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El buen diablo

Había una vez un rey que tenía un hijo de dieciocho años. Un día
la reina llamó a su hijo y le dijo:” Es hora de que lea tu porvenir”,
y leyó el futuro del joven. El pobre muchacho tenía que morir
ahorcado. La reina entristeció mucho pero no contó nada a su
hijo. “Por qué estás triste madre mía’”?, y la reina suspiraba.

Pero al fin insistió tanto para que le contase la verdad que la


reina le dijo:

Hijo mío, es que tu suerte es morir ahorcado.

El joven trató de consolarla diciéndole que tenía que morir como


todos y era lo mismo morir de una cosa que de otra, pero le pidió
permiso para recorrer el mundo y así ser ahorcado lejos de allí,
para no causarles mayores disgustos. La reina, aunque le causaba
gran dolor, le concedió el permiso.

El día del viaje, el rey le dio gran cantidad de dinero y el joven se


fue a recorrer el mundo. Anduvo por ciudades y reinos
desconocidos, hasta que llegó a un pueblo donde había una
capilla de San Miguel, con la imagen de este santo y una imagen
del diablo, pero todo estaba en ruinas. El príncipe se quedó allí y
quiso reconstruir la capillita y restaurar las imágenes.

Buscó obreros y se pusieron a trabajar. Lo dejó todo nuevo,


resplandeciente. Cuando el pintor fue a recibir su dinero, le dijo
que le había sobrado pintura porque había dejado de pintar la
figura del diablo.

¿Porqué no lo pintaste?...Al diablo también hay que pintarlo-


ordenó el príncipe. Y el pintor pintó al diablo.
Cuando aquel trabajo quedó terminado, el príncipe siguió su
camino por el mundo. Un día llegó a una casa en la cual vivía una
vieja, y pidió albergue. Entró, y después de comer se puso a
contar el dinero que le quedaba. Al ver eso, la vieja fue corriendo
a las autoridades y les dijo que un ladrón le había robado y que
estaba en su casa contando el dinero.

Vino una patrulla y apresó al príncipe, lo encerraron, después lo


juzgaron y lo condenaron a morir en la horca. Pero el día de la
ejecución, en la capilla de San Miguel, el santo se puso a
conversar con el diablo:

Qué lindo estás ahora diablo!

Es verdad, me pintaron todo!

¿y no sabes quién arregló esta capilla y nos pintó?

Y como el diablo no sabía, el santo le contó la historia del


príncipe que allí se había detenido, y le dijo también que ese
pobre muchacho había sido encarcelado y juzgado, y que ese
mismo día iba a ser colgado de una horca por culpa de una vieja.

El diablo no lo quiso escuchar más. Subió a un caballo y fue


volando a la casa de la vieja, la agarró y la llevó a la presencia del
rey, y allí le hizo confesar toda la verdad. El rey ordenó que
soltaran al prisionero y lo llevaran al palacio. El diablo montó en
su caballo, voló a la prisión donde el príncipe iba a ser ahorcado
Y le mostró al verdugo la orden de libertad. El verdugo entregó al
condenado que fue con un carcelero al palacio del rey.

Cuando el rey vio al príncipe le preguntó quién era y de dónde


venía. Al saberlo todo, ordenó a la vieja devolverle el dinero y la
condenó en lugar del joven. Terminado el caso, el príncipe
reanudó nuevamente su camino. En el camino encontró a un
caballero, y después de conversar un rato le contó su historia.

¿Y no sabes quién te ayudó?- le preguntó el caballero.

No lo sé- respondió el príncipe.

Fue el diablo de la capilla de San Miguel…y ese diablo soy yo. San
Miguel me lo contó todo el día que iban a ahorcarte, monté a
caballo, volé a la casa de la vieja y la llevé delante del rey para
que todo se aclarara.

¿Y por qué has sido bueno, si eres el diablo?

Ah!- dijo el diablo con una sonrisa- es por ese poco de pintura
que mandaste que me pusieran. Ahora estás libre de tu mala
suerte porque la vieja va a ser ahorcada en tu lugar, ya nada
malo te va a pasar. Puedes volver tranquilo al reino de tu padre.
Y diciendo esto, el diablo montó en su caballo y desapareció en
la distancia.

Antes de regresar a su país, el príncipe volvió a la capilla de San


Miguel para agradecer al buen santo, y mientras rezaba vio la
figura del diablo, con su pintura nueva, mirándolo contento, feliz.

FIN

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