Está en la página 1de 2

En la dinámica familiar es imprescindible que exista una adecuada relación entre sus

miembros, expresada en la forma de cómo se comunican, en este contexto se le conoce


como comunicación intrafamiliar, la cual es la interacción entre sus integrantes por la que
se expresan necesidades e intenciones, esta es importante para intercambiar información,
ideas, emociones, pensamientos y sentimientos. También para reforzar los vínculos
afectivos y encontrar una mejor forma de solucionar los conflictos. Cuando la
comunicación es inadecuada en la familia, como cuando se pone mayor atención a las
emociones negativas o se tiene actitudes absolutistas, suelen aparecer actitudes o
respuestas agresivas (Duanidot, 2012).
Para que los integrantes de una familia tengan una adecuada comunicación entre ellos
deben tener una escucha activa, esto implica un ejercicio consciente, cuyo fin es
comprender lo que los demás expresan. Esto implica abandonar toda tendencia fácil y
cómoda, como tratar de tener la razón todo el tiempo o tener una postura defensiva. La
escucha activa puede expresarse cuando se emplea un tono de voz tranquilo, se mantiene
contacto visual, ponerse a la misma altura de la persona con la que se habla, etc. Además
la escucha activa es necesaria para desarrollar la empatía, lo que muchos conocen como
el ponerse en el lugar del otro. (Save the children, 2013).
Sin embargo la empatía implica mucho más que eso, es esencial en la dinámica familiar
puesto que permite comprender mejor a los demás, ayuda a la tolerancia, al poder
compartir el respeto y la solidaridad, sin que se llegue a tomar el lugar en que se halla la
persona afectada, con el objetivo de ofrecer un apoyo desinteresado (Moya, 2014).
Otro aspecto importante es la asertividad, la capacidad para expresarnos de forma honesta
directa y apropiada, sin afectar de forma negativa los derechos e intereses de los demás
(Puchol, 2010). Consiste en aceptar que los intereses de uno mismo y de los demás pueden
ser contrarios y que la comunicación es la forma más óptima para llegar a acuerdos. Para
ponerla en práctica es necesario que uno sea capaz de reconocer los errores y admitirlos,
expresar sus propias ideas y sentimientos de forma clara y honesta, saber cuándo decir no
sin sentirse culpable, etc. La asertividad ayuda en el desarrollo de los niños puesto que
con ella, mantienen relaciones respetuosas con los demás.
Duanidot, J. (2012). La comunicación intrafamiliar, una necesidad en la formación inicial
del maestro primario. EduSol, 12(40), 42-52. Recuperado de
http://www.redalyc.org/pdf/4757/475748679005.pdf
Moya, L. (2014). La empatía entenderla para entender a los demás. España: Editorial
Plataforma.
Puchol, L. (2010). Libro de habilidades directivas. Madrid: Díaz de Santos, S. A.
Save the children. (2013). Queriendo se entiende la familia. Guía de intervención sobre
parentalidad positiva para profesionales. Recuperado de
ibdigital.uib.es/greenstone/collect/cd2/index/assoc/stc0092.dir/stc0092.pdf

No sé si esto te sirva de algo


Mantener una comunicación amplia y sincera con los hijos, por una parte disminuye las tensiones
en el núcleo familiar y las situaciones de aislamiento afectivo, y por otra permite identificar en
nuestros hijos momentos de frustración, depresión o crisis emocionales, que de no dirigirlos
adecuadamente pueden ser origen de muchos problemas como conductas desobedientes,
agresividad, etc. Se debe educar con autoridad y disciplina, que se basa en el razonamiento,
demostración, y fuerza en la razón, de tal forma que nos respetan pero con fundamento y no solo
por ser sus progenitores. Los padres tienen como misión enriquecer la personalidad de los hijos.
En este largo camino de educar, implica muchas veces que "manden" a sus hijos, esto conlleva la
responsabilidad de "saber y poder mandar” y para ello Macia (2007) propone lo siguiente:
1. Mantener las órdenes con un fundamento de forma coherente para mantener una credibilidad.
Es decir no se puede mandar un cosa un día por una razón y al día siguiente mandar otra cosa con
una razón distinta y contradictoria.
2. Al tomarse una decisión, luego de razonarla, hay que mantenerla. En caso de equivocación,
podemos y/o debemos reconsiderar nuestra postura, explicando los nuevos motivos.
3. Exigir al hijo lo que nosotros también somos capaces de hacer.
4. Los hijos deben percibir nuestro esfuerzo en mejorar, aprender y corregir nuestros posibles
hábitos inadecuados.
5. Mostrar que somos una persona que sabe controlar sus emociones, equilibrada, debido a que
la incapacidad para dominarlas nos puede dirigir a expresar órdenes y tener reacciones que
después tendremos que corregir.
6. Ser tolerante ante los pequeños errores, para poder ser exigentes en los fundamentales, los
continuos reproches llevan a perder la confianza, al convertir la relación en algo desagradable y
con necesidad de evitarlo.
7. Mostrar interés por el resultado de las acciones y evitar el sólo "mandar por mandar".
8. Disponer de una gran dosis de paciencia.
9. Incorporemos al hijo en el proceso de tomar una decisión. Con esto aprenderá a expresar su
opinión, a participar y que conozca lo difícil que resulta a veces decidir y acertar en esa decisión.
Macia, D. (2007). Problemas cotidianos de conducta en la infancia. Madrid: Pirámide.