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Apuntes para Cátedra de Termodinámica – Ing. Edgar Oscar Palma – Prof.

Adjunto 1
Facultad de Ciencias Exactas y Tecnologías – U.N.S.E.

Unidad 6:APLICACIÓN A PROCESOS EN SISTEMAS ABIERTOS


6.1: Escurrimiento de Toberas y Difusores.
Sencillamente se puede decir que las toberas son pequeños conductos destinados a
transformar la energía potencial de un gas o vapor en energía cinética. Estos procesos de derrame
se los considera adiabáticos y son de una gran importancia en la ingeniería. En este caso, no solo
el trabajo técnico es igual cero sino que además, se cumple que el calor es igual a cero.
Técnicamente, estos procesos son muy empleados dado que las toberas al igual que las tuberías,
los dispositivos de estrangulamiento, etc. pueden ser considerados corrientemente como sistemas
adiabáticos; las pérdidas de calor que tienen lugar, aún sin aislar el sistema, son en general
pequeñas y despreciables. La energía cinética que se obtiene al final de la tobera se le cede por
ejemplo a las paletas de los rotores de las turbinas, transformándose a su vez en energía
mecánica. Lo que se busca es determinar la forma de la tobera para que la caída de presión desde
la entrada de la tobera hasta la presión de salida de la misma, se transforme sin pérdidas en
energía cinética.
Aplicando el Primer Principio a los procesos de derrame y haciendo q12 = 0, se tiene:
1 1
i1 + C12 = i2 + C 22 ⇒ i1 − i2 = (C 22 − C12 )
2 2
Como se observa de la expresión anterior, en cualquier proceso de derrame, el
incremento de energía cinética del fluido es igual a la disminución de entalpía del mismo.
Esta relación es válida tanto para procesos reversibles como irreversibles, o sea, válida
también para procesos en los que haya rozamientos.
Si de la igualdad anterior despejamos la velocidad de salida, tendremos:

C 2 = 2(i1 − i2 ) + C12
En general se puede suponer que la velocidad de entrada C1 = 0, entonces:
C 2 = 2(i1 − i2 )
Igualdad fácil de determinar con ayuda de un diagrama termodinámico, tal como el de
Mollier, donde la disminución de entalpías se mide linealmente.
Vamos a ver a continuación como se desarrollan los derrames en las toberas y los
difusores, que tienen gran aplicación en la técnica.
En derrames adiabáticos y libres de rozamiento, el cambio de estado del fluido es
isoentrópico, entonces tendremos:
Tds = du + p dv = di − v dp = 0
C2
v dp = di = − d ( ) = −C dC
2
Utilizando la ecuación de continuidad podemos determinar la superficie en una
determinada sección del canal de derrame para cada uno de los estados del fluido. O sea:
dF d (Cδ ) dδ C dC
=− =− −
F Cδ δ C2
Combinando las dos últimas ecuaciones tendremos:
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dF dδ v dp
=− + 2
F δ C
Por ser como dijimos, el cambio de estado isoentrópico, a cada variación de densidad le
corresponde una cierta variación de presión. Esto se refleja en la expresión:
dp = a 2 dδ
Donde a es la velocidad del sonido para el fluido considerado. Luego:
dδ v dp
= v dδ = 2
δ a
Entonces la superficie de la sección recta será:
dF  1 1 
= 2 − 2 v dp
F C a 
Vamos a distinguir dos casos:
1) Derrame acelerado (dC›0): Según lo visto anteriormente se cumplirá en este caso que la
presión disminuye en la dirección del derrame, entonces dp‹0. De la última igualdad,
vemos que si C‹a (derrame subsónico) entonces tendremos para esta situación que dF‹0.
Luego la sección del canal de derrame debe ir disminuyendo cuando el derrame
subsónico, sea acelerado. Obtenemos así la tobera convergente o tobera no ampliada, es
decir se tiene una tobera como se
indica en la figura siguiente:

Si la velocidad de derrame aumenta de tal


manera que se hace mayor que la del sonido a,
deber ser dF›0, en consecuencia la sección
c‹a dp‹0 debe ir aumentando. Una tobera en la que
dc›0
dF‹0
primero disminuya y luego aumente la
sección, fue usada ya en el año 1878 en
aparatos de inyección de vapor por De Laval
en turbinas de vapor (año 1883). Es por eso
que este tipo de tobera recibe el nombre de
Tobera Laval o tobera ampliada. En ellas se
puede acelerar un derrame subsónico hasta velocidades superiores a la del sonido. Una tobera
de este tipo se la esquematiza de la siguiente forma:

C‹a C›a
C=a

dF ‹ 0 dF › 0

dF = 0
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La mínima sección de la tobera Laval se obtendrá haciendo dF=0. En la ecuación de


continuidad se verificará entonces que: d (Cδ ) = 0 es decir que la densidad de flujo del fluido
alcanza en esta sección un máximo. Si se trata de un derrame libre de rozamiento, según la
última ecuación vista, en esta sección se cumple que c=a, o sea que la máxima densidad de flujo
coincide con la velocidad del sonido. En una tobera convergente la máxima velocidad alcanzable
es la del sonido. Para obtener velocidades supersónicas hay que ampliar la tobera. La presión p*,
que se obtiene en un derrame sin rozamientos, en la sección más estrecha de la tobera recibe el
nombre de presión crítica, o bien presión de Laval. La relación p*/p1 es la relación crítica o de
Laval. Si la contrapresión p2 es mayor que la presión crítica p*, la tobera no debe ser ampliada,
mientras que si la expansión debe conducir a presiones inferiores a la crítica, la tobera debe
ampliarse forzosamente.
2) Derrame decelerado (dC‹0): Según las igualdades anteriores, si la velocidad disminuye,
la presión p aumenta. Al decelerar el derrame, la densidad del fluido aumenta. La
realización de este tipo de derrame se logra mediante un difusor. Su sección recta debe
aumentar en la dirección del derrame, cuando sea c‹a. Por otra parte, la sección del
difusor en la zona de las velocidades supersónicas debe disminuir hasta que se alcance la
velocidad del sonido a. La deceleración del derrame posterior obliga a aumentar la
sección. Un difusor, en el que el fluido entre a velocidad supersónica y salga a velocidad
subsónica, es igual a una tobera Laval invertida.
La Termodinámica no puede establecer nada sobre la longitud requerida para construir
una tobera o difusor. Esta es una tarea de la Dinámica de los Fluidos. La Termodinámica solo
relaciona los valores de las variables de estado que se presentan en cada una de las secciones de
la tobera o difusor. Como norma constructiva de orden práctico se da cinco grados de inclinación
desde la garganta de la tobera.
Caso particular al considerar un gas ideal: Las consideraciones hechas anteriormente pueden
ampliarse en caso de suponer que el derrame lo realiza un gas ideal, del cual conocemos su
ecuación isoentrópica. Los resultados que obtendremos los podremos aplicar posteriormente a
gases reales, siempre que los podamos considerar como vapores ideales. Diremos que el vapor
de agua sobrecalentado puede considerarse, en buena aproximación, como un vapor ideal.
Supongamos que un gas ideal fluye a través de una tobera adiabática, partiendo de un
gran recipiente en el cual posee un estado constante (p1; t1). La velocidad inicial puede
considerarse igual a cero (C1 = 0). La velocidad en una sección cualquiera de la tobera será:
C = 2(i1 − i ) Como se trata de un gas ideal su calor específico es constante, entonces:
1
1
 χ −1
 2
 T  p χ
C = 2C p 0 (T1 − T ) = 2C p 0T1 1 −  = 2C p 0T1 1 −   
2

 T1   
  1 
p

Haciendo C p 0 = χR /( χ − 1) obtenemos la velocidad de derrame en función de la relación
de presiones, es decir:

 χ −1

2χ   χ
R T1 1 −   
 p
C=
χ −1   p1  
 
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La máxima velocidad alcanzable se logrará cuando la expansión tenga lugar hacia el


vacío (p = 0), entonces:

C max = R T1
χ −1
En realidad esta velocidad límite sólo tiene un significado teórico, ya que en una
expansión con p → 0 , se deberían obtener temperaturas muy bajas (teóricamente T = 0), el gas
se condensaría o desublimaría, con lo que no podríamos seguir considerando la ecuación de
estado de los gases ideales. En la sección más estrecha obteníamos la velocidad del sonido que
para un gas ideal es: a = χ R T * = χ p * v *
Siendo T* la temperatura absoluta del gas en la sección más estrecha y siendo p* y v*, la
presión y el volumen específico en esta misma sección. La velocidad C* = a en esta sección
mínima la podemos también calcular a partir de la siguiente ecuación ya deducida:

 χ −1

2χ  *
 χ
p1v1 1 −   
 p
C * = a = χ p *v * =
χ −1   p1  
 
De ella se deduce que para la relación crítica o de Laval:
χ
p *  2  χ −1
=  por lo tan to :
p1  χ + 1 
2χ 2χ
C* = a = p1v1 = R T1
χ +1 χ +1
De este modo obtenemos la velocidad C* en la sección más estrecha, en función de las
variables de estado del fluido a la entrada de la tobera. La relación entre la velocidad límite Cmax
y la velocidad C*, es:
C max C max χ +1
=
C* a χ −1
Vamos a calcular a continuación la densidad del flujo Cδ del gas. Se tiene que:
1
 p χ
δ = δ 1   La densidad de flujo máximo se alcanza en la sección más estrecha, o sea:
 p1 
χ +1
 2  2 χ −1
C *δ * = χ p1δ 1  
 χ + 1
Para una sección cualquiera, según las igualdades anteriores, resulta:

 2 χ +1

2χ   χ   χ 2χ
p1δ 1   −    = ψ
 p p
Cδ = p1δ 1
χ −1  p1   p1   χ −1
 
Donde la función:
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2 χ +1
 p χ  p  χ
ψ =   −   Se denomina función de corriente.
 p1   p1 
Podemos realizar una gráfica de la función de corriente en función de la relación de
presiones, tomando χ como parámetro, obteniéndose:

ψ
χ=1,4

χ=1,3

1 p/p1 0

Como se observa para p = p1 y p = 0, la función se anula. A estas presiones, la densidad


de flujo Cδ desaparece ya que a p1 es C1 = 0 y a p = 0 es δ = 0. La función de corriente alcanza
su máximo cuando la relación de presiones es la de Laval, o sea p*/p1 por lo tanto:
1
χ − 1  2  χ −1
ψ max =  
χ + 1  χ + 1 
De aquí vemos otra vez que la mayor densidad de flujo en la sección más estrecha se
alcanza cuando la relación de presiones es la de Laval. De la ecuación de continuidad deducimos
fácilmente la superficie F de una sección recta de la tobera para un caudal m dado, o sea:
*
m * χ −1 1
F= =m
Cδ 2 χ p1δ 1 ψ
En particular la sección mínima será:
1
* χ −1 1 * χ + 1  χ + 1  χ −1
F* = m =m  
2 χ p1δ 1 ψ max 2 χ p1δ 1  2 
Derrame en una tobera no ampliada con contrapresión variable: Hemos visto las relaciones
necesarias para calcular las secciones rectas de una tobera, cuando nos es conocido el cambio de
estado del fluido y la relación de presiones p2/p1 entre la contrapresión p2 y la presión inicial p1.
En estas expresiones la relación de Laval p*/p1 tiene un significado especial. Si es p2/p1≥p*/p1, la
expansión se puede realizar en una tobera no ampliada. Si por el contrario, se debe verificar que
p2/p1≤p*/p1, la tobera debe ser ampliada a partir de su sección más estrecha para que pueda tener
lugar el aumento de volumen del fluido, al disminuir la presión.
Nos preguntamos ahora: ¿Cómo variará el derrame cuando, en una tobera ampliada, la
presión p’ en el recinto en donde esta desemboca sea distinta de la presión p2 en la
desembocadura de la tobera? Vamos a suponer que las secciones de la tobera han sido calculadas
para un derrame sin rozamientos (cambio de estado isoentrópico). Si la presión p2 es
precisamente la presión crítica p*, el derrame no sufrirá variación alguna, siempre que la
contrapresión p’ sea inferior a la presión crítica p*. En la sección de salida se siguen
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manteniendo la presión crítica y la velocidad del sonido. Una vez que el fluido se halla en el
exterior de la tobera, tiene lugar la expansión contra la presión externa p’‹ p2=p*, con formación
de remolinos, lo que indicará que el proceso es irreversible. Por lo tanto, con una tobera no
ampliada no se puede sobrepasar la velocidad del sonido y el caudal de fluido no puede
sobrepasar el valor máximo.
Si aumentamos ahora la contrapresión p’ por encima de la crítica p* (manteniendo la
misma presión p2 al final de la tobera). En la sección de salida F2 se mantiene una contrapresión
p’ y por lo tanto, la velocidad de salida y el caudal disminuyen. El derrame en la tobera ya no es
isoentrópico, pues el nuevo cambio de estado que se crea, debido a la variación de la presión en
la sección de salida, ya no corresponde al estado para el cual habían sido calculadas las secciones
de la tobera. Este rozamiento también es válido cuando la presión p2 es mayor que p*, ya sea la
contrapresión p’ mayor o menor.
El derrame estará condicionado por la magnitud de las secciones calculadas a partir de la
ecuación de continuidad y por tanto no podrá permanecer ya libre de rozamientos (isoentrópico),
cuando la contrapresión p’ difiera de p2. Sin embargo en todos estos casos, no se comete un error
demasiado apreciable al considerar que el derrame se produce sin rozamientos y se calcula la
velocidad de salida y el caudal, mediante las relaciones halladas anteriormente, haciendo según
sea el caso p’/ p1≥p*/p1.
Derrame en una tobera ampliada (tobera Laval) con contrapresión variable: Supongamos
p ahora que tenemos una tobera
p = p1
Laval cuyas secciones hayan sido
1 calculadas por una cierta relación
b
3 p3 de presiones p’/ p1‹ p*/p1 y bajo
a
la condición de que el derrame
p* f
e d sea sin rozamientos
g (isoentrópico). Analicemos la
p2 figura, en ella vamos a estudiar
c 1 como varía el derrame, cuando la
0
contrapresión p’ en el recinto
posterior a la tobera varía y no
coincide ya con la presión p2 en
la sección final de la misma.
F* F2

De dicha figura se
obtiene la relación entre las
presiones y las distancias x en la
dirección del derrame. La curva
dF ‹ 0 dF › 0
1e2 representa el cambio de
dF = 0
estado isoentrópico, para una
relación de presiones p2/p1.
Aparte de esta curva, teóricamente existe un segundo cambio de estado isoentrópico y que es el
señalado por la curva 1e3. En este segundo cambio, sin embargo, no se pueden alcanzar
velocidades supersónicas. La parte ampliada de la tobera hace de difusor y decelera el derrame
llevándolo hasta una presión p = p3. El caudal es igual en ambos casos, ya que en la igualdad:
* 2χ
m = F2ψ p1δ 1 La función de corriente ψ tiene el mismo valor para p2/p1 que para
χ −1
p3/p1 como observamos en la siguiente figura:
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ψ
Si la presión es p’›p3, la tobera trabaja como un
tubo de Ventura. En la parte convergente de la tobera el
derrame es acelerado y en la parte divergente, nuevamente
ψ decelerado. El cambio de estado no es isoentrópico ya que
las secciones de la tobera existentes han sido calculadas
para un cambio de estado isoentrópico. El caudal es menor
1 0 que el establecido, que se calcula según la ecuación
p3 p* p2
precedente haciendo:
p1 p1 p1
p  p 
ψ = ψ  2  = ψ  3 
 p1   p1 
Si disminuimos la contrapresión p’ hasta hacerla inferior a p3, el cambio de estado en la
parte convergente de la tobera sigue la curva 1e. Para cualquier contrapresión p’≤p3, en la
sección más estrecha se alcanza la velocidad del sonido a. El caudal permanece constante y vale:
* 2χ
m = Fψ max p1δ 1
χ −1
En la parte divergente de la tobera, primero aumenta la velocidad por encima de la del
sonido hasta una cierta sección, mientras que la presión disminuye, tal como lo indica la curva
1ec. Como que las secciones en la dirección del derrame aumentan, este debería acelerarse
debido a la disminución progresiva de la presión. Sin embargo, la contrapresión final p’ al final
de la tobera (punto f) ha avanzado: aunque la tobera se haya ampliado para que la presión pueda
disminuir y el derrame pueda ser supersónico, la presión debe aumentar de nuevo. Al derrame le
es imposible seguir satisfaciendo a la vez la ecuación de continuidad, la ley de conservación de
la energía y la condición s = cte. Debe dejar de cumplir una de ellas. Esto ocurrirá por intermedio
de una onda de choque, (línea cd), en la cual la entropía aumenta. Después del choque el
derrame ha alcanzado una velocidad subsónica. El siguiente aumento de presión será ahora
posible al aumentar la sección. Cuanto menor sea la contrapresión p’, tanto más retrocede hacia
el final de la tobera la sección en la cual tiene lugar la onda de choque. Si la contrapresión
disminuye por debajo del punto g, la onda de choque no puede tener lugar. Se presenta entonces
un fenómeno en el que la corriente de fluido se separa de las paredes. Estas circunstancias son
complejas y no pueden ser consideradas como fenómenos unidimensionales. La teoría a este
respecto excede los objetivos de este curso, no obstante podemos decir que la misma ha sido
desarrollada por E. Schmidt y las mediciones efectuadas por A. Stodola.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

• H.D. BAHER, Tratado Moderno de Termodinámica, Editorial Montesó - Barcelona 1965.