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Cuento 1

Había una vez, cerca de las costas de Reino Unido, una casa, muy, pero muy antigua donde
vivían dos niños, Juan y María.
Era día de limpieza, y tocaba ordenar el sótano. Antes de hacerlo María dijo:
-¡No terminaremos nunca!. Este sótano es muy antiguo y no se sabe lo que podrías encontrar aquí.
Juan le respondió:
-No te preocupes. Lo vamos a solucionar, y aunque este muy sucio, ¡vamos a terminar!
-Bueno, dijo María.
Y empezaron a limpiar. Mientras María estaba limpiando uno de los muebles viejos Juan dijo:
-Ven María, mira lo que encontré.
Y María fue a ver qué pasaba.
-Mira María, he encontrado un pergamino que, por lo que se ve, es muy antiguo, dijo Juan.
Este pergamino estaba escrito en un lenguaje raro, que no era conocido en la Tierra. El
pergamino decía así: "...a avell euq ocigam ejasap un otreibucsed la adeuq aniloc al de acrec soña
lim adac"
Los niños pasaban el texto a todas las lenguas pero no descifraban nada, lo único que les quedaba
era voltear el texto desde el final hasta el principio. Juan y María llegaron a la conclusión de que
el pergamino decía:
"Cada mil años cerca de la colina queda al descubierto un pasaje mágico que lleva a..." Los
niños no sabían a dónde llevaba ese camino y consultaron en la biblioteca unos libros de leyendas
para tener más información.
Los niños no pudieron saber a dónde iría a terminar el camino, pero descubrieron que la última
vez que se abrió el camino fue hace mil años y el camino se abriría dentro de un mes exactamente.
Un mes era suficiente para prepararse.
Los niños se habían quedado con ganas de saber a dónde llevaba este pasaje. Ya estaban en
la colina. Y según lo que decían los libros, ya se tendría que haber abierto el camino, pero... el
camino no se abría.
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Cuento 1 El lugar oscuro
En el estado de San Luis Potosi, cerca de Real de Catorce, en una población de no más de mil
habitantes, se había empezado a escuchar el rumor de que no se acercaran a la mina de plata, de la
cual el pueblo entero se beneficiaba, ya que habían encontrado un pasaje al infierno, le decían «El
lugar oscuro».

La mina desde hacía algunos años, había dejado de ser negocio para la multinacional que la
explotaba, y los mineros que quedaron, seguían por su cuenta, con el permiso de la minera, pero
desde que apareció el túnel en el que a lo lejos se escuchaban lamentos, muchas familias habían
dejado la región.

Se decía que era el mismo infierno, lo que se escuchaba en el lugar, El lugar oscuro, que parecía
un túnel que en algún momento un manto de lava había creado, parecía ser obra de la mano del
hombre, entonces los miedos de las personas eran válidos, pero no todos creían en lo que la gente
decía, tal era el caso de dos compadres, que siempre vivían en el alcohol y que se envalentonaron,
y necesitados de dinero, quisieron ir a dicha mina.

Llegando al lugar, parecía que la mina había sido abandonada, todas las herramientas quedaron
en el piso, parecía que las personas habían salido corriendo y ni los utensilios de trabajo se habían
llevado, decía Luis a Julián: mira compadre hasta las herramientas nos dejaron.
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Cuento 3
En la comisaría principal de la pequeña ciudad de Torreroca, a la detective Piñango le llegó la
noticia de una muerte que había conmocionado a gran parte de la ciudad. El obispo de la Basílica
Mayor de la ciudad había muerto en extrañas circunstancias.
El padre Henry era muy querido por la comunidad. Los miembros de ésta destacaban sus
constantes labores altruistas en pro de la población, además de su capacidad para integrar las
distintas creencias del pueblo.
La detective Piñango recibió el informe de la autopsia, que indicó que el padre Henry había
muerto súbitamente, pero que no había indicios de asesinato. Este informe lo firmó la forense
Montejo, reconocida profesional de gran prestigio en Torreroca.
Sin embargo, Piñango desconfiaba.
―¿Qué crees tú, González? ―preguntaba la detective a su compañero de labores.
―En efecto detective, hay algo que suena raro.
Piñango y González acordaron entonces trasladarse hasta la casa parroquial, donde residía el
sacerdote. Aunque no tenían una orden judicial para entrar, los policías se entrometieron en el
hogar.
―¿Qué son todas estas figuras, Piñango? ―preguntó González, incrédulo de lo que veía.
―Sin lugar a dudas, son imágenes budistas. Buda está en todas partes ― contestó.

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Cuento 4
El anciano llegó a la estación del subterráneo y le sorprendió la cantidad de gente que
se encontraba en el andén. -”Será hora pico” -reflexionó, pero sus pensamientos se
interrumpieron ante la llegada de la formación.
El coche estaba lleno y por supuesto, todos los asientos ocupados. Él eligió la zona
reservada para mujeres embarazadas y ancianos. Supuso, equivocadamente, que el joven
que ocupaba dicho asiento, se lo cedería.
Pero el joven estaba profundamente abstraído con su teléfono, tratando de resolver
un juego de ingenio. El anciano se aferró a la manivela colgante y pensó que distinta era la
realidad actual. No se cedían los asientos a mujeres o ancianos, aun en el sitio reservado
para ellos.
Imaginaba una pelea entre los ocupantes de los asientos, para cedérselo a él, mientras
esbozaba una sonrisa, agradeciendo ese gesto. De pronto, una señora mayor lo llamó,
ofreciéndole su asiento. El anciano la miró agradecido por ese gesto, pero no pudo
aceptarlo. Había llegado a destino.

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Cuento 5
En un colegio de una mediana ciudad estudiaba Lolo, un chico muy aplicado al que le
encantaba la robótica. Pasaba su tiempo libre diseñando, modificando y construyendo
robots a partir de sus juguetes viejos.
Como pasaba tanto tiempo enfrascado en sus diseños, apenas salía con sus amigos. En
el recreo del cole se quedaba en una esquina con su libreta anotando todas las ideas que
se le pasaban por la cabeza para próximos proyectos. Algunos niños de su clase se metían
con él y le decían que era raro por no hacer el mismo tipo de cosas que los demás. A Lolo
le daba igual porque le gustaba mucho ese dicho popular de a palabras necias, oídos
sordos. Algunos niños del colegio, viendo que Lolo ni se inmutaba cuando le molestaban,
decidieron cambiar de estrategia. Empezaron a esconderle piezas que usaba para
construir sus robots. En el patio, en la clase o en el gimnasio.
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Cuento 6 Las gemelas
Hace mucho tiempo, en el mundo de la fantasía vivía dos hermanas que eran gemelas
eran iguales por fuera y diferentes por dentro. Una se llamaba Lucía, era buena estudiante
y cariñosa, otra se llamaba Rebeca era baja y perezosa. Lucía siempre sacaba muy buenas
notas y Rebeca siempre cateaba. Un día, Rebeca le hecho un hechizo a Lucía para que se
convirtiera en una araña y en el momento en que está fue a lanzar el hecho mágico, entró
Willy un amigo de ellas dos, el cual conocía la maldad de Rebeca y la envida que esta
sentía hacia la dulce y buena Lucía.
Willy detuvo la mano de Rebeca para que esta no pudiera lanzar el maléfico hechizo,
que a su vez cayó sobre la misma Rebeca convirtiéndose ella misma en una fea y
despreciable araña.
Tanto Lucía como Willy decidieron encerrar a la malvada araña Rebeca en una fría y
oscura jaula donde pudiera pensar y arrepentirse de todo el mal que había causado a su
hermana gemela y a toda la gente que tenía alrededor.

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Cuento 7 El Mago de Oz.
Dorita era una niña que vivía en una granja de Kansas con sus tíos y su perro Totó. Un
día, mientras la niña jugaba con su perro por los alrededores de la casa, nadie se dio
cuenta de que se acercaba un tornado. Cuando Dorita lo vio, intentó correr en dirección a
la casa, pero su tentativa de huida fue en vano. La niña tropezó, se cayó, y acabó siendo
llevada, junto con su perro, por el tornado.
Los tíos vieron desaparecer en cielo a Dorita y a Totó, sin que pudiesen hacer nada
para evitarlo. Dorita y su perro viajaron a través del tornado y aterrizaron en un lugar
totalmente desconocido para ellos.

Allí, encontraron unos extraños personajes y un hada que, respondiendo al deseo de


Dorita de encontrar el camino de vuelta a su casa, les aconsejaron a que fueran visitar al
mago de Oz. Les indicaron el camino de baldosas amarillas, y Dorita y Totó lo siguieron.
En el camino, los dos se cruzaron con un espantapájaros que pedía, incesantemente, un
cerebro. Dorita le invitó a que la acompañara para ver lo que el mago de Oz podría hacer
por él. Y el espantapájaros aceptó. Más tarde, se encontraron a un hombre de hojalata
que, sentado debajo de un árbol, deseaba tener un corazón. Dorita le llamó a que fuera
con ellos a consultar al mago de Oz. Y continuaron en el camino. Algún tiempo después,
Dorita, el espantapájaros y el hombre de hojalata se encontraron a un león rugiendo
débilmente, asustado con los ladridos de Totó.
El león lloraba porque quería ser valiente. Así que todos decidieron seguir el camino
hacia el mago de Oz, con la esperanza de hacer realidad sus deseos. Cuando llegaron al
país de Oz, un guardián les abrió el portón, y finalmente pudieron explicar al mago lo que
deseaban. El mago de Oz les puso una condición: primero tendrían que acabar con
la bruja más cruel de reino, antes de ver solucionados sus problemas. Ellos los aceptaron.

Al salir del castillo de Oz, Dorita y sus amigos pasaron por un campo de amapolas y
ese intenso aroma les hizo caer en un profundo sueño, siendo capturados por unos monos
voladores que venían de parte de la mala bruja. Cuando despertaron y vieron a la bruja, lo
único que se le ocurrió a Dorita fue arrojar un cubo de agua a la cara de la bruja, sin saber
que eso era lo que haría desaparecer a la bruja.

El cuerpo de la bruja se convirtió en un charco de agua, en un pis-pas. Rompiendo así


el hechizo de la bruja, todos pudieron ver como sus deseos eran convertidos en realidad,
excepto Dorita. Totó, como era muy curioso, descubrió que el mago no era sino un
anciano que se escondía tras su figura. El hombre llevaba allí muchos años pero ya quería
marcharse. Para ello había creado un globo mágico. Dorita decidió irse con él. Durante la
peligrosa travesía en globo, su perro se cayó y Dorita saltó tras él para salvarle.

En su caída la niña soñó con todos sus amigos, y oyó cómo el hada le decía:

- Si quieres volver, piensa: “en ningún sitio se está como en casa”.

Y así lo hizo. Cuando despertó, oyó gritar a sus tíos y salió corriendo. ¡Todo había
sido un sueño! Un sueño que ella nunca olvidaría... ni tampoco sus amigos.

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