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CARNE DE

MÁQUINA

VÍCTOR O. GARCÍA

UNIVERSIDAD NACIONAL DE TUCUMÁN


FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

Doctorado en Ciencias de la Educación


VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 2

“...el plan bien ordenado, conciso, sencillo en el que estoy desintegrado y en el que están todos
[desintegrados, aunque forman parte del plan,
las semejanzas del pasado y del futuro...”
WALT WHITMAN
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 3

Introducción
El desarrollo capitalista en la provincia de Jujuy se produjo con la integración de
la misma al modelo nacional pergeñado a fines del siglo pasado y centrado en la
radicación de los ingenios azucareros en la región occidental de la jurisdicción1, lo que
se produjo de la mano de flujos migracionales intensos que tuvieron distintas
características durante el último siglo.
Los flujos migratorios son una función de la demanda laboral y ésta se
estructura conforme a la forma organizativo- tecnológica de las actividades básicas de
una región. Podemos decir que “los flujos migratorios, están pues, en su conjunto,
estrechamente ligados con la dinámica espacial de la economía” 2 y al producirse, tales
flujos modelan también el espacio y la sociedad que en el se desenvuelve.

EL VALLE DE SAN FRANCISCO

El desarrollo de esta región fue consecuencia de la organización del Estado


Nacional, en la que tuvo parte activa para la difusión de su idea la escuela pública como

1
RUTLEDGE, I. (1.987): Cambio agrario e integración. El desarrollo del capitalismo en Jujuy. S. M.
de Tucumán, Proyecto ECIRA- CICSO.
2
ROBIROSA, M.C. (1.969): Migraciones internas. La distribución espacial de las oportunidades de
empleo y las metas de justicia distributiva. Mimeo del Simposio sobre Política de Población para la
Argentina. Buenos Aires, Instituto Torcuato Di Tella.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 4

estrategia civilizatoria, en la lucha que Sarmiento, portavoz e ideólogo de la misma,


definió como elección entre barbarie y civilización.
Por otra parte las estrategias de control de la mano de obra por empresas
oligopólicas, como es el caso de los ingenios azucareros de Jujuy y Salta, fueron
también una variable determinante en la conformación social de la región con la acción
u omisión de las políticas oficiales. El desarrollo de la industria azucarera depende de la
posibilidad de una fuerte concentración de mano de obra durante la zafra, la que debe
estar en el medio o debe ser captada en otras regiones aunque esto implique la
coerción.3
Así en ese momento histórico se define para el país un modelo de acumulación
liberal, que permite la organización en la región de los ingenios azucareros como
empresas modernas, que a su vez permiten la formación de los centros urbanos más
importantes de la provincia. Vamos a comparar la concepción de la educación de aquel
momento histórico con el estado de situación actual en un mundo constituido en
sociedad de la información, tratando de desentrañar la conexión ideológica y la lógica
de las acciones políticas en el decurso histórico.

I.- Se vienen los indios


Luego de la derrota de Felipe Varela en Las Salinas de Salta en 1.869 las
oligarquías locales aliadas a los sectores dominantes del litoral argentino pueden
comenzar a desarrollar su proyecto de integración económica4, que en Jujuy se
manifiesta claramente con el desarrollo de la industria azucarera como sector de
vanguardia en el modelo de acumulación que impone lo que Halperin Donghi denomina
el “nuevo pacto colonial”.
Este modelo en su primera etapa de desarrollo facilita la integración de las
oligarquías del NOA a los gobiernos nacionales, con una fuerte conexión entre el poder
económico y el político, en una relación dialéctica que inercialmente hacía crecer a
ambos. Los ingenios azucareros llevan a los primeros niveles de gobierno a sus
propietarios: Roca (vencedor de Varela) desde Tucumán, Saravia, Cornejo, Uriburu,
propietarios de ingenios en Salta y Jujuy lo que además les permite la compensación de
desventajas relativas a través del cobro de tarifas altas de protección, lo que no hubiera

3
CONTI, V. E. – LAGOS, A. T. DE – LAGOS, M. A. (1.988): Mano de obra indígena en los ingenios de
Jujuy a principios de siglo. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina.
4
RUTLEDGE, I.: op. cit.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 5

sido posible de no contar con la fuerte influencia política mencionada anteriormente y el


otorgamiento de préstamos y créditos en condiciones ventajosas. Todas estas
características sumadas a la estrategia desarrollada en el control de la mano de obra en
esta primera etapa producen una extraordinaria expansión del sector, que llega a
constituirse incluso en financista del Estado Provincial.5
El control de la mano de obra se produce en ese entonces, con el traslado de los
indígenas del Chaco Gualamba en número mayoritario. El movimiento migratorio
indígena fue cohercitivo porque la conquista del Chaco por el Ejército limitaba los
territorios de caza y disminuía la pesca con el control de los ríos. Para compensar esta
pérdida energética en el ecosistema, debieron articularse con la región azucarera donde
eran intensamente explotados (recibían la mitad de la paga que por la misma tarea
percibía un trabajador en Tucumán)6. Esta situación no es ajena a las políticas que se
imponen con la conquista del Chaco; el Gobierno Nacional entre otras de las razones
para su fundamentación, considera que esa región es un “reservorio de mano de obra”,
como lo expresa claramente un decreto de Sáenz Peña. No hay una política de
civilización de los indígenas, sino que muy al contrario son carne para la maquinaria
que venía a modernizar la región, y esto queda expresado en las políticas de educación y
a quienes estaban dirigidas.
SIERRA E IGLESIAS explica la activa participación que tuvieron los Leachs
(propietarios del Ingenio La Esperanza) en la fundación de escuelas públicas siendo
responsables de su mantenimiento y de la facilitación para el cumplimiento de la Ley
Láinez. No sólo costeaban los sueldos de los maestros hasta su traspaso en 1.938 al
estado provincial (habían organizado la primera institución educativa en 1.895), sino
que dirigían personalmente las mismas supervisando las escuelas: Gualterio Leach fue
presidente del Consejo Escolar local, formado por vecinos y Stephen Leach inspector
ad-honorem de enseñanza primaria7, sin embargo eran escuelas destinadas a obreros y
empleados, a quienes la educación no sólo los civilizaba sino que los hacía más
competentes para el trabajo, podemos decir que bajo una concepción netamente
pestalozziana.
A los indígenas en cambio, ni siquiera esta concepción les cabía, ya que en los
contratos con que se reclutaba esta mano de obra no hay referencia alguna aunque más

5
SIERRA E IGLESIAS, J. P. (1.998): Un tiempo que se fue. Vida y obra de los hermanos Leach. S. S. de
Jujuy, Editorial UNJU.
6
CONTI, V. E. – LAGOS, A. T. DE – LAGOS, M A.: op. cit.
7
SIERRA E IGLESIAS, P. J.: op. cit.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 6

no sea referida a los niños en edad escolar teniendo presente la vigencia a aquel
momento de la Ley 1.420, y a pesar de la clara ingerencia y promoción estatal en la
acción de la contratación. Este problema es expresamente señalado en el informe de
BIALET MASSÉ8 en 1.904 mencionando que a las escuelas sólo concurrían los cristianos:
“hay sin embargo, centenares de niños a quienes enseñar siquiera el idioma del país”
refiriéndose a los indígenas.
En ello no sólo había un impedimento de política educativa, sino que los osacos9
debían trabajar en la cosecha de caña de azúcar a la par de sus padres toda la extensa
jornada10. No obstante había un firme convencimiento de la función civilizadora de los
ingenios, y así decía en 1.921 un administrador del Ingenio Ledesma:
“Hasta el presente parece haber sido el programa de los gobiernos exterminar el indio; ha
sido corrido por los colonos y los militares hasta que no han tenido amigo en el mundo fuera de dos
ingenios, quienes por más de treinta años los han vestido, dado de comer y enseñado como
trabajar, y así mejorar su posición. Me parece que merecemos una medalla de oro para el trabajo
de civilización que hemos realizado entre la indiada; yo por mi parte estoy seguro que me merezco
una docena por las conversaciones, pechazos y “perfumes” que he aguantado durante horas
contentando a esta gente”11
Civilización y educación eran sinónimas para la concepción que defendía el
trabajo indígena como forma de integración a la sociedad moderna, aunque vale la pena
aclarar a qué se referían. Tal como se desprende de algunas visiones, sólo se pretendía
disciplinar la fuerza de trabajo dentro de los límites que imponía la “libertad social”12
ante la necesidad que planteaba el crecimiento de las plantaciones. Prevalecía la función
económica sobre todas las otras razones, y sólo ésta justificaba los esfuerzos para
encaminar al indígena “por la senda del trabajo”.
Es evidente el cuño spenceriano en el desarrollo de esta política: pensemos en la
influencia de su pensamiento en la élite intelectual de nuestro país que diseñó el modelo
vigente en ese momento histórico, por caso Sarmiento, quien lo confesaba así al Perito
Moreno:
“Bien rastrea usted las ideas evolucionistas de Spencer proclamando abiertamente en
materia social dejando a usted y a Ameghino los darwinistas, si de ello los convence el andar tras

8
BIALET MASSÉ, J. (1.985): Informe sobre el estado de la clase obrera. Madrid, Hispamérica.
9
Niños indígenas “matacos” (etnia wichí)
10
CONTI, V. E. – LAGOS, A.T. – LAGOS, M. A.: op. cit.
11
Citado por LAGOS, M. (1.989): en el Estudio Preliminar de la edición facsimilar de Investigación
sobre los indios matacos trabajadores de NIKLISON, J. E.. S.S. de Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy.
12
SANTAMARÍA, D. J. (1.986): Migración laboral y conflicto interétnico. El caso de los migrantes
indígenas temporarios a los ingenios azucareros saltojujeños. En Estudios Migratorios
Latinoamericanos Nº3. Buenos Aires, CEMLA.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 7

de su ilustre huella. Yo no tengo ni la pretensión ni el derecho de serlo. Con Spencer me entiendo,


porque andamos el mismo camino.”13
La idea de evolución social, dejaba librado a su suerte al indígena, que debía
cargar con las culpas de su incompetencia para desenvolverse en el mundo civilizado, y
destinado a compensar las desventajas relativas de la industria con la provisión de su
mano de obra barata. No hay ingenuidad ni malicia en ello por parte de las distintas
clases dirigentes, sino convicción ideológica, a la que lógicamente no es ajena el interés
de clase: los dueños del Ingenio Ledesma fueron conspicuos dirigentes nacionales del
Partido Conservador, y cumplieron responsabilidades políticas de primer nivel, al igual
que los Leach aunque desde una perspectiva más local no exenta de la tradicional
diplomacia inglesa. El fundamento pestalozziano de estas clases es expresado por el
presidente Uriburu, (quien tenía intereses directos en la industria azucarera) en 1.897.
Así, al inaugurar las sesiones del Congreso de la Nación correspondientes a ese año
decía:
"Todas las medidas responden al propósito que el Poder Ejecutivo ha perseguido con
empeñoso afán, de abrir nuevos rumbos a la actividad intelectual de nuestra juventud
erróneamente preocupada, hasta ahora, de asegurar su porvenir exclusivamente en las
carreras universitarias".
"El departamento industrial proporciona una enseñanza científica y especial teórica y práctica
y preparará más tarde, industriales inteligentes, jefes de talleres y fábricas, directores de obras
públicas, dibujantes y maquinistas instruidos.
En la línea de este discurso es más claro aún el presidente Pellegrini quien estaba
convencido de que los colegios nacionales debían preparar a los futuros dirigentes hijos
de la clase dominante para que accediesen a la Universidad, mientras que en las escuelas
de Artes y Oficios se formarían los hijos de obreros (a propósito la primera escuela de
este tipo en la región fundada en 1.938, se constituirá posteriormente en la decana de las
escuelas secundarias); a las clases medias les estaba reservada las escuelas comerciales
y normales. Los hijos de los indios por consiguiente debían seguir siendo indios, es
decir estaban condenados a ser los excluidos de la sociedad.
A pesar de la influyente acción de los propietarios de los ingenios en la
educación pública, no hay indicios que haya habido preocupación por integrar a la
misma a los indígenas, y una prueba de ello es la no-proletarización de los mismos lo
que implicaba que no obstante la integración de la región a la economía del país, ellos

13
SARMIENTO, D. F. (s/f): Darwin. Síntesis de la evolución del pensamiento Laico (conferencia
pronunciada el 30/5/1.892 en la Sociedad Luz. En Evolución (Antología de Ciencias Naturales).
Buenos Aires, Imprenta La Vanguardia.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 8

no se insertaban en ésta. Vemos así que la exclusión es un fenómeno del desarrollo


capitalista que está presente no como una expresión culminante del mismo, sino como
una consecuencia inevitable de la aplicación de política liberales. Exclusión y
exterminio son sinónimos en la práctica política de este signo. Si la intención de
incorporación de los indígenas como mano de obra hubiese sido civilizatoria la
educación planteada con la modernidad como la principal herramienta para la auto
coacción hubiese estado como parte inseparable de la estrategia, pero para ello hubiese
sido necesario una consideración distinta del indígena, ya que la visión mayoritaria
entendía que:
“el indio del Este (el chaqueño) no tiene ninguno de los atractivos del quechua. Le falta el
pensamiento de aquél, su talento, su carácter, su nobleza y para convertirlo en un elemento de
trabajo ha sido necesaria toda la actividad, toda la habilidad de los señores Leach y sus
colaboradores”14
En este contexto positivista es destacable la opinión de Niklison contrastante
fuertemente con la anterior y liberada de los prejuicios de la época:
“En las tribus que concurren a la zafra de los ingenios de Jujuy, muchos son los Matacos
que se expresan en nuestro idioma en la misma forma en que lo hacen los otros trabajadores
criollos. Mientras que individuos disciplinados en la práctica de difíciles estudios, apenas si pueden
recoger algunas pocas frases de origen indígena, los Matacos aprenden el castellano con la misma
facilidad con que aprenden la música. Y si aún no han ingresado al trabajo de las fábricas, como los
Chiriguanos en las de Jujuy y los Tobas en las de Formosa, no es porque carezcan de inteligencia y
aptitudes para ello, según lo he comprado, sino porque su rudo trabajo en los cañaverales conviene
más a los intereses de las empresas.”15
Para que se produzca el hecho educativo es menester la consideración de persona
que lleva implícita la noción de sujeto ante el cual es posible el conocimiento, y esta
posibilidad comienza por la consideración de apropiación de los mismos que pueda
tener quien aprende en el encuentro pedagógico. El hecho educativo se legitima con la
presencia simultánea del sujeto de la educación, el agente de la misma, y el
conocimiento como lugar de encuentro de los dos primeros: la educación del indígena
estaba negada de raíz porque primero se negaba su condición de persona.. Esto negaba
también la perspectiva de la civilización del indígena, por cuanto esto impondría además
la superación de su estado de imprevisión16 que caracterizaba a su salvajismo, estado
que le resultaba conveniente desde el punto de vista económico a las empresas que

14
HOLMBERG, E. A. (1.904): Investigación agrícola en la Provincia de Jujuy. Buenos Aires.
15
NIKLISON, J. E. (1.989): Investigación sobre los indios matacos trabajadores (edición facsimilar).
S.S. de Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy
16
ELIAS, N. (1.993): El proceso de la civilización. Madrid, Fondo de Cultura Económico.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 9

podían justificar el pago no dinerario y periódico debido a la falta de conducta de los


indígenas en el uso de sus retribuciones. Sin embargo no podemos plantear esta acción
como consistente y consciente, por cuanto reduciríamos su explicación a una visión
conspirativa de la historia y además negaríamos la influencia en el cambio de pautas
culturales que el mero trabajo en las condiciones que se le impusieron, tuvo en el
indígena, producto de la red de interdependencias causales que no son controlables por
los individuos que ejercitan el poder de cualquier índole.
El encuentro de los sujetos en el conocimiento implica la noción de herencia
cultural, en la que quien educa pone en los sujetos de educación un mundo pasado pero
un mundo que les pertenece en una acción contradictoria en la que preparándose en lo
viejo se predispone para lo nuevo17. Es evidente que no solamente la consideración que
se tenía del indígena era un óbice para someterlo a la educación pública, sino que eran
dos mundos, dos herencias distintas las que se enfrentaban, y en la que el blanco le
negaba el legado al indígena por no considerarlo merecedor del mismo. La escuela
pública que se planteaba como un elemento de homogeneización nacional y constitución
de la identidad amenazada por la ola de inmigración, considera como tal únicamente a la
extranjera, los indios no eran ni siquiera migrantes internos, no estaban contemplados en
el modelo político nada más que como carne de máquina, así como los negros fueron
carne de cañón en las sucesivas guerras del siglo XIX.

II.- Desocupados: los indios que se quedaron


Luego del golpe militar de 1.966 se intenta redefinir el modelo de acumulación
determinado por la Generación del ’80. Krieger Vasena es el Ministro de Economía
descollante de este período, y encontramos nuevamente la calificada relación de la
industria azucarera con el poder político. Este ministro de Onganía, era a la sazón,
representante del Deltec del grupo trasnacional Morgan, que por esa década adquiere el
Ingenio La Esperanza.
Las luchas obreras y un alto nivel de conflictividad social impiden el cambio del
modelo de acumulación, terminando finalmente con el triunfo en elecciones del
peronismo con lo que los niveles salariales en general, y en particular en la industria
azucarera alcanzan los niveles más altos del período.

17
ARENDT, H. (1.989): Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política.
Barcelona, Ediciones Península.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 10

Las dificultades para el control de la mano de obra determinan el cambio de la


estrategia del traslado masivo de la misma (hacia 1.930 los indígenas del Chaco habían
sido reemplazados por los del altiplano salto-jujeño y boliviano) por parte de las
empresas mediante la incorporación de tecnologías duras (maquinación del proceso) y
blandas (métodos de cosecha y administración) en la que la disminución del nivel de
conflictividad de la mano de obra es vital18 La consecuencia es una franca disminución
del personal transitorio, achicándose la variación estacional de los empleos, y
transformándose el patrón migracional de lanzadera en un circuito en la que estaban
articulados los tiempos en que se sucedían las cosechas en las distintas regiones
económicas del país, constituyendo una población flotante con la localización de la
mano de obra en disponibilidad próxima a la fuente de empleos, transformándose el
modelo de satelización de la misma que sufre un proceso de acercamiento a la fábrica.
La ocupación de la tierra urbana para el migrante:
“tiene el valor de su reconocimiento como individuo urbano, y como participante de su
sistema, aceptando pagar el precio de vivir en la periferia sin servicios, porque la posesión del “lote”
es fundamental para garantizar su legalidad en la ciudad, y poder desarrollar a partir de ello su
nueva economía de subsistencia”19
El cambio de la pauta de migración afecta directamente la situación urbana por
lo que merece algunas consideraciones. Las migraciones se producen existiendo
condiciones previas que básicamente exigen:
1. Desocupados en las zonas emisoras.
2. Oferta de empleos en las zonas receptoras.
Podríamos pensar que se produce un equilibrio espontáneo pero no existe la
eficacia distributiva espacial como fenómeno físico.
Las expulsiones de población y su recepción en otras zonas generalmente no
van acompañadas de una oferta de empleos que se compatibilice con la demanda. Así se
producen traslados de la desocupación, presionando los migrantes sobre el mercado
laboral y las estructuras urbanas receptoras. La desocupación entonces se manifiesta de
distintas maneras en las áreas receptoras20
1. Desocupación disfrazada (empleos informales).
18
Karasik, G.A.: (1.988) El control de la mano de obra en un ingenio azucarero. El caso Ledesma
(Pcia. de Jujuy). Buenos Aires, Ed. ECIRA - Colección Estructuras sociales regionales. Investigaciones
Nº4.
19
GARCÍA, VÍCTOR O. : ( 1.986) Árabes y bolivianos en el Valle de San Francisco. En Seis ensayos para
consultar. San Salvador de Jujuy, Ed. Artes y Letras
20
ROBIROSA, M.C. ( 1.969): op. cit.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 11

2. Ramas de baja productividad de la economía (secundarización).


3. Subocupación.
4. Desocupación franca.
Como una consecuencia de la dinámica de los mercados laborales, la migración
determina condiciones de vida distintas según la categoría ocupacional, y estas
condiciones están estrechamente ligadas a la forma de ocupación de la ciudad y sus
espacios concretos. El alto nivel de marginalidad o lo que desde un enfoque
ambientalista llamaríamos síndrome de adaptación urbana, tiene elevados costos para
los gobiernos municipales que no se encuentran en condiciones de darle respuesta a la
inestabilidad laboral y residencial de los trabajadores, que en círculo vicioso se
reproduce intergeneracionalmente21.
El ciclo se cierra hacia el fin de siglo, con la incorporación del país al
MERCOSUR, que obliga a la industria azucarera a competir en situación desfavorable
con el mercado externo teniendo en cuenta sus desventajas relativas que siempre
necesitaron de la protección arancelaria desde el momento mismo de su iniciación. Así,
la radicación en los centros urbanos de aquella mano de obra disponible, se transforma
ahora en franca desocupación.
Queda cerrada la trampa del desarrollo industrial regional que atrajo primero
temporariamente la mano de obra barata, cambiando luego a una estrategia de mano de
obra temporaria cautiva próxima a los centros de producción, que en el actual momento
de crisis se ha convertido (este es el verdadero Plan de Convertibilidad) en mano de
obra desocupada, en una perspectiva agravada por su condición de no-especialización,
que la excluye del mercado laboral tal como este se constituye próximo al siglo XXI.
En este contexto regional, las políticas educativas facilitaron el crecimiento de
las matrículas pero sin acompañar la misma con decisiones presupuestarias
popularizando la escuela pública secundaria que al mismo tiempo sostiene la misma
crisis recurrente del sistema educativo en su conjunto, producto del retraso curricular
relativo, el desfinanciamiento, y la masificación. Así en la década del ’90 en coherencia
con la implementación de las políticas neoliberales se aprueba la Ley de Educación
Federal, que como consecuencia del complejo trámite para su aprobación aparece con
ambigüedades y contradicciones que dejan librada a la decisión de los gobiernos el

21
SASSONE, M. S. (1.986): Migraciones laborales y cambio tecnológico. El caso de los bolivianos en el
Ramal jujeño. Mimeo de la ponencia en el II Congreso Argentino de Antropología Social. Buenos Aires.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 12

modelo de educación22, ambigüedades que se fortalecen con el proceso de transferencia


a las jurisdicciones provinciales de prácticamente todo el sistema educativo como
consecuencia de la aplicación de la misma ley, coexistiendo en la provincia normas
jurídicas anteriores que se contradicen con la Ley Provincial de Educación sancionada
en consonancia con la nacional, pero que aún sigue sin reglamentar. El espacio jurídico
ambiguo se ha transformado en un espacio para la arbitrariedad administrativa, librado
al sentido común o capricho de los funcionarios de turno. La nación con el traspaso de
los servicios ha cedido a la provincia todo el esfuerzo financiero que ésta no se
encuentra en condiciones de realizar, y por supuesto no lo realiza.
El círculo perverso de la negación de la educación a un sector de la población se
repite ahora con los hijos de los desocupados, excluidos de esta época, indios
estacionados ahora en la periferia de la ciudad. Las acciones que pretenden reparar las
injusticias sociales como por ejemplo las becas, además de no cubrir las demandas en
aumento de esta población, arrastran un criterio meritocrático que bajo un discurso
hipócrita de equidad encubren la imposibilidad de tener un rendimiento mínimo para la
adjudicación de una beca, en tanto no le son dadas las condiciones iniciales necesarias
para el mismo, pero traslada toda la culpa al individuo y la familia en tanto son
responsables de la educación. La red social que pretende reparar es un parche ominoso
que no tapa los agujeros en los que la exclusión de algunos se transforma en sentencia
generacional. La exclusión como un proceso, abarca primero a los individuos, luego
genera espacios marginales en las ciudades donde sólo crece el crimen y declara a las
provincias inviables para el modelo. Adentro de la exclusión hay más exclusión, y la
escuela no escapa a este fenómeno.
MANUEL CASTELLS la define como:
“El proceso por el cual a ciertos individuos y grupos se les impide sistemáticamente el acceso
a posiciones que les permitirían una subsistencia autónoma dentro de los niveles sociales
determinados por las instituciones y valores en un contexto dado” 23
La crisis ha llegado a la escuela también bajo la forma de violencia. Incapaz de
funcionar como institución de control social, promoviendo el desarrollo de la auto
coacción, por cuanto el autodominio que la misma impone en los sujetos de la
educación no puede manifestarse en razón de que la seguridad que supone la

22
PAVIGLIANITI, N. (1.994): (mimeo) La Ley Federal de Educación como elemento de regulación de
la realidad socio-educacional en la Argentina. Buenos Aires, Cuadernos de Cátedra Nº3 – Facultad de
Filosofía y Letras – Universidad de Buenos Aires.
23
CASTELLS, M. (1.998): La era de la información. Vol. III. Madrid, Alianza Editorial.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 13

civilización, le es negada a un desocupado. La seguridad permite la previsión de las


consecuencias de los actos lo que modifica el sistema emotivo del individuo, cuando
esto no sucede la persona está librada al impulso momentáneo que le produce la
precipitación de las acciones. “En la sociedad civilizada se responde al cálculo con el
cálculo: en la no civilizada se responde al sentimiento con el sentimiento”24. La
violencia del alumno en la escuela, a veces la salvaje ferocidad, es una variante de la
que deben ejercer sus padres, por ejemplo con un corte de rutas, sumidos en la
desesperación del desocupado que responde con el sentimiento y no con el cálculo.
Padres e hijos entonces son declarados culpables, y a la violencia simbólica de la
separación de la exclusión le sigue el de la represión.
Este discurso spenceriano donde responsabilidad y culpa son categorías básicas
para que el Estado se abstenga de intervenir para modificar el estado de la situación no
era extraño en el anterior contexto finisecular, y ahora se reitera:
“La recomposición neoconservadora aporta nuevos argumentos que refuerzan el rol
subsidiario del Estado y, por lo tanto, colocan la centralidad de la responsabilidad por el desarrollo
de la educación en los individuos, las familias y las iglesias como educadores; la responsabilidad
primaria es la de las instituciones privadas, así a través del libre juego del mercado se permite la
libre competencia entre las instituciones y los individuos, y, éste es el único modo posible para que
el sistema funcione con eficiencia y calidad”.25
El proceso de civilización cumplido por la radicación de estas empresas en la
frontera de la modernidad en el siglo XIX, se revierte como consecuencia de las
acciones de ellas mismas, en una paradoja, en la que la única constante entre ambas
épocas es el espíritu de exclusión, mientras la escuela pública pierde su objetivo básico
que es educar, transformándose los educadores en agentes de la asistencia social y
desvirtuándose la finalidad de su función.
En el clásico modelo topológico de Herbart que requiere de un lugar para la oferta
educativa, otro para la apuesta al futuro del agente de la educación y un tercero para la
decisión que implica la responsabilidad personal del sujeto que se educa, queda
disfrazada porque si bien la responsabilidad pública de la oferta se produce, ésta en los
hechos es retaceada al no garantizarse la posibilidad del tercer lugar por las condiciones
sociales de la que emerge (o no puede emerger) el sujeto, a la que se suma la condición
crítica que tiene el ejercicio docente para que se cumpla el contrato educativo apostando

24
ELIAS, N.: op. cit.
25
PAVIGLIANITI, N.: op. cit.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 14

al futuro, cerrado el cual, no queda más que vivir el presente, vivir al día, condición
humana que el proceso de la civilización había dejado atrás26.

Conclusión
Desde nuestro punto de vista el modelo de acumulación que se trata de definir en
la década del ’60 y que se frustra, puede desarrollar sus cimientos en la segunda mitad
de la década del ’70 para llegar a consolidarse ya en los finales de la década del ’80.
Asistimos en la década del ’90 a la fractura final determinada por las políticas neo-
liberales y que tienen un contexto mundial esta vez de globalización, expresada
principalmente en lo financiero y económico, y un nuevo modelo tecnológico basado en
el desarrollo de la información y la comunicación que produce rápida obsolescencia en
las economías surgidas en el siglo pasado, y que constituyeron las economías
regionales. Para los economistas del establishment esto pone a ciertas provincias como
la nuestra en situación de inviabilidad, ya que no se encuentran en condiciones de
competir con las condiciones impuestas por la globalización, entrañando este discurso
un argumento solapado de exclusión.
El ejercicio de la política liberal que incluyó en beneficio propio a las regiones
periféricas en coherencia con las demandas de productos de las zonas tropicales en el
siglo XIX, hoy las excluye en respuestas al nuevo carácter que asume la economía
mundial. Y esta consideración de excluida de la región, genera hacia adentro de la
misma también condiciones de exclusión que se tornan claras en la educación pública.
Las diferencias que asume la exclusión en aquel siglo y en éste son evidentes, en aquél
niega el acceso a la educación a un sector importante (en épocas de zafra la población
indígena era mayor que la residente), mientras que en éste permitiendo el acceso lo
niega desde adentro.
La escuela tuvo una función gravitatoria determinante en la fundación del Estado
Nacional en una expresión típica de la modernidad en el siglo XIX. A fines del siglo
XX con los estados nacionales en la perspectiva de un proceso de destitución habría que
preguntarse si la escuela (institución determinante de la metainstitución que es el
Estado) es posible, porque tal vez consistente pero inconscientemente ella asume un rol
protagónico esta vez en la desfundación del Estado Nacional y esto constituye un
problema social (y no solamente social) con fuerte implicancia pedagógica, porque en
definitiva en ella se juega el sentido de la educación misma que concibió la modernidad.

26
ELIAS, N.: op. cit.
VÍCTOR O. GARCÍA CARNE DE MÁQUINA – Pág. 15

Y si la escuela es posible, las preguntas cambian de rumbo, porque entonces deberemos


averiguar qué escuela queremos en qué sociedad, y aquí ya no hay resignación sino
voluntad de transformación de lo social a lo educacional y viceversa, porque la escuela
está en la sociedad y todavía más la sociedad (del Estado Nacional) está en la escuela.

Bibliografía
 ARENDT, H. (1.989): Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión
política. Barcelona, Ediciones Península.
 BIALET MASSÉ, J. (1.985): Informe sobre el estado de la clase obrera. Madrid,
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