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ALDO MARIÁTEGUI31/10/2017 06:36h

Parte de esto lo escribí hace 10 años para la revista Etiqueta Negra en un


debate sobre la pena de muerte. No le haría cambios:“Apruebo la pena de
muerte porque creo en el castigo por la justicia que este implica per se y
no porque tenga que variar comportamientos. Admito la pena de muerte
en público porque no temo que se me caricaturice como ‘mortícola
bushista’, ‘neandertal conservaduro’ o ‘fascistón latino’, en típica falacia
ad hominem. Estoy a favor de ella porque es posible salvar siete vidas
inocentes por cada criminal ejecutado: Isaac Ehrlich (Universidad de
Buffalo) probó que, ante la posibilidad de ese castigo, otros delincuentes
evitan cometer asesinatos. Así, la pena de muerte es disuasiva, intimida a
los criminales (lo sostienen el Premio Nobel de Economía Gary Becker y
el profesor Gordon Tullock, Universidad de George Mason). La admito
por eso –la ciencia me respalda–, pero sobre todo por un contrato social
básico: uno pierde su derecho elemental a la vida propia cuando
incumple su deber humano elemental de respetar la existencia ajena.
Estoy de acuerdo con la pena de muerte para todos aquellos (violadores
de niños, homicidas, terroristas, cabecillas del narcotráfico y
secuestradores) que atacan con violencia atroz los valores que más
debemos proteger en la sociedad (…). Acepto la pena de muerte porque
no creo que ese tipo de personajes sean ‘redimibles’ (…) Voto por la
pena de muerte porque creo en la democracia y en lo que quiere la
mayoría (…). Creo en la pena de muerte porque amo la vida humana(…).
‘Mostramos nuestro respeto a esta (la vida) por la adopción de una norma
que establece que aquel que viola ese derecho de otro pierde ese derecho
para sí mismo’ (J. S. Mill). Y estoy a favor de la pena de muerte en un
sentido laico…”. Fuente Perú 21
Perú: ministro y congresistas a favor de la pena de
muerte para violadores
Por Sabrina Martín
Funcionarios del oficialismo en Perú se mostraron a favor de la pena de muerte para
delincuentes que cometen crímenes atroces como la violación a menores de edad.
Esto sepresentó luego de que el país suramericano se viera envuelto en escandalosos
casos de violencia sexual.

El caso de la violación a una empadronadora durante el Censo 2017, y el de una


bebé de apenas 2 meses de nacida que fue abusada sexualmente por su padre,
conmocionaron e indignaron a la opinión pública, por lo que ahora ministros y
congresistas se manifiestan a favor de la máxima pena para los victimarios.

 Lea más: Cuba se abstuvo en votación de ONU que condena pena de muerte
basada en la orientación sexual

El ministro de Justicia peruano, Enrique Mendoza, se mostró a favor de la pena de


muerte para estos delincuentes; por su parte, la presidenta de la Comisión de la
Mujer del Congreso del Perú, Janet Sánchez, planteó también que se recurra a este
castigo. “Muerto el perro, muerta la rabia. Tiene que haber equivalencia en la ley
porque (los violadores) destruyen la vida de un ser humano”, afirmó Sánchez.

Por su parte, el ministro Mendoza reconoció que existen dificultades legales para
avanzar en la implementación de la pena capital: “Hemos suscrito un convenio de
abolición de pena de muerte. Personalmente, yo sí creo en la pena de muerte (…) la
pena de muerte sí es disuasiva. Sí la apoyaría siempre y cuando tenga una salida de
los cauces jurídicos”, argumentó.

Un reciente estudio de Thomson Reuters Foundation ubicó a Lima como la quinta


megaciudad más peligrosa para las mujeres a nivel mundial tras constantes delitos
de violaciones.

Según cifras oficiales, de los 5.046 hombres condenados en Lima desde 2015 por
violación, un 13 % recibió penas de menos de ocho años, mientras que apenas a un 2
% se le dio una pena privativa de la libertad superior a los 12 años“Dios nos da la
vida y él es el único que nos la puede quitar, pero cuando uno ve este tipo de casos y
estas monstruosidades, uno se pierde en el camino y pide la máxima sanción”,
argumentó Sánchez, quien pidió buscar “fórmulas viables” para incluir esa causal
para pena de muerte en la legislación.

Sin embargo, el ministro de Interior, Carlos Basombrío, señaló que la pena de


muerte sería “un regalo” para los agresores sexuales. Fuente :Panam Post
Pena de muerte: 87% opina que se aplique a
violadores de menores
Expertos piden políticas de prevención en lugar de medidas reactivas

El caso de la niña Jimena, quien fue raptada, violada y asesinada en San Juan de
Lurigancho a inicios de este mes, abrió nuevamente el debate sobre la aplicación de la pena
de muertepara los abusadores sexuales de menores.

Según indica una reciente encuesta de El Comercio-Ipsos, realizada entre el 7 y 9 de


febrero, el 87% de peruanos está a favor de que se implemente la pena de muerte para
quienes violen y asesinen a menores de edad.

—Reacción social—
Esta opinión es casi unánime en el centro del país, donde el 97% de encuestados considera
que la pena de muerte debe ser aplicada.
En las regiones de esta zona del Perú (Lima, Junín, Huánuco, Huancavelica y Pasco), se
concentró casi el 50% de los 2.341 casos de violencia sexual contra menores registrados en
el 2017, de acuerdo con estadísticas del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables
(MIMP). Solo en Lima se reportó el 38% de los casos.

La encuesta muestra también que, respecto al nivel socioeconómico (NSE), no hay mayores
diferencias: en el NSE A, el 86% de encuestados dice que está a favor de la pena de
muerte; en el NSE E, el 90%. Las cifras tampoco varían considerablemente si se toma en
cuenta el género: los hombres aprueban esta medida en un 88%, y las mujeres en un 86%.

No obstante, las diferencias sí se perciben según los rangos de edad: las personas de 18 a 24
años aprueban la pena de muerte para los violadores de niños y adolescentes en un 91%;
quienes tienen 40 años a más, solo en un 83%.

Para el antropólogo Raúl Castro, las altas cifras aprobatorias de esta medida en el país
reflejan una reacción de la sociedad ante la impunidad que tiene un delito que, según
explica, “transgrede toda consideración humanitaria”, como es la violación y asesinato de
un menor.

“La tolerancia social frente a estos actos abominables es cero. El hecho de que la
aprobación de la pena de muerte sea casi unánime demuestra también que existe una
sensación de falta de justicia frente a estos delitos a través de canales regulares [Código
Penal, Poder Judicial, leyes del Congreso], por eso se apela a una sanción extrema, como es
quitar la vida al asesino”, dice.

—¿Medida disuasiva?—
Asimismo, un 68% de personas considera que la aplicación de la pena de muerte reducirá
los asesinatos de niños y adolescentes. En cambio, el 29% cree que con esta medida los
criminales serían más cuidadosos para no ser atrapados.

El Código Penal establece –en su artículo 173– que la violación de menores de 10 años se
sanciona con la cadena perpetua. Esta también se aplica cuando el agresor tiene algún
vínculo familiar con la víctima. Si la víctima es menor de edad y muere a causa de la
violación, también se impone cadena perpetua.

Actualmente, hay al menos 15 proyectos de ley que buscan endurecer las penas por este
delito, así como establecer su imprescriptibilidad. Dos de las iniciativas, además, intentan
modificar el artículo 140 de la Constitución para implementar la pena de muerte por
violación de menores.

Esto último ha sido catalogado como “inviable” por el presidente del Poder Judicial,
Duberlí Rodríguez, ya que el Perú para ello debería abandonar la competencia de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos. No obstante, hay voces a favor en el Ejecutivo y el
Congreso.

El abogado penalista Mario Amoretti explica que el endurecimiento de sanciones por este
delito o la pena de muerteno tendrán un efecto disuasivo en los violadores de menores, ya
que son medidas reactivas. “Se requieren políticas públicas preventivas para evitar el abuso
sexual, no penas más severas”, dice.

Fuente : Diario El Comercio


¿Por qué deciden reactivar la pena de muerte?
Palencia: Creo que este debate ya se llevó a cabo hace más de 30 años, cuando los
constituyentes decidieron establecerla en la Constitución.Como organización civil,
lo que pedimos es que se aplique la ley. Hay que tener certeza de la falta y del
castigo, de lo contrario se crea un incentivo perverso como ha ocurrido en los
últimos días.Póngase a pensar y trate la manera de visualizar el momento en el que
a un niño, de 4 años, se le dispara en el rostro... ¿Será que esa persona se puede
volver a insertar en la sociedad?

Por ello consideramos que es prudente que se haga cumplir nuestro marco
constitucional. La aplicación correcta de las leyes brindará la seguridad que
necesitan los guatemaltecos.

¿Se va a lograr que no se cometan más crímenes ejecutando a


delincuentes?
Palencia: Disuadir no es el objetivo; la disuasión para los delincuentes va a ser la
aplicación certera del castigo. Si se le establece pena de muerte a una persona, que
se ejecute.

Franco: Precisamente por la certeza la Comisión Interamericana de Derechos


Humanos (CIDH), junto con la Corte de Constitucionalidad (CC), que la respaldó,
prohibieron que se ejecutara la pena de muerte en el país porque contemplaba siete
tipos penales para aplicarse; uno de ellos es la peligrosidad, la cual no se puede
medir y la misma CC dijo que la Constitución establece que la pena de muerte
existe, pero no para establecerla, sino para fijar los casos en que no podrá
imponerse.

“La última (ejecución) fue en 2000 y de ahí los gobernantes no tuvieron la capacidad ni el
carácter para aplicarla”. Elmer Palencia, activista a favor de la pena de muerte.
La CC indicó que Guatemala tiene una Constitución orientada a la restricción de la
pena de muerte, incluso a su abolición. Allí entran temas más pragmáticos. No es
disuasiva desde un punto de vista práctico. Si se ven los datos estadísticos de los
hechos delictivos de 2009 a 2015, vemos que hay una tendencia de disminuir.

Cuando se reformó el Código Penal, en 1994, se estableció la pena de muerte para


el secuestro y hubo ejecuciones a través de la inyección letal. Lo que se hizo fue
poner en riesgo a la víctima y encareció la economía política criminal.

¿Por qué?
Franco: Porque desde un punto de vista criminológico, la persona que secuestra ve
peligro en que la maten y reacciona matando a la víctima.

Palencia: Algunas organizaciones han tratado de engañar diciendo que el Pacto de


San José o la CIDH prohíbe que se aplique la pena de muerte cuando está vigente.
El Pacto de San José fue firmado en 1978 y hubo ejecuciones posteriores a ello. La
última fue en 2000 y hasta allí llegó, debido a que los gobernantes no tuvieron la
capacidad ni el carácter para aplicarla.

Como organización pedimos la reactivación de lo que establecen las leyes. ¿Será


que pedir que se cumpla la ley es un delito o va a crear más violencia?

Franco: La moratoria que estableció la CIDH fue para los tipos penales
establecidos, y la prohibición establece que no se pueden agregar tipos penales,
porque contenían conceptos que no eran válidos. Las ejecuciones se dieron contra
la misma convención firmada, por lo que Guatemala esta en una moratoria de
hecho.

Palencia: La iniciativa que se impulsa en el Congreso no establece nueva


tipificación delictiva, solo establece reglas claras del indulto, ese eslabón que hace
falta.

¿Hacia dónde va Guatemala en este tema?


Franco: Ofrecerle a las personas que se va a disminuir la violencia o a tener mejor
justicia, es negar el debate sobre la finalidad de la pena. ¿Qué vamos a lograr con la
aplicación? Hay que discutir temas más serios como la forma de fortalecer al
Estado en seguridad.

Palencia: La pena de muerte va a generar certeza jurídica del cumplimiento de la


norma establecida.El indulto tampoco está tipificado en la Constitución, pero hay
que darle una certeza de cómo aplicarse.

Fuente: Prensa Libre


¿Por qué deciden reactivar la pena de muerte? Palencia: Creo que este debate ya se llevó a
cabo hace más de 30 años, cuando los constituyentes decidieron establecerla en la
Constitución. Como organización civil, lo que pedimos es que se aplique la ley. Hay que tener
certeza de la falta y del castigo, de lo contrario se crea un incentivo perverso como ha ocurrido
en los últimos días. Póngase a pensar y trate la manera de visualizar el momento en el que a un
niño, de 4 años, se le dispara en el rostro... ¿Será que esa persona se puede volver a insertar en
la sociedad? Por ello consideramos que es prudente que se haga cumplir nuestro marco
constitucional. La aplicación correcta de las leyes brindará la seguridad que necesitan los
guatemaltecos. ¿Se va a lograr que no se cometan más crímenes ejecutando a delincuentes?
Palencia: Disuadir no es el objetivo; la disuasión para los delincuentes va a ser la aplicación
certera del castigo. Si se le establece pena de muerte a una persona, que se ejecute. Franco:
Precisamente por la certeza la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), junto
con la Corte de Constitucionalidad (CC), que la respaldó, prohibieron que se ejecutara la pena
de muerte en el país porque contemplaba siete tipos penales para aplicarse; uno de ellos es la
peligrosidad, la cual no se puede medir y la misma CC dijo que la Constitución establece que la
pena de muerte existe, pero no para establecerla, sino para fijar los casos en que no podrá
imponerse. “La última (ejecución) fue en 2000 y de ahí los gobernantes no tuvieron la
capacidad ni el carácter para aplicarla”. Elmer Palencia, activista a favor de la pena de muerte.
La CC indicó que Guatemala tiene una Constitución orientada a la restricción de la pena de
muerte, incluso a su abolición. Allí entran temas más pragmáticos. No es disuasiva desde un
punto de vista práctico. Si se ven los datos estadísticos de los hechos delictivos de 2009 a 2015,
vemos que hay una tendencia de disminuir. Cuando se reformó el Código Penal, en 1994, se
estableció la pena de muerte para el secuestro y hubo ejecuciones a través de la inyección letal.
Lo que se hizo fue poner en riesgo a la víctima y encareció la economía política criminal. ¿Por
qué? Franco: Porque desde un punto de vista criminológico, la persona que secuestra ve
peligro en que la maten y reacciona matando a la víctima. Palencia: Algunas organizaciones
han tratado de engañar diciendo que el Pacto de San José o la CIDH prohíbe que se aplique la
pena de muerte cuando está vigente. El Pacto de San José fue firmado en 1978 y hubo
ejecuciones posteriores a ello. La última fue en 2000 y hasta allí llegó, debido a que los
gobernantes no tuvieron la capacidad ni el carácter para aplicarla. Como organización pedimos
la reactivación de lo que establecen las leyes. ¿Será que pedir que se cumpla la ley es un delito
o va a crear más violencia? Franco: La moratoria que estableció la CIDH fue para los tipos
penales establecidos, y la prohibición establece que no se pueden agregar tipos penales,
porque contenían conceptos que no eran válidos. Las ejecuciones se dieron contra la misma
convención firmada, por lo que Guatemala esta en una moratoria de hecho. Palencia: La
iniciativa que se impulsa en el Congreso no establece nueva tipificación delictiva, solo establece
reglas claras del indulto, ese eslabón que hace falta. ¿Hacia dónde va Guatemala en este tema?
Franco: Ofrecerle a las personas que se va a disminuir la violencia o a tener mejor justicia, es
negar el debate sobre la finalidad de la pena. ¿Qué vamos a lograr con la aplicación? Hay que
discutir temas más serios como la forma de fortalecer al Estado en seguridad. Palencia: La pena
de muerte va a generar certeza jurídica del cumplimiento de la norma establecida. El indulto
tampoco está tipificado en la Constitución, pero hay que darle una certeza

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