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Le Grand, Catherine.

“El conflicto de las bananeras”, en: Nueva Historia de


Colombia, Vol. III, Bogotá, Planeta, 1989, pp. 183-218.

Juan Esteban Builes; Andrés González Restrepo; Ciomara Martínez Arroyo.

Las primeras décadas del siglo XX en Colombia representan un escenario de

agitación política y transformación social. El ingreso de algunas regiones del país al

mercado internacional marcará un camino de disputas que se irán desarrollando

desde finales del siglo XIX que concluirá en 1930 con la caída de los conservadores

del poder.

En el trabajo El conflicto de las bananeras, publicado en el libro “Nueva historia de

Colombia” LeGrand busca explicar las primeras décadas del siglo XX en Colombia,

con especial énfasis en la década del 20, a raíz de las tensiones políticas y

económicas en torno al avance de la United Fruit Company y su enclave bananero

en la costa atlántica. El Trabajo de la historiadora norteamericana

Inclusión de otros sectores en la huelga: comerciantes, pequeños cultivadores

"El conflicto de Las bananeras" de Catherine Legrand analiza y expone la realidad

de la costa atlántica durante las primeras décadas del siglo XX al entrar en contacto

con la multinacional estadounidense United Fruit Company que se encontraba

esparcida por todo el caribe y ostentaba el monopolio del banano, y de un poder

tanto económico como político en sus zonas de enclave que tuvo a su completa

disposición los recursos naturales, las fuerzas militares y puestos gubernamentales

que requiriera para su empresa multimillonaria, ejerciendo un peso en la nación

residente carente de resistencia. Estas repúblicas bananeras que percibían la

consolidación del poder estadounidense dentro de su propio estado (por medio no


solo de la United fruit company, sino de muchas otras multinacionales en busca de

materias primas que satisficiera la demanda del mercado internacional) poco

pudieron hacer contra el poderío económico que representaba Estados Unidos, más

aún después de la primera guerra mundial en la cual estuvo envuelto únicamente

en la venta de armas al Bando aliado hasta 1917, con el hundimiento del barco

Lusitania. En el caso Colombiano la presión que representaba Estados Unidos era

mayor por las heridas en la figura nacional, aún sin cicatrizar que dejó la toma y

posterior separación de Panamá del territorio nacional, y el control del medio natural

como económico de las multinacionales en el país no tenía ningún control de parte

del estado conservador que se negaba a aceptar el cambio social y mucho menos

a una clase obrera que reclamaba sus derechos por medio de protestas y huelgas,

y no sólo eso sino también una participación política que los conservadores tildaron

de comunista y criminal que amenazaba tanto al estado como a sus habitantes.

La posición económica de la población en el Magdalena y en específico en Ciénaga

dependía casi en su totalidad de la multinacional que allí se había instalado, su

crecimiento se debió a los obreros y a los cultivadores y la circulación de capital que

estos producían, es lógico que al verse afectado este flujo de capital por medio de

las políticas tomadas por la compañía como la paga en vales para el uso en tiendas

de la misma compañía o la monopolización de todo el territorio cultivable para así

controlar la oferta y por consiguiente la demanda, acarreó una fuerte oposición de

todos los sectores sociales que componían el complejo ecosistema regional,

uniéndose en una sola masa que pese a tener diferencias regionales o de clase

tenían en común el disgusto hacia la compañía. La posición de la compañía en


cambio era completamente pétrea ante las demandas de la coalición poblacional

que componían los obreros, el campesinado, los colonos, los comerciantes y los

cultivadores, la razón de esta inflexible postura ante el movimiento era el ámbito

internacional de la compañía que no veía en la huelga una inconformidad de la

sociedad sino una pérdida monetaria que debía ser atendida como una enfermedad,

aún si para ello debiera eliminarse por la fuerza.