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Cristian Daniel Meneses Ramírez 20182020071

CAMBIO DE HOMBRE A MÁQUINA


SENTIMIENTOS Y EMOCIONES VS PENSAR DE FORMA
RACIONAL

En el principio, el hombre sólo tenía tres preocupaciones: comer, reproducirse y no


ser devorado por una bestia; cabe aclarar que hablamos del hombre de la caverna.
Poco a poco, en realidad muchísimos siglos más tarde, el hombre comienza a
preguntarse a cerca de su origen y es aquí el punto que rompe el esquema que traía
el hombre cavernícola. El hombre piensa “no sólo son mis huesos y mi carne, mi
crecimiento y mi muerte física sino todo el conjunto de mis deseos, esperanzas,
temores y emociones, ciegas, eternas y fatales.”, como lo plantea el autor en el
texto. Ahora bien, más adelante poco a poco vemos el hombre que se preocupa no
por su origen sino por su existencia, por evolucionar y por llegar más lejos que
cualquier otro y después el cómo hacer su vida “más fácil” con la creación de la
máquina. Es de este punto en el que surge la pregunta: ¿Qué le es de mayor
beneficio al hombre moderno, es acaso el fijarse en su pasado su mayor prioridad,
es su futuro o intentar mejorar su forma actual de vida?

El planteamiento de estudiar el pasado, suena bastante atractivo, como bien es


dicho: “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, pero qué
hay más allá de eso, cuando el hombre conozca su historia, ¿cuál es el siguiente
paso? Aquí también trata su origen. Grandes científicos, filósofos y pensadores
debatían la existencia de un ser supremo al decir que el mundo era demasiado
perfecto y que tendría que existir algo supremo para que pudiera componer una
máquina de tal perfección. Como comenta el autor, “Ni Kepler, ni Galileo, ni Newton,
ni Maupertuis dejaron de creer esa hipótesis. Antes, por el contrario, consideraron
que ese admirable orden matemático implicaba la existencia de un ser supremo que
lo hubiese impuesto, de un sublime ingeniero que hubiese organizado y puesto en
marcha la formidable Máquina.”

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Cristian Daniel Meneses Ramírez 20182020071

Al hombre le fue bastante útil el pensar en sus orígenes, el fijarse en su pasado e


intentar entender de dónde venía le hizo plantearse ciencias que hoy en día son
llamadas puras como matemática, química o física pero también el plano astral, el
cómo los movimientos de los planetas afectan a todo el ecosistema y a los mismos.
Lastimosamente el hombre empezó a perder el hambre de investigar esto, empezó
a aceptar lo que una religión le imponía, el hombre empezó a parecerse al ganado:
con los ojos vendados. sin saber que van para el matadero y sin poder (o querer)
elegir al respecto. El hombre empezó a perder su vanidad, el amor propio y
sentimientos o pasiones, todo lo racional se elimina y cae en la época del
oscurantismo.

Mucho tiempo más adelante y luego de muchos asesinatos de hombres que querían
quitarse esa venda, tal y como en el mito de la caverna, los demás no querían
quitarse la venda y lo tildaban de loco, extraño o ser de mal; pero afortunadamente
llega la época que más adelante se llamará la época de la iluminación, una época
en la que el hombre verdaderamente pensante podía vivir tranquilo, exento de
emociones, bajo el único impulso del intelecto, o eso se creía, “la ciencia se había
convertido en una nueva magia y el hombre de la calle creía tanto más en ella cuanto
menos iba comprendiéndola”, nos comenta el autor, y es así como la religión pasa
a un segundo plano, al menos por un tiempo, el tiempo en el que el hombre ve la
necesidad de hacer su vida más fácil, al fin y al cabo, los primeros que comenzaron
a dudar de la ciencia fueron los matemáticos y físicos, cuando todo el mundo
comenzaba a tener fe ciega en el conocimiento científico, sus más avanzados
pioneros empezaban a dudar de esta.

Todos creían que la creación de la máquina iba a ser la mejoría radical para el
hombre, sin saber que sería su mayor perdición. Antes, cuando se sentía hambre
se echaba una mirada al reloj para saber qué hora era; ahora se lo consulta para
saber si tenemos hambre. Los teóricos del maquinismo sostuvieron que la máquina,
al liberar al hombre de las tareas manuales, dejaría más tiempo libre para las
actividades del espíritu. En la práctica las cosas resultaron al revés y cada día

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disponemos de menos tiempo, cada segundo, cada movimiento del operario, iba
siendo aprovechado al máximo y el hombre finalmente quedó convertido en un
engranaje más de una gran máquina.

En conclusión, la problemática del hombre moderno no está en no saber qué rumbo


tomar, el problema está en que nuestro lenguaje cotidiano se ha formado bajo la
presión del mundo cotidiano: seres humanos, muebles, vehículos, emociones,
libros, enfermedades; cuando el hombre cree tener el conocimiento bajo su control,
se da cuenta que no es así y postula una nueva teoría. Sin darnos cuenta, estamos
en otra época de oscurantismo y el lio es que el conformismo se ha adentrado en
nuestros cuerpos, la mayoría de la población tiene la creencia de “¿si alguien más
puede o va a hacerlo, para qué me esfuerzo intentándolo?” El hombre sin darse
cuenta está creando una pila de ignorancia, una ignorancia infinitamente más rica y
más vasta y mientras más imponente la torre de la ignorancia, mayor es la tasa de
riesgo, más insignificante es el hombre y más incierto su destino.