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Joel Candau

ANTROPOLOGÍA
DE LA MEMORIA

Ediciones Nueva Visión


Buenos Aires
153 14 Candau, J<>'I
CAN Antropologfa de la memoria 11 ad. - 1• reimp.
Buenos Aires: Nueva Visión, 2006
128 p.: 20x13 com - (Claves)
Traducción de Paula Mahlar
ISBN 950-602-440-5
1 Titulo - 1. Mnemotropismo

original en francés: Anthropolo� tk la mimoir�


Titulo del
Copyright O Presse11 Uni\'eristaires de France. 1996

Esta obra se publica en el marco del Programa Ayuda a la


Edición Victoria Ocampo del Ministerio de Asuntos Extran­
jeros de Francia y el Servicio Cultural de la Embajada de
Francia en la Argentina.

Traducción de: Paula Mahler

l.S.B.N.10.: 950-602-440-S
l.S.B.N.13.:978-950-60;?-440-6

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pris i ón <art. 62 de la ley 11.723 y urt. 172
del Código Penal>.

O 2002 por Ediciones Nueva Visión SAIC. Tuc:umán 3748, ( 1189)


Buenos Aires, República Argentina. Queda hecho-el depósito qut!
marca la ley 11. 723. Jmpreao en la Argentina I Printed in Argentina
INTRODUCCIÓN

En Ja Grecia Antigua, los hombres comunes que desaparecfan


en el olvido del Hades se \•olvían nónumnoi, ..anónimos·. "sin
nombre".• '"En cada momento me parece que me escapo•,
exclama Montaigne, sin dudas porque, en tanto "'hombre que
no ret i ene nadn•, 10 aflige una "monstruosa" falta de memo­
ria. '1 .. No sé ver nada de lo que veo, confesaba más tarde
Rousscau, no \'CO bien lo que recuerdo y sólo tengo pensamien­
tos en mis recuerdos"'.:\ Sin memoria, el sujeto se pierde, vive
únicamente el momento, pierd e sus capacidades conceptuales
y cognitivas. Su mundo estalla en pedazos.. y su identidad se
desvanece. Sólo produce un sucedáneo de pensamiento, un
pensamiento sin duración, sin el recuerdo de su génesis,
condición necesaria para la conciencia y para la conciencia de
uno mismo. Asi, cuando P rou st se despierta en su habitación
de Combray en medio de la noche y no reconoce el lugar donde
descansa, se siente "'más des poj ado que el hombre de las
cavernas" y sol am ente el recuerdo logra "sacarlo de la nada• . .s
La facultad de la memoria, esencial para el individuo en
todos los momentos de su vida, tiene un papel de importancia
mayor en la vida social. En una de sus alcgorfas,6 Voltaire
describe la venganza de las musas que, para defender a su

• Jran·Pierre Vemanl, ·L'indi\•idu dam la ci�". en Sur l'i11diuidu Cobra


colC'dÍ\'A), Paris, &uil, 1987, p. 25.
J l\lontaigne. E:ua1s, Paris, Gnllimanl, 1965, f, IX 83 y 11. X. 104.
1 Jean.J11equH Rousseau. Lts tonfeaions, Parrs. Gallimard, 1959, libro

tercero, p. 114·115.
• AlexRnder Luria, L'homnw donl la mimuin volail �n ttlata, Parf8.
Scuil. 1995, 310 p.
' Marcel Prousl, 011 c:M; de t:hr.1 Su•a11n, Parrs. Robert LafTon&, 1987,
p. 27.
• Voltaim, At'C!nlurr d� la m�moirr, en Roman:1 el rontn en wn d ,.,.
Pf"Olie, París. Librairie pnénile fra�ilM. 1994, p. 770· '1'13.

6.
madre Mnemosina, le quitan el don de la memoria a la
Nonsobre y a los liolisteos, sejanistas y dicastéricos.; Estos,
al i ado s en contra del empirismo de Locke, proscribían la
memoria y los cinco sentidos con el objetivo de promover el
in natit;mo cartesiano. Entonces, la situación era "mucho peor
que en Babel". Los hombres y las mujeres se olvidaban
totalmente de quiénes eran y toda la vida social. todo el
pensam ien to se volvieron imposibles, hasta que las musas
le\•antaron el cruel castigo cuya lección era clara: .. la memoria
es el ú nico instrumento por el cual podemos unir dos i dea s y
dos palabras'", es decir, escapar del apoderamiento de la
inmediatez. Sin la memoria no hay más contrato, alian z a o
convención posible, no hay más fidelidad, no hay más prome­
sas (¿quién va a recordarlas?), no hay más vinculo social y, por
consiguiente, no hay más sociedad, identi dad individual o
colectiva, no hay má.0 saber; todo se confunde y está condena­
do a In muerte , ..porque es imposible comprendcrsc".8
Podríamos multiplicar los ejemplos que ilustran el lugar
central de la memoria en las sociedades humanas: la visión del
mundo tripartita, presente en los principales pueblos indoeu­
ropeos, según Dumézil; la influenc ia que eje rcieron en la
literatura, en nuestro lenguaje y en nuestra vida c otid i an a los
grandes relato.) fundacionales; el aumento considerable de
saber y de experiencia de las sociedades humanas desde el
neoUtico. La m emo ria ejerce en c:ada uno de estos casos una
influencia total.
Hoy observamos en las sociedad e s modernas -y especial­
mente en la sociedad francesa- una compulsión de la memo­
ria, un .. mnemotropismo", que justifica aun más el proyecto de
una antropología de la memoria. Este culto de la memoria se
expresa de diversas maneras: frenesí por el patri monio , con­
memoraciones, entusiasmo por las genealogías, rctrospección
generalizada, búsquedas múltiples de los orígenes o de las
"rafees", éxitos editoriales de las biograflas y de los relatos de
vida, reminiscencia o invención de muchas tradiciones. Esta
tendencia, que trabaja profundamente en las sociedades con­
temporáneas, es el objeto de los tres capítulos reunidos en la
segunda parte de este libro. La primera parte, es decir los tres
capítulos que sigu en a esta int rod ucción , propone las bases

r Es decir, ttapectivamcnte. Ln Sorbona. los Jt".suitas discípulos de

Loyola, los Jansenistas y los mngialrados del parlamento.


' Op. C'il., p. "i72.

6
indispensables para cualquier enfoque antropológico de la
memoria: bases anatómicas y biológicas, por supuesto, pero
también filosóficas y psicológicas.
Estos pri meros capítulos introducen un componente esen­
cial de la memoria: el olvido. Solamente después de haber
experimentado el olv ido , los individuos son capaces de apre­
ciar el recuerdo; los grupos y las sociedades construyen su
identidad j ugando permanentemente con los dos registros:
por una parte, el deber o necesidad de memoria (la Biblia
recuerda este imperativo decenas de veces: "Recuerdai que
puede ser una condición del intercambio y de la recip rocidad :
•Recuérde11me y me acordaré de ustedes" (Corán JI, 147); por
otra parte, el deber o la necesidad de olvido <•no piensen más
en los hechos pasadas", Is. 43, 18). Intentar una antropología
de la memoria es tomar en cuenta el proceso de la memoria en
su doble dimensión: su solana -el recuerdo- y su zona um­
bría -es decir, lo opaco, oscuro, olvidado (la amnesia) o l o que
originalmente está ausente de la memoria <la amnemosinia)
por razones que hay que explicitar-. Esta ambivalencia de la
memoria es el "hilo conductor" de esta obra.

7
Capftulol
LAANTROPOLOGfA
y LAS BASES ANATÓMICAS Y BIOLÓGICAS
DE LA MEMORIA

En tanto disciplina, la antro pol ogí a no se interesa por la


facultad de la memori a propiamente dicha, ni por los usos o las
faJla.q mnemónicas de tal o cual i n dividuo , ni siquiera por
las modalidades culturales de esta facultad, es decir, por las
distintas formas que pueden tomar las representaciones indi­
,.;duales y colectivas del pasado. En efecto, ya que la antropo­
logía social y cultural estudia al hombre en tanto ser sociali­
zado y no en tanto sE>r biológico, parece lógico apelar a la
distinción canónica entre naturaleza y cultura: "En todos los
lugares en los que la regla se manifiesta, sabemos con certeza
que estamos en el nivel de la cultura. Simétricamente, es fácil
reconocer en Ju universal el cri t erio de Ja naturaleza. Pues lo
constanh• en todos los hombres escapa necesariamente del
campo de lns costumbres, de las técnicas y de las instituciones
por las que sus grupos se diferencian y se oponen".• ¿Es
universal la facultad de la memoria? Si, sin ninguna duda, ya
que se en c u en tra presente en todos los hombres, salvo que
tengan trastornos patológicos precisos. D<.>sde este punto de
vista, esta facultad tiene su origen en la naturaleza y no
�nstituye el objeto primero de una antropología de la memo­
na. Por el contrario, el uso que el hombre hace de l a fa cul tad
de la memoria evolucionó con el curso del tiempo. Probable·
ment<' cuando Jo a d qu irid o empezó a superar a lo innato en el
proc<:'so de socializaci,>n.: hace aproximadamente cien mil
años, la memoria haya tomado un Jugnr cnda vez má� impor·
tante de nt ro de las sociedades. A partir de ese momento se
im¡mso la necesidad de transmitir a las generaciones siguien·

1 Claud.- l.é\·1·Slrnu:-s. ú... stn1c·t11n·:r ,;¡,.,,,C',,lmn·s tl1• la ¡xir.mt�. P:iris.

Pl11-', 1947. p. 10.


' Pierre Hemux, Elrm1ml1t d'11ne thtorrr dr /11 tmnanus..,rnn socialC',
lnfonnt' sintético pttpauado p.'lra la "lbbilátación pana dirigir invt'Stigacio­
nes�. t:ni\•t>rsidad de Nitt. enero de 1995. 304 p.

9
tes lo adquirido -saberes, maneras de hacer l as cosas, creen­
cias y tradiciones-, necesidad que constituye el origen de la
invención de diferentes procedimientos mnemotécnicos y,
mucho más tarde, del desarrollo del arte de la m emori a , antes
de que la escritura primero, y la impre n t a luego, sustituyeran
parcialmente la memorización. Por otra parte, las modalida­
des de la facultad de la memo ria están reguladas: varían
según las sociedades e in clus o según los grupos e indivi du os
dentro del marco de las restricciones globales de la especie. La
pru eb a de esto es la existencia de conflictos de memoria con
respecto ni mismo acontecimiento o también las manipulacio­
nes de la memoria, que se han verificado en numerosas in­
vestigaciones. Por consiguiente, ya que la regla se manifiesta
en el lugar que las diferentes sociedades le han otorgado a la
memoria o, también, en las expresiones concretas, particula­
res y observables de esta facultad, estamos en este c as o en el
n i v e l de la cultura y, por lo tanto, este campo preciso es el q u e
constituye el primer int e ré s del antropólogo.
Sin embargo, no podemos il)iciar una ant ro pología de la
memoria sin considerar los modelos neuronales que, por una
parte, nos pued e n aclarar los diferentes funcionamientos de
la memoria y, por otra parte, determinar los límites filogcné­
ticos de su variabilidad cultural. Por lo tanto, en primer tér­
mino tenemos que precisar cuáles son las condiciones de posibi­
lidad de las diferentes formas de expresión de esta facultad de
la memoria, sin que con eso pretendamos explorar la biología
de la conciencia y de la memoria, lo que nos llevaría mucho más
allá de nuestro campo de competencia. El lego qu� quiera
profundizar o disc utir los diversos aspectos de la hipótesis que
proponemos-los estados mentales. los procesos de la conciencia
y de la memoria pueden explicarse por "ciertas formas particu­
lares de organización de la matcriafO:l que son producto de una
evolución- puede consultar las numerosas obras dedicadas al
cerebro y a la memoria publicadas durante estos últimos años.•

'GéraJd l\I. •:ctelman, Bi11ú1G1rdela C"OM!Citn«. P:uis, Odi� Jacob.1992. p. 15.


1 Jean-Pierre Chnngrux. l..'hommt m:uro11al. Paria, Librairi� Artheme
Fayard, 1983. Gt"Orge� Chapoutier.La bloloRi� d� la m,;moill, Parí�. PUF,
"Que sai11-je?", 1994, Biblio�rnfia. 128 p., nº 2869. Antonio R. Oamasio,
l..'erreurdt /Je8cof'tc�s. l..a raison dt$ émot1ons. Pará8. Odile Jacob. 1994. 368
p. Jean Delacour, BwlnR1t de '" ccm:sc1u1tit, P11ris. PUF. ·Que Mis-je?",
1994, 128 p n• 2847. Gérald M. Ed�hnnn. Biolo¡:1t' dl' la ro11BC1rnct', París.
.•

Odile Jacob. coll. "Points•, 1992. 428 p. Jean·Didicr Vincent, Btolo,:i� dra
¡1011111ons, Pnrhf, Odile Jacob. 1994, 406 p.

lO
Esta profusión editorial da cuenta significativamente del
entusiasmo por la memoria del que hablábamos antes.
Finalmente. señalemos que si bien la neurobiología no está
exenta de neuromitologías y a veces parece fascinada por las
etiquetas q u ímicas de cada uno de nuestros com portamien ­

tos, los trabajos que consideramos aquí gozan de consenso


(siempre relativo) dentro de la comunidad científica.

J. EL CEREBRO

El cerebro, ..el má.� extraño de nuestros atributos".� el objeto


material "más complejo que conozcamos en el universo",'
todavía no liberó todos sus secretos sobre la memoria. No
estamos ni siquiera cerca de terminar de explorar lo� di e z mil
millones de neuronas y el millón de miles de millones de
conexiones de las �is capas interconectadas que co n stituyen
el córtcx cerebral. 1..a tarea es muy dificil pues cada cerebro es
único: en efecto, de acue rdo con la teoría ed e l m an i a n a de la
selección de los grupos neu ronales , llamada TSGN, las diversas
regiones del si�tema nervioso se estructuran e n redes neur�
nalcs durante el desarrollo, de manera diferenciada e.ntre
individuos. Esta estructuración presenta simultáneamente
componentes ge néticos y cpigcnéticos, lo que significa que la.tJ
conexiones entre células no están especificadas de antemano
de manera precisa en el genoma de un ser humano� y. en cierto
modo, son procesos estocásticos. A raíz de la naturaleza
dinámica de estos fenómenos topobiológicos, que son el resul­
tado de la competencia y de la sel ección entre poblaciones de
neuronas existe una variabilidad en las conexiones tan gran­
,

de como la que es posible observar entre individuos -incluso


entre gemelos genéticamente idénticos que pueden poseer
11 bl a
ca e dos" diferentes-y, también, entre los entornos con los
cuales los indi\'iduos interactúan. La selección cpigcnética de
grupos neuronales por refuerzo o debilitamiento de lasco­
nexiones sinápticas,ª más la coordinación selecth·a de las

¡ Claudp KonJun. l'D J. D. \'incent. op. cit. p. 8.

'G.·M t�lrlman, op. cit. p. 32.


: Op. cit p. 39.
. •

' Comu ejemplo, no <'=s imposible que el apr�ndizn.)t' de ciortru; J(!nguas,


como �I japonés. influva en la e11truclun1ción del ttrebro ($unoda. 1978,
citado en .Jenn-Lows :1uan de Mendoza. Veux hemilspl1tm, un c�nwzu.
Pans. Flammarion, 1996, p. 88-IOOJ. Por otni p:irte, los trabajos de J P. .•

11
estructuras de interconexión <o mapas cerebrales) que se esta­
blecen entre grupos neuronales, son mecani smos subyacentes a
la memori a que complican un poco más la tarea del neurobiólo­
go. Éste no pu ed e esperar encontrar en la estructuración
particular de u n a única red anat:Dmica una explicación que sea
válida para toda la especie: el cerebro se caracteriza por un
desarrol lo idiosincrásico que cul mina en una absoluta diversi·
dad som át ica . Difiere radicalmente de una compu tadora cuya
estructura gen e ra l es ne varietur de un modelo a otro. Jean­
Didier Vinccnt usa la elocuente expresión ..cerebro blando"9 y
estado <."Cntral fluctuante, cuando describe nuestro sistema
nervioso central Esta observación pennite sacud ir un poco los
fundamentos teóricos de la noción de memoria colectiva, argu·
mento que desarrollaremos en el ca pitulo quinto .

11. 8IOQUf MJC.:\ DE LA MF.MORIA

Sabemos que un sistema inmunológico posee u na especie de


me moria celular: luego de haber adquirido la capacidad para
distinguir dos moléculas de naturaleza levemente diferente,
conserva esta ca paci d ad y, a pa rt i r de ese momento, puede
reconocer esta diferencia en cuanto la enc ue ntra . ¿Podemos
hipotctizar una similitud entre el sistema inmunológico y el
sistema ne rv i os o y afirm ar que proteínas semejantes a los
anticuerpos podrían representar los recuerdos? 1.-a respuesta
e& complic ada , porque no conocemos el sustrato fisico de la
memoria pero, en todo caso, parece seguro que los diferentes
tipos de memoria dependen de las estructuras neuronales
dentro de las que se manifiestan.
La TSGN ve en la memoria una propiedad dinámica de las
poblaciones d e grupos neuronales que consiste en "'un refuer·
zo específico de u n a capacidad de categorización previamente
establecida".'º Según esta teoría, la rememoración nunca es
estereotipada, sino que cambia en función de las evo luciones
propias de las poblaciones neuronales implicadas en las cate­
gorizaciones originales. En un sistema de este tipo, la memo-

Changeux, P. C.ourreg(!S y A Dmnchin mostrnroa que el abanico de las


conexiones posibles en el �rt'bro � reduct' cuoQdo el sujr.to t"n\·ejc.u. y qu�
las redN virtunlt'8 no utiliz.-.das dl'gent>r.1n con la f"dad.
• J .. o. Vineent. op. C'it., p. 178
10
G.-M. Edelman, op. cit., p. 157·158.

12
ria es el re�ultado de un proceso de recategorización coMinua.
Nocs una memoria que replique, como la memoria electrónica
de una computadora, sino que es dinámica: a causa de este
hecho impreciso, no es nunca la copia exacta del objeto
111emorizado. sino que modifica con cada nueva experiencia su
propio esquema de organización, 11 procede por asociación, gene­
ralización y de manera probabilística. Edelman concluye con
algo que no puede dejar de interesarle al antropólogo: "'Por lo
tanto. no es sorprendente que diferentes individuos puedan
tener recuerdos tan distintos y que los utilicen de manera tan
distinta".1? Una idea interesante es la de facilitación de itinera­
rios neuronales particul a res de cada individuo, idea que pode­
mos comparar con una modalidad de aprendizaje conrebida,
preci�'lmente, como una facilitación, como un hábito que se
con\'ierte en una segu nd a naturaleza: "Vfocs ahi ckntro. por lo
tanto11otienesq11ereflexionar,sehacesolo"',declaraunaprendiz
a do..� científicos que están haciendo una investigación sobre la
transmisión de los saberes. 13 En suma, la memoria es plástica,
flexible, fluauant.c, lábil, esbi dotada de ubicuidad, de una gran
capacidad adaptativa y varia de un individuo al otro.
No es éste el lugar para discutir la� respectivas funciones
del cerebelo, de los cuerpos estriados, de los ganglios de la
base, de las células gliales, d e l córtex entorrinal, de cada
hemisferio o, también, los diferentes tipos de memoria (me­
moria a corto plazo y su continencia máxima, el palmo mné­
mico; memoria a largo plazo, declarativa, procedural. etc.) que
sólo mencionamos aquí ¡para •acordarnos"! Nos vamos a
conformar con recordar el importante papel q u e juega el
hipocampo en la memoria a largo plazo. gracias a las modifi­
caciones sinápticas d el córtex que permiten el "almacena­
micnto"14 de ciertas informaciones memorizadas que, a raíz
de esto. se pres ta n más a un trabajo semántico. En efecto,
experimentos realizados en psicología u proporcionaron cvi-

11 Roger Schank. De la mémoire humainf' a la mémo1re artificielle. l..a

&rhC"rc·h<'. n• 273. febrero de 1995. p. 150- 155.


11
G.-M. F.delm:m. op. cit p. 160.
. .

" Gt>n,·i�·e �lbos, Paul Jorion. l.o 1ra111arussro11 drs sm."C11rs, Paria. Ed
Jl..¡11, 198.C, p 12.
11
E11t•• tt'rmino t'S impropio porque es un préstamo dt'l léx1ro dl' la
informática y, por consiguiente, est..i ba11ado rn una contt'pción esll\ticn dl'
la memnrio.
·

., César Flores. La mjmo1rr. PAris, Pl.TF. ·Que s.'\is·je?". n" 350, 1972. p
91

13
dencia acerca de una mejor reproducción de los hechos memo­
rizados en el caso de la memoria a corto plazo que en el de In
memo ria a largo plazo. En el primero (la situación deechobox
de los anglosajones), el procesamiento de la in form ación es
rápido, fiel, pero la huella mnemónica es evanescente y,
además, no favorece un posterior procesamiento profundo de
la información, aun cuando la codificación semántica, que
puede ser muy corta (menos de un segund o ) u1 no esté ausente.
En el segundo, la información se procesa de manera profunda,
la huella mnemónica está consolidada y es duradera, lo que
permite un verdadero-U-abajo de m emoria" y, en especial, la
atribución de sentido producida por la categorización de las
sensaciones y percepciones con el correr del tiempo. Concebir
el acto mnemónico como una manifestación de la actividad de
los sistemasde procesamiento de la información (procesamien­
to rápido en el caso de la memoria a corto plazo, procesamiento
profundo en el caso de la memoria a largo plazo) supone
disponer de una teoría que pueda explicar el origen de estos
procesamientos diferenciados. Veremos en el capítulo tres que
la comprensión de las conductas mnemón icas no puede hacerse
si no se las vincula con las operaciones del pensamiento y con las
nociones de simbolización, de experiencia s ubje ti \•a o fenoméni·
ca y, también, de intencionalidad, es decir, una cierta manera
que tiene la memoria de •apuntar" al hecho pasado, para
parafrasear a Sartre cuando se refiere a Husserl. La imagen de
mi amigo Pierre (seguimos glosando las tesis de Sartre sobre la
imaginación) no es una simple huella en mi memoria, un .. Pierre
en formato reducido", un homúnculo .. arrastrado por mi con·
ciencia". Esta imagen no es un simulacro: es una forma organi­
zada por mi conciencia que se relaciona directamente con
Pierre, con su manera de estar en el mundo, "es una de las
maneras posibles de considerar el ser re a l de Pierre".•� Entre
las innumerables diferencias q ue existen entre la memoria
hu m ana y la de una computadora, una de las más notables es
que esta última no manifiesta intenciones en tanto que la
primera conlleva fines, valores, símbolos, significaciones. Por
esta razón precisa, el proyecto de una antropología de la
memoria se sitúa tanto en el nivel del aparato psíquico y de
la conciencia, cuanto en el de los comportamientos.

11
Alain Lieury, ú.1 mbnoirt•. Du tTrwau a l'éculc, Pari:t. Flammarion,
1993, 126 p.
" Jean·Poul Sortna. L'imaRinatiun, Paris, Pl:F. 1936, p. 1'48.

14
Capitulo 11
FACULTAD DE MEMORIA
Y APARATO PSÍQUICO

1. LA ESPEClnCIDAD DE LA MEMORIA HUMA.'lA

Si bien la biología es indispensable para explicar la memoria


y la conciencia (empezamos a existir y recié n entonces pensa­
mos y memorizamos), e.stas facultades humanas y sus moda­
lidades de organización no pueden red uci rse a esta dimensión
única, en todo caso en el estado actual de los conocimientos.
En efecto, las interacciones sociales y cultural es hicieron
posibles el pe ns ami ento y la memoria, al permitir el estable­
ci m i en to y Ja distribución de conocimientos, creencias, con­
venciones, Ja comprensión de imágenes, de metáforas, J a
elaboración y la confrontación de razonamientos, la transmi­
sión de emociones y de sentimientos, etc. También constriñen
el aparato psíquico y son el origen de la censura y de la
represión de ciertos pensamientos o recuerdos. En todos Jos
casos, pensamiento y memoria se organizan en (unción de la
presencia del otro (grupo o individuo). Incluso aquel que se
coloca fuera del mundo (un santo estilita, un anacoreta o un
indio alejado de todo) se sitúa en relación con el mundo. El
propio cogito cartesiano se manifiesta y se expresa gracias a
u n lenguaje, es de cir , a través de un fenómeno evidentemente
social.
Podríamos afirmar que en esto no hay nada e s pec ífi camen­
te h u m a no, ya que el animal también es capaz de tener una
vida social y también está dotado de memoria . Pero esta
facultad difiere en muchos aspectos de la observada en el
hombre. Por ejemplo, éste dispone de áreas cerebrales relacio­
nadas con la memoria más vastas y más numerosas que aquél.
También presenta una aptitud mucho mayor para memori­
zar: una tarea simple que consiste en responder a una señal
luminosa exige cuatro mil repeticiones en un mono, en tanto

15
que un niño de edad preescolar la realiza en algunos segun­
dos.1 Pero la diferencia mayor entre la memoria del animal y
la del hombre reside en que el primero no tiene conciencia de
su memoria que "se forma por experiencia en canales genéti­
cos estrechos, pre-especializados por la especie".2 Su concien­
cia primaria se limita al presente rememorado, y excluye las
nociones de pasado y de futuro. En el hombre, en cambio,
sucede exactamente lo contrario: éste, además de una con­
ciencia primaria, dispone de una conciencia de orden supe­
rior, capaz de intencionalidad, y del lenguaje, gracias al cual
puede conceptuaJizar y comunicar su experiencia. Esta ven­
taja del hombre sobre el animal le permite tener conciencia de
su memoria en tanto tal, actuar para mejorarla e, incluso.
cmancLparse de ella. También hace posible u n a memoria
simbólica y semántica. que permite la elaboración de repre­
sentaciones del pasado y del futuro, expresiones ideales de la
domesticación concreta del tiempo. Finalmente, es el origen
de las creencias, de los mitos y. . de las teorías <filosóficas.
.

psicoanalíticas, psicológicas, antropológicas) en relación con


la memoria.

IJ. ENFOQUE PSICOANALtTICO DE LA )IE.\IORIA

El psicoanálisis tiene una teorfa elaborada de la memoria,


excluida del campo de la conciencia. Frcud mostró que existen
temblores de memoria cuyas sacudidas pueden ser psicológi­
camente tan devastadoras como los temblores de tierra desde
un punto de vista geológico. Por consiguiente. el sujeto tiene
ciertos movimientos telúricos mnemónicos. Así, la amnesia
infantil se explica a partir de una represión originaria de la.'i
experiencias de los primeros meses de vida por razones
emocionales, sin que esto signifique que las bases de esta
represión no sean neurobiológicas. Es notable que la noción
freudiana de represión de los i:ecucrdos penosos o desagrada­
bles para el sujeto sea compatible con el modelo ncurocicnti·
fico del pensamiento proporcionado por laTSGN de Edclmnnn:
"'Dado que la conciencia de orden superior se construye a

1 Lucien lana�l. Ccrurc111 drmt. urwau ga11�h' Cultuf't! d cw1li1tC1t10n.

Paria, Pion. 199.5, p. 33.3.a.


: Anclr'é Leroi·Gourhan. /� 1.,�d•· d la purolr. 11. Lfl mcmwrr d I«'&
rytJ,m�s. Paria, Albín Mich�J. 196-1, p. 64.

16
través de las interacciones· sociales, desde el punto de vista
e\·olutivo seria conveniente tener mecanismos capaces de
reprimir las recategorizaciones que pongan en peligro la
eficacia de los conceptos del yo"'.3
En general, cuando el Yo se siente amenazado por el
recuerdo de ciertos acontecimientos traumáticos, penosos o
peligrosos, instaura mecanismos de defensa que consisten en
reprimir la memoria. El olvido puede ir desde un filtrado de
la memoria (reminiscencia selectiva o adaptativa) hasta la
inhibición o la censura totales. En todos los casos, "recuerdos
pantallas" (retrospt-ctivos, anticipatorios, contemporáneos) o
"rl'cuerdos indiferentes" sustituyen a los recuerdos reprimi·
dos. Se interponen entre el sujeto y una realidad que le resulta
intolerable, penosa o, simplemente, preocupante. Como el
sueño, como los lapsus liliguae o calami, estos recuerdos
t;ustitutos son una manifestación de la censura y, al mismo
tiempo, un signo de su debilitamiento. Éste es un principio
esencial del psicoanálisis: el sujeto quiere y no quiere al
mismo tiempo.
Como consecuencia de lo anterior, la memoria sólo puede
expresarse cuando una situación particular -por ejemplo la
�ura psicoanalítica-contribuye al relajamiento o al abandono
de los mecanismos reactivos de protección del Yo-abreacción
del recuerdo, catarsis- que provocan el abandono de los
sin tomas patolóbricos. Las fuerzas de inhibición cl.>dcn a los re­
petidos asaltos de este trabajo de memoria particular que es
el análisis, que permite de esta manera que el sujeto se libere
de cil'rtas determinaciones inconscientes y se apropie nueva­
mente de �u historia personal. Esto sucede, por ejemplo, en el
célc·brc caso del "pequeño Hans", que logra dominar su fobia
a los caballos sólo de�pués de recordar que un caballo lo babia
mordido cuando era niño.
¿Cuál es el estatus del recuerdo? Existen dos enfoques
diferentes en la obra de Freud. El primero es el del "realismo
de l:l memoria": la imagen registrada en la memoria es
concebida como el reflejo fiel del hecho pasado y solamente la
extracción de esta imagen provoca su deformación. El segun­
do enfoque. que con frecuencia se denomina ''subjetivismo de
la m<>moria", afirma que desde la füsc de adquisición (o
codificación). In imagen en la memoria difiere del nconteci­
miento registrado. diferenciación que puede acentuarse en el

'G -�1 f.dr.lmonn. op. m., p. 224

17
momento de la extracción del recuerdo. Aunque Freud vaciló
durantemuchotiempo entreestasdosteorias, parece haberse
alejado más rápidamente de la primera. Jean Guillaumin
señala apropiadamente que Freud sostenía una especie de
realismo nostálgico: consideraba que el recuerdo podía dar
cuenta fielmente del pasado, pero lamentaba que fuera impo­
tente para proporcionar las pruebas de esto.4 Éste es, justa­
mente, el caso de los recuerdos infantiles. descriptos por
Frcud como una elaboración ulterior de las huellas de ·aconte­
cimientos reales. realizada bajo la influencia de diversas
fuerzas psíquicas y que presentan una analogía con los mitos
y las leyendas que Freud asimila a los '"recuerdos de infancia
de los pueblos"." De hecho, los recuerdos de la infancia son
imá�nes transformadas del pasado. Por consiguiente, esta­
mos lejos de la concepción del recuerdo como una huella pura
del acontecimiento pasado, huella e\'entualmente alterada,
falsificada, perturbada por los afectos. El recuerdo se define
aquí como ·una e labo ración novelada del pasado, tejida por los
afectos o las fantasías, cuyo \•alor, esencialmente subjetivo, se
establece a la medida de las necesidades y deseos presentes
del sujeto".6 Por lo tanto, no puede ser concebida como un
testimonio fiel del pasado.
Hay una cuestión que sigue abierta: la de la relación entre
las representaciones, que funcionan como custodios del re­
cuerdo, y los símbolos oníricos. ¿El recuerdo restituye con
mayor fidelidad que el sueño los acontecimientos pasados o
bien ambos fenómenos son de igual modo la manifestación y
la expresión de una censura, de una represión que ordena y es­
tructura las representaciones del sujeto? Considerado como el
cumplimiento de un deseo, el sueño se ha visto como "el pa­
radigma de todos los actos de la memoria",-: pero este punto de
vista es discutible pues significa lo mismo que reducir al
sujeto (y al acto de memoria) solamente a su parte inconscien­
te. Ahora bien, aunque parezca imposible, existe una memo­
ria voluntaria y, por otra parte, nada permite afirmar que
todas las manifestaciones de Ja memoria involuntaria (re-

'Jean Guillaumin. ÜJ �ntS(' du souvcm1r, París. PUF. 1968. p. 126.


• Sigmund Freud, Psychanalyse dr la c.rir quotulirnM, París, Payot. 19i9.

p.55.
1 J. Guillaumin, op. crt., p. 134.

1 Sykie Le Poulichet, ·BoufTéc.' de mémoire·. rn Henri Pierre Jeudy.

Patrimoinn •n (ol�. Paria. Éd. de la Maison des ScienCH de l'homme, 1990,


p. 172.

18
cuerdos s ú bit os , olvidos, recuerdos erróneos ) tengan su ex­
n en el inconsciente. Una econom ía de la memoria
pl ica ció
p uede co n d u c i r al sujeto a utilizar de manera no deliberada
asociaciones de ideas para encontrar la huella de un hecho
pasad o. para desechar un recuerdo en benefi c i o de otro ( in ter·
fe re ncia ret roa ct iva o proactiva), para aligerarse de ciertas
info rm aciones o, tam bién, para recurrir a categorías semán­
ti cas groseras, aproximativas, que se origi n a n en e l casi , en l a
const rucción casera mnemón ica, que l o llevarán , por ejemplo,
a usar una palabra en lugar de otra .

JIJ . EL APORTE DE LA PSICOLOGtA

No entra dentro de las i nten c i ones de esta obra tratar el


mnsiderable aporte de la psicología a l a comprensión de los
fenómenos de la memoria. El libro publicado por César Flores
en esta misma colección6 proporciona una bu ena visión sobre
los fu n d a m e n tos epistemológicos de u n a psicología de la
memoria, sobre las grandes etapas de I n i nvestigación -desde
la a n a rtri a de Broca hasta los modelos cogniti vos, pasando por
el ncoasoci acion ismo que s u rgió del em pirismo anglosajón y
de la Psicología de la Forma-, sobre las grandes figuras de la
disci p l i n a , sobre sus métodos y so br e los pri n ci p a l es tem as de
que se ocupa la i nvestigación: aprend izaje, categori zación ,
adq u i sición , "almacenamiento", p ro b l emas de l oc a l i z a ci ó n ,
recuerdo, reconocimiento, u so s de la memori a , imagen m e n t a l
Y evocaci ón , rel ato, reconstrucción , l os d i ferentes ti pos de
memoria, los casos patol ógicos , cte . La le c tu r a de esta obra
puede com pletarse con la de A la n Baddeley ,9 que propone u n a
revisión m uy rica de los experi me n t os y d e l os paradi gmas
mayores de la p si col ogí a contem poránea de l a memori a -que
se relacion a especia l men te con la i m portancia de esta facul­
tad en la \•i d a cot id i a n a ( actos fallidos, atención y a prendizaje,
cod ifi cación semántica , fallas y trastorn0$ de la m e m o ri a .
sueño y o lv i do , recu peración , proced i m ientos mnemotéc n i ­
cos , condicionamiento, costumbres y memori a . estrategi as
aut obi ográ ficas , etc . >- y también de t e st i m o n i os clínicos.
La antropología que trabaja sobre la me m or i a saca a m p l io

• C. Florios. op. ctt.


•A l a n Badde le\•, l..a mMwrr� Jw nram.- Thror1e t't praltqut!. Gn:nobh.•,
PUG, 1 993 , 5.¡¡ p."

19
prov�� de .. psicólogos: �r ejemplo...dc Ja
los aPC!_�S de los
eViélencia de los vf nculos estrechos entre motivaciÓJL.!kl
sttjeto y memori a; d e la rememoración de un recuerdo grad.as
a la evocación de recuerdos contiguos en el tiempo o ..en_el
�pacio; tam b i é n de la idea según la cual cuando u n sujeto
reconoce un recuerdo "se trata del presente que se da a sf
mismo un pasado" . 10 En esto hay muchas enseñanzas para la
antropología : i n mediatamente J>.!!n�m_�. -�Jl - �J_l".2lilcLloa.
ip�rcos sociales dJ? la memoria a en el trabajo de reconstn1�
ción del pasado característico de todo relato de vida. cuestio­
nes que abordaremos en lo& capftulos siguientes.
Si n embargo, el lego tiene la sensación de q ue la psicología
contem poránea de la memoria se vuelve cada vez más u n a
"psicobiología" cuya problemática y conceptos tienden a ali­
nearse con la neurobiología. Es d ifici l saber si esta evol ución
es necesa ria o si representa un cierto a b an d ono de l a especi ­
ficidad de una discipl i n a que correría el riesgo de d iluirse en
el vasto campo de las neurociencias .

• op. cit.

20
Capítulo 111
LOS FUNDAMENTOS
Mtncos y FILOSÓFICOS

l . MNEMOSINA

En la antigü edad griega, Mnemos11né ( o .Vnemosyné) , d ivi n i ­

dad de la mem o r i a ocupaba u n l u ga r cen tral en el pensamien­


.

to filosófi co . E n la Grecia arcaica se desarro l ló una amplia


m i tología de l a reminiscencia , tal como lo documentó magní­
fici.lmcnte Jcan-Pierrc Ve rnant . 1
La función de l a mem ori a está muy elaborada en los relatos
m i l icos, por una parte para marcar el v alo r que se le otorga en
una ci,· i l i zación de trad ición e s en c i alm en te oral (como fue el
ca so de G recia ni menos hasta el sigl o \11 ) y. por otra , porque
se rel aciona con i m portantes categorías psicológicas. como el
tit• m po y el yo. Al estud iar los textos e� pos ible extraer cuatro
corrient<>s de pensamiento respecto de la memoria .
l..a pri m era co rri ente está represen ta d a fu ndamentalmen­
te por Homero y Hesíodo y también por el poeta espartano
Alcman.2 En los relatos míticos (La /liada . La Odisea, La
Teogon ía , Los trabajos y los dias) . l a actividad del poeta ,
presidida por Mnemosina, esposa de 1..cus y Madre de las
M usas. est á dedicada casi excl u sivamente al pasado, la edad
pri m igenia , el tiempo ori ginal . Los camaradas de l os aedos
reali zan ej ercicios mnemotécnicos que consisten en recitar
la rgas listas de nombres (de los jefes, de los dioses, de los
na víos) que re pi ten de m e m o ri a : es posible observar un
ejemplo en el canto 11 de La /liada . ENtas l istas sirven para
faj ar y transmitir un repertorio de conoci mi entos que permi-

1 Jean- Pit•rTt" Vrrn:int, ·Aspl'Cts mythiques d(' la mémoire·, en Atytha: et


/1" ru1h!<"hu lt•s Gr«s, Pnris. l\fa11pt'ro. 1965, p. J 09- 1 36 .
; Mnreel Det ienne, • M n nif>res gnicquell d e c:om mencer�. t' n Tranacrire Ir�
m_,·rJ1ol1y:i�s. París. Albin Mic:hC!I, 1 994 , p 1 59· 1 f>6.

21
ten que el grupo ponga ord e n en el m u n d o de los héroes y de
los dioses y desci fren su "pasado•. Las Musas, hijas de Mne­
mosina, cantan la a parición del m u n do , la génesis d e los
dioses, el nacimiento y el origen de la humanidad. C uan d o le
proporcionan al poeta el secreto de los orígenes, el sec re to de
un ti em po fuera del tiempo que no sabe nada de la vejez ni
de la muerte, las Musas lo l i beran de lo.e; m a les d e l m om e n to ,
h ace n que se olvide de la miseria y de l a angusti a . La
anamnesis tiene como contrapartida el o l vido del ·tiempo
presente.
La segu nda corriente de pensamiento está con stituida por
una serie de docu men tos de fecha y de origen diversos: textos
de Píndaro, de Esquilo, de Empédocles y, en c i ert a medida. de
la escuela pitagórica . Mnemosina se transforma: ya no es la
que canta el arqu�. el pasado p ri m o rdi al , la fuente, el origen ,
sino el poder del que depende el destino de las almas d es p u és
de la muerte, el poder ligado a los avatares de l as e n carn a c i o­
nes sucesivas de los individuos. Su función deja de ser cosmo­
l ógi ca para ser escatológica, ya no a porta el secreto de los
orígenes, sino el m e d i o para alcanzar el fin del tie m po , pura
hacer cesar el ciclo de las generaciones . En el u m bral del
H ad es , el difunto que bebe las aguas del Leteo olvida su \' ida
pasada y comienza una n u eva vida con su cortejo d e pruebas
y de problemas; y .esto se da i ndefi n idamente, c o m o en l os
casos de Sísifo, O c n os y las Danaides. Por e l contrario. el alma
que se modifica en el l ngo de Mnemosin a , desde el com ienzo,
rememora toda la serie de s u :i \'idas anteriores y se evade del
triste ciclo del devenir y de los dolores, del ciclo de l a re petición
sin m e moria . Entonces re n a ce en el rango de los d ioses. escapa
al destino y se e m an c i p a de su condi ci ón mortal . Hermes
v u el ve inmortal a su hijo Etálida c u a n d o le otorga u n a
• m em o ria inalterable". En este c a so , por lo tanto, l a memoria

es una evasión del tiempo que, en su deve n i r , acerca a todos


los h om b res , segundo a segu ndo, a lo inel uctable. Por otra
parte, hay que señalar el hecho de q u e esta corriente de
pensamiento h aya prosperado en una época ( el siglo \º11) en l a
que el mundo griego abandonó e l ideal heroico y tomó concien­
cia de un tiempo hum ano i rreversiblemente fugaz, "i nsecto
pe rt in a z que roe m ecán icamente u n a \•ida"' ( Macterlinck).
La te rce r a corriente está representada esen c i a lmen te por
el pl atonismo. En la teoría pl atónica de la anam ncsis, l a
memoria todavía e s un instrumento d e l i be ra ci ó n en rel ac ió n
con el ti em po , pero su función ya no es abrir u n a puerta hacia

22
el pasado primigenio o hacia el fin de los tiempos. Con Platón ,
la m e moria se vuelve la fac ultad de conocimiento, en tanto el
es fu erzo de rememoración se confunde con la búsqueda de la
ve rd ad . "'Buscar y a prende r son , por completo, una rememo­
ra ció n" afirma Sóc r a tes <Menón , 8 ld) y, a la inversa, "el olvido
es u n a pé rd ida de saber" < Fedón , 75 d ) , "un conocimiento que
se e\•a de" <El banquete, 208a ). Instru i rse es "volver a adquirir
u n co nocimiento que nos pertenece" <Fedón, 75 e), es vol v er a
recordar u n saber que ya estaba presente en el alma: es unirse
al m u n d o de las Ideas", de l as realidades absolutas y escapar
"

de la vida presente que está hecha de apariencias. Es encon­


tra r el conoci m iento puro y perfecto que el alma pud o contem­
plar entre d os vidas terrestres y que olvidó al reencarn arse en
el momento en que abrevó en la fuente del Leteo. De este mo­
do. '"al ver la belleza de ahí abajo, echan alas con el recuerdo que
se despierta de la belleza \•crdadera" (Fedro, 249 d). Por un
camino diferente d e l de las dos primeras corrientes, la memoria
aparece de n u evo como un medio para alcanzar la peñecci ó n de
la existencia real que está fuera del tiempo hu m ano. �
Estas tres corrientes representan las formas arcaicas de la
memoria que no se encuentran en Aristóteles, representante
dt? la últi m a corriente. Con el Estagirita, la memoria ya no
li bera más al hombre del tiempo, sino que permite, simultá­
neamente, el recuerd o y l a percepción tem poral . Transferida
de la parte i n telectua l del alma a su parte sensi ble, ya no a bre
m ás el cam i n o hacia la inmortalidad , ya no permite alcanzar
el ser y la verdad , ya no asegura m ás un verdadero conoci­
miento. La irrupción de la sensación en Ja mem or i a está
acom pañ ada de la de un cuerpo que nos agobia y q ue, por
con siguiente, se v u e l v e el signo de nuestro carácter incomple­
to. Aun cu ando las sen sacion es sean verdaderas ( E picuro ), la
phantasia , la imaginación o, m ás simplemente, las opi niones ,
j u egan un papel m ed i a d or antes de que se archiven en l a
memoria. La s percepciones almacenadas pueden presentar,
por lo tanto , disparidad respecto de las sensaciones originales
y el nuevo recuerdo no puede garantizar el acceso a la
perfecc ión . La corriente aristotélica anu ncia de este modo las
co ncepciones modernas de la memori a . " m u t i l a d a y defectuo­
s a en sus costu m bres" ( San Agustín ).
¿Q ué hay q ue rescatar de esta presentaci ón rápida de las
formas antiguas de l a memoria? ..Los hombres m ueren porque
no son capaces de unir comienzo y fin" decia Almcón de
C rotona . Por lo ta nto, morir sería o lv i d a r uno de los dos

23
términos de toda exh itencia humana. Solamente la memoria
permite ligar lo que fu i rnos y lo que som os con lo que seremos.
Solamente e l l a p u e de ayudar a co n ce p t u a li za r el paso i nexo­
rab l e del tiem po y, así, aceptar l o . Las representaciones de la
memoria en las tres primeras corrientes, q ue p u e de n acercar­
se a las que están en el origen de ci e rta s técnicas m ísticas
in d i as ,;' traducen el deseo de evi tar esta difi c u l tad ayudando
al hombre a evad i rse de ese tiem po que lo corrompe, lo
esclaviza , l o envilece, al recordarle permanentemente s u
cond ición de mortal . En cambio, con Aristóteles l a m e m or ia se
abandona al tiempo y. s i m u l táneamente, obliga al hom b re a
elaborar represen taciones del tiem po que pasa . . .
¿Dónde y có m o se elaboran estas representaciones'! Vimos
que a partir del momento en que las se n s a c io n es te n í an una
fu nc i ó n de memoria, el cuerpo tenia que integrarse en t odo
modelo expl icativo de la memoria . Aquí se p l a n te a la del icad a
cu�st ión de la l oca l i z a c i ó n de esta facu ltad en e l cuerpo del
sujeto. El rec u erd o que se i m prime como u n sel lo en l a cera es
unn m etáfora que e ncon tram os en Platón < Teéteto , 1 9 1 e ; 19 1
e) y en Aristóteles <De memoria et reminisceritia , 450 a , 30).
Sin lugar a d udas, i-sta es unn representación de la memoria
q u e todavía hoy es co m part i d a por el s e n t i do co m ú n , algo que
habría que verificar por medio de una i nvestigación , a pesar
de qu e es probable que la fu nción de la memoria se origi ne en
l as diferentes estructuras corticales. En efecto, no hay u n
"'centro" de la me m or i a , sino un conj unto de neuronas si tuado
en m u c h os sitio8 que permite asegu rar un cierto nivel de
redu ndancia. Además, la memori a no puede defi n i rse en
térm i n os puramente estáticos, contrariamente a lo q u e sugi e­
ren las nociones prácticas de impresión , registro, fij ación ,
conservación , almacenamiento. etc.
¿Conse"•ación . almacenamiento? Si consideramos las con­
cepciones antiguas de la locali zación de la memoria, observamos
en general que prev a l eci ó la tesis del cefalocc n t rismo, a u n q ue
hubo partidarios i l ustres (Aristóteles) del cardiocentrismo. Los
Padres de la Iglesia, partidarios de la primera co nce pción ,
propusieron uno de los p ri m e ros modelos elaborados de l ocal i ­
zación cerebral: ubicaron la memoria en el ven triculo posterior
del encéfalo, ya que el ventriculo anterior era considera d o l a
sede de la imaginación, y el del medio In de la razón .•

1 l\fircea Eliade, ÑfJ«la da my1Ja,., Paras, Gal l i m :1 nJ . 1 963. p . J 1 0- 1 1 8 .


• J .. P. Changeux. op. cit. ; p . 19.

24
El hecho de que en muchos relatos antiguos c vidas y
l y end a s de los snntos, cuentos, etc. ) tanto el \' Í no como la
e
san gre rean i men la memoria se debe a que todo el mundo sabe
qu e a m bos se suben a la cabeza Lo m ismo sucede con las
>
especias, que abren el espíri tu . Como todo lo que abre el
espíri tu e� bueno para la memoria, ahora podemos entender
la i m portancia de la oreja, que ofrece un acceso directo al
cerebro. Es asombroso el l ugar de im portancia que muchas
religiones le otorgaron al oído y a su órgano. Tanto en la re­
ligión musulmana, lajudía < ¡Escucha. Israel! ) o la cristiana, el
recitado en \'OZ alta de textos constituyó siempre un elemento
importante del culto. En Rabelais. la orejn está cn relación con
Ja gcne ra c i ó n y la e x pre sión "vino en una oreja" significa \ i n o '

de verdad . "'Tomar vi no en una o rej a es tomar vino de memo­


ria".º es ser engendrado espi ritual mente por la oreja como lo
fue Cristo. La función de memori zación atribuida a la oreja
también se encuentra en la literatura etnográfica: e" los
Jorai , pueblo protoindochino de la s planicies de Vietnam,
uno:. d í a s después del nacimiento de u n niño s e rea l i za un rito
cuyo l'j e es la transmisión de l a memoria. "La parturienta
tiene e n la mano un huso de hilo de a lgodón que sa l e del eje de
la rueca . y escu pe sobre el algodón rafz de jengibre rojo ba ñada
co n ccn·e z a , que antes había masticado. Entonces, sopla siete
veces en el agujero centra l del huso orien t ándolo hacia el eje
del cond ucto auditivo del n iño. Luego recita u na invocación
cuyo se ntido general consiste en suplicarles a las orejas del
n i ño que se acuerden del trabajo, de los parientes. etc. Se
considera q ue el jengibre, que es un excitante, tiene una
acci ón esti m u lante y sensibilizadora". Hoy todavfa, cuando
un Jora i qu iere burlarse de un individuo ignorante, distraído,
olv id ad i zo,
le dice: ..¿No te soplaron?". i Vino, sangre. especias
Y oreja ( la oreja derecha, para ser más exactos>" remiten a una

' .1\¡:¡:adolh d u Talmud J,. Bab)'lune. París, Bd itions Vent ier. 1982. p.
1248 .
• Cl aude Gaignebel. A plu" hault �ns . t. l. Paris, Maisonneuvc & Lul'O!le.

1986. p 383.
: í'.oe ne\·i�·e Calame-Griaule. •t.1 pn role el le disc:ouni·. en Jenn Poir�r
Cb ajo la dirección de l, l/1Bloin• des mr>t"urs 11. Mod� tl modi:lc.�. París.
Gallimard. 1 991 . p. 56-57 1 Encydopédit> de la Pleiadel.
• La oreja izquierda llt'ria el lugor del ol\"ido: C . Gaignebet, op. cit. , p. 4 1 J .
Rtto rd emu que despuh drl traspaso. la fuen� del olvido. l.A"t«i. 21e
encuen t ra en el ca m i no de la izquierda. r.n tanto q� t-1 alma del difunto
Pllede a l�n zar el lago de MnemCMtina por la ru la de- la dt•n.oeha.

25
concepción cefal océn t rica d e l a memoria que segu i rá si e n d o la
dom i nante .

JI . EL L"' �fF.NSO PALACIO DE LA MF. MORJA


( SAN AGl:STI� )

En Las confesiones, San Agustín real iza un enorme esfuerzo


de intros pección con el objetivo de a brirs e totalmente a Dios
para alcan zar l a verdad de s u corazón y pi ntarse tal como él
es. Pues , d i c e , "ni ngún h om bre sabe lo que está en el hombre,
salvo el espíritu del hombre que está en él" ex. 5 ) a u n q u e el
espíritu es "demasi ado e st rech o para estrecharse a sí m i sm o '"
<X. 8). Ahora bien. el medio priv i legiado para co n ocers e a uno
mismo co n s iste en explorar el amplio, el i n menso pa l ac i o de la
memoria, "santuario d e una amplitud indefi nida" e n donde '"se
encuentran los tesoros de la� imágenes incalculables que pro­
vienen de las percepciones de todo tipo". Ahí. agrega , "me en­
cuentro conmigo m ismo, me acuerdo de mi mismo, de lo que
hice, del momento, del lugar do n de lo h i ce, de las d isposiciones
afectivas en las que me encontraba cuando lo hacia" e x , 8).
San Agustín l l eva a cabo este en c u e nt ro consi go mi s m o al
h ace r com parecer a todos sus rec ue rd os . A algu nos de ellos se
puede acceder de manera i nm ed iata; a otros después de una
búsqueda m ás larga , al arrancarlos de algú n os c uro lugar de
retiro; otros, fi nal mente, se presentan espon tá neamente sin
haber sido convocados .
San Agustín distingue d i ferentes tipos de memori a : l a
memoria de l o s sentidos , la memoria i ntelectual y la memori a
de los sentim ientos . En l a memoria de l os sentidos se conser­
van y se ordenan por especies l as sensaciones que penet raron,
cada una a través de su propio canal de acc�: la l uz, los co­
lores . las form as, por los ojos; los sonidos por las orejas; los
olores por la nari z; los sabores por la boca ; todas las sensacio­
nes del tacto p o r los sentidos táctiles . Pero, señ a l a San
Agustín, l o que e ntra en la memori a no es e\iden tc m en te las
cosas mismas , sino las i m áge n es de las cosas sensibles que se
ponen en orden en el pensam iento que las evoca . Este poder
evocador es prodigi oso , pues en l as tinieblas m ás com pletas
logramos representa mos los colores, i m ágenes visuales e ,
incluso , sensaci ones, solam ente a través del recue rdo. La
fuerza de estas represe ntacion es está relacio nada con el
hecho de que estas i m ágenes del pa..01ado son imáge
nes en

26
el p re�e n te : de esta manera, cuando San Agustín evoca y
cue n t a � u i n fan c i a . ve su i m agen "en el presen te• . "El presente
del pas ad o es la memori a" < XI , 20 J.

San Agustín desconfía de esta memori a poderosa nutrida por


las scn�aciones . Por eso le preocupa la memoria de las \'Olup­
t uosidadcs pasadas q ue, con t ra toda \'Oluntad , le impedirá
repri mir, a \'eces, la concupiscencia de la carne . Al poner� a
la defcnsi\•a contra la memoria de los p)acere$, el autor de Las
co 11fe...io11�s introd uce la importante idea de u na posible tira­
nía de la memoria. sumisión del sujeto a sus propioi; n-cuerdos .

Pero esta m e m o ri a de lo.-. se n t i dos no es l a ú n ica . También


existe u n a m e m o r i a i ntelect ual q u e com prende todo l o que
apn•ndió de l as ciencias , "ordenndo apa rte, en u n lugar
i n t c>rno q ue. por otra parte. no c>s u n l ugar" <X. 9 ) . Pero en el
pensam i('nto de Snn Agu s t í n esta m e m o ri a i ntelectual no es
u n a mPmoria que se con fo r m e con regi s t r a r y conservar
conoc i m i e n tos : a n te todo es u n a memoria i ndepe nd ien te
d � la e x peri e n c i a q ue , parn u s a r u n l e n gu aj e k a n t iano
a n a c rón i co pero práct i co. compre n d e l a s cat egorías a prio ·
n d c J c o n oc i m i e n t o, de la m ora l , del j u ic i o estético , es d ecir,
d eq u i p a m i e n t o cog n i t i v o de u n S('r h u m a n o . E sta m emo­
r i a nos h n ce capaces de d i s t i n g u i r e n t re l o \"erdadero y J o
fa l �o . lo bueno y lo m al o . lo b e l l o y lo feo. A ho ra bien . estas
c a tcgor ia� ( q u e . d e hecho. son el fu nd a ment o d e l pen s a ·
m i l• n t o c l a s i ficatori o ) no e n t raron e n la m e m o ri a a t ravés
de u n o de l os cinco se n t idos , co m o s u ced ía p rec i s a m e n te en
e l c as o de la m e mori a d e l os sen t i d os . ¿Si no entraron por
Jos ci nco s en t i d os , cómo p u ed(' se r q u e d i s p o n g a m o s de
el l a� e n n u estra m e m o ri a ? San Agustín a fi r m a que lo q u e
s ucede es q ue e�tas categorías "ya s e e n co n t raban en mi
memoria". l ejos y escond idas en p rofu n d i d ades secretas .
La adq u i sición de los conoci m iento� q ue , una vez más, no
consiste en acum u l ar o al m acenar datos . sino en cal ificarlos
como "verdaderos" o .. falsos'", " b u e n os " o " m a l os", "'hermosos"
o "'feos"; l a adqu isición de con oci m i e n tos "cuyas i m ágenes no
tomamos de los sentidos, s i no que los percibi mos en nosotros
s i n la ayuda de i mágenes , tales como son por sí mismos" (X,
1 1. 1 , consiste enj untar, en reu n i r y movi l i zar en l a mente estas
d i feren tes ca tegorías, dis persas en la memoria . Esta opera­
ción "'es lo q ue se denomina adecuadamente pen sar" <X, 1 1 ).
Por lo tanto, pe nsar e� poner en fu ncionam iento nuestra
memori a . .; La mente, e s la m e m o r i a m i s m a " (X, 1 4 ), dice San

27
Agustín . y casi podríamos cambiar el cogito por " recue rde,
luego existo"' .
Fin a l m en te . después de l a memoria de lo� sent idos y de la
me m o r i a i ntelect u a l , todavía es preciso disti n gu i r u n a memo­
ria de los sentimientos , pues la memori a encierra tambi é n loa
'"estados a fec t i vos del al ma, no tal como están en el alma
cuando los siente"' t X . 1 4 ), sino tal como lo decide el poder de
evocación en el momento preci so de l a rem emoración . De esta
maner.i, es po�i blc recordar haber sido fel i z sin por e s o ser
fel i z , como se puede evocar u n a tristeza pasada s i n sentir
tristeza en el momento de l a e\'ocación, como se puede recor­
dar un deseo sin s entirlo. La m e m o ri a consen·a los estados
afectivos del a l m a incl u so cuando el alma no l os experi m enta
rqás, lo que es lo mismo que deci r que l a relación presente con
el pasado n 12 p ued e de n i ngú n modo confund i rse con una
' presencia efectiva de e s e pasado .

1 1 1 . REFF.R•:SCL.\..., n&.OSOt-'ICAS:
MATF.R I A , Dt:'RAC IÓ� \' MEMOI U A
. ,

Aq ui nos l i mitaremos a un breve examen de los enfoq u es


filosóficos, esenci a l m e n te a part i r de algunas c uestiones fun­
damentales: la relación del recu<?rdo con l a cosa representad a ;
e l ca rácter voluntario o i nvol untario del recuerdo; l as concep­
ci o n e s del tiempo y de la d uración en relación con las teorías
de la memoria .

Mú:; q ul' a Ucrg�n . a l que a men udo se c i ta en todos los


trabaj<M' !>obre t�a memoria, vamos a sacarle jugo a Bachclard.
En efecto, el a u tor de Matiere et mt'mo1re. f:ssai sur la rtlation
d11 rorps a 1 '1•sprit tiene para nosotros la desventaja de u n
d ualis mo dc.· m tt siado ra d ica l qu e , al fin dl' cuentas, l o lleva a
pri\'i l egiar Me l antiguo proble ma de las relacione� del al ma y
del cuerpo� a expensas del t!Sludio de la memoria propia men­
te dich a . La noción d e una '"memoriu pura " q ue se ori¡:inaria
total mente en el campo de) pcn.�miento es C\' identemcnte
interesante desde el punto de vista de una historio de ln.q
teorías fi losóficas dt> la memoria, pero resulta anacrón i ca s i
consideramos lo qut! se sabe hoy sobre esta facultad h umana .

Para el sentido com ú n , u n recuerdo fiel al aconteci mien to


• Henri Btrpon, ,\latien d mtmoirr, Paris. PUF. 19:19 1 lc.>ra . t'dición ,
1896), p. 6.

28
pa :' ado es u n rec uerdo bien con scl"\•ad o . ¿Q u e s i gnifica esta
noc:iún de conservación si se la aplica a I n memoria? En pri mer
termi no. record emos q u e l as tesis más recientes en bioq u i m i-·
ca de la m e m ori a se oponen a una co n cepc i ón estática del
acon teci miento m e m o r i z ad o y consideran q ue e) rec u e rd o es
e l rc�u ltado de u n a act ivación o reactivación relat ivamente
a l e a tori a de redes neuronales .
Desde u n p u nto de \'i sla antropológi co, es posible afi rmar
que i ncluso si su fu ndamento fuese biológi co, Ja tes i s de J a
co n se rvaci ón seria tan poco pertinente como l o e s e n m u seo­
l ogia. ya que sa bemos perfectamente bien que la percepción
que el \"Í sitantc tiene de los objetos conservados tiene m uy
poco <1 ue \'er con s u significación ori gi n a l : en cierto modo,
esto� objetos son como fotografías de persona� an i m adas y hoy ·
desa parecidas a l as que '"solam ente" les falta vid a . E n su
Phb1omenologi� de la perception , Merlea u- Ponty cri tica la
t<>s i s de u n a conservación fisiológica t Broca \ o p!licológica
j Bergson ) de las im presiones pasadas. pues n i n gún r.ngram a .
n i ngu n a h uel l a , n i ngu n a i m p ronta, ningu na con servación
fi siológica o psico l ógica del pas ado •puede h acer comprender
l a concienci a del pasadn·, 1 11 es d e c i r . " u n sen t i d u del pasadu"
c¡ ue perte nece al presente . Contra l a co n c e pc i ó n bc rgson m na
de un p as a d o i n tcgra men te '"alm acenado"' e n el .. espíritu " y u n
presente que no puede crear n a da . q u e ·ueva a cabo el pasado ·
com o el a l u m n o resueh•e el probl e m a q ue le dio el maest ro ,
" 11
es preciso c o nce b i r e l recuerdo como u n a representación
presente de l a conciencia. Por Ni sol a , l a h i pótesis de la
conservación no permite expl icar las características de este
recuerdo pu es dej a de lado Ja i n tencional idad del momento de
In e\•ocación .
El rec u e ro tal como se m an i fiesta en el momento de la
rememoración puede descri birse como u na variedad especi a l
de image n . Ahora bie n , l a i m agen . q u e es " u n a cie(ta manera
que tiene la conciencia de darse un objeto" 1 2 con frecuencia se
designa como "algo menor" , u n '"pedazo separado. una pieza del
m u ndo rea l", es d ec i r un reflejo. u n a copia más o menos fiel
del obj e to percibido que. en relación con e s e o bj et o está m a n ·
ci l i a d a por una •inferioridad \'aga y mal defi nid n'" a:i ¿Se

... M auric:e Merlrau- Ponly. Pltt'nomen,-,fogi1• dit In ¡wn.·1tpl1011 . Pa ri".


Gal l imnrd . 1 945. p. 472.
11
Hrnri Bergson. op. C'lt . . p 94 .
u Ga.ston ft3c:�lard . La dialut1q111t dit la d11 rrt'. Pans. PUF, 1 950. p 3 .

11 J ·P. Snrt�. l,'1mu¡:i nat1on . p. 5 y p. 262

29
p u ede , en tonces , defi n i r el recuerdo como '"lo menor" de un
acontecim iento p as ad o , algo m arcado con una insignia que da
cuenta de su carácter de incompletq,? Esto s ign i fica ría vol\'er
a caer en la confusión entre identidad de e se n ci a e identidad
de existe nci a , form a de ontología i n ge n u a criticada por Sar­
tre. Bergson o pon e a esta hipótesis frágil de una forma
debilitada de la percepción original , a rgu m en tos poco convin­
centes a favor de .. un rec u e rdo puro"" (presencia virtual del
pas ad o en el presente ) d i ferente de un recuerdo que sería una
percepción debil itada del p a sad o, una "regresión del presente
hacia el pasado". De todos modos, es d i fici l decidir pues , si MJa
conciencia i nmediata, por naturaleza , sabe distinguir e n tre el
objeto como imagen y el o bj eto real presente, la memoria
confun d e estos dos tipos de existencia porque los objetos
irreales y los rea les se le aparecen como recuerdos, es decir,
como p a s ad os". u Sin em bargo, si parece incorrecto definir e l
recuerdo como "algo menor" en re l ac ió n con el acontecim iento
pas ad o , aceptar una diferencia de grado, en lo que acabamos
de deci r existen m u ch as razones para a d m i tir que es "otra
cosa"," es decir, que existe una diferencia de naturaleza.
Otro ind i c io de la a l teri d ad intrínseca del recuerdo se
e n c u e n tra en su incapacidad para restituir la duración. En
efecto, la concienica del pasado n o es la con c ien ci a de la
duración , y si recordamos hechos pasados, eso no s i gn i fi ca que
recordemos su d i n ám ic a te m poral , el paso del t iem po que,
como sabemos, tiene una percepción extremadamente v a ri a­
ble según la densidad de los acontecimientos . A veces la
m e m ori a contrae el tiempo como cuando intentamos recordar
un tiempo sin acontecimientos, como el tiempo del cautiverio
o de una l arga enfermedad: en nuestros recuerdos se debilita
un tiempo largo y d i ficil de soportar. 17 En cambio, a veces la
memoria le da al tiem po una extensión mayor y se esfuerza
por lentificar o eternizar el pasado como s u ced e con ciertos
recuerdos del ritmo de un ritual. 16 En uno y otro caso vemos

" H. Berpon, op. cit. p. 268-269.


11 J . -P. Sartre. L'imaginairt, p. 266.
11 Aq w
le otorgamos 11 la palabra •cosa · su acepción común,
diíerente de
la pl anteada por Sartre que defin e ·con· como una íorma inerte y autónoma,
m'8 alié de todas las npontaneidades conscientes.
i: Nicolas Grimaldi, Ontolog1� du tempa. L'altentt et la rupturr, París,
PUF. 1993, p. 19.
11
JofUe Bahk>ul, La maison dt mbnoin. EthnolOflre d'une thmeun
judk>-arabe ttt Ngü� (1 93 7-l96lJ. Paris, Mécaillé, 1992, p. 16 1 - 176.

30
cóm o e l acto de memoria aísla los aconteci mientos y los vacía
de s u d uración, los esquematiza de algún modo, esquematiza­
ción que es "una especie de cañamazo racional, un p l an de
desa rrol l o de la narra ción de n uestro pasado" . 19
Por lo tanto, el recuerdo de un tiem po pasado no es el
recu erdo del tiempo que pasa ni , por otra parte, el recuerdo del
tie m po que pasó, ya que, como señala M.I. Finley. la concien­
cia de la duración entre el momento de la rem�moración y el
acon teci miento rememorado es fl uctuante (según los casos,
ha brá contracción o extensión) y aproximativa: "hace mucho•,
•el otro día",20 etc . Fran�ise Zonabend hizo una observación
parecida en su investigación sobre la " memoria larga" en
Minot C 8ou rgogne ):2J toda evocación del pasado, no im port�
cuán alej ados estemos de él. "se sumerge en la misma dura­
ción", remite a un tiempo fuera de l a Historia que se resume,
de hecho, en el origen de la aldea. Como consecuencia de esta
imagen grosera, "nuestra alma no guardó el fiel recuerdo de
nuestra edad ni la verdadera medida de la longitud del v i aje
a lo largo de los años: sólo guardó el recuerdo de los aconteci­
mientos que nos crearon en los instantes decisivos de nuestro
pasado", dice Bachelard . Es decir, los acontecim i�nt!)S_ .Que
percibi mos como tales, que tienen sentido para el que recuer­
da, que son ordenados por él segú n un sistema racional en el
momento mismo de la evocación , en "instantes activos" bache·
lardianos en l os que se realiza la "toma de memoria" . 2"l Estos
insta ntes activos son instantes de un proyecto pues el contex·
to de evocación, el marco de los recuerdos -la referencia a los
•m arcos sociales" de Maurice Hal bwachs es expl fcita en este
caso- consiste en darle al acto de memoria u n cierto fi nalismo
al trad ucirlo al "lengu aje del porvenir humano"' .23 El acto de
memoria tiene una dimensión teleológica . Podríamos decir
que recordar consiste en configurar en el presente un aconte­
cimiento pasado en el marco de una estrategi a para el futuro,
sea inmed i ato o a largo plazo. Desde este punto de vista ,
podemos considerar q u e l a memoria bachelardiana es una
respuesta a los interrogantes de Aristóteles o de San Agustin

,, G. Bachelard. op cit. , p. 48.


'° Mooses J . Fin ley , MytM, mémoirt, histo1fl' . Paris, Flammarion. 1 98 1 ,
.
� ��-
21
Fran�iH Zonabend, La mimoi rr I0111: ue. Temp.� d l1111I01rrs au C11lla,r,
Paris, PUF. 1980. p. 1 4 .
12 G. Bachelard , op . cit. , p . 48.

rJ Op. cil. p. 46
'

31
sobre el pasado que dejó de se rl o , el futuro q ue tod avía no es
y el presente que m uere e n el momento mismo e n que nace.
Este recuerdo permite mantener j u ntas estas tres di m e n si o­
nes tem porales, como había señalado Kant para q ui e n la
facultad de recordar y l a facultad de prever sirven para .. u nir
en una experienci a co h e re n te lo queya no es y l o que toda11la
no esa través de lo q ue está presente". u El recuerdo del pasado
es un desafio lanzado al futuro que consiste en hacer un
balnnce hoy de lo que uno hizo y de lo que pod ría haber hecho .
Desde la perspectiva de u na a nt ro po l ogí a de la m emori a. esta
idea de que una dimensión m ayor de In evocación es l a
"voluntad d e futuro social" e s evidentemente m uy importan­
te: si seguimos a Bachelard , y hacemos l a salvedad de un
examen profu n d o de las diferentes formas de m nemotropis·
mos, es total mente reductor ver sistemáticamente en el e n t u ·
siasmo cqntemporánco por la memoria una forma de gusto
exclusivo por el pasado. También es posible concebirlo como
una movilización del p as ado al servicio de un proyecto per�o­
nal ( un .. pl an de vid a " ) o colectivo, proyecto que conlleva las
condiciones de recuerdo del acontecimiento memori zado e n el
momento mismo de su fijación . Bachelard insiste en que l os
recuerdos "solamente se fijan si obedecen desde el pri mer
momento a las condiciones del recuerdo"' . Éstas consisten en
proceder a e l ecc i o n es, en decantar la vida con problemas,
en o l vi d ar hechos "en l a corriente de la vida paru poner
razones".2.\ Pa ra Pierre Janct, recuerda Bachelard , no e s el
rec itado lo que creó la h u manidad, sino la n arración , lo que
significa que no recordam os por sim ple repetición, sino al
com poner el p asad o en función de lo que está en j uego en e l
presente. Este pasado com puesto ( o recom puesto) e s u n a
construcción literaria que se peñeccio na, mejora gradual·
mente con cada narración. Por todas estas razones, el recuer­
do no es un dato, sino "una obra a men udo di fici l "� que n o .
puede l l evarse a cabo sin "dejarle tiempo al tiempo" para
seguir cita"ndo a Bachel ard . r. De n uevo nos enfrentamos a una
idea cuyo a l ca n ce antropológico es importante y q ue, por otra
parte , es muy conocida pa ra todo etnó{,TJ" BÍO que se ded ique a
recoger "relatos" de vida.

" Emmanut"l Kant. Anthropologi� d "un po1nt dt: r • uc pra¡.:mn t1q11e, 1 •.


Parte. l. 34. en <kuurts philo..�phiq11�11 111. Pnris. Galli m�d . 1 986. p. 1000 .
ª G. Bachelard . op. cit . • p. -19
• Op. cit. p. 50
i: Op. ci_I p. 3.
• •

32
E xiste ot ro a rgumento de peso a favor de la a l teridad del
recue rdo: no podemos recordar un hecho pasado sin que el
fu tu ro d e ese pasado se i ntegre a su recuerdo.26 '"Sé que estuve
e n Córcega antes de la guerra , escribe Mer)eau-Pon.ty, porque
sé q ue la guerra estaba en el horizonte de mi \'iaje a Córce·
gn " . ·ª' Por lo tanto, n u estra memoria agrega al recuerdo e)
futuro de ese recuerdo. Por esta razón preci sa, el tieª1_po deJ
recul'rdo no es el pasado. '"sino el futuro-ya-pasado-deJ-pasa­
.:10
do" Por consigu iente, el tiempo del recuerdo es i nevitable­
mente d i ferente del tiempo vivido, pues la fa lta de certeza
inherente a éste se disipó en aquél. Esto permite explicar
m u chos casos en Jos que recuerdos desagradables son embe11e­
cido.� : cuando se los rememora, se los aligera de la angustia y del
sentimiento de obligación provocados por el carácter incierto de
la situación vivida durante Ja cual siempre se teme lo peor.
Por Jo tanto, el recuerdo es algo dife rente del acontecimien­
to pasado: es una i m agen < imago m rm di ), pero quc actúa sobrc
el aconteci m iento (anima m undi > sin i n tegrar la duración y
agregando el futuro del pasado. Esta hipótesis de la al teri add
del recuerdo se integra peñectametne a In teorfa que sostiene
que para el hom bre no existe una real i dad independ iente de
su i n tencion alidad . Al respecto, Cassi rer habla de " pregnan­
cia simból ica"',3 1 es decir, de la i ncapacidad del hombre para
tener la intuición objeth•a de una cosa que siem pre está
i n tegrada en un sentido. Por esto, .. para la conciencia hu ma­
na, nada está si m plemente presentado, sino que todo está
representado". :tJ Entonces pensamos en apl icar a la i magen de
In memoria lo que Bachelard dijo de la resonancia poética
de toda im agen ;"1 propicia por naturaleza a la ac t i v id n d de
imagi nación y de creación .
Si el recuerdo es diferente, ¿tenemos que distingu i r ahora
entre lo que se ori gi n a en la memori a volu nt.-iria de lo que nace
i nvol un tariamente? Como vere mos l uego, esta oposi<."ión e n ­
tre un recuerdo-evocación que depende de n uestra vol untad
y u n recuerdo-reconocimiento espontáneo es esencial pues
coincidirá con las oposiciones entre memoria-ra zón y memo-

::- N. G ri mald i . op. c-it p 2 1 1 .


. •

" M . Merlcau- Pont�" . op. cit p . 4i4 .


. •

"' N. Grimaldi. op. c11 . . p. 2 1 1


11 Emt':lt Cass i �r. IA philos<Jph ir dnc (ormt'." �")·mholiqut'11. J l l . París.

Minuit, 1972, p. 2 1 7 -23 1 .


'"' Gi lbert Durand , /. '1magina1ion foym boliquf' , Po N , Pt.:fo". 1 964 .
11
Grunon Bm:hela rd , /.a poitiq11� J,. /a titrrrir . Pnris. Pl'.fo·. 1960. p . 1 03 .

33
ria- pa s ión ; memoria de la inteligencia y memoria de las
e m oc i o n es ; memori a que repite y memoria que i m a gi n a .
Ka n t sostenía q u e la memorización se o ri gi n a e n la mecá­
nica ( aprender de memoria), en la i ngen iosidad (las as oci a cio­
nes de ideas q ue favorecen el rec ue rdo) o en el j u i c i o Oa
clasificación sistem ática como la de Lineo).:" En cada u no d e
estos casos, el acto de m e m o r i a es vol untario. Kant agrega que
la memoria difiere de la imaginación porque tiene el pod er d e
"reproducir a su modo la representación anterior",3; ya que,
según él, l as perfecciones formales de la m e m ori a son la
aprehensión i nmediata, el recuerdo c u ida d o y la con servación
duradera . Sin embargo, señala que estas cual idades raramen­
te se encuentran reu n idas. Por su parte, Bachclard observa
que cont rari amente a la ensoñación , la "verdadera m e m oria"
no se rea l i z a por si sol a, .. por un i m p u l so ínti mo" . La evocación
se produce en un marco construido previamente < la espera. el
deseo. una fecha, el víncu lo social ) en el momento de l a fijación
que. Pn parte, condiciona las modalidades del recuerdo. Sin
embargo, nos invita a deshacernos de la memoria h is to ri a d o­
ra a favor de la "memoria \•iva", l a "me moria- i m agin ación".

No nos sorprende que artistas y escri lorcs hayan privilegiado


el recuerdo que surge i nvol untariamente a la conciencia,
dejando de esa m a n e ra campo l ibre para la imaginación
creadora. A.si, Proust opone una memoria a u téntica a la
memoria volu ntaria . Ésta, dice, · una mcmori:t sobre todo de
la intel igencia y de los ojos, nos proporciona solamente caras
no \•erdaderas del pasado. Pero u n olor. un saber, que encon·
tramos en circu nstancias lotalmente diferentes despiertan en
nosotros, a pesar n uest ro, el pasado y sentimos cómo ese
pa�do era diferente de lo que creíamos recordar y que nuestra
memoria \•ol untn ri a pintaba, como lo hacen los malos pinto­
res. con colores no verdaderos". >C

Luego de esta presen tación rápida y p a rc i al de las tesis


filosóficas sobre la m em o ri a, se impone una co m pro bac i ó n
doble . En pri mer término, la oposición entre una me moria de
la razón ( más bien vol untaria) y u n a memoria de la pasión
(más bien i nvol untaria) parece perder pertinencia hoy. En

u E. Kant. op. cit. . p. 100 1 - I OO'l.


D Op. cit.•p. 1 000.
• )faral Prou.t.. Úllrr a Antoin� Bibnro, 1 9 1 2 . e!n Rec.•. Hi�t. Litt. Fr. ,
diciembre de 1 07 1 , p. !MS-946.

34
e fec t o. los trabajos m ás recientes de l os neurobiólogos m u es­
tran que pasión ( emociones, senti mientos ) y razón no pu ede n
pensa rse como té rm i n os m utuamente excluyentes, '"los siste­
mas neuronales que se ponen en contacto en la primera están
mezcl ados con los que subyacen a Ja segu nd a " . Si es verdad
que la ausencia de e moc i on es y de sentimientos impide que
seamos verdaderamente racionales y si. como se admite, l a
ex p resión de l a s pasiones n o es fact i ble sin u n cierto con t ro l de
la razón , no es posi bl e segu i r o po ni e ndo una memoria pasio­
nal a u n a m e m o r ia racional; una memoria invol untaria a una
memoria v o l u n t a ri a . Ambas se com pl eta n y se refuerzan
m u t u a mente en el proceso de reconstrucción del pasado.
En segundo térm ino, podemos querer distinguir por razo­
nes de método las formas espontáneas de la memoria C u na
memoria profunda, bruta, afectiva, estética en el sentido
eti mológico del término) de sus mani festaciones de li berad as
( J a memoria clara, razo n ad a , controlad a ). Si n embargo, es
m uy d i ficil saber si una organización \'oluntari a del acto de
memoria no pudo e n co n trar su fuente en un rec u e rd o invol un­
tario e, inversamente, si l a '" m em o ri a i ntel igente" que Proust
despreciaba (la memoria intelectual de Diderot) no puede
provocar la rem i n iscenci a. Por lo tanto no vamos a proporcio­
nar u na concl usión , sino s ol a m e n te a señalar q u e , para la
ant ropología, e s evidentemente m ucho más fácil t rabaj ar
sobre l as expresiones organizadas, ritualiznda.� o i n sti tucioa­
nal izadas y, por lo tanto, voluntarias de la memoria , que sobre
sus ex presiones espontá neas. A esta tarea nos dedicaremos en
la segu n d a parte de este ensayo.

35
Capítulo IV
MEMORIA
Y RAZóN PRÁCTICA

La memoria acom paña cad a día de una vida humana porque


no hay nada co n o cido que no pertenezca al posa do y que, pos
consigu iente, no tenga que ser m emori zado. La v id a cotidia­
na, que nos i m pone la necesi d ad de ad m i n istrar el tiempo
personal, doméstico y profesional , constituye el pri mer marco
social de Ja memori a , el qu e se ve de manera i n mediata en to­
da sociedad . Por otra parte, la preocu pación por mejora• el
rendim iento de la m e m ori a necesaria para l a vida social_ ett.
el origen de d iversas mnemotecnias más o menos elabOí'&das
y eficaces .

J . LAS ARTES DE LA MEMOR IA

¿Cómo no o l v i d ar? ¿Cómo ayudar a la memori a? La respuesta


a estas preguntas parece fáci l hoy, pues el hom bre tiene a su
d i spos i c i ón mecan ismos que le permiten ampliar considera­
blemente su ca p a ci dad de memoria y esto c a m bió radicalmen­
te su relación con las i nform aciones que debe memorizar. Sin
embargo, d u ra n t e mucho tiempo el ser humano tuvo que
apelar ú nicam ente a sus recursos mentales. Por lo tanto, el
ejercicio de l a memoria tenfa una im portancia vital que dio
orige n al desarroUo de un arte de la memoria .
La memoria , es d ecir, el conjunto de técn icas de memori za-.
c�n y rememoración, era uno de Jos cam pos de la retórica
antigu a �_�m .'entio, dispositio, elocutio, actio, memoria . Fran­
ccs A. Yates • nos transmitió lo esencial de lo q ue hoy sabemos
sobre las formas que tuvo este arte desde los oradores de la

1 Frances A. Yates. L'art de la m�moi�. Paria, Gallimard, 1 975. lndex.


434 p.

36
Antigüedad. la Eda d Media f Al berto el Gra nde. Santo Tomás
de Aq uino, R aym on d Lulle, Petrarca ), el Renacimiento (el
Teatro de la Memoria de Gi u l i o Camillo, Pierre Ramus,
Giordano B ru no), hasta el s i glo XVII ( Robert Fludd , Francis
B aco n , Descartes, Leibniz). Su soberbia obra L 'art de la
mémoire está basada pri nci p al m e nt e en el estudio de tres
fuentes latinas: la lnstitutio oratoria de Quintiliano, el Ad
herennium libri /V, de un a u tor descon oci d o y, finalmente, De
oratore de Cicerón , que refiere la h i storia del poeta Simo n id e
de Céos < 556-468), capaz d e identificar a los comensales de un
banquete m u ertos a causa de u n desmoronamiento porque
podía recordar el lugar q ue cada uno de ellos ocupaba en l a
mesa . Pues este arte se apoya en la "'topofilia., de la memoria,
esa propensión del recuerdo para construirse es pacialmente,
para inscribirse en un espacio, e n un l ugar. Un locus de
memoria contiene u n a imagen de m e m o ri a , los on ce l u gares
del I n fierno de Cosmas Rossellius < Thesa urus arti{iciosae
memoriae, 1 579) o el Teatro de Gi u l i o Camillo, por ejemplo.
pu eden considerarse como un "'sistema de lugares de memo­
ria". l Todo el arte de la memoria se fu n d a en la construcción
de un sistema de l ugares Cloci ) y de im ágenes : el orador
pri mero define un itinerario a partir de una serie de lugares
arq u itccturales, ficticio.e; o real es ; luego de aprender de memo­
ria este itinerario, fabrica i m áge n es de las in formaciones que
\'3 a memorizar y las ubica en los diferentes lugares del
itinerario, asim ilados metafóricamente a ta bl i l l as de cera; las
imágenes se di sponen de tal modo que el orden del discurso y
el de los lugares s e confunden y, entonces, el recorrido ( men­
tal > del iti n erario provoca la rem i n iscencia. Gracias a este
artificio algunos a n tigu os dieron pruebas de extraord i narias
proezas m n e m ó n i cas , como Hippias de Élida quien "con oír
u n a sola vez cincuenta nombres" los recordaba < Platón , El
gra n Hippias, 285 e ) o, también, un amigo de San Agustín del
qu.� éste decia que podía recitar a V irJili
o al revés.

Este método de los l ugares es u n a }knica mnemónica con


íundamentos cicntificos i ndiacutibles: aunque Desca rtes haya
combatido el ars mnemonU:o y Kant lo haya juzgado ·· inept.or.
N umerosos trabajos de psicología mostraron.Rue el hecho efe
reubicar a un sujeto en el contexto Cel lugar) del aprendizaje
inici al optimiza la evocación. Este fenómeno constituye una
justificación importante de las reconstituc:ion«..>s de crímenes.
1 F. A. Yak'tl. op. cit. , p. 132 y p. 158.

37
Se sabe que cuando u n o tiene dificultades para rec:onoccr a
una persona, Ja pri mera pregunta que se hace us: ¿dó1ide la vi?
Marc Augé cuenta cómo un plano del subterrá neo fu nciona
como un a)·uda- mcmori a y, má.� precisamente, los diferentes
l ugares constituidos por lns estaciones, como desenc ade n an ­
tes de recucrdos .3 La eficacia de la asociación Jugarc8'i máge­
ne.slrecuerdo expl ica s i n dudas que se encuentren métodos
comparables en lugares no occ i dentales. como pudo observar
Corlo Scveri al estudiar la pictografia de los indígenas Cuna
C An:hipiélago dc las M ulatas, Panamá), manera especia l men­
te com pleja y re fi na d o de controlar la memoria de las palabras,
de unir la i magen-memoria con la enunciación ritual . •

N o podemos finalizar estas pocas lineas dedicadas a l as


artes d e la memoria s i n recordar q ue si bien pareciera q u e hoy
est as artes están olvid adas, todavía existen técnicas de me­
morización de gran riqueza en cada sociedad < basadas en el
sonido, la imagen , l as palabras, los objetos o, en sus aspectos
comerciales, los man u ales, los cu rsos de estud io, los semina­
rios, etc.), técnicas que deberían alegrar a los etnógrafos.

11. l..A MEDIDA DEL TIEMPO

· Evidentemente , la memori a está l igada al tiempo, del m ismo


modo que lo está al espacio, como se evidencia en la expresión
11tanotrds en el tiempo como puedo acordarme". Las represen­
taciones del tiempo varían según las sociedad�s y, tam bién ,
dentro de una misma sociedad , cuyo ritmo está dado por una
m ultiplicidad de tiempos sociales. El tiempo pu ed e perci birse
de manera cíclica, reversible o conti nua y lineal , y cada una de
estas representaciones constituye el fundamento del modo
de búsqueda de la memoria. Asf, si es verdad que los Hopi no
tienen la noción del "tiempo• que pasa,& el estatus de la
memoria debería ser obligatoriamente diferente del de nues­
tra sociedad en la que son omnipresentes el tiempo y su
"administración". Asimismo, los N ucr de Sudán, quienes usan

1 Marc Augé, Un etluiolox� danB le m�tro, Paria, Hachette, 1986, 1 24 p .


• Cario Se\-eri , "Paroles durables, écriturea perdues. !Uflexions sur 14
pictograplúe cuna•. en M . Detáenne, op. c:ct. , p. 45-73.
' Benjamin Lee Whoñ, LinguíMtiqul! el an1hropologie, Paria, Denoel,
1969, p. 6. Para u na critica IK'vera sobre esta interpretación de una culturn
•primitiva", ver Paul Veyne, Commenl un tc:rit l 'liisloire. Paris, Seuil, 197 1 .
p. 60-63.

38
dife rentes categorías temporales que dependen del ritmo de las
estaciones, de los mitos, del ciclo de los tipos de edad, ponen en
funcionamiento memorias sucesivas, variables según las cir­
cunstancias. En todas las sociedades y según modalidades m uy
diversas, una dicotomía temporal '"antes/ahora 916 organiza toda
rememoración , aunque se encuentran diferencias entre grupos
sociales, e incluso entre individuos, en cuanto a l a elección de los
umbrales (las fronteras temporales) q ue delimitan el presente
y el pasado (antiguamente, antes, "en mi época", "cuando era
jm.'en ") que, con frecuencia, se asimila a la edad de oro. Incluso
la noción aparentemente neutra de "memoria de l siglo" depen­
den estrechamente de un recorte arbitrario del tiempo que se
corresponde con la acepción relativamente reciente de la pala­
bra "siglo", es decir, cien años.� Por lo tanto, es preciso relacio­
nar todo acto de memoria con las representaciones del tiempo
de la sociedad que se considere.

I ncluso podemos decir que todo acto de memoria e; constitu­


tivo e indisociable de estas representaciones. En efecto, la
memorin humana, posible por una conciencia de orden supe­
rior plenamente desarrollada, permite modelizar el tiempo )'
elaborar un concepto del pasado, del futuro y del presente. Un
"tiempo i n memorial• es, por otra parte. un tiem po que no
puede medirse. que la mente humana no p ued e modelizar.
Pau l Ricocur muestra cómo la m e m ori a transmitida por l u
palabras de los antepasados contribuye con la constitución de
..
un "tiempo a n ó n i m o , a mitad de camino e ntre el tiempo
privado (el tiempo vivido por el sujeto) y el tiempo público (el
pasado histórico): cuando un abuelo le transmite a su nieto los
recuerdos de ljU jUVCDtud , le permite establecer un puente coñ
un tiem po qué no pudo conocer. Aai mismo, podemos deducir de
m uchos datos etnográficos que la memoria genealógica o
famil iar partici pa de la e:Jtructuración del tiempo doméstico e,
incl uso, en ciertas soci .. ades rurales o exóticas, del tiempo de
la colectividad , que no se organiza en función de los hechos
h istóricos. sino del recuerdo de los momentos fuertes de la
historia ram i liar C nacimientos, al ianzas, muertes, adquisición
de tierras o de u n a casa � etc. )

A primera vista , los conceptos de pasado, de futuro y de


presente sólo adquieren su significado para el yo del sujeto

' Fran�oilo 1.onabend, op. c:it. , p. 13.


: Daniel S. Milo, Trahir lt ttmJ18 fh1&tolreJ. París, Lea Belles Lelt.rea,
1 99 1 , 270 p.

39
que co n sti t u ye la ú n ica referencia espacio-tempora l , algo q ue
está muy bien expresado en los versos de Boileau y Apol l inai­
re : "el m omento en el q u e yo hablo ya está lej os de mi"'; 11los
dfas se van . )'O qu ed o " . Fran�oise Zonabcnd señal a que en
Minot la "memori a corta del tiempo• j alon a las estaciones: •eJ
último inv�rno•, "'el verano próximo", ..a11 tes de la oosecha";
pero el paso del tiempo se organiza de acuerdo con el _eje
bi ográfico < historia pe r son a l y fam i l i ar). A Boris Cyru l nik8 l e
llamaron p ro fu n d a m e n te l a atención las res pu estas de sus
enfermos en l as consu l tas neurológicas: sus referencias al
pasado no se basaban en c i fra s o en fechas. si nl> en hechos
vividos en los que estaba n personal mente i m pl icados : "descle
que se fue mi m ujer•, "'despuls de que a mi hijo le fue mal en
ese examen ·. etc. Estos aconteci m i entos implican al individ uo
pero ta mb i é n a la sociedad por co m p l eto , a través de la
institución del m a t ri m o n io , la fam i l i a , la educación, con lo
que las categorías tem porales adquieren toda su significa­
ción no s i m plemente en re l aci ó n con el sujeto i n d i vi d u a l , sino
con el sujeto social . En este sentido. etnólogos como Da n iel
Fabre, Valérie Fcschct y Sy lvie Sagnes demostraron recien­
temente que los •escritos com u nes " -com o los papeles de
familia, los diari o s íntimos, los cuadernos genealógicos, l os
registros domésticos- a los que se consideran arch i vos parti­
culares, constituyen una forma de memoria en pa pe l , deter­
minada por las restricciones sociales y culturales y, especi al­
mente, por la -razón gráfica" (Jack Goody). En l a práctica, en
el esfuerzo de memoria cotidiano el individuo reci be el perma­
nente apoyo de la sociedad, q ue le proporciona una ci erta
cantidad de herramientas para faci litarle esta tarea .
En primer l ugar , está el calendario, conector "entre el tiem­
po vivido y el tiempo u n i versa1•.1 No co n sti tuye solamente l a
memoria de los días com unes ( pasados o futuros ) de cada
individuo, sino que tam bién es el d epos i ta ri o de u n a memori a
compartida, la de J os días de fiestas religiosas y profanas. la
de los acontecimientos memorables, la de las celebraciones y
los cumpleaños. A diferenci a del reloj, que v al o ri z a e l tiempo
presente Oa ex pe ri e n c i a cot idia na), ªº el ca l e nd a ri o' s irve para

' Boris Cyru lnik. Mémoirrt de sin¡:e et pamles <l'homme. Paris, Hacheue.
1 983. p. 2 1 .
• Paul Ricoeur, Tem� e t rkit. 3 . ú temps mront�. París. Se u i l . 198.'i, p .

1 89.
to Antonio Duarte Rodrigues, •Mémoire l'l t«hnique·, en P. Jeudy, op.

cal p. 55.
• •

40
d a rl e \'alor al tiem po pasado o al tiempo futuro . En especial,
la co n m e moración se! vuelve imposible sin no hay un calenda­
ri o q ue sirva como referencia, y lo mismo s ucede con gran
pa rte de l a vida soci al: por ejemplo, sabemos cuán im portan­
tes son las fechas de las ferias y de los mercados en muchas
socied ades rura les. difici les de fijar sin esta memoria del
futuro qu e puede ser el calendario. en otras épocas relegado
por el a l manaque, otro ayuda-memoria popular. M ucho más
que un simple soporte o un simple marco de la memoria
colectiva, el calendario forma parte de ella, es una de sus
pieza!'\ esenciales. y esto explica la resistencia con que se
enl"Ontraron l a s autoridades políticas o religiosas que quisie­
ron m odificarlo, es decir, im poner uno nuevo, como suced ió en
I rnk y en el Irán del Sha con el calendario de los chiit.as .

En las sociedades modernas hay otro instrumento que permite


adm i n istrar Ja memoria del fu tu ro y que empezó u tomar
mayor importancia a mc..odido que la ocupación del tiempo se
vol\•ió más densa. Se trata de In ugcnda. la heredera del libro
df? anot.acion�s q ue antaño escribía el jefe de una familin, que
me moriza el futuro y, St.>c undnria mcnte, el pasado. Desde este
pu nto de \'ista , In predi lección que hoy tenemos por las agen·
das constituye un motivo de curiosidad para lo.q sociólogos y los
antropólogos, m ucho más aun porque aumentan permanen te­
mente ,.u capacidad de memori a . como si su a mbición conais·
t iera en consen•ar todo lo que pasa en un a i\o de vida humana.
Por olru parte, los sociedades comerciales están tratan d o de
fabricar la ·agenda idear que permitiría registrar los aconte·
cimientos de Loda una vida •desde el naci miento hasta la
muc rtc 1 1 l o que seguramente \'an a permi t i r denlro de poco
"

las agendas IJectrónicas m ás potentes.

1 1 1 . L\ E.XTt�ORl?.AClóN DEl. PE!liSAM l &NTO


'\' DE LA MEMOR IA

Por razones de método, es necesario disti ngu ir la memori za­


ción pura m ente mental, que apela ú n icamente a los recursos
del cerebro h u mano, de tod as las otras formas de memoriza­
ción que util izan soportes materi al es m uy d iversos: los de la
escritura y l a imagen -piedra , pa piro , perga m i no, papeles
m u n uscri tos y luego i m presos, "cerebros" electrónicos (com­
putadoras). C D-Rom , etc .-, sin olvidar la actual revolución en

11 Suplemenln del dinrio 1-c .Vond,. del :�o dl" noviembre de 1995.

41
la documentación , l a multiplicación de los a rc hi v o s públicos
("memoria de la nación" s e gú n el d e c re t o del 23 de oct u b re de
1979 sobre la organización de la D i re cc i ó n de los Archivos
de Francia > o privados, de l as bibliotecas, de las redes y de las
•redes de redes" que constituyen una gigantesca memoria
virtual cuyos efectos aún no hemos c a l c u lad o . Evidentemen­
te, el lenguaje permitió esta exteriorización de la memoria
humana y por esta razón se l o considera su p r i m era ampl ia­
ción . Desd e este pun to de vista, los etnotextos y la literatura
oral constit uyen archivos de pri mer orden .
La capacidad de la m e m ori a estrictamente humana es
n o ta b le: los Veda fueron con servados de memoria durante
siglos; Séneca d ec f a que era capaz de repetir dos mil palabras
en el mismo ord e n en que acababan de ser pronunciadas. En
el capítuloDe q uarunda m admirabili memoria de sus Variae
lectiones, Ma rco Antonio M uret ci ta el siguiente caso: había
un joven d e C ó rce ga al que él le había dictado dos o tres mil
palabras "griegas , latinas, bárbaras" sin n i n gu n a re l a ció n
entre ellas y que, en su m ayoría, no sign i ficaban nada .
Enseguida el joven pudo repeti rl as sin dificultades. gracias ,
según él , a u n a técnica secreta q u e le permitía memorizar
treinta y seis mil palabras co n tota l faci lidad . i ;: Por otra pa rte ,
la id e a de apelar a a m p l iaciones de la memoria para pal iar las
l a gu n a s de l a memoria h u m a n a fue desacred i t ada en ci ertas
ocasiones, porq ue la escritu ra era considerada como el "anti­
v a l or" : los Dru idas l a prohi biero n , ya sea para i m pedi r la
d iv u lg a c ió n de su doctri n a , ya sea para que sus alum nos no
dejaran de "\'alorar su memoria; pues c a s i siem pre pasa que
l a ayuda de l o s textos t rae aparejada como consecuencia
menos celo para aprender de me m o ri a y una d i s m i n u c it\ n de
la memoria". 1:1 Algu n as e s c u e l a s escol ást icas ( por eje m p l o en
Irlanda, en el siglo \'1 1 ) p ro h i b í a n toda ayuda escrita y basaban
la en señ a nza solamente en la fa c u l t ad humana. En I rán los
ed ucadores i nsisten m u cho en la m e m o r i a verbal . Edward T.
Hall observó que los norteamericanos que iban a ese país
ensegu ida pasaba n po r i gnorantes y quedaba n desacred i ta­
dos pues no tenían todos l o s hechos presentes en la memoria
.Y tenían que conservar sus papeles para hacer su trabajo. 1 &
!;as a&ltu ��� qu� privilegian la memoria "natural" favorecie-
-
12 Dict1onnain d� Trétioux (articulo memoria >. l i52.
11
César, La JlUUra de /ax galiax. V I , 1 4 .
11
Edwud T. Hall, A. u -d,llr d� la cu/111,... , París, St- u i l . 1 9i9, p. l i9.
ron la expresién de proezas de memoria asom bros�s. Bateson
nos p r o po rc ion ó el eje m plo de los J atm u l de Nueva Guinea,
ca paces de memori zar l'n tre d i ez y \'ei nte mil n o mbre s en sus
discu siones s obre los nom bres y los tótcms. 15 Lé\'i-Strauss
señ a l ó l as complejas clasificaciones de l a fauna y la flora en l os
Hanu noo y los N e gr i t o de l as Filipinas y también de l os Dogon
de Mal i 1" : todos s u po ne n la memorización de un saber con si­
derabl e, "ci e n c ia de lo concreto" s oste nid a por los m i tos y los
ritos. Se re al i z a ro n observaciones similares en la Ind i a , en
C h i n a , en África y en n u merosas socied ades de tradi ción oral .
I ncluso a lgu n os opus i e ro n l a m em ori a gestual viva de estas
sociedades a la "letra 'muerta' de los textos",1� característica
de n uestra civ i l i z ación .
Hoy, a u nq u e no tenga u na m e mo ri a de l i e b re ( muy cort a ),
s i no u n a memoria de e lefante ( m uy l arga), de horm iga ( m uy
precisa ) o de boticario < m uy vasta ) , a un hombre no le bast a
sol amente con el cerebro como unidad de almacenamiento de
las i nform aciones memorizadas y, por con si guiente, apela a
extensiones de l a memori a . De m a ne ra que. co m o André
Leroi -Gourhan, podemos habl ar de extensión de l a me m o ri a ,
ya que ésta se d il a tó ta nto que n i n gu n a memori a i ndh·id ual
pu ede pretender abarcar su co n te n ido . t ti ¿ C uándo em pezó
est a extensión?
Las pintu ras prehistóricas ( Lascaux, las grutas de Cos­
q uer. Chau\'et ) y, más tarde. proto-h istóricas < Va l le de las
M a ravi l l as > quizá sean las pri meras e x pre sio n e s de una
preocupación prop i am ente humana: i nscri bi r, dejar huellas,
fi rmar, r u b r i car , "memori zar", ya sea a través de u n a m e m o­
ria expUcita -con obj etos o an im ales- o de un a memoria más
co m p l ej a pero t a m bi én de una m ayor concentración semánti­
ca, l a de las formas, de las abstracciones, de los s ímbol os . que
tan bien describió Leroi-Gourhan . 1» Esta preocupación es
c\•idente en m u cha s inscripciones en lápidas ( gl i fo.c;, graffiti s >
y e n múlti ples prácticas como la d e tirar m on ed a s e n u n a
fuente. :.zo En todo caso, ésta s e \'uelve expl ici t a con l a a parición

" Gregory BaU?son. !.a c�,... m onit du Nm�n . Pa ris. M inuit. 197 1 , p. 23 1 .
" Claude U\'i ·St rauSii , La pen�e :saut•ag�. París, Pion, 1 96 2 , p. i ·8 y 53.
• � M:arcel Jou llSt" . .'\ n thrnpolt>¡:1e dt1 gt:slt , París, Ga l l i m a rd , 1 9 7 4 , p. 33.
•• A . Leroi-Gourhan , op. cit. , p 63-i6.
" Op. c-i t p. 2 1 7 - 223.
. •

ic Gerard Lapla ntine, " [nscriptiom� lapidaires el tratt� de pusagP:

formation de l a ngages l'l de rites·, en Etli nolo¡:it' de:; faitlf rdi&ieux �n


Euro¡w , Paris. CTHS . 1 993. pp . 1 3i - 1 59

43
de la escritura. hace alrededor de seis mil años . Entre otras
razones, la palabra de M a m mo n hará necesari a la extensió n
de una memori a que en las sociedades orales valía lo mis mo
que la duración de la vida de un testigo ocular. El estableci­
miento d e contratos cada vez más complejos, la posesión de
acciones, la uti l ización del crédito eran aspectos importantes
del com erci o mesopotámico que hicieron que la escritura se
volviera una · "ca.tJi necesidad".:u A partir de ese momen to
pud ieron conservarse la memoria de las transacciones y de la
empresa, a l a q u e rcc urrian l os socios económ icos cuando
había u n conflicto. Lo mismo sucedió con la preocupación por
tran s m i ti r las riquezas acumuladas, que dio l ugar al im pres­
cindible testamento escrito.

La vol untnd de conservar la memoria de las obligaciones


propias y reciprocas tomó ca m i nos muy diversos: asi , Jack
Goody hace un paralelo e n tre los done$ funerarios en los
LoDagaa ( norte de G h a n a ) -que establecen que el regi slro
por cscrit.o recuerda a los beneficiarios cómo tendrán que
comportarse a cambio-, las listas de lns tnrjetas de buenos
deseos -que conservamos para acordam� de los en\•íos que
tendremos que hacer el m\o sigui�nte-, o los ostraca del
Antiguo Egi pto -que registraban los regalos recibidos por un
hombre con el objetivo de reavi\•ar la memoria del desti nata­
rio en u n a fecha post.erior-. 2"l

Herodoto escri bió • para i m ped i r que lo que hicieron los


hombres se borrara con el tiempo", con el proyecto de que
ingresara e n la memoria no sol a mente el tiem po de los
orígenes, s i n o tam bién el de los aconteci m i e n tos más cer­
canos . Macrobio n otó q u e el sobera no pontífice poseía el
pod er de ret e n e r J a m emoria de los acontec i m i entos e n l a
tabula: potestas memoriam reru m gestarum i n tabulas
conferendi. i-1 E l hecho de que ú n ica m ente las religiones del
Libro sean verdaderamente re ligiones pros e l i t istas es otro
indicio del poder de Ja es c r i t u r a en relación con la memo­
ri a . La tra d i c i ó n escri ta faci l itó el t rabajo de los portadores,
custodios y d ifu sores de la memori a . Los primeros "memoria­
les" consagrados al Holocasuto no fueron monumentos, sino
11
Jack Goody . La IORir¡u� de l ft:riluTr. Au.r orillln•'J( dtt1> soc1éti� l111m11i­
nu, París. Armand Coli n . 1 986 , p . 75.
n Jack Ooody, op. cit. , p . 76.

ª Jobo Sdaeid. •Le temps d� la cite el l'hislAlire d@s prelre$p, e n M.

Dcticnne, op. cit p. 1 53.


.•

44
re l a tos: l os Yizkor Bucher o libros del recuerdo, q u e cuentan
a t rn\'és del l i bro l a vida y la destrucción de las co m u n id ad es
judías eu ropeas. Su objetivo era transformar el l ugar de
J ectu rn en es pacio conmemorativo. como respuesta al "'sínd ro­
me de In t u m b a ausente• . : .. Sin embargo , e n m u chos casos

lo l's c r i to es más u na coartada que un i nstru m e n to pa r a l a


m e m ori a . Al notar el papel q u e juega e l d ocu mento nota­
ri a l en la estrategi a retórica de los h abitantes de los oasis
d e E l Ksar < Tú nez ), Mondher Kilani co m pro bó que l a m e ra
refe renci a a la existencia del d ocumento ten í a un efecto
pe rsuasivo en los oyen tes, si n q u e fuese necesario. uti l i zar
rea l m e n te el act a n ot arial . :u Ta m bién se o bs e rv a r o n act i ­
t udes parecidas con respecto a l o escrito e n Drüme, en
in\'estignciones desarrolladas entre 1978 y 1982:ili o entre los
Barma < Sudán ), en l as i nvestigaciones reali zad as por Viviane
Paques sobre las ge n ea logfas escritas . 2; De hecho, en estos
ca sos preci sos poco i m p ort a el con tenido exacto de la memori a
c-�cri ta q ue se moviliza sólo para reforzar y volv e r verosímil l a
memoria oral .
¿Cuále� pueden ser los e fectos de la ex p a n si ó n conti nua y
cada vez may o r de la m emori a humana, de esta exterioriza­
ción del pensamiento q ue parece no tener 1 imites en una época
e n Ja que pronto se podrá acce der al Museo I m a gi n ar io de
l\l a l raux por I nternet? Los textos antigu°'q nos proponen
alJ,.rtmns respuestas.
l..a ap�ri.ción de la escri t u ra alfabética e n las ci udades
griegas, a medi ados del siglo \'1 11 antes de C r i sto , es un hecho
de im portancia para la memori a del pasado colectivo. La
apropiación del graphein por los primeros prosistas i ntrod ujo
un a d istancia crítica con la tradición de la q u e da cuenta
Hecateo de M i leto. Aparece una nue,·a represent ación del
pasado -ya no es más perci bido como un tiempo indi ferenci a·
do, sino que ah or a se despliega por generncioncs- y. también ,

: • James E . Youn¡;. '"Écri re l e mon u ment: s1lt', mémoirt.>. critique·.

Antiale.'i ESC. maycrjunio de 1 993. n• 3, p. i29.


" :Mondh.,r J<jL·mi, L'• m�nlion de l"autre . Lausanne, Ediliollli PByol
La usanne, 1 994 , p. 243·244.
" Piertt Gaud i n . Cla i re Reverc:hon , '"L'historien .. t le lt'xte orar. en Jcan ·
Noel Pe len . Claude Martt- 1 1 bajo la direcc ión de 1, ús uoics d" la pamlt'.
Ethnotf'.Zlc:s d li11,;ra111� orale. Approclies triliqutJi . Aix. Alprs de l.umit'.ltt
& Univenitr d<' Pro\•eooo, 1 99'l. 1 96 p. l..t's cahien de> Snlagon l .
i: Trabajos citados en Jcan Poirier. Simone Clopier-Valladon , Pnul

Rayhaul. /As rkits dr t'"" TMori� C'I prat1qu�. Parls, PUF. 1 983. 238 p .

46
un a cierta a rtifici a l i zación de la memori a . !� Otro c a m bio como
con secuencia de la a p a r ició n de l a escritura fue el del mne­
món , personaje que gu ardaba el recuerdo del pasado para la
toma de decisi ones de la justicia, al pri ncipio, gracias a ft
memoria indi vidual, l uego, por escrito. Según Louis Gerne"
pareccrfa que en el momento del paso a la conservación
escrita, la fu nción de la memoria habría qued ado u n pace
disminuida.�· El temor a u n a i nv ol uc i ó n de la m e m o ri a huma­
na es explícito en el célebre m ito de Theuth, d i os que le
presenta al rey egi pcio Tham us la escr it u ra com o remedio
para su falta de memoria. Thamus felicita a Theuth por s u
descu bri miento, pero dice q u e hay que tener cuidado con el
uso q ue los hom bres harán de e l la: "pues esta invención , al dis­
pensar a los hom bres de ej e rc e r su memori a , producirá el
o l v i d o en el alma de los que adquieran su conocim iento; al con­
fiar en la esc ri tor� b u s c ar á n el medio para recordar afuera ,
gracias a caracteres ajenos, no a d e n t ro , gracias a ellos mis­
mos" < Platón , Fedro, 2i4 b-275 b ). T h a m u s agrega que con
esta invención los h o m b res van a poder obtener abundante
i nformación q u e los llevará a creerse com peten tes en una
cantidad de cosas , pero se habrán convertido si m p l e m e n te en
ªsabios ilusorios", en "desertores de Mncmosi na" para reto­
mar la hermosa expresión propu esta por Mnrc Fu m arol i . :io
Este mito resume a la perfección lo que se está prod uciendo
ahora respecto del des arrollo exponenci a l de la pos ibi l idad de
ampl iación de la memoria h u m a n a y los temores q ue pro\•oca .
En efecto, hay dos criticas pri ncipales d i ri gi d a s al "ciberm u n­
do": por una pnrtc, el ti e m po que se uti l i za p a ra bu scar y
comunicarse inform aciones nos aparta de la vida i n terior o del
intercambio verdad ero entre semejantes; por otra parte, la
"'navegación" pe r m a n e n t e entre masas de d a t os que crt.accn
cada vez m ás im pide u n a asi m i l ación rea l y, por consiguiente,
crea falsos sabios . Aqu í tenemos u n interrogante esencial
pa ra un proyecto de a n t ropolob'Ía d e l a memoria y, tan solo
como ejem plo, podemos pregu ntarnos s i l a '"ioonorrca " moder­
n a , la actual profusión de imágenes ítelcvisión , cinc, m ul t i m e­
dios, etc. ) no e s capaz de transformar nuestra re lación con e l
pasado. ln\'cstigacione� recientes hechas para e\•al u a r los

=" Chris&ian Jacob, · t:onlre généalogique. Entre le m}·the el l'h iiltoiro·. en

M. llctiennc. op. ctt. , J> 1 69·20 1


:• Citado en J. ·P. Vrm:int, op. cit . .p. 1 10 .
"' M a rc 1-' umaroli, L'f:1at l't1lt11 rei. F.."sa ' sru u n l' rt•li11ton modt!rnt' , Pnri:t.
Éd. � Fn llis. 1 992. p 3iG.

46
efec tos dt' l a telev isión en l a memoria del Holocau�t o lleva n a
i
cre e r esto . 11 La conorrea tí'levisiva prod uce u n a agnosi a del
acont eci m ie nto: éste pmm a :' C r sol a m e n t e u n a s u cesión d e
pl an os percibidos sin d u ración e indepcndil"n temente uno
de ot ro. m á s o m e n os carentes d e ren lidad .Y cuyo sen tido
escapa masivamente al telespectador. Podl'm o:; su ¡>oncr que
8 p a rtir de u n cierto um bral . la dcnsificación de la memori a

icón ica vueke más d i fici l el desarrollo de u n a memoria se­


m á n t ica e lo que hizo deci r a .foa n-Luc God nrd que l a tclc\' i sión
fa br 1cn olvido mientras que- el cine fabcira recuerdos ). La
d i fu�iün cada vez m :\s rá pida·'-' de una ca n t id a d cada vez
mnyor de im ágenes , que a men udo P�t á acompañ ada por Ja
desa parici ó n de l a '"mcmoria-pn pcl". parPce act u a r sobre la
m<'moria i nd i v id u a l y colectiva en dos sent idos: por una parte
qut-daria pegada" a lo i n med iato. con lo que i m ped i ria toda
..

per$ p<.>c:t iva tem poral y . por o t r a . con�titui ría una faci l i tación
pa ra d oh·ido q u e , Cl post�riori . podría darle la razón a Platón .

En relación con l as cu l t u 111� populare�. algu no� sostunt· ron


que la tra nscri pción dl' lal' t rndiciom·s y de loe; a n: h 1 rn1" ora l l•s
produci n a el paM> dl' u n a memoria \'i\'a a t1 n a mPmoria
mul!rla . Sin emhargo, e:-tc pu nto de vi8ta nos pan>c<· e rrúnf'O.
pues la lilologin <'nscl\:1 que lo." te x tos si�en ,;,.¡,mdu: lo.s
n•lat.os l'.' U frcn \"arianta¡ l uego de f.t!r '"lijado..;. "' por l a l•srrit u ra ;
además, i ndc¡x�nd icntcmr.ntt.• dl• b U con tenido propio. l·I m e n ­
saje q ue transmiwn depende de.• 1�, nutur-.ll e zu d t• l a prc·gunta
q ue � les pla n tea Por otra pa rtf', e n ciertos c::iso." la t-scril u ra
puede re¡wivar lu nu�moria cnll�cti \·a como, por t•j<'111 p lo. cuan­
do trabajos de �rud itos locn les �hn! ha historia de u n pueblo
circulan e n t re Aus habitantes y refuerzan la t rad ición ont l ,
fenómeno q u e s e ha obseJ"\•ado e n M i nnt y Allmach. · • l .as

1 1 Sac:ola A. l.itiUS, Ricnrd \'. Erk!IOn. • :\h,,-;pl:m ni;: mrrnorr th<! ,•ITf'C'l or

l«-lc\'1!\ion form al on l lolocnu!lit ttmembranno- . TJlt' Hrtril'lt Jou rnal oi


.�cru/nl!)'. \•ol . n" 4 6 . n " J . ma rzo d .. 1995. p. 1 - 1 9. H ace mu�· poro. 1•l 11ro_:i."('(' to
hnl l w. oodl'ni;(.' dl'I c a n<!a,.;t;t Strn·n Spicllx-r� Jr l'rt'�t('ión clr u n ·muM.>o
\"i rLu;1I d.-1 Ho l1�4u¡;co·. ;1 partir de Ja rM:Opiktdon de- alred oour de• l !lO.tlOO
ll0 !-tinionios filmndOi de �obre\"Í\"ient.-s d� 1:. Shoa h . L-c>n t ribuyta a l 11lanteo de
l a cu.-,.t ión dt' In na t u r.ileza de u n 3 ·n1t'moria d<'I fot u ro·· to1 ;i l ml' 1 1 tt>
con�t ruida a partir dt> im ñgt'Dt>S .
. : Paul \.' i ri l io \"(' las premisas dt' una \•erdaJrra ·índui<trinli14-.<"1on drl
ol\' ido· C'n la mediat ización ;1 ultr;1n:z."i df' fa m form.a<"ión : l 'a rt dr1 mol1• 11t ,
Pa ris. F..ditions Gtal i lee. 1993.
" l.ul"icn �hieri. l..A: fH'-'":SC' n-n•mp11 �-.·. M;nrf>lf'L' r/'1111 t• r11m rm111 f1 11 ta·
1m •<W1\·al1·. �foNeslll', T:t("l)!Ollt' l . 1 985, 260p

47
huellas conservadas artificial mente también pueden servi.r
como el depósito que al i mehtu las ficciones de historias cons­
truidas sobre el ;iasado, 34 y la ex presión poner en la memori a•
..

no solamente designa el hecho de que se archh•cn. si no


también la forma particular en la c¡ue lo hace n . Un excelente
ejemplo de esto lo proporcionan los i ntelectuales "mitógrafos•
de Nuc\•a Caledonia, que &e comprometieron con el movimien­
to independentista cannco. Imitando a los etnólogos. los mela­
nesios anotaron sus propios relato.e; y compusieron "'cuadernos
de mitología" como el fundamento de una historia •mitad milo,
mitud memoria •,:loS parte del origen de la construcción de la
identidad cannca. En este caao en especial , lejos de ponerle
trabas a la memoria vivp. la escri tura si rvió para nutrirla y
favon.>ciú su expansión . Podríamos multiplicar los ejemplos de
este tipo.

¿Podemos llegar a una concl usión provisoria si i n te n ta m os


evaluar la fu nción de la memoria en las sociedades en los que
domina In ornlidad y en l as sociedndes modernas, donde
prevalece la escritura? Com o s u escritura era pobre o inexis­
te n te , las sociedades tradicionales a veces fueron cal i fi cadas
de sociedades sin memoria , categorización por ausencia que
forma p a r te de los malos hábi tos de los orígenes de la antro­
pologia ( sociedades sin h istori a . si n Estado, etc. ). Las tesis de
Jnck Goody se enfrentan a esta interp retación, ya q u e dist i n -
. guen en tre d os formas de rememoración : una mecánica, la
otra generativa o constructiva . La p ri m e ra pasa por el apren­
d izaje repet it ivo y , por co n s i gu ien te supone la exi ste n c i a de
,

un mod e l o escrito que, e n cierto m od o restri nge y contícnc el


,

proceso de la nu�moria, ya que lo obl iga a una fidelidad casi


absol uta . La otra form a se desarro l l a esencia l mente a partir
de l a pal abra y, por l o tanto, perm i te una m ayor libertad en
una reproducción c uyo origen reside má..� bien en l a i nterp re­
tación , como puede \'erificarse en todos los lugares tradiciona­
les de soc i a bi l idad en los que la palabra circul a : veladas ,
cfrculos, cafés, plaza d e l pueblo, lavaderos de ropa, etc. Por l o
tanto, las sociedades tradicionales n o serían sociedades sin
memoria, sino soci edades dentro de l as cuales la memoria se
despl iega de otro m od o que en las socie d ade s modernas: en
éstas, en general , l a mem o r i a está con te n i da por la escritura
< aunque no siem pre, como hemos visto), pero se l i be ra de

,.. l\larc Gui1111uml!, •Jntervention el slratégies du patri moine·, en 1 1 P.


,Jeudy, op. cit. , p. 18.
u M. Detienne, op. cit. , p. 9.

48
tod as las restricciones form ales en l as ot ras au nque, para
orga n izarse. conserve pu n t os de referendo, n u dos de sentido.
E:;t a tci;is necesita dos aclaraciones: la pri mera se re l a ci o n a al
c� t �1 t u s del ol\'ido, la segu nda con las categorías de las socie-
d ades "con" y "'si n " m emoria.
·

Podemos señalar q ue lo que d i st i n gue a l as sociedades con


nw moria generativa de l as sociedades con memoria mecánica
c :o; �u mayor a pt itud p a ra el o l v i d o . Efectivamente, la au s e n c ia
dt• fu e n te s escritas permi te u n a verdadera interpretación d e
la memori a transm itida , i nterpretación q u e puede pasar po r
el borram iento p u ro y s im pl e de una parte de esta memoria.
Esto e s m ucho más d i fic i l e n las sociedades con escritura p ues ,
co m o s a be m os . "lo escri to pe rm a n ece " . Ahora bien, n oso tros
�ostenemos que e l olvido es el signo manifiesto de una memo­
ria viva y di nám ica, p u n to que desarrollaremos m ás detenida­
mente en el c a p itu l o V. Segú n Pierre Nora , si l as sociedades
e n las q u e l a memori a c i rcu la graci as a la palabra perm i ten
más el olvido que aquel l as en las que l a memoria se apoya en
la escritu ra . las pri meras tendrán que ser consideradas me­
dios de memoria por excelencia, cosa q u e no sucede en las
segu ndas . Por lo tanto, pod ría m os concl u i r a fi rm ando que
las socied ades de m emo ri a son aquel l as en l as que la pa labra
<'S e l fu ndamento e se nc ia l de l os intcrcam bios y de l a tran s m i ­
sión soc i a l , en tanto que l as socied ades de lo escri to, desde este
pu nto de vista , presentan un a d esve ntaj a con respecto a la
memori a . Sin em bargo , esta conclusión seria un ta nto apresu­
r ada pues . por u n a parte, a men udo In escritura refuerza la
ornli dad y, por otra , si bien las primeras sociedades m u e st r an
una aptitud para el o l vi d o , en la m ayoría de los casos se tratn
de un olvido involuntario, en tanto que las segundas son
ca paces de un olvido con sentido. q ue también es signo de u n a
me m o r i a vi.,·a, como pod remos v e r e n el caso d e la memoria
genealógica.

IV. MEMORIA GE NEALóG ICA,


M F.MOR I A GENERAC I ONAL

La memoria genea lógica y familiar.


Si queremos ser fieles a l a categori zación un tanto arbit ra ri a
que hemos p ropuesto para d a r l e un tit u l o a este capítulo y
disti nguirlo del siguiente, ¿tenemos que \'Cr en la memori a
genealógica u n a expresión de l a razón prácti ca o bien de la

49
razón cultural? La d imensión "uti litaria" de la gcnealogfa es
indiscutible: por ejem plo, es necesaria como fundame nto de la
legiti midad de la transmisión y de la devolución de bienes, o
para evitar los matrimonios consangqíneos y repri mir el
incesto. Pero también es rica en relación con m ú ltiplcs dime n­
siones i d eológi cas y simbólicas que. al fi n al de cuentas, hace n
de las l íneas que siguen u na buena tra nsición entre los dos
últimos capítulos de esta obra .
En primer lugar, es im portante distinguir entre genealo­
gía, memoria genealógica y m e m o r i a fam iliar, es de c i r , entre
una disciplina cuyo objetivo es re cons tituir l i n ajes según
reglas rigurosas, un parentesco memorizado y una me moria
que a barca todo lo vivido por una fam i l ia . Por lo tanto, la
genealogía es el instrumento que utili za ego ( o toda una
familia ) para alimentar su memoria genealógica y, eventual­
mente, l a memori a famil iar, al ponerse a buscar la huella de
sus antepasados .
Cuando la m emori a genealógica es ú ni ca m e n t e oral, no
difiere en su funcionam iento de la memoria individ u al: aun
cuando en ciertos casos puede cubri r siete generaciones,36 lo
que, curiosamente, se corresponde con l a un id ad de medida de
la memori a, en general se detiene en la tercera ge n e ra c i ó n
de antepasados y en ese momento a p a recen l as lagunas, se
vuelve imprecisa, selectiva o ficticia. Una encuesta que reali­
zamos con 8 1 estudia ntes en octubre de 1995 muestra una
profundidad de su memori a geneal ógica de 2.64, es decir, un
poco menos de tres generaciones; sólo el 1 0% de las respuestas
nombraba a cuatro generaciones. Fran�oise Zonabend hizo
observaciones · pa recidas en el pueblo de Minot y existen
muchos trabajos de etnólogos que proporcionan l os mismos
t tados en sociedades africanas o amerindias.
Las formas y u s os de la memoria genealógica están some­
ti a determinaci ones históricas y sociocultura § Con
respecto n las pri meras, Georges Duby mostró cómo en Fran­
cia, entre los siglos x y xm , se sustituyó una conciencia del
parentesco "vertical" -la ascendencia- por una conciencia
'"horizontal" que privi legi aba las ali anzas.:i; Nos damos cuenta
de la influencia de las segundas cuando comprobamos que e n
los distintos entornos varían de manera im portante la exten-

lllFrnn�ist> fl.;ritier. l'rxrrciM ti� la ¡x1re11te. Par�. Seuil , 198 1 . p . 163.


l: Ceorge:s Duby. ·Le lignnge. x•-xur s il>clt>·. l'n Pierre Sora i d i r. l. ú&
litux . d< m¿moilY. La notwn " , Pari11. Gal li m :trd, 1 986. p . 3 1 -56.
.

50
sió n d e la memoria < l a memori a hori zontal en torno de ego ),
su profundidad ( l a memoria longitudinal llamada, ta mbié n
•lo ngitud de mcmoria"'), ss o la nat uraleza del linaje que se
privilegia en la construcción de esa memoria ( fi liación pater­
n a , materna o i nd i ferenciada, importancia respectiva de los
parie ntes pol ít icos y de los consanguíneos). Los habitantes
seden tarios de los oasis de E l Ksar (Túnez) tienen una memo­
'
ria genealógica de profundidad débi l , en tanto que la de las
poblaci.ones nóm ades de la m i s m a región es m uy profu nda,
como si así se compensara la ausencia de anclaje territorial . J'J
Las maneras de •hablar de la fami lia" y de establqcer una
memoria genealógica no son iguales entre los cam pesinos, los
bu rgueses y los nobles o la clase media. Una investigación
sobre la memoria fam i l i ar de los parisi nos, llevada a cabo por
Béatrix Le Wita"' mostró u na opo!lición entre la memoria de
los medios popul ares y la de las cl a s es superiores . Las familias
del .tllf arrondissement carecen de una memoria genealógi ca
'"abu ndante", ni en profundidad ni, aunque en menor medida.
en extensión . En cambio, pri\'ilegian su memoria familiar:
muertes trágicas, vida en la ci udad , vida profesional, ál bumes
de foto1,rr afias, mobiliario y adornos que representan la 11 me­
m oria tangible"'" ' de la histori a doméstica. La memoria fa m i ·
l i a r d e esta población , menos i nteresada e n la reconstitución
de árboles genealógicos que las clases más favorccidas, tiene
su anclaje en la vida cotid i ana.

Éstas tienen un comportamiento m uy d i rerente con respecto


u su memoria genea lógica . Como resultado de una i n\"e�tiga­
ción sobre los " n ue\·os m e rcad os ge nealógicos•, u most ramos
cómo ciertas sociedades comerciales (em presas dl• informáti­
c a , revistas, prestadores de sel'\·kios que proponen n u tohio­
grafias "lla\•e en m nno" l lograban sacar pro\'echo del entu­
si asmo actual por la genealogía y tenían como •bla nco" los

• M. Maget. Gmda' d'it11de dln:d� d�6 «>mpurt�m ..111s mlt11rels, Paris .

CXRS. 1962. p. 8.
xi M . Ki lnni, up. cit p. 2 1 9·22 1
. •

"' Béntrix Le \Vita. •J..a memoi re fnm i liale dt>s Parisiens appartenant aux
clnssc:¡ moyl'nnes·. Ethnolugu: fron�i.t;f!. XIV, 198 ll , l. p. 5i�.
11
Frnn\'O� 1.onabt.ond. • f..n patenté", en lsac Chi\•a, �ti Jegglr l d ir. 1
F.t1111olog1eii en miro1r. Pari�. Ed . de In Maison des Sciences de l°homme,
1 987, p. 106.
u Joel Candau. MQuete mémorielle t'l nouvea ux m archc;i1 généalogiqU('s·.

1 20' C:cmgrts na11onal des wc1tt�a h1111orrque1t �t 1":11mti(lqueJS, Aix·cn·


Pro\·•ncr, 23·29 dr. octubre de_ 1 995.

51
categOrías soci a l e s que disponen de un buen poder adq ui si tli­
vo (clases mcdíns y a l tas ). Ahora b i e n , la ampl itud de la oferta
presente en el mercado de la memoria permite compre nder
mejor la nat uraleza de la demanda. Las conclusiones de esta
investigación planteaban que las empresas en cuestión se
esfuerzan por responder a lus expectativas d e prod ucc ión de
un ªimaginario m ínimo de Ja continuidad"11 y de una leyenda
fami liar que forman parte de la construcción de una memoria
del parentesco. I d ea l me n te , ésta es una memoria de un li�e
aristocrático, aunque no hay que sobrestimar el deseo de
pertenecer a un l i n aje do antepasados nobles. Por lo tanto; no
debe sorprendernos que a l gu n os documentos publicitarioa
c o n los que trabajamos designen a su futuro cliente como 81
'"h'roe"' de una ..epopeya · que es preciso restituir y. sobre todo.
no dejar caer en el ol\'ido. No hay que •romper el la ilo ck lo
memoria "' y, paro eso, ·za grabación láser" de las mcmoriú
familiares constituye el •soporte eluno". ¿Cómo explicar este
deseo de i nscri pción en lo eternidad de unu memori a? .J uleá
Romoins decía que un i nd ividuo está realmente m u e rto
cuando ya n a d i e se acuerda de él. Cada i nd ividuo sabe que al
la profundidad de su propi a memoria nn va más al l á de tres
o cuatro generaciones, nad ie se va a acordar de él algunas
generaciones después de su muerte. Si este temor al olvido se
manifiesta más dentro de las c l ases quo están contem pladas
por el nuevo m�rcado genealógico, es porque se trata esen·
cial menle de poblaciones u rbanas esci ndidas de los "entor­
nos de memori a" tradicionales , como las sociedades rurales,
en las q ue el conocimiento m u t uo asegu raba el mantenimien­
to, al menos durante un tiempo, de la memoria de los desapa­
recidos . Por otra parte, es posible que la demanda de memo­
ria dentro de las fami lillS sea hoy más fuerte a ra{z de la
coexistencia más frecuente de varias generaciones dentro de
una misma familia (no estamos h a bl a nd o de cohabitación ),
como consecuenci a del a umento de la expectali\•a de \•ida: el
papel mediador de la memoria que tienen los a b u e l os se
cjerceria con mayor frec uencia que en otras épocas, con lo que
so sostendría e l desa rrol lo de una actividad econó mica
que tendrío como objetivo po..;terior d a rl e forma y comercia·
liznr l o memori a transmitida de este modo. La ún ica m a n era
que tenemos de contestar P.stas pregun tas es m ulti pl icando
las investigaciones e i n tegrando o e l l as indicadores n o consi·
derados en ésta, como. por ejem plo. el de las '"recom posiciones
familiares", cad a vez más asid uas.
Darle forma a -una memoria genealógica y, de manero más
general, a u na memoria familiar, sigue formando parte de lo

61 Dani�le Ht!'n'ieu-Uger. IA nligmn pou r mrmurre, París, Cerf. 1993, p.


206 .

52
prod ucción de una iden tidad i ndividua l . social y cultural .
Como obedece al p ri n ci pio de local idad < importancia del
arraigo a los l ugares ), se prod uce por la selección de los
elementos particulares con el paso de las generaciones, para
poner en orden , dar sentido y coherencia al l i naje y a la
Lrayectoria de la que ego y s u s h ij oa constituyen el té rm i n o
provisorio. Esto es espec..ialment.e e-.idente si observamos el
"
trabajo de "sol ista de la memoria " al que Re consagrlA todo
genealogista aficionado o, también, si hace_mo..' un examen
del papel que juega el pa t ro n í m i co , "herramienta mnemotéc·
nica" o los sistemas p a ra dar n o m bres. en la construcción de
las m e mo ri a s famil iares . Asi, darle a un n i llo un necróni mo.
es decir, el nombre de u n pariente muerto, m a nifiesta el
deseo de no i nterrum pir la cadena genealógica o de no
disgustar a una parte de los parientes. es
En todos l os casos . el orden genealógico debe reinar dentro de
la familia, pero en tanto que en las formas antiguas de la
memori a genealógica este o rd e n se instauraba provisorin·
mente dentro de la u n i d a d fam i l iar y podía ser cuest ionado
con una J o n gi t u d de memoria" l i m itada a dos o tres gt>nt.'ra·

clones, ciertas formas modernas de l a genea logia se caracte·


rizan por la del egación del trabajo de memoria en un deposi·
tario profesio n a l . externo a l a fa milia que, por sus compcton·
cias propias y sus med ios técn icos, satisface el de:;eo de
inscri pción •etema • de la memoria genealógica y familiar y,
por lo ta n t o , le qu ita su lugar al trabajo ordinario de la
memoria, cuya d i mensión esenci al es el ol vido. Para aseguru r
es te ordl!n. 108 profesiona les en cueslión no registran u n a
memoria preex istente, sino q ue •/a organ izan · . l a prod ucen.
controlando desde el comienzo hasta el final las d i ferentes
etapas de esta producción para C\'Ítar c u al q u i e r despiste que
moleste a l cliente. Es preciso sci\alur q ue. si lo comparamos
con el trubajo que hace el etnógrafo, la d iferenciu no e� de
natu ra leza . sino de intensidad . Jo;n efecto, éste sabe m uy bien,
en con tra de tod a concepción primord ialistu de la memoria,
que su propia demanda contribuye a la construcción más o
menos orde n a d a de un relato de vida. pero contraria mente a
las sociedades comerciales de las que hablamos aq u í . se
esfuerza por limitar en la mejor med ida posible los efectos
pcñonna t ivos de s us propi as expectativas .

" Syh·ie Sagnes, ·oe terre et de sang: la pa�ion génealogiquc'", TC'rm111 ,


25. aseplaembre de 1 995, 1>. 1 44 .
" Fna�i.e Zonabend, ·Pourquoi nommer", en L'itkntitit, Rminario
diria:ido por Claud� Lé\• i .S t raU55 . l'aris, PU F, 1 983. p. 262 .

53
La memoria generacional
La memoria generacional es una memor i a ta nto horizoa•t
cu anto vertical y prese n ta dos formas: u n a antigu a y otra
m odern a . La form a anti gu a es u n a m emori a gene aló¡j ca
extend ida m u c h o más a l l á de l a fa m i l i a . Es la conci en cia de
pertenecer a u n a cad e n a de generacion es sucesivas d e l a
que el grupo o el ind ividuo se sie n t e en mayor o me aer
m e d ida el heredero . Es l a conciencia d e ser los conti n uad ...
res de n uestros predecesores . D u rante mucho tiempo, esta
"me moria de la h u m a n i dad" se detuvo en O cc ide n t e en los
seis mil años de las gen eraciones bíbl icas. Con el descubri­
m i ento de la prehi storia y las querel las provocadas por los
trabajos de Boucher de Perthes esta mem ori a creció tr•
m i l años, un poco más des pués de l os ú l t i m os d escubri­
m i e n tos hechos sobre e l orige n del hom bre . Esta concien­
cia del peso de las generac iones anteri ores se manifi esta ea
ex pres i ones com o : "la s generaciones preceden tes tra baja ­
ron para nosotros " o ..los que se nos adelan ta ron l ucharon
por 11 osotros·, etc . En este caso , nos enfrentamos a la
noción clásica de m e moria colecti\·a de la que habl aremos
en el c a pítulo siguien te .

La forma moderna tumbién desbordo el marro d e l a familia.


pero es fundamentalmente diferente de la relación anónima
entre contem poráneos. predecesores 'l suc�res de la que
habl a Al fred Schutz a propósito de lo noción de suet.-sión de
generaciones . .. En efecto, cst.n memoriu sigue s i e n d o intrage­
ncracional y no existe la \'OCación de que se tra nsmita: perte­
nece a los miembros de una ge neración dada que se autopro·
claman s us guardi anes y está llamada a desaparecer con el
\a ltimo de sus integrnntcs. Por otra parte, Hlgunas generacio­
nes. como las de los inmigrantes de lu segunda generació n , con
frecuencia son generaciones sin memoria•� y, a causa de esto,
no tienen nado que transmitir. Además, la definición de este
tipo de gene ración no se hace a partir de criterios puramente
biológicos ()a pertenencia a una clase de edad o a un conj u n to
de clases de edad >, sino q ue también i n ten•ienen criterios
sociales, culturales y hasta políticos que los sociólogos ( Knrl
Mannhei m ) resumen con la noción de criterio sociológico
disposicions l . Así . por eje m plo, se habla de la generación del
68, 01'0 q ue, según Nora . hi pertrofió la d i mensión gencracio·

• Citado en P. Ricoeur. op. át. . p. 198.


•: René Galissot, "Géné rnt.ions sans memoi rr�. L'homme e t la soc � i¿ . n•
1 1 1 - 1 1 2. 1 994 . lfl, p. 5 1 -65.

54
nal" ' ( pensemos en el éxito de la palabra generació11 en polf.
tica y en publicidad ). Pero también existieron, con imposicio­
nes de distinto grado, la generación de 1 789, la de la guerra de
1914- 19 18, la de la Ocupación, la de la guerra de Argelia. et.e. ,
cada unu de las cuales construyó y transfirió su propia memo­
ri a . La construcción de estas memorias generacionales abre
un campo de estudio total mente apasionante paro la antropo­
logía. que puede permitir precisar la noción , con frecuencia
ambigua, de memoria colectiva .

" Pierre Nora, •ta généralion•, en ús licw: d� mlmoi� . !As Franct!. 1.


Con/lilul portages, Paria, Oallimard, 1992. p. 93 1 ·97 1 .

55
Capítulo V
MEMORIAS
Y AMNESIAS COLECTIVAS

Ya que el t itulo del capitu l o anterior es "mem oria y razón


p ráct ica", éste habría pod ido l lamarse "memoria y razón cul­
tural", pues los aspectos fu ncion ales de la memorización
( ordenar el tiem po. transm i t i r un saber, e n con t r a r un lugar
en un l i n aj e ) le ceden el p aso a l os a.�pcctos s i m ból i cos . Sin
em ba rgo, esta d isti n ción es puramen te retórica pues , como
sabemos, razón práctica y razón cu l t u ral siem pre están ínti­
m a m e n t e ligadas .

l . M EMOR I A F. tnSTOR IA

¿Cuáles son l as relaciones entre M nemosi na y C l ío? Ésta es


un a de las pregu ntas m ás actuales de la cultura occidental. en
� l a que observamos sim u l táneamcnte una pasión por la memo­
ria y un inmenso esfuerzo histori ográfico a l i mentado por la
a m bi c ió n por conocer el pas ndo i n tegra l de tod a l a h u m an i ­
dad.
No puede exist i r h i stori a s i n memorización y el historiador
se basa . en genera l , en datos v i nculados a la memoria. Sin
embargo, la memoria no es la histori a . Ambas son represen·
taciunes del pasado, pero la segunda tiene como o bj e t i vo la
exaditud de l a represent ación e n tanto que lo único que
p rt!tcnde· la pri mera es ser verosímil. Si l a historia apu nta a
aclarar lo m ej or poi;i ble el p a s ad o , l a memoria busca , más
bien , instaurarlo , inst a u ración i n m anente al acto de memori·
zación . La historia busca re\•clar las formas del p a s a d o , la
memoria las modela, un poc o co m o lo hace l a trad ición . La
preocu pación de la primera es poner orden , la segunda está
atra\'csada por el desorden de la pasión. de IMemocioncs y de
los afectos. La h i storia puede legitimar. pero l a memoria es

56
fu n dacional . Cada vez q ue la historia se esfuerza por po n er
di stancia respecto del pasado, la m emori a intenta fusionarse
co n él . Fi nalmente, si n o exi sten sociedades si n memoria ni
$ociedades s i n historia , la Historia en tanto d i � ci p l i n a cientf­
fica no es una preocu pación co m pa rti d a de la m i s m a manera
por todas las culturas: en este cam po, el abanico v a desde el
desi nterés total a la pasión absol uta. Estas son l as pri meras
oposiciones que se nos aparecen cuando comparamos l a disci­
plina histórica con l a facu ltad de la memori a . Halbwachs
distinguió entre la "memoria históricaª, que seria una memo­
ri a prestada. aprendida, escrita , pragm ática, larga y unifica­
da y la .. m emoria colectiva" que, por el contrario, seria una
memoria prod ucida, vivid a , oral , normativa, corta y p l u ra l .

Por su parte, Pierre Nora opone radia.lmente memoria e


h istoria . ª La primera es la \rida. vehicul i zada por grupos de
gente \'iva. en permanente evol ución. múltiple y multipl icada,
•abierta a la dialéctica del recuerdo y de la a m nesia, incons­
ciente de sus clcformacioneg sucesi\·as, vulnerable a todas las
utilizaciones y manipulaciones. su�eplible de l argas l a ten­
cias y de súbitas rc\•ita l i zaciones ". Afcct i \·a y mágica, nrraiga­
da en lo concreto, el gesto, l a i m agen y el objeto, la memoria
..sol amente se acomoda a los deta lles que la reaseguran ; se
nutre de recuerdos vagos, que se interpenetra n , globales y
fl uctuantes. particul ares o si m bólicos, sensibles a todas las
transferencias, pantall as, censuras o proyecciones". 1-�n cam­
bio. la historia "sólo se vi ncula a las conti n uidades tem porales,
a las evol uciones y a las relaciones entre las cosas". Pertenece
a lodos y a nadie, &.iene \•ocación de universal idad . Es una
operación unh·ersal y l a ica que demanda el anál isis, el discur·
so crítico, la explicación de las ca lLo;as y de las coMCC u cncias.
Para In historia todo es prosa ico: en tanto que .. la m e m ori a
instal a el recuerdo en l o sagrado, la historia lo desaloj a de a l l í".
Dudo que memori a e historia se oponen totalmente. el •criti­
cismo destructor• de la segunda se utiliza para reprimi r y
destruir a la priml'ra . Podríamos res u m i r lu perspectiva de
Nora con la siguiente expresión : la h istoria es una anli­
memoriu y. rt."Ciprocamente, lu memoria es la anti-historia.

Sin e m bargo, en m uchos aspectos la hi stori a tom a ciertos


rasgos de l a memoria. Como M nemosi n a , C l io puede ser
arbitra ri a , selectiva, pl ural , ol\•idadiza, falible, caprichosa,

1 Pierre Nora. ·t:nlre Mémoire et l l istoire·, en Ú.'i l1�ux de mimoi� l. La

RipubliqlM!, Paria. Gallimard . 1 984, pp. XV·X l . 1 1

57
i nterpretativa de l os hechos que se esfuerza por sacar a l uz y
c o m p re n d e r . Como e l l a , puede recomponer el pa s ado a partir
de " peda zos elegidos", voh•crse u n a apuesta, se r obj eW de
l uchas y se rv i r a estrategias de d e te rm in a d os partidarios.
Finalmente, la historia puede con vertirse en un "objeto de
memoria" como la memoria puede convert i rse en un obj ete
histórico.
Hay muchos ej e m pl o s de una h i st ori a arbitraria en aas
enfoques < h i stori a de l os acontecimientos, historia de las
men talidad es , antropologia h i s tóri c a , micro-historia ) , en ns
categorias, 2 en sus secuencias' temporales y en la e lección de
términos y con ceptos . Por ej e m p lo , M . l. Finley señ ala que .el
término "Griegos•, utilizado en un e n u nci ad o hi stórico sobre
l a Antigüedad , constituye u n a genera l i zación e n ga ñ osa que
no considera las d i ferentes m a n e r as de ser griego, variables
en el tiempo, pero también según l as regiones, las clases, etc.•
Asimismo, la historia es simpli ficad ora, s e l ect i v a y ol v i d ad i za
de los hechos. F i n l ey siempre recuerda que el pasado sólo se
vue l ve i ntel igible a parti r del momento en q u e el historiador
real i z a una cierta se l ecc i ó n en torno de uno o varios centros de
i nterés . Los documentos y archivos son i n t e rroga d os en rela·
ción con el presente del histori ador y no siempre en función de
su contenido . Jeanne Favret-Saada, a p ropó s i to de la ciencia
nazi, menciona que hubo q�c esperar hasta 1 984 a que
apareciera el l i bro de Müllcr-H i l l < TOdliche \Vissenschaft)
para q u e se d es a rro l l a ra una historia sob re el papel de loa
eugcnistas, de los a n t ro pó lo gos y de los psiq uiatras du rante el
período d e l n acion al-soci a l is mo. Est a historia fue tan tardla
porque la p.rohi b ía " u n cierto estado de l as fuerzas que orga­
nizan l a memoria social . tanto en Alemania com o en otras
partes" . .; Por lo tanto. como todo el m un d o . los historiadores
están i n sertos en un trabajo de con s trucc i ó n soci al de la
memoria, "su p rod u cc ió n es s o l a m e n t e uno de los avatares
posi bl es de la m e mo ri a social". El trabajo de esta me m o r i a es
el q ue hace que tal o cual objeto, e n u n momento determinado,

� s11pra , capitulo IV. nota i. .


3 " E l historiador puede delc>ne� diez páginas en u n a jomada y deslizar
dos lineas sobre d iez años: f'l ll-ctor confiará en é l , como en un buen novelista
y supondrá que estos diez a il os ntán \•acíos de acontecimientos f Pau l Veyne,
Com mcnt on icri t l 'h itmrr su111 i dr Fout"Olllt rét:ol11tionnr l 'hiBtoire, Parle.
Seuil. 197 1 & 1978, p. 23>.
• M l . Finley, op. cit. , p. 124.
S Jeanne lo'n\0ret-Sa11da, Sale hiatoire, Gmdhwa, n • 10. 1 99 1 , p.4.

58
se n perti nente para la d i scipl i n a histórica . Tzvetan Todorov
des arrol l a un punto de vista cerca no, aunque menos radica l ,
e n u n a i nvestigación sobre los recuerdos sobre l a Ocu pa ción
que l levó a cabo en Boi schaut Sud < Departamento del C her ).6
De esta i nvestigación surge que, por una parte, l a hi stori a , en
c i ertos casos , también es parcial y, por otra, que la memoria
es portadora de una verdad reveladora del sentido qu e com ­
pensa ampliamente su rel ativa ineptitud para establecer una
verdad de adecuación . Por esta razón, la memoria es i n d is pen­
sable para la hi stori a .
Quizás pod ríam os decir q u e la memoria d a cuenta n a t u­
ral m ente de una verdad sem ántica de los acontecimientos que
no encontramos fáci l mente en l a verdad de los acontecim ien­
tos restituida ¡)or el trabajo del historiador. Pierre Vidal ­
N aquet i n si stió en esta a pt i t ud de l a memoria para hacer
s u rgir detalles que com únmente le interesan al novelis ta , no
al histori ador. A propósito de l a m emoria de la Shoah, señala
que la historia necesita esta visión de novelista ,-; lo que es
posi ble verificar en el m agn ifico li bro de Nicole Lapierre sobre
la memoria de los j ud ios de Plock .11 I nc l u so un testi monio
erróneo o alte rado por e l olvido puede perm itir alcan za r el
sentido de u n acon teci miento que, con frecuencia, se sitúa
m ás al lá de la verd ad d e los hechos. razón por l a que el
testimonio se aparta de ella. Evidentemente, est a verdad
factual debe establecerse previ amente. De h�cho, memoria e
h istoria son com plementa ri as y el pel i gro estaría en "sncarle
la memorin" a l a histori a , d e l mismo modo que es posi ble
sacarle el encanto al mundo.
Au nque algunos h i stori adores consideren que l a historia
debe combati r la memoria, hay m uchos que adm i ten que la
verdadera historia tiene el deber de no ignorar n i l a memoria
n i l a historia oral . En real ida d , lo hacen cada \1ez menos, en
especial desde 1977, cuando La légende des Cam isards de
'
Philippe Joutard a pareció como un texto fundacional en
Francia. Vidal-Naquct observa que una historia del crimen
nazi ·q ue ignorara las m e m ori as y sus transform aciones seria
una hi storia muy pobre . Los "asesinos de la mem oria" no se

e Tz\"etan Todoro\", •t.a memoire devant lñ istoin•', Tcrrarn . 25 de sep­

tiembtt de 1995, p. 10 1 · 1 1 2 .
7 Pierre Vidal-Naquet, Ú& ,/uifs, la mb111.1 il't! r t '" prj.w nl, Parfs, La

Dtto uve.W, 199 1 , p. 392.


• Nicole Lapierre, ú si/en� de la mimoir('. A la recherrh" tks Juif• tú
Ploclt , Paris, Pion. 1 989. 292 p.

59
eq uivocaron : cuando niegan l as memori as plurales de Ja
Shoah •q uieren gol pear a u n a comu n i d ad en las mil fibras qu•
tod a vía d uelen y q ue la l i gan al p as a d o propio'".11 De hecho, la
irrupción de l a memoria en la di sc i p l i n a h i�tóri ca se V'Olvi6
inevita b l e a pnrt.i r del m om e n to en que los que transmiUan la
memoria comenza ron a hacer histori a , como sucedió con 1 ..
v icti mas del nazismo que se com porta ron -y s i gue n h aciéad•
lo- com o los archivistas de l a traged i a .
Para term i n ar con este tema, señ alemos q ue l a compara­
ción cnt.rc mem ori a e histori a se dificulta a causa de la
pol isemia de esta ú ltima pal abra . M a rc Augé observa que
la pa l a bra •historia " tiene u n a triple acepción , ya que desi¡na
si m u l táneamente u n a disci p l i n a el con tenido de un aconteai­
m iento y u n a forma de conciencia colectiva e identitaria.IO Si
nos referimos a la d i sci pl i n a , a la H i storia con hache mayús­
cul a , hay que ad m i t i r que l a distan ci a con la memoria - es
considerable. Pero, como subraya Pa ul Veyne, esta "'idea de
H i sto r i a es un l imite i n accesible o, más bien , una idea truceD·
dentaJ• . 1 1 En la práct ica, la histori a, en sus moti\•aciones,
objetivos y, a veces. métodos. siempre toma algunos rasgos de
la memori a , au nque ésta m a n iobre todo el t.iem po para prt>te­
gerse de a q u él l a . Por esta razón es •h ij a de la mem oria" . 1 1 Por
otra parte, ambas se conj ugan e n grados variables en toda
memo ri a colectiva. noción que a hora tenemos que precisar.

1 1 . LA NOCJÓ� DE ME.\IORIA COLECTJ\ºA

M aurice H albwachs es quien pri mero forjó, y l u ego im puso, la


noción de memoria colectiva como concepto explicativo·de uaa
cierta cantidad de fenómenos soci ales en relación con la
memoria. Lo hizo sobre tod.o en tres de sus obras: Les cadru
sociaux de la mémoire ( 1 925), La topographie légendaire da
Évangiles en Terre sairite. Étude de mémoire collecti1.:e ( 1941)
y La mémoire collective, pu b l i ca d a en 1950 de manera póstu­
ma ( su a uto r había m u erto en el cam po de Buchcnwald en
1 945). En ellas encontramos la d e fi n i ci ó n sociológica de la
noción de memoria colectiva.

' P . Vidal-Nnqu�t. op . r:1t p. 8.


. •

1• Man: Augé. Pour unr anlla rvpologir dn mond�• cont�mpnraiMs , ParW.


Aubi.er, 1 994 . p. 2 1 .
11
P . \'eyne, op. cil. , p . 29.
11
Op. r:it , p. 1 5.

60
E s t a noción es d i fu s a y, si n em bargo . m uy práctica . Es
t 3 n d i fu sa com o la noción d e con ciencia colecti va ( y , a
fortiori, de i n consc i e n te col ecti vo), com o el con cepto de
mentalidades en h i stori a , com o l as tcorf as de i de n tid a d
cu l t u ra l col ectiv a o como l a fantasfa d e u n "'al m a del
pueblo", si n os referi mos a l a Volkskunde aleman a . De
hecho es tan d i fu s a como todas las re tóricas com u n i t ar i a s ,
t a n a m bigu a como todas las concepciones holisticas de l a
c u l t u ra , de l as represe n taciones, d e los co m portam ientos y
dP l a s actitudes ( u n excelente ej em p l o en sociología es l a
noción de opi n ión p ú b l i ca ) . Esto expl ica q u e la memori a
co l ectiva haya pod ido ser con siderad a como a l go .. misterio­
so". J ucelyne D a k h l i a tropezó con este m i steri o c u a n d o a l
i n vest iga r l a memori a colectiva d e los h a bi tantes d e l os
o n s i s de Jeri d , en el su r de Tú nez , rec i bió sobre todo rel atos
dt- h i 8tori a de los l i n :1j es y de h i s to r i a prh•ada poco conci­
l i a b l e s con l a evocación de un dest i n o com ú n _ l 3
Por otra parte, la noción de memoria colectiva es práctica ,
pues n o es posible \' e r cóm o designar de otro m od o q ue con este
término ciertas formas de conciencia del pasado ( o de incons­
cienci a en el caso del ol\'ido), aparentemente com partidas por
un conjunto de individuos.

Marie-Aimée Duvcrnois describió d e e ste modo un fenómeno


cu rioso entre los '"Blancos" de Bourgognc, m i n on a religiosa
anticoncorda tari a . Cerca de dos siglos después del Concordn ·
lo. este grupo sigue sufriendo más margi n u l i zación, alcohol is·
mo, depresiones n e l'\·i osaa y enfermedades psicosomáticas
que el resto de la población . Su conciencia exacerbada de
malestar, origen aparente de estos m a l es , podría basarse en la
memoria trágica de la antigua oposición entre Blancos y
católicos . 14 En un registro di feren te. Simon Schama mostró
cómo podían co n t ri b u i r los cam pesinos a la i nstauración d e
una memori a compartida y, también , i n fl u i r en e l senti mien­
to de identidad nacional . De este modo. l a tradición poética de
la "d u lce Francia" remite tanto a u n a geografia C campos
cultivados, vergeles, vi l\edos, bosq ues y ríos u nnonios:imen·
te ordenados , etc . ) cuanto a una h istoria, a m i tos y a rclat.os
legenda rios relati\•os a tal o cual l u ga r en especial, siempre

ll JOC"elyne Oakhlia. L'oublt di la c:itr. La mim,11n rolltttit.V' ci l"tprrucrt'


du ligno¡:� dans le jerid tun ial�n . Paris, La Déc:ou\'�rte. 1990, 326 p.
" Anne·M aric Du\'l'mois. "Le malheur réciproque. La stigmatisation
d 'u ne m inorité religieuse: les Bl a naa, dans le sud de la Bourgocne",I� Mond,.
a/pi n ti rhodanil'n , n• 2·"'86, p l 15- J 3i.

61
constituidos por varias ca pus de mcmoria. 1 � Lo mismo s uwde
con el l ugar que oc upa el bosq ue germánico en Ja memoria
colectiva y en lu ideología del Tercer Reich. Un ú l t i mo ejemplo
muestra cuán dificil es no usar esta noción de memoria
colectiva: cuando se realizó u n sond� del otro lado del Rin en
ocasión del cincuentenario del 8 de mayo de 1 945, se fomual'ti
la siguiente pregunta: "¿Quién t u\·o la rei;ponsab i l idad mayop.
en el aplastamiento del nazismo?" Alrededor del 8� de los
alemanes del Oeste respond ió: "Estados Unidos", pero el 961'
de los habitantes de la ex RDA nombró a In U RSS . 1' La noción
de memoria colectiva da cuenta convenientemente de do9
representaciones del pasado que separa en dos grandes cate­
gorías a Ja pobl ación alemana.

Por lo tanto, pod e mos adm itir q ue la socie d a d prod uce


"percepciones fundamenta l es" ( para citar u n a expresión de
Diderot) q u e por analogías. por u n iones entre lugares . pe rso­
nas, i d e as , cte. , provocan rec uerdos q ue pueden ser com par­
tidos por varios i n div idu os , incl uso por toda la socied ad . ¿Pero
esto significa co n ce b i r la m e mo r i a colectiva como una repre­
sentación autónom a del pasado que emergería de un conjunto
de memorias individuales qu� fu n c io n an de manera masiva­
mente paralela. para usar la metáfora i nformática o. también,
como una sedi mentaci ón colectiva de los al uviones de memo­
rias i n d i v id ual es si, esta vez. le pedimos prestado el vocabu­
lario a la ge ol ogí a? I n c l u so en este caso, aun cuando existiera
u n corpus de rec u e rd os constitutivos de la memoria colectiva
de una sociedad dada, las secuencias de evocación de estos
recuerdos estarían obligatoriamente diferenciadas indivi­
dualmente, sim plemente porq ue los individuos no p i e n san
todos las mismas cosas en el mismo momento. "Nada indica
que en algún momento la gen te produzca la misma interpre­
tación de u n mismo acontecimiento", s e ñ al a apropi adamente
Frederik Barth , 1 7 con lo que se une al neurobiólogo Gerald M .
Edel man, quien recuerda que la experiencia fenoménica "es
una cuestión en relación con la pri mera persona" y q ue, por
esta causa, no p u ede compartirse con otros . "

Sin embargo, ningún an tropólogo puede discutir l a \'ol u ntad

n Si mon Schama, Landsca� and Mrmory, New \'ork. Al fred A. Knop(,


1 995. p. 1 5.
11 L 'Expmui . JO de agosto de 1 995.
1= Citado en M. Kilani, op. cit. , p. 24 .
11
G.-M. Edelman . op. r:il p. 24.
.•

62
de los gru pos humanos para elaborar una memoria común.
una memoria co m pa rt ida cuya idea es m uy antigua. Los
mitos, las leyendas, las cree n cias, las diferentes religiones son
construcciones de las memorias colecti\'a&. Asi, a través del
mito los miembros de una socieücad dada buscan traspasar una
imagen de su pasado de acuerdo con su propia representación
de lo q ue son , algo totalmente explícito en los mitos sobre los
orígenes. El conte n id o del mito es objeto de una regulación de
la m e m ori a colectiva que depende, como el recuerdo i nd ivi ­
dual, del contexto soci a l y de lo que se pone en juego en el
momento de la narrac ión.
Pero, incluso en el caso del mito, ¿qué es lo que efectivamente
comparte el grupo que nos autoriza a hablar de memoria
colectiva? En última instancia, las representaciones que aca­
rrea y provoca el mito son objeto de v a ri acion es person ales.
i ndividuales. aun c u an do sean elaboradas en marcos sociales
determinados y a u n cuando podamos admitir que la significa­
ción que se les do a esos mitos es objeto de u n a focalización
cultural que produce de esta manera una .. memori a étnica",
para retomar una expresión de André l.eroi-Gourhaft . 1'

Sin correr grandes riesgos, podemos afirmar que existen


configu raciones de la memoria características de cada socie­
dad h u m ana pero que, al fin de cuentas , en el interior de estas
configuraciones cad a i ndividuo im pone su propio estilo, estre­
chamente dependiente por u n a parte de su historia y, por otra,
de l a organización de su propio cerebro que, recordemos,
ai.empre es única.

Además, lo que denominamos memoria colectiva con frecuen­


cia es el producto de un apilamiento de estratos de memoria
muy d i ferentes; estas capas sedimentarias pueden sufri r
cambios importantes si se producen te mblores de la memoria.
Así, si bien podemos admitir que los lugares de memoria nos
hablen de ciertas modal idades de lo memoria colectiva Cme.
moria-rcino, memoria-Estado, memoria-nación, memoria-ciu­
d adan o . memoria-patrimonio),20 los lugares son, la mayor
parte del tiempo, la condensación de memori as plu ra l es más
o m e nos antiguas, con frecuencia conOictivas y que interac­
túan entre sí. Los ejemplos son múltiples: 10:1 "Tres Colores",
el Panteón, las celebraciones de la Re\·olución Francesa, de la
Vendée, el soldado Chauvin, el gal lo galo o, también, los
nomb res de las calles. Lo que observamos en cada ocasión no

" A. Leroi-Gourhan, op. eit. , p 1 3, n. 14.


» Pierre Nom. •La nalion-mémoire·. en ús l1�ux de mimoirr 11. La
Nation. 3. La gloire. Ú1' motl'i , pp. 64i-658.

63
es el trabajo de una memoria sino la obra de memoria
múltiples, a \'eces convcqrentell , con frecuencia d h·crgentes e
i ncluso antagónicas. Por consiguiente. la memoria colectiva
no es nunaa univoca .
La Revolución 1-'ranceaa es una m uestra excelente de las
múltiples facetas que puede tomar l a memoria colectiva y de
su inscri pción en la l a rga duración . En u na obra dooicada a la
transmisión de la memoria sobre 1 789 de una generación a
la siguiente.2 1 Gérard Belloin demostró que la transmisión era
sie mp re una reinterpret.ación del pasado en el marco de
recuerdos más recicnte.s < l a l ucha contra el fascismo, el f'rente
Popular. la ResistA!ncia, la Liberación), que cont ri buia a la
pcrsi&tencia de memori as resplandecientes de la Revolución .
Pascal Ory se interesó especial mente en las c:Onmemoracionea
de la Revolución : = Centenario, Sesqu icentenario y Biccntena·
rio. Cada u na de estas retrospccc: iones reavivó y alimentó
múlti ples memorias, pero J a República supo aprovecharlas
para reforzar, con muyor o menor éxito. l a identidad nacional.

Lo único que lo� m i em bros de u n grupo o de una sociedad


co m pa rte n real m ente es lo que olvidaron de su pasado en
com ú n . Sin dudas, la memoria col ect i v a es más l a s u m o de los
oh·idos que la su m a de los recuerdos pue8, ante todo y
esencial mente, éstos son el resul tado de una elaboración
i ndiv idual , en tanto que aquél los t ienen en com ú n , precisa­
men te, el h aber sido olvidados . Por lo tanto, la sociedad .se
encuentra menos unida por sus recuerdos que por sus olvidos.
Es posi ble ver q ue existe una casi certeza en cuanto a los
olv idos comunes de un grupo, de u n a sociedad, pero n u nca es
posible estar seguros en cua nto a los recuerdos, pues cnda uno
de e l l os , incl uso el histórico, recibe la impronta de l a memoria
ind ividual . La a u se n c i a es s egura , las modalidades inciertas
de la presencia quedan por determ inar.
M. l. Finlcy intenta soslayar_ elegantemente estas d i ficul­
tad es t.eóricas al afirmar que •después de todo, la memoria
col ectiva no es otra cosa que la transmisión a una gran
cantidad de individuos de los recuerdos de u no s ol o o de
algunos hom bres, repetidos m uchas v�.23
Pero su defi n i -

:i Gérard &lloin, Entl'ndc.•z·c.:ous da 11s MS mlmotr'Ps . . . � ús Fran�111 t't

ltur Rii:olulion . Pnrb, La Dkou\•erte, 1988 . 270 p.


n Pascal Ory, Unr natio11 pour mimoiTl'. 1889, 1939, 1989 troi" 1u biUs

rit.'0/11tionnaill$, Pnris, P� de la l''ondation nationnl des Sciences


polilique.. 1992. 216 p.
l• �l . J . Finley. op. crt. , p. 32 .

64
citi n no es verd adera mente satisfactori a . pues estos recuer­
dos, una vez transmitidos, pueden ser objeto de un procesa­
m i e n to espec i a l por parte de cada i ndividuo "receptor", lo que
i m pide su poner la existencia de u n a memoria realmente
com partid a . Si n embargo. tiene razón cuando su braya q ue la
persistenci a de recuerdos c o m u n e s den tro de un gru po nece­
sita la repetición , con trariamente al recuerdo i n divid ual que
puede d es p e rtars e d e pronto, después de años de esta r dorm i ­
d o , sin q u e s e haya he c h o nada para m antenerlo despabi lado.
Evide ntemente, en la necesidad de l a repetición y de la
presencia de u n e n torno fa\'orable para l a memori zación
a parece el r ol de los marcos sociales o marcos colccti\'os de la
memori a , sobre los q ue insistió justamente Halbwachs .
Esta noción de m a rcos sociales de la memori a es m u c h o
m ás con\• i ncente q ue la de memoria colecti va . Parece ind i scu­
t i ble que ..com pletamos nuest ros recuerdos ayudándonos , a l
menos en pa rte, con l a memoria de los ot ros" . 2 � La reconstruc­
c i ón de un recuerd o pasa por la de l as ci rcunstancias del
aconteci miento pasado y, por consigu ien te, de los marcos
sociales o colect ivos en tre los q ue .se e n c u e n tra el l engu aje, el
m arco social q ue m ayores rest ricciones p rese n ta : las co n ve n ­
ciones verbales, las si mples pal ab ras que l a sociedad nos
propone tienen u n poder evocador y pro porci o n a n él sentido
de esta evocación como, por otra parte, cu a l qui er ideació n .
Según Hal bwachs , c u a n do un in d i v id uo tiene afasia, l a natu­
raleza de esta d i scapaci dad ( verbal, nomi n a l , sin táctica o
semántica ) se ex pl ica, en diversos grados, •por u n a a l te ració n
profu nda de lns relaciones e ntre el individuo y el. grupo",2J es
decir, por u n a ruptu ra con los marcos sociales de l a m emori a .
C u a n d o la afasia se a n a l i za segú n los progresos real izados en
bi oq u ím ica de la memoria, esta tesis es m uy d i sc u tibl e pero,
sin embargo, podemos retener la idea de que según modalida­
des variables , esta facul tad hu m a n a se ejerce siem pre en
marcos i n s ta u ra d o s por la s oc i ed ad y que, en parte , l a d eter­
minan. "No hay memoria posible fuera de los m a rcos que
util izan l os hom bres que viven en sociedad para fijar y
encontrar sus nacuerdos". 16 Estos marcos no s'on sol a mente u n
envol torio para l a memoria , sino q u e el l os m ismos i ntegran
antiguos recu erd os que orientan la construcción de l os nue-

21 !\!auritto H al bnV1o0<'hS. /As cadN'• SOCIOU% d� la memoirr. París, Albin


Michel. 1 925 &: 1994. p. 2 1 .
11 Op. cit . •p. 69
• Op. c-it. , p. ;9

65
vos. C ua n d o estos marcos se des t r u ye n . se rompen , se d islo­
can o, sim plemente, se m odifi can , los modos de memorizaeion
de una determinada sociedad y de sus m i em b ros se transfor­
m a n para adaptarse a l os nuevos marcos sociales que habr••
de instau rarse .

En toda discusión sobre la nocion de memoria colectiva encon­


tramos el viejo debate sobre las relaciones entre el individuo
y el grupo, mal p l a n te ad a cuandu imaginamos que podemos
pensar en uno de estos térmi nos y excl uir el otro. Desde eate
punto de vista, Roger Baslidc define de manera más satisfac­
tori a que Mau rice H a l bwachs la memoria colectiva: para él es
un '"sistema de interrelaci one-s de memorias indi,·id ualcs. Si,
como afirma correctamen te Halbwach ii. el otro es n�esario
para record ar, esto no sucede porque ""yo y el otro" nos sumer­
gimos en e l mismo pem-a micnto socia l . sino porq uu nuestn.
recuerdo.e; personales se articulan con I� recuerdos de otru
personas en u n juego muy regulado de i mág,mcs reciprocas y
complementarias ... El gru pu no consen·a más que la estructura
de las conexiones entre l as di\•ersas memoria� i n d i\· id uulea.r.

De hech o, no existen ni memoria estrictament e i n d ivid ual,


ni memoria est rictamente colectiva, observación q ue fue
hecha ya hace m u cho tiem po por los psicoa nalistas en relación
con el tema del surgimiento de la memori a . C uando t;e produ­
ce una bocanad a de memori a , ésta i m pl ica el d ese o del sujeto,
pero sólo puede expandi rse •en el tej ido de las imágenes y del
lenguaje•ll' propuesto por el gru po . .. La semi lla de la rcmcmo­
ración -z!I de que h abla Halbwachs neces i ta un terreno colecti­
vo pa ra germ i nar. Por otra pa rte , es posible que cuando la
germ inación no se logre. porque hay incompatibilidades entre
el terreno colectivo y el trabajo pen;onal de l a memoria ( poco
i mporta aquí cuál sea el sentido del rechazo), se llegue a los
síntomas neuróticos , a una mt!moria salvaje e i nestable por
estar mal arraigada cm lo socia l .:io
El "hombre des n udo'" no existc, ya que no hay individuo que
no lleve el peso de su p ro pia memoria si n que es té mezclada
con la de la sociedad a l a q ue pertenece . Aunque pueda

�; ftocer Ba.lidt-, Memoir� col lecll\'c et soc1o logie d u bncola1e. &stidla·


julio·dicicmbre de 1 994 . p. 209·242
n a . 7 .S ,
Le Pouhchet S . , op. "'' · . p . 1 70.
=-

;, Mauricr Halbwnchi:1. l.a minmm: rolln · tn'f'. Pa ri11. Pl"F. 1 950, p. 5.


• Para este lema lomamo:i el análisis del d i:spositi\·o sim bólico qul' hace
Richard Polt irr. A11thr11po/0¡:1� d11 m.\'lh.:. P1t n'I. Edit 1 011l' Kunt>. 1 994 , p. 1 79.

66
rep roch ársele haber p l a n t ead o u n a a u t onomia d e m as i a do
i m portante de la m e m o r i a colecti\'a en re lación con las m e m o­
ri as i n d i \• i dualcs, Halbwachs, s i n em bargo , tuvo el mérito de
i n sistir en esa i m posibil idad del hom bre de usar la memoria
fu era de la socie d a d : ªlos marcos sociales de l a m e m o ri a
encierran y rel acionan entre si n u estros recuerdos m ás ínti­
mos. No es necesario que el grupo l os conozca . Basta con q ue
podamos encara rlos de u n modo que no sea externo, es deci r,
pon iéndonos en el l ugar de l os dem ás y que. pa ra encont ra rl os,
tengamos que segu i r el m ismo cam i n o que ellos habrían
segu ido en n u e stro l ugar" . 0 Esta idea aparece n u ev am ent e en
s u obra póst u m a . cuando define la me m o ri a i n d i v i d u a l c om o
u n " p u n to de vista sobre la m em o r i a colectiva'" ;'2 concebida
como u n a combin ación de i n fl uencias de natu raleza soci al .'En
u n m o me n t o o en ot ro, l a memoria i nd ividual necesi ta el eco
de la memori a de l os o tros , y un h o m b re que sol itario se
acuerd a lo que los demás no recuerd a n corre el ri esgo de pasar
por alguien con "al uci nnciones".:1.1 D e sd e esta pers pect i \• a , la
m e moria i nd i \' idual siem pre tiene u nn d i men s i ón colect i\•a,
ya q ue l a s ign i ficación de los acon tec i m ientos memori zados
po r el sujeto se mide s i e m pre segú n la vara de su c u l t u ra . A..;; i ,
alguien q u e " t r a n s m ite l a me m or i a " pued e \'e rsc i nvest ido d e
pre�t igio por el gr u po c u a nd o l o q u e rec u e rd a está valorizado
( es el q ue sabe > o. por el contrario. p u ed e se r estigm a t i z a­
do c u a ndo la i m age n del pasado que em ite es rechazada por l a
sociedad ( se conv ierte en aquel del q u e no se q u iere saber
nad a ). Esto eq uivale a deci r que el estatus de c u sto d i o de l a
memoria que, e n m uchos casos , pa rece ser u n a fu nción p u ra­
mente i n d ivid u a l . es i nseparable de l as acci ones sociales .
En conc l u s ió n . los fu ndamentos teór i co s de la n o c ió n d e
memoria colectiva parecen poco sólidos, contrari amente a los
de los m a rcos soci ales de la memoria. Si u n a t eoria es u n
enu nciado q u e tiene c i e rt o valor expl icat ivo d e la realidad. no
p od em o s habl ar real mente de teoría de la memoria col ectiva .
En efecto, esta noción es m ás expresiva q u e e x pl icativ a . Ex­
p resa adecu ad amente u n a cierta rea l i d a d : cómo ciertos a co n ­
teci m ientos parecen memorizados u oh- i d ados por u n a d ete r­
m i nada socied a d , cómo existe n capacidades de memoria dife­
ren tes en tre gen eraciones , entre cl ases sociales. e n t re sexos ,
etc. Pero no explica de q ué m anera l as m e mor i a s i n d i v i d uales,

ti '.ltt H a l bwach s . Lc•s c·atlr..s soáat1.t dl• la mémmrt•. p 1 45


� M H a l bwach s . la m1•mor r� rnll.-ctrt'('. p 33.
1J �t H:albawch i;. /.,.� t ·adri· � i-uc:imu: dr la m1;mmrt . p. 1 67

67
que son las únicas que se h a n verificado desde el pu nto de
vista b i o l ó gi co (solamente los individuos memorizan efectiva­
mente, nunca una sociedad ), pueden aparej arse para consti·
tui r u n a mt>moria colectiva, de q ué manera esta memoria
colectiva puede conservarse, transmitirse, modificarse, etc.
La noción de marcos sociales" nos ayuda a com prender cómo
..

los recuerdos individuales p u ede n recibi r una cierta orienta­


ción propia de un grupo, pero el concepto de memoria colectiva
no nos d ice cómo orientaciones m ás o menos próxi mas pueden
volverse idénticas al punto de fusionarse y de produci r una
representación com ún del pasado q ue adqu iere, entonces, su
p ro pi a dinámica respecto de las memorias i ndividuales. Ya
hemos dicho que, desde este punto de vista, la noción de
memori a colectiva es tan discutible como todas l as retóricas
com unitarias. En se n ti do estricto, en tanto es como aqu é l l as
más expresiva que explicativa de la realidad , podríamos decir
que esta noción es m ás poética que teórica. Esta afi rm ación no
es de ningún modo crítica, pues no es im posible que las
ciencias humanas pertenezcan más al dominio de la expresión
que al de l a expl icación , al arte que a la ciencia .

1 1 1 . DERECHO, DEBER
Y NECESIDAD DE MEMOR IA

Con memoraciones, celebraciones, aniversarios , dev oci ó n por


el pasado, culto del patri monio y otras formas rituales de la
reminiscencia : pareciera que la sociedad en su conjunto se
esforzara por satisfacer el i mperativo bíblico Zakhor ( ¡ recuer·
da! ) . Pierre Nora alude a una •ola de memoria"·" que se abate
sobre el mundo por entero, otros certifican un deseo de
memoria que procedería, especial mente, del miedo al vacío
de sentido, explicación •para pensar• Ja mayorfa de los fenó­
menos sociales contemporáneos . Los n uevos monumentos
q ue conmemoran la guerra o la Re s ist e n c i a -Péronne ( inau­
gurado en 1992), C a e n ( 1988 ), Verdun ( Centro mundial de la
paz, abierto totalmente en el verano de 1995), Oradour-sur­
Glane (donde se abrirá un •centro de la memori a" en 1997)­
se convierten en apuestas polfticas y eco nó m icas y, en algu nos
casos , las colectividades locales organ izan un verd adero tu ris-

u Pierre S ora. •La l o i de la mémoire" , Lt ""°'· enero-febrero de 1 99-f . n•


78, p. 1 87- 1 9 1 .

68
mo de la memori a . Las copiosas i n iciativas de los militantes de
la m � m o ri a . com o por ej e m p l o , la organ ización de u n • tre n
de la memoria" en 1992, para co n m e m ora r la partida de
Orancy del primer convoy haci a Au schwitz ( 27 de marzo de
194 2), a veces son dificiles de canalizar y no i m piden u n cierto
deslizam iento hacia la conmemoración-espectáculo:.," Por otra
parte. la puesta en escena de l a memori a se reivi n dica con
cla ridad en manifestaciones como la representaci ón del com­
b a t e de Vendéc en Puy-du-Fou, l a de la vida de Jaures en
Carmaux o, una menos conocida, la de los espectáculos histc>.
ricos en la c i u da d de Meaux,� donde un carnaval sui generis
c.Teado en 1980 fue presentado como la restauración de u n a
tradición . En todas pa rtes, y a veces hasta l legar a la satura­
ción , se m an ifi estan l os signos de una superabu nd a ncia de la
memoria, de una fiebre con m e mo ra t iv a o de u n '"producth·is·
m o archivistico" para retomar una expresión de Pierre Nora
En París hay 1 .553 pl acas conmemorati vas, 658 de las
cuales están ded icadas a acontecim ientos de la última gue­
rra . :4� E ntre 1986 y 1993 se reali zaron 305 cele b rac i o n es
nacionales que figu ran en los a n uarios d i fu n d i d o s por l a
D e l egació n de ce l e bra c i on es nacionales, q u e depende d e l
Ministerio de Cultura <din.-cción d e los Archivos de Franci a ).
El anuario de 1994 registra 4 7 , desde el trofeo de Augusto en
La Tu rb i e (AJ pes marítimos ) hasta el Desembarco y la Libera­
ción, pasando por l a Fundación del Conservatorio n acional de
Arte,; y Oficios o el descubrim iento de la "' Dame d e Brnssem­
pouy". Tod a Fra ncia co n m e m o ra : si se ac u m u l a n todas las
celebraciones de todos l os aniversari o� en todas las ci udades
de Franci a , se llega a un total de 1 . 57 1 cel ebraciones entre
1986 y 1993 :111 Thicrry Gasnicr señala que las celebraciones
n acionales tienden a no considerar los aniversarios con una
fuerte carga de m e m ori a < como la guerra de Argelia. el
genocid io de los judíos), como si el proyecto de la Francia
conmemorativa -a u nque también se pod ría hablar de los

• Annett� Wie\•iorka, 1992 ·fténex ions sur unr com memoration·. An ·

nalts, ESC, mayo.junio de 1993, n• 3. p. 703-7 1-4 .


�Syl\'ie ftouttl.Qmmd /a mrmtJf� d"unc 1111/e !te rMI � n sdnt . . . Étud� sur
la (onctmn 1tOCialr d�.s trp«lac:l�tc histurtquu. París, l .."l Documentation
fran�ai.sto. 1995. 228 p.
t; Mariann Sauber, "Traces fragiles. l.H plaques co m m é morativ� dans

les roes de Paria'", An r1alts ESC, mayo-junio de 199.'i. n• 3. p . 7 1 5-i27.


• Th ierry Gunier. La Fmnce commémorative. Le d�hal . en� ro·febrero
de 1994 . n• 78. p . 93.

69
Estados Unidos� o de la Al em ani a� conmemorativos- fuera
a imponer una memoria de la paz, una i m a ge n consensual de
sf misma. De u n modo general, la conmemoración oficial
pretende ser (con cada v ez m ayores d ificultades, si tenemos
en cu e n ta la " bata l l a de las memorias")'1 un "álbum de
imágenes demasiado serias", una ;&autoccl cbración ""2 organi­
zada de manera tal que el pasado y la memoria n o puedan
cuestionar el presente. Desde este p unto de vista, seria lógico
interesarse tanto por lo que una sociedad no conmemora por
l o que conmemora, pues una vez más, la a u se n ci a (el olvido)
tiene tanta im portancia como la presenci a ( l a conmemora­
ción ).

Si consideramos un mismo hecho histórico, l a celebración


establece una jerarquía de las memorias -materializado en
lm; nombres de las cal les, las placas conmemorativas, el
emplazamiento de estat uas y monumentos-, algo que mostró
Gérard Namer en su est udio sobre las conmemoraciones
políticas en Francia entre e l 26 de agosto de 1944 y el 1 1 de
noviembre de 1945. •·• Éstas perm i tieron darle una posición
dominante a lo memoria de los i ntegrantes de la Resistencia
en relación con el resto de la pob l ación. Coda conmemoración
puede ser definida. en vacío. por los blancos. los "agujeros", las
ausencias: ol\•ido del recuerdo de l os enemigos. de los STO. de
los prisioneros, de los deportadoz; no políticos. Entonces. la
pol í t ica de l a m<>moria es una puesta e n escena de simbolos
que remiten a antiguos conmemoraciones (por ejem plo. el
entierro de \' i cto r Hugo ) y que, de este modo. apuntan a dar
una visión unificada de u na lo'mncia combativa y eterna.

Por lo tanto, e s m a n ifies ta la conciencia de un deber de


memoria: se expresa en el seno de m uch as asociaciones (ex
., Inauguración del Vietnam Memoria l Hal l . el 7 de ftO\'Íembre de 1982;
conmemoración de la muerte de Martín Luther Kin; desde 1986; bicentena­
rio de la Constitueión�n 1987 , Columbus Day. el 12 de octubre, inaugu ración
del Holoc3ust Memorial M useum. en 1993, ek .
., Quinto centenario del nacimienlO de Lutero en 1983; conmemoración
de los tetecientos cincul'nta � nos dr Berlín en 1 9Si; múltiples celebraciones
en 1994 y 1995 en relación con el fin de la Segunda Guerra Mundial. ek.
0 Pierre Nora . ·L'�ft dt' la commém oration •. en IAs litux d.r mtmoi�. úa
Frar1tt. 3. De l'orclaic.-r a l 'cmhl�mr , Pn rit. Gnllimard, 1992. p. 985.
41 Pierre Sansot. ·ou bon et du moin.s bon usace de la comm�moration·.
en 11.P. Jeudy. op. cit. , p. 284 .
41Gerard Namer. Mrm<Nn rt :socitll, Paru;, Méridielltl Klinclc.sieck. 1987.
2-12 p p. 191·215.
.•

70
com ba t ient� . i ntegrantes de la Resistencia, deportados, cir<..'U­
los histó ricos. etc . ) y en el más alto nivel estatal . Da orige n a n u­
mc rosas pu blicaciones com o el Mémorial des e11fa nt$ju ifs de
Fmnce de Serge KJ ar:;fcld , progrn m as de radio o de televisió n ,
mon umentos, etc. Pe ro no bnsta con tramm1 i t i r u n recuerdo,
q u e es lo q u e se hace en cada celebración . Ta m bién tiene que
haber receptores de ese recuerdo. o el mensaje se perderá ,
te mor que parece fundado si pensamos en ciertas form as de
m emoria del tota l i tarismo. La necesidad de memori a . que
forma parej a con el deber de m emori a , a veces parece faltar:
si bien a fi nes de 1950 e n E uropa occidental se recoJ.,ri eron
a l n'<ledor de di ec i och o m i l testi monios de sobrevh•ient�s de
los c-.impos de oonccntración," hubo que esperar cerca de vei nte
m'\os para que Fra ncia se ocupara s e ri a m entc del papt'l que
.
j ugó el régimen d e Vichy e n el exterminio de l o s j udí�
fran cescs o extranjeros y que se com prometiera, no sin proble­
mas. con u n a h i st ori a dt� los c a m pos fra nceses de recl usión .
Deteri oro de l a me moria, recuerdos jern rq u izados . oficia­
les o subterráneos, recuerdos ocultados, i nj u ri ados, res p l a n ­
decientes, d isgregad os, herid os, m uti l ados , a la d e riva u
h undidos; t i rantez entre u n a neces idad y un deber dl! h ace r
memoria: hoy observamos una especie de esq u i zofrenia de l a
memoria en l a s oci e d a d fra n ces a . q u e d uda en tre l a ten tación
de una balcanización de In memoria y I n vol u n t ad de fu ndar
u n a memoria que un ifique la d i versidad nacion al .

IV. CosFLK'TOS v M.\."\ I PULAc msES n•: LA M EMORIA .


RECUERDOS PLURAU:S Y ES COM PF.n: SC I A .

Raramente los recuerdos se m u eve n al mismo ritmo. En toda.e;


partesse enfrentan y esto sucede m ucho m á s ahora , ya que
hay cada vez más gru pos e i ndi\•id uos que hacen valer sus
pretensiones a hacer m emori a . En las sociedades modernas,
la pertene ncia de cada individuo a una pl u ra l i d ad de grupos
hace imposible l a con stru<.-c ión de u n a memoria unificada y
provoca una fragmentación de las memorias que beneficia
enfrentamientos . A veees , el conflicto permanece dentro del
sujeto, habitado por recuerdos p l ura les o l uch ando con su
propia memori a , como Jorge Sem prún que m a n tiene una

" l.ucette Valcnsi, ·Pmsence d u p.-i.'i&é . ll'nl.t'ur d e l'hit1toi re·. 1\111mle.s


ESC. mayo-junio dl" 1 993, nº 3 .
p. 494.

71
singular lucha con la escri tura que lu mantiene "en la mem o­
ria atroz del pasado" .�� Pero si carecemos del talento del
escritor, las ú nicas batallas q u e podemos mantener son las
públ icas que son m u ch as y que se ren uevan permanente­
mente.
El 19 de d i ciembre de 1995 se clausuró una ex posición sobre
la esclavitud en la Biblioteca del Congreso en Washington. Su
título era : .. Detrás de la casa d e l amo: el paisaje cultural de.l a
plantación" y babia sido preparada por u n antropólogo, pero
fue i rri tan te para .la memoria de los negros. Ya en el otoño de
1994 había estallado una violenta controversia en Estados
Unidos acerca de la exposición que el Smithson ian ln st i tute
había ded icado al raid del Enola Gay so bre Hiroshimn: los
veteranos y la Legión americana ( con más de tres millones de
adhere ntes) si ntieron que la exposición constituía u na ofensa
para su memoria y , fi nalmente, fue cerrada en enero de 1 995.
Las batallas por la memoria son una t rad ición persistente en
Estados Unidos. En 1 992 , en ocasión del q u in t o centenario del
descubri miento de América, se opusieron dos tipos de conm e­
moración de Colón : l a trad icional recordaba la epopeya funda­
cional ; la otra calificaba de holocausto a la masacre de los
indíge nas -que a h o ra se denominan "pueblos locales'"-. Hubo
quien, i ncl uso, quiso reba utizar la Co l u m bus Avcnue, en
Nue\•a York , como "avenida del Gcnocidio 46 A fines de los
.. .

años 'SO hubo debates muy crudos pro\'ocados por l a ne1u


western history, que cuestionabnn el mito y la mem o ri a del
Oeste y de la "frontera'".•� Exi sten permanentes tensiones
entre negros y blancos con respecto a la historia de la esclavi­
tud norteamericana . En este caso , e n el control de l a memori a
histórica se ponen en j uego al m i smo ti empo l o pol ftico, l o
social , o cultural, lo idcntitario: e n contraposición a un estu­
dioso como Ulrich Bonnell Phillips que, a com ienzos del siglo,
se esforzó por justificar el sistema esclavista, hoy se e nc u e n ­
tran pocos historiadores que defienda n a los dueños de las

n Jorge Semprún, Vou.� a t"t"Z u ne tombe au crrux de:f nu�r$·, Pnris.


•. . .

Éd. Climats. 199&, p. 94 . �I m ismo autor \•er. también, L'kriturr ou la vie,


Pacis. Gall imard. 199ol . 322 p. ,
H Denis Lncorne. •l)e5 reres fondate u rs a l'Holocauste. Deux sii!clPS
de commémorations a m é ri c a i nes·. ú Diba t , enero - febrero de 1 994 , a•
7 8 , p. 80.
,: S. Pelt'rson Cha rk>s, ·s�nk ing for the Past'". en Th� Ox.(ard HltJory uf
The A muimn IVut. New York·Oxíord , Ox íord Uni\•el"ll i ty Pf'HS. 1 994 , p.
743-769.

72
plantaciones d e l sur pero, s i n embargo, las conclusiones de
s u s trabajos •son tan d i ferentes como es posible pensar sobre
casi todos los aspectos de este tem a, ya sea sobre el carácter
eficaz y rentable del trabajo servi l , ya sea sobre la personali­
dad del escl a\•o, sus reacciones, su cult u ra , o l as relaciones
entre a m os y csclavos".&11 Como siempre, l as d ivergenci as en
la restitución de la memoria histórica e nc u e n tra n su punto de
partida en desacuerdos sobre problem as contemporá neos ,
con los que la memoria no deja de ten�r interferencias .
.

1 ncluso en África, una escuela de historiadores se esfuerza por


movilizar el recuerdo de la esclavi tud parc1 expl icar el subde­
S;arn>l lo africano, al menos en Jas principales regiones de
Africa occ idental. en la que se practicaba la trata de esclavos.
Otros, e n cambio, consideran que la trata tu''º efectos posi ti·
\'OS al permitir J a introd ucción de créditos europeos en una
economia poco d i námica. Por con:§iguiente, se i nstauran n uc·
\':as batallas sobre l a memoria. que se pl an tean en términos
si milores en todos los debates sobre el coloni alismo. Es proba­
ble que una de los condiciones del éxito de la política i nstau­
rada hoy en Sud áfrica por el presidente NeJson M andela
consista en la superación de los confl ictos dc memoria entre los
anti iu os beneficiarios del apartheid y los que no lo eran, sin
que cst.a superación implique el olvido, i naceptable para las
víctimas del sistema de discriminación racial.

En Hispanoamérica, In Conqui sta primero y la Indepen­


dencia después prov oca ro n ru ptu ras en la cont i n uidad de In
memori a . Después de la Conquista, en p ri mer l ugar existió el
olvido o el rechazo del pasado de las civi l izaciones y cul turas
precolombi nas y luego, después de la I n dependencia, la mis­
ma actitud se produjo respecto del perfodo coloni a l . '11 Estas
rupturas expl ican aún hoy ciertos enfrentamientos contem­
poráneos entre lo que se recuerda, ya sea dentro de América
latina (entre l as poblacion es de origen e u ropt.'<> y las de origen
indígen a o mesti zo), ya sea en tre los paises que hoy son
soberanog y las antiguas potencias colon ia les. En México, por
ejem plo, el malitich ismo ( que proviene del nom bre de u na
princesa indígena, Mali nche. que fue In amante de Cortés)

'" )l .J. Finl�y. op. C'it. , p. 43.


•• Jo'ron�is·Xavit-r Guerm , Memom•., ''n d.. 1.'t'111r. Am�rrr¡u .. latine, X\',. .
xr aák�. Coloquio internacional. Lex enfeu� de> la memoire, Par.is. 1 · 3
d iciembre d e J 992 . A5socia l ion íran�ai•• d� sci•nces tiOCialea pour l'Amériqut­
Latint. Bordeaux. Mni�n dt'ft p:1ya ibériqut!:i, J 9'J4 . p. J 1

73
sigue produciendo memorias ambiguas y cont racl ict orins . .,,,
Para algu nos , el recuerdo de l\fal i nche a l i m e nt a u n despn·t'io
por todo lo que e� mexicano, cal i ti end o de \' Ulgar, y conl:'t ituye
In bnsc de u n a preferencia por las socied ades occidentales, de
d o n d e pro\'cnfa Cort �s . Para otros, dl' n u n c iar el mal i nchismo
es no solamente la t�st igmatiznción del com portamiento de la
princesa in d igcna acusada de haber traicion ado a sus herma­
nos, s i n o ta mbién u n a m a n e ra de reafirmar l a fuerza y el gen io
del pueblo mex icano.
La� conmemoraciones de los bombardeos de Hiroshima y
de Naga�nki rc\•elaron un m os a i c o de recuerd os, no solamente
entre Estad� Unidos y Japón < algo lógico de esperar). sino
t a m bién dl'nt.m de este ú l t i m o país. En l as cerem o n i a s oficia­
les . H i rosh i ma es mejor tratada q ue Nagasa ki y , además, las
dcacena� de milt·� de irradi ados no japones� no son recorda­
d os . Además. est as con memoraciones reavivaron los debates
�obre l a nat u ra l eza d el conflicto y Japón tU\'O difü·ultades
para reconoces: la realidad de u n n i.ru crra de a m•asión en A.-li a
d u ra n te la Segunda Guerra Mundia l , si n que este reconoci­
miento provoca ra criticas d e n t ro de l a pob l aci ón y de la c l a se
política. En ciertos casos . lo que se buscó fue atempe rar las
m e m o r i as , como en O ki n a w a : n i Japón n i Washington quie­
ren revivir los terribles rt>cuerdos de la pri ma\•era de 1 94 5 .
E n Francia . los antagon ismos entre memorias ta mbién
form an parte de la tradición n acional , aunque ahora pueden
parecer menos m a rcad os que antes . Existe una i nfi n idad de
tt�mns para que se cnfrt>nten recuerdos y con t ra-recuerdos
franceses . pl u ra l es y cont rovertibles: la Re\•ol ución Francesa
( Bla ncos co n t ra Azules, el papel de Robespicrre. la con memo­
ración en 1 98 7 de u n contra-Bicentenario m a n i ficl'to: el .. Mile­
nario de los Ca pelos"); el ba u t i s m o de Clo\'i s , Juana de Arco,
la ¡.ru erra de las rel i gi one�. los .. Ca misards", In Com u n a ,
Dreyfus. Pétain, I n Res istencia < con una memori a di fe rente
para la Resistencia i n te r n a y l a de Lon d res . menos \"alorizada
en el caso de las m ujeres que en el de los hombres. etc. >. la
deportación ( memori a con trastada segú n el origen de los de­
portados -j udío, gitano o polít ico- ) , la guerra de Argelia, los
re patriados, los harkis. cte. Así, por ejemplo. In m em o ri a sobre
la Ocu pación . sobre las del aciones y los a rreglos de cuentas en
el momento de In I.. i bcrnción son recurrentes en las cam pañas

"'° l.uc Ca mb�zy. l ..'l mémoi rn t r:thlt! d'unc pri ores� indienn'-'. eoCaliirrs
dH Scirnn>" humainl'li, 30 c 3 1 1994 . 497-5 1 1.

74
electorales.51 En este caso, •el pasado no pasa" y provoca
heridas en la memoria, llagas cruentas m�s o menos doloro­
sas. ¡Es muy d i fic i l reconocer que el cam pctde 108 M iles había
sido establecido antes de la derrota para encerrar dhí a las
victimas de Ja lcgi sl ndón francesa sobre los "extranjeros
enem igos", que luego fueron l iberados cu a n d o se apl i có el
artículo 19 del arm isticio!·� Con frecu en c i a , al Est ado le
cuesta i mponer un monopolio de la m e m or i a legiti m a y
Francia se balancea entre la amnesi a colediva o el deber de
la memori a, como sucede, por otra parte, en otros paises
europeos, como Alemania, España, Ital ia, la R u s i a poscomu­
nista y, tamb i én , los pafses liberados de las dictaduras milita­
res , como Argenti na y C h il e . En Fran c i a , incluso celebracio­
nes que a pri m e ra \'ista parecían anodinas siem p re fueron
pretexto para batallas de la memoria: así: el trescientos
aniversario de In m uerte de La Fontaine, en 1 995 , d io l u gar en
su ciudad natal < Chateau-Thierry) a agudos enfrentam ientos
pol íticos e ntre los q ue consideraban que el c�critor era un
"pétai ni sta" y los que acentuaban s u carácter un iversal y
popu l ar.-·..,

Con frecuencia In memoria toma materi ales de la la�a d u ra·


ción : en ambas ri\'cra..;; del �foditcrráneo la memoria de lus
C ruzadas sigue teniendo pea<> en la fractu ra del lslum y la
Cristiandad y sigue siendo un referente ideológico, romo se
pud o comprobar en Ja expedición de Sucz de 1956, en la Guerra
del Gol fo e n 1 99 1 y también en el no\·cno centenario del
l l amado de Clcm1un t. E n el mundo árabe. Salad in -Nos.ser
era comparado con él-. la caída de JcrusaJt!n y su rcc u pera­
<.i ón, si guen nutriendo Ju memoria colccti\'a e Israel puede ser
asi milado a u n nuevo Est:ido cru 7.ado."' Por lo tan to, no debe
sorprender que el i n te gri smo musulmán a \"t.'<.-es sc..•a p re:;entu·
d o como unn Cruzada ul revés, con lo q\Jc Ae mantiene el
enfren tamiento entre hu; memorias de Occidente y del Islam .

Dado que Ja memoria es má!t an ima 11umdi que imago


m undi . d ndo que pucde actu nr sobrc el mu ndo, l os i nten tos dt�

' ' i:-· . ?.onabcnd. 11p. ctl p. 306.


. •

111 A l rrcd r.ross� r. "Oublicr nos c ri mes. L": unnt"s ir nat ionalc u n e
spc.�ificité fr:a n�Rist'?". A u trf'mc"n t . n" 1 4 4 . Pa r i s . A u l re m e n t . abri l d1�
1 994. p p . 2 1 4 -:! l S.
;: ú .\lontk 3 dt• f�brero de 1 995 .
.... Amin Maalouf. /..c:!f urm;ad�s t'Ut"" pnr /,•s Ara�·11 . P:s ris. Lattc\..!i. 1 9SJ.
p. 30� ·305 .

75
manipularla son permanentes . Personal o colectiva, la memo­
r i a se uti liza constantemente para organizar y reorgan i zar el
pasado. ¿Por qué l os gobiernos , los partidos políticos, los
grupos de presión dejarían de i ntentar que este proceso fuese
en una direcc i ó n favorable a ellos? Conocemos el p ape l que
jugaron las manipulaciones m asivas de la memoria en l a
aparición y mantenimiento de los sistemas totalitarios del
siglo xx. En el conflicto i r l an dé s , los ingleses y ciertos in te lec·
tua les i n ten taron mod ificar la me mo ri a sobre la gran ham·
bruna de mediados del �iglo x1x, utilizada por el IRA como un
arma en contra de los i n g l eses . Hace m uy poco, en el conflicto
de la ex Yugoslavia, se produjeron manipulaciones sistemáti­
cas de la memoria con el objetivo de hacer olvidar el recuerdo
de solidaridades anteriores . .;.; Por otra parte, los i n te n tos de
entu rbiar, ensuciar o profanar las memorias se basan en estos
casos en recuerdos m ucho más antiguos, como los de los
seculares desmembramientos historicos ( áreas de la ortodo­
xia. ocupación otomana, cte. ).
La evocación de In Shoah permite d i fereQciar bien. las
man i pulaciones de la memoria del trabajo ordinario de la
rememoración . Así, por ejem plo, la cifra preci sa de las \'icti­
mas se conviertc en u n "desgarrador trabnjo"� de la memoria
con si stente en hacer admitir que la cifra de un millón de
muertos en Auschwitz es u n a hi pótesis mucho más r a zo na bl e
que los cuatro millones de muertos que se nombran en una
placa que hace u n t ie m po estaba colocada en la entrada del
cam po. Asimismo. el que hoy Scrge K.larsfeld pueda tomar la
i n iciath•a de restablecer la verdad histórica sobre la cantidad
de integrantes de la Resistencia fusilados por los nazis en el
Monte Valéricn·'•':' representa la culminación de un trabajo
doloroso de la memoria que demandó un o s cincuenta años.
Por el con trario, el proyecto revisionista que intenta negar la
real idad del genocidio no tiene nada que ver con una m ayéu­
tica de la memori a pues. por naturaleza, consi ste en la
n ega ci <;n de la m e m o r i a . De lo que podemos hablar en este
caso es de asesin1tto de la memoria: antes de mani pularla, la
parte de verdad que hay en toda memoria es negad a a priori.

u Cornélia Sorabji. ·une guerre tres modeme. Mémoi re:s et id«'ntités en


Bosnie-Ht'rzégovine·. Ttrrairi . 23 ele octu b re de 1 994 , p. 1 37- 1 50 .
... Chtudt" L:mzmann, citndo en f>ieorl'f' Vidal-.Saquel. U• asMs1 11N de la
mémoln:. Paris. La Décou\•erte. 1 98i, p. 18(;.
"' l .OOi (cifm que yn es terrible > y no 4.500. Est.3 e.s la cifra que a parece
en In plncn conmemomli\·a coloc.1d:i rn rl monte \'alérien l ffau� · dl'-Seine).

76
Las distorsiones de la memoria provocadas por estos con­
flictos nos enseñan probablemente más sobre una sociedad o
u n i ndi viduo que u n a memoria fiel . En la deformación sobre
e l acon tecim iento memorizado hay que ver un esfuerzo por
ajustar el pasado a las representaciones del tiempit presente.
En el caso de los grandes acontecimientos colectivos. se
adivina el interés conj u nto de historiadores y antropólogos
por una búsqueda de la memoria: los primeros ayudan a los
segundos a medir los deslizamientos de la memoria en rela­
ción con la realidad histórica; los segundos proponen a los
primeros una interpretación de estos desplazamientos a la luz
de lo que está enjuego en el presente en lo cu ltural , en lo sbcial
y en lo simbólico. Podemos adoptar el mismo enfoque en el
caso de la dimisión de la memoria, el olvido: la amnesia
oolectiva no puede explicarse por completo sin la colaboración
de historiadores y antropólogos.

V. Los ABUSOS DE LA MEMORIA, LA NECESIDAD DE OLVIDO


Y L.\ AMNESIA COLECTIVA

Un historiador afirmó que "todo cu lto del pasado es un abuso


del pasado" .56 ¿Puede ser abusi\·a la memoria? Para el cin­
cuentenario de la Paz de 1 945, el consejo re gio n a l de la Baja
Normandía organizó, el 20 de m ayo' de 1995, en Caen , un
coloquio sobre "El deber de la memoria, Ja bmtación del
olvido•. ¿Siempre hay que ver y n el olvido una tentación?
Jules Renard escribía en su dia ri o : "Tengo una memori a
admirable, ¡olvido todo! ¡Es tan cómodo!". Olvidar, ¿ es cómo­
do? t.a mosca m utante amnésica no deja de hacer el amor por
haber ol\•idado que acaba de hacerlo:" Helena , h ija de Zeus,
había obtenido de Polydamna. la mujer de Thon. el secreto de
una droga que mezclada con el vino hacia olvidar los males , el
dolor y el resentimiento: .. El que tomaba esa mezcolanza no
dejaba que l as l ágri mas corrieran por sus mej i l l as durante
todo el día, aunque se hubieran m uerto su madre y su
padre"'."° Al regreso de Buchenwald, Jorge Scmprún eligió
una "larga cu ra de afasi a , de amnesia del i berada , para so­
brc\ivir" y evoca Ja .. felicidad loca", la "beatitud obn ubilada
del ol\'ido", la nada del iciosa que lo protegió durante un
� M . l. Finley . op. �1t. , p. 7 .
" .J . . D . \'incenl , "P- á t . . P - 1 2 2 .
� Homero. tn· Or/l,..,•a . canto IV.

77
tiempo de la angustia de la vida, de las "faltas de certezas
desgarradoras de la memoria", de las 11metástasis fulgurantes
del recuerdo".61 ¿Cuál fue el recuerdo q u e no pu d o soportar
Primo Levi , que se sui c id ó en 1987, d es p ués de haber contado
su terrible experiencia en los Lager alemancs?82 Elie Wiesel
señala que el más trágico de los personajes bíblicos es el
profeta y el m ás t rá gi co de los profetas, Jeremías, pues
sobrevivió a la tragedia y no pudo olvidarla.ª ¿El placer, la
felicidad o, m ás grave a u n , la su pervivencia, pasan por el
olvido, por la traición a la memoria? En Bosnia-Herzegovina
al gu n os locos m anipularon la memoria para satisfacer sus
obj etivos de d ep u ra ció n étnica. ¿El olvido no permite en
m uchos casos e\'itar conflictos entre los recu erdos? Según
Nietzsche, el privi legio del niño reside en que todavía no tiene
de qué renegar de su propia vida y esto no su ced e con el
hom bre que, más tarde, se asombra po rq u e no p u ede apre nd e r
a ol v i d ar y sigue .. agarrado al pasado", a u n q u e cada fiesta de
Año N u evo pretenda ser un ren aci m iento pleno de resolucio­
nes que traicionan el deseo de hacer tabula rasa con el pasivo
de toda vid a h um an a . Y agrega Nietzsche : •toc1a acción exige
el olvido, como todo o rg a n i s m o necesita no solamente luz, sino
también oscuridad" . 6' ¿La memoria puede ser una cadena ,
una traba para l a acción y para In l i bertad? Algu nos monu­
mentos, como el 6'\( i ct n am Veterans Memorial'" de Washi ng­
ton , fueron considerados como i n stru mentos de catarsis. por­
que pe rmi tí a n que la memoria colectiva se deshiciera del
fardo de los recuerdos especial mente penosos . ¿La c o n me m o­
ración es, a veces, un olvido disfrazado? Los gra ndes movi­
m ientos históricos no pudieron llevarse a cabo sin la vol untad
de d e p u ra r , y hasta erradicar, toda h uella y todo símbolo de los
regímenes políticos anteriores. ¿En ciertos momentos es pre­
ciso poner el pasado entre parén tesis e, inc l us o , l legar a
"olvidar nuestros crímenes�
Pero, entonces, ¿no nos pe rd e m os a nosotros mismos en

" Jor¡;e Semprún, l."ecr1t11re ou lo 1.:1c , op. cit p. 205. 2 1 0, 2 29 y 236.


. •

'7 Primo Le\•i, Si c"c ¿¡t u11 h<Jmmc , Pans , J u l liard , 1987 . 2 1 4 p.

n Elie Wiescl. ·La mémoi re comnw resistt'nce en É m i lt! :\lnlet 1 b:\jo la


•.

d irecc i ón deJ, Rtsr.stcnc.: et mrmo1re. /li\uSt.·lrn·1tz a 5'mJ¡et·o. París. Hachet·


le, 1 993, p. 33 .
"' Friedrich :Sit'tzschc. Crm 1'1dáutiu11 s im1ct11dlt·s . 11. e n Ot·u t·r,•.11 . Paria.
Laffont. 1993 . p 2 1 9·220.
"' Obrn colrcti\•a, MOublier nos cri ml"s. L"nmnesic nat ionnle: une spkifi·
cite! frnn�a1se?·, A111�mcn t . nº 14 4 . París. Autrement. abril de 1994, 282 p.

78
cuanto olvidamos? La am n esia de Matsyendranath , uno de los
m aestros yoguis más populares de la Edad Media hindú, le
hizo perder su identidad y casi le cuesta la in mortalidad que
sólo pudo ser sa lvad a por la anamnesü ;, asi m i lada a un
dcspertar.lifi Los hom bres peñectos. que no pierden nunca la
visión de la \'erdad , no necesitan la \'i rtud de la rememoración
porq ue siempre están des piertos : B uda es el que está despier­
to por excelencia y po r eso posee, como Mnemosi n a , ta omnis­
ciencia absoluta. Hypnos es el hermano gem elo de Tánatos y
si ambos nos asusta n , ¿no es porque ambos son portadores del
oh· ido, uno de manera pro\•isoria, el otro defi n i t ivamente? La
vigilia no es olv i do y, por lo ta nto , no es la muerte: Gilgamesh
no puede adquirir la inmortal idad porque no logra estar en
vel a seis días y seis noches. Según el Digh anikaya ( 1 , 19-22),
l os dioses caen del ciclo cuando .. les falla l a memoria y se les
mezclan los recuerdos".67 A causa del olvido, el alma puede
·dejar h u i r su con tenido• (Gorgias, 493 e), y de este modo se
expone a las maldiciones: "olvidaste l as enseñanzas de tu
Dios, cuando sea mi turno me olvidaré de tus hijos" (Os, 4, 6).
Olvidar, ¿no e s también la pérdida d e l otro? Olvidar un
período de la \' i d a , segú n Maurice Halbwachs, "es perder
contacto con los que en ese momento nos rodeaban".ti& A veces,
también es aba n d o n a r al otro. segú n a fi rm a desde hace más
de treinta anos una organización como Am11esty ln ternatio·
nal, cuya misión es l uchar .. contra el olvido".
Tod as las sociedades se plantean estas pregu ntas (y tam­
bi én todos los i ndivid uos ), pero las respuestas no son siempre
las mismas. S i n emba rgo, sería demasiado si m pl ista estable­
cer una oposición entre sociedades que olvidan y om i te n , con
lo que priv i l egian el cambio y la i n novación , y sociedades
memoriosas, que se atan a la reproducción y al m anten i m ien­
to de l as tradiciones, y a la estabilidad de las jerarquías
sociales, es deci r, por un lado. sociedades autónom as y, por el
otro. sociedades .. heterónomas" para retomar una dist inción
de Corneli u s Castoriadi s . El propio ejemplo de la sociedad
francesa muestra q ue lo que se convino en denomi nar moder­
n idad puede conj u garse sin dificultades aparentes con un
apego m uy marcado por el pasado. Groseramente, en el seno
de una misma sociedad , es posible disti nguir períodos en los
q ue se \'aloriza más el olvido y otros en los que se lo niega , ya

" �l . El iade. op. ,.,,. , p. 145· 1"6.


"' Op. r1t. p. 147 .
... M . H n l bn\\'chs. La m'moi(t' rnllN"titv-. p . 10.

79
que la dosificación <consciente o inconsciente, semiespontána
o sem ivoluntaria ) entre los recuerdos y su amnesia total ea
siempre u n a ope rac i ón sutil y delicada.

Se sabe muy poco sob re el mecanismo bi ol ógico que d 1t origea


al oh·ido, sa l vo l u relaciones du causalidad que se pueden
establt..'Ccr entre casos patológicos de l es i ones o de cirugías
cerebrales y c ie rtas formas de amnesia. ¿Las informaciones
que z>c o l \• id a n se borran, con l o que su pérdida seria irrever­
sible o sim plemente quedan ocul tas; o se las borra en ciertos
casos y se las oculta en otros? ¿Acaso sabemos más que San
Agustín . para quien el o lvi do no es nunca total pues •no
podríamos buscar un recuerdo perdido si el ol vid o fuera
absol u to• <l..as confesiones, x. ·19)? ¿Por qué y por qué viu
neuronales111 al gu nos acontecimientos, denominados índicea
de recuerdo, i n i cia n la.rememoración y la reactualización de
un estado interno antiguo. proceso que describe maravi llosa­
mente ProWlt cuando cuenta cómo una cucharita de té en la
q ue habin d ej ado que se ablandara una magdalena '"puso en
movimiento• su memoria? No sabemos más que la emoción o
los sentimientos que despierta en nosotros ln lectura de En
bu.�a dtl t�mpo �rdido, l o que ya es mucho . . .
E l fenómeno del oh•ido colccth·o ea toda\•ia más misterioso:
como en el caso de la memoria co l ectiva, las hipótesis spcialó­
gicas, antropológicas o psicoanalíticas sobre su posible origen
son frágiles, pues los modelos teóricos que proponen dejan de
lado los problemas que p l a n tea el pasaje de l individuo al grupo
y a la inversa . Del mismo modo que existen tant3s memorias
como individuOll -Jo q ue relati\iza la n oc ió n de · memoria
co lectiva, como vimos anteriormente-, probablemente ex is­
ta n tantas formas de oh-ido como seres humanos. Además,
tomar en cuenta el o l vi d o en un acto de memoria c.s tan d i fkil
(y ta n i mportante) como tener en cuenta lo no dicho en un
di sc u rso . Sin embargo, el olvido colectivo puede \•erificarse con
mayor facilidad que la memoria colectiva. En efecto, si l as
modalidades del o lvido varían entre individuos, e l enmascara·
m iento o el borramiento de información desemboca siempre en
el mismo resultado, observable en prácticamente Jo total idad
de los miembros de un grupo. De este modo, durante cerca de
treinta años l a sociedad francesa "o l v i d ó• que el pa pe l de Fran·
cia y d e una gran parte de los franceses no s i e mpre había sido
digno y honorable en l a época de la Ocupación . De hecho.
d u ra n te todo este tiempo la sociedad francesa i ntentó ol\"idar

� 1..a �umulación elktriC"J de cierlall zonas del córtex pm·oca la reminis·


de escenas relacionadn& con recuerdos de acontecimientos pasados
('(• nc1n

lt'xperimento de Pt'nfield, 1963, op. cit. , p. 97 >.

80
qu e se habia ol\-idado, como se dice de un hombre que olvidó
porque no supo mantener su rango. Así aparecieron recuerdos
desplegados como en una pantalla que proporcionaban una
realidad inaceptable: una Francia combatiente por entero, la
negación de cualquier partici pación en el genocidio, etc. fte.
cién con ciertos acontecimientos, como la real i zación de la
pel icula IA.' cliagri n �t la pitit, de M nrcel Oph üls, en 1969,
expresión de un largo trabajo subterráneo de la memoria, o la
publicación de lo obra de Robert O. Paxt.on en 1 973,:º se inició
una rememoración de esa época histórica . con lo que se puso
parcialmente fin a un fenómeno de oh· i d o colectivo.

Con frecuencia el olvido es trágico y cua ndo es total , c9mo


en el caso de ciertas amnesias patológicas, puede impedir
llevar una vida normal . Lévi·Strauss señaló la frecuencia del
olvido en los cuentos y los mitos y sostuvo, con razón, que el OI·
vido es menos un defecto de com unicación con el ot ro que con
uno mismo: •olvidar es no poder decirse a uno mismo l o
que u n o dcbcria haber podido deci rse". ' ª Sin embargo , sena
un error defi n i r siem pre al olvido por la falta . Lof; olvidos son
vacíos llenos de algo, como señalaba R . Bnstide . De sus
trabajos s u rge que l a c u l t u ra afronorteamerica na se constitu·
ye tomando prestados sus materi ales del pasado de los Blan·
cos para llenar los agujeros de l a memoria colectiva de l a
escla\• i t ud . Est a p le n i tud de u n a ausencia t i e n e un sentido
para el grupo que, cuando termine el .. arreglo", \·a a poder
organiz�ir u n a n ue\·n con figuración de la memori a , con mucho
más futuro desde el punto de vista de los intereses del grupa
considerado. Traki Zannad Bouchara señala que no existe
o l v i d o para u n a cultura , simplemente '"formas de susti tución
o, si éstas no existen , formas de resistencia" . =:1 La memoria
olvidadiza n o es siempre u n campo de ruinas, también puede
ser un l ugar de trabajo. Por consiguiente, no hay que perci bi r
obligatoriamente el olvido como una privación , u n "déficit",
ex pres ió n que le gusta m ucho a la neurología que. segú n
Sacks, tiende a centrarse sobre lo que falta en la fu nción
neurológica: afasia , alexia, aprax ia, ataxia, a mn esi a , etc. E l
olvido es una censura pero también puede ser u n a carta de

:v Robcrt O . Paxton, La Fmn� di! Vichy. 19-10· 1944. Parss. MUil, 1 9i3.
380 p.
:i Claude Lévi.Strauss , Anthmpologil! �trut"luralr J,.11x, París. Plon,
1 9i3, p. 230·23 1 .
ª Traki Znnnad Bouchn ra, l.a c:illt mtmoú1• Cnntrihution a la aociol.
d11 L'clt-11 . P:arás, !\lt<ridi•n Klintksieck. 1 994, p. 24.

81
triunfo que le perm i ta a la persona o al grupo construir o
restau rar u na i m agen de ellos mismos globalmente satisfac­
toria . Kierkegaard plantea que "el recuerdo no sol amente
debe ser exacto. tam bi én debe ser fel iz". ;.1 I ncluso podríamos
decir que u n rec uerdo debe ser feliz antes de ser exacto, lo que
s u po ne I n fac ultad de olvidar l os aspectos más penosos de un
aconteci m iento pasado. Hasta podemos l legar a desear ol\'i ·
dar el recuerdo de u n aconteci m iento fel iz cuando simultá­
neanumte evoca el recuerdo de su pérdida. A la inversa, en
ciertos casos particu l a rmente trági cos, negarse a ol\' idar un
rec uerdo doloroso constituye l a ú n ica razón para vivir.
No existen letotécnicas, no h ay un arte del olvido equ iva­
lente al arte de la memoria, arte que tam bién seria úti l , aun
cuando más no fuera para dar decid idamente la espalda todos
los d ins n todo lo que estorba n uestro pasado. Sin embargo,
n uest ro cerebro se ded ica a deshacerse de m i l l ares de i nfor·
maciones i n ú tiles . Olvidamos m ás d e l o que recordamos. ¡por
suerte! La cnsi imposibilidad de olvidar que s e obsen·a en
algunos sujetos dotados de una memoria hipertrofiada < hi ·
pcrm n csia o memorin .. i nconti nente") puede hacerlos caer en
un u n i venro caótico y en una confusión al ucinatoria que les
im pide poner en orden los acon tecimientos memorizados· o,
más grave aun, d arle sentido a la propia vida. Así, por
ejem plo, Vcniam i n . el célebre paciente del neurólogo Alexan ·
dre Luria. nos hace pensar en el Funes de BorgcR:�• es capaz
de asociar mi les de datos memori zados con \•ersos declam ados
en su presencia pero. al mismo t iempo, es incapaz de compren·
der el sent ido del poema recitado.�.\ El agua de M nemosina
puede ser una fuente petrificantc.
En ¿Qué e s u11a nació11 ?, confecencia pron unciada e n La
Sorbona el 1 1 de marzo de 1882, Renan aborda el tema del
olvido. En un pasaje bril l ante que conviene citar por completo
ya que es total m ente actual , se levanta vigorosamente en
contra de l a obscsi<>n por la búsqueda de las huel las de
pertenenci a ét nicas:

. . . No tenemos derecho a ir por el mundo pal pando el cráneo de


la gente y l uego tomarlos por l a gargn nla y decirles : .. Eres
de n uestra sangre: nos perteneces'". Más allá de las caracteris·

=1 Soren Kierke&;a:ud, t'n \!mo t1c-ritus. Pa rü1. Climnta. 1 99'l. p. 1 2.


ª Jori:t' Luis 8orJ:t>S. Fum�s el menwrw..w. en l"1ccio111•11, Buenos Aitta.
Emll(.'é . led (rancez;.1 . París. Gal limard. 1 957 y 1965. p. 109- 1 1 8 1 .
: ·, A . l.uria, op. rit.
ticas antropológicas, están la 1"82Ón. la justicia, la verdad. la
belleza, que son las mismas para todos. Pero miren que esca
política etnográfica no es segura . Ustedes hoy la explotan
contra los otros; luego ven cómo se vuelve en cont.ra suya.
¿Quién puede decir que l os alemanes. que levantan tan alto el
estandarte de la etnografia, cuando les llegue el tumo, no
\'&yan a \"er a los eslavos anal i zando los nombres de l aa
ciudades de la Saxe y de l a Lusace, buscando h uell as d e l os
Wiltzes o de los Obotritas y pedir u na rendición de cuentas por
las masacres y los ventas en masa que los Otones hicieron de
sus antepasados? Para todos es bueno saber ohidor. �•

Y Renan agrega que el olvido es un factor esencial para la


creación de una nación : •La esencia de una nación es que todos
los individuos tengan m uchas cosas en com ún y también que
todos hayan olvidado m uchas cosas".'l": Pero, ¿este olvido
neces ari o puede ser volu ntario?
El individuo puede hacer esfuerzos de memoria. pero al
olvido no se le dan órdenes: como señala Joh n Brown, '. " ·no
parece disponer de ningún equivalente de la tecla que permite
borrar en un grabador". Las entrC\·istas reali zadas con Jos que
h uyeron del Gulag muestran que no logran olvidar ci ertos
detalles de la vida de los cam pos . 79 Por el contrario. dentro de
una sociedad. se puede •decidir admitir el pasado",60 aceptar
el olvido, am nist iar. En e l año 403 a. C . , los atcnicn sl�juraron
.. no recordar los males del pasado'° después de un periodo rico

en enfrenta m ientos políticos y m ilitares. Este •olvido en la


ciudad""1 esti pula que nadie, excepto los Treinta Tiranos.
podía ser perseguido por sus actos pasados. Por con siguiente,
la ciudad ateniense fundó su existenci a po l ítica en una pérdi­
da de l a memoria . Sin d udas fue la pri m e ra amnistfa, la
pri mera prohibición institucional de la memori a . que no hay

:' Emest Renan. Qu '�.st·c� q11 'unc nut1on �. l'a ri:s. Pl"('$!1ff Pocket . 1 992,
p . 49
: : Op. cit . . p. 42.
: � Richard L. Gregory ( bajo la dil'ft'ción de 1 . Lc- Ctrt·(Q u "" 111 co 1i n u . Pari.4 ,
Robert J...,fronl, 1993. p. 939.
:, l rina Shemakovo, "'lb" Gu lag in Menlor)··. en Luai;a Pas..�rini 1 b.'ljo la
direcc ión de-1, lUt•mory ond Totalitarúlm . Oxfonlr.-;cw York. Oxford l� n i\·cr·
aity Press . 1 992. p. 1 03· 1 15.
1( Jean-Lou is Deot�. Oublic:z.' üs Ttl llh !S, l 'Eurn¡H.·, '" 1\111��. raris.

l.1 1nrmattan. 1994 , p. 2 1 .


' 1 lli:ic:ole Lor.aux, L'oubli d an:s la cik�. !A: tm1pK ,J�· la n:/kx"'" · P3ris.

Gallimanl . 1980. p. 2 1 3-242.

83
que confu ndir con el perdón. En efecto, con la amnistfa, acto
polftico y j urídico, se considera que el hecho no sucedió, se lo
borm. dela.memori a que, del i beradamente, queda apagada.
t.a amnistia es radical, e11 el �_n tido en que se arran�_l a Jájz
del recuerdo o es. en .todo caso1 'º que la sociedad se esfuerza
--
e�.q�r..
-· - - - ·

Por lo tanto, es posible desear el olvido. "Odio al comensal que


tiene m e mo ria ", d i ce u n pro\' e rbi o griego, que de este modo
recuerda las virt ud es del olvido entre comensal es que, bajo el
efecto del vino, pueden hacer confidencias o ser i nd iscretos. En
ciertas situaciones hay ,que saber ol vi da r, ol,·idar por ejemplo
la memoria del dolor o de la muerte de un semejante. Si el
ol\ido hace mal es porque sigue siendo una forma de memoria:
la paz espiritual se logra únicamente cuando olvidamos que
hemos olvidado. Esto es l o que pasa con los males de amor . . .
Todos los recuerdos se evalúan en función de su olvido posible
y el trabajo de la memoria consiste precisamente en olvidar
ciertos acontecimientos y en privilegiar otros. El olvido, lejos
de ser lo a n t i no mi a de la memoria. e.s la esencia misma y se le
reservan ciertos momentos.

Del mismo modo que se piden espacios libres , Pierre Sansot


reclama •d uraciones l ibres" en las que solame nte sucedería el
presente,s-: en las que el futuro sería irrespirable, es decir, un
· tiempo provisoriamentc l iberado del peso de nuestras accio­
nes pasadas que tienden a saturar n uestras vidas. Al ponerse
a favor de lo "no conmemorativo", ¡qué a nadie le preocupe
olvidarse de un cumple años ! , se acuerda de lo que dijo Claude
Riviere sobre el rito: no puede ser vivido plenamente sin un
cierto grado de olvido, sin ignorar las razones de s u i nstitu­
ció n . El peso de los recordatorios, el recuerdo demasiado
insistente del carácter histórico de una fiesta, arruinan lo que
tienen de vital . Estas preocupaciones son compartidas por
Claudette Marquet que se refiere a la multiplicación de las
conmemoraciones protestantes : "cada año , cada mes, casi
cada día, debo recordar un hecho pasado. Todo parece organi­
zado para distraerme del presente y de sus imperativos".�,
Bernard Crettaz, curador del M useo Etnográfico de Ginebra
se refiere una vez más a la tira nía posible de la memoria

17 Pi .. rre &nsot.. "Du bon et d u moins bon usage de la commémoration ·,


en H.P. J�udy. op. cit . . p. 286.
'° Ci tado en Y\•es Bizeul, '"ldenli� protestante et réference au passé·.
Ethne1ltJRil' dr" fa1ttt rrlilli,ux en Eurnpt. Paris. CTIIS, 1993. p. 4:.?0.

84
cu ando se den u n ci a .. la memoria crispada y conservadora
pa ra aprender el ind ispensable olvido . . . que ritualiza el duelo
necesario y que permite pertenecer a su tiem po•."
Las sociedades modernas parecen te ntadas por la capitali­
zación al in fi n i to de la memoria, huida hacia delante que las
dispensa de inscribi r el pasado en el presente para llevar a
cabo el duelo. Así, no hay m ás forma presente de una memoria
en función de expectativas hacia el futuro, sino un inmenso
archivo que, en cierto modo, es vacío. Es una memoria l iteral,
estéril, a menudo hecha de resentim ientos, prisionera del
acontecim iento pasado q ue, para ella, sigue siendo "un hecho
i ntransitivo, que no l leva a ningún lado m ás allá de él mismo",
al que Todoro\' le opone la memoria ejem plar, para la que el
pasado, domesticado, se vuelve "'principio de acción para
el presente". 1.s Esta memoria potencialmente li beradora su­
pone un trabaj o de d uelo que es posible real i zar, aunque
siem pre sea pel igroso:"" esto pasó, por ejemplo, con el desfile
de los carros alemanes por los Ca mpos El íseos el 14 de julio de
1994 , o con l a presenci a del Presidente alemán en l a conme­
moración del cincuentenario del levantamiento de Varsovia
del lº de agosto de 1944 o, también, con la '"cadena de luces·
orga n i zada en Berl ín la n oche del 30 de enero de 1993, en
respuesta al desfile de antorchas del 30 de enero de 1933 con
el que se celebró la l legada de Hitler al poder."� Sin esta
asunción del pasado, la me mori a se dilata indefi n idamente, a
tal punto que pierde toda consistencia y toda signi ficación . El
trabaj o de duelo, señala Sem prún, pasa justamente por Bu­
chenwald .

Toda vida humana es un aprendizaje de la pérdida por el


olvido activo de ésta: pérdida de lo j uventud , de la salud , de las
ilusiones, d e los ambiciones, de los amores, de los pad res, de
los amigos, hasta l legar a la fase ú l tima en la que "la edad se
lleva lodo, incluso la memoria·. Este aprendizaje parece más

H Bemard Creuaz, La beautr du nate. Cunfrs1ion d'u n conRn'altu r tlr


musir ,.,,,la ¡Hr(cc:tion rt l'tnfrrm�mrnt dr la Sui,;.� rt des 1\Jprs. Carouge·
Genev�. Ed i t ionas 1.oé, 1993. p. 27.
"Tn-etrm Todol'O\', u• obus de la mtlmoirr, Parí!'. Ar les, 1995, p. 30-3 1 .
• Una prueba d � ello n la emoción qur. pro\"OCÓ l o participación del

presidente Reagan y dPI canciller Kohl en una ceremonia orgnnizada t>n el


cem.-nterio militar de Bitburg en 1 985.
·� Etienne •·ran�is. L'Allemagne df'.A comm�morat ions. ú déhat, enr.ro·

febrero. 1994, n• i8, p. 67.

85
difici l para lns sociedodes que pa ra los i nd i\·iduos. Aquéllas
dudan entre la memori a total, z;umiaión sin limites al pasado,
el olvido total, sumisión absolula al futuro y dos formas bien
diferenciadas del o ....ido parcial : una es el olvido activo, acep­
tado -que no hay que confundir con la falsificación orweliana
de l a memori a o con lo que Primo Le\'i llamó la guerra del
"Reich milenario" contra la memori a: destrucción de docu·
mentos públicos:• retoques de fotografias, autos de fe , etc.­
que es una amnesia fundadora del futuro, porque este olvido
es asunción del pasa do: el otro, el olvi�o pasivo, a tenta contra
Ja memoria de las \"Íctimas (el "ol vido culpable" de que habla
Ren� Char>. es e l signo de un encadenamiento con una historia
reprimida, actitud exactamente simétrica de Ja repetición
machacadora de lu memoria que manifiesta el encarcelamien­
to a un pasado obsesivo.

Moreau describ10 fal�1 ficaciones de este tipo desdt- t- 1 8i g lo 1


.. Ph i l ippc
;a.C .. en Obra col�i\·a. J,a 111émoirt• �Td1t1'. A In rttl1erclu• d&•s nrdm•('S
t111hlmt�. p11 bl1r¡11r:s �I pn&·tt�. dt• fo Ruml' a 11 tiq16 ' . París. l.A &rbonnl". ¡99.¡,
p . 1 :.H - 1 .aí

86
Capitulo VI
EL CAl\fPO DE LA ANTROPOLOGfA
DE LA MEMORIA

En los capit ulos a n t e ri ore s se presentaron \'arias ori entacio­


nes de in\'est i gacioncs que p u ed en ser i nteresan tes para l a
antropología : medios m n emotécnicos, a m pliación d e la me·
morí a , memori a y a m nes i a colcct h·as, etc.
En este ú l t i m o capitu lo \'a mos a intentar del imitar de
manera más sistemática l o que podría ser el cam po de la
antropología de la memori a , si n pret e n d e r sin embargo, se r
,

ex haustivos pues . como i n tentamos mostrar, esta facultad se


prt>sentn en todos los momentos de la vida individual y social
y, po r consiguiente, pod ría ser estudiada desde m uchos ot ros
pun tos de vista que los que propondremos en l as pági nas
s igu i e n tes No obstnnte, hemos decid ido seleccion a r una ci er·
.

ta cant idad de cam pos concretos de estudio para no d i l u i r


demas i ado n u estrQ objeto y correr e l riesgo de perderlo.
El curador de u n m u seo de et nografia , a n i m ado por el
proyccto de ser el "escriba" dc l a memori a campcsin a de Su i za .
com probó quc ésta "no e s u n a facultad m ás o menos fiel , s i n o
una act ividad com plej a q u e , segú n lo que esté en juego y los
con fl ictos personales y sociales, conse rva. t ra n s m i te, olvi d a ,
abandona, expulsa, destruye, censura. embellece o subl i m a e l
pasado" . 1 La me moria , señala. es objeto de u n a l u cha en el p re­
sente. porque ciertos grupos intentan a p rop i a rs e de e l l a . Esto
es lo m i�mo que deci r que u n a ant ropología n p l i cn d a de la
memoria no debe confu ndirse con un a exploración del pasado,
aunque no hay que descu idar esta dimensión . Ya que la
memoria se vive en el presen te, l a a n t ropología, que rech aza
todo placer por el pasado, debe esforza rse por descri bir y, si
fuera posible, el ucidar, las m a n i fe�tacioncs contem poráneas
de esta facu ltad h u m a n a .

1 B. Crettaz, ()p. át p. 26.


..

R7
l . MF.MORIA Y PATRIMONIO

Si existe un terreno en el que el m n c motro p ismo se m an ifiesta


con todo su b ri l l o es el del patrimonio. Cada año, en otoño, las
Jornadas del Patri monio nos confirman esta afirmación . En­
tre las m ú l t i pl es iniciativas de l os pod eres públicos o de las
a soc i aci o n es que deben responder a la necesidad de memoria
expresada por la sociedad francesa, la organización de e�tas
J o rn ad as es la que enco n t ró más eco: si "solamente" 600.000
personas aprovecharon su pri mera edición en 1983, hoy
reci ben más de diez millones de visitantes en m ás de 10.000
m on umentos históricos (sobre un total de 37.809 monumen­
tos históricos protegidos y cens a d os en 1993) y s u éxito parece
no q uerer desdecirse . De hecho, desde fines de los años '70
( 1 980 fue decretado "año del patrimon io"), l a pasión por el
patri mon io es fuerte, mul tiforme y soste n id a por una vol u n­
tad po l ít ica más o menos marcada pero igual mente presente,
u n o de cuyos marcos insti tucion ales más \'isibles es l a di rec­
ción de Patrimonio, que depende del M i n i s te ri o de Cultura .
And ré Chnstel hizo u n a excelente síntesis d e las sucesivas
significaciones de la noción de patri mon io,' desde la acepción
romana del término patrimotiium (l egitimidad fam i l iar que
sostiene la herencia) hasta la concepción moderna ( vincu lo
electivo con ciertas huell as del pasado o ciertas herencias que
se relacionan tanto con lo m aterial cuanto con lo ideal ; tanto
con lo cu ltura l , cuanto con lo natural ). La emergencia de l a
seruüb ilidad patrimoni al en sus formas contem poráneas e s el
fruto.de una larga mad u rez histórica . S i bien en el siglo ).."'\1 1 1
se veri fica u n a cierta concienci a patrimonial - l a a d m i ració n
i ntelectual y estética de los mirabilia ( reliquias , i mágenes,
objetos mara\•i l losos) es un signo en el campo religioso, tam­
bién lo es la relativa preocu pación por los regalia que simbo­
lizaban la perennidad de l a monarquía- ésta es frági l . La
m o n arquí a nunca d udó en a lienar l os bienes de la Corona por
necesidades financi eras. Recién con las Luces la sensibilidad
p a trimoni a l comenzó a tomar la form a q u e tiene ahora -la
idea de un progreso contin uo de la soci edad hacía necesario
prestar atención a la herencia del pasado ( mon u mentos,
edificios)- y, sobre todo, con I n to m a de conciencia pro\·ocada
por la Revolución Francesa : n eces id ad de ad ministrar los

2 Andtt Chasll'L ·t.a notion dl' polrimoino", en Picr� Nor.1 ldir. >. /As

/1rwc di! m�mol,... La Nation . . . Pnris. Gnllima nl , 1 986. p. 405-450.

�8
bienes confiscados a los emigrados, m'->d idas de prevención
contra el vandalismo considerado rápidamente como .. la pro­
fanación del culto de los recuerdos".=' La Nación se procuró los
medios para proteger una herencia t textos legislativos y
admi nistrativos. creación de diversas comisiones y de institu­
ciones encargadas del inventario o de la conser\'ación tanto en
París como en las provincias);' incluso si para algunos ( Qua­
tremere de Quincy. los anglosajones que estigm ati zaban el
iconbclasmo) la Revolución desnaturalizó los objetos religio­
s os conservados en los museos al transformarlos en si mples
obras de arte. Dentro de esta m isma actitud se encuentra lo
que Dominique Poulot denomina el "lamento fúnebre,, de los
que ven en los procesos invol ucrados en la formación del
patrimonio "'un fenómeno que apareció sobre las ruinas de la
memoria viva":; A lo l argo del siglo XIX la percepción de la he­
rencia fue con fusa y selectiva , ya que los poderes p úbli cos y la
adm i ni stración mostraron sobre todo la i ntención de valorar
los ..orfgenes" de la n ación francesa . D uran te el siglo siguiente
se amplió la conciencia patrimonial a l pu nto de integrar
progresi\·amentc todas las realidades materiales, las realia .
en el proyecto de aprehender hasta el más modesto nivel de
e\·olución de la sociedad. En ese momento empieza a manifes­
tarse "1111 a atención etnológica que no puede dejar nada que
tenga que ver con las cosas y los usos fuera de su rad io de
alcance".' Esta tendencia no dejará de acentuarse y el fin del
segundo milenio muestra un sentimiento patri mon ial exacer·
bado, que se i n teresa no solamente por las realia , sino tam·
bién por todo un campo de lo inmaterial < lenguas, cantos,
tradiciones, sa be res y m aneras de hacer las cosas, etc.) en el
que los pueblos se reconocen . Desde este punto de vista, André
Chastcl señala apropiadamente que "'ningún elemento patri­
monial tiene sentido fuera del vinculo con las sociedades
implicadas con él". 7 El patrimonio es el producto de un trabajo
de la memoria que, con el correr del tiempo y según criterios

' Segú n la definición de Laborde y Liutt . citada H Gi lbert Garcko.s. ú


monument pllbl1qu� franfai�. P11ri�. PUF, ·que sai11-j.-?"', 1 994 . p. 42.
• Edouard Pommier. Naissance des musées de pl'O\·inc:e, en Pittre Nora

fdir. >. ús lirwc de mcmvire. Lo Nation • • • , Paria. Gallimard. 1986. p. 452·


495.
' Dominique Poulot, Le sena da palrimoine: hier el aujourd'hui, Annala
ESC, noviembre-diciembre de 1993 , n• 6,p. 16 1 2.
• A. C&a.tel, op. �;1 p. 437.
.•

: Op. cit p. 446.


.•

89
m uy variables, selecciona ciertos elemen tos heredados del
pasado para incluirlos en Ja categoría de los objetos patrimo­
niales. Funciona eficazmente como un aparato ideológico de
..

la memoria"." De ahf la i m portanci a de distinguir m uy bien


entre la valorización del patri monio y la patri moniali zación,
pues l a primera es consecuenci a del acto de mcmori a, es dl.'Ci r,
de la segunda .
Ante esta producción patrimonial i ndefinidamente exten­
sa, existen dos orientaciones de in\'estigación para la antropo­
logía . La primera concierne a los criterios y las modalidades
de la patrimonialización , variables en el tie m po y en el
espacio; la segunda puede ocuparse de los efectos o consecuen­
cias de este fenómeno .

Los criterio,; que basa n la selecci ón o l a cori1nrua:ión d e un


objeto patri monial son múltiples y \•ariad08: \"inculus afcc l i ·
\•os. senti m iento de l a urgencia, preocupación por l a edifica·
ción de las generacione,j futu ras, dema nda:s tt.-c nológica:1 l pn...
&iones o influencias de l.i cibercu l l u ra· y de las tecnologías
..

mullimcdios >. interés rel igioso, i ntelectual , estético. pol ítico


< Puy-du-Fo u ) o económico < proy<!do •cint>gráfico· sobre el
casti l l o de Chambord >' o, también , antigüedad dt>I objeto. fo:ste
último criterio (el valor de la edad > es i ncierto -a \'ecea lu
datación es aproximnli\•a y, con frecuencia. se exageN la edad
do un objeto- y relati\•o: así, la memoria de los mon u men tos
históricos es muy diferente en Europa y en Estados U nidos ,
d o n d e se ejerce en un a tem poralidad mucho más corta. S i n
embargo, la antigüedad sigue siendo un criterio dewrm i nanlc
en ludo p roceso de putrimonializaciun ya que t> l objeto �mtiguo
sigue siendo considerado como un " retroto dt> familia·, como
"si el ser precedente se hubit.'SC \'uelto i nmemorial -prore:Jo
que c:.oq ui\·ale en el orden de lo
imaginnrio a u n ll el isión de l
tiem po·. 10

Los crite rios de elección pueden estar ausentes, i m presión


que da la política de conservación de ciertos objetos de la
Antigüed ad . Edou ard Pom m ier observa que, ind udablemen­
te, este período histórico es el que perm itió que el producto en

' M . Guillaume, ·1ntervention et 1tratégies du potrimoirw·, en H. P.


Jeudy, op. cit. , p. 1 7.
• En el caso de estos últimos sitios, mmo con todos los que prh-ilegian el
espectác ulo y la ilusión, la intención es mú darle forma o adul:ir una
m emoria colecti\•a que trabajnr en el rest.nbleeimiento de una verdad
hia tóri�a.
'ºJr.an Baudrillard. Ü :f)·stém1t dell ubfets. Pnris. Gallimard. 1 968, p. 1 06.

90
serie entrara en los m uscos: "La prosecución y l a multiplica·
ción de las exca\'aciunes arqueológicas volcaron torrentes de
objetos en l os muscos, cuya presentación sólo puede provocar
aburrimiento o vértigo, si no se los somete a criterios de
selección draconianos, pero contrarios al espíritu de una
cultura paralizada por el miedo en ferm i zo a elegir" . 1 1 En tanto
que, como he m os señalado varias veces, una dimensión esen·
cial de la memoria es el olvido, parece que en campo del
patrimonio, la angustia por la pérdida lleva a guardar todo y
a no querer olvidar nada, quizás hasta una próxima satu­
ración.

Un criterio de selección que a '·ecea se antepone al de la


antigüedad es el de la autenticidad de l os objetos, noción
extremadamente vaga de una manera general y, más parti­
cularme nte, para l os que están a cargo de la gestión del
patrimonio: de este modo, la conscn·ación supone inten·encio­
nes repetidas sobre los objetos patrimoniales ( mnntenimien·
to. restauración l que, como las catedrales de Reims o de París,
el Louvre o Versailles, se vuelven poco a poco copias • ..(acslmi·
les". 1 1 Desde u n a perspecti''ª antropológica. esta n oci ón de
autentici dad es. de todos modos. muy discutible. 1 1 En efecto,
conocemos casos en los que un grupo puede otorgarl e un
certificado de autenticidad a falsificaciones. Además, no ve­
mos real mente por qué una estatui lla africana producida en
serie y perteneciente u eso que se llama '"arte de aeropuerto"
es menos auténtica que la que fue hecha en un solo ejempl ar
por un artista local reputado: si ambos objetos han sido
fabricados por h abitantes del lugar. ambos son portadores de
una cierta i n formación sobro l a sociedad considerad a . Negar·
se a ad mitirlo es lo mismo que hacer de la antropología u na
discipl i na subalterna de la estética.

Los efectos posibles de Ja patrimon i ali zación generalizada


fueron señalados por Jos etnólogos y los conservadores de Jos
museos: son la m usei{icación de todo eJ pasndo. sin n i ngún
d iscernimiento. la folclorización . la fosili zación y el hecho de
poner en una vitri na todo lo que se considera arcaico < las

11 ú Deb<1t, n" 65. mayo·aiosto 1 99 1 . p. 1-&i.


1 � C h..U.tian Dupa\li llon, · Le patrimoine: commcmt? Pourquoi?", ú dlhat.
n• i8. enero-(ebrero de 199-1 , p. 1 8-1 .
u Sob,.. la c.-ue.taón d e In autenticidad , u n a lectu ra pro\·echosa rs l a de
Hermann Bnuainger, Volltdund� uu l'ethnt>l<11t1e olltm011dr. Pnris. Éd. de la
Maiaon des Seiencff de JñommP, 1 993, y. en rtipecial. la secc ión titulada
"Tourisme et íolkloril'me". p. l i S -200.

91
sociedades ca m pes i n as no modern izadas, ciertas formas de la
m e m oria obrera en las regiones ind ustri ales golpeadas por
la recesión , etc. >, te n d e n cia evidente desde fines del siglo XIX
en los museos de et n ografi n en los que se multi pl icaban
cabezas de m a n i q u íes moldeadas " se gú n la naturaleza" en
diferentes regiones de Francia . 14 ¿Cómo e x p l i ca r e sta e s peci a l
atracción por la •be1Jeza de l a m uerte", este vínculo con el
memento mori a expensas d e l memen to vivere, 13 esta hegemo­
n ía d e l inventario y de la col ecc i ó n por sobre la c re ac ió n , esta
pasió n por u n a memori a m uerta, fija , petrificada? Quizás
haya que hace r estas pregu ntas recordando esta célebre
consideración de Nietzsche : ªPara el gu s a no , el cadáver es un
hermoso pensamiento•. 11
Por otra parte, algunos expu lsan el cad áver de su memoria
y se n iegan a ver que los muertos enti erre n a l os vivos . Es
asombroso constatar hasta qué punto la ausencia de c onc i en ·
cia patrimoni al es i ncom prendida por la sociédad y sor p ren­
dente ver que este fe n ó m e n o relativamente frecuente -noso­
tros mismos lo hemos observado- no es ronsidcrado por l os
investigadores. Sin e m bargo , a me n u d o es la e xp res i ó n nor­
mal d e l trabajo de la m emori a que, regularmente, l i be ra al
sujeto d e las huellas más penosas de su pa sad o . Asf, hay que
co m pre n d e r que los campesinos destruyan voluntariamente
a n ti guos utensilios agrfcol as ; los zapateros , horm as; l os pes­
cad o res mediterráneos, viejos anzuelos , como modo de saca r
de la m em oria los obj etos que evocan un oficio dificil , duro, que
implica sufrimiento y e sfu e rz os y q u e sólo a lca n z a para
"ganarse la vida". Estas actitudes "apatrimoniales'" tendrían
que ser objeto de e stu d i o de la a nt ro pología de la memoria del
m is m o modo que la te n d e n ci a a la patrimonialización de la
sociedad.

J I . Los MONU)IENTOS

Pocos objetos patrimoniales responden tan bien a su vocación


de memoria como l os l ugares im portantes, los monumentos y

.. Obra colectiva, Mualologi� c1 'lhno/ogir, Paris, Éditions de la Réunion


des m� nalionaux. 1987, p. 82.
" F. Nietzsche, Considúation.s i nnctu�ll�s. 11, en Ck1wrtS, París. LafTont,
1993. p. 26 1 .
11 F. Nietzsche, Considil'tllions in�tu�llrs, l. e n <Ñuvru. ParfB. l.:lfl'ont,
1 993. p. 1 75.

92
las estatuas. Los "di fusores" de la memoria por excelencia son
los monumentos a los m uertos, las necrópolis, los osarios, etc .
y , de m a n e ra m ás general , todos l os m onumen tos funerarios
que son el soporte de una fuerte memoria afectiva . La piedra
siempre acogió la memo ri a : l as dos pied ras de ónix sobre las
que se habfan grabado los nombres de los hijos de Israel y que
se l l evaban sobre los hom bros de Efod , se llamaban piedras de
la memoria.

Los monu mentos l e deben su aparente indestructi bilidad al


hecho de que se los considera '"memoria minerar, etemamen·
te \•álida. Saint-Martin d'Hem in a uguró el •primer"' mon u ·
mento en la Re pública, el 6 de agosto de 1789: •un mojón real,
que servirá para la perpetua memoria de l a destrucción del
fe ud al is mo y de todos los servilismos". • � Gilbert Gardes, que
recuerd a esta fundación , da excelentes ejemplos del trabajo
realizado por l a memoria sobre el patrimonio de los m o n u m e n­
tos. Lo que hace que una co lcct i \i d ad decida erigir un m o n u ­
mento en honor de tal o cual personaje es la producción de una
leyenda o, más exnct.a mente. de u n a •bioleyenda"' -'"i n terpre­
tación biográficapost mort('m -•. 1 1 De manera estereoti pada, la
memoria colectiva con\icrte en héroe al que, por haberse
sacrificado por la comun idad , es digno de conmemoración .
Pero, como señala Gurdes, la memoria a través de monurnen·
tos tiene su escala de valores y, en función de loa azares de la
h istoria, puede deshacer Jo que antes babia unido. Mientras e l
desíasaje entre lo memoria colecti\'a y la memori a a tra\•és de
los monumentos se mantenga den tro de ciertos límites, los
monumentos no están amenazados. Por el contrario, en perío­
dos de fuerte tensión social, puede suceder que el pueblo o que
un n u evo pod er no tolere más las distancias entre la antigua
memoria de los monumentos y la nueva m e m ori a dominante
o la que aspire a convertirse en ella. Entonces l l ega el mom e n ­
to del iconoclasmo, que siem pre coincide con las crisis políticas
y religiosas y que, con frecuencia, anuncia acontecimientos
devastadores. En ciertos casos, como el de la ocupación de
Estrasburgo por los nazis en 1940, el ..progrom de las esta·
tuas"1• constituyó una alegoría trágica del destino prometido
a los \'i\'OS.

Los diferentes poderes siem pre instauraron una política de


monumentos porque se integra a los marcos sociales de l a

a; G. Garetes, op. cit. , p. 97.


u Op. cit. , p. 35.

" Op. cit. , p. 44.

93
memoria . Al crear es p a ci o s comunes de la me m ori a , señala
James E . Young, '"los m o n um e n tos propagan la ilusión de una
memoria común".20 Pero, más allá de la ilusión, ¿cuál es la
verdadera naturaleza de esta memoria? ¿El entusiasmo p atri ­
m o n i al contem po ráneo y la profusión de monumentos no son
final ment� s u s t i t u tos del trabajo de la m em ori a que deberían
efectuar la com u n i d ad y los individuos? Para Pierre Nora,
"'cuanto m enos se \'ive l a memoria desde el i nterior, más
n e ces i ta apoyos e xte rn o s y puntos de referencia tangibles". Y
agrega : la m e m o ri a de las sociedades modernas es una .. me­
m ori a registrad ora , q u e d e lega e n el archivo la p reoc u p a ci ó n
de recordar por e l l a y m ultiplica los s i gn os de los que se
despoja, como la serpiente lo hace cen su piel muerta".21
Memoria registradora pero también memoria rel aj a d a y atra­
pa - todo que c u m ple co m pul si va y m ec án i ca m en te con su
tarea, sin preocu parse por e l sentido del acto de memori a .
Ahora bien, a propósito d e los m o n um e ntos a la m e mori a del
Holocausto, J am e s E. Young so s ti e n e que la l\(tiv i d a d de
h ace r memoria que no se form ule preguntas sobre sus propios
fines, que no se inscriba en un proyecto presente, eq u i v a le a
no reco rd ar n ada .n Por l o tanto, hay que p restar m ucha
atención a iniciativas de artistas co m o Hans Haacke o Jochen
Gerz, quienes en sus creaciones o a través de sus actos
conmemorativos i ntentan transformar "el hacer memoria
sobre el pasado dn cuestionar crít i ca m e n t e a l prese n t e" . 2:1 Uno
de l os ejemplos más con oc i d o s de esta 11guerril l a co n m e m o ra ­
tiva" en Alemania es el contra-m onumento (o m o n u m e n to
i nvisible) de S arre bru c k : después de h abe r arrancado setenta
adoquines de la plaza de la c i u d a d que l le va a la antigua
res i d en c i a de l a Gestapo, Jochen Gertz, con la ayuda de
estudiantes, grabó en cada uno los n o m bres de los antiguos
ce m e n te ri os judíos de Al em ani a ( más de dos mil ) y l u ego
vol v i ó a colocar los ad oq u i n es con la ca ra grabada co ntr a el
piso, de manera de vo lve r invisible la m e m ori a . C\lando se
con oc i ó esta acción conmemorativa subterránea, estalló u n a
gran controversia en Alemana y el monu m e n to invisible tuvo

z- James E. "iou ng, ·E:crirt" le monumc n t: site, memoire, critique",

Annal�s ESC, mayo.junio de 1993. n• 3, p. 736.


11
Pierre Nora. "Entre M�moi re et Histoire", en Lt• litwc de mimoin. l.
La Rlpubliqut, Paría, Gallimard, 1 984 . p. XXVI .
= J. E . Young,op. cit. . p. 43.
:i pierre Bou rdieu, "Hans Haacke", L1b�·ttlian� . París, Seuil/Les Pres·
aes du réel. 1994 . p. 1 18.

94
m uchos visitantes que, evidentemente, no vefan nada, pero
que asf respondían a las expectativas de Gertz. Éste espera­
ba que, al buscar a su al rededor la memoria. los visitantes
descu brieran la memori a que ya estaba en ellos . Fin al mente,
la plaza fue rebautizada: "Plaza de l Monumento I nvisible",
pero el mayor a lcance de esta in iciativa , segú n James E.
You ng, reside en su poder de sugestión que "ya había i m plan­
tado el memorial all í don de podía ser más efica z : no en el
corazón de Ja ci udad, sino en el corazón del espf ri tu público•."
El contra-monumento de Jochen Gertz, a través de las m ú lti­
ples reacciones y posturas que provocó en la población y en la
clase política alemanas, muestra una vez m ás que no existe
verdadero acto de memoria que no esté anclado en el presente.

llJ . LAs CASAS DE ME.\IORlA

Sin quitar nada a lo prescntadq,en la sección precedente sobre


ciertas form as de veneración del pasado. tenemos que recono­
cer que l a d i námica pat rimonial de estos ú l t i m os años tuvo
efectos m uy pos itivos : para nosotros , el pri ncipal es haber
provocado un amplio y rico debate sobre l as relaciones que
una �cied ad debe m a ntener con su pasado; est a d i n ámica
también favoreció el mejoramiento de los méU>dos y de los
medios de in v e n t ar i o y de conservación : fi nalmente. pe r m i t i ó
la acu m u l ación de un formidable capi tal de conoci mientos a
disposición del públ ico y de los investigadores, gracias sobre
todo a los m u seos y a los ceo-museos, extraord i narias '"máqui­
nas de la memoria", según la expresión de Marc G u i l l a u m e . ::.·,
Proust veía e n l os m useos casas q ue alojan solamente
pensamientos. E n todo caso, se trata de un "pensam iento" de
la herencia y de s u transmisión , una representación del
pasado y de los legados para l as futuras generaciones lo que
dirige l a creación d e los m useos de la sociedad . La memori a
humana, consciente de si misma, da autorización pa ra las
model izaciones temporales : gracias a esta apti tud, el hombre
dispone de no cion e s del pasado ( l a memoria de la cuna :
orígenes del individuo o del grupo) y del futuro ( la memoria
trágica de la tumba: conciencia del propio fin o de la extinción

H J . E. Young. op. cit. , p. 73 1 -732.


� r.ta rc Guillaume, /..a polilique du patrimoi-. París. Ed. Golilee. 1 980.
236 p.

95
ineludible de un l i naje, de una sociedad, de una civilización ).
El poderoso desarrollo de l as ·casas de memoria" ( muscos de
artes y trad iciones populares, de etnografía regi onal y
de historia local ) se arraiga en la v ol u n ta d de conservar, de
guardar en la memoria las experiencias humanas "desde la
cuna hasta la tumba" .
Más de un mi l l ar de es ta bl ec i m i e n tos proponen cada año a
cientos de miles de visitantes un capital de memoria. ¿Pero
cuál es su naturaleza? Podemos abordar esta cuestión de
diferentes maneras, por ejemplo, teniendo en cuenta tanto lo
que no está en los museos como lo que allí se expone.
Ante todo, tenemos la memoria de l a tierra, la de las
soci ed a des rurales tradicionales, que está masi\'amentc re­
presentada en los m useos de artes y tradiciones po p ul a res .
Memori a mayormente l ocal , se dedica a u·n pasado que debe­
ría dar una imagen fiel de la identidad de una Francia que es ,
esencialmente. la Francia del terruño. El sentimiento del fin
cercano (o ya consumado ) de los cam pesinos i nspi ra acciones
de salvataje de todo lo que recuerda la vida de antes en el
cam po : herramien tas, mobi liario, vestimenta ,j uguctes, cuen­
tos, ca n c i on es , etc. El estatus de los objetos recolectados y
expuestos es ambiguo. Para Krzys z tof Pom ian, todo objeto
patrimonial obedece a la siguiente secuencia : primero es
. "cosa", cuando tiene u n v al o r de uso en e l aparato productivo;
l u e go es " desecho''. cuando dej a de tener esa función , porque
está viejo, d e te r i o rado o es o bsol e to ; puede transformarse en
"semiófora ", es decir, un objeto "con características visibles
que pueden rec i bi r signi ficaciones" c u an d o se lo exponga en
un m useo.:ai Un objeto "cosa" co n v e rti d o en "semi6fora" ya no
puede ser percibido como lo era en su forma original. Fuera de
su contexto, a veces en una "puesta en escena" -y, en ese caso ,
la m e m o ria del escenógrafo interviene- ¿qué recuerdos des­
piertan un arado, una azada o la estatua de un santo en l a
m e mo ria d e l os visitantes que, e n su mayoría, n o pueden
reconocer estos objetos sino solamente conocerlos? Por su­
puesto que este conocimiento es im portante, pero no hay que
confundir la memoria que un habitante de la ci u d ad construye
sobre una sociedad rural desaparecida o en vfas de desapari­
ción , con la memoria c:k esa sociedad . Jean Cuisenier y
Marti ne Segal e n recuerdan el balance hecho en los años '20

• l<rzysztof Pomian. ·MUlée el patrimoine ... en fl P. Jeudy, op. t1t. , p.


1 78- 179.

96
�obre treinta años de c reac i ón de museos etnográficos tentre
1 878 y 1909): los objetos .. no valen más solamente por lo que
son cuando uno está •entre el los•, también ti ene n valor, y
especialmente, por lo que son pa ra la mirada ·de l os otros•".27
Esta comprobación sigue s i e n do válida. Además, el conoci­
miento ad qu i ri do por el visitante tiene todas las posibilidades
de seguir s i e ndo m uy superficial cu a nd o se sabe q u e en los
museos de arte un visitante medio no dedica más que algu nos
segundos a cada cuadro que "contempla". 2f> ¿Qué guarda en la
memoria el visitante que concurre una hora o dos al m useo de
las Artes y Tr ad icion es Populares de París? ¿Qué le C\'Oca ese
oratorio, ese bonete o ese ramo de mieses ante los que pasa
rápidamente? Ver una herramienta del herrero ( o toda una
herrería) tien e poco sentido si no se puede acceder al mismo
tiem po a la m e m ori a de los gestos asoc i a d o s a es a herram ien­
ta, a l a memoria de l a cad e n a de operaciones en l a que se
insertaba, gestos '"que deben ser orde n a dos en una simból ica
de los sabere.'l sobre los modos de hacer las cosas, que ubica al
herrero en u n lugar por sus cualidades, sus competencias y el
j u ego social local".29 Si n e m b a rgo , esto puede a p l i cars e al
conjunto de los museos y no solamente a los que se d ed i can
al mu ndo rural . En todos estos m useos, la conservación de
o bj etos "puestos entre paré n tes i s " y que comercian entre si
po n e en suspenso el referente real . Por esta razón , l os m uscos
en tanto instit uciones , lejos de ser los lugares de me m ori a , son
"máquinas de olvido activoWJO de una tem poral i d ad exterior de
la que se extraen los objetos expuestos .
Los eco- m u s eos constituyen un intento de u n a memoria
viva y es signi ficativo que la mayoría de los cuarenta y seis
establecimientos museográficos reagru pados bajo el eslogan
Adelante la memoria sean, precisamente, eco-museos .31 Aquí
se manifiesta la v o l u n ta d de d arle vid a , de volver m ás di námi-

r. Jeao Cu1senier. )fo rtine �calen . Etlinolf>¡:ie de la Fra11re . París,

PUF, •Que sais-je., 1 986, p . 30.3 1 .


•.

111 H1ma Gott.esd ienrr. " La lecture d e �xtes dans les mW>t!t's d'art·.

l'u6llC$ d muxc'e-' . m ayo de 1992, n• l . p. 83.


29Jacqun Vallerant, "Connaissantti du p.urimoine elhnologiqut' el róle
des mudes·. Ethnologie fron�tmw, octubre-d.iciPmhn! de 1 980. X. n• 4, p.
405 .
.. JND·Louu Deotte . "L"nrt a l'époque dl' l"Apocal)·psc", en H. P. Jeudy .
op. eil. , p. 206-207 .
1 1 Marc Auge l bajo la di recc ión de J. Tt'rritoi�� de la mtmolrr. Thonon ·
les-Bains, Édit.iona de l"Albaron, 1 992 , p 1 25- 1 33.

97
ca la memoria , en genera l estática, de los museos trad iciona­
les . Cuando C laudc Lévi-Stra uss Yeia en los objetos exp u es tos
en los eco- m useos '"pasado en estado puro",32 dejaba entender
q u e se trataba de una memoria intacta y viva del pasado l o que
se ofrecía a los visitantes .

Fuera d e las sociedades campesi nas, únicamente la memoria


del trabajo obrero o del artesano es bien tratada. porque hay
cada \'CZ mayor cant id ad de i n teresados en l a arqueológia
i nd ustri al que ·asoci a el dCKubri miento, el censo y la descrip­
ción de un patri monio q ue inscribe las marcos y la n1emoria de
una S<K.i<..'Clad".11 En 1 995. un c onj u n to industrial , la fábrica
a l emana de \'olkl i ngcn ( Sa rro >. q uedó integrado por pri mera
\•cz al patrimonio mundial de la Uncsc:o, porque esta orguni·
zación consideraba que se trataba de utl testimonio único de la
historia técnico y de l a cu lt u ra industrial del siglo X LX y de
comiC"nzos del si¡: lo xx . A \•eces, son los mismos obreros los que
realizan la obra de preservación del pat rim o n i o i n dua t ria l y de
este modo se v u e l \ e n "héroes de la memoria". Esto sucedió, por

ejemplo. en Cagnac, en el Tum. d on d e mineros j ubi l a d os


iniciaron el sa l vaL"lje de su inistrumento de trabajo no para
• · con\•erti r la mino en un m u sco t'i no p:iro co n s t r u i r una •mi na·
,

m usco". En Graulhct. capital m u n d i al de la badana enll'l' 1 890


y 1930. gracias a i ni cia t i vas l oca l es se creó una c-d.!Sa de los
oficios del cuero con el proyecto de mantener una memoria
viva, lo de un artesanado todavía presente: las máquinas
(dcscarnndoro, biselndora, aterciopeladora. trazadora de s ur·
cos> se conscn·uron en fu ncionamiento •para que no se convir·
tieran cm objetos, como en los museos·.�•

El mund o rural está am pl i amente representado en los


m uscos y ceo-museos (lo q ue no quiere decir que esté fielmen­
te representado ); parece que la memoria obrera es capaz d e
aprovechar los esfuerzos hechos a favor del pat ri m oni o indus­
trial ; pero la memori a u rbana y la de las minorías étnicas o
rel igiosas es prácticamen te i nexi�tentc en las casas de memo­
ria. Actualmente, la memoria dom i n ante en los muscos se
cierra a todo lo que no sea local y esté categorizado como
a n tigu o o tradicional . No parece que estemos ce rca del mo­
mento de desaparición de este desequili brio, porque aunque
con regularidad n uevas comunas se deciden a crear motu

2: Claude l..évi-Stra uss. up. cct p . 1 20.


. .

:u Jean· Yvea Andrieux. Le patmnmn� ;,,dUJJ triel. Pa.r'8, PUi-', "Que saia­

jo?", 1992. p. 4.
�• �· .\loncle. 2 de eeptiembl"P. de 1 995 .

98
proprio su m useo de las artes y tradiciones populares, aunque
se instau ra con dificul tades una política del pa t ri moni o i ndus­
tri a l , por el contrario, hny m uy pocas iniciativas destinadas a
col m a r el retraso de los otros m useos. Establecimientos como
el museo del Desierto en Mas-Soubeyran ( cerca de And uze,
Gard ) , que recuerd a la pe rsecució n a los protesta ntes, siguen
siend o excepcionales. Actualmente v�mos pocos proyectos
museográficos capaces de i n tegrar l as memori as plurales, y a
veces en competencia, de l as diferentes pobl aciones francesas,
ni tam poco c a paces de i r más allá del simple ordenamiento del
pasado para "decodificar también las rupturas y con t i n u ida­
des del presente"_.,., La m useofilia, como tóda manifestaci ón de
la memoria, sigue siendo o lvi dad i za y m uy selectiva .

IV. Los RELATOS (O MEMORIAS) m: VI DA

Desde hace años, los relatos de v id a tienen cada vez mayor


éxito. D esde la pub l i caci ó n de Cheval d 'orgueil en 1 975, del
"buscador de memorias" Pierre-Jakez Hélias y , l uego, los
otros tít u l os q ue aparecieron pu bl icados en la co l ecci ó n Ter�
Humaine, varios editores acom paria ron l a pasión del públ i co
por las m e moria s autobiográficas . Memoria vi,•ida, viva y a
veces m emo ri a en vivo, estas obras satisfacen el entusiasmo
contem poráneo por u n pasado cercano o l ej a n o . Pero antes de
con\•ertirse e n u n emprend i mien to ed i t o ri al . los re l a t o s de ''i­
da e ra n un método de l a etnología . Al respecto, conviene medi r
el interés y los l imites de la memoria que restituye n . Tod a
anamnesis es. de hecho, u na recons trucción tributaria al
mismo tiempo de la naturaleza del acon teci miento m e mori za­
do, d e l contexto p a s ad o de ese aconteci miento y del momento
de la memorización .

La naturaleza y el contexto
del acontecimi�nto memorizado
M uchos de los psicólogos ( Li nton, 1975 )� que siguen las ideas
de Freud demostraron la tendencia de los sujcto.'i a olvidar l os
hechos desagradables m ás rápidamente que los ot ros e, igual­
mente, a atenuar con el tiempo el aspecto desagradable de

11 Patrick Prad o , ·L'ethnologi� rran�ai!j(" au m u sée?". Trrrw n , n• 25.

septiembre de 1 995, p. 1 55 .
• Las referencias complet.ns de los diícrentes trabajoi; citados e n .-s te
párrafo purdcm rncont rn rse en A. BaddP ll'y, op. rit
ciertos recuerdos, proceder por medio de reducciones y olvi­
do�. En genera l , el ·opti m ismo de la mem ori a" le gana al
pesi m ismo. En este sentido, investigaciones realizadas con
mujeres l u ego del parto < Ro bin son et al . , 1 980) muestran que
el recuerdo del dolor d i sm i n uye con el paso del tiempo. Sin
em ba rgo , esto no prueba l a exi�tencia de un a represi ón , pues
es posib le que el recuerdo de u na se n !l aci ón de pl ace r dismi­
nuya de la mi s m a manera . Además, l os recuerdos agradables
quizás senn simplemente dom i n antes en re l ación con los
rec ue rd os desagradables. Por consiguiente, seria más fácil
recordar l os pri m e ro s sin que esto i m p l i q ue la re pres i ón de l os
segu n d os . Pero esto no po n e e n c ues tión e l h echo varias veces
\'Cri ficado de Ja propensión h u m an a a oh i da r los aco nteci ­

m ientos penosos que p u ed e n desencadenar en el sujeto an­


gustia, ansiedad y emociones i ntensas. Baddeley proporciona
los resu l tados de u n a investigación real i zada con de portados
a Jos que se entrc\•istó e n dos oca s i on es : la primera vez cu ando
fueron liberados , entre 1943 y 1947, y l a segu nd a entre 1984
y 1987 . Las en trevistas realizadas en el seg u ndo perfodo
m uestran una atenuación o u n a represión de los recuerdos
más dram át i cos que, sin embargo, h a bía n sido relatados en e l
momento de la l iberación : malos tratos extremos, haber visto
el ase si n a to de un camarad a a manos de los guardias del
cam po, etc. I ncluso una emoción muy fuerte provocada por un
hecho especi al mente horrible p u ede l levar a l a amnesia psico­
gén ica , es dL-cir, la ce n s u ra total del acontecim iento.
Otras experi en ci as perm itieron poner en evidencia los efec­
tos de l a naturaleza y del contexto del acontecimiento memori·
zado. Asf, los mejores fndices de recuerdo están asoci ados a
hechos de la vida del sujeto (Baddeley et al . , 1978; Thom pson ,
Skowonorsk i y Lee , 1988 ) . Po r otra parte, los narradores refie­
ren menos los aconteci m ientos que se producen frecuente­
m e n te < Neiser, 1986). Fi n almente, recordamos mej or las
tareas te rm i n adas que las aba ndonadas o i nterrumpidas
CZeigarn ik, 1 927 ) . Como lo i n co m ple to pertenece al d es or d e n ,
la mejor tasa de recuerdo de las primeras tareas probable­
mente esté relacionada con una necesidad de poner orden en
el pasado, algo q ue se manifiesta en todos los relatos de vida.

El contexto de la a11a mnesis.


Dado que los m arcos sociales de la memoria orientan la
evocación, la anamnesis de un informante d e pe nde rá de Jos
marcos sociales contemporáneos a él y, por consiguiente, éste

100
otorgará u n a visión de los acontecimi�ntos pasados en parte
modificada por el presente . Del mismo modo que para releer
un l ibro igual que cuando éra mos niños habría que olvidar
todo lo que hemos vivido d e sd e ese momento y volver a
encontrar todo lo que sabíamos entonces, 37 el informante que
quisiera revi vir con fidelidad un hecho de su vida pasada
tendría que ser capaz de olvidar todas sus experiencias
u lteriore s , i ncluida la que está viviendo durante la narración,
algo, por s upu es to , imposible. Por consigu iente, si se quiere
medir la amplitud de esta reconstrucción de la m em o ri a es
preciso reconstituir con la mayor fidel idad posible el contexto
antiguo del acontecimiento que se está considerando, con la
ayll d a de la histori a , de la etnografla de la cultura material ,
etc. , para hacer un paralelo con e l relato d e l informante.

¿Cómo darle sentido a lo consegu ido en una \•ida, o u n a serio


de acciones desh i lvanadas. a la discontinuidad de l o real, a u n
•polvo de acontecimientos personales"'?>!- Todo el que quiera
hacer memoria se hace esta pregunta más o menos conscien­
temen te . El acto de m e m ori a que se deja ver en los relatos de
vida pone en evidencia esta apti tud específicamente h uma n a
que consiste en poder darse \"Uel ta hacia el pasado propio para
hacer un inventario con él, poner en orden y dar coherencia a
los acontecimientos de la \•ida que se consideran significativos
en el momento del relato. Al proceder de este modo, la memo­
ria autobiográfica ti e n e como objetivo constru ir un mundo
relativa mente estable. \'el"08ímil o previsi ble, en el q u e los
proyectos de vida adquieren sentido y en el q ue la sucesión de
los episodios biográficos pierde su carácter alentorio y de.sor·
denado para integrarse e n un con tin uum tan lógico como sea
posible, cuyo pun to de origen y punto de llegada están consti­
tuidos por el propio sujeto o, e\"entualmonte, su familia <las
raíces), su clan, su país (los mitos fundacionales).

Esta il usión biográfica, esta ficción que produce l a narra ­


ción de la unidad de una vida se une nuevamente a las
observaciones de los psicólogos, que pueden proporcionar una
ayuda especialmente apreciable a todos los etnólogos que
trabaj an con relatos de vida. Para Pierre Janct, el acto
mnemónico es un a •conducta de relato" que no es nu nca u n a
pura reprod ucción del hecho ausente, sino, en su forma m ás
acabada, una construcción que exige la participación d e las

r. M. Halbwachs, Ú• cadrea soc1aux d� la m�moirr, p. 87.


• G. Bachr.l:ud. la dialtttiqu.: ck la dum. p. 35.

10 1
funciones psicológicas s u periores.:'� B a s á ndose en el conce pto
de MOP <Memof)' organization packets, paquetes de organi­
zación de la me mor i a ), Roger C. Scha n k sostiene que contar
una historia no es una s i m ple repetición , s in o un acto real de
creación : "El proceso m ismo de crea c i ón de la historia crea la
estructura mnemónica que con t i e n e la ese nc i a de esta histo­
ria para el resto de nuestra vida . Hablar es recordar".'º Esta
construcción tiene u n a función soci al: al manifestar con fre­
c u enc i a nostalgia por un pasado p i n tado con l os colores "de l os
buenos viejos t iem pos" , e l narrador hace una crítica de l a
sociedad de hoy que puede traicionar l a exige n ci a s uby ace n te
de cambios para el futuro. En este caso, el con ten i d o de la
narración es una transacción entre u na cierta representación
del pasado y un "horizonte de expectativas• para utilizar l a
expres ión de Ricocur. Esta memoria q ue co n l l ev a un a
es tru ct u ra pos i bl e del futuro es si e m p re un a memoria viva .
Por otra parte, esta construcción puede cam bia r en su form a
y en su con te n ido , pues el sujeto " p res e n t a como presente" la
inform ación rememorada . Por eje m plo, s abe m os que el estado
em oc i o n al del n a r r ador . sus afectos, p u ed en tener un efecto
s obre la natu ral eza de l os recuerdos evocados, sin que sea
posibl e determ inar real mente si la cal i ficación que se hace del
hecho pasado cuando es recordado se debe a sus característi­
c� pro p ias o bien a la proyección de la tonalidad afectiva del
mo me nto mismo de la rem i n iscencia. En c ua lqu i e r caso, el
sujeto que está triste tendrá una tendencia m ayor a recordar
experiencias calificadas como tristes, con lo que, en cierto
modo, propo rc i o n a u n a vi si ón sesgada de su p rop ia vida. Esa
dependencia del contexto forma parte de la reconstrucción de
los recuerdos. Sin embargo, no significa la ausencia total
de reprod ucción . En la mayoría de los casos, la reconstrucción
se o rga n i z a en tomo de lo que pod ríamos denominar, según
BachcJard ,41 n ú cleo de memoria, qu e también es un n úcleo de
sentido, cons ti t u i do por e l emen to s del pasado relativamente
estables, es decir, conservados sin cambios desde su percep·
ción original .

,9 C. Flores, ''P· rlt. , p. 1 1 · 1 2.


'º Rog�r C. Shank, •J>t 111 mémoire humaine 1- la m�moitt artificielle·. r.a

Rl!cl.,rch�. n• 273, fübrero de 1 995, p. 154.


1 1 En
La poitiqur de l a rit�,;� . 8Rchelard habla del •nuclt'O de infucia·
presente en toda alma humana y que puede expresarse en preciosos
instantes de iluminación que se pur.d�n asimi lar a íulguracionea de la
memoria.

102
Además, darle coherencia a la propia trayectoria de vida
per mi te que el n arrador, al mismo tiempo, transforme el
relato que está con struyendo en un en u nci ad o pertinente, con
lo que responde a las expectativas de una •hermosa historia
de vida" por parte del que reci be la narración . La naturaleza
(y, por supuesto, la duración ) de la interacción entre el
narrador y el i nterlocutor también determina m uchos aspec­
tos de la naturaleza del relato. Muchas observaciones llevan
a pensar que l os recuerdos autobi ográfi cos espontáneos son
más exactos que los provocados por u n a pregunta del interlo­
cutor. Por consiguiente, cuando i nformantes en situación de
anamnesis dan prueba de que no pu ed e n record ar, insistir con
el pedido puede inducir a una cantidad importante de recuer­
dos i n exactos , incl uso inexistentes. Gracias a recientes inves­
tigaciones en p s i co l ogí a experimental se conocen ej emplos de
rememoración de acontecimientos que nunca existieron.º En
la p r á ct i ca , la e t n ografi a que recoge relatos de vida debe
encontrar un equ i l ibrio dificil entre la reserva y la demanda
de inform ación . Cuando ésta es excesiva, el investigador se
expone a los fenómenos que describi m os m ás arriba . Por el
cont rario, si se absti ene demasiado, se arriesga a enfrentarse
a la "memoria reservada", especie de "gel m ne mó n i co" que se
prod uce cuando existe una separación demasiado grande
entre las modalidades cu l turales antiguas y l as actuales.
Entonces , el narrador piensa q ue sus histori as no le -Van a
in teresar a nad ie'"4l y empobrece su relato de vida.
En resumen , el etnógrafo debe ad mitir que él nunca será el
Schl iemann de las memorias i ndividuales , pues éstas cam­
bi an y se modifican sin cesar y, por eso, su puesta al día como
"relatos de vida" es siem pre provisoria. Adem ás, muchos
recuerdos de vi d a se ven "ensom brecidos• por diferentes
fenómenos, como la fa b ul a ci ón autobiográfica, los acomoda­
m ientos mitológicos," la prod ucción de lo que se denomina
mal as hermanas ( respuestas ligadas a la respuesta correcta

41 Henry L. Roed iger 1 11. Kat.hleen B. Me. Dermott, "Creating False

Memories. Remembering Words Not Presented in Lista", Journal ofExIHri·


mental Pll}•t:holORJ, •Leaming, Memory and Cognition·. vol. 2 1 , n• 4 . j ulio de
1995. pp. 803-8 1 4 .
UJean Poirier, Pa u l Raybaut, •Signification e t fonction des récits de \•1e".
Pnmier atd1er ruropecn :sur la cullun Ol'Q/e europhnnr, Strasbourg, 1 8- 2 1
de julio de 1 989, Str:ubourg, Conaeil de l'Eu rope, 1 989, p. 280-28 1 .
" Franco Fcrrarotti , Histuirt d hilltoirf'$ de vir. La mithode biCJRroplaique
da1111 ltt• r1f'nct'• 11«iales. París. Librairie des Merid icos. 1983, p. 9 1 .

103
pero incorrectas , puerta abierta solamente al inconsciente ,
según los psicoanal istas), el bovarysmo, la infatuación , la
paramnesia o su contrario, la ecm nesia, l a ocultación, e)
olvido, los déficits mnemónicos a causa de la edad o lo..'l delirios
de memoria semejantes a las hipermnesias oníricas. Estos
fenómenos ejercen sus efectos de manera diferenciada en
rel aci ó n con el tipo de recuerdo que se trate: fam iliar,_ profe­
sional, local , nacional . Sin embargo, sería erróneo querer
evaluar los relatos de vida a partir de los criterios de verdad
y falsedad y rechazar pura y s i m ple me nte las anamnesis que
no parezcan creíbles porque, por una parte, "Jo que uno dice de
si mismo siempre es poesfanu y, por otra, como en toda
manifestación de la memoria, existe una verdad del sujeto que
se d ice en las distancias \'Ísibles entre la narración (la memo.
ria restituida, las maneras de •dar por verdadero·>4' y la
"realidad " de los acontecimientos. Finalmente, desde la pers­
pectiva de una antropología de la m emoria, la existencia de
estas distancias presenta un interés especial pues permiti­
rían com prender mejor los procesos complejos que acompa­
ñan en primer término a la memorización y, luego, a la
remem oración . El recuerdo tal como aparece en el relato de
vida nos permite ver que la m emoria también es un arte de la
narra ción .

V. TRADIC IONES, COSTUMBRES, RITOS

Toda sociedad humana puede desaparecer, pero las represen­


ºtaciones que nos hacemos de las tradiciones o, mejor dicho, de
la tradición, de las costumbres y de los ritos, apunta a que
creamos lo eontrario. El "manten i miento" de la tradición , e l
respeto a las costum bres y la repetición de ritos evidentemen­
t.e suponen la memoria pero, en este terre.no como en otros,
esta memoria nos juega malas pasadas. Para tener el senti­
miento de perseverar en su ser, la sociedad < los individu os que
la componen ) mantiene la ficción de la herencia de u n conjun­
to de prácticas que, si se respetan . podrían garantizar su
propia reproducción . De ahí la i mportancia de los "di scursos
de crisis" que siempre constituyeron garantías frente a un
cambio considerado amenazador, hasta mortal . En ni ngún

• Emest !Wnan, Souc.�nirs d'enfanC'� e t d� �unrs..� . París, Prnses


Pocket. 1992, p. 38.
• P. Rimeur. op. cit. . p. 402.

1 04
otro caso la memoria es tan engañosa, indisciplinada, capri­
chosa , como en el campo de la tradición y de las costwnbres en
el que, se dice siempre, nada es como antes: en otras épocas,
los jóvenes respetaban a los viejos, l as fiestas eran auténticas,
etc. Efectivamente, ya nada es como antes, pero nuestra
memoria olvidadiza no admite que esto sea verdad para todas
las épocas. En realidad, n ada es como era antes y la teoria
de la continuidad ("desde siempre") resulta una construc­
ción de la memoria basada en la leyenda de una permanencia
•secular" de las prácticas, embelleciendo el pasado para llegar
a lo que Bemard Crettaz (op. cit. ) denom i na la belleza del
resto, su arcaización y l a fabricación de n uevas tradiciones.
Por otra parte, este cambio permanente es signo de vida y no
de una simple supcrlivcncia. Jcan-Claude Schmitt señala,
justamente, que una cre e nci a , un rito siem pre son vividos,
nunca se sobrevive a ellos, de otro m odo desaparecen.•-:

De paso. podemos señalar que gracias a la umpliació.n de la


memoria como consecuencia de la invención de la escritura.
versiones de la tradición presentadas com o autorizadas pudie­
ron qul'dar íajadas definitivamente. Esto pudo exacerbar la
percepción de las tension� consli tuti\'as de toda sociedad
enLre Ju..¡ fue � q ue i mpulan el cumbio y las que se preocu·
pan esencia l mente por la conti nuidad . Es probable que en las
sociedades en las que predomi na lo oral . la distancia entre el
discurso sobre la tradición ( '"nada debe cambiar.. ) y la práctica
efectiva de las tradiciones (atravesadas pennanen temenle
por la dinámica do la vida social > sea menor q ue en las
sociedades letradas, en las que so dispone de un referente (el
texto) que puede ser presentado como la memoria autorizada.
Si tomamos una expresión de Ricoeur. '4 podríamos decir que
la presu11ei6n de verdad es si n dudas tan grande, si no mayor,
en la trad ición oral como en la escrita, pero la pretensión de
verdad es más fáci l para la segunda. Negar que las tlOC:iedades
tradicionales son más "generadoras de continuidad" < Balan­
dier> que lns socied ades modernas seria estúpido, pero si las
segundas está n más atravesadas por la problemática del
cambio -de do n d e proviene. por ejemplo. el "culto" del patri·
monio-. no es tanto a causa de la su amplitud. sino porque la
existencia de apoyos externos de lo memoria hace más fácil
la comprobación de sus cfec:toc;: siempre podemos comparar lo

i: Je-an·Cl11udc Schmitt, •fteJigioa populllirr et culture folklorique•. An ·


nalt• ESC. Mpt.M!mbttloctubre de 1976. n• 5. p. 946.
" P. Ricx>eur, op. cit p. 4 10.
. •

105
que hacemos con lo que hacíamos. Podriamos decir que las
sociedades modernas tienen una conciencia a gu da del ol vid o
y de la pérdida inherentes a todo cambio social porque , mucho
más que lus sociedades de trad ición oral, son capace.s de
consen·ar su memoria. El archi\·o recuerda el olvido y, natu­
ral mente, el crecimiento de la conservación no h ará otra cosa
q u e reforzar el sentimiento de pérdida.
I.a investi gación de Joél le Bnhloul sobre los recuerdos de Dar·
Refayi l es u n a excelente muestra de esta tesis. Cuando an un ­
ció a sus informantes que iba a h acer un libro con las entrevis·
tas , para ellos se con,'irti ó en Ja escriba de una tradición
esencial mente oral . A partir de ese momento, su iniciati\·a
constituía su memoria como archivos del pasado. Pero, al
mismo tiempo, la etnóloga se t.ala que sus recuerdos de Argelia
"tomaban la forma literaria que J a tradición judía santi fica y
sacraliza" .• , Transcribi r esta memoria era perpetuo ria pero
ta mbién , desde nuestra perspecti va , fij arla dcfi nili\·amente
en un texto q u e a parti r de ese momento pasaba a ser el
referente para Jos i nformantes o sus descendientes )•, también .
para la etnóloga y sus lectores. Así. afirmar que la memoria
étnica es multil ingüe, porque los i n formantes que se expresan
comúnmente en francés vuelven a encontrarse con el árabe
cuando evocan sus recuerdos, constituye una verdad del mo­
mento de la investigación, pero sólo de e• momrn to, que quedó
transformada en verdad permanente gracias a la escritura .
Pero, la evocación de Jos mismos recuerdos d i e z o vei nte a ños
mú tarde, después de que el olvido avanzó sobre la obra,
¿tam bién mostrarla la existenci a de una memoria étnica
multilingüc? Evidentemente no lo sabemos y con esta pregu n·
ta nos enfrentamos a la ambigüedad de toda empresa etnográ­
fica de la que es absolutamen te consciente Ja autora de la
investigación sobre la casa judea-árabe de Dar- Refayil.

¿Cuál es , entonces, e l cam i n o q u e debe tomar la a ntro pol o­


gía de l a me mo ri a en el campo de las tradiciones y de las
costumbres? Si es consciente de l os límites que acab ám os de
señalar, debe apoyarse en los notables trabajos de folcloristas ,
etnólogos o historiadores realizados en d iferentes épocas
( m a n u a l es y a tl as de fol c l ore , inventarios sistemáticos de
datos etnográficos, monografías, h i s to ri a s de las costumbres,
de la vida privad a, etc. ) para compararlos entre sf. Es p ro ba bl e
que al poner los datos en una perspectiva temporal , algo que
ya iniciaron varios investigadores, como por ejemplo Bausin­
ger en Alemania, entrará en contradicción con el desprecio

11 J . &hloul, up. cit. , p. 1 4 · 1 7 .

106
por el cambio en el pasado -el que la memoria transporta, el
que aparece en las entrevistas orales- al sacar a l a luz las
mutaciones, l as evoluciones y las inn ov aci ones que pertene­
cen a todas las épocas.

VI. LA Tlll\.,"SMISION SOCIAL

El concepto de t r a n s m i si ón es n u clear en cu alqu ier enfo­


que antropológicb d e la memoria. Sin trán smisión , ¿para
qué sirve la memoria? Louis.Jean Calvet resume las impli­
canc ias de l a transmisión so c i a l a través de cuatro pregu n­
tas : ¿q ué conserva r?; ¿cómo conservar?; ¿para q u i é n con ­
servar? y ¿cóm o transmitir? A estas pod ríamos agregar la
siguiente: ¿por qué tra nsm itir? Si m emorizar sirve p a ra
transm itir, ¿el conten ido t ra n sm i t i do pri ma por sobre el
vinculo soc i a l que u n e la transm isión? ¿Museos , educa­
ción , arte n o son , finalmente, puestas e n es ce n a de la
tran smisión, con el obj etivo de hacer en t r a r en las memo­
rias la creencia del cuerpo social en su propia perpetua­
ción, la fe en raíces com u nes y en u n dest i n o co m p a rti d o ?
'
En el marco de un a investigación sobre u na familia de Languc­
doc, Louis Ass i cr-Andrieu:o muestra que Jos fundamentos de
l a duración de un l i n aj e d omésti co se s i túan en una v o l un ta d ,
un capital i n mate ri a l , u n a cultura doméstica, mucho más que
en los d oc u me n tos notariales que son su ex presión . Esta
voluntad de adhesión a un sistema que garantiza l a pcrpcluR­
ción del l i naje se n u tre de una memoriu d o mé st i ca de larga
duración que u t i l i za soportes muy diversos: los documentos de
la familia, por su puesto. y también los lugares y el paisaje que
rodea n la propit.-dad , pero igualmente los múltiples renovado·
nes de los recuerdos íntimos: objetos considerados antiguos.
árboles pl a nt ad os en el nacimiento de tal o cual antepasado,
mantil las d el siglo anterior acomodadas cu idadosamente en
los armurios, pel ícu las y fotografías de l a familia. sepulturas,
itinerarios. ele. Todos estos signos conmemorativos s i rven
menos para transportar informaciones o para recordar a c o n ·
tecimicntos que para afirmar el carácter du radero del \•ín c ulo
familiar. En esta gente, el signo más manifiesto de esta
vol untad de perpetuación y de transmisión del l i naje fue,
durante mucho tiempo. la conscn•ación de una parte del

'° Louis kisier·Andrieu , -�loison de mémoire. Structure symbolique du


temps familia! en l.3nguedoc: Cucumis·. Termrn . n• 9 . Octub... de 1987. pp.
1 0-33.

107
cuerpo de un antepasado e un dedo entero) guard ado en un
ta rrocon, posiblemente. formol . Esta especie de memoria del
cuerpo dt> un antepasado t ransm itida de generación en gene·
ración expresaba de manera cspec:tacular la \•ol u n tad de la
familia de mantener la memoria del cuerpo doméstico.

¿Cómo seleccionar lo que debe ser conser\'ado y tran s mi t i ­


do? Paradój icamente, es sin dudas más d ifíci l determ i n ar l o
que hay que conscn·ar en l as sociedades con trad ición
escrita que en las que tienen una trad ición oral . En efücto, las
posibilidades de almacenamiento y de difusión del saber
memorizado se han \'uelto tan vastas en aquél las y la cantidad
de i nformación tan abundante, que l a recepción de la transmi­
sión -fin alidad de l a consen·ación- ya no está garantizada:
por una parte, las capacid ades de adquisición de un ser
humano están l i m itad as ; por otra . el acceso a l a fuente de
información ( el tran smisor) se h a vuel to extremadamente
compleja dada l a cantidad de saber que hay que procesar. Por
lo tanto, hay que clasificar, elegi r, olvidar y esta selección a
veces es dificil y dolorosa . Finalmente, cuando el indi\•iduo
descarga el fardo de la transmisión en memori as externas, por
u n lado se verifica una pérdida en su autonomía y . por otro, u n
cam bio de las modalidades de la transmisión : en las socieda-
. des tradicionales se real i za sin mediación. a tra\'és de un
•contacto vívido con personas";·\• en las sociedades modernas
la transmisión de u n a pa rte cada vez mayor de la memoria
está mediati zada C libros , archivos, computadora . etc. ) . Por
esta razón, Claude Lévi-Strauss cal ifica a las primeras de
sociedades autént icas y confiere a las segundas el carácter
de falta de autenticidad , au nque reconoce que i ncl uso en las
sociedades modernas existen n iveles de autenticidad caracte­
rizados por una densidad psicológica particu lar y relaciones
interpersonales fuertes, como l as que se obsen•an en un
pueblo, una empresa o un barrio.

¿l..as sociedades modernas son menos capaces de transm i tir la


memoria que l os sociedades "'auténticas'"? Tanto Hen'ieu­
Léger como Joelle Bahloul Cop. ci.t. ) resaltan en sus trabnjos la
importancia de los marcos sociales para la transmisión de
la memoria religiosa o doméstica. Cuando '8tos se desmoro­
nan, la transmisión se i nterru mpe, con frecuencia de manera
irremediable, pro\'OC3 ndo u n a carencia. una necesidad de

ª Claude Le\•i.Strauu, Anthropo/a,:1� uructurol�. Paria, Pion, 1958 y


1 974, p . .f00-10 1 .

108
memoria. La co m pu ls i ó n por la memoria contenaporánea se
explicaría , en tonces, por la desaparición de las soCiedudes de
memoria. Pero si nos detenemos en esta oomprobación, ¿no
nos cstamoti n egu n do a admit.ir que las socied ad es modernas
son tan generadoras de memori a y do transmisión como las
ot ras. como quisimos demostrar en el c:apftulo anterior? Es
subest.imar el peso de las tr.sd iciones vi\•idas en el grupo social,
es decir, en el se n tid o etimológico. el peso de todo lo que es
transmitido y, por consiguiente, su pone la memoria. En las
sociedades modernas, como en todas las demás, opera una
memoria social, q be subyace a los ritos, las insti tuciones. la
fuera de la costumbre, los hábi tos. las relaciones ent.re sexos
y con el propio cuerpo del sujeto (técn icas corporales, gestos.
etc:. >. De manera máa general, e..1S la memoria se expresa en
todas las d isposiciones adquiridas que se designan con el
término habitus, especiulmenle \isibles en la transmisión de
las memorias profesionales .

Cada profesión ..se hace una memoria" dest i n ada a ser


transmitida y even tual mente enmendada o a u mentada . Si
la transmisión de la tecnología a veces se con sidera más
importante que la transm i sión de los bienes. es porque l a
memori a d e l a s técn icas e s frági l , fugaz, y no \"a más a l l á de loll
ci ncuenta o sesenta años de�e l a i nterru pción de la práctica .
Por ejemplo, en Céven ncs, In memori a de Ja tall a de las vides
con cJ podet < podadera de dos fi los , uno curvo y el ot ro recto)
se ha perdido en la actualidad y ha sido reem pl azado por la
tijera de podar sarm ientos y un serrucho agrícola para las
ramas gruesas. �
Todos los grupos profesionales otorga n valor a los compor­
ta mientos a propiados y repri m en los otros para prod ucir una
m e m o ri a adecuado para l a reproducción de l os �abe res y dc Jos
modos de h acer l as cosas. Por ejemplo. Annit'-Hél�nc Dufour
mostró cómo los pescadores de ci erta región de Francia tienen
su p ro pia memoria del mar, tanto de la su perfici e como del
fondo, au nque n unca Jo vean . � Por más que las sociedades
modernas tenga n una tendencia a priv ilegiar Jos as pectos
técnicos de la transm isión , no es cierto que ú n i ca mente con el
domini o de recetas, de doctrinas pedagói,ri cas y de d idácticas
de buena calidad "se constituya u n a memoria". En l as socie-

,, Jean ·Xot'I Pl'len . "Sn\•oirs, tl'Chniques. t io m u i gn:'lges oraux. �thno·


texte1.-. op. cit . . p. 50.
u Annie-l lélene Durour. "('onna i"4net> et perception de l'"pace mftri n

dnns u ne soc:iété de pécht'u r� \'1& roi�i.Antl1mpolo�.¡e mariti m� . n• 2, 1985, PP·


25·:.?<J .
1 09
dad es tradicionales tenemos much os ej e m p l os de transmisión
del saber a través de otros caminos, como los ritos de in icia­
ción , las vis iones, el a p re n d i z aj e por i m pregnación . i m itac ión ,
cte. Cuando el Sioux de Tabea U shtc cu e n ta como se co nv i erte
en )'UU'ipi ..... es d eci r u n vidente-cu ra ndero, ex pl i ca que esto
no tiene n ad a que ver con el aprendizaje de u n hom bre b l a n co
que e s t u d i e m ed i ci n a . El si m p l e conocimiento de l as reglas. de
las hierbas. de los ritos y de los objetos no sin·e para nada s i n
la visión y e l poder q u e debe esperar, solo, e n el foso d e l as
vis iones, cm l a cum bre de una colina. Entonces, la transmisión
será pos i b l e . Por lo tanto, transmitir una memoria no consi ste
sol a m e n te en legar un c on te n ido , s i n o en u n a manera de estar
en el m u ndo. Viviana Paques señala que no bast a con s a be r
cómo se fabrica u n a obra m aestra técn i camente, p a ra pene­
trar todos l os secretos del tiempo en el que los obreros trabajan
co m o otici�lcs a n tes de ser m aestros." Fra n�oise Zonabend
i nsiste en l a pedagogía silenciosa de la m i rada q u e se insta l a
en la granj a , en el tal ler d e costura , en el del zapatero, en e l
d e l constructor de carros o en la peluqueria. � Del mismo
modo, no se transmite el "rem edio-memoria de los orígenes",
la Germandrée Petit - Che11e de Ha u t c-Pr:ovencc , d ivulgando
s i m p les recet as de u t i l i zación de esta pla nta depurativa: " es
u n sa ber q ue no es pos i b l e aprender íntegram ente desde
afuera, porque los com.-eptos p r i n c i p a l e s se d i rigen a lo que
'"
est á m ás allá de la razón . ;; Ahora podemos co m p ren de r por
qué e l uso científico contem poráneo de los rem ed i os d e p u r a ­
ti vos no pudo i n t egra r esta memoria terapéutica que rem i te
a una expresión global del c ue r p o y del mundo. Pod ríamos
multiplicar l os ejem pl os con los excelentes m ed i os m nemotéc­
nicos como lo� proverbios . ...., blasones, cuentos . canciones ,
formas de transm isión con frecuencia amenazadas hoy por l a
regresión de l as lenguas v e rn á c u l as y por la tendencia natural

:.' Tahcn r�h te. Tahca Erdoes. D..· menimrr rndi'"nr''" · París. Pion. 1 977.
376 ¡ > .
• • Vi\· inna P:ique�. ·com mc>nt trnn11ml'ttno u n :S.1 \'oir non écrit e t méme

non form u lé da ns le hin�:t�('?"'. Pn.·mirr alrllt'r t•umpttn s"r In C'ultun: orole


f: llTOPL�ll llt!. op. cit p. 257.
. •

"' 1-'. í'..on:abcnd. op. "it . . pp. 1 1 -1 . 1 1 5 y 139.


:.: Pierre Licm�'lghi. l. 'J1c•rbc q t11 f'('fl()1t1.:..-lk U11 G$/JCd di! la médttin�
trad1 tw11nc•ll1• ,. ,, lln11tt··Prm'C'nC'e, Pa ris, Ed. de la .Maison dl':\J SciC'nces de
l'hom me. 1986. p . 246.
� Thom:u. Schippers. · U.· proverb.• romme forme Je transma¡¡¡; io n de

s:n"Oi�-. en J �. P1'l1•n. C' �l :.rtel . ''P 1·1t , 1111. 99- 1 0 ·1 .


.•

1 10
de la memoria humana a olvidar los conocimient.ips en cuanbt
se los considera i nútile."l.

Jo'inal mentc. señalemos que la lransmi..'lión es también pro·


clucción por parte del que lu recibe pues, como en todos loa
fenómenos en IO$ q ue esta i n \•ol ucrada la memoriu, laa in for­
maciones adquiridu� son transformadas po r el grupo o por el
sujeto, cond ición indispensable paru ka i n no\·ación y para l a
creación . Si , como i n d i ca C lnude Lé\i·Strau.s-oi , "los hombres
siempre pensaron bien".� si "l:u; socicdadl'5 q u<' lh1 mnmos
primitivas no son mcnmi ricas en Pasteur y en Pulissy que las
otrati",lill es porque toda la especie h unm nn sin exce pción se
caracteri1.a por una fldquisición acumulati\•a y adaptativa del
saber. El capital de memoria tr.an.sm i t ido por las generaciones
precedentes nunca está fosilizado: ""i; objeto de agregados, dtt
supresiones y de act uali1.acionl'S que lo enriquecen �rmanen·
tementc. Si l a intensidud , la natu rall'za y la profu ndidad d(•
los cambios apon�dos u 1-ste capital pueden \'ariar de u n a
soci ed ad a otra, L's tos no dejan de c.s lar acli\'os e n tod as parlt-s
pue�. como sabemos. no existen sociedades "frias".

VI I . Lt :GARF.S DE llE.\IOR I.\

Pierre Nora tomó J a noci1>n de .. lugart>� de m�moria" de


Frances A Yates, q ui e n la habia form u l ado e n \'arios t rnt ndos
dedicados al arte de la memoria e n t re.> la Ant igü'-'<lad y los
comienzos del siglo X\1 1 .

El interés q u e l a obn1 l�s fo•u.t de mbnain- t i e n e par:1 los


antropólogos se \'ueh·c c\' idente en cu a n to nn!4 enfrent3mo� :ti
\"OCah ul ari o que utiliza Pit•rre Nora , que � refiere n una
memoria "sensible a todas las transforcnciatl. pan tallas. cen­
su ro o proyecciones".•• En e.1tta i nmensa empresa editorial
constituida pll r Lf� liew:, la historia y la antropologia colocan
como centro de los interro�nnLcs a la Dl�moriu y a In manera
en que se encama en la sociedad francesa. Por otra partl',
podríamos ver en este libro una C.SPl'CiC de '"An tropopn tofugin •
th la rJÚÜJ nacional inspi rada en lu P�lc<>palologia di' la ritln
cotidiana . Jo; n tomo de los lugm1�s d ... memoria, la nación ,;e
hace o se d�hace, se tranqui liza o se desgarra, se abn• o
se cierra, se expone o se oonsu ra .

• c. Le\•i.Strauss. op. r11 . , p . 255.


"' C. Lévi..Stmus..". A11 tli ro¡11Jct¡1tl' "tmcturolc· "•'Ul., p. 407.
'ª Pierre �ora 1 d i r. >. /.u Rt=p11bliq11�. p. XIX

111
La ampl itud de Liewc ch memoire es tal (siete vol úmenes,
135 artículos, más de 5600 páginas) que no seria razonable
intentar res u mirl o s en algunas lineas. El diccion ario Le
Grand Robert de la tangue fronfaise ( 1993 ) proporciona la
d e fi nición de Ja noción : u n J u gar de m e m oria es una " u n idad
significativa, de orden materi al o idea l , a l a que la vo l u n­
tad de los hom bres o el trabajo del ti e m po con v i rtieron en
un e l emento s i m ból i co de un a determ i n ada com u n idad".
La i d ea de fabricación, de prod ucción del lugar su byace a
esta d e fi n ició n . Asi, es posible h a b l a r de u na prod u cción d e
l o s l uga res sa n tos p o r l o s Cruzados después de l a tom a
d e Jerusa lén : a n te vestigios i nciertos . o incluso ante l a
fal ta d e todo ves tigio, local i zaron d e ma nera m á s o m e n os
arbi traria ciertos deta l l es de la vida de C risto, "obedecie n ­
d o a l a i n s p i ración d el momento" ,62 de m a n e ra q u e hoy es
d i fíc i l d i s t i n g u i r los recuerd os de los l ugares que se remon­
tan a los primeros siglos de la era cri sti a n a y lo que agregó
la i m agi nación de los Cru zados. Una vez que el l ugar es
prod ucido, es d i fíci l abo l i r l o . Salvo en l os casos de amnesia
espontánea de un gr u po , esto no puede l l evarse a cabo si n
la destrucción física del l ugar, cuando se trata de u n l ugar
m a teri a l . "Cuando se d ispersaba a los señores y a las
re l i giosa s de Port- Roya l , no s e pudo h acer nad a hasta que
n o s e arrasó con los ed i ficios d e l a a badia" :6.1 desde e l
tem p l o de l o s antiguos d i oses , hasta l a s t ra ncas de l os
H LM /'' pasando por Port- Roya l , la Bastilla o tantos otros
lugares sagrados (cementerios , mezquitas. iglesias, sinago­
gas ), In destrucción de un lugar tiene como objeti\·o la m uerte
de u na memoria, objetivo que no se alcanza mientras viva
algu ien que recuerde.6.\ Entonces , es com prensible la necesi­
dad que existe de mantener l ugares como Auschw itz que,
como señala Jürgen Habermas.66 es el lugar de memoria más
i m portante para los alemanes de hoy.
Willcm Frij hofT propu so un equivalente en holandés de la
expresión francesa especialmente perti nente: geheugen boei,
es deci r, una "boya de memoria", pues "la memori a se ata a
form as, sin dejar de flotar segú n lns olas y sin perder su

.., M l lalbwach!l. l.c1 mimlJfr� collt'Cl1 t �. p . 164.


1.1 Op. cit
. .p. 1 33 .
.. HLM : sigla qUt> desi s:nn los barrioe construidos en las afueras de latt
ciudAdca , habitados por i:t-nte de bajos recursos c :S . de la TJ.
• T. Zannad Bouch mra. op. cit. , p. 1 8
.
• Cit.'do on F . ÉUeooe, op . r1 1
•• p. 66 .

112
capacidad de garrear·.0; Es la mejor manera para decir que,
por natu raleza , el trabajo de inventario de estos lugares m a - ­

teriales .o idea les- en los q u e se encarna l a memoria está


d estinado a n o terminar nunca . No porque los lugares sean
tantos que sea imposible ter mi n ar con ellos, sino porque no
preexisten a la memoria y se constituyen en el momento
m ismo en que la memoria opera. Ahora bi e n , como ésta es
selectiva y caprichosa, todo el tiempo vuelve a emprender l a
obra. Los l ugares de memoria de hoy serán Jo.t¡ l ugares de
amnesia d e m añana, ya que hay que pensar que también se
puede tomar el ca m i n o i nverso. En la e x p res i ón lugares de
memoria hay q u e en tender l a preposición con el significado
más de una pertenencia o u n a procedencia -son los lugares
que pertenecen a la memori a, que son producto de el l a , que
vienen de ella- que como una simple i n d i caci ó n de localiza­
ció n : los lugares en los que la memoria se encarna . Si hay
lugares que parecen sobredeterm inados por la memoria. más
destinados qu e otros para acogerla. es porque ésta ya trabajó allí
y d e p uso , con el rorrer del tiempo. capas sucesivas de sedime n­
tos de m e m o ri a hasta tal p un to que a veces satura de sentido
estos sitios particulares. Pensemos por ejemplo en Buchenwald,
lugar de memoria de lo indecible, pero tamb ié n lugar que mira
hacia Weimnr, la ciudad cercana en la que deambula el recuerdo
d e Goethe y de Schi l ler. Pensemos ta m bi é n en la génesis de la
Roche de Sol utré como l ugar de memoria, desde la prehistoria,
o más exactamente, la percepción que tenemos d e ella. hasta el
peregrinaje de Fran�is Mitterand , pasando por la guerra. la
Resistencia y las referencias al simbolismo cristi an o . Este sitio
ha sido cargado de memorias múltiples que constituyen l a
misma cantidad de invitaciones al \isitante , c u a nd o siente que
su peso po n e en movimiento la p ro p i a , a gregan do algo al
capital de me m ori a del l ugar.

Según Pierre Nora , el tiempo de los lugares de memoria es el


tiempo del fin de los entornos de memoria, "es ese momento
preciso en el que un inmenso capital que vi\•iamos en la
intim idad de u nu memoria desaparece para vi\•ir solamente
bajo la mirada de una historio reconstituida".� Al sostener

•: \Vil lem FrijhnfT. •Oieu et Orange. l'eau et les d iguea. La mfmoire

de la n n t i o n n�erlanda is� avant l 'État'". Lt· Dlba t . n• i8, enero-fobrero


de 1 994. p. 30 .
.. Piern Nora , ·Entre Mcmoire et Hist.oitt·. en La litas a mlmoúr. l.
l.a Rtp11bliq11�. p XXI I I .

113
esta tesis. Nora proporciona un p u n to de vista osombrosa men·
te reductor de su p ro pi o aporte teórico, que es c:omside:rable.
Por suput>Sto que no es posible negar la desuparición de
comunidades, sociedades o entornos de mem oria, fenómenos
especial mente bie n analizados en el campo relii.rioso por Da·
niele Hen•ieu-Léger. por ej e m pl o . cuando plantea q u e con la
desaparición de la parroquia o de la sociedad campesi n a , la.'l
sociedades modernas se caracterizan por una " m e m ori a en
migajas• .9 Sin embargo, si bien desaparecen algun o.tt entor·
nos de memoria, otros e me rgen , ya sea en el movi miento
asociativo, como el deporte:º (¿acaso los hinchas do fútbol
marselleses no constituye n u n entorno de memoria y la OM no
se com-irtió en un l u ga r de memoria?). Ja política , el m u ndo de l
espectácu lo y olros campos de Ja vida social. Oponer r.idical­
m en te un periodo contemporáneo caracte rizado por el fi n de
las ..soc iedades-memoria" (como se habló del fin dt? los cam pesi·
nos) a un pasado en el que la comun idad com pnrtin íntimamente
una memoria \'i\"D. es ceder a la quimera de una especie de gran
di\'isión h istórica que no C$ totalmente falsa. �ro que tampoco
es \'enladera por completo. Nunca hay sociedades totalmente
inmóviles y el hoy difiere del ayer co mo el ayer difcrin del unte;
de ayer, aun cuando sea i nd iscu tible que los cambios se acele­
ran . Ya en 1912, Durkheim hablaba en ús fonMs élém�ntaires
de la r:ie religi�uM de una fonna de desencanto del mundo que
puede compararse con la desaparición de un entorno de memo­
ria. Pero nada excluye que un cierto desencanto sea concomitan·
te con un nuC\'O enamtamicnto, com o señala l\larc Augé. : 1 De
hecho, no habría que hablar de la desaparición de los entornos
de memoria, sino de su transformación: durante mucho tiempo
ciertm miembros de la sociedad (el a n tepasado , el jefe, el ex
combatiente) eran reconocidos como los únicos legíti mos, los
únicos autorizados portadores de la memoria colecti\•a. pero
hoy penl icron este monopol io. Hay cada vez más indi\'idu06
q ue se proc l am an custodios de la memoria de su grupo de
pertenencia, como puede veri ficane en el caso de la pasión por
la genealogía. Por este h ech o, la prod ucci ón de los l ugares de
memoria se va a volver profusa, más dispersa, más fragn1en­
taria, a \'cce.S inesperada,-;, con frecuencia me nos visible y

• D. Herv�u·Uger, op. ci t. p. 183.


� Vfase, por o�mplo: Christian Brombel'l:er (c:olaboradon!s, Alain Ha·
yot, Jean·l\larc Mnriottini >. ú mntc:h <k (ootball. E1hnolu¡:1e d'un� pas.�on
parti•nr a Mar�llle, Noplt!111 et Turin , Paris, Editions de la �faiton des
Sciences de lbomme, 1 995, 406 p.
:i Marc Augé, "les l�ux de mémoire du point de \•ue de l'E'lhnologue",
Gradhiva , o• 6, 1989, p. 1 1 .
71 Por ejemplo, el caso ool culto a las tumbas d� los ca nlore.s populnrH

1 14
menos espt.'Clacul ur que en los t.icmpoa de las grandes •socie­
dades- memori a" en las que era más fácil concordar acerca de
cuáles eran los l ugares l i nd uso los Lugares Importantes) que
podiun contar con un consenso en cuanto a su valor de memo­
ri a .
D e esta manera , para lu pcrspccti\·a d e los etnólogos, e l
pri nci pal i nterés de l a noción d e lugar de memoria constituye
la i nvitación a proceder a un in\'entario de lu modalidades de
encamación de u n a memoria cambiante, en movimiento,
selectiva, más o menos fuerte y más o menos viva, y esto tanto
ayer como ho)'. en nuestra sociedad y en otras . Al unir con
demasiada i nsistencia los lugares de memoria con la supuesta
desaparició.n de los entornos de memoria , Pierre Nora sostiene
que se trata de un fenómeno es pec ífico de las sociedades
mod�mas (en primer l ugar en Francia y España f1 y, paradó­
j ica mente, empobrece el amplio campo de investigación que él
mismo había abierto.

Sin embargo, desde 1984 ( fecha de p u bl icac i ón del primer


vol umen ), Pierre Nora fijó maravillosamente los limites de
este cam po de i nvestigación e hi zo una contri bución de suma
importa nc ia al conoci m iento de los l u gares de memoria de
Francia . Sin e m b argo , l a tarea a real izar todavía es importa n­
te: la de In '"m emoria com p a r a d a " kómo produjeron sus
lugares de m e mo ri a otros paises. cómo la representan ); la de
las problemáticas más regionales o locales -existen microl u­
gares de m e m o r i a que, a esca la de u n pueblo, de un barri o o
de una ci udad , p u e de n tener tanta im portancia para la colec­
tividad como el Panteón < l uga r m aterial > o las • n oci one s de
m e m o ri a " de derecha y de izquierda (lugar ideal)-; la de los
lugares de memori a de las m i norías y de la i nmigración . Las
perspecti vas d e i nvest igación son i n n umerables. Sei\alemos
en part i cular el ca m po toda\• ía \• i rgen de los lugares de
am nesia, l u gares q ue, dado su pasado, podrían haberse con­
vertido en lugares de m e m o ri a pero en los que, curiosamente,
la memori a no se "enganchó", no se encamó. Ahora bien,
desde la pcrspccti\'a que planteamos en esta obra -privilegiar
el olvido, los vacíos " l lenos", l a falta, la ausencia como mani-

como Claudt' Fra n�is o J im MorriM>n Véase. )farie.Christine Pouch elle.


·Senl i ntl'nl n!ligieux el �hnw busincH : Claude Fr�is. objct de d6volion

populauv, en Jean·Claude Schmin", Ln sainttc el IH stan, Paril. S.a
cht'snc. 1 983. pp. 2i 7 ·299.
: i Piertt Xorn. La loi de In mémoire . Lt d8'ol,
n• 78. enero-febrero de
1 994. p. 1 90 .

115
(estación de las censuras que u n a colectivi dad se i mpon e- , los
lugares de am nesia, que pueden convertirse en l uga res de
anamnesia, ti e n en tanto para en se ñ a rn os sobre el estado
de u n a sociedad como los l ugare s de memoria.

VI II . MEMORIA E I DE�'TIDAD

La cuestión de la identidad i ndividual o co l ectiv a está presen ­


te de manera subyacente en cada capitulo de este libro. Esto
es así porque no tiene sentido distinguir entre memori a e
identidad , dado que ambas noci on es están ligadas. No puede
haber identidad sin memoria (como recuerdos y ol vi d os ), pues
únicamente esta facultad perm ite la conciencia de uno mismo
en la duración .

Gracias a una forma particular de memoria declarativa, la


memoria episódica o recuerdo de los aconteci mientos pasados,
el sujeto ti e ne la sensación de continuidad temporal, de
duración o de continuación de u n estado. La amnesia profunda
del sujeto con frecue n ci a está acompailada por u na pérdida de
la identidad personal y, por supuesto, de los recuerdos auto­
biográficos sobre los que ae apoya la construcción de esa
identidad . El marino que describe Oliver Sacka, :• vícti ma de
u n a memoria que se detuvo en 1 945, olvida en algunos segun·
dos todas las experiencias ul te rio res a esa fecha. Por eso, está
ªatascado" en el i nstante , en un momento vacío de sentido. sin
pasado ni futuro, y por eso se vuelve un ·a1ma perdida·. Por lo
tanto, la memoria no es otra cosa que el nombre que se le da
a esa facultad constitutiva de la ide ntid a d personal que
permite que el sujeto se piense idéntico en el tiempo. Así se
comprende que todo lo que amenaza la memoria .. pro\'oquo
pánico·.1�

A la i nversa , no puede h aber m em oria si n identidad ,


p ue s l a instauración de relaciones e n t re estados sucesi vos
del suj eto es i m pos i ble si éste no t i e ne a priori conciencia
de que este encadenam i ento de secuen cias temporales
puede tener significado para é l . Con l as reservas usuales
c u a ndo se pasa de lo i ndiv i d u a l a lo colectivo, pod em os

:e Oliver Sacka. L'hommt qui prynait m ftmmc pour un cha�au. Paras,


Seuil. 1988 . p. 4 1 -64 .
ª Tzvetan Todol'O\•, La saémoire devant lñistoire. Terro1n , 25. septiem­
bre de 1995, p. 1 1 2

1 16
p l a n tear el m is mo razo n a m i e nto para u n gru po o para toda
u n a socied a d .
T�a persona q u e recuerda domc.stir.a.el pasado ��,_so.�gt
todo, s� �propiade � lo incorpora y lo marca 00D &u i1Rpl'9n•,
etiq ueta de memoria manifiesta en.lo&. relatos e memeriae de
vid�.IA m e m ori as totales le corresponden identidades sól idas;
a identidades fragmentarias, memorias d i spersas. Hay mu­
chos ejem plos de esta i ntri ncación entre memoria e identidad,
muchos casos en los que la memoria consol ida o d�sh ace el
sentimiento identitario. Por caso, el peso que ejerce la memo­
ria fa miliar en la identidad del sujeto aparece con claridad en
una i nvestigaci ón76 llevada a cabo con los ni ños de la Shoah ,
que tienen memoria del horror y, por otra parte , con los
descendientes d e los verd ugos, herederos de memorias enve­
nen adas. Los primeros, que "no se s u po n í a que n acieran
porque no se supon ía que sus padres vivieran", se esfuerzan
como pueden por volver a pegar los fragm e n tos de su historia
famil iar y reconstituir de este modo una memori a que les
perm i ta , quizás, liberarse de un frecuente senti miento de
culpa : cul pables "de no estar a In altura de los seres que
desaparecieron y que son idealizados", culpables de no ser
felices , culpables de olvidar, a veces , In tragedia. Los segun­
dos, acechados por lo que para la m ayoría de el los e s un
"fardo", a veces m a n ifiestan un rechazo a sus antepasados que
puede llegar hasta el odio por uno mismo. La ascendencia
trágica o ignom i niosa tam bién golpea, de manera diferencia­
da pero no por eso menos impuesta, la memoria genealógica
de un i ndh·iduo o de un grupo y, por consiguiente, su iden­
tidad .
Se h a escrito lo su ficiente sobre los evidentes víncu los entre
la fiebre patrimoni al , cuya dimensión de memoria es eviden­
te, y la búsqueda de la identidad , como para que n o nos
detengamos en esta cuestión . Desde hace m ucho tiempo,
Gcorges-Henri Riviere nos enseñó que u n eco-museo es un
•espejo" en el que la población se mira . " Los museos-refugio,
es decir, los muscos del terruño o de las artes y tradiciones
populares. en ocasiones fueron denominados museos de iden­
tidad , que puede ser magnificada hasta llegar a desvirtuarse
( chauvinismo, folclorismo, e l u s i ón de la realidad , unanimis-

"' IA Moncü, 15 de julio de 1995.


;; La mus«JORie Mlon Geur,:�-llenrl R1v1c�. Cours de muséologie/
Textes @t témoignages ) , Paris. Dunod, 1 989, p. 142.

117
mo, etc. ).'" As i m i s mo , los lugares de m e mo ri a son estructuras
de recuerdo para la iden tidad de los grupos o de los individuos.
A m e n u d o , el discurso p a tri mon i a l se basa en un llamado a l a
supervivencia d e una i den t i d ad local , regi on a l o nacional: el
Museum Arlaten, co nc e b ido por Mistral. "Museo de la vida
viv iente y de la raza de Arles" es un buen ej em p l o de esto.
Se ñ a l e m os también que, del m ismo modo que se pu do decir
que la e t nologí a era una con s t ru c t ora de identidades, se puede
consider.,ar que ciertas acciones de patrimonialización son, al
m i smo tiempo, constructoras de m e m o ri a s y de identidades.
Ciertas em presas < Paribas, France Télécom , Sodial l , la UAP,
el GAN , S l i gl os , etc. ) juegan hábi l mente con este registro y
apelan a historiadores y archivistas para restitui r y val orizar
su p a t r i m oni o . En este caso, l a memoria se convierte en u n
instrumento de gerenciamiento: s e su pone q u e s irve para
s o l d a r al gru po y para reforzar la com petitividad . Asimismo,
con frecuencia los Estados re c u peran y convierten en emble­
m ática s ciertas i nvestigaciones arqueológicas porque form an
parte de las estrategias de afirm ación étnica o nacionalista .
Tu mbas y sepulturas, en especial , so n soportes privilegiados
para el j uego conjugado de l a m e m o ri a y de la identidad . ¿Es
útil recordar la i m portancia de mantener la m e mori a de los
m u e rtos para la reafirm ación del vínculo soc i al ( fami l i a ,
nación ) y l a construcción de la identidad?
Como la iden tidad , la memoria étn ica o re l i gi os a se cons·
truye o pon i é n dose a otras memorias o asim i l ándolas: la m e­
mori a armenia m ovi liza la cultura de este gru po en co n t ra del
ncgacionismo tu rco ; la mcmoria judin se organiza en tomo de
la memori a de l a Shonh. fren te a l a n t i semit ismo y a l revi sio­
n i s mo: la memoria protestante se construye a parti r del
recuerdo de la Revocación del edicto de Nantes y de l as
persecuciones; la memoria acad i a n a i n te rp re t a el "'Grand
Déra11gement ", l a deportación de 1 755, �9 cte. Con frec ue n c ia la
memoria ét n i ca o rel i giosa se estructu ra integrando hechos
trágicos que, al obtener salienci a , apu ntal an el senti mie nto de
perte nencia, con el peligro de j ugar con la misma memoria
histórica de estos acontecim ientos cuando se i m po n ga n las
circunstancias.

�·Freddy R.1ph:iH Gen�·it'>\·e J lerberich-Mnn:. -� mllW. pl"O\"OC:ttion de


la memoi ,..· .Etl11111io¡:ic (ran�·a c ..,.•, XVI I . nº 1 . encro-m:irzo de 198i. p. 87-94.
:?Jean-\\' i l l iam l..:1pic•m•. l• n Phi lippe Pout ignut , Joc:elyne St roiff- Fcn:irt,
Tht't>ri'"" d� l'dli mátt lM-1,-u ido por l.A!." gmupes rth n iqu,,s 1t1 lrur:c frontieres
t Fn.-drik Bnrth 1. Paris. PUi-'. 1 995 . p. 1 3

1 18
IX. 0ntAs PERSPECTIVAS

Aú n quedan muchas otras posibilidades de investigación por


explorar desde la perspectiva de u n a antropología de la
memoria. Es imposible exponer aqu í todas, pero al menos
podemos citar dos, que son las menos consideradas por los
antropólogos y que, sin embargo, parecen prometedoras.
La creación artística es la pri mera, ya que tod a obra es u n a
"m nemotécnica de lo bello" como decía Baudelaire . Hubo
períodos históricos propicios al cuestionamiento de la memo­
ria del arte. Por ej em plo, en l a E uropa anterior a 1914: junto
a los trabajos d e i m pronta científica de Halbwachs, de Berg­
son o de Freud encontramos a Henry James, Conrad , Joyce,
ltalo Se\'ero, Marce) Proust, en la literatura y a Mahler en
música. ¿Podrá el periodo con temporáneo, ca racteri zado por
u n fuerte m nemotropismo social, rem itirlo como un eco a l
ca m po d e la creación artística?
Quizás la respuesta se encuentre en primer término en l a
literatura que es un intento de reconqu istar el pasado, una
fábula sobre el tiempo lograd a por com pleto e n En busca del
tiempo perdido. Por lo tanto, el an tropólogo puede interesarse
por ella en tanto expresión origi n al de la memori a dentro de
una sociedad determ inada .

La expresión más expl icita es l a escritura del recuerdo en


diversas formas: memorias. confesiones, anamnesis. 1..os mo­
delos son muchos y renombrados: las Mtmoirr!s de Saint­
Si mon o del cardenal Retz, las Mtmoires d 'outre lam be de
Chateaubriand o las Conftssions de Rousseau . En todos es�
l ibros encontra m o.� fácilmente las característ icas de toda
aut.obiografia, de toda recomposición del pasado hecha por un
sujeto que po n e en escen a su propia ,.¡da: censuras, oh·idos,
tendencias hagiográficas, cte.

I ncluso cuando u n autor no muestra su i ntención de con fe­


sarse, es raro que su obra no intente hacer surgirdepro(u ndis,
por la alquim i a de la ficción , los tesoros de la memoria. De
hecho, m uchos escritores son memorial istas que no logran
crear sal vo que se com prom etan en una exploración de l a
memori a < l a propia , la de l a fam ilia, dci a .sociedad o d e l país ).
El antropólogo debería de prestar tnnia atención a estos
escri tos extraord i n arios como em pezó a hacerlo con los comu ­
nes.

1 19
Otro campo ria> en promesas es el de la memoria sensorial.
Ciertos museos t.-omprendieron la importancia para la memo­
ria de los sentidos que no sean la vista. A través ele una
mWK.oOgrafia sensorial intentaron estimular de otro modo la
memoria de los \'isitantes: creación de ambientes olfativos en
exposiciones, asociación entre sonidos e imágenes, autoriza­
ción a tocar ciertos objetas. etc.
La evocación provocada por la vista ( por ejemplo, los colores),
el oido (los sonidos), el tacto, el gusto, los olores, varia, . por
supuesto, de individuo en individuo (Apollinai re estaba muy
orgulloeo de su "gran memoria nasal•), pero es probable que
l os marcos socialeii de la memoria favorezcan una focalización
c u l t u ra l de esta evocación. Lucienne Roubi n mostró lo que
denominó l a "dimensión étnica del sentido" en una im·estiga­
ción sobre los cul tivadores de la\•anda provenzales. Sostiene
que el hombre del Mediterrá neo c\'ol uciona en un biotopo
oloroso, es u n "hombre de l ugares ventO&OS, que hue le , que
&.'lpi ra", sus asociaciones m e ntales están "1>ajo la influencia
consciente de una incitación olfati\•a imperiosa•. El recuerdo
i ntenso que provoca. por ejemplo. el olor de los azahares es
simultáneamente i ndividual y el reflejo de u n consenso social
y de la manera en que esta flor participa de ciertos ritmos
colectivos de la natvralom. como por ejemplo, el consumo en
i nvie rno de pastelería aromatizada con agua de azaharcs.ltl
Joelle Bahloul hizo obsen·acioncs semejantes a partir de su
i nvestigación sobre los judíos de Setif, despllff de su partida
de Arge li a en 1 96 1 : su memoria doméstica en gran parte es
una memoria de los sentidos ( por ejemplo, de los olores de In
cocina. de los platos preparados para C?I shaba th ) incorporada
por todo un grupo.111 Tenemos otra prueba de l a existencia de
conjuntos olfativos culturalme n te diferenciados en el asom­
broso "'síndrome de Proust• que aparece en los peñumeros,
sobre todo en los que se denominan las •narices·. La agudeza
de su memoria olfativo les permite trabajar con la evocación
a partir de una paleta de varios ci entos de olores. Una \•ez que
se ha adquirido esta memoria ol fativo , entonces i n te n ta n
crear peñu mes j ugando con mayor o menor suerte con las
diferenci as sociales, culturales y sexuales. F..sta memoria
olfativa es excepcional pu es una característica de los olores es
l a imposibil idad de evocar directamente su recuerdo, conjuga­
da con u n gran poder de ev«ación.111 En este campo, donde

• Ludenne A. Roubin, IA mondt tks odturs. Paria, ?tléridiens Klinck·

•it!C'k. 1 989, 296 p .


•1 J . Babloul, op . t'll. p. 1 65- 116 .
r. Dan Sperber, ú :cymbulism� ..n g�n�ral. Paria. Hennann. 19i4, p. 127·
135.

1 20
t.odavia está todo por hacer, investigaciones sistemáticas
tendrían que pennitir comprender mejor, por ejemplo, cómo
dentro de una 80Ciedad determinada se organiza esta memo­
ria de los sentidos en íunción de estatus aociales, de las edades
o de los sexos. Tambi6n tendria que ayudarnos a aprehender
la extensión y la riqueza de los recuerdos que todo indi\iduo es
capaz de evocar a parti r de las sensaciones primarias.

121
CONCLUSIÓN

Conscicntemen te o no, los individ uos y las sociedades siempre


d ieron forma a las representaciones de su propio pas ad o en
fu n ción de l o que estaba en j uego en el presente. Evidente­
mente, la antropologfa debe prestar atención a estos mecanis­
mos de elaboración de las modalidades de la memori a que se
sitúan en u n n ivel.totalizador de l as d iversas representacio­
nes soci ales . En esto consi ste todo el proyecto de una antropo­
logía de.la.memori a , que se esforzará por conj ugar dos mira­
d as di feren tes.
La pri mera es l a del etnógrafo que en el marco de los
trabajos de cam po metódicos y sistem áticos se dedique a
descri bir de la m a n era más precisa posible el trabajo de l a
memoria ( rec u erdos y olvidos ) en diversas escalas : l a fam i l i a ,
el barrio, un taller, u n pueblo, e tc . Esta etapa de la i n ves t i ga­
ción es i ndispensable para evitar quedar at ra pa do en u n
discu rso m uy general sobre l a s modalid ades de la memori a
que, a falta de com petencias, no seria más que una pál i d a
imitación de lo que pueden enseñarnos los filósofos. Desde
este punto de vista, los "estudios de casos• como Les lieux de
mémoire son ejem plos a seguir.
En un segundo momento, esta m i ra d a debe am pliarse
pues, para intentar aprehender el proceso de la memoria en
el seno de una sociedad no bastará con ce ntra rs e solamente
en algunos casos . La complej idad de este proceso es tal , l os
niveles pos ibl es de explicación tantos ( i ndividual, colectivo,
n acional , local , privado, público, etc. ), que para intentar
comprenderlos hay que aprehender las rel aciones que man­
tiene cada ele m e n to de un dispositivo de m e m ori a con todos
los dem ás, hay que po n e rs e en la si tuación de oir los ecos que
se e mi t e n m utuamente las m ú ltiples formas de la ana mnesis
y de la amnesia. ¿Para encontrar qué?

122
Mi l i bro , dice Proust en las últimas páginas de Le temps
retrouv�, es un medio que les proporciono a los lectores para
leer en ellos mismos. Un acto de memoria es a n t e tod o esto:
una aventura personal o colectiva que consiste en ir a descu­
brirse uno mismo gracias a l a retrospecc i ón . Viaje azaroso y
¡ peligroso!, po rque lo que el pasado les reserva a los hombres
es indudablemente más incierto que lo que les reserva el
futuro. Su observación no es menos apasionante para la
antropología , que no deja de asombrarse de las vueltas que
puede dar Mnemosina.

1 28
BIBLIOGRAFÍA

Bachclard <Gnston), La dialectique de la durét, París. PUF, col .


•Quadrige•. n• 104 , 1950, 1 �: p.
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:INDICE

JSTRODUCCIÓN • • • • • • • • • • • •• • • • • •• • • • . . . • • • . • • • • •• . . . • . • . • • • • • • . • . . • . •• • . • • . . • . . . • • • • • • 5
J . LA M'TROPOLOGIA Y LAS BASES ANATOMICAS
\" 8101.ÓCICAS DE LA �fEMORIJ\ • • . . • . . . •••••• . • • . • • • • • • • • • • • • • . • ••••• • • • • • . • • • • • • • 9
l . El cerebro . . . . . . . . . . . . . ..................... ............ .............................. . 11
1 1 . Bioquímica de la memoria . . .. . . . . . .. . . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
11 . FACULTAD D E MEMORIA \" APARATO PSfQUICO • • . • • • • • •• • • • • • • • • • • • • 15
1 . La especi ficidad d e la memoria humana .. . .............. . . . . . . .... 15
1 1 . Enfoque psicoanaUtico d e la memoria . .... . ... . . . . . . . . . ........... . 16
JU. El aporte de la psicología . . . . ... . . . . . . .... . . . . ... . . ..... . ... . ... . . . . . . . . . . 19
111. Los Fl:"N DA.\IENTOS �llTJCOS Y FILOSOFICOS • • • • • • • • • • • •• •••••• • • • • 21
l . l\lnemosina . . . .. .
. . . ... .. . . .... . ....... . .. .... . . . ................... . ...... . . . . . ..... 21
1 1 . El i n menso palacio de la memoria (San Agustín ) ......... . . . 26
1 1 1 . Referencias filosóficas: mate ri a,
du ración y memoria . . . .. . .. . . . . . . . ................. ..... . .... . . . .. . .. . . . . . ... 28
IV. MEMORIA \" RAZON PRÁCTICA . . . . . . . . •••••• • . . . . • .• • • • • • . . . . . . . . • • . •••••• 36
l . Lus artes de la memori a . . . ....... . . . . . . . . . . . ........ . .... . . . . . . . . . . . . . . . .... 36
1 1 . La medida del liempo . . . . ..... . ... . ..... . . .... . ..... . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
1 1 1 . La exteriorización del pensamiento
y de la memoria . . . .... . . .. . ........ . ..... . . .... . . . . . . . . . ..... . . . . . . . . . . . .. . ... . . 41
IV. Memoria genealógica , memoria generacional .......... . ..... . 49
V. l\fE.\IORIAS Y AMNESIAS COLECTIVAS •• •• • • . . • • . • • • • • • • . • • • • • • • • • ••••••• 56
J . l\lemoria e historia . .. . . . . . . ....... . .... . . . . . .. . . . ................ . . . . . .. .. . . . . . . 56
1 1 . La noción de memoria colectiva . . . ... . ... . . . . ............ . . . .... . . . . ... 60
1 1 1 . Derecho, deber y necesidad de memoria . . . .......... . . . . . . . . .... 68
I V. Conflictos y manipulaciones de la memoria.
Recuerdos pl urales y en competencia . . .. . . ..... . ..... . . . . . . . . .. .. . . . . . 71..

V. l ..os abusos de la memoria, la necesidad


de olvido y la amnesia colectiva . . . .. .......... . . . . . . . . . .. . . . ... . . ..... 77
VI. EL CAM PO DE LA ANTROPOLOGIA D E LA ME.\IORIA . . . . . . . . . . . . . . . . 87
l . M emori a y patri monio . . . ..... . ........ . . .. . . . . . . ... . . . . ... . ..... . .... . . . . . . .. . 88
1 1 . Los monumentos . . . . . . . . . . . . . . . ........... ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . .. 92

1 27
1 1 1. Las casas de meDIOria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
IV. 1.48 relatos (o memorias) de vida . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99
V. Tradiciones. costumbres. ritos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 104
VI. La b'ansmisión social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . .. . 107
VII. Lugares de memoria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 1 1
VIJI . Memoria e identidad . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . ... . . . .. . . . . . . . . . . . . .... . . . . 1 16
IX. Otras perspectivas . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 19
CoNCLt:SIÓN .... • • . . • •• • .. ..
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