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​Pedagogía en lengua castellana y comunicaciones

Javiera Fernanda Valle Vidal


V° semestre

El scriptorum en el monasterio medieval


Para comenzar nos podemos preguntar ¿qué se entiende por ​scriptorum​?, según lo
investigado este concepto se define como “lugar para escribir”, habitualmente se utiliza este
término para referirse a las habitaciones de los monasterios de la Europa medieval,
habitaciones en las cuales los escribas monásticos se dedicaban a la copia de manuscritos. Sin
embargo, como podemos ver en la siguiente cita de Lesne (1938):

Pero no es éste el único lugar de ubicación del scriptorum. En el siglo Xl el


scriptorum de San Martín de Tournai estaba instalado en el claustro; allí,
sentados sobre cátedras y apoyándose en tablas adaptadas al tamaño del
material a escribir, trabajaban unos diez o doce monjes.

Siguiendo con la línea, estos salones parecen haber sido poco frecuentes, dado que la mayoría
de las veces en las que se realizaban escrituras monásticas estas se llevaban a cabo dentro de
cubículos existentes dentro de claustros o en celdas pertenecientes a los monjes.

Durante la Edad Media los monasterios se transformaron en el epicentro de cultura. La


existencia de estos era de gran importancia puesto que era equitativo con la cantidad y la
calidad de los libros que se mantenían y se copiaban dentro de su biblioteca por lo que fue
tratado, convertido y valorado como un preciado tesoro, tanto así que quien se robara uno de
estos libros podía ser castigado, torturado e incluso destinado a pagar este acto con muerte,
tal cual como aparece en esta anotación perteneciente a un códice medieval: ​«Si alguno se
lleva este libro, que lo pague con la muerte, que se fría en una sartén, que lo ataquen la
epilepsia y las fiebres; que lo descoyunten en la rueda y lo cuelguen» Cultura Escrita (2008).

En cuanto a la estructura del scriptorum​, ​poco se sabe, sin embargo existe una muestra gráfica
de dónde se situaba este.

“En él puede observarse cómo el scriptorium


se ubica formando bloque con la iglesia, en el
flanco nororiental de la misma, en paralelo a la
sacristía, flanqueando ambos -scriptorium y
sacristía- el coro y la capilla mayor.” Sanz, M.
(1992)
Este se trata de una sala rectangular, más o menos cuadrada, la cual tiene un acceso
proveniente desde el transepto de la iglesia mediante una puerta cercana a la que comunica el
edificio sacro con la residencia del abad. En su interior esta posee cerca de siete pupitres
intercalados entre ventanales, logrando de esa manera una buena iluminación para los
escribas, en el medio de la misma sala una mesa de gran tamaño en donde se encontraban los
materiales y herramientas que los copistas necesitaban.

Quienes se encargaban de reproducir los libros copiandolos en el scriptorum eran los copistas
o más bien llamados monjes, por lo general el copista considerado más experimentado era
capaz de escribir alrededor de dos o tres folios por día, por consiguiente realizar una obra
completa llevaba bastante tiempo, de este modo realizar la copia de un solo ejemplar se
trataba de un trabajo de varios meses. Esto hace referencia sólo al ámbito de la escritura, ya
que los libros también poseían pequeñas ilustraciones en donde los encargados de plasmarlas
eran los llamados iluminadores, los cuales cumplían la función de rellenar los espacios
dejados en blanco por el copista, estampando en aquel espacio dibujos miniatura y diversas
ilustraciones.

Dentro del scriptorum hay ciertas herramientas y elementos necesarios para que el copista
pueda llevar a cabo el proceso de reproducción de los libros, estos son :
-penna (pluma)
-rasorium (raspador)
-atramentum (tinta)
-pigmenta (colores para iluminar)

Para el uso de estas herramientas el copista tenía ciertas técnicas, estas eran sujetar con la
mano derecha la penna y con la mano izquierda el rosarium, el cual servía para corregir los
errores presentes en la escritura y a la vez para alisar las concurrentes anomalías que se
encontraban en los pergaminos. Se dice que gracias al trabajo de estos copistas (muchos de
estos anónimos) la sociedad posee verdaderas joyas y tesoros que han perdurado y perdurarán
durante siglos. Así lo menciona G. Cavallo en uno de sus trabajos sobre las bibliotecas
medievales, específicamente en su artículo “La biblioteca monástica come centro di cultura”:

«Si tenemos en cuenta el patrimonio de manuscritos tardoantiguos y


medievales conservados hoy día, la deuda hacia el monaquismo se nos
manifiesta enorme... Todos estos manuscritos, o mejor dicho libros, nos llevan
a la imagen del monasterio como centro de transcripción, de lectura, de
interpretación de los textos, en suma de cultura y de cultura escrita en
particular».

Las obras reproducidas se destinaban a cuidar todo lo que concierne a la iglesia y al culto, es
por esto que del scriptorium solían salir libros litúrgicos, sin embargo temas como la
gramática, el canto, la música, la métrica, la arquitectura y otras artes también se integraban
en la composición de estas obras, puesto que mediante la conservación de estos se le ofrecía a
los monjes la posibilidad de hablar bien, escribir bien y edificar bien, esto con la intención de
orar y cantar correctamente y de esa forma poder vivir bien, en conformidad con su propio
ideal.
Bibliografía:

Cf. E. LESNE, (1938) c.p Sanz, M. (1992). TIEMPO DE LEER Y ESCRIBIR: EL


'SCRIPTORIUM'. 2018, de Universidad de Oviedo Sitio web:
www.romanicodigital.com/documentos.../C3-4_Clemente%20de%20la%20Serna.pdf

Cultura escrita. ​Blog de aula sobre Etimología y Cultura Escrita (2008). «Los copistas
medievales».
Recuperado de:
http://laculturaescrita.blogspot.com.ar/2008/11/los-copistas-medievales.html.

Cf. G. CAVALLO, «Modelli bibliotecari in occidente e in oriente nel medioevo», Byzantiaka,


11, Thesalónica, 1991, p. 47. Cl`. también del mismo autor, «La biblioteca monástica come
centro di cultura», en Codex Aq

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