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En qué sentido se puede decir que el caso conocido como el “baguazo” fue un problema

de justicia política

El caso conocido como el “baguazo” representa más que un choque cultural, entre la
perspectiva nativa y la “civilizada”, una muestra del retraso ideológico del Estado peruano
para comprender la dinámica de la diversidad cultural que absorbe al país. Asimismo, “el
paradigma tradición/ modernidad, que dominó la sociedad del pasado siglo, ha dado paso,
en los comienzos del siglo XXI, al paradigma homogeneidad/ diversidad, que sirve como
marco de referencia explicativo para la mayoría de los conflictos que se producen en
nuestros días.” (Zapata-Barrero, 2009, p. 93). Es así que los primeros años del siglo XXI
se entienden como el tránsito de un paradigma a otro, lo que deviene en conflictos entre
las dos perspectivas. De este modo, se visibiliza en el “baguazo” las intenciones de
homogenizar a la población peruana y la respuesta, frente a esta homogenización, de la
diversidad. Sin embargo, estos hechos se sustentan o enfrentan a las leyes del país en el
que ocurren, por tanto el problema radica en la concepción de justicia política basada en
la igualdad o la diversidad.

La idea de nación, proveniente de la consolidación de los estados modernos entre los


siglos XVI y XVII, pretende alcanzar un concepto de ciudadanía igualitaria en la que cada
persona sea capaz de tener acceso al sistema político del país en que reside y dispone de
los mismos derechos que otros. De este modo, el carácter universal del concepto de
ciudadano despersonaliza a la persona, la transforma en pura abstracción prescindiendo
de su carácter histórico. Es precisamente esta idea de ciudadano la que utiliza el gobierno
peruano en la implementación de políticas económicas respecto a Bagua. La presencia de
la minera Afrodita significa un avance hacia el progreso económico que observa a los
pobladores como una gran unidad. Sin embargo, en el Perú existen diferentes culturas que
se encuentran en constante contacto generando a partir de ese contacto nuevos elementos
culturales o superponiendo la superioridad de una cultura frente a otra. Por ello, la ilusión
de nación no es enteramente aplicable al país, pues la empresa de unificar a los ciudadanos
bajo un mismo matiz, elimina el carácter humano de la posibilidad que le permite pensarse
a sí mismo de muchas formas.

Frente a la diversidad cultural peruana la concepción homogeneizadora falla. Los diversos


grupos sociales se desenvuelven bajo la identidad nacional peruana y bajo la identidad de
un grupo más reducido, es decir, la pertenencia a una provincia, un distrito, una
urbanización, entre otros. Es por ello que el conflicto sucedido en Bagua radica en la
identidad, que se traduce parcialmente en la pertenencia a un grupo, y en la lealtad hacia
dicha identidad. Asimismo, según Rychard Rorty (1998), la justicia se entiende como
lealtad ampliada, es decir, la integración de la persona a un grupo social más amplio que
al de las personas con las que convive diariamente, logrado así, una cierta identificación
con el otro. Por tanto, la permanencia de la diversidad culturar se ajusta al modelo de
lealtad propuesto por Rorty, puesto que cada grupo busca su subsistencia. Además, ello
se visibiliza más fuertemente en conflictos sociales como el “Baguazo”.