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Programas neuromotores

La intervencion supone una accion llevada a cabo por un profesional, con el objetivo de modificar el
comportamiento de otra persona (Rigal, 2006). Para favorecer el desarrollo de los procesos motrices del
niño, que tanta influencia tiene en los aprendizajes, se deben proponer programas neuromotores de
intervencion desde los primeros anos de Educacion Infantil. Estos programas deberan ir encaminados a:
––La facilitacion de la organización neurológica.
––La estimulación sensorial exteroceptiva y propioceptiva.
––El desarrollo y automatización motriz.
Un programa neuromotor debe durar todo un curso y debe ser preciso, completo y equilibrado con el fin
de abarcar todas las competencias que hay que adquirir. En este sentido, es importante que todas las
actividades estén organizadas en base a una secuencia de complejidad y en base a la consecución de los
objetivos propuestos.
A la hora de llevar a cabo un programa neuromotor hay que tener siempre en cuenta tres
orientaciones fundamentales:

Figura 2. Orientaciones para diseñar un programa neuromotor

En ellos, deben trabajarse de manera específica y en función de la edad, los diferentes aspectos motrices:
––Estructuración perceptiva general.
––Motricidad global: patrones motrices básicos del movimiento (arrastre, gateo, marcha, triscado,
carrera,
salto, giro y manipulaciones).
––Esquema corporal.
––Tonicidad.
––Control postural.
––Equilibrio.
––Estructuración espaciotemporal.
––Coordinación dinámica general.
––Coordinación viso-motriz
Orientaciones metodológicas
El grado de dificultad de los contenidos en las actividades de aprendizaje que se presentan deben
adaptarse a las posibilidades (motrices, fisiológicas y cognitivas) de los niños, para lo que será necesario
el conocimiento de su desarrollo motor y de las características de la materia (Rigal, 2006).

Figura 3. Dificultad de las tareas motrices


Además, es importante respetar su ritmo de desarrollo, de tal manera que, no se pase al siguiente nivel
de una actividad concreta hasta que no se haya superado el nivel anterior. Rigal (2006), establece una
serie de principios para las sesiones de educación motriz:
1. No son sesiones de juego donde se aparca a los niños, sino sesiones de aprendizaje y mejora de las
habilidades motrices, aunque a veces se planteen como juego.
2. Favorecer la mayor parte del tiempo la acción motriz de los niños, evitando actividades de eliminación
o inactividad.
3. Proponer actividades cuyo grado de dificultad se adapte a las posidades de los niños y a su desarrollo.
Para lo que se ha de conocer el desarrollo motor del niño.
4. Incitar a los niños a que descubran sus posibilidades motrices y soluciones personales. Proponerles
además soluciones dadas por otros niños.
5. Aprovechar la motivación que supone para los niños la práctica de actividad física y presentar las
actividades de manera motivadora para ellos.
6. Pasar de vez en cuando de la realización a la representación para favorecer la simbolización verbal o
gráfica.
7. Estimular de manera verbal a los niños cuando lo hacen bien, y animarles en el caso contrario,
requiriendo siempre que sean creativos.
8. Prever siempre el espacio más apropiado y el material para la realización de los ejercicios.
9. Las instrucciones deben ser siempre muy claras y concisas y la señal de parar ha de estar totalmente
asumida.
10. vigilar que se apliquen instrucciones de seguridad.

En cuanto a la metodología de los programas, lo ideal es trabajar en forma de circuito, es decir,


estableciendo diferentes estaciones en cada una de las cuales se realizará un ejercicio diferente. En cada
estación se dispondrá un grupo de alumnos que estarán repitiendo el mismo ejercicio durante
aproximadamente cinco minutos.
Figura 4. Trabajo en forma de circuito
Estos circuitos se pueden compaginar con sesiones dirigidas por el profesor, planteadas mediante
diferentes tareas, iguales para todos los alumnos, que el docente va proponiendo. Dichas tareas deben
estar orientadas a la consecución de los objetivos planteados para la sesión.
Además de los circuitos y las sesiones dirigidas, en ocasiones, se pueden plantear juegos y actividades
libres y espontáneas en las que, a través de la manipulación del material, el alumno lleve a cabo su propia
exploración sensorial y motora. No se trata de improvisar, ni de la pasividad del docente, sino de generar
las condiciones adecuadas que favorezcan acciones e interacciones espontáneas, pero previamente
establecidas. Para ello, es importante prever el espacio, el material y el tiempo específico para llevar a
cabo estas actividades.
Las sesiones que tendrían que llevarse a cabo los 5 días de la semana, sean del tipo que sean, deben
durar alrededor de 45 min y se pueden organizar en tres partes:
––Una primera parte de introducción a la sesión (unos 5 minutos) en la que se les puede explicar a
los alumnos lo que se va a hacer. Es un periodo de transición y familiarización con la actividad.
––Una parte principal de unos 35 minutos en la que se deben realizar todas aquellas actividades
encaminadas a la consecución de los objetivos propuestos.
––Una parte final de vuelta a la calma de unos 5 minutos durante la que los alumnos pueden ayudar a
la recogida del material que se ha utilizado.
Dos de los aspectos importantes que se debe contemplar a la hora de llevar a cabo un programa de
intervención motriz son el espacio y los recursos materiales. Sugrañes y Angels (2008) dividen los
materiales en:
––Materiales de exterior fijos:
1) toboganes y todo tipo de elementos que permitan a los niños subir, bajar, saltar, trepar, deslizarse,
mantener el equilibrio y otros desplazamientos, 2) espacios cerrados sonde puedan entrar, salir o
esconderse, 3) instalaciones básicas como columpios, bloques de formas geométricas o tablones para
equilibrio.
––Materiales de exterior no fijos: neumáticos, triciclos, carretillas, balones, cuerdas, aros, gomas de
saltar, etc.
––Materiales de interior: 1) espalderas, redes, bancos, rampas, colchonetas finas y gruesas o túneles que
permitan subir, bajar, trepar o saltar, arrastrarse 2) tacos, conos, picas, cuerdas, aros o bloques de goma
espuma, que ayuden a crear espacios diferentes, 3) elementos para trabajar el equilibrio como
balancines, plataformas inestables o bloques para formar caminos, 4) Pelotas de diferentes tamaños,
conos, vayas de goma espuma con los que poder realizar todo tipo de ejercicios de coordinación.
El espacio en el que se realicen las sesiones de motricidad debe ser amplio y agradable y el material
debe disponerse de manera armónica para que facilite los puntos de referencia y orientación de los
alumnos. El suelo debe ser confortable para que los niños puedan realizar actividades descalzos sin
ningún tipo de problema y las paredes deben tener espejos para la realización de actividades de control
postural, por ejemplo, que requiera los mismos.
Es importante llevar a cabo una evaluación inicial de todos los aspectos que se van a trabajar en el
programa para ver de qué punto parten los niños, una evaluación a mitad del programa para poder intuir
la eficacia del mismo y, por último, una evaluación al finalizar para comprobar la efectividad del
programa.

Martín-Lobo, (s.f.). Procesos y programas de neuropsicología educativa. Retrieved from


http://itenlearning.com/docs/17198.pdf