Está en la página 1de 66

PIE MOTIVACIONAL

Intervención breve para el cambio


en el uso problemático de drogas

Claudio Rojas Jara

Nueva
Mirada
EDICIONES
PIE MOTIVACIONAL
Intervención breve para el cambio
en el uso problemático de drogas
Claudio Rojas Jara

Mayo 2018
ISBN 978-956-9812-13-2
Nueva Mirada Ediciones
Talca, Chile.

Para contactar al autor:


crojasj@ucm.cl

Revisión y corrección de textos:


María José Riesco Mendoza

Fotografía de portada:
Ricardo Candia Cancino
riccandiac@gmail.com

Diseño y diagramación:
Nueva Mirada Ediciones EIRL
abufom@gmail.com

Esta publicación, incluído el diseño de la portada, no puede ser reproducida,


almacenada o transmitida por algún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico,
óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del autor.
In memoriam

Carlos Ahumada Rojas


(1978 – 2017)

Amigo, compañero, colega


Dedico este trabajo a todos y todas las personas
que aportaron en su desarrollo de manera directa e indirecta.
A los que creyeron en él y los que no.
A todo el equipo SENDA Maule con quienes trabajo hace un par de años
desde el ámbito de la prevención en diferentes contextos.
Al tiempo por relevar esta experiencia que tiene
una larga historia, un presente renovado y un futuro abierto.
A Eduardo Muñoz con quien desarrollamos la primera versión hace ya muchos años,
y a mi familia por ser el motivo, la razón y la eterna inspiración en todo lo que hago.

Claudio Rojas Jara


ÍNDICE

Prefacio 7
Introducción 9

1. Una introducción conceptual 11


Repensando las drogas y la intervención 11
Primer pilar: la gratificación en el uso de drogas 11
Segundo pilar: del objeto al sujeto en el uso de drogas 12
Tercer pilar: evaluación del vínculo droga – persona 14
Cuarto pilar: la funcionalidad en el uso de drogas 18
Quinto pilar: recaídas y renuncia en el uso de drogas 22
Sexto pilar: repensando a la persona que acude a intervención 23
El cambio en las conductas de uso de drogas 26

2. Descripción de un método 36
Sesión 1: vinculación y valores 36
Sesión 2: articulación del problema 39
Sesión 3: los otros significativos 41
Sesión 4: balance de costos y beneficios 44
Sesión 5: la toma de decisiones 45

3. Anexos: pautas de trabajo por sesión 47

Referencias bibliográficas 62
“Los cambios son más caros que morir”

Jennifer Middleton
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Prefacio

El desarrollo de este texto emerge originalmente en el año 2009 como parte


de una experiencia pionera de intervención para abordar el uso problemá-
tico de drogas en el Centro de Cumplimiento Penitenciario (CCP) de Talca,
al alero de las necesidades que surgían de la aplicación de la –entonces inci-
piente– ley 20.084.
En dicha ocasión, y con un comprometido equipo multidisciplinar,
asumimos un desafío de gran envergadura sin tener orientaciones definidas,
procedimientos anteladamente estructurados o actividades de resultados
comprobados. Lo único con que contábamos en aquellos tiempos era una
dedicación profunda hacia un tema que apasionaba a todo el equipo que ar-
ticuló, a pulso, dicha experiencia.
Uno de los obstáculos con que lidiamos cotidianamente tras esos mu-
ros era la resistencia propia y esperable de las personas para hacerse parte de
procesos de cambio en conductas relacionadas al uso drogas. Resolver esta
traba significó diversas –y por momentos eternas– discusiones y reuniones
clínicas con el equipo para determinar estrategias que favorecieran un en-
cuentro con la disposición a cambiar del “otro” en tratamiento.
Una de las claves, si no la más importante, para soslayar esta dificultad
fue relevar el “vínculo terapéutico” como la base de cualquier proceso que
pretendiese direccionar a la persona hacia el cambio. Consultamos, revisa-
mos y analizamos una infinidad de artículos y textos sobre motivación al
cambio y aplicamos diferentes estrategias con resultados también diversos.
Siendo honestos: de diez actividades que intentábamos, una daba re-
sultado. Más que desmotivarnos, seguimos buscando y aplicando nuevas ac-
ciones intentando alcanzar un resultado positivo. Entre el ensayo y el error

7
CLAUDIO ROJAS JARA

del día a día logramos aislar una serie de actividades, que miradas en ampli-
tud y detención, nos generaban un logro dual: por una parte, favorecían la
vinculación con la persona, y por otra, aumentaban la disposición hacia el
cambio. Es decir, conectaban, motivaban y movilizaban al mismo tiempo.
Estas actividades se tradujeron propositivamente en cinco sesiones de
trabajo que denominamos “pie motivacional” ya que no coercionaban o em-
pujaban a la persona a tomar un tipo específico de dirección, sino a conside-
rar que algunas decisiones podían ser parte de su campo de opción, como un
primer paso hacia objetivos mayores, un pie de partida, un pie motivacional.
Lo que ocurrió posteriormente fue impensado. Digitalizamos y compartimos
la sistematización de esta experiencia con otros programas, con otras carac-
terísticas, en otras regiones, con otras poblaciones (niños, adolescentes, adul-
tos), incluso con otras temáticas (no sólo aplicada al campo de las drogas)
y la utilidad que descubriéramos de nuestras actividades –cuidando ciertas
adecuaciones– se repetía en otros equipos y contextos.
Cuando dejamos a libre acceso esa sistematización el año 2011 lo hici-
mos planteando que era un “sistema abierto”, mejorable, adaptable, siempre
perfectible y nunca arrogantemente perfecto. Bajo la misma premisa, hoy se
retoma para este libro en una versión revisada con algunas adecuaciones que
devienen de comprender a cabalidad que las drogas, su uso e intervención
son un fenómeno evolutivo que tenderá a mutar y requerir, por tanto, revi-
siones regulares en sus métodos y estrategias de abordaje.
Espero encuentren en estas páginas una orientación, una guía, un apo-
yo o al menos una idea sobre la intervención breve para el cambio en el uso
problemático de drogas que les sea de utilidad.

Claudio Rojas Jara


Talca, septiembre del 2017.

8
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Introducción

Uno de los desafíos más importantes que surgen cotidianamente en la in-


tervención en uso problemático de drogas apunta hacia la motivación de la
persona para iniciar un proceso de tratamiento. Es esperable la existencia de
un grupo no menor de usuarios problemáticos de drogas que –por medio de
la elaboración de múltiples defensas y/o resistencias– no logran concientizar
las consecuencias negativas de su patrón de consumo. En este mismo sentido,
las contradicciones, los bloqueos y las dudas sobre ejecutar o no un cambio,
son parte de los procesos regulares que todo ser humano ha de enfrentar,
normalmente, a la hora de tomar decisiones.
En términos estructurales este texto se constituye en dos partes. La
primera de ellas tiene como pretensión ofrecer una propuesta conceptual y
epistemológica para referir dónde nos ubicamos desde lo teórico en cuanto a
las drogas (como objeto) y la persona que las usa (como sujeto) y la relación
entre ambos (vínculo y función). Y una segunda parte, donde lo conceptual
se traduce en un ejercicio metodológico de intervención motivacional breve
de cinco sesiones, cuyo objetivo primario es incidir positivamente en la dis-
posición al cambio de personas con uso problemático de drogas y favorecer
eventuales procesos de tratamiento.
Se propone este objetivo para acentuar y clarificar lo que este texto “no
es” y evitar sobre-expectativas: primero, este libro y sus actividades no hacen
que las personas cambien o hagan lo que usted, como interventor, quiera. Lo
que favorece es la apertura a tomar otras posiciones (dudas, ambivalencia),
ampliar la mirada (opciones) o considerar otras alternativas frente a una con-
ducta problema (intención o cambio). Segundo, no es un modelo clínico ni
su aplicación es exclusiva por algún tipo de profesional o disciplina. El méto-

9
CLAUDIO ROJAS JARA

do de cinco sesiones está diseñado para que cualquier persona que se apropie
de los contenidos pueda llevarlos a cabo. Y tercero, no es una estrategia ab-
soluta ni menos definitiva, ya que puede ser ampliada, mejorada y adaptada
a diferentes contextos y etapas del ciclo vital. Desde nuestra experiencia, y
con las adecuaciones necesarias, podemos referir el uso de este método con
adolescentes y adultos en diferentes espacios (incluso al interior de unidades
penales, que es de donde proviene el método originalmente).
Este texto les invitará, en sus páginas iniciales, a replantearse algunos
conceptos sobre las drogas, para luego aplicar estos saberes en dirección al
cambio de aquellas personas que presenten un uso problemático de drogas.

10
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Una introducción conceptual 1


REPENSANDO LAS DROGAS Y LA INTERVENCIÓN:
Seis pilares fundamentales

Primer pilar: la gratificación en el uso de drogas

Usted que ahora lee estas líneas y busca involucrarse en el concepto de las
drogas y/o en su intervención, permítase unos segundos para pensar en
aquello que más agrado le genera realizar en su vida cotidiana. Considere
actividades, hobbies o cualquier cosa que para usted signifique un acto alta-
mente gratificante. Viajar, pintar, leer, cine o teatro, alpinismo, poesía, surf,
compartir con su familia o amigos, cuidar las flores y el jardín, tener sexo, pa-
sear a sus mascotas, hacer música, besar a sus hijos, contemplar la puesta del
sol o la magia de una aurora boreal/austral. Pregúntese lo siguiente ¿Por qué
gusta de estas cosas? ¿Qué le brinda efectuar estos actos? Satisfacción, relajo,
emoción, compañía, utilidad, independencia, cofradía, libertad o felicidad
pueden ser algunas respuestas que puede encontrar en su interior. ¿Qué pa-
saría con usted si alguien le pidiera dejar de realizar o disfrutar de aquello?
¿Qué sensación le provocaría quedar sin esa gratificación? Probablemente
sus respuestas a estas últimas dos preguntas giren en torno a la incertidum-
bre, la desazón, la negación o la tristeza (Rojas-Jara, 2015).
La intervención en drogas, cualquiera que sea, implica necesariamente
la compresión de que en el ejercicio terapéutico se le pedirá a alguien que
“deje de hacer algo que le agrada hacer”. En este sentido el análisis no implica

11
CLAUDIO ROJAS JARA

desconocer el valor que tienen los riesgos o las consecuencias asociadas a los
usos de drogas, sino establecer un parámetro también cierto: las personas
usan drogas por que éstas generan gratificación. Este sencillo primer pilar
en la comprensión e intervención en drogas nos lleva a desmitificar la con-
cepción de “mal” o “castigo” que gira sobre el tema, y reconocer, que todas
las personas hacemos lo que hacemos en la vida porque algo placentero hay
involucrado en ello. Esto no implica realizar una apología sobre las drogas
sino reconocer, en amplitud e integración, el sentido y simbolismo intrínseco
que éstas alcanzan para quienes las usan. La toma en consideración de este
primer pilar ofrece a quien interviene una gran verdad: en esencia, estruc-
tura y funcionamiento no existen mayores diferencias entre el interventor e
intervenido. Todas y todos, en nuestra relación y devenir en el mundo nos
movemos bajo un principio bien conocido por los clínicos: el principio del
placer (Rojas-Jara, 2015).

Segundo pilar: del objeto al sujeto en el uso de drogas

El hedonismo, en tanto búsqueda del placer y evitación del sufrimiento, la


angustia y el dolor son parte de la cotidianeidad del ser. Las conductas hu-
manas están determinadas por el nivel de goce que éstas nos ofrecen y esto a
su vez perpetúa la mantención de algunos comportamientos por sobre otros,
como también, su repetición a lo largo del tiempo. Diversos autores (Becoña,
2011; Bunton & Coveney, 2011; Johnson, 1999; Martínez & Pallarés, 2013;
Méndez et al., 2010; Nestler & Malenka, 2004; Schnuer, 2013; Secades, Gar-
cía, Fernández, & Carballo, 2007), en mayor o menor medida, sustentan el
hecho de que nuestras conductas se relacionan directa o indirectamente con
el placer que está involucrado en su ejecución. Desde la corriente psicodiná-
mica, se propone la noción del uso de drogas como una búsqueda de sobrevi-

12
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

vir al dolor, es decir, se entiende el consumo como un rechazo al sufrimiento


antes de la sola obtención de satisfacción, o como refieren algunos: la pasión
por evitar el dolor (López, 2007) o la cancelación tóxica sobre las afecciones
dolorosas (Le Poulichet, 1996).
De este modo, para la comprensión de las conductas de consumo de
drogas necesitamos, inevitablemente, no obviar el goce y la gratificación que
circunda el mismo. Establecer una medida de acción que pretenda un cam-
bio terapéutico positivo y omita este elemento fundamental está destinado a
fracasar. No sólo por la baja comprensión de los impulsores del uso de drogas
(objeto), sino además por la distancia que se establece con la persona (sujeto)
inmediatamente detrás. Los sujetos efectúan ciertos comportamientos y evi-
tan realizar otros impulsados conativamente por el nivel de placer que deriva
de ellos. Esto supone prescindir de las discursivas frases del tipo: “las drogas
son algo malo” o “las drogas son un flagelo”. Coincido, en este sentido, con
Hart, Ksir & Ray (2008) en que las drogas no pueden recibir la calificación
polar simplista de bueno o malo. Esto reduce el campo de comprensión de
las drogas y además pormenoriza el impacto de una intervención, dado que,
fácilmente puede tomar forma bajo ideas erróneas o prejuicios sin funda-
mento.
Considerar este segundo pilar en la intervención en drogas implica re-
conocer que lo calificable es la vinculación que mantiene una persona con
las drogas y no la droga en sí misma, dado que el uso de una droga (objeto)
alcanza un efecto diferente de acuerdo al tipo de vínculo que la persona (su-
jeto) establezca con ésta. Probablemente muchos de los lectores disfrutarán
de una copa de vino en el almuerzo del día domingo, y aunque estemos ha-
blando del consumo de una droga (alcohol), legal por lo demás, no exista un
mayor riesgo o problema en esto. Pero ¿Qué ocurriría si en ese almuerzo le
ofrecemos la misma copa de vino a un familiar con problemas de consumo

13
CLAUDIO ROJAS JARA

de alcohol? No podemos sustentar en este caso que la droga (objeto) es un


problema sino el vínculo que las diferentes personas (sujetos) en la mesa pue-
den tener con aquella copa (Rojas-Jara, 2015).

Tercer pilar: evaluación del vínculo droga – persona

Generalmente la determinación de la severidad que puede tomar el uso de


drogas en una persona se mide en términos de la aparición y manifestación de
tres factores: tolerancia, dependencia1 y síndrome de abstinencia. El prime-
ro, relacionado con la necesidad de consumir mayor cantidad de droga para
sentir idénticos efectos a los inicialmente obtenidos (Asociación Americana
de Psiquiatría, 2014; Lorenzo, Ladero, Leza, & Lizasoain, 2003). El segundo,
referido al deseo compulsivo a repetir el consumo, pese a tener noción de sus
consecuencias, y la imposibilidad de abandonar esta conducta por la pérdida
de control (Organización Mundial de la Salud, 1992). Y el tercero, entendido
como el conjunto de síntomas físicos y/o psicológicos que surgen cuando el
sujeto se encuentra en ausencia de la droga (Caballero, 2006).
En consideración de estos factores, resulta interesante adicionar el aná-
lisis de un cuarto elemento que estaría relacionado con la posición que alcan-
za la droga (objeto) en la experiencia vital de la persona (sujeto): este es el
tercer pilar propuesto. Es importante reconocer que existen notorias diferen-
cias en la posición que tiene la droga en la vida de los sujetos dependiendo del
tipo de relación (o vínculo) que se establezca entre ambos. Una persona con
consumo experimental, ocasional, habitual, perjudicial o dependiente desa-

1. Dependencia física: se produce cuando el uso recurrente de una droga genera una adaptación fisiológica
por la cual el funcionamiento orgánico del sujeto se ve alterado si no se administra la sustancia o si la dosis
consumida se reduce por debajo de cierto umbral. Dependencia psicológica: es el vínculo que se tiene con
una droga caracterizado por el deseo o impulso apremiante de experimentar sus efectos, sea porque favorece
experiencias positivas o porque permite rehuir reacciones negativas (Caballero, 2006).

14
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

rrolla una vinculación única y particular con la droga que ha de ser conside-
rada tanto para el análisis, como el diagnóstico y la propia intervención. En la
medida que los consumos se tornan más habituales y problemáticos la droga
–en un efecto amortiguado o de bola seca2–, se va incorporando y apropiando
de espacios que anteriormente ocupaban otras esferas (personales, familiares
y sociales) desplazándoles progresivamente a la periferia y reclamando para
sí el centro y valor neurálgico de la vida del sujeto. La familia, la pareja, los
hijos, el trabajo, el estudio, las relaciones sociales, las metas personales son,
en general, elementos constitutivos de la vida de las personas y toman posi-
ción en su centro. Sin embargo, cuando el uso de drogas comienza a volverse
problemático estos elementos que previamente gozaban de protagonismo se
ven amenazados en términos de su cuantía y preponderancia para el sujeto y
pueden, en paralelo al incremento de la severidad, ir siendo relegados a po-
siciones más externas en la medida que la droga comienza a usurpar y hacer
suyo estos niveles centrales (Rojas-Jara & Muena, 2016).
De este modo, podemos reconocer que en el consumo experimental,
la droga se ubica tangencialmente en la periferia, lejana del núcleo proximal
del sujeto, dejando inalterado sus elementos constitutivos de valor y signi-
ficancia (ver Fig.1). En el consumo ocasional, social o recreativo, la droga
si bien aparece más frecuente en la vida de la persona sigue siendo de modo
tan esporádico que no existe un desplazamiento alguno de sus motivaciones
primarias (Rojas-Jara & Muena, 2016).
Cuando se pasa a un consumo habitual, la droga comienza a hacer
algunos reclamos de atención, leves aún, sobre algunos elementos propios
del sujeto, principalmente sobre el tiempo que dedica a su ejercicio, lo que
ya podría implicar algunos conflictos con estos elementos significativos (Ver

2. Término utilizado en las mesas de billar o de pool que también es conocido como el “efecto de lleno” en el
cual la bola blanca desplaza a la bola objetivo de su lugar debido a que ha transferido a ésta toda su energía.

15
CLAUDIO ROJAS JARA

Espacio
externo

Espacio
interno
(núcleo vital)
Droga
1
Trabajo Metas
Estudio Objetivos

Familia
Pareja

Contacto
Social
3

1: Consumo experimental Figura 1:


2: Consumo ocasional Desplazamiento de la droga
3: Consumo habitual en usos no problemáticos

Fig. 2). En el consumo perjudicial, la droga se encuentra haciendo suyos


los espacios y prioridades que antes ostentaban otros elementos vitales en la
persona generando conflictos cada vez más regulares y la aparición de conse-
cuencias objetivas que amenazan su estabilidad (Rojas-Jara & Muena, 2016).
Finalmente, cuando hablamos de un consumo dependiente, la droga
se ha transformado en el imperativo exclusivo de la vida del sujeto, adqui-
riendo y reclamando para sí la total atención de este, enviando a la periferia
todos aquellos elementos significativos que anteriormente ostentaban esta
posición (Ver Fig. 3). Como puede observarse a este nivel, la incorporación
progresiva de la droga como objeto en la vida particular de la persona (cuan-
do existe esta progresión desde un consumo experimental hasta un consumo
dependiente) tiene un símil al proceso en que los virus hacen suya la matriz

16
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Espacio
externo

Espacio
interno
(núcleo vital)
Droga
1
Trabajo Metas
Estudio Objetivos

Familia
Pareja

2 4

Contacto
Social
3

1: Consumo experimental
2: Consumo ocasional Figura 2:
3: Consumo habitual Desplazamiento de la droga
4: Consumo perjudicial en consumo perjudicial

nuclear, apoderándose de todos los mecanismos y funcionamientos propios


de la célula3. Sin embargo, es importante recordar que no todas las personas
que usan drogas han de transitar por esta progresión4 ni han de vivir este
“efecto amortiguado”, dado que no todos los consumidores de drogas son
arrastrados irrefrenablemente por una pendiente que les deja en condición
de dependencia. Por esto, es necesario evaluar exhaustivamente cada caso en
términos duales (Rojas-Jara & Muena, 2016):

3. Esta alusión no pretende igualar los fenómenos de consumo de drogas a la descripción que de ellos se
efectúan desde el modelo biomédico sino utilizarle como una analogía.
4. Es importante considerar esta aclaración para evitar conceptos errados y poco precisos en el ámbito de
las drogas como es la “escalada” o aseverar taxativamente que una persona por usar drogas menos dañinas
terminará inevitablemente usando otras más dañinas, o que pasará de un uso experimental a un consumo
sin control.

17
CLAUDIO ROJAS JARA

Espacio
externo

Espacio
interno Familia
(núcleo vital) Pareja
Droga Trabajo
Estudio
1

5 Metas
Droga Objetivos

2
4

1: Consumo experimental Contacto


2: Consumo ocasional Figura 3:
Social Desplazamiento o “efecto
3: Consumo habitual
4: Consumo perjudicial amortiguado” de la droga
5: Consumo dependiente en consumo dependiente.

una evaluación del sujeto y su implicancia con la droga (función y


vínculo), y
una evaluación de la posición que el objeto (droga) tiene en la vida
y experiencia del sujeto.

Cuarto pilar: la funcionalidad en el uso drogas

Es sabido que las drogas no sólo provocan ciertos efectos físicos en las per-
sonas que las consumen y en su sistema nervioso central, sino que además
cumplen una función psicológica importante. El valor y características de
esta función, su detección correcta e intervención adecuada, determina el

18
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

verdadero impacto de un tratamiento en diferentes contextos y etapas del


ciclo vital (Rojas-Jara, 2015; Rojas-Jara & Rioseco, 2016; Rojas-Jara, 2016;
Rojas-Jara et al., 2017).
Sirva para comprenderle otra analogía. Imagine usted un punzante y
molesto dolor muscular para el cual debe utilizar analgésicos lo suficiente-
mente poderosos para aplacarle. Si luego de un tiempo este dolor muscular
se ha tornado crónico y el uso del analgésico se ha vuelto a la vez regular, se
presentarán varios fenómenos. Sin embargo, el que priorizaremos, por ahora,
es el siguiente: ¿Qué ocurre si retiramos el analgésico sin efectuar nada por
la molestia muscular? Lo que resulta es obvio. La molestia surge con toda la
fuerza que es amortizada por el fármaco y, probablemente, con una amplitud
mayor que deriva del cese repentino de su efecto calmante. Si esto resulta de
fácil comprensión, imagine ahora lo que significa para una persona que con-
sume drogas, con una intención determinada, que se le ofrezca como único
método para “resolver su problema” la retirada del “analgésico” que hasta ese
momento le ha brindado cierta funcionalidad. Podemos pensar, prematura-
mente, que la droga no es la mejor respuesta para afrontar los problemas del
cotidiano vivir, pero tampoco es menor reconocer que esta ha sido, tal vez,
la mejor forma, la más cercana o la más disponible que el sujeto ha encon-
trado en su entorno. Hasta este punto lo esencial recae en comprender que
una intervención seria y respetuosa ha de identificar con total claridad, sin
sesgos, y más aún, sin interpretaciones personales, cuál es la función que está
cumpliendo la droga en la vida y funcionamiento de la persona que la con-
sume. Esta ha de ser la primera y gran tarea de un tratamiento más que sólo
abocarse en la apremiante retirada de la droga asumiendo, ilusamente, que
por medio de esta acción “el problema se resuelve” (Rojas-Jara, 2015).
Fenichel (1986) agudamente refirió hace varias décadas que si se piensa
como un logro el abandono del hábito, pero al mismo tiempo se deja inaltera-

19
CLAUDIO ROJAS JARA

da la función que la droga cumple en la estructura particular del sujeto, éste


se verá prontamente inducido a retomar su uso. Cuando logramos definir
completamente cuál es el rol que tienen las drogas dentro de la vida de un
sujeto, en primer lugar, logramos comprender por qué la droga no es el real
problema sino tan sólo el mecanismo, errado o no, con el que el sujeto ha
hecho frente a una incomodidad física y/o psicológica.
En segundo lugar, podemos establecer, tal como hemos enunciado pre-
viamente, aquello que está siendo enfrentado, recubierto, abordado, aplacado
o suspendido por el consumo de drogas, es decir, lo que verdaderamente está
a la base del mismo. En tercer lugar, esta aproximación le otorga un punto de
partida a cualquier tratamiento que pretenda un impacto de mayor enverga-
dura, toda vez que nos revela qué elementos requiere la persona elaborar para
efectuar una genuina y perdurable modificación en su patrón de consumo.
De esta forma, podemos abordar el “dolor muscular” (o lo que se encuentra
protegido por el consumo de drogas), buscando e interviniendo sus causas
y mitigando progresivamente sus síntomas, para que el uso del “analgésico”
(la droga) sea innecesario y su retirada de la vida del sujeto no resulte ser,
en sí mismo, algo traumático o doloroso. La clave estriba entonces en actuar
terapéuticamente en paralelo, de este modo, el “analgésico” se debiese retirar
de modo proporcional a la incorporación de acciones para tratar el “dolor
muscular” a la base. He aquí entonces el cuarto pilar: comprender que los
consumos de drogas cumplen una función para el sujeto y que se ha tra-
bajar sobre ella y no exclusivamente sobre el consumo, para así ampliar la
mirada y transformar una simple epifanía en un ejercicio regular de indagar
y revelar el valor otorgado a los usos de drogas, o dicho de otro modo, resca-
tar el significado específico que tienen las drogas para el sujeto que las usa.
De este modo, podemos entender (y no necesariamente justificar) cómo el
alcohol puede permitir a una persona alcanzar las habilidades sociales que la

20
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

sobriedad no, cómo la cocaína puede aumentar los momentos de vigilia en


sujetos que necesitan tener dos o tres trabajos para sostener a sus familias,
cómo una benzodiacepina puede adormecer recuerdos o suavizar huellas de
abusos y maltratos, cómo la pasta base o los solventes inhalables pueden mi-
tigar el hambre y el frío en personas que se encuentran en situación de calle o
cómo el cannabis puede permitirle a una persona un espacio de relajación en
una sociedad que favorece la vida vertiginosa y agobiante (Rojas-Jara, 2015).
El mayor producto que deriva de una correcta identificación de las
funciones que las drogas entregan a sus usuarios problemáticos resulta ser
la definición de sustitutos terapéuticos. Utilizo el concepto de “sustituto”
para puntualizar lo que ha de ser la premisa fundamental en un tratamiento
de problemas relacionados con el uso de drogas, es decir, habilitar en, y con
el sujeto, sus propios recursos para equiparar (y reemplazar) la función que
la droga ha alcanzado, de manera tal, que su uso pierda el sentido original y
se desarrolle un nivel de autogobierno en la persona sobre esta conducta que
le permita modificar su patrón (desde el abandono hasta la regulación de la
misma). Por otra parte, uso el término “terapéutico” para diferenciarlo de
“adaptativo” dado que no concuerda con los planteamientos previos ¿tendría
alguna razón pensar que la droga no pueda ser una forma (adecuada o no)
de adaptación? ¿Alguien podría si quiera pensar que no le entrega (de buena
o mala manera) al sujeto una forma de enfrentar las viscisitudes del mundo?
Por tanto, lo terapéutico, apunta directamente a la búsqueda de una solución
para el sujeto que no sólo implique equiparar la función de las drogas sino
que además esta sustitución le provea de un aumento en su calidad de vida.
No olvidar entonces que para intervenir con una persona que mantiene un
problema con las drogas, tal y como he planteado, no se puede obviar el goce,
pero además se debe reconocer y entender que en estos casos hay algo más
allá del placer. Existe también una función (Rojas-Jara, 2015).

21
CLAUDIO ROJAS JARA

Quinto pilar: recaídas y renuncia en el uso de drogas

Las personas que deciden modificar sus comportamientos con respecto al


uso de drogas, sea parcial (reducción o gestión) o totalmente (abstinencia),
y de mayor visibilidad en aquellas que han alcanzado un tenor problemático,
no hacen un ejercicio de abandono de la conducta y un olvido sempiterno
de la misma. Aquí, en el uso de drogas y en su cese, no hay borrón y cuenta
nueva. La huella indeleble que permanece en el sujeto una vez que modifica
o abandona estos consumos es parte de la génesis de las temidas y muchas
veces incomprendidas (e incluso aún hoy castigadas) recaídas, es decir, la
retoma de un patrón de consumo que había resultado previamente interrum-
pido. El fundamento a la base de este quinto pilar es que en la modificación
de los comportamientos de consumo de drogas no existe un olvido del
placer (ni de su función), sino una renunciación al mismo en base a la per-
secución de objetivos superiores. Las personas que cesan o modifican una
conducta que les resulta placentera no abandonan los recuerdos, los rituales,
las sensaciones y el goce asociado a esta, sino que renuncian a estos (algunos
temporalmente) para dar cabida a otros desarrollos vitales que puedan redu-
cir las consecuencias negativas que, hasta ese momento, se han asociado al
placer. Por lo tanto, y tal como refieren diversos autores (Miller & Rollnick,
2013; Prochaska, Norcross, & DiClemente, 2006) la persona que abandona
o mantiene una conducta problemática de consumo de drogas, efectúa una
evaluación de las pérdidas y ganancias asociadas a dejar un comportamiento
que, como ya hemos planteado, es gratificante. El resultado de este balance es
el que define la mantención de un patrón de consumo o la modificación del
mismo, como también, la extensión que estos procesos pueden llegar a tener
(Larimer, Palmer, & Marlatt, 1991).
La consideración de este fenómeno permite comprender empática-

22
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

mente los procesos en los cuales los usuarios de drogas demoran un tiempo,
muchas veces prolongado (y no exentos de recaídas, por cierto), en estable-
cer un patrón no problemático. Esto implica reconocer que existen diversos
elementos a considerar en el uso de drogas más allá de la sola conducta de
consumo: los ritos, el contexto, los pares, los recuerdos gratificantes, las imá-
genes y, obviamente como hemos expuesto en extenso, la función. Todos es-
tos elementos denotan que la persona no elimina de su memoria el placer, ni
tampoco sus gatillantes, sino que renuncia a ellos manteniéndoles en un pla-
no abierto donde el interventor ha de trabajar, ardua y procesualmente, para
que permanezcan supeditados a nuevos objetivos que se han de establecer en
el espacio terapéutico, y en particular, en la prevención de recaídas. En resu-
men, se debe considerar que eliminar el placer y sus huellas de la ecuación
de los usos de drogas determinan un resultado incorrecto en el tratamiento y
una recurrencia incomprendida al consumo (Rojas-Jara, 2015).

Sexto pilar: repensando a la persona que acude a tratamiento

Qué duda cabe, los consumos de drogas existen hoy y perdurarán a lo largo
del tiempo, tal y como anteriormente han sido parte documentada de la his-
toria nacional (Fernández, 2010; Fernández, 2012) y de la humanidad (An-
tón, 2006; Brau, 1970; Escohotado, 2000; Slapak & Grigoravicius, 2006). Sin
embargo, es menester darle una revisión a aquella persona que acude a trata-
miento por un consumo problemático dado que aún, en la actualidad, se sos-
tienen concepciones, ideas y atribuciones asociadas hacia aquel que busca un
cambio en su relación con las drogas. Quiero puntualizar aquí, como hiciera
antes, que la persona que acude buscando apoyo por temas relacionados al
consumo de drogas no presenta un estado que le diferencie radicalmente
del resto, tampoco tiene una posición inferior a quien debiese proveerle

23
CLAUDIO ROJAS JARA

de una significativa intervención. Existe un rol temporal, sí, entre quien


solicita apoyo y quien lo provee, mas ninguna otra cosa los vuelve constituti-
vamente antónimos. Planteo esto desde la lógica de asignar de manera apre-
surada significados y características diferentes a la persona que mantiene un
problema con las drogas (Rojas-Jara, 2015).
Emocionalmente inestables, poco tolerantes a las frustraciones, impul-
sivos, débiles, agresivos, irresponsables, con baja autoestima, manipuladores
o mentirosos, son algunos de los diversos conceptos que en el ejercicio prác-
tico escuché de algunos profesionales con quienes compartimos alguna vez
la discusión de casos o la intervención. ¿Pero estas cualidades son absolutas?
¿Son estos atributos lo único que define a una persona que tiene problemas
con el uso de drogas? En múltiples ocasiones los profesionales de este campo
parecemos olvidar que la respuesta es no. ¿Algún peligro que oculta esto?
Obvio, mas no sencillo: parcialización terapéutica. Esto anula una mirada
ampliada del sujeto de atención y provee una observación carencialista y ses-
gada del mismo, otorgando poca importancia, o incluso invisibilizando, las
potencialidades (resiliencia) y todo el espectro de configuración en el sujeto
que no es parte del problema. ¿Algún otro peligro que oculta esto? Menos ob-
vio tampoco sencillo: interdicción terapéutica o restar valor a la opinión del
que pide ayuda. Si tendemos a considerar a la persona que pide apoyo como
alguien desprovisto de razón, autogobierno o de tomar buenas decisiones,
resulta muy poco probable que le brindemos los espacios y el respeto a lo que
puede ser su forma de ver el problema y sus intentos, frustrados o exitosos,
de hacerle frente. No es poco habitual que los objetivos en los programas de
drogas se encuentren predeterminados antes que la persona consultante pise
si quiera el espacio de atención, en el pseudo-entendido que el sujeto de aten-
ción “necesita esta solución y no otra”, o peor aún, bajo la consigna de que
“si esto funciona con uno, ha de funcionar con todos”. Podría el lector pensar

24
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

erróneamente que apunto con esta crítica hacia los programas que persiguen
la abstinencia como única meta terapéutica. La verdad es que no. Apunto a
cualquier programa u objetivo, desde la reducción del daño hasta la absti-
nencia total, que no considere de manera genuina la opinión del que pide
apoyo. Es muy diferente, terapéuticamente hablando, que como especialistas
tengamos que nadar donde nuestro consultante se ahoga, a sumergirlo en las
aguas de nuestra vanidad profesional. Si podemos soslayar este obstáculo, la
referencia a los objetivos “co-construidos” o las intervenciones diferencia-
das, en el sentido terapéutico de un “traje a la medida”, pueden dejar de ser
un cliché o una mera declaración de buenas intenciones y ser una realidad
concreta e inclusiva, que involucre a las personas que tienen problemas con el
uso de drogas en sus procesos de tratamiento de modo participativo, donde
sus ideas, opiniones y percepciones, no sólo del problema sino también de la
solución, sean consideradas en plenitud (Rojas-Jara, 2015).

25
CLAUDIO ROJAS JARA

EL CAMBIO EN LAS CONDUCTAS DE USO DE DROGAS:


Algunas cuestiones conceptuales

El cambio no es un fenómeno que siga la ley del todo o nada. Un mo-


delo comprensivo del cambio tiene que cubrir todo el curso de éste, desde
el momento en el que el individuo empieza a darse cuenta de que existe una
problemática hasta el punto en que ésta ya no lo es (Graña, 1994). Por tanto,
como Miller y Rollnick (1999) proponen, la motivación no se puede entender
como un problema de personalidad, o como un rasgo que una persona lleva
consigo cuando cruza la puerta de salida de la consulta del terapeuta.
Más bien, la motivación es un estado de disponibilidad o deseo de
cambiar, el cual puede fluctuar de un momento a otro o de una situación a
otra. Dicho estado puede ser influido además por múltiples factores. La no-
ción de que el cambio de comportamiento implica un proceso que ocurre en
aumentos y que implica tareas específicas y variadas, es el corazón del mode-
lo transteórico (Prochaska, Norcross, & DiClemente, 1994).
Tal modelo reconoce que el cambio se produce por etapas (Prochaska
& Norcross, 2001) y estas etapas seguirían un patrón espiral donde se puede
volver y avanzar en cada una de ellas (Prochaska, Norcross, & DiClemente,
1992). Miller (1999) sintetiza: en la Precontemplación las personas no están
considerando el cambio y no tienen la intención de cambiar su comporta-
miento en un futuro cercano. En Contemplación los individuos toman cons-
ciencia de que existe un problema, comienzan a percibir que podría haber una
razón por la que preocuparse y razones por las que cambiar, como también
razones para no hacerlo (ambivalencia). En Preparación el sujeto percibe las
ventajas y consecuencias adversas de la conducta a cambiar. La preparación
acarrea una planificación del cambio más específica, fijarse metas y compro-
miso, como también socialización de sus planes (como mecanismo de bús-

26
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

queda de apoyo y contención social). En Acción los sujetos escogen una es-
trategia para el cambio y comienzan a perseguirla. Aquí la persona se implica
en acciones que le llevarán a un cambio. En Mantenimiento los esfuerzos
se dirigen a mantener las ganancias logradas durante la etapa anterior. Aquí
la persona debería tomar medidas adicionales para evitar retrocesos hacia
los comportamientos problemáticos. Finalmente, se ha de reconocer que las
Recaídas o Recurrencias en la conducta(s) problema(s) luego de un periodo
de cambio es más bien una norma y no una excepción. Estas experiencias
contribuyen al proceso de tratamiento como una forma de aprendizaje de los
factores que interfirieron en la prolongación y mantención del cambio.
Según Miller & Rollnick (1999) la investigación ha aislado las etapas
del cambio en un amplio rango de riesgos para la salud y comportamientos
protectores de la salud. Las aplicaciones de esas etapas y el apoyo para los va-
riados procesos de cambio representados en esas etapas han sido demostra-
dos en muchos cambios de comportamiento, desde dejar de fumar, dejar de
consumir alcohol y otras drogas, hasta el examen de mamografía, modifica-
ción de la dieta, juego patológico, adopción de ejercicios físicos, uso de con-
dón y prevención del embarazo. De este modo, aunque difiera el comporta-
miento objetivo del cambio, parece que la estructura del proceso es la misma.
Los individuos se movilizan desde no ser conscientes o no desear hacer algo
respecto al problema, a la consideración de la posibilidad de cambio, después
a la determinación y preparación para hacerlo, y finalmente a tomar acciones
y sostener o mantener el cambio a través del tiempo.
Entonces, si comprendemos la motivación como un fenómeno diná-
mico, fluctuante, progresivo, interactivo y modificable la pregunta es ¿qué
motiva a las personas a cambiar? La respuesta depende, en parte, de dónde
están ellos en el proceso de cambio. Lo que motiva a las personas a comen-
zar a pensar en el cambio puede ser diferente de lo que los motiva para co-

27
CLAUDIO ROJAS JARA

menzar a prepararse para tomar acciones. Una vez que la acción es tomada,
diferentes fuerzas aún pueden motivar a las personas a mantener la acción o,
a la inversa, hacerlos retroceder y recaer en conductas de riesgo (consumo
de drogas o actos delictivos). Afortunadamente, las respuestas a esas interro-
gantes complejas pueden llegar a ser muy simples si enfocamos las acciones
sistemáticamente haciendo uso del modelo transteórico (Prochascka & Le-
vesque, 2004).

Sobre la intervención motivacional con adolescentes y adultos

La entrevista motivacional ha resultado ser una herramienta eficaz y


ampliamente desarrollada en el abordaje de problemas derivados del consu-
mo abusivo de alcohol y otras drogas. Sin embargo, en población adolescente,
la aplicabilidad y utilidad de estrategias motivacionales estará siempre supe-
ditada a las características propias de esta población (Bermejo et al., 2008).
En esa línea, Arbex (2002) ofrece una visión conceptual sobre las parti-
cularidades evolutivas propias de la adolescencia distinguiendo aquellas que
podrían –eventualmente– incrementar el riesgo de aparición de conductas
problemáticas como el uso de drogas. Entre ellas se encontrarían: (a) nece-
sidad de reafirmación, donde el adolescente busca consolidar su identidad e
imagen estableciendo lazos de amistad con grupos de pares con conductas y
prácticas diversas como puede ser el uso de drogas; (b) necesidad de trans-
gresión, reflejada por una actitud hostil hacia los parámetros disciplinarios
impuestos desde el mundo adulto, pudiendo desarrollar conductas trans-
gresoras como lo son el consumo de sustancias; (c) sensación de invulnera-
bilidad, donde la búsqueda de nuevas sensaciones sumado al egocentrismo
conjeturan un escenario propicio para el aumento de esta sensación de invul-
nerabilidad exponiéndose a conductas riesgosas sin percibir las consecuen-

28
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

cias que de ellas pueden derivarse; (d) el rechazo a la ayuda adulta, la confor-
mación intragrupal, conjunta con la creciente autonomía que va adquiriendo
el adolescente, le conduce a rechazar la ayuda del adulto, involucrándose en
situaciones de riesgos que pudiesen generar daños previsibles a futuro; y (e)
susceptibilidad a las presiones del entorno, ya que en un mundo globalizado,
la tecnología y los medios de comunicación masiva juegan un papel funda-
mental en un adolescente que permanentemente busca experimentar sensa-
ciones nuevas. Estas búsquedas pueden ser exacerbadas por estos medios,
incluyendo la experimentación con el consumo de drogas.
Desde lo motivacional, con población adulta –a diferencia de los ado-
lescentes– existe un porcentaje importante que reconoce ciertas complica-
ciones derivados del abuso de sustancias al momento de ingresar a algún
programa de tratamiento, con ciertas condiciones motivacionales favorables
para acceder voluntariamente a ellos. En caso de los adolescentes, estas con-
diciones cambian drásticamente, ya que generalmente son llevados por sus
padres, profesores o delegados de sanciones o medidas (cuando se trata de
adolescentes en conflicto con la justicia) sin existir, necesariamente, voluntad
explícita de ellos para acceder a tratamiento (McWhirter, Florenzano, & Sou-
blette, 2002).
Las intervenciones motivacionales en personas adultas podrían ser
aplicadas con mayor facilidad, ya que evidencian una diversidad de experien-
cias negativas derivadas del consumo de drogas (problemas matrimoniales,
cesantía, complicaciones familiares, etc.) que pudiesen ser utilizadas como
catalizadores del cambio en una entrevista, situación que con los adolescen-
tes pudiera resultar un poco más complejo, ya que es necesario explorar con
mayor profundidad para identificar impulsores y utilizarlos como pivotes
motivacionales (McWhirter, Florenzano, & Soublette, 2002).
A su vez, las personas adultas podrían asimilar de mejor manera los

29
CLAUDIO ROJAS JARA

procesos del cambio, debido a que poseen mayores recursos evolutivos que
un adolescente para asimilarlos (McWhirter, Florenzano, & Soublette, 2002).
Un factor que resulta distintivo entre estos dos grupos etarios, es la
relativa mayor capacidad que tendrían los adultos para problematizar y avan-
zar de estadios precontemplativos a contemplativos y, desde ahí, comenzar
a planificar cambios en su conducta problema en un lapso de tiempo breve.
Esta situación en los adolescentes no resulta tarea fácil, ya que ellos pueden
movilizarse de estadios precontemplativos a contemplativos sin avanzar a fa-
ses superiores en la espiral de cambio, manteniéndose en una contemplación
crónica y posterior dilatación conductual del consumo de drogas (Proschas-
ka & DiClemente, 1998, en Miller & Rollnick, 2002).
En resumen, y teniendo en cuenta las características evolutivas y mo-
tivacionales de adolescentes y adultos, resulta imperativo considerar algunos
puntos prácticos:
La intervención motivacional debe contemplar en etapas iniciales,
estrategias que favorezcan y dinamicen los procesos del cambio de
manera rápida y efectiva, a etapas superiores de la espiral.
La intervención motivacional debe considerar métodos y prácticas
acordes a las características evolutivas propias de adultos y adoles-
centes, estableciendo una clara diferenciación entre ambas.
La intervención motivacional requiere dar cuenta en sus acciones
no sólo de lo evolutivo sino también de la capacidad de respuesta
de la persona, vale decir, nivel educacional, contexto social y tra-
diciones culturales, capacidades cognitivo-emocionales, y el estado
conativo inicial.

Por tanto, la aplicación de estrategias motivacionales que den cuenta


de las particularidades de cada persona, por medio de una estrategia flexible,

30
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

puede generar significativos movimientos internos e inclinar la balanza hacia


estilos de vida más saludables.

Sobre la intervención motivacional con personas en conflicto


con la justicia

Como refiere McMurran (2002), en su mayoría los infractores son per-


sonas racionales, y por consiguiente a veces estarán renuentes a abandonar
sus delitos y su resistencia para admitir que necesitan un cambio por una
variedad de razones: mantener un comportamiento reforzante, el deseo de
evitar sentirse humillados, el temor a ser avergonzados por ser incapaces de
cambiar y la falta de habilidad para vislumbrar un estilo de vida diferente.
Pueden no asistir a terapia porque la experimentan como aversiva, confusa
o incomprensible, o porque los diversos problemas por los cuales han sido
derivados a ella les hacen difícil asistir. La motivación para el cambio pue-
de ser comprendida en los mismos términos. Los infractores pueden querer
cambiar por una variedad de razones: querer evitar sanciones y la desapro-
bación subsiguiente si son sorprendidos delinquiendo, porque sienten culpa
o vergüenza por su comportamiento, o porque han adquirido o reconocido
buenas razones para llevar una clase distinta de vida. Pueden asistir a terapia
porque están de acuerdo con las metas del tratamiento, comprenden el pro-
ceso y porque es conveniente seguirlo. La motivación para el cambio, y la au-
sencia de ésta, son respuestas racionales a las circunstancias. La motivación
para el cambio no es un rasgo con el cual uno nace, en un grado prefijado.
En este sentido los factores motivacionales pueden ser clasificados en:
1. Internos (por ejemplo, el logro de una meta valiosa, o la evitación o escape
de emociones negativas como la culpa o la vergüenza) o 2. Externos (por
ejemplo, obtener aceptación social y la evitación de sanciones y desaproba-

31
CLAUDIO ROJAS JARA

ción). Por otra parte, se plantea que algunas personas creen que quienes son
obligados a ingresar a tratamiento por el sistema de la justicia penal no tienen
una motivación para el cambio “genuina”, y por lo tanto empeorarán en com-
paración con aquellos con una motivación para el cambio autónoma. Esta
perspectiva ignora la evidencia que muchas personas que entran a tratamien-
to debido a presiones externas, e incluso los voluntarios aparentes lo hacen
debido al ultimátum de la familia, los amigos o los empleadores. Quizá hay
menos diferencias entre los voluntarios y aquellos obligados a entrar a trata-
miento que lo que la mayoría de las personas suponen. Una obligación legal
puede ser un importante motivador externo para que la persona entre en
tratamiento y, una vez dentro, puede fomentarse la motivación interna como
parte de ese programa. Es decir, las sanciones y un tratamiento obligado pue-
den presentar la oportunidad para “incorporar” enfoques para estimular a
los clientes a cambiar respecto a sus propias metas, tales como la persuasión,
apoyo, clarificación, empoderamiento y tratamiento (McMurran, 2002).
No es necesario quedarse esperando pasivamente a que la persona “se
motive”. En realidad no es una buena idea hacer lo anterior, porque es una
posición que no es particularmente efectiva y lleva a los profesionales a la
frustración y el burnout. La mejor interrogante no es si las personas están
motivadas o no, sino cómo fomentar su motivación para el cambio (López,
Miller, & Walker, 2008). Un mecanismo por el cual se puede obtener este ob-
jetivo es a través de la entrevista motivacional.

La entrevista motivacional como estrategia

Es definida por Miller & Rollnick (1995) como un estilo de conseje-


ría centrado en la persona, para generar cambios conductuales ayudándole
a explorar y resolver su ambivalencia y su propósito central es el examen y la

32
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

resolución de esta, y el interventor es intencionalmente directivo en la bús-


queda de esa meta. Catorce años después los mismos autores en una forma
de clarificar aún más el concepto dan algunas claves acerca de “lo que no es”
la entrevista motivacional, entre los que refieren que: (a) no está basado en el
modelo transteórico, (b) no es un truco o una forma de controlar a las per-
sonas y hacer que hagan lo que tú deseas, (c) no es una técnica que sugiriera
una operación relativamente sencilla, (d) no es un balance decisional, (e) no es
simplemente evaluación y feedback, (f) no es una forma de terapia conductual
cognitiva, (g) no es sólo consejería centrada en el cliente, (h) no es fácil (i) no
es un tratamiento usual, y (j) no es la panacea (Miller & Rollnick, 2009).
Este estilo de entrevista consta de una serie de elementos teórico–prác-
ticos que buscan mejorar las habilidades comunicacionales de los profesio-
nales y se basa en 5 principios que Lizarraga & Ayarra (2001) resumen de
manera impecable:
(1) Expresar empatía, que significa aceptar y respetar al cliente pero
no, necesariamente, aprobarlo. La empatía es la espina dorsal de la
entrevista motivacional ya que, ante el dolor (o duelo) que prevé la
persona frente al cambio, el sentir un apoyo emocional resulta útil.
(2) Desarrollar discrepancia, es decir, que la persona logre reco-
nocer donde se encuentra y donde querría estar respecto al hábito o
conducta a cambiar. Interesa, por tanto, aumentar su nivel de con-
flicto, especialmente entre su conducta actual y los valores impor-
tantes de su vida.
(3) Evitar argumentar o discutir con el usuario por la convenien-
cia o utilidad de un cambio porque esto le puede crear mayor re-
sistencia. El cliente no puede sentir que su capacidad de elección
está siendo limitada o su libertad coartada ya que puede implicar
bloqueos o la anulación del terapeuta.

33
CLAUDIO ROJAS JARA

(4) Trabajar las resistencias del cliente evitando las actitudes del
terapeuta que puedan facilitarlas. Tratar de imponer un cambio
“por su bien”, plantear implícita o explícitamente que la relación de
ayuda conlleva la obligatoriedad de un cambio, regañar o castigar al
paciente frente al no cambio, entre otros, son ejemplos claves de lo
que no se debe hacer.
(5) Apoyar y fomentar el sentido de autoeficacia. Creer en la po-
sibilidad de cambiar es un factor motivacional importante, ya que
tiene una gran influencia en la capacidad de iniciar una nueva con-
ducta y en mantenerla.

En consideración de esta síntesis de antecedentes (como de muchos


otros que por extensión no pueden ser incluidos) y la lógica subyacente a la
motivación, el cambio y la entrevista motivacional, se desarrolla la siguiente
propuesta práctica de intervención breve (ya que consta de sólo cinco sesio-
nes) que pretende ser una oferta susceptible a la crítica, a ser modificada,
adaptada y enriquecida en función de su aplicabilidad en los diversos contex-
tos y la multiplicidad de realidades que se han de generar cuando nos refe-
rimos a personas con problemas ligados al uso de drogas, donde no existe la
homogeneidad y se requiere el rescate de la subjetividad del caso a caso. Por
tal motivo, la intervención breve motivacional aquí propuesta se sugiere
llevar a cabo de manera preferentemente individual. O de modo grupal, si
y sólo si, se reconocen, cuidan y elaboran los factores grupales que pudiesen
interferir en su óptimo desarrollo (número de participantes, género, variables
de personalidad, comorbilidad, entre otros). Esta estrategia breve se denomi-
na “pie motivacional” ya que resulta ser el punto de partida hacia una meta
u objetivo de mayor envergadura que, no obstante, puede ser dificultoso al-
canzar sin un pequeño-gran primer paso.

34
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Descripción de un método 2
Las cinco sesiones que componen este Pie Motivacional se estructu-
ran en función de objetivos específicos para cada una de éstas. Contienen
además elementos conceptuales diferenciados en cada sesión que se unen
lógicamente en un objetivo general más amplio que es aumentar la disposi-
ción al cambio de las personas.
Cada sesión esta ordenada secuencialmente de manera deliberada para
favorecer un proceso vincular inicial y un incremento de la confianza en la
interacción de las partes, para luego captar información relevante y significa-
dos personales de la conducta(s) problema(s)5 y luego una puesta en juego de
ejercicios elicitadores de ambivalencia y disposición.
En sentido amplio las sesiones iniciales buscan establecer vinculación,
reconocimiento de la historia de la conducta(s) problema(s) y la captación de
los valores y creencias personales (ejes motivacionales). Las sesiones siguien-
tes abordan las ambivalencias propias de la persona, su percepción de efica-
cia frente al cambio y las figuras significativas (probables favorecedores del
cambio). Una descripción detallada de cada sesión se ofrece a continuación.

5. Entendemos por “conducta problema” una o varias conductas que son o serán el foco de atención de la
intervención y a las cuales se buscará impactar motivacionalmente en dirección al cambio.

35
CLAUDIO ROJAS JARA

SESIÓN 1: VINCULACIÓN Y VALORES

Abordar una conducta problema de manera directa puede ser no sólo


amenazante sino también improductivo. La forma correcta de buscar el cam-
bio es vincularse antes de problematizar, es decir, favorecer el contacto y la
construcción de confianzas mutuas previo al análisis en profundidad de un
comportamiento que se pretende modificar. Una manera de establecer un
vínculo inicial (y facilitador del proceso) con la persona es el rescate de los
principales valores que le identifican y alcanzan significancia para ella.

El objetivo de esta sesión será determinar y analizar los va-


lores personales del entrevistado (como sus significados y
creencias asociadas).

Los valores detectados pueden ser utilizados como ejes o pivotes mo-
tivacionales para el cambio. La razón: permiten contrastar los valores que
la persona identifica como propios con respecto a la(s) conducta(s) proble-
ma(s)6.
Para lograr la meta de esta sesión se trabaja con un sistema de cartas7
(24 en total) que enuncian una serie de valores tipo8 (“Familia”, “Amistad”,
“Sentido del humor”, “Humildad”, “Hacer bien las cosas”, entre otros)9.

6. Miller & Rollnick (2002) señalan que se hace más probable un cambio conductual cuando el comporta-
miento actual entra en conflicto con aquellos valores que son significativos para el sujeto.
7. Metodología extraída y adaptada de “Programa de prevención selectiva de drogas para población penal
de Gendarmería de Chile”. Tomo IV (2009), pp. 30-33.
8. Set de 24 “Cartas de Valores” se adjuntan en apartado de anexos N°3 (se puede agregar o modificar cartas
con otros valores que se consideren relevantes).
9. En nuestra práctica de este método desde el año 2009 en secciones juveniles son los 5 valores más recur-
rentemente escogidos.

36
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

En la primera etapa de esta actividad (fase de elección) se solicita a la


persona que, del total de cartas entregadas, seleccione las 5 que considera
más representativas de sí mismo (aquellas que le son más propias o que les
identifican o le generar mayor sentido). Posterior a la elección efectuada se
pide al usuario que pondere los valores escogidos (fase de jerarquización)
desde el más significativo hasta el de menor cercanía10. Posterior a la jerar-
quización de valores se desarrolla y amplifica cada uno de éstos buscando la
fundamentación de la elección (fase de justificación). Es decir, en este punto
se pretenderá reconocer el por qué (razones) de la selección (opción) de tal
o cual valor y los motivos de la importancia otorgada a cada uno (jerarquía).
Estos valores escogidos, como su elaboración (justificación de la elec-
ción), serán una herramienta de poderosa utilidad cuando se avance en el
proceso de intervención motivacional ya que darán sustento a un proyecto de
cambio o a un cuestionamiento de la(s) conducta(s) problema(s).
Se recomienda dejar registro escrito de cada valor seleccionado como
también de la justificación otorgada11 siendo literales en la descripción y no
elaborar interpretaciones subjetivas arbitrarias de los contenidos referidos
por la persona. Recordar que lo importante es rescatar lo que la persona dice
y no lo que “creemos” o “sentimos” que dice. De existir dudas con respecto a
una justificación usar la síntesis, la aclaración o el reflejo, como técnicas de
entrevista, para definir si hemos comprendido a cabalidad lo referido por el
usuario.
En base a los valores escogidos el entrevistador buscará fomentar la
reflexión del usuario a través de la escucha activa (comunicación que expre-
sa empatía) y de preguntas abiertas para ayudarle a observarse a sí mismo y

10. Un análisis no menos importante, aunque no obligatorio para términos de este texto, es solicitar la
elección de los valores que menos le representan ya que pudiesen ser considerados necesidades o metas a
trabajar en una eventual intervención a largo plazo de acuerdo a la justificación de su elección.
11. “Pauta de Registro de Valores” se adjunta en apartado de anexos N°4.

37
CLAUDIO ROJAS JARA

pueda percatarse de las posibles discrepancias entre su discurso, sus valores y


la(s) conducta(s) problema(s) y, si es posible, estimular el desarrollo de mé-
todos por los cuales podrían comenzar a resolver esas discrepancias (incre-
mentar la auto-eficacia).
Se sugiere, al finalizar esta primera sesión, establecer con la persona
una primera medida escalar agregada de la disponibilidad al cambio12 en
base a dos preguntas, donde se pide que evalúe de 1 a 10:

1. ¿Qué tan importante es para ti poder cambiar la conducta?


2. ¿Qué tanta confianza tienes de que puedes cambiar
tu conducta?

Debemos dejar consignadas sus respuestas y puntuación ya que al tér-


mino de la quinta y última sesión, se propone establecer una segunda medida
con fines comparativos y de medición del impacto de la intervención.

12. “Escala de disposición” se agrega en apartado de anexos N°8.

38
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

SESIÓN 2: ARTICULACIÓN DEL PROBLEMA

Luego del proceso de vinculación inicial y la ponderación de los valo-


res individuales de la persona, la evaluación de la(s) conducta(s) problema(s)
es el segundo paso en la implementación de esta metodología. Sin embargo,
en este encuentro es muy importante considerar una serie de factores rele-
vantes del contacto con la persona, ya que de éstos dependerá la solidez de
la vinculación efectiva alcanzada. Considérese entonces: contacto visual, len-
guaje corporal, tono de voz y dicción, transición entre frases e instrumentos
a aplicar en esta sesión.

El objetivo central de esta aproximación a la persona es


recopilar la mayor cantidad de información respecto al his-
torial de la(s) conducta(s) problema(as). Es una recogida
abierta de datos, no es una crítica ni se emiten juicios de
valor.

En esta sesión la función del entrevistador es la de fomentar o favorecer


el diálogo (considere que es un diálogo y no un interrogatorio). La finalidad
es comprender el desarrollo, características y la función de la(s) conducta(s)
problema(s) del entrevistado de la forma más amplia posible.
Busque explorar respetuosa y abiertamente por la información entre-
gada sin categorizarle aún o emitir juicios sobre ésta. En lo que a consumo de
drogas se refiere explorar sobre13: sustancias consumidas durante su vida (ya
sea de manera experimental, habitual o problemática), intensidad y frecuen-

13. Puede utilizar como guía para la recopilación de este tipo de información la “Pauta de Tipificación del
Consumo” y/o la “Pauta de Compromiso Biopsicosocial” que se adjunta en apartado de anexos N°1 y N°2.

39
CLAUDIO ROJAS JARA

cia del consumo, edad de inicio del consumo, sustancia de preferencia, esti-
lo de consumo (solitario o grupal) justificación o razones para el consumo
(placer, evasión, compensación, etc.), consecuencias (si es que las reconoce),
motivaciones actuales para cesar el consumo (si es que existiesen), antece-
dentes de tratamientos anteriores (¿qué rescata o qué desestima de éstos?) e
intentos y/o periodos de no consumo (¿en qué ocasiones no se ha presentado
la conducta problema?), ya que puede ser una clave para rescatar fortalezas
del usuario.
A partir de la información obtenida hasta este punto se alcanza una
idea preliminar sobre el desarrollo de la conducta objetivo y además permite
hipotetizar diagnósticos clínicos multiaxiales del Eje I y II14 (por ejemplo:
F19.2 Trastorno mental y del comportamiento debido al consumo de múlti-
ples sustancias; F60.2 Trastorno disocial de la personalidad). El cierre de la
primera sesión debe implicar una síntesis de ésta y un agradecimiento genui-
no por la información entregada, invitando cordialmente a las restantes.

14. Si bien la última versión del DSM (5ta Edición) elimina los diagnósticos multiaxiales aun siguen siendo
utilizados en diversos espacios públicos y privados de salud en nuestro país.

40
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

SESIÓN 3: LOS OTROS SIGNIFICATIVOS

En la tercera sesión programada, los esfuerzos se concentrarán en de-


terminar a las principales figuras significativas de la persona que pudieran
eventualmente transformarse en agentes facilitadores de cambio15. Además,
se ha de intencionar la identificación dentro del contexto próximo a aquellas
personas que pudiesen aparecer como un factor de riesgo (obstaculizador del
cambio) o de protección (facilitador del cambio).

Por tanto, el objetivo esencial en esta sesión es definir


miembros de la red social de la persona que pudiesen tor-
narse en recursos para facilitar el cambio como también
determinar aquellos que podrían mantener o amplificar
la(s) conducta(s) problema(s).

En la primera parte de la sesión se trabaja en la identificación de los


significativos. Para tal efecto, se utiliza la hoja de trabajo “Yo Manejo”16 en
donde la persona puede dibujar, representar o describir el automóvil de su
preferencia (u otro objeto que sepamos sea de su interés). Posterior a ello la
hoja de trabajo ofrece una vista superior de un vehículo con 5 asientos (con-
ductor, copiloto, y tres asientos traseros), en donde se pide a la persona que
ubique, en el orden que prefiera, a aquellos otros a los que incluiría en un
viaje hacia un lugar especial (se puede determinar este punto previamente).

15. Miller (1999) señala que las personas significativas, pueden jugar un papel vital en la influencia sobre la
disposición al cambio, sin embargo, a la persona se le debe recordar que la responsabilidad del cambiar la(s)
conducta(s) objetivo(s) es suya.
16. Pauta de trabajo “Yo Manejo” se adjunta en apartado de anexos N°5.

41
CLAUDIO ROJAS JARA

La elección de los pasajeros nos ofrecerá una definición y estructura-


ción básica de las personas que alcanzan mayor significancia para la perso-
na17. Estas figuras pueden ser consideradas como recursos para fomentar el
inicio del cambio y la progresión en éste (además deben ser involucrados en
el proceso de tratamiento del usuario por el valor potencial que éstos poseen).
Resulta importante enriquecer esta selección con los fundamentos que
utilizó la persona para ello ya que permite hacer explícitas las características
que visualiza en sus cercanos (las cuales pueden ser contrastadas con los va-
lores personales definidos en la sesión anterior).
En la segunda parte de la sesión se utiliza la hoja de trabajo “Mi Mapa
Social”18 que plantea a la persona la posibilidad de representar gráficamente
a aquellos que se encuentran en su contexto próximo (más allá de la familia)
donde se han de incluir al grupo de pares y amigos (circuito social de refe-
rencia).
Una vez completado el mapa, se ha pedir al entrevistado que reconozca
en éste, a las personas que ejercen efecto de factor protector (explicando pre-
viamente qué implica este concepto) y que le podrían ayudar a distanciarse
de situaciones riesgo (consumo, delito, otros). Luego se le invita a realizar
el mismo ejercicio de forma inversa, es decir, que reconozca personas que
ejercen un efecto de factor de riesgo o que favorecen el acercamiento a situa-
ciones de este tipo.
Considere que en este punto el entrevistador puede elicitar discursos
defensivos del usuario (justificaciones para el consumo o el delito u otras) en

17. En nuestra práctica de esta metodología desde el año 2009 observamos que en la mayoría de los casos
la persona en intervención es quien usa el asiento del chofer (salvo en algunos casos con pacientes con
síntomas ansioso-depresivos severos o comorbilidad grave), la persona que sitúan en el asiento del copiloto
regularmente resulta ser la figura de mayor significancia (vincular) y los situados en los asientos traseros
aparecen como personas de “confianza”. En general, aparecen como pasajeros: familiares cercanos y en muy
baja medida amigos o pares.
18. Pauta “Mi Mapa Social” se adjunta en apartado de anexos N°6.

42
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

función de sostener ideas, creencias y valores asociados a la(s) conducta(s)


problema(s), por lo tanto, es una excelente ocasión no para la confrontación
sino para devolver y reflejar la información del propio usuario en cuanto
a sus valores (sesión 2) y la importancia de sus significativos. Al término de
esta sesión, y como enganche a la siguiente, se puede solicitar al entrevista-
do que piense durante la semana sobre lo que ha perdido y ganado con la(s)
conducta(s) problema(s).

43
CLAUDIO ROJAS JARA

SESIÓN 4: BALANCE DE COSTOS Y BENEFICIOS

En esta sesión, luego de la vinculación previa e información recopilada


en las anteriores citas, se da el escenario más favorable para efectuar un ba-
lance decisional. La idea de llevarle a cabo a este nivel de la intervención es
utilizar, en su desarrollo, la información obtenida en las sesiones anteriores lo
que empodera su aplicación y resultados.

El objetivo principal de esta sesión consiste en que el usua-


rio pueda evaluar lo perdido y lo ganado19 con la(s) con-
ducta(s) problema(s) y la construcción de una expectativa
honesta de ganancias y pérdidas con el cambio20.

Para esta sesión se utiliza la hoja de trabajo “Mi Balance Decisional”21


que plantea las interrogantes ¿qué gano y pierdo si MANTENGO el consu-
mo?, como también ¿qué gano y pierdo si DEJO el consumo? Se recomienda
a este nivel ser explícito, detallado y gráfico con las descripciones. De ser po-
sible, las referencias a la inmovilidad escribirlas con lápiz de color rojo y las
referencias de cambio con lápiz color verde o azul para una mejor diferencia-
ción y asimilación. Todo esto para ayudar al usuario a que reconozca y sopese
los aspectos negativos de la conducta problema y favorecer que la balanza se
incline hacia un comportamiento más beneficioso.

19. No obviar a este respecto que las conductas, por problemáticas que sean, siempre reportan algo a la
persona (placer, recursos materiales, aceptación social, etc.) y cumplen una función subjetiva (Rojas-Jara,
2015).
20. Considerar que estas expectativas no implican un olvido de la conducta problema (o el placer y función
asociada) sino una renuncia a ella en búsqueda de objetivos superiores (Rojas-Jara, 2015).
21. Pauta “Mi Balance Decisional” se adjunta en apartado de anexos N°7.

44
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

SESIÓN 5: LA TOMA DE DECISIONES

Si bien ésta aparece como la última sesión, es sin duda, una de las más
importantes ya que debe incluir una síntesis acabada para la persona de los
insumos y productos obtenidos a la fecha (recordar la importancia del feed-
back o retroalimentación como clave en la entrevista motivacional).

El objetivo de esta sesión es integrar la totalidad de la in-


formación recopilada (la historia de la conducta problema,
los ejes motivacionales, las figuras significativas, los costos
y beneficios del statu quo o el cambio) para evaluar si exis-
te, o no, movilización de la persona hacia estadios supe-
riores del cambio (contemplación, preparación o acción).

Si la primera parte de la sesión se orienta hacia una síntesis integrati-


va de la información obtenida, posteriormente se debe efectuar las medidas
para establecer la evolución (o no) de su disposición al cambio. Se sugie-
re establecer con la persona una segunda medida escalar agregada de la
disponibilidad al cambio22 donde le repetiremos las mismas dos preguntas
efectuadas al término de la primera sesión. Estas medidas cuantificables, en
conjunto con la impresión del entrevistador (en base a la información reco-
pilada), nos referirán que tan decidido se encuentra nuestro entrevistado a
efectuar un cambio conductual positivo y por sobre todo a iniciar un proceso
de tratamiento o intervención mayor con un motivo de consulta definido y,
por tanto, con objetivos claros y coherentes tanto para él como para su even-
tual terapeuta.

22. “Escala de disposición” se agrega en apartado de anexos N°8.

45
CLAUDIO ROJAS JARA

Sin embargo, esta sesión también nos puede mostrar a una persona que
pese a la intervención propuesta se mantenga aún resistente a cambiar. Esto
implicará una revisión de la acción efectuada para definir si la resistencia se
produce por déficits del interventor para llevar a cabo las sesiones (deficiente
construcción del vínculo, enjuiciamiento del otro, elementos contra-transfe-
renciales, etc.) o de una profunda renuencia del usuario a afrontar “un mal
negocio” como puede ser, naturalmente, el iniciar un cambio.
Ante esta posibilidad se recomienda, de todos modos, agradecer a la
persona por su participación en estas sesiones dejando abierta la posibilidad
a un eventual cambio de opinión. También se puede sugerir retomar consulta
en 15 o 30 días más o en el momento en que lo estime conveniente (nosotros
como interventores también debemos estar abiertos al cambio). Recuerde que
la intervención motivacional busca que el impulso al cambio surja desde la
persona y no sea bajo ningún motivo impuesto coercitivamente desde afue-
ra. El entrevistador nunca debe olvidar que los tiempos y las expectativas del
cambio pueden ser –y probablemente serán– diferentes a los del entrevistado.
Finalmente, es importante recordar que un proceso de recuperación
no se puede mantener sólo mediante una presión externa (una amenaza de
abandono, un ultimátum, una sanción penal u otra), la motivación y el com-
promiso tienen que provenir de la reflexión interna, por lo que resulta vital
considerarle, respetarle y por sobretodo fomentarle.

46
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

ANEXOS
Pautas de trabajo por sesión 3
N° 1: PAUTA DE TIPIFICACIÓN DEL CONSUMO

N° 2: PAUTAS DE COMPROMISO BIOPSICOSOCIAL

N° 3: CARTAS DE VALORES

N° 4: PAUTA DE REGISTRO DE VALORES

N° 5: YO MANEJO

N° 6: MAPA SOCIAL

N° 7: BALANCE DECISIONAL

N° 8: ESCALA DE DISPOSICIÓN

47
CLAUDIO ROJAS JARA

N° 1: PAUTA DE TIPIFICACIÓN DEL CONSUMO

DIMENSIÓN LIGADA AL CONSUMO


CONSUMO DE BAJO CONSUMO DE MODERADO CONSUMO DE ALTO
VARIABLES
RIESGO RIESGO RIESGO
1. Edad de inicio de consumo A partir 14 años Entre 12 y 14 años Antes de 12 años

Alcohol y marihuana con Policonsumo


2. Sustancia o droga consumida Alcohol o marihuana asociación ocasional a otras (> de 3 drogas)
drogas PBC, Heroína, Inhalantes
Ocasionalmente, los fines
3. Frecuencia del consumo Habitualmente los fines de Todos los fines de
de semana en espacios
actual semana. semana y/o diario.
recreativos
4. Consumo sostenido Menos de 3 meses De 3 meses a 6 meses Más de 6 meses
Solamente en grupo, con
Mayor tendencia al
5. Consumo socializado o no significancia a lo En grupo y solo
consumo solitario
experimental o recreativo
Inyectable.
6. Vía de Administración Una vía, oral Una vía, no inyectable
Más de una vía
Accidentes reiterados.
Violencia reiterada.
Primer episodio evidente de: Autoagresiones frecuen-
7. Consecuencias de la Sin consecuencias
accidente, violencia, tes. Coma etílico y/o por
intensidad de consumo evidentes
autoagresión. consumo de otra sus-
tancia. Intoxicación por
drogas
Con criterio de consumo
Existen criterios de
8 . Criterios de dependencia Sin criterios de dependencia abusivo.
dependencia
Sin criterios de dependencia
Evitar hambre y frío
Dormir Dependencia física
Fisiológicas No existen
Bajar de peso Evitar dolores físicos
Aumentar masa muscular
Relajación
9. Motivación al consumo

Las indicadas en consumo con


Placer o disfrute
bajo riesgo, además de: Conjunto de motivacio-
Evasión
Ansiedad y angustia nes con significación pa-
Emocionales Desinhibición
efecto anestesiante emocional tológica o con relación a
Alerta
aumentar ánimo conductas disociales
(Existe sólo una
(En asociación, 2 o más)
motivación)
Realizar desempeños
Mejorar rendimiento en que infringen la ley.
De desempeño y ámbitos puntuales Integración social, Cuando el uso de la dro-
Adaptación Aceptación grupo de pares en distintos ámbitos ga deja de ser efectivo
Relación con sexo opuesto para el objetivo o
significado pensado.

48
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

ANEXO N° 2: PAUTAS DE COMPROMISO BIOPSICOSOCIAL

VARIABLES GRADO DE COMPROMISO BIOPSICOSOCIAL (POBLACIÓN GENERAL)


BIOPSICOSOCIALES Leve Moderado Severo
- 2 o más sustancias
- Consumo en la sema-
1. Tipo sustancia, vía admi- - Una sola sustancia - 2 o más sustancias
na y fines de semana,
nistración y frecuencia de - En forma esporádica - Semanal o fin de semana
con crisis de ingestión
consumo - Vía oral o respiratoria - Vía oral y/o respiratoria
- Se agrega vía inyec-
table
2. Diagnóstico de trastorno
Consumo perjudicial y hasta 3 Más de 3 criterios para
por consumo de sustancias Consumo perjudicial
criterios para dependencia dependencia
(C.I.E. 10).

Con molestias que Requiere de ayuda para


3. Síndrome de abstinencia Ausente
puede controlar tolerar las molestias
Trastorno psiquiátrico leve a Con trastorno
4. Patología psiquiátrica Descartada
moderado psiquiátrico severo
5. Percepción de molestias
Leves o ausentes Presentes, pero no limitantes Presentes y limitantes
físicas asociadas
6. Contexto del motivo de Condicionado por familia u Obligado por demanda
Voluntario
consulta otros judicial
Muy contradictoria,
Convincente en su propósi-
Ambivalente y contradictoria débil o ausente
7. Motivación al cambio to de iniciar un proceso de
(etapa de contemplación) (etapa precontempla-
cambio
tiva)

8. Tratamientos anteriores Ninguno 1o3 Más de tres

9. Intentos de abstinencia 6 o más meses en los últimos 1 a 5 meses en los últimos 3 Sin ningún periodo de
sin tratamiento 3 años años abstinencia

Autopercepción de
Percepción de obtención de Percepción de bajo control muy bajo control del
10. Percepción de
logros en resolución del medio y de la conducta de medio o absoluta inefi-
autoeficacia
de problemas consumo cacia en el control del
consumo
Despidos laborales, in-
11. Actividades laborales o Mantiene su trabajo o Ha discontinuado su actividad terrupción de estudios,
académicas estudio o asiste en forma intermitente abandono actividades
laborales
Presente ambos, en
12. Consumo y/o tráfico en Presente el consumo,
Descartados ambos uno o más de
otros familiares sin tráfico
sus miembros

49
CLAUDIO ROJAS JARA

Despidos laborales,
13. Actividades laborales o Mantiene su trabajo o Ha discontinuado su actividad interrupción de es-
académicas estudio o asiste en forma intermitente tudios, abandono de
actividades laborales
14. Problemas judiciales Detenciones por porte de Detenciones por consu-
Sin detenciones o demandas
asociados sustancias mo y actos delictuales
15. Red de apoyo familiar y Precaria red apoyo, dispuesta, Ausente, con gran con-
Presencia red apoyo
social con reparos flicto relacional.

VARIABLES GRADO DE COMPROMISO BIOPSICOSOCIAL (ADOLESCENTE)


BIOPSICOSOCIALES Leve Moderado Severo
- 2 o más sustancias
- Una sola sustancia - 2 o más sustancias
- Consumo en la sema-
1. Tipo sustancia, vía admi-
na y fines de semana,
nistración y frecuencia de - En forma esporádica - Semanal o fin de semana
con crisis de ingestión
consumo
- Se agrega
- Vía oral, o respiratoria - Vía oral y/o respiratoria
vía inyectable

2. Diagnóstico de trastorno Consumo perjudicial y


Más de 3 criterios para
por consumo de sustancias Consumo perjudicial hasta 3 criterios para
dependencia
(C.I.E. 10). dependencia

Requiere de ayuda
Con molestias que puede
3. Síndrome de abstinencia Ausente para tolerar
controlar
las molestias
Con trastorno
Trastorno psiquiátrico
4. Patología psiquiátrica Descartada psiquiátrico
leve a moderado
severo

5. Percepción de molestias Presentes, pero no limi-


Leves o ausentes Presentes y limitantes
físicas asociadas tantes

6. Contexto del motivo de Condicionado por familia Obligado por


Voluntario
consulta u otros demanda judicial

Ambivalente y contradic- Muy contradictoria,


Convincente en su propósito de
7. Motivación al cambio toria (etapa de contem- débil o ausente (etapa
iniciar un proceso de cambio
plación) precontemplativa)

8. Tratamientos anteriores Ninguno 1o3 Más de tres

9. Intentos de abstinencia sin 6 o más meses en los últimos 3 1 a 5 meses en los últimos Sin ningún periodo de
tratamiento años 3 años abstinencia

50
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Auto percepción de
Percepción de bajo con- muy bajo control del
10. Percepción de Percepción de obtención de lo-
trol del medio y de la medio o absoluta inefi-
autoeficacia gros en resolución de problemas
conducta de consumo cacia en el control del
consumo
Despidos laborales,
Ha discontinuado su ac-
11. Actividades laborales o interrupción de estu-
Mantiene su trabajo o estudio tividad o asiste en forma
académicas dios, abandono activi-
intermitente
dades laborales
Presente ambos, en
12. Consumo y/o tráfico en Presente el consumo, sin
Descartados ambos uno o más de sus
otros familiares tráfico
miembros
Despidos laborales,
Ha discontinuado su ac-
13. Actividades laborales o interrupción de estu-
Mantiene su trabajo o estudio tividad o asiste en forma
académicas dios, abandono activi-
intermitente
dades laborales
Detenciones por
14. Problemas judiciales aso- Detenciones por porte de
Sin detenciones o demandas consumo y actos delic-
ciados sustancias
tuales

15. Red de apoyo familiar y Precaria red apoyo, dis- Ausente, con gran
Presencia red apoyo
social puesta, con reparos conflicto relacional.

51
CLAUDIO ROJAS JARA

VARIABLES GRADO DE COMPROMISO BIOPSICOSOCIAL (POBLACIÓN FEMENINA)


BIOPSICOSOCIALES Leve Moderado Severo
- 2 o más sustancias
- Una sola sustancia - 2 o más sustancias
- Consumo en la sema-
1. Tipo sustancia, vía admi-
na y fines de semana,
nistración y frecuencia de - En forma esporádica - Semanal o fin de semana
con crisis de ingestión
consumo
- Vía oral, o respiratoria - Vía oral y/o respiratoria
- Se agrega vía
inyectable
2. Diagnóstico de con-
Consumo perjudicial ó desde 3 Más de 3 criterios para
sumo de sustancias Consumo perjudicial
criterios para dependencia dependencia
C.I.E. 10
3. Síndrome de Con molestias que puede Requiere de ayuda para
Ausente
abstinencia controlar tolerar las molestias

4. Patología
Trastorno psiquiátrico leve Con trastorno
psiquiátrica Descartada
a moderado psiquiátrico severo

5. Percepción de molestias Presentes y


Leves o ausentes Presentes, pero no limitantes
físicas asociadas limitantes
6. Contexto del motivo Condicionado por familia u Obligado por demanda
Voluntario
de consulta otros judicial
Muy contradictoria,
Convincente en su propósito Ambivalente y contradictoria
7. Motivación al cambio débil o ausente (etapa
de iniciar un proceso de cambio (etapa de contemplación)
precontemplativa)
8. Tratamientos
Ninguno 1o3 Más de tres
anteriores
9. Intentos de abstinencia 6 o más meses en los últimos 1 a 5 meses en los últimos 3 Sin ningún periodo de
sin tratamiento 3 años años abstinencia
Auto percepción de
muy bajo control del
Percepción de obtención de medio o absoluta inefi-
Percepción de bajo control
10. Percepción de logros en resolución de cacia en el control del
del medio y de la conducta de
autoeficacia problemas y actividades consumo
consumo
ocupacionales
Percepción de fracasos
en lo ocupacional

52
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Despidos laborales,
Ha discontinuado su actividad interrupción de estu-
o asiste en forma intermitente dios, abandono activi-
11. Actividades laborales Mantiene su trabajo, estudio o
dades laborales.
o académicas actividades de casa
Percibe dificultad para realizar
labores de casa No puede realizar
labores de casa
Presente ambos, en
12. Consumo y/o tráfico Presente el consumo,
Descartados ambos uno o más de sus
en otros familiares sin tráfico
miembros
13. Violencia Antecedentes de VIF Presencia actual de VIF
Ausencia de VIF
intrafamiliar (ejerce o es víctima) (ejerce o es víctima)
14. Problemas judiciales Detenciones por porte Detenciones por consu-
Sin detenciones o demandas
asociados de sustancias mo y actos delictuales

15. Red de apoyo


Precaria red apoyo, dispuesta, Ausente, con gran
familiar y social Presencia red apoyo
con reparos conflicto relacional

Franca negligencia o
16. Relación y cuidado de Mantención y cuidado de los Descuidos o cuidado irregular
abandono de los hijos
los hijos hijos sin cambios por consumo de los hijos por consumo
por consumo
Mantención o aumento
17. Consumo durante No hay consumo en periodos Disminución de consumo en
de consumo en perío-
embarazos gestacionales períodos gestacionales
dos gestacionales
Incapacidad para lograr
el autocontrol
Espera el éxito
Gran inseguridad frente
Acepta responsabilidades
Dudosa capacidad para lograr al éxito
el autocontrol
Ha realizado elecciones ocupa-
Se frustra fácilmente al
18. Desempeño cionales
Presenta dificultad para organi- enfrentar desafíos
Ocupacional
zar las rutinas diarias
Organiza su tiempo libre
Percepción de fracaso
al organizar su rutina
Mantiene hábitos
Mantiene un estilo de
vida altamente
estresante

53
CLAUDIO ROJAS JARA

ANEXO N° 3: CARTAS DE VALORES

TENER
FAMILIA
BUENA SALUD

CONOCIMIENTO AMISTAD

PROPÓSITOS HONESTIDAD

COMPROMISO HUMILDAD

54
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

INDEPENDENCIA FIDELIDAD

SENTIDO
RACIONALIDAD
DEL HUMOR

SENCILLEZ REALISTA

CUIDAR A OTROS AUTOCONTROL

55
CLAUDIO ROJAS JARA

AUTOESTIMA TOLERANCIA

HACER LAS
TRABAJADOR/A
COSAS BIEN

LEALTAD GENEROSO/A

COHERENCIA INTELIGENCIA

56
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

ANEXO N° 4: PAUTA REGISTRO DE VALORES

Valores seleccionados
(1. fase de elección)

Orden Prioridad valórica Justificación de la jerarquía otorgada


otorgado (2. fase de jerarquización) (3. fase de justificación)

57
CLAUDIO ROJAS JARA

ANEXO N° 5: YO MANEJO

En el siguiente recuadro dibuje el automóvil que más le agrada o el que más


llama su atención o tal vez aquel que le gustaría tener.
Recuerde que esto no es un concurso de dibujo, sino que puede representar a su gusto.

Ahora imagine que en este automóvil debe realizar un viaje hacia el lugar que prefieras
¿a quienes llevarías contigo en este auto?

58
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

ANEXO N° 6: MAPA SOCIAL

Escriba el nombre de las personas que conoces en el círculo que mejor represente tu relación
con ellas, considerando:

1. Personas más cercanas: son aquellas con las cuales puedes compartir tus
pensamientos y sentimientos.

2. Personas de confianza: son aquellas personas con las que puedes hablar
aunque no les hables de todo.

3. Amistades: son aquellas personas con las que te gusta hacer cosas (como salir o
disfrutar de una reunión, por ejemplo), aunque con ellas no compartas cosas
de tu vida personal.

4. Personas conocidas: son aquellas que cuando las ves sientes gusto de saludarlas
pero no tienes mayor contacto con ellas.

59
ANEXO N°7: BALANCE DECISIONAL
CLAUDIO ROJAS JARA

¿Qué gano ¿Qué pierdo ¿Qué gano ¿Qué pierdo


SI DEJO DE CONSUMIR? SI DEJO DE CONSUMIR? SI NO DEJO DE CONSUMIR? SI NO DEJO DE CONSUMIR?
ANEXO N° 7: BALANCE DECISIONAL

60
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

ANEXO N° 8: ESCALA DE DECISIÓN1

¿Qué tan importante es para ti poder cambiar la conducta?

0......1......2......3......4......5......6......7......8......9......10
Nada Extremadamente

¿Qué tanta confianza sientes de que puedas cambiar la conducta si lo decides?

0......1......2......3......4......5......6......7......8......9......10
Nada Extremadamente

1. Utilice las respuestas del usuario a estas escalas para contra-responder usted con frases que favorezcan el
discurso de cambio. Intente reflejar en lo posible los aspectos discursivos de cambio contenidas en las res-
puestas del usuario (Recuerde, por ejemplo, los valores propios de la persona y las justificaciones elaboradas
en su elección).
NOTA IMPORTANTE: Los Precontempladores estarán, regularmente, en la parte más baja de la escala,
entre el 0 y el 3. Entonces puede preguntar: ¿Qué haría falta para que te movieras de un X (un número bajo)
a un Y (un número alto)? Tenga presente que estas evaluaciones numéricas no son fijas, ni son siempre
lineales. La persona pasa al próximo nivel o se queda entre etapas o salta de una parte a otra, en cualquier
dirección y varias veces. Su función, como interventor, es facilitar el movimiento en una dirección positiva
(Miller, 1999).

61
CLAUDIO ROJAS JARA

Referencias bibliográficas
Antón, D. (2006). El concepto drogas: desinformación en sociedades consumidoras periféricas.
Cultura y Drogas, 13, 121-144.
Arbex, C. (2002). Guía de Intervención: Menores y consumo de drogas. Madrid: ADES.
Asociación Americana de Psiquiatría. (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM
5. Arlington: American Psychiatric Publishing.
Becoña, E. (2011). Manual de adicciones para psicólogos especialistas en psicología clínica en forma-
ción. Barcelona: Martín Impresores.
Bermejo, M., Casete, L., Fernández, J., Gradolí, V., Pedrero, E., & Secades, R. (2008). Guía clínica
de intervención psicológica en adicciones. Valencia: Sociedad Científica Española de Estudios
sobre el Alcohol, el Alcoholismo y otras Toxicomanías.
Brau, J. (1970). Historia de las drogas. Barcelona: Bruguera.
Bunton, R., & Coveney, J. (2011). Drug’s pleasures. Critical Public Health, 21(1), 9-23.
Caballero, F. (2006). Las drogas: educación y prevención. Madrid: Editorial Cultural.
CONACE (2009). Modelo de intervención en personas con consumo problemático de sustancias
psicoactivas: manual para el tratamiento de bajo umbral en establecimientos penitenciarios.
Tomo V. Santiago: Ministerio del Interior.
Escohotado, A. (2000). Historia elemental de las drogas. Barcelona: Anagrama.
Fenichel, O. (1986). Teoría psicoanalítica de las neurosis. México D.F.: Editorial Paidós Mexicana.
Fernández, M. (2010). Bebidas alcohólicas en Chile: una historia económica de su fomento y expan-
sión. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
Fernández, M. (2012). Drogas en Chile: mercado, consumo y representación. Santiago: Ediciones
Universidad Alberto Hurtado.
Florenzano, R., McWhirter, P., & Soublette, M. (2002). El modelo transteórico y su aplicación al
tratamiento de adolescentes con problemas de abuso de drogas. Adolescencia Latinoaméri-
ca, 3(2).
Graña, J. (1994). Conductas adictivas: teoría, tratamiento y evaluación. Madrid. Editorial Debate.
Hart, C., Ksir, C., & Ray, O. (2008). Drugs, society and human behavior. New York: McGraw-Hill.
Johnson, B. (1999). Three perspectives on addiction. Journal of the American Psychoanalytic Asso-
ciation, 47(3), 791-815.
Larimer, M., Palmer, R., & Marlatt, A. (1991). Relapse prevention: an overview of Marlatt´s cogni-
tive-behavioral model. Alcohol Research And Health, 23(2), 151-160.
Le Poulichet, S. (1996). Toxicomanías y psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Lizarraga, S., & Ayarra, M. (2001). Entrevista motivacional. Revista Anales, 2(24), 43-53.
López, H. (2007). Las adicciones: sus fundamentos clínicos. Buenos Aires: Lazos.
Lorenzo, P., Ladero, J., Leza, J., & Lizasoain, I. (2003). Drogodependencias: farmacología, patología,
psicología, legislación. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
López, V., Miller, W., & Walker, D. (2008). What is the motivation for change? A scientific analysis.
En McMurran, M. (Ed.) Motivating Offenders to Change. A Guide to Enhancing Engagement
in Therapy. West Sussex, England. Edit. John Wiley & Sons Ltd.

62
PIE MOTIVACIONAL: INTERVENCIÓN BREVE PARA EL CAMBIO EN EL USO PROBLEMÁTICO DE DROGAS

Martínez, D., & Pallarés, J. (2013). De riesgos y placeres: manual para entender las drogas. Lleida:
Milenio.
Méndez, M., Ruiz, A., Prieto, B., Romano, A., Caynas, S., & Prospéro, O. (2010). El cerebro y las
drogas: sus mecanismos neurobiológicos. Salud Mental, 33, 451-456.
Miller, W. (1999). Mejorando la motivación para el cambio en el tratamiento de abuso de sus-
tancias. Serie de protocolo para mejorar el tratamiento, TIP 35. Departamento de Salud y
Servicios Humanos. USA.
Miller, W., & Rollnick, S. (2013). Motivational interviewing: helping people change. New York: Guil-
ford Press.
Miller, W., & Rollnick, S. (1995). What is motivational interviewing? Behavioural and Cognitive
Psychotherapy, 23, 325-334.
Miller, W., & Rollnick, S. (1999). Entrevista motivacional: preparar para el cambio de conductas
adictivas. Buenos Aires: Editorial Paidós.
Miller, W., & Rollnick, S. (2002). Motivational Interviewing: preparing people for change. Second
Edition. New York: The Guilford Press.
Miller, W., & Rollnick, S. (2009). Ten things that motivational interviewing is not. Behavioural and
Cognitive Psychotherapy, 37, 129-140.
Nestler, J., & Malenka, R. (2004). The addicted brain. Scientific American, 290(3), 50-57.
Organización Mundial de la Salud. (1992). CIE-10 Clasificación de los trastornos mentales y del
comportamiento: descripciones clínicas y pautas para el diagnóstico. Madrid: Meditor.
Prochaska, J., Norcross, J., & DiClemente, C. (2006). Changing for good. New York: Collins Living.
Prochaska, J., Norcross, J., & DiClemente, C. (1994). Changing for Good. New York. Avon Books.
Prochaska, J., Norcross, J., & DiClemente, C. (1992). In search of how people change: applications
to addictive behaviors. American Psychologist, 9(40), 1102-1114.
Prochaska, J., & Norcross, J. (2001). Stages of changes. Pshychoterapy, 4(31), 443-448.
Prochascka, J., & Levesque, D. (2004). Enhancing motivation of offenders at each stage of change
and phase of therapy. En McMurran, M. (Ed.) Motivating Offenders to Change. A Guide to
Enhancing Engagement in Therapy. Baffins Lane, Chichester. Edit. John Wiley & Sons Ltd.
Rojas-Jara, C. (2015). Tratamiento para el uso problemático de drogas: conceptos y pilares funda-
mentales de una intervención terapéutica. En C. Rojas-Jara (Ed.). Drogas: conceptos, mira-
das y experiencias (pp. 25-40). Talca: Universidad Católica del Maule.
Rojas-Jara, C., & Rioseco, M. (2016). Convivencia escolar y drogas: la distinción y el análisis de
una relación. En G. Salas, C. Cornejo, P. Morales & E. Saavedra (Eds.), Del pathos al ethos:
líneas y perspectivas en convivencia escolar (pp. 187-200). Talca: Universidad Católica del
Maule.
Rojas-Jara, C., & Muena, E. (2016). Psicología y drogas: alusiones históricas, teóricas y prácticas.
En C. Rojas (Ed.). Drogas: interpretaciones y abordajes desde la psicología (pp. 21-43). Talca:
Universidad Católica del Maule.
Rojas-Jara, C. (2016). Uso de drogas y espacios laborales: la frágil línea divisoria entre lo público y
lo privado. En C. Reynaldos (Ed.). Salud en el trabajo: desafíos del presente y futuro (pp.151-

63
CLAUDIO ROJAS JARA

166). Talca: Universidad Católica del Maule.


Rojas-Jara, C., Ramírez, L., Pinto, C., Concha, C., Chandía, S., Cerda, B., & Apablaza, B. (2017).
Polifarmacia en el adulto mayor y el significado del uso de drogas en la vejez. En I. Fergus-
son & C. Rojas (Eds.) Gerontología: actualizaciones y temas emergentes (pp. 137-157). Talca:
Universidad Católica del Maule.
Schnuer, G. (2013). Pleasure and excess: using Georges Bataille to locate an absent pleasure of
consumption. Addiction Research and Theory, 21(3), 258-268.
Secades, R., García, O., Fernández, J., & Carballo, J. (2007). Fundamentos psicológicos del trata-
miento de las drogodependencias. Papeles del Psicólogo, 28(1), 29-40.
Slapak, S., & Grigoravicius, M. (2006). Consumo de drogas: la construcción de un problema social.
Anuario de Investigaciones UBA, 14, 239-249.

64