos
do cruzó, los smugglers, ¿cómo se dice? ... que lo harían por poco dinero en las colonias pobres de
- ... polleros Juárez. Le daré una cámara y un cuaderno. Bueno, no lo
- .. .lo golpearon y le quitaron todo su dinero. Él iba a haré yo, sino otra persona que le entregará una fotografía
California, pero lo abandonaron aquí en El Paso. Por fortuna mía para que me identifique. Lo que tiene que hacer es
seguirme como si me estuviera cazando para matarme.

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~ Francisco Serratos
BORDEÑOS

patio. El cielo parecía la cáscara de una naranja que des-


Debe tomarme fotos y anotar lo que me ve haciendo du-
prendía plumas de hielo de su corteza. Los copos caían per-
rante un mes. Parte de su tarea es no dejarse ver por
sistentemente y los carros ya tenían una delgada capa de
mí, porque yo no lo voy a conocer. Que me siga a la escue-
la, a mi casa, a los antros a los que voy, a las tiendas. Y si nieve sobre lo vidrios.
llegara a sospechar de su presencia, me interesa expe-
-Yeah!-volvió a gritar el gordo.
rimentar ese miedo de estar siendo vigilado y tener las
-Let's go to thedesert-sugirió Mark, eufórico.
horas contadas. Corrimos por el asfalto congelado hasta llegar a la arena.
Realmente estábamos en la orilla del desierto. Mark, Car!
-Wait. Pero si no te mata, entonces ya no va a ser un
sicano. y el gordo corrían de manera desaforada; Polo se les unió, y
Rebecca y yo los veíamos soltar grandes carcajadas. El gor-
-Exacto. Mi tesis es que la percepción artística es si-
do se descamisó, dejó a la fría nieve su carnosa piel, sus
milar a la del asesinato. Quiero saber cómo ve un sicario de
Juárez, cómo ve a su víctima. senos rebotaban de arriba abajo.
-Suena muy complejo. -Ok, that'stoomuch!-bromeó ella.
Polo y Mark taclearon al gordo y lo tumbaron sobre un
-Pues sí, lo más difícil es conseguir al sicario que acep-
lodo de arena y nieve, que caía sobre nosotros cada vez con
te los términos y, sobre todo, que no se robe la cámara.
más fuerza. Cayeron los tres al suelo y entre todos hicimos
Reímos y ella propuso un brindis con nuestras latas de
bolita. El gordo soltó un gran estertor, como un búfalo he-
cerveza. Cuando nos volvimos hacia nuestros demás com-
rido en medio de un bosque nevado, e inmediatamente
pañeros, sentados alrededor de la mesa de centro, Mark
nos alejamos de él, asustados. Mark se hincó para palparle
repartía líneas de coca, mientras Car!, Polo y el gordo lo
observaban con la mirada de un niño viendo cómo partían los cachetes.
el pastel. Le dije a Polo que tal vez no era buena idea si -Shit! Robert,areyou Ok?
mañana pensaba viajar. Robert, así se llamaba, sólo gemía.
-Se le pasó la mano al güey con la línea -dijo Polo-.
Por supuesto, me respondió denigrando mi masculini-
Vamos a cargarlo de regreso.
dad una vez más. Rebecca, por su lado, también intentó
Entre Mark, Polo y Car! lo levantaron como pudieron.
persuadir a su novio de que no lo hiciera; sin embargo, Car!
Lo aguantaron unos cuantos metros y después se detuvie-
la calló dándole besos en la boca y jugueteando con su
ron para recuperar fuerzas y resoplar, mientras la nieve vis-
cuerpo en el sofá, después la hizo a un lado y tomó su turno
cosa y pesada obstruía el camino. Tuvimos que turnarnos
para aspirar una línea. El gordo entró en una especie de
éxtasis cuando absorbió la cocaína con sus anchas fosas na- para cargarlo.
sales, cual oso hormiguero. Se levantó ágilmente de un sal-
-Where's Roman?-preguntó Car!.
-With Nathalie, theyprobablystayedin the house-dijo
to, fue a la cocina e interrumpió el romance de Roman, por
último abrió la ventana y se asomó. Rebecca.
Al llegar a la casa, Roman y su novia ya no estaban y ha-
-It's snowing!Guys,snow! -gritó.
bía un carro menos afuera. Colocamos a Robert en el sofá.
Todos volteamos hacia el boquete en la pared, incrédu-
-No se va a levantar hasta mañana -dijo Polo.
los, y nos desprendimos de nuestros lugares para salir al

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BORDEÑOS ~ Francisco Serratos

Nos sacudimos el hielo untado en las ropas y el rostro, y para advertir a los ciudadanos que un violador de menores
nos dejamos caer en el suelo, exhaustos. Mark encendió un se había mudado a la ciudad. No es peligroso; sin embargo,
churro de marihuana del que todos fumaron, menos yo. cuide a sus niños. ¿Qué oportunidad tenía para una nueva
Era de madrugada, todos se veían agotados, tal vez por la vida? La droga era su única seguridad económica, era una
droga, la cerveza o el ejercicio que habíamos hecho. Mark ocupación que no necesitaba buenas cartas de recomenda-
fue al refri por más cervezas y repartió algunas. Permaneci- ción, y además la frontera era el mejor campo de trabajo.
mos en silencio, sólo se escuchaba la respiración estentórea Cuando terminaron de fumarse el churro, Car! pidió
de Robert. Rebecca y Car! estaban sentados juntos, medio permiso a su tío para quedarse a dormir en uno de los dos
abrazados, mientras que Polo miraba el suelo atentamente, cuartos de la traila. Se llevó a Rebecca de la mano. Noso-
concentrado en sus cosas. Mark intentó reanimar la fiesta, tros tres permanecimos un minuto más sentados en el sue-
pero nos apachurró más contándonos su historia. Nos habló lo. Yo también quería pedir permiso para acomodarme en
de Teresa una vez más; aunque su odio era evidente, en su alguna esquina del lugar y dormir.
tono de voz se concentraba una dolencia sincera. Lo que Al final, Mark me ofreció una sleeping bag y a Polo una
más me impresionó, sin embargo, no fue su desgracia amo- tienda de campaña para que la montara en la cocina. Se
rosa, sino su pasado criminal. Era de Miami, donde vivió despidió de nosotros con la promesa de concluir nuestro
hasta la adolescencia, y se mudó de la casa de sus padres negocio mañana a primera hora.
a la cárcel. Había comenzado a vender marihuana en la No esperé más, me metí en la tibia bolsa de dormir y
secundaria y se involucró en un crimen pandillero, por eso perdí la conciencia inmediatamente. No me importaron los
le dieron un año. Lo que realmente lo hundió, no sé por bufidos de Robert a mi lado. Tuve un sueño de esos que
qué no lo sospeché, fue una mujer, pero una mujer de die- cansan más que la vigilia. Soñé algo, pero no recuerdo
ciséis años. Al llegar a ese punto de su historia, sus amigos exactamente qué, porque nunca recuerdo mis sueños.
gringos se mostraron incómodos. Car! incluso le dijo que
no era necesario seguir, pero Mark ya estaba lo suficiente- *
mente ebrio como para detenerse. Dijo que la conoció en
una fiesta y, como se amaban, él la embarazó. Los padres, Desperté pasadas las doce del día. La luz solar atravesaba
un matrimonio cuyo negocio era la fe cristiana, lo deman- los hules que tapaban el boquete del muro. El gordo había
daron por violación de menores, por lo que fue condenado desaparecido; se fue muy temprano, me dijo Polo, y no
a quince años, pero lo soltaron a los trece por buena con- se despidió de nadie, sólo se incorporó como un resucita-
ducta. Lejos de ser libre, el estado de Florida le dio a elegir do y cruzó la puerta. Car! y Rebecca seguían en su cuarto.
entre una comuna de violadores en medio del campo o una Polo, envuelto en una cobija, y yo salimos para ver el paisa-
ciudad fronteriza para reformarse. Así fue como llegó a El je nevado. Todo estaba cubierto de hielo, pero el cielo se
Paso. Dijo que aquí vienen a parar todos los pervertidos de había despejado. El deshielo, la parte más fría del invierno,
Texas y otros estados. Era un apestado: la policía repartió comenzaba.
volantes con su nombre, su fotografía y un registro de todos Comentamos que teníamos hambre y que era momento
sus crímenes en todos los vecindarios de los alrededores de terminar esta aventura. Me dirigí al baño para lavarme

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BORDEÑOS
l' Francisco Serratos

con agua caliente; desde allí escuché que Mark, ya despier- cinos, en su mayoría mexicanos, revisaban sus carros para
to, le ofreció a Polo una taza de café. Alguien tocó la puerta. cerciorarse de que no habían sucumbido al mal tiempo.
Era Rebecca, quien, en cuanto abrí, se metió al baño mien- Polo siguió el mismo ejemplo. Encendió su camioneta sin
tras yo salía. ningún problema y me pidió limpiar el vidrio delantero,
Juntos los tres en la cocina, acordamos un plan de acción totalmente cubierto de hielo. Intenté quitarlo con una vie-
para el día. Primero que nada, iríamos a almorzar a un res- ja escoba que encontré en el patio; no era muy eficiente,
taurante que Mark sugirió; después, buscaríamos a Teresa pero después de varios minutos raspando, surtió efecto.
para negociar las llaves del carro, y, por último, despacharía- -A ver a qué hora con este gringo -repitió y bajó de la
mos a Polo. Yoincluí un cuarto paso: llevarme al puente del camioneta frotándose las manos.
centro para cruzar a Juárez. Mark tomó unos minutos más; apenas asomó su piel
Rebecca salió del baño, vestía la camisa de Car! solamen- blanca y rasurada por la puerta, partimos hacia el restauran-
te. Sus piernas eran delgadas, pies ligeros y uñas de un color te que había mencionado. Tuvimos que atravesar la ciudad
rojo ya roído. Preguntó cómo estábamos. Le hice un resu- para llegar, pero valió la pena. Era uno de esos de comida
men de nuestro plan y nos deseó suerte. Antes de volver a la norteña con ambiente familiar y con venta de cerveza. Es-
recámara, me dio su número de teléfono para que la llamara taba abarrotado de familias texanas y chicanas, muchas de
para el opening de la galería. Le dije que sí optimistamente. ellas tal vez provenientes del servicio matutino de la iglesia.
Mark se retiró a la ducha y Polo registró el refrigerador en Nos acomodamos en la barra que presidía el lugar desde el
busca de comida. Sólo encontró una botella de Jack Daniel's medio. Mark dijo que era su lugar favorito para almorzar los
semivacía, una docena de salsa de tomate enlatada, algunas domingos; acostumbraba venir allí a celebrar cualquier lo-
cervezas, carne congelada y una botella de Gatorade. gro rutinario, cumpleaños, su casamiento con Teresa, el fa-
-Pinches gringos, no comen, ¿o qué? llecimiento de un abuelo. Las meseras eran chicanas con
-Sí, pero no en su casa. Prefieren la comida chatarra brazos delicadamente tatuados, y los bármanes, un par de
porque es más barato que cocinar. gringos grandes y musculosos, amigables.
-Pues a ver a qué horas con este güey -dijo Polo. Mark ordenó una cerveza oscura con huevos rancheros.
En ese momento Car! salió del cuarto semidesnudo y Polo optó por un jugo de naranja y un lonche de jamón con
echó un vistazo hacia afuera. Me pregunté si no tenía frío. huevo. Yo comencé con un americano y unos hot cakes, y
Nos saludó con su español defectuoso; supuse que Rebec- como platillo fuerte huevos a la mexicana. Mark se enfras-
ca le había enseñado algunas palabras. Tomó del refri el có en una conversación con una de las meseras en cuyo
Gatorade y bebió de un solo trago la mitad de la botella, brazo izquierdo tenía tatuada una telaraña. Mientras Polo y
luego se retiró a su cuarto no sin antes desearnos buena yo compartimos los hot cakes, me comentó que la novia de
suerte. Mark vivía en Villa Alegre, un complejo de departamentos
Resignados a la inanición, quedamos serios. Polo se por la 1-10. Conocía el lugar, está cerca del centro comercial
veía trasnochado; sospeché que no había dormido el resto más grande de la ciudad. No tenía buena fama, cada sema-
de la noche. Sugirió que saliéramos de nuevo. Ya había ni- na salía en las noticias del canal 26 que mi mamá no se
ños en la calle jugando con los rescoldos de nieve. Los ve- perdía todos los días a las cinco de la tarde porque, según

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BORDEÑOS Francisco Serratos

ella, el meteorólogo Aldo Acosta era el más certero de to- -Cállate, pendeja.
dos en la región. -Cállate, pendeja, vete a la verga. I'm goingto kili you.
-Nomás falta que la vieja esté con otro güey y que nos -Te voy a matar.
meta en una bronca -dijo Polo. Me di cuenta de que Mark estaba entrenando conmigo:
-No creo-me llevé un pedazo de hot cakes a la boca. era exactamente lo que quería gritarle a su ex mujer. No
-Es que no la conoces. Es una viciosa. ¿Por qué crees me intranquilizó hasta que se levantó su chamarra de lana
que se clavó con Mark? En Juárez debía un chingo de di- y nos mostró un revólver. Quedé mudo en el instante. Polo
nero, pero como estaba bien buena, se lo cobraban de otra también se alarmó y se orillóen una gasolinera,enfurecido.
manera. El jefe la retenía porque le debía un varo, pero Amenazó con no moverse de allí hasta que Mark se deshi-
además porque la apreciaba. Conoció a Mark una noche ciera del arma. Se lo traduje al inglés, pero no cedió y le
que él cruzó para hacer un negocio con el jefe y luego lo habló a Polo tranquilamente, le dijo que sólo era para pro-
llevaron al bar donde ella trabajaba. Le hizo un privado y al tección y que siempre la traía consigo.No se podía permitir
parecer él se enamoró. Entonces fue cuando ella me pidió andar desarmado. Polo no entendía sus palabras, pero sí sus
que la ayudara a cruzar a escondidas. Mark me ofreció cin- gestos.
co mil dólares y cumplirme con cualquier favorque necesi- -Dile que él solo va a pedirle las llaves a Teresa. No-
tara. Y pues acepté. sotros lo esperaremos en el carro.
-Está raro que se hayan separado, ¿no?Digo, después Volvimosa tomar la 1-10hacia el oeste. VillaAlegre es-
de todo eso. taba a la derecha, sobre una pequeña colina desde la que se
-Hasta crees. Es el vicio chingado -sentenció Polo. divisaban los restos de El Paso y Juárez como una sola ciu-
Los platillos fuertes llegaron, estaban bien servidos y dad. Polo deslizó la camioneta lentamente por la rampa; el
los comimos sin prisa. Me prometí volver con mi madre estacionamiento estaba lleno y en la calle algunos niños
y su esposo la próxima vez que anduviéramos en El Paso. todavíajugaban con la nieve remanente. Mark nos indicó el
Al terminar, Mark pagó la cuenta; nos dirigimos al carro departamento donde supuestamente se encontraba nues-
para tomar la carretera directo a VillaAlegre. El gringo se tro contacto final y bajó de la troca sin decir palabra. Polo
sentía nervioso dentro del carro y maldecía a cada minuto. siguió andando, dio la vuelta y se estacionó justo detrás de
Me pedía traducir algunas de sus groserías al español. donde habíamos dejado a Mark.
-Son of a bitch. -No confío en ese gringo.
-Hijo de perra, pero es mejor si dices hijo de puta. -Pues no tenemos de otra. ¿Has pensado en el auto-
-Whore. bús? Te hubieras ido con Isa.
-Puta. -No, es mucho riesgo. Hay revisión y llevo mucho di-
-Fuckyou. nero en la maleta. Si me lo cachan, ya valí madre. En carro
-Depende. con placas legales no te molestan a menos que cometas una
-Go fuck yourself. infracción.
-Vete a la verga o vete a chingar tu madre. Esperamos alrededor de diez minutos, pero Polo estaba
-Ok. Fuck off, bitch! demasiado harto como para pasar otra noche en El Paso, así

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BORDEÑOS ~ Francisco Serratos

que decidió que lo mejor era ir a buscar a Mark, tal vez -No hay problema, Polito, tú no tienes la culpa de
negociar con Teresa de la mejor manera. Descendimos de lo que este pendejo me hizo cuando me trajo acá. Me tuvo
la troca y caminamos hasta el departamento. Conforme su- como criada por un año, encerrada, me amenazaba para no
bíamos las escaleras, escuchábamos gritos e insultos que salir porque me iban a deportar. Era su gata. Por eso lo dejé
nos guiaron hasta la puerta correcta. La pareja se gritaba y me vine a vivir aquí con una amiga.
ferozmente. Si seguían así, alguien llamaría a la policía. No -Cállate, perra -Mark recordaba muy bien mis lec-
nos atrevíamos a interrumpir su duelo. Oímos golpes, como ciones.
si intentaran derrumbar la pared a puñetazos. Teresa le dirigió una intensa mirada de odio y comenzó
Polo tomó valor de su frustración y tocó la puerta despa- a gritarle de nuevo injurias. Polo los interrumpió para pedir
cio, luego con más fuerza. Abrió una mujer que me pareció las llaves del carro, sin embargo cometió un error al adver-
una chola de cuerpo esbelto: vestía pantalón de mezclilla tirla sobre el arma que Mark llevaba consigo. Ella infló otra
untado en sus muslos y una camisa de tirantes negra; sus vez su mirada de odio hacia Mark, pero ahora su rostro pa-
cejas estaban pintadas espesamente, su cabello era largo, recía convulsionarse en un acceso de ira. Fue a la cocina y
negro y sujetado con un prendedor. Reconoció a Polo in- trajo las llaves; se las aventó a Polo con desprecio; después,
mediatamente, por lo que supe que era la mentada Teresa. con un impulso animal, se arrojó contra Mark para atacarlo
Nos hizo pasar y vimos a Mark alterado, de pie, en medio e insultarlo más. Algo malo se avecinaba. El ruido era exce-
de la sala. Las condiciones higiénicas del lugar eran peores sivo. Ambos continuaron gritándose miserablemente, ig-
que las de la traila en que habíamos estado; era la clásica norando que tenían espectadores.
casa de un drogadicto. -So you want to kili me, motherfucker?
-¿Eres tú el de las llaves? -preguntó Teresa a Polo y Convenirnos mejor salir de allí lo más rápido posible.
después tomó una cajetilla de Marlboro que yacía en su Sentí piedad por la pareja, pero intervenir no era una buena
comedor destartalado. Estaba descalza. opción. Apenas abrimos la puerta, dos vecinos, entre curio-
-Sí -contestó él. sos y atemorizados, querían saber lo que acontecía. Eran
-Te las voy a dar nomás porque eres tú y porque te una señora de aspecto doméstico y un gringo en camisa de
portaste bien chido -hizo una pausa para chupar el ciga- tirantes, peludo. Ella me preguntó en español si debía lla-
rro-. Yopensé que eran para uno de los pinches amigos de mar a la policía. Polo le contestó que no, que sólo era una
este idiota -y señaló a Mark con el mentón mientras sul- riña entre novios, pero la vecina no pareció convencerse.
furaba humo por la boca. Nos alejarnos dejándola con una mano cubriendo su boca,
Polo asintió y le agradeció. corno ocultando su preocupación.
-Pensaba quitarle el carro -continuó ella- después Al descender por las escaleras, escuchamos lo que tanto
de todas las mamadas que me hizo. predecíamos pero nos negamos a evitar: dos disparos, dos
Mark permaneció serio, dando pasos gigantes en el cañonazos secos que hicieron eco en el edificio y se per-
cuarto con la cabeza hacia el suelo. Polo habló: dieron en la oquedad del día. Quedarnos quietos en las
-Mira, no quiero broncas. En su momento les ayudé y escaleras, a la expectativa, pero Polo reaccionó a los pocos
ahora necesito que me devuelvan el favor. segundos y me jaló por el hombro hacia abajo. Anduvimos

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BORDEÑOS Francisco Serratos

hacia la camioneta a paso rápido, evitando despertar sospe- "No se dice así, se dice resortera, zopenco". A veces pa-
chas entre los vecinos del complejo. Algunos se asomaban sábamos el día recostados en la arena mirando el cielo liso
por la ventana, otros salían de su casa. Con mi imaginación mientras platicábamos de cosas,casi siempre de anime o de
agitada, me vi en el noticiero del 26 de las cinco de la tarde, los partidos de futbol que jugábamos en la calle.
después del pronóstico del tiempo que mi madre nunca se -Me gustaba mucho ir a ese lugar, pero luego me dio
perdía: "Balacera en VillaAlegre, dos traficantes de perso- miedo cuando vimos aquello -dijo Polo.
nas arrestados". Polo arrancó su camioneta y salimos como -¿El cadáver?
cualquier vecino. Yaen la autopista, no dudó en acelerar un -Cuando una vez fuimos a cazar lagartijas y nos meti-
poco. Teníamos que llegar a casa de Mark antes de que la mos bien adentro del desierto, seguimos un caminito que
policía averiguara algo. parecía moldeado por agua, como si antes hubiera habido
La tarde había caído con el peso de las nubes metálicas un arroyoen el lugar.Tú y Beto comenzaron a paniquearse
esparcidas en el cielo. porque ya habíamos perdido de vista las últimas casas de la
-¿Irá a nevar otra vez? -pregunté, aunque no era colonia, pero yo les dije que no pasaba nada, que estába-
exactamente lo que quería saber. mos más seguros en el desierto que con la gente. Avan-
-No creo, esas nubes son de lluvia. zamos y avanzamos por el camino del arroyode arena hasta
-¿Qué habrá pasado? que dimos con una carretera que no tenía principio ni fin.
-No sé. A lo mejor no pasó nada, nomás se les escapa- ¿Te acuerdas?
ron los tiros y ya. -Tú nos llamabas mariquitas porque veníamos atrás
-Sí, a lo mejor. de ti rogándote que nos regresáramos. En esa carretera lo
-No te escames, nosotros no tuvimos la culpa... Me vimos. Estaba al otro lado y tú cruzaste para ver si estaba
recordó esa vez, ¿te acuerdas? VIVO.
-En eso estaba pensando, cuando íbamos a cazar lagar- -Pues, de hecho, sí fui. Ustedes se quedaron al otro
tijas en el desierto. lado mientras me acerqué al cuerpo tendido a la orilla de la
-Nomás caminábamos un tramo y llegábamos a la na- carretera. Ya se estaba pudriendo. Le salían gusanos por
da. Yo llevaba un trozo de espejo que le aventaba a las la boca y se le veían los huesos. Era mujer.
lagartijas apenas salían de los matorrales. Era como mi es- -Y en eso, escuchamos el camión torton que venía a lo
trella ninja, rodaba en la arena, y si no las partía a la mitad, lejos.
al menos le cortaba la colita. Nunca fallaba. -Ustedes salieron a madre, pensaron que era la policía
Sí, Polo tenía buena puntería, siempre regresaba a casa o lo asesinos que volvían para tirar más muertas. Lo gacho
con un par de lagartijas mutiladas en el bolsillo del panta- fue que ustedes corrieron para un lado y yo para el otro,
lón. Yo,en cambio, no podía atinarle a ninguna; de hecho solillo.Me metí en unos matorrales.
nunca quise porque me sentía mal por dejarlas paralíticas. -Imagínate a Beto, gordillo pero corriendo a madres.
Fingía fallarel tiro para luego recibir un insulto de Polo por -Y al final el camión torton nomás pasó de largo como
mi ineptitud. Yoprefería llevar mi charpe y Polo y su her- si nada.
mano se reía de mí por usar esa palabra: -Yo nunca se lo conté a mi mamá.

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BORDEÑOS
T Francisco Serratos

-Ni yo, me hubiera puesto una chinga. Es más, yo in- el camino que debía seguir hasta Seattle, no era tan difícil
tenté olvidarlo y le dije a Beto que ni se le ocurriera abrir la si seguía carreteras rectas. Después continuamos hasta el
boca porque le metía una chinga. puente de la Juárez.
Polo y yo sentíamos que estábamos en una situación Polo entró por la calle Santa Fe y se estacionó por un
similar ahora; sin embargo hoy teníamos más suerte: no vi- momento, para despedirse.
mos el cuerpo, es más, ni siquiera sabíamos si había un -Gracias, Faco -era tímido-. ¿Traes cambio para la
cuerpo en cuestión. Guardamos la esperanza y nos tranqui- cruzada?
lizamos con esa idea. -Sí, lo que no tengo es para el taxi.
Continuamos manejando por las calles de El Paso me- Me tendió un billete de veinte dólares que sacó de su
nos preocupados, pero sí apurados por ganarle el tirón a la bolsillo. Nos apretamos la mano para despedirnos con un
policía, si es que había policía inmiscuida. sentimiento de certeza. Ya no habría una avenida Juárez
donde lo inesperado acontece, tampoco habría una ciu-
* dad doble como ésta, donde coinciden las carreteras. Su
vida se había agotado en Juárez como la de miles de otras
La casa de Mark estaba desolada; mi conciencia le añadió personas: ésta es la esquina del mundo. No me provocaba
a su de por sí triste desmantelamiento un sentimiento fú- admiración, pero sí inspiración. Descendimos para darnos
nebre; el gran hoyo en la pared me produjo un vacío en el un abrazo que no resultó incómodo; al contrario, fue un
estómago. No quisimos entrar, Polo se enfocó en su nuevo consuelo tibio en medio del deshielo.
carro y en prepararse para el viaje. Checó los niveles de -Ya sabes, carnal, cuando se te ofrezca.
aceite y el agua, dijo que le pondría antifriz en la primera Asentí con un gesto y di la vuelta hacia la calle El Paso
gasolinera que encontrara en la carretera. Le aconsejé que en dirección al puente. El aire era ralo, pero calaba la piel.
comprara un mapa también. Sin tener nada más qué hacer Metí mis manos en los bolsillos de mi chamarra y apuré el
allí, Polo me pidió subir al auto mientras él entraba rápida- paso. El centro estaba vacío, las tiendas de chinos, cerradas
mente a la traila para dejar las llaves de la camioneta, no con sus cortinas de hierro. En la esquina se pertrechaba un
sin antes quitarle las placas y el número de serie; además vagabundo envuelto con cobijas y trapos grasientos. Pagué
reunió todos los papeles personales que encontró dentro en la caseta con el billete de veinte y la guardia me regaló
para quemarlos con su encendedor sobre un montón de una mirada despectiva porque la dejaría sin cambio. Me
nieve. devolvió puras monedas de diez pesos.
Nos fuimos. El aire espesaba conforme ascendía el puente. No había
-¿Al puente? -preguntó Polo con una sonrisa disimu- más que una veintena de carros en la fila y los ambulantes
lada-. ¿O a Seattle? habían desaparecido también; los envidié por unos segun-
Sonreí alegremente, luego le indiqué que me llevara al dos. A mi derecha, tras las mallas de contención del puen-
puente. En el camino paramos en un Circle K para comprar te, la luz remanente del día se filtraba a través de las nubes
provisiones y un mapa. Afuera, mientras llenábamos el tan- de escarcha que se perdían tras los cerros. Por primera vez
que de gasolina, sobre la cajuela del carro, le mostré a Polo disfruté la vacuidad inesperada del lugar más transitado de

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....,...
BORDEÑOS

la ciudad. Llegué al otro lado, en donde encontré la caseta,


la posta de los soldados y la oficina de migración cerradas.
La avenida Juárez se abría amplia y solitaria, era como si
el puente me hubiera escupido hacia la nada. Vi un teléfo-
no público en una esquina y decidí sacar provecho de mis
monedas. Contestó mi mamá apelando a mi nombre, como
si hubiera predicho mi llamada. Le dije dónde me encon-
traba y aceptó recogerme de inmediato, aunque tardaría en
llegar como media hora. Me senté, desganado, en la ban-
queta, dispuesto a pensar y esperar. Algo debía sacar de esa
experiencia, no sabía qué. Una pieza tal vez, pero no valía
la pena: era mejor un recuerdo.
Cuando llegó mi madre, subí al carro en silencio, rendi-
do a escuchar sus quejas con los ojos cerrados.

Phoenix-Juárez, verano de 2013

Bordeños, de Francisco Serratos, se terminó


de imprimir en el mes de junio de 2014,
en los talleres de Impresora y Encuadernadora
Progreso,S.A.de C.V.(IEPSA), San Lorenzo, núm. 244,
col. Paraje San Juan, lztapalapa, C.P.09830, D. F.,
con un tiraje de 1000 ejemplares y estuvo al cuidado
del Programa Cultural Tierra Adentro.

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BORDEÑOS RETRATA EL MICROCOSMOS DE DOS PERSONAJES: FACO
y Polo, dos amigos de la infancia que azarosamente una noche
de invierno se reencuentran para emprender un viaje durante un
fin de semana. Faca, estudiante de arte y Polo, guía delictivo,
recorrerán la caótica geografía de Ciudad Juárez y El Paso, poco
tiempo antes del estallido feroz del narcotráfico en esas regiones,
cuando el crimen y la vida cotidiana alternaban con cierta armonía.
Este vertiginoso encuentro los llevará a confrontar los recuerdos
de su niñez y la transformación de sus valores.

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