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Resumen de la paráfrasis del texto transcrito “Ignaz Semmelweis y su

investigación de la etiología en la fiebre puerperal”


Autor: Luis Alonso Altamirano Barbosa
El propósito de la presente paráfrasis de la lectura de la “Etiología de la fiebre
puerperal de I. Semmelweis” es que como estudiantes de ingeniería mecánica
conozcamos diversos ejemplos de métodos de investigación y experimentación,
para los problemas que podremos llegar a enfrentarnos a lo largo de nuestra vida
académica y profesional.
A pesar de que esta lectura parece estar destinada solo al área de ciencias de la
salud el hecho de que se decidiera implementar en nuestra área de ciencias
básicas e ingenierías, se debe probablemente a que se considera necesario que
sepamos cómo I. Semmelweis se enfrentó a la problemática de la fiebre puerperal
durante el periodo posterior a 1844 como un ejemplo de metodología para abordar
casos de investigación.

Porcentaje de muertes de la fi ebre puerperal 1844-1846 hospital de viena


Sala 1 Sala 2
11.40%
8.20%

6.80%

3%
2%

2%

1844 1845 1846

Como se puede apreciar en las gráficas anteriores los niveles de muerte en las
salas de maternidad del mismo hospital diferían bastante llegando a ser hasta
cuatro veces mayor en la primera sala con relación con la segunda. Para darle una
explicación a esto, desde el año 1844 se comenzaron a analizar diversos factores
como causas del mal; por ejemplo, cambios atmosféricos o epidemias que, al
estar presentes en la zona, afectaban a las mujeres en labor de parto del hospital.
Pero esto no explicaba porque se veían afectadas mayormente las pacientes de la
Primera división en relación con las de la Segunda.
Otro hecho que ponía en duda la esto fue el caso de las madres que daban a luz
camino al hospital, pues a pesar de las condiciones de higiene que hay en la vía
pública, los casos de fiebre puerperal entre estas mujeres eran menores que en la
primera división.
También se planteó que la sobrepoblación en las salas de maternidad, lo cual se
desestimó rápidamente, ya que esas condiciones eran mayores en la segunda
división. De igual forma se rechazaron las explicaciones basadas en el tipo de
atención y dietas, ya que eran los mismos en ambas.
Una comisión llegó a la conclusión en el año de 1846 que el padecimiento en
cuestión se debía a que los cuidados que se sometían las pacientes durante la
examinación eran demasiado violentos, pues se las practicaban los estudiantes de
medicina asignados a la primera división y capacitados en la misma.
Ante esta explicación –afirmó Semmelweis- cabe establecer las siguientes
objeciones: las lesiones provocadas por el parto eran mucho mayores que las que
por la examinación aun cuando esta sea –violenta-; en segundo lugar, los
estudiantes y matronas de la segunda división lo hacían de igual forma que los de
la primera; finalmente a partir del informe de la comisión el número de estudiantes
fue reducido a la mitad, y se minimizo la examinación de las pacientes por parte
de los estudiantes.
Después de una pequeña baja, el índice de mortalidad se elevó más. Ante esto se
vieron otros ámbitos como el psicólogo, se afirmaba que la presencia del
sacerdote del hospital, el cual se encargaba de dar el último sacramento a las
mujeres agonizantes de la primera división, generaba una imagen desmotivante
en las parturientas, pues este hacia un recorrido por toda la sala. Este problema
no se encontraba en la segunda división, donde el sacerdote podía pasar
directamente a la sala de enfermas desahuciadas. Sin embargo, aun después de
que tomara otra ruta, no hubo ningún cambio en la mortalidad.
Se optó también por adoptar la postura en la cual yacían las pacientes de la
segunda sala también en la primera, pero una vez más no hubo cambios en la
mortalidad de la fiebre puerperal.
Finalmente, para los inicios del año 1847, un colega de Semmelweis, llamado
Kolletschka, se hirió un dedo con el bisturí de un estudiante mientras se le
realizaba un examen anatómico de un cadáver. Poco después de este suceso
Kolletschka murió mostrando los mismos síntomas que se observan en las
pacientes de la fiebre puerperal.
A partir de esto, Semmelweis dedujo que la materia con la que se encontraba
contaminada el bisturí, en este caso materia cadavérica, que al introducirse dentro
del organismo de su colega por el bisturí del estudiante fue la causa de su
padecimiento y muerte. Siguiendo este planteamiento se llegó a la conjetura que
las pacientes parturientas que habían muerto de dicho mal fueron víctimas de un
envenenamiento sanguíneo similar; Esta suposición se confirmó al percatarse que
el personal médico que atendía a las parturientas lo hacían después de acudir a
las decepciones en la sala de autopsias. Y de haberse lavado las manos de
manera muy superficial, lo cual los convertía en portadores del material infeccioso.
Para someter a prueba esta hipótesis se le pidió a todo el personal que se lavara
las manos perfectamente, desinfectándose antes de cualquier examen. Gracias a
que se adoptaron estas medidas la mortalidad mostro un pronto descenso y, para
1848, obtuvo un amplio descenso siendo solo de 1.27% en la primera división y de
1.33% en la segunda.
Por último, algunas otras experiencias apoyaron esta explicación, por ejemplo, las
mujeres que daban a luz en la calle pocas veces eran sometidas a la examinación
previa, las comadronas de la segunda división no llevaban durante su
entrenamiento prácticas de disección, por ello no eran portadoras del mal
infeccioso.
Posteriores experiencias personales en el hospital llevaron a Semmelweis a
ampliar su hipótesis. En una ocasión, por ejemplo, él y sus colaboradores,
después de haberse desinfectado las manos, examinaron a una primera
parturienta aquejada de cáncer cervical ulcerado; procedieron a examinar a otras
doce mujeres de la misma sala, después de un lavado rutinario. Dando como
resultado que 11 de las 12 mujeres fallecieron de fiebre puerperal. Con esto llegó
a la conclusión de que la fiebre puerperal podía ser producida por materia pútrida
y no solo por la materia cadavérica.
Referencias

Gómez-Romero, J. (1983). El método experimental. México: Harla, Harper & Row


Latinoamericana.