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Síndromes

Disejecutivos
Neuropsicologíía I

Barrera Espil, Leila.


Claus, Karen.
Juarez, Lorena.
Rocha, Lara.

Introducción
Las funciones ejecutivas son procesos cognitivos de alto nivel que nos
permiten asociar ideas, movimientos y acciones simples para llevar a cabo
tareas más complejas. Aunque no existe una definición única, se usa
generalmente para describir una gran variedad de habilidades y procesos
cognitivos que nos capacitan para tener un comportamiento flexible y dirigido a
metas.

Un ejemplo es que, algo tan cotidiano como llegar puntual a clase o al trabajo,
o simplemente ir al cine o quedar con nuestros amigos, implica un uso
adecuado de estas funciones ejecutivas. Si fallan, nuestra conducta no será
eficaz y por lo tanto, nuestros planes y metas no se cumplirán como
esperábamos.

Las funciones ejecutivas son fundamentales en nuestra vida cotidiana. Además


las funciones ejecutivas se pueden entrenar. Con un buen entrenamiento de tus
funciones ejecutivas:

 Aumentará tu capacidad de hacer planes y llevarlos a cabo de


forma organizada.

 mayor concentración a la hora de leer o hacer los deberes porque serás


capaz de orientar con más eficacia la atención hacia la tarea que te has
propuesto hacer.

 La mente es más flexible y ágil a la hora de buscar estrategias para


conseguir tus objetivos.

 Anticipar las consecuencias de los actos.

 Seguimiento de los resultados y adaptación a los errores.

En definitiva, este entrenamiento te puede ayudar a ser más eficiente y efectivo


en aquello que te propongas. Además, ser más rápido y eficaz en aquellas
tareas que te aburren, te dejará más tiempo libre para la diversión y el ocio.
Anticipar las consecuencias de tus actos puede ayudarte a evitar problemas y a
conseguir tus metas.
La corteza es una parte imprescindible y de gran importancia para el ser
humano, pues permite la integración y procesamiento de las distintas
informaciones y posibilita la existencia de habilidades complejas como el
pensamiento abstracto, la autoconciencia y la planificación.

La corteza cerebral puede dividirse en dos hemisferios claramente delimitables


a derecha e izquierda, además de en varios lóbulos cerebrales diferentes. En
nuestra especie, el más grande de ellos y el que a su vez genera mayor
investigación es el lóbulo frontal, del cual una de las partes más relevantes es
la corteza prefrontal, que participa activamente en permitir la conducta
adaptativa del individuo e incluso el establecimiento de características
concretas de la personalidad. Se encuentra situada en la parte del cerebro
más cercana al rostro. Es considerada un área de asociación multimodal o
terciaria, puesto que en ella se coordina la información proveniente de otras
áreas cerebrales. Se trata de un área cerebral de gran tamaño con una gran
importancia a la hora de explicar el control conductual, la personalidad e
incluso las capacidades cognitivas.

Esta parte de la neocorteza es la región del cerebro que más tiempo tarda en
desarrollarse, ya que de hecho se considera que no termina su desarrollo hasta
los principios de la edad adulta entre los veinte y veinticinco años de edad. Los
procesos cognitivos y las funciones ejecutivas no podrían llevarse a cabo sin su
participación, de manera que estamos ante una de las áreas más relevantes a
la hora de poder adaptar nuestra conducta a las situaciones y realizar
operaciones cognitivas complejas.

La corteza prefrontal tiene importantes conexiones con una gran cantidad de


regiones cerebrales tanto corticales como subcorticales, como por ejemplo
el sistema límbico, los ganglios basales, el hipocampo, el tálamo y el resto de
lóbulos cerebrales. Es por ello que influye en y se ve influida por una gran
cantidad de informaciones provenientes de muy diversas regiones, resultando
imprescindible para la correcta gestión de la conducta y de nuestros recursos.

Las subdivisiones de esta parte del encéfalo


La corteza prefrontal es una parte del
lóbulo frontal, se ha dividido
frecuentemente en diversas
estructuras, todas ellas de gran
importancia. Tres de los circuitos más
importantes que forman parte del
prefrontal son los siguientes.

1. Corteza orbitofrontal

Esta área es especialmente importante de cara a controlar las respuestas que


damos socialmente, así como a inhibir conductas poco aceptables y al control
de la agresividad.

2. Corteza dorsolateral

Esta parte del encéfalo es una de las más desarrolladas en el ser humano. Se
encarga principalmente de procesar información cognitiva y es una de las
principales regiones del prefrontal que se vinculan con las funciones ejecutivas
que nos permiten planificar, solucionar problemas, memorizar o formarnos
ideas. Se considera que también tiene una gran vinculación con la capacidad
de autoconciencia.

3. Corteza ventromedial

La parte ventromedial de la corteza prefrontal está especialmente vinculada a


la percepción y expresión de emociones, así como a la capacidad
de motivación del ser humano (de esto se encarga especialmente el cíngulo
anterior), el control o inhibición de las respuestas dadas al medio y la
capacidad creativa.

Funciones del prefrontal

La corteza prefrontal es un área de gran importancia para nuestra


supervivencia en el medio en el que vivimos y nuestra convivencia en
sociedad. Son múltiples las funciones de esta región cerebral, la cual integra y
coordina una gran cantidad de procesos.

Algunas de ellas son las siguientes:

 Funciones ejecutivas
 Atención, memoria e inteligencia
 Conducta social
 Motivación
 Emocionalidad

Síndrome

La palabra síndrome se refiere al conjunto de síntomas que definen o


caracterizan a una enfermedad o a una condición que se manifiesta en un
sujeto y que puede tener o no causas conocidas. El término se asocia a
estados negativos, revelados por medio de determinado conjunto de
fenómenos o signos.

Existen una inmensa variedad de síndromes debidamente identificados. Estos


pueden referirse tanto a condiciones de salud orgánica como a patrones de
comportamiento insanos, razón por la cual el término suele tener una amplia
utilización en la medicina, la psiquiatría, la psicología y la psicología social.

Las disfunciones conocidas como síndromes frontales no siempre implican una


lesión directa en el lóbulo frontal. Por el contrario, pueden ser producidas por el
efecto remoto de lesiones en regiones distantes. Es probable que el problema
resida en las vías que conectan el lóbulo frontal con otras estructuras como los
ganglios basales o el tronco del encéfalo.
El síndrome disejecutivo

El denominado síndrome disejecutivo, anteriormente conocido como síndrome


frontal, es un conjunto de alteraciones de tipología y gravedad diversos que se
dan como consecuencia de la existencia de lesiones en el lóbulo frontal y
especialmente en el área prefrontal. Tal y como se puede reflejar por su
nombre actual, la principal afectación se da en las funciones ejecutivas, que de
manera secundaria pueden provocar alteraciones en otros aspectos como la
comunicación o la personalidad.

Los síntomas pueden ser muy variables. En lo que respecta a las principales
funciones superiores suele presentarse la disminución de la capacidad de
inhibir impulsos, la perseverancia debido a incapacidad para cambiar de
conducta y dificultades en general para adaptarse a variaciones del medio. Se
vuelven inflexibles y tienden a tener dificultades a la hora de planear,
concentrarse, organizar y reorganizar la información y mantener cosas en la
memoria. No es raro que tengan pensamientos obsesivos y/o paranoides.

Otro de las aspectos que suele presentar alteraciones severas en el síndrome


disejecutivo es la personalidad. El sujeto tiene tendencia a ser mucho más
impulsivo e irritable, variar constantemente de estado de ánimo e incluso a
resultar más agresivo y a presentar dificultades de ajustar su conducta al
contexto. Ello se debe especialmente a alteraciones del prefrontal orbitofrontal,
vinculada al comportamiento social.

Por último, la conducta dirigida se vuelve mucho más compleja, debido a que
aparecen problemas a la hora de realizar acciones secuenciadas y de iniciar y
finalizar acciones. Es común que aparezca cierto nivel de apatía y abulia que
deje al sujeto con poca capacidad para planificar y querer hacer algo.

El síndrome disejecutivo puede subdividirse en tres síndromes en función de la


región del prefrontal que se haya lesionado y el tipo de síntomas que esta
lesión provoca.

 Síndrome dorsolateral

Este síndrome se produce por lesiones en la corteza dorsolateral del prefrontal.


Se caracteriza por la presencia de alteraciones en las funciones ejecutivas (es
el que más se identifica con la palabra disejecutivo) tales como problemas de
memoria, dificultades de razonamiento, toma de decisiones, planificación y
análisis, perseveración y falta de concentración. También se producen
problemas en la fluidez verbal e incluso en el movimiento. Por último, a nivel
comportamental suelen presentar distraibilidad, falta de motivación, apatía y
síndromes depresivos.

 Síndrome orbitofrontal

Este subtipo de síndrome disejecutivo se produce por lesiones en el


orbitofrontal. Los síntomas más evidentes tienen que ver con el control de los
impulsos, el cambio de personalidad y las dificultades para la gestión del
comportamiento social. Suelen ser lábiles, agresivos e irritables, aunque
también pueden presentar dependencia y ecosíntomas. Tienden a explorar el
entorno de forma táctil. Puede aparecer moria, o estado de humor alegre vacío
y sin estimulación interna o externa que la explique. No es raro que aparezcan
síntomas obsesivo-compulsivos.

 Síndrome mesial frontal


Los síntomas más comunes de esta lesión en el circuito mesial son la apatía, la
desmotivación y el mutismo acinético en casos extremos, en el que no
responde a la estimulación ambiental a pesar de poder hacerlo si así lo quiere.
Dificultad en la iniciativa, abulia e hipomimia (poca flexibilidad facial).

Síndromes frontales asociados

Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es una de las enfermedades neurodegenerativas


más frecuentes y conocidas. Se trata de un trastorno crónico y actualmente
irreversible de causas desconocidas que actúa produciendo un deterioro
progresivo en las facultades mentales de quien lo padece. Inicialmente actúa
solo a nivel de corteza, pero según el deterioro va avanzando termina
afectando también a nivel subcortical. De inicio insidioso, las primeras lesiones
aparecen en el lóbulo temporal para posteriormente ir expandiéndose a otros
lóbulos como el parietal y el frontal.

Actualmente su diagnóstico sólo se considera totalmente definitivo después de


la muerte del paciente y del análisis de sus tejidos, si bien según van
avanzando las técnicas de neuroimagen se hace posible un diagnóstico más
exacto. El curso de la enfermedad de Alzheimer provoca un deterioro cognitivo
homogéneo y continuo, teniendo una duración media de entre ocho y diez
años.

Síntomas típicos

Uno de los síntomas más característicos y conocidos es la pérdida de memoria,


la cual suele darse de forma gradual. Se pierde en primer lugar la memoria
reciente. También disminuye la capacidad de atención, la capacidad de juicio y
la capacidad de aprender cosas nuevas.

Al igual que la mayor parte de demencias corticales, la enfermedad de


Alzheimer se caracteriza por una pérdida progresiva de funciones que se dan
especialmente en tres ámbitos, configurando lo que se ha denominado
síndrome afaso-apraxo-agnósico. Dicho de otra forma a lo largo de su deterioro
el paciente va perdiendo la capacidad de hablar (es muy típica la presencia de
anomia o dificultad para recordar el nombre de las cosas), realizar acciones
secuenciadas o incluso de reconocer los estímulos provenientes del exterior,
culminando en un estado de mutismo e inmovilidad. La presencia de caídas,
alteraciones del sueño y la alimentación, alteraciones emocionales y de la
personalidad y pérdida de olfato suelen ser también comunes en quienes
padecen Alzheimer.

Con el tiempo, el sujeto tiende a desorientarse y perderse, tener descuidos y


comportamientos extraños, olvidar el valor de las cosas e incluso acaba por ser
incapaz de reconocer a sus seres queridos. A medida que la enfermedad
avanza el sujeto va perdiendo poco a poco su autonomía, dependiendo con el
tiempo del cuidado y la gestión de agentes externos.

Estadísticamente, la media de edad a la que empieza a aparecer la


enfermedad de Alzheimer se sitúa alrededor de los 65 años, aumentando su
prevalencia según la edad va aumentando. Se considera de inicio temprano o
presenil si empieza antes de los 65, y senil o de inicio tardía si ocurre después
de dicha edad. A menor edad de inicio peor pronóstico, avanzando con más
rapidez los síntomas.

Características neuropsicológicas

La demencia producida por la enfermedad de Alzheimer provoca una serie de


efectos en el encéfalo que termina por provocar los síntomas.

En este sentido destaca la progresiva reducción del nivel de acetilcolina en el


cerebro, uno de los principales neurotransmisores cerebrales implicados en la
comunicación neuronal y que influye en aspectos como la memoria y el
aprendizaje. Dicha disminución en los niveles de acetilcolina provoca una
degradación progresiva en las estructuras cerebrales.

En la enfermedad de Alzheimer la degradación de estructuras empieza en los


lóbulos temporales y parietales, para ir a lo largo del curso del trastorno
avanzando hacia el frontal y poco a poco hacia el resto del encéfalo. Con el
tiempo se reduce la densidad y masa neuronal, dilatándose los ventrículos para
ocupar el espacio dejado por la pérdida neuronal.
Otro aspecto de gran relevancia es la presencia en el citoplasma neuronal de
ovillos neurofibrilares y placas de betaamiloide, que obstaculizan los procesos
sinápticos y provocan un debilitamiento de las sinapsis.

Deficit de atención con hiperactividad

El TDAH es un síndrome conductual que afecta, según estimaciones, entre el


5% y el 10% de la población infanto-juvenil. La clave que actualmente se utiliza
para comprender el amplio espectro de manifestaciones que caracterizan los
individuos con TDAH es el concepto de déficit en el control inhibitorio de la
respuesta. Es decir, la notoria incapacidad para inhibir los impulsos y los
pensamientos que interfieren en las funciones ejecutivas la actuación de las
cuales permite superar las distracciones, plantearse unos objetivos y planificar
las secuencias de pasos necesarios para conseguirlos.

Durante más de 70 años, las investigaciones del trastorno por déficit de


atención con hiperactividad se han centrado en la población infantil. Pero a
partir del 1976, se demostró que este trastorno puede existir en el 60% de los
adultos los síntomas de los cuales ya empezaron antes de los siete años. Este
desfase diagnóstico hizo que los síntomas y tratamientos de TDAH infanto-
juvenil sean más conocidos y orientados que en los adultos, a pesar de que los
parámetros clínicos sean similares. Además, en los adultos, las
complicaciones, los riesgos y las comorbilidades son más frecuentes y
matizadas que en los niños, con el riesgo que los síntomas sean confundidos
con otro cuadro psiquiátricos.

Sintomatología, diagnóstico y evaluación del TDAH en adultos

Los signos y síntomas en los adultos son subjetivos y sutiles, sin prueba
biomédica que pueda confirmar su diagnóstico. Para poder diagnosticar el
TDAH en una persona adulta, hace falta que el trastorno sea presente desde la
infancia, como mínimo desde los siete años, dato esencial para el diagnóstico,
y tiene que persistir una alteración clínicamente significativa o un deterioro en
más de una área importante de su actividad, como el funcionamiento social,
laboral, académico o familiar. Por eso, es muy importante que en la historia
clínica se anoten los antecedentes infantiles junto con los síntomas actuales y
sus repercusiones en la vida actual, familia, trabajo y relaciones sociales.

Los adultos con TDAH señalan principalmente síntomas de inatención y de


impulsividad, puesto que los síntomas de hiperactividad disminuyen con la
edad. Así mismo, los síntomas de hiperactividad en los adultos suelen tener
una expresión clínica ligeramente diferente del encuentro en los niños, puesto
que se manifiesta como un sentimiento subjetivo de inquietud.

Los problemas más comunes del trastorno por déficit de atención con
hiperactividad en adultos son los siguientes: problemas para la concentración,
falta de memoria y pobre memoria a corto plazo, dificultad para la organización,
problemas con rutinas, falta de autodisciplina, comportamiento impulsivo,
depresión, baja autoestima, inquietud interior, escasa capacidad para
administrar el tiempo, impaciencia y frustración, pobres habilidades sociales y
sensación de no conseguir objetivos, entre otros.