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Trabajo de Fin de Grado.

La Escuela de Chicago en Chile: Una perspectiva


histórica.

Grado en Historia.
Facultad de Geografía e Historia.
Universidad de Salamanca.

Autor: Juan Diego Molina Méndez.


Tutor: Prof. D. Santiago López García.
Índice.

1. Introducción. p. 3.

2. Creación del convenio entre la Universidad de Chicago y la Universidad Católica


de Chile (1956). p. 5.

3. La consolidación de la Escuela de Chicago en Chile. p. 6.

3.1. Chicago. p. 6.
3.2. Santiago de Chile. p. 7.
3.3. Milton Friedman. p. 8.

4. La llegada de Pinochet (11/9/1973). p. 9.

5. La reforma económica. p. 12.

5.1. El problema de la inflación. p. 13.


5.2. La reforma del sistema financiero. p. 14.
5.3. Las políticas comercial y de privatizaciones. p. 15.

6. Conclusión. p. 16.

7. Bibliografía. p. 17.

8. Anexos. p. 19.

1
Abstract. Chile sufrió un dramático proceso de reforma de su economía bajo el régimen
dictatorial del General Augusto Pinochet. Los arquitectos de las políticas económicas
hechas en aquel periodo son los llamados Chicago Boys, quienes habían estudiado
posgrados en el campo de la Economía en la Universidad de Chicago tras haber estudiado
en la Universidad Católica de Chile. Aquellos alumnos chilenos estuvieron en contacto
con economistas como Milton Friedman, de quienes recibieron formación apegada a los
principios del monetarismo y la economía neoliberal. Tras el golpe de estado de
septiembre de 1973 los militares se encontraron de pronto en puestos de gobierno y sin
ninguna formación para llevar adelante aquellas labores. Ante la falta de un plan para
reformar la economía, se recurrió al grupo de alumni de la Universidad de Chicago,
quienes con anterioridad habían redactado el plan de reforma económica conocido como
“El Ladrillo”. En un primer momento las políticas económicas del régimen pinochetista
fueron encaminadas a borrar el rastro del socialismo dejado por el gobierno de Salvador
Allende. En este trabajo se hará en primer lugar un repaso por la historia y principios
básicos de la Escuela de Chicago, para luego poder entender el pensamiento transmitido
a los Chicago Boys y que estos aplicaron más tarde en Chile durante la dictadura.
También se examinará la historia del pacto firmado entre la Universidad Católica de Chile
y la Universidad de Chicago, hecho fundacional de los Chicago Boys. Por último se
evaluarán los aspectos principales de las políticas fiscal, comercial y financiera.
Palabras clave: Economía, Pinochet, Chicago Boys, Escuela de Chicago, Chile.

Abstract. Chile underwent a dramatic economic reform under the dictatorship of General
Augusto Pinochet. The architects behind the economic policies done in that period were
known as the Chicago Boys, who made graduate studies on economy at Chicago
University after having studied at Universidad Católica de Chile. Those Chilean students
were in contact with economists such as Milton Friedman, from whom they learnt the
basics of monetarism and neoliberal economics. After the military coup of September
1973 the military had to assume different assignments at the government, but they had no
previous experience on that field. The absence of a plan to reform the economy, the
government called Chicago University’s alumni who have previously written the
economic reform plan known as “El Ladrillo”. In a first moment the economic policies
of Pinochet’s regime went toward erasing the trace left by Salvador Allende’s socialist
policies. This paper would first make a review of Chicago School’s history and
fundaments son then we can understand how this principles were transmitted to the
Chicago Boys, who lately applied them in Chile during the dictatorship. It would also be
explored the history of the agreement signed between Universidad Católica de Chile and
Chicago University, which is the foundational act of the Chicago Boys. At last the fiscal,
commercial and financial policies would be examined.
Key words: Economy, Pinochet, Chicago Boys, Chicago School, Chile.

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La Escuela de Chicago en Chile: Una perspectiva histórica.

1. Introducción.

En el marco de los fuertes conflictos ideológicos entre izquierda y derecha a mediados


del siglo XX es donde debemos situar la llegada de la denominada Economía Monetarista
a Chile. Los Estados Unidos estaban preocupados por detener el avance del comunismo
en América Latina debido a que significaría una intromisión del modelo comunista en el
“patio trasero” estadounidense. Una de las mejores y más efectivas vías para prevenir el
despliegue del comunismo en Latinoamérica a juicio de los analistas norteamericanos fue
la educación; los Estados Unidos favorecieron agresivas políticas de colaboración con
universidades de los países que consideraban en peligro para poder tender lazos y poco a
poco implantar ideas que favorecieran la economía de mercado.
En Chile, así como en toda Latinoamérica, se enfrentaron dos visiones opuestas sobre lo
que debería ser el desarrollo económico para la región. Por un lado estaba la visión
amparada por las Naciones Unidas y la Comisión Económica Para América Latina y el
Caribe (CEPAL) la cual defendía la existencia de un centro y una periferia en el panorama
económico, dentro de este planteamiento Latinoamérica quedaba relegada a un plano de
productor de materias primas, mientras que el centro (Estados Unidos) sería industrial; a
partir de lo anterior se explicaría el retraso secular de la región. Por otro lado, estaba el
punto de vista norteamericano proclive a que la economía de mercado desplazara a la
intervención económica del Estado. Esta perspectiva fue encabezada por la Escuela de
Economía de la Universidad de Chicago. Dicha escuela fungió como uno de los
principales facilitadores de educación para economistas latinoamericanos. Hubo también
una importante participación de la iniciativa privada estadounidense dentro del
movimiento para favorecer la llegada de intelectuales latinos a las universidades, así las
fundaciones Ford, Fullbright y Rockefeller ofrecieron becas a aquellas personas que
desearan seguir su preparación en el campo de la economía (Biglaiser, 2002).
La importancia que tuvo y ha tenido en Chile la implantación del modelo de la Escuela
de Chicago viene dada en parte por la agresividad de los proyectos de financiación de los
estudios de los que luego serían los Chicago Boys, pero pese a que el nombre de este
grupo de economistas hace referencia a una escuela y una universidad concreta, hubo
también quienes se prepararon en otras escuelas y universidades.
Otro punto clave que debemos dejar en claro es que a lo que nosotros nos referimos al
hablar de Escuela de Chicago está ligado íntimamente con el neoliberalismo económico
y con la aplicación a ultranza de medidas monetaristas para dar solución a los problemas
económicos de una nación. Por tanto, identificamos Escuela de Chicago con la Economía
Monetarista en su versión más ortodoxa. Pero debemos notar que la Escuela de Chicago
no incluye a todos los economistas de la Escuela de Economía de la Universidad de
Chicago, y es a partir de los presupuestos de Milton Friedman y de Arnold Harberger que
la tendencia más ortodoxa de esta escuela toma forma.

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Es posible que la coyuntura política de aquel país propiciara el ser utilizado como
laboratorio de las políticas monetaristas de la Escuela de Chicago. En el presente ensayo,
se evaluará la posibilidad de que las políticas monetaristas y la forma en que se aplicaron
pudieran ser aceptadas bajo otro tipo de estructura política. Chile no fue el único país en
el que se intentó imponer un esquema de libre mercado, hubo también intentos en
Argentina. No es lo común que un régimen militar de corte autoritario, llegado al poder
por medio de un golpe de Estado, efectúe una liberalización de la economía. Si se evalúan
casos similares como Argentina o Brasil veremos que los sistemas económicos impuestos
fueron nacionalistas y proteccionistas, mientras que Chile bajo Pinochet se situó a la
vanguardia del liberalismo económico.
A través de este trabajo se hará un examen de las circunstancias y hechos que llevaron a
que los alumni de la Universidad de Chicago gozaran de tal poder dentro de la estructura
del gobierno de Pinochet. También se compararan los presupuestos de la Escuela de
Chicago y las políticas presentadas en plan llamado “El Ladrillo”, en el que los Chicago
Boys elaboraron sus propuestas económicas y que fue la base de las políticas adoptadas
por el Gobierno chileno durante los primeros años de la dictadura de Pinochet. El paquete
de reformas aplicado en Chile fue de un gran pragmatismo y se caracterizó por aplicarse
de forma acelerada.
El estudio de la Escuela de Chicago no es algo nuevo (Argandoña, 1990; Rothbard, 2002;
Valdés, 2008), el peso de las ideas de Milton Friedman en la economía contemporánea es
innegable. La cercanía temporal hace que aún sigamos viendo los efectos de sus
propuestas. Ha habido quienes (Friedman, Milton Friedman, the Chilean Junta and the
Matter of Their Association, 1977) han hablado de una relación directa entre Pinochet,
los Chicago Boys y Friedman, siendo esta razón la utilizada para explicar la
implementación de la receta neoliberal en Chile. Sin embargo, a lo largo del trabajo se
comprobará que tal relación no fue tan directa. Más que examinar las bases de las políticas
monetaristas aplicadas en Chile, lo que pasamos a considerar relevante es entender las
condiciones bajo las que se realizó la transferencia de ideas desde un entorno tan diferente
al chileno como lo es el estadounidense.
El presente trabajo dividirá el estudio de la Escuela de Chicago en Chile en cuatro
apartados. El primero tratará los convenios hechos entre la Universidad de Chicago y la
Universidad Católica de Chile, el segundo tratará las bases ideológicas de la Escuela de
Chicago y la llegada del pensamiento de esta escuela a Chile. Un tercer apartado evaluará
las condiciones económicas en las que se encontraba Chile al inicio de la dictadura
pinochetista y un quinto apartado esbozará las líneas de acción de las políticas económicas
en materia fiscal, financiera y comercial.

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2. Creación del convenio entre la Universidad de Chicago y la Universidad
Católica de Chile (1956).

Más allá de lo que un régimen pueda afectar la vida de una nación a través de aspectos
tales como el manejo de la violencia o el control sobre la vida de los ciudadanos, la
ideología es la que articula las acciones formales. Así por ejemplo, la llegada de Salvador
Allende causó una gran preocupación en Estados Unidos, y contra él se unieron actores
con poder que contaron con el apoyo de la Administración de Richard Nixon para hacer
que sus principios ideológicos prevalecieran frente a los de el gobierno de Allende
(Ensalaco, 2002). Desde finales del decenio de 1950 hubo una importante movilización
favorecida por el gobierno de Estados Unidos para poder hacer contrapeso a las ideas del
estructuralismo económico que proponía la CEPAL. En la transmisión de las ideas del
estructuralismo era parte clave del sistema la Universidad de Chile, en la que trabajaban
muchos investigadores de la aquella institución, entonces dirigida por Raúl Prebisch con
el apoyo de Oswaldo Sunkel. La escuela estructuralista ponía el énfasis en la intervención
del Estado, por el contrario los monetaristas consideraban la intervención del Estado en
la economía como una fuente de ineficiencia económica. Esta controversia estaba en el
origen del enfrentamiento académico y, desde que Allende llegara al poder, político
(Silva, 1991).
Debido a la penetración de las ideas económicas propuestas por la CEPAL en
Latinoamérica los gobiernos se vieron de pronto obligados a participar de una forma más
activa dentro de la vida y desarrollo económico de sus naciones. Esto es lo que requería
que el modelo de desarrollo basado en la Industrialización por Sustitución de
Importaciones (ISI), la cual estaba indisolublemente ligada al proteccionismo económico,
para favorecer así a las industrias nacionales (Silva, 1991). Para contrarrestar la fuerza de
la economía estructuralista el gobierno estadounidense favoreció las fundaciones privadas
para que estas colaboraran con la expansión del neoliberalismo en Latinoamérica
(Biglaiser, 2002). La firma del pacto de colaboración entre la Universidad de Chicago y
la Universidad Católica de Chile en 1956 fue el hecho fundacional de los Chicago Boys.
Dos personajes importantes para la firma de aquellos convenios entre la Universidad
Católica de Chile y la Universidad de Chicago fueron T.W. Schultz y Albion Patterson.
La Fundación Ford llevaba dos años patrocinando un proyecto de investigación en
América Latina que desembocó en el documento “Recommendations for the Future” el
cual contenía las proposiciones básicas para el desarrollo de políticas públicas, acciones
gubernamentales y actividades de los grupos privados en Latinoamérica (Valdés, 2008).
Mientras tanto, Patterson había trabajado en diferentes proyectos del gobierno
estadounidense en Paraguay y Chile en el sector agrícola que partían de presupuestos
económicos similares.
La fuerza que tomó el neoliberalismo en Chile vino en parte dado por el trabajo
coordinado entre las facultades de Ciencias Económicas de la Universidad de Chicago, la
Universidad Católica de Chile y el gobierno estadounidense (Biglaiser, 2002) que a través
de Schultz, entonces decano de la Escuela de Economía de Chicago, y Patterson perfilaron
un programa de colaboración para favorecer la especialización de economistas chilenos
en Estados Unidos. Dentro de la universidad hubo personas que no se mostraron del todo

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a favor del convenio debido a que había puntos en los que el neoliberalismo de la
Universidad de Chicago chocaba con la Doctrina Social de la Iglesia, defendida por los
sacerdotes presentes en el consejo de la Universidad Católica (Valdés, 2008).
En un principio, el convenio había sido pensado para la Universidad de Chile, pero el
rector mostró reticencia a la idea, en parte debido a la fama de la Escuela de Chicago de
ser conservadora y defensora de los principios neoliberales y la cercanía entre la CEPAL
y la Universidad de Chile. Finalmente el programa se llevó a cabo con la Universidad
Católica de Chile luego de que su rector, Monseñor Alfredo Silva Santiago, solicitara a
Patterson realizar un convenio con dicha casa de estudios (Valdés, 2008). El pacto fue
ideado en origen para el área de Ciencias Agrícolas, pero por iniciativa de Patterson se
hizo finalmente con la escuela de Economía.
El pacto de colaboración entre ambas universidades se firmó en 1956 y en un principio
tendría una duración de 3 años, pero llegado el año de 1959 se extendió hasta 1961 y
luego hasta 1964 (Valdés, 2008). El programa duró en total ocho años, y al regresar de
Estados Unidos aquellos alumnos formaron un grupo de economistas que sostenían
posiciones enfrentadas a la escuela estructuralista. Hubo algunos de los llamados Chicago
Boys que consiguieron puestos dentro de la Universidad de Chile y desde allí extendieron
las teorías neoliberales (Biglaiser, 2002). La mayoría de los alumni del programa se
integraron en la Universidad Católica donde se encargaron de la organización de la
Facultad de Economía.
En 1969 los Chicago Boys formaron el grupo de investigadores del Centro de Estudios
Socio-Económicos (CESEC) que inició la elaboración de un ensayo económico para que
fuera el programa económico del candidato de la Democracia Cristiana, Jorge Alessandri,
a las elecciones de 1970 en las que saldría electo Salvador Allende. Dentro del grupo de
economistas que elaboró aquel estudio estaban Sergio de Castro, Pablo Baraona y Emilio
Sanfuentes (Castro, 1992) y luego hacia 1972 se reformó el proyecto para presentarlo
como una alternativa a las políticas socialistas del Gobierno. Este programa es el que
daría forma a las políticas económicas de la primera etapa del régimen pinochetista.

3. La consolidación de la escuela de Chicago en Chile.

3.1 Chicago
La Universidad de Chicago tuvo desde sus inicios fama de promover políticas de corte
conservador y una economía de libre mercado, esto en parte era debido al mecenazgo de
la familia Rockefeller (Valdés, 2008). John D. Rockefeller a finales del siglo XIX había
iniciado este apoyo. En absoluto carece de importancia el que el presidente de la mayor
compañía petrolera de la época hiciera donaciones a la Universidad de Chicago, esto hizo
que hubiera un alto nivel de entendimiento entre la élite comercial y los miembros de
aquella academia. Una tradición que se mantuvo a lo largo del siglo XX.
Hacia 1930 la Universidad de Chicago gozaba de prestigio y en sus aulas dictaban
lecciones profesores como Charles Merriam o Leo Strauss. El trabajo de este último
habría influido de manera importante la filosofía económica de la Escuela de Chicago a

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través de su defensa de los principios de la política económica clásica (Valdés, 2008).
Esta edad dorada de la universidad chicaguense no contó con una uniformidad en el
pensamiento de sus miembros, dentro del claustro había tanto socialistas como
institucionalistas. Henry Simons era uno de los hombres fuertes del departamento de
Economía de Chicago y en su documento de 1934 titulado “A Positive Program for
Laissez Faire” venía a defender los puntos de lo que la Escuela de Economía de la
Universidad de Chicago sostendría en adelante.
Simons en aquel documento argumentaba que para poder preservar la libertad personal
es esencial tener un amplio sector de la economía dirigido y organizado de manera privada
para que hubiera competencia (Valdés, 2008). Otro economista de Chicago que marcó el
devenir de la escuela fue Frank Knight, quien defendía la libertad individual como básica
para la existencia humana, a la vez combinaba aquello con una concepción del
comportamiento humano basado en un racionalismo extremo; las dos características
citadas anteriormente sobre el pensamiento de Knight marcaron el pensamiento
monetarista.
La Escuela de Economía de Chicago muy probablemente la asociamos a la imagen de
Milton Friedman y al neoliberalismo o a la desregulación financiera. Pero si bien estas
ideas formaron parte del ideario de Friedman, no podemos limitar al pensamiento de este
último y el de todos los académicos de la Universidad de Chicago a la defensa de la
ortodoxia monetarista. Más bien, el punto en común era la reacción contra el
Keyesianismo, cuya aplicación política desde el decenio de 1940 había fomentado el
crecimiento del Estado (Valdés, 2008). Además, se entendía que era una de las fuentes
académicas de la escuela Estructuralista.
La llegada de T.W. Schultz como decano de la Facultad de Economía de Cicago y la
presencia de Milton Friedman, fueron el punto a partir del cual se empieza a gestionar la
Escuela de Chicago tal como la conocemos hoy. Friedman dijo que frente a la mayoría
que tras la II Guerra Mundial defendía el keynesianismo, había una minoría defensora del
liberalismo ortodoxo que era vista como un grupo de excéntricos (Valdés, 2008). La teoría
de Keynes, lejos de ser perfecta, mostró fisuras hacia el final del decenio de 1940 y es a
partir de entonces cuando la economía neoclásica retomó terreno.
3.2. Santiago de Chile
Al hablar de los Chicago Boys es muy común enfocarlos como un grupo alejado de la
política nacional y que con su actuación solo buscó la implementación de una economía
de mercado amparada en la teoría neoliberal. Es habitual pensar en ellos como un grupo
de tecnócratas que habrían aplicado las medidas de acuerdo a consideraciones puramente
científicas, pero la verdad es que eran personas de ideología de derechas que tenían sus
objetivos políticos en la oposición al gobierno de Allende (Huneeus, El régimen de
Pinochet, 2000). Así, además de la unidad proporcionada por la estancia en Chicago de
aquellas personas, también estaban cohesionados por una idea política que les llevó a
trabajar juntos en un proyecto de reforma, el cual sería posteriormente conocido como
“El Ladrillo”
Los Chicago Boys eran en cierta forma outsiders dentro de la política chilena, aunque si
tenían vinculación con ciertos movimientos, principalmente estudiantiles, tales como los

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“gremialistas”, quienes formaban una agrupación dentro de la Universidad Católica de
Chile y que hicieron una importante labor de oposición en las elecciones para la
formación de los órganos de la universidad (Huneeus, El régimen de Pinochet, 2000). La
presencia de los Chicago Boys dentro del gobierno golpista estuvo favorecida por la
Oficina Nacional de Planificación (ODEPLAN), que tras el golpe pasó a estar dirigida
por Roberto Kelly (General retirado de la Marina), quien en 1972 había contactado ya
con los redactores de “El Ladrillo”. Tras el golpe toda el área económica quedó en manos
de la Marina, pero los militares no estaban capacitados para llevar a cabo una política
económica de corte liberal. En 1974 fue nombrado como Ministro de Hacienda Jorge
Cauas quien comulgaba con los Chicago Boys, pero la consolidación de este grupo llegó
en 1975 con la designación de Sergio de Castro al frente del Ministerio de Hacienda
(Boeninger, 1998).
Durante su estancia en Chicago los economistas chilenos estuvieron en contacto con
Milton Friedman, quien era el máximo exponente de la Escuela de Chicago (Silva, 1991),
amparándose así a la ortodoxia neoliberal y pasando a defender el libre mercado como
solución para los problemas de desarrollo existentes en el Chile de entonces. La
historiografía fácilmente liga indisolublemente a Milton Friedman y a los Chicago Boys,
pero tal cosa no fue así. La relación entre Friedman y los alumnos chilenos fue puramente
académica y se limitó a lo que Friedman dictaba en clase. Sí hay que tener en cuenta, que
en 1975 Friedman fue invitado junto con Harberger y otros miembros de la Facultad de
Economía de Chicago a dictar un ciclo de conferencias titulado “II Ciclo de Conferencias
sobre Economía Social de Mercado” (Soto, y otros, 2012). Dentro de aquel ciclo de
conferencias destacó la impartida por Milton Friedman titulada “Bases para un desarrollo
económico”, donde enunciaba sus recomendaciones para la solución de los problemas
económicos chilenos.
Ante el proteccionismo estatal el monetarismo de la Escuela de Chicago se caracteriza
por una búsqueda de la apertura del mercado, es un modelo que solo se entiende si las
economías de los países están abiertas a la competencia. Este sistema económico ha sido
criticado por querer imponer una política económica sólo basada en el juego de las
grandes variables macroeconómicas (tipo de interés, tipo de cambio, tasa de inflación y
tasa de desempleo) y por tanto no dar importancia a la política agraria o a la industrial.
Asimismo, el monetarismo subestima las consecuencias sociales de los procesos de
ajuste, que siempre son inicialmente desestabilizadores (Ffrench-Davis, 1983). La falta
de comprensión de los problemas sociales iniciales lleva al modelo a fallar tanto en el
diagnóstico como en la dificultad para aplicar las “recetas” propuestas.

3.3. Milton Friedman.


Las denominadas “recetas” estaban asociadas a los estudios de Friedman. Él había
publicado en el decenio de 1950 dos trabajos en los que expuso las bases de esta nueva
economía no keynesiana. El primero fue The Quantity Theory of Money: A Restatement
(1956) y el segundo Program for Monetary Stability (1959). El propio Friedman
condensó el significado de la Escuela de Chicago en la obra Schools at Chicago, en la
que estableció que Chicago creía en la eficacia del mercado para organizar los recursos,
así como en el escepticismo en cuanto al bien que la intervención del gobierno en los

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asuntos económicos pudiera traer (Valdés, 2008). Asimismo la Escuela de Chicago
defendía y defiende la capacidad de la teoría económica como herramienta para analizar
los problemas del mercado e insiste en la aplicación empírica de las generalizaciones
teóricas.
Pese a que en el pensamiento de Friedman el libre mercado constituye la base de todo,
sigue habiendo un lugar para el Estado como agente regulador de la macroeconomía. La
división de la economía en dos esferas, la microeconomía y la macroeconomía, viene de
la tradición económica anglo-americana (Rothbard, 2002). Mientras que en la
microeconomía se defiende al libre mercado como la mejor opción, la macroeconomía
queda controlada por el Estado. La política económica es para los libertarios un estorbo
para la libertad, pero Friedman ve en la acción del Estado un estabilizador del mercado
(Rothbard, 2002). En cualquier caso, el papel concedido por Friedman al Estado es
mínimo, ya que de ser mayor favorecería la creación de monopolios económicos desde
dentro del Estado o al ser capturado por los grandes empresarios (Argandoña, 1990),
siendo esto la causa de un aumento imparable de sus gastos, con la consiguiente
ampliación de la presión fiscal y la merma de libertad de decisión económica de los
individuos.
Para aquellos que se adhieren a la visión económica de la Escuela de Chicago el mercado
es el marco ideal para cualquier intercambio, esto es debido a que está libre de coerciones
según su visión. En este sistema se descentraliza la toma de decisiones y los entes
interactúan para conseguir lo que buscan (Mankiew, 2009). En la teoría económica clásica
el individuo es el centro del mercado y a través del ejercicio de su libertad para escoger
se logra el beneficio mutuo. Se trata de la búsqueda de lo que mueve el sistema. El papel
del Estado queda relegado al establecimiento de las reglas para que funcione el mercado.
El juego económico, en la concepción de la Escuela de Chicago, da lugar a una serie de
variaciones completamente aleatorias que en cierta forma van desestabilizando el sistema.
Esto causa alteraciones en el nivel de los precios, hasta este punto todo se deja en manos
del libre mercado y su autorregulación. La concepción monetarista se centra en la
solución de los problemas económicos mediante sólo la manipulación por parte del
Estado de las variables monetarias. Esta concepción de la regulación estatal la adopta la
Escuela de Chicago del economista Irving Fisher, para quien la moneda era un estándar
de medición del valor de las cosas, por lo que habría que mantenerlo estable. El nivel
general de precios variaría en función de la cantidad de dinero, esto en un marco en el
que el volumen de las transacciones y la velocidad de la circulación sean constantes
(Argandoña, 1990). Detrás de la teoría monetarista se encuentra la idea de equilibrio
general dentro de la economía como medio para conseguir el mayor bienestar de los
productores y consumidores, y por ende de la sociedad.
A continuación pasamos a exponer cómo llegaron todas estas ideas a formar parte del
programa económico de Pinochet.

4. La llegada de Pinochet (11/9/1973)


Chile era hasta la llegada de Pinochet una de las democracias más estables de América
Latina, contaba con una larga historia de presidentes elegidos democráticamente. Desde

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el decenio de 1960, primero con el gobierno de Jorge Alessandri y posteriormente con el
periodo democristiano de Eduardo Frei, se iniciaron reformas económicas y sociales de
corte moderado. Con la llegada de Allende en 1970 a la Casa de la Moneda se
radicalizaron y aceleraron aquellas reformas.
El gobierno de Salvador Allende proponía una vía alternativa para la formación del estado
socialista. Quería llegar al socialismo realizando reformas pacíficas y no desde la
revolución. Las reformas planteadas por Allende no gozaron de consenso dentro de la
sociedad chilena, ya que alcanzó al poder con apenas un 36% de los votos, pero el
Congreso lo controlaba el partido democristiano, generando así un clima de confrontación
entre el ejecutivo y el legislativo (Huneeus, El régimen de Pinochet, 2000).
Chile contaba en el momento de la llegada de Allende al poder con una economía basada
en el modelo ISI, el cual se mantendría durante el periodo 1970-1973. El programa básico
de Unidad Popular contenía una fuerte crítica al modelo capitalista, así como a las
políticas adoptadas durante el gobierno de Frei (Huneeus, El régimen de Pinochet, 2000).
Los gobiernos democristianos del anterior decenio habían montado un sistema en el que
la inversión exterior y la relación comercial con otras naciones eran básicas. Aquel
modelo estaba confrontado con la visión socialista y nacionalista del gobierno de Allende,
que buscaba la independencia económica de la nación.
La tan estrecha victoria de Unidad Popular en las elecciones de 1970 produjo una fractura
en la sociedad y allanó el camino para que se diera el golpe militar. La llegada al poder
de los militares en 1973 acabó con 150 años de gobiernos constitucionales (Constable &
Valenzuela, 1991). Chile se había mantenido al margen del ambiente latinoamericano
plagado de inestabilidades gubernamentales y golpes de estado. El hecho de que la
sociedad chilena tuviera una tradición democrática más plena que sus vecinas propició el
surgimiento de partidos de izquierda defensores de los derechos de los trabajadores, pero
en el plano social seguía habiendo una clase acomodada que controlaba tierras y las
fábricas de Santiago. Actualmente hay teorías que definen a los militares como el brazo
armado de la burguesía terrateniente (Boeninger, 1998). El golpe de estado viene a ser el
corolario de la división social y política chilena.
El sistema político chileno era en cierta forma muy avanzado y gozaba de estabilidad,
pero a la vez existían grandes brechas socioeconómicas, creándose así una situación de
desequilibrio. El deficiente crecimiento económico chileno mermó en cierta manera la
capacidad del Estado para responder a las demandas materiales de las clases más
desfavorecidas, acelerándose así los procesos de movilización social (Boeninger, 1998).
Las desigualdades sociales chilenas unidas a la victoria de Allende provocaron que el
gobierno golpista contara con el apoyo de un gran número de organizaciones políticas y
comerciales que representaban muy diferentes intereses (Valdés, 2008).
Las políticas del gobierno de Frei basadas en el sistema ISI fueron duramente criticadas
desde Unidad Popular la cual en su programa decía:
Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la
burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los
problemas fundamentales del país, los que derivan precisamente de sus privilegios de
clase, a los que jamás renunciarán voluntariamente (Boeninger, 1998, p. 164).

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De aquella manera el partido oficialista identificaba a como pilares del subdesarrollo
económico chileno a los burgueses y a la presencia de capital extranjero. Las políticas de
Frei eran vistas desde el partido de Allende como soluciones a corto plazo que estaban al
servicio de las élites y por ende incapaces de solucionar los problemas.
La fundamentación ideológica del programa económico de Allende respondía en parte a
al planteamiento de la CEPAL que hablaba de Latinoamérica como una periferia sometida
a las decisiones de un centro industrial. El gobierno de Unidad Popular hizo un cambio
radical de sistema basado en la redistribución masiva del ingreso y la revisión de la
estructura productiva (Boeninger, 1998), con el fin de acabar con el control de las élites
y el capital extranjero sobre la economía chilena. Las políticas adoptadas llevaron a la
nacionalización de empresas de diversos sectores, como el minero, financiero, comercial,
energético, ferroviario, aéreo, marítimo, comunicaciones, cementero y siderúrgico
(Boeninger, 1998).
Además del agresivo plan de nacionalizaciones también se hizo un reajuste de los precios
y de los salarios nominales, un aumento del gasto público y las ya mencionadas
nacionalizaciones. Las políticas socialistas tuvieron resultados buenos en ciertas áreas
entre 1970 y 1971 logrando llevar la tasa de crecimiento del PIB de un 3,6% a 8%
(Boeninger, 1998). Sin embargo, la relajada política monetaria abocó a la economía
chilena a un proceso inflacionario que a la altura de 1972 llegó a un 260% anual. La
inflación fue causada por la acelerada impresión de moneda. El volumen de circulante
entre diciembre de 1971 y diciembre de 1972 aumentó un 164,9% (Boeninger, 1998).
Con la impresión de moneda se redujo la base de efectivo, esto hizo que la gente tuviera
que mover rápido el dinero para poder cubrir sus necesidades (Soto, y otros, 2012). Por
tanto, parte del crecimiento económico era ficticio.
El aumento de presencia del sector público trajo consigo una subida en los gastos del
Estado, así el déficit fiscal aumentó entre 1970 y 1971 de 3,5% del PIB a un 9,8% y el
déficit del sector público pasó de 6,7% a 15,3% en el mismo periodo. Como consecuencia
las reservas internacionales chilenas cayeron de USD 394 millones a USD 163 millones.
La elevada inflación a la que se llegó en 1972 trajo consigo una caída de 11,3% de los
salarios reales y una reducción de 0,9% del PIB per cápita (Boeninger, 1998). Se había
pasado de crecer rápidamente a un estancamiento. Allende empezó a perder su crédito,
en parte por estos problemas y porque los bancos privados se negaron a otorgar préstamos
al Estado debido a su la oposición a las políticas socialistas del Gobierno (Marichal,
2010).
Sería muy simplista decir que el golpe militar de septiembre de 1973 vino por la situación
económica, estaríamos pasando por encima de factores sociales y políticos que se escapan
del alcance de este trabajo, pero que de igual manera son importantes para entender a
fondo el golpe militar.
Además de los crímenes cometidos durante el gobierno del general Augusto Pinochet otro
aspecto de la dictadura que tiene gran importancia es la implementación la reforma
económica y financiera que contó con la coordinación técnica de los economistas
llamados posteriormente los Chicago Boys.

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Tal como se ha mencionado antes el golpe militar chileno está encuadrado en un contexto
de alta tensión política en América Latina, donde Estados Unidos luchaba por mantener
su influencia en el sur del continente americano ante los diversos gobiernos de corte
socialista y comunista que surgían en la región. La junta militar llegó al poder sin ningún
plan y los cargos militares que se situaron en el poder no tenían ninguna experiencia en
el gobierno. Todo lo referente a la economía fue puesto en manos de altos cargos de la
Marina, pero estas personas carecían de un entrenamiento en la gestión pública y a
economía. Para 1973 la inflación había llegado ya a una tasa de 600% anual y había una
situación de escasez de bienes básicos de consumo. Es importante señalar que debido a
la conflictividad social tras el golpe de estado la industria estaba paralizada (Valdés,
2008). Por tanto, la llegada de unas ideas cuyas “recetas” estaban avaladas por
economistas de primer orden mundial fueron vistas como salvadoras.

5. La reforma económica
Las reformas planteadas por los Chicago Boys pudieron ser implementadas gracias a la
cercanía de aquellos profesionales con Roberto Kelly, quien en tras el golpe militar pasó
a dirigir la ODEPLAN. Bajo el régimen militar los economistas gozaron de amplias
libertades para aplicar un programa que vino a modernizar una economía que tras la
reforma socialista estaba en una grave crisis. Chile es un caso de estudio excepcional para
evaluar la validez de las políticas monetaristas debido a que fueron adaptadas sin ningún
tipo de oposición y por un prolongado periodo de tiempo, por lo que es posible observar
su evolución y resultados.
El plan económico elaborado por los Chicago Boys contemplaba reformas a todos los
niveles, desde el control de la tasa de cambio, como forma de fiscalizar la tasa de inflación
que se encontraba en una descontrolada escalada, pasando por una reforma de todo el
sistema financiero y privatización de la mayoría de las empresas estatales que en los
últimos 20 años habían sido puestas bajo el mando del Estado, hasta la apertura comercial.
La celeridad con la que se aplicaron las reformas económicas buscaba llevar a cabo un
schock en positivo en la economía chilena. Tras la conferencia impartida en Santiago de
Chile en 1975 Friedman envió una carta a Augusto Pinochet en la que recomendaba
adoptar medidas lo antes posible (Anexo 1). Friedman reconocía en aquella carta que
aquel tratamiento traería unos meses de transición con aumento del desempleo (Soto, y
otros, 2012). El desempleo aumentaría debido a la relación inversa que tiene con la
inflación, por lo que para disminuir la última la primera debería aumentar. Como una
forma disminuir los efectos de estas medidas se deberían quitar las trabas a la empresa
privada (Soto, y otros, 2012). La aplicación de las medidas liberalizadoras del mercado
en un plazo tan corto de tiempo fue posible gracias a la falta de oposición del régimen.
Tanto en la conferencia dictada por Milton Friedman en Santiago de Chile en 1975 como
en la carta enviada a Pinochet, el economista americano expuso sus ideas monetaristas
como solución para los problemas de Chile. Friedman admitió su escaso conocimiento
del caso Chileno, pero presentó al liberalismo como la mejor opción para la economía
chilena. Es importante recordar que Friedman era un libertario convencido, por lo que su
llegada a Chile no significó que apoyara al régimen, además afirmó que con la apertura

12
del mercado chileno el país tarde o temprano volvería a ser una democracia (Soto, y otros,
2012). Todo dependía de hacer unas concretas políticas fiscales y monetarias.

5.1. El problema de la inflación


Ante el cuadro presentado por la economía chilena, el cual incluía una tasa de inflación
del 600% hacia 1973 (Bravo Vargas, 2012), las primeras medidas adoptadas por el
gobierno fueron encaminadas a acabar con las políticas socialistas del periodo de Unidad
Popular. Friedman dijo en la conferencia impartida en Chile en marzo de 1975 que la
inflación era un problema de “prensa de impresión”, así produciéndose un rápido aumento
de la cantidad de dinero en comparación con la producción (Soto, y otros, 2012). El
crecimiento del sector público sin duda fue la causa principal de la inflación, así Friedman
en sus recomendaciones a Pinochet propuso una reducción del gasto del Estado en un
25% en un periodo de seis meses (Soto, y otros, 2012).
Las políticas tanto monetaria como fiscal fueron a partir de 1973 encaminadas a proveer
estabilidad en el nivel de los precios. La inflación era ocasionada por la impresión de
dinero por parte del gobierno, lo cual era una necesidad ya que los gastos del gobierno
representaban un 40% del ingreso nacional(Soto, y otros, 2012). Las políticas de control
monetario fueron el eje en el que se centró hasta 1976 la política antiinflacionaria
(Ffrench-Davis, 1983). Las medidas adoptadas desde 1973 hasta 1975 se caracterizaron
por ser gradualistas, pero la recesión que llegó en 1975 obligó a dar un giro hacia una
política de shock (Huneeus, El régimen de Pinochet, 2000).
En “El Ladrillo”, siguiendo la idea de la reducción de gastos del Estado, se proponía la
sobriedad en las remuneraciones (Castro, 1992). La falta de liquidez obligaba al Gobierno
a aumentar la inflación para mantener sus obligaciones. El problema de la inflación era
un problema con larga historia en Chile, los gobiernos hasta ahora habían priorizado la
realización de proyectos antes que adoptar medidas que frenaran el problema (Castro,
1992). El déficit fiscal aumentó ya que el crecimiento de la recaudación era más lento que
el del gasto. Para eliminar la inflación, como consecuencia de la financiación del déficit,
se propuso recurrir a la deuda externa para incrementar la masa monetaria real.
En 1973 se liberaron los precios, apelando a que los productores restringirían los precios
para mantener su posición en el mercado (Ffrench-Davis, 1983). El equipo económico
del régimen esperaba que ante la política monetaria restrictiva los empresarios actuaran
consecuentemente. En un primer momento el efecto de la liberalización de los precios fue
el aumento de la inflación hasta 88% al mes (Ffrench-Davis, 1983). Para Friedman no
había mejor manera de controlar los precios que de forma privada, ya que, según su
pensamiento libertario, el mercado es imperfecto pero no más que el gobierno (Soto, y
otros, 2012). Se esperaba que ya sin topes impuestos por el Estado los precios se ajustaran
poco a poco a las necesidades del mercado.
La receta propuesta por Friedman para la solución chilena se limitaba en realidad a la
reducción de los gastos del Estado (Soto, y otros, 2012). Es importante recordar que él
durante la conferencia aclaró varias veces que conocía poco el caso chileno. Mientras
tanto en “El Ladrillo” se consideran también otro tipo de medidas, como la bajada de las
tarifas aduaneras (Castro, 1992) facilitando así la entrada de bienes extranjeros y esta

13
competencia garantizaría la estabilidad de los precios. En 1976, quedó en evidencia que
las medidas adoptadas hasta entonces no habían surtido efecto, la producción industrial
había caído un 28%, el PIB un 13% y el desempleo estaba en 20% , sin embargo, la tasa
inflación se había reducido hasta un 300% anual, pero seguía sin haber un cambio
significativo en el crecimiento (Ffrench-Davis, 1983). Hasta entonces solo se había
utilizado el control monetario como forma de controlar la inflación, pero a partir de
entonces se inició el control de la tasa de cambio, así en 1977 se produjo una revaluación
de la tasa de cambio buscando influir en las expectativas de inflación (Ffrench-Davis,
Economic Reforms in Chile: From Dictatorship to Democracy, 2002).
En junio de 1979 se fijó la tasa de cambio en 39 pesos chilenos por cada Dólar
estadunidense (Ffrench-Davis, Economic Reforms in Chile: From Dictatorship to
Democracy, 2002), de esta manera se esperaba que siendo las variaciones de los precios
internacionales y de la tasa de cambio los factores que afectan la inflación, fijado el tipo
cambiario, la inflación interna se igualaría a la internacional. Con el tipo de cambio fijo
el Gobierno se vería en cierta forma obligado a controlar la impresión de dinero y así
frenar la inflación. En un primer momento la fijación de la tasa de cambio trajo efectos
positivos, así en 1980 la inflación se redujo al 29% y un año más tarde al 12% anual
(Friedman, 1992), pero estos efectos no tardarían en revertirse.
La fijación de la tasa de cambio tuvo la desdicha de encontrarse a la altura de 1981 con
la adopción de una política monetaria restrictiva por parte de Estados Unidos (Friedman,
1992). Chile se vio de pronto obligado a mantener el tipo cambiario frente al dólar lo que
significó que mientras todas las monedas se depreciaban frente al dólar el peso chileno se
mantenía estable. Para el comercio chileno el efecto fue negativo porque los productos
internacionales resultaban más baratos en Chile y los productos chilenos resultaban más
caros en el mercado internacional, que unido a la apertura indiscriminada del mercado,
trajo un desajuste en la balanza de pagos y la entrada masiva de productos extranjeros
(Ffrench-Davis, El experimento Monetarista en Chile: Una síntesis crítica., 1983).
Aquellos efectos lastraron el desarrollo de la industria chilena. Cabe recalcar que la
fijación de la tasa de cambio fue criticada por Friedman, para quien el haber dejado flotar
la moneda hubiera dado al gobierno un margen más amplio de maniobra ante la crisis
(Friedman, Paradojas del dinero, 1992).

5.2. La reforma del sistema financiero


Con la apertura del mercado financiero vino también el reingreso de instituciones
financieras foráneas a Chile, de aquella manera se quería dar confianza a los inversores
extranjeros, quienes durante el periodo de Allende restringieron los préstamos. Se
pretendió con la reforma financiera recuperar el flujo de capital, así como una mejora en
el volumen y la eficiencia de la inversión (Ffrench-Davis, Economic Reforms in Chile:
From Dictatorship to Democracy, 2002). Para Friedman los efectos de las reformas
llegarían cuando se hubiese pasado el periodo de transición y la inflación fuera superada
(Soto, y otros, 2012), aquel momento habría de esperar.
Es de especial importancia la liberalización de las tasas de interés, así a la altura de 1975
se eliminaron las normas sobre el control del crédito y sobre la tasa de encaje de los

14
bancos (Ffrench-Davis, El experimento Monetarista en Chile: Una síntesis crítica., 1983),
esto se tradujo en la liberalización de la tasa de interés nominal (Castro, 1992). Con la
apertura de la economía chilena y el tipo de cambio fijo las tasas de interés internas
deberían ajustarse poco a poco a las externas (Gonzalez, Jadresic, & Jaque, 2005). Pero,
pese a la liberalización de las tasas de interés estas se mantuvieron altas, cerca de un 40%
entre 1976 y 1978 (Ffrench-Davis, El experimento Monetarista en Chile: Una síntesis
crítica., 1983), con lo cual la inversión no creció como se esperaba. Desde el equipo
económico se había estimado que las reformas realizadas trajeran un clima favorable para
la inversión extranjera, pero los contratos no se concretaron inmediatamente. Otro punto
que hay que tener en cuenta es que, contrario a lo esperado, los créditos extranjeros fueron
destinados, en una importante parte, al consumo y no a la inversión (Ffrench-Davis,
Economic Reforms in Chile: From Dictatorship to Democracy, 2002).
5.3. Las políticas comercial y de privatizaciones.
El modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones trajo consigo un
endurecimiento de las políticas comerciales chilenas por medio de la imposición de altas
tasas a las importaciones, estas medidas fueron adoptadas debido a que existía un tipo de
cambio muy bajo que favorecía la importación (Castro, 1992), quedando así afectada la
producción nacional. Con las políticas neoliberales se creó una tasa uniforme del 10%
para casi la totalidad de las importaciones (Castro, 1992). Las políticas en el ámbito
comercial estaban muy en línea con las ideas promulgadas por Friedman, para quien la
eliminación de barreras y controles daría libertad al ciudadano, de tal manera que éste
podría tomar su decisión de consumir en función de lo que a él mejor le pareciese (Soto,
y otros, 2012), creándose así una competencia real en el mercado.
Junto con la reducción arancelaria se llevó a cabo un cambio en la política cambiaria, la
cual se llevó a cabo mediante la aplicación de una Crawling Peg, que es un sistema de
cambio que se caracteriza por mantener una tasa fija que es revisada cada cierto tiempo,
llegando así a la fijación de la tasa de cambio a la cual nos hemos referido. La rebaja de
los aranceles debería haber ido asociada a una subida sostenida del tipo cambiario junto
con el establecimiento de una política de cupos para evitar el una inmediata entrada
masiva de importaciones (Castro, 1992). La necesidad de usar el tipo de cambio como
medida para atajar los efectos de la inflación hizo que hubiera un déficit en la balanza
comercial, yendo esto en contra de las previsiones hechas en “El Ladrillo”.
La implantación de las reformas no fue sencilla y los frutos esperados no se hicieron
realidad hasta finales del decenio de los setenta. La sociedad chilena soportó los cambios
debido a la presión política y está causo a su vez la emigración de intelectuales y parte
los ciudadanos mejor formados.

15
6. Conclusión

Con el paso de los años el proyecto neoliberal de la Junta Militar chilena se consolidó.
Tal como predijo Milton Friedman, la liberalización de la economía chilena desembocó
en el resurgimiento de la democracia en Chile (Soto, y otros, 2012). Pero la libertad a la
que Friedman siempre apelaba como valor más importante, se encontró comprometida
durante todo el periodo de Pinochet, la libertad económica no se correspondió con la
realidad social y política de la nación.
Chile era una prueba de fuego para la aplicación de la receta neoliberal en Latinoamérica.
La fuerte división existente a nivel mundial entre el bloque oriental y occidental creó una
competencia por América Latina. Si bien los Estados Unidos intentaron hacer notar su
influencia en la región, Chile fue el único país en el que se logró aplicar un modelo puro
de libre mercado. En América Latina contaba con mucho peso el estructuralismo que era
defendido por personas cercanas a la izquierda. Con la firma del pacto de colaboración
entre la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chicago se favoreció la llegada
de académicos chilenos a la institución chicaguense, de aquella manera se creó una élite
intelectual capaz de contrarrestar la fuerza de los principios estructuralistas.
El plan económico redactado por los Chicago Boys no fue fruto de un momento, la
gestación del mismo se inició en el decenio de 1960 y para las elecciones de 1970 fue
reformulado para el candidato presidencial Jorge Alessandri. En 1972 la división política
crecía en Chile y personas cercanas al ejército se interesaron por el plan formulado por
los Chicago Boys. Tras el golpe de Estado, Roberto Kelly presentó a los oficiales de la
Marina que habían sido encargados de la economía un resumen del plan económico
redactado por los alumni de Chicago.
En la adopción del plan económico liberal de los Chicago Boys por parte del Gobierno
hubo muchos factores que influyeron. Tras situarse en el poder la Junta Militar ésta no
tenía un plan de acción establecido, es allí cuando se decide apostar por el proyecto
neoliberal, pese a la reticencia de algunos miembros del Gobierno. El plan estaba listo
desde tiempo atrás, y no se había pensado en su implantación en un régimen militar de
corte autoritario. La designación de Roberto Kelly como Ministro Director de la
ODEPLAN constituyó la puerta de acceso de los Chicago Boys al poder.
Es irreal pensar en los Chicago Boys como si fueran agentes apolíticos. La oposición al
socialismo de Allende fue básico para unir al grupo. Es cierto que las medidas económicas
aplicadas por los Chicago Boys fueron de corte tecnocrático, pero no habría sido posible
la entrada de estos académicos en el Gobierno si su ideología hubiera sido contraria al
régimen. La celeridad y el pragmatismo con el que se aplicó el plan económico fue posible
gracias a la imposibilidad de que existiese oposición al régimen, bajo otras circunstancias
se hubiera tenido que negociar.

16
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Valdés, J. G. (2008). Pinochet's Economists: The Chicago School in Chile. Cambridge:
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18
8. Anexos.

8.1. Anexo 1.
21 de Abril, 1975.

Personal Excmo. Sr. Augusto Pinochet Ugarte


Presidente
Edificio Diego Portales Santiago, Chile
Estimado señor Presidente:

Durante la visita que le hiciéramos el viernes 21 de Marzo, realizada con el objeto de


discutir la situación económica de Chile, Usted me pidió que le transmitiera mi opinión
acerca de la situación y políticas económicas chilenas luego de completar mi estancia en
su país. Esta carta responde a tal requerimiento.
Permítame primero decirle cuán agradecidos estamos mi esposa y yo de la cálida
hospitalidad que nos brindaran tantos chilenos durante nuestra breve visita; nos hicieron
sentir como si realmente estuviéramos en casa. Todos los chilenos que conocimos estaban
muy conscientes de la seriedad de los problemas que su país enfrenta, dándose cuenta de
que el futuro inmediato iba a ser muy difícil. Sin embargo, todos mostraban una firme
determinación en aras de superar dichas dificultades y una especial dedicación en el
trabajo por un futuro más próspero.
El problema económico fundamental de Chile tiene claramente dos aristas: la inflación y
la promoción de una saludable economía social de mercado. Ambos problemas están
relacionados: cuánto más efectivamente se fortalezca el sistema de libre mercado,
menores serán los costos transicionales de terminar con la inflación. Sin embargo, y pese
a estar relacionados, se trata de dos problemas diferentes: el fortalecimiento del libre
mercado no culminará con la inflación per se, como tampoco terminar con la inflación
derivará automáticamente en un vigoroso e innovador sistema de libre mercado.
La causa de la inflación en Chile es muy clara: el gasto público corresponde,
aproximadamente, a un 40% del ingreso nacional. Cerca de un cuarto de este gasto no
deriva de impuestos explícitos y, por lo tanto, debe ser financiado emitiendo una mayor
cantidad de dinero; en otras palabras, a través del impuesto oculto de la inflación. El
impuesto inflación, utilizado para levantar una cantidad de dinero equivalente al 10% del
ingreso nacional es, por ende, extremadamente gravoso –una tasa impositiva de 300% a
400% (es decir, la tasa de inflación) – impuesta sobre una estrecha base de cálculo– 3%

19
a 4% del ingreso nacional (es decir, el valor de la cantidad de dinero que circula en Chile
como efectivo y depósitos en cuentas corrientes).
Este impuesto inflación genera un enorme daño al inducir a las personas a dedicar un gran
esfuerzo por limitar su posesión de dinero en efectivo. Esa es la razón por la cual la base
es tan estrecha. En la mayoría de los países, desarrollados y subdesarrollados, la cantidad
de dinero es más cercana al 30% del ingreso nacional que al 3% o 4% de éste. Desde la
perspectiva del gasto total, que es un múltiplo del ingreso, el dinero en Chile alcanza sólo
a algo así como 3 días de gasto, lo que fuerza a realizar nada más que operaciones de
subsistencia en el rubro comercio, además de estrangular al mercado de capitales.
Existe solo una manera de terminar con la inflación: reducir drásticamente la tasa de
incremento en la cantidad de dinero. En la situación de Chile, el único modo para lograr
la disminución de la tasa de incremento en la cantidad de dinero es reducir el déficit fiscal.
Por principio, el déficit fiscal puede ser reducido disminuyendo el gasto público,
aumentando los impuestos o endeudándose dentro o fuera del país. Exceptuando el
endeudamiento externo, los otros tres métodos tendrían los mismos efectos transitorios
en el empleo, aunque afectando a diferentes personas -disminuir el gasto público afectaría
inicialmente a los empleados públicos, aumentar los impuestos afectaría inicialmente a
las personas empleadas por quienes pagan impuestos, y endeudarse afectaría inicialmente
a las personas empleadas por los titulares de los créditos o por la las personas que, de otro
modo, hubieran conseguido esos fondos prestados.
En la práctica, disminuir el gasto público es, por lejos, la manera más conveniente para
reducir el déficit fiscal ya que, simultáneamente, contribuye al fortalecimiento del sector
privado y, por ende, a sentar las bases de un saludable crecimiento económico.
La disminución del déficit fiscal es requisito indispensable para terminar con la inflación.
Un problema menos claro es cuán rápidamente debe terminarse con ella. Para un país
como Estados Unidos, en el cual la inflación es de alrededor del 10%, yo aconsejo una
política gradual de eliminación en dos o tres años. Pero para Chile, en que la inflación se
mueve entre el 10% y 20% mensual, creo que graduar su eliminación no es viable;
conllevaría una tan gravosa operación por un periodo de tiempo tan largo, que temo la
paciencia no acompañaría el esfuerzo.
No existe ninguna manera de eliminar la inflación que no involucre un periodo temporal
de transición de severa dificultad, incluyendo desempleo. Sin embargo, y
desafortunadamente, Chile enfrenta una elección entre dos males, un breve periodo de
alto desempleo o un largo periodo de alto desempleo, aunque sutilmente inferior al
primero. En mi opinión, las experiencias de Alemania y Japón luego de la II Guerra
Mundial, de Brasil más recientemente, del reajuste de postguerra en Estados Unidos,
cuando el gasto público fue reducido drástica y rápidamente, argumentan en pro de un
tratamiento de shock. Todas estas experiencias sugieren que este periodo de severas
dificultades transicionales sea breve (medible en meses) para que así la subsecuente
recuperación sea rápida.
Para mitigar los costos de la transición y facilitar la recuperación, creo que las medidas
fiscales y monetarias debieran ser parte de un paquete que incluya medidas que eliminen
los obstáculos a la empresa privada y que alivien la aguda angustia.

20
Para acotar, haré un bosquejo de los contenidos de un paquete de propuestas específicas.
Mi conocimiento de Chile es muy limitado como para permitirme ser tanto preciso como
exhaustivo, de modo que estas medidas deben ser consideradas más bien como
ilustrativas.
Si este enfoque de shock fuera adoptado, creo que debiera ser anunciado pública, muy
detalladamente y, además, entrar en vigor en una fecha muy cercana a dicho anuncio.
Cuánto mejor informado se encuentre el público, más contribuirán sus reacciones al
ajuste. A continuación propongo una muestra de las medidas que debieran ser tomadas:
1.- Una reforma monetaria que reemplace el escudo por el peso, con 1 peso = 10.000
escudos (o quizás 1.000 escudos). Por sí misma, esta medida no produciría ningún efecto
sustancial, pero cumpliría una valiosa función sicológica.
2.- Un compromiso del gobierno de reducir su gasto en 25% dentro de seis meses;
reducción que debiera tomar la forma de una disminución transversal del presupuesto de
cada repartición en 25%, con los relativos a personal a tomarse cuán pronto como sea
posible. Sin embargo, las reducciones de gasto debieran ser escalonadas en base a un
periodo de seis meses para permitir el pago de generosas indemnizaciones. (Cualquier
intento de ser selectivo o parcial tiene la probabilidad de fracasar debido a las posibles
manipulaciones de cada repartición por lograr que la reducción presupuestaria afecte a
otra de ellas. Es preferible hacer primero una reducción transversal, para luego reasignar
el total ya reducido).
3.- Un crédito nacional de estabilización otorgado por el público para complementar la
reducción del gasto durante los seis primeros meses para permitir así una más rápida
reducción en la emisión de dinero que en el gasto. Las condiciones debieran incluir un
reajuste por inflación para lograr la confianza del público en la determinación del
gobierno de terminar con la inflación.
4.- Si fuera posible, un crédito externo de estabilización para el mismo propósito.
5.- Un categórico compromiso del gobierno de que después de seis meses no financiará
más gasto alguno a través de la emisión de dinero. (Así como la recuperación económica
se vaya dando, la cantidad de dinero deseable en términos reales, esto es, la cantidad
consistente con precios estables, aumentará. Sin embargo, este incremento debiera servir
como base para la expansión de un mercado de capitales privado en vez de utilizarse para
financiar gasto público).
6.- Continuar con vuestra política actual de un tipo de cambio diseñado para aproximarse
a un tipo de cambio de libre mercado.
7.- La eliminación de la mayor cantidad posible de obstáculos que, hoy por hoy,
entorpecen el desarrollo del libre mercado. Por ejemplo, suspender, en el caso de las
personas que van a emplearse, la ley actual que impide el despido de los trabajadores. En
la actualidad, esta ley causa desempleo. También, eliminar los obstáculos a la creación
de nuevas instituciones financieras. Asimismo, eliminar la mayor cantidad posible de
controles sobre los precios y salarios. El control de precios y salarios no sirve como
medida para eliminar la inflación; por el contrario, es una de las peores partes de la
enfermedad. (Eliminar obstáculos, pero no sustituir subsidios. La empresa privada tendrá

21
la facultad de gozar de las recompensas del éxito sólo si también arriesga soportar los
costos del fracaso. Todo hombre de negocios cree en la libre empresa para todos, pero
busca también favores especiales para sí mismo. Ningún obstáculo, ningún subsidio; esa
debiera ser la regla).
8.- Tome las providencias necesarias para aliviar cualquier caso de real dificultad y severa
angustia que se de entre las clases más pobres. Tome en cuenta que las medidas tomadas
no producirán, por sí mismas, daño en estos grupos. El despido de empleados públicos no
reducirá la producción, sino que simplemente eliminará gasto- sus despidos no
significarán la producción de un pan o un par de zapatos menos. Pero indirectamente,
algunas de las clases menos privilegiadas serán afectadas y, séanlo o no, el programa de
medidas será señalado como el culpable de sus angustias. Por lo tanto, sería beneficioso
tomar ciertas providencias de este tipo en dicho programa. En este aspecto, mi ignorancia
de la situación y acuerdos actuales vigentes en Chile me hacen imposible ser más
específico.
Un programa de shock tal como este podría eliminar la inflación en cuestión de meses.
También fundaría las bases necesarias para lograr la solución de su segundo problema–
la promoción de una efectiva economía social de mercado.
Este no es un problema de reciente origen, sino que surge de tendencias al socialismo que
comenzaron hace 40 años y que alcanzaron su lógico, y terrible clímax, durante el
régimen de Allende. Ustedes han sido extremadamente sabios en la aplicación de las
muchas medidas que ya han tomado para revertir esta tendencia.
La eliminación de la inflación llevará a una rápida expansión del mercado de capitales, lo
cual facilitará en gran medida la privatización de empresas y actividades que aún se
encuentran en manos del Estado.
El más importante paso en este sentido es la liberalización del comercio internacional
para, de este modo, proveer de una efectiva competitividad a las empresas chilenas y
promover la expansión tanto de las importaciones como de las exportaciones. Lo anterior
no sólo mejorará el bienestar del chileno común al permitirle adquirir todos los bienes al
menor costo, sino que también disminuirá la dependencia de Chile en un sola exportación
de importancia: el cobre. Quizás la mayor recompensa en esta área se obtendría a través
de la liberalización de la importación de vehículos motorizados.
Estoy consciente de que su Gobierno ya ha dado pasos importantes y planea otros futuros
en orden a reducir las barreras al comercio internacional y a liberalizarlo, y que, como
resultado de ello, la ventaja competitiva real de Chile se refleja mejor en éste hoy que en
las décadas pasadas. Este es un gran logro. También veo que en esta área existe un fuerte
argumento a favor de una gradualización para entregar a los productores chilenos una
oportunidad para ajustarse a las nuevas condiciones. No obstante, gradualismo no debe
significar quedarse estancado. En mi opinión personal, creo que un buen consejo para
Chile sería dirigirse a la liberalización del comercio a una velocidad y en una extensión
mucho mayores de las que hasta ahora han sido propuestas. Un comercio totalmente libre
es el objetivo final deseable, aunque no sea posible de alcanzar en el más cercano futuro.
Quisiera concluir esta carta diciendo que estoy seguro que Chile tiene un gran potencial.
Ha sido un pueblo capaz, letrado, creativo y lleno de energía, que tiene una larga historia

22
y tradición de orden y paz social. Hace unos cuarenta años atrás, Chile, como muchos
otros países, incluyendo el mío, se encausó en la ruta equivocada– por buenas razones y
sin maldad, ya que fueron errores de hombres buenos y no malos. El mayor error, en mi
opinión, fue concebir al Estado como el solucionador de todos los problemas, de creer
que es posible administrar bien el dinero ajeno.
Si Chile toma hoy la senda correcta, creo que puede lograr otro milagro económico:
despegar hacia un crecimiento económico sostenido que proveerá una ampliamente
compartida prosperidad. Pero para aprovechar esta oportunidad, Chile deberá primero
superar un muy dificultoso periodo de transición.
Sinceramente,

Milton Friedman

Fuente: Soto, A., Friedman, M., Piñera, J., de Castro, S., Kaiser, A., & Bellolio, J.
(2012). Un legado de libertad. Milton Friedman en Chile. Santiago de Chile:
Fundación para el Progreso.

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