Está en la página 1de 8

BIOETICA

¿QUE ES LA BIOETICA?

Según la Enciclopedia de Bioética, ésta se define como "el estudio sistemático de la conducta
humana en el área de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, en cuanto que dicha
conducta es examinada a la luz de los valores y de los principios morales". No se trata de una
ciencia nueva, ya que la ética se ha desarrollado desde la Grecia clásica. Sin embargo, en este siglo,
determinados hitos, a los que van ligados conflictos de valores, han conformando el resurgir de
esta ciencia.En los Estados Unidos, a finales de los años 70 y de la mano de los grandes
bioeticistas, surgen códigos morales que enuncian sistemas de referencia y metodologías. Unos
son deontológicos, es decir, focalizan en los principios éticos, y otros son consecuencialistas, por
tanto únicamente consideran el alcance de tales decisiones.

Los grandes teóricos de la bioética en Estados Unidos, T. Beauchamp y J. Childress, son


reconocidos, fundamentalmente, por haber establecido los cuatro grandes principios que, a su
juicio, son asumibles por todos los seres racionales.

- Principio de No Maleficencia se entiende "no dañar" a las personas. Se relaciona con la


buena práctica clínica ejercida por los profesionales de la salud. Su incumplimiento está
castigado por la ley.
- El Principio de Beneficencia obliga a hacer el bien a otras personas, procurándoles el
mayor beneficio según sus propios deseos. Limita los riesgos y perjuicios que pueden
surgir en el desarrollo de la asistencia sanitaria. Según este principio, en los adultos, no se
permite ejercer un beneficio sin tener en cuenta el consentimiento y los deseos de la
persona. Quienes ejercen este principio son la familia, las asociaciones de usuarios y
familiares, los servicios sociales y los sanitarios.

( Hasta este siglo, ambos principios venían a ser las dos caras de una misma moneda. El juramento
hipocrático exigía a los médicos que buscaran el máximo beneficio del paciente y que le
preservaran del daño. El médico y por extensión todos los sanitarios, en general, eran quienes
sabían lo que era bueno o malo para el paciente, y eran por tanto quienes se consideraban
capacitados para tomar decisiones de salud, aún en contra de la voluntad del paciente, de quien se
esperaba que respondiera poniéndose en manos de su médico y acatando las indicaciones
terapéuticas. Es lo que se conoce como relación paternalista-beneficente.

- El Principio de autonomía implica considerar a todas las personas capaces de


tomar decisiones respecto a la aceptación o rechazo de todo aquello que afecta a su propia vida.
En Sanidad se trata de aceptar o rechazar las medidas diagnósticas, terapéuticas y las alternativas
entre las opciones posibles en cada caso.

- El Principio de Justicia obliga a tratar a todas las personas por igual y no discriminarlas
bajo ningún concepto. Debe ser ejercido por los gestores públicos, los políticos, los jueces
y, en general, se trata de un principio gestionado por el Estado, que debe procurar la
eficacia y la equidad en la distribución de recursos y servicios.

En la toma de decisiones que exige la relación asistencial, estos cuatro principios entran, a veces,
en conflicto tanto entre sí como con las consecuencias de los actos clínicos, por lo que se propone
que deben ser dotados de una jerarquía. Así, la No Maleficencia y la Justicia marcan los

"mínimos éticos" exigibles siempre, incluso por la ley, por lo que se les denomina de "primer
nivel". Sin embargo, la Autonomía y la Beneficencia, que tienen que ver sobre todo con los
proyectos vitales de las personas tendrán que respetarse pero no podrán ser exigibles, por lo que
entrarían en el "segundo nivel".

LOS PRINCIPIOS DE LA BIOETICA EN SALUD MENTAL Y PSICOANALISIS

Si bien los principios que se consideran clásicos de la Bioética (Autonomía, Beneficencia - No


Maleficencia, Justicia, Calidad de Vida), son muchas veces criticados como una visíón anglo-sajona
excesivamente esquemática, pueden servir aquí de punto de apoyo, para algunas reflexiones
relativas a la Salud Mental y el Psicoanálisis. Sin lugar a dudas, los problemas éticos de la clínica y
la investigación exceden, con mucho, estos puntos de partida, y requieren también, de parámetros
pormenorizados y exhaustivos, acordes a la importante complejidad que se encuentra en juego.

La Bioética es el campo (una de las aplicaciones de la ética teórica), que se crea respecto de lo
dilemático de una decisión o conclusión en determinada situación clínica, o del campo de la
investigación en salud. Cuando lo dilemático se presenta, se presentan varias respuestas posibles,
y ninguna adquiere una determinada prioridad sobre las otras. "El dilema es una proposición
disyuntiva en la que se afirman igualmente sus dos miembros, cuando hay tres posibilidades se
hable de trilema, en cuatro cuatrilema, etc. El principio es el mismo: no hay una síntesis. El dilema
es un problema, donde cualquier solución posible constituye un nuevo problerna.

La concepción del cuerpo como una máquina que se descompone termina revelándose como una
falsedad. Es el intento de producir una determinación artificial y forzada, para obtener un
resultado mensurable. Por supuesto el resultado suele no ser el esperado, y la creencia en la
máquina revela su inconsistencia. La multideterminación biológica, social, familiar, religiosa,
filosófica, etc., del cuerpo no admite síntesis alguna. La medicalización de la vida hace de la cura
del cuerpo una obligación, y transforma a los que se ocupan de atender la salud en "aliviadores"
del dolor físico; desconociendo la enorme complejidad de la existencia humana. Se omite que la
dimensión del dolor es, sin duda, mucho más amplia que la manifestación neurológica del daño del
cuerpo (sin desconocer las consecuencias, que pueden ser masivas, de dicho dolor físico).

El cuerpo aparentemente sano (o lo que se reconoce como sano) es mudo, no produce molestias,
no provoca síntomas, crea una cierta ilusión de inmortalidad. Es lo que Hans Gadamer ha llamado
el "estado oculto de la salud"; un estado opuesto al cuerpo declarado como enferrmo, que genera
malestar, incomodidad, ruptura de la sensación ilusoria de libertad y de posibilidad. La demanda
explícita que se le efectúa al médico, como concepción cultural imperante, es la de restablecer un
orden natural "sano") desconociendo de ese modo que la intervención médica es siempre
forzosamente artificial. El dolor del cuerpo es un signo inexacto del malestar deJ cuerpo) y siempre
está atravesado por la dimensión inalienable de la valoración de lo propio. No se puede pedir
objetividad allí. El valor positivo de la enfermedad es lo que, eventualmente, el la puede enseñarle
al sujeto de sí mismo.

Lo que caracteriza a lo humano como tal es lo irrepetible de cada uno, lo único de la forma de vida
propia, creencias, modos de soportar y sostener la existencia.

No puede haber ética general, sino solamente una ética de verdades singulares, luego entonces,
una ética relativa a una situación. La ética definida así es la ética de la coyunmra del dilema ético,
que contempla a cada situación en su irrepetibilidad, que por lo tanto, no puede proferir normas
morales para todos por igual, que siempre en algún momento (por más buenas intenciones que se
detenten), terminan siendo autoritarias.

Por estas razones, puede afirmarse que "hay ética donde hay elección", la elección siempre
reconoce un marco, un límite de posibilidades, pero en ese marco (por mas amplio o limitado que
sea), es obligado ocupar una posícíón, definir un lugar, del que se es responsable. También se
debe destacar que dicha elección, para ser auténtica, no debe ser completamente determinada
por ningún credo religioso, o dogma ideológico establecido, la elección particular puede tener sus
referencias, pero se ubica siempre más allá de las convicciones compartidas.

Se trata de hacerse cargo del acto, y de sus consecuencias. Dichas consecuencias no están
predeterminadas, derivan del acto que las produjo, pero no pueden conocerse en su totalidad, ni
siquiera anticiparse. El acto supone hacerse cargo de la incertidumbre de las consecuencias,
soportar lo impredecible. Esto no implica que, a posteriori, no se deba intervenir sobre estas
consecuencias (de todas maneras eso es, sín dudas, un modo de hacerse cargo).

Y se debe explicitar aquí que se trata en verdad de un doble juicio ético: un primer juicio que se
produce sobre una acción determinada, y un segundo juicio, ineludible, sobre la posición de quién
la ha perpetrado. Hay que establecer aquí una diferencia sustancial entre el clínico propiamente
dicho: aquel que compromete en su acto una escucha y una decisión, de la que se hace
responsable luego; del técnico burócrata que se basa en tildar ítems para administrar una técnica,
técnica de la que es mero ejecutor, y de la que por lo tanto, no se hace responsable. La práctica
clínica de la salud se presenta siempre en algún momento inconsistente, y no necesariamente por
faltas en el saber.

Esto se debe a que es una praxis en la que enconrramos inevitablemente situaciones que rondan
el terreno del equívoco, de la paradoja de las buenas intenciones, de las ambigüedades relativas a
"querer el bien" ... , donde las fórmulas y recetas fracasan, o se muestran ineficaces de dar cuenta
de la totalidad de las variables.

Los Comités de Bioética, y la Bioética en general, no tienen por objetivo construir normas morales,
ni procedimientos estándares en materia de moral, sino ampliar las posibilidades en casos
particulares, que presentan cruces discursivos conflictivos. Los Comités de Bioética no son
Tribunales de Ética. En la Bioética no hay objetividad, lo que no significa arbitrariedad del
pensamiento. El Comité de Bioética no es el lugar de la asociación libre, es el lugar del fundamento
de lo que se sostiene como posición ética del evento dilemático.

El empuje a lo jurídico

Como efecto de la proliferación de los juicios de mala praxis, que se constituyen en parte como
respuesta a la omnipotencia de la medicina tradicional, y en parte a una "industria del juicio", que
vislumbra la posibilidad de un mercado del juicio profesional (donde no se calculan las
consecuencias que dicha práctica podría tener en el ejercicio profesional mismo), surge como
efecto una desconfianza mutua que genera la susceptibilidad de encontrar en el otro de la díada
profesional-paciente, un enemigo potencial.

Si bien este es un riesgo extendido, no por ello debe pasar desapercibido en el funcionamiento de
los Comités de Bioética, donde muchas veces el recurso a la forma obtura la posibilidad de un
verdadero debate, o sea una discusión que no desmienta la transferencia que se instala
inevitablemente en la relación entre el que busca un alivio a su malestar, y aquel que propone un
tratamiento para ese malestar. Cuando en la práctica del Derecho se dice "dar a cada uno lo suyo",
¿quíén decide esto en los conflictos que implican la posición subjetiva de cada uno? ¿Quién puede
leer las transferencias cruzadas que ocurren habitualmente en la clínica?

La responsabilidad

Cuando nos referimos a la responsabilidad, debemos discernir con precisión si se trata de la


responsabilidad Jurídica, Social, o Subjetiva. En los tres casos se trata de dar respuestas, la palabra
responsabilidad remite a esto: dar respuesta. Se reconoce como responsable a aquel que puede
dar una respuesta. En el campo jurídico la respuesta es obligatoria, nadie puede aducir desconocer
la ley que rige para todos, justamente por eso son muchas veces difíciles de detectar los límites y
los alcances de la ley, concluyente en tanto predicación general, en ocasiones equívoca en su
aplicación, razón por la cual la ley debe ser interpretada por aquellos que la aplican. En el caso de
la responsabilidad social, la obligación compulsiva se diluye, y compete aquí a la interpretación de
cada uno, que se rige por los valores y condiciones de cada quién. Valores que necesitan
inscripción y reconocimiento social, pero que también reconfortan íntimamente al ser realizados.
La responsabilidad subjetiva, en cambio, esta sostenida por el sentimiento inconsciente de culpa (,
y es lo que permite que la responsabilidad jurídica y la responsabilidad social tengan eficacia. El
sentimiento inconsciente de culpa es lo que permite que el castigo tenga alguna razón de ser.
Sabemos que inoperante es cualquier forma de castigo (penal, religioso, moral, etc.,) cuando el
sentimiento de culpa no participa de la dimensión punitiva. Pero resulta paradójico que la
satisfacción pulsional suponga una insatisfacción simultánea: el concepto de goce, como
superposición del placer y el displacer, resulta indispensable para considerar desde una
perspectiva no normatizante los dilemas bioéticos.

La paradoja es que el sentimiento de culpa es lo que produce también su propio padecimiento,


desde la Neurosis hasta la Melancolía. Es el responsable de la patología de la responsabilidad ética
El sentimiento inconsciente de culpa es el fundamento mismo del lazo social.

No hay deseo en soledad, y no hay deseo sin consecuencias para los otros. La responsabilidad
subjetiva es soportar las consecuencias que devíenen de la propia posición deseante, soportar los
efectos del deseo. No se trata, por cierto, que exista una habilitación para hacer cualquier cosa (al
modo de una libertad ingenua), sino de las consecuencias que implica la relación deseante con los
otros. El sujeto, a través de un psicoanálisis, se hará responsable de su goce, implicado en su
posición de deseo. Y se trata, también, de desplegar un deseo sin el lastre de la culpa.

De ahí lo que señala Lacan: "De nuestra posición de sujetos, somos siempre responsables".

Las soluciones de la Bioética son soluciones parciales, coyunturales, que apuntan a tomar en
cuenta la singularidad del deseo de un sujeto, que eventualmente atraviesa su posición de
paciente de un compromiso en su salud. Todo su recorrido en tanto paciente está atravesado por
su posición subjetiva.

¿Calidad de vida?

El concepto de calidad de vida conlleva una serie de controversias. En principio, lo que se trata de
rescatar es que no se trata de conservar la vida de cualquier modo.

El derecho a una' "segunda opinión debe ser preservado por los profesionales y por los pacientes.
Es un modo de impedir (en alguna medida), el cierre de la dimensión subjetiva por el recurso a la
autoridad.

La calidad de vida de unos se ve afectada por las decisiones de otros, en una trama donde no
puede haber neutralidad. Otra vez aquí no se trata del ideal de la "justa medida", ni del "justo
equilibrio": lo que está en juego es la preservación de la condición subjetiva de cada uno, de lo
irrepetible que hace a la condición humana como tal. Estos son los elementos a evaluar al evitar
culpabilizar a las familias de los pacientes, y al tomar decisiones relativas a externaciones,
internaciones, decisiones que siempre implican cambios relevantes en la vida de las personas. El
Ideal terapéutico puede adoptar muchas veces posiciones moralizantes por la vía de la piedad o
la lastima. Ningún paciente necesita de la conmiseración de un semejante, que en ese acto se
ubica en un lugar de superioridad.
Acampañar significa también incluir la muerte como un acontecimiento de la vida. Y que cada uno
pueda acceder a su propia muerte, la que es un reflejo una resonancia, de aquello que hubo en su
vida.

El fácil y adecuado acceso a los tratamientos para preservar la salud no es una obligación, ni
tampoco un imperat1vo cultural. En todo caso es un derecho que no puede desconocer la
condicion humana donde se establece.

ÉTICA Y PRÁCTICAS EN SALUD MENTAL

En la modernidad, para dar respuesta a la problemática de la locura, se instituyó el modelo asilar-


manicomial en el que en nombre de la cura “científica” se habilitaba la forma más radical de
destitución subjetiva y construcción de un estado de excepción de derechos. Este modelo
comenzó a ser cuestionado a mediados del siglo XX, cuando la confluencia de políticas sociales
universales de los estados de bienestar, la expansión de idearios de derechos en la posguerra y la
aparición de recursos médico-farmacológicos con capacidad de mitigar las sintomatologías, dieron
lugar al nacimiento de las políticas en salud mental en los países “centrales” (Galende, 1990). Más
allá de las diferencias entre ellas, estas políticas coincidían en la meta de terminar con las
internaciones prolongadas o indefinidas y abordar las problemáticas psiquiátricas severas de
manera ambulatoria, desde una perspectiva comunitaria. Alrededor de esta meta confluían desde
propuestas modernizantes que mantenían representaciones anteriores, hasta propuestas
radicales que cuestionaban de base la psiquiatría misma y deconstruían sus postulados (Stolkiner
y Garbus, 2009).

Sin embargo se omitía una de sus interpretaciones más potentes: aquella que la consideraba una
nueva estrategia rectora de los sistemas de salud, que tenía entre algunos de sus postulados la
cobertura universal, la articulación interdisciplinaria e intersectorial, los recursos adecuados y no
convencionales, la participación de la sociedad en las decisiones y acciones en salud y la
responsabilidad de pueblos y gobiernos; tendía así a considerar las prácticas en salud en
dimensiones mucho más amplias que los modelos y formas convencionales del sistema de
atención vigente.

Desde la psicología interesa indagar la dimensión subjetiva singular de estas prácticas. Los
derechos humanos son un producto de la modernidad se trata de un constructo paradójico es
decir una creación implícita en una filosofía antropológica e implica una concepción de sujeto en
cuya constitución se reflejan las condiciones de poder que las produjo. Es así que conlleva
exclusiones esta subjetividad, así concebida en la esfera de la ética, es catapultada al universo
jurídico.

La suspensión de la Norma no significa su abolición y la zona de anomia que ellos instaurado está
totalmente escindida del orden jurídico.
El significado inmediatamente biopolitico del estado de excepción como estructura original en la
cual el derecho incluye en sí al viviente a través de su propia suspensión, la suspensión de
derechos resultó paradigmatica respecto de los locos pero también fue aplicada a mujeres niños y
otro tipo de sujetos en los estados liberales clásicos.

Nunca como en esta época ha sido tan notable la tendencia a la objetivación del otro y
simultáneamente nunca la humanidad ha producido tal cantidad de formulación de derechos de
bases conceptuales para la constitución de un sujeto de derecho.

Suponemos que en la tensión generada entre la expansión de la idea de derechos y su anulación se


manifiesta un antagonismo central de nuestra época el planteado entre objetivación y
subjetivación el término objetivación es utilizado aquí como equivalente a cosificacion a la
renegación de la dimensión de persona.

En todos los casos la ética entendida como reflexión sobre el reconocimiento del otro como sujeto,
y por ende de su autonomía debe ser llamada a formar parte de las propuestas de reforma de las
practicas en salud mental. Las reformas deben ser procesos éticos políticos y no sólo técnicos. Al
reconocerlas como procesos sociales complejos, Paulo amarante define en la atención psicosocial
distintas dimensiones teórico conceptual , jurídico política, técnico asistencial, y sociocultural.

En los textos y elaboraciones sobre los procesos de reforma psiquiátrica coexisten dos discursos
uno de ellos declaró corte tecnocrático propone una modernización de la asistencia en la que se
reemplazan establecimientos de internación prolongada por re- inserciones centradas en el
esfuerzo de los grupos familiares y el trabajo voluntario. En este sentido lo comunitario es un
recurso que acompaña el seguimiento del paciente cuyo tratamiento reconoce un eje central en la
psicofarmacologia y las actividades psicoeducativas conjuntamente con la preparación de la
familia para convivir con la enfermedad.

El trabajo de revertir lo manicomial excede el cierre de establecimientos interpela como


analizador al sistema de salud en su conjunto y la capacidad inclusiva de la sociedad. Es de
considerar también que una inclusión parcial puede transformarse en la peor de las exclusiones de
un grupo social.

El otro eje central está puesto en la restitución de la condición de sujeto de derecho de los
pacientes coincide con la APS desarrollada con un enfoque de salud y derechos humanos en esta
orientación las propuestas sin dejar de tener componentes técnicos son procesos de planeamiento
estratégico en los que se ponen en juego los actores del campo y en dónde se convoca un enfoque
de abordaje centrado en la persona recuperando el sentido jurídico.

CONSENTIMIENTO INFORMADO

Sobre consentimiento informado, se trata de consentir: un tratamiento del consentimiento.


Desde el psicoanálisis hay que proponer el tratamiento de los padecimientos sufridos resulta de
interés promover las apuestas a elecciones de vida.

Una vida la de cada uno está constituida por el conjunto de decisiones que se han tomado.

Así cada decisión qué se toma forma y se construye un nuevo espacio en el cual vivir. Cada vez que
se decide se toca un límite y se abre. el límite no es un punto de llegada se construye paso a paso
salto a salto. cada decisión es un salto en el que se constituye el sujeto y se transforma, decidir es
responder la decisión coincide con el hacer es realizar.

¿Porque se informa? La información no alcanza el nivel de la angustia respecto de una


intervención quirúrgica o en el diagnóstico por imágenes hay un residuo de desanudamiento
respecto de lo cual la información no la va a poder resolver nunca.

La información puede ser una descarga de responsabilidad sobre el paciente que tampoco está en
condiciones de asumir como propia la enfermedad. no se puede tratar el tema de la información
ignorando la situación del paciente.

el consentimiento está en relación a lo que el paciente puede asumir como propio y no de lo ajeno
recordemos que en principio la enfermedad es ajena.

Respecto del consentimiento informado se trata de otro saber que no es del orden del
conocimiento sino que es saber sobre el sujeto. Respecto del consentimiento hay una distancia
muy grande entre los informativos y el consentimiento. tengamos en cuenta que el
consentimiento es inconsciente el consentimiento no es el yo acepto hay aceptaciones formales el
estatuto el consentimiento no es sin consecuencias respecto de los rechazos en las operaciones
por ejemplo.

El paciente toma lo que se da no queda el que interviene cómo presencia como autorización. se
trata de un encuentro entre el don y acto el don es lo que se da se suelta genera espacio el
consentimiento es un acto genera espacio.